CINE Y VEJEZ: CORAZON DE PADRE

 

 

Corazón de Padre, es una película documental, dirigida por Andrés Garrigó, y producida por Goya producciones, concebida como un viaje de investigación en torno a la figura de  San José.

Fue rodada en diversos países del mundo (Italia, Estados Unidos, Canadá, Perú, Francia, Filipinas, entre otros). El Guión es del  mismo Andrés Garrigo y de Josep María Anglés.

Durante 91 minutos, los protagonistas de auténticos milagros nos cuentan sus historias y los favores de San José, desde conversiones radicales y curaciones imposibles, hasta la recomposición de matrimonios rotos.

La fotografía es de Ismaél Duran, el documental descubre la especial presencia de San José en Toledo, en Ávila y en Barcelona. En esta ciudad se han rodado escenas en el templo de la Sagrada Familia, en el Santuario de San José de la Montaña y en las calles de la gran urbe en las que, por la noche, los Jóvenes de San José atienden a indigentes.

El director del film, Andrés Garrigo, declaró: “Este hombre que trabajaba en un taller hace 2000 años tiene hoy pluriempleo. Actúa como protector de padres y familias, como patrono de la Iglesia, como intercesor de los trabajadores y ayuda de los moribundos. En la película destacamos uno de sus títulos menos conocidos: terror de los demonios”.

Para Garrigó, esta producción completa una trilogía, ‘Corazón Ardiente’, ‘Fátima, el Último Misterio’, y ‘Corazón de Padre’, que representan respectivamente a “Jesús, María y José”, la Trinidad de la Tierra».

Entre los testimonios destaca el del “P. Donald Calloway (Estados Unidos), que pasó, de una juventud turbulenta con penas de cárcel, a convertirse, y hacerse sacerdote y propagador mundial del amor al Patriarca”, señala Garrigo.

Os dejamos el enlace para que podáis ver el tráiler

https://www.youtube.com/watch?v=NFLhBpucmEs

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE SOBRE LA VEJEZ (IV): LA DESPEDIDA Y LA HERENCIA: MEMORIA Y TESTIMONIO

En la Audiencia General del 23 de marzo, el Papa Francisco continuó su catequesis sobre la vejez proponiendo el ejemplo de Moisés que, al final de sus días, «proclamó el nombre del Señor transmitiendo a las nuevas generaciones el legado de su historia vivida con Dios», sin perder su fe y su vitalidad.

«En los días previos a su muerte, Moisés pronunció su testamento espiritual, que es una hermosa confesión de fe. Sus palabras no sólo testimonian el amor y la fidelidad de Dios, sino también las infidelidades de su pueblo», dijo Francisco recordando que esta transmisión de la fe y del sentido de la vida, «que se hace a partir de las propias experiencias, sin ocultar las luces y las sombras», constituye la tradición, que pasa de generación en generación.

En alusión al gran testimonio de fe de Moisés a pesar de su edad (la narración relata que tenía ciento veinte años cuando pronuncia esta confesión de fe está en el umbral de la tierra prometida); el Pontífice subrayó que cuando el profeta se despide de la vida «no se había apagado su ojo» (Dt 34,7), es decir, conservaba la vitalidad de su mirada, la cual es un don valioso: «esto le consiente -dijo el Papa- transmitir la herencia de su larga experiencia de vida y de fe, con la lucidez necesaria».

En este sentido, el Santo Padre destacó que una vejez a la cual le es concedida esta lucidez es también un don valioso para la próxima generación:

 Asimismo, el Papa invitó a los presentes a plantearse si como sociedad «¿somos capaces de reconocer y de honrar este don?», y si «¿la transmisión de la fe – y del sentido de la vida – sigue hoy este camino?».

El Santo Padre hizo hincapié en la importancia de transmitir con pasión la propia historia de fe vivida con Dios:

 “Este es el don de la memoria que los ‘ancianos’ de la Iglesia transmiten, desde el inicio, pasándolo ‘de mano en mano’ a la próxima generación. Nos hará bien preguntarnos: ¿cuánto valoramos esta forma de transmitir la fe, de pasar el testigo entre los ancianos de la comunidad y los jóvenes que se abren al futuro?”

Texto integro en:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220323-udienza-generale.html

El Santo de la Semana: Santa Catalina de Suecia

Nació alrededor de 1330 y  murió el 24 de marzo de 1381.

Era la cuarta hija de St. Brígida y su esposo Ulf Gudmarsson, Al tiempo de su muerte St. Catalina era Superiora del convento de Wadstena, fundada por su madre; de ahí el nombre Catalina Vastanensis, por el que también se la conoce.

Se le representa acompañada con una cierva, que de acuerdo a la tradición la ayuda para proteger la virginidad de las jóvenes de los hombres deshonestos y con un látigo a su lado, el cual se ha dicho vino a su ayuda cuándo jóvenes sin castidad buscaban atraparla.. Es intercesora en los casos de aborto.

