SOBRE RERUM NOVARUM (IV)

Es un mal que una clase social sea enemiga de la otra, la naturaleza no dispone que los ricos y pobres se enfrenten permanentemente, esto es ajeno a la razón y a la verdad.

Así como el cuerpo se ensambla entre si miembros diversos, también en la sociedad la naturaleza humana puede armonizar las distintas clases  y que concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio, ambas se necesitan, ni el capital puede sustituir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital.

La doctrina de la religión cristiana y la iglesia como mediadora pueden entre si unir a los ricos con los proletarios y que cada clase cumpla con sus deberes y ante todo los deberes de la justicia. Que es compartir integra y fielmente lo que por propia libertad y por arreglo a la justicia se ha estipulado sobre el trabajo.

Los deberes del proletariado: son no dañar al capital, no ofender a los patronos, abstenerse de toda violencia al defender sus derechos.

Por otra parte los deberes de los ricos y patronos: No considerar a los obreros como esclavos, respetar la dignidad, que el trabajo les de la posibilidad de ganarse la vida honradamente, no abusar de las personas, que tengan encuentra las exigencias de la religión y el bien de las almas que procuren darles tiempo para el cumplimiento religioso, no imponer más trabajo que el que pueda soportar sus fuerza, pedir que los patronos no opriman para su lucro a los más necesitados y desvalidos, pues esto no lo permite ni las leyes divinas ni las humanas, y defraudar en el salario debido es un crimen que clama al cielo.

La Iglesia que trata de unir una clase con la otra al final todos tenemos que compadecer ante el tribunal de Dios. La verdadera vida es la eterna, para eso nos ha creado Dios, por ello es importante como actúa el hombre de cara a la vida del Reino.

Jesucristo no suprime las tribulaciones diversas de esta vida mortal, sino que hizo de ella estimulo de virtudes. El tomo sobre si los trabajos y sufrimientos nuestros.

Las riquezas no aportan conseguir la exención de dolor, ni aprovechan nada para la vida eterna, más bien la obstaculizan. La iglesia enseña la recta posesión del dinero y el recto uso del mismo.

Poseer bienes en privado es un derecho natural del hombre. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y el decoro es un deber socorrer a los indigentes con lo sobra; lo que sobra darlo de limosna no son deberes de justicia sino de caridad humana (salvo casos de necesidad extrema)

Aunque esto nos son deberes de justicia el Señor nos dice que es mejor dar que recibir y que juzgara la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a El “Cuanto hicisteis a estos hermanos más pequeños a mi me lo hicisteis”

Así los que carecen de bienes, ser pobre, no es una deshonra y no hay que avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con el trabajo. Pues Jesucristo se hizo pobre siendo rico para nuestra salvación y no rehusó a ser un artesano, ni al trabajo manual.

Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

ARTROSIS: NUEVA VÍA PARA REGENERAR EL CARTÍLAGO

Durante décadas, la artrosis se ha considerado una enfermedad sin retorno. Se trata de un desgaste progresivo e irreversible del cartílago que amortigua las articulaciones. Las únicas soluciones, hasta ahora, han sido destinadas a aliviar los síntomas. Analgésicos, fisioterapia o, en casos graves, una prótesis que sustituye la estructura dañada. Ningún tratamiento ha sido capaz de abordar la raíz del problema. Pero esto podría estar a punto de cambiar. Una investigación liderada por la Universidad de Stanford (California), publicada recientemente en la revista Science, ha identificado el mecanismo molecular que desencadena la destrucción del cartílago en la artrosis y ha demostrado cómo revertir ese proceso en modelos animales. El estudio abre por primera vez la posibilidad de un tratamiento capaz no solo de frenar la enfermedad, sino de regenerar tejido articular.

El trabajo se centra en una sustancia asociada al envejecimiento, la 15-PGDH, una enzima que aumenta con la edad y cuyo papel había sido estudiado en tejidos como músculos, colon, hígado o sangre. En todos los casos, cuanto mayor es la presencia de esta proteína, menor es la capacidad de regeneración. Sin embargo, esta es la primera vez que se la vincula de manera directa con la artrosis.

Una enzima clave

El equipo de Stanford detectó que existen niveles altos de 15-PGDH en los cartílagos dañados por la artrosis. La 15-PGDH es una enzima que se encarga de degradar las prostaglandinas D2 y E2, dos moléculas indispensables para la reparación de tejidos. A medida que su concentración aumenta con la edad, la capacidad del cartílago para regenerarse disminuye de forma drástica.

«La artrosis afecta a una de cada tres personas mayores de 65 años, y hasta ahora no disponíamos de ninguna terapia que actuara sobre la causa molecular del deterioro», explica Helen Blau, especialista en medicina regenerativa y codirectora del estudio. El hallazgo, subraya, supone «una nueva forma de regenerar tejido adulto».

Para comprobar si era posible revertir este proceso, los investigadores recurrieron a un fármaco experimental desarrollado por la biotecnológica EpiriumBio, en la que participa Blau. El compuesto inhibe la producción de la enxima 15-PGDH, consiguiendo de este modo que las prostaglandinas recuperen su actividad reparadora.

Eficacia en ratones

Los ensayos del fármaco en ratones con artrosis de rodilla han ofrecido resultados sorprendentes. Tras administrar el compuesto directamente en las articulaciones dañadas, los investigadores observaron efectos importantes en la regeneración del cartílago, con un grosor similar al de animales sanos, así como una formación de cartílago hialino, el tipo adecuado para las articulaciones. Se trata de un tejido diferente del fibrocartílago o cartílago elástico, que no cumplen la misma función. También hallaron una recuperación de la movilidad, consiguiendo una mayor carga de peso sobre la articulación tratada, un indicador indirecto de la reducción del dolor. «El nivel de regeneración del cartílago en ratones mayores nos ha sorprendido. El efecto ha sido extraordinario», señala Nidhi Bhutani, coautora del estudio y especialista en cirugía ortopédica.

El equipo también puso a prueba este fármaco en cartílagos humanos extraídos durante operaciones de prótesis de rodilla, con resultados similares. Una vez más, vieron que el tejido volvía a regenerarse.

Cambio de paradigma

Uno de los hallazgos más inesperados del estudio está relacionado con el origen de las células que reconstruyen el cartílago. Hasta ahora, la investigación científica se había centrados en las células madre como fuente de regeneración. Pero la nueva evidencia apunta a otro mecanismo.

«No vemos participación de células madre», observa Blau. En este caso, son las propias células diferenciadas del cartílago las que modifican sus patrones de expresión genética y reconstruyen el tejido. Hasta ahora, se creía que estas eran incapaces de regenerarse. Sin embargo, el inhibidor de 15-PGDH desarrollado recientemente parece desbloquear genes necesarios para la reparación que estaban silenciados. Este descubrimiento podría cambiar el paradigma en cuanto a la regeneración de estos tejidos.

Ensayos clínicos

Aunque la investigación se ha centrado en la artrosis, el fármaco ya se está probando en humanos para tratar la atrofia muscular asociada a la edad. En estos ensayos de fase 1, administrado por vía oral, ha demostrado ser seguro y tener actividad biológica. El siguiente paso, detalla Blau, será iniciar ensayos clínicos dirigidos específicamente a personas con artrosis. De confirmarse los resultados obtenidos en animales y tejidos humanos, esta terapia podría convertirse en la primera capaz de revertir la enfermedad.

Actualmente, los tratamientos disponibles se limitan a paliar el dolor o mejorar temporalmente la movilidad. La introducción de un medicamento con un mecanismo de acción regenerativo podría transformar el tratamiento de una patología que afecta a millones de personas. No obstante, los expertos recuerdan que la distancia entre los resultados en ratones y la aplicación clínica en humanos es considerable. El cartílago humano es más grueso, crece más lentamente y está sometido a cargas de peso más elevadas. Será necesario verificar que la regeneración observada en laboratorio se mantiene en articulaciones humanas vivas y en movimiento.

Aunque se la considera una enfermedad propia de las personas mayores, la artrosis también afecta a otros grupos poblacionales. Deportistas, trabajadores de esfuerzos repetitivos y personas que han sufrido lesiones articulares pueden desarrollar la enfermedad en la mediana edad de la vida. Para muchos, la única opción es una prótesis. De probar su eficacia y seguridad, esta terapia podría retrasar o incluso evitar la necesidad de esta cirugía.

Fuente: LA VOZ DE GALICIA

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA ADELA

Nace en el año 931 en la península Itálica. Era hija del rey Rodolfo de Borgoña, el cual murió cuando ella tenía 6 años. Muy joven contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Su hija Emma llegó a ser reina de Francia.

Su primer esposo, Lotario, murió también muy joven, parece que envenenado por los que deseaban quitarle su reino, quedando Adelaida viuda de sólo 19 años, con su hijita Emma todavía muy pequeñita. El usurpador Berengario la encerró en una prisión y le quitó todos sus poderes y títulos, porque ella no quiso casarse con el hijo del tal Berengario. Su capellán se quedaba admirado porque Adelaida no se quejaba ni protestaba y seguía tratando a todos los carceleros con exquisita amabilidad y dulzura. Todo lo que sucedía lo aceptaba como venido de las manos de Dios y para su bien. Le robaron sus vestidos de reina y todas sus alhajas y joyas y le dieron unos harapos como de pordiosera. En su oscura prisión pasó varios meses dedicada a la oración. Los carceleros exclamaban: «Cuánto heroísmo tiene esta reina. ¡No grita, no se desespera, no insulta. Sólo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!».

Y mientras tanto su capellán, el Padre Martín, consiguió un plano del castillo donde ella estaba prisionera, abrió un túnel y llegando hasta su celda la sacó hacia el lago cercano donde la esperaba una barca, en la cual se la llevó hacia le libertad haciéndola llegar hasta el Castillo de Canossa, donde se refugió. Pero Berengario atacó aquel castillo y Adelaida envió unos embajadores a Otón de Alemania pidiéndole su ayuda. Otón llegó con su ejército, derrotó e hizo prisionero a Berengario y concedió la libertad a la santa reina.

Otón se enamoró de Adelaida y le pidió que fuera su esposa. Ella aconsejada por el Padre Martín, acepto este matrimonio y así llegó a ser la mujer del más importante mandatario de su tiempo. Los dos se fueron a Roma y allá el Sumo Pontífice Juan XII coronó a Otón como emperador y a Adelaida como emperatriz.

Otón el grande reinó durante 36 años. Mientras tanto su santa esposa se dedicaba a socorrer a los pobres, a edificar templos y a ayudar a misioneros, religiosos y predicadores.

Al morir su esposo Otón I, le sucedió en el trono el hijo de Adelaida, Otón II, pero este se casó con una princesa de Constantinopla, la cual era dominante y orgullosa y le exigió que tenía que alejar del palacio a Adelaida. Otón aceptó semejante infamia y echó de su casa a su propia madre. Ella se fue a un castillo pero pidió la ayuda de San Mayolo, abad de Cluny, el cual habló de tal manera a Otón que lo convenció que nadie mejor lo podía aconsejar y acompañar que su santa madre. Y así el emperador llamó otra vez a Adelaida y le pidió perdón y la recibió de nuevo en el palacio imperial.

Otón II murió en una guerra y su viuda la princesa de Constantinopla se apoderó del mando y trató duramente a Adelaida. Ella decía: «Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras». En medio de sus penas encontraba fuerzas y paz en la oración. A quienes le trataban mal les correspondía tratándoles con bondad y mansedumbre.

Una extraña enfermedad acabó con la vida de la princesa de Constantinopla y Adelaida quedó como regente, encargada del gobierno de la nación, mientras su nieto Otón III llegaba a la mayoría de edad. Fue para sus súbditos una madre bondadosa. Ignoraba el odio y no guardaba resentimientos con nadie. Supo dirigir el gobierno del país alemán con bondad y mucha compresión, ganándose el cariño de las gentes.

Fundó varios monasterios de religiosos y se preocupó por la evangelización de los que todavía no conocían la religión católica. Se esforzaba mucho por reconciliar a los que estaban peleados.

Su director espiritual en ese tiempo fue San Odilón, el cual dejó escrito: «La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad». Santa Adelaida tuvo una gran suerte, y fue que durante toda su vida se encontró con formidables directores espirituales que la guiaron sabiamente hacia la santidad: el Padre Martín, San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. En la vida de nuestra santa sí que se cumplió lo que dice la S. Biblia: «Encontrar un buen amigo es mejor que encontrarse un buen tesoro. Quien pide un consejo a los que son verdaderamente sabios, llegan con mucha mayor facilidad al éxito».

Cuando su nieto Otón III se posesionó como emperador, ella se retiró a un monasterio, y allí pasó sus últimos días dedicada a la oración.

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (IV)

La Dra. Lombardi es una autora galardonada que ha trabajado como ministra parroquial, ministra universitaria, líder de capellanía de escuela secundaria, formadora de docentes a través de OECTA, profesora de Educación Religiosa en la Universidad de Brock, facilitadora de retiros, consultora de formación en la fe y coordinadora de programas en la Diócesis de Hamilton. Actualmente, es decana académica y profesora asociada de teología sistemática y pastoral. Ha trabajado en medios de comunicación, tanto en radio como en televisión, y ha sido asesora de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos en el área de doctrina y relaciones católico-musulmanas. Sus libros »  En la Tierra como en el Cielo»  y  «Expertos en Humanidad»  han aparecido en Salt and Light TV.  «Expertos en Humanidad»  recibió  el primer  premio en la categoría de Vida Familiar por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá en 2017.

Ella es la  teóloga de la serie  para el nuevo recurso de educación religiosa para los grados 1 a 8,  “Creciendo en la fe, creciendo en Cristo”  para las juntas escolares católicas en Ontario, Alberta y Saskatchewan.

