SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Dios no tiene “tiempo”

Dios no tiene tiempo…

aunque tiene todo el tiempo del mundo,

lo que sucede es que el tiempo de Dios no es como el nuestro:

cronológico y secuencial que se puede medir por años, meses,

días, horas, minutos y segundos.

Los griegos tenían dos dioses del tiempo:

“Chronos”, dios del tiempo lineal que se mide con el reloj;

“Kairós”, dios del “momento adecuado”

que la teología cristiana lo asoció al “tiempo de Dios”.

Dios no tiene tiempo…

porque su tiempo es intemporal y eterno

y no se puede medir con el cronómetro

sino que hay que recurrir al “Kairós”,

“el tiempo de Dios” donde se descubren sus “designios”

para ver en ellos la voluntad de Dios.

“Dios, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso;

puso además en la mente humana la idea de lo infinito,

aun cuando el hombre no alcanza a comprender

en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y hará” (Ecl 3,11).

Dios no tiene tiempo…

y sin embargo está pendiente de “todo” y de “todos”

porque para Dios el “antes” y el “después” son “ahora mismo”;

al instante sabe cuál es el momento más indicado

para que sucedan las cosas,

pero como su tiempo no es nuestro tiempo,

a veces llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros

o que actúa “tarde, mal y nunca”.

“No olvidéis que para el Señor un día es como mil años

y mil años como un día.

No es que el Señor se demore en cumplir su promesa,

como algunos suponen.

Lo que sucede es que tiene paciencia con vosotros,

pues no quiere que nadie se pierda

sino que todos se vuelvan a Dios” (2Pd 3,8).

Dios no tiene tiempo…

para perder su tiempo atendiendo “peticiones”

que no le corresponde a Él resolverlas

sino a sus “delegados” en la tierra,

que para eso los ha puesto y los ha facultado.

Dice el Señor:

“Mis ideas no son como las vuestras,

ni es como la vuestra mi manera de actuar.

Como el cielo está por encima de la tierra,

así también mis ideas y mi manera de actuar

están por encima de las vuestras” (Is 55,8).

Dios no tiene tiempo…

pero saca tiempo, todo el tiempo que haga falta,

para recibir de mil amores a todos los que llaman a su puerta:

unos para pedirle perdón por no cumplir sus mandamientos,

otros para decirle lo mucho que le quieren

“porque Él los amó primero” (1Jn 4,19),

otros para agradecerle todo lo que ha hecho por ellos,

otros para contarle sus miedos, sus alegrías y sus esperanzas,

otros para pedirle ayuda ante tanta necesidad próxima y lejana

y otros que pasaban por allí aprovechan para saludarlo.

 

“¡El Señor llevará a feliz término

su acción en mi favor!

Señor, tu amor es eterno;

¡no dejes incompleto lo que has emprendido! (Sal 138,8).

Julián del Olmo

Domingo, 26 de abril de 2026

LA IGLESIA DE MADRID CON LOS MAYORES: UN TRÍPTICO PARA «PONERLOS EN VALOR Y RECONOCER SU VALÍA»

El Salón de Actos del Arzobispado de Madrid acogió este 27 de abril de 2026 un evento para mostrar el empeño de la Iglesia local en generar una estructura diocesana que permita la atención integral a los mayores

Visibilizar la acción pastoral de la Iglesia de Madrid con las personas mayores ha sido el objetivo de la presentación del tríptico: «La Iglesia de Madrid con los Mayores». El Salón de Actos del Arzobispado de Madrid acogió este 27 de abril de 2026 un evento para mostrar el empeño de la Iglesia local en generar una estructura diocesana que permita la atención integral a los mayores. Se da así un paso más en la implementación del Plan Pastoral con las Personas Mayores presentado el año pasado.

Cuidadores y cuidados

Un encuentro que se inició con la oración de la Jornada Mundial del Enfermo, que nos muestra la imagen del Buen Samaritano, pidiendo «entrañas de misericordia para que no demos rodeos ante los que sufren». Se trata de, siguiendo la imagen del Buen Pastor, «sentirnos cuidadores y al mismo tiempo cuidados», como reflexionaba el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Vicente Martín.

El obispo recordó la carta pastoral del episcopado español: «La ancianidad, riqueza de frutos y bendiciones» y la creación de la Mesa Diocesana del Mayor, con una representación de Cáritas, Pastoral de la Salud, CONFER, Vida Ascendente y la Delegación de Familia y Vida. Se busca con ella desarrollar el Plan Pastoral de las personas mayores de nuestra Iglesia de Madrid, recordó monseñor Vicente.

La delegación tiene el espíritu transversal que debe estar presente en toda la pastoral de la Iglesia, recalcó el obispo auxiliar. Se busca el protagonismo de las personas mayores mediante un Plan Pastoral con nueve orientaciones para ir desarrollando la transversalidad y la unidad. Las personas mayores son llamadas a ser centro y sujetos de la acción pastoral, y al mismo tiempo, reciben la acción de la Iglesia.

Responsabilidad de los mayores en la Iglesia de Madrid

Algo que refleja la realidad de la Iglesia de Madrid, con muchas personas mayores que siguen ocupando responsabilidades en las comunidades, en las parroquias, en los movimientos. El obispo insistía en que «como Iglesia de Madrid queremos poner en valor a las personas mayores y reconocer su valía», evitando que las personas mayores se conviertan en parte de la cultura del descarte, que decía el papa Francisco.

