SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

La grandeza de la “compasión”

La grandeza de la compasión…

teóricamente reconocida, pero poco practicada en un mundo como el nuestro

con una “cultura del individualismo”,

la prisa, lo inmediato, la indiferencia hacia el otro y el descarte, que deja a muchas personas “heridas”

al borde del camino de la vida,

a la espera de que llegue un “samaritano” que se “compadezca” de ellas

y se haga “prójimo” con ellas.

La grandeza de la compasión…

inicia su proceso en el “sentimiento de alteridad” que brota del corazón

y finaliza en el “compromiso” con el sufrimiento ajeno, tanto corporal como mental y espiritual.

La compasión que se queda en la pura emoción

sin llegar a la “acción”, no es verdadera compasión. El “buen samaritano” es el ejemplo:

“Un samaritano que iba de camino vio a un hombre herido y sintió compasión de él.

Se acercó, lo curó, se hizo cargo de él, lo cuidó y lo llevó al posadero.

-¿Quién de los tres que lo vieron

te parece que fue el prójimo del hombre herido? El maestro de la ley respondió:

-El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo:

-Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10,30).

La grandeza de la compasión…

tanto a nivel personal como planetario

viene dada esencialmente por la relación con el sufrimiento, en cualquiera de sus manifestaciones,

y con la persona sufriente.

“Una sociedad que no acepta a los que sufren

y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a lograr que el sufrimiento sea compartido

y sobrellevado interiormente,

es una sociedad cruel y deshumanizada” (Benedicto XVI).

La grandeza de la compasión…

tiene el valor añadido que le dio Jesús viviéndola, practicándola y recomendándola. “Jesús vio que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre que era viuda.

Jesús tuvo compasión de ella y le dijo: “No llores”

Y al muerto le dijo: “Muchacho, a ti te digo, ¡levántate!” El muerto se sentó y comenzó a hablar” (Lc 7,11).

“Un mendigo ciego oyó que pasaba Jesús y comenzó a gritar: -¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Jesús se detuvo y preguntó al ciego: -“¿Qué quieres que haga por ti?”

-Maestro, quiero recobrar la vista.

Jesús le dijo: “Puedes irte, tu fe te ha salvado” (Mc 10,46). “Jesús, viendo a la gente, sentía compasión,

porque estaban angustiados y desvalidos como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,35).

La grandeza de la compasión…

se alcanza cuando alguien, voluntariamente, se acerca a la persona que sufre,

se hace “prójimo” con ella

y compadeciéndose, le ofrece ayuda.

“El verdadero remedio para las heridas de la humanidad es un estilo de vida basado en el amor fraterno,

que tiene su raíz en el amor de Dios” (Papa Francisco).

“Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mi culpa. ¡Lávame de mi maldad!

¡Límpiame de mi pecado!” (Sal 51,1).

Julián del Olmo

Domingo, 5 de julio de 2026

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN NICOLÁS PIECK Y COMPAÑEROS

San Nicolás Pieck o Pick junto con otros diez franciscanos del convento de la pequeña ciudad holandesa de Gorcum, junto con otros ocho sacerdotes y religiosos, fueron martirizados por los calvinistas en Brielle por negarse a apostatar de la fe y, en especial, a retirar su obediencia al Papa.

La primera página de la historia de la nacionalidad holandesa está manchada de sangre. Hoy quisieran borrarla todos los holandeses, aun los protestantes más reaccionarios. Fueron jornadas inexplicables en un pueblo que pasa como prototipo de cordura y de sentido de tolerancia.

Para comprender lo que entonces sucedió precisa trasladarse al clima político y religioso, también social, de los Países Bajos de la segunda mitad del siglo XVI, ricos y superpoblados, invadidos por los predicantes calvinistas y alzados en guerra sin cuartel contra el dominio español.

El año 1566, con la aparición en escena del partido de los gueux o «mendigos», señala el comienzo de una serie de devastaciones iconoclastas en todo el Flandes español, no sin connivencia de la nobleza. Felipe II envía al duque de Alba. La sola presencia del gran estratega, alma recta y mano dura, impone el orden y el silencio. Silencio rencoroso, precursor de las grandes catástrofes. Guillermo de Nassau saca partido de la situación para levantar la bandera de la independencia. El de Alba le derrota en todos los frentes. Pero allí queda la pesadilla de los «mendigos del mar», guarecidos en las islas que ciñen la costa. Gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed del pillaje. Desde 1571 los manda el conde de la Marck, que ha jurado no raparse la barba ni cortarse las uñas hasta el día en que haya vengado, en los sacerdotes y religiosos, la muerte de los condes de Egmont y de Hornes, ajusticiados por los españoles. Un golpe audaz le ha puesto en posesión de la importante plaza fuerte de Brielle, en la desembocadura del Mosa. Iglesias y conventos son saqueados, quemadas las imágenes, asesinados con crueldad refinada los eclesiásticos que no logran ponerse a salvo.

El 25 de junio de 1572 una flotilla, mandada por el capitán Marino Brant, atacaba la pequeña ciudad de Gorkum. Las fuerzas fieles al rey hubieron de hacerse fuertes en la ciudadela, donde fueron a refugiarse todos los sacerdotes y religiosos. Pertenecían al clero secular el párroco Leonardo Vechel, su coadjutor Nicolás Janssen y un anciano de setenta años, por nombre Godofredo van Duynen. Los dos primeros, en la plenitud de sus fuerzas y de su celo pastoral, intrépidos defensores de su grey y llenos de caridad con los pobres. El anciano vivía retirado en su casa de Gorkum, debido al trastorno de sus facultades mentales, que no le impedía ejercer las funciones sacerdotales ni llevar una intensa vida interior.

El grupo más importante de los refugiados estaba formado por trece franciscanos de la Observancia, que componían, con algunos más, la comunidad existente en la ciudad. Gobernábala como guardián un religioso de dotes excepcionales, el padre Nicolás Pieck, joven de treinta y ocho años, en cuyo semblante se espejaban a la par la penetración de la mente y la limpidez serena del espíritu. Era su vicario el padre Jerónimo de Weert, de trato agradable y ejemplar en la guarda de sus obligaciones religiosas. Venían después los padres Nicasio de Heeze, eximio director de almas; Teodoro van der Eem, anciano de setenta años que desempeñaba la capellanía del monasterio de religiosas de la Tercera Orden; Willehald de Dinamarca, venerable y austero nonagenario, expulsado de su patria por la persecución protestante; Godofredo de Melveren, asiduo apóstol del confesonario; Antonio de Weer, Antonio de Hoornaert, el recién ordenado Francisco van Rooy, y un padre Guillermo, que constituía la nota discordante del cuadro, pues tenía contristada a la comunidad con su conducta poco regulada. Completaban la comunidad los hermanos legos fray Pedro de Assche, fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende y el novicio de dieciocho años fray Enrique.

Había también un religioso agustino, el padre Juan de Oosterwyk, capellán del segundo monasterio de religiosas de Gorkum. Las dos comunidades femeninas habían sido puestas a salvo con anterioridad.

Asimismo habían dejado la ciudad a tiempo los canónigos del Cabildo, a excepción del doctor Pontus van Huyter, administrador de los bienes capitulares. Se hallaba con los demás en el castillo.

En la noche del 27 de junio la guarnición tuvo que capitular. Brant juró respetar la vida y la libertad de todos los defensores y refugiados. Pero ¿podía confiarse en la palabra de aquella gente? Como primera precaución todos se confesaron y se aprestaron con el Pan de los fuertes para la inmolación.

Las escenas que siguieron vinieron a confirmar plenamente los presentimientos. Primero el saqueo general. Después el despojo de los detenidos uno a uno. Los gueux querían dinero, y como los franciscanos, fieles cumplidores de su regla, no lo llevaban, fueron maltratados sin piedad. El hallazgo de los cálices y demás vasos sagrados, ocultados en la torre, dio pie para una orgía sacrílega. Durante ocho días tuvieron que soportar cuantas burlas y crueldades es capaz de inventar una soldadesca ebria: parodias litúrgicas, simulacros de ejecución, torturas inauditas. Al padre Pieck le suspendieron con su propio cordón; éste se rompió, y el guardián cayó al suelo sin sentido. Los verdugos, para comprobar si había muerto, aplicáronle una llama a los oídos, a la nariz y en el interior de la boca.