 

La Iglesia contra la cultura del descarte de los ancianos


Josephine Lombardi, Ph.D. Decana Académica,

Seminario de San Agustín

Su Eminencia Cardenal Farrell, Reverendos Padres, hermanos y hermanas en la vida consagrada, personal y miembros del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, invitados especiales de la conferencia.

Es un honor para mí presentar el tema de la Iglesia contra la cultura del descarte de los ancianos, un tema oportuno dada la reciente estadística sobre el envejecimiento de la población en todo el mundo. Aunque podamos sentir la tentación de pensar que este es un problema único de nuestros tiempos, el Salmista (71:9) escribe: “No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando se acabe mi fuerza,” lo que indica que el miedo a que los ancianos sean rechazados ha sido un tema constante que sigue desafiándonos hoy en día.

Durante nuestro breve tiempo juntos, tengo la intención de desglosar lo que se entiende por la «cultura del descarte,» una expresión utilizada por el Papa Francisco. Además, basándome en algunos ejemplos globales, identificaré algunos factores que contribuyen a la cultura del descarte de los ancianos y concluiré con algunas recomendaciones para promover una mayor conciencia sobre este tema.

¿Qué es la cultura del descarte?

No es raro ver la «cultura de usar y tirar» definida como «una cultura en la que el consumo y la producción de muchos bienes se basan en la práctica de desecharlos después de un solo uso.»[1]  La Iglesia, sin embargo, añade a esta “cultura del desperdicio,”[2] seres humanos que corren el riesgo de ser “desechados como innecesarios.”[3] El Papa Francisco lamentó una cultura en la que “la vida humana, la persona, ya no se ven como un valor primario que debe ser respetado y salvaguardado.”[4]  Usada por primera vez por el Papa Francisco en 2014[5], la expresión «la cultura del descarte» es un paradigma moral que representa una mentalidad en la que los bienes materiales y los seres humanos son vistos como objetos desechables, «descartados como innecesarios.»[6] Más tarde, en 2015, condenó “una civilización en la que no hay lugar para los ancianos o donde son desechados,…hay algo vil en esta adhesión a la cultura del descarte.”[7] En el mismo año, la frase «cultura del descarte» reaparece en la encíclica del Papa Francisco, Laudato si’[8].  Mucho más que una crítica a una cultura de desperdicio ambiental, por importante que sea este tema, esta encíclica ofreció una crítica a una cultura que no valora la vida humana, particularmente a las personas que experimentan vulnerabilidad, incluyendo a los ancianos que son vistos como prescindibles, considerados como si ya no tuvieran significado y valor. Declaró: “La cultura del relativismo es el mismo desorden que lleva a una persona a aprovecharse de otra, a tratar a los demás como meros objetos.”[9] El mismo tipo de pensamiento, continuó escribiendo, lleva «al abandono de los ancianos que ya no sirven a nuestros intereses.»[10]  Aunque entendemos que la «cultura del descarte» se aplica a otras personas vulnerables como los no nacidos, los discapacitados, las víctimas de la trata de personas y los refugiados[11], hoy el enfoque está en los ancianos.

En continuidad con la Doctrina Social de la Iglesia, que nos llama a ofrecer “apoyo material y moral en la vejez y en tiempos de enfermedad, soledad o angustia” (CCC 2218), el Papa Francisco se basó en la sabiduría del Papa San Juan Pablo II, quien presentó la vejez como una oportunidad para aplicar la Doctrina Social Católica, escribiendo: “A la luz de todo esto, los signos de la fragilidad humana que están claramente conectados con la edad avanzada se convierten en un llamado a la dependencia mutua y la solidaridad indispensable que vinculan a las diferentes generaciones, en la medida en que cada persona necesita a los demás y se enriquece con los dones y carismas de todos.”[12] Además, en su encíclica, Evangelium Vitae, declaró: “El abandono de los ancianos o su rechazo absoluto son intolerables.” Su presencia en la familia… es de fundamental importancia…”[13] De manera similar, el Papa Benedicto XVI, durante una reunión en 2012 en una residencia de ancianos, dijo: “La calidad de una sociedad, me refiero a una civilización, también se juzga por cómo trata a los ancianos y el lugar que les da en la vida comunitaria.”[14]  Por eso, el abandono, según el Papa Francisco, es una grave «enfermedad» y una gran injusticia.[15]  Lamentando cómo los ancianos corren el riesgo de ser «dejados de lado»[16] en un lugar «donde no hay espacio para los ancianos o donde son desechados,»[17]  Francisco destacó la soledad que aflige a las personas mayores. Comentando sobre el sufrimiento causado por la falsa narrativa de que los ancianos “no son útiles,[18]” insistió en cambiar el mensaje para que los ancianos sean vistos como “los guardianes de las raíces” o “guardianes de la memoria,”[19] una expresión utilizada por el Papa San Juan Pablo II[20]. La vejez, afirmó el Papa Francisco, «es uno de los problemas más urgentes que enfrenta la familia humana en este momento.» [21] Tan intensa fue su atención a este asunto que ofreció un ciclo de 18 catequesis sobre la vejez entre febrero de 2022 y agosto de 2022. Al igual que el Papa Juan Pablo II, quien comentó que los ancianos han entrado en un «período de gracia extraordinaria»,[22]  El Papa Francisco, en continuidad con sus predecesores, afirmó este tiempo de gracia y fue inspirado para establecer el Día Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores,[23] celebrando la importancia del diálogo intergeneracional, un tema para la próxima sesión de esta conferencia.

Recientemente, el Papa León XIV se refirió a los ancianos como «testigos de esperanza» y describió la vejez como un tiempo de gracia, llamándonos «a ayudar (a los ancianos) a experimentar la liberación, especialmente de la soledad y el abandono,”[24] una declaración clara contra la cultura del descarte que, según el Papa Francisco, es una forma de abandono y «una forma de cobardía,»[25] porque como él dijo, «los ancianos no son sobras de la vida, desechos que se puedan descartar.»[26]

Claramente, el abandono de los ancianos es una indicación de que hemos olvidado el significado más profundo del gran mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt. 23:36-40), que amar, como enseñaron Aristóteles y Aquino, es querer el bien del otro por el bien del otro.[27]  Nunca usando sus poderes divinos para beneficio personal, sino solo por nuestro bien, Jesús nos muestra cómo amar[28], presentando los dos grandes mandamientos como un antídoto contra la cultura del descarte.[29]

Tristemente, sin embargo, la cultura de la descarte, señaló el Papa Francisco, “unida al desprecio por la vejez, vista como fragilidad, como decadencia o discapacidad, ha sido la imagen dominante del totalitarismo del siglo XX.”[30]  Esta mentalidad, según el Papa Francisco, ha contribuido a una cultura que está, “acostumbrada a desechar a las personas.” Queremos eliminar nuestro creciente miedo a la debilidad y la vulnerabilidad; pero al hacerlo, aumentamos en los ancianos la ansiedad de ser mal tolerados y descuidados. [31]

La buena noticia es que el paradigma moral del Papa Francisco ha sido adoptado por profesionales legales y médicos católicos, especialmente aquellos que afirman una «cultura de la vida»[32], señalando que el cuidado adecuado para los ancianos incluye satisfacer tanto las necesidades sociales, legales y espirituales, como las necesidades médicas.[33] Estos expertos pueden informar nuestra comprensión acerca de algunos factores que contribuyen a la cultura del descarte. Aunque está más allá del alcance de esta breve presentación, ofrecer un análisis exhaustivo de estos factores, compartiré algunas políticas públicas y tendencias que han socavado nuestra capacidad para proteger a los ancianos del peligro de esta cultura del descarte.

 

  1. Políticas públicas que alimentan la cultura del descarte

Amnistía Internacional[34], en un texto centrado en los derechos de las personas mayores[35], proporciona un análisis perturbador de las políticas implementadas por los gobiernos durante la pandemia de COVID-19, señalando que estas políticas “resultaron en miles de muertes evitables en residencias de ancianos en todo el mundo.” Estas decisiones también crearon niveles sin precedentes de aislamiento social entre las personas mayores.[36]  Ofreciendo los contextos de Bélgica, España, Italia y el Reino Unido como estudios de caso, Amnistía Internacional descubrió que “miles de residentes mayores perdieron la vida innecesariamente, debido a políticas gubernamentales negligentes y a instalaciones médicas con recursos insuficientes.” Este riesgo se agravó para las personas que ya vivían con múltiples complicaciones de salud, incluyendo discapacidades físicas y demencia.[37]  Esto se debió en gran parte, según el informe, a la falta de preparación y recursos para ayudar a los terapeutas en la atención a los ancianos.[38]  Sorprendentemente, Amnistía Internacional informa que los Servicios Nacionales de Salud de Inglaterra “anunciaron la catastrófica decisión de dar de alta urgentemente a los pacientes de los hospitales y enviarlos a residencias de ancianos,” …aumentando el “riesgo de exposición,” contribuyendo a que 42,341 ancianos murieran en residencias de ancianos en el primer año de la pandemia. No solo esto, SINO que el Reino Unido TAMBIÉN prohibió que las personas mayores fueran admitidas en hospitales para recibir cuidados más avanzados.[39]  Hay más. El gobierno del Reino Unido, según Amnistía Internacional, impuso «órdenes generales de NO APLICAR REANIMACIÓN» a los residentes en muchos hogares de cuidado, a menudo sin el consentimiento de los familiares.[40]  El daño colateral más devastador provino del aislamiento de los residentes, quienes no pudieron ver a sus familias y amigos durante muchas, muchas semanas consecutivas.

Los académicos John T. Cacioppo y William Patrick, en su investigación sobre la ciencia de la soledad, encontraron que “las personas con pocos lazos sociales estaban en riesgo de morir por enfermedad isquémica del corazón, enfermedad cerebrovascular, cáncer y una categoría más amplia que incluía causas respiratorias, gastrointestinales y todas las demás causas de muerte.”[41]  En otras palabras, la falta de conexión, incluido el contacto físico, corre el riesgo de volverse «tan perjudicial como la obesidad, la falta de ejercicio o la inhalación de humo cancerígeno.»[42]  Las expresiones físicas de cariño, como los abrazos, aumentan los niveles de oxitocina, la hormona del bienestar.[43] Por el contrario, la soledad «inflige dolor, aumenta las percepciones de estrés, interfiere con la función inmunológica y perjudica la función cognitiva.»[44]  Esta investigación es fundamental para nuestra comprensión del sufrimiento que soportan las personas de todas las edades y estados de vida que viven en aislamiento hoy en día, incluidos los ancianos canadienses durante la pandemia.

En abril de 2020, los canadienses y personas de todo el mundo permanecieron en shock, horrorizados por el descubrimiento de 31 muertes en el hogar de ancianos Herron de Montreal en la provincia de Quebec.[45]  Los informes indicaron que solo quedaban 2 enfermeras para cuidar a 130 residentes ancianos. La proporción habitual, según la Asociación de Enfermeras de Ontario, es de 1:10 durante el día y de 1:14 para el cuidado nocturno. Varios informes descubrieron que los residentes se encontraban deshidratados, «tendidos sin vida en la cama, sin ser alimentados durante días, con excremento filtrándose de sus pañales.»[46]  La indignación llevó al arzobispo Terrence Prendergast, entonces arzobispo de Ottawa, a recordar a los fieles su deber de proporcionar el «cuidado adecuado para los ancianos.»[47] Reaccionando a la noticia de las muertes en los hogares de ancianos, Charles Camosy, en un artículo de opinión para el New York Times, escribió: “Tendemos a ver esto como un fracaso de salud pública, pero esto es un fracaso moral.”[48]  Cuando se trata de los vulnerables, hemos externalizado el cuidado y la empatía a instituciones que están mal equipadas para atender las necesidades multidimensionales de los ancianos, un hallazgo reportado en el informe de la Comisión de Cuidado a Largo Plazo del COVID-19 de Ontario, fechado el 30 de abril de 2021.[49]  El informe de 426 páginas continúa admitiendo que los ancianos y sus familiares “sufrieron un trauma terrible,[50]” debido a “infraestructura inadecuada”[51] y “saturación.”[52]  Estos hallazgos y otros más han llevado a Amnistía Internacional a declarar que los ancianos “tienen derecho a un trato igualitario durante las emergencias sanitarias.”[53] Lamentablemente, en varios países, este no es el caso, especialmente debido a la cultura del descarte alimentada por la legislación relacionada con la eutanasia.

En la edición de septiembre de 2025 de The Atlantic, Elaine Plott Calabro, en un artículo titulado «Canadá se está suicidando», evalúa el impacto de MAID, Asistencia Médica para Morir, el marco legal de la eutanasia en Canadá, legislado en 2016 y actualizado en 2021 para incluir otra vía para pacientes «gravemente enfermos» cuya muerte no es razonablemente previsible. En Canadá y en otras naciones seleccionadas, los cuidados paliativos ya no se limitan a la gestión de síntomas y dolor. «En la última década,» escribe Calabro, «los practicantes de la eutanasia se han vuelto tan familiares como los ortodoncistas o los cirujanos plásticos…» La diferencia es que, hace 10 años, lo que muchos de los asistentes aquí hacen en su trabajo, habría sido considerado homicidio.[54]  Aproximadamente una de cada 20 muertes en Canadá se debe a la MAID y la edad media es de 75 años.[55]

Calabro comparte detalles impactantes sobre por qué las personas consideran la EAM, informando que se sienten como una «carga en un sistema sobrecargado.» De manera similar, un informe preparado por Salud Canadá en 2024 [56] muestra que casi la mitad de todos los canadienses que han muerto por MAID se consideraban una carga para su familia y amigos. Una mujer, citada en el artículo de Calabro, dice que era más fácil para los pacientes obtener la EUT que conseguir una silla de ruedas. Otro anciano, según Calabro, quería morir porque estaba solo, quizás sintiendo que lo habían desechado. Después de descubrir la razón detrás de su decisión, su familia comenzó a visitarlo más a menudo y él canceló su solicitud. Otra mujer, citada en el mismo artículo, admitió que consideró la ELA porque «había luchado sin éxito para obtener servicios adecuados de atención domiciliaria.»[57]  El abandono debido a políticas arraigadas en la «cultura de la muerte,»[58]  el abandono y la falta de recursos han alimentado la cultura de la desechabilidad y distorsionado nuestra comprensión de los cuidados paliativos.