Una Pastoral del Mayor que busca sensibilizar sobre la realidad del mayor en nuestros barrios, divulgando lo que se hace. Un medio para ello es el tríptico elaborado, fruto de un trabajo participado, compartido, coordinado. Un trabajo en comunión que va más allá de la eficacia.

El objetivo es comprender las claves que forman parte de la vida de los mayores, protagonistas en la sociedad y en la misión de la Iglesia. Entender que «la ancianidad no es un tiempo inútil en el que los mayores se hacen a un lado, abandonan los remos de la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos», afirmó monseñor Vicente. «Los mayores ayudan a descubrir que todos somos vulnerables, que ese afán de individualismo y de creernos autosuficiente se desvanece con el paso de los años. Las personas mayores son pieza clave en la cohesión social, de la vivencia, de la pertenencia a la comunidad y a la apertura a la novedad, expertos en permitir que la vida avance sin perder la raíz», destacó.

Se quiere desde la delegación hacer frente y dar respuesta a la soledad no deseada, un problema muy presente en Madrid. Para ello, se insiste en la relación entre las diversas generaciones, que mayores y jóvenes se encuentren para compartir vida, con espacios de acogida y escucha, potenciando la amistad entre ancianos y jóvenes, pues «para el mayor, la presencia del joven le da esperanza y le hace descubrir que lo que ha vivido».

Buenas prácticas

En la diócesis de Madrid se realizan buenas prácticas con los mayores, desde el deseo de acompañar, de escuchar la realidad, crear comunidad y mostrar una Iglesia que camina junto a los mayores. Algunas de ellas han sido dadas a conocer: el «Proyecto Tenéritas», la Semana del Mayor en la Vicaría IV y el teléfono de escucha a la soledad no deseada.

Buscando implantar «la revolución de la ternura», de la que hablaba el papa Francisco, el «Proyecto Teneritas», como compartía Ignacio López- Vivié, busca desde las parroquias, en este caso San Miguel Arcangel de Carabanchel, «el reconocimiento de los valores de las personas mayores, lo que pueden aportar también a las nuevas generaciones y también atender a sus necesidades». Se quiere reconocer el valor de la ancianidad, su integración y protagonismo en las parroquias, así como promover la cultura del encuentro y del cuidado y la relación intergeneracional. Se consigue con ello un cambio de mentalidad en la comunidad parroquial.

El teléfono de la escucha, como hacía ver Mar Crespo, nació durante la pandemia del Covid-19. Ante la preocupación con muchas personas solas, aisladas, incomunicadas, con sentimiento de abandono, se buscó un medio para comunicarse con estas personas. Un servicio que se ha mantenido y fue germen de la Pastoral con Personas Mayores. La realidad de Madrid muestra que hay muchas personas que están solas, que no se acercan a las comunidades parroquiales y que están aisladas. Este servicio permite que las personas tengan a alguien que saben que los va a escuchar. Se crean relaciones entre estas personas y los voluntarios, se detectan situaciones que de otro modo no serían conocidas y hay personas que se incorporan a las comunidades parroquiales.

La Semana del Mayor en la Vicaría IV ha surgido como oportunidad para, desde un tiempo concreto e intenso, promover espacios de encuentro entre los mayores. Como contó Pablo Alcolea se organizan actividades lúdicas, que cada vez cuentan con una participación mayor, con las que ayudar a quienes viven situaciones de soledad. Una tarea que también se lleva a cabo con los sacerdotes mayores. Se quiere que esto sea llevado a los arciprestazgos y a las parroquias, implicar a los jóvenes para asumir este voluntariado.

Una lluvia constante que va calando

El tríptico, según el delegado episcopal para las Personas Mayores, Carlos Rivas, delegado de Pastoral con las Personas Mayores, ayuda a que el plan pastoral empiece a andar. Son nueve orientaciones con acciones significativas que permitan desarrollar la Pastoral con las Personas Mayores. Se pretende ser «una lluvia constante, que va calando poco a poco», resaltó el delegado. Más allá de un asistencialismo, se pretende «poner en valor a las personas mayores, reconocer su protagonismo y permitirles nuevos cauces de encuentro y de misión en nuestra Iglesia».

En ese sentido, enfatizó que «los ancianos son, por derecho propio, testigos de la historia, protagonistas del hoy y agentes del mañana». Igualmente, la acogida de esta pastoral y el deseo de construir juntos, siendo el tríptico ejemplo de esto. Un tríptico cuyo contenido ha sido dado a conocer por Carlos Rivas, así como el sentido que encierra, destacando que «la Iglesia es un lugar de encuentro, donde cada uno es llamado a implicarse. Una delegación que está en las parroquias, en el territorio, en busca de una pastoral con los mayores variada y diversa, no solo asistencialista. Se quiere así difundir el buen trato a los mayores en la sociedad.

