LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA HILDEGARDA DE BINGEN

Nacida en Böckelheim sobre el Nahe en el año 1098; muerta en Rupertsberg cerca a Bingen en el 1179; su fiesta se celebra el 17 de septiembre. Es desconocido el apellido de la familia de esta gran vidente y profetiza, llamada la Sibila del Rin. Los primeros biógrafos dan a sus padres los nombres de Hildeberto y Matilde (o Matilda), hablan de su nobleza y opulencia, pero no dan ningún detalle de sus vidas. Escritores posteriores la llaman Santa Hildegarda de Böckelheim, de Rupertsberg, o de Bingen. Las leyendas la harían una Condesa de Spanheim. J. May (Katholik. XXXVII, 143) muestra mediante cartas y otros documentos que ella probablemente pertenecía a la familia ilustre de Stein cuyos descendientes son los actuales Príncipes de Salm. Su padre era un soldado al servicio de Meginhard, Conde de Spanheim. Hildegarda fue una niña débil y enfermiza, y en consecuencia no recibió más que una poca educación en su hogar. Sus padres, a pesar de estar muy comprometidos en ocupaciones del mundo, tenían una inclinación religiosa y habían prometido a la niña para el servicio de Dios. A la edad de ocho años fue puesta bajo el cuidado de Juta, hermana del Conde Meginhard, que vivía como monja en el Disenberg (o Disibodenberg, la Montaña de San Disibod) en la Diócesis de Speyer. Tampoco aquí le fue dada a Hildegarda más que una mínima instrucción dado que era muy afligida por la enfermedad, estando con frecuencia escasamente capaz de caminar y a menudo privada incluso del uso de sus ojos. Se le enseño a leer y a cantar los salmos en Latín, lo suficiente para el canto del Oficio Divino, pero nunca aprendió a escribir. Más adelante fue investida con el hábito de San Benito e hizo su profesión religiosa. Juta murió en el año 1136, e Hildegarda fue designada superiora. Numerosas aspirantes se unieron a la comunidad y ella decidió irse a otra localidad, impelida además, como ella dice, por un mandato Divino. Escogió Rupertsberg cerca de Bingen en la orilla izquierda del Rin, aproximadamente a quince millas (unos 24 kilómetros) de Disenberg. Tras superar muchas dificultades y obtener el permiso del señor del lugar, el Conde Bernardo de Hildesheim, se estableció en su nuevo hogar con dieciocho hermanas en el 1147 o 1148 (1149 o 1150 según Delehaye). Probablemente en el 1165 fundó otro convento en Eibingen en el lado derecho del Rin dónde una comunidad ya había sido establecida en 1148, el cual, sin embargo, no tuvo éxito.

La vida de Hildegarda como niña, religiosa, y superiora fue extraordinaria. Pasando mucho tiempo sola a causa de su frágil salud, desarrollo una vida interior, intentando hacer uso de todo para su propia santificación. Desde sus primeros años fue favorecida con visiones. Ella dice de sí misma:

Hasta mi decimoquinto año vi mucho, y relaté algunas de las cosas vistas a otros, quienes inquirían con asombro, de donde podrían venir tales cosas. Yo también me preguntaba y durante mi enfermedad le pregunté a una de mis enfermeras si también veía cosas similares. Cuando contestó que no, un gran temor me poseyó. Frecuentemente, en mi conversación, relataba cosas del futuro, las cuales yo veía como si fueran del presente, pero, notando el asombro de mis oyentes, me volví más reservada.

Esta situación continuó hasta el fin de su vida. Juta había notado sus dones y se los había hecho conocidos a un monje de la abadía vecina, pero, al parecer, no se hizo nada en el momento. Cuando tenía aproximadamente cuarenta años de edad, Hildegarda recibió un mandato de divulgar al mundo lo que ella veía y oía. Ella dudó, temerosa de lo qué las personas podrían pensar o decir, a pesar de que estaba plenamente convencida del carácter Divino de las revelaciones. Pero, continuamente urgida, reprendida, y amenazada por la voz interior, manifestó todo a su director espiritual, y a través de él al abad bajo cuya jurisdicción estaba puesta su comunidad. Entonces se le ordeno a un monje que pusiera por escrito cualquier cosa que ella relatara; algunas de sus monjas también la ayudaban con frecuencia. Los escritos fueron sometidos al obispo (Enrique, 1145-53) y al clero de Mainz (Maguncia) que los declaro como provenientes de Dios. La cuestión fue llevada también a conocimiento de Eugenio II (1145-53) quién estaba en Trier (Tréveris) en el 1147. Albero de Cluny, Obispo de Verdun, fue comisionado para investigar e hizo un informe favorable. Hildegarda continuó sus escritos. Muchedumbres de personas se congregaron en torno a ella, provenientes de los alrededores y de todas partes de Alemania y la Galia, para escuchar palabras de sabiduría de sus labios, y para recibir consejo y ayuda en las dolencias corporales y espirituales. Estos no provenían solo de entre la gente vulgar sino que también hombres y mujeres notables de la Iglesia y del Estado eran llevados por las noticias de su sabiduría y santidad. Así por ejemplo, leemos que el Arzobispo Enrique de Mainz (Maguncia), el Arzobispo Eberhard de Salzburgo y el Abad Luis de San Eucario en Trier (Tréveris), le hicieron visitas. Santa Isabel de Schönau era amiga íntima suya y frecuente visitante. Tritemio en su «Crónica» habla de una visita de San Bernardo de Claraval, pero esto probablemente no sea correcto. No sólo en su casa da consejo, sino también en el extranjero. Muchas personas de todos los estados de vida le escribían y recibían respuesta, por lo que su correspondencia es bastante extensa. Su gran amor por la Iglesia y sus intereses la llevo a hacer muchas jornadas; visitaba a intervalos las casas de Disenberg y Eibingen; por una invitación vino a Ingelheim a ver al Emperador Federico; viajó a Würzburg, Bamberg, y la vecindad de Ulm, Cologne (Colonia), Werden, Trier (Tréveris), y Metz. No es verdad, sin embargo, que halla visto París o la tumba de San Martín en Tours.

