Globalización de la impotencia
Globalización de la impotencia…
la “globalización”,
en sus diversas modalidades
-globalización del amor, de la economía,
de la indiferencia, de la impotencia…-
tiene sus pros y sus contras,
al menos en su aplicación práctica,
“porque a río revuelto, ganancia de pescadores”.
¡Y sabemos quiénes tienen los mejores anzuelos!
Globalización de la impotencia…
ante las “nuevas realidades”
que están surgiendo en nuestro mundo,
como la Inteligencia Artificial (IA)
y las “tecnologías emergentes”;
en los países “periféricos”,
las “nuevas realidades”
son las “viejas realidades”:
pobreza, injusticias, desigualdades
y conflictos bélicos,
que se sabe cómo empezaron
pero no cuándo acabarán.
– ¿A quién “le interesa” que haya pobreza y guerras?
Globalización de la impotencia…
“impotencia”,
que se da tanto en el mundo desarrollado
como en los países en vías de desarrollo,
en unos casos para embridar y humanizar
a la Inteligencia Artificial (IA)
y a las “nuevas tecnologías”,
y en otros para salir del pozo
de la exclusión institucionalizada de ambas.
– ¿Dónde queda la “inteligencia humana” (IH)?
Globalización de la impotencia…
“La globalización de la impotencia
es hija de la mentira:
que la historia siempre ha sido así,
que la historia la escriben los vencedores.
Entonces parece que no podemos hacer nada,
pero no es así:
La historia es devastada por los poderosos,
pero es salvada por los humildes, los justos,
los mártires, en los que resplandece el bien
y la auténtica humanidad resiste
y se renueva” (León XIV).
– ¿Quién dijo que no podemos “hacer nada”?
Globalización de la impotencia…
que nos remite al duelo de David contra Goliat:
Goliat, gigantón y armado,
y David, un pastor a cuerpo descubierto.
“David lanzó con su honda una piedra a Goliat
que se clavó en la frente del filisteo
cayendo de bruces al suelo,
herido de muerte.
Los filisteos viendo muerto a Goliat
se dieron a la fuga” (1Sam 17,45).
David “defendía a su pueblo”
y “confiaba en Dios”.
– ¿Quién dijo que no podemos “conseguir nada”?
“Le he dicho al Señor: “Tú eres mi Dios;
¡escucha, pues, mi grito suplicante!
Señor, Señor, mi salvador poderoso,
tú proteges mi cabeza en el combate” (Salmo 140,13).
Julián del Olmo
Domingo, 11 de octubre de 2026

