LO QUE SE DICE Y LO QUE SE QUIERE DECIR

Muchas palabras tienen distintos sentidos según el contexto en el que se utilizan. Hoy muchos llaman al sexo amor. Hacer el amor es tener relaciones sexuales. Sin necesidad de llegar a este ejemplo extremo, el término amor tiene un sentido distinto si pensamos en el amor que tenemos a un recuerdo familiar, al perro de compañía o al hijo pequeño. Lo mismo ocurre con el término fe. Pero con la palabra “fe” resulta menos evidente que su sentido puede cambiar según el contexto, pues muchos funcionan con un modo único de entender la fe y, en función de este sentido, califican o descalifican otros usos del término, sin darse cuenta de que su calificación o descalificación lo único que demuestra es su supina ignorancia.

Si nos quedamos con el concepto de fe como conocimiento de verdades, entonces los demonios (como dice la carta de Santiago) también tiene fe, puesto que creen que Dios existe. Desgraciadamente concebir la fe como adhesión a una serie de verdades está bastante difundido en el mundo católico. Pero hay otro concepto de fe más bíblico y profundo: fe es un encuentro, una adhesión incondicional al misterio del Dios de Jesucristo, que compromete y cambia la vida entera. Este concepto de fe permite a San Pablo decir que la fe sola nos salva.

Al leer la Biblia, o un texto de teología, o al escuchar una catequesis, es importante distinguir (como hace la constitución “Dei Verbum” del Concilio Vaticano II) entre lo que se dice y lo que se quiere decir. Si no hacemos esta distinción podemos entender muy mal algunos textos bíblicos. Y no sólo bíblicos. Si digo que alguien me pone entre la espada y la pared, y un francés pide que le traduzcan lo que digo, si se lo traducen literalmente puede entender que alguien me está amenazando de muerte. O quizás que le estoy gastando una broma.

Un ejemplo bíblico: la biblia, traduciendo literalmente del griego, pone en boca de Jesús esta palabra: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Si no se sabe que detrás de esta comparación entre muchos y pocos, está el modo de expresar en arameo (que era la lengua de Jesús) el comparativo de superioridad, entiende muy mal lo que Jesús quiere decir. En castellano el comparativo de superioridad se expresa así: “hay más llamados que escogidos”. Mil es más que 999. ¿Qué quiere decir Jesús? ¿Qué serán muchos los que se condenen? No. Quiere decir que Dios llama a todos. Pero es posible que no todos respondan.

Un ejemplo más conocido: ¿Cuántas veces tengo que perdonar?, pregunta Pedro a Jesús. ¿Siete veces? No, dice Jesús, setenta veces siete. Jesús no dice que el límite del perdón está en 490 veces. Dice que hay que perdonar sin límite, siempre. En aquellas mentalidades los términos absolutos, como “siempre” o “nunca”, no eran conocidos. Para expresar el “siempre” de nuestras lenguas modernas empleaban este tipo de expresiones: setenta veces siete. Si las tomamos en su literalidad no entendemos nada. Si nos paramos a pensar un poco, veremos que son expresiones muy significativas y muy gráficas.

Martin Gelabert. Blog Nihil Obstat

EL VIDEO DEL PAPA PARA JUNIO

Francisco clama en el Vídeo del Papa de junio por el fin de la tortura: “Es imprescindible poner la dignidad de la persona por encima de todo”, y añade “no es una historia de ayer” sino que “desgraciadamente es parte de nuestra historia de hoy”: la tortura.

“¿Cómo es posible que la capacidad humana para la crueldad sea tan grande?”, se pregunta Francisco en el vídeo, difundido este martes por la Red Mundial de Oración del Papa.

Así, el Papa pide que “paremos este horror de la tortura”, subrayando que “es imprescindible poner la dignidad de la persona por encima de todo”. “Si no las víctimas no son personas, son ‘cosas’ y se las puede maltratar sin medida, causándoles la muerte o daños psicológicos y físicos permanentes para toda la vida”, asevera.

Por ello, Francisco termina el vídeo pidiendo oración “para que la comunidad internacional se comprometa concretamente en la abolición de la tortura, garantizando el apoyo a las víctimas y sus familias”.

ELENA MAGARIÑOS

Enlace al video

https://youtu.be/UdoVu4NLjk

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA ROSA FRANCISCA MARÍA DE LOS DOLORES

Cuando el 8 de mayo de 1977 era beatificada María Rosa Molas y Vallvé, Pablo VI contemplaba a la humanidad que, en su «lento peregrinar hacia metas de anhelada superación», con frecuencia «solo alcanza un humanismo débil, parcial, ambiguo, formal, cuando no falseado». Contemplaba a nuestra sociedad «azotada por múltiples formas de violencia», desde la difusión de la droga, a la plaga del aborto, del criminal comercio de armas a la creciente miseria de tantos pueblos de la tierra.

A esta humanidad desorientada y a este mundo deshumanizado, presentaba el mensaje y la figura de María Rosa Molas corno «maestra en humanidad » y «auténtico instrumento » de la misericordia y la consolación de Dios.

A distancia de 46 años, nuestro mundo sigue perturbado por los mismos fenómenos, y el hombre, que con frecuencia pierde el sentido último de su existencia, sigue necesitando el anuncio de «la consolación, del amor y la misericordia de Dios».

La Canonización de María Rosa Molas forma parte de ese anuncio. Es un grito de esperanza para la humanidad y una llamada que la Iglesia vuelve a lanzar a cuantos creen en el hombre y «quieren dedicarse a la creación de un mundo más humano y más hermanado».

La vida de María Rosa Molas es una palabra de consolación para el hombre. Sus contemporáneos afirman que «en el mundo parece que estaba únicamente para consuelo de todos». Esa fue y esa sigue siendo su misión en la Iglesia: Hacerse transparencia de la Misericordia del Padre y mostrar a los hombres los caminos de la Consolación de Dios.

Esos caminos que María Rosa recorrió, parten en ella del encuentro con Dios en Cristo, descubierto en una profunda contemplación de su misterio, gustado en una serena experiencia de cruz.

María Rosa vive contemplando, «mirando a Jesucristo». En su pobreza lo contempla « tan pobre que no tenía donde descansar la cabeza », en las pruebas del espíritu «piensa en la Oración del Huerto». En toda clase de pruebas experimenta y ensena a sus hijas que «en el Calvario a los pies de Jesús, se encuentra todo consuelo y alivio». Mirando a Jesucristo en su prójimo, sus caminos de consolación se hacen entrega incondicional al hermano, servido hasta el olvido y el sacrificio total de sí misma.