En el último año de su vida Hildegarda tuvo que atravesar una prueba muy dura. En el cementerio adyacente a su convento fue enterrado un joven que había estado una vez bajo excomunión. Las autoridades eclesiásticas de Mainz (Maguncia) exigieron que hiciera sacar el cuerpo. Ella no se consideró obligada a obedecer dado que el joven había recibido los santos oleos y se supone que estaba por consiguiente reconciliado con la Iglesia. Una sentencia de entredicho fue puesta sobre su convento por el capítulo de (Mainz) Maguncia, la sentencia fue confirmada por el obispo Christian (V) Buch que en ese momento se encontraba en Italia. Tras mucha preocupación y correspondencia logro que el entredicho fuera levantado. Murió de santa muerte y fue enterrada en la iglesia de Rupertsberg.

Hildegarda fue grandemente venerada en vida y después de su muerte. Su biógrafo, Teodorico, la llama santa, y de muchos milagros se dice haber sido hechos a través de su intercesión. Gregorio IX (1227-41) e Inocencio IV (1243-54) ordenaron un proceso de investigación el cual fue repetido por Clemente V (1305-14) y por Juan XXII (1316-34). Ninguna canonización formal ha tenido lugar , pero su nombre está en el Martirologio Romano y su fiesta es famosa en las Diócesis de Speyer, Mainz (Maguncia), Trier (Tréveris), y Limburg, también en la Abadía de Solesmes dónde un oficio propio es cantado (Brev. Monast. Tornac., 18 Sept.). Cuando el convento de Rupertsberg fue destruido en 1632 las reliquias de la santa fueron llevadas a Colonia y más tarde a Eibingen. En la secularización de este convento, fueron colocadas en la iglesia parroquial del lugar. En 1857 un reconocimiento oficial fue hecho por el Obispo de Limburg y las reliquias fueron puestas en un altar especialmente construido. En esta ocasión el pueblo de Eibingen la escogió como patrona. El 2 de julio del 1900, fue puesta aquí la piedra angular para el nuevo convento de Santa Hildegarda. El trabajo fue comenzado y completado a través de la munificencia del Príncipe Karl de Löwenstein, y las monjas Benedictinas de San Gabriel en Praga entraron a la nueva casa (17 Sept., 1904).

Todos los manuscritos encontrados en el convento en Eibingen fueron transferidos en 1814 a la biblioteca estatal en Wiesbaden. De esta colección el primero y mayor trabajo de Santa Hildegarda es el «Scivias» (Scire o vias Domini, o vias lucis), parte del cual había sido presentado al Arzobispo de Mainz (Maguncia). Ella lo comenzó en 1141 y trabajó en él durante diez años. Es una producción extraordinaria y difícil de entender, todo el profético y admonitorio al estilo de Ezequiel y el Apocalipsis. En la introducción ella habla de sí misma y describe la naturaleza de sus visiones. Siguen tres libros, el primero contiene seis visiones; el segundo da siete visiones y tiene alrededor del doble el tamaño del primero; el tercero, igual en tamaño a los otros dos juntos, tiene trece visiones. El «Scivias» representa a Dios en Su Santa Montaña con la humanidad en la base; narra la condición original del hombre, su caída y redención, el alma humana y sus luchas, el Santo Sacrificio de la Misa, los tiempos por venir, el hijo de perdición y el fin del mundo. Las visiones se entremezclan con admoniciones saludables a vivir en el temor del Señor. Los manuscritos del «Scivias» están también en Cues y en Oxford. Fue impreso por primera vez en París (1513) en un libro que contiene además los escritos de varias otras personas. Fue impreso de nuevo en Colonia en 1628, y fue reproducido por Migne, PL 197. El «Liber vitae meritorum» escrito entre 1158 y 1163, es una descripción pintoresca de la vida de un Cristiano virtuoso y de su contrario. Fue impreso por primera vez por Pitra, «Analecta Sacra», VIII (Monte Cassino, 1882). El «Liber divinorum operum» (1163-70) es una contemplación de toda la naturaleza a la luz de fe. El sol, la luna, y las estrellas, los planetas, los vientos, los animales, y el hombre, son en sus visiones expresión de algo sobrenatural y espiritual, y como ellos vienen de Dios deben conducir a Él (Migne, el loc. cit.). Mansi, en «Baluzii Missell». (Lucca, 1761), II, 337, lo toma de un manuscrito perdido desde entonces. Su «Carta a los Prelados de Mainz (Maguncia)» con respecto al entredicho puesto sobre su convento es colocada aquí entre sus trabajos por el manuscrito de Wiesbaden; en otros manuscritos está ubicado entre sus cartas. El manuscrito de Wiesbaden le anexa nueve pequeños ensayos: Sobre la Creación y la caída del hombre; el trato de Dios a los renegados; sobre el sacerdocio y la Santa Eucaristía; sobre la unión entre Cristo y la Iglesia; sobre la Creación y la Redención; sobre los deberes de los jueces seculares; sobre las alabanzas a Dios con oraciones entremezcladas. «Liber Epistolarum et Orationum»; el manuscrito de Wiesbaden contiene las cartas de y para Eugenio III, Anastasio V, Adrian IV, y Alejandro III, El Rey Conrad III, el Emperador Federico, San Bernardo, diez arzobispos, nueve obispos, cuarenta y nueve abades y prebostes de monasterios o capítulos, veintitrés abadesas, muchos sacerdotes, maestros, monjes, monjas, y comunidades religiosas (P. L., loc. cit.). Pitra pone muchas adiciones; L. Clarus las editó en una traducción alemana (Ratisbon, 1854). «Vita S. Disibodi» y «Vita S. Ruperti»; éstos «Vitae», los cuales además Hildegarda declara ser revelaciones, fueron probablemente producto de las tradiciones locales y siendo, sobre todo la de San Ruperto, de fuentes muy exiguas; tienen sólo valor de legenda. «Expositio Evangeliorum» cincuenta homilías en alegoría (Pitra, el loc. cit.). «Lingua Ignota»; el manuscrito, en once folios con una lista de novecientas palabras de un idioma desconocido, principalmente sustantivos y sólo unos pocos adjetivos, una explicación en latín, y en algunos casos en alemán, junto con un alfabeto desconocido de veintitrés letras impreso por Pitra. Una colección de setenta himnos y sus melodías. Un manuscrito de esto está también en Afflighem, impreso por Roth (Wiesbaden, 1880) y por Pitra. No sólo en este trabajo, sino en otros lugares Hildegarda exhibe elevados dotes poéticos, transfigurados por su persuasión íntima de una misión Divina. «Liber Simplicis Medicinae» y «Liber Compositae Medicinae»; el primero fue editado en 1533 por Schott en Strasburgo como «Physica S Hildegardis», El Dr. Jessen (1858) encontró un manuscrito de este en la biblioteca de Wolfenbuttel. Consiste de nueve libros que tratan de las plantas, de los elementos, de los árboles, de las piedras, de los peces, de los pájaros, de los cuadrúpedos, de los reptiles, de los metales, impresos por Migne como «Subtilitatum Diversarum Naturarum Libri Novem.» En I859, Jessen logró obtener de Copenhague un manuscrito titulado «Hildegardis Curae et Causae», y examinándolo comprobó satisfecho que era el segundo trabajo médico de la santa. Consiste en cinco libros y tratados de las divisiones generales de las cosas creadas, del cuerpo humano y de sus dolencias, de las causas, síntomas, y tratamiento de enfermedades. «38 Solutiones Quaestionum» son las respuestas a preguntas propuestas por los monjes de Villars a través de Gilberto de Gembloux sobre varios textos de la Escritura (P. L., loc. el cit.). «Explanatio Regulae S. Benedicti», también declarado revelación, exhibe la regla tal como la entendía y aplicaba en esos días por un superior inteligente y moderado. «Explanatio Symboli S. Athanasii», una exhortación dirigida a sus hermanas en religión. El «Revelatio Hildegardis de Fratribus Quatuor Ordinum Mendicantium», y las otras profecías contra los Mendicantes, etc., son falsificaciones. El «Speculum futurorum temporum» es una adaptación libre de textos escogidos de sus escritos hecha por Gebeno, prior de Eberbach (Pentachronicon, 1220). Algunos impugnarán la autenticidad de sus escritos, entre otros Preger en su «Gesch. der deutchen Mystik», 1874, pero sin razones suficientes. (Ver Hauck en «Kirchengesch. Deutschl», IV,398 sqq). Su correspondencia es para ser leída con cautela; tres cartas de papas han sido probadas falsas por Von Winterfeld en «Neue Archiv», XXVII, 297.