Religión digital

JORNADA DE FORMACIÓN EN OVIEDO

El pasado 23 de abril tuvo lugar en el Seminario de Oviedo la Jornada de Formación de Vida Ascendente, al que acudimos miembros de distintas parroquias de Asturias, procedentes de diversos puntos de la geografía asturiana como Oviedo, Avilés, Pola de Siero, Lugones, entre otros. Fue un encuentro enriquecedor que contó con la presencia de Jaime Tamarit, presidente nacional; Mercedes Montoya, secretaria; nuestro consiliario Fermín Riaño, y la presidenta de Vida Ascendente en Asturias, Victoria García, a los que agradecemos profundamente su entrega y dedicación al Movimiento.

La jornada comenzó con un recorrido por los orígenes de Vida Ascendente y su desarrollo a lo largo de los años, hasta el reconocimiento en 1996 por el Consejo Pontificio como Asociación Pública de Fieles de Derecho Pontificio, con la aprobación de sus estatutos.

A mediodía, se celebró una Eucaristía, presidida por nuestro consiliario, seguida de una comida fraterna en el Seminario, vividas ambas en un ambiente de cercanía, gratitud y verdadera hermandad.

En éste encuentro, se profundizó en los tres pilares fundamentales del Movimiento: amistad, espiritualidad y apostolado. Se destacó la amistad como un don esencial que combate la soledad, especialmente en esta etapa de la vida, promoviendo la dignidad de la persona mayor como miembro activo de la sociedad, escuchado y portador de sabiduría. El apostolado, como testimonio vivo de la fe, a través del ejemplo, la palabra y la entrega generosa de nuestra persona. Y la espiritualidad, como camino de reconciliación entre fe y vida, fortalecida en el compartir y en el estudio del Evangelio.

Se subrayó también la importancia del grupo como base del Movimiento, así como el papel del animador, llamado a acompañar con vocación, identificado con el espíritu de Vida Ascendente. Igualmente, se puso en valor la figura del consiliario como impulsor, integrador y promotor de corresponsabilidad.

De manera especial, cabe destacar la riqueza humana y espiritual vivida en el encuentro. En los momentos compartidos en pequeños grupos, donde cada uno pudo expresar sus vivencias personales, se generó un clima de confianza y apertura que hizo de la jornada una experiencia intensa y profundamente hermosa. Estos espacios de escucha y de compartir nos acercaron unos a otros, fortaleciendo los lazos de fraternidad y recordándonos que caminamos juntos en la fe.

Queremos agradecer de corazón al Seminario de Oviedo su excelente organización y su acogida, que hicieron posible un encuentro tan profundo y enriquecedor.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO TARANTASIA

Nació en Saboya, en el Bourg de Saint Maurice, cerca de Vienne. Fue hijo de labradores y también debería ser labrador en el futuro, ya que el primogénito Lamberto se dedicaría a los estudios, pero su inteligencia desde pequeño hizo que también ocupara los duros bancos del cultivo intelectual y se enfrentara con los pergaminos para leer latín y griego, adquirir las nociones de filosofía y familiarizarse con los escritos de los Padres antiguos, la Sagrada Escritura y los cánones de la Iglesia.

A los veinte años comunica a su padre los deseos de entrar en la vida contemplativa y dedicarse a las cosas de Dios en el silencio del recién fundado monasterio cisterciense de Boneval.

La primera generosidad del padre se ve premiada con la vocación de todos los miembros de la familia a la vida contemplativa; los varones se van incorporando sucesivamente al mismo monasterio, incluido el padre, y las hembras van pasando a ocupar el recoleto recinto del convento de religiosas, sin que falte la madre.

Proliferan las vocaciones; no hay sitio en el convento; nacen nuevos monasterios. El abad de Boneval establece una nueva casa en la ladera de los Alpes, donde confluyen los pasos y caminos, que recibe el nombre simbólico de Estamedio y allí va nombrado como abad Pedro. Pronto corren las voces que hablan de las virtudes del joven abad por el ducado de Saboya y por el contiguo Delfinado.

Al morir el obispo de Tarantasia (Tarentaise o Tarantaise) en la provincia saboyana en cuyo territorio está afincado el monasterio-hospital de Estamedio, el clamor popular clama porque ocupe la sede el abad; parece que el papa aprueba y nombra a Pedro que sigue resistiéndose a mudar la paz del claustro por los asuntos episcopales. Hace falta que el clero y el pueblo acudan al Capítulo General de la Orden del Císter para pedir a Bernardo que le mande aceptara

Así se ha convertido Pedro en obispo de la diócesis más abandonada del mundo que parece encerrar todos los males de la época: la dureza del régimen feudal, fermentos de herejía, hurtos, simonía, flaquezas, codicias y supersticiones. No queda otro remedio que ponerse a rezar, hacer penitencia y tener comprensión que es caridad; son necesarias energía y austeridad para servir de ejemplo a los orgullosos señores y hacerse respetar por los clérigos levantiscos, perezosos y aseglarados que han conseguido fabricar unos fieles indolentes. Piensa que el régimen conventual es la llave del secreto que va a propiciar un cambio a mejor; se levanta para maitines y ya no se vuelve a acostar; su dieta son legumbres cocidas y sin condimentar, aunque las puertas del palacio episcopal están abiertas para el indigente que llama; va y viene a pie de un sitio a otro por su diócesis buscando al pecador arrepentido, consolando al que está apesadumbrados y acompañando a los menesterosos; alguna vez da a un mendigo su propia ropa para mitigar su frío, porque no tiene otra cosa que dar. Deja tras de sí un reguero de paz, incluso monta dos refugios en los abruptos pasos alpinos y encomienda su custodia a los monjes de Estamedio para que sirvieran de abrigo a peregrinos y caminantes.

El fiel cumplimiento de su ministerio episcopal llevado con sacrificio continuado da el normal resultado con la gracia de Dios. El éxito en lo humano es tan grande que tiene miedo de dejarse prender en las redes de la soberbia y toma una decisión espectacular por lo infrecuente. De noche y a escondidas desaparece del palacio episcopal, pasa a Alemania y pide un sitio en una abadía de la Orden como un simple hermano converso, empezando a cargar con los oficios más sencillos y penosos de la casa. Sólo con el paso del tiempo se conoció la verdadera personalidad del famoso y misteriosamente desaparecido obispo de Tarantasia cuya historia llevaban los soldados, mercaderes y juglares por Europa, al ser descubierto por un joven tarantasiano que allí pidió albergue.

Cuando se reincorpora a la sede aún vacante de Tarantasia, interviene en la solución de las tensiones entre los monarcas de Francia e Inglaterra enfrentados por ambiciones personales y por el cisma provocado por el emperador Federico de Alemania a la muerte del papa Adriano IV, queriendo mantener al antipapa Víctor frente al legítimo papa, Alejandro III.

Murió en el 1174, cuando regresaba de una delicada misión encomendada por el papa, como legado suyo, en Francia, Saboya, Lorena e Italia. Enfermó gravemente en la aldea cercana al monasterio cisterciense de Bellvaux. Muy poco tiempo después, en el año 1191, el papa Celestino III lo canonizó y señaló su fiesta el día 8 de mayo.

MUSICA SACRA: EL ORATORIO DE LA ASCENSIÓN DE BACH

De Johann Sebastian Bach (1685-1750) hoy vamos con la cantata titulada Lobet Gott in seinen Reichen, BWV 11 que es la conocida como Oratorio de la Ascensión, por eso no es estrictamente una cantata. Podría traducirse como «Alabad al Señor en su reino». Es probable que fuese compuesta para el 19 de mayo de 1735, año que también se interpretó el Oratorio de Navidad. El libretista de la obra es desconocido y para ella Bach usó alguna música anteriormente compuesta. La obra se basa en los relatos evangélicos de la ascensión de Jesús al cielo. Está dividido en dos partes.

Texto

A diferencia de otras composiciones de Bach basadas en narraciones bíblicas, el Oratorio de la Ascensión está construido a partir de múltiples fuentes: el primer recitativo del Evangelista (movimiento 2) es de (Lucas 24:50-51), el segundo (5) de (Hechos 1:9) y (Marcos 16:19); el tercero (7) de (Hechos 1:10–11); el último (9) de (Lucas 24:52a), (Hechos 1:12) y (Lucas 24:52b).

El texto bíblico es narrado por el tenor en el papel de Evangelista. En su tercer recitativo dos hombres son citados, debido a ello el tenor y el bajo cantan en un arioso.

El coro inicial destaca por estar apoyado por una orquesta con trompetas, timbales, oboes y flautas, en una interpretación jubilosa. El tenor se encarga de narrar los hechos en un recitativo «secco». La obra solo presenta dos arias. La primera aria toma como modelo el Agnus Dei de la Misa de Bach. La segunda aria es especialmente encantadora ya que a acompañan a la voz dos flautas traveseras, un oboe y un bajo formado por violines y violas. Debido a que tanto la voz (soprano) como los instrumentos son agudos la pieza tiene un carácter etéreo irresistible. La obra también tiene dos corales: el primero sencillo pero el segundo, concertante, muy al estilo del último de su coetáneo Oratorio de Navidad.

Instrumentación

La obra está escrita para cuatro solistas vocales (soprano, alto, tenor y bajo) y un coro a cuatro voces; tres trompetas, timbales, dos flauti traversi, dos oboes, dos violines, viola y bajo continuo.[2][3][5]

Estructura

Consta de once movimientos, organizados en dos partes destinadas a ser interpretadas antes y después del sermón:

Parte 1

Coro: Lobet Gott in seinen Reichen

Evangelista (tenor): Der Herr Jesus hub seine Hände auf

Recitativo (bajo): Ach, Jesu, ist dein Abschied

Aria (alto): Ach, bleibe doch, mein liebstes Leben

Evangelista: Und ward aufgehoben zusehends

Coral: Nun lieget alles unter dir

Parte 2

Evangelista (tenor & bajo): Und da sie ihm nachsahen

Recitativo (soprano): Ach ja! so komme bald zurück

Evangelista: Sie aber beteten ihn an

Aria (soprano): Jesu, deine Gnadenblicke

Coral: Wenn soll es doch geschehen

El festivo coro de apertura está basado en la cantata Froher Tag, verlangte Stunden, BWV Anh. 18. Los recitativos para bajo y contralto van acompañados por las flautas en un recitativo accompagnato. Las arias para alto y soprano están basadas en la cantata de boda Auf, süß entzückende Gewalt, escrita en 1725 sobre la letra de Johann Christoph Gottsched. Bach utilizó para el aria de contralto el modelo empleado para el Agnus Dei de su Misa en si menor. El aria de soprano es una de las pocas piezas dentro de su producción musical sin bajo continuo, con las dos flautas en unísono, el oboe y las cuerdas tocando a modo de trío, hasta que se convierte en un cuarteto con el cantante. El texto original en la cantata de boda hacia referencia a la «Unschuld» (inocencia). El primer coral que cierra la primera parte, el cuarto verso de «Du Lebensfürst, Herr Jesu Christ» de Johann Rist, es un modesto arreglo a cuatro voces. Por su parte, el coral final, el séptimo verso de «Gott fähret auf gen Himmel» de Gottfried Wilhelm Sacer está integrado en un concierto instrumental. De manera similar al coro final «Nun seid ihr wohl gerochen» del Oratorio de Navidad, BWV 248, escrito medio año antes, la melodía del coral en una tonalidad menor aparece en el contexto triunfante de una tonalidad mayor diferente.

Para poder disfrutar de la Cantata pincha el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=YoIV8ouBb2E

ARTE QUE CONSUELA: MUSEOS VATICANOS; “PIETÁ” DE VINCENT VAN GOGH

La belleza crea comunión, involucra en la misma mirada a personas distantes, conecta el pasado, el presente y el futuro. El Papa Francisco lo ha recordado en más de una ocasión. La universalidad de la Buena Nueva siempre ha sido traducida por la Iglesia en el lenguaje del arte. A partir de estas premisas, en un momento histórico dramático, caracterizado por la incertidumbre y el aislamiento, presentamos esta iniciativa realizada por los Museos Vaticanos y Vatican News: las obras maestras de las colecciones del Vaticano comentadas por los Papas.

Esta semana nos detenemos en un cuadro de Vincent Van Gogh; Pietà; óleo sobre tela; 1890 ca.; Museos Vaticanos, Colección de arte religiosa moderna. ©Musei Vaticani

 “Toda la ciencia humana, con sus descubrimientos y su técnica, y toda la inteligencia, con sus capacidades organizativas y con su inventiva, ciertamente hacen progresar la sociedad, pero no eliminan nunca el Calvario, porque la peregrinación terrena del hombre es una búsqueda del Absoluto en un perenne anhelo de lo trascendente. Por eso, es necesario orar para que la luz divina se irradie sobre las inteligencias y sacuda los ánimos para elevarlos a la perspectiva de las verdades eternas y de las riquezas de la gracia. (…) Meditando sobre el drama de la historia humana y sobre el misterio de la cruz, se comprende que el Calvario no se puede suprimir del plan de la creación y de la redención: Dios quiere nuestro amor, y la demostración del amor está en la fe; ¡pero no se da amor sin dolor! (…) Por tanto, mirad, junto a María Santísima, a Cristo crucificado, para que sintáis en vuestros corazones la importancia y la grandeza de vuestro sufrimiento.”    S. Juan Pablo II, discurso a la OFTAL, 21 marzo 1987

En 1889, pocos meses antes de su muerte, Van Gogh pintó el único Cristo de su vida. Fue un poco por accidente, ya que el artista, que poseía una litografía de Delacroix que representaba una Piedad, se angustió el día en que la estropeó accidentalmente al derramar sus óleos y pinturas sobre ella. Inmediatamente decidió hacer una copia, interpretándola con colores brillantes y su propio toque ardiente.

Pero ¿por qué Van Gogh, pintor de temperamento religioso que durante la primera época de su vida pensó en seguir los pasos de su padre, pastor calvinista en su Holanda natal, pintó la imagen de Cristo una sola vez?

Antes que pintor, Van Gogh quiso dedicar su vida a la evangelización de los pobres. Ávido lector de la Biblia, se formó con un pastor metodista en Ámsterdam, y luego en Bruselas, antes de trabajar como predicador laico entre los mineros subterráneos de la región belga de Borinage. Pero en 1880, Vincent sufrió una crisis que dio un vuelco a su vida y, al no poder convertirse en evangelista, se matriculó en la Académie des Beaux-Arts de Bruselas y emprendió la carrera de pintor.

Fue probablemente en 1889, tras otra crisis, cuando Van Gogh realizó la Piedad que hoy se conserva en el Vaticano, durante su internamiento en el manicomio de Saint-Rémy-de-Provence.

Según el propio Van Gogh, esta representación de la Virgen María llorosa, que sostiene en sus brazos el cuerpo de Cristo suplicante, se centra sobre todo en la figura de la Mater Dolorosa, la Virgen del dolor, que llora la muerte de su hijo en la Cruz. Aparece al borde de una gruta que evoca la entrada del Sepulcro, y yace recostada con los brazos extendidos en un gesto desesperado. Su rostro pálido se recorta sobre un cielo tormentoso de nubes doradas. Sus ropas azules ondean al viento, como un eco de las violentas ráfagas de viento mistral que Van Gogh tuvo que afrontar para pintar su cuadro, obligándole a colgar su caballete en una roca.

Una obra ejecutada en su propio lenguaje

Más que una copia fiel de Delacroix, la Piedad de Van Gogh es una variación del original. Aunque el pintor adoptó tanto el tema como la composición de la litografía, la ejecutó utilizando su propio lenguaje.

Van Gogh; PIETA

Las siluetas de las figuras se quiebran en una acentuada inclinación, las pinceladas son amplias y visibles, pero sobre todo, la escena se transmite por la intensidad y los contrastes de los colores. La sombra de las vestiduras de la Virgen es de un azul oscuro absoluto, el sudario de Cristo contrasta con su amarillo blanquecino teñido de azul celeste, el cielo repite esta oposición de amarillo y azul mientras que la carne de Cristo se adorna de rosa y verde.

En una carta a Émile Bernard, Van Gogh confiesa su admiración por Delacroix, el «artista que tenía un huracán en el corazón». Junto con Rembrandt, consideraba que Delacroix era el único artista que había pintado la figura de Cristo «tal y como yo la siento».

Al pintar la Piedad, Van Gogh reconoció que, ante su enfermedad, buscaba ante todo «hacer algo para consolarse, para su propio placer». La pintura es, según sus propias palabras, «una forma de pasar de la oscuridad a la luz».

Van Gogh, un «pintor crucificado»

Para Van Gogh, este evangelista de vocación frustrada, demostró sin embargo una fe de por vida en la divinidad de Cristo, a quien veía como un maestro capaz de confortar, consolar y aliviar. Él, a quien Antonin Artaud describió como un «hombre mártir» y Raymond Mahieu como un «pintor crucificado», nunca dejó de proclamar que la mejor manera de conocer a Dios es amar mucho y vivir a imitación de Cristo.

En una carta escrita a Émile Bernard dos años antes de su muerte, Van Gogh tenía estas palabras de auténtica espiritualidad, haciéndose eco de las palabras del Papa Juan Pablo II: «Solo Cristo entre todos los filósofos y magos afirmó como certeza principal la vida eterna, la infinitud del tiempo, la nada de la muerte, la necesidad y la razón de ser de la serenidad y la devoción. Vivía serenamente, como un artista superior a todos los artistas, desdeñando el mármol, la arcilla y el color, trabajando como carne viva».

«Toda la ciencia humana, con sus descubrimientos y su tecnología, y toda la inteligencia, con su capacidad de organización y sus recursos inventivos, hacen avanzar ciertamente a la sociedad, pero nunca eliminan el Calvario, porque la peregrinación terrena del hombre es una búsqueda de lo Absoluto, en un eterno deseo de lo que le trasciende. Por eso es necesario rogar para que la luz divina irradie nuestras mentes y sacuda nuestros espíritus, para elevarlos a la perspectiva de las verdades eternas y de las riquezas de la gracia (….) Meditando sobre el drama de la historia humana y el misterio de la Cruz, comprendemos que el Calvario es ineludible en el plan de la creación y de la redención: Dios quiere nuestro amor, y la demostración del amor está en la fe; ¡pero el amor no se da sin dolor! (…) ¡Mirad, pues, a Cristo crucificado, con la Santísima Virgen María, para sentir en vuestro corazón la importancia y la grandeza de vuestro sufrimiento!».

Fuentes: Vatican News y Aleteia

VICIOS A PROPÓSITO DE LA VERDAD

Da la sensación de que, salvo en el campo de la investigación científica, la pregunta por la verdad ha desaparecido de nuestro mundo. No es una de nuestras preocupaciones. Incluso en el campo de la ciencia, la cuestión de la verdad ha quedado reducida a una concepción puramente instrumental y utilitarista: ¿para qué va a servir esta investigación?, ¿cuánto me van a pagar por ella?, ¿quién está interesado en ella?

Hoy vivimos en un mundo cada vez más individualista. El individualismo nos invade, nos condiciona, conforma nuestra mentalidad. Al individualista solo le interesa lo que le resulta placentero o agradable. Y lo agradable es muy superficial, no acepta sacrificios, busca resultados rápidos e inmediatos. Vive de apariencia. Por eso, el criterio de valor de una fotografía o de una opinión es el “me gusta”. Según la cantidad de “me gusta” que consigue uno en sus publicaciones en internet, se diría que lo publicado es más auténtico. El “me gusta” se ha convertido en criterio de verdad y en criterio de personalidad.

Relacionado con el “me gusta” está el: “yo lo veo así”. Esta suele ser muchas veces la respuesta del que no tiene argumentos para defender una determinada tesis. Muchas personas se conforman con su propia verdad, importando poco que esta verdad propia y subjetiva esté bien fundamentada. El “yo lo veo así” tiene una aplicación en el terreno religioso que puede ser peligrosa. Es la postura del que ante la lectura de un texto bíblico ofrece una reacción de este estilo: “a mi me dice”. Pero cuando se trata de la escucha de la Palabra de Dios, la cuestión primera no es “lo que a mi me dice”, sino lo que ella dice. Solo si me entero bien de lo que dice la Palabra, podremos pasar a un segundo momento que, en todo caso deberá estar en consonancia con lo que dice la Palabra, a saber, qué me dice a mi la Palabra, a qué llama.

Otra variante religiosa del “yo lo veo así” es cuando consideramos la piedad como criterio de verdad. Esto suele ocurrir a propósito de determinadas devociones a imágenes o advocaciones, sobre todo marianas. Pero la piedad no es criterio de verdad; es la verdad lo que debe ser criterio de la piedad. En uno de sus Sermones universitarios, John Enry Newman se refiere a “aquellos que se dejan llevar de un sentimentalismo religioso, donde la imaginación y los sentimientos ocupan el lugar que le correspondería a la Palabra de Dios”. Una piedad sin teología, o una piedad no purificada, puede cegarnos y confundirnos.

