RESURRECCIÓN, ¿FINAL FELIZ? ¡¡COMIENZO PROVOCADOR!!

La resurrección de Jesús no es el final feliz de una historia. Con la resurrección todo continúa. O mejor, todo comienza de nuevo.

Así se comprende que los apóstoles que “despiden” a Jesús de esta tierra, reciban este reproche: “¿qué hacéis ahí mirando al cielo?” (Hech 1,11). No hay nada que contemplar. Solo nubes.

De lo que se trata es de volver a Jerusalén y comenzar la misión, anunciar que Jesús ha resucitado, que vive y permanece, por medio de su Espíritu, entre los suyos. No se trata solo de que su causa continúa. Precisamente porque está vivo puede ponerse al frente de la causa.

Un anuncio como este no debió resultar nada fácil. En el fondo era un anuncio peligroso.

Resulta llamativo –y esta es una prueba muy directa de la importancia y seriedad del artículo de fe en la resurrección de Cristo- que los apóstoles hayan sido ridiculizados y perseguidos por anunciar esa fe. Pablo, hablando de la resurrección de Cristo ante el rey Agripa, fue brutalmente interrumpido por el gobernador Festo, que le dijo: “Estas loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza” (Hech 26,24).

Predicando esta misma fe, “Pedro y los apóstoles” provocaron “la rabia” del Sanedrín, hasta el punto de que “trataban de matarlos” (Hech 5,27-33.40.41).

Jugarse la vida por algo, es prueba evidente de la importancia que tiene para uno. Y también es prueba de que una fe así no puede ser algo inocuo o privado. A este respecto sería bueno que los cristianos de hoy nos planteásemos la pregunta por la calidad de una fe en la resurrección que no transforme la vida y en la que la vida no esté en juego.

Este anuncio peligroso llena de esperanza la vida de los seguidores de Jesús.

Una esperanza que nos moviliza, y nos hace tomar partido, el partido de la vida, el mismo que tomó Jesús a favor del bien y en contra del mal, a favor de los oprimidos y en contra de los opresores, a favor de los pobres y los humildes y en contra de los ponen su confianza en el dinero y su único objetivo es conseguir más del que ya tienen.

Una esperanza que nos mueve a derribar barreras de muerte (las que se construyen entre Estados Unidos y México y las que se construyen en la frontera de Ceuta y Melilla) y levantar puentes de vida. La esperanza que despierta la resurrección de Jesús solo se mantiene en aquellos cuya vida está movida por el mismo Espíritu de Jesús.

CRISHOM  ENZO

LA CRUZ REVELA PECADO Y AMOR

La cruz de Cristo es revelación. Revela pecado y amor. El pecado del ser humano y el amor de Dios.

¿Cuál es el pecado del ser humano? El pecado original, lo que está en la base y en el origen de todo pecado, es el rechazo de Dios, el preferirse uno a sí mismo prescindiendo de Dios.

Cuando la criatura se considera dios, no sólo equivoca su verdad, sino que también se pierde. Cierto, el ser humano ha sido llamado a ser como Dios, creado a imagen de Dios. Pero sólo puede ser Dios con Dios, sólo puede divinizarse por gracia.

Este pecado original, a saber, el rechazo de Dios, en la Cruz de Cristo se manifiesta como el pecado del mundo. El pecado del mundo es rechazar a Jesús, al enviado de Dios, al perfecto revelador de Dios. La Cruz es ante todo manifestación del pecado del ser humano. Lo que cae sobre Cristo crucificado no es un castigo de Dios, es el pecado de la humanidad. Son los hombres los que rechazan a Jesús.

Pero la Cruz es también manifestación del amor incondicional de Dios. El amor de Dios no está condicionado por nada, ni siquiera por nuestros pecados. Por eso, Dios ama al pecador.

La prueba de que Dios nos ama, dice san Pablo, es que siendo nosotros todavía pecadores, Cristo entregó su vida por nosotros. Dios no nos ama cuando somos buenos, ni cuando nos proponemos ser buenos. Nos ama siempre. Porque su amor es incondicional.

Lo que en la Cruz se revela, junto con el pecado del mundo, es el amor de Dios, más fuerte que el pecado. Y, por tanto, se revela que en la Cruz el pecado ha perdido todo su poder. El pecado nunca resulta vencedor. El mal tiene un límite. El amor no tiene límites.

En la Cruz de Cristo, Dios nos llama a conversión, sigue reclamando nuestro amor. Porque sólo cuando nosotros acogemos su amor puede haber salvación. Ya que la salvación es encuentro. Y no hay encuentro sin reciprocidad.

En la Cruz, Dios sigue llamando, reclamando con más fuerza que nunca, nuestro amor.

La cruz no es el precio que Dios exige para reconciliarse con los humanos, es la suprema manifestación de un amor que, precisamente por ser incondicional, no responde al mal con el mal. Responde con el bien. Lo que en la cruz de Cristo se manifiesta es un amor (el de Dios) más fuerte que el pecado (el de los que crucifican a Jesús).

Martin Gelabert

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE TENERIFE Y DIÓCESIS DE JAÉN

Desde Tenerife, Angustias comparte con nosotros uno de los actos diocesanos del movimiento

Via Crucis en Valle de Guerra de Vida Ascendente con gran participación de personas mayores.