Para curarle fue preciso llamar un cirujano, que resultó ser su propio cuñado, ardid de que se sirvieron los familiares para ver de libertarlo, como ya se había conseguido con otros dos sacerdotes. El padre Pieck, en efecto, era natural de Gorkum, donde tenía parientes y amigos de influencia. Merced a ellos tuvo desde el primer momento la libertad en su mano. Su respuesta, sin embargo, lo mismo ante el cirujano que ante sus dos hermanos, ladeados ya hacia la herejía y empeñados hasta el trance final en doblegarle con ruegos, persuasiones y amenazas, fue invariablemente la del superior fiel a su puesto: -No aceptaré la libertad si no es juntamente con mis religiosos.

El 7 de julio eran conducidos a Brielle. Los reclamaba el conde de la Marck desde su cuartel general. Y el emisario de confianza fue el canónigo apóstata Juan de Omal, auténtica estampa de renegado. Las befas y malos tratos se multiplicaron durante el trayecto y a la llegada al puerto de Brielle. Medio desnudos y atados de dos en dos fueron conducidos a la ciudad, entre los insultos soeces del populacho, y obligados a parodiar una procesión. El canto escogido por los confesores de la fe fue el Te Deum.

En la inmunda cárcel donde fueron hacinados hallaron a los párrocos Andrés Wouters y Andrés Bonders. Aquel mismo día se les unieron dos religiosos premonstratenses: Jacobo Lacops, que seis años antes había dado el escándalo de hacerse pastor protestante, pero lo había reparado con una vida ejemplar, y Adrián de Hilvarenbeek. Sumaban en total veintitrés los prisioneros.

Era demasiado hermoso. El conde de la Marck y su satélite Juan de Omal buscaban la apostasía. Y se iniciaron taimados interrogatorios, proposiciones, disputas sobre puntos de fe. Fue conmovedora la respuesta en que se cerró el lego fray Cornelio, ante las capciosas argumentaciones: -Yo creo todo lo que cree mi superior.

Hubo defecciones dolorosas. Pontus van Huyter y Andrés Bonders lograron la libertad claudicando. El guardián hubo de sufrir el ataque supremo de los suyos: ¡qué le costaba lograr que sus religiosos, sin negar ningún artículo de la fe, retiraran la obediencia al Papa, al menos fingidamente!

A la una de la mañana del día 9 fue la ejecución. Pieck subió el primero a la horca, sin dejar de animar a los demás. Ante el patíbulo hubo aún otras dos deserciones: la del padre Guillermo, tibio hasta el final, y la del novicio imberbe fray Enrique. Los demás afrontaron la muerte con serenidad, resistiendo hasta el final las insinuaciones de los ministros calvinistas.

Los diecinueve fueron canonizados por Pío IX el 29 de junio de 1867.

Los pormenores del martirio, con las noticias concernientes a cada uno de los santos, constan día a día por las fuentes más veraces que pudieran desearse. El escritor Pontus van Huyter lavó la mancha de su defección escribiendo más tarde el relato verificado de cuanto había presenciado. Hay otros relatos contemporáneos, basados en testigos oculares, entre éstos el mismo novicio fray Enrique, que hizo penitencia, ingresando de nuevo en la Orden. La obra fundamental es la de V. G. Estius (Van Est), Historia Martyrum Gorcomiensium (Douai 1603). El autor conoció personalmente a casi todos los mártires y se informó diligentemente. Modernamente ha hecho el estudio definitivo, en la colección «Les Saints», H. Meuffels, C.M., Les Martyrs de Gorcum (París 1908).

(por Lázaro Iriarte, o.f.m.cap.)

MARISOL Y ANTONIO, PRESENTES EN EL BERNABÉU CON EL PAPA LEÓN XIV: «LOS MAYORES SOMOS CON LOS QUE LA IGLESIA PUEDE CONTAR SIEMPRE»

La visita del Papa León XIV ha mostrado la polifonía de la Iglesia que camina en Madrid, como él mismo señaló en el Bernabéu: jóvenes, niños, familias, vida religiosa, clero, laicos comprometidos y mayores, que han acompañado al Santo Padre en toda su estancia en Madrid mostrando su entusiasmo en las calles, participando de la Eucaristía o poniendo sus dones al servicio para que cada peregrino pudiera tener su encuentro personal con Jesucristo.

Marisol Tormo tiene 85 años, es viuda desde hace 35 y tiene cinco hijos, nueve nietos y una biznieta. «Feliz y contenta», dice, enérgica, resumiendo su vida. Marisol está integrada en la parroquia Nuestra Señora de Altagracia y en Vida Ascendente, donde aprenden a mirar su realidad a la luz del Evangelio.

