SOBRE RERUM NOVARUM (VI)

Los gobernantes deben beneficiar a las órdenes sociales y aliviar la situación de los proletarios  y esto en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de in-gerencia ya que el estado debe velar por el bien común.

Pensad que los proletarios son por naturaleza tan ciudadanos como los ricos pues a través de la familia integran el cuerpo de la nación y los desvelos públicos deben de prestar los debidos cuidados a la salvación y bienestar de la clase proletaria, y si no lo hacen cometen injusticia. Así los deberes del gobernante es velar por el bien del pueblo y se destaca el de defender por igual a todas las clases sociales.

Todos los ciudadanos deben contribuir al bien común. Pero no todos pueden aportar lo mismo, los que se dedican a las funciones de gobierno son principales y superiores en toda la sociedad, sin olvidar que todos los trabajos contribuyen al bien común y la riqueza nacional proviene del trabajo de los obreros y deben ser atendidos. No es justo que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el estado, hay que respetar la libertad sin daño al bien común.

Los que gobiernan deberán atender a la comunidad y sus miembros y la razón del poder es la salud pública. El poder proviene de Dios, Él nos cuida,  y quiere que los que participan de su poder cuiden de la comunidad, que se respete y practique la religión, que florezca la integridad de las costumbres, privadas y públicas y que se mantenga inviolada la justicia.

Cualquier situación de abusos, injusticias, desorden, de no cumplir o atacar la religión debe de intervenir la autoridad.

Los derechos de cada uno deben respetarse. El Poder civil debe garantizarlos y especialmente el de la clase obrera.

La autoridad debe de asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de la Ley.

Pues quitar al otro lo que es suyo o bajo la capa de una pretendida igualdad, como los que pretenden con perniciosas doctrinas y deseosos de revoluciones para atacar a la propiedad privada. Las autoridades deben de intervenir (pues quitar al otro lo que es suyo es un robo bajo cualquier pretexto)

Un trabajo demasiado largo y pesado da pie para ir  a la huelga, a este mal se ha de poner remedio públicamente sabiendo que perjudica a todos.

El estado debe velar por los bienes de alma, para perfeccionarla con el conocimiento de la verdad y el amor. El alma lleva impresa la imagen y semejanza de Dios, dándole autoridad para dominar a las criaturas inferiores y someter a su beneficio las tierras y los mares.

Esto son todos los hombres iguales y no hay diferencia entre ricos y pobres, pues uno mismo es el Señor de todos; y a nadie le esta permitido violar impunemente la dignidad humana ni ponerle trabas en su perfeccionamiento hacia el reino de los cielos. Los deberes para con Dios deben protegerse con el descanso los días festivos y rendir a Dios el culto debido.

Hay que librar a los pobres obreros de la crueldad de los ambiciosos en bien de la justicia y la humanidad.

Lo que el hombre puede soportar no es aplicable a la mujer ni a los niños, hay oficios más aptos para las mujeres como son las labores domésticas.

Es importante que el salario sea por libre consentimiento entre las partes, el patrono cumple pagando al obrero lo acordado y por parte del obrero debe  realizar su trabajo en el que se han ajustado.

Pero el salario debe ser lo suficiente para sacar a la familia y que pueda quedarles algo para ahorrar y hacer su patrimonio. Esto indica que el derecho de la propiedad se debe considerar inviolable, las leyes deben favorecer este derecho y proveer que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad.

La violencia de las revoluciones civiles han dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos: La clase poderosa y rica que controla la producción y el comercio y goza de toda la influencia en la administración del estado y por otro lado la multitud desamparada y débil y más dispuesta al alboroto.

Padre Pascual Millán Arregui