Viacrucis en Tegueste, dirige el Consiliario de Vida Ascendente de  Tenerife, con meditaciones en cada estación, Jesús nos enseña que a nuestra edad carguemos nuestra cruz con la poca fuerza que nos queda que El va con nosotros, hace de Cirineo, que este camino que nos lleva a la Pascua nos haga vivir la alegría y esperanza de resucitar con EL.

Desde Jaén,  Loli Núñez nos cuenta una emotiva experiencia

Invité a desayunar a varios de mis nietos adolescentes a una cafetería de Jaén donde sirven los mejores churros de la zona; era un día de vacaciones y en esas fechas nos es normal ver a los abuelos que llevan a los pequeños al colegio.

Tenemos tan interiorizada la necesidad de las relaciones intergeneracionales, que mientras departía con ellos en un ambiente muy distendido, me puse a observar a quienes, en grupos o en solitario, acudían a la cafetería.

No tardé mucho en descubrir a una pareja, por la edad abuelo y nieto joven, que llegaron con una conversación animada y pidieron su desayuno.

Son la excepción, pensé, pero poco después otro señor con un adolescente repetía el mismo ritual.

Me marché de allí contenta. Puede parecer algo insignificante, pero para mí lo viví como un signo de que las enseñanzas del Papa Francisco empiezan a calar en la sociedad y a dar sus frutos.

Gracias por vuestras aportaciones, seguimos esperando las noticias de tods las diócesis.

EL TRIDUO PASCUAL

La palabra triduo en la práctica devocional católica sugiere la idea de preparación. A veces nos preparamos para la fiesta de un santo con tres días de oración en su honor, o bien pedimos una gracia especial mediante un triduo de plegarias de intercesión.

El triduo pascual se consideraba como tres días de preparación a la fiesta de pascua; comprendía el jueves, el viernes y el sábado de la semana santa. Era un triduo de la pasión.

En el nuevo calendario y en las normas litúrgicas para la semana santa, el enfoque es diferente. El triduo se presenta no como un tiempo de preparación, sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resurrección, que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario:

Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida.

El triduo comienza el Jueves Santo con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima el Viernes con la celebración de la Pasión de Cristo y cierra con las vísperas del domingo de pascua (Vigilia Pascual en Sábado).

Esta unificación de la celebración pascual es más acorde con el espíritu del Nuevo Testamento y con la tradición cristiana primitiva. El mismo Cristo, cuando aludía a su pasión y muerte, nunca las disociaba de su resurrección. En el evangelio del miércoles de la segunda semana de cuaresma

 (Mt 20,17-28) habla de ellas en conjunto: «Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará».

Es significativo que los padres de la Iglesia, tanto san Ambrosio como san Agustín, conciban el triduo pascual como un todo que incluye el sufrimiento de Jesús y también su glorificación. El obispo de Milán, en uno de sus escritos, se refiere a los tres santos días (triduum illud sacrum) como a los tres días en los cuales sufrió, estuvo en la tumba y resucitó, los tres días a los que se refirió cuando dijo: «Destruid este templo y en tres días lo reedificaré». San Agustín, en una de sus cartas, se refiere a ellos como «los tres sacratísimos días de la crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo».

Esos  tres días, que comienzan con la misa vespertina del jueves santo y concluyen con la oración de vísperas del domingo de pascua, forman una unidad, y como tal deben ser considerados.

Por consiguiente, la pascua cristiana consiste esencialmente en una celebración de tres días, que comprende las partes sombrías y las facetas brillantes del misterio salvífico de Cristo. Las diferentes fases del misterio pascual se extienden a lo largo de los tres días como en un tríptico: cada uno de los tres cuadros ilustra una parte de la escena; juntos forman un todo. Cada cuadro es en sí completo, pero debe ser visto en relación con los otros dos.

Interesa saber que tanto el viernes como el sábado santo, oficialmente, no forman parte de la cuaresma. Según el nuevo calendario, la cuaresma comienza el miércoles de ceniza y concluye el jueves santo, excluyendo la misa de la cena del Señor 1. El viernes y el sábado de la semana santa no son los últimos dos días de cuaresma, sino los primeros dos días del «sagrado triduo».

El #Triduo Pascual es el punto culminante de todo el año litúrgico. Durante el Triduo la Iglesia conmemora los grandes acontecimientos que jalonaron los últimos días del Señor.

La expresión Triduo Pascual aplicada a las fiestas anuales de la Pasión y Resurrección es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años treinta del siglo XX; pero ya a finales del siglo IV san Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas del misterio pascual de Cristo que, durante tres días .

De este modo, durante los primeros compases de la vida de la Iglesia, la Pascua del Señor se conmemoraba cíclicamente, a partir de la asamblea eucarística convocada el primer día de la semana, día de la resurrección del Señor (dominicus dies) o domingo. Y, muy pronto, apenas en el siglo II, comenzó a reservarse un domingo particular del año para celebrar este misterio salvífico de Cristo. Llegados a este punto, el nacimiento del Triduo Pascual era sólo cuestión de tiempo, cuando la Iglesia comenzase a revivir los misterios de Cristo de modo histórico, hecho que acaeció por primera vez en Jerusalén, donde aún se conservaba la memoria del marco topográfico de los sucesos de la pasión y glorificación de Cristo.

