SOBRE RERUM NOVARUM ( y VII)

El Papa propone que la clase obrera alcance un mayor nivel y que puedan tener su patrimonio, a la vez que la clase rica sea generosa con la clase obrera para que las diferencias sean menores.

Las personas que trabajan para ellos ponen más interés y pueden tener un mayor y mejor economía a la vez que producen más para todos.

La autoridad publica tiene que velar por la propiedad privada, y esto indica que no deben de ser abusivos los tributos e impuestos. El derecho de poseer vienes privados es por naturaleza.

Para atender mejor a los necesitados se crean las sociedades de socorro mutuos, para proteger a los obreros, amparar a las viudas e hijos, en los imprevistos, enfermedades, accidentes.

Patronatos para cuidar a niños, jóvenes y ancianos, el Papa considera estas instituciones muy necesarias y muy importantes.

La sociedad civil alcanza a todos en cuanto que persigue el bien común, es publica por lo cual se unen todos los ciudadanos para formar una nación.

También se constituyen sociedades privadas con miras a un negocio privado, y no está en poder del estado impedir su existencia ya que es un derecho natural  y la sociedad civil ha sido instituida para garantizar el derecho natural. Salvo que una sociedad privada dañara la salud publica, entonces el poder del estado debe prohibirla.

Las diversas corporaciones, congregaciones, ordenes religiosas instituidas por la autoridad de la Iglesia y la piedad de los fieles sirven para mejorar la sociedad.

La historia habla de los grandes beneficios para la sociedad de estas instituciones. Lo que tiene de religión están sometidas a la potestad de la Iglesia, las autoridades civiles no pueden arrogarse ningún derecho sobre ellas, ni pueden en justicia alzarse con la administración de las mismas, antes bien el estado tiene el deber de respetarlas, conservarlas e incluso defenderlas.

El Papa se queja de que el estado en los tiempos actuales ha violado comunidades con injurias, confiscándoles, y despojándoles de sus legítimos derechos y bienes. El expolio injusto y nocivo.

Hay asociaciones de obreros que imponen una disciplina no conforme con el nombre cristiano ni con la salud pública.

Muchos de los nuestros ensayan medidas de mejorar a los obreros, con oficios honestos, aumentando su prosperidad familiar e individual, y moderando las relaciones entre obreros y patronos. Los obispos prodigan su protección junto con el clero que cuidan del cultivo del espíritu en los asociados. No faltan católicos ricos que se unen a los asalariados en fundar y propagar estas asociaciones que protegen a los obreros.

El Papa pide que se protejan estas asociaciones y que el estado colabores pero sin inmiscuirse en su constitución interna, ni en su régimen de vida.

Los ciudadanos tienen el libre derecho de asociación, de elegir libremente la organización; los obreros se han de constituir y gobernar para que tengan los medios para el fin que se proponen: aumento de bienes, cuidado de la vida espiritual de las almas y de la familia. Hay que dar valor a la instrucción religiosa que cada uno conozca sus obligaciones para con Dios, que sepan lo que han de creer, lo que han de esperar y lo que ha de hacer para su salvación eterna. Hay que fortalecernos contra los errores y corruptelas; que aprendan a amar y reverenciar a la iglesia, madre común y cumplir sus preceptos.

Los cargos de las asociaciones se otorgara  de acuerdo con los intereses comunes y que la disparidad de criterios no reste unanimidad. Lo que es común debe de administrarse con mucha integridad, que los derechos y deberes de los patronos se conjuguen armoniosamente con los derechos y deberes de los obreros.

Procurar que al obrero no le falte trabajo y que establezcan una aportación para los momentos de necesidad: accidentes, enfermedades vejez.

Así las asociaciones católicas serán consideradas como importantes para la prosperidad de las naciones.

Aquellos obreros que viven en el más completo y abandono de la fe cristiana se den cuenta con frecuencia que han sido engañados por una falsa esperanza y que han sido tratados inhumanamente por patronos ambiciosos; y las asociaciones que se habían adscrito en vez de reinar la caridad y el amor lo que hay son discordias internas  que van unidas a la pobreza.

La religión es la única que puede curar radicalmente el mal y todos deben colaborar para que se restauren las costumbres cristinas.

La iglesia siempre trabajara inculcando en todos los hombres de cualquier clase social las máximas de vida tomadas del evangelio, y luchar por la salvación de los pueblos y que inculquen la caridad cristiana que es el anti-loto contra la insolvencia y egoísmo del mundo.

P. Pascual Millán Arregui