SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Globalización de la impotencia

Globalización de la impotencia…

la “globalización”,

en sus diversas modalidades

-globalización del amor, de la economía,

de la indiferencia, de la impotencia…-

tiene sus pros y sus contras,

al menos en su aplicación práctica,

“porque a río revuelto, ganancia de pescadores”.

¡Y sabemos quiénes tienen los mejores anzuelos!

Globalización de la impotencia…

ante las “nuevas realidades”

que están surgiendo en nuestro mundo,

como la Inteligencia Artificial (IA)

y las “tecnologías emergentes”;

en los países “periféricos”,

las “nuevas realidades”

son las “viejas realidades”:

pobreza, injusticias, desigualdades

y conflictos bélicos,

que se sabe cómo empezaron

pero no cuándo acabarán.

– ¿A quién “le interesa” que haya pobreza y guerras?

Globalización de la impotencia…

“impotencia”,

que se da tanto en el mundo desarrollado

como en los países en vías de desarrollo,

en unos casos para embridar y humanizar

a la Inteligencia Artificial (IA)

y a las “nuevas tecnologías”,

y en otros para salir del pozo

de la exclusión institucionalizada de ambas.

– ¿Dónde queda la “inteligencia humana” (IH)?

Globalización de la impotencia…

“La globalización de la impotencia

es hija de la mentira:

que la historia siempre ha sido así,

que la historia la escriben los vencedores.

Entonces parece que no podemos hacer nada,

pero no es así:

La historia es devastada por los poderosos,

pero es salvada por los humildes, los justos,

los mártires, en los que resplandece el bien

y la auténtica humanidad resiste

y se renueva” (León XIV).

– ¿Quién dijo que no podemos “hacer nada”?

Globalización de la impotencia…

que nos remite al duelo de David contra Goliat:

Goliat, gigantón y armado,

y David, un pastor a cuerpo descubierto.

“David lanzó con su honda una piedra a Goliat

que se clavó en la frente del filisteo

cayendo de bruces al suelo,

herido de muerte.

Los filisteos viendo muerto a Goliat

se dieron a la fuga” (1Sam 17,45).

David “defendía a su pueblo”

y “confiaba en Dios”.

– ¿Quién dijo que no podemos “conseguir nada”?

“Le he dicho al Señor: “Tú eres mi Dios;

¡escucha, pues, mi grito suplicante!

Señor, Señor, mi salvador poderoso,

tú proteges mi cabeza en el combate” (Salmo 140,13).

Julián del Olmo

Domingo, 11 de octubre de 2026

JORNADAS DE FORMACIÓN EN MÁLAGA

Como tradicionalmente venimos realizando, hemos celebrado durante los dÍas 6 al 8 de este mes, en la Casa de Espiritualidad de Málaga, las Jornadas de Formación para Andalucía bajo el lema “ VIVIR LA VEJEZ CON DIGNIDAD, AMOR Y ESPERANZA “. Cada uno de estos temas fueron desarrollados, de forma magistral, por Ana Mesa,  Mª Pilar Sevilla y Margarita Gutierrez, Presidentas diocesanas de Cádiz, Sevilla y Huelva, respectivamente.

 Se inician las jornadas con la recepción de los numerosos asistentes y una vez asentados y comidos nos reunimos en un  primer encuentro en el que el Coordinador Interdiocesano dice que estaba prevista la visita de nuestro Presidente Nacional, pero por motivos familiares no puede asistir, invitando a Mª Dolores Núñez, Vicepresidenta Nacional y Presidenta de Jaén y al P. Facundo López, Consiliario Nacional y de la diócesis de Jaén a que presidan los actos. Cada uno de los presentes hace su presentación diciendo su nombre y diócesis a la que pertenece y tras un  breve descanso pasamos a la Capilla para realizar un retiro, dirigido por el P. Facundo y que nos preparó para asistir al pleno de las jornadas.