A través de una intensa vida de oración que, con frecuencia prolonga a lo largo de noches enteras, «se hace perfecta discípula de Jesús». Ahí es donde se le da «una lengua de discípulo para poder decir al cansado una palabra alentadora» (Is 50, 4). De la contemplación saca la fortaleza para una entrega que no conoce límites y que la impulsa a «vivir en la caridad hasta morir víctima de la caridad».

María Rosa Molas había nacido en Reus, de una familia de artesanos, el 24 de marzo de 1815, siendo bautizada al día siguiente con los nombres de Rosa Francisca María de los Dolores.

Su padre, José Molas, tenía sangre andaluza en su ascendencia. Su madre, María Vallvé, profundas raíces catalanas. Esto confiere a María Rosa un temperamento rico, marcado por cualidades distintas, que se contraponen y armonizan entre sí. Por una parte, es intuitiva y sensible. Hay en ella ternura y delicadeza de sentimientos, empatía ante el sufrimiento de los demás y creatividad para aliviarlo.

Por otra, marcada por el «seny de la terra» del pueblo catalán, tiene un «carácter vivo y enérgico, emprendedor y decidido», «espíritu fuerte y tenaz». Sentido práctico.

La contemplación se hace en ella servicio concreto. La misma humildad se traduce en «energía trabajadora incansable». Lleva siempre en su servicio «un gesto desembarazado», «un aire despejado en el trabajo». Tratando de hacer el bien no encuentra obstáculos. «Nada dificulta su afán de bien obrar».

Su confesor y primer biógrafo observa que su nacimiento ocurrió en la noche del Jueves al Viernes Santo y ve en esta circunstancia un signo de los dones con que la enriqueció el Señor: «Sin duda, quiso que viniesen a reflejarse muy vivamente en ella el más grande amor de los amores, y la más cruel desolación de Jesús». Según él, era esto anuncio de su participación en los sentimientos de Cristo para que pudiera ser «maestra de su Cariño» y «mensajera de gran caridad». Era «el preludio de las intensas y frecuentes desolaciones con que sería probada».

María Rosa, en efecto, a partir del día de su Primera Comunión, vive una profunda experiencia mística, en la que el Señor, a veces, le da a gustar la dulzura inefable de su presencia. «Quien llega a probar cuan dulce es Dios, -exclama- no puede dejar de caminar en su presencia». Dios es para ella «Esposo dulce» o simplemente «Dulzura mía».

Pero en su experiencia espiritual más frecuentemente predominan « el silencio de Dios » y la dolorosa sensación de la ausencia del Esposo, por quien se desvive.

Esta experiencia, que marca su vida, la hace entrar en un camino de humildad y abnegación, de olvido de sí misma y búsqueda incansable de la gloria de Dios y del bien de los hermanos. Es esa la actitud honda de su vida, que expresa cuando repite: «Todo sea para gloria de Dios. Todo para bien de los hermanos. Nada para nosotras». Este es el camino de «humildad, sencillez y caridad, de abnegación y espíritu de sacrificio» que ella dice «son el alma de su Instituto». Es la «humildad de la caridad» que la lleva a vivir «fascinada por el otro» y a realizar los gestos más heroicos de caridad con la mayor sencillez y naturalidad.

En enero de 1841 había entrado en una Corporación de Hermanas de la Caridad, que prestaban sus servicios en el Hospital y la Casa de Caridad de Reus. Allí da pruebas de caridad heroica, en el humilde servicio a los más pobres; allí escucha el clamor de su pueblo, se conmueve y sale en su defensa. El 11 de junio de 1844, asediada y bombardeada la ciudad de Reus por las tropas del General Zurbano, con otras dos Hermanas, atraviesa la línea de fuego, se postra a los pies del General, pide y obtiene la paz para su pueblo.

Años después, va con otras Hermanas a Tortosa, donde su campo de acción se amplía. Allí descubre la falsa situación del grupo al que pertenece y experimenta «la orfandad espiritual en que se halla». Su inmenso amor a la Iglesia la lleva a dialogar con sus hermanas, a discernir con ellas los caminos del Señor. El 14 de marzo de 1857, se pone bajo la obediencia de la autoridad eclesiástica de Tortosa. Se encuentra así, sin haberlo deseado nunca, Fundadora de una Congregación que, al año siguiente -el 14 de noviembre- a petición de María Rosa, se llamará, Hermanas de la Consolación, porque las obras en que de ordinario se ejercitan» … «se dirigen todas a consolar a sus prójimos».

Por voluntad suya, la Congregación tendrá por fin: «Dilatar el conocimiento y Reino de Jesucristo», «como manantial y modelo de toda caridad, Consuelo y perfección» y «continuar la Misión sobre la tierra de nuestro dulcísimo Redentor», «consolando al afligido», educando, sirviendo al hombre en «cualquier necesidad».

El Señor la había preparado para la misión de Fundadora a través de múltiples servicios y situaciones, a veces dolorosas, que ella vivió Con serena y heroica paciencia. Tal fue la grave calumnia de la que fue objeto cuando, en obediencia a sus Superiores, tuvo que prepararse en secreto y sacar el título de Magisterio. Tal, la persecución que las autoridades civiles emprendieron contra ella en varias ocasiones.

María Rosa vive con fortaleza estas situaciones; las vive en silencio y tiene «para cuantos afligen su espíritu, delicadas atenciones y afabilidad». Las vive con serenidad y, a patentes injusticias, responde con servicios generosos y hasta heroicos.

Así, a las autoridades de Tortosa que injustamente la han alejado de la Escuela pública de niñas, presta su ayuda para la organización de un Lazareto, «dispuesta a sacrificarlo todo en pro de nuestros pobrecitos hermanos», por si sus «servicios fuesen bastantes para aliviar la suerte del prójimo».

Esta mansedumbre y paciencia en soportar, no son en María Rosa, cobardía ni debilidad, sino fortaleza que se hace «parresía», valentía y libertad evangélicas, cuando están en juego los intereses de los pobres, la verdad, o la defensa del débil. La vemos oponerse con energía a un alcalde que pretende hacerle jurar una Constitución española que va contra los intereses de la Iglesia; salir en defensa de las amas de lactancia a quienes la administración no paga el justo salario; defender a sus hijas, injustamente desacreditadas por un administrativo de uno de sus Hospitales; impedir a un médico utilizar a los niños expósitos para experimentar intervenciones quirúrgicas.

