CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: I. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DEI VERBUM. 2. DIOS LLAMA A LA COMUNIÓN EN LA RECIPROCIDAD

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuamos con las catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, sobre la divina Revelación. Hemos visto que Dios se revela en un diálogo de alianza, en el que se dirige a nosotros como a amigos. Se trata, entonces, de un conocimiento relacional, que no solo comunica ideas, sino que comparte una historia y llama a la comunión en la reciprocidad.

El cumplimiento de esta revelación se realiza en un encuentro histórico y personal en el cual Dios mismo se entrega a nosotros, haciéndose presente, y nosotros nos descubrimos conocidos en nuestra verdad más profunda.

Es lo que sucedió en Jesucristo. Dice el Documento: «La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación» (DV, 2).

Jesús nos revela al Padre involucrándonos en su propia relación con Él. En el Hijo enviado por Dios Padre «los hombres […] tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (ibid.). Llegamos, pues, al pleno conocimiento de Dios entrando en la relación del Hijo con su Padre, en virtud de la acción del Espíritu.

Así lo atestigua, por ejemplo, el evangelista Lucas cuando nos cuenta la oración de júbilo del Señor: «En aquel momento, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo e de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lc 10,21-22). Gracias a Jesús conocemos a Dios del mismo modo en que somos conocidos por Él (cf. Gal 4,9; 1Cor 13,13).

En efecto, en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos, creados a imagen del Verbo. Este «Verbo eterno ilumina a todos los hombres» (DV, 4) revelando su verdad en la mirada del Padre: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.8), dice Jesús; y añade que «el Padre conoce bien nuestras necesidades (cf. Mt 6,32).

Jesucristo es el lugar en el cual reconocemos la verdad de Dios Padre, mientras nos descubrimos conocidos por Él como hijos en el Hijo, llamados al mismo destino de vida plena. San Pablo escribe: «Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, […] para hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: “¡Abba!, es decir, ¡Padre!”» (Gal 4,4-6).

Por último, Jesucristo es revelador del Padre con su propia humanidad. Precisamente porque es el Verbo encarnado que habita entre los seres humanos, Jesús nos revela a Dios con su verdadera e íntegra humanidad: «Por eso – dice el Concilio –, ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9), con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación» (DV, 4).

Para conocer a Dios en Cristo debemos acoger su humanidad integral: la verdad de Dios no se revela plenamente cuando se le quita algo a lo humano, así como la integridad de la humanidad de Jesús no disminuye la plenitud del don divino. Es la humanidad integral de Jesús la que nos revela la verdad del Padre (cf. Jn 1,18).

Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros.

Por eso, para honrar la grandeza de la Encarnación, no basta con considerar a Jesús como el canal de transmisión de verdades intelectuales. Si Jesús tiene un cuerpo real, la comunicación de la verdad de Dios se realiza en ese cuerpo, con su manera propia de percibir y sentir la realidad, con su manera de habitar el mundo y de atravesarlo.

El mismo Jesús nos invita a compartir su mirada sobre la realidad: «Miren los pájaros del cielo – dice -: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?» (Mt 6,26).

Hermanos y hermanas, siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: «Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?» (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza.

UN SOLO CUERPO; UN SOLO ESPÍRITU

En el hemisferio norte, la semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra de 18 al 25 de enero. En el hemisferio sur, como el mes de enero es tiempo de vacaciones, las Iglesias suelen celebrar esta semana de oración en torno a Pentecostés. El lema escogido para este año está tomado de un texto de la carta a los efesios (4,4): “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados”. Este texto recoge la enseñanza de Pablo sobre la unidad, subrayando que los seguidores de Cristo representan un solo cuerpo y un solo espíritu, unidos en una única esperanza. La comisión que ha preparado los materiales para esta semana afirma que “esta metáfora representa a la Iglesia como una entidad unificada que trasciende las barreras de la geografía, la nacionalidad, la etnia y la tradición”.

En la carta de san Pablo a los corintios se utiliza la metáfora del “cuerpo de Cristo” para describir la unidad de la Iglesia en la diversidad de sus miembros. Porque unidad no es uniformidad. La Iglesia es su diversidad de carismas, de instituciones, de vocaciones, de tradiciones litúrgicas, es un todo cohesionado por Cristo. Si todos los cristianos, sigue diciendo la comisión que ha preparado los materiales, reconocemos que “formamos parte de un cuerpo universal en Cristo”, esta convicción fomentará “la colaboración global en la difusión del Evangelio y el servicio a la humanidad, desplazando el centro de atención de las divisiones internas hacia la misión común”.

La mención del Espíritu subraya la importancia de la unidad de los cristianos, pues el Espíritu sostiene la comunión y capacita a la Iglesia para cumplir su misión. Cito de nuevo a la comisión preparatoria: “El Espíritu fomenta una profunda conexión espiritual entre los creyentes, que trasciende las diferencias y crea un vínculo que refleja la unidad de la Santísima Trinidad. Este vínculo espiritual compartido es la base de la reconciliación, guía a los creyentes en todo el mundo y los prepara para ofrecer un testimonio y un servicio eficaz”.

Finalmente, todos los cristianos estamos llamados a una única esperanza de salvación y de vida eterna, todos aspiramos al mismo fin, a saber, la vida eterna con Cristo. “Esta visión compartida (vuelvo a citar a la comisión) hace superar las divisiones confesionales y culturales, animando a los cristianos a trabajar juntos en todo lo que les es posible”.

En un mundo en el que las Iglesias y confesiones cristianas siguen divididas, la carta a los efesios nos recuerda que todos los cristianos formamos parte del único cuerpo de Cristo. Hay algo en lo que estamos unidos, a saber, la comunión en las verdades esenciales de la fe cristiana. Y sobre todo en la gran verdad de la fe: Jesucristo, Hijo único de Dios, de la misma naturaleza del Padre, tal como hemos recordado al celebrar el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Para la celebración ecuménica de esta semana, se propone el Credo de los concilios de Nicea y Constantinopla. El Credo que afirma la fe en el Espíritu Santo, “que procede del Padre y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. El añadido del Hijo con la conjunción copulativa “y”, después de afirmar que el Espíritu procede del Padre (el famoso “Filioque”) es posterior.

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM ( y VII)

El Papa propone que la clase obrera alcance un mayor nivel y que puedan tener su patrimonio, a la vez que la clase rica sea generosa con la clase obrera para que las diferencias sean menores.

Las personas que trabajan para ellos ponen más interés y pueden tener un mayor y mejor economía a la vez que producen más para todos.

La autoridad publica tiene que velar por la propiedad privada, y esto indica que no deben de ser abusivos los tributos e impuestos. El derecho de poseer vienes privados es por naturaleza.

Para atender mejor a los necesitados se crean las sociedades de socorro mutuos, para proteger a los obreros, amparar a las viudas e hijos, en los imprevistos, enfermedades, accidentes.

Patronatos para cuidar a niños, jóvenes y ancianos, el Papa considera estas instituciones muy necesarias y muy importantes.

La sociedad civil alcanza a todos en cuanto que persigue el bien común, es publica por lo cual se unen todos los ciudadanos para formar una nación.

También se constituyen sociedades privadas con miras a un negocio privado, y no está en poder del estado impedir su existencia ya que es un derecho natural  y la sociedad civil ha sido instituida para garantizar el derecho natural. Salvo que una sociedad privada dañara la salud publica, entonces el poder del estado debe prohibirla.

Las diversas corporaciones, congregaciones, ordenes religiosas instituidas por la autoridad de la Iglesia y la piedad de los fieles sirven para mejorar la sociedad.

La historia habla de los grandes beneficios para la sociedad de estas instituciones. Lo que tiene de religión están sometidas a la potestad de la Iglesia, las autoridades civiles no pueden arrogarse ningún derecho sobre ellas, ni pueden en justicia alzarse con la administración de las mismas, antes bien el estado tiene el deber de respetarlas, conservarlas e incluso defenderlas.

El Papa se queja de que el estado en los tiempos actuales ha violado comunidades con injurias, confiscándoles, y despojándoles de sus legítimos derechos y bienes. El expolio injusto y nocivo.

Hay asociaciones de obreros que imponen una disciplina no conforme con el nombre cristiano ni con la salud pública.

Muchos de los nuestros ensayan medidas de mejorar a los obreros, con oficios honestos, aumentando su prosperidad familiar e individual, y moderando las relaciones entre obreros y patronos. Los obispos prodigan su protección junto con el clero que cuidan del cultivo del espíritu en los asociados. No faltan católicos ricos que se unen a los asalariados en fundar y propagar estas asociaciones que protegen a los obreros.

El Papa pide que se protejan estas asociaciones y que el estado colabores pero sin inmiscuirse en su constitución interna, ni en su régimen de vida.

Los ciudadanos tienen el libre derecho de asociación, de elegir libremente la organización; los obreros se han de constituir y gobernar para que tengan los medios para el fin que se proponen: aumento de bienes, cuidado de la vida espiritual de las almas y de la familia. Hay que dar valor a la instrucción religiosa que cada uno conozca sus obligaciones para con Dios, que sepan lo que han de creer, lo que han de esperar y lo que ha de hacer para su salvación eterna. Hay que fortalecernos contra los errores y corruptelas; que aprendan a amar y reverenciar a la iglesia, madre común y cumplir sus preceptos.

Los cargos de las asociaciones se otorgara  de acuerdo con los intereses comunes y que la disparidad de criterios no reste unanimidad. Lo que es común debe de administrarse con mucha integridad, que los derechos y deberes de los patronos se conjuguen armoniosamente con los derechos y deberes de los obreros.

Procurar que al obrero no le falte trabajo y que establezcan una aportación para los momentos de necesidad: accidentes, enfermedades vejez.

Así las asociaciones católicas serán consideradas como importantes para la prosperidad de las naciones.

Aquellos obreros que viven en el más completo y abandono de la fe cristiana se den cuenta con frecuencia que han sido engañados por una falsa esperanza y que han sido tratados inhumanamente por patronos ambiciosos; y las asociaciones que se habían adscrito en vez de reinar la caridad y el amor lo que hay son discordias internas  que van unidas a la pobreza.

La religión es la única que puede curar radicalmente el mal y todos deben colaborar para que se restauren las costumbres cristinas.

La iglesia siempre trabajara inculcando en todos los hombres de cualquier clase social las máximas de vida tomadas del evangelio, y luchar por la salvación de los pueblos y que inculquen la caridad cristiana que es el anti-loto contra la insolvencia y egoísmo del mundo.

P. Pascual Millán Arregui

NUEVOS RETOS DE LA VIDA

Los hábitos y las costumbres varían con las generaciones, la de los hijos es diferente a la de los padres. Se rompen amarras y lo que no era “políticamente correcto” ahora lo es. Es moda la co-paternidad compartida: dos personas desconocidas se comunican y se ponen de acuerdo, firman un contrato, para unirse simplemente para tener un hijo, siguiendo después su vida cada uno por su lado, compartiendo cada uno parte de la educación del hijo. En la mayoría de los casos no hace falta que se junten, la tecnología permite que se puedan tener niños en laboratorio de padres de desconocidos. Sin duda la tecnología ha tenido efectos beneficiosos para el ser humano, no solo para dar hijos a los que no podían, sino para curar muchísimas enfermedades.

 Se utilizan técnicas de reproducción asistida para ser padre o madre, sin que exista la otra parte. Tenemos y tendremos hijos que solo van a conocer una parte de la familia. Esta técnica técnica va a permitir crear niños o niñas a la carta, lo cual significa que podemos elegir el color del pelo, los ojos, como serán sus manos, sus pies, etc. Quien desee ser padre no tiene por qué tener pareja; tampoco se precisa tener problemas de infertilidad para recurrir a técnicas de reproducción asistida. Está prohibida la edición genética de embriones y su manipulación, la realidad es que se está utilizando y llegando a crear bebés a la carta. Quizás el filósofo Heidegger tenía algo de razón cuando decía que el desarrollo tecnológico podía hacer más inhumano el mundo. Tenemos que ser éticos y con un buen control de las tecnologías

Jugamos con la naturaleza humana, no debemos permitir que se utilicen técnicas para permitir que no todos los seres humanos seamos iguales, que no valga todo para procrear y que la posición social vaya a ser cada vez más determinante, unos podrán manipular genéricamente al embrión para diferenciarlo de otros que nacen de forma natural. No sabemos las consecuencias que pueden tener Las aplicaciones. España ha firmado el Convenio de Oviedo: “Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina firmado en Oviedo en 1997, qué establece principios éticos y legales para proteger a las personas frente a los avances de la medicina y la biología, centrándose en la dignidad humana”.

Jacinto Seara

PRESUPUESTOS PERSONALES: EL SISTEMA QUE EXPERTOS PROPONEN EXPLORAR EN EL NUEVO MODELO DE CUIDADOS

La transformación del modelo de cuidados no sólo pasa por replantearse cómo se prestan los servicios –más horas, mayor formación del personal, residencias hogareñas, etc.–, sino también por cuestionar la forma en la que se escogen.

En ese sentido, a nivel europeo existen diferentes modalidades, desde la provisión directa de un servicio por parte de la administración hasta sistemas más flexibles, como el de los presupuestos personales, en los que se da una cantidad de dinero de forma periódica al dependiente para que este lo dedique a cuidados.

Este último modelo fue explicado por el director del Servicio de Información e Investigación Social (SIIS) de la Fundación Eguia Careaga, Joseba Zalakain, en el marco de la jornada ‘Sostenibilidad de los Cuidados de Larga Duración’.

Al acto, organizado por Fundación Pilares (@FPilares) y Fundación Caser (@fundacioncaser), asistieron expertos del sector, tanto del ámbito nacional como internacional, que dieron a conocer proyectos pioneros, y que contó con la participación destacada de la directora general del Imserso, Mayte Sancho; del director general de Atención al Mayor y a la Dependencia de la Comunidad de Madrid, Óscar Álvarez; del director de Fundación Caser, Juan Sitges; y de la presidenta de Fundación Pilares, Pilar Rodríguez.

Presupuestos personales

Durante su ponencia, Joseba Zalakain detalló en qué consiste el sistema de presupuestos personales, una modalidad que busca dar el poder de decisión a los usuarios y personalizar la atención.

El concepto se basa en asignar una prestación económica a la persona con dependencia para que pueda contratar los servicios que necesita, en lugar de recibir un servicio «paquetizado» por la administración.

Los presupuestos permiten a los usuarios:

Elegir proveedores.

Combinar apoyos.

Personalizar la atención.

En España

Por ahora, en España, no se ha optado por este sistema –sólo a nivel piloto–. Lo más similar que existiría en ese sentido sería la Prestación Económica para Cuidados en el Entorno Familiar (PECEF) o la Prestación Económica Vinculada a Servicio (PEVS), unas modalidades que están pensadas, la primera, para casos en los que no se puede tener acceso a un recurso del catálogo de forma pública o concertada y, la segunda, para facilitar la permanencia en el hogar del dependiente –con cuantías que no son muy elevadas y un enfoque refamiliarizador–.