Cada celebración del Triduo presenta su fisonomía particular: la tarde del Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía; el Viernes se dedica entero a la evocación de la pasión y muerte de Jesús en la cruz; durante el sábado la Iglesia medita el descanso de Jesús en el sepulcro. Por último, en la Vigilia Pascual, los fieles reviven la alegría de la Resurrección.

EL PREGÓN PASCUAL: LA MÚSICA EN LA LITURGIA

La celebración de la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo acoge uno de los himnos en versión gregoriana más bellos de la Iglesia, el Exultet o también conocido como Pregón Pascual.

En la liturgia de la Vigilia Pascual, el Pregón Pascual se canta tras la ceremonia del fuego, de esta forma se anuncia la Pascua, tiempo litúrgico, mientras los fieles sostienen entre sus manos una vela encendida. Con este canto se proclama a Jesús como el fuego nuevo:

    Primero anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la comunidad cristiana congregada; alegría que procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas de la muerte y del pecado. Luego entona una gran acción de gracias, cuyo tema es la historia de la salvación, resumida así por el poema: redención que nos libró del pecado de Adán, figuras de esta redención: el Cordero Pascual, el Mar Rojo, la columna de fuego. En esta noche se da la salvación y Cristo alcanza su victoria. Seguidamente, con un gran lirismo, el diácono ensalza la noche venturosa en la que se rompen las cadenas de la muerte y Dios nos manifiesta su inefable ternura y amor, pues para rescatar al esclavo entregó a su propio Hijo. «¡Feliz culpa, canta entusiasmado, que mereció tal y tan grande redentor!» .

La Carta de la Sagrada Congregación del Culto sobre la preparación de las fiestas pascuales recoge en su artículo 84 las características y protocolo relacionado con el Pregón Pascual:

El diácono proclama el pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación. Si fuese necesario, o por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, puede ser proclamado por un cantor. Las Conferencias de los Obispos pueden adaptar convenientemente este pregón introduciendo en él algunas aclamaciones de la asamblea.

El Exultet es el himno en alabanza del cirio pascual cantado por el ministro celebrante en la liturgia del Sábado Santo durante la noche, en la Vigilia Pascual. El misal lo denomina Praeconium.

Según la Enciclopedia católica «la regularidad del cursus métrico del Exultet nos llevaría a colocar la fecha de su composición quizás tan temprano como el siglo V, y a más tardar el VII». Sin embargo, «los primeros manuscritos del Sacramento Gregoriano no contienen el Exultet, pero se añadió en el suplemento sobre a lo que ha sido vagamente llamado Sacramento de Adrián y, probablemente, elaborado bajo la dirección de Alcunio», durante el siglo VIII.

La música en la liturgia de la Iglesia.

Para la Iglesia católica la música tiene un valor inestimable «que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria e integral de la Liturgia solemne», indica el artículo 112 de la Constitución Sacrosanctum Concilium, documento que en su artículo 116 establece que «la Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas».

Origen y evolución del uso de música en la Iglesia.

Gracias a la Carta encíclica Musicae Sacrae conocemos que en Roma, tras ser permitida y protegida la Iglesia, los salmos y los himnos del culto litúrgico eran de uso cotidiano y, con el transcurso del tiempo, se crearon nuevas formas de canto sagrado.

San Gregorio Magno (siglo VI) recogió toda la tradición existente hasta ese momento sobre la música sagrada y la dotó de leyes y normas para velar por la pureza e integridad del canto sagrado.

Desde Roma el canto se extendió a otras regiones de Occidente enriqueciéndose con nueva formas y melodías propias de cada territorio creando un canto sagrado nuevo, el himno religioso.

El mismo canto coral, que desde su restaurador, San Gregorio, comenzó a llamarse Gregoriano, adquirió ya desde los siglos VIII y IX nuevo esplendor en casi todas las regiones de la Europa cristiana, siendo acompañado por el instrumento musical llamado órgano.

Al canto coral se le añade el canto polifónico a partir del siglo IX y adquiere su perfección en los siglos XV y XVI consiguiendo ser admitido en los ritos sagrados para dotarlos de mayor realce.

Durante el pontificado de San Pío X (1903-1914) se inicia el camino que otorga a la música sacra su función ministerial en el servicio divino.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN ISIDORO DE SEVILLA

Nació en Cartagena, España,  hacia el año 560. Su padre llamado Severiano, nacido en Cartagena, probablemente era de una familia romana, pero estaba emparentado con los reyes visigodos.

Isidoro era el menor de cuatro hermanos. Sus dos hermanos, Leandroy Fulgencio también llegaron a ser santos. Su hermana Santa Florentina, fue abadesa de varios conventos. ¡La santidad se comparte y se fortalece cuando los lazos familiares son santos!

Su hermano Leandro que era mucho mayor que él, se encargó de su educación porque quedaron huérfanos siendo Isidoro un niño. Parece ser que Leandro era muy severo, porque cuenta una leyenda, que siendo Isidoro muy niño huyó de su casa para escapar de la severidad de su hermano. Luego volvió por voluntad propia, lleno de buenos propósitos. Leandro lo encerró para impedir que se escape de nuevo. Probablemente lo envió a un monasterio para seguir estudiando.