 A la edad de siete años fue enviada a la abadesa del convento de Riseberg de monjas cistercienses para ser educada. A los siete años tuvo su primera visión, en la que vio a Cristo disgustado con ella por no cumplir sus tareas por estar jugando. Desde ese día jamás volvió a dejar de cumplir con sus obligaciones,   pronto mostró un deseo para vida de automortificación y devoción para cosas espirituales.

Por mandato de su padre, cuándo tiene trece o catorce años, se casó con un noble de descendencia alemana, Eggart von Kürnen. Ella inmediatamente convenció  a su esposo, quién era un hombre religioso, a unirse con ella en un voto de castidad. Ambos vivieron en un estado de virginidad y dedican su vida al ejercicio de perfección cristiana y caridad activa.

A pesar del amor profundo hacía su esposo, Catalina acompaña a su madre, Santa Brígida, a Roma en 1349. Poco después de llegar a la ciudad, Catalina recibe la noticia de la muerte de su esposo en Suecia. Tenía 18 años.

Ella vive constantemente con su madre, toma una parte activa en la labor fructífera de Santa Brígida e imita fervorosamente la vida ascética de su madre.

Aunque la bella y distinguida viuda está rodeada de admiradores, ella constantemente rehúsa todas las ofertas de matrimonio.

En 1372 St. Catalina y su hermano, Birger, acompañan a su madre a una peregrinación a Tierra Santa; después de su regreso a Roma,  Catalina acompaño a su madre hasta la muerte.

En 1374, obedeciendo los últimos deseos de Santa Brígida, Catalina llevó el cuerpo de su madre de regreso a Suecia, para ser enterrada en Wadstena, de cuya fundación ella llegó a ser directora.

Wadstena es la casa madre de la Orden Brigitina, también llamada La Orden del Santo Salvador. Catalina manejó el convento con gran habilidad, en armonía con los principios impuestos por la fundadora.

Al año siguiente fue a Roma a promover la canonización de Santa  Brígida y para obtener una nueva confirmación papal de la orden. Ella aseguró otra confirmación, ambas de Gregorio XI (1337) y de Urbano VI (1379), pero no fue capaz de ganar en ese tiempo la canonización de su madre, por la confusión causada por la división que retraso el proceso.

Cuándo está división dolorosa apareció ella demostró, una firme adherencia a la parte del Papa Romano Urbano VI, en cuyo favor ella testificó delante de una comisión judicial.

Catalina se quedó cinco años en Italia y al regresar a casa, portaba una carta de comendación del papa. Poco después de su llegada a Suecia se enfermó y murió.

En 1484 Inocencio VIII dió permiso para su veneración cómo santa y su día de fiesta es asignado el 22 de marzo en la Martirología Romana.

Catalina escribió un trabajo devocional titulado “Consolación del Alma” (Sielinna Troëst), largamente compuesto de citaciones Escriturales y antiguos libros religiosos; no hay copia en existencia.

Fuente: Enciclopedia Católica

Pedro y Pilar una experiencia pro-vida

Pedro cuidó de su mujer, Pilar, durante cuatro años «Me planteé la eutanasia pero cambié de opinión» .

Pilar fue diagnosticada de un tumor cerebral y los médicos le dieron seis meses de vida. Pedro, su marido, buscó otras opciones y terminó en cuidados paliativos, donde, asegura, «empezamos a vivir otra vez». Pide una ley para la vida y más facilidades para los cuidadores. Nos deja esta maravillosa entrevista:

Pedro, cuidaste de tu esposa Pilar, durante cuatro años. ¿Cómo fue el inicio?

Mi esposa fue a hacerse una revisión rutinaria porque cada vez tenía más dolores de cabeza y más fuertes. Era joven, tenía 44 años. Fue enton -ces cuando le diagnosticaron un tumor cerebral en un TAC. Ese día no la acompañé al médico porque no pensamos que fuera nada importante, pero de inmediato la ingresaron y me llamaron. Me dieron la noticia de que era un tumor inoperable y de los peores que hay, con una esperanza de seis meses. La calidad de vida iba a ser muy mala, con todas las consecuencias: fallo respiratorio, fallo multiorgánico, silla de ruedas, sin oír ni hablar…. Cuando te dicen eso se te cae el mundo encima. Primero piensas en buscar otro diagnóstico. Y luego cuando se confirma, te planteas: para que esté sufriendo, lo mejor es que muera. Eutanasia y que deje de sufrir.

 ¿Y ahora, con el tiempo, qué piensas?