A nivel europeo

Ahora bien, en otros países sí que se han desarrollado sistemas similares al de los presupuestos, en los que se da más espacio a la autonomía.

Durante su intervención, Zalakain destacó el ejemplo alemán, con un seguro público de dependencia –la aportación no dependería de la renta ni del patrimonio–, que permite compatibilizar la prestación familiar con la contratación de profesionales. Las cuantías que se recibirían serían de 800 a 2.200 euros al mes para servicios y de 350 a 1.000 para cuidado familiar.

Por otro lado, el experto mencionó el caso de Francia, donde se dan unas prestaciones y se puede elegir entre proveedor público o privado, con o sin ánimo de lucro, y con unas tarifas reguladas.

Finalmente, se refirió al sistema de Escocia, en el que se recurre a Apoyos Autodirigidos, se recibe un dinero por parte de la administración de manera regular y existe más libertad de elección.

¿Un sistema complementario?

Con todo, los modelos más flexibles también tendrían una cara B. En concreto, comentó, si bien los presupuestos personales han demostrado sus beneficios en personas con discapacidad o en salud mental, en el caso de los mayores, las ventajas no son siempre tan claras.

Por ello, apuntó, si se opta por esta vía, esta modalidad debería ser opcional.

Asimismo, se debería contar con cuantías suficientes, el impulso de la administración y el tercer sector –no sólo las grandes empresas– y sería importante asesorar al dependiente, para que la libertad de elección no genere ansiedad en las personas beneficiadas, sino que vaya en favor de su autonomía.

Sobre el autor: Pablo Recio para 65 y MAS

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN VICENTE MÁRTIR

Huesca, con una iglesia construida en el sitio de su casa natal, Zaragoza, donde estudió y desarrolló su actividad apostólica y Valencia, teatro de sus atroces tormentos y testigo de su glorioso triunfo, son las tres ciudades españolas que se disputan el honor de ser la cuna de San Vicente. El relato de su «pasión» leído en las iglesias, excitó la admiración universal. Algunos años después preguntaba Agustín en la Hipona africana: «¿Qué región, qué provincia del Imperio no celebra la gloria del Diácono Vicente? ¿Quién conocería el nombre de Daciano, si no hubiera leído la pasión del mártir?». (Sermón 276). Los papas San León Magno y San Gregorio celebraron al santo mártir en sus panegíricos, y San Isidoro de Sevilla y San Bernardo, en sus escritos.

SUS PADRES

Vicente era bello y aristócrata. Oriundo de una familia consular de Huesca, es el prototipo del ciudadano aragonés. Su padre, cónsul y su madre Enola, natural de Huesca, lo confiaron a San Valero, obispo de Zaragoza, bajo cuya dirección hizo rápidos progresos en la virtud. A los veintidós años, el obispo, que era tartamudo, le eligió diácono y le confió el cuidado de la predicación con lo que Valero, quedó en la penumbra. La actividad diaconal de Vicente se desarrolló durante una época relativamente serena y pacífica, pues en 270 el emperador Aurelio restableció la unidad del Imperio, y Diocleciano en 284 le dio una nueva organización, que favorecía la expansión de la Iglesia. Así se pudo cimentar el cristianismo en las regiones ya más evangelizadas y celebrar el Concilio de Elvira, que manifiesta una cierta madurez de la Iglesia en la Bética, ya en el 300.

LA PERSECUCIÓN DE DIOCLECIANO

Después se originó una nueva y sangrienta persecución, decretada por los emperadores romanos reinantes, Diocleciano y Maximiano, habían jurado exterminar la religión cristiana. En 303 se publica el primer edicto imperial: Todos los pobladores del imperio tenían que adorar al «genio» divino de Roma, impersonado en el Cesar.

Para llevar a cabo los edictos persecutorios, llega a España el prefecto Daciano, que permanece en la Península dos años, ensañándose cruelmente en la población cristiana. Entra en España por Gerona, y encargó el cumplimiento de los decretos imperiales al juez Rufino, pasando él a Barcelona donde sacrificó a San Cucufate y a la niña Santa Eulalia. De Barcelona pasó a Zaragoza. Arremetió contra los pastores para amedrentar al rebaño. En Zaragoza mandó prender al obispo y al diácono Vicente, pero no quiso entregarlos al suplicio. «Si no empiezo por quebrantar sus fuerzas con abrumadores trabajos, estoy seguro de mi derrota», pensaba. Les cargó pesadas cadenas, y ordenó conducirlos a pie hasta Valencia, haciéndoles padecer hambre y sed. En el largo viaje, los soldados les afligieron con toda clase de malos tratos.

CAMINO DE VALENCIA

Vienen a Valencia, colonia romana, por la Vía Augusta, extendida junto al Mediterráneo, para ser juzgados por Daciano. Antes de entrar en la ciudad, los esbirros pasaron la noche en una posada, dejando a Vicente atado a una columna en el patio, columna que se conserva en la parroquia de Santa Mónica, donde es venerada por los fieles. Ya en Valencia se les encerró en prisión oscura y se les dejó sin comer durante varios días. Cuando juzgó Daciano que estaban quebrantados, los mandó llamar, y se extrañó de que estuvieran alegres, sanos y robustos. Desterró al obispo y al rebelde, que le ultrajaba en público, lo sometió al potro, para que aprendiera a obedecer a los emperadores. Le desnudaron, y le azotaron con tal saña, que las cuerdas y ruedas, rompieron los nervios del mártir; le descoyuntaron sus miembros, y desgarraron sus carnes con uñas y garfios de hierro. El mismo Daciano se arrojó sobre la víctima, y le azotó cruelmente. El cuerpo de Vicente es desgarrado con uñas metálicas. Mientras lo torturaban, el juez intimaba al mártir a abjurar. Vicente rechazaba sus propuestas: «Te engañas, hombre cruel, si crees afligirme al destrozar mi cuerpo. Hay dentro de mí un ser libre y sereno que nadie puede violar. Tú intentas destruir un vaso de arcilla, destinado a romperse, pero en vano te esforzarás por tocar lo que está dentro, que sólo está sujeto a Dios».

Daciano, desconcertado y humillado ante aquella actitud, le ofrece el perdón si le entrega los libros sagrados. Pero la valentía del mártir es inexpugnable. Exasperado de nuevo el Prefecto, mandó aplicarle el supremo tormento, colocarlo sobre un lecho de hierro incandescente. El grado supremo de la tortura era el lecho candente. A Daciano le enfurecía la serenidad de Vicente y le asombraba y, hastiado de tanta sangre, mandó devolverlo a la cárcel. Prudencio en su Peristephanon, describe el calabozo oscuro donde, sobre cascos de cerámica y piedras puntiagudas, yace Vicente con los pies hundidos en los cepos. Pero, de pronto, la cárcel se ilumina, el suelo se cubre de flores y el ambiente de perfumes extraños. Se rompen los cepos y las cadenas. Todo es como un retazo de gloria. El prodigio conmueve la ciudad. El cruel torturador, ordena que curen las heridas del mártir valeroso. Y mientras le curan, muere Vicente.

Nada puede quebrantar la fortaleza del mártir que, recordando a su paisano San Lorenzo, sufre el tormento sin quejarse y bromeando entre las llamas. Lo arrojan entonces a un calabozo siniestro, oscuro y fétido «un lugar más negro que las mismas tinieblas», dice Prudencio. Luego presenta el poeta un coro de ángeles que vienen a consolar al mártir. Iluminan el antro horrible, cubren el suelo de flores, y alegran las tinieblas con sus armonías. Hasta el carcelero, conmovido, se convierte a Cristo.