Un día se acercó a un pozo para sacar agua y notó que las cuerdas habían hecho hendidura en la dura piedra. Entonces comprendió que también la conciencia y la voluntad del hombre pueden vencer las duras dificultades de la vida. Entonces regresó con amor a sus libros.

Isidoro llegó a ser uno de los hombres mas sabios de su época, aunque al mismo tiempo era un hombre de profunda humildad y caridad. Fue un escritor muy leído. Se lo llamó el Maestro de la Edad Media o de la Europa Medieval y primer organizador de la cultura cristiana. La principal contribución de San Isidoro a la cultura, fueron sus Etimologías u Orígenes, una «summa» muy útil de la ciencia antigua condensando, mas con celo que con espíritu crítico los principales resultados de la ciencia de la época, siendo uno de los textos clásicos hasta mediados del siglo XVI.

Fue un escritor muy fecundo: entre sus primeras obras está un diccionario de sinónimos, un tratado de astronomía y geografía, un resumen de la historia desde la creación, biografías de hombres ilustres, un libro sobre los valores del Antiguo y del Nuevo Testamento, un código de reglas monacales, varios tratados teológicos y eclesiásticos y la historia de los visigodos, que es lo más valioso en nuestros días, ya que es la única fuente de información sobre los godos. También escribió historia de los vándalos y de los suevos.

San Isidoro fue como un puente entre la Edad Antigua que terminaba y la Edad Media que comenzaba. Su influencia fue muy grande en Europa, especialmente en España. Entre sus discípulos está San Ildefonso de Toledo

Probablemente ayudó a su hermano Leandro, obispo de Sevilla a gobernar la diócesis. Le sucedió en el cargo cuando murió. Su episcopado duró treinta y siete años, bajo seis reyes, completó la obra comenzada por San Leandro, que fue de convertir a los visigodos del arrianismo al catolicismo.

Cuenta una graciosa leyenda que cuando tenía un mes de vida, un enjambre de abejas invadió su cuna y dejó en los labios del pequeño Isidoro un poco de miel, como auspicio de la dulce y sustanciosa enseñanza que un día saldría de esos labios.

También decía San Ildefonso que «la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas».

Su principal preocupación como obispo fue la de lograr una madurez cultural y moral del clero español. Fundó un colegio eclesiástico, prototipo de los futuros seminarios, dedicándose personalmente a la instrucción de los candidatos al sacerdocio.

Como su hermano, fue el obispo mas popular y autorizado de su tiempo.

Continuó la costumbre de su hermano de arreglar las cuestiones de disciplina eclesiástica en los sínodos, cuya organización se debió en gran parte a San Leandro y San Isidoro.

San Isidoro presidió el segundo Concilio de Sevilla en 619, y el cuarto Concilio de Toledo, en 633. Muchos de los decretos del Concilio fueron obra de San Isidoro, especialmente el decreto que se estableciese un seminario en todas las diócesis.

Su sistema educativo era abierto y progresista, propuso un sistema que abarca todas las ramas del saber humano.

Según parece, San Isidoro previó que la unidad religiosa y un sistema educativo amplio, podían unificar los elementos heterogéneos que amenazaba desintegrar España y gracias a eso gran parte del país se convirtió en un centro de cultura, mientras que el resto de Europa se hundía en la barbarie.

Otro de los grandes servicios que San Isidoro prestó a la Iglesia española fue el de completar el misal y el breviario mozárabes, que San Leandro había empezado a adaptar de la antigua liturgia española.

San Isidoro se formó con lecturas de San Agustín y San Gregorio Magno.

Su amor a los pobres era inmenso. En los últimos seis meses aumentó tanto sus limosnas que los pobres llegaban de todas partes a pedir y recibir ayuda.

Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas sus faltas, perdonó a sus enemigos y suplicó al pueblo que rogara a Dios por él. Distribuyendo entre los pobres el resto de sus posesiones, volvió a su casa y murió apaciblemente el 4 de abril del año 636 a la edad de 80 años.

El año 1063 fue trasladado su cuerpo a León, donde hoy recibe culto en la iglesia de su nombre.

La Santa Sede lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1722.

EL OFICIO DE TINIEBLAS

El Oficio de Tinieblas (Tenebrae) es el nombre que recibe la ceremonia litúrgica que se lleva a cabo los días Miércoles, Jueves y Viernes Santos al caer la tarde.

Se trata del rezo dela Liturgia de las horas, maitines o  laudes,  según el breviario romano tradicional, que en Semana Santa se adelantaban a la tarde de la víspera con tal de no interferir en los oficios solemnes que correspondían al Triduo Pascual, dado que la recitación íntegra del breviario era obligatoria so pena de pecado.

De esta manera, este servicio se anticipaba y cantaba poco después de completas, es decir, alrededor de las 15.00 de la víspera del día al cual pertenecía, pudiendo postergarse hasta las 16.00 ó 17.00 para facilitar la asistencia de los fieles que debía apresurarse a concurrir a él después de acabadas sus ocupaciones.

Al celebrarlo al declinar el día en el hemisferio norte, tenía la peculiaridad de hacerse en la oscuridad, en medio de las «tinieblas» de comienzos de primavera, de donde proviene su nombre.

En este oficio se dispone de un candelabro especial de forma triangular, llamado tenebrario, que desde la reforma de San Pío X tiene obligatoriamente quince velas o cirios amarillos que representan a los once apóstoles que permanecieron fieles tras la traición de Judas Iscariote, a las tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena) y a la Santísima Virgen, esta última a través de un cirio más destacado que los otros.