Durante los días siguientes se desarrollaron las tres ponencias llevadas a cabo, como dijimos anteriormente de forma magistral, por Ana, Margarita y Pilar, para una vez finalizada cada una de ellas reunirse, divididos en grupos, los asistentes para reflexionar sobre las mismas basándose en algunas cuestiones que habían sido formuladas por las ponentes y posteriormente hacer una puesta en común de los resultados obtenidos.

Todos los días se han iniciado con el rezo de los laudes, llevados a cabo el los Padres Martín Sirgo y Manuel Martínez, Consiliarios diocesanos de Huelva y Sevilla respectivamente, que nos preparaban para iniciar el día.

Durante las jornadas ha reinado un espíritu de hermandad y alegría por encontrarnos hermanos  de toda Andalucía y al finalizar las jornadas nos despedimos, deseándonos feliz viaje de retorno a casa y el deseo de que llegue pronto el próximo año para volver a repetir este encuentro.

     Paqui y Manolo

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

Famoso por sus terribles penitencias, nació en 1499 en la comunidad española de Alcántara. Su padre era gobernador de la región y su madre era de muy buena familia. Ambos se distinguían por su gran piedad y su excelente comportamiento.

Estando estudiando en la universidad de Salamanca, el santo se entusiasmó por la vida de los franciscanos debido a que los consideraba personas muy desprendidas de lo material y muy dedicadas a la vida espiritual.

Pidió ser admitido como franciscano y eligió para irse a vivir al convento donde estaban los religiosos más observantes y estrictos de esa comunidad.

En el noviciado lo pusieron de portero, hortelano, barrendero y cocinero. Pero en este último oficio sufría frecuentes regaños por ser bastante distraído. Llegó a mortificarse tan ásperamente en el comer y el beber que perdió el sentido del gusto y así todos los alimentos le sabían igual.

Dormía sobre un duro cuero en el puro suelo. Pasaba horas y horas de rodillas, y si el cansancio le llegaba, apoyaba la cabeza sobre un clavo en la pared y así dormía unos minutos, arrodillado. Pasaba noches enteras sin dormir ni un minuto, rezando y meditando. Por eso ha sido elegido protector de los celadores y guardias nocturnos. Con el tiempo fue disminuyendo estas terribles mortificaciones porque vio que le arruinaban su salud.

Fue nombrado superior de varios conventos y siempre era un modelo para todos sus súbditos en cuanto al cumplimiento exacto de los reglamentos de la comunidad. Pero el trabajo en el cual más éxitos obtenía era el de la predicación. Dios le había dado la gracia de conmover a los oyentes, y muchas veces bastaba su sola presencia para que muchos empezaran a dejar su vida llena de vicios y comenzaran una vida virtuosa. Prefería siempre los auditorios de gente pobre, porque le parecía que eran los que más voluntad tenían de convertirse.

Pidió a sus superiores que lo enviaran al convento más solitario que tuviera la comunidad. Lo mandaron al convento de Lapa, en terrenos deshabitados, y allá compuso un hermoso libro acerca de la oración, que fue sumamente estimado por Santa Teresa y San Francisco de Sales, y ha sido traducido a muchos idiomas.

Deseando San Pedro de Alcántara que los religiosos fueran más mortificados y se dedicaran por más tiempo a la oración y la meditación, fundó una nueva rama de franciscanos, llamados de «estricta observancia». El Sumo Pontífice aprobó dicha congregación y pronto hubo en muchos sitios, conventos dedicados a llevar a la santidad a sus religiosos por medio de una vida de gran penitencia.

Los últimos años de su vida los dedicó a ayudar a Santa Teresa a la fundación de la comunidad de Hermanas Carmelitas que ella había fundado, logrando muchos éxitos en la extensión de la comunidad carmelita.

Fuente  EWTN

CATEQUESIS DEL PAPA LEÓN XIV – LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II IV. CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES (GS 1-10) 5. LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (GS, 40-45)

Retomando la reflexión sobre la Constitución concicliar Gaudium et spes (GS), hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

Ante todo, el Concilio recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios; somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la belleza (cf. GS, 40).

Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales» (Carta enc. Magnifica humanitas, 19).

La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor (cf. GS, 41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.

Los Padres del Concilio recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común» (GS, 42).

Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho, como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época» (GS, 43).

Gaudium et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la vida.

Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS, 44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo» (Discurso a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).

Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad» (GS, 45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad, para que el mundo pueda creer y tener esperanza.

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the holy see

EUCARISTÍA: SACRIFICIO, COMUNIÓN Y VIÁTICO

Los sacramentos transmiten la gracia de Dios y nos santifican. Según Tomás de Aquino, todos los sacramentos tienen tres aspectos: la causa de la santificación, que es la pasión de Cristo; el modo como se consigue la santificación, o sea, la gracia que nos diviniza y nos hace amigos de Dios; y el fin último de la santificación, que es la vida eterna. Por tanto, el sacramento es signo conmemorativo del pasado, o sea, de la pasión de Cristo, es signo manifestativo de lo que ocurre en el presente, que es la santificación de quién lo recibe, y es signo profético de la gloria futura (Suma, III,60,3). Todo sacramento tiene una dimensión de pasado (pasión de Cristo), de presente (gracia), y de futuro (gloria).

Esta triple dimensión de todo sacramento se pone especialmente de manifiesto en la eucaristía. 1) En cuanto es conmemoración del pasado, o sea, de la pasión del Señor, se llama sacrificio. 2) En la medida en que en el presente une al ser humano con Cristo se llama comunión; esta unión con Cristo produce necesariamente la unión con el resto de los creyentes, porque Cristo es la cabeza de un Cuerpo cuyos miembros somos nosotros; por tanto, si la comunión no une con los hermanos, si no produce la unidad eclesial, eso solo puede significar que se ha recibido mal el cuerpo de Cristo. 3) En relación al futuro, la eucaristía prefigura el deleite divino que tendremos en el cielo, y nos pone en camino para llegar hasta allí; por eso se llama viático (Suma, III,73,4).

La triple dimensión de la eucaristía queda muy bien resumida en esta antífona de Santo Tomás, sacada del Oficio de la fiesta del Corpus: “Oh, sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión (dimensión de pasado), el alma se llena de gracia (dimensión de presente), y se nos da una prenda de la gloria futura (dimensión de futuro)”.

En suma, la eucaristía es sacrificio, comunión con Cristo y con los hermanos, y viatico, o sea, camino hacia el cielo.

Martin Gelabert Ballester – Blog Niil Obstat

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Habla, Señor, que tu siervo escucha

 

Habla, Señor, que tu siervo escucha…

porque estamos saturados

de palabras mentirosas y embusteras,

de palabras de doble filo

y de palabras vacías

y necesitamos escuchar

“palabras verdaderas”,

como las tuyas,

que nos guíen por el camino recto

que comienza en Ti y acaba en Ti.

Tú has dicho:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

Habla, Señor, que tu siervo escucha…

porque en la relación con Dios,

más que hablarle a Él

hay que escucharle a Él.

Dios sabe todo de nosotros,

en cambio, nosotros sabemos muy poco de Dios.

“Escuchar significa no sólo confesar

la presencia del otro,

sino hacer un hueco a esta presencia

dentro de uno mismo

hasta convertirse en morada del otro” (E. Bianchi).

Dios es el gran “escuchador”

y nosotros, aprendices del “arte de la escucha”.

Habla, Señor, que tu siervo escucha…

“En otros tiempos habló Dios

a nuestros antepasados muchas veces

y de muchas maneras

por medio de los profetas.

Ahora, en estos tiempos últimos,

nos ha hablado por medio de su Hijo,

mediante el cual creó los mundos

y al cual ha hecho heredero

de todas las cosas (Heb 1,1).

La palabra de Dios está en la Biblia

y la palabra de su Hijo Jesucristo,

en los Evangelios.

Habla, Señor, que tu siervo escucha…

“Dios habla de muchas maneras,

pero no nos damos cuenta.

A veces lo hace de noche,

en un sueño o en una visión,

a veces Dios nos habla al oído

y a veces Dios nos corrige

con la enfermedad” (Job 33,14).

Dios también habla

a través de la historia,

de los acontecimientos cotidianos,

de la conciencia, de la oración

y de las personas.

Habla, Señor, que tu siervo escucha…

y cuando Dios nos habla

busca la “relación personal” con nosotros,

que es el comienzo

de un proceso de salida de uno mismo

para ir al encuentro,

cada vez más íntimo,

con el Otro.

“La palabra de Dios tiene vida y poder.

Es más aguda que cualquier espada de dos filos

que penetra hasta lo más íntimo de la persona,

y somete a juicio los pensamientos

y las intenciones del corazón” (Heb 4,12).

“La palabra del Señor es verdadera;

sus obras demuestran su fidelidad.

El Señor ama lo justo y lo recto;

¡su amor llena toda la tierra!” (Sal 33,4).

Julián del Olmo

Domingo, 4 de octubre de 2026

CORIA – CÁCERES: VIDA ASCENDENTE INICIA EL CURSO CON EL COMPROMISO DE «VOLVER AL CORAZÓN» Y ACOMPAÑAR A LOS MAYORES

El movimiento diocesano de jubilados y mayores celebró el inicio del nuevo curso con una jornada de convivencia, oración y presentación de su programación

El movimiento Vida Ascendente de la Diócesis de Coria-Cáceres inició el pasado 30 de septiembre el nuevo curso pastoral, en la víspera del Día Internacional de las Personas Mayores, con una jornada de convivencia y fraternidad marcada por el lema diocesano para este año: «Volver al corazón para encontrarnos con Dios y con los hermanos».

La jornada comenzó con una asamblea programática en la que se presentó la nueva Comisión Diocesana y el programa de actividades para el curso. La presidenta de Vida Ascendente, Loli Borreguero, dirigió unas palabras de bienvenida en las que destacó la importancia de vivir este nuevo curso desde la espiritualidad, el crecimiento en la fe, la amistad y el compromiso activo de los mayores tanto en la Iglesia como en la sociedad.

Borreguero subrayó que el lema pastoral invita a mirar especialmente la realidad de las personas mayores, sus necesidades y también todo aquello que pueden seguir ofreciendo desde su experiencia y posibilidades. En este sentido, destacó la necesidad de reconocer la trayectoria y dignidad de los mayores, valorar su historia y sus aportaciones y ofrecerles una atención cercana, respetuosa y fundamentada en el amor.

Durante la asamblea se presentó también el calendario de actividades, con el compromiso de realizar una evaluación al finalizar el curso. Entre los objetivos planteados se encuentra visitar los distintos grupos, acercar el movimiento a los párrocos y parroquias, mantener la presencia en residencias de mayores y continuar participando en las actividades diocesanas, nacionales y locales.

Vida Ascendente quiere asimismo impulsar las relaciones intergeneracionales, especialmente en catequesis y colegios, favorecer la colaboración con otros movimientos y realidades pastorales vinculadas a los mayores y mantener una presencia activa en los medios de comunicación y las redes sociales. Actualmente, el movimiento cuenta con 13 grupos activos en parroquias y residencias de la diócesis.

Tras un turno de ruegos y preguntas, la asamblea aprobó el programa de actividades para el nuevo curso. A continuación, los participantes celebraron la Eucaristía, presidida por el consiliario diocesano, el padre Juanma, quien ofreció una homilía centrada en la alegría y la esperanza.

La jornada concluyó con una comida compartida, en un ambiente de fraternidad y convivencia. Desde Vida Ascendente afrontan así el nuevo curso con ilusión renovada y con el deseo de seguir siendo presencia activa de la Iglesia y de la sociedad, poniendo en el centro el amor y el espíritu del Buen Samaritano, para acompañar, cuidar y caminar junto a las personas mayores.

CUIDAR LA TIERRA, DEFENDER A LOS MÁS VULNERABLES: EL TIEMPO DE LA CREACIÓN EN LA DIÓCESIS DE TORTOSA

La Iglesia Católica y las demás confesiones cristianas hemos celebrado el Tiempo de la Creación, del 1 de septiembre al 4 de octubre, que es la fiesta de San Francisco. En este Tiempo se nos invita a contemplar el don de la vida y a valorar la tierra que la sustenta, como formas de alabanza a nuestro Creador.