Comentando acerca del verdadero propósito de los cuidados paliativos, el Papa Francisco declaró: «Los cuidados paliativos son una expresión de la actitud verdaderamente humana de cuidar unos de otros, … Es un testimonio de que la persona siempre es preciosa, incluso si está marcada por la enfermedad y la vejez… Hoy en día, «honrar» también podría traducirse como el deber de tener el máximo respeto y cuidar de aquellos que, debido a su condición física o social, pueden ser abandonados en la muerte o «hechos morir».[59]  Un juego de palabras interesante. MAID sí significa «hecho para morir.» Haciendo referencia a Evangelium Vitae,[60] en el mismo discurso, afirma: “El objetivo de los cuidados paliativos es aliviar el sufrimiento en las etapas finales de la enfermedad y al mismo tiempo asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado.” ¿Cuántos ancianos conocen la enseñanza de la Iglesia sobre el control del dolor? [61]  ¿Cuántos están tomando decisiones sin pleno conocimiento y libertad porque tienen miedo? Tristemente, hay ancianos que mueren solos, sin compañía y sin el cuidado adecuado, debido en gran parte a una cultura de negligencia, una cultura de descarte.

Negligencia y la Cultura del Descarte

Esta cultura de negligencia y abandono es especialmente prevalente en tiempos de guerra y desastres naturales. Amnistía Internacional[62] observa que “en los conflictos armados, las personas mayores suelen ser las últimas en huir.” Pueden temer perder sus hogares o sus tierras, que pueden ser su activo más vulnerable. A veces tienen discapacidades físicas, intelectuales u otras que dificultan la huida o el acceso a la información sobre la evacuación.[63]  Tristemente, concluye el informe, “mueren y son heridos en tasas desproporcionadas dando como resultado, una tendencia” que se ha “encontrado en Ucrania; el noreste de Nigeria y Myanmar.”

Esta falta de respeto por la dignidad de los ancianos se ve agravada por la avaricia y una percepción errónea de los ancianos, un caso puntual presenciado en Gusiiland, Kenia. En una Declaración sobre el Linchamiento de Mujeres Mayores, 22 organizaciones de derechos humanos[64] informaron que el acoso y asesinato de mujeres mayores y pobres, acusándolas de brujería, es denunciado como una actividad atroz descrita como «abominable, discriminatoria, injusta, deshumanizadora y profundamente opresiva.»[65]  Informes similares de Ghana muestran que “cientos de mujeres han sido expulsadas de sus comunidades después de ser acusadas de brujería— a menudo por razones que desafían la lógica: la enfermedad de un niño, una cosecha fallida, una disputa familiar, un mal sueño.” La mayoría son ancianas, viudas, pobres o de alguna manera vulnerables, sin hijos ni parientes varones que las protejan. Las mujeres acusadas a menudo se encuentran en uno de los seis llamados «campos de brujas» del país.[66]  La mayoría de los acusadores, según estos informes, son parientes de esposos fallecidos. Los autores de la declaración de Kenia creen que las acusaciones se deben a la codicia y la escasez de tierras, instando al “Gobierno de Kenia a implantar un protocolo que prevea claramente la protección de los derechos de propiedad, tierras y herencia de las mujeres mayores.” Estas mujeres fueron desechadas y asesinadas debido a acusaciones falsas y codicia.[67]

Se nos recuerda en la carta de Santiago (1:27), que “La religión pura y sin mácula delante de Dios, el Padre, es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” Claramente, en estos contextos, este imperativo bíblico no se está siguiendo. Estos son solo algunos de los factores que contribuyen a la cultura de descarte, arraigada en la falta de aprecio por la dignidad de los ancianos, como «guardianes de la memoria», como «testigos de esperanza», como contribuyentes a la sociedad, representando un «tiempo de gracia» para todas las generaciones. ¿Cómo combatimos esta cultura de descarte hacia los ancianos? Concluiré con algunas recomendaciones.

  • La crisis del cuidado a largo plazo no ha mejorado, con informes de muchos países luchando por gestionar, financiar y mantener servicios vitales para una población envejecida.[68] Actualmente, hay una necesidad urgente de reformas en el sistema, desarrollo de la fuerza laboral y participación de múltiples partes interesadas.[69]

Es importante que nos familiaricemos con las leyes existentes sobre el abuso y la negligencia en la atención de los ancianos, incluidas las obligaciones de reporte en las instalaciones de cuidado. ¿Se alinean estas leyes con nuestra enseñanza sobre la santidad de la vida? Paraguay, por ejemplo, protege a los ancianos a través de la Constitución Nacional, artículo 57, y la Ley 1885, que manda una protección integral de los derechos de las personas mayores[70], un ejemplo concreto de política pública que resiste la cultura del descarte. Lucia A. Silecchia, en un artículo sobre la tragedia de la cultura del descarte, concluye planteando «duras preguntas sobre cada nueva ley: ¿A quién descarta la ley?» ¿A quién trata como menos digno de protección o dignidad? ¿A quién ataca y, igualmente importante, a quién ignora? ¿A quién desvaloriza? ¿A quién le quita la esperanza?[71]  La formación de individuos que puedan ser defensores de los ancianos, incluyendo sus necesidades espirituales, médicas, legales y sociales, debería ser una prioridad para la Iglesia. Aunque existen asociaciones de abogados y médicos católicos, como Médicos por la Vida, ¿cómo pueden las diócesis, los seminarios y las facultades de teología contribuir a esta labor esencial de formación para la defensa y el diálogo?

  • Es necesario educar al clero, a los consagrados y a los laicos sobre la ciencia y el costo de la soledad, la necesidad de conexión y contacto humano, y los peligros asociados con la externalización del cuidado y la empatía a instituciones que no se alinean con nuestros valores y nuestro énfasis en una «cultura de la vida». Aunque el ministerio de visitar a los enfermos y a los ancianos está bien establecido, cada vez más diócesis están formando a ministros de atención para que proporcionen atención espiritual y pastoral especializada a las personas mayores, un ministerio esencial.
  • Involucrar a las personas mayores en la vida de la parroquia como voluntarios y «testigos de la esperanza», aprovechando su sabiduría, sus dones y su memoria institucional. Las investigaciones sobre el voluntariado muestran «una mejora en la calidad de vida, redes sociales más fuertes y una menor probabilidad de aislamiento».[72] El Dr. Adam Grant informa de que «hacer tres actos de bondad al azar a la semana es suficiente para reducir la depresión, la ansiedad y la soledad. Es más beneficioso que hacer cosas buenas por uno mismo».[73] Tenemos que desafiar la narrativa de que ya no somos útiles en la vejez, con mensajes e imágenes adecuados de las personas mayores. Además, necesitamos recordatorios periódicos de que nosotros también llegaremos a la vejez. Mi difunta madre siciliana, sin duda inspirada por un dicho que da la bienvenida a los visitantes de la cripta capuchina de Palermo, solía decir: «Hoy yo, mañana tú».
  • Es esencial que todos los estados de vida atiendan las necesidades de nuestros amigos que son miembros del clero o de comunidades religiosas, garantizando instalaciones y recursos adecuados para su cuidado. Muchos esperan seguir viviendo en entornos que les permitan la contemplación pacífica y el acceso a recursos espirituales. Lamentablemente, sin embargo, un estudio de 2020 reveló que la soledad es un problema clave para el clero.[74] Esta soledad puede verse agravada por el gran número de miembros de edad avanzada que pueden tener dificultades para cuidar de otros miembros.

Además, los planes de atención residencial requieren el conocimiento de los carismas y la cultura únicos de ciertas congregaciones. Las necesidades de las órdenes contemplativas pueden diferir de las necesidades de quienes trabajan en otros entornos. Sin duda, hay muchos ejemplos de diócesis, personas consagradas y laicos que dedican tiempo y recursos a este importante ministerio.[75]

  • Aunque las personas mayores sufren de maneras que les son propias, los cuidadores experimentan su propio sufrimiento. Esto implica entregarnos a nosotros mismos, hasta el punto del sacrificio, sacrificando nuestro tiempo, nuestros recursos, ofreciendo amor, conexión y empatía. Por esta razón, necesitamos una catequesis generalizada sobre la enseñanza de la Iglesia sobre los cuidados paliativos y el valor de nuestra participación en el sufrimiento redentor de Jesucristo. Recursos como Horizons of Hope, un conjunto de herramientas sobre cuidados paliativos preparado para las parroquias por la CCCB, nos ayuda a resistir la tentación de la desesperación. Al socavar nuestro aprecio por el valor de ofrecer nuestro sufrimiento, la cultura del descarte ha anulado el valor redentor del sacrificio, un tema clave en la Carta Apostólica Salvifici Doloris del Papa San Juan Pablo II de 1984. Lamentablemente, sin embargo, las políticas enfocadas a explotar nuestro miedo al sufrimiento y a la falta de conocimiento, junto con centrarse tanto en distracciones inútiles y en la autoconservación, nos impiden ayudar a nuestros hermanos y hermanas necesitados, creando obstáculos a los actos de gracia.

Cuando se nos pide que ayudemos a una persona mayor necesitada, ¿decimos: «Si me detengo y dedico tiempo a cuidar de una persona mayor que conozco, de mi familia o de mis amigos, ¿qué pasará conmigo, con mi tiempo libre, con mis recursos, con mi vida?» ¿O nos atrevemos a preguntarnos: «Si no me detengo y dedico tiempo a cuidar de una persona mayor que conozco, ¿qué le pasará a ella?» ¿Quién la cuidará?[76]

  • Por último, el recordatorio de la verdad bíblica de que, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo.[77] En la parábola del juicio de las naciones, Jesús nos recuerda que lo mínimo que hacemos por nuestros hermanos y hermanas, lo hacemos por él (Mt 25, 31-46). Al final de nuestros días, ¿nos dirá el Señor: «Yo era anciano y estaba solo, y vosotros no vinisteis a visitarme, demasiado ocupados con vuestras distracciones y artilugios inútiles»?[78] «Yo me sentía mal y confundido, y vosotros me explotasteis, llegando incluso a acusarme falsamente y a quitarme mis bienes. Estaba muriendo y me privasteis de visitas, de cuidados paliativos adecuados y de contacto humano; en cambio, me ofrecisteis veneno y me dejasteis morir en la desesperación».

¿O dirá el Señor:

 «Era anciano y estaba solo, y tú me visitabas a menudo, mantenías conversaciones significativas conmigo, respetabas mi dignidad y me incluías en los eventos familiares. Me sentía mal y confundido, y tú me protegías, asegurándote de que no se violaran mis derechos y respetando mi dignidad. Estaba muriendo y tú me acompañaste, abrazándome con ternura y recordándome la esperanza de la vida eterna».

Hoy yo, mañana tú.

Gracias y que Dios te bendiga.

[1]  Justin Weinberg, “Against a Throwaway Culture in Philosophy,” July 7, 2025. In this article, Professor Weinberg laments the throwing away of past ideas.

[2] Pope Francis, General Audience for World Environmental Day, June 5, 2013.

[3] Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[4]  Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[5] See Pope Francis, Address to Members of the Diplomatic Corps, January 13, 2014.

[6] Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[7] Pope Francis, General Audience, March 4, 2015.

[8] See LS 22, 43.

[9]  LS 123. victims of human tra icking, (LS 91), and refugees (LS 25), to name a few examples.

[10] Ibid.

[11] Pope Francis includes the unborn, persons with disabilities, people experiencing poverty, (LS 117),

[12] Pope Francis, Letter to the Elderly, October 10, 2019, 10.

[13] EV 94.

[14] Pope Benedict XVI, Visit to the Community of Sant’Egidio’s Home for the Elderly “Viva gli Anziani,”November 12, 2012.

[15] Pope Francis, Speech to Participants at the Plenary Session of the Pontifical Academy for life, March 5, 2015.

[16] Pope Francis, General Audience, June 1, 2022.

[17] Pope Francis, General Audience, March 2, 2015.

[18] Pope Francis, Sunday Angelus, January 29, 2023.

[19] Pope Francis, Letter to the Elderly, October 10, 2019.

[20] See Pope Saint John Paul II, Letter to the Elderly, October 1, 1999.

[21] Pope Francis, General Audience, February 23, 2022.

[22] Pope Saint John Paul II, To the Forum of Participants on Active Aging, September 5, 1980.

[23]World Day of Grandparents and the Elderly falls on or near the liturgical Memorial of Saints Joachim and Anne. Pope Francis instituted the World Day of Grandparent and the Elderly on January 31, 2021.

[24] Pope Leo XIV, Message of the Holy Father for the 5th World Day of Grandparents and the Elderly, July 27, 2025.

[25] Pope Francis, General Audience, June 1, 2022.

[26] Pope Francis, Message for the World Day of Grandparents and the Elderly, July 25, 2021.

[27] See Aristotle, Nicomachean Ethics, Book IX. See also Thomas Aquinas, Summa Theologica, I/II, 26, a. 4.

[28] Gaudium et Spes reminds us that the gift of self includes the love of neighbour: “For this reason, love for God and neighbor is the first and greatest commandment. Sacred Scripture, however, teaches us that the love of God cannot be separated from love of neighbor.” 24.

