SEGUNDO APUNTE DE ORACIÓN: ORAR CON LOS SALMOS

El Segundo apunte de oración, el del mes de abril nos ayuda a orar con los salmos

Decían los antiguos que la oración es la respiración del alma. Y por sí misma hace brotar, crecer y acompañar toda experiencia religiosa.

Entre las innumerables formas de oración, los salmos son la oración de Israel que asume la Iglesia. En ellos todo queda implicado en la alabanza a Dios, desde los animales hasta las estrellas del cielo. Los 150 salmos son como la voz de la esposa Iglesia que habla con su esposo, el Señor. Es una conversación profunda, a veces con dolor, con sufrimiento. Otras con alegría, con esperanza. También con confianza, con acción de gracias. Hay un salmo para cada circunstancia de tu corazón, capaz de expresar a Dios con precisión el sentimiento más profundo que lo habita. Ese salmo es, aquí y ahora, la palabra que Dios quiere escuchar de ti.

En los salmos, además de la oración personal para el diálogo íntimo con Dios, encontramos la oración de la Iglesia que se vive en la celebración, en la liturgia.

El pueblo entero que se reúne para la alabanza a Dios con los salmos es el gran aliento de la humanidad y de la creación, alabando a su Señor y Creador.

Orar con los salmos

La oración es un poco como el oxígeno que hace respirar el alma y precede y acompaña a toda la experiencia religiosa. Dentro de los muy diversos modos de oración, los salmos son por excelencia la oración de Israel y de la Iglesia e implican a todas las criaturas en la alabanza a Dios, desde los propios animales hasta las estrellas del cielo.

En la oración aparecen casi dos regiones de colores antitéticos. En la primera de ellas aparece lo luminoso, lo festivo, lo cálido y armonioso. La síntesis ideal de esta región está en el aleluya, que en hebreo significa “alabad al Señor” y se convierte en acción de gracias por su salvación, siendo así un anhelo del alma.

Hay también otra región de la oración en la que hay que aventurarse y es aquella más fría, marcada por el dolor, por las lágrimas, por el silencio vacío de un Dios que parece ausente, al que, sin embargo, se grita.

Ambas regiones se encuentran en los salmos que van de la bendición al dolor, de la alabanza a la súplica, de la alegría al llanto. Todos los que oran, sea cual sea su situación, el estado de su corazón, el deseo que anhelan, encuentran en los salmos una palabra oportuna que refleja el estado de su alma.

Los salmos, la oración secular del Pueblo de Dios

Aunque los salmos fueron colocados por la tradición bajo el patrocinio del rey David, son expresión de la fe secular del pueblo de Dios en diversos periodos de su historia. Son poemas llenos del lenguaje colorista y exótico de oriente, cargados de símbolos y vinculados a formas literarias propias. Las imágenes que se usan en los salmos se elevan hasta los cielos donde se alza el Señor, o descienden hasta el abismo, la tierra de los muertos, el inframundo.

Y son poemas para ser cantados y acompañados musicalmente en la liturgia, son oraciones corales para ser interpretadas. Pero son también expresiones del corazón que ponen ante Dios la realidad profunda que el que ora está viviendo. Los salmos se apoyan en la existencia humana, sobre el luto y las fiestas, sobre la política y los avances íntimos. Estos textos que abarcan casi mil años de la historia de Israel, no son solo un modelo de oración, sino también de vida.

Los salmos son, por tanto, el espejo de quien busca a Dios con corazón sincero dentro de su historia. Los itinerarios que ofrecen para la oración están vinculados al camino humano, a nuestras horas y a esos tramos de la historia humana que debemos recorrer y en los que podemos descubrir la presencia de Dios.

El arcoíris de la oración

El poeta francés Paul Claudel (pol clodel) se refería a los salmos como un arcoíris de problemas, alegrías, esperanzas, tristezas, amarguras y múltiples estados de ánimo.

En los salmos domina el color del sufrimiento, pues casi un tercio de los salmos está bajo el signo del lamento y del dolor. A veces se trata de enfermedades graves, tragedias nacionales o enemigos implacables; otras veces es la crisis de fe por la injusticia o el dolor inocente. Sin embargo, en el trasfondo está la certeza de que Dios, que parece mudo y distante, interviene finalmente concediendo la súplica.

Otro color del salterio es el que atraviesa una luminosa corriente de esperanza y confianza que brota de la fe en Dios: roca estable sobre la que se puede construir con base firme. La imagen del buen pastor que protege y defiende al rebaño y le conduce a verdes pastos es expresión de la serenidad y la paz que produce la confianza en Dios. Esta esperanza no es sólo para la prueba o la dificultad, sino para la existencia entera.

Esta confianza anima y hace posible también la acción de gracias comunitaria y personal que constituye la base de una serie de salmos y que da paso a una oración de adoración y entusiasmo hacia Dios. No tienen una motivación concreta estos himnos de alabanza, no se hace referencia a un don precioso que se ha recibido. Se da gracias a Dios y se le alaba por el simple hecho de que está presente.

Otras composiciones celebran la presencia de Dios en la historia que conduce hacia el reino definitivo instaurado por su Cristo: son los himnos del Reino de Dios en los que el Señor es el rey que viene y salva.

Su lugar en la liturgia, pero no solo en ella

La oración con los salmos fluye también hoy en la liturgia y encuentra en ella su expresión más profunda. El halo de la alianza y de la nación santa rodea a todo orante que eleva su voz al Señor con los salmos. Al mismo tiempo, el culto no debe ser una coartada para eludir los compromisos de fidelidad interior y social, de espiritualidad y de solidaridad. No basta cuando falta la justicia hacia el prójimo.

En la oración sálmica se ilumina también la experiencia social que vive el creyente, manteniendo su autonomía, su realidad y sus características específicas. Es el momento de la sabiduría, una cualidad humana que abarca todos los ámbitos de la educación: cuestiones sociales, éticas, filosóficas.

Son los llamados salmos sapienciales que implican la experiencia humana, el reflejo de la propia inteligencia, pensamientos que ayudan a comprender mejor la realidad, a sondear ciertas cuestiones de la existencia comunitaria y de los asuntos personales.

Los salmos, palabra de Dios y de la humanidad

Uno se sorprende a primera vista de que haya un libro de oraciones en la Biblia. ¿Acaso no es la Biblia toda Palabra de Dios dirigida a nosotros? Si las oraciones son palabras humanas ¿cómo pueden encontrarse en la Biblia? En realidad, si la Biblia contiene un libro de oraciones es porque Dios no sólo quiere dirigirnos su Palabra, sino que también nos dice lo que quiere oír de nosotros. Así se expresaba el teólogo martirizado por el nazismo Dietrich Bonhoeffer (Dietrich bonjofer).

Efectivamente, la revelación bíblica habla de una relación: la Palabra de Dios se entrelaza también con la palabra humana. Por tanto, es natural que los salmos sean una manifestación de este abrazo entre Dios y el que ora, una relación que es de amor y de fidelidad.

De manera especial, esta relación se hace visible con el símbolo de la luz. Dios es la luz que alumbra las tinieblas, la lámpara para nuestros pasos, la luz en el sendero.

En esa relación entre Dios y los hombres se interpone una tercera presencia, una figura negativa que perturba la armonía entre Dios y su criatura. Es el enemigo, en lenguaje bíblico. A veces se refiere a un enemigo personal o una persona poderosa, otras veces es una personificación concreta del mal, la enfermedad, la infelicidad. Otras expresiones más desconcertantes del enemigo son por un lado el silencio de Dios, que atraviesa salmos llenos de dolor, y por otro lado el pecado que radica en el corazón humano y se manifiesta para impedir la relación con Dios.