CURARLO PARA ATORMENTARLO

Daciano manda curar al mártir para someterlo otra vez a los tormentos. Los cristianos le curan. Pero apenas colocado en un mullido lecho, cubierto de flores, el espíritu vencedor de Vicente vuela al cielo. Dios le llamó a su testigo, teñido aún con la sangre martirial. Era el mes de enero del 304. El tirano, despechado, mandó arrojar a un muladar el cadáver de Vicente para ser devorado por las alimañas. Un cuervo lo defendió de los buitres y de las fieras. En el lugar donde fue tirado, se alza hoy la parroquia de San Vicente Mártir de Valencia. En la cripta del templo existe un mosaico impresionante, que representa al santo diácono muerto, calzado con cáligas romanas. Ordena Daciano mutilar el cuerpo y arrojarlo al mar.

TIRADO AL MAR

Metido, pues, en un odre fue arrojado al mar, atado con una rueda de molino, de donde le viene el sobrenombre de «la Roda». Las olas, más piadosas, lo devolvieron a la playa de Cullera donde lo recogió la cristiana Ionicia, lo enterró y los fieles cristianos comenzaron a venerarlo. Y el Ecl 51,1 pone en sus labios: «Me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa. Me salvaste de múltiples peligros». El Señor le ha salvado, pero de otra manera… El es «el grano de trigo, que si cae en tierra y muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Su imagen es representada revestido de dalmática sagrada, con la palma del triunfo en la mano y junto al potro y la rueda de su tortura, o con una cruz, un cuervo y una parrilla. Es uno de los tres diáconos primeros que confesaron con su sangre la fe: Esteban en Jerusalén, Lorenzo en Roma, Vicente en Valencia. Su culto se extendió por toda la cristiandad.

Cuentan los relatos que preservado en el muladar y salvado de las aguas, fue enterrado en un modesto sepulcro junto a la vía Augusta, desde donde, como dice la Pasión litúrgica, fue llevado a la Iglesia Madre y puesto bajo el altar, en el «digno sepulcro» a que alude la misa mozárabe del santo. San Vicente llegó a ser el gran mártir de la Iglesia de Occidente, como san Lorenzo lo fue de Roma y de Oriente san Esteban, los tres diáconos. Las homilías de san Agustín predicadas en su fiesta difundieron más todavía su memoria. El martirio de san Vicente fue la semilla de la Iglesia en Valencia; en lugar de temor suscitó admiración, de modo que su sepulcro fue el centro de la primera comunidad y, cuando esta se institucionalizó y creció, el mártir se convirtió en el patrono de la misma y su valedor durante los años oscuros de la dominación musulmana.

EL PERISTEPHANON DEL POETA PRUDENCIO

El poeta Aurelio Prudencio Clemente, nacido en Calahorra el año 348 en una familia de la aristocracia hispano-romana, había ejercido el cargo de prefecto en importantes ciudades, hasta que el emperador lo eligió para formar parte de su corte. Compatriota y casi contemporáneo de Vicente, compuso un hermoso poema en el que canta su martirio: Es el Peristéphanon, del cual estoy extrayendo datos y sorbiendo inspiración. Prudencio era hombre de gran cultura, profundo conocedor de los poetas clásicos, y heredero de una poesía latina cristiana, que surgida en el siglo IV, fue elevada por él a su punto culminante. En el siglo VII, San Isidoro de Sevilla, escribirá que puede ser considerado como el príncipe de los poetas cristianos: «Este dulce Prudencio de una boca sin igual, tan grande y tan famoso por sus diversas composiciones poéticas». La más amplia, la dedica a exaltar la figura de los mártires, el Peristéphanon o libro De las coronas, en la que sublima el culto literario de los mártires, amplificado ya en prosa en la literatura cada vez más novelada de las Actas y, sobre todo, de las Pasiones. Prudencio despliega en el Peristépfanon el arte de la narración lírica y dramática teñido de cierto sabor popular, afirma J. Fontaine.

DIÁLOGO CON LOS TORTURADORES

En el interrogatorio, entre amenazas y coacciones, Vicente tuvo un gran protagonismo, tomando la palabra por Valerio y confesando valientemente su fe: Hay dentro de mí Otro a quien nada ni nadie pueden dañar; hay un Ser sereno y libre, íntegro y exento de dolor. Eso que tú, con tan afanosa furia te empeñas en destruir, es un vaso frágil, un vaso de barro que el esfuerzo más leve rompería. Esfuérzate, en castigar y en torturar a Aquel que está dentro de mí, que tiene debajo de sus pies tu tiránica insania. A éste, a éste, hostígale; ataca a éste, invicto, invencible, no sujeto a tempestad alguna, y sumiso a sólo Dios.

Admirable fue la fortaleza con que Vicente soportó tan terrible prueba. «Con clara reminiscencia virgiliana, dice Prudencio, que Vicente elevó al cielo los ojos porque las ataduras cautivaban sus manos:

Tenditque in altum luminaria

vincla palma presserant.

De este tormento Vicente salió reforzado, y se le echa luego en un antro lúgubre».

La descripción de la cárcel, hecha por Prudencio, sólo pudo ser descrita por un testigo ocular: Hay en lo más hondo del calabozo un lugar más negro que las mismas tinieblas, cerrado y ahogado por las piedras de una bóveda baja y estrecha. Reina allí una noche eterna, que jamás disipa el astro del día; allí tiene su infierno la prisión horrible. Pero Cristo no abandona a su siervo y se apresura a otorgarle el premio prometido a la paciencia, puesta a prueba en tantos y tan duros combates. «Y en este momento el numen de Prudencio se hincha, como una vela, en un soplo pindárico… «Guirnaldas de ángeles ciñen con su vuelo la tenebrosa mazmorra». Se cumplía la profecía de Cristo: «Os entregarán a los tribunales, y os azotarán». Pero «no os preocupéis de lo que vais a decir, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros» (Mt 10,17).

Hemos de tener coraje para empezar desde cero y paciencia para aguardar a que el grano germine, y vaya creciendo. A nosotros nos toca sembrar, al Dueño de la mies dar el crecimiento (1 Cor 3,7). Dar valor a estas pequeñas cosas que hoy hacemos, y desechar las tentaciones de ir por caminos de espectacularidad, amar la siembra anónima y monótona, no agradecida, o desagradecida, sabiendo que ahí queda la semilla, portadora de germen vivo de vida nueva.

VALENCIA NO ES IGLESIA APÓSTOLICA

Las Iglesias más antiguas de la España romana, fueron fundadas o por Apóstoles, o por discípulos de los Apóstoles. No así Valencia, que estaba muy poco evangelizada, según afirma Lorenzo Ríber: «La ciudad de Valencia, antigua colonia romana, conservó tenazmente el culto de los dioses». La historia guarda silencio absoluto sobre el anuncio del Evangelio en los tres primeros siglos. El martirio de san Vicente en el año 304, es el primer testimonio cristiano de la Iglesia de Valencia, con lo que el joven diácono viene a ser el padre en la fe de Valencia. Como ocurrió en el resto de Hispania, los primeros cristianos en las actuales tierras valencianas debieron ser militares de paso y comerciantes provenientes del África romana, con la que existía una prolija red de comunicaciones comerciales. Alguno de los primeros evangelizadores conocidos, eran africanos. No podemos asegurar que hubiese una Iglesia constituida en torno a un obispo, como en otras ciudades de Hispania, pero no debieron faltar en una urbe tan bien comunicada como Valentia – situada entre Tarraco y Cartago Nova – actividades de evangelización, de reuniones litúrgicas y catequéticas aunque fueran clandestinas, con la asistencia de algún presbítero local o itinerante.

SAN VICENTE FUNDA LA IGLESIA DE VALENCIA

La Valencia cristiana entra definitivamente en la historia con el acontecimiento del martirio del diácono san Vicente a comienzos del siglo IV. Durante los tres primeros siglos de la era cristiana no tenemos datos de vida cristiana no sólo en la ciudad de Valencia y sus alrededores sino también en las otras ciudades del territorio desde la desembocadura del Ebro hasta el sur de Alicante. No sabemos la forma en que las persecuciones de los emperadores romanos durante los tres primeros siglos afectaron a los cristianos de nuestra región. En el año 304, la ciudad de Valentia es el primer lugar que entra documentalmente en la historia del cristianismo con el martirio del diácono de Caesaraugusta, Zaragoza, Vicente.

Sobre el cuerpo de Vicente enterrado en el surco, se levanta hoy la frondosa Iglesia Diocesana Valentina, que también está necesitando una nueva evangelización. ¿Quién quiere ser ese grano de trigo que cae, es olvidado, se pudre, pero que dará mucho fruto? Ofrecerse a ser grano es fruto de la gracia, porque a la naturaleza le gusta más cosechar que sembrar. Reza Dámaso, papa español y también poeta: «Vicente, que por tus tormentos nos escuche Cristo».

LOS REYES DE ARAGÓN

Casi siete siglos han de pasar, para que arraigue y se extienda la devoción al protomártir valenciano Vicente, propagada por los reyes de Aragón, que, desde la reconquista de Valencia, se han acogido a su intercesión. Ellos fueron los que demostraron interés por la basílica sepulcral del santo ubicada junto a la vía Augusta en los aledaños de la ciudad de Valencia, en torno a la que se formaría un poblado mozárabe, el arrabal de Rayosa, cuyo núcleo era la basílica de San Vicente de la Roqueta, iglesia matriz y como catedral de los mozárabes valencianos.

En 1172 Alfonso II, que pobló y dio fuero a Teruel, sitió a Valencia, y para levantar el cerco, exigió el dominio la iglesia de San Vicente. También Pedro II demostró su devoción al santo. Y su hijo, el rey D. Jaime I, heredó y superó, la devoción de sus antecesores a aquel joven diácono, venerado en toda la Cristiandad, en la «era de los mártires» de la persecución de Diocleciano. Y cuando el rey preparaba su cruzada, y en los momentos más álgidos y arriesgados, encomendaba a San Vicente la empresa.

San Vicente de la Roqueta fue el primer lugar que ocuparon en 1238 las huestes de Jaime I cuando conquistó Valencia. Llegaban desde el campamento del arrabal de Ruzafa. En su iglesia quedaría luego, pendiente de la bóveda del presbiterio, el histórico estandarte del «penó de la Conquesta», «la Senyera», que ondeó en la torre de Ali Bufat o del Temple, como señal de rendición de la ciudad musulmana, y que permaneció allí hasta que fue trasladado al Ayuntamiento. Cada año es bajado por el balcón, porque la «Senyera» no se inclina ante nadie, para presidir la procesión cívica hacia la Catedral para el Canto de Tedeum de acción de gracias por la Conquista.

EL REY DON JAIME EL CONQUISTADOR

El mismo Jaime 1 proclamó al mártir Vicente «el santo protector de la reconquista de Valencia», como «Santa Maria», bajo diversas advocaciones, y en Valencia, Nuestra Señora del Puig, lo era para todos los reinos de España. Existe un documento del 16 de junio de 1263 conservado en el Archivo de la Corona de Aragón, cuyo texto traducido dice: «Estamos firmemente convencidos de que Nuestro Señor Jesucristo, por las oraciones, especialmente del bienaventurado Vicente, nos entregó la ciudad y todo el reino de Valencia y los libró del poder y de las manos de los paganos.» La gratitud del rey Jaime I a San Vicente permanecería viva y encendida hasta el fin de sus días. Mandó construir una iglesia más grande y junto a ella, un nuevo monasterio y un hospital para pobres y enfermos.

PATRÓN PRINCIPAL DE VALENCIA

Valencia, compartiendo estos sentimientos de gratitud, aclamó a San Vicente como a su principal patrón. Y los magistrados de la Ciudad acordaron que el 9 de octubre de 1338, festa de Sant Donís, se celebrase el primer centenario de la Conquista con una processó general, la cual partirá de la Seu e irá a la esglesya del benaventurat mártir San Vicent per fer laors y gracies de la dita victoria.

La Santa Sede declaró 2003 año santo en Valencia por la celebración de los 1.700 años de su martirio. Es patrón de Valencia, Zaragoza y otras ciudades de España y Portugal. Se ha podido obtener indulgencia en la Catedral de Valencia, la parroquia de Cristo Rey, también en Valencia, donde fue inicialmente sepultado; las dos capillas conocidas como «las cárceles de San Vicente», en la calle del mismo nombre y en la plaza de la Almoina; y la iglesia de los Santos Juanes de Cullera.

LORENZO, ESTEBAN, VICENTE – CORONA, LAUREL Y VICTORIA

La autenticidad de sus virtudes, vividas heroicamente en la sencillez de su vida ordinaria, quedó sancionada por su sangre derramada. Y la Iglesia correspondió a su eminente servicialidad con el homenaje de su rápido culto: San León Magno en Roma, San Ambrosio en Milán, San Isidoro en Sevilla y San Agustín en África son testigos de la amplia difusión de su fama. Tres basílicas dedicadas a su culto en la Roma medieval atestiguan la popularidad de su nombre. Es también uno de los pocos mártires mencionados en el Calendario de Polemio Silvio. El Liber Sacramentorum contiene una Misa en su honor. Su imagen, en actitud orante, con una gran tonsura, y revestido de la pérula, aparece en un fresco del siglo VI-VII en el cementerio de Ponciano, en Roma. Es honrado especialmente en Zaragoza, en Salona, Sagunto y Tolosa. Reliquias suyas se veneran en Carmona de Sevilla y en algunas ciudades de África. En la Catedral de Valencia se conserva al culto el brazo izquierdo del protomártir, regalado por Pietro Zampieri, de la diócesis de Pádua (Venecia), el 22 de enero de 1970. Vicente, el Vencedor, es uno de los tres grandes diáconos que dieron su vida por Cristo. Junto con – Corona, Laurel y Victoria – forma el más insigne triunvirato. Cubierto con la dalmática sagrada, ostenta en sus manos la palma de los mártires invictos, Vicente.

(Por Jesús Martí Ballester, www.jmarti.ciberia.es)

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (VII).

Gleison De Paula Souza nació el 14 de mayo de 1984 en Coronel Fabriciano, en el estado brasileño de Minas Gerais. Vivió su adolescencia en Ia patinga, una ciudad cercana a su lugar de nacimiento.

Desde 2005 hasta principios de 2016, fue miembro -con votos temporales- de la Congregación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia (Don Orione), formando parte de varias comunidades oriones en Brasil e Italia. Tras un largo proceso de discernimiento, decidió tomar el camino de la vida laica.

En 2012 se licenció en Filosofía en el Instituto Santo Tomás de Aquino (ISTA) de Belo Horizonte (Brasil) defendiendo su tesis: “El concepto de Platón de Amor-Eros y Amor-Ágape y su relación con la Carta Encíclica ‘Deus Caritas Est’ del Papa Benedicto XVI”.  En 2015 completó sus estudios de teología con la tesis: “Historia de la salvación: la acción misericordiosa de Dios en favor de los hombres” en la Pontificia Universidad Salesiana de Roma (UPS). En 2019 -en Lecce, Italia- obtuvo un Máster en Ciencias Filosóficas en la Universidad de Salento con la tesis: “Filosofía moderna y Magisterio de la Iglesia: el deseo de progreso racional y la defensa de la doctrina católica de 1823 a 1914”.