La primera biografía de Santa Hildegarda fue escrita por los monjes contemporáneos Godofredo y Teodorico. Guilberto de Gembloux comenzó otra.

FRANCIS MERSHMAN

Transcrito por Michael C. Tinkler

Traducido por Bartolomé Santos

(Fuente: Enciclopedia Católica)

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. III. LA PASCUA DE JESÚS. 5. LA CRUCIFIXIÓN. «TENGO SED» (JN 19,28)

En el centro del relato de la pasión, en el momento más luminoso y a la vez más oscuro de la vida de Jesús, el Evangelio de Juan nos entrega dos palabras que encierran un misterio inmenso: «Tengo sed» (19,28), e inmediatamente después: «Todo está cumplido» (19,30). Palabras últimas, pero cargadas de toda una vida, que revelan el sentido de toda la existencia del Hijo de Dios. En la cruz, Jesús no aparece como un héroe victorioso, sino como un mendigo de amor. No proclama, no condena, no se defiende. Pide, humildemente, lo que por sí solo no puede darse de ninguna manera.

La sed del Crucificado no es solo la necesidad fisiológica de un cuerpo destrozado. Es también y, sobre todo, la expresión de un deseo profundo: el de amor, de relación, de comunión. Es el grito silencioso de un Dios que, habiendo querido compartir todo de nuestra condición humana, se deja atravesar también por esta sed. Un Dios que no se avergüenza de mendigar un sorbo, porque en ese gesto nos dice que el amor, para ser verdadero, también debe aprender a pedir y no solo a dar.

«Tengo sed», dice Jesús, y de este modo manifiesta su humanidad y también la nuestra. Ninguno de nosotros puede bastarse a sí mismo. Nadie puede salvarse por sí mismo. La vida se «cumple» no cuando somos fuertes, sino cuando aprendemos a recibir. Y precisamente en ese momento, después de haber recibido de manos ajenas una esponja empapada en vinagre, Jesús proclama: «Todo está cumplido». El amor se ha hecho necesitado, y precisamente por eso ha llevado a cabo su obra.

Esta es la paradoja cristiana: Dios salva no haciendo, sino dejándose hacer. No venciendo al mal con la fuerza, sino aceptando hasta el fondo la debilidad del amor. En la cruz, Jesús nos enseña que el ser humano no se realiza en el poder, sino en la apertura confiada a los demás, incluso cuando son hostiles y enemigos. La salvación no está en la autonomía, sino en reconocer con humildad la propia necesidad y saber expresarla libremente.

El cumplimiento de nuestra humanidad en el diseño de Dios no es un acto de fuerza, sino un gesto de confianza. Jesús no salva con un golpe de efecto, sino pidiendo algo que por sí solo no puede darse. Y aquí se abre una puerta a la verdadera esperanza: si incluso el Hijo de Dios ha elegido no bastarse a sí mismo, entonces también su sed —de amor, de sentido, de justicia— no es un signo de fracaso, sino de verdad.

Esta verdad, aparentemente tan simple, es difícil de aceptar. Vivimos en una época que premia la autosuficiencia, la eficiencia, el rendimiento. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que la medida de nuestra humanidad no la da lo que podemos conquistar, sino la capacidad de dejarnos amar y, cuando es necesario, también ayudar.

Jesús nos salva mostrándonos que pedir no es indigno, sino liberador. Es el camino para salir de la ocultación del pecado, para volver al espacio de la comunión. Desde el principio, el pecado ha generado vergüenza. Pero el perdón, el verdadero, nace cuando podemos mirar de frente nuestra necesidad y ya no temer ser rechazados.

La sed de Jesús en la cruz es entonces también la nuestra. Es el grito de la humanidad herida que sigue buscando agua viva. Y esta sed no nos aleja de Dios, sino que nos une a Él. Si tenemos el valor de reconocerla, podemos descubrir que también nuestra fragilidad es un puente hacia el cielo. Precisamente en el pedir —no en el poseer— se abre un camino de libertad, porque dejamos de pretender bastarnos a nosotros mismos.

En la fraternidad, en la vida sencilla, en el arte de pedir sin vergüenza y de ofrecer sin cálculo, se esconde una alegría que el mundo no conoce. Una alegría que nos devuelve a la verdad original de nuestro ser: somos criaturas hechas para dar y recibir amor.

