SOBRE RERUM NOVARUM (VI)

Los gobernantes deben beneficiar a las órdenes sociales y aliviar la situación de los proletarios  y esto en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de in-gerencia ya que el estado debe velar por el bien común.

Pensad que los proletarios son por naturaleza tan ciudadanos como los ricos pues a través de la familia integran el cuerpo de la nación y los desvelos públicos deben de prestar los debidos cuidados a la salvación y bienestar de la clase proletaria, y si no lo hacen cometen injusticia. Así los deberes del gobernante es velar por el bien del pueblo y se destaca el de defender por igual a todas las clases sociales.

Todos los ciudadanos deben contribuir al bien común. Pero no todos pueden aportar lo mismo, los que se dedican a las funciones de gobierno son principales y superiores en toda la sociedad, sin olvidar que todos los trabajos contribuyen al bien común y la riqueza nacional proviene del trabajo de los obreros y deben ser atendidos. No es justo que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el estado, hay que respetar la libertad sin daño al bien común.

Los que gobiernan deberán atender a la comunidad y sus miembros y la razón del poder es la salud pública. El poder proviene de Dios, Él nos cuida,  y quiere que los que participan de su poder cuiden de la comunidad, que se respete y practique la religión, que florezca la integridad de las costumbres, privadas y públicas y que se mantenga inviolada la justicia.

Cualquier situación de abusos, injusticias, desorden, de no cumplir o atacar la religión debe de intervenir la autoridad.

Los derechos de cada uno deben respetarse. El Poder civil debe garantizarlos y especialmente el de la clase obrera.

La autoridad debe de asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de la Ley.

Pues quitar al otro lo que es suyo o bajo la capa de una pretendida igualdad, como los que pretenden con perniciosas doctrinas y deseosos de revoluciones para atacar a la propiedad privada. Las autoridades deben de intervenir (pues quitar al otro lo que es suyo es un robo bajo cualquier pretexto)

Un trabajo demasiado largo y pesado da pie para ir  a la huelga, a este mal se ha de poner remedio públicamente sabiendo que perjudica a todos.

El estado debe velar por los bienes de alma, para perfeccionarla con el conocimiento de la verdad y el amor. El alma lleva impresa la imagen y semejanza de Dios, dándole autoridad para dominar a las criaturas inferiores y someter a su beneficio las tierras y los mares.

Esto son todos los hombres iguales y no hay diferencia entre ricos y pobres, pues uno mismo es el Señor de todos; y a nadie le esta permitido violar impunemente la dignidad humana ni ponerle trabas en su perfeccionamiento hacia el reino de los cielos. Los deberes para con Dios deben protegerse con el descanso los días festivos y rendir a Dios el culto debido.

Hay que librar a los pobres obreros de la crueldad de los ambiciosos en bien de la justicia y la humanidad.

Lo que el hombre puede soportar no es aplicable a la mujer ni a los niños, hay oficios más aptos para las mujeres como son las labores domésticas.

Es importante que el salario sea por libre consentimiento entre las partes, el patrono cumple pagando al obrero lo acordado y por parte del obrero debe  realizar su trabajo en el que se han ajustado.

Pero el salario debe ser lo suficiente para sacar a la familia y que pueda quedarles algo para ahorrar y hacer su patrimonio. Esto indica que el derecho de la propiedad se debe considerar inviolable, las leyes deben favorecer este derecho y proveer que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad.

La violencia de las revoluciones civiles han dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos: La clase poderosa y rica que controla la producción y el comercio y goza de toda la influencia en la administración del estado y por otro lado la multitud desamparada y débil y más dispuesta al alboroto.

Padre Pascual Millán Arregui

EL VÍDEO DEL PAPA SE TRANSFORMA EN “REZA CON EL PAPA”

Con la intención de oración de enero —Orar con la Palabra de Dios—, la iniciativa adopta una perspectiva que privilegia el silencio y la vivencia interior, un sello más agustino

Con el inicio de 2026, León XIV ha dado un giro significativo a su comunicación con los fieles. Lo que durante una década conocimos como «El Vídeo del Papa», una iniciativa lanzada por Francisco para dar visibilidad a los desafíos de la humanidad, se transforma con el nuevo año en «Reza con el Papa». Más allá del cambio en la denominación; este nuevo enfoque marca el estilo propio de León XIV, quien busca profundizar en la experiencia del encuentro personal con Dios.