Un último malentendido a propósito de la verdad que influye negativamente en su valoración es asociarla al dogmatismo, el fundamentalismo, la violencia, la cruzada, la intolerancia. En nombre de la verdad se ha llegado a posiciones inquisitoriales que han llevado incluso a la muerte a los herejes, considerados enemigos de la verdad. Mientras el dogma es una proposición cierta desde el punto de vista de la fe, el dogmatismo es un estado de ánimo, un modo de vivir la relación con la verdad caracterizado por la pretensión de lo exclusivo y lo excluyente. Dogmático no es el que cree en la verdad, sino el que se cree en posesión exclusiva de la verdad y la utiliza como arma arrojadiza contra los demás. Más que absolutizar la verdad, el dogmático se absolutiza a sí mismo y a sus ideas. La verdad no tiene dueños, sino humildes servidores. Se puede morir por la verdad, pero no matar por ella. El dogmático confunde lo seguro con lo visceral, cree que la fuerza de una convicción depende de la violencia con la que se propone.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

VOLVAMOS A GALILEA, POR JACINTO SEARA

No es mío el título, lo copio de un cursillo de cristiandad. Es cierto que los cristianos nos estamos olvidando de nuestro origen, Jesús, que inició todo su gran mensaje en Galilea. Después de tantos siglos, aún seguimos sin ser verdaderos embajadores de la paz; recordemos a Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. Jesús ofrece una paz interior profunda y espiritual que no depende de las circunstancias externas, a diferencia de la paz temporal o superficial que ofrece el mundo. Es un regalo de tranquilidad, confianza y fortaleza divina.

¡Cristianos, hagámonos oír! No sigamos la cultura que estamos viviendo. Con nuestro afán, esfuerzo e integridad personal trabajemos para que la cultura y la sociedad que durante milenios nos trajo la igualdad, la libertad, el conocimiento vuelva. Sí, gracias a esa cultura hemos avanzado científica y técnicamente, es otra acción más que aportó el cristianismo. Salgamos sin miedo y mostremos lo que creemos con nuestra forma de ser, de actuar, de luchar por no perder la sociedad de libertad, cultura y amistad que tanto necesita el mundo en que vivimos.

¡Salgamos al mundo, no nos refugiemos en nuestras iglesias y nuestros movimientos!; sigamos a Jesús tal como dijo en el “Sermón de la montaña” Mt 5,13-16: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Preguntémonos si estamos actuando así. Por eso tenemos que ver los orígenes y seguirlos, nos lo está diciendo León XIV. No valen disculpas, lo dijo Juan Pablo II: “Debemos defender la verdad a toda costa, incluso si volvemos a ser solo doce”. Recordar el final de la canción de colores que cantamos los cursillistas: “La Iglesia es el Cuerpo de Cristo que vive en la historia. A la Iglesia entré por el Bautismo que Cristo me dio. Y por eso mi orgullo se exalta y grito en voz alta ¡Iglesia soy yo!”.

Jacinto Seara

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Visto para sentencia

Visto para sentencia…

el “juicio sumarísimo” que hacemos unos de otros,

dejándonos llevar por fobias y filias o por ideologías,

sin margen para la presunción de inocencia;

justamente lo contrario a como Dios actúa con sus hijos,

con paciencia, compasión y misericordia

perdonándonos una y mil veces

y manteniéndonos su amor incondicional

“porque el Señor es, con los que le honran,

tan tierno y compasivo como un padre con sus hijos;

pues sabe bien de qué estamos hechos:

sabe bien que somos polvo” (Sal 103,13).

Visto para sentencia…

en el “juicio final personalizado”,

en el momento de pasar de la dimensión terrenal a la celestial,

como el caso de uno de los dos malhechores

que, como Jesús, estaba colgado en la cruz.

Así fue la escena del juicio:

“Uno de los malhechores insultaba a Jesús, diciéndole:

-¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!

pero el otro le reprendió, diciendo:

-¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo?

Nosotros padecemos con toda razón,

pues recibimos el justo pago de nuestros actos,

pero éste no ha hecho nada malo.

Luego añadió:

-Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.

Jesús le contestó:

-Te aseguro que “hoy” estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,39).

¡Breve, ejemplar y esperanzador juicio!

Visto para sentencia…

el “juicio final” que escenifica san Mateo en su evangelio (Mt 25,31),

tan espectacular y fantástico como el que pintó Miguel Ángel

en la Capilla Sixtina,

y en ambos casos, muchas personas ven a Dios como un “juez contable”

que valora, con meticulosidad, el comportamiento de sus hijos

y “salva” a unos y “condena” a otros.

Con su imaginativo relato, el evangelista quiere decirnos

que, según el Espíritu de Jesús, nuestra vida

está íntimamente unida a la “buena relación” con los demás

y señala una serie de “obras de misericordia”

que todos deberíamos hacer por humanidad

y porque es como si se las hiciéramos al Señor en persona.