Tanto las luces del templo como los cirios se van apagando uno tras otro tras el canto de los salmos, para que al final quedase encendido sólo el cirio que más destaca (aquel que representa a la Santísima Virgen) al acercarse la muerte del Redentor (los apóstoles lo fueron abandonando y el templo, como símbolo de la Iglesia, va quedando en tinieblas).

Al llegar al último cirio, se canta el Miserere [Salmo 50 (51)] en perdón por las faltas cometidas y el cirio se sitúa en la parte posterior al altar ocultándolo de la vista, como símbolo de la entrada de Jesús en la sepultura y la permanencia de la Iglesia en espera de la Luz de Cristo que surgirá en la Vigilia Pascual, volviendo a iluminar paulatinamente las iglesias.

Terminado el Miserere, el clero y los fieles producen un ruido de carracas y matracas (las mismas que se usan en la Misa del Jueves Santo), que cesa dramáticamente al aparecer la luz del cirio oculto detrás del altar, para simular las convulsiones y trastornos naturales («la tierra tembló, y se partieron las piedras”, dice Mt 27,51) que sobrevinieron al ocurrir la muerte de Jesucristo en la cruz elevada sobre el Gólgota. Este ruido final tuvo su origen en la señal dada por el maestro de ceremonias (generalmente con la mano y sobre una de las gradas del altar o sobre algún banco cercano) para el regreso de los ministros a la sacristía.

La descripción del rito sugiere que el oficio divino de estos tres días era tratado como una especie de servicio funerario, que conmemoraba la muerte de Jesucristo ocurrida el Viernes Santo.

Puesto que Cristo permaneció tres días y tres noches en la tumba de José de Arimatea antes de su Resurrección gloriosa, es también natural que estas exequias debiesen haber venido al final de la semana, para ser celebradas en cada una de las tres ocasiones distintas con las mismas manifestaciones de duelo.

Tal sentido es  el que  explica el tono del oficio, que parece apenas haber variado durante los siglos del que se escuchaba en las iglesias hasta la reforma litúrgica, caracterizado por ser notablemente luctuoso.

Basta ver la ya referida oscuridad del templo, los salmos, antífonas y responsorios fúnebres, las lecciones extraídas de las Lamentaciones de Jeremías, la omisión de todo himno o doxología (como ocurre con el Gloria Patri o el Te Deum), la presencia de un altar desnudo y de las imágenes cubiertas, la ausencia de música y aun del tintinar de las campanillas (reemplazas por carracas y matracas) y la inexistencia de bendición o rito de despedida.

Esta estructura sugiere un servicio afín a la Vigiliæ Mortuorum: al igual que la brillante iluminación de la víspera de Pascua hablaba de triunfo y de alegría, así la oscuridad de los servicios de las noches anteriores parece haber sido elegida a propósito para marcar la desolación de la Iglesia por la muerte de Cristo.

En cualquier caso, cabe destacar que los reformadores litúrgicos trataron el oficio de estos tres días con escrupuloso respeto, al punto que las lecturas de Jeremías en el primer nocturno, de los Comentarios de San Agustín sobre los Salmos en el segundo y de las Epístolas de San Pablo en el tercero permanecieron hasta la reforma postconciliar tal y como fueron oídas por primera vez en el siglo VIII.

Tras el paréntesis de la Misa de la Cena del Señor, donde el templo vuelve a iluminarse y el altar a cubrirse para rememorar la institución del sacerdocio y de la Eucaristía, aunque permaneciendo veladas las imágenes, la iglesia retorna a las tinieblas y el altar a ser desnudado tras la traslación del Santísimo Sacramento al monumento.

De esta forma, del apagado progresivo de las luces hasta la plena oscuridad que caracteriza el Oficio de Tinieblas viene que en la Vigilia Pascual el templo se encuentre en completas tinieblas al empezar la celebración, oscuridad que se romperá con la bendición del nuevo fuego y la posterior procesión hacia el altar portando la Luz de Cristo resucitado, como canta la liturgia de esa noche (Lumen Chisti glorióse resurgéntis/Dissipet ténebras cordis et mentis), hasta iluminar por completo la iglesia para el pregón pascual.

Hoy en día, tras la reforma del breviario, este oficio ha desaparecido en las iglesias donde se utiliza la forma ordinaria del rito romano: no existe un oficio distinto al de los otros días del año para la Semana Santa.

Sin embargo, dada la singularidad de este Oficio de Tinieblas, se tiende a adaptar las antiguas peculiaridades del rito al ordo de la reforma, con el uso del tenebrario, el apagado progresivo de las luces, etcétera, añadiendo el canto de las lamentaciones que permite la liturgia actual.

Sin embargo, ya no se omiten ni doxologías ni himnos, no hay cantos lúgubres en gregoriano ni se unen todas las horas en una, puesto que las horas que coinciden con las celebraciones de la Semana Santa pueden omitirse derechamente: las vísperas de Jueves y Viernes Santo y el Oficio de Lectura y las Completas entre el Sábado y el Domingo.

A pesar de no tener la carga expresiva de antaño, la Iglesia sigue recomendando vivamente el rezo comunitario de este oficio, según el modo actual, pues la inclusión de los elementos del antiguo ordo ayudan a ver el simbolismo de la luz en la noche de Pascua.

Como es evidente, las congregaciones y parroquias, así como las comunidades que celebran bajo la liturgia de 1962, al amparo del motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, siguen celebrando el Oficio de Tinieblas y lo preservan como uno de los signos distintivos de la Semana Santa. El oficio, con algunas adaptaciones, también existe en algunas iglesias protestantes.

Blog Magnificat

LA SEMANA SANTA ESTÁ AQUÍ

Acabamos  de comenzar la Semana Santa, que concentra las principales celebraciones del año litúrgico cristiano. Y el Triduo Pascual (que va desde el Jueves Santo por la tarde hasta el anochecer del Domingo de Pascua) es el corazón de la Semana Santa. En él conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Estas celebraciones son tan importantes que las preparamos durante cuarenta días (la Cuaresma) y las prolongamos durante cincuenta días más (el Tiempo Pascual, que dura hasta Pentecostés).

Además, cada domingo es considerado «la Pascua de la semana» y en cada eucaristía seguimos «anunciando su muerte y proclamando su resurrección» hasta que él vuelva.

Como vemos, la Semana Santa tiene una importancia fundamental en la vida litúrgica de la Iglesia y lo mismo podemos decir respecto a la reflexión bíblica y teológica. Pero, ¿por qué esos días son tan singulares?, ¿por qué la Iglesia dedica tanto tiempo a prepararlos?, ¿por qué da tanta importancia a ese periodo del año?

La respuesta es sencilla: Durante los últimos días de la vida mortal de Jesús tuvieron lugar varios acontecimientos extraordinarios que prepararon el desenlace definitivo: la resurrección de Lázaro, la entrada triunfal en Jerusalén, la purificación del templo, la predicación sobre los tiempos finales, la última Cena, la traición de Judas…

Después vino la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Sobre la memoria de esos sucesos se construyó la fe cristiana.

San Juan Crisóstomo escribió a finales del siglo IV una larga homilía sobre la Semana Santa, en la que recoge el sentir de la Iglesia primitiva. Entre otras cosas interesantes, allí afirma lo siguiente:

«He aquí porqué la semana presente se llama la Gran Semana. No es porque los días sean más largos que los otros; otras semanas, en efecto, tienen días con más horas de luz. No es porque los días sean más numerosos, pues en todas las semanas el número de días es el mismo. Es porque, en esta semana, Dios ha hecho cosas particularmente gloriosas, es en esta Gran Semana cuando la larga tiranía del demonio ha sido destruida, la muerte ha sido extinguida, […] el pecado ha sido borrado, el paraíso se ha abierto, […] el Dios de paz ha extendido la paz en el cielo y en la tierra. Por eso la llamamos la Semana Mayor o la Gran Semana».

De hecho, ningún otro acontecimiento de la historia ha dejado tantas huellas en la literatura, en la música y en el arte. Los primeros cristianos comprendieron muy pronto su profundo significado, por lo que fue lo primero que pusieron por escrito en los evangelios. Su narración tiene tanta importancia que algunos autores afirman que los evangelios son relatos del misterio pascual de Cristo, precedidos por una gran introducción, que ayuda a interpretarlos correctamente.

Padre Eduardo Sanz de Miguel Blog.

«VOLVAMOS A DIOS». CARTA CUARESMAL DEL OBISPO DE JAÉN

Queridos fieles diocesanos:

La Cuaresma, que comienza el miércoles de Ceniza, nos pone en marcha hacia un camino que nos conduce a la gran fiesta de los cristianos: la Pascua de Resurrección. Recorremos estos cuarenta días como un retiro ininterrumpido de toda la comunidad cristiana, junto con Jesucristo, en el desierto. Son días de conversión personal y comunitaria que pasan por la oración, el ayuno y la limosna, por la renuncia y la humildad. El rito de la imposición de la ceniza nos introducirá en este espíritu cuaresmal. «Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: reconozco lo que soy, una criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a imagen de Dios y destinada a él. Polvo, sí, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y de responderle; libre y, por esto, capaz también de desobedecerle, cediendo a la tentación del orgullo y de la autosuficiencia» (Benedicto XVI, 17 de febrero de 2010).

Tiempo para volver

En este tiempo litúrgico se nos concede la gracia de contemplar, ante nuestros ojos, el camino para regresar al Padre, para volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12); dejar el pecado y llegar a la luz del Señor Resucitado, que se nos concede por medio de su perdón. Como nos dice el Papa Francisco: «La Cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos. Es tiempo de verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo. La Cuaresma es discernir hacia donde está orientado el corazón. Este es el centro de la Cuaresma: hacia dónde está orientado mi corazón» (Miércoles de Ceniza, 17 de febrero de 2021). Ello conlleva entrar en nosotros mismos; escuchar en lo profundo la Palabra del Señor; y descubrir hacia dónde estamos caminando: qué valores nos dirigen la vida; cuál es la orientación de nuestro vivir: qué ansía y busca nuestro corazón… y, con todo ello, acogernos a su misericordia y compasión.

