El pasado 4 de marzo, en la diócesis de Coria Cáceres, nos hemos reunido para tener una convivencia retiro, en la casa de la Iglesia, con posterior comida en un restaurante de la plaza Mayor de Cáceres.
Nuestro consiliario, Pater Juanma, nos hizo un repaso Cuaresmal basado en la Transfiguración. Porque, dice que la Cuaresma no es algo negativo; es: “gracia y salvación”. Toda nuestra vida es un camino cuaresmal de renuncia, esfuerzo, y negación. Es la cruz que nos lleva a la salvación.
En la vida vamos eligiendo. Podemos optar por aptitudes cuaresmales, para practicarlas y ser coherentes. Pero esto es una travesía del desierto, con sus dudas y carencias, donde uno echa de menos los ajos y las cebollas de Egipto. ¿ No habría sido mejor seguir esclavos, pero con una olla de carne? ¿Será una ilusión, esto de la tierra prometida? Se les prometió una tierra que produce leche y miel, pero vamos por un desierto, con esclavitudes, que tiran de nosotros, por eso necesitamos un Tabor que nos ayude a subir a Jerusalén.
En el Tabor, Jesús les muestra su Gloria y les debió impactar mucho a los apóstoles. Nosotros también hemos tenido experiencias del Tabor que dejaron huellas, para poder seguir adelante.
Los santos y los místicos son los que han mirado por la cerradura y han visto por el Tabor, el Cielo. Antes de entrar al banquete definitivo, nosotros también saboreamos los aperitivos; son las experiencias místicas, más o menos grandes, la alegría, la libertad, momentos felices, que son como los entrantes, de antes del banquete.
Todo el mundo sufre. Quizás el cristiano, puede que tenga un plus de sufrimiento, pero sin duda que vivimos muchas compensaciones, que nos dan satisfacción. Las cruces del cristiano se compensan porque el Señor no se deja ganar en generosidad y nos da el ciento por uno en esta tierra y luego la vida eterna. Los que tenemos fe, sufrimos cruces, pero mezclados con momentos de Tabor. Por eso la cruz es fecunda y fructífera. Produce frutos para uno mismo y para los demás. Hay dos clases de cruces, las voluntarias que solemos hacer en Cuaresma y las que nos trae la vida sin que nosotros las busquemos, pero que con seguridad vienen de Dios, más que las voluntarias, que puedo elegirlas según mis gustos.
Para un ateo, lo transcendental, no tiene sentido. Para un cristiano, lo transcendental, nos sostiene en las dificultades. Dice Santa Teresa: “que a las almas ventaneras les asusta el silencio”, están siempre mirando a los demás. Quienes tienen vida interior, gustan del silencio. Hay que bajar al llano, tras la oración silenciosa del monte Tabor y construir entre los necesitados la cuarta tienda y allí entre ellos vivir la fe testimoniando lo que Dios ha puesto en nuestro corazón en la oración.
Nos acompañaron tres consiliarios de grupos. Tuvimos la celebración de la Eucaristía y nos fuimos juntos a comer en fraternidad y alegría. Fue un día espléndido.