El Santo Padre Francisco lo nombró Secretario del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida el 17 de noviembre de 2022.

Desde el 11 de enero de 2023 es miembro de la Junta Directiva de la Pontificia Academia para la Vida.

El Dr. De Paula Souza está casado y es padre de dos hijas.

La urgencia de una mirada pastoral sobre el mundo de los mayores

DE LA ASISTENCIA A LA EXISTENCIA

Excelencias y queridos responsables de la pastoral de los mayores,

El tema de mi intervención es: «De la asistencia a la existencia».

Agradeciéndoles el hermoso trabajo que estamos realizando en este Congreso, reflexionaré sobre seis puntos que pueden ayudarnos a comprender la urgencia de una mirada pastoral sobre el mundo de los mayores.

En estos días de trabajo, madura la conciencia de que el mundo de las personas mayores es más complejo de lo que se piensa. Nuestra cultura, y a veces nuestra pastoral, ha interpretado durante mucho tiempo la vejez casi exclusivamente en términos de fragilidad y necesidad de asistencia. Esta visión parcial oscurece la plenitud y la dignidad de esta etapa de la vida. Las reflexiones del profesor Rosina y del padre Evrard nos han ayudado a superar simplificaciones y estereotipos. Estamos llamados a revisar las categorías con las que nos acercamos a esta etapa de la existencia, superando los prejuicios que reducen al anciano a un destinatario pasivo de cuidados y reconociendo su dignidad bautismal que lo convierte en sujeto activo en la comunidad.

El reto, por tanto, es precisamente este: valorar la contribución de las personas mayores a la misión de la Iglesia, con una pastoral que promueva su protagonismo. Para ello, sin embargo, es necesario un paso previo: cuestionar nuestras certezas. Nuestro trabajo de estos días será un éxito no si salimos con recetas prefabricadas, sino si tenemos el valor de plantearnos nuevas preguntas. Salir de aquí con algunas certezas menos nos  empujaría a esa conversión pastoral que necesitamos: dejar de hablar de los ancianos para empezar a hablar con ellos, escuchando una realidad compleja y sorprendente. Partamos entonces de una de las paradojas que más nos interpelan.

La paradoja: una presencia activa pero pastoralmente invisible

Los ancianos son una realidad vital en nuestras comunidades. El fenómeno es global: todos los datos confirman que las personas mayores muestran niveles de práctica y participación religiosa más altos que los jóvenes, apoyando activamente a las parroquias. Sin embargo, esta presencia relevante suele estar ausente de nuestro horizonte pastoral. E incluso cuando se habla de ministerio, aunque a menudo son ellos los que reciben los ministerios instituidos o se convierten en diáconos permanentes, rara vez se reflexiona sobre su condición. En muchas realidades eclesiales se presta, con razón, gran atención a los jóvenes; es mucho más raro encontrar personas o estructuras que se ocupen específicamente de las personas mayores. Esta discrepancia nos interpela. ¿Cómo podemos descuidar a una parte tan importante del Pueblo de Dios? Es hora de iniciar un camino que integre su presencia de manera orgánica.

Superar los esquemas: la soledad de una generación en cambio

Uno de los primeros esquemas que hay que «desconstruir» es el que asocia la vejez con una experiencia única y monolítica. La realidad es muy diferente. Sin embargo, si hay un rasgo que, aunque con mil matices, une la vida de muchos ancianos hoy en día, es la soledad. Es una experiencia que tiene múltiples raíces y que caracteriza nuestra época, hasta el punto de que se ha hablado de un «siglo de soledad». Es una condición existencial que nos afecta a todos, pero que golpea con más dureza a los más frágiles, y por lo tanto también a las personas mayores. La cuestión es tan grave que varios Estados de todo el mundo están tomando medidas legislativas que imponen no abandonar a los padres o establecen un verdadero «deber de cuidado».

A esta soledad generalizada se suma, sin embargo, una especificidad de la generación que hoy vive la tercera edad. Los llamados baby boomers, nacidos después de la guerra, fueron la generación que más que ninguna otra cuestionó la institución familiar tradicional, en nombre de la autonomía y la realización personal. Son precisamente ellos los que hoy se enfrentan a menudo a la vejez en soledad. Como muestran los datos, en muchos países se está produciendo un aumento de los llamados «divorcios grises», es decir, de personas mayores: en Italia, en los últimos diez años, han aumentado inesperadamente los divorcios entre los mayores de 60 años, y se registran fenómenos similares en Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. Es un fenómeno triste que provoca gran sufrimiento y preocupación. Parece paradójico que lo viva una generación que luchó por la autodeterminación y que hoy se enfrenta a la vejez en contextos familiares profundamente empobrecidos, en un silencio que ningún logro social puede llenar. Sin embargo, podemos esperar que no se trate de algo inevitable, sino que la tendencia pueda invertirse.

La existencia antes de la asistencia

Además del reto de la soledad, otro esquema reduccionista amenaza con aprisionar a la tercera edad: el que la identifica casi exclusivamente con la necesidad de asistencia. Nuestra cultura, orientada a la eficiencia, tiende a ver en las personas mayores principalmente una fragilidad que gestionar, un problema que resolver mediante planes de cuidados y estructuras protegidas. Desde esta perspectiva, la dimensión de la necesidad eclipsa cualquier otra, reduciendo la existencia a una supervivencia segura, pero a menudo vacía de sentido. Sin embargo, quien escucha auténticamente a las personas mayores percibe una demanda más profunda, un anhelo irreductible de no ser simplemente «cuidados», sino de «existir» plenamente. Es el deseo de seguir siendo protagonistas de su propia historia, de amar, soñar, aprender, participar en la vida hasta el final.

Y este deseo se manifiesta de mil maneras: en el jubilado que dedica su tiempo al voluntariado en la parroquia, convirtiéndose en un punto de referencia insustituible; en la viuda que, al quedarse sola, se matricula en la universidad de la tercera edad, no para obtener un título, sino por el placer de aprender y conocer gente nueva. Los ejemplos podrían multiplicarse mucho.

No se trata de un rechazo de la ayuda cuando es necesaria, sino de una poderosa afirmación de dignidad: una especie de resistencia silenciosa contra una cultura que querría definirlos solo por sus carencias. Es la petición de que se reconozca su valor no solo por lo que necesitan, sino por lo que son y lo que aún pueden aportar. Esta sed de vida, esta poderosa petición de existencia, interpela a nuestra pastoral y la llama a ofrecer no solo cuidados, sino también sentido y misión.

De la asistencia a la existencia: una nueva visión pastoral

En el Mensaje para la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, el Papa Francisco ofreció una clave de lectura decisiva para la pastoral de la tercera edad, distinguiendo entre «proyectos de asistencia» y «caminos de existencia». El Santo Padre afirma:
«No basta con preparar proyectos de asistencia, se necesitan caminos de existencia que sepan valorar la presencia, el testimonio y la misión de los ancianos en la Iglesia y en la sociedad» (Mensaje para la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, 2022).
Estas palabras, que ya había utilizado en una de sus catequesis, nos invitan a superar una visión reduccionista de la vejez, que la considera exclusivamente como un tiempo de fragilidad y necesidad, y a reconocer, en cambio, la riqueza de una etapa de la vida aún capaz de generar sentido, relaciones, testimonio y servicio. A menudo estamos acostumbrados a pensar que, con el avance de la edad, la persona solo necesita ser asistida. Pero nuestros ancianos, en realidad, desean existir plenamente, seguir viviendo como protagonistas, ser cristianos activos, participar en la vida de la comunidad y en la misión de la Iglesia. Quieren ser evangelizados y evangelizar. El Papa León nos ha hablado hoy de la pastoral de los ancianos como una pastoral «evangelizadora y misionera».