Y esto lo hace María Rosa sin perder en ningún momento su sereno equilibrio. «Poseía el secreto de ganar los corazones», «infundía recogimiento y veneración». «Era inexplicable verla siempre bondadosa, afable y cariñosa con una superioridad de espíritu envidiable». Esta actitud constante que caracteriza a María Rosa Molas, se entiende tan sólo desde «el secreto de su corazón, que llenaba sólo Dios». Era «efecto del íntimo y continuo trato con Dios que presidía su vida, su acción, sus afectos».

«Creía de poca importancia cualquier sacrificio, humillaciones, calumnias, persecuciones. Cuanto la acercaba a Dios le era muy grato … Difícil, inaguantable y amargo lo que sospechaba que a El ofendía».

Desde ese amor a Dios «se hacía Caridad vivida», «se inclinaba sobre el necesitado, sin distinción alguna», si no era en favor de los ancianos más desvalidos y de los niños más abandonados «que eran la pupila de sus ojos».

Pasa su vida haciendo el bien, ofreciéndose a sí misma «en el don de una completa entrega en la misericordia y en el consuelo, a quien lo buscaba y a quien, aun sin saberlo, lo necesitaba».

Cumple así su misión consoladora hasta que, a fines de mayo de 1876, siente que el Señor se acerca. Tras breve enfermedad, herida más por el deseo de Dios que por males físicos, desgastada por su servicio incansable a los pobres, más que por los años, pide permiso a su Confesor para morir: «¡Déjeme marchar!» Después de recibir su asentimiento: «Cúmplase la santísima voluntad de Dios», moría al caer el 11 de junio de 1876, domingo de la Santísima Trinidad.

Dejaba su misión consoladora en la Iglesia a su Familia religiosa, las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, que hoy está esparcida en once naciones y cuatro continentes.

 

¿MISIÓN O BASTIÓN?: DOS VÍAS PARA LOS CATÓLICOS DE OCCIDENTE DE CARA A SU FUTURA SUPERVIVENCIA

Análisis del sociólogo Jérôme Fourquet sobre el catolicismo en Francia, valido también para Europa

Jérôme Fourquet es un reputado sociólogo y analista político francés. Es director del departamento de “opinión y estrategias corporativas» del IFOP,  el Instituto Francés de Opinión Pública, donde su trabajo está centrado en el comportamiento y las actitudes políticas en relación con las religiones, la inmigración y las cuestiones de identidad.

En su último ensayo La France sous nos yeux (Francia a nuestros ojos), Fourquet analiza, entre otras cosas, la capacidad de la Iglesia católica para hacer oír su voz en la Francia contemporánea, donde la huella del catolicismo va desapareciendo pese al enorme patrimonio religioso que atesora.

En estos últimos años no ha sido infrecuente escucharle o leerle en distintos medios de comunicación advirtiendo de la “fase terminal” del catolicismo en su país o de cómo se ha “llegado a la fase final de la descristianización”,  cita que pronunció cuando en Francia ardieron en pocos meses varias catedrales y templos emblemáticos.

En una entrevista con «Famille Chretienne» este sociólogo analiza el cambio producido en Francia, que en cierto modo y con pequeñas diferencias, se está produciendo simultáneamente en todo Occidente.

La pérdida de influencia de la Iglesia

En su opinión, se ha producido “un colapso de la matriz católica en el panorama espiritual francés”. Y lo explica asegurando que “como la naturaleza odia el vacío, algunos franceses buscan otra cosa”.

Citando una encuesta reciente de su instituto demoscópico para la revista francesa Mission afirma que “uno de cada dos franceses se encuentra en alguna forma de búsqueda espiritual”.

“Vemos a nuestro alrededor nuevas formas de religiosidad y espiritualidad que son muy flexibles y poco restrictivas. Si el yoga ha tenido tanto éxito es porque es totalmente plástico. Está en sintonía con un enfoque inspirado en el budismo que no impone nada”, añade Fourquet.

Es más, este sociólogo añade que una cuarta parte de la población se entrega al yoga que aunque “es principalmente una actividad deportiva para muchos va acompañada de una dimensión espiritual”. Es un sustitutivo de la fe. En su libro también habla de otros elementos mucho más minoritarios como la corriente neochamánica o el crecimiento de la brujería y el esoterismo.

Para la Iglesia, pese a tener todavía cifras importantes, es una situación prácticamente sin precedentes el ser ya una minoría como lo es ahora en Francia. Jérôme Fourquet lo analiza utilizando vocabulario del Marketing: “había una ‘marca’ católica que estaba en una situación de monopolio y hacía muy bien su trabajo.

Esta marca histórica está tratando ahora de resistir, pero está sujeta a la competencia de nuevos participantes. La Iglesia, actor histórico, mira lo que se está haciendo en otros lugares y trata de responder, en particular inspirándose en los métodos de ciertas corrientes carismáticas y evangélicas como se vio en el Congreso Misión del pasado mes de octubre”.

No cabe duda de que la Iglesia Católica en general, y en Francia en particular, ha vivido crisis importantes y ha logrado recuperarse. En el caso concreto de su país, Fourquet reconoce que “la gran prueba fue la Revolución Francesa. Ha habido muchos golpes duros antes, pero nunca con tanta intensidad. Es cierto que la Iglesia, con el apoyo de los regímenes postrevolucionarios, fue reconstruida en el siglo XIX”.

Ciertamente también admite que hubo lugares “donde la población se descristianizó definitivamente en ese momento, pero el catolicismo en general había encontrado una base solida”.

Sin embargo, este sociólogo del IFOP cree que “la situación hoy no tiene nada que ver”, pues “nunca habíamos estado en números tan pequeños en términos de practicantes o personas de la Iglesia: alrededor de 11.000 sacerdotes hoy contra casi 100.000 a principios del siglo XX” además de la menor influencia que antaño.

«La Iglesia no ha dicho su última palabra»

Aún así opina que la Iglesia “no ha dicho su última palabra” aunque en Francia se enfrenta “a una de sus mayores crisis en 1.500 años”.

¿Cree que la Iglesia puede superarlo? Jérôme Fourquet afirma que a tenor de las cifras “si la Iglesia quiere sobrevivir, el esfuerzo de evangelización ya no puede depender únicamente de los sacerdotes. Si quieren mantener una presencia algo sustancial en el país, los laicos ya no pueden conformarse con bautizar a sus hijos, ir a misa y dar dinero en el culto. Los laicos también son mensajeros de Cristo. ¡Probablemente tendrán que ir a la plaza, al lado del supermercado, para difundir la Buena Noticia como los testigos de Jehová!”.