En conclusión, los salmos son una oración que implica a Dios y a la humanidad, a la eternidad y a los acontecimientos cotidianos. Son una invitación a caminar a la luz de la palabra divina, son una súplica para ser salvados del mal fuera y dentro de nosotros, son una decisión profunda para enderezar la propia vida.

Fuente: Vida Nueva Digital

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA ENGRACIA

Habían proliferado los cristianos en el Imperio al amparo de la menor presión de las leyes en tiempo de Galieno. Los había en el campo y más en las ciudades, se les conoce en el foro, se les ve entre los esclavos, en el ejército y en los mercados. Han contribuido otras causas a desparramar la fe de Cristo entre las gentes: el aburrimiento del culto a los vanos dioses paganos, el testimonio que dieron los mártires y que muchos vieron, la transmisión boca a boca de los creyentes y el buen ejemplo.

Diocleciano ha conseguido la unidad territorial, política y administrativa; quiere unificar también la religión y para ello debe hacer sucumbir la religión de Cristo frente a la del Estado. Da cuatro edictos al respecto y elige cuidadosamente a las personas que sean capaces de hacerlos cumplir. Daciano será quien siembre el territorio de España, bajando desde el noreste hasta el centro, con semillas de cristianos.

Engracia es la joven novia graciosa que viaja desde Braccara, en Galecia, hasta el Rosellón, en Francia, para reunirse con su amado. Dieciocho caballeros de la casa y familia la acompañan y le dan cortejo. Al llegar a Zaragoza y enterarse de las atrocidades que está haciendo el prefecto romano, se presenta espontáneamente ante Daciano para echarle en cara la crueldad, injusticia e insensatez con que trata a sus hermanos. Termina martirizada, con la ofrenda de su vida y la de sus compañeros.

Las actas del martirio -¡qué pena sean del siglo VII , tan tardías, y por ello con poco valor histórico!- describen los hechos martiriales con el esquema propio a que nos tienen acostumbrados en el que es difícil atreverse a separar qué cosa responde a la realidad y qué es producto imaginativo consecuencia de la piedad de los cristianos. El diálogo entre la frágil doncella y el cruel mandatario aparece duro y claro; ella emplea razonamientos plenos de humanidad y firmes en la fe con los que asegura la injusticia cometida -hoy se invocarían los derechos humanos-, la existencia de un Dios único a quien sirve, la necedad de los dioses paganos y la disposición a sufrir hasta el fin por el Amado; él utiliza los recursos del castigo, la amenaza, la promesa y el regalo. En resumen, la pormenorizada y prolija descripción del tormento de la joven cuenta que primero es azotada, luego sufre los horrores de ser atada a un caballo y arrastrada, le rajan el cuerpo con garfios, llegan a cortarle los pechos y le meten en su cuerpo un clavo; para que más sufra, no la rematan, la abandonan casi muerta sometida al indecible sufrimiento por las heridas hasta que muere. Los dieciocho acompañantes fueron degollados a las afueras de la ciudad.

Un siglo más tarde del glorioso lance cantó Prudencio en su Peristephanon las glorias de los innumerables mártires cesaraugustanos, nombró a los dieciocho sacrificados y a la joven virgen Engracia, invitando al pueblo a postrarse ante sus túmulos sagrados.

Engracia es la figura de la mártir que el pueblo, siempre sensible a la grandeza, ha sabido mirar con simpatía, la ha dorado con el mimo del agradecimiento, la bendice por su valentía, la compadece por sus sufrimientos y quisiera imitarla en su fidelidad.

Fuente : Santopedia

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LAS VIRTUDES: SIN JUSTICIA NO HAY PAZ, HAY QUE PROMOVER EL BIEN COMÚN

La «justicia» fue el tema de la catequesis del Papa Francisco en la audiencia general del miércoles celebrada en la Plaza de San Pedro. Se trata de una virtud, dijo, «que hace evidente que no puede haber un verdadero bien para mí si no existe también el bien de todos». Justo es quien cultiva el sueño de la fraternidad universal, «un sueño especialmente necesario hoy»

Después de la virtud de la prudencia, tema de la audiencia general del pasado 20 de marzo, y de la paciencia, del miércoles pasado, es a la justicia, la segunda virtud cardinal, a la que el Papa dedicó su catequesis de hoy.

«Es la virtud social por excelencia – dijo – sin justicia no hay paz», si bien en su reflexión precisó que la justicia «es una virtud que actúa tanto en los grandes como en los pequeños», describiendo algunas características cotidianas del hombre justo, como el candor, la atención a los demás, el interés por el bien común y la honestidad; haciendo hincapié en la necesidad de promover la legalidad como antídoto contra la corrupción.

Sin Justicia no hay paz

La justicia «es la virtud del derecho, que trata de regular con equidad las relaciones entre las personas», explicó Francisco, pero que necesita ir acompañada de otras actitudes como la benevolencia, el respeto y la gratitud. Y subrayó su relación con la paz:

Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la coexistencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla.

“Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se consagra la ley del fuerte sobre el débil”

No hay verdadero bien si no es un bien para todos

Pasando de las cuestiones tratadas en las «salas de justicia» a la vida cotidiana, el Santo Padre afirmó que la justicia construye relaciones con el prójimo basadas en la sinceridad, como recomienda el Evangelio cuando dice que el hablar de los discípulos de Jesús debe ser claro: «sí, sí, no, no». El justo, observó, «es recto, sencillo y directo, no lleva máscaras, se presenta tal como es. Respeta las leyes y a menudo se acuerda de dar las gracias reconociendo lo que él mismo ha recibido. «Si amamos, es también porque hemos sido amados primero», afirmó el Papa:

El hombre justo no sólo vela por su bienestar individual, sino que quiere el bien de toda la sociedad. Por eso, no cede a la tentación de pensar sólo en sí mismo y de ocuparse de sus propios asuntos, por legítimos que sean, como si fueran lo único que existe en el mundo. La virtud de la justicia deja claro – y pone la exigencia en el corazón – que no puede haber un verdadero bien para mí si no existe también el bien de todos.

La legalidad es el camino de la justicia

El justo – prosiguió explicando el Papa Francisco – si se equivoca, sabe pedir perdón e incluso llega a sacrificar uno de sus bienes personales para ponerlo a disposición de los demás. Rechaza la calumnia, el fraude, la usura, «cumple su palabra», «reconoce el salario justo a los trabajadores», no busca recomendaciones y promueve la legalidad.

Esta, en efecto, es el camino hacia la justicia, el antídoto contra la corrupción: ¡qué importante es educar a las personas, especialmente a los jóvenes, en la cultura de la legalidad! Es la manera de prevenir el cáncer de la corrupción y de erradicar la delincuencia, removiendo el suelo bajo sus pies.

Los justos: soñadores de la fraternidad universal

El Papa concluyó su reflexión citando la frase de la Escritura: «Quien busca la justicia y el amor encontrará la vida y la gloria» para decir que los justos «no son perdedores» frente a quienes se creen «astutos y ladinos»; al contrario, los justos atraen la bondad hacia sí mismos y hacia su entorno:

Los justos no son moralistas que visten la toga del censor, sino personas rectas que «tienen hambre y sed de justicia», soñadores que abrigan en su corazón el deseo de la fraternidad universal. Y de este sueño, especialmente hoy, todos tenemos una gran necesidad.

Vatican News

¿DÓNDE APARECE LA EUCARISTÍA EN EL CREDO?

¿Cómo es que el Símbolo de los Apóstoles no menciona a la Eucaristía? ¿Cómo es posible que un misterio tan central en la vida cristiana no aparezca en el Credo? En realidad, sí que se encuentra, pero no de forma tan clara como el bautismo o el perdón de los pecados. La fe en la eucaristía se encuentra incluida en el artículo de la “comunión de los santos”.