Queridos hermanos y hermanas, en la sed de Cristo podemos reconocer toda nuestra sed. Y aprender que no hay nada más humano, nada más divino, que saber decir: necesito. No temamos pedir, sobre todo cuando nos parece que no lo merecemos. No nos avergoncemos de tender la mano. Es precisamente allí, en ese gesto humilde, donde se esconde la salvación.

CRISTIANOS EN POLÍTICA O LA AMBIGÜEDAD DE LAS SITUACIONES

Precisamente porque actúa por medio de causas segundas y de la libertad humana, la acción de Dios en el mundo gracias a los impulsos de su Espíritu, puede chocar con otras libertades y con otros “espíritus” que no provienen de Dios. Entonces, el cristiano se ve obligado a tener que contar con ellos, o dicho de otro modo, a contar con la realidad. A veces esta presencia de otros espíritus puede conducir al martirio, pero normalmente a donde conduce es al trabajo, al esfuerzo, a la adaptación e incluso al combate por la justicia, en sus distintas variantes, según cuál sea la realidad y el momento en el que vivimos.

Por ejemplo, la presencia de los cristianos en política, presencia necesaria y urgente, tiene que contar con el pluralismo de ideas y propuestas, representadas por los distintos y, a veces, distantes partidos y, por eso, muchas veces no es posible en estos terrenos realizar totalmente los ideales evangélicos. En política hay que respetar las posiciones del otro y, a veces, hay que negociar con propuestas diferentes a las que uno defiende. La Iglesia es consciente de que su propuesta moral es una más en el concierto de aportaciones a una sociedad abierta, libre y compleja. ¿Cómo se hace entonces presente Dios en esta historia?

Dicho de otra manera: ¿Cómo debe actuar un cristiano en política? Evidentemente, buscando el bien y oponiéndose al mal. Pero, a veces, en las condiciones inevitables de este mundo, se verá forzado a buscar modos para que el mal no se haga dueño de todo el campo de la historia. En este campo actualmente crecen el trigo y la cizaña. El dueño del campo les deja crecer, a la espera del momento oportuno de separarlos y de quemar la cizaña. Mientras tanto, tienen que convivir. Por eso, la presencia de Dios en el campo de la historia se realiza en ocasiones de forma parcial. Esto se traduce de muchas maneras: mal menor, objeción de conciencia, o bien posible.

En su libertad y en su conciencia, cada cristiano debe valorar a qué partido votar teniendo en cuenta la realidad del momento, las posibilidades limitadas de bien en un momento concreto. El bien deseable o el bien mejor puede no ser posible en una situación compleja. Buscar el bien ideal puede ser un modo de perder el bien posible y encontrarnos con el mal mayor. Es la tentación de los fundamentalismos. De ahí la necesidad de leer bien los signos de los tiempos, porque esta buena lectura nos ayuda a entender y aplicar los principios de la revelación en el aquí y ahora concreto de una situación.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

LA MICROBIOTA INTESTINAL PODRÍA SER UNA DE LAS CLAVES PARA DETECTAR EL RIESGO DE ALZHÉIMER

Un estudio pionero publicado en la revista científica AMB Express sugiere que la microbiota intestinal podría convertirse en una herramienta clave para la detección precoz y no invasiva del alzhéimer. El hallazgo procede de un equipo de investigadores de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad Europea de Madrid (UEM).

Una firma intestinal asociada al riesgo genético

El alzhéimer representa entre el 60% y el 70% de los casos de demencia a nivel mundial y afecta a más de 50 millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En este contexto, los investigadores decidieron estudiar si existían diferencias en la microbiota intestinal asociadas específicamente al gen APOE4, conocido por aumentar significativamente el riesgo de alzhéimer.

“Queríamos comprobar si era posible identificar señales tempranas relacionadas con el APOE4 en adultos sanos y jóvenes, teniendo en cuenta las evidencias recientes que vinculan la microbiota intestinal con la salud cerebral”, explica Carlo Bressa, investigador del Instituto de Investigaciones Biosanitarias de la UFV y coautor principal del estudio.

El análisis incluyó a 77 adultos sanos, de entre 18 y 48 años, con estilos de vida cuidadosamente controlados y genotipados para el gen APE. Los resultados más llamativos mostraron que los portadores del alelo APOE4 tenían una reducción considerable (hasta cinco veces menor) de bacterias del género Megamonas y también una disminución significativa del grupo bacteriano Eubacterium brachy, ambos implicados en la extracción energética y la regulación del tejido graso corporal.

Mar Larrosa, investigadora principal del estudio en la Universidad Complutense de Madrid, señala: “Estas diferencias microbiológicas podrían reflejar adaptaciones metabólicas tempranas relacionadas con el riesgo genético de alzhéimer, que aparecen mucho antes de que existan síntomas o alteraciones cerebrales detectables”.

Adaptaciones microbianas frente al estrés oxidativo

El equipo también detectó cambios importantes en las funciones metabólicas de estas bacterias. En concreto, observaron un incremento en las rutas bacterianas relacionadas con la producción de carotenoides, pigmentos con propiedades antioxidantes cuya concentración suele ser más baja en los portadores del gen APOE4.

Este cambio podría interpretarse como una respuesta compensatoria al mayor estrés oxidativo al que estas personas están predispuestas. También detectaron un aumento en el metabolismo bacteriano de la trehalosa, un azúcar con función neuroprotectora, cuya mayor degradación podría reducir su disponibilidad en el organismo y afectar negativamente a la salud cerebral.

Carlo Bressa matiza estos resultados explicando que “el aumento en la producción de carotenoides podría interpretarse como una adaptación de la microbiota intestinal frente al mayor estrés oxidativo que acompaña al gen APOE4. Sin embargo, el aumento del metabolismo bacteriano de la trehalosa podría disminuir su disponibilidad en el organismo, lo cual paradójicamente reduciría su potencial neuroprotector y podría tener un impacto negativo en la salud cerebral a largo plazo”.

Un posible diagnóstico precoz y no invasivo

Uno de los aspectos más relevantes y prometedores del estudio es la posibilidad de utilizar estas diferencias microbianas como biomarcadores tempranos y no invasivos del riesgo de alzhéimer. “Estos patrones específicos en la microbiota intestinal podrían constituir biomarcadores tempranos de riesgo en personas sanas, antes de que aparezcan los primeros síntomas neurológicos”, señala Mar Larrosa.