Es en este punto donde este sociólogo habla de las posibilidades. A su juicio, la alternativa para los católicos es “misión o bastión“.

Tiene claro que los católicos «se encuentran en una encrucijada a medida que el número de fieles baja y envejece, y la base demográfica del catolicismo en Francia se ha reducido drásticamente”.

Jóvenes tradismáticos

Un fenómeno francés muy reciente es el del éxito de los «tradismáticos»: jóvenes que asisten a la misa tradicional y realizan evangelización carismática

Dos alternativas

Como analista asegura ver sólo dos opciones de cara al futuro.

La primera es la que pasa –cuenta Fourquet- por la misión “en un modo más o menos carismático” aplicando los métodos que ya utilizan con cierto éxito algunos grupos evangélicos. Esto provocaría un cambio en cómo se encuentra organizada la Iglesia Católica.

Francia ya no es la hija primogénita de la Iglesia, afirma este analista, sino que es “una tierra de misión profundamente descristianizada. De alguna manera, esto puede ser un desafío estimulante para algunos católicos”. En esta Francia el papel de los misioneros prácticamente se “remontaría a la época de los pioneros”.

Esta obra misionera –agrega igualmente- “podría desplegarse en torno a verdaderos puntos de apoyo: quedan iglesias, prensa católica, escuelas y tejido asociativo”, pero dada la descristianización de una gran parte de la población sería empezar casi de cero. De hecho, cita una encuesta reciente de IFOP según la cual el 90% de los menores de 35 años no sabían lo que era Pentecostés.

La segunda opción sería la de hacer un “bastión”, replegarse y organizarse. En esta alternativa, Fourquet considera que “el católico puede darse cuenta de que la situación colectiva ya no puede rectificarse.

Se puede decir que la sociedad francesa se ha descristianizado por completo, que dadas las fuerzas presentes, es ilusorio esperar influir en la trayectoria nacional.

En este contexto, sería imperativo continuar transmitiendo la fe a familias y comunidades en una perspectiva conservativa en el sentido cuasi-museístico del término. En esta opción, a la espera de mejores días, seguiríamos teniendo islas donde se produce la transmisión”.

¿Podría haber una tercera vía en esta teoría propuesta? Este sociólogo asegura que su tesis es teórica y radical pero “nada impide a los católicos, de hecho, perseguir ambos objetivos al mismo tiempo. Por tanto, puede surgir un tercer escenario”.

Artículo publicado originariamente en ReL DIGITAL en noviembre de 2021.

SECUENCIA PARA LA FIESTA DE CORPUS CHRISTI

En 1264. El Papa Urbano IV, quien era el Sumo Pontífice en ese momento, convocó a los más grandes teólogos de aquel tiempo que brillaban por su capacidad intelectual y espiritualidad ferviente, ellos eran San Buenaventura de la Orden de los Frailes Menores y  Santo Tomás de Aquino de la Orden de Predicadores.

Solicitó que elaborara una composición en honor del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Corpus Christi y la presentaran días después, con el fin de escoger la mejor.

El primero en exponer su obra fue fray Tomás de Aquino. Serena y tranquilamente, desenrolló un pergamino y los circundantes oyeron la declamación pausada de la Secuencia compuesta por él bajo el titulo “Lauda Sion Salvatorem”.

Fray Buenaventura, quien era digno hijo del Poverello de Asís,al escuchar aquella composición de fray Tomás tomó su composición y la rasgó en dos. Los demás teólogos lo imitaron, rindiéndole tributo de esta manera a fray Tomás de Aquino con su hermosa composición.

Dicha composición es la que escuchamos año con año, en la celebración de la Eucaristía en la Solemnidad de Corpus Christi, debiéndose cantar luego del Aleluya e inmediatamente antes de la lectura (o canto) del Santo Evangelio.

TEXTO  COMPLETO DE LA SECUENCIA DE CORPUS CHRISTI

Al Salvador alabemos, que es nuestro pastor y guía.

Alabémoslo con himnos y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites y con nuestras fuerzas todas;

Pues tan grande es el Señor, que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos a Cristo, que es nuestro pan,

pues él es el pan de vida, que nos da vida inmortal.

Doce eran los que cenaban y les dio pan a los doce.

Doce entonces lo comieron, y, después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza y llena de alegres cantos;

que nuestra alma se desborde en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución

de este banquete divino, el banquete del Señor.

Ésta es la nueva Pascua, Pascua del único Rey,

que termina con la alianza tan pesada de la ley.

Esto nuevo, siempre nuevo, es la luz de la verdad,

que sustituye a lo viejo con reciente claridad.

En aquella última cena Cristo hizo la maravilla

de dejar a sus amigos el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia, consagramos pan y vino,

que a los hombres nos redimen, y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano que el pan se convierte en carne,

y lo que antes era vino queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos, pues no alcanza la razón;

mas si las vemos con fe, entrarán al corazón.

Bajo símbolos diversos y en diferentes figuras,

se esconden ciertas verdades maravillosas, profundas.

Su Sangre es nuestra bebida; su Carne, nuestro alimento;

pero en el pan o en el vino Cristo está todo completo.

Quien lo come no lo rompe, no lo parte ni divide;

él es el todo y la parte; vivo está en quien lo recibe.

Puede ser tan sólo uno el que se acerca al altar,

o pueden ser multitudes: Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos, con provecho diferente;

no es lo mismo tener vida que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte y a los buenos les da vida.

¡Qué efecto tan diferente tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures; sólo parten lo exterior;

en el mínimo fragmento entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior, sólo parten lo que has visto;

no es una disminución de la persona de Cristo.

EI pan que del cielo baja es comida de viajeros.

Es un pan para los hijos. ¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente, es figura de este pan,

con el cordero de Pascua y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero.

Apaciéntanos y cuídanos y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes, pastor de ovejas, divino.

 Concédenos en el cielo gozar la herencia contigo.

Amén.

Mercedes Montoya y Ana Marqués

UNA MÍSTICA ANALFABETA ENSEÑA A TRATAR AL ESPÍRITU SANTO

El Jueves día de la Ascensión da comienzo  el Decenario al Espíritu Santo.

