SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Un corazón abierto al mundo entero

  

Un corazón abierto al mundo entero…

pero no sólo el “corazón económico” de los países,

como sucede con la mal entendida y peor aplicada “globalización”

que beneficia sobremanera a los “mercados”, al gran capital

y a los países desarrollados.

“Que los pueblos no pierdan su identidad

y no se disuelvan en una globalización homologante,

a merced de las potencias dominantes” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

capaz de acoger a las personas que proceden

de un contexto vital y cultural distinto,

como ha sucedido con la “regulación” de inmigrantes

que trabajaban en España “sin papeles”,

llevada a cabo por el Gobierno

a petición de un centenar de organizaciones sociales y eclesiales,

y refrendada por más de 600.000 firmas.

No se trata sólo de “papeles”

sino de reconocimiento de la dignidad inalienable

del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios

y de mirar al emigrante desde la “lógica del corazón”,

que reconoce en el otro a un hermano necesitado.

Un corazón abierto al mundo entero…

que no excluye a nadie,

que no descarta a nadie,

no como la “cultura del descarte” en la que estamos

que prioriza el beneficio económico sobre las personas

y excluye a los marginados de la sociedad:

ancianos, pobres, enfermos, discapacitados, emigrantes…

“En la tierra no hay espacio para Dios

si no hay espacio para el hombre:

no acoger a uno significa rechazar a otro.

En cambio, donde hay lugar para el hombre,

hay lugar para Dios” (León XIV).

Un corazón abierto al mundo entero…

que potencie la “cultura del encuentro”

superando la dinámica adquirida del “ombliguismo”,

de considerarse cada uno el “centro del universo”,

que nos lleva a una excesiva “polarización” política y social

con enfrentamientos, fragmentación,

desprecio a quienes no piensan de la misma manera

y hasta odio al contrario.

“No me cansaré de repetirlo:

No levanten muros. Construyan puentes.

Elijan el camino del diálogo y la concordia” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

como el de Jesús de Nazaret

que con su manera de ser y de actuar superó los límites

geográficos, culturales y religiosos de su tierra natal,

porque para Dios sólo hay una humanidad

y todos llevamos su ADN incorporado.

“Sucedió que Jesús estaba comiendo en casa de Leví,

y muchos cobradores de impuestos y otra gente de mala fama

estaban también sentados a la mesa con Jesús.

Unos fariseos preguntaron a los discípulos:

“¿Cómo es que vuestro Maestro come con esta gente?”

Jesús los oyó y les dijo:

“No necesitan médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos.

Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,15).

“Jesús pasaba por la región de Samaría y se sentó junto al pozo de Jacob.

En esto una mujer de Samaría llegó al pozo a sacar agua.

Jesús le pidió: “Dame un poco de agua”.

Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer respondió:

“¿Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí que soy samaritana?”

Jesús respondió: “Si supieras lo que Dios da y quién es el que te pide agua,

tú le pedirías a él, y él te daría agua viva y ya no volverías a tener sed”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed

ni tenga que venir aquí a sacarla” (Jn 4,1).

“Oh Señor,

quiero alabarte con todo el corazón

y contar tus muchas maravillas.

Oh Altísimo,

por ti quiero gritar lleno de alegría;

¡quiero cantar himnos a tu nombre!” (Sal 9,1).

Julián del Olmo

Domingo, 28 de junio de 2026

FINALDE CURSO EN LA DIÓCESIS DE CÁDIZ

Amanece la mañana del día 11 de junio con un sol esplendoroso, presagio de que vamos a pasar una buena jornada, y los miembros de nuestro Movimiento esperando el autobús que nos trasladará al Santuario Mariano de la Virgen Nuestra Sra. de la Oliva, en donde nos uniremos a nuestros hermanos de Algeciras

Hacia las once horas, en que estaba programado el inicio de los actos de finalización del curso, nuestra presidenta, Ana María, nos da la bienvenida y agradece nuestra asistencia a este acto que servirá como finalización del curso y despedida hasta el inicio del próximo.

A continuación el consiliario diocesano, P. Martín Baro, siempre con una biblia en sus manos, nos dice que  hablará sobre ella.  Comienza diciendo que es un libro Patrimonio de la Humanidad y que es imprescindible para la vida del cristiano. Dice que en su larga vida sacerdotal y en todas las parroquias que ha estado siempre ha existido un Grupo de Vida Ascendente y le encantaba visitar sus reuniones ya que siempre había, en el centro de la mesa, una biblia y una vela encendida al Espíritu Santo y cada uno de los asistentes tenía delante los santos evangelios para leerlos, comentarlos y tener conocimiento del evangelio del próximo domingo, lo que les hace poder vivir con mayor atención la homilía. Vida Ascendente es el único Movimiento de la Iglesia que así lo hace.

Empieza a realizar un camino sobre la biblia para decirnos porqué tenemos que leerla. Habla de la transmisión generacional que  ya existía en la época de Jesús, al hablarnos de la visita de María, una jovencita, a su prima Isabel ya en edad muy madura. El evangelio entra por la cabeza y sale por la boca, por tanto esa será nuestra misión con respecto a nuestros nietos. Cita el salmo 119, versiculo 105 que dice » Lámpara son tus palabras para mis pasos / luz en mi sendero» por lo cual la Biblia tiene que ser «mi luz para caminar por la vida». A continuación nos lleva a la primera carta de Pedro (cap. 2, V. 2) que dice «como niños recien nacidos, ansiad la leche espiritual, para que con ella vayais progresando a la salvación «. Nos lleva al consejo que dió Ezequiel ( Libro,2 Cap.8) a su pueblo «Abre la boca y come lo que te doy». Por todas estas razones tenemos que «comernos» la Biblia para nuestra salvación.

Finalizada la Eucaristía, retomamos la parte seglar y nos dirigimos a un restaurante, en Barbate, para disfrutar de una agradable comida y  de la compañía de todos los miembros de los distintos grupos.

Nos despedimos con el deseo de pasar un feliz veranos y las ganas de poder retomar las actividades en el mes de septiembre.

M.D.

JAËN : CLAUSURA VIDA ASCENDENTE EN EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LINAREJOS

Más de 200 personas de toda la Diócesis, miembros y amigos de Vida Ascendente, se han reunido para la clausura del curso pastoral, en el Santuario de la Virgen de Linarejos, en presencia de la patrona de Linares.

Como otros años, el acto comenzó con la acogida en el templo, para pasar a continuación a la celebración de la Santa Misa, presidida por D. Facundo López Sanjuán, consiliario de Vida Ascendente y Delegado episcopal para la Pastoral de las personas mayores, así como por otros sacerdotes y consiliarios de nuestra Diócesis: D. Pedro Mena, D. Carmelo Lara, D. Agustin Mbuyu, D. Ángel Sánchez.

La Misa ha sido una profunda acción de gracias a Dios por todas sus bendiciones este curso destacando el crecimiento en grupos y miembros de este movimiento.

La Eucaristía ha concluido con una ofrenda de flores a la Santísima Virgen de Linarejos y la Salve a la Virgen y el Himno de Vida Ascendente.

Tras esto, hemos celebrado la Asamblea de clausura donde la presidenta, María Dolores Núñez, ha dado las gracias a todos los asistentes y a los pueblos donde se ha fundado Vida Ascendente. También, ha comentado las distintas visitas a los grupos para fortalecerlos y revitalizarlos y los grupos nuevos creados en nuestra Diócesis son:  Marmolejo, San Juan de Avila de Linares, San Juan Pablo II, Residencia de Caridad y Consolación. De la misma manera, se han dado las cuentas del pasado año curso 2025 – 2026. Seguidamente, y tras unas palabras de nuestro consiliario, hemos tenido la tradicional comida fraterna entre los asistentes donde se pasó un gran rato de amistad y convivencia.

Desde la Comisión Diocesana damos las gracias a todos los asistentes por haber acudido y a otros miembros que no han podido asistir por diferentes causas y a los que tenemos presentes y les enviamos un afectuoso abrazo. Muchas gracias a todos.

Francisco Manuel Camacho Santiago

Secretario de la Comisión Diocesana de Vida Ascendente

EL SANTO DE LA SEMANA: SANTO TOMAS, APOSTOL

El día 3 de Julio Fiesta de santo Tomás, apóstol, que cuando los otros discípulos le anunciaron que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Es tradición que evangelizó los pueblos de la India, transmitiéndoles la fe que él había recibido (s. I).

La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: «Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice «Dídimo», que significa lo mismo: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16) «Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él». Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente «una fe esperanzada, sino una desesperación leal». O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: «A donde Yo voy, ya sabéis el camino». Y Tomás le respondió: «Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.

Admirable respuesta:

Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros… Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: «Sígame, que yo voy para allá», entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: «Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad». Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: «O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna».

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.

Dice San Juan (Jn. 20, 24) «En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». El les contestó: «si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré». Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: «Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Jesús le dijo: «Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver».

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe «Señor mío y Dios mío», y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: «Dichosos serán los que crean sin ver».

(Fuente: EWTN)

JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS: LA IGLESIA ESTÁ LLAMADA A SER MADRE DE TODOS

El Papa León XIV hace un llamamiento a los abuelos a perseverar en la fe durante la fragilidad, y los invita a rezar por la paz: “en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”.

“Yo nunca te olvidaré (Is 49,15)”, es la cita bíblica que inspira el mensaje del Papa León XIV para la jornada mundial de los abuelos y mayores publicado este 15 de junio. Reflexionando sobre la tarea de la Iglesia “llamada a ser madre de todos”, y exhortando a rezar por la paz y perseverar en la fe durante la edad adulta.

“Por boca del profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de una madre por su hijo (cf. Is 49,15)”, dice el Papa en su mensaje para esta jornada que se celebra el 26 de julio de 2026

Explica el Pontífice que “son palabras que nos llenan de consuelo y de confianza. Son la respuesta a un angustioso sentimiento que agita el corazón: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14)”.

El amor de Dios no olvida a ninguno

Reitera así que “el amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”.

“Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad -expresa el Papa- y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología”.

El Santo Padre propone que la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores sea “una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”.

El abrazo del Papa a los ancianos

El Papa pide que también lleven a los abuelos y adultos mayores con este mensaje, “la cercanía y el afecto» del sucesor de Pedro: “Háganlo de tal modo que las palabras del profeta ‘Yo nunca te olvidaré’ adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro”.

Afirmando además que “la Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: Yo nunca te olvidaré”.

La vocación en la fragilidad

“El descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida”, escribe León XIV, y sugiere que la edad avanzada “a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual”.

Y reflexionando sobre la vocación en medio de la fragilidad, les dirige unas palabras de aliento: “¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida”.

La oración de los abuelos

Y les encomienda la tarea de la oración por la paz en este tiempo marcado por la violencia bélica y social: “les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero”.

Finaliza el Papa agradeciendoles “porque me sostienen cada día con sus oraciones, especialmente cuando recitan el santo rosario. Se lo agradezco de corazón y les dejo este deseo: que el Señor les renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad, ¡Él, que nunca se olvida de nosotros!”, dice.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano para Vaticans News

ARTE QUE CONSUELA: LA “DECAPITACIÖN DE SAN PABLO” DE SIMONET DE LA CATEDRAL DE MÁLAGA

La «Decapitación de San Pablo» es un célebre óleo sobre lienzo pintado en 1887 por el artista malagueño Enrique Simonet.

Considerada una de las joyas de la Catedral de Málaga, esta monumental obra destaca por su realismo y el tratamiento dramático de la luz.

Datos Clave de la Obra

Autor: Enrique Simonet y Lombardo.Año de realización: 1887.

Ubicación actual: Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación (Málaga), específicamente en la Capilla de San Francisco de Asís.

Donación: Entregada a la catedral en agosto de 1889 por el padre del pintor, cumpliendo el deseo de Simonet, quien quería que esta fuera su primera gran obra realizada en Roma.

Contexto y Estilo

Escena: Representa el martirio del apóstol San Pablo durante la persecución del emperador Nerón en Roma, según los relatos tradicionales.

Técnica: El cuadro destaca por un hiperrealismo crudo al mostrar el instante previo a la ejecución, captando la tensión psicológica y la atmósfera lúgubre del lugar. Simonet era un maestro de la luz, lo cual se evidencia en el contraste entre el cuerpo iluminado del apóstol y la oscuridad del verdugo y el entorno.

Conservación: La pintura se ha mantenido en excelentes condiciones, conservando gran parte de sus materiales originales. Dada su importancia, la obra ha sido sometida a restauraciones preventivas (como el mantenimiento de bandas perimetrales realizado por especialistas) para asegurar su estabilidad a largo plazo.

MUSICA SACRA: “LUX AETERNA” DE “NIMROD” DE LAS VARIACIONES ENIGMA DE EDWARD ELGAR

 Lux Aeterna es una célebre adaptación coral a capella basada en «Nimrod», la variación más famosa de las Variaciones Enigma del compositor británico Edward Elgar.

Variaciones sobre un tema original para orquesta Op. 36 «Enigma», comúnmente referidas como Variaciones Enigma es una serie de catorce variaciones musicales compuestas por Edward Elgar en 1899. Es una de las obras de Elgar más conocidas, tanto por la música en sí, como por el enigma que se esconde tras ella. Elgar dedicó la obra a «mis amigos retratados en ella»; cada variación muestra un emotivo retrato de algunas de sus relaciones sociales más cercanas.

Se cuenta que un día de 1898, después de una extenuante jornada de enseñanza, Elgar soñaba frente al piano. Una de las melodías que improvisó llamó la atención de su esposa, y como le agradó, le pidió que la repitiera. Entonces, para entretener a su mujer, empezó a improvisar variaciones, cada una retratando a un amigo, o al estilo musical que podría usar. Más adelante, Elgar expandió estas variaciones y las orquestó, formando las «Variaciones Enigma».

Fue estrenada en Londres el 19 de junio de 1899, bajo la dirección de Hans Richter. La crítica al principio se irritó por la apariencia complicada de la obra, pero luego la sustancia, estructura y orquestación produjo su admiración. Desde entonces se convirtió en una pieza muy exitosa.

La obra esconde un tema principal oculto y que nunca es tocado. Elgar dejó varias pistas para dar con la respuesta, y aunque recibió varias propuestas de solución a lo largo de su vida, el compositor rechazó todas hasta su muerte. Las pistas son:

El tema involucra un «refrán oscuro»

El tema jamás se interpreta a lo largo de la obra

El tema es, en palabras de Elgar, «muy conocido»

Solo Dora Penny, amiga del compositor que sirvió de inspiración para la variación n.º 10, fue la única persona que podría adivinar la solución.

La pieza original para orquesta fue transformada en una obra sacra en 1997 por el arreglista John Cameron, quien adaptó el texto latino de la misa de réquiem a la música original de Elgar.

 Detalles clave de la obra

Origen: Variación IX («Nimrod») de las Variaciones Enigma, Op. 36 (1899).

Arreglista: John Cameron.Formación: Coro mixto a ocho voces (SSAATTBB) a cappella.

Texto: Oración litúrgica latina «Lux aeterna luceat eis, Domine…» («Que la luz eterna brille para ellos, Señor»).🌌

Características musicales

Estructura climática: Comienza con un murmullo suave y misterioso. Crece de forma gradual hacia un clímax de enorme potencia emocional. Termina en una resolución de paz absoluta.

Dificultad vocal: Exige un control de la respiración excepcional debido a sus frases largas y lentas.

Polifonía: El tejido a ocho voces genera una atmósfera armónica densa, luminosa y reconfortante

Pincha en el enlace para disfrutar de esta obra

https://www.youtube.com/watch?v=IwdeqVmXlHk

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II III. CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM 4. EL MISTERIO EUCARÍSTICO

Seguimos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) sobre la Liturgia.

Cuando san Agustín quiere explicar a los nuevos bautizados el misterio del Cuerpo de Cristo, retoma el pasaje de san Pablo que hemos escuchado: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Cor 12, 27). Y añade: «Recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis. Escuchas, pues: “Cuerpo de Cristo”, y respondes: “Amén”. Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad. […] Sed lo que veis y recibid lo que sois» (Sermón 272).

Justo después de haber evocado la Última Cena de Jesús, la Constitución sobre la Liturgia habla de la Eucaristía con estos acentos agustinianos. Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre (cfr Col 1, 18), el cual nos prepara un lugar en los cielos (cfr Jn 14, 3): la Eucaristía es así el sacramento del Reino que viene. Es el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celeste, hasta el día beato en el que «Dios sea todo en todo» (1 Cor 15, 28).

La asamblea litúrgica ofrece el Sacrificio «no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él» (SC, 48). En esta perspectiva, la Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos (cfr Hb 13, 16; Rm 12, 1), en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que «se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón (cfr SC, 47).

Queridos, cuando participamos en la Eucaristía somos invitados a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre. Estas dos partes de la Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, «están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto» (SC, 56).

