SOBRE RERUM NOVARUM(V)

La verdadera dignidad y excelencia del hombre, radica en la moral y la virtud, que es igual para ricos y pobres y es el premio de la vida eterna.

Dios se inclina hacia los pobres y los que sufren, los que lloran; Dios no tolera al soberbio…

Todos los hombres han sido creados por Dios y el fin de todo hombre es Jesucristo, quien puede dar la felicidad perfecta y absoluta y que todos han sido redimidos por El y elevados a la dignidad de hijos de Dios.

La Iglesia con sus enseñanzas trata de influir en las personas para que se produzca ese dialogo entre los hombres.

 La Iglesia, puede llegar hasta las intimidades del corazón y lograr que el hombre modere los impulsos ambiciosos y que ame a Dios y al prójimo.

Pensad que la sociedad humana fue renovada desde sus comienzos por las costumbres cristianas, y en virtud de esta renovación fue impulsado el género humano a cosas mejores, fue sacado de la muerte a la vida, por Jesucristo que es el principio y final de todas las cosas. 

Al recibir la luz del evangelio y conociendo el mundo el misterio de la encarnación y la redención de los hombres la vida de Jesucristo Dios y hombre penetro en todas las naciones con sus preceptos, sus leyes animándoles a creer.

Por lo tanto, si hay que curar a la sociedad humana solo podrá curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas ya que cuando se trata de restaurar la sociedad decadente hay que hacerlas volver a sus principios.

La perfección de toda sociedad es buscar, conseguir aquello para lo que fue constituida, de modo que sea causa de los movimientos y actos sociales, la misma causa que originó la sociedad. Por lo cual apartase de lo establecido es corrupción, tornar a ello es curación.

Y con toda verdad, lo mismo que respeto de todo al cuerpo de la sociedad humana, lo decimos de igual modo de esa clase de ciudadanos que se gana el sustento con el trabajo, y que son la inmensa mayoría. 

La Iglesia quiere y desea que los proletarios salgan de la miseria y logren una mejor situación. La aportación de la Iglesia es llamar a los hombres a las virtudes cristianas, ayudando a proletarios y ricos, estos andan en abundancia con ambiciones y sed de placeres. 

En la primitiva iglesia los cristianos más ricos se desprendían de los bienes y los ponían en común y no había ningún necesitado los diáconos llevaban la organización de la beneficencia diaria. También hacían colectas para llevarlas a las comunidades más necesitadas. La Iglesia invitaba a la caridad ayudando a muchos indigentes evitándole la vergüenza de pedir limosna.

Fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas y con sus atenciones apenas hubo personas que estando en la miseria carecieran de consuelo.

 Rvdo. D. Pascual Millán Arregui