La fe en la comunión de los santos puede referirse a tres aspectos importantes de la vida cristiana: en primer lugar, esta afirmación podría ser una prolongación y aclaración de la fe en la Iglesia santa. San Pablo, repetidas veces, se refiere a los cristianos como a “los santos”, porque el cristiano, por el bautismo, participa de la santidad del único Santo que es Dios, o del Santo de Dios, que es Cristo. La Iglesia es el lugar de la comunión de todos los creyentes, o sea, de los santos. Por otra parte, la comunión de los santos podría referirse a la comunión que hay entre los que ya viven plenamente la santidad porque han llegado a la meta, o sea, los que forman parte de la Iglesia del cielo, y los que todavía estamos en camino, y también aquellos que están purificándose. Comunión de los santos sería la comunión entre la Iglesia triunfante, la Iglesia militante y la Iglesia purgante.

Finalmente, comunión de los santos, en su original latino, podría traducirse como “comunión en lo santo”, comunión con las cosas santas, comunión en las realidades sagradas. La principal de esas realidades sagradas es la eucaristía y, al participar en ella, los creyentes nos unimos entre nosotros como no podemos estarlo más. De modo que la comunión en lo santo (en la eucaristía) crea la comunión de los santos, la unidad de la Iglesia. La comunión en “lo santo” (eucaristía) “no es algo individual, sino que crea entre quienes se benefician de ella los vínculos e intercambios más profundos e íntimos posibles” (Henri de Lubac). Por su parte Joseph Ratzinger hace notar otra unión igualmente importante que produce la “comunión de los santos”, a saber, “la comunidad eucarística que une a las Iglesia esparcidas por todo el mundo en una sola Iglesia, en virtud del cuerpo del Señor”.

En resumen: los santos, o sea, los fieles cristianos, están en comunión unos con otros gracias a su común participación en lo santo, o sea, en la eucaristía. Por eso, la eucaristía hace a la Iglesia. El cristiano nunca es individualista, porque es cuerpo de Cristo. Y su comunión con Cristo, a través de los sacramentos (sobre todo el bautismo y la eucaristía) lo une a todos los fieles de la Iglesia. Y esta unión es un signo de la unión de todos los seres humanos entre sí, porque Cristo no ha sido dado solo para los cristianos, sino para todos los seres humanos. De ahí que aquel que une a los cristianos, une a cristianos y no cristianos.

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

‘DIGNITAS INFINITA’: «SI DIOS DESAPARECE, EL HOMBRE PIERDE SU AUTÉNTICA HUMANIDAD»

Juan de  Dios Larrú es vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso y Catedrático de Moral Fundamental y Vida Cristiana, recibe a El Debate para responder algunas cuestiones relacionadas con la reciente publicación de la declaración Dignitas infinita

–Es un texto que se ha tardado en elaborar cinco años, ¿es normal tanto tiempo?

–En la presentación de la declaración se explica, de modo sucinto, el itinerario de la redacción del texto. Teniendo en cuenta que en este periodo ha habido un relevo en el Prefecto del dicasterio, y que en la elaboración del documento participan expertos en estos temas, es normal el tiempo que se ha tardado en la maduración del texto definitivo.

–A su juicio, ¿por qué ahora un documento sobre la dignidad humana?

–Podrían señalarse dos motivos. Uno, la celebración del 75º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se cumplió el 10 de diciembre de 2023. Otro es la profunda crisis antropológica y moral que vive el mundo contemporáneo, que produce no pocos malentendidos sobre la dignidad humana.

– ¿Podría decirnos cuáles son sus novedades con respecto a otros documentos?

–El documento fundamenta la dignidad humana en el misterio de la creación del hombre, a imagen y semejanza de Dios, que alcanza su culmen en Cristo, primogénito de toda criatura. Desde la Revelación divina, siguiendo la gran tradición de los Padres de la Iglesia y de la teología medieval, la propuesta antropológica cristiana se concentra en el término persona. La dignidad es intrínseca e inherente a cada persona humana y proviene del amor del Creador. Por consiguiente, si Dios desaparece, el hombre pierde su dignidad y su auténtica humanidad.

Por otro lado, desde el punto de vista moral, el documento muestra cómo hay una gran armonía e inseparabilidad entre lo que se denomina «moral de la persona» y «moral social». Los grandes temas de la paz, la justicia, la solicitud por los pobres y el cuidado de la creación son inseparables de todo lo referente a la vida humana, como el aborto, la eutanasia, la moral conyugal y familiar. De otro modo, se produciría una fractura en la vida cristiana.

El nuevo prefecto, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, presenta el documento titulado ‘Dignitas infinita’, el pasado  lunes en Ciudad del Vaticano. El Vaticano remarcó hoy en un documento la posición de la Iglesia ante las que considera graves violaciones de la dignidad humana y entre las que incluye, además de las ya conocidas eutanasia o aborto, la teoría de género, el cambio de sexo, la maternidad subrogada y «las nuevas violencias digitales». En el documento se enumeran las «violaciones graves de la dignidad humana que son de especial actualidad» y entre ellas la Iglesia se posiciona en contra de la práctica de la maternidad subrogada, «mediante la cual el niño, inmensamente digno, se convierte en un mero objeto».

–El Prefecto ha señalado, con razón, que hay que matizar y actualizar el magisterio: ¿a qué se refiere exactamente?

–Como afirma la instrucción Donum veritatis de la Congregación para la Doctrina de la fe en el n. 14: «La misión del Magisterio es la de afirmar, en coherencia con la naturaleza «escatológica» propia del evento de Jesucristo, el carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su pueblo, protegiendo a este último de las desviaciones y extravíos y garantizándole la posibilidad objetiva de profesar sin errores la fe auténtica, en todo momento y en las diversas situaciones. De aquí se sigue que el significado y el valor del Magisterio solo son comprensibles en referencia a la verdad de la doctrina cristiana y a la predicación de la Palabra verdadera. La función del Magisterio no es algo extrínseco a la verdad cristiana ni algo sobrepuesto a la fe; más bien, es algo que nace de la economía de la fe misma, por cuanto el Magisterio. En su servicio a la palabra de Dios, es una institución querida positivamente por Cristo como elemento constitutivo de la iglesia. El servicio que el Magisterio presta a la verdad cristiana se realiza en favor de todo el pueblo de Dios, llamado a ser introducido en la libertad de la verdad que Dios ha revelado en Cristo».

–Me gustaría que nos hablara de la influencia pastoral del Papa para el espíritu de la redacción de Dignitas Infinita

–Como afirma el Prefecto en la presentación, el Santo Padre expresó su deseo de que «se prestara mayor atención a las graves violaciones de la dignidad humana que se producen en nuestro tiempo, en la senda de la encíclica Fratelli tutti». En este sentido, como se puede comprobar en las numerosas citas a pie de página, en la cuarta parte de la declaración se sigue de cerca el magisterio de Francisco sobre los temas elegidos como graves violaciones a la dignidad humana.

FUENTE EL DEBATE

LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS DE MÁS DE 50 AÑOS SE VEN A SÍ MISMOS MÁS JÓVENES QUE EL RESTO DE GENTE DE SU EDAD

Los 50 años se consideran le edad a la que uno puede considerarse maduro, pero lo cierto es que la percepción de nuestro envejecimiento es muy subjetiva. Es lo que concluye un estudio llevado a cabo en Estados Unidos.

Según esta investigación, publicada en la revista Psychology And Ageing por la Universidad de Oklahoma, la mayoría de las personas de más de 50 años creen que parecen más jóvenes que otros hombres y mujeres de la misma edad.

En concreto, el 59% se consideran más jóvenes, y sólo el 6% cree que parecen mayores de lo que su edad indica. Los investigadores analizaron datos de 2.048 hombres y mujeres de 50 años o más.

Más allá de ser uno de los lugares del planeta con más PIB per cápita, también cuenta con mucha población mayor de los 65 años. Concretamente, son un 36% de su población total.

Según los autores del estudio, «puede ser una forma de no aceptar que algunos puedan discriminarlos debido a su edad».

Desglosados por sexos, los resultados revelan que se sienten más jóvenes que sus coetáneos el 61,9% de las mujeres y el 55,9% de los hombres. A nivel general, alrededor del 34% pensaba que parecían de la misma edad, mientras que el resto creía que parecían mayores.

El estudio reveló que la educación, el nivel de ingresos y el empleo se asociaron con tasas más altas de parecer más joven.

Lucir más joven también se relacionó con una experiencia positiva de envejecimiento y según los científicos, esta opinión está relacionada con una mejor salud física y mental.

CAMPAÑA DE LA RENTA 2024: «UN VIAJE POR TANTOS»

El secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia presenta la campaña Xtantos 2024, que este año tiene como punto de partida “Un viaje Por Tantos”. Una nueva iniciativa que, durante cinco días, ha permitido a 15 personas que no marcaban la X en su declaración de la renta conocer seis iniciativas de la Iglesia en Guadalajara, Alcalá de Henares, Segovia, Madrid, Getafe y Toledo. En el caso de esta experiencia, el 73% de las personas que no marcaban la X en su declaración de la renta han cambiado de opinión al conocer de cerca la realidad de la Iglesia.
El director de este secretariado, José María Albalad, ha presentado en rueda de prensa, este miércoles 20 de marzo, a los protagonistas, los datos técnicos y las claves de la campaña.

“Podríamos contártelo”, pero “preferimos que lo veas”

El viaje se lanzó con la propuesta de que “Podríamos contártelo”, pero “preferimos que lo veas”, en relación a la labor social y espiritual de la Iglesia. Ahora, estos “viajeros Por Tantos” son los protagonistas de la campaña para que todo el mundo pueda ver a través de sus testimonios lo que puede suponer una simple X para millones de personas, como se recoge en la página web de la campaña: www.unviajeportantos.es

¿Cómo ha sido el “viaje Por Tantos”?

Los 15 viajeros fueron seleccionados de entre 200 candidatos y fueron ocho mujeres y siete hombres. El más joven tenía 19 años y el más mayor, 61. No se conocían entre ellos, pero tenían un punto en común: ninguno marcaba la X a favor de la Iglesia en su declaración de la renta. Cinco días de viaje, del 19 al 23 de febrero, en el que se recorrieron 1.200 kilómetros.
El trayecto tuvo seis paradas: Guadalajara, para conocer el servicio de la Iglesia en la España vaciada a través de un joven sacerdote. Alcalá de Henares, para visitar una casa de acogida para personas sin hogar. Segovia, para acercarse a un centro diocesano de Orientación Familiar. Madrid, para vivir en primera persona la actividad pastoral de una parroquia de Pozuelo, que, además, tiene un centro asociado que atiende a más de 100 personas con discapacidad física, intelectual y sensorial severa. Getafe, donde fueron testigos de la labor de la Iglesia en la reinserción social de personas privadas de libertad. Y su última parada, Toledo, dedicada a un centro de ayuda para mujeres víctimas de violencia.

¿Qué impacto ha tenido?

Los viajeros han compartido una nueva experiencia acercándose a la realidad de la Iglesia que ha servido para romper prejuicios:
Aida, que protagoniza el cartel de la campaña, tiene 41 años y es psicóloga de profesión. Le ha impactado la visita a la España vaciada, donde se encontró con Gregoria, que vive sola con 80 años. Además, le ha conmovido profundamente la alegría y las risas que había en el Hogar Don Orione para personas con discapacidades severas. Después de lo que ha vivido, no marcar la X a favor de la Iglesia no le parecería un acto humano.
A Ricardo, un comercial de 33 años, le ha marcado especialmente Carlos Alberto, “una persona muy auténtica intentando solucionar una situación difícil” en la casa de acogida para gente sin hogar de Alcalá de Henares. Aquí ha encontrado la ayuda que no encontró en otros lugares. Le ha convencido el hecho de que la Iglesia “es una entidad generosa”.
Almudena tiene 44 años y es diseñadora gráfica. Con este viaje ha comprobado que la Iglesia llega a sitios donde la sociedad y el Estado no están llegando. Lo que más le ha marcado es el trabajo de Cáritas con las personas sin hogar y en la reinserción de presos. Se ha llevado una grata sorpresa porque “la Iglesia hace muchas cosas mejor de lo que yo pensaba”. Se plantea poner la X porque “están haciendo una labor maravillosa y tienen que poder seguir haciéndola”.
Isco es un estudiante de 26 años que llegó a España procedente de Guinea Ecuatorial. Le ha “descolocado” la labor de Emilio, un cura rural de 27 años, asistiendo a los mayores, como Gregoria, que viven en la soledad de la España vaciada. En este viaje ha descubierto que una X permite que la Iglesia llegue a “toda esa gente que tú no puedes llegar”.
Jade, con 19 años, estudia a la vez que trabaja de camarera. A la benjamina del grupo le ha sorprendido especialmente la implicación de la Iglesia en temas de salud mental. “Ver a gente que está dedicando tanto tiempo, cariño y esfuerzo a colectivos vulnerables e incluso rechazados es algo precioso”. En su testimonio destaca que “hay otras instituciones que ayudan, pero creo que la fe es algo importante”.
Antony, de 42 años, es estudiante y trabajador del sector hostelero. Ha descubierto que “la Iglesia está creando un tejido social diferente”. Le ha marcado ver “felices y disfrutando” a las personas con discapacidad del centro Don Orione por el amor que les brinda la Iglesia. También le ha sorprendido que “la Iglesia trabaje en romper estigmas, cuando tenemos tantos estereotipos sobre ella”.

Del “viaje Por Tantos” al “viaje de la X”

Toda esta realidad de la Iglesia no sería posible sin otro viaje, el de la X, que también tiene seis paradas.
Comienza con la decisión de marcar la X a favor de la Iglesia en tu declaración de la Renta.
En el campo 105 de la declaración de la renta. Al marcar la casilla de la Iglesia, se destina el 0,7% de la cuota íntegra de la declaración.
Reparto solidario. La recaudación de la casilla de la Iglesia llega a la Conferencia Episcopal Española, que la reparte por todo el territorio con mecanismos de solidaridad para que llegue a las zonas con menos recursos.
Al servicio de los demás. Son las propias diócesis las que ponen el dinero en funcionamiento para sostener el clero, anunciar la buena noticia del evangelio, fomentar la vivencia de la fe y desarrollar la inmensa labor asistencial de la Iglesia en España y en todo el mundo.
Ayuda efectiva y afectiva. En el año 2023, más de 8,7 millones de personas marcaron la casilla de la Iglesia, sumando 358.793.580 millones de euros que han permitido ayudar a más de cuatro millones de personas y regalar esperanza en un tiempo especialmente difícil.
La sexta y última parada son las ¡Gracias! con las que la Iglesia agradece a todos aquellos que marcan la ‘X’, con independencia de sus creencias, porque, entre todos, logramos construir una sociedad mejor. #SomosIglesia24Siete.

