RECORDEMOS QUE ESTAMOS EN CUARESMA

Estamos en pleno tiempo cuaresmal,  van pasando los días y se nos acaba el tiempo de prepararnos para vivir la Pascua en plenitud.

Tenemos un tiempo precioso para reconciliarnos e intensificar ese camino hacia el momento de la resurrección como otras veces no hemos podido hacer, seamos más conscientes y veamos como la liturgia nos va recordando cada domingo ese camino de conversión, Dios nos ha elegido y nos quiere hacer fuertes y que podamos comprobar la obra que está haciendo en nosotros.

Desde muy antiguo los cristianos se preparan para vivir los días santos con el ayuno, la limosna y la oración. Lo más importante la Oración pues sino las otras dos se quedan sin sentido.

Orar es hablar con Dios, contarle todas nuestras cosas de una manera sencilla, como quien habla con un amigo.

El Señor ya las sabe pero le gusta que se lo digamos a nuestra manera que nos hagamos consciente que Él está siempre a nuestro lado y eso nos tiene que dar confianza, sabiendo que como Padre nunca va a permitir que nos pase nada malo y que aquello que nos ocurre y no entendemos a la larga comprenderemos que nos hace crecer y prepararnos para el día en que nos veamos cara a cara.

También la oración nos lleva al silencio profundo donde yo sé que el está y estoy yo, como dos enamorados, y nos infunde la paz y la alegría con la que afrontar el resto de nuestro día. Le llaman contemplación y es muy difícil llegar pero insistiendo podemos lograrlo, para Dios no hay nada imposible.

Ayunar es privarnos de algo, a nuestra edad no tiene que ser alimento porque la  iglesia ya nos exime, pero  podemos hacer algún sacrificio que nos haga tener presente la penitencia en nuestro día a día.

Hay muchos ejemplos de ayuno que seguro que todos conocemos pero podemos compartir para que nos ayude a vivir este tiempo.

En las reuniones hay gente que dice que se quita el azúcar o que no toma chocolate, hay quien se priva de ver la tele o de jugar con el móvil, hay quien se pone de tarea sonreír o estar pendiente de algún detalle para servir a los demás.

El estar pendiente de nuestra ofrenda nos hace capaces de vivir pendiente del tiempo en que estamos y de cumplir nuestro compromiso.

Recordamos esas palabras de Jesús ”No solo de pan vive el hombre…” pues todo lo demás  podemos ponérnoslo como penitencia para agradar a Dios y preparar todo nuestro ser para vivir la pascua, el paso del Señor, que hace de nosotros criatura nuevas, una nueva creación.

Limosna material que nos ayude a compartir con los que han sido menos favorecidos por la vida, pero también limosna de nuestro tiempo escuchando a los demás, cuidando de aquellos que están solos, visitando a los enfermos, a los vecinos que no tienen a nadie, y muchas cosas más que se nos ocurren y que son maneras de expresar el amor por nuestros hermanos.

Es un tiempo especial que nos ayuda a llevar nuestras creencias a los que están cerca a aquellos que en muchos momentos pasan transparentes por nuestras vidas.

Salir al encuentro de los demás es un vivir desde nuestro ser el evangelio y por su puesto es una manera de predicar silenciosa pero muy gratificante aun cuando nos desprecien  es una manera de ser los pies y las manos de Jesús en nuestro entorno donde podemos dar testimonio y experimentar que la fuerza nos viene de lo Alto.

No son consejos piadosos,  es una invitación a vivir este tiempo único que nos concede para aprovecharlo pues tenemos el hoy pero no sabemos si tendremos  mañana y el pasado ya se hizo y si se procuró hacerlo bien ya vimos su frutos y si no,  esta es la oportunidad para encontrarnos cara a cara con Él.

Acordaros de las obras de misericordia que son 14: 7 espirituales y 7 corporales.

Espirituales:

1.- Enseñar al que no sabe.

2.- Dar buen consejo al que lo necesita.

3.- Corregir al que se equivoca.

4.- Perdonar al que nos ofende.

5.- Consolar al triste.

6.- Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

7.- Rezar a Dios por los vivos y difuntos.

Corporales:

1.-Visitar al enfermo.

2.- Dar de comer al hambriento.

3.-Dar de beber al sediento.

4.- Dar posada al peregrino.

5.- Vestir al desnudo.

6.- Visitar a los presos.

7.- Enterrar a los difuntos.

Ahora no explicaremos cada una de ellas porque fueron la base del año de la Misericordia pero si recordaros lo que Jesús dijo cuándo nos habló del Juicio Final “Tuve hambre y me disteis de beber, Tuve sed y me disteis de beber… ¿Cuándo lo hicimos Señor? cuando lo hicisteis a uno de los más pequeños a mí me lo hicisteis”

¡Animo! Nos vemos dentro de poco celebrando la Pascua.

Mercedes Montoya Díaz

CONVERSIÓN, AMPLIANDO HORIZONTES

En 2017, en Gran Canaria una Drag Queen se disfrazó de la Virgen María , a lo que Monseñor Cases, entonces Obispo de Canarias público un texto titulado “A quien quiera leerme”  que provocó una reflexión de Monseñor Munilla, creemos que  de plena actualidad.

A propósito de la reciente polémica vivida en el carnaval de Canarias, el obispo de aquella Diócesis, Mons. Francisco Cases, publicó una carta con el título “A quien quiera leerme”, en la que, entre otras cosas, compartía una enjundiosa reflexión con la que quiero comenzar este artículo: «Hace un tiempo, sobre el talud que se encuentra encima de la entrada norte del túnel Luengo alguien escribió con letras enormes: NADA ES VERDAD. TODO VALE.

Pocos días después, otra persona, o quizás el mismo, añadió encima de lo escrito, y con letras del mismo enorme tamaño: SIN DIOS. Parecía indicar el principio de la convivencia ciudadana de nuestra Capital, pues ese túnel con su forma de arco es realmente el acceso a la ciudad desde el norte de la isla. Creo que precisamente por eso, pocos meses después todo fue borrado, quedando todavía la señal de la pintura superpuesta. SIN DIOS, NADA ES VERDAD. TODO VALE.»

En este contexto, no es de extrañar que la llamada a la conversión, reiterada con especial énfasis en Cuaresma, sea percibida como contracultural y hasta trasgresora.