El hombre, frecuentemente anda errante, fuera de camino, por sendas perdidas. Pero llega un momento en que se vuelve con todo su ser a Dios que lo llama y desanda sus sendas extraviadas, descubriendo la verdadera alegría. La conocida parábola del Hijo pródigo, describe así esta vuelta. El hijo menor emancipado «se marchó a un país lejano y allí despilfarró de mala manera toda su fortuna». Caído en extrema miseria, recapacitó y se dijo: «me pondré en camino y volveré a la casa de mi padre» (Lc 15,11-33). El cuadro de miseria y de abandono en que se ve postrado el hijo pródigo de la parábola es la imagen real de tantos hombres, de tantos cristianos, que han creído poseerlo todo y disfrutarlo todo, lejos de la casa paterna. Lo más grave no consiste solo en caer en una situación de miseria moral y de pecado. Lo más grave es conformarse y acostumbrarse a esas situaciones injustas que nos esclavizan. Volver al hogar de Dios, el Padre, después de haber vagado por tierras lejanas y extrañas a la intemperie, eso es la conversión.

Tiempo para la acción

Este año, en nuestra Diócesis de Jaén estamos trabajando un itinerario para la conversión pastoral. Éste nos exige a todos ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las comunidades parroquiales, de los organismos diocesanos, y transformarlo todo —costumbres, estilos, horarios, lenguaje, espacios, prioridades— para que la Iglesia de Jaén esté más al servicio de la evangelización que de autopreservarse a sí misma (EG 27; 33).

Pero, para llegar a una conversión pastoral tenemos que tener la experiencia de una conversión personal. La conversión está en la base de la vida cristiana y en el centro del mensaje de Jesús, porque representa la apertura de la mente y del corazón del hombre para acoger la gracia divina de la salvación y de la santificación. No obstante, esta apertura de la mente y del corazón es, a su vez, un don de Dios. El hombre por sí solo no puede procurársela ni realizarla, sino que debe responder, dócilmente, a la acción estimulante del Espíritu Santo que transforma los corazones. Por eso, es necesario que pidamos esta gracia con humildad: «Conviértenos a ti, Señor, y nos convertiremos» (Lam 5,21); «conviértenos, Dios, Salvador nuestro» (Sal 84,5).

Este volver a Dios se traduce en actitudes nuevas y vitales de arrepentimiento, de deseos de reparación, de cambio de criterios y de conducta, siempre bajo la moción interna del Espíritu. En cierto sentido, la conversión es dejarnos ayudar por Dios, porque Él quiere contar con nosotros para redimirnos y transformarnos.

Transformarnos para transformar. La conversión es también condición previa para dar paso en nuestro interior a la alegría verdadera, es decir, la alegría que es gozo profundo, pero que se manifiesta también hacia fuera en el optimismo, en el buen humor, en la capacidad de acoger a los demás, y en la disponibilidad para ayudar a los necesitados y para compartir nuestros bienes. Solo, si estamos verdaderamente vueltos a Dios, convertidos a Él, oiremos con más claridad el clamor de los pobres y de los oprimidos. Nuestro pueblo tiene necesidad de que se le ayude a salir de la atonía, de la nostalgia inoperante y de la falta de esperanza.

Podemos preguntarnos, como San Ignacio de Loyola en el libro de sus Ejercicios Espirituales, cuando propone la contemplación de la cruz: «Cristo ha muerto en la cruz por mí. Yo ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? y ¿Qué estoy dispuesto hacer por Cristo?». Y ¿esta Cuaresma?

Que nuestra Madre, la Virgen María, nos acompañe en este itinerario hacia un nuevo y renovado encuentro con su Hijo en la alegría Pascual.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

✍+ Sebastián Chico Martínez

Obispo de Jaén

TECNOLOGÍA, SEGURIDAD Y MAYORES: «DEBEMOS APRENDER A CONVIVIR CON LA SOCIEDAD DIGITAL»

La tecnología, una gran aliada para los mayores: «Todos tenemos derecho a aprovechar sus beneficios». Fundación Telefónica y UDP reflexionan sobre el papel de la tecnología en la vida de los mayores.

El número de mayores que hacen uso de las nuevas tecnologías no para de crecer. El 80% de las personas de más de 50 años se maneja en internet, así como seis de cada 10 españoles de entre 65 y 74 años.

Y es que las TIC son una herramienta clave para fomentar el bienestar y la autonomía de las personas. Facilitan tareas, permiten la comunicación y obtención de información en tiempo real y pueden utilizarse para monitorizar, prevenir y tratar a tiempo problemas de salud, entre otras muchas aplicaciones.

Ahora bien, aunque cada vez más personas mayores las usen, muchos no tienen toda la información para, por ejemplo, navegar por la web con seguridad, siendo uno de los principales colectivos víctimas de estafas online, y no todos saben que sus datos también están protegidos en el mundo digital por la Ley y a quien recurrir en estos casos.

Sobre este tema ha versado la conferencia de apertura de la tercera sesión del II Congreso sobre el Derecho a la Autonomía Personal (@CongresoDAP) organizada por la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados (@MayoresUDP), la Plataforma de Mayores y Pensionistas (@PlataformaPMP) y el Imserso (@Imserso), con el apoyo de Fundación Telefónica (@fundacionTef) y en colaboración con 65YMÁS.