«Los mayores todavía tenemos muchas cosas que decir», apunta cuando le preguntamos por su vida en la Iglesia. «Que no produzcamos no quiere decir que no podamos aportar». «Somos pilares en la Iglesia» y, por eso, «que no nos aparten». Sí, continúa, los servicios sociales se preocupan «de que estemos bien cuidados, bien atendidos», pero también es importante que se ocupen «de la fe de los mayores».

Marisol, que en el encuentro diocesano en el Bernabéu pudo ver pasar al Papa muy cerca de ella, continúa explicando que «los mayores somos con los que la Iglesia puede contar siempre: somos los que tenemos tiempo para cuidar las flores, lavar los corporales, ir antes de las Misas y preparar las cosas, si se ha caído algo, barrerlo, estar atentos a lo que pasa alrededor…». «Los mayores sustentan la fe, y la economía, también».

Y ve un reto, que es el de llegar a los que no bajan a la parroquia: «Que tengamos la preocupación de llegar a los que no llegan a nosotros».

Ministra extraordinaria de la Comunión

Marisol ha vivido la visita del Papa a Madrid de una manera muy especial. Fue ministra extraordinaria de la Comunión en la Misa del Corpus en Cibeles. Se lo propuso su párroco. Sabía que tenía que madrugar mucho y que caminar, pero «me tomaré un paracetamol» y listo.

La mañana del domingo 7 de junio, los ministros de la Comunión participaron de la Eucaristía a las 8:00 en las parroquias eucarísticas que se instauraron en las inmediaciones de Cibeles. En esas Misas se consagraron las formas que se iban a distribuir después en la que presidió León XIV. A Marisol le tocó la basílica de Jesús de Medinaceli y repartir la Comunión en Neptuno. Le impresionó el respeto de la gente por la Eucaristía.

También le ha impresionado, en general de la visita, la cantidad de jóvenes que ha visto y que «no ha pasado absolutamente nada; han estado fantásticos, demostrando que tienen fe». Y de León XIV, se queda con su discruso «atrevido» en el Congreso de los Diputados: «Que la vida es lo más importante que tenemos, el tesoro más preciado, y tenemos que cuidarla, desde la concepción hasta el final». Está feliz con la experiencia en general: «Es de los trenes últimos que voy a coger». (Imagen inferior, parroquia eucarística de San José).

«Testimonio de la presencia y la permanencia»

A Antonio González lo encontramos en medio de una de sus sesiones matinales de bicicleta por la Casa de Campo. Tiene 74 años para 75, maestro jubilado, que vino a Madrid de su Cuenca natal a buscar trabajo y encontró una esposa, una parroquia, una comunidad…

Estuvo presente en la inauguración, hace 51 años, de la parroquia Santa María de la Fe, con el cardenal Tarancón. El nuevo templo lo consagró el cardenal Rouco años después, y el año pasado celebraron los 50 años con el cardenal Cobo. Antonio se casó allí, bautizó a sus hijos. En la parroquia «nos han acompañado, educado; hemos tenido sacerdotes buenísimos que nos han formado como laicos comprometidos y libres».

Encontró a la Iglesia a la que le ha dedicado su vida, siendo catequista, monitor de campamentos, formando parte del consejo pastoral —ahora del Económico—, en Cáritas… «Este año hemos ido a 13 colegios, públicos y privados, y a dos parroquias, en campañas de comunicación y sensibilización». Además, durante 18 años ha formado parte del Apostolado Seglar. «Me siento muy afortunado de estar en la Iglesia».

Ahora, cuando ya cuenta vida a sus espaldas, señala lo que los mayores como él aportan a la Iglesia: «Los mayores son testimonio de la presencia y la permanencia; aportan estar, permanecer, acompañar a hijos y nietos, rezar».

Antonio estuvo también presente en el Bernabéu, «a tres metros del Papa» durante todo el acto. «Se le veía que tenía ganas de escuchar, de estar con los cristianos», afirma, en general del viaje, por eso destaca «su proximidad». No es un hombre «de titulares de prensa, porque ya en sí el discurso entero lo es».

Le ve una persona «muy reflexiva, muy meditada, de mucha fe, de mucha confianza, entregado, inteligente, que habla claro sin ofender a nadie». Y destaca el diálogo que ha establecido con toda la sociedad civil.