Yo, desde joven, utilizo el «Decenario» de Francisca Javiera del Valle. Año tras año me quedo asombrado de la familiaridad y la hondura  de  trato   que   consiguió  esta mística analfabeta castellana con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Además con la ventaja de que «se le entiende bien».

Francisca Javiera del Valle muere en 1930 a los 73 años en el convento de Carmelitas de Carrión de los Condes.

Trabajó como costurera treinta y ocho años en labores de los jesuitas: colegio del Sagrado Corazón, Noviciado y Escuela Apostólica. Años de «trabajo oscuro, cuya exterior monotonía, llena con frecuencia de humillaciones y sufrimientos, alternó de manera habitual con los más altos goces y alegrías de una vida interior, tan rica de subidas experiencias por dentro como de naturalidad y de callada laboriosidad por fuera».

Hasta los veinticuatro años llevó una existencia corriente de muchacha pobre en un pueblo castellano de mediados del siglo XIX. Al final de su vida, cuando a los sesenta y tantos años fue despedida del taller de costura, perdiendo en silencio incluso su máquina de coser, proyectó y puso por obra marchar a México con unas religiosas, llamadas de la Cruz, que regresaban a su país después de haber vivido refugiadas en Carrión de los Condes, durante la época más cruda de la persecución. Las monjas embarcaron sin esperarla, pensó luego irse con otras monjas mexicanas Concepcionistas Jerónimas, pero finalmente permaneció en su pueblo, sin adoptar ninguna forma de vida religiosa canónica, y dedicada al cultivo de unas huertas que hubo de arrendar para vivir.

Si algún día, por fin, son publicados íntegra y satisfactoriamente los relatos en que aquella alma refirió los constantes y subidos fenómenos místicos de su vida espiritual, dispondrá la ciencia teológica de un testimonio de la mayor significación. Éxtasis, locuciones, visiones, raptos, repetidos innumerables veces, y sobre todo una práctica habitual y silenciosa de heroicas virtudes.

Por lo que hace a sus escritos, se dividen en dos tipos, claramente caracterizados.

  • Los unos, más numerosos, tuvieron como fin dar cuenta a su director espiritual de las vivencias sobrenaturales de su alma, y de las pruebas y consolaciones que experimentaba en la práctica de la santidad. En ellos escribió acerca de la Santísima Trinidad, de la Virgen y de San José; sobre las virtudes de obediencia, humildad, vencimiento propio, temor de Dios, del castigo de los Ángeles y de las tentaciones; sobre la Sagrada Eucaristía, sobre los caminos, felicidad y amistades de Dios, sobre la distinción entre el buen y el mal espíritu, y sobre otros muchos temas divinos y de vida espiritual.
  • El segundo tipo de escritos es el de los que estaban directamente dirigidos a difundir devociones y prácticas piadosas. Comprende dos obras: el Silabario de la escuela divina, y el Decenario al Espíritu Santo.

(Texto tomado de la introducción al «Decenario», F. Pérez Embid)

Entiendo que sus libros sean menos atractivos para algunos que los de otros ‘místicos’«sólo» enseña a querer más al Señor, sin mensajes apocalípticos, ni vías fáciles. Ascética y mística de la de siempre, no busquéis más.

El proceso de Francisca Javiera del Valle está abierto. Su «Devocionario» ha ayudado a miles de personas. Si tenéis oportunidad leedlo, lo recomiendo

infocatolica

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Los sacerdotes de la Antigua Alianza sacrificaban en el altar animales, pero no se sacrificaban ellos. Todos hemos de ser como él, sacerdotes y víctimas, porque nuestro sacerdocio es el suyo.

1.-«Os he llamado amigos, porque os he manifestado todo lo que he oído a mi Padre. No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os he elegido y os he destinado a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure» (Jn 15,15).

Jesús entrega su amistad y pide la nuestra. Ha dejado de ser el Maestro para convertirse en amigo. Escuchad como dice: Vosotros sois mis amigos… No os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer…En aras de esa amistad, que es entrañable, que es verdadera y ardorosa, desea atajar a los que aún pudieran no hacerle caso. «No sois vosotros -les dice- los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido».

Es un compañero deseoso de salvar, de alegrar y de llenar de paz a sus amigos. «Os he hablado para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». El Maestro está con los brazos abiertos de la amistad tendidos hacia nosotros. Y con la alegría como promesa y como ofrenda. Nunca se ha visto un Dios igual. Camina ahora mismo y por cualquier calle. Por la acera de tu casa, seguro. Y está diciendo que es amigo tuyo, que te quiere igual que a su Padre y que desea llenarte de alegría. Lo va repitiendo al paso, según se acerca a tu puerta.

2.-Por lo mismo que Dios ama, creó el mundo. El pecado es un desequilibrio, un desorden, como un ojo monstruoso fuera de su órbita, como un hueso fuera de su sitio, buscando el placer, la satisfacción del egoísmo, de la soberbia. Como un sol que se sale del camino buscando su independencia. Frustraron el camino y la meta de la felicidad. De ahí nace la necesidad de la expiación, del sufrimiento, del dolor, por amor, para restablecer el equilibrio y el orden. Dios envía una Persona divina, su Hijo, a «aplastar la cabeza de la serpiente», haciéndose hombre para que ame como Dios, hasta la muerte de cruz, con el Corazón abierto.

3.-Ese Hombre Dios, el Siervo de Yahvé, que, «desfigurado no parecía hombre, como raíz en tierra árida, si figura, sin belleza, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, considerado leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, como cordero llevado al matadero» Isaías 52,13, inicia la redención de los hombres, sus hermanos. Él es la Cabeza, a la cual quiere unir a todos los hombres, que convertidos en sacerdotes, darán gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu, e incorporados a la Cabeza, serán corredentores con El de toda la humanidad.

El Padre, cuya voluntad ha venido a cumplir, lo ha constituido Pontífice de la Alianza Nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinando, en su designio salvifico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. Para eso, antes de morir, elige a unos hombres para que, en virtud del sacerdocio ministerial, bauticen, proclamen su palabra, perdonen los pecados y renueven su propio sacrificio, en beneficio y servicio de sus hermanos.

«Él no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en su nombre el sacrificio de la redención, y preparan a sus hijos el banquete pascual, donde el pueblo santo se reúne en su amor, se alimenta con su palabra y se fortalece con sus sacramentos. Sus sacerdotes, al entregar su vida por él y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y así dan testimonio constante de fidelidad y amor» (Prefacio).