La ponencia, celebrada el pasado jueves en el Espacio Fundación Telefónica, ha corrido a cargo del subdirector general de Promoción y Autorizaciones de la Agencia Española de Protección de Datos (@AEPD_es), Julián Prieto, quien ha explicado que este organismo independiente tiene como misión proteger “los derechos y libertades fundamentales de las personas”, sobre todo, actualmente, en el mundo online, donde corren más riesgo.

Con todo, Julián Prieto ha asegurado que progresivamente toda la población debe aprender «a convivir con la sociedad digital».

Por ello, “tenemos a los colectivos vulnerables como objetivos fundamentales”, ha añadido Prieto, quien ha sostenido que “la Agencia se pone a disposición de los mayores”.

Y es que una parte del colectivo, según el subdirector, aún no se maneja con soltura en internet. “Sólo uno de cada cuatro dispone de capacidades para hacerlo”, ha señalado. La brecha es particularmente grave en las personas de más de 75 años.

“Queremos ayudar”, ha afirmado. “Hay un conjunto de instituciones que tenemos que colaborar”, ha apostillado.

“Proteger nuestra identidad también depende de nosotros»

También ha versado sobre prevención y tecnología otra de las conferencias de esta tercera sesión. Alexis Hostos, experto en ciberseguridad de Telefónica Tech y responsable de la ponencia ‘Prevención de estafas tecnológicas a personas mayores’, ha asegurado que «cada vez estamos más interconectados, pero también más inseguros que nunca”.

“Proteger nuestra identidad también depende de nosotros mismos”, ha afirmado. Por ello, ha asegurado, la formación es esencial, puesto que buena parte del problema reside en el desconocimiento. “No podemos estar interconectados sin estar seguros”, ha señalado.

Durante esta jornada, se han abordado también temáticas como la utilización del big data para responder a las necesidades del colectivo mayor, la importancia de crear nuevos desarrollos tecnológicos que sean amigables, sencillos, intuitivos y accesibles para que nadie se quede atrás o el uso de la tecnología en el ocio como herramienta para mejorar el bienestar.

En la sesión han participado otros profesionales con grandes conocimientos en nuevas tecnologías, accesibilidad, dependencia o seguridad como: Ignacio Aizpún, director general de ATAM; Julio Lorca, director de Desarrollo de Salud Digital en DKV Salud; Lourdes Muñoz, fundadora de Barcelona Open Data; Miguel Ángel Valero, ingeniero de Telecomunicación y profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid; Irene Cañizares y Vanesa Montoya, de Telefónica I+D; Lourdes Bermejo, Gerontóloga y experta en intervención social; César Cuevas, doctor en Ciencias de la Salud por la Universidad Pública de Navarra y el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia, Vicente Bellver, entre otros.

El acto inaugural del Congreso ha contado con la presencia de Inmaculada Ruiz, presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP) y vicepresidenta de la Plataforma de Mayores y Pensionistas; Lázaro González, presidente de la PMP; Carmen Morenés, directora general de Fundación Telefónica; y Juan José García, director general de Mayores de la Comunidad de Madrid.

Inmaculada Ruiz ha señalado que «la velocidad a la que se han producido los cambios ha hecho que la tecnología no haya llegado igual a todas las personas” y, por ello, ha reclamado «a toda la sociedad, que nos acompañen y respeten nuestro propio ritmo y tengan en cuenta nuestra realidad, necesidades y expectativas”.

“Todas las personas tenemos derecho a sacar los beneficios de las tecnologías. Nadie debe quedarse atrás”, ha afirmado.

Ha coincidido con Ruiz el presidente de la PMP, Lázaro González, quien ha señalado que lo digital debe servir para tres fines: fomentar un envejecimiento activo, facilitar el aprendizaje durante toda la vida y garantizar la autonomía personal.  Y, por esta razón, estas herramientas “tienen que ser amigables y accesibles”, ha añadido.

Por su parte, la directora general de Fundación Telefónica, Carmen Morenés, ha incidido en la necesidad de crear espacios donde los mayores puedan envejecer con garantías. “Tenemos que construir un mundo en el que la tecnología favorezca la calidad de vida», ha indicado.

Finalmente, Juan José García, ha destacado la importancia de las TIC para prevenir y adelantarse a problemas sociales o de salud. «Las tecnologías son una gran oportunidad para que las personas mayores puedan seguir en sus casas», ha reconocido. Por esta razón, la sociedad debe prepararse para no dejar a nadie atrás en la digitalización, ha avisado.

La clausura de esta tercera sesión ha sido llevada a cabo por Antoni Serratosa, vicepresidente de Mayores UDP; Carlos Palacios, director de Acción Social y Voluntariado de Fundación Telefónica y José Aniorte, delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Madrid (@MADRID). La sesión fue conducida por Ana Bedia, directora de 65YMÁS.

Serratosa ha asegurado que es necesaria más «pedagogía» para que todas las personas aprendan a utilizar correctamente y con seguridad las TIC. “Los mayores aceptamos los retos de la digitalización”, ha sostenido.

Por su parte, Carlos Palacios ha afirmado que el problema con la digitalización no es tanto de «conectividad», que es excelente en España, sino más bien «de educación».

Por último, José Aniorte, el delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Madrid, ha destacado que «la tecnología puede ser «una gran aliada» para que la administración municipal pueda estar «cada vez más cerca de las personas que puedan necesitarnos”.

Pablo Recio, 65 y Mas