[29] Mt. 22:36-40. See also, Deut. 6:4-5 and Lev. 19:18.

[30] Pope Francis, General Audience, February 23, 2022.

[31] Pope Francis, General Audience, March 4, 2015.

[32] EV 28.

[33] See Je rey W. Fuchs, and Joseph R. Fuchs, “Countering Throwaway Culture in Daily Clinical Practice,” The Linacre Quarterly, 2021, Vol. 88(1) 65-70. Catholic Medical Association. See also, Lucia A. Silecchia, Laudato Si’ and the Tragedy of the “Throwaway Culture.” CUA Columbus School of Law Legal Studies. Research Paper No. 2017-2 (2017).

[34]  Amnesty International is a global, independent human rights organization that researches and campaigns against abuses of human rights worldwide.

[35] Amnesty International, “Older People’s Rights.” https://www.amnesty.org/en/what-we-do/older-people/

[36] Ibid.

[37]Ibid.

[38] Ibid. The article reports there were sta ing shortages and a lack of Personal Protective Equipment, and proper testing.

[39] Amnesty International, “Why we need a UN Convention on the Rights of Older Persons”, July 2, 2024. https://www.amnesty.org/en/documents/act30/8189/2024/en/

[40] Ibid.

[41] John T. Cacioppo and William Patrick, Loneliness. Human Nature and the Need for Social Connection (New York: W. W. Norton & Company, Inc., 2009), 93. This research was known to me in the 1980’s when I was an undergraduate in Gerontology at McMaster University, Hamilton, Ontario, Canada.

[42] 42 Ibid., 94.

[43] See p. 137

[44] Ibid., 141.

[45] See Josephine Lombardi, “Senior Lives Matter: What Would the Good Samaritan Do?” May 5, 2020. www.josephinelombardi.com. 46 47 48. 50 51. 52 53

[46] Ibid.

[47] Archbishop Pendergrast, “National Mass for Life,” 2020.

[48] Charles Camosy, “What’s Behind the Nursing Home Horror.” New York Times, May 17, 2020. See also Charles Camosy, Resisting Throwaway Culture: How a Consistent Life Ethic Can Unite a Fractured People, (New York City Press, 2019).

[49] Ontario’s Long-term Care Covid-19 Commission Final Report, April 30, 2021. https://files.ontario.ca/mltc ltcc-final-report-en-2021-04-30.pdf. In the 426-page report, the Commission found that the province’s long term care homes had been neglected for decades, p. 2. Moreover, they were not prepared for the pandemic, p. 2

[50] Ibid., 4.

[51] Ibid., 7

[52] Ibid., 24.

[53] Amnesty International, Why We Need a UN Convention on the Rights of Persons.

[54]  Elaine Plott Calabro, “Canada is Killing Itself,” The Atlantic, August 11, 2025. September 2025 Issue, 1. https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2025/09/canada-euthanasia-demand-maid-policy/683562/ 55 Ibid. Currently, MAID is now o ered to patients as part of the palliative care response using a two-track system. MAID exempts health practitioners who directly administer lethal medication, (euthanasia) or prescribe medication (assisted suicide). Catholic hospitals in Canada are not expected to o er MAID. Legislated on June 17, 2016, in Track 1, natural death is reasonably foreseeable. Initially, MAID/Euthanasia was o ered to those who were “gravely ill…and already at the end of life.” In March 2021, the law was then extended to those in Track 2, as an amendment to Canada’s Criminal Code. Track 2 applies to patients who are “seriously ill…but not facing immanent death,

[55]  in other words their death is not reasonably foreseeable. Each track has its own eligibility requirements, regarding medical conditions that are considered, “grievous and   irremediable.” See next footnote.

[56] See Health Canada, Fifth Annual Report on Medical Assistance in Dying in Canada 2023. Published in 2024. https://www.canada.ca/content/dam/hc-sc/documents/services/publications/health-system services/annual-report-medical-assistance-dying-2023/annual-report-medical-assistance-dying-2023.pdf. According to this report, the median age of MAID deaths in Canada is 75. Of those who have died, 47% reported loneliness as a cause of their su ering, no doubt due in part to the throwaway culture. In 2023 there were 19, 660 requests of which 15, 343 received MAID. 95.9% of these deaths were considered foreseeable. By 2027, it is expected that mental health issues alone will su ice to request MAID.

[57] Calabro, Canada is Killing Itself.

[58]  EV 73

[59]  Pope Francis, Address to the Pontifical Academy for Life, March 5, 2015. 60 61

[60]  See EV 65.

[61] The Canadian Conference of Catholic Bishops has prepared an excellent resource, Horizons of Hope, a palliative care toolkit: https://www.cccb.ca/faith-moral-issues/su ering-and-end-of-life/horizons-of-hope-a toolkit-for-catholic-parishes-on-palliative-care/

[62] Amnesty International, Why We Need a UN Convention on the Rights of Older Persons, July 1, 2024.

[63] Ibid.

[64] 64 https://www.helpage.org/silo/files/consortium-press-statement-on-lynching.pdf

[65] Ibid.

[66] Claire Thomas and Nicholas Azebire, “Banished and Forgotten: A Story of Women Exiled Over Witchcraft.”July 30. 2025. Pulitzer Centre. https://pulitzercenter.org/stories/banished-and-forgotten-story-women-exiledover

[67] Although greed of relatives may not lead to the killing of the elderly in other contexts, there are plenty of accounts of elderly people being financially exploited, signing documents without full knowledge and consent, leading to the transfer of assets or other decisions being made with their input.

[68] See Jordan Rau, “What Long-term Care Looks Like Around the World.” November 14, 2023. https://kShealthnews.org/news/article/dying-broke-long-term-care-other-countries/

[69] See Mareike Ariaansa, Philipp Linden, Claus Wendt, Worlds of long-term care: A typology of OECD countries. February 19, 2021. Health Policy 125 (2021) 609–617.

[70] See the National Constitution of Paraguay, article 57 and Law no. 1885/2002 on Older Persons. https://social.un.org/ageing-working  oup/documents/eighth/Inputs%20Member%20States/Paraguay.pdf

[71] https://www.guardianship.org/IRL/Resources/Documents/elder_law_need_emerges_4.pdf, 9.

[72] Employment and Social Development Canada, Report on Seniors, 2021.

[73] In a post on X, Dr. Adam Grant summarized the research found in Maria Naclerio, Erica A. Hornstein, and Naomi I. Eisenberger, “Exploring the ESects of Prosocial and Self-Kindness Interventions on Mental Health.”Emotion. 2025.

[74] See The Centre for Applied Research in the Apostolate, Enter by the Narrow Gate: Satisfaction and Challenges Among Recently Ordained Priests (2020).

[75] In the Archdiocese of Montreal, Canada, Sister Natalia Vazquez, a religious in the Mater Dei Congregation, is the coordinator for the human and spiritual accompaniment of priests. Since 2022 she has assembled a team of 40 registered volunteers to oSer human and spiritual support to elderly priests.

[76] Inspiration for this wording came from the last speech of Martin Luther King, Jr. On April 3, 1968, the day before Martin Luther King Jr. was murdered, he gave his last speech, “I’ve Been to the Mountaintop.” He referred to the parable of the Good Samaritan (Luke 10:31-37) to make a point regarding the support needed by the sanitation workers in the Deep South. He spends time giving some context to the parable, reminding the crowd that the road to Jericho is a “winding, meandering road. It’s really conducive for ambushing.” He proposes that the priest and the Levite are aware of the possibility of ambush and say to themselves, “If I stop to help this man, what will happen to me?” But then the Good Samaritan came by. And he reversed the question: “If I do not stop to help this man, what will happen to him?”

[77] Rom 12,5.

[78] See Neil Postman, Amusing Ourselves to Death. Public Discourse in the Age of Show Business. (London: Viking Publishing, 1985).

LA ADVOCACIÓN DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA

La advocación mariana de Nuestra Señora de la Esperanza, conocida también como Virgen de la O (1), es una de las más extendidas a lo largo y ancho del mundo, acompañando el título de Esperanza a numerosas representaciones de la Virgen.

Es este un nombre bello por sí mismo, lleno de atractivo, coronado, por si fuera poco, por una constelación de mitos (2), leyendas y tradiciones que le dan plena vigencia.

Hasta el siglo VII la iglesia de España no celebraba más que una festividad mariana pero que abarcaba a todas las demás: la Maternidad Divina o la «Fiesta de Santa María» como se la llamaba sencillamente. Así lo podemos apreciar en los antiguos calendarios mozárabes.

La fiesta de la Virgen de la Esperanza se celebra desde tiempos muy antiguos, siendo establecida litúrgicamente en el célebre Concilio X de Toledo (656) donde trataron con toda solemnidad los Padres esta cuestión, tomando parte en este asunto tres grandes Santos: San Eugenio III, San Fructuoso de Braga y San Ildefonso.

Este Concilio dictaminó un decreto por el que se establecía que para dar mayor solemnidad a esta fiesta mariana de la Maternidad Divina «se celebre el día octavo antes de Navidad del Señor y se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su Santísima Madre«, celebrándose por tanto la festividad el 18 de diciembre, momento en el cual la Virgen está en sus últimos instantes de «buena espera» (Expectación del parto de Nuestra Señora).

Con esto los obispos querían resaltar la fiesta de la Encarnación del Verbo en el Seno de María (25 de marzo) y el estado de buena esperanza de María, que por caer muchos años en plena Cuaresma, no permitía celebrar con el debido esplendor estos Misterios. Este decreto aludía a que este día ya se celebraba así en muchas otras Iglesias, pero que para estar de acuerdo con la Iglesia Romana, que lo celebra el día 25 de marzo, se continúe también celebrando aquel día. Desde esta fecha fue la fiesta más solemne que en honor de la Virgen Maria se celebraba en España y de aquí pasó a otras Iglesias.

También en el cristianismo la Esperanza es una de las tres Virtudes supremas (junto con la Fe y la Caridad) de manera que su ausencia produce por sí misma la condenación irremisible.

Todo el tiempo de Adviento es tiempo de «Esperanza» en el Mesías que ha de venir a salvar a la Humanidad.

Los Profetas y Padres del Antiguo Testamento procuraban mantener siempre encendido el fuego de la esperanza en el Mesías venidero. Se oía una voz que decía: «Alegraos en el Señor y de nuevo os lo repito, alegraos, con una alegría inextinguible, porque el Señor esta cerca«. Y otra con acentos mas impacientes: «Alégrense los cielos, salte de gozo la tierra y vosotros, montes de Israel, extended vuestras ramas, cubríos de flores, vestid vuestro ropaje de fiesta… Regocijaos con Jerusalén todos los que la amáis porque he aquí que yo me acerco a ella como un río de paz y como un torrente que inunda de gloria a las gentes«.

La esperanza es una virtud que acompaña al pueblo de Israel a lo largo de toda su historia. El pueblo de Dios tenía clara conciencia de su pecado y de que Dios remediaría su situación. Ahí están los primeros capítulos del Génesis: donde se origina el pecado y la muerte, allí mismo surge la promesa y la esperanza de la redención: «una mujer quebrantará tu cabeza» es la sentencia del Señor a la serpiente infernal.

El pueblo de Israel, alentado por las enseñanzas de los Patriarcas y Profetas, fue creciendo en la esperanza de que Dios le libraría de todos sus males y pecados enviándoles un salvador. Isaías, el profeta de la esperanza, les decía: «De antemano yo os anuncio el futuro… Escuchadme los desanimados que os creéis lejos de la victoria: yo acerco mi victoria, no está lejos; mi salvación no tardará, traeré la salvación a Sión…«.

Pero entre todos los hijos de Israel la que más intensamente vivió la esperanza y ansió el cumplimiento de las promesas fue María. Los Santos Padres nos la presentan en oración, absorta en Dios, cuando recibe la visita del arcángel San Gabriel, pidiendo al Altísimo la pronta llegada del Mesías Salvador. Consciente de su pequeñez bendecía al Señor de quien se sentía esclava. Glorificaba al Señor por su infinita misericordia con los pobres y los humildes. Y, sobre todo, agradecía al Altísimo que hubiese cumplido las promesas que durante siglos habían alentado al pueblo descendiente de Abraham.

Pero María, por ser madre del Redentor y por voluntad del Padre, se convierte en fuente de Esperanza para el nuevo pueblo de Israel. Así lo proclamamos cuando recitamos la salve: «Vida, dulzura y Esperanza nuestra«; en Ella depositamos nuestra esperanza de salvación. Y pensando en su maternidad salvadora, la Iglesia canta: «Nos devolvió la esperanza de vida, que Eva pecando nos quitó» (Vísperas del 22 de agosto).

Ella es, pues, la Esperanza de nuestra salvación en medio de las dificultades de la vida. En la Salve Regina, que con el Padre Nuestro y el Ave María forma el tríptico de las primeras oraciones del cristiano, se proclama a María como nuestra más sólida esperanza. Y así, el Vaticano II no duda en proclamarla Signo de Esperanza, que precede con su luz al pueblo de Dios peregrinante en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor.

Notas

  1. El sobrenombre de «Virgen de la O» le viene porque en el rezo de Vísperas de «La Liturgia de las Horas» (plegarias que realizan los sacerdotes, monjes y religiosos) se cantan desde el 17 de diciembre hasta Navidad, 7 antífonas, una para cada día, dedicadas a Jesús y que empiezan por «OH!»: oh sabiduría, oh Señor, oh retoño de Jesé, oh llave de David, oh Oriente, oh Rey y oh Emmanuel.