Asimismo, estos resultados abren posibles vías de prevención personalizada, ya que conocer estos marcadores tempranos podría facilitar intervenciones dietéticas específicas o el uso dirigido de probióticos para modular favorablemente la microbiota en personas con predisposición genética al alzhéimer No obstante, los expertos aclaran que es necesario validar estos hallazgos en cohortes más grandes y diversas antes de que puedan ser utilizados de manera efectiva en la clínica.

El papel clave del intestino en la salud cerebral

Aunque estos resultados son prometedores, los investigadores insisten en que todavía queda mucho por entender. No se sabe con certeza si los cambios observados en la microbiota intestinal de los portadores del gen APOE4 son una causa directa del alzhéimer, una respuesta temprana del organismo o ambas cosas a la vez.

Lo que sí está claro es que el intestino y sus microorganismos tienen un papel más importante del que se pensaba en la salud cerebral. Este estudio es un paso más en una línea de investigación que está ganando cada vez más fuerza: la que estudia cómo nuestra microbiota puede influir, a largo plazo, en el funcionamiento del cerebro.

Por eso, el equipo investigador subraya la necesidad de seguir estudiando este fenómeno en grupos más amplios y diversos de personas, para comprobar si estas diferencias microbianas podrían usarse algún día como herramientas de diagnóstico precoz o como dianas para intervenciones preventivas. Mientras tanto, cuidar la salud intestinal desde etapas tempranas podría convertirse en una de las claves para proteger el cerebro a lo largo de la vida.

Sobre el autor:  Lucas Leal para 65 y Mas

LA EXPOSICIÓN A LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE ESTÁ VINCULADA A UN MAYOR NÚMERO DE INFARTOS

Un equipo de investigadores de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC) ha descubierto que la exposición a la contaminación del aire está relacionado con el aumento del número de infartos, así como un incremento de la mortalidad por esta causa.

El estudio, publicado en la Revista Española de Cardiología, ha mostrado como el riesgo de muerte aumenta un 14 por ciento tras ingresar en el hospital por un infarto, todo ello tras analizar datos de contaminación atmosférica, temperatura y humedad obtenidos de las bases de datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y de la información sobre ingresos hospitalarios por infarto agudo de miocardio y sobre mortalidad hospitalaria del Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD), cedido por el Ministerio de Sanidad.

Más contaminación, más infartos

«Nuestros resultados resaltan que concentraciones de PM2.5 superiores a 10 microgramos por metro cúbico en los tres días previos al ingreso se asocian con un incremento significativo en los ingresos hospitalarios por infarto agudo de miocardio. Esto son 22 infartos más por cada 1.000 ingresos», ha afirmado la especialista en Cardiología e investigadora Raquel Campuzano, primera firmante del estudio junto con Julio Núñez Villota.

Tras ello, ha explicado que las concentraciones superiores a 25 microgramos por metro cúbico se asocian con un riesgo incrementado de muerte durante el ingreso por infarto, unos hallazgos que pueden contribuir a implementar estrategias de prevención y políticas públicas más efectivas contra la contaminación atmosférica.

Este fenómeno supone un factor de riesgo «emergente y significativo» para las enfermedades cardiovasculares, y es que las partículas de la materia en suspensión en el aire (PM2.5 y PM10) son productos contaminantes con alto impacto medioambiental que, cuanto menor es su tamaño, más dañinas para la salud pueden resultar.

«Sabemos que estas partículas pueden provocar inflamación en el cuerpo, alterar el funcionamiento de los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de coágulos. Estos efectos están directamente relacionados con el avance de la aterosclerosis (el endurecimiento y estrechamiento de las arterias) y con la rotura de las placas que se forman en ellas, lo que puede desencadenar eventos graves como un infarto», ha expresado el investigador Jordi Bañeras, otro de los autores del estudio.

Un estudio pionero en España

Los investigadores han subrayado que se trata de la primera vez que se analizan estos datos en todo un país, y es que se han asociado con 122 hospitales del Sistema Nacional de Salud (SNS) con estaciones de mediciones ambientales ubicadas en un radio de 10 kilómetros mediante coordenadas geográficas, y han incluido a 115.071 pacientes mayores de 18 años con diagnóstico de infarto agudo de miocardio entre 2016 y 2021.

El estudio también ha contado con una beca de investigación no condicionada de Sanitas y con el apoyo técnico y metodológico de la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (Fundación IMAS).

La contaminación ambiental está ganando cada vez más atención en el ámbito de la Cardiología debido a la cada vez mayor evidencia de su vínculo con las enfermedades cardiovasculares, motivo por el que el próximo Congreso Europeo de Cardiología, que tendrá lugar en Madrid entre el 29 de agosto y el 1 de septiembre, incluirá hasta 16 sesiones o ponencias al respecto.

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Cerlesky Pérez

EL IPC PONE EN JAQUE EL PODER ADQUISITIVO DE LOS PENSIONISTAS, CON PRECIOS EL 2,7% MÁS CAROS

El dato de inflación de agosto confirma que el encarecimiento de los precios de la cesta de la compra está poniendo en jaque el poder adquisitivo de los pensionistas, reactivando la alarma de nuevos apuros para millones de hogares.

Y es que el alza del IPC en el octavo mes del año supone ya el 2,7% en tasa anual, según ha avanzado este viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que la subida general aplicada a las pensiones es del 2,8% desde enero. Es decir, prácticamente, lo comido por lo servido, como reza el dicho popular

Otros dos factores de preocupación para el bolsillo de los jubilados son, por una parte, que la inflación se halla en su nivel más alto desde febrero de este año, y, por otra, que la tasa subyacente (sin alimentos no elaborados ni productos energéticos) ha vuelto a subir, hasta el 2,4%. Este indicador es clave, pues detecta la persistencia (o no) de tensiones inflacionistas asentadas en la economía de un país.

De hecho, UGT ya avisa de la tendencia al alza del IPC subyacente, que con el 2,4% interanual en agosto, marca su valor más alto desde abril. «El repunte de la inflación en los últimos meses la ha alejado el objetivo del 2% fijado por el Banco Central Europeo, con una tasa subyacente que, eliminando los elementos más volátiles, muestra una tendencia moderadamente creciente. A este contexto hay que sumarle el posible impacto negativo de los aranceles impuestos por Trump y la persistencia de las tensiones geopolíticas a nivel mundial», pone de relieve el sindicato.