Fuente: Archidiócesis de Madrid

MÚSICA SACRA: “ECCE SACERDOS MAGNUS” DE ANTON BRUCKNER

Ecce sacerdos magnus (He aquí un gran sacerdote), WAB 13, es un motete sacro de 1885 del compositor austriaco Anton Bruckner. Es una musicalización de la antífona del mismo título.

Historia

Esta obra fue compuesta a petición de Johann Burgstaller para ser interpretada en la Catedral de Linz con motivo del centenario de la fundación de la diócesis . Se completó el 28 de abril de 1885 y se envió a Burgstaller a mediados de mayo.  Sin embargo, la obra no se interpretó en dicho evento, ni en ningún otro durante la vida de Bruckner.

La obra, cuyo manuscrito se encuentra archivado en el Wiener Männer-Sangverein ,  fue editada por Viktor Keldorfer ( Edición Universal ) en 1911.  Se estrenó el 21 de noviembre de 1921 a cargo de la sociedad coral femenina de Vöcklabruck.

El motete se publica en Band XXI/33 de la Gesamtausgabe.

Música

La pieza, de un total de 106 compases, es un responsorio a seis voces en La menor para coro mixto, tres trombones y órgano:

Ecce sacerdos magnus (compases 1-22). Como en el Te Deum de Bruckner , la obra comienza con quintas desnudas .

Ideo jure jurando (compases 23–39). Esta segunda parte de la obra, que recuerda la armonía del anterior Locus iste y Christus factus est WAB 11 ,  se repite dos veces como un ritornello en los compases 64–80 y 90–106.

Benedictionem omnium (compases 40–63). Al igual que en la Misa n.º 1 y el Adagio de la mayoría de las sinfonías de Bruckner, esta tercera parte contiene las típicas escalas ascendentes de Bruckner .

Ideo jure jurando (compases 64–80): primera repetición de los compases 23–39.

Coral : Gloria Patri et Filio (compases 81–89). Esta quinta parte, que se canta a capella al unísono , es una transcripción del canto gregoriano sencillo Gloria Patri  con una estructura métrica diferente .

Ideo jure jurando (compases 90–106): segunda repetición de los compases 23–39.

La antífona, concebida como música procesional para la entrada del obispo a la catedral, fue diseñada para ser «majestuosa» y «ceremonial». El rasgo más cautivador de la obra es la «escritura antifonal de grandeza gabrieliana» en los compases 64-66. Kinder la califica como «uno de los mayores logros de Bruckner en las formas menores» y «una obra de intensidad casi bárbara».

Los trombones, que suelen doblar las voces graves, ocasionalmente adoptan líneas independientes. El ritornello sobre las palabras «Ideo jurejurando» se expande y contrasta con episodios «que parecen trazar la evolución de la música sacra» en su variado uso de la textura. En contraste, la estructura armónica refleja más el estilo compositivo propio de Bruckner. La pieza incluye varias referencias a Libera me de Bruckner de 1854 , particularmente en la escritura armónica.

En el siguiente enlace puedes escuchar la pieza

JESUCRISTO, CULMINACIÓN DE LO HUMANO

El planeta Tierra se formó hace unos 4.600 millones de años. Y en la tierra, apareció la vida hace unos 3.700 millones de años. Los primeros homínidos bípedos aparecieron hace unos seis o siete millones de años en África. La vida ha ido evolucionando siempre a mejor hasta la aparición del ser humano actual, hace unos 200.000 mil años en África. Bien podemos decir que el fin más íntimo de la naturaleza fue recibir algún día al hombre, poder desarrollar en el curso del tiempo un organismo capaz de transformarse en eso nuevo que denominamos hombre.

Una vez aparecido el ser humano “comienza una nueva tarea, más elevada: la humanidad existe para engendrar a Jesucristo. Está para crear el lugar en el que pueda producirse la unión entre Dios y el mundo. La humanidad vive para llegar a ser una con Dios” (J. Ratzinger). Jesucristo es la plenitud, la culminación, la perfección de lo humano. Por esta razón el Concilio Vaticano II califica a Cristo de “Hombre perfecto”. O sea, no se trata solo de afirmar la verdadera naturaleza humana de Jesús (perfecto hombre), en el sentido de que es un hombre completo, como desde antiguo ha afirmado la Tradición, sino algo más importante aún: en Cristo, la naturaleza humana ha llegado a su total y plena capacidad (“hombre perfecto”), hasta su más alta cota, que es el encuentro y la comunión con Dios.