4. Por eso, si los cristianos debemos tomar nuestra cruz, los sacerdotes, más, por más configurados con Cristo, con sus mismos poderes. Los sacerdotes de la Antigua Alianza sacrificaban en el altar animales, pero no se sacrificaban ellos. Los sacerdotes nos hemos de inmolar porque Cristo se inmoló a sí mismo. Hemos de ser como él, sacerdotes y víctimas, porque nuestro sacerdocio es el suyo.

5.-Una idea infantil del cristiano, que se acomoda al mundo, una mentalidad inmadura del sacerdote, lo hace un funcionario. De ahí surgen consecuencias de carrierismo, al estilo del mundo, excelencias, trajes de colores, que obnubilan el sentido sustancial del sacerdote-víctima, que conducen a la esterilidad, y contradicen la misión: «para que os pongáis en camino y deis fruto que dure». El fruto que dura es el de la conversión, la santidad, que permanecerá eternamente. Os he puesto en la corriente de la gracia, os planté para que vayáis voluntariamente y con las obras deis fruto. Y precisa cuál sea el fruto que deban dar: «Y vuestro fruto dure».

6.-Después de la «conversión» de Constantino, el clero eclesiástico hizo su entrada en este mundo, corrió serio peligro de perder su propia naturaleza, que no consiste en el poder, sino en el servicio. Además, entró en competencia con el poder secular al aparecer en la escena de la historia política. Este encuentro y confrontación con la jerarquía civil condujo no sólo a una ampliación político-social de las tareas apostólicas, sino que también oscureció el aspecto colegial del servicio de la Iglesia.

7.-En el curso del siglo XI comienza la teología medieval a distinguir claramente, en la elaboración del tratado de sacramentos, entre el Orden y la dignidad, y puso de relieve la sacramentalidad del Orden de la Iglesia. A partir de entonces se designa esencialmente como Orden el sacramento que confiere el poder de celebrar la eucaristía.

8.-Aunque el lenguaje de la Curia romana imprimió su sello a la tradición cristiana, la ordenación no fue considerada nunca como un simple acceso a una dignidad y como transmisión de unos poderes jurídicos y litúrgicos, pues siempre se confirió mediante un rito, porque la ordenación es un acto sacramental que transmite una gracia de santificación; los llamados son tomados del mundo y consagrados al servicio de Dios, son separados para atender a su misión especial.

9.-El Orden sacramental es una dimensión esencial para la Iglesia, y por eso fue incluido entre los sacramentos. Si se quiere comprender el sentido y la función de este «sacramento» particular en lugar de atribuir el sacerdocio cristiano y toda la jerarquía de la Iglesia a un único acto de institución, como hizo el Concilio de Trento, parece que está más en consonancia con la Sagrada Escritura y la realidad de las cosas partir de la Iglesia como «sacramento original».

10.- El desdoblamiento del ordo en varios grados y la introducción de diversas ordenaciones están tan relacionados con la historia de la Iglesia como con la Escritura. Son producto de un desarrollo, y, en definitiva, la cuestión de si se ha de hablar de un único sacramento del orden o de si el episcopado y el presbiterado constituyen sacramentos diversos es más una cuestión terminológica y teológica que dogmática.

11.-La estructura del ministerio eclesial se puede considerar, igual que el canon de la Escritura y el número septenario de los sacramentos, como el resultado de un desarrollo. Desarrollo que se produjo todavía en tiempo de los apóstoles; por eso ha carácter forzosamente limitado de las diversas expresiones históricas del ministerio y de la obligación que éste tiene de asemejarse constantemente a su modelo, Cristo.

12.-Lo mismo que Dios concedió el espíritu de profecía a los setenta ancianos que había llamado Moisés a participar con él en el gobierno del pueblo, así también comunica a los sacerdotes el Espíritu Santo para que se asocien al ministerio de los obispos. El presbítero colabora con el obispo en la totalidad de sus funciones de gobierno de la Iglesia.

13.- El sacerdote nos introduce en la memoria del Señor, no sólo en su pascua, sino en el misterio de toda su obra, desde su bautismo hasta su pascua en la cruz. Él exhorta a la asamblea de los creyentes a vivir en sintonía con el sacrificio de la cruz, que ésta vuelve a vivir en el presente en espera de su consumación definitiva. Por eso el ministerio del sacerdote no se puede limitar a la celebración de un rito; compromete toda la vida y se desarrolla de acuerdo con todo el orden sacramental.

14.-Pero no sería fiel a la tradición quien pretendiera defender que las funciones del sacerdote son de naturaleza estrictamente sacramental y cultural. También es función del sacerdote proclamar la palabra de Dios. La misma Cena, en la que el Señor llama a su sangre «sangre de la alianza», lo pone de manifiesto, pues no hay ningún rito de alianza sin una proclamación de la palabra de Dios a los hombres. El acontecimiento de la alianza es al mismo tiempo acción y palabra.

15.-El sacerdocio hoy está bastante desvalorizado. Las cosas poco prácticas no se cotizan. Esta generación consumista sólo tiene ojos para sus intereses. Ha perdido el sentido de la gratuidad. Un beso y una sonrisa no sirven para nada, pero los necesitamos mucho. Un jardín no es un negocio, pero necesitamos su belleza. Cultivar patatas y cebollas es más productivo, pero los rosales y las azucenas son necesarios.

16.- El sacerdote sirve. Siempre está sirviendo. Es necesario como la escoba para que esté limpia la casa. Pero a nadie se le ocurre poner la escoba en la vitrina. El sacerdote perdona los pecados, es instrumento de la misericordia de Dios. En un mundo lleno de rencores y envidias, el sacerdote es portador del perdón. Está siempre dispuesto a recibir confidencias, descargar conciencias, aliviar desequilibrios, a sembrar confianza y paz.

El sacerdote ilumina. Cuando nos movemos a ras de tierra, nos señala el cielo. Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, nos descubre a Dios en el fondo. El sacerdote intercede. Amansa a Dios, le hace propicio, le da gracias, da a Dios el culto debido. Impetra sus dones.

El sacerdote ama. Ha reservado su corazón para ser para todos. El sacerdote es antorcha que sólo tiene sentido cuando arde e ilumina. El sacerdote hace presente a Cristo. En los sacramentos y en su vida. Es el alma del mundo. Donde falta Dios y su Espíritu él es la sal y la vida. No hace cosas sino santos.

17. «No me habéis elegido vosotros a mí, os he elegido yo a vosotros». La elección indica siempre predilección. Si voy a un jardín, miro y remiro: tallo, capullo, color, aguante…Elijo, corto y me la llevo. Pero sé que yo no podré ni cambiar el color, ni darles más resistencia, ni aumentarles la belleza.