En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz» (Hb 4, 12), dirigida por Dios a todos y al mismo tiempo a cada uno, Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo. «La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 55).

El Concilio Ecuménico Vaticano II ha pedido: «ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura» (SC, 51). La reforma litúrgica ha traducido esta petición en ese tesoro que es el Leccionario, es decir, el libro que recoge todas las Lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas. Tal amplitud se ha extraído de la fuente más pura de la Tradición viviente, que combina la «sana tradición» con «el camino a un progreso legítimo» (SC, 23).

El inicio del capítulo II de la Constitución sobre la Liturgia está entretejido con referencias al gran río de la Tradición, que va desde los Padres de la Iglesia hasta nosotros. Lo cito: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera» (SC, 47).

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the holy see

La Santa Sede

INMIGRACIÓN, ABORTO, EUTANASIA

Un amable lector y buen amigo pregunta en uno de los comentarios a este blog: “¿Cómo es que los que están de acuerdo con el Papa en el tema de la inmigración, no ven la profunda coherencia cuando afirma que el aborto y la eutanasia atentan contra la dignidad de la vida humana?”.

La pregunta parece muy pertinente. Pero no es fácil dar una respuesta. Porque sospecho que, en muchas ocasiones, el criterio de nuestra actuación no es el bien común o el respeto a la dignidad de la persona, sino nuestros intereses egoístas, el pensar solo en lo que consideramos nuestro beneficio inmediato, sin pararnos a medir las consecuencias de nuestros actos. Y en el caso de los políticos, el criterio de su actuación suele ser casi siempre (por no decir siempre) la búsqueda o la conservación del poder. Esto explica muchas de sus incoherencias, porque defendiendo una cosa y su contraria buscan los votos de los unos y de los otros. Y defendiendo una cosa y manifestándose en contra de otra buscan los votos de los que así piensan.

Cuando lo que predomina es el egoísmo es posible que nos encontremos con todas las combinaciones posibles: a favor del aborto y en contra de la eutanasia; a favor de la inmigración y del aborto; en contra la inmigración y en contra del aborto y la eutanasia.

Evidentemente, la postura cristiana es otra: a favor de la persona y, por tanto, en contra de todo lo que atenta contra su dignidad. Y eso se traduce en defender unas cosas y evitar otras, defender el derecho que tiene una persona a encontrar un lugar donde pueda vivir en paz, y defender el derecho a la vida del no nacido. Por tanto, buscar todos los medios que ayuden a las madres embarazadas en dificultades.

Por otra parte, tengo la impresión de que quienes socorren a los inmigrantes, a las madres en dificultades para que puedan dar a luz con paz y alegría, y ayudan con cuidados paliativos y cariño a los enfermos con padecimientos físicos que ellos consideran intolerables, suelen ser el mismo tipo de personas. Bastantes de ellas trabajan para Caritas o para instituciones de Iglesia. O colaboran con sus donativos. Pero esas personas no suelen hacer ruido, más bien actúan. Los que hacen ruido, los que gritan, los que se manifiestan, los que descalifican a los demás, no suelen ser lo que más ayudan a esos por los que dicen levantar la voz.

Martin Gelabert Ballester – Blog Nihil Obstat

CATEQUESIS DEL PAPA LEON

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

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Llamamiento

Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación. Expreso mi gratitud a los países que se han esforzado por favorecer el encuentro entre las partes y hacer posible dicho entendimiento. Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos.

Por otro lado, llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Tal como indicó Jesús a sus discípulos, los invito a alzar la mirada para aprender a ver en las personas su deseo de vida, de verdad y de plenitud (cf. Jn 4,35). Que Él nos enseñe también a nosotros a mirar a los demás con los ojos de Dios, es decir, con amor, respeto y compasión. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra catequesis de hoy deseo compartir algunas reflexiones sobre el viaje apostólico que realicé la semana pasada en España. Agradezco a Dios y a todo el pueblo español; particularmente al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. Durante mi visita pude experimentar con gran alegría la fe y el afecto de la gente, así como la sed profunda de congregarse unidos en Cristo. Los diferentes encuentros revelaron el deseo de escuchar el Evangelio y la inquietud por hacerlo vida en el mundo de hoy.

La última etapa del viaje ha afianzado un aspecto muy importante: estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor.

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