¿Será cierto que el relativismo y el hedonismo son la consecuencia lógica e inevitable de un mundo sin Dios? ¿Serán ciertas las palabras que Dostoievski puso en labios de Iván Karamazov: «Si Dios no existe, todo está permitido»? Quisiéramos creer que no, aunque solo fuese por la necesidad que tenemos de construir una convivencia social entre todos.

Creemos en la capacidad de la razón y de la voluntad humana para conocer y perseguir el bien; aunque no podemos por menos de constatar la necesidad apremiante de ampliar los horizontes del materialismo y del individualismo, para liberarnos de tanto espejismo.

Como punto de partida, me apoyo en el filósofo danés Kierkegaard, conocido por haber puesto la búsqueda del sentido de la vida en el centro de su pensamiento. Kierkegaard concibe la vida en tres estadios; tres maneras de pensar, de vivir y de actuar, que resultan muy interesantes para iluminar el itinerario de la conversión:

1.- El primer estadio es el “estético”. Responde a preguntas del siguiente tenor: ¿Cómo me encuentro? ¿Me siento en paz y realizado?

2.- El segundo estadio es el denominado por Kierkegaard como “ético”: ¿Qué tiene derecho a esperar el prójimo de mí? ¿Qué puedo aportar para la construcción del bien común?

3.- El tercer estadio es el “religioso”: ¿Qué espera Dios de mí? ¿Es mi vida acorde al mensaje revelado por Jesucristo?

Cada uno de estos estadios implica una relación específica con uno mismo y con el mundo. Si el estado predominante es el primero, el “estético”, entonces corremos un riesgo muy grande de quedar atrapados en los parámetros narcisistas, los cuales incapacitan para amar a un tú distinto de nosotros mismos.

En nuestros días, la idolatría de la felicidad, convertida en becerro de oro, pretende buscar su bien particular, desvinculándolo de la naturaleza de las cosas. Y no nos estamos refiriendo a los demás, ya que nuestra propia vivencia religiosa no está exenta del riesgo de quedar reducida a una espiritualidad consumista del bienestar interior.

El salto al segundo estadio, el conocido como “ético”, ciertamente, es un paso de gigante. Uno de los antídotos más eficaces contra el narcisismo, el cual tiende a encerrarnos en una especie de bucle de un falso victimismo, es la apertura de nuestros horizontes para encontrarnos con los sufrimientos de las verdaderas víctimas de la sociedad. Sin la apertura al prójimo, es muy difícil salir de la trampa de nuestra mente, para introducirnos en la vida real.

Pero sin el tercer estadio, el “religioso”, es decir, sin la perspectiva que nos otorga la revelación de Dios, caminamos en medio de tinieblas. Dios no se ha limitado a crearnos y lanzarnos a la existencia, sino que se ha comunicado con nosotros, mostrándonos el sentido de la vida, y dándonos la gracia de su caminar junto a nosotros en Jesucristo.

Pretender prescindir de Dios en el camino de la conversión, es vivir del espejismo de la autosuficiencia. Y es que, hay algo más importante que la conversión moral: la conversión espiritual. Decía nuestro Papa emérito: «La conversación es interpersonal si es intrapersonal. Y será intrapersonal si es trascendental, es decir, si está abierta a la trascendencia».

El Evangelio no se compagina con un planteamiento moralista que ignore la primacía del encuentro con la gracia –¡nos convertimos mirando a Jesucristo!—; ni tampoco un falso misticismo que ignore que la autenticidad de la fe se traduce en una auténtica conversión moral.

En palabras de nuestro Papa Francisco cuando era arzobispo de Buenos Aires: “La verdadera conversión siempre es apostólica. Se trata de dejar de mirar los propios intereses para mirar los de Cristo Jesús, quedando disponibles para los demás”.

Nadie es cristiano de nacimiento; todos necesitamos oír, escuchar, revisar, rectificar, cambiar de perspectiva y de comportamiento; es decir, ¡convertirnos! Cuando no hay conversión, hay decadencia. No existe el punto intermedio.

El llamamiento determinante de cara a la transformación de la historia no es la que hicieron Marx y Engels: “proletarios del mundo, uníos”. Y aunque las apariencias sugieran lo contario, tampoco es el del liberal Vincent de Gournay: “laissez faire, laissez passer” (dejad hacer, dejad pasar). La palabra definitiva, la única capaz de transformar el mundo, es la de Jesucristo: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15).

Monseñor Munilla abril de 2017

TRES VERBOS PARA ESTA CUARESMA: CARTA DE MONSEÑOR OMELLA

El miércoles pasado, con el rito de la imposición de la ceniza, iniciábamos el tiempo de Cuaresma. Este tiempo litúrgico es un itinerario de cuarenta días en el que podemos experimentar, de una manera especial, que Dios nos ama. Él siempre nos está buscando y no deja de hacerlo hasta que nos encuentra. Ojalá que estos días escuchemos la voz de Dios que nos pide: «Convertíos a mí de todo corazón.» (Jl 2,12).

En esta Cuaresma quisiera invitaros a reflexionar sobre tres verbos que nos pueden acompañar durante este camino que lleva a la Pascua. Estos verbos son: volver, mirar y amar.

Volver: en el Antiguo Testamento, cuando se habla de la conversión se suele utilizar una palabra hebrea que significa «volver». Este verbo lo encontramos en un precioso texto del segundo capítulo del libro del profeta Oseas. Oseas explica que Dios ama a su pueblo apasionadamente. Sin embargo, este amor no es correspondido. Pese a esto, Dios jamás pierde la esperanza de que algún día su pueblo regresará a Él. Para ello lo invita a volver a la fe que vivió en el desierto durante el tiempo del éxodo de Egipto. También a nosotros nos puede pasar lo mismo con Dios. Él nos ama de todo corazón, pero no siempre le correspondemos. Dios nos invita a volver a Él para ofrecernos su amor y compartir con nosotros su alegría. Dios no se cansa nunca de perdonarnos.

Mirar: Dios nos invita a mirar como Jesús miraba. Solo así vemos a cada ser humano, especialmente a aquel que es más vulnerable, como un regalo para nuestra vida. Dice el profeta Samuel que el hombre ve solo lo que está delante de sus ojos y que, en cambio, el Señor mira el corazón (cf. 1Sam 16,6). Así nos contempla Jesús. Su mirada siempre va más allá de las apariencias. Él nos ve como frágiles vasijas de barro que, a través de sus grietas, dejan ver el amor de Dios.