UGT considera que las empresas siguen teniendo capacidad para rebajar temporalmente la presión sobre los precios, y alerta de que los precios de la vivienda superan los niveles de la burbuja de 2008 en varias comunidades autónomas.

Con carácter general, todos los pensionistas de la Seguridad Social han visto subir su nómina un 2,8% desde el 1 de enero de 2025, tanto los titulares de pensiones contributivas como los funcionarios de Clases Pasivas, lo que se ha traducido en unos 600 euros/año más para la paga media de jubilación.

Este incremento, decidido por el Gobierno en virtud de la Ley 21/2021, debería servir para proteger a los pensionistas frente a las subidas de precios de los alimentos y las facturas del hogar, pero la marcha de la inflación hasta agosto muestra que el encarecimiento de la cesta de la compra es ya casi lo mismo que han subido sus pagas, y amenaza con hacerles otro roto en el bolsillo.

 Según denuncian los movimientos y plataformas de jubilados, la merma del poder adquisitivo es un hecho, porque la inflación no es cosa de unos meses, sino que ha azotado a los ciudadanos desde 2022. Alertan asimismo de que el riesgo de penuria debido a esta acelerada carestía es severo para millones de jubilados, muy vulnerables económicamente, por el hecho de que la inmensa mayoría solo dispone de la pensión para vivir, y más de la mitad cobra menos, o en torno a 1.000 euros mensuales, sobre todo, mujeres de edad avanzada.

Y, según la Encuesta de Hábitos de Compra y Consumo de 2024, casi 4 de cada 10 consumidores se sienten vulnerables en materia de alimentación. Además, el 81% ha modificado sus hábitos de compra, en busca de precios más competitivos y un mejor aprovechamiento de los alimentos.

Naranjas, peras y huevos por las nubes

El agujero en el bolsillo de los jubilados lo provocan sobre todo los alimentos, que en julio (último mes disponible en el INE) aumentaron en conjunto el 2,7% respecto al año pasado, aunque con productos básicos cuyo precio el mes pasado era hasta el 18% más elevado, como es el caso de los huevos, según datos oficiales.

Y en agosto el encarecimiento continúa, según constata un informe de la organización de consumidores Facua: señala que las naranjas, peras y cebollas son los tres alimentos que estuvieron afectados por la rebaja del IVA que más han elevado su precio en los grandes supermercados en agosto. Su estudio analiza la evolución de los precios entre principios de julio y mediados de agosto de 2025 en ocho cadenas en una serie de productos básicos.

Más en detalle, detecta que la malla de naranjas de cuatro kilos ha experimentado de media un incremento de precio del 8,8% en los supermercados. A su vez, las peras conferencia se han encarecido de media un 4,3% en las últimas semanas, mientras que las cebollas cuestan en agosto una media de 3% más.

Según Facua, otros productos de primera necesidad, como la leche entera, también registran sustanciales alzas de precios: un 2,9% más de media. En agosto también aumentó el precio de las manzanas golden, que cuestan un 2,6% más.

La ola de calor que ha vivido España en agosto va a pasar factura al bolsillo. Con temperaturas por encima de los 40 °C en diferentes provincias, la demanda eléctrica se ha disparado más de un tercio frente al año anterior.

Fuentes de la industria y de las asociaciones de consumidores calculan que la factura de la luz subirá unos 18 euros por el uso del aire acondicionado en agosto, ya que otros electrodomésticos se pueden programar para las horas donde la electricidad sea más barata, pero el aire acondicionado o los ventiladores hay que utilizarlos cuando hace calor, con independencia del precio de la luz en ese momento.

Este hecho puntual de la ola de calor en agosto hace otro roto al poder adquisitivo de millones de ciudadanos, y en especial afecta a los jubilados con pagas mínimas o muy bajas, para quienes cualquier extra en el presupuesto mensual representa un serio apuro económico.

Sobre el autor: Pepa Montero para 65 y Mas

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JUAN CRISÓSTOMO

Juan fue un as de la palabra desde muchacho. El famoso rector Libonio, su maestro, que veía en el joven a su natural sucesor, sintió mucho cuando aquel alumno prometedor prefirió la fe a la atractiva retórica. “¡Si los cristianos no me lo hubieran robado!”, exclamará. En efecto, Juan sí fue “robado” por la atracción que sentía por las palabras sagradas, que estudia con atención en el círculo de Diodoro, futuro obispo de Tarso. San Pablo es uno de sus preferidos, al que le dedicará mucho en pensamientos y páginas. Pero toda la Biblia, con sus enseñanzas, deja una huella profunda en aquel joven de Antioquía que se prepara para convertirse en una espada de doble filo en el oriente cristiano del siglo V, precisamente por aquel talento de decir las cosas sabiendo que lo dice bien.

El espíritu no el vientre

El obispo Fabiano lo ordenó sacerdote pero Juan, desde los años del diaconato, demuestra rotundamente que su capacidad de hablar a la gente de las Escrituras es fuera de lo común. Antes de esta fase, el joven también hace la experiencia eremítica – seis años en el desierto, los últimos dos en una caverna – y esto consolida en él un carácter de sobriedad que confiere ulterior fuerza a sus palabras que sacuden siempre por su franqueza. Predica el amor concreto a los hermanos más pobres, insta a los monjes a realizar obras de caridad y a desprenderse del dinero; impulsa a los laicos a evitar la telaraña de la corrupción. En suma, más espacio al espíritu y menos a la carne. Juan es un moralista, en el sentido positivo del término, para una época en la que extraer de los dichos bíblicos normas de comportamiento coherentes con la vida de un bautizado era el camino que se recorría con frecuencia.