La campaña en siete claves

Es absolutamente gratis, porque no me van a cobrar más por mi declaración al marcarla ni me van a devolver menos.
Es una decisión libre y democrática, que no perjudica a nadie. Se pueden marcar simultáneamente las casillas de la Iglesia católica y de otros fines de interés social.
Es de las pocas cosas que podemos decidir sobre nuestros impuestos. Es decir, si la dejamos en blanco, es el Estado el que decide por nosotros sobre esa pequeña cantidad (el 0,7% de nuestros impuestos).
Ayuda a sostener las actividades de la Iglesia: mantener al clero, el anuncio del Evangelio, la vivencia de la fe y la inmensa labor asistencial que desarrolla en España y en todo el mundo.
Es una forma sencilla de colaborar con la Iglesia, basta con marcar la casilla 105 al hacer la declaración.
Para los no católicos o no practicantes, marcar la casilla supone también reconocer el papel que la Iglesia tiene en la sociedad española, especialmente con los más necesitados en este tiempo de dificultad.
Cada año se puede conocer, a través de la Memoria Anual de Actividades, en qué emplea la Iglesia sus recursos.
Datos técnicos de la campaña
La campaña Xtantos arrancaba el miércoles 20 de marzo, unos días antes de que los contribuyentes puedan presentar su renta (el plazo se abrió el 3 de abril). El cierre de la campaña coincidirá con el final del periodo habilitado por la Agencia Tributaria, el 1 de julio, como último día para presentar la declaración de la renta.
El plan de medios contempla una inversión de 2.850.000 euros, lo que supone un 0,79% de la cantidad recaudada en la campaña del año anterior. Durante los próximos tres meses, Xtantos tendrá una presencia destacada con spots específicos en radio, en televisión y en formatos digitales. También en redes sociales y soportes religiosos. Además, está prevista publicidad específica dirigida a los gestores y asesores fiscales con el fin de llegar a los que hacen la declaración de la renta a los contribuyentes.
Durante la Semana Santa se hará un paréntesis en la publicidad enfocada a los medios y se acentuará en exterior, principalmente en circuitos de Renfe y en los aeropuertos. También habrá momentos en los que los rostros de la campaña se podrán ver en mupis de las principales capitales de provincias españolas. Para el desarrollo de la campaña, se ha contado con la colaboración de las agencias TBWA y Universal Media (UM).
Como cada año, se ha editado el periódico Xtantos, impreso en papel sostenible, con una tirada que roza el millón de ejemplares. La mitad se van a distribuir por todas las parroquias de España, junto a 35.000 carteles, que se ofrecen en castellano, euskera, catalán y gallego. El resto se encartan en los principales diarios nacionales.

Fuente: Web de la CEEE

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA GEMMA GALGANI

Santa Gemma nació el 12 de marzo de 1878 en el pueblo de Borgonovo de Capannori, Italia. Tuvo como padre a Enrique Galgani y Aurelia Landi, quienes tuvieron 8 hijos -Carlos, Guido, Héctor, Gino, Antonio, Angelina y Julita-. De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer y la primera niña de la familia.

Al día siguiente, Gemma fue bautizada por el Padre Pedro Quilici, Párroco de San Miguel, bajo los nombres de Gemma Hipólita Pía. Luego de un mes, toda la familia se mudó a Lucca, donde vivió el resto de su vida.

Desde muy niña Gemma mostró signos de santidad. Cuando tenía cuatro años, estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando un día, ésta al entrar en su cuarto, la encontró de rodillas frente a una imagen de la Virgen. La abuela corrió a llamar al tío, quien la contempló por largos minutos; luego le dijo: «¡Gemmita! ¿Que estas haciendo?. La niña, sin inmutarse, contestó: «Estoy rezando el Ave María. Salid que estoy en oración». Desde esta tierna edad, la oración era ya para ella el sostén de su vida y de sus virtudes.

Nos podríamos preguntar: ¿Quién enseñó a Gemma a amar a Jesús y a María?. Su primera y gran maestra en la escuela del amor a Jesús fue su madre, Doña Aurelia, quien inculcó en el corazón de su hija lo que sería el distintivo especial de toda su vida: Su amor a Cristo Crucificado, del que llegaría a ser como imagen viva, y a la Santísima Virgen, que hizo su santidad tan dulce y atrayente.

Al hablar sobre su infancia, Santa Gemma señaló: «De lo primero que me acuerdo es que mi mamá, cuando yo era pequeñita, acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando…me enseñaba un crucifijo y me decía que había muerto en la Cruz por los hombres»

Había también, entre ellas, diálogos como este: «Hija mía -me decía mamá- yo moriré pronto y tendré que dejarte. Si pudiera te llevaría conmigo. ¿Te gustaría venir?».

-«¿Y a dónde vamos?», le preguntaba yo. -«Al Paraíso con Jesús y con los ángeles.»

A los siete años de edad, el 26 de Marzo de 1885, Gemma recibió la Confirmación por medio de Mons. Nicolás Ghilardi, Arzobispo de Lucca. Durante la Ceremonia se desarrolló entre el Espíritu Santo y Gemma este diálogo: -De repente, una voz me dijo al corazón: -«¿Quieres darme a tu mamá?» -«Sí», respondí, «pero llévame también a mí». -«No», me replicó la voz, «dame generosamente a tu mamá. Tu debes quedar por ahora con papá. Llevaré a tu mamá al cielo, ¿sabes?,¿Me la entregas de buena gana?». -Tuve que decir que sí. Acabada la misa fui corriendo a casa. ¡Dios mío! Miraba a mamá y lloraba, no podía contenerme.

Mi madre Santa María

Al morir su mamá, Gemma indicó: «Al perder a mi madre terrena me entregué a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: «¡María!, ya no tengo madre en la tierra; se tú desde el cielo mi Madre». Y también expresó: «¡Oh, cuántas veces -dice la santa- depositando en mi Mamá del cielo las angustias y penalidades de mi corazón afligido, ella me consolaba! Sí; yo recuerdo que hallándome en las mayores angustias, huérfana de madre en la tierra, me tendió cariñosamente los brazos la Madre del cielo».

Primera Comunión

Para Santa Gemma, la Eucaristía era el centro de su vida. Este deseo de recibir a Jesús en la Sagrada Hostia iba en aumento mientras pasaban los años. Si bien era cierto que ya estaba Confirmada, no podía recibir la Primera Comunión ya que no tenía la edad requerida en ese momento para recibir el Sacramento. Santa Gemma tenía 9 años.

Fue su confesor, el Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, quien conociendo el anhelo tan grande de su corazón, le dijo a su padre que si no le daba el permiso para recibir la Comunión, Gemma moriría de dolor.

Fue así que Don Enrique dio el permiso para que las religiosas del Colegio de Santa Zita, donde Gemma asistía, la preparasen para recibir este Sacramento. Inmediatamente comenzó un retiro de 15 días con las demás niñas del colegio. Dice Santa Gemma: «Apenas me vi en el convento rebosaba de felicidad. Corrí a la capilla a dar gracias a Jesús y le pedí con gran fervor la gracia de prepararme bien para la primera comunión».

Hizo confesión general tres veces sucesivas con Monseñor Volpi, quien sería su confesor ordinario.

Llegó, por fin, el día tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del Sagrado Corazón. Las vivencias de Santa Gemma solo ella las puede explicar: «me siento incapaz de describir la experiencia de aquel encuentro. En ese momento comprendí que las delicias del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca aquella unión con mi Dios. Me sentía cada vez más desprendida del mundo y más dispuesta para la unión con el Señor. Aquella misma mañana Jesús despertó en mi un gran deseo de ser religiosa».

A raíz de la primera comunión se afianza la vocación de Gemma. Ella misma lo afirma: «sentía desarrollarse en mí un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a Jesús a sobrellevar la Cruz».

Más adelante, fallece su papá, situación dolorosa que produce la separación de los hermanos. Héctor emigra al Brasil, donde muere. Guido abandona la práctica religiosa e interrumpe sus estudios de farmacia en Pisa, que más tarde concluye. Julia y Angelina se quedan con las tías Elena y Elisa. Gemma y Antonio se refugian en Camaiore con los tíos Carolina Galgani y Domingo Lencioni.

Gemma poco a poco se fue alejando del Señor, aunque Él nunca la dejo de proteger y librar de pecados graves. Esta crisis se da hasta cuando tenía 20 años, en este momento Jesús permite una enfermedad grave para que Gemma retorne a Él con todo su corazón y nunca más se distraiga con las cosas del mundo. Ella cuenta: «De repente comencé a andar jorobada y a sentir dolores de riñón. Resistí durante algún tiempo, pero como la cosa iba peor, pedí permiso a la tía para regresar a Lucca».

Al continuar el dolor, el médico la atendió y diagnóstico osteítis en las vértebras lumbares con sucesivo absceso frío en los ingüinales. Se quedó paralítica de ambas piernas. El 28 de Enero de 1899 le sobreviene un dolor insoportable en la cabeza, fruto de una otitis media purulenta aguda con participación del mastoide. Los médicos, viendo que los remedios no producían mejoría y que la enfermedad avanzaba, la desahuciaron; solo por cumplimiento acuden de cuando en cuando a verla.

El 8 de Diciembre, Fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma, indicó: «le dije a Jesús que no rezaría más si no me curaba. Y le pregunté qué pretendía teniéndome así. El ángel de la guarda me respondió: -Si Jesús te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez más en el espíritu».

San Gabriel de la Dolorosa

Su antigua profesora, sor Julia Sestini, le contó la biografía de un joven pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa. Una señora piadosa, Cecilia Giannini, acudió a practicar una obra de misericordia con Gemma; un día la visitó, y para que se distrajera le prestó la biografía de Gabriel de la Dolorosa, escrita por un desconocido P. Germán de San Estanislao, C.P. ¡Cómo son las cosas del Señor! Estas dos personas serían para Santa Gemma, en los últimos años de su vida dos grandes regalos de Dios. Doña Cecilia sería la que cuidaría de ella, y estaría al tanto de sus éxtasis y experiencias místicas y el P. Germán sería el director espiritual que el mismo Señor le enviaría para que guiara su alma y para confirmar luego la autenticidad de su vida.

Dice Santa Gemma: «Tomé el libro con desprecio y lo puse debajo de la almohada… Un día estaba sola. Serían como las doce. Me sobrevino una fuerte tentación, y me decía para mí que estaba aburrida de todo. El demonio se valió de esto para tentarme, diciéndome que si le hacía caso me curaría. Estuve a punto de sucumbir. Pero de repente me vino una idea; recurrí al Venerable Gabriel y le dije: Primero el alma, después el cuerpo».

Superada esta tentación, comenzó a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel y queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando doña Cecilia volvió para recoger su libro le costó mucho a Gemma devolvérselo. Aquella misma noche, «se me apareció (Gabriel) vestido de blanco. No lo reconocí….se quitó la túnica blanca y se apareció vestido de pasionista.»

Me dijo: «Ya ves qué agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo a verte. Procura ser buena y volveré.»

En otra ocasión se le apareció de nuevo el Ven. Gabriel y esta vez le dijo que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no añadiera nada más.

«¿Y por qué?»-le pregunté.

«Me sonrió y me miró. Me puso el escudo pasionista y repitió: ‘Hermana mía…’, y desapareció.»

La curación

Su salud empeoraba, y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita María por el milagro de su sanación. Ella inició la novena al Sagrado Corazón varias veces pero su debilidad no le permitía continuarla. El día 23 de Febrero 1899, recomienza en serio la novena, y en la noche del día 1 al 2 de Marzo ocurre esto: Faltando algunos minutos para la media noche, Gemma escuchó el rozar de las cuentas de un rosario y sintió una mano que se le posó en la frente, la voz que escuchaba rezar le preguntó:

-¿Quieres curarte?. -«Todo me da igual», le respondí. -Te curarás. Ruega con fervor al Sagrado Corazón… -«¿Y a la Beata Margarita?», pregunté. -«Añade en su honor tres veces el ‘Gloria'». (La Beata Margarita es hoy Santa Margarita María)

«En el penúltimo día de la Novena quería recibir la Comunión, ya que terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgué muy temprano. ¡Qué momentos tan deliciosos pasé con Jesús! El me repetía:- ‘¿Quieres curarte?’. No pude contestar por la emoción. ¡Pobre Jesús! La gracia había sido concedida. ¡Estaba curada!».

Al amanecer del 2 de marzo se levantó con sus propios pies y toda la familia al verla lloraba de alegría ante aquel milagro de Dios. Este milagro es la antesala de otras grandes gracias que Santa Gema recibiría durante su vida. Su amor por Cristo crucificado y su anhelo de ser solo para Jesús la llevarían a cada vez más a ofrecerse al Señor como víctima de amor.

Los estigmas

El 8 de Junio 1899, Víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón, luego de haber sido rechazada en varias comunidades religiosas a causa de su frágil salud, Jesús la eleva en este día a la categoría de «Víctima». Al respecto, Santa Gema cuenta: «Después de la Comunión, Jesús me avisó de que por la tarde me haría una gracia grandísima. Se lo dije a Monseñor Volpi, y este me dijo que estuviese atenta y que se lo contara luego. Llegó la tarde. De repente me asaltó un fuerte dolor de mis pecados. Después me sentí recogida… Al recogimiento sucedió la pérdida de los sentidos y me hallé en presencia de mi Madre Celestial y del angel de la guarda, que me mandó hacer un acto de contrición. Después mi Madre me dijo: -«Hijita, en nombre de Jesús te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho y quiere hacerte una gracia muy grande. Sabrás hacerte digna de ella… Yo seré tu Madre. Sabrás mostrarte verdadera hija.» Me cubrió con su manto, y en ese instante apareció Jesús. De sus llagas no salía sangre sino llamas de fuego, que vinieron a cerbarse en mis manos, pies y costado. Creía morir y habría caído al suelo si mi Madre no me hubiera sostenido. Permanecí así varias horas. Después mi Madre me besó en la frente, desapareció y me hallé de rodillas. Seguía sintiendo un dolor fuerte en las manos, pies y costado. Me levanté para acostarme, pero noté que de estas partes manaba sangre…»

Santa Gema, la víctima de Jesús, comienza a «suplir en su carne lo que le falta a la Pasión de Cristo». Este hermoso regalo se repetirá en las tardes del jueves al viernes, todas las semanas. Para disimular las llagas usa guantes.

Su Confesor

Conversando con la señora Cecilia Gianni, Gema oye hablar del P. Germán de San Estanislao, le pide a Jesús que se lo muestre y el Señor lo hace en un éxtasis y le dice que este es el sacerdote que guiará su alma. Efectivamente el P. Germán se convierte en el confesor y director extraordinario de Gema, quien es testigo de las obras de Dios en su alma.

Muchos fenómenos relacionados con la Pasión se dieron en la vida de Santa Gema; además de las estigmas, tuvo sudor y lágrimas de sangre. Se la vio padeciendo la flagelación. Recibió un regalo que apreció con todo su corazón. Su ángel de la guarda un día le mostró dos coronas y le pidió que escogiese la que ella quisiera, y ella escogió «la de Jesús».

Su Ángel de la Guarda

Santa Gema tenía una relación muy particular con su ángel de la guarda, que siempre le acompañaba y le protegía, e incluso muchas veces le servía de «cartero», llevando sus cartas al P. Germán. Se asegura que también tenía el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a varios religiosos que abandonarían la religión, cosa que sucedió mas tarde, confirmando este don de su corazón.

Hay una anécdota muy preciosa que le sucedió a Santa Gema en la casa Giannini. En el comedor de la casa hay un crucifijo grande al que toda la familia tenía gran devoción. También Gema en muchas ocasiones le hacía pequeñas «visitas», orando frente el. Un día, al tiempo que Gema preparaba la mesa, alzó los ojos hacia su Jesús y le dijo que tenía hambre y sed de El. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no alcanza porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro. Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permitiéndole apagar su sed en la fuente viva de su costado abierto.

El combate contra el enemigo

Jesús dijo cierto día a Gema: «Prepárate, pues el demonio será quien dé la última mano a la obra que en ti deseo ejecutar». Y estas palabras del Señor se cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gema; le daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase e incluso llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús.

Por todos los medios trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar por ellos. Era una guerra constante y continua que duró hasta su misma muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio ya que serían muchas las almas que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de Santa Gema, y más aún, ella solo quería conformarse con la voluntad de Dios para su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia, porque no podía vencerla.

Tanta era la rabia que sentía hacia la pureza de Santa Gema que un día la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir de él, hizo la señal de la Cruz y se arrojó en un pozo de agua helada en el jardín. Su ángel la sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por su valentía y por su triunfo.

En otra ocasión, cuando la santa, por orden del P. Germán, escribía su vida: «dándose cuenta el demonio del fruto que podía hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: ‘¡Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos’; y se relamía y se revolcaba en el suelo de la satisfacción.»

El P. Germán, enterado por una carta de Gema, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando al demonio que volviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.

Escribe la santa: «El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por vencerle Jesús y María, o bien el Ángel o San Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres.»

«¡Si viera cómo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!..»

Más adelante, al despedirse por última vez del Padre Germán, el demonio no reconoció límites su bestialidad durante siete largos meses. Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperación. Le decía muchas veces: «Ahí tienes lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios»; y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán: «Padre mío, pídale a Jesús que me cambie esta cruz por cualquier otra. Haga desde ahí los exorcismos para que este perverso se vaya, o mande a su ángel para que lo ahuyente».

Viendo que con tentaciones no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla. Dirigiéndose entonces a María Santísima, le decía: «Madre mía; me encuentro bajo el poder del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!».

Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla. El mismo Jesús le dijo: «Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que tu lucha te conducirá a la victoria».

Entrega su vida por un pecador

Le escribía al P. Germán: «Usted siempre me recomienda paz. Gracias a Dios la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria. Y tendré mayor aún, cuando se convierta mi pecador».

Este pecador al que se refiere la santa, era un sacerdote que había dejado el sacerdocio hacía ya doce años y daba mucho escándalo con su vida, haciendo que muchos se perdieran. Santa Gema viendo que los sacrificios que ofrecía no eran suficientes, pidió permiso a su director, para ofrecerle al Señor la mitad de su vida por su conversión; el padre dijo que sí y Jesús aceptó el intercambio.

Este sacerdote se convertiría dos días antes de la muerte de Gema, dándole a ella un gran consuelo, exactamente en el plazo que ella había ofrecido al Señor. (Pasados los doce años que aquel sacerdote andaba descarriado; doce años y medio es la mitad de la vida de Santa Gema quien morirá en sus 25 años).

El tránsito hacia el Padre Celestial

Gema había pedido a Jesús morir crucificada con El, y crucificada moriría. Como a las diez de la mañana doña Cecilia pensaba retirarse un poco y Gema le dijo: «No me dejes, mamá, mientras no esté clavada en la cruz, pues Jesús me ha dicho que tengo que morir crucificada como El». Momentos después entró en éxtasis profundo, extendió un poco sus brazos y, en esta posición permaneció hasta mediodía. Su semblante era mezcla de amor y dolor, de calma y desolación…¡Agonizaba, como Jesús en la Cruz! Los presentes la contemplaban atónitos.

Era Viernes Santo, 10 de Abril de 1903.

A las ocho de la mañana del sábado, se le administró la Extremaunción (hoy día se le llama Unción de los Enfermos), a cuyo rito sagrado contestó con pleno conocimiento. A doña Cecilia que le habló del P. Germán le dijo: «Ya he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos, para prepararme a morir».

Tomó entonces el crucifijo en las manos y exclamó: «¡Jesús!…¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!»; y volviéndose a la imagen de María, añadió: «¡Mamá mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma…Dile que tenga misericordia de mí».

De repente toda señal de agonía desapareció, y una sonrisa de cielo se dibujó en sus labios. Dos lágrimas corrieron de sus ojos. El párroco, que estaba presente exclamó: «Jamás he presenciado muerte semejante». Y él mismo puso sobre el pecho de Gema el escudo pasionista que llevó al sepulcro.

Muere Santa Gema a la 1:45 p.m. del Sábado Santo, 11 de Abril de 1903.

La profecía de Santa Gema se cumplió. Los pasionistas la rechazaron en vida, pero después de su muerte la tomaron para sí. El Señor que había acrisolado su corazón con el sufrimiento, también había pedido de ella el sacrificio de no entrar en ninguna orden religiosa y ella lo aceptó y lo ofreció al Señor, como todo lo demás.

Era necesaria una prueba irrefutable que revelara las intimidades del corazón de aquella criatura que había amado ardientemente a Jesús.

La prueba se tuvo cuando al fin, y Dios sabe con qué sacrificios, llegó el P. Germán a Lucca.

Ya habían pasado 14 días de la muerte de Santa Gema. El Padre anhelaba volver a ver aquel rostro lleno de dulzura. Pero quería sobre todo verificar los misterios de aquel corazón virginal cuyos secretos en vida nadie mejor que él había profundizado… «El 24 de Abril se procedió a exhumarlo. Se abrió el cuerpo y se extrajo el corazón, que apareció fresco, lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre, igual que si estuviera vivo. Los especialistas que practicaban la autopsia quedaron maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por ambos lados, apareciendo como más ancho que alto. Al abrirlo fluyó enseguida la sangre, bañando el mármol donde se realizaba la intervención». Aquella que en muchas ocasiones le había pedido al Señor que le ensanchara el corazón para poder amarlo más, recibió esta gracia que tanto pedía. Su corazón se conserva en el convento Pasionista de Madrid.

El proceso para la canonización se abrió el 3 de Octubre de 1907, cuatro años después de su muerte; el Papa Benedicto XV dispensó el proceso de «fama de santidad», porque era conocida ya en todo el mundo.

Gema fue Beatificada el 14 de Mayo de 1933, Año Santo del XIX Centenario de la Redención; la Beatificó el Papa Pío XI.

Gema fue Canonizada el 2 de Mayo de 1940 (día de la Ascensión del Señor), por el Papa Pío XII, que dijo: «Santa Gema será la piedra preciosa de nuestro Pontificado».

Los grandes amores de Santa Gema, durante toda su vida fueron Jesús Crucificado, la Virgen María, la Eucaristía y la sed de conversión de las almas. Para ellos vivió toda su vida y por ellos murió como víctima de amor.

(Fuente: aciprensa.com)

Oración a Santa Gemma Galgani

Gemma Galgani: alcánzanos de Dios que meditemos frecuentemente con gran amor en la Pasión y Muerte de Jesucristo: que tengamos enorme confianza en la protección de nuestra Madre Celestial María Santísima y que ofrezcamos todos nuestros sufrimientos por la salvación de las almas y la conversión de los pecadores.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LAS VIRTUDES : SI CRISTO ES PACIENTE, TAMBIÉN EL CRISTIANO ESTÁ LLAMADO A SERLO

El Papa Francisco en su catequesis ha seguido hablando sobre las virtudes, en esta ocasión ha hablado de la paciencia, una virtud que necesitamos como una “vitamina esencial” para seguir adelante.

El Papa Francisco ha dedicado en la catequesis de hoy, el tema de la virtud de la paciencia. Al iniciar su catequesis, mencionó que hoy estaba previsto que la Audiencia General se realizara en la Plaza San Pedro, pero por la lluvia, trasladaron a todos los fieles al Aula Pablo VI, «es cierto que estará un poco abarrotada, pero al menos no nos mojaremos», les dijo y les agradeció por su paciencia.

Retomando el relato de la Pasión del Señor, Francisco dijo que a los sufrimientos que padece, «Jesús responde con una virtud que, aunque no se contemple entre las tradicionales, es muy importante».

Luego recordó que la palabra paciencia, tiene la misma raíz, que la pasión. Y señaló:

«En la Pasión surge la paciencia de Cristo, que con apacibilidad y mansedumbre acepta ser abofeteado y condenado injustamente; ante Pilato no recrimina; soporta los insultos, los escupitajos y la flagelación de los soldados; lleva carga con el peso de la cruz; perdona a quienes lo clavan al madero; y en la cruz no responde a la provocación, sino que ofrece misericordia. Todo esto nos dice que la paciencia de Jesús no consiste en una resistencia estoica al sufrimiento, sino que es fruto de un amor más grande».

El Pontífice afirmó que el mejor testimonio del amor de Cristo es un cristiano paciente. Paciente como tantos seres humanos, padres de familia, trabajadores, médicos, enfermeras, enfermos, que «cada día, en secreto, agracian al mundo con santa paciencia! pero muchos de nosotros, carecemos de paciencia, la necesitamos como la «vitamina esencial» para salir adelante -aseveró- pero instintivamente nos impacientamos y respondemos al mal con el mal: «nos cuesta mantener la calma, controlar nuestros instintos, refrenar las malas respuestas, aplacar las peleas y los conflictos en la familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana. Inmediatamente viene la respuesta; no somos capaces de ser pacientes».

La paciencia es también una llamada

El Papa nos recuerda que la paciencia no es sólo una necesidad, sino una llamada: si Cristo es paciente, el cristiano está llamado a ser paciente, dijo, lo que significa ir a contracorriente de la mentalidad generalizada de hoy, donde domina la prisa y el «todo y ahora»; no se espera a que las situaciones maduren, se fuerzan a las personas para que cambien al instante.

«No olvidemos que la prisa y la impaciencia son enemigas de la vida espiritual: Dios es amor, y quien ama no se cansa, no se irrita, no da ultimátum, sino que sabe esperar. Pensemos en la historia del Padre misericordioso, que espera a su hijo que se ha ido de casa: sufre con paciencia, impaciente solamente de abrazarlo apenas lo vea volver (cf. Lc 15, 21); o en la parábola del trigo y la cizaña, con el Señor que no tiene prisa en erradicar el mal antes de tiempo, para que nada se pierda (cf. Mt 13, 29-30)».

    “Y hoy aquí, en esta audiencia, hay dos personas, dos padres. Son los primeros: uno israelí y otro árabe, dijo el Papa, ambos han perdido a sus hijas en esta guerra y ambos son amigos; «no miran la enemistad de la guerra, sino que miran la amistad de dos hombres que se aman y que han pasado por la misma crucifixión. Pensemos en este testimonio tan hermoso de estas dos personas que han sufrido en sus hijas la guerra en Tierra Santa. Queridos hermanos, gracias por vuestro testimonio”

¿Qué hacer para acrecentar la paciencia?   

Para verla crecer hay que ser, aconsejó, como enseña san Pablo, un fruto del Espíritu santo (cf. Ga 5, 22), «hay que pedírsela al Espíritu de Cristo. Él nos da la fuerza mansa de la paciencia, porque «es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males», dijo Francisco. Y antes de concluir su catequesis recomendó que en estos días de celebraciones de la Semana Mayor, nos hará bien contemplar al Crucificado para asimilar su paciencia.

«Un buen ejercicio es también llevarle a Él a las personas más molestas, pidiéndole la gracia de poner en práctica con ellas esa obra de misericordia tan conocida como desatendida: aguantar pacientemente a las personas que molestan. Y no es fácil. Pensemos -repito ahora- si hacemos esto: aguantar con paciencia a la gente que acosa.   Se empieza por pedir que se les mire con compasión, con la mirada de Dios, sabiendo distinguir sus rostros de sus defectos. Tenemos la costumbre de clasificar a las personas por los errores que cometen. No, esto no es bueno. Buscamos a las personas por su rostro, por su corazón y no por sus errores».

Además, aconsejó que para cultivar la paciencia, virtud que da aliento/respiración a la vida, conviene ampliar la mirada, afirmó Francisco, no limitando el mundo a nuestros problemas, «como nos invita a hacer la Imitación de Cristo: «Es preciso, por tanto, que te acuerdes de los sufrimientos más graves de los demás, para que aprendas a soportar los tuyos, pequeños», recordando que «No hay cosa, por pequeña que sea, que se soporte por amor de Dios, que pase sin recompensa delante de Dios» (III, 19). Y además cuando nos sentimos presos de la prueba, como nos enseña Job, es bueno abrirnos con esperanza a la novedad de Dios, en la firme confianza de que Él no deja defraudadas nuestras expectativas».

Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano

Vatican News

Pincha en el enlace para leer la catequesis completa:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2024/documents/20240327-udienza-generale.html

Y aquí para ver el Vídeo

https://www.youtube.com/watch?v=1pAqQNbwjvY

RESUCITADO COMIENDO PESCADO, QUE RARO

El evangelio del tercer domingo de Pascua resulta sorprendente y paradójico. Por una parte, los discípulos, ante la presencia de Jesús resucitado, “estaban aterrorizados, llenos de miedo, pues creían ver un espíritu”. Por otra, Jesús les muestra sus manos y sus pies. Extraño espíritu ese que tiene manos y pies. Se comprende, pues, que estuvieran llenos de dudas. Jesús quiere convencer a los discípulos y, por añadidura, a nosotros, de que el Resucitado es el mismo que fue Crucificado. Pero ya no está en las mismas condiciones, pues mientras el crucificado pertenece a este mundo, el resucitado pertenece al mundo de Dios. Y desde el mundo de Dios se aparece a los suyos. De ahí la dificultad de describir su modo de presencia.

Quizás el dato más sorprendente de este evangelio sea la escena de Jesús resucitado comienzo pescado. Resulta extraño que un resucitado se ponga a comer pescado. No parece que en el cielo vayamos a alimentarnos con pescado sino con amor. Una persona celestial (y eso es un resucitado) comiendo pescado, no parece algo muy normal. Pues bien, hablando del pescado que compartió con sus apóstoles Jesús resucitado, dice Tomás de Aquino: “Jesús comió para manifestar que podía, y no por necesidad. La tierra sedienta absorbe el agua de un modo distinto a como la absorbe el sol ardiente: la primera por necesidad, el segundo por potencia”.

Es una comparación muy sugerente la que hace santo Tomás: la tierra reseca necesita el agua y por eso se la traga; el sol no necesita el agua, por eso no la traga, el agua no entra dentro del sol. Igualmente, nuestros cuerpos terrenos necesitan alimento y por eso se lo tragan. Un cuerpo resucitado no necesita ningún alimento, porque ya no está en las condiciones de este mundo. Si por hipótesis lo toma, no es porque lo necesite, sino para manifestar el poder de una vida nueva.

José María Rovira Belloso dice a propósito del comentario de Tomás de Aquino: “decir que Jesús comía por potencia y no por necesidad es una elegante manera de decir que, teológicamente, no nos está permitido interrogarnos sobre las leyes fisiológicas de esta comida. Jesús tiene un cuerpo, un cuerpo glorioso y espiritual, pero no el cuerpo corruptible y renovable de los seres humanos terrenos”.

Blog Nihil Obstat, Martín Gelabert