Considere, pues, cada uno si ha llegado a esta dignidad de ser llamado amigo de Dios, y si así es no atribuya a sus méritos los dones que encuentre en él, no sea que venga a caer en la enemistad. Por eso añadió el Señor: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto».

Mercedes Montoya

 

FIESTA DE LA VISITACIÓN DE MARÍA A SU PRIMA ISABEL

Cada 31 de mayo la Iglesia Católica celebra la Fiesta de la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel, su prima, quien también se encontraba en estado de buena esperanza.

Con esta significativa celebración se cierra mayo, mes dedicado a nuestra Madre del Cielo. Se trata, en consecuencia, de un bello detalle previsto por la Iglesia para que amemos más a la Virgen, la conozcamos mejor y la tengamos cada vez más presente en nuestras vidas.

Conociendo más a María

La fiesta de la Visitación constituye esencialmente una invitación a contemplar a la Virgen María, la Madre de Dios, que sale al encuentro de Isabel para ponerse a su servicio. Al mismo tiempo, se trata de una nueva oportunidad para considerar el poderoso llamado a vivir el amor generoso -amor que brota cuando Jesús habita nuestro interior-.

Pensar a María camino a casa de Zacarías e Isabel es muestra suficiente de que la Madre de Dios jamás se cerró sobre sí misma sino que estuvo siempre sensible y atenta ante las necesidades del otro. Se pone en marcha para servir en las labores domésticas, mostrando su sencillez y el profundo amor que tiene por Isabel. María, como madre que es, ama a cada uno con un amor particular y nunca abandonará a ninguno de sus hijos.

En consecuencia, María, la doncella elegida, nos enseña a salir al encuentro del prójimo: llevando a Jesús en el corazón.

De acuerdo al relato evangélico, el ángel Gabriel le anunció a María que sería la Madre de Jesús, Redentor del mundo. Luego le revelaría que su prima Isabel estaba encinta a pesar de su edad. Dios obraba con grandeza y suscita una respuesta amorosa en el ser humano: la Virgen sale en ayuda de su pariente embarazada -la mujer que será madre de Juan el Bautista- y se queda con ella por un periodo de tres meses.

María, maestra de oración

Así como la Virgen nos invita a servir, así también nos invita a orar. De los textos correspondientes al episodio de la Visitación surgen dos importantes oraciones: la segunda parte del Avemaría y el canto del Magníficat.

Cuando Isabel oyó el saludo de María, “el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: ‘¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno’” (ver Lucas 1, 39-56).

María, sierva del Señor, respondió alabando a Dios por sus maravillas: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava…”

“Canal de la Gracia”

San Bernardo de Claraval señalaba que “desde entonces María quedó constituida como un “canal inmenso” por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones”.

De la exposición de San Ambrosio, Obispo, sobre el Evangelio de San Lucas

(Libro 2, 19. 22-23. 26-27; CCL 14, 39-42)

El Ángel que anunciaba los misterios, para llevar a la fe mediante algún ejemplo, anunció a la Virgen María la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place.

Desde que lo supo, María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el Ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió a las montañas.

Llena de Dios de ahora en adelante, ¿cómo no iba a elevarse apresuradamente hacia las alturas? La lentitud en el esfuerzo es extraña a la gracia del Espíritu. Bien pronto se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor; pues en el momento mismo en que Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre, y ella se llenó del Espíritu Santo.

Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oir la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos.

El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto, Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue ya antes de concebir, porque de ella se dice: ¡Dichosa tú que has creído! Pero dichosos también vosotros, porque habéis oído y creído; pues toda alma creyente concibe y engendra la Palabra de Dios y reconoce sus obras.

Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable.

Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador.

El Señor, en efecto, es engrandecido, según puede leerse en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. No porque con la palabra humana pueda añadirse algo a Dios, sino porque Él queda engrandecido en nosotros. Pues Cristo es la imagen de Dios y, por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, a cuya semejanza ha sido creada, y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una mayor participación de la grandeza divina.

María proclama la grandeza del Señor por las obras que ha hecho en ella

San Beda el Venerable, presbítero. Homilías (Libro 1,4: CCL 122,25-26.30)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. Con estas palabras, María reconoce en primer lugar los dones singulares que le han sido concedidos, pero alude también a los beneficios comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al género humano.

Proclama la grandeza del Señor el alma de aquel que consagra todos sus afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y, con la observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido las proezas de la majestad de Dios.

Se alegra en Dios, su salvador, el espíritu de aquel cuyo deleite consiste únicamente en el recuerdo de su creador, de quien espera la salvación eterna.

Estas palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su lugar más adecuado en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por un privilegio único, ardía en amor espiritual hacia aquel que llevaba corporalmente en su seno.

Ella con razón pudo alegrarse, más que cualquier otro santo, en Jesús, su salvador, ya que sabía que aquel mismo al que reconocía como eterno autor de la salvación había de nacer de su carne, engendrado en el tiempo, y había de ser, en una misma y única persona, su verdadero hijo y Señor.

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. No se atribuye nada a sus méritos, que toda su grandeza la refiere a la libre donación de aquel que es por esencia poderoso y grande, y que tiene por norma levantar a sus fieles de su pequeñez y debilidad para hacerlos grandes y fuertes.

Muy acertadamente añade: Su nombre es santo, para que los que entonces la oían y todos aquellos a los que habían de llegar sus palabras comprendieran que la fe y el recurso a este nombre había de procurarles, también a ellos, una participación en la santidad eterna y en la verdadera salvación, conforme al oráculo profético que afirma: Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán, ya que este nombre se identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Por esto se introdujo en la Iglesia la hermosa y saludable costumbre de cantar diariamente este cántico de María en la salmodia de la alabanza vespertina, ya que así el recuerdo frecuente de la encarnación del Señor enardece la devoción de los fieles y la meditación repetida de los ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la virtud. Y ello precisamente en la hora de Vísperas, para que nuestra mente, fatigada y tensa por el trabajo y las múltiples preocupaciones del día, al llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la paz del espíritu.