Bajo la dirección del Papa agustino, la iniciativa adopta ahora una perspectiva que privilegia el silencio y la vivencia interior. No en vano en la presentación de esta campaña en la Santa Sede se ha destacado que el nuevo enfoque se aleja del ruido cotidiano para buscar una «experiencia íntima y serena».

Este sello se percibe claramente como más agustino, centrado en la inquietud del alma que busca descanso en lo divino. En su primer mensaje, el Papa afirma que solo el Evangelio puede dar plenitud a un «corazón inquieto y hambriento de sentido», una clara referencia a la espiritualidad del obispo de Hipona. La propuesta invita a los fieles a «desacelerarnos» y a presentarnos ante Dios «sin máscaras», en un espacio de vulnerabilidad donde emerge lo más auténtico de cada persona.

La gran novedad de este formato es que el Papa no solo pide que se ore por una intención, sino que invita a la Iglesia a orar junto a él. Según el jesuita Cristóbal Fones, director de la Red Mundial de Oración del Papa, se busca que los fieles acompañen al Pontífice de una manera más profunda y sinodal.

Así las cosas, el escenario elegido para inaugurar esta etapa refuerza esta atmósfera de recogimiento: la iglesia de San Pellegrino, uno de los templos más antiguos del Vaticano, que históricamente ha sido un lugar de acogida y oración para los peregrinos. Allí, León XIV ha grabado su primera intención para enero de 2026, dedicada a la Palabra de Dios como fuente de esperanza en la oscuridad.

Pasando de un vídeo a menudo centrado en la concienciación social, «Reza con el Papa» pretende que cada episodio sea un soporte para la oración cotidiana. El programa para 2026 ya está trazado e incluye temas como el consuelo para niños con enfermedades incurables; el acompañamiento a sacerdotes en crisis; el cuidado de quienes sufren soledad en las grandes ciudades; el desarme nuclear o el buen uso de la riqueza.

La campaña busca, así las cosas, llegar a los fieles a través de nuevos lenguajes adecuados para la oración y formatos digitales. Esta red, que une a más de 22 millones de personas en 90 países, se propone hoy más que nunca como un antídoto contra la «globalización de la indiferencia», transformando el entorno desde el corazón.

Pincha el enlace para ver el video

https://youtu.be/s1CBCcEIkME

Revista Ecclesia

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO DE CAPITOLIAS

«Pedro estaba afilado como un cuchillo en el Espíritu, acercándose a la espada bien afilada sin cobardía».

San Pedro provenía de la ciudad de Capitolias, una antigua ciudad al este del río Jordán identificada con el pueblo moderno de Beit Ras en el norte de Jordania, que en ese momento pertenecía a la Diócesis de Damasco. Estaba casado y tenía tres hijos y era muy apreciado por su sabiduría y buen sentido. A la edad de treinta años, junto con su familia ingresó a la vida monástica. Contra su voluntad, el obispo de Bostra lo honró con el oficio del sacerdocio.

A los sesenta años enfermó gravemente y, temiendo que se le escapara la bendición del martirio, convocó a algunos eminentes musulmanes, aparentemente para encargarles de su última voluntad y testamento, pero realmente para hacer una ardiente confesión de la fe cristiana, que terminó en una vehemente reprimenda y denuncia del Islam y Mahoma. Contra toda expectativa, Pedro se recuperó de su enfermedad y, deseando aún más compartir la gloria de los Mártires, comenzó a acusar el error de los musulmanes en las calles y plazas de la ciudad.

Pronto fue denunciado a las autoridades y arrestado, luego llevado a Damasco para comparecer ante el califa Walid (705-715). Los cristianos de Capitolias, al ver que se llevaban a su amado sacerdote, se reunieron y lo acompañaron parte del camino. Su ardiente respuesta a las preguntas del Califa no dejó ninguna duda de su deseo de martirio. Al condenarlo, el juez designó una ejecución prolongada y extremadamente cruel.

El 10 de enero de 715, el Santo Mártir fue llevado de regreso a Capitolias, y allí se hizo un espectáculo de la gente, especialmente de sus hijos, quienes fueron sacados de sus celdas monásticas en las que habían vivido desde la infancia, y fueron colocados en la primera fila de espectadores. El verdugo primero arrancó la lengua del santo de raíz; al día siguiente se cortó una mano y un pie; y el domingo, en presencia de una multitud aún mayor, la mano y el pie restantes del Mártir fueron cortados. Después de esto fue cegado y crucificado, donde fue traspasado tres veces con una lanza y posteriormente murió decapitado.

Los soldados vigilaron su cuerpo durante cinco días y luego lo quemaron, arrojando sus cenizas a un río cercano, e incluso se encargaron de lavar todo lo que pudiera haber tocado sus santas reliquias para evitar que los fieles lo veneraran.

Se cree que su vida fue registrada por San Juan de Damasco, pero la vida griega original se perdió y solo existe en un manuscrito georgiano.

Fuentes consultadas: mystagogyresourcenter.com, saint.gr

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (VI). DISCURSO DEL SANTO PADRE LEON XIV

     En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    ¡La paz sea con ustedes!

     ¡Buenos días a todos y bienvenidos!

     Eminencias, Excelencias, queridos sacerdotes, hermanos y hermanas.

     Les doy la bienvenida y me complace encontrarme con ustedes con ocasión del Segundo Congreso Internacional sobre la Pastoral de las Personas Mayores, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

     El tema del Congreso, “¡Tus ancianos soñarán sueños!” (Jl 3,1), evoca las palabras del profeta Joel, tan querido por el Papa Francisco, quien a menudo ha hablado de la necesidad de una alianza entre jóvenes y ancianos, inspirada en los “sueños” de quienes han vivido una larga vida y enriquecida por las “visiones” de quienes comienzan la grana ventura de la vida. [1] En el pasaje citado, el profeta anuncia la efusión universal del Espíritu Santo, que crea unidad entre generaciones y distribuye dones diferentes a cada una.

     En nuestro tiempo, lamentablemente, las relaciones intergeneracionales suelen estar marcadas por fracturas y oposiciones, enfrentando a una generación contra otra. A los ancianos, por ejemplo, se les acusa de no dejar espacio a los jóvenes en el mercado laboral o de absorber demasiados recursos económicos y sociales en detrimento de otras generaciones, como si la longevidad fuera un pecado.

     Estas son formas de pensar que revelan visones muy pesimistas y contradictorias de la existencia. Las personas mayores son un don, una bendición que hay que acoger, y la prolongación de la vida es un hecho positivo; de hecho, es uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo, en todo el mundo. Sin duda, también es un desafío, porque el creciente número de personas mayores es un fenómeno histórico sin precedentes que nos llama a un nuevo ejercicio de discernimiento y comprensión.

     La vejez es, ante todo, un recordatorio beneficioso de la dinámica universal de la vida. La mentalidad imperante hoy tiende a valorar la existencia si produce riqueza o éxito, si ejerce poder o autoridad, olvidando que los seres humanos son siempre criaturas limitadas y necesitadas. La fragilidad que se manifiesta en los ancianos nos recuerda esta evidencia común: por lo tanto, quienes cultivan ilusiones mundanas la ocultan o la rehúyen para no tener ante sus ojos la imagen de lo que inevitablemente seremos. En cambio, es saludable comprender que envejecer «forma parte de la maravilla que somos». [2] Esta fragilidad, «si tenemos el coraje de reconocerla», de abrazarla y cuidarle, «es un puente hacia el cielo». [3] En lugar de avergonzarnos de la debilidad humana, nos veremos impulsados a pedir ayuda a nuestros hermanos y hermanas y a Dios, que vela por todas las criaturas como un Padre. Los ancianos nos enseñan que «la salvación no está en la autonomía, sino en reconocer humildemente las propias necesidades y saber expresarlas libremente», de modo que «la medida de nuestra humanidad no está dada por lo que podemos conquistar, sino por la capacidad de dejarnos amar y, cuando es necesario, también ayudar». [4]

     Por extraño que parezca, la vejez, lamentablemente, se está convirtiendo cada vez más en algo que afrontamos de forma inesperada y sin preparación. Inspirándose en las Escrituras, la sabiduría de los Padres y la experiencia de los santos, la Iglesia está llamada a ofrecer el tiempo y las herramientas para descifrarla, para vivirla como cristianos, sin pretender permanecer eternamente jóvenes y libres de desesperación. En este sentido, las catequesis que el Papa Francisco dedicó a este tema en 2022 son valiosas, para desarrollar una verdadera espiritualidad para las personas mayores: pueden utilizarse para desarrollar una labor pastoral eficaz.

     Hoy en día, muchas personas, tras jubilarse, tienen la oportunidad de disfrutar de un período cada vez más prolongado de buena salud, bienestar económico y más tiempo libre. Se les llama “jóvenes ancianos”: suelen ser quienes demuestran una asistencia litúrgica asidua y dirigen las actividades parroquiales, como la catequesis  y diversas formas de servicio pastoral. Es importante identificar un lenguaje y propuestas adecuadas para ellos, implicándolos no como destinatarios pasivos de la evangelización, sino como sujetos activos, y responder con ellos, y no en su lugar, a las preguntas que la vida y el Evangelio nos plantean.

     Se pueden encontrar diferentes situaciones: algunas personas reciben el primer anuncio de fe a una edad avanzada; otras experimentaron a Dios y a la Iglesia en su juventud, pero luego se distanciaron; otras perseveraron en su vida cristiana. Para todos, la pastoral de las personas mayores debe ser evangelizadora y misionera, porque la Iglesia está siempre llamada a anunciar a Jesús, Cristo Salvador, a todo hombre y mujer, a cualquier edad y en cualquier etapa de la vida.

     Donde los ancianos se sienten solos y rechazados, esto significaría llevarles el alegre mensaje de la ternura del Señor, para superar, junto con ellos, la oscuridad de la soledad, el gran enemigo  de la vida de los ancianos. ¡Que nadie se sienta abandonado! ¡Que nadie se sienta inútil! Incluso una sencilla oración, recitada con fe en casa, contribuye al bien del Pueblo de Dios y nos une en comunión espiritual. Esta tarea misionera nos interpela a todos, a nuestras parroquias y, especialmente, a los jóvenes, quienes pueden convertirse en testigos de cercanía y escucha, de escucha mutua con quienes están más adelantados en la vida.

     En otros casos, la evangelización misionera ayudará a las personas mayores a encontrar al Señor y su Palabra. De hecho, a medida que envejecen, la pregunta por el sentido de la vida surge en muchos, creando la oportunidad de buscar una relación auténtica con Dios y profundizar su vocación a la santidad.

Queridos amigos, recordemos siempre que anunciar el Evangelio es el compromiso principal de nuestro ministerio pastoral: al involucrar a los ancianos en esta dinámica misionera, ellos también serán testigos  de esperanza, especialmente con su sabiduría, devoción y experiencia. Por esto rezo, invocando la maternal intercesión de la Virgen María, y los acompaño con mi bendición. ¡Gracias!

[1] Cf. Francisco, La sabiduría del tiempo, Roma 2018,9.

[2] Homilía en la Misa del Jubileo de la Juventud (3 de agosto de 2025).

[3] Catequesis sobre Jesucristo, nuestra esperanza. III. La Pascua de Jesús.5. Crucifixión. «Tengo sed» (Jn 19,28) (3 de septiembre de 2025).

[4] Ibíd.

NUEVO CICLO DE CATEQUESIS DEL SANTO PADRE. EL CONCILIO VATICANO II A TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS.

Después del Año jubilar, durante el cual nos hemos detenido sobre los misterios de la vida de Jesús, empezamos un nuevo ciclo de catequesis que se dedicará al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus Documentos. Se trata de una ocasión valiosa para redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial. San Juan Pablo II, al final del Jubileo del 2000, afirmaba así: «Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX» (Cart. ap. Novo millennio ineunte, 57).

Junto al aniversario del Concilio de Nicea, en el 2025 hemos recordado los sesenta años del Concilio Vaticano II. Aunque el tiempo que nos separa de este evento no es mucho, también es verdad que la generación de Obispos, teólogos y creyentes del Vaticano II hoy ya no están. Por tanto, mientras sentimos la llamada a no apagar la profecía y seguir buscando caminos y formas para implementar las intuiciones, será importante conocerlo nuevamente de cerca, y hacerlo no a través “de oídas” o de interpretaciones que se han dado, sino releyendo sus Documentos y reflexionando sobre su contenido. De hecho, se trata del Magisterio que constituye todavía hoy la estrella polar del camino de la Iglesia. Como enseñaba Benedicto XVI «los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada» (Primer mensaje después de la misa con los cardenales electores, 20 abril de 2005).

Cuando el Papa san Juan XXIII abrió la asamblea conciliar, el 11 de octubre de 1962, habló de ello como de la aurora de un día de luz para toda la Iglesia. El trabajo de los numerosos Padres convocados, procedentes de las Iglesias de todos los continentes, en efecto allanó el camino para una nueva época eclesial. Después de una rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que había atravesado el siglo XX, el Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos; ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo; ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna en el diálogo y en la corresponsabilidad, como una Iglesia que desea abrir los brazos hacia la humanidad, hacerse eco de las esperanzas y de las angustias de los pueblos y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna.

Gracias al Concilio Vaticano II, «la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio» (S. Pablo VI, Cart. enc. Ecclesiam suam, 34), comprometiéndose a buscar la verdad a través del camino del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del diálogo con las personas de buena voluntad.

Este espíritu, esta actitud interior, debe caracterizar nuestra vida espiritual y la acción pastoral de la Iglesia, porque todavía debemos realizar más plenamente la reforma eclesial en clave ministerial y, delante de los desafíos actuales, estamos llamados a seguir siendo atentos intérpretes de los signos de los tiempos, alegres anunciadores del Evangelio, valientes testigos de justicia y de paz. Mons. Albino Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, como Obispo de Vittorio Veneto, al principio del Concilio escribió proféticamente: «Existe como siempre la necesidad de realizar no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa. […] Puede ser que los frutos excelentes y abundantes de un Concilio se vean después de siglos y maduren superando laboriosamente contrastes y situaciones adversas». [1] Redescubrir el Concilio, por tanto, como ha afirmado el Papa Francisco, nos ayuda a «volver a dar la primacía a Dios, a lo esencial, a una Iglesia que esté loca de amor por su Señor y por todos los hombres que Él ama» ( Homilía en el 60° aniversario de inicio del Concilio Vaticano II, 11 de octubre 2022).

Hermanos y hermanas, lo que dijo san Pablo VI a los Padres conciliares al final de los trabajos, permanece también para nosotros, hoy, un criterio de orientación; él afirmó que había llegado la hora de la salida, de dejar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad y llevarle la buena noticia del Evangelio, en la conciencia de haber vivido un tiempo de gracia en el que se condensaba pasado, presente y futuro: «El pasado, porque está aquí reunida la Iglesia de Cristo, con su tradición, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos. El presente, porque nos separamos para ir al mundo de hoy, con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero también con sus prodigiosos éxitos, sus valores, sus virtudes… El porvenir está allí, en fin, en el llamamiento imperioso de los pueblos para una mayor justicia, en su voluntad de paz, en su sed, consciente o inconsciente, de una vida más elevada: la que precisamente la Iglesia de Cristo puede y quiere darles» (S. Pablo VI, Mensaje a los Padres conciliares, 8 de diciembre de 1965).

También es así para nosotros. Acercándonos a los Documentos del Concilio Vaticano II y redescubriendo la profecía y la actualidad, acogemos la rica tradición de la vida de la Iglesia y, al mismo tiempo, nos interrogamos sobre el presente y renovamos la alegría de correr al encuentro del mundo para llevar el Evangelio del reino de Dios, reino de amor, de justicia y de paz.

______________

[1] A. Luciani – Giovanni Paolo I, Notas sobre el Concilio, en Opera omnia, vol. II, Vittorio Veneto 1959-1962. Discursos, escritos, artículos, Padua 1988, 451-453.

 

Fuente. The Holy See

EL DELEGADO DE PASTORAL DEL MAYOR DE GETAFE REPRESENTA A ESPAÑA EN EL ENCUENTRO DEL VATICANO SOBRE LA SOLEDAD DE LOS MAYORES EN EUROPA

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha convocado para el próximo 16 de enero desde Roma

El Vaticano ha organizado un encuentro telemático bajo el lema ‘La soledad de los mayores en Europa’, en el que se abordarán los desafíos que enfrentan las personas mayores y las estrategias pastorales para acompañarlas en la sociedad actual.

A propuesta de la Conferencia Episcopal Española, en representación de España, participará Álvaro Medina, delegado de Pastoral del Mayor de la diócesis de Getafe. La invitación al delegado refuerza la continuidad y el compromiso de la Iglesia española con la pastoral de los mayores y su presencia en iniciativas internacionales promovidas por el Vaticano.

La participación de Medina en este encuentro del Dicasterio de la Santa Sede para los Laicos, la Familia y la Vida tiene un significado especial, ya que permite que las experiencias y necesidades de los mayores en España se presenten en un foro internacional.