Patriarca incómodo

Cuando tenía alrededor de 50 años, en el 397, da el gran salto. Juan está en Constantinopla para suceder al Patriarca Nectario. Cambia el papel: gran visibilidad y cercanía a la corte. El único que no cambia es Juan. El fustigador de la corrupción – que en los palacios del poder bizantino pulula – es fiel a su estilo. La gente lo ama por eso, tal como lo testimonian sus contemporáneos. Los que comienzan a detestarlo cada vez más abiertamente son la nobleza y el clero, apegados a sus privilegios y de aquel hombre que, en lugar de alinearse a los modos del círculo del que ha entrado a formar parte, reciben frases que no hacen descuentos. Indolencia y vicios, sobre todo por parte de quien viste una túnica, son los blancos preferidos. Y a las palabras siguen los hechos. Muchos presbíteros son removidos por indignidad, incluido el obispo de Éfeso. Para muchos es demasiado. Y contra un hombre que en el fondo es más ingenuo que astuto, parte la lista de intrigas.

“Boca de oro”

Capitanea la fronda contra Juan el Patriarca de Alejandría, Teófilo, y la emperatriz Eudoxia. En su ausencia convocan un sínodo que obliga a Juan al exilio. Corre el año 403, pero el alejamiento dura poco. Por aclamación popular, Juan regresa a Constantinopla y sus adversarios vuelen a lanzar el desafío. El 9 de junio del 404 una nueva condena lo aleja del centro del Imperio. El antiguo eremita encuentra una soledad forzada. Juan “boca de oro”, tal como será apodado tiempo después, muere en el año 407, en Comana Pontica, durante uno de los tantos traslados que debía realizar. Su sabiduría permanece intacta a lo largo de los siglos, corroborada por centenares de escritos de un hombre y un sacerdote convencido de que “en todas las cosas” deba darse “gloria a Dios”.

Fuente: Vatican News

BUSCAR AL CULPABLE O AYUDAR A LA VICTIMA

No se trata necesariamente de una alternativa. Se puede buscar al culpable y, al mismo tiempo, ayudar a la víctima. Incluso, la búsqueda del culpable puede redundar en bien de la víctima, si esta búsqueda conduce a evitar nuevos males. Pero, a veces, da la impresión de que nuestros políticos ponen el acento en la búsqueda del culpable. Más aún, buscan un culpable para evitar así responsabilidades propias. Cuando ocurre una catástrofe que perjudica a los ciudadanos, lo habitual es que el gobierno local dé la culpa al nacional, el gobierno nacional devuelva las culpas al local o quizás diga que la empresa que tenía encomendada la seguridad no ha cumplido; por su parte la empresa devuelve las culpas al gobierno porque en sus presupuestos no tiene en cuenta la mejora de las infraestructuras. El culpable siempre es “el otro”.

Ocurre lo mismo con los inmigrantes recogidos en malas pateras en el mar mediterráneo. Nadie asume responsabilidades y todos transmiten las culpas a otros. O con los niños y mujeres maltratados por el clero (0,2%) y por el no clero (99,7%). Está bien señalar culpables, pero, sobre todo cuando los culpables ya no pueden responder (bien porque han fallecido o el delito ha prescrito), lo importante sería echar una mano a los dañados. Algo similar cabe decir a propósito de la crítica a determinadas leyes permisivas (del aborto, por ejemplo). No basta con condenarlas. Habrá que presionar para que otras leyes sociales (ayuda a mujeres solteras embarazadas, facilidades para la adopción) sirvan de contrapunto a estas leyes permisivas.

Sea quien sea el culpable, lo cierto es que ahí están los muertos, los heridos y los náufragos. Habrá que ayudarles. El Occidente cristiano se ha mostrado muy preocupado por la culpabilidad. Nuestro sistema judicial y nuestra moral, sin olvidar nuestras películas y novelas policíacas, se han regido por la búsqueda del culpable. Jesús no busca culpables ante el mal, entre otras cosas porque con eso no se resuelve el verdadero pro­blema y hasta se corre el riesgo de situarse al margen del problema. Jesús se preocupa de las víctimas. El verdadero responsable, o sea, el que responde del mal, no es el culpable, ni el acusador, sino el que se acerca al herido (como resulta claro en la parábola del buen samaritano).

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

CATEQUESIS PAPA LEON XIV JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. III. LA PASCUA DE JESÚS. 4. LA ENTREGA. «¿A QUIÉN BUSCAN?» (JN 18,4)

Hoy nos detenemos en una escena que marca el inicio de la pasión de Jesús: el momento de su detención en el huerto de los Olivos. El evangelista Juan, con su habitual profundidad, no nos presenta a un Jesús asustado, que huye o se esconde. Al contrario, nos muestra a un hombre libre, que se adelanta y toma la palabra, afrontando con valentía la hora en la que puede manifestarse la luz del amor más grande.

«Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?”» (Jn 18,4). Jesús lo sabe. Sin embargo, decide no retroceder. Se entrega. No por debilidad, sino por amor. Un amor tan pleno, tan maduro, que no teme el rechazo. Jesús no es capturado: se deja capturar. No es víctima de un arresto, sino autor de un don. En este gesto se encarna una esperanza de salvación para nuestra humanidad: saber que, incluso en la hora más oscura, se puede seguir siendo libre para amar hasta el final.

Cuando Jesús responde «Soy yo», los soldados caen al suelo. Se trata de un pasaje misterioso, ya que esta expresión, en la revelación bíblica, evoca el nombre mismo de Dios: «Yo soy». Jesús revela que la presencia de Dios se manifiesta precisamente allí donde la humanidad experimenta la injusticia, el miedo y la soledad. Precisamente allí, la luz verdadera está dispuesta a brillar sin temor a ser abrumada por el avance de las tinieblas.

En plena noche, cuando todo parece derrumbarse, Jesús muestra que la esperanza cristiana no es evasión, sino decisión. Esta actitud es fruto de una profunda oración en la que no se pide a Dios que nos libre del sufrimiento, sino que nos dé la fuerza para perseverar en el amor, conscientes de que la vida ofrecida libremente por amor nadie nos la puede quitar.

«Si me buscan a mí, dejen que estos se vayan» (Jn 18,8). En el momento de su detención, Jesús no se preocupa por salvarse a sí mismo: solo desea que sus amigos puedan irse libres. Esto demuestra que su sacrificio es un verdadero acto de amor. Jesús se deja capturar y encarcelar por los guardias solo para poder dejar en libertad a sus discípulos.

Jesús vivió cada día de su vida como preparación para este momento dramático y sublime. Por eso, cuando llega, tiene la fuerza de no buscar una vía de escape. Su corazón sabe bien que perder la vida por amor no es un fracaso, sino que posee una misteriosa fecundidad. Como el grano de trigo que, al caer en tierra, no permanece solo, sino que muere y da fruto.

También Jesús se siente turbado ante un camino que parece conducir solo a la muerte y al fin. Pero está igualmente convencido de que solo una vida perdida por amor, al final, se reencuentra. En esto consiste la verdadera esperanza: no en tratar de evitar el dolor, sino en creer que, incluso en el corazón de los sufrimientos más injustos, se esconde la semilla de una nueva vida.

¿Y nosotros? Cuántas veces defendemos nuestra vida, nuestros proyectos, nuestras seguridades, sin darnos cuenta de que, al hacerlo, nos quedamos solos. La lógica del Evangelio es diferente: solo lo que se da florece, solo el amor que se vuelve gratuito puede devolver la confianza incluso allí donde todo parece perdido.

El Evangelio de Marcos también nos habla de un joven que, cuando Jesús es arrestado, huye desnudo (Mc 14,51). Es una imagen enigmática, pero profundamente evocadora. También nosotros, en nuestro intento de seguir a Jesús, vivimos momentos en los que nos vemos sorprendidos y quedamos despojados de nuestras certezas. Son los momentos más difíciles, en los que nos sentimos tentados de abandonar el camino del Evangelio porque el amor nos parece un viaje imposible. Sin embargo, será precisamente un joven, al final del Evangelio, quien anunciará la resurrección a las mujeres, ya no desnudo, sino vestido con una túnica blanca.

Esta es la esperanza de nuestra fe: nuestros pecados y nuestras vacilaciones no impiden que Dios nos perdone y nos devuelva el deseo de retomar nuestro seguimiento, para hacernos capaces de dar la vida por los demás.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos también nosotros a entregarnos a la buena voluntad del Padre, dejando que nuestra vida sea una respuesta al bien recibido. En la vida no es necesario tenerlo todo bajo control. Basta con elegir cada día amar con libertad. Esta es la verdadera esperanza: saber que, incluso en la oscuridad de la prueba, el amor de Dios nos sostiene y hace madurar en nosotros el fruto de la vida eterna.

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. III. LA PASCUA DE JESÚS. 3. EL PERDÓN. «LOS AMÓ HASTA EL FINAL» (JN 13,2)

Hoy nos detenemos en uno de los gestos más conmovedores y luminosos del Evangelio: el momento en que Jesús, durante la última cena, ofrece el bocado a aquel que está a punto de traicionarlo. No es solo un gesto de compartir, es mucho más: es el último intento del amor por no rendirse.

San Juan, con su profunda sensibilidad espiritual, nos cuenta así ese instante: «Durante la cena, cuando el diablo ya había puesto en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de traicionarlo […] Jesús, sabiendo que había llegado su hora […] los amó hasta el final» (Jn 13,1-2). Amar hasta el final: esta es la clave para comprender el corazón de Cristo. Un amor que no se detiene ante el rechazo, la decepción, ni siquiera la ingratitud.

Jesús conoce la hora, pero no la sufre: la elige. Es Él quien reconoce el momento en que su amor tendrá que pasar por la herida más dolorosa, la de la traición. Y en lugar de retirarse, acusar, defenderse… sigue amando: lava los pies, moja el pan y lo ofrece.

«Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato»(Jn 13,26). Con este gesto sencillo y humilde, Jesús lleva adelante y a fondo su amor. No porque ignore lo que está sucediendo, sino precisamente porque lo ve con claridad. Ha comprendido que la libertad del otro, incluso cuando se extravía en el mal, todavía puede alcanzarse con la luz de un gesto manso. Porque sabe que el verdadero perdón no espera el arrepentimiento, sino que se ofrece primero, como un don gratuito, incluso antes de ser acogido.

Judas, por desgracia, no lo comprende. Después de dar el bocado —dice el Evangelio— «Satanás entró en él» (v. 27). Este pasaje nos impacta: es como si el mal, hasta ese momento oculto, se manifestara después de que el amor mostrara su rostro más desarmado. Y precisamente por eso, hermanos y hermanas, ese bocado es nuestra salvación: porque nos dice que Dios lo hace todo, absolutamente todo, para llegar a nosotros, incluso en el momento en que lo rechazamos.

Es aquí donde el perdón se revela en toda su potencia y manifiesta el rostro concreto de la esperanza. No es olvido, no es debilidad. Es la capacidad de dejar libre al otro, amándolo hasta el final. El amor de Jesús no niega la verdad del dolor, pero no permite que el mal sea la última palabra. Este es el misterio que Jesús realiza por nosotros, en el que también nosotros, a veces, estamos llamados a participar.

Cuántas relaciones se rompen, cuántas historias se complican, cuántas palabras no dichas quedan en el aire. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que siempre hay una manera de seguir amando, incluso cuando todo parece irremediablemente comprometido. Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro.

Cuando Judas sale de la habitación, «era de noche» (v. 30). Pero inmediatamente después, Jesús dice: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado» (v. 31). La noche sigue ahí, pero una luz ya ha comenzado a brillar. Y brilla porque Cristo permanece fiel hasta el final, y así su amor es más fuerte que el odio.

Queridos hermanos y hermanas, nosotros también vivimos noches dolorosas y agotadoras. Noches del alma, noches de decepción, noches en las que alguien nos ha herido o traicionado. En esos momentos, la tentación es cerrarnos, protegernos, devolver el golpe. Pero el Señor nos muestra que hay esperanza, que siempre hay otro camino. Nos enseña que se puede ofrecer un bocado incluso a quien nos da la espalda. Que se puede responder con el silencio de la confianza. Y que se puede seguir adelante con dignidad, sin renunciar al amor.

Hoy pedimos la gracia de saber perdonar, incluso cuando no nos sentimos comprendidos, incluso cuando nos sentimos abandonados. Porque es precisamente en esos momentos cuando el amor puede alcanzar su cima. Como nos enseña Jesús, amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar— sin dejar nunca de creer que incluso esa libertad, herida y perdida, puede ser arrancada del engaño de las tinieblas y devuelta a la luz del bien.

Cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos.

Jesús, con el sencillo gesto de ofrecer el pan, muestra que toda traición puede convertirse en una oportunidad de salvación, si se elige como espacio para un amor más grande. No cede ante el mal, sino que lo vence con el bien, impidiendo que apague lo que hay de más verdadero en nosotros: la capacidad de amar.

Fuente: The Holy See