Por este motivo, Cristo es el ideal concreto de lo humano, la “magnífica humanidad” (como dice León XIV). Si en Cristo se encuentra la humanidad más lograda, esta humanidad resulta paradigmática, ejemplar. Jesús es el modelo según el cual todo ser humano debe configurarse. De ahí que su seguimiento es crecimiento en humanidad, permite la plena realización personal: “el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre” (Gaudium et Spes, 41). Mirando a Jesús sabemos a qué atenernos en la realización de nuestra perfección humana. En esta perspectiva podemos situar el texto de Rm 8,29: Dios nos “predestinó a reproducir la imagen del Hijo, para que fuera el primogénito entre muchos hermanos”. Todos estamos destinados a reproducir la imagen de Jesús, a ser otro Cristo, en definitiva. Hablar, pues, del Hijo de Dios, es algo que no solo afecta a Jesús de Nazaret, sino que también nos afecta a nosotros. El hombre tiene una dimensión que le pertenece intrínsecamente y que es una dimensión divina.

Ahora bien, si hay que mantener que llegó un momento en que la humanidad estaba, de algún modo, preparada para que Cristo pudiera encarnarse, hay que dejar bien claro que la encarnación de Dios no es resultado del ascenso del ser humano, sino del descenso de Dios. Una cosa es estar preparado para acoger a Dios y otra ser el creador de Dios. El intento, por parte del hombre, de hacerse por sí mismo divino, de convertirse en “super hombre”, de ir más allá de lo humano, de ser dios en definitiva, está condenado al fracaso, por mucho que se empeñen las teorías trans y post humanistas. “La salvación no proviene de la grandeza del hombre, sino de la graciosa misericordia de Dios” (J. Ratzinger).

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Un corazón abierto al mundo entero

  

Un corazón abierto al mundo entero…

pero no sólo el “corazón económico” de los países,

como sucede con la mal entendida y peor aplicada “globalización”

que beneficia sobremanera a los “mercados”, al gran capital

y a los países desarrollados.

“Que los pueblos no pierdan su identidad

y no se disuelvan en una globalización homologante,

a merced de las potencias dominantes” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

capaz de acoger a las personas que proceden

de un contexto vital y cultural distinto,

como ha sucedido con la “regulación” de inmigrantes

que trabajaban en España “sin papeles”,

llevada a cabo por el Gobierno

a petición de un centenar de organizaciones sociales y eclesiales,

y refrendada por más de 600.000 firmas.

No se trata sólo de “papeles”

sino de reconocimiento de la dignidad inalienable

del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios

y de mirar al emigrante desde la “lógica del corazón”,

que reconoce en el otro a un hermano necesitado.

Un corazón abierto al mundo entero…

que no excluye a nadie,

que no descarta a nadie,

no como la “cultura del descarte” en la que estamos

que prioriza el beneficio económico sobre las personas

y excluye a los marginados de la sociedad:

ancianos, pobres, enfermos, discapacitados, emigrantes…

“En la tierra no hay espacio para Dios

si no hay espacio para el hombre:

no acoger a uno significa rechazar a otro.

En cambio, donde hay lugar para el hombre,

hay lugar para Dios” (León XIV).

Un corazón abierto al mundo entero…

que potencie la “cultura del encuentro”

superando la dinámica adquirida del “ombliguismo”,

de considerarse cada uno el “centro del universo”,

que nos lleva a una excesiva “polarización” política y social

con enfrentamientos, fragmentación,

desprecio a quienes no piensan de la misma manera

y hasta odio al contrario.

“No me cansaré de repetirlo:

No levanten muros. Construyan puentes.

Elijan el camino del diálogo y la concordia” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

como el de Jesús de Nazaret

que con su manera de ser y de actuar superó los límites

geográficos, culturales y religiosos de su tierra natal,

porque para Dios sólo hay una humanidad

y todos llevamos su ADN incorporado.

“Sucedió que Jesús estaba comiendo en casa de Leví,

y muchos cobradores de impuestos y otra gente de mala fama

estaban también sentados a la mesa con Jesús.

Unos fariseos preguntaron a los discípulos:

“¿Cómo es que vuestro Maestro come con esta gente?”

Jesús los oyó y les dijo:

“No necesitan médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos.

Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,15).

“Jesús pasaba por la región de Samaría y se sentó junto al pozo de Jacob.

En esto una mujer de Samaría llegó al pozo a sacar agua.

Jesús le pidió: “Dame un poco de agua”.

Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer respondió:

“¿Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí que soy samaritana?”

Jesús respondió: “Si supieras lo que Dios da y quién es el que te pide agua,

tú le pedirías a él, y él te daría agua viva y ya no volverías a tener sed”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed

ni tenga que venir aquí a sacarla” (Jn 4,1).

“Oh Señor,

quiero alabarte con todo el corazón

y contar tus muchas maravillas.

Oh Altísimo,

por ti quiero gritar lleno de alegría;

¡quiero cantar himnos a tu nombre!” (Sal 9,1).

Julián del Olmo

Domingo, 28 de junio de 2026

FINALDE CURSO EN LA DIÓCESIS DE CÁDIZ

Amanece la mañana del día 11 de junio con un sol esplendoroso, presagio de que vamos a pasar una buena jornada, y los miembros de nuestro Movimiento esperando el autobús que nos trasladará al Santuario Mariano de la Virgen Nuestra Sra. de la Oliva, en donde nos uniremos a nuestros hermanos de Algeciras

Hacia las once horas, en que estaba programado el inicio de los actos de finalización del curso, nuestra presidenta, Ana María, nos da la bienvenida y agradece nuestra asistencia a este acto que servirá como finalización del curso y despedida hasta el inicio del próximo.

A continuación el consiliario diocesano, P. Martín Baro, siempre con una biblia en sus manos, nos dice que  hablará sobre ella.  Comienza diciendo que es un libro Patrimonio de la Humanidad y que es imprescindible para la vida del cristiano. Dice que en su larga vida sacerdotal y en todas las parroquias que ha estado siempre ha existido un Grupo de Vida Ascendente y le encantaba visitar sus reuniones ya que siempre había, en el centro de la mesa, una biblia y una vela encendida al Espíritu Santo y cada uno de los asistentes tenía delante los santos evangelios para leerlos, comentarlos y tener conocimiento del evangelio del próximo domingo, lo que les hace poder vivir con mayor atención la homilía. Vida Ascendente es el único Movimiento de la Iglesia que así lo hace.

Empieza a realizar un camino sobre la biblia para decirnos porqué tenemos que leerla. Habla de la transmisión generacional que  ya existía en la época de Jesús, al hablarnos de la visita de María, una jovencita, a su prima Isabel ya en edad muy madura. El evangelio entra por la cabeza y sale por la boca, por tanto esa será nuestra misión con respecto a nuestros nietos. Cita el salmo 119, versiculo 105 que dice » Lámpara son tus palabras para mis pasos / luz en mi sendero» por lo cual la Biblia tiene que ser «mi luz para caminar por la vida». A continuación nos lleva a la primera carta de Pedro (cap. 2, V. 2) que dice «como niños recien nacidos, ansiad la leche espiritual, para que con ella vayais progresando a la salvación «. Nos lleva al consejo que dió Ezequiel ( Libro,2 Cap.8) a su pueblo «Abre la boca y come lo que te doy». Por todas estas razones tenemos que «comernos» la Biblia para nuestra salvación.

Finalizada la Eucaristía, retomamos la parte seglar y nos dirigimos a un restaurante, en Barbate, para disfrutar de una agradable comida y  de la compañía de todos los miembros de los distintos grupos.

Nos despedimos con el deseo de pasar un feliz veranos y las ganas de poder retomar las actividades en el mes de septiembre.

M.D.

JAËN : CLAUSURA VIDA ASCENDENTE EN EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LINAREJOS

Más de 200 personas de toda la Diócesis, miembros y amigos de Vida Ascendente, se han reunido para la clausura del curso pastoral, en el Santuario de la Virgen de Linarejos, en presencia de la patrona de Linares.

Como otros años, el acto comenzó con la acogida en el templo, para pasar a continuación a la celebración de la Santa Misa, presidida por D. Facundo López Sanjuán, consiliario de Vida Ascendente y Delegado episcopal para la Pastoral de las personas mayores, así como por otros sacerdotes y consiliarios de nuestra Diócesis: D. Pedro Mena, D. Carmelo Lara, D. Agustin Mbuyu, D. Ángel Sánchez.

La Misa ha sido una profunda acción de gracias a Dios por todas sus bendiciones este curso destacando el crecimiento en grupos y miembros de este movimiento.

La Eucaristía ha concluido con una ofrenda de flores a la Santísima Virgen de Linarejos y la Salve a la Virgen y el Himno de Vida Ascendente.

Tras esto, hemos celebrado la Asamblea de clausura donde la presidenta, María Dolores Núñez, ha dado las gracias a todos los asistentes y a los pueblos donde se ha fundado Vida Ascendente. También, ha comentado las distintas visitas a los grupos para fortalecerlos y revitalizarlos y los grupos nuevos creados en nuestra Diócesis son:  Marmolejo, San Juan de Avila de Linares, San Juan Pablo II, Residencia de Caridad y Consolación. De la misma manera, se han dado las cuentas del pasado año curso 2025 – 2026. Seguidamente, y tras unas palabras de nuestro consiliario, hemos tenido la tradicional comida fraterna entre los asistentes donde se pasó un gran rato de amistad y convivencia.

Desde la Comisión Diocesana damos las gracias a todos los asistentes por haber acudido y a otros miembros que no han podido asistir por diferentes causas y a los que tenemos presentes y les enviamos un afectuoso abrazo. Muchas gracias a todos.

Francisco Manuel Camacho Santiago

Secretario de la Comisión Diocesana de Vida Ascendente

EL SANTO DE LA SEMANA: SANTO TOMAS, APOSTOL

El día 3 de Julio Fiesta de santo Tomás, apóstol, que cuando los otros discípulos le anunciaron que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Es tradición que evangelizó los pueblos de la India, transmitiéndoles la fe que él había recibido (s. I).

La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: «Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice «Dídimo», que significa lo mismo: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16) «Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él». Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente «una fe esperanzada, sino una desesperación leal». O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: «A donde Yo voy, ya sabéis el camino». Y Tomás le respondió: «Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.

Admirable respuesta:

Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros… Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: «Sígame, que yo voy para allá», entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: «Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad». Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: «O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna».

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.

Dice San Juan (Jn. 20, 24) «En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». El les contestó: «si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré». Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: «Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Jesús le dijo: «Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver».

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe «Señor mío y Dios mío», y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: «Dichosos serán los que crean sin ver».

(Fuente: EWTN)

JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS: LA IGLESIA ESTÁ LLAMADA A SER MADRE DE TODOS

El Papa León XIV hace un llamamiento a los abuelos a perseverar en la fe durante la fragilidad, y los invita a rezar por la paz: “en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”.

“Yo nunca te olvidaré (Is 49,15)”, es la cita bíblica que inspira el mensaje del Papa León XIV para la jornada mundial de los abuelos y mayores publicado este 15 de junio. Reflexionando sobre la tarea de la Iglesia “llamada a ser madre de todos”, y exhortando a rezar por la paz y perseverar en la fe durante la edad adulta.

“Por boca del profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de una madre por su hijo (cf. Is 49,15)”, dice el Papa en su mensaje para esta jornada que se celebra el 26 de julio de 2026

Explica el Pontífice que “son palabras que nos llenan de consuelo y de confianza. Son la respuesta a un angustioso sentimiento que agita el corazón: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14)”.

El amor de Dios no olvida a ninguno

Reitera así que “el amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”.

“Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad -expresa el Papa- y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología”.

El Santo Padre propone que la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores sea “una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”.

El abrazo del Papa a los ancianos

El Papa pide que también lleven a los abuelos y adultos mayores con este mensaje, “la cercanía y el afecto» del sucesor de Pedro: “Háganlo de tal modo que las palabras del profeta ‘Yo nunca te olvidaré’ adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro”.

Afirmando además que “la Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: Yo nunca te olvidaré”.

La vocación en la fragilidad

“El descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida”, escribe León XIV, y sugiere que la edad avanzada “a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual”.

Y reflexionando sobre la vocación en medio de la fragilidad, les dirige unas palabras de aliento: “¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida”.

La oración de los abuelos

Y les encomienda la tarea de la oración por la paz en este tiempo marcado por la violencia bélica y social: “les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero”.

Finaliza el Papa agradeciendoles “porque me sostienen cada día con sus oraciones, especialmente cuando recitan el santo rosario. Se lo agradezco de corazón y les dejo este deseo: que el Señor les renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad, ¡Él, que nunca se olvida de nosotros!”, dice.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano para Vaticans News