Como nos recordó el cardenal Farrell, la raíz de la pastoral de los ancianos se encuentra en el Concilio Vaticano II y en su redescubrimiento de la dignidad bautismal de todos los fieles. Precisamente esta dignidad, que pertenece a todos los bautizados de cualquier edad, nos lleva a reconocer el papel protagonista que los ancianos deben tener en la Iglesia. De hecho, todo bautizado está llamado a ser discípulo misionero. Por lo tanto, no podemos limitarnos a considerarlos «enfermos a los que hay que asistir», rechazamos la idea de que la vejez sea una enfermedad. Por el contrario, es una etapa de la vida, con sus retos y oportunidades.

Reconocer la dignidad para custodiar la vida

Aceptar estas premisas con seriedad nos lleva a dos consecuencias fundamentales e interrelacionadas. Por un lado, nos impulsa a buscar para los ancianos verdaderos «proyectos de existencia» que valoren sus carismas y su experiencia. Por otro lado, nos obliga a asistirles de manera más digna. Es decir, en nuestra pastoral no existe ninguna contradicción entre el cuidado de las personas mayores frágiles y el trabajo misionero: son dos dimensiones que brotan ambas de la conciencia de la dignidad infinita de cada persona.
Porque, seamos sinceros, cuántas veces, precisamente porque su dignidad no es plenamente reconocida, las personas mayores son mal atendidas, tratadas con suficiencia, descuidadas o, peor aún, maltratadas. Los datos de la Organización Mundial de la Salud nos dicen que aproximadamente 1 de cada 6 personas mayores en el mundo sufre algún tipo de abuso en contextos comunitarios, ya sea físico, psicológico, económico o una simple y terrible negligencia. Esto ocurre cuando la persona frágil deja de ser vista como un hermano o una hermana con nuestra misma dignidad y se convierte en un problema que hay que gestionar, en una carga.

Una propuesta para todos: el Evangelio y la oración por la paz

Por todas estas razones debemos dedicarnos con renovado entusiasmo a una verdadera pastoral de los ancianos. ¿Qué significa esto concretamente? Significa, ante todo, estar profundamente convencidos de que los ancianos —como todos, en cualquier edad de la vida— necesitan encontrar el Evangelio de Jesús, que siempre es una buena noticia, a cualquier edad. A todos, hasta el último momento, hay que ofrecerles una propuesta de vida cristiana plena, no una versión reducida o edulcorada. Tenemos los instrumentos para hacerlo. Algunos de estos instrumentos están relacionados precisamente con nuestro trabajo común, con los mensajes del Papa para la Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, con la celebración de la Jornada en nuestras comunidades, con el tesoro de la catequesis del papa Francisco. Y nosotros, desde el Dicasterio, estamos a vuestra entera disposición para colaborar y apoyar cualquier iniciativa que vaya en esta dirección.
En este horizonte, me gustaría hacer una propuesta concreta, un primer paso. Como sabéis, en estos días, el Santo Padre ha pedido dedicar este mes de octubre a la oración por la paz. Todos estamos angustiados por los vientos de guerra que soplan en el mundo y amenazan el futuro. ¿Por qué no hacer de esta intención el corazón de nuestra pastoral con los ancianos? Intentemos involucrar a todos los ancianos a los que llega nuestra pastoral, en las parroquias, en las residencias, en sus casas, en una gran oración incesante por como la viuda del Evangelio, verdaderos artesanos de la paz.

Pienso también en los muchos abuelos y abuelas que cada día elevan sus oraciones al Señor pidiendo protección y ayuda para sus nietos. En estos tiempos oscuros que estamos viviendo, cada persona mayor, al igual que los abuelos y las abuelas, puede asumir la misión de acompañar con la oración a los más jóvenes, de ayudarles a superar los enormes temores que les abruman, mostrándoles la esperanza y una visión confiada del futuro. Pensemos, por un momento, en los jóvenes llamados a las armas o que están luchando en el frente, en diversas partes del mundo; en aquellos que carecen de un trabajo justo y digno debido a sociedades destruidas por conflictos largos e interminables; y, en general, en los muchos jóvenes que no pueden realizar un proyecto de vida porque carecen de perspectivas de futuro. Los ancianos pueden asumir el compromiso de rezar concretamente por los jóvenes y para que la paz vuelva a reinar en nuestro mundo y en su mundo futuro.

La oración, además, ayuda a superar otra falsa y dañina idea preconcebida: la de una supuesta diferencia entre los ancianos «activos», a los que se les puede confiar una tarea, y los ancianos «demasiado frágiles», a los que solo se les puede asistir pasivamente. La oración es una propuesta universal, una misión para todos. Como nos recordó el Santo Padre León XIV en la catequesis del sábado pasado, nuestra relación con Dios no se basa en la comprensión intelectual, sino en la intuición del corazón. El Papa dijo: «A menudo, de hecho, las personas cultas intuyen poco, porque presumen saberlo todo. En cambio, es hermoso tener aún espacio en la mente y en el corazón para que Dios pueda revelarse». Por el contrario —continúa el Papa— «Dios es sencillo y se revela a los sencillos».
Incluso en el anciano más perdido, incluso en quien parece ausente, existe la posibilidad, en lo más profundo del corazón, de intuir a Dios y dirigirse a Él. La oración es un hilo que nadie, ni siquiera la enfermedad, puede romper. La oración puede ser un elemento que caracterice nuestra atención pastoral a los ancianos, porque creemos que Dios escucha la oración de todos, también la de los ancianos. Reflexionemos juntos sobre la poderosa fuerza que podríamos generar invitando a todos los ancianos, en cualquier condición en que se encuentren, a convertirse en artífices de la paz.

¡Gracias!

SERPIENTE QUE MATA, SERPIENTE QUE SALVA

Hay un extraño texto en el capítulo 21 del libro de los Números donde se dice que el remedio contra las serpientes venenosas que mordían y mataban a muchos israelitas en el desierto, era mirar a otra serpiente venenosa clavada en un estandarte. En su diálogo con Nicodemo, Jesús recuerda este texto y se lo aplica a él mismo clavado en la cruz. El que contempla a Jesús crucificado y cree en él encuentra la salvación.

Los símbolos bien entendidos son sugerentes y orientan más allá de ellos mismos hacia algo que no es nunca del todo expresable con nuestros pobres conceptos, porque nunca llegamos a comprenderlo del todo. La cruz, que es un instrumento de tortura, y la serpiente, que es un peligroso y mortal animal, convertidos en símbolos de salvación, nos hacen caer en la cuenta de que Dios saca bien del mal. Allí donde parece que no hay ninguna esperanza, Dios puede abrir caminos de vida y de futuro.

El contraste entre la serpiente que mata y la serpiente clavada en un estandarte, que salva a los que la miran, es un buen símbolo que orienta a otro contraste que apunta a una realidad salvífica, a saber: el árbol del paraíso que provocó el alejamiento de los seres humanos de Dios, y la cruz, llamada también árbol de salvación, en la que está clavado Jesús, para que todo el que la mira encuentre vida y salvación. Mirar, en este caso, es contemplar al gran amor de Dios que se revela en el modo de estar Jesús en la cruz. Insisto, no tanto en el instrumento de tortura, cuanto en el modo de estar Jesús en él. ¿Y cómo está Jesús? Bendiciendo y perdonando a sus enemigos, a los que le crucifican. Es imposible que haya un amor más grande. Solo un amor así es salvífico y fuente de vida. Porque allí está Dios.