MASTERCHEF RINDE HOMENAJE A LOS MAYORES CON COCINADO EN UNA RESIDENCIA Y REENCUENTRO CON ABUELOS

«Son nuestro referente, nuestra memoria viva, nuestras raíces y los sabios de la sociedad»

MasterChef 11 celebraba este martes 23 de mayo uno de sus programas más emotivos de esta nueva edición llena de sorpresas en la que, como principal novedad, se aumentó el número de concursantes y los programas emitidos a la semana. Y es que en la prueba de exteriores, los concursantes tuvieron que cocinar para las personas mayores de la Residencia Pinar de Aravaca en Madrid, donde algunos de los concursantes tuvieron la oportunidad además de reencontrarse con sus abuelos y abuelas.

Del total de 91 residentes, con edades entre los 60 y los 101 años, 70 de ellos, junto a empleados de la residencia, pudieron degustar los platos que prepararon los concursantes para ellos en la prueba, que estaba pensada para ser «un sincero homenaje a la sabiduría y el legado de las personas mayores», según explicaban.

«Ellos son nuestro referente, nuestra memoria viva, nuestras raíces y, por supuesto, los sabios de la sociedad. Por todo ello, tenemos el firme propósito de rendirles tributo y hacerles llegar nuestro agradecimiento más sincero por todo lo que nos han cuidado y su contribución a nuestra sociedad, en este caso, a través de lo que mejor saben hacer los aspirantes: la cocina», añadían al inicio de la prueba.

Tanto los jueces como los concursantes se mostraron emocionados por el lugar escogido para la prueba, ya que «más que un desafío culinario», se trataba, según señalaron los jueces, de «una declaración de amor a través de la gastronomía a la sabiduría y entrega» de las personas mayores.

Para ello, contaron con la ayuda de las dos concursantes más veteranas, ganadoras de las ediciones de MasterChef Abuelos, Guadalupe, la abuela de dragones y ganadora de la primera edición, que se celebró hace más de 2 años, y Almudena, ganadora de la segunda edición, que se emitió las pasadas navidades.

Comensales sorpresa

Lo que no se esperaban los concursantes era poder reencontrarse en ese día tan especial con algunos de sus propios abuelos. Es lo que le sucedió a los dos aspirantes más jóvenes de la edición, Álex y Luca, quienes se encontraron por sorpresa con sus abuelos en el comedor.

El primero en volver a ver a sus abuelas fue Álex, quien fue llevado al salón sin saber lo que iba a ocurrir, pensando que en realidad iba a pedir disculpas por los fallos en el plato presentado. En cambio, sus abuelas lo recibieron entre lágrimas, sonrisas y abrazos. «¡Te quiero, vida mía, eres muy bueno!», dijo una de ellas.

«Estoy encantado. No me esperaba tener aquí a mis abuelas, estoy flipando en colores», aseguró Álex, quien regresó a las cocinas de nuevo con renovados ánimos y energías para continuar. «Yo venía a pedir perdón por los platos, y verlas me ha dado una ilusión y una fuerza increíble para llegar hasta el final», explicó.

«Cuidemos a nuestros mayores porque son un tesoro que debemos disfrutar», añadió más tarde en sus redes sociales.

Luca también se reencontró por sorpresa con sus abuelos, de los que ya habló antes de la prueba, asegurando que su abuela Caterina le había transmitido muchas cosas desde pequeño, como «ser tú mismo» o «elegancia». «Tengo mucho miedo de perderla porque es una persona muy buena», admitía.

Al llegar al comedor, los abrazos se repitieron. «Para mí mis abuelos son inspiración. Desde que yo soy pequeño me han enseñado a ser libre, a ser como yo quiero ser y siempre me han apoyado en todas las decisiones, en todo lo que he querido hacer. Los amo. Para mí son muy, muy importantes», explicó Luca, recibiendo la mejor respuesta de su abuelo: «Siempre te he dicho que tienes que ser tú mismo».

Para cerrar el gran día y la comida degustada por los comensales, dedicaron un momento a felicitar a la más veterana de la residencia, que cumplía 101 años.

María Bonillo para 65 y mas

SUSPENSO EN ACCESIBILIDAD

El 87% de los edificios de viviendas en España necesitaría realizar actuaciones de eliminación de barreras arquitectónicas para mejorar su accesibilidad, lo que supondría un coste medio por hogar de 1.361 euros, de acuerdo con el informe ‘Accesibilidad en el edificio: ¿gasto o inversión?’ de la Fundación Mutua de Propietarios.

Partiendo del coste medio de las actuaciones detectadas para hacer un edificio accesible, el informe constata que la factura de la accesibilidad se incrementa, especialmente, en aquellos edificios de menos plantas y menos vecinos, con 5.409 euros y 4.457 euros, respectivamente; entre los hogares de edificios más antiguos (3.156 euros); en los que tienen viviendas de menor tamaño (2.416 euros) y en los hogares con menos ingresos (2.995 euros).

La vicepresidenta ejecutiva de la Fundación Mutua de Propietarios, Laura López Demarbre, ha explicado que muchas de las viviendas no accesibles son propiedad de personas con «bajos recursos», por lo que se evidencia la necesidad de que Administración e instituciones contribuyan a hacer posible que se lleven a cabo actuaciones para la eliminación de barreas arquitectónica.

El ascensor, lo más urgente

El estudio revela que un 17% de los edificios de viviendas comunitarios no dispone de ascensor y, de los que sí disponen, un 11% tiene un escalón que dificulta la accesibilidad hasta él.

Por este motivo, casi la mitad (49%) de quienes no cuentan con ascensor lo reclaman como una medida urgente, de la misma manera que un 51% considera esencial mejorar la accesibilidad del portal hasta el ascensor con una plataforma elevadora eléctrica o una rampa.

«Cuando en un edificio o vivienda residen personas con movilidad reducida, sea por motivo de discapacidad o edad avanzada, la accesibilidad cobra especial importancia, pero mientras no residen personas con necesidades especiales, la accesibilidad no recibe la importancia que merece y se percibe más como un gasto más que como una inversión», ha apuntado López Demarbre.

Por todos estos motivos, los españoles ponen una nota de 5,7 sobre 10 a la accesibilidad, una nota que baja cuando se pone a la persona ante la tesitura de valorar la accesibilidad para una persona con movilidad reducida.

Además, pese a que el 63% de los españoles está de acuerdo en que un edificio accesible revaloriza sus inmuebles, seis de cada diez ve poco o nada probable realizar las mejoras de accesibilidad que se necesitan en su edificio.

La falta de acuerdo entre vecinos (47%) y los motivos económicos (55%) son las principales razones expuestas, mientras que la barrera de los 2.000 euros por hogar es el punto de inflexión para considerar probable o no probable llevar a cabo las mejoras.

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