Amar: estos días de Cuaresma podemos orar y pedir a Dios que purifique nuestro corazón para que podamos amar a los demás como lo hacía Jesús. El apóstol Pablo nos lo dice con estas bellas palabras: «Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo» (Flp 2,5). Los evangelistas recogen en muchas ocasiones el amor incondicional de Jesús por sus discípulos. Él les ama fielmente a pesar de sus caracteres, sus errores, sus impaciencias, sus dudas, su abandono e incluso su traición.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es un tiempo privilegiado para orar con más intensidad, para estar más atentos a la Palabra de Dios, para «ayunar» de todo aquello que nos separa de Dios y para dedicar tiempo y dinero a nuestros hermanos más necesitados. Salgamos de nosotros mismos para ir en busca de aquel que nos necesite. Roguemos a María que nos guíe en este camino cuaresmal, que ella nos anime a conocer y amar cada día más a Jesucristo, muerto y resucitado.

† Juan José Omella

Cardenal arzobispo de Barcelona

JÓVENES RINDEN HOMENAJE A SUS ABUELOS CANTANDO ‘YO TE QUERRÉ’ EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

El Teatro de la Zarzuela ofreció  del 24 de febrero al 4 de marzo de 2023 ‘Yo te querré’, un espectáculo que forma parte de su Proyecto Zarza, donde un grupo de jóvenes cantaron a sus padres y abuelos la música de Francisco Alonso, e interpretaron un texto escrito por Lola Blasco, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2016.

Así lo explicaron durante la presentación de la obra, que tuvo lugar el martes 21 de febrero, y a la que también acudió Carmen Alonso, la hija del compositor, quién no dudó en dedicarle unas palabras al equipo: «Mi padre era tan simpático, tan agradable, tan músico… que solo quiero daros las gracias a todos porque me parece que sois un equipo genial».

La obra gira en torno a la discusión de una pareja, director y autora, sobre cómo construir una obra que tienen que llevar al teatro en un momento social marcado por la pandemia, la crisis económica y la guerra.

«En mitad de sus discusiones aparecen boxeadores, indios, falsas cupletistas, transformistas e incluso espías. Todos ellos personajes de principios del siglo XX inspirados por las canciones del Maestro Alonso. Personajes que nos introducen con humor negro en sus enredos y que nos hacen ver que, aunque su mundo es el reflejo del pasado, sus problemas no distan tanto del presente», explica Lola Blasco en una nota de prensa.

Un homenaje a los padres y abuelos

A lo largo de la obra se rindió homenaje no solo a la memoria de Alonso, sino también a la de Blasco: «Hacer hoy día una Zarzuela es para ella el último intento de no perderlo todo, porque si hay algo que persiste aunque ya no estén aquellos a los que amamos, es su memoria. La memoria siempre estará ahí. Conservarla es un acto de amor y apelar al amor en este, nuestro tiempo, casi puede considerarse un acto de rebeldía».

Durante la presentación hemos podido conocer a los 18 cantantes y actores de entre 18 y 30 años que actuarán a las órdenes de José Luis Arellano, y que fueron acompañados por un grupo de cámara de siete jóvenes músicos dirigidos por Lucía Marín: «Es un día feliz, lleno de emociones. Es un proyecto hecho por jóvenes y para jóvenes, y con un gran homenaje al maestro Alonso, y dedicado a los jóvenes y a los no tan jóvenes.

Arellano también ha querido explicar, en otra nota de prensa, la importancia que tienen los mayores en esta obra: «Este espectáculo está dedicado a todos nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas, a un tiempo donde la memoria se oscurece y solo es coloreada por el amor y la música, la del maestro Alonso, que como bien dice otro amigo querido, sirvió para calentar el corazón de muchos españoles».

«Mamá, papá, cuando ya no estéis, siempre os recordaré cantando. Mientras tanto, solo una frase: yo os querré… mientras sienta mis venas latir… no habrá poder que me arranque del alma tu amor…», concluye.

Visto en 65 y mas

FRANCISCO: ES HORA DE QUE LAICOS Y PASTORES CAMINEN JUNTOS EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

El pasado día 18 de febrero, el Papa recibió en el Aula del Sínodo a los presidentes y referentes de las Comisiones para los laicos de las Conferencias Episcopales que participan en la Conferencia promovida por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

Francisco les recordó que «la necesidad de valorar a los laicos no depende de alguna novedad teológica», sino que se basa en «una correcta visión de la Iglesia»

Invitó a los cerca de doscientos presentes a «recuperar una eclesiología integral», que ponga el acento en la unidad y no en la separación, donde «el laico no es el no religioso, sino el bautizado»

E hizo una advertencia: no caer en el clericalismo; «es hora de que laicos y pastores caminen juntos, en la Iglesia y en el mundo»

«Dios está mostrando a la Iglesia el camino de la comunión, de caminar juntos», una invitación a «superar las vías paralelas que nunca se encuentran». Lo dijo el Papa recibiendo esta mañana en el Aula del Sínodo a los presidentes y referentes de las Comisiones para los laicos de las Conferencias Episcopales que participan en la Conferencia promovida por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Francisco recordó que «la necesidad de valorar a los laicos no depende de alguna novedad teológica», sino que se basa en «una correcta visión de la Iglesia», la de «la Iglesia como Pueblo de Dios, del que los laicos forman parte de pleno derecho junto con los ministros ordenados».

Del Papa la invitación a los cerca de doscientos presentes a «recuperar una eclesiología integral», que ponga el acento en la unidad y no en la separación, donde «el laico no es el no religioso, sino el bautizado», y se le aplique el término «discípulo, hermano», como se aplicaba en el Nuevo Testamento a todos, «fieles laicos y ministros ordenados».

Superar los modos autónomos de actuar

Francisco comenzó recordando a los presentes que «todavía queda mucho camino por recorrer para que la Iglesia viva como un cuerpo, como un verdadero Pueblo», pero es Dios quien muestra el camino a seguir, ese «vivir más intensa y concretamente en comunión». Así, el Obispo de Roma habla de las muchas «vías paralelas que nunca se encuentran» y que estamos llamados a superar:

    «El clero separado de los laicos, los consagrados separados del clero y de los fieles, la fe intelectual de ciertas élites separada de la fe popular, la Curia romana separada de las Iglesias particulares, los obispos separados de los sacerdotes, los jóvenes separados de los ancianos, los cónyuges y las familias poco implicados en la vida comunitaria, los movimientos carismáticos separados de las parroquias, etcétera. Esta es la tentación más grave en este momento»

Un pueblo unido en la misión

El Papa subrayó que todo el Pueblo de Dios está unido por una única fe, no es «ni populismo ni elitismo, sino el santo Pueblo fiel de Dios», que está «animado por el mismo Espíritu santificador y orientado a la misma misión de anunciar el amor misericordioso de Dios Padre». Este último aspecto, estar unidos en la misión, es decisivo:

    «La sinodalidad encuentra su fuente y su fin último en la misión: nace de la misión y está orientada a la misión. Compartir la misión, en efecto, acerca a pastores y laicos, crea comunión de intenciones, manifiesta la complementariedad de los distintos carismas y, por tanto, suscita en todos el deseo de caminar juntos»

No faltan ejemplos, empezando por Cristo, pasando por san Pablo y llegando hasta los «grandes momentos de impulso misionero en la Iglesia»:

    «Lo vemos en el mismo Jesús, que se rodeó, desde el principio, de un grupo de discípulos, hombres y mujeres, y vivió con ellos su ministerio público. Nunca solo. Y cuando envió a los Doce a anunciar el Reino de Dios, los envió «de dos en dos». Lo mismo vemos en San Pablo, que siempre evangelizó junto con colaboradores, incluidos laicos y parejas casadas. No solo. Y así fue en los momentos de gran renovación e impulso misionero en la historia de la Iglesia: pastores y fieles laicos juntos. No individuos aislados, ¡sino un pueblo que evangeliza! El Pueblo santo de Dios»

Todos somos discípulos

Tras recordar la importancia de la formación de los laicos, «indispensable para vivir la corresponsabilidad» siempre que no sea «escolástica, limitada a ideas teóricas», sino «también práctica», el Pontífice invitó a todos a recuperar una eclesiología integral, «como en los primeros siglos, en la que todo se unifica en la pertenencia a Cristo», superando así «una visión sociológica que distingue clases y rangos sociales y que se basa fundamentalmente en el poder asignado a cada categoría»:

    «El acento debe ponerse en la unidad y no en la separación. El laico, más que como ‘no clérigo’ o ‘no religioso’, debe ser considerado como bautizado, como miembro del pueblo santo de Dios, es el sacramento que abre todas las puertas. La palabra ‘laico’ no aparece en el Nuevo Testamento, sino que habla de ‘creyentes’, ‘discípulos’, ‘hermanos’, ‘santos’, términos aplicados a todos: fieles laicos y ministros ordenados»

El pensamiento del Papa se dirige después a la Carta a la Iglesia de Laodicea, «cuando Jesús dice estoy a la puerta y llamo». Pero «hoy el drama de la Iglesia es que Jesús sigue llamando a la puerta, ¡pero desde dentro porque no le dejamos salir! Tantas veces la Iglesia está aprisionada, no logra dejar salir al Señor. El Señor vino para la misión y quiere que seamos misioneros».

Mayor colaboración

Esta corresponsabilidad vivida entre laicos y pastores permitirá «superar dicotomías, miedos y diferencias recíprocas». Para Francisco, «es hora de que pastores y laicos caminen juntos, en todos los ámbitos de la Iglesia y en todas las partes del mundo». De ahí la llamada a una mayor valoración de los laicos, pensando especialmente en las mujeres:

    «Los fieles laicos no son ‘huéspedes’ en la Iglesia, están en su casa, por lo que están llamados a cuidar de su propia casa. Los laicos, y especialmente las mujeres, deben ser más valorados en sus competencias y en sus dones humanos y espirituales para la vida de las parroquias y de las diócesis. Pueden llevar el anuncio del Evangelio en su lenguaje «cotidiano», comprometiéndose en diversas formas de predicación. Pueden colaborar con los sacerdotes en la formación de niños y jóvenes, ayudar a los novios en su preparación al matrimonio y acompañarles en su vida conyugal y familiar. Deben ser siempre consultados en la preparación de nuevas iniciativas pastorales a todos los niveles, local, nacional y universal. Deben tener voz en los consejos pastorales de las Iglesias particulares. Deben estar presentes en las oficinas de las diócesis. Pueden ayudar en el acompañamiento espiritual de otros laicos y también aportar su contribución en la formación de seminaristas y religiosos»

A continuación, el Pontífice recuerda una pregunta que le hicieron, a saber, si un laico puede ser director espiritual. La respuesta es que se trata de «un carisma laical, no sacerdotal», depende de «si el Señor te da la capacidad para hacerlo». De ahí la importancia del papel de los laicos también en ambientes seculares:

    «Y, junto con los pastores, deben llevar el testimonio cristiano en los ambientes seculares: el mundo del trabajo, de la cultura, de la política, del arte, de la comunicación social»

Finalmente, del Papa una advertencia: no caer en el clericalismo. «Los laicos clericalizados -dice- son una plaga en la Iglesia».

 Andrea De Angelis – (Vatican News).-

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA FRANCISCA ROMANA

Santa Francisca, esposa, madre, viuda y apóstol seglar, religiosa, que, casada aún adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio y fue excelente esposa y madre de familia, admirable por su piedad, humildad y paciencia.

En tiempos calamitosos distribuyó sus bienes entre los pobres, asistió a los atribulados y, al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de san Benito, en Roma. († 1440)

Nació en Roma, hija de padres nobles y ricos, Paolo Bussa y Iacobella dei Roffredeschi, en el barrio romano Parione, que era nuevo y de moda.

Se bautizó en la vecina Basílica de Sant’Agnese in Agone (Agonía de Santa Inés), ubicada en la famosa Piazza Navona. A los doce años de edad decidió ser monja, pero sus padres la casaron con Lorenzo Ponziano (o de Ponziani), comandante de las tropas papales en Roma.

Fue un matrimonio bastante feliz. Lorenzo admiraba a su esposa y a su hermana Vannozza, quienes rezaban y visitaban a los pobres y enfermos, inspirando a otras mujeres a hacer lo mismo,  debido a su puesto militar, no estaba en casa mucho.

Francisca se hizo famosa con el apodo de la Cecoiella (cegatona). Después de algunos años casados, con el acuerdo de su esposo, y ya siendo madre de tres hijos varones, Francisca empezó a vivir en castidad.

Francisca y Lorenzo perdieron a dos de sus hijos por la plaga de la peste negra. Este sufrimiento los sensibilizó a las necesidades de los pobres. En esa época, Roma se hallaba en un estado deplorable hasta el punto de que se veían lobos andando por las calles.

Lorenzo servía al Papa romano en sus guerras contra los varios pretendientes al papado en el Cisma de Occidente. Durante una ausencia debida a su exilio en el Estado Ponziano, muchas de las propiedades de Lorenzo fueron arruinadas.

Fue herido gravemente por las fuerzas napolitanas mientras ocupaban Roma a principios del siglo XV, y Francisca lo cuidó hasta su muerte en el año 1436, después de cuarenta años de matrimonio.

Taumaturga

Según una leyenda, el comandante de las tropas napolitanas exigió a su último hijo, Battista, como rehén. Obedeciendo esta orden por mandato de su director espiritual, Francisca llevó al chico al Campidoglio. En el camino, se detuvo en la Basílica de Santa María en Aracoeli (Santa María en el Altar Celestial) que estaba a un lado, y confió la vida de su hijo amado a la Santísima Virgen. Cuando llegaron al lugar convenido, los soldados trataron de montar al muchacho en un caballo para llevarlo como cautivo; sin embargo, el caballo se negó a moverse, a pesar de muchas palizas. Los soldados juzgaron que era un acto de Dios y devolvieron el muchacho a su madre.

Fundadora

El 15 de agosto de 1425, día de la Asunción, Francisca, junto con nueve compañeras, hizo su oblación a la abadía de Santa Maria Nuova, con lo que se convirtió en miembro de la cofradía de oblatas benedictinas bajo la dirección de los monjes olivetanos, pero ni con clausura ni con votos, para poder seguir el modelo de una vida que combinaba la contemplación con el servicio a los necesitados de la ciudad.

En marzo de 1433 fundó el monasterio de Tor de’Specchi para las oblatas, quienes querían seguir una vida en común. La comunidad recibió la aprobación del papa Eugenio IV el 4 de julio del mismo año, siendo una congregación religiosa de oblatas con votos privados, con obediencia a los monjes olivetanos. Todavía es la única comunidad de la congregación.

Con la muerte de su esposo, Francisca se mudó al monasterio y se hizo Hermana Presidente de la comunidad. Durante estos años, creció su vida de contemplación. Tuvo la gracia de los milagros, el éxtasis y la visión de su ángel de la guarda. Se destacaba por su humildad, obediencia y paciencia.

Francisca murió el 9 de marzo de 1440 y el papa Paulo V la canonizó el 9 de mayo de 1608.

Veneración

La santa Francisca es venerada entre los benedictinos como patrona de todos los oblatos de la orden.

En 1925 el papa Pío XI la declara santa patrona de los automovilistas, a causa de una leyenda según la cual un ángel solía alumbrarle el camino con una linterna mientras viajaba, manteniéndola a salvo de infortunios.

Venerada a los 400 años de su canonización (jubileo del 2008-2009) por el papa Benedicto XVI, este la exaltó denominándola la más romana de las santas.

Es venerada cada 9 de marzo, en la iglesia de San Pedro Perulapán, ciudad de El Salvador, América Central donde se celebra una novena en su honor.

ORGULLO VIEJA: NO SOMOS NI QUEREMOS QUE NOS TRATEN COMO NIÑAS

Con su decálogo y obra de teatro ‘Orgullo Vieja’ piden, a través del humor, «justicia y dignidad»

«Ser vieja es un gran momento para hacer cosas nuevas», aseguran las integrantes del grupo Orgullo Vieja, formado por ocho mujeres sevillanas de entre 65 y 97 años que reivindican, a través del humor, «justicia y dignidad» para todas las personas mayores que, como ellas, son tratadas muchas veces como niños sin ser escuchados.

El 1 de marzo estrenaron en el Teatro Alameda de Sevilla su obra, que lleva el mismo título, de la que surgirá una película sobre ese mismo espectáculo. Orgullo Vieja es también un decálogo en la que estas mujeres señalan una serie de condiciones para poder vivir dignamente, como han explicado en la presentación de la obra a diferentes medios.

«Estamos a punto de empezar una aventura de las grandes, ser monologuistas y cumplir nuestro sueño», explican en sus redes sociales, donde explican que «las mujeres de nuestra generación hemos sufrido mucho», por lo que «ahora nos toca ser felices. Tenemos toda la vida por delante».

Estas mujeres del sevillano barrio de Triana, donde ya han tenido la oportunidad de actuar para sus vecinos y vecinas, aseguran que este decálogo que han creado empieza en Sevilla, pero tienen intención que llegue «a todas las viejas» de España y el mundo. «Queremos que lo escuchen los medios, los políticos y todos».

Algunas de las cosas que reivindican con más fuerza con él es «que tengamos justicia, dignidad y que no nos pongan límites», explicaba Catalina, de 69 años, una de las integrantes del grupo, según recoge Europa Press.

Reclaman a su vez «que no seamos ni nos traten como niñas, que tengamos una paga digna, y muchas cosas más que incluso al hablarlas, me emociona, porque estas mujeres luchadoras, fuertes, capaces, una con 97 años que nos dice que tiremos para adelante… Eso es para quitarse el sombrero y decirle a los políticos que piensen en nosotros, que queremos pensiones dignas, sitios de recreo donde nos puedan acoger bien y no nos tengamos que reunir con las amigas en un centro de salud porque resulta que no hay un sitio para hacerlo», reclamaba.

Este grupo de mujeres también ha hablado de las dificultades que encuentran a la hora de hacer algo tan sencillo, aparentemente, como comprar ropa. «No queremos que nos manden solo a los viajes del Imserso, porque nosotros no somos dependientes. Nosotras ya quisiéramos ser dependientes, pero de Zara, para que nos pusiera ropa chula para viejas o calzados adecuados», pedía, explicando que «cuando vamos a ponernos algo, resulta que no nos entran los zapatos porque todas tenemos plantillas».

Son muchas cosas las que, en definitiva, reivindica este grupo de mujeres, que quieren dejar claro que, incluso a los 96 años, tienen «ilusiones y sueños». «Si yo con mi edad puedo conseguirlo, ustedes también pueden», asegura.

Marta Bonillo – 65 y mas

INAUGURAN UN BUSTO DE LA REINA ISABEL LA CATÓLICA EN LA IGLESIA DE SAN MIGUEL

La Iglesia de san Miguel  de Segovia acogió la mañana del 25 de febrero  la Eucaristía y posterior bendición e inauguración de un busto en honor de la reina.

Una ceremonia presidida por don César en la que han estado presentes el Capítulo de Nobles y Damas de la Reina Isabel la Católica junto a su Gran Maestre, así como algunos miembros de la Orden de los Reales Tercios de España.

El Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica y de la Muy Noble, Imperial y Coronada Villa de Madrigal de las Altas Torres tiene su origen en 1969 por iniciativa de un grupo de nobles caballeros y damas entusiastas de la figura y la santidad de la Reina Isabel la Católica.

Isabel I de Castilla (Madrigal de las Altas Torres, 22 de abril de 1451-Medina del Campo, 26 de noviembre de 1504) fue reina de Castilla​ desde 1474 hasta 1504, reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479 por su matrimonio con Fernando de Aragón. También ejerció como señora de Vizcaya. Se conoce también como Isabel la Católica, título que le fue otorgado a ella y a su marido por el papa Alejandro VI mediante la bula Si convenit, el 19 de diciembre de 1496​ Es por lo que se conoce al matrimonio real con el nombre de Reyes Católicos, título que usarían en adelante prácticamente todos los reyes de España.

Se casó el 19 de octubre de 1469 con el príncipe Fernando de Aragón. Por el hecho de ser primos segundos necesitaban una bula papal de dispensa que solo consiguieron de Sixto IV a través de su enviado el cardenal Rodrigo Borgia en 1472. Ella y su esposo Fernando conquistaron el Reino nazarí de Granada y participaron en una red de alianzas matrimoniales que hicieron que su nieto, Carlos, heredase las coronas de Castilla y de Aragón, así como otros territorios europeos, y se convirtiese en emperador del Sacro Imperio Romano.

Isabel y Fernando se hicieron con el trono tras una larga lucha, primero contra el rey Enrique IV y de 1475 a 1479 en la guerra de Sucesión castellana contra los partidarios de la otra pretendiente al trono, Juana.​ Isabel reorganizó el sistema de gobierno y la administración, centralizando competencias que antes ostentaban los nobles; reformó el sistema de seguridad ciudadana y llevó a cabo una reforma económica para reducir la deuda que el reino había heredado de su hermanastro y predecesor en el trono, Enrique IV. Tras ganar la guerra de Granada los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de sus reinos.

Concedió apoyo a Cristóbal Colón en la búsqueda de las Indias Occidentales, lo que llevó al descubrimiento de América.​ Dicho acontecimiento tendría como consecuencia la conquista de las tierras descubiertas y la creación del Imperio español.

Vivió cincuenta y tres años, de los cuales gobernó treinta como reina de Castilla y veintiséis como reina consorte de Aragón al lado de Fernando II. Desde 1974 es considerada sierva de Dios por la Iglesia católica, y su causa de beatificación está abierta.

Isabel conocía bien el carácter de Enrique IV y, aunque las relaciones entre ellos no eran cordiales, Isabel se estableció en el Alcázar de Segovia con el rey.

Enrique IV murió el 11 de diciembre de 1474, en circunstancias extrañas. El 13 de diciembre de 1474 en la Iglesia de San Miguel de Segovia, Isabel se proclamó reina y propietaria del reino de Castilla y a Fernando como su legítimo marido.

El objetivo era posicionarse por delante de su sobrina Juana “la Beltraneja”.

Durante su reinado Isabel pasó largas temporadas en Segovia y hasta llegó a mandar construir su panteón en el Convento de San Antonio El Real.

Fuente Segovia 24,7 – Javier López Alarma @jlopezalarma

Puedes ver el acto pinchando en el siguiente enlace

https://youtu.be/wvCJRFlB-r0

¡OH, QUÉ BUENO, QUE DULCE HABITAR LOS HERMANOS TODOS JUNTOS! SAL 133,1

Que maravilloso que Dios nos haya hecho hermanos. Podía haber hecho cualquier otro parentesco pero como somos hijos del mismo Padre nos hace hermanos.

Casi todos tenemos la experiencia de lo difícil que es la convivencia con nuestros  hermanos de carne cuanto más con los hermanos en el espíritu pero seguramente que de ellos hemos aprendido y han sido nuestra guía para ser mejores personas.

Parémonos a pensar: Sin darnos cuenta nos enseñaron a cuidar unos de otros,  de tal manera que siempre sabíamos que estaban allí o que teníamos que echar una mano. Aprendimos a salir de nosotros mismos sin darnos cuenta y nos dio un bienestar que no hemos podido olvidar.

Aprendimos a ser pacientes, ¿qué no puedes hacer y esperar por un hermano? El hecho de que no todo es como uno quiere y cuando uno quiere es una realidad que se aprende con los hechos consumados. Podemos tomarnos todo a la tremenda, podemos dramatizar, podemos generar el mayor caos jamás visto,  pero lo que está claro es que si necesitamos un gesto apaciguador siempre podrás recurrir a tu hermano o hermana.

A superarnos a nosotros mismos, con los hermanos las cosas hay que ganárselas hay una especie de competencia que te hace sacar lo mejor de ti mismo y compartiendo has aprendido de tus errores y de los del otro, como de los éxitos y disfrutarlos como propios.

Aprendes a compartir todo, tanto lo material como lo inmaterial: padres, tiempo, juguetes no hay nada para uno mismo en exclusive,  aunque lo intentes antes o después terminas por replantearte hasta tus propias prioridades. Pero tener alguien con quien compartir alegrías o penas no tiene precio.

Los hermanos viven fuera del tiempo concreto, pues pese a los años siguen compartiendo momentos de broma, recuerdos, alegría o penas. El amor fraterno dura por siempre.

A trabajar en equipo y a negociar, no somos el centro de la vida y eso es duro de aprender. De hecho, la clave de nuestro éxito está precisamente ahí, en aprender a cooperar y en entender que no hay fuerza más poderosa que el entendimiento y la unión por un objetivo común.

Vivir con hermanos te enseña que las diferencias siempre se pueden salvar si pones el empeño en ello y estas dispuesto a ceder, desde la niñez el ejercitar estos valores con nuestros hermanos nos hace comprender “que la unión hace la fuerza”

Creo que la complicidad de las miradas de perdón con tus hermanos no son comparables a nada. ¿Cuántas veces hemos oído eso de “haced las paces o…”? Esta amenaza no te hacía estar para nada convencido o convencida de que tu hermano/a mereciese tu perdón pero acto seguido te dabas la mano para cumplir el expediente.

Los hermanos te enseñan que no hay distancias insalvables entre dos personas que se quieren, ni de niños ni de adultos.

La relación entre hermanos te enseña a amar sobre todas las cosas, te enseña a adorar a alguien que no te dice lo que quieres oír, que te incordia, que te hace enfadar, que te quita tus cosas, que quiere lo que tú quieres, etc.

Puede que dos hermanos se distancien en diferentes momentos de su vida, pero siempre serán esos amigos incondicionales que no ha sido necesario escoger.

Tú darías la vida por tu hermano y tu hermano daría la vida por ti. Da igual lo que ocurra, la complicidad permanece ante las dificultades. De hecho, en los momentos difíciles, un hermano o una hermana pueden llegar a convertirse en lo más parecido a un superhéroe o a una superheroína.

Extraído del libro “7 lecciones de vida que nos enseñan los hermanos”. Raquel Aldana)

Cuando leí este libro me pareció maravilloso compartirlo,  porque sin saberlo nuestros hermanos nos han enseñado a serlo y a serlo como el Señor quiere que seamos. Que nuestra convivencia sea una manera de tener el cielo en la tierra. Si somos capaces de mirar a los otros como Dios nos mira con ternura y misericordia como dice el Papa Francisco empezaremos a vivir el Reino.

Mercedes Montoya Diaz

DEJEMOS QUE EL ESPÍRITU NOS LLEVE AL DESIERTO

San Ezequiel Moreno destaca la Cuaresma como uno de los tiempos litúrgicos más solemnes del año. Como preparación para la Pascua, el santo agustino recoleto recomienda retirarse al desierto como hizo Jesús tras ser bautizado.

Ductus est Iesus a Spiritu in desertum ut tentaretur a diabolo (Mt 4,1)

Todos sabéis, no tengo necesidad de deciros, que es el tiempo de cuaresma es el más solemne de todos en los que el año cristiano se subdivide. Es el tiempo llamado santo por excelencia. Y efectivamente, es santo no solo en razón a los misterios augustos que durante el mismo se conmemoran sino por cuanto durante dicho tiempo es cuando los cristianos deben redoblar sus esfuerzos con el fin de santificarse.

La santa Iglesia nos indica y aún preceptúa algunos de los medios que hemos de emplear para llegar a santificarnos. Ella en este santo tiempo encarga el recogimiento de espíritu, la penitencia, la oración, la asistencia a oír la divina palabra, y para más animarnos a esas obras, nos pone como ejemplo a nuestro Señor Jesucristo que se retira del bullicio del mundo y corre al desierto a tratar con su Padre celestial, y mortificarse con largo ayuno.

La Iglesia considera a sus hijos en este tiempo como un numeroso ejército que combate día y noche contra los enemigos de sus almas, demonio, mundo, y carne, y para que confiemos en conseguir el triunfo, nos pone a la vista el Redentor que lucha en el desierto contra la triple tentación y el mismo Satanás y sale victorioso en presencia de los ángeles, que observan el combate y acudieron presurosos a él después de la victoria, para servirle y prestarle sus homenajes.

Vamos nosotros también al desierto a presenciar la lucha de nuestro divino Redentor y aprender de él la manera de vencer al enemigo.

Apenas recibió Jesucristo el bautismo que le administró el Bautista en el Jordán, le vieron encaminarse en dirección al Mar Muerto, para internarse en la triste región que todavía se llama el desierto de la Judea. El evangelio indica, en términos que sobrecogen con su misma elocuente brevedad, la índole de la vehemente inspiración que le llevó al desierto: fue arrebatado, dice san Lucas, por el Espíritu. San Marcos se expresa aún con más energía y dice: Enseguida, el mismo Espíritu le arrojó al desierto”. San Mateo de quien es el evangelio de hoy dice que: “Fue conducido por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el diablo”.

Dejémonos llevar también nosotros en este tiempo al desierto al retiro por el Espíritu de Dios. “Salvaos, dice san Pedro, renunciando a este mundo corrompido”.

Los cristianos están obligados a guardar retiro y a llevar una vida que esté desligada de las cosas de la tierra y muy por encima de las vanidades y placeres del mundo; una vida celestial de modo que pueda decir con san Pablo: Nostra conversatio in coelis est. “He aquí la gracia de nuestra vocación, dice san Pedro apóstol, a eso somos llamados”. No es una vocación particular propia de personas religiosas, sino que en cualquiera de los estados en que nos hallemos colocados por Dios estamos obligados al retiro del mundo y de sus vanidades. “Bástame saber que sois cristianos, dice Tertuliano, para deducir que si vivís conforme a los deberes y obligaciones que ese nombre impone, estaréis separados del mundo”.

Ese retiro del mundo nos es ventajoso en extremo. Basta conocer lo que es el mundo, su espíritu, sus peligros, sus errores, sus vicios, para deducir lo ventajoso que es el retiro de él.

El primero de los anacoretas, san Antonio, lo describe diciendo que es semejante a un vasto campo sembrado de lazos y trampas. Asustado el santo a la vista de tan grandes y numerosos peligros, dirigía al Señor esta pregunta: Quis evadet? ¿Quién se librará? ¿Quién podrá dar dos o tres pasos sin caer en uno de esos múltiples lazos?

Apartémonos, pues, del mundo en cuanto sea posible; vivamos alejados de él a ejemplo de Jesucristo que se retiró al desierto donde iba a ser tentado por el diablo: ut tentaretur a diabolo.

Para qué fue llevado al desierto

Fue llevado al desierto para ser tentado y vencer. Los cielos se habían abierto, y se había visto el Espíritu de Dios descender como una paloma sobre Jesús, y se había oído una voz que decía desde el cielo: Este es mi Hijo amado en quien he puesto mis complacencias”. Jesús, pues, acababa de ser señalado como Hijo de Dios. La Santísima Trinidad daba testimonio de la dignidad y excelencia de Jesús, y discípulo de todo esto, Jesús, sin embargo, es tentado. ¿Quién extrañará, pues, ser tentado aun cuando haya llegado a la más alta perfección? Hijo mío, dice la Sabiduría, al ponerte al servicio de Dios prepara tu alma para la tentación”. Se explica esto perfectamente. El demonio no puede ver sin rabia a aquella alma que se le escapa, y cuanto más tiempo ha reinado sobre ella, con más empeño la persigue con sus tentaciones. Una vez convertidos, somos a manera de presa escapada al demonio y quiere recobrarnos; somos, también, el tesoro de Jesús, y nos quiere purificar. Mas no temamos, que Jesús venció, para que nosotros venzamos también. Jamás consentirá que seamos presa de su enemigo, mientras queramos permanecer fieles a él, y aún cuando sensiblemente no experimentemos la presencia de Jesús, no dudemos de que está con nosotros. ¿Dónde estabais, oh, buen Jesús, dónde estabais, decía un patriarca de la soledad discípulo de un violento asalto de los demonios? Y una voz se dejó oír que le decía: allí estaba, espectador satisfecho y complacido de tus combates.

Primera tentación

Pero, es preciso que estemos prevenidos para la tentación. Jesucristo se preparó para la tentación con el ayuno según el evangelista que sigue diciendo: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches tuvo hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”.

Otros muchos hombres no llevan su error a tanta altura pero sí participan mucho de ese mismo error, y se les ve entusiasmados con la materia, y no saben hablar sino de industria, de negocios, de dinero, de adelantos, como dicen, de progreso, pero de progreso en la materia. ¿No conocemos nosotros a muchos de esos hombres? ¿Y quién sabe si hasta los que se creen lejos de ese engaño, de esa moderna tentación de Satanás están metidos en ella?

No condenamos el trabajo humano que es santo o puede serlo, y lo bendice Dios y lo recompensa porque ha hecho de él un deber, pero hay que decir y contestar lo que Jesucristo dijo a Satanás sin perder su serenidad ni su dulzura: “No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

El hombre tiene una alma y necesita de otro alimento que no sea el material; necesita doctrina, verdad, religión. No son los más felices los pueblos más ricos, sino los más sanos de corazón; y no son los más sanos de corazón los que tienen más progreso material, sino los más creyentes. Dura y amarga prueba de esto han recibido estos días los muchos colombianos que se entusiasmaban hasta lo ridículo con el gran pueblo de la América del Norte por sus adelantos materiales. Hoy han patentizado que con todo ese adelanto material, es un pueblo ruin y miserable, sin conciencia y sin vergüenza siquiera.

No desdeñamos las riquezas, adelantos y cultura intelectual, pero sí les señalamos el lugar que les corresponde, que es el segundo. Primero las creencias y las costumbres, después los adelantos y las riquezas. Los hombres que hoy pasan por civilizados invierten los términos; poner en primer lugar lo que debe ocupar el segundo, y en segundo o tal vez en cuarto u último lo que debe ocupar el primero.

Las ganancias, el dinero, los adelantos, pueden proporcionar algunas comodidades, pero quedan una porción de infortunios que ni el dinero ni los adelantos pueden borrar de la faz de la tierra. Esas cosas, ese dinero, esos adelantos ni pueden liberar de enfermedades a nuestros cuerpos ni de pasiones a nuestro corazón y por eso exclamó Jesucristo y con él debemos exclamar de continuo en estos tiempos: No de solo pan vive el hombre.

El reino de Dios no consiste en comer y beber; ese reino es la justicia y la paz y la alegría en el Espíritu Santo. Por eso más adelante, Jesucristo repitió la lección del desierto diciendo: “Que no os preocupe vuestra vida material: no digáis qué comeremos y qué beberemos, buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”.

¡Ah! Retírate pues, de mi, tentador! En vano es que me ofrezcas vanidades y placeres, gloria y honor, alimentos de materia y para la materia; ni mi hambre, ni mi sed se calmarán con esas cosas. Me hace falta Jesús; su príncipe, su doctrina, sus cariños, su amor, su Cuerpo santísimo. Jesús únicamente puede satisfacer todos mis deseos y llenar todas mis esperanzas. Él solo tiene virtud para calmar las ansias de mi corazón y elevar mi alma. ¡Oh, Salvador mío! No necesito hacer pan de las piedras, porque te tengo a ti que eres Pan de vida. Este pan me basta.

No hay manjar alguno más delicioso que el consuelo que una alma experimenta cuando ha resistido y vencido la tentación. Los ángeles, como a Jesucristo, vienen y le sirven satisfechos y alegres. El mismo Jesucristo prepara en recompensa el delicioso manjar de su misma carne. Y ¡con qué confianza se acerca entonces el alma a recibirle enemigo en la Eucaristía! ¡Ah! qué gusto poder decirle, qué fuerza, qué dulzura encuentra en Jesucristo! ¿Hubiera encontrado nada igual al aceptar los engañosos y falsos bienes, que el enemigo le ofrecía? Los bienes de la Eucaristía tienen tanta permanencia como substancia. Su substancia es Jesús, su permanencia la eternidad, porque Jesús es el heredero de las promesas eternas, y es eterno, y eternas su grandeza, su bondad, su hermosura, sus caricias cuyo sabor inefable responderá al de todos los amores puros, y al de todas las castas ternuras.

¡Oh, Jesús! ¿Cómo podré yo adherirme a cosa alguna que no seáis vos? ¿Qué bienes, qué dichas, qué criaturas valen una de vuestras miradas, una de vuestras sonrisas en el altar o en la comunión? Sois todo bien porque sois el amor absoluto, y no pasáis nunca y jamás engañáis, ni sois inconstante, sino que amáis siempre. ¿Quién no se animará a luchar para daros pruebas de amor y de fidelidad y conseguir tanto bien?

¡Oh, Salvador mío! Pero somos débiles: Yo ruego a los ángeles que os sirvieron después de vencer en las tentaciones que nos ayuden, que nos defiendan, que nos mantengan unidos a vos por todas [nuestras] potencias, por todos [nuestros] sentidos, por todos [nuestros] afectos y deseos, a fin de que, vencedores de los demonios, lleguemos a ser compañeros de los ángeles; desterrados del mundo somos herederos de la gloria del paraíso; y despojados de nosotros mismos, unidos a Cristo por toda la eternidad.

San Ezequiel Moreno – Sermón 77