Además, ofrece la oportunidad de compartir buenas prácticas con delegados de otros países, fortalecer proyectos locales como el Plan Rut y traer ideas y estrategias que ayuden a combatir la soledad, fomentar la participación activa y mejorar la pastoral de los mayores en la diócesis y en todo el país. Su presencia garantiza que la voz de los mayores españoles se integre en la pastoral global de la Iglesia, contribuyendo a un acompañamiento más cercano, inclusivo y eficaz.

Continuidad al Congreso de octubre convocado por León XIV

El evento confirma el continuo interés del Vaticano por la pastoral del mayor, una línea de acción que la diócesis de Getafe ha venido fortaleciendo a través de distintas iniciativas, entre ellas la participación en el II Congreso Internacional de Pastoral del Mayor, convocado por el Papa León XIV en octubre pasado.

Según señala Medina, dicho congreso, en el que participó el delegado diocesano junto a 150 delegados de 65 países, «tenía como objetivo responder a la urgencia social de la soledad de los mayores; valorado positivamente, permitió profundizar en los desafíos de las personas mayores y sus propuestas pastorales, cuyas ponencias ya están disponibles en la web oficial del dicasterio traducidas a varios idiomas».

El Plan Rut impulsado por la diócesis

Medina también representó a la diócesis de Getafe en este importante encuentro durante el que «se trataron temas clave como la transición demográfica, la espiritualidad en la vejez, la importancia del diálogo intergeneracional y la necesidad de respuestas pastorales que atiendan las realidades cambiantes de los mayores en la sociedad actual».

El congreso también sirvió para «compartir buenas prácticas y fortalecer la colaboración internacional en esta materia, con la intención de construir una pastoral más cercana, inclusiva y eficaz para los mayores». «Además, se destacó la relevancia de proyectos como el Plan Rut, impulsado por la diócesis de Getafe, que busca fomentar la participación activa de las personas mayores en la vida comunitaria y eclesial», añade el delegado diocesano de Pastoral del Mayor.

ÁNGELES: ALGUNAS CONSIDERACIONES

La existencia de los ángeles es doctrina eclesial. Esta verdad podría iluminar una cuestión que, a veces, se plantea cuando en ambientes cristianos se habla de la posibilidad de vida inteligente extraterrestre, a saber: ¿estos posibles seres inteligentes de otras galaxias necesitan redención o habría que aceptar otras economías de salvación para ellos? La existencia de los ángeles nos indica que la humana no es la única posibilidad de vida inteligente. Y nos indica que es posible que haya vidas inteligentes que no se hayan rebelado contra Dios, aunque en el caso improbable de que hubiera indicios serios de la existencia de tales seres, desde el punto de vista de la teología sería necesario determinar cuál es su relación con el Logos encarnado en Jesús de Nazaret. Los ángeles nos abren perspectivas de vida inteligente limitada e imperfecta (porque sólo Dios es perfecto) más allá de la humana. Y nos invitan a ser humildes, no creyéndonos los únicos seres inteligentes del universo.

Por otra parte, el ángel es signo de la presencia de Dios en la vida de una persona, desde una de estas dos perspectivas: Dios tiene un mensaje para esta persona, o Dios manifiesta que cuida de esa persona. Cuando se afirma que “el ángel del Señor anunció a María”, se está diciendo: Dios tenía algo que comunicar a María y se hizo presente en su vida. ¿De qué modo? Eso ya no lo dice la Escritura, aunque, en demasiadas ocasiones, sea lo que interesa a nuestra curiosidad. Pero este interés denota la preferencia por cuestiones secundarias, que desgraciadamente olvidan la principal. El ángel, además, es signo del cuidado que Dios tiene por cada uno de nosotros. Hablar de “ángel de la guarda” es un modo de decir que Dios cuida de cada persona de forma permanente, con un cariño inmenso.

El artista dominico Miguel Iribertegui sugiere que «los ángeles representan una antropología escatológica: ni hombre ni mujer, eternamente joven, eternamente bello”. Jesús hablando del matrimonio utilizó parecidas ideas: los que sean hallado dignos de la resurrección no se casarán, serán como ángeles. El encuentro con Dios potenciará todas las dimensiones de nuestra existencia, pero las relaciones entre los seres humanos no serán como en este mundo. Nuestros encuentros se realizarán en un nivel que irá más allá de lo biológico, nos relacionaremos en el nivel más profundo y auténtico de nuestra personalidad.