Antiguamente, las antífonas empezaban el 18 de diciembre, y como que acompañaban al Cántico de María, de allí que aquél día fuera conocido como el día de María de la O. Recuerda que las antífonas son textos breves que preceden normalmente a salmos y que le dan un modo musical. En las misas que se celebran del 17 al 23 de diciembre, las antífonas acompañan al «Aleluya».

  1. Que uno de los títulos de veneración de la Abogada por excelencia de la Humanidad ante la divinidad, sea la Esperanza no es cosa de ahora, ni es cosa únicamente del cristianismo.

Ya entre los griegos la Esperanza (venerada bajo el nombre de Elpís) era una divinidad alegórica que pasó a los romanos con el nombre de Spes. Era hermana del Sueño (Hipnos), divinidad también alegórica que deja en suspenso nuestras penas. Cuando Epimeteo abrió la Caja de Pandora, que según una tradición contenía todos los males, y según otra más verosímil, todos los bienes que, como tenían alas, salieron volando. Y al cerrar de nuevo la caja, ya sólo quedaba dentro de ella un bien: la Esperanza. Por eso bien dice el refrán que «La esperanza es lo último que se pierde».

Fuente: Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, Málaga

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 7. LA PASCUA DE JESUCRISTO: RESPUESTA DEFINITIVA A LA PREGUNTA SOBRE NUESTRA MUERTE

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¡Bienvenidos todos!

El misterio de la muerte siempre ha suscitado profundas preguntas en el ser humano. De hecho, parece ser el acontecimiento más natural y, al mismo tiempo, más antinatural que existe. Es natural, porque todos los seres vivos de la tierra mueren. Es antinatural porque el deseo de vida y de eternidad que sentimos para nosotros mismos y para las personas que amamos nos hace ver la muerte como una condena, como un «contrasentido».

Muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo. Hoy, en cambio, se observa una tendencia diferente. La muerte parece una especie de tabú, un acontecimiento que hay que mantener alejado; algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad. A menudo, por eso, se evita incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección.

¿Qué es, pues, la muerte? ¿Es realmente la última palabra sobre nuestra vida? Solo el ser humano se plantea esta pregunta, porque solo él sabe que debe morir. Pero ser consciente de ello no le salva de la muerte, sino que, en cierto sentido, le «agobia» más que a todas las demás criaturas vivientes. Los animales sufren, sin duda, y se dan cuenta de que la muerte está cerca, pero no saben que la muerte forma parte de su destino. No se preguntan por el sentido, el fin o el resultado de la vida.

Al constatar este aspecto, se debería pensar entonces que somos criaturas paradójicas, infelices, no solo porque morimos, sino también porque tenemos la certeza de que este acontecimiento ocurrirá, aunque ignoremos cómo y cuándo. Nos descubrimos conscientes y, al mismo tiempo, impotentes. Probablemente de ahí provienen las frecuentes represiones, las huidas existenciales ante la cuestión de la muerte.

San Alfonso María de Ligorio, en su famoso escrito titulado Preparación para la muerte, reflexiona sobre el valor pedagógico de la muerte, destacando que es una gran maestra de vida. Saber que existe y, sobre todo, meditar sobre ella nos enseña a elegir qué hacer realmente con nuestra existencia. Rezar, para comprender lo que es bueno con vistas al reino de los cielos, y dejar ir lo superfluo que, en cambio, nos ata a las cosas efímeras, es el secreto para vivir de forma auténtica, con la conciencia de que el paso por la tierra nos prepara para la eternidad.

Sin embargo, muchas visiones antropológicas actuales prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología. Es el escenario del “transhumanismo”, que se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo. ¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte? Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?

El acontecimiento de la resurrección de Cristo nos revela que la muerte no se opone a la vida, sino que es parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna. La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte.

El evangelista Lucas parece captar este presagio de luz en la oscuridad cuando, al final de aquella tarde en la que las tinieblas habían envuelto el Calvario, escribe: «Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado» (Lc 23,54). Esta luz, que anticipa la mañana de Pascua, ya brilla en la oscuridad del cielo que aún parece cerrado y mudo. Las luces del sábado, por primera y única vez, anuncian el amanecer del día después del sábado: la nueva luz de la Resurrección. Solo este acontecimiento es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte. En esta luz, y solo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz.

El Resucitado nos ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino. Así nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones.

Gracias a Él, que murió y resucitó por amor, con San Francisco podemos llamar a la muerte «hermana». Esperarla con la certeza de la resurrección nos preserva del miedo a desaparecer para siempre y nos prepara para la alegría de la vida sin fin.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor que nos enseñe a vivir cada día a la luz del misterio pascual, caminando con esperanza hacia el encuentro definitivo con Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Llamamiento

Me entristece profundamente la noticia del recrudecimiento del conflicto en la frontera entre Tailandia y Camboya, que ha causado víctimas también entre la población civil y ha obligado a miles de personas a abandonar sus hogares. Expreso a estos queridos pueblos mi cercanía en la oración y pido a las partes que cesen inmediatamente el fuego y reanuden el diálogo.

Fuente. The Holy See

VIRGEN MARÍA, PERMANENTE ENCUENTRO CON JESÚS

La vida de la Virgen María fue un permanente encuentro con Jesús. Para todas las madres, el primer encuentro con su hijo ocurre en el momento mismo de la concepción. Allí se produce un encuentro único, personal, íntimo, irrepetible, que seguramente marcará la relación entre madre e hijo durante toda la vida. El encuentro primero de María con Jesús fue con Jesús hecho embrión. Este encuentro tuvo un momento emotivo y culminante cuando el niño salió del seno de María y pudieron tener su primera relación cara a cara, mirándose a los ojos.

Los encuentros de María con Jesús a lo largo de su vida fueron constantes. Siendo Jesús adolescente, peregrinaron a Jerusalén y allí el joven no regresó con sus padres. Estos fueron a buscarle y le encontraron en el templo de Jerusalén. Allí María le hizo un cariñoso reproche: “¿por qué nos has tratado así a tu padre y a mi?”, ¿por qué nos has dejado sin decirnos nada? En este encuentro, María empezó a darse cuenta de que los hijos tienen que hacer su propia vida, su propio recorrido, y que los padres deben dejarles libres, eso sí, acompañando en la distancia y comprendiendo. Son muchos más los encuentros que ocurren entre María y su hijo Jesús a lo largo de la vida de este último, y en bastantes de esos encuentros Jesús vuelve a marcar distancias con las pretensiones de su madre (cf. Mc 3,20-21.31-35; Jn 2,3-4), pero son distancias que no separan, sino que van educando a María y haciéndole comprender el destino de su hijo.

Los encuentros de María con Jesús, durante su vida terrena, terminan al pie de la cruz. Pero se continúan con Cristo resucitado, pues el Resucitado se hace presente en la comunidad, en el grupo de los creyentes, en los que siguen su camino. Y allí, en este grupo, estaba María, acompañada de otras mujeres seguidoras de Jesús, tal como dice explícitamente el libro de los Hechos (1,14). María estaba perfectamente integrada en el grupo de los creyentes.

Como Jesús nunca separa ni acapara, María tiene encuentros con muchos otros que necesitan su ayuda y su consuelo, empezando por su encuentro con su parienta Isabel, recién embarazada, y acabando con su encuentro con el discípulo amado de Jesús, al pie de la cruz. Los encuentros con Jesús siempre nos conducen a los hermanos.

Si María es la mujer del encuentro con Jesús, eso solo es posible en una mujer sin pecado, sin macula. Inmaculada. Pues el pecado siempre separa de Dios y separa de los hermanos. Todos los encuentros son momentos de gracia, pues en todo verdadero encuentro está presente el Espíritu de Dios, a veces de forma inconsciente y otras de forma consciente. El pecado nos hace menos humanos y, por eso, menos amigos. En el mal no es posible la amistad, solo la complicidad.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM (III)

Los poderes públicos deben ayudar y respetar sus derechos y si no, sería dignos de repulsa. Pensad que la protestar civil penetre en la intimidad de los hogares, eso sería un error grave y pernicioso. Pero si la familia se encuentra en situación de extrema necesidad, es justo que los poderes públicos la socorran, porque cada familia es una parte de la sociedad. Y si dentro del hogar se produce una alteración de los derechos naturales la potestad civil deberá amparar el derecho de cada persona; pero no puede ser absorbida por los poderes públicos.

Los hijos son algo de los padres y se encuentran bajo su protección hasta la mayoría de edad.

Cuando los socialistas quieren anular la autoridad de los padres, obran contra la justicia natural y destruyen la familia que es la sociedad más antigua.

La igualdad que pretenden sería una situación general y miserable de todos los hombres. Debe rechazarse de plano esa fantasía del socialismo de reducir a común la propiedad privada, puesto que atacaría a los que quiere socorre quitando les los derechos naturales de las personas, y perturbando las instituciones del estado.

Se ha de tener como fundamental que el principio de la propiedad privada a de conservarse inviolable.

El Papa firma sin temor a equivocarse, que serán inútiles y vanos los intentos de los hombres si se da de lado a la iglesia, pues se saca del evangelio las enseñanzas para resolver el conflicto o hacerlos más soportables, pues trata de encauzar la vida y las constructores de cada uno con sus preceptos.

La iglesia mejora la situación de los proletarios, con muchas instituciones por ejemplo Caritas, congregaciones religiosas…  (Atendiendo a los más pobres y más necesitados)

La finalidad es mirar por el bien común de la clase obrera, a tal fin debe orientarse las mismas leyes y autoridad del estado.

La condición humana no se puede igualar y hay grandes diferencias, no son iguales los talentos, las habilidades, la salud, ni las fuerzas, ni la estatura; y de estas diferencias brota la diferencia de la fortuna.

Los socialistas pretenden la igualdad de los hombres; pero las leyes naturales indican lo contrario.

El trabajo lleva fatiga y sufrimiento el fin de estas adversidades, no se darán en la tierra, son consecuencias del pecado. Sufrir y padecer es cosa humana y nadie lo puede impedir, si alguno alardea de que pueden lograrlo y prometen a las clases humildes una vida exenta de dolor y de calamidades llena de placeres; esos engañan al pueblo y cometen fraude y acabarán produciendo males mayores que los presentes.

Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA LUCÍA

Su historia ha llegado hasta nosotros a través de las actas del martirio, tradiciones, narraciones populares y leyendas. Lucía nació a finales del siglo III en Siracusa (Italia), en una familia rica y de alto rango. Educada cristianamente, era aún muy niña cuando quedó huérfana de padre. Su madre Eutiquia la crió con amor y dedicación. Aún adolescente, Lucía planea consagrarse a Dios, pero custodia este deseo en el corazón. Ignorando las intenciones de su hija, Eutiquia la promete como esposa –según la costumbre de la época- a un joven de buena familia pero no cristiano. Lucía no revela su intención de mantenerse virgen por Cristo, y pospone la boda con diversos pretextos, confiando en la oración y en la ayuda divina.

El viaje a Catania y la intercesión de Santa Águeda

En el año 301, Lucía y su madre se dirigen en peregrinación a Catania, para visitar el sepulcro de Santa Águeda. Eutiquia sufría de hemorragias y, a pesar de numerosas y costosas curas, no mejoraba. Madre e hija desean pedir la gracia de la curación mediante la intercesión de Santa  Águeda, joven mártir de Catania.

Así, el 5 de febrero llegan a las laderas del Etna; es el dies natalis de Águeda. Participan en la celebración eucarística junto a la tumba de la santa. Y sucede que, “al oír el episodio evangélico de la hemorroisa, que logró curarse con sólo tocar el borde del vestido del Señor, Lucía se dirigió a su madre diciendo: ‘Madre, si prestas fe a las cosas que se han leído, creerás también que Águeda, que padeció por Cristo, tiene acceso libre y confiado a su Tribunal. Por tanto, toca con confianza el sepulcro de ella, si quieres, y quedarás curada” (Pasión de Santa Lucía).

Eutiquia y Lucía se acercan entonces a la sepultura de Águeda. Lucía reza por su madre e implora para sí misma la gracia de poder dedicar su vida a Dios. Absorta en una especie de sueño, como en éxtasis, ve a Águeda entre ángeles que le dice: “Lucía, hermana mía y virgen del Señor, ¿por qué me pides lo que tú misma puedes conseguir? Tu fe ha sido de gran ayuda para tu madre, ella está ya curada. Y del mismo modo que la ciudad de Catania está llena de gracias por mí, así la ciudad de Siracusa será preservada por ti, porque ha agradado a Nuestro Señor Jesucristo que tú hayas conservado tu virginidad”. Cuando vuelve en sí, Lucía narra su visión a la madre, le revela su propósito de renunciar a un esposo terreno y le pide permiso para vender su dote con el fin de hacer obras de caridad para los pobres.

El martirio

Desilusionado y resentido, el joven que ambicionaba su mano la denuncia al prefecto Pascasio, acusándola de rendir culto a Cristo y de desobedecer las normas del edicto de Diocleciano. Arrestada y conducida ante el prefecto, Lucía se niega a sacrificar ante los dioses, y profesa su fe con orgullo: “Yo soy una sierva del Dios eterno, que ha dicho: ‘Cuando os lleven ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo habéis de hablar o qué habéis de decir en defensa propia, porque en aquel mismo momento el Espíritu Santo os enseñará lo que debéis decir’”.

Le pregunta Pascasio: “Entonces, ¿tú crees que tienes el Espíritu Santo?”. Lucía responde: “Lo ha dicho el Apóstol: ‘Los castos son templo de Dios, y el Espíritu Santo habita en ellos’. Pascasio, para desacreditarla, ordena que sea conducida a un prostíbulo. Pero Lucía declara que no cederá a la concupiscencia de la carne, y que como su cuerpo sufrirá violencia contra su voluntad, ella seguirá siendo casta, pura e incontaminada en el espíritu y en la mente.  Cuando tratan de llevársela, los soldados no consiguen moverla. Atada de pies y manos, no logran arrastrarla ni siquiera con la ayuda de bueyes. Exasperado por este extraordinario hecho, Pascasio dispone que la joven sea quemada viva. Pero el fuego no la daña. Furibundo, Pascasio ordena que Lucía sea decapitada, y así muere la joven mártir el 13 de diciembre del año 304.

Fuente: Vatican News

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (III)

El Jesuita Albert Evrard es Profesor titular de catedra de Vulnerabilidades y Transformaciones del Derecho, en la Facultado de Derecho del Instituto Católico de Toulouse.

El sentido de la vida cuando esta se alarga

«Hoy celebramos el V Día Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, cuyo lema es: «Feliz el que no ha perdido la esperanza». Contemplemos a nuestros abuelos y a las personas mayores como testigos de esperanza, capaces de iluminar el camino de las nuevas generaciones. No los dejemos solos, sino que establezcamos con ellos una alianza de amor y oración» (Papa León XIV, Ángelus, 27 de julio de 2025).

A Su Eminencia el Cardenal Prefecto, Monseñor, Señor Abad, Reverenda Madre, Reverendo Padre, Señora, Señor, Señorita,

A todos ustedes que participan, ya sea en persona o a distancia, en este 2.º  congreso internacional dedicado a la pastoral relacionada con las personas mayores.

En primer lugar, debo agradecer su invitación a los miembros del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Es un signo de la providencia estar asociado a este encuentro y un honor, así como una responsabilidad, tomar la palabra esta mañana con unas palabras introductorias.

Introducción

Se me ha pedido una intervención inicial de 25 minutos sobre el sentido de la vida asociado al alargamiento de la misma en el mundo contemporáneo. El reto es apasionante, pero la complejidad está ahí.

No hay una red social global  que no te hable hoy de ello, interrumpiendo un reportaje interesante sobre el taichí para personas mayores de 50 años, entrevistando a una persona que tiene 70 pero aparenta 20 menos. No hay ninguna plataforma dirigida al gran público que no le hable de invertir en criptomonedas o en el sector inmobiliario, porque la vida se alarga. No hay ningún medio de comunicación que no le hable de la duración de esta vida más larga, que hay que asegurar, o incluso prolongar, con una dieta especial. No hay ninguna revista dedicada a la tercera o a la cuarta   edad que no proponga alargar el tiempo de vida en el hogar ofreciéndo rampas adaptadas, fijadores de alfombras para evitar caídas, un servicio de televigilancia integrado en el estudio de movimientos las 24 horas del día, un elevador fácil de instalar en cualquier escalera, una bañera con puerta baja que simula una ducha, más fácil de acceder… Todo está pensado para proponer y atraer hacia el «más tiempo» mediante el cuidado de uno mismo y de su entorno. Ante esto, hay que tomar distancia.

En primer lugar, el discurso está contextualizado. Es el de un jurista internacionalista, formado en teología, que también habla desde su propia experiencia de fe  y de su presencia junto a personas mayores en diferentes ámbitos.

En segundo lugar, el discurso es una introducción a tres jornadas que conforman un programa de reflexión, intercambio, oración y celebración. Esto debe hacernos atentos a la obra del Espíritu de Dios.

Por lo tanto, se trata tanto de sugerir lo suficiente sin influir demasiado desde el principio como de aportar novedades que puedan ser útiles para lo que se desarrollará durante los próximos días.

Para retomar modestamente las palabras del Papa León XVI durante la 5.ªJornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, lo que buscamos juntos, con el Señor, es «iluminar el camino de las nuevas generaciones», de personas cuya vida se alarga, y también de otras generaciones, sin «dejar solos» en un aislamiento o abandono eclesial [y no social o no solo social  ] a las personas que viven esta etapa de la vida, ya sean cercanas o alejadas de la fe, distantes o no de las comunidades cristianas, y especialmente a las personas que no viven una feliz soledad de plenitud pasando por un abandono al Señor  .

A partir de ahí, el tema se desarrolla en diferentes puntos. Tras una introducción (1), se trata de fijar el objetivo de esta contribución y la forma de entender la vida que la enmarca (2), y a continuación se aborda el sentido de la vida en relación con el alargamiento de la misma (3). Todo ello antes de concluir.

  1. Precaución necesaria

Antes de comenzar, hay que preguntarse si no existe un prisma relacionado con valores que no son necesariamente universales y una gran variedad de vidas que se alargan, incluidas aquellas que no lo hacen. También hay que plantearse la cuestión de la relación entre las situaciones particulares y el tema situado y universal que atravesará todos nuestros intercambios.

Por un lado, el anclaje de la reflexión está vinculado al contexto de las sociedades occidentales, quven cómo su modelo de atención sanitaria, por ejemplo, se reproduce en muchos otros países. Prueba de ello es la aparición, hace casi 20 años, de las primeras residencias de ancianos en Kinshasa, por ejemplo, mientras que en Seúl existen desde 1980-1990. Es también en Europa, esa «vieja dama», donde se celebra este coloquio y donde se ha formado y pensado gran parte de los ponentes de este congreso, empezando por mí, aunque vivan en otras partes del mundo.

Por otra parte, el arraigo en el cristianismo aporta una matriz que, con vocación universal y extendida universalmente, informa en diferentes grados la concepción que se tiene del ser humano, y por tanto de la persona mayor, en diferentes sociedades. Así, el cristianismo aporta claves de lectura de la vida que son universales e inculturadas. Por ejemplo, el alargamiento de la vida no se entiende sin el relato del Génesis (2:17), que indica que Dios creó al ser humano inmortal, pero que por el pecado (alejarse de la relación, del amor, que es la ley última de Dios), perdió esa inmortalidad  . A partir de ahí, la duración de la vida es limitada y el alargamiento de la vida se concibe en este marco. La Doctrina Social de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios, enriquece también la visión de la realidad social y eclesial del envejecimiento, de la vida que se alarga.

Segundo ejemplo: este prisma también se marca cuando nos preguntamos quién es la persona mayor tal y como la define el mundo. La respuesta será diferente según las sociedades. Si, por ejemplo, el contexto francés permite decir que el término persona mayor es «una expresión utilizada generalmente para designar a una persona que ha alcanzado la vejez según los criterios de la sociedad occidental (signos fisiológicos, sociales, de dependencia…)», esta expresión no es satisfactoria, ya que todo individuo envejece, es mayor sin haber alcanzado la vejez. Por otra parte, los criterios a veces serán diferentes en otros contextos.

Además, si bien la edad numérica se utiliza a menudo para calificar la vejez y se establece una jerarquía entre las personas mayores, las personas de edad avanzada y las personas de edad muy avanzada: «Este tipo de distinción se sustituye hoy en día por una clasificación de la persona en función de su estado de salud y dependencia, más que en función de su edad»  .

Esta afirmación, realizada hace 15 años, plantea una pregunta: ¿no es necesario un nuevo enfoque, por ejemplo, basado en el desarrollo humano o, para ser más precisos, en el desarrollo exitoso? Esto nos llevaría directamente a la cuestión del sentido cuando la vida se alarga, situada en el ámbito del desarrollo individual (que no es solo un asunto personal), inscrito a su vez en el ámbito más amplio del desarrollo sostenible (que es asunto de todos).

Añadamos que la aportación del psicoanálisis, por ejemplo a través de la teoría sociodesarrollista en ocho etapas de la vida de Erik Erikson, completada en los años noventa por su esposa Joan, entonces de 93 años, que reflexionaba sobre una novena etapa propia de la vejez, parece ir en la línea de esta propuesta  . Se trata, efectivamente, de considerar la continuidad de la vida.

Otro ejemplo tiene que ver con la semántica y sus sucesivos cambios. Sin duda, lo importante es conservar el significado de las palabras en su ámbito propio, para no dar rienda suelta a las ideologías. Por ejemplo, podría ser interesante hablar de longevidad aumentada para variar la expresión «la vida que se alarga», aunque esta expresión es muy utilizada por el transhumanismo, que rompe el sentido de la vida más que unificarlo y cumplirlo en la persona humana, que parece abandonar su humanidad básica para construirse a sí misma.

Por último, en un libro reciente titulado Oldyssey. Un tour del mundo de la vejez. En encuentro con las iniciativas que acercan a las generaciones, dos jóvenes de casi treinta años basan su iniciativa en la «intuición» de que, en lo que respecta a la vejez, «la imagen que transmiten los medios de comunicación quizá no sea tan deprimente como parece». Parten de su propia experiencia: sus propios abuelos, que les «fascinan» y se convierten así en «una puerta abierta a un mundo que creemos que nunca alcanzaremos, la vejez». Según ellos, son «la prueba de que este vínculo puede seguir siendo alegre». Su deseo de «explorar el mundo de los ancianos», dicen, «surgió poco a poco de la discrepancia entre nuestra experiencia personal positiva y la forma angustiosa en que se habla de los ancianos en Francia». Añaden: «Si lo miramos de cerca, todos los estereotipos («los viejos son tristes», «los viejos se quejan», «los viejos no sirven para nada», etc.) se desvanecen cuando esos mismos viejos tienen un nombre, un rostro, una historia»  .

En este sentido, cabe preguntarse si esta puerta abierta a un mundo que no pensábamos alcanzar —la prolongación de la vida— no requiere matices. ¿No es así en todas las etapas de la vida? Si cada uno de nosotros se proyecta en el futuro, ¿lo hace a los 10, a los 30 o a los 50 años? ¿Y a los 80 o 90 años, cómo nos proyectamos? Por otra parte, ¿difiere la forma de hablar de las personas mayores en Francia de la de otros países? ¿No debemos también tomar conciencia de esos estereotipos mundanos que, sin duda, se difunden en las comunidades cristianas, para poder deshacernos de ellos? ¿Cómo cultivamos en nuestras comunidades ese vínculo alegre que viven estos dos jóvenes autores? ¿Cómo conservamos un nombre, un rostro y una historia para los mayores de nuestras comunidades? Es el Señor quien llama a cada uno por su nombre, es en los demás donde se ve el de Cristo. ¿Qué decir de su historia sagrada?

Recordemos que, a partir del acercamiento a las personas mayores por parte de quienes viven con ellas, se ponen de manifiesto dos cosas.

En primer lugar, «una paradoja del envejecimiento», con sus dos vertientes. Por un lado, «cuanto más envejecemos, más felices somos», ya que la conciencia de la finitud nos hace centrarnos en lo esencial. Por otro lado, si gracias a la ficción «que permite imaginar cosas, pero también hacerlas colectivamente» (citando al profesor Yuva Nohal Arari – Sapiens, una breve historia de la humanidad), impulsados por la idea del progreso, los avances en todos los ámbitos han contribuido a alargar la esperanza de vida, esa misma ficción «puede desviar o distraer peligrosamente», en particular cuando postula la inferioridad de unos seres respecto a otros: los esclavos frente a los ricos, los negros frente a los blancos, las mujeres frente a los hombres. Añadiríamos, los viejos frente a los jóvenes»  .

Así, los sueños (que aportan una verdad relacionada con Dios  ) sobre nuestros mayores pueden ir en la dirección que la sociedad les da, suponiendo que logremos distinguirlos de los sueños, las pesadillas, los delirios… En este punto, hay que preguntarse si este enfoque colectivo de la paradoja del envejecimiento no debe situarse también en el plano individual. También en este caso, la toma de conciencia de la finitud, en el momento en que se presenta, puede suscitar una concentración en lo esencial, pero también puede desviar o distraer…

En segundo lugar, el hecho de moverse, como han hecho estos dos autores, fuera de Francia, ha suscitado iniciativas en Francia. Todas ellas parecen tener dos características: 1) parten del mundo asociativo, del ámbito y el espacio local: «A veces, el gobierno ha seguido el ejemplo, permitiendo el desarrollo, la replicación y la perpetuación del modelo. En resumen, ya no es momento de planes quinquenales»; 2) cada movilización, «incluyendo a los mayores», ha dado un resultado «único, atípico e increíblemente inspirador»  . ¿No debería utilizarse este recurso en la Iglesia, en las comunidades cristianas? ¿Cómo aprovecharlo para dinamizar ciertas cosas? ¿Para burlarse del espíritu maligno?

Por último, añadamos, basándonos en la experiencia personal, confirmada por la lectura, que el discurso «impuesto» sobre la fe que precede a la experiencia  a menudo impide que las personas mayores o aquellas que sienten que están entrando en la vejez expresen sus afirmaciones o interrogantes sobre la amplia cuestión del sentido de la vida. El lugar que ocupa la escucha también está en cuestión. Además, esta expresión, a menudo, aunque no siempre, cuestiona una formación cristiana, una práctica cristiana, a menudo marcada por un Dios justiciero y aterrador más que amoroso. El resultado es que las personas tienden a cerrarse como una ostra cuando esto ocurre.

  1. Objetivo del discurso, marco de pensamiento de la vida

La introducción que aquí se desarrolla no debe situarse en el ámbito de la teología moral o bíblica, aunque haya referencias a ella.

Objetivo del discurso

Se trata de abordar la realidad de las personas mayores de hoy pensando también en las de mañana, centrándose en la cuestión del sentido de la vida, en relación con la prolongación de la misma. Se trata de formular y suscitar las preguntas que plantea esta articulación, subrayando las preocupaciones de nuestros contemporáneos, a menudo alejados de la fe, incluso hostiles a ella, pero que la pastoral acoge, y también las de las personas mayores que reviven una primavera de su fe en el otoño o el invierno de su vida. Por lo tanto, se tratará de situar el tema en el plano del entorno mundano y de la comunidad de fieles de Cristo.

Retomando el comienzo de la catequesis del papa Francisco sobre la vejez (23 de febrero de 2022): «Junto con las migraciones, la vejez es una de las cuestiones más urgentes que la familia humana debe afrontar en este momento. No se trata solo de un cambio cuantitativo; lo que está en juego es la unidad de las edades de la vida: es decir, el punto de referencia real para la comprensión y la apreciación de la vida humana en su totalidad»  . Es precisamente la cuestión del sentido de la vida la que se plantea cuando la vida se alarga.

Pero, ¿Cómo reflexionar teniendo en cuenta este punto de referencia real para comprender y apreciar la vida? Y hacerlo en su totalidad, porque sin ello, la distorsión hace perder tanto el significado como la dirección, la sal como el sabor de la sal.

Marco de pensamiento de la vida

Para reflexionar sobre esta totalidad, la filosofía aporta tres términos ajenos a las Escrituras, pero utilizados en la traducción griega, a los que se añade el aliento de vida procedente del Antiguo Testamento (la carne y el aliento, que designan los días dados por el Señor: la vida). La ventaja es que esto coincide con un punto de vista pagano que es el de nuestros contemporáneos. Basta con ver el éxito de gurús de todo tipo, las secciones de revistas de bienestar y psicología de los puntos de venta en estaciones de tren o aeropuertos. Todo ello da testimonio de una gran demanda de lo inmediato, pero también de la sed de un sentido de la vida que hay que construir. Por otra parte, los mismos elementos contribuyen al enfoque cristiano de lo que es la vida, del sentido de la misma cuando la vida se alarga.

El primer término es bios (βίος). Se refiere a la vida biológica, en sus dimensiones física, temporal, espacial e individual. Es la vida medible, la del cuerpo, desde el nacimiento hasta la muerte. Está relacionada con la salud, con todo lo que organiza las condiciones de la vida cotidiana, podríamos decir. Respaldada por la idea del progreso (infinito), la ciencia, la tecnología y la medicina se ocupan del bios, buscando prolongar o mejorar la vida física. La prolongación de la vida afecta directamente a esta dimensión.

En cuanto al sentido, hay que preguntarse si ocuparse del bios es suficiente para dar sentido a la vida. En una visión cristiana, si el cuerpo es el templo del espíritu al que habla el Espíritu de Dios (1 Corintios 6:19), también es perecedero. El cuidado del cuerpo es importante, pero no debe convertirse en un absoluto que haga perder la relación con Dios  .

El segundo término es psique (ψυχή). Se refiere más bien a la conciencia, a la personalidad. Se refiere a la vida interior, emocional e intelectual. En resumen, a menudo se asocia con el alma en la filosofía griega y en algunos pasajes bíblicos. La idea de una vida más larga afecta directamente a esta dimensión, ya que conlleva una mayor sabiduría, pero también más soledad o sufrimiento psíquico.

En cuanto al sentido de la vida, hay que preguntarse cómo se tienen en cuenta las emociones, las elecciones (autonomía e independencia), la memoria de las personas mayores, cómo esto determina los vínculos que tejen o abandonan para realizarse plenamente, cómo determina los vínculos en la comunidad cristiana entre sus miembros y los compromisos y responsabilidades mutuas entre los mayores y todos los demás.

El tercer término es zoé (ζωή). Aquí se habla de la vida en Dios, eterna, espiritual. El punto que se destaca aquí es el sentido pleno de la vida, su totalidad. En el cristianismo, esto se encuentra plenamente. Jesús dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). Este elemento alimenta la relación entre el creador y la criatura y la criatura y su creador de la que habla San Ignacio de Loyola, que es precisamente lo que llama la atención de toda pastoral para que esta relación no se vea sofocada o abandonada, sino que, por el contrario, se mantenga cuando las dimensiones físicas y psíquicas se debilitan o parecen debilitarse. La vida se entiende aquí como comunión recíproca.

Por último, a estos tres elementos se suma un cuarto procedente del Antiguo Testamento: la vida como aliento. Podríamos decir que esta concepción, procedente del judaísmo, aporta un elemento de calidez y dinamismo que moviliza a los otros tres y se refiere al corazón, lugar por excelencia del latido de la vida  . El cuidado del corazón, de todo lo que genera y regenera la vida en cada uno  , ¿no es también a lo que se dedica la pastoral?

Para un texto que articule las cuatro dimensiones del bios, la psique, la verdad y la vida plena en Dios, y el aliento de vida, lea dos magníficas páginas del P. Teilhard de Chardin que hablan de su avanzada edad y de su deseo y esperanza, de la manera de realizarse plenamente a la que aspira  . Si el yo debe ser transformado y no preservado (Mateo 16:25), el P. Teilhard de Chardin muestra la dinámica tal y como se produce en él: su bios y su psique deben divinizarse disminuyendo para, a través de la muerte, entrar en la vida plena en Dios (destino y origen de toda persona humana y de toda la humanidad).

  1. El sentido de la vida en relación con el alargamiento de la misma

A partir de estos supuestos, de este objeto y de este marco de referencia, ¿cómo entender qué es el sentido de la vida y en qué medida el alargamiento de la vida modificaría la comprensión de este sentido de la vida? Hay muchos aspectos que destacar y seguramente se dejarán algunos fuera.

Visto desde fuera, sin tener en cuenta las causas de ello  y sin cuestionar la experiencia individual que plantea la pregunta de si la prolongación de la vida es solo una percepción propia de cada uno  , el tiempo de la vida que se alarga  , dado que se muere más tarde, en promedio, va de unos 20 a 40 años, según cada persona.

Esta es una forma de plantear la cuestión. Sin embargo, ¿es pertinente pensar calculando de esta manera? ¿Qué aporta proyectarse así?

Podríamos decir que esta duración acumula la paradoja del tiempo, al menos tal y como se vive en el plano subjetivo. Por un lado, se puede percibir, si se pregunta a las personas mayores, como un tiempo que se acelera. Entonces no hay tiempo que perder y las cosas tienen que suceder de inmediato…Por otro lado, también es la duración que se alarga cuando uno encuentra que ya no hay nada que hacer en la vida…

¿Qué hacer con esta duración que, pensándolo bien, es bastante difícil de imaginar? Quizás el sueño habitado por el buen Espíritu nos ayude en ello…

Sin embargo, muchas personas no parecen plantearse la cuestión del sentido de la vida.

Por otra parte, ¿cuál es el sentido de esta vida que se alarga, cuando la pobreza o la riqueza extrema lo reducen todo a lo inmediato? ¿Cuál es el sentido de la vida cuando las fuerzas físicas, mentales, volitivas, cognitivas y memorísticas declinan, cuando los puntos de referencia ambientales, conductuales y de valores vacilan porque ya no son reconocibles ni compartidos, y cuando la sociedad tiene dificultades para reconocer a los mayores, invisibilizados y cuyo valor se menosprecia o se niega? ¿Se puede afirmar —lo que sería peligrosamente reduccionista— que estos declives y pérdidas eliminan la relación que podemos tener con la vida y, por lo tanto, toda posibilidad de buscar y encontrar un sentido en ella?

Por otro lado, ¿qué hay de las personas que viven el presente en la desesperación, medicada o no, o en la euforia del entretenimiento continuo, siempre que sea posible, o tan sumergidas en el sufrimiento o el dolor que es su día a día de supervivencia, que la cuestión del sentido de la vida les parece un lujo o algo muy lejano? Y, sin embargo, si hablas con estas personas, quizá oigas más que aquí…

Por último, para otras personas, la pregunta no se plantea: creyentes, están seguras de que, al confiar en el Señor, es Él quien se encarga de ello. La historia atribuida a San Juan Berchmans, entonces joven jesuita en formación en Roma en el siglo XVII, cuenta que cuando le preguntaron qué haría si Dios viniera a reclamarle la vida en ese mismo instante, respondió que seguiría haciendo lo que estaba haciendo. En ese momento, simplemente estaba jugando a la pelota con sus compañeros. En resumen, para algunos se trata de vivir el momento presente sin preocuparse por el futuro. Para otros, la fe aporta una perspectiva particular. Es como si vivir en Dios no exigiera cuestionarse el sentido de la vida, porque en Dios está ese sentido, a la vez como causa, dirección, historia y explicación y, finalmente, todo significado. Al mismo tiempo, eso no significa que estemos liberados de toda reflexión…

El hecho es que son muchas las personas que se sienten excluidas, descalificadas como personas, tratadas como objetos. Esto hace referencia a una concepción del ser humano marcada por la autonomía (el poder de decidir por uno mismo) y la independencia (el poder de actuar por uno mismo) absolutas, en un entorno impregnado de utilitarismo, capitalismo, jeunismo/edadismo  . Al perder toda expectativa como sujetos, la cuestión del sentido de la vida y la respuesta a esta pregunta conducen a estas personas a un callejón sin salida del que parece difícil salir, sobre todo porque se ven obligadas a vivirlo con un sentimiento de soledad, incluso de abandono.

En su caso, la respuesta a la pregunta se encuentra entonces en el sentimiento de inutilidad, de relegación, de obsolescencia  , o en una tensión constante por mantenerse al día, que puede llegar hasta la desposesión, incluso el odio hacia uno mismo. Aquí la cuestión es saber si el sentido de la vida viene definido por valores colectivos ya asimilados o por valores que uno piensa por sí mismo, distintos de los de la sociedad.

En una sociedad así, hay que preguntarse si la respuesta individual a la pregunta sobre el sentido de la vida no choca con la organización de una «vida despojada», desconectada del corazón, del aliento de la vida  . Los individuos estarían como orientados (después de haber sido desorientados) a buscar un sentido a la vida, exclusivamente en el éxito individual, la acumulación de bienes materiales, en la búsqueda del placer inmediato. En esta sociedad, responder a la pregunta del sentido con soluciones técnicas o económicas, sin abordar las dimensiones espirituales, existenciales y afectivas, o marginándolas, ¿no conduce al mismo resultado de una vida sin aliento, sin sal, sin sabor, en la que nos ocupamos del bios y de la psique borrando el zoé?

Por comodidad, resulta entonces fácil, por ejemplo, hacer aceptar leyes penales excepcionales que desafían la prohibición de «no matarás» al establecer la eutanasia. En términos más generales, ¿no vemos también indicios progresivos de respuestas que hacen temer la instauración gradual de un gerontocidio, como solución a la pregunta  : ¿qué hacer con el exceso de personas mayores?

¿No significa esto también imponernos pensar en la prolongación de la vida como un hecho con consecuencias necesariamente negativas, lo que descarta cualquier forma positiva de plantear la cuestión de otra manera, viendo en el «exceso» una oportunidad para crecer juntos?

Además, ¿no es el contexto favorable para ello? ¿Cómo abordar, por ejemplo, en Europa, en un contexto pospandémico, los múltiples retos políticos, económicos y sociales relacionados con el aumento de la esperanza de vida, como la financiación de las pensiones y la calidad de la atención sanitaria, cuando los déficits públicos son abismales y los gastos militares van en aumento en un mundo en el que la paz se ve amenazada? ¿No se está instalando una presión difusa que empuja a las personas mayores a considerarse un estorbo en una sociedad que parece decírselo de múltiples maneras?

Así, el ser humano sufre en varios niveles que describen bien las diferentes dimensiones que se suelen atribuir al sentido de la vida. Sufre, fracasa o renuncia:

1)           a aclarar una trayectoria personal que tenga una dirección (que tenga sentido);

2)           a situar su vida en una historia personal y en una historia más amplia que la suya (que tenga sentido);

3)           a cultivar relaciones humanas significativas (que tengan sentido), ya que se ve atrapado en relaciones profesionalizadas, gerenciales, administrativas, incluso en el ámbito de la salud, la educación permanente o la justicia;

4)           a vivir en coherencia con los buenos valores personales orientados a actuar correctamente con los demás, teniendo en cuenta las capacidades que se reducen y las fragilidades que surgen (que forman sentido y dan sentido);

5)           a vivir conectado con la fuente de la vida, su vibración, y obtener de ella una paz profunda, una paz que ayude a acoger y no a huir de lo que se presenta (a seguir buscando el sentido).

Esta afirmación parece abrumadora y lo es. La pregunta surge a menudo en boca de muchas personas, independientemente del momento de su vida en el que se encuentren, ya sean jóvenes, adultos, mayores o muy mayores. Entonces nos planteamos otra pregunta para nosotros mismos, pero también para los demás, en este caso para las personas mayores: ¿merece la pena vivir, engendrar?  Así, las generaciones jóvenes de hoy en día están tan preocupadas que algunos de sus miembros llegan a ser antinatalistas, a rechazar tener descendencia por motivos económicos o medioambientales (GINK: Green Inclination No Kids  ). La pandemia ha aportado otro ejemplo en relación con las personas mayores.

Entonces, ¿qué significa vivir más tiempo, teniendo en cuenta este aumento de la esperanza de vida? ¿El sentido de la vida es el que pensamos con la inteligencia? ¿El que proyectamos sobre nosotros mismos o sobre los demás? ¿El que vivimos, el que sentimos?

No nos equivoquemos, más fundamentalmente, lo que está en el centro de este tipo de reacción es la aceptación o no de la propia vida y la de los demás, en nombre de un egocentrismo excluyente y encerrado, al que el creyente responde con un teocentrismo acogedor y liberador.

Entonces hay que preguntarse si, en lugar de sentirnos abatidos, el alargamiento de la vida y el envejecimiento colectivo no nos brindan, por el contrario, una oportunidad, un deber de insuflar otro sentido a la sociedad. ¿No pasa esto por retomar el control de uno mismo para preguntarse qué hacemos con nuestra vida? ¿Una especie de cambio de rumbo h  ? ¿Un retorno a una humanidad más sensible, más frágil? ¿No pasa esto por la búsqueda de un sentido que calme los temores, que aleje el miedo que paraliza?

Y si entonces el sueño nos invitara a pensar en la imagen del investigador en la noche, ¿no sería entonces indispensable una iluminación para buscar un sentido?

¿El sentido de la vida vendrá entonces de la iluminación que se ha cambiado en la sociedad dentro de ciertos grupos, del espacio que se deja a cada uno para determinarse en relación con este y forjarse su propia opinión, formar sus elecciones entre alternativas reales, o vendrá de otra parte?

En el cristianismo, la cuestión debe examinarse en la teología fundamental, por ejemplo. ¿Es adecuado hablar de etapas de la vida? ¿Es adecuado considerar el alargamiento de la vida distinguiendo etapas ? El corazón, que experimenta íntimamente el Espíritu de Dios, ¿no es capaz de renovarse en cualquier momento de la vida humana, alcanzando la misma unión que abolió y la sensación del paso del tiempo?

Sobre todo, ¿no parece que el alargamiento de la vida ofrece más tiempo humano para que el Señor entre en ella y actúe, y más tiempo divino para que el hombre se abra a la presencia del Señor y a su llamada constantemente renovada? Pensando en la eutanasia, ¿no es entonces principalmente rechazable porque consiste en una decisión humana que priva al Señor de seguir actuando en nosotros para contribuir misteriosamente a nuestra realización? ¿No aportan los cuidados paliativos este respeto por el tiempo de Dios?

En definitiva, se trata de mostrar que la vida que se alarga, lejos de relegar a las personas mayores a un segundo plano, es capaz de situarlas en el centro del sentido de la vida y de que sean testigos y transmisoras de él. ¿Esta conciencia del sentido de la vida y de esta responsabilidad surge con el tiempo? ¿Está relacionada con una circunstancia particular? ¿Llega al sentir que se acerca la muerte, en los últimos meses o semanas que la preceden? Sin duda, esto depende de la experiencia de cada uno.

Lo que es seguro es que la vejez es, por así decirlo, para cada uno, lo diáfano, «la transparencia que hace visible el sentido»  . Esto es infinitamente valioso. Aunque se descuida en gran medida, es lo que toda persona necesita, pero también, creemos, la sociedad en su conjunto.

Esta es la perspectiva que se ha invitado a considerar durante estos tres días sobre toda la realidad, alegre o difícil, del alargamiento de la vida y el sentido que hay que darle.

Albert Ed. EVRARD sj

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1La Red Mundial de Oración del Papa (RMPP) atrae al menos a entre 6 y 7 de cada 10 personas mayores de 60 años.

  2Desde mis años como estudiante y abogado en Bruselas, antes de ingresar en la Compañía de Jesús, el interés por las personas mayores como ciudadanos de pleno derecho, titulares de libertades y derechos, pero también de responsabilidades, ha sido una constante en mi vida. En 2003 defendí una tesis sobre este tema en la Universidad Pontificia Lateranense, bajo la dirección del profesor Buonomo, a quien nunca agradeceré lo suficiente que aceptara este tema que, en 1996, fue rechazado por las demás universidades a las que me dirigí en aquel momento.

El autor también participó, a nivel nacional, entre 2010 y 2013, en grupos de reflexión formados en el Ministerio francés de Familia en torno al envejecimiento y, a nivel universal, desde el inicio del proceso en 2008 (Ginebra), ha participado en los trabajos del Grupo Abierto sobre el Envejecimiento con el objetivo de reforzar los derechos humanos de las personas mayores (UN-OWGA, 2010-2024) y, en particular, durante los últimos cuatro años, al servicio de la Representación Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas (Nueva York). De quien, por último, desde que era estudiante, acompaña a personas mayores (en particular, como voluntario con San’Egidio en Trastevere) y hoy en día aborda, para grupos o en cursos, ciertas cuestiones, en particular las relacionadas con el final de la vida y el no abandono de las personas mayores.

3PETIT FRÈRES DES PAUVRES, Muerte social: Luchemos contra el alarmante aumento del aislamiento de las personas mayores

30 de septiembre de 2021 (Última actualización: 17 de junio de 2024): «530 000 personas mayores de 60 años se encuentran en situación de muerte social. Esto equivale a una ciudad como Lyon». El informe de 2025 señala que hay 750 000 personas afectadas. Un grave aumento.

4Foucauld GIULIANI, La vie dessaisie. La fe como abandono más que como dominio, París/Perpiñán: Desclée de Brouwer, 2022, p. 105.

5 Herbert HAAG, Dizionario biblico. Turín: Società Editrice internazionale, 1963, V° Vita, durata e valore della vita, pp. 1072-1073. También se puede encontrar como fundamento bíblico el libro de la Sabiduría 2:23. Y sobre la pérdida de la inmortalidad a causa del pecado: Romanos 5:12; I Corintios 15:21). Sobre la duración limitada de la vida, véase el salmo 90:10 o el Eclesiastés 18:9.

 6 DICASTERIO PARA LOS LAICOS, LA FAMILIA Y LA VIDA, La riqueza de los años. Actas del primer congreso internacional sobre la pastoral de las personas mayores, Roma, 29-31 de enero de 2020, 20-28. Encontrado en: https://www.laityfamilylife.va/content/laityfamilylife/fr/anziani.html

 ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA Y DICASTERIO PARA EL DESARROLLO INTEGRAL, La vejez: nuestro futuro. La situación de las personas mayores después de la pandemia. 2 de febrero de 2021. Encontrado en: https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pont-acd_life_doc_20210202_vecchiaia-nostrofuturo_fr.html

 PAPA JUAN PABLO II, Carta a las personas mayores del Papa Juan Pablo II del 1de octubre de 1999. Encontrado en: https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/fr/letters/1999/documents/hf_jp-ii_let_01101999_elderly.html

PONTIFICIO CONSEJO PARA LOS LAICOS, Dignidad y misión de las personas mayores en la Iglesia y en el mundo. 1 de octubre de 1998. Encontrado en: https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/documents/rc_pc_laity_doc_05021999_older-people_fr.html

7  Richard VERCAUTEREN (dir.), Diccionario de Gerontología Social, Toulouse: Érès, 2010, V° Persona mayor, p. 182.

8  Erik, Joan ERIKSON, The Life Cycle Completed, Nueva York: W.W. Norton & Cie, 1997, 144 p.; Beata E. BUGAJSKA, «The Ninth Stage in the Cycle of Life – Reflections on E. H. Erikson’s Theory». En Ageing and Society, 2017, 37, n.º 6: 1096. Encontrado en: https://doi.org/10.1017/S0144686X16000301.

9 Julia MOURRI, Clément BOXEBELD, Oldyssey. Un tour del mundo de la vejez. En encuentro con las iniciativas que acercan a las generaciones, París: Editions du Seuil, 2019, p. 11-14. Sin duda, esta iniciativa puede servir de inspiración para convertirse en trotamundos de la Iglesia y descubrir otras iniciativas existentes que van en la misma dirección. La existencia de un congreso internacional que prevé momentos de intercambio y narración de experiencias va en esta dirección.

 10 In ibidem, pp. 205-206.

 11 Antonio Minissale, Piccolo Dizionario biblico, Milán: Jesus/San Paolo, 1988, p. 168.

 12En ibídem, pp. 205-208.

 13Ibidem, p. 141.

 14PAPA FRANCISCO, Catequesis sobre la vejez. Encontrado en el sitio web: https://www.vatican.va/content/francesco/fr/audiences/2022/documents/20220223-udienza-generale.html

15También podemos pensar en la historia del Libro de Job. Lo pierde todo, pero conserva su relación con el Señor. Con ella, atraviesa la prueba de sucesivas pérdidas, incluida la salud, para salir adelante y recuperar la vida con todo su sentido. Prueba de ello es que lo recupera todo y más.

16  L. COENEN, E. BEYREUTHER, H. BIETENHARD, Dizionario dei concetti biblici del Nuovo Testamento, Bolonia: Edizione Dehoniane, 1976, p. 2090, 2008-2018.

 17 Pensemos aquí en Nicodemo, que fue a encontrarse con Jesús para preguntarle sobre la posibilidad de renacer (Juan: 3: 1-21).

18  P. TEILHARD de CHARDIN, Le Milieu divin. Ensayo de vida interior. París: Editions du Seuil, 1957, p. 94-96.

  19Podemos citar el ámbito de la salud (genética, medicina, incluida la geriatría, que debería adquirir la importancia que tuvo la pediatría en su momento, farmacia, gerontología), el ámbito social (gerontología, epigenética y profesiones sociales), el ámbito de las tecnologías y la ingeniería (mecánica, electrónica, IA, TIC, digital y nanotecnologías), el ámbito del mantenimiento de la paz (no en todas partes…), el ámbito de las finanzas y la economía (sin que ello suponga el mismo beneficio para todos…), el ámbito del acceso a la cultura y la educación (permanente para las personas mayores que tienen acceso a ella, con la gerontagogía que aporta pedagogías adaptadas…). En derecho, la cuestión del sentido de la vida se aborda en términos jurídicos en torno al concepto de dignidad, que suscita cuestiones bastante similares a las del sentido de la vida. En cierto modo, la ausencia de dignidad equivale a una ausencia o pérdida del sentido de la vida.  Jill MAX, «Living longer, living better», en Yale Medicine Magazine, otoño de 2024 (número 173), informe especial sobre la ciencia del envejecimiento: «La gerontología representa un cambio de paradigma, pasando de un enfoque específico de la enfermedad a un enfoque más orientado a la biología para ralentizar el envejecimiento y, en última instancia, aumentar la esperanza de vida saludable». Encontrado en el sitio web: https://medicine.yale.edu/news/yale-medicine-magazine/article/living-longer-living-better/. Larry S. TEMKIN, «Is Living Longer Living Better?», en Journal of Applied Philosophy, 9 de julio de 2008.  Encontrado en el sitio web: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1468-5930.2008.00411.x.

20La percepción individual está relacionada, por ejemplo, con: 1) la percepción del tiempo que cambia.  Así, los años pueden parecer más cortos o más largos según las etapas de la vida; 2) la calidad de vida varía.  Por lo tanto, vivir más tiempo no siempre significa vivir mejor; 3) la sociedad que valora el culto a la juventud. Esto descalifica la longevidad, por un lado, para aquellos que adoptan los códigos de la juventud en su vejez y, por otro, para aquellos que se excluyen a sí mismos al marginarse cuando ya no viven según esos códigos.

21Charles KOUYOUMDJIAN, Seniors porteurs de fruits. ¡La vida cristiana no se detiene a los 60 años! Charols: Editions Excelsis, 2024, p. 78-85; Robert REDEKER, Bienheureuse vieillesse, Mónaco: Editions du Rocher, 2015, p. 52.

22  Robert REDEKER, Bienheureuse vieillesse, Mónaco: Editions du Rocher, 2015, p. 17, 23, 33. La obsesión por la juventud y el rendimiento puede conducir a la marginación de las personas mayores, creando en ellas un sentimiento de pérdida de valor y utilidad. Las sociedades contemporáneas valoran la autonomía y el rendimiento, pero esto puede exacerbar el sentimiento de aislamiento de las personas mayores.

23  PAPA FRANCISCO, Carta encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la Casa Común, 24 de mayo de 2015. En cuanto a la «cultura del desperdicio», véanse los párrafos: 16, 22, 43. Las personas mayores, al igual que otras personas frágiles o en situación de fragilidad, o incluso las denominadas vulnerables, llegan a ser consideradas como «desechos» en una cultura dominada por ideas similares y sus fundamentos ideológicos.

24 Henri J. NOUWEN, Walter J. GAFFNEY, Aging. The fulfillment of Life, Nueva York, Londres, Toronto: Doubleday, 1974, págs. 86, 153.

25  Nadine BERNARD, «Viaje a tierras gerontocidas: ¿la eliminación de los ancianos como remedio para la vejez?», en Cahiers des études anciennes [En línea], volumen 55 (LV), 2018, publicado en línea el 6 de mayo de 2018. Encontrado en el sitio web: http://journals.openedition.org/etudesanciennes/1102

 (Consultado el 11 de septiembre de 2025). Las sociedades antiguas practicaban el geronticidio. Antes del monoteísmo judío y la llegada de Cristo al mundo, el geronticidio se aceptaba o no en función de los valores que circulaban en una sociedad, independientemente del valor intrínseco y absoluto de la vida humana referida a la imagen y semejanza de Dios.

 26 El término GINK no corresponde a una edad concreta. Sin embargo, se refiere a personas en edad de procrear, es decir, personas de entre 20 y 40 años. Esto incluye a las generaciones más jóvenes, como los millennials (nacidos entre 1981 y 1996) y, en ocasiones, a los miembros de la generación Z (nacidos después de 1997). Se toma la decisión consciente de no tener hijos. Esto se debe principalmente a razones ecológicas (problemas medioambientales) o éticas (crisis globales). La decisión suele estar motivada por una visión pesimista del futuro o por el deseo de reducir la huella ecológica.

27  Aquí también hay que meditar sobre la figura de Nicodemo, junto con la de Jacob, quien, en su lucha con el enviado del Señor, se niega a rendirse: «No te dejaré ir hasta que me bendigas» (Génesis 32:27).

  28Jacques FANTINO, «¿Es pertinente hablar de las edades de la vida en el cristianismo?» (2008). Le Portique. Revista de filosofía y ciencias humanas, n.º 21. Las edades de la vida, p. 3-4. Encontrado en: https://doi.org/10.4000/leportique.1753.

 29 Foucauld GIULIANI, La vida despojada. La fe como abandono más que como dominio, París/Perpiñán: Desclée de Brouwer, 2022, p. 43.