Este verano, el calor asfixiante nos ha hecho vivir de forma tangible los efectos de la acción humana sobre el clima. Cada nuevo récord de temperatura nos recuerda que el calentamiento global es una realidad innegable con un fuerte impacto sobre el medioambiente y sobre las personas, especialmente sobre las más vulnerables, que no disponen de recursos para protegerse ni acceder a refugios climáticos.

Este año también hemos sufrido grandes incendios forestales, fruto tanto del calentamiento global como de un modelo territorial que prioriza sólo los espacios productivos y abandona la gestión de los bosques. Este abandono favorece unas masas forestales densas, con gran carga de combustible, muy vulnerables al fuego. Lejos de ser una calamidad incontrolable, estos incendios son el reflejo de un modelo económico y social concreto.

Esta realidad se añade a otros muchos problemas ambientales y sociales que se alimentan mutuamente: las alteraciones del ciclo del agua, la pérdida de biodiversidad, la masificación turística o los desplazamientos forzados por motivos socioeconómicos, bélicos y ambientales. Son manifestaciones convergentes de un mundo herido por la trampa de un economicismo que reduce a las personas, a recursos y la naturaleza a una simple fuente de materias primas por explotar.

Para romper esta dinámica es necesaria una conversión auténtica del corazón humano. Necesitamos entrar en una dinámica virtuosa donde el cuidado del hermano y la casa común nos renueve por dentro, y donde esta transformación interior nos capacite para curar las heridas socio ambientales.

El Papa Francisco nos enseñó, en la encíclica Laudato si’, el camino que debemos seguir para progresar hacia la resolución de estos retos. También lo ha remarcado e Papa León XIV. En nuestra diócesis podemos trabajar por el cuidado de la casa común todo asumiendo una vida más sobria, responsable y en cooperación con otros.

Cuidar del nuestro territorio -de su agua, su tierra y su gente- es inseparable de hacer lado a los hermanos más vulnerables, testimoniando así el amor del Creador por cada una de las criaturas.

Equipo Diocesano de Pastoral para el Cuidado de la Creación

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN CARLO ACUTIS

A pesar de lo que se pudiera pensar de un joven candidato a los honores de los altares, Carlo era un chico absolutamente normal, como la mayoría de sus compañeros, pero con una armonía absolutamente especial, gracias a su gran amistad con Jesús.

Además de sus deberes primarios como estudiante e hijo, se las arregla para encontrar tiempo para dar clases de catecismo a los niños que se preparan para la Primera Comunión y la Confirmación; para ser voluntario en el comedor social de los Capuchinos y las Hermanas de la Madre Teresa; para ayudar a los pobres que viven en su barrio; para ayudar a los niños con dificultades con sus tareas; para realizar trabajos apostólicos en línea; para tocar el saxofón; para jugar al fútbol; para diseñar programas de computadora; para disfrutar de los videojuegos; para ver películas de crímenes; y para hacer cortometrajes con sus perros y gatos.

“Estar siempre unido a Jesús, éste es mi proyecto de vida”, escribió cuando tenía tan sólo siete años. Y desde entonces siempre fue fiel a este programa hasta su partida al Cielo que tuvo lugar entre el 11 y el 12 de octubre de 2006 en el Hospital San Gerardo de Monza. Desde niño, Carlo siempre mostró una gran atracción hacia el “Cielo”.

Por circunstancias especiales, dada su madurez poco común en materia de fe y su gran amor al Sacramento de la Eucaristía, Carlo fue admitido a la Primera Comunión con sólo siete años y desde entonces nunca ha faltado a su cita diaria con la Santa Misa y a un poco de adoración eucarística antes o después de la Misa y del Rosario diario. Carlo escribe que cuando “ te pones frente al sol, te bronceas… pero cuando te pones delante de Jesús Eucaristía, te haces santo”. Para Carlo, “la Eucaristía es su camino hacia el Cielo” y también el medio más poderoso para convertirse rápidamente en santos.

Su famosa frase es: “Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias”.