Finalmente, hablando de los ángeles, recuerdo haber leído en Kierkegaard esta idea: “¡ángeles, ángeles! ¡Algunos dicen que no existen! Bien, pues compórtate tú como un ángel y así habrá ya un ángel en este mundo”. Los ángeles nos invitan a vivir angélicamente, o sea, divinamente. O sea: haciendo que nuestra vida está en consonancia con el Evangelio de Jesús.

Blog Nihil Obstat –  Martín Gelabert Ballester

¿ESPAÑA DEJÓ DE SER CRISTIANA?

España se define como un estado a confesional. El artículo 16 de la Constitución vigente garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto, y establece que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Al mismo tiempo, reconoce la influencia histórica y social del cristianismo y establece la obligación de los poderes públicos de tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad y mantener relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y otras confesiones.

La realidad muestra que el cambio ideológico mundial afecta. En 2025, el catolicismo sigue siendo la religión más extendida, aunque con una disminución en el número de practicantes y un aumento de la indiferencia religiosa y de otras creencias. El cambio es sustancial, sólo el 55% de los españoles se reconoce católico, frente al 90% de finales de los setenta.

De ese porcentaje. Los matrimonios católicos han caído en picado: en 2023 sólo el 18% de los enlaces heterosexuales se celebraron por la Iglesia. En el año 2000 eran el 76%. Acorde con los datos del CIS: El 53 % de los españoles se declara católico (encuestas recientes hablan del 35%), solo el 17 % es practicante.

Porque si algo ha demostrado la historia de la Iglesia es que Dios no abandona a su pueblo, pero exige fidelidad. Y quizás sea hora de preguntarnos, con humildad, si aún se la estamos dando, o nos estamos refugiados en los templos. Como dijo en una homilía un obispo es hora de que salgamos, de presumir de  católicos, que es cierto que se ha actuado mal en algunos casos, muchos no somos seguidores fieles de Jesús de Nazaret.

Si las ovejas huyen, ¿no será que los pastores han dejado de hablar con claridad? Si los jóvenes no vuelven, ¿no será que lo que encuentran no les interpela? ¿No será que el incienso ha sido sustituido por el humo de la confusión?, ¿no estaremos hablando mucho del mundo woke y menos de mensaje de Cristo? Se habla de la impronta que esperamos de papa León XIV, que vuelva al ‘aggiornamento’ de Juan XXIII, que se resuelva de una vez con claridad el papel de las mujeres, no olvidemos que las mujeres representan un porcentaje significativamente mayor de la población católica practicante en comparación con los hombres, y especialmente volver hablar sin miedo del amor a todos, de perdonar y olvidar, de la vida eterna, de lo que hace cada día…

Jacinto Seara

SOBRE RERUM NOVARUM(V)

La verdadera dignidad y excelencia del hombre, radica en la moral y la virtud, que es igual para ricos y pobres y es el premio de la vida eterna.

Dios se inclina hacia los pobres y los que sufren, los que lloran; Dios no tolera al soberbio…

Todos los hombres han sido creados por Dios y el fin de todo hombre es Jesucristo, quien puede dar la felicidad perfecta y absoluta y que todos han sido redimidos por El y elevados a la dignidad de hijos de Dios.

La Iglesia con sus enseñanzas trata de influir en las personas para que se produzca ese dialogo entre los hombres.

 La Iglesia, puede llegar hasta las intimidades del corazón y lograr que el hombre modere los impulsos ambiciosos y que ame a Dios y al prójimo.

Pensad que la sociedad humana fue renovada desde sus comienzos por las costumbres cristianas, y en virtud de esta renovación fue impulsado el género humano a cosas mejores, fue sacado de la muerte a la vida, por Jesucristo que es el principio y final de todas las cosas. 

Al recibir la luz del evangelio y conociendo el mundo el misterio de la encarnación y la redención de los hombres la vida de Jesucristo Dios y hombre penetro en todas las naciones con sus preceptos, sus leyes animándoles a creer.

Por lo tanto, si hay que curar a la sociedad humana solo podrá curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas ya que cuando se trata de restaurar la sociedad decadente hay que hacerlas volver a sus principios.

La perfección de toda sociedad es buscar, conseguir aquello para lo que fue constituida, de modo que sea causa de los movimientos y actos sociales, la misma causa que originó la sociedad. Por lo cual apartase de lo establecido es corrupción, tornar a ello es curación.

Y con toda verdad, lo mismo que respeto de todo al cuerpo de la sociedad humana, lo decimos de igual modo de esa clase de ciudadanos que se gana el sustento con el trabajo, y que son la inmensa mayoría. 