Que esa era una opción muy fácil. Debido al sistema de vida y a la velocidad que llevamos, no nos paramos a pensar. Pero ahora sé que hay 200.000 cosas que no son la eutanasia y que son infinitamente mejores. El enfermo va a estar atendido y no va a sufrir, esa es mi experiencia. Lo más digno es cuidarle y luchar, hasta los últimos momentos. Tuvimos la suerte de caer en paliativos de Laguna después de un año de desatenciones por parte de médicos que decían que, como ya no se podía curar, no podían hacer nada. Cuando entramos en paliativos, empezamos a vivir otra vez. Parece paradójico asociar paliativos a vida. Puede parecerlo, pero quien lo haya vivido me entenderá. Recuerdo, cuando llegamos con la ambulancia, que la imagen que teníamos era que esto es el final. Y fue todo lo contrario: mi mujer se encontró atendida, querida y cuidada. Y nosotros también. Ella vivía. La gente que hay en el hospital se deja la vida entera.

¿Tienes buenos recuerdos allí?

 Sí. Por ejemplo, al principio me quedaba a dormir y no salía de allí. Cuando consiguieron que me fuera a casa a descansar, recuerdo que llegaba por la mañana y ella me miraba y sonreía al verme. Me conocía. No hablaba pero, a su manera, se comunicaba conmigo.

¿Cómo lo han afrontado tus hijos?

Mis hijos son una generación de su tiempo, y tienen opiniones muy modernas sobre muchas cosas. Pero respecto a la eutanasia están en contra por lo que han vivido. Mi hija Lorena, por ejemplo, venía y tocaba la guitarra y el piano para su madre, porque en este hospital hay piano. Y su madre la escuchaba. Eso le quedará a ella para siempre. Son minutos llenos de intensidad.

¿Qué les diría a quienes tienen la posibilidad de legislar sobre el final de la vida?

Que se informen. Los paliativos existen en nuestro país porque hay médicos y profesionales excepcionales que se preocupan, trabajan con personas que están en una situación difícil y dolorosa. Muchas veces trabajan sin medios suficientes, sin ser valorados socialmente ni tomados en cuenta… Necesitan más ayudas para poder atender tanto a los enfermos, como a quienes los rodeamos. Si hacen una ley, necesitamos una ley para la vida. Para las familias necesitamos bajas laborales que se puedan tramitar rápidamente. Por ejemplo, en mi caso, estuve cinco años sin faltar al trabajo, y en los últimos meses de enfermedad de mi mujer, la empresa te echa. Y la ley de dependencia debería contemplar los paliativos.

¿Cómo ha cambiado tu forma de ver la vida la enfermedad de tu mujer?

Me ha reforzado más en mis creencias. Yo he vivido otras situaciones en las que la gente se ha enfadado pero a mí me pasó contrario, ahora necesito rezar a la Virgen. Tengo la costumbre de entrar a verla cuando paso cerca de una iglesia y, cuando la veo, lloro.

¿Cómo se viven cuatro años cuidando de una persona siempre, y atendiendo a tres hijos adolescentes?

No te das cuenta, lo haces porque te importa. Después de diagnosticársele la enfermedad, Pilar se levantaba conmigo, desayunábamos juntos y se volvía a acostar. Yo me levantaba 25minutos antes para prepararlo todo. Me casé con mi mujer no solo porque la quería, sino también para quererla. Para lo bueno y lo malo, en la salud y en la enfermedad. Enfermedad que, a nosotros dos, nos unió más.

Leido en Alfa y Omega

La carreta detrás de los bueyes

Juan Pedro Rivero González es Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife   

Suele ocurrir; cuando se llenan las agendas, cuando escasea el tiempo y son muchas las cosas que debemos hacer, en la inmensa mayoría de los casos, la dificultad deriva de una mala organización de actividades. La cantidad nos obsesiona y desaparece la lógica de las prioridades. Quienes miran desde fuera, usando el dicho popular, nos suelen recordar que “la carreta va detrás de los bueyes”.

Hay un compañero que suele recordarme que “el orden nos ordena”. No sé si lo vive con la misma intensidad con la que lo dice, pero he de reconocer que tiene razón. Mucho de nuestros agobios o situaciones de estrés, están derivadas más del desorden en el que situamos las prioridades que de la cantidad de actividades que desarrollamos. Es lógico ordenar la carreta de tal forma que los bueyes tiren de ella, y no sea la carreta la que tire de los bueyes. ¡El sentido común al poder!

No es neutra, en este sentido, la forma con la que ordenemos el discurso. Porque los derechos son el objeto de reivindicación, pero el sujeto titular de esos derechos, tantas veces vulnerados, es la persona. De tal manera que sin persona no existiría derechos. O sea, que, sin una seria preocupación por las personas, la reclamación de los derechos se convierte en una hipócrita proclama. Nunca la vivienda, o la salud, o la educación, o la alimentación, etc., serían derechos fundamentales, si no existiera una persona que sufre esta vulneración. El orden nos ordena…

Con cierta frecuencia escuchamos válidos esfuerzos por mantener una mirada de derechos a la hora de intervenir en acciones sociales, que tienen detrás una profunda preocupación por el desarrollo integral de las personas. Luchar por el bien de las personas exige una actitud previa de colocar a la persona en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción.

Aquella crítica de D. Agustín Yanes que nos disgustