«RESURREXIT»
Domingo de Resurrección
Resucitó…
cuando las mujeres entran en el sepulcro de Jesús
y descubren que no está su cadáver
vieron a dos hombres vestidos con ropas brillantes
que les dijeron:
– “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
No está aquí. Ha resucitado.
– Acordaos de lo que os dijo cuando aún se hallaba en Galilea:
que el Hijo del hombre sería entregado en manos de pecadores,
que lo crucificarían y que al tercer día resucitaría” (Lc 24,1).
Los discípulos no vieron con agrado
que las mujeres fueran las primeras
en tener la experiencia de la resurrección (Lc 24,11).
Resucitó…
pero a los discípulos de Jesús les costó creer que había resucitado,
como es el caso de Tomás
y también es nuestro caso:
“Si no veo en sus manos las heridas de los clavos,
y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado,
no lo creeré” (Jn 20,24).
Jesús dijo a Tomás:
“Dichosos los que creen sin haber visto” (Jn 20,24),
y éste es nuestro caso:
que “sin ver físicamente a Jesús”, creemos en Él.
Resucitó…
pero algunos discípulos ya iban de camino,
de vuelta a casa,
frustrados por la muerte de Jesús
y porque sus esperanzas no se habían cumplido.
“Jesús salió al encuentro de dos de ellos
que iban camino de Emaús
y aunque le veían, algo impedía reconocerle.
Jesús les preguntó:
– ¿De qué venís hablando por el camino?
– De Jesús de Nazaret,
un profeta poderoso en hechos y en palabras
delante de Dios y de todo el pueblo.
– Al llegar al pueblo a donde se dirigían,
Jesús hizo como si fuera a seguir adelante;
pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
– Quédate con nosotros porque ya es tarde
y se está haciendo de noche.
Cuando estaban sentados a la mesa,
Jesús tomó en sus manos el pan,
y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos.
Al partir el pan se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;
pero él desapareció.
Y sin esperar a más, los dos discípulos regresaron a Jerusalén
para contar a los otros apóstoles lo que les había pasado en el camino,
y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan” (Lc 24,13).
Resucitó…
“Dios ha librado a Jesús de la muerte.
Y, del mismo modo, nos sacará a cada uno de nosotros
de las tinieblas a la luz,
del sepulcro a la vida,
de la inmovilidad a la vitalidad,
de la cautividad a la libertad,
de la ceguera a la visión,
de la parálisis a poder andar,
de la estructura de la ley al amor” (Anselm Grün).
Resucitó…
y se apareció a todos sus discípulos,
como también se nos aparece a todos nosotros
en la celebración de la eucaristía dominical,
cuando la comunidad de los seguidores de Jesús está reunida.
En la eucaristía, el Resucitado
nos habla a través de la Sagrada Escritura,
nos da a comer su “cuerpo” y a beber su “sangre”
y nos libra de la muerte eterna:
“Yo soy la resurrección y la vida.
El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y ninguno que esté vivo y crea en mí, morirá jamás” (Jn 11,25).
“El Señor perdona todas mis maldades,
sana todas mis enfermedades,
libra mi vida del sepulcro,
me colma de amor y ternura,
me satisface con todo lo mejor
y me rejuvenece como un águila” (Sal 103,3).
Julián del Olmo
5 de abril de 2025