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer,

o con sed y te dimos de beber?, ¿cuándo llegaste como extranjero

y te acogimos, o desnudo y te vestimos?,

¿cuándo estuviste enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

El Rey contestará: Os aseguro que todo lo que hicisteis

por estos hermanos míos más humildes,

por mí lo hicisteis” (Mt 25,37).

Visto para sentencia…

el “juicio sobre las naciones” que san Mateo

describe simbólicamente de esta manera:

“Cuando venga el Hijo del Hombre rodeado de esplendor

y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones se reunirán delante de Él

y separará a unos de otros,

como el pastor separa a las ovejas de las cabras” (Mt 25,31).

La narración simbólica tiene un doble mensaje:

cuando acabe este mundo ¡y vaya usted a saber cuándo acabará!

Dios será el “único y verdadero Rey del Universo”

y todos, todos, todos seremos súbditos de su reino.

“El encuentro con Dios en la muerte

prolonga nuestra decisión a favor de Dios y de su amor

y nos conduce a la separación de nosotros mismos.

Ante Dios reconoceremos cómo hemos actuado en relación a Él

y en relación a los demás, y en este proceso de reconocimiento

debemos pensar en lo que tiene que ser excluido de nosotros

para que lleguemos a ser uno con Dios” (Anselm Grün).

Visto para sentencia…

el hecho de tener que optar no solo por la vida “eterna”

sino también por la vida “aquí y ahora”,

tal y como Jesús, “juez del universo”, propone.

Dios no quiere que ningún hijo suyo se “pierda”,

porque sería un fracaso para Él y eso es inconcebible.

Él va en busca de la oveja perdida

y no parará hasta encontrarla (Lc 15,3),

dice que “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte,

que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc 15,7);

y pone como ejemplo al “padre bueno” que organiza una fiesta

para celebrar la vuelta a casa de su hijo “perdido”

“porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir;

se había perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15,24).

¡Este “padre bueno” es la viva imagen de nuestro “Padre Dios”!

“El Señor es tierno y compasivo;

es paciente y todo amor.

No nos reprende sin término,

ni su ira es eterna;

no nos ha dado el pago que merecen

nuestras maldades y pecados;

tan inmenso es su amor por los que le honran

como inmenso es el cielo sobre la tierra” (Sal 103,8).

Julián del Olmo

Domingo, 19 de abril de 2026

DOBLE CELEBRACION EN LA DIÓCESIS DE CÁDIZ

Hoy 14 de abril, hemos celebrado un importante doble acontecimiento en nuestra diócesis y que ha consistido el primero en la presentación del nuevo Consiliario, el Padre Juan Antonio Martín Baro, que ha sido acogido con una gran alegria, dado que todos lo conocemos y sabemos de su valía. Y la segunda ha sido retomar un retiro que no pudo celebrarse, en su día, por la enfermedad de nuestro anterior consiliario  el P. Valentín.

Inicia la reunión nuestra Presidenta, Ana María Mesa, agradeciendo ls asistencia de todos los presentes, venidos de toda la diócesis, excepto Algeciras que no pudo asistir debido a su lejanía y problemas de transporte,  y haciendo la presentación del Padre Juan como consiliario y agradeciéndole que haya aceptado su nombramiento por el Obispo, Administrador Eclesiástico, ante la petición que le habíamos formulado.

A continuación el P. Juan dice que se encuentra muy feliz al formar parte del Movimiento por dos razones, la primera que por su edad ya puede ser miembro del mismo y la segunda es que conoce el Movimiento desde su inicio en la diócesis, ya que en todas las Iglesias en las que ha sido párroco existía un Grupo de Vida Ascendente. Primero fue en la Parroquia de Santo Tomás, después pasó a la Parroquia de San Francisco Javier y por último en su actual Parroquia, Ntra. Sra. de Lourdes. Dice que le encanta entrar en el Grupo, cuándo está reunido, porque todos sus miembros tienen delante el Evangelio, y cree que es el único Movimiento de la Iglesia que así lo hace.

Después pasa a hacer un reflexión, que nos servirá como retiro espiritual, señalando la importancia de las mujeres en la vida de Jesús y que fueron leales y nunca le abandonaron, incluso después de su resurrección creyeron en EL aún cuándo, incluso sus propios discípulos se dispersaron y dudaron de las palabras que le había dicho Jesús sobre su resurrección a los tres días. Citó a María, su madre, Marta y María, hermanas de Lázaro, María Salomé y María de Cleofás, que estuvieron presentes en su crucifixión y entierro, la mujer samaritana y muchas más que apoyaron activamente a Cristo desafiando las estructuras sociales de aquellos tiempos.

A continuación señaló que la vida del cristiano  debe ser LA PERSEVERANCIA  en cuatro aspectos distintos, y para ello encendió cuatro velas en el altar mayor que significaban cada uno de ellos. Primero es perseverar en  el Evangelio, como medio a seguir en la vida del cristiano, segundo perseverar en el amor fraterno, para cumplir en mandato de Jesús a sus discípulos,  el tercero es perseverar en el encuentro con Cristo, en la Eucaristía y por último perseverancia en la oración, como medio de hablar con Dios y mantener nuestra Fe. Estas cuatro perseverancias constituyen la Iglesia Pascual y nuestro Movimiento de Vida Ascendente, afortunadamente nuestro Movimiento cumple con las cuatro. Felicidades en este tiempo Pascual.

Manuel Díaz