Dios no envió a su Hijo al mundo para que le mataran. Como deja muy claro Jesús en su conversación con Nicodemo, si envió a su Hijo al mundo fue porque amaba mucho a los seres humanos y, por eso, quiso identificarse con nosotros y con nuestro destino, para que así nosotros pudiéramos identificarnos con él y con su destino. Dios envió a su Hijo para que tuviéramos vida abundante. Y como el amor de Dios nunca desaparece, precisamente porque es de Dios y se identifica con Dios mismo, cuando los seres humanos rechazan al Hijo, Dios sigue amándolos.

Como ya he dicho, en el modo de morir de Jesús se expresa el gran amor de Dios, y se manifiesta con un contraste deslumbrante con el odio y el rechazo de los que le crucifican. Un amor así es salvífico. En cada celebración eucarística, el presidente, en nombre de todos los que participan en la celebración, lo deja muy claro: la de Jesús es una sangre derramada por muchos, muchos, muchos, o sea, por todos, todos, todos, para el perdón de los pecados. De todos los pecados. De ahí la necesidad de mirar a esa cruz para encontrar la salvación.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM (VI)

Los gobernantes deben beneficiar a las órdenes sociales y aliviar la situación de los proletarios  y esto en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de in-gerencia ya que el estado debe velar por el bien común.

Pensad que los proletarios son por naturaleza tan ciudadanos como los ricos pues a través de la familia integran el cuerpo de la nación y los desvelos públicos deben de prestar los debidos cuidados a la salvación y bienestar de la clase proletaria, y si no lo hacen cometen injusticia. Así los deberes del gobernante es velar por el bien del pueblo y se destaca el de defender por igual a todas las clases sociales.

Todos los ciudadanos deben contribuir al bien común. Pero no todos pueden aportar lo mismo, los que se dedican a las funciones de gobierno son principales y superiores en toda la sociedad, sin olvidar que todos los trabajos contribuyen al bien común y la riqueza nacional proviene del trabajo de los obreros y deben ser atendidos. No es justo que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el estado, hay que respetar la libertad sin daño al bien común.

Los que gobiernan deberán atender a la comunidad y sus miembros y la razón del poder es la salud pública. El poder proviene de Dios, Él nos cuida,  y quiere que los que participan de su poder cuiden de la comunidad, que se respete y practique la religión, que florezca la integridad de las costumbres, privadas y públicas y que se mantenga inviolada la justicia.

Cualquier situación de abusos, injusticias, desorden, de no cumplir o atacar la religión debe de intervenir la autoridad.

Los derechos de cada uno deben respetarse. El Poder civil debe garantizarlos y especialmente el de la clase obrera.

La autoridad debe de asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de la Ley.

Pues quitar al otro lo que es suyo o bajo la capa de una pretendida igualdad, como los que pretenden con perniciosas doctrinas y deseosos de revoluciones para atacar a la propiedad privada. Las autoridades deben de intervenir (pues quitar al otro lo que es suyo es un robo bajo cualquier pretexto)

Un trabajo demasiado largo y pesado da pie para ir  a la huelga, a este mal se ha de poner remedio públicamente sabiendo que perjudica a todos.

El estado debe velar por los bienes de alma, para perfeccionarla con el conocimiento de la verdad y el amor. El alma lleva impresa la imagen y semejanza de Dios, dándole autoridad para dominar a las criaturas inferiores y someter a su beneficio las tierras y los mares.

Esto son todos los hombres iguales y no hay diferencia entre ricos y pobres, pues uno mismo es el Señor de todos; y a nadie le esta permitido violar impunemente la dignidad humana ni ponerle trabas en su perfeccionamiento hacia el reino de los cielos. Los deberes para con Dios deben protegerse con el descanso los días festivos y rendir a Dios el culto debido.

Hay que librar a los pobres obreros de la crueldad de los ambiciosos en bien de la justicia y la humanidad.

Lo que el hombre puede soportar no es aplicable a la mujer ni a los niños, hay oficios más aptos para las mujeres como son las labores domésticas.

Es importante que el salario sea por libre consentimiento entre las partes, el patrono cumple pagando al obrero lo acordado y por parte del obrero debe  realizar su trabajo en el que se han ajustado.

Pero el salario debe ser lo suficiente para sacar a la familia y que pueda quedarles algo para ahorrar y hacer su patrimonio. Esto indica que el derecho de la propiedad se debe considerar inviolable, las leyes deben favorecer este derecho y proveer que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad.

La violencia de las revoluciones civiles han dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos: La clase poderosa y rica que controla la producción y el comercio y goza de toda la influencia en la administración del estado y por otro lado la multitud desamparada y débil y más dispuesta al alboroto.

Padre Pascual Millán Arregui

EL VÍDEO DEL PAPA SE TRANSFORMA EN “REZA CON EL PAPA”

Con la intención de oración de enero —Orar con la Palabra de Dios—, la iniciativa adopta una perspectiva que privilegia el silencio y la vivencia interior, un sello más agustino

Con el inicio de 2026, León XIV ha dado un giro significativo a su comunicación con los fieles. Lo que durante una década conocimos como «El Vídeo del Papa», una iniciativa lanzada por Francisco para dar visibilidad a los desafíos de la humanidad, se transforma con el nuevo año en «Reza con el Papa». Más allá del cambio en la denominación; este nuevo enfoque marca el estilo propio de León XIV, quien busca profundizar en la experiencia del encuentro personal con Dios.

Bajo la dirección del Papa agustino, la iniciativa adopta ahora una perspectiva que privilegia el silencio y la vivencia interior. No en vano en la presentación de esta campaña en la Santa Sede se ha destacado que el nuevo enfoque se aleja del ruido cotidiano para buscar una «experiencia íntima y serena».

Este sello se percibe claramente como más agustino, centrado en la inquietud del alma que busca descanso en lo divino. En su primer mensaje, el Papa afirma que solo el Evangelio puede dar plenitud a un «corazón inquieto y hambriento de sentido», una clara referencia a la espiritualidad del obispo de Hipona. La propuesta invita a los fieles a «desacelerarnos» y a presentarnos ante Dios «sin máscaras», en un espacio de vulnerabilidad donde emerge lo más auténtico de cada persona.

La gran novedad de este formato es que el Papa no solo pide que se ore por una intención, sino que invita a la Iglesia a orar junto a él. Según el jesuita Cristóbal Fones, director de la Red Mundial de Oración del Papa, se busca que los fieles acompañen al Pontífice de una manera más profunda y sinodal.

Así las cosas, el escenario elegido para inaugurar esta etapa refuerza esta atmósfera de recogimiento: la iglesia de San Pellegrino, uno de los templos más antiguos del Vaticano, que históricamente ha sido un lugar de acogida y oración para los peregrinos. Allí, León XIV ha grabado su primera intención para enero de 2026, dedicada a la Palabra de Dios como fuente de esperanza en la oscuridad.

Pasando de un vídeo a menudo centrado en la concienciación social, «Reza con el Papa» pretende que cada episodio sea un soporte para la oración cotidiana. El programa para 2026 ya está trazado e incluye temas como el consuelo para niños con enfermedades incurables; el acompañamiento a sacerdotes en crisis; el cuidado de quienes sufren soledad en las grandes ciudades; el desarme nuclear o el buen uso de la riqueza.

La campaña busca, así las cosas, llegar a los fieles a través de nuevos lenguajes adecuados para la oración y formatos digitales. Esta red, que une a más de 22 millones de personas en 90 países, se propone hoy más que nunca como un antídoto contra la «globalización de la indiferencia», transformando el entorno desde el corazón.

Pincha el enlace para ver el video

https://youtu.be/s1CBCcEIkME

Revista Ecclesia