Para evitar morir como un calco, Carlo se nutre de la fuente de los Sacramentos, que para él son el medio más poderoso para crecer en la virtud, signos eficaces de la infinita misericordia de Dios hacia nosotros. Gracias a la Eucaristía, Carlo fortalece heroicamente la virtud de la fortaleza, que le dará el coraje común a todos los santos para ir siempre a contracorriente y oponerse a los falsos ídolos que el mundo nos propone constantemente.

La Eucaristía también alimenta en él un profundo deseo de sintonizar constantemente con la voz del Señor y vivir siempre en su presencia. Al hacerlo, Carlo logra vivir el estilo de vida que aprendió en la escuela de la Eucaristía: estar en la escuela, en una pizzería con amigos, en la plaza viendo un partido de fútbol o usando la computadora, se convierte en un Evangelio vivo. Carlo ha logrado un éxito notable, a pesar de vivir una vida ordinaria como la de tantos, al dedicar su vida, momento a momento, a la meta más alta a la que todos los hombres están llamados: la felicidad eterna con Dios.

Carlo, «el amante de Dios», experimentó esta poderosa presencia divina en su vida terrenal y se esforzó por todos los medios por transmitirla generosamente a los demás.

​Incluso hoy, sigue intercediendo para que todos pongan a Dios en primer lugar en sus vidas y digan, como Carlo: «No yo, sino Dios»; «No el amor propio, sino la gloria de Dios»; «La tristeza es la mirada dirigida hacia uno mismo; la felicidad es la mirada dirigida hacia Dios».

Carlo, «el amante de Dios», experimentó esta poderosa presencia divina en su vida terrenal y se esforzó por todos los medios por transmitirla generosamente a los demás.

​Incluso hoy, sigue intercediendo para que todos pongan a Dios en primer lugar en sus vidas y digan, como Carlo: «No yo, sino Dios»; «No el amor propio, sino la gloria de Dios»; «La tristeza es la mirada dirigida hacia uno mismo; la felicidad es la mirada dirigida hacia Dios».

CATEQUESIS DEL PAPA LEÓN XIV – LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II IV. CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES (GS 1-10) 4. EL SENTIDO DE LA ACTIVIDAD HUMANA EN EL UNIVERSO (GS, 33-39)

Continuando nuestro recorrido por la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que tiene un título atractivo: «La actividad humana en el mundo». La pregunta de fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y el 21 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez.

Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es agente del progreso. Mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, logrando así que toda la sociedad progrese. Esto se aprecia fácilmente al considerar la mejora en las condiciones de vida a lo largo de las sucesivas generaciones. En efecto, dice el Documento, un «gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo» (n. 33).

Por este motivo, algunos pensadores han presentado el progreso técnico-científico como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado, respecto a las épocas precedentes, un cambio en la mirada del hombre contemporáneo sobre el mundo. Un prejuicio de este tipo prevalece, principalmente, en esa parte de la cultura occidental que ha perdido su vínculo con la Revelación cristiana. En los humanismos postcristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana. Es el “drama del humanismo ateo”, bien descrito por un importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac. [1]

El Concilio desea proporcionar una respuesta clara. Afirma la Gaudium et spes: «Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios» (n. 34). Es más, prosigue la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» (ibid.). En resumen, Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino, en crecimiento- para que ellos la conduzcan a buen término por medio de su sabia actividad [2].

Se encuentra aquí una importante referencia al misterio de la Encarnación. La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas. Asimismo, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca cada día sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo [3]. Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, con la mirada puesta en el fin de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, la ciencia y la vida.

Ciertamente, es preciso distinguir bien el progreso temporal del crecimiento del reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que tal progreso, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados» (n. 39).

Finalmente, recordemos que, para constituir auténtico progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres-, el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así se podrá utilizar siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.

Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.

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[1] Cfr. H. de Lubac, Le drame de l’humanisme athée (1944), tr. it. Brescia 2013.

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302, 306, 307.

[3] Cfr. S. Juan Pablo II, Homilia para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (6 de octubre de 2002).

Fuente: LA SANTA SEDE