La Iglesia quiere y desea que los proletarios salgan de la miseria y logren una mejor situación. La aportación de la Iglesia es llamar a los hombres a las virtudes cristianas, ayudando a proletarios y ricos, estos andan en abundancia con ambiciones y sed de placeres. 

En la primitiva iglesia los cristianos más ricos se desprendían de los bienes y los ponían en común y no había ningún necesitado los diáconos llevaban la organización de la beneficencia diaria. También hacían colectas para llevarlas a las comunidades más necesitadas. La Iglesia invitaba a la caridad ayudando a muchos indigentes evitándole la vergüenza de pedir limosna.

Fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas y con sus atenciones apenas hubo personas que estando en la miseria carecieran de consuelo.

 Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

EL SANTO DE LA SEMANA: LOS SANTOS INOCENTES

La consulta bien intencionada de aquellos Magos que llegaron de Oriente al rey fue el detonante del espectáculo dantesco que organizó la crueldad aberrante de Herodes a raíz del nacimiento de Jesús.

Habían perdido el brillo celeste que les guiaba, llegó la desorientación, no sabían por dónde andaban, temieron no llegar a la meta del arduo viaje emprendido tiempo atrás y decidieron quemar el último cartucho antes de dar la vuelta a su patria entre el ridículo y el fracaso.

Al rey le produjo extrañeza la visita y terror la ansiosa pregunta sobre el lugar del nacimiento del Mesías; rápidamente ha hecho sus cálculos y llegado a la conclusión de que está en peligro su status porque lo que las profecías antiguas presentaban en futuro parece que ya es presente realidad. Se armó un buen revuelo en palacio, convocaron a reunión a los más sabios con la esperanza de que se pronunciaran y dieran dictamen sobre el escondrijo del niño «libertador». El plan será utilizar a los visitantes extranjeros como señuelo para encontrarle. Menos mal que volvieron a su tierra por otro camino, después que adoraron al Salvador. Impaciente contó Herodes los días; se irritó consigo mismo por su estupidez; los emisarios que repartió por el país no dan noticia de aquellos personajes que parecen esfumados, y se confirma su ausencia. Vienen los cálculos del tiempo, y contando con un margen de seguridad, le salen dos años con el redondeo.

Los niños que no sobrepasen dos años en toda la comarca morirán. Hay que durar en el poder. El baño de sangre es un simple asunto administrativo, aunque cuando pase un tiempo falten hombres para la siembra, sean escasos los brazos para segar y no haya novios para las muchachas casaderas; hoy sólo será un dolor pasajero para las familias sin nombre, sin fuerza, sin armas y sin voz. Unas víctimas ya habían iniciado sus correteos, y balbuceaban las primeras palabras; otras colgaban todavía del pecho de sus madres. Pero para Herodes era el precio de su tranquilidad.

Son los Santos Inocentes. Están creciendo para Dios en su madurez eterna. Ni siquiera tuvieron tiempo de ser tentados para exhibir méritos, pero no tocan a menos. Están agarrados a la mano que abre la gloria. Aplicados los méritos de Cristo sin que fuera preciso crecer para pedir el bautismo de sangre, como tantos laudablemente hoy son bautizados en la fe de la Iglesia con agua sin cubrir expediente personal. El Bautismo es gracia.

Entraron en el ámbito de Cristo inconscientes, sin saberlo ni pretenderlo; como cada vez que por odio a Dios, a la fe, hay revueltas, matanzas y guerras; en esas circunstancias surgen mártires involuntarios, que aún sin saberlo, mueren revestidos y purificados por la sangre de Cristo, haciéndose compañeros suyos en el martirio; y no se les negará el premio sólo porque ellos mismo, uno a uno, no pudieran pedirlo. En este caso es el sagrado azar providente de caer por causa de Cristo, porque la mejor gloria que el hombre puede dar a Dios es muriendo.

Ya el mismo Jeremías dejó dicho y escrito que «de la boca de los que no saben hablar sacaste alabanza».

Hoy los mayores también hacen bromas en recuerdo del modo de ser juguetón y alegre de aquellos bebés que no tuvieron tiempo de hacerlas; es buena ocasión de hacer agradable la vida a los demás, con admiración y sorpresa, en desagravio del mal que provocó el egoísmo de aquel que tanto se fijó en lo suyo que aplastó a los demás.