Es un mal que una clase social sea enemiga de la otra, la naturaleza no dispone que los ricos y pobres se enfrenten permanentemente, esto es ajeno a la razón y a la verdad.
Así como el cuerpo se ensambla entre si miembros diversos, también en la sociedad la naturaleza humana puede armonizar las distintas clases y que concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio, ambas se necesitan, ni el capital puede sustituir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital.
La doctrina de la religión cristiana y la iglesia como mediadora pueden entre si unir a los ricos con los proletarios y que cada clase cumpla con sus deberes y ante todo los deberes de la justicia. Que es compartir integra y fielmente lo que por propia libertad y por arreglo a la justicia se ha estipulado sobre el trabajo.
Los deberes del proletariado: son no dañar al capital, no ofender a los patronos, abstenerse de toda violencia al defender sus derechos.
Por otra parte los deberes de los ricos y patronos: No considerar a los obreros como esclavos, respetar la dignidad, que el trabajo les de la posibilidad de ganarse la vida honradamente, no abusar de las personas, que tengan encuentra las exigencias de la religión y el bien de las almas que procuren darles tiempo para el cumplimiento religioso, no imponer más trabajo que el que pueda soportar sus fuerza, pedir que los patronos no opriman para su lucro a los más necesitados y desvalidos, pues esto no lo permite ni las leyes divinas ni las humanas, y defraudar en el salario debido es un crimen que clama al cielo.
La Iglesia que trata de unir una clase con la otra al final todos tenemos que compadecer ante el tribunal de Dios. La verdadera vida es la eterna, para eso nos ha creado Dios, por ello es importante como actúa el hombre de cara a la vida del Reino.
Jesucristo no suprime las tribulaciones diversas de esta vida mortal, sino que hizo de ella estimulo de virtudes. El tomo sobre si los trabajos y sufrimientos nuestros.
Las riquezas no aportan conseguir la exención de dolor, ni aprovechan nada para la vida eterna, más bien la obstaculizan. La iglesia enseña la recta posesión del dinero y el recto uso del mismo.
Poseer bienes en privado es un derecho natural del hombre. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y el decoro es un deber socorrer a los indigentes con lo sobra; lo que sobra darlo de limosna no son deberes de justicia sino de caridad humana (salvo casos de necesidad extrema)
Aunque esto nos son deberes de justicia el Señor nos dice que es mejor dar que recibir y que juzgara la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a El “Cuanto hicisteis a estos hermanos más pequeños a mi me lo hicisteis”
Así los que carecen de bienes, ser pobre, no es una deshonra y no hay que avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con el trabajo. Pues Jesucristo se hizo pobre siendo rico para nuestra salvación y no rehusó a ser un artesano, ni al trabajo manual.
Rvdo. D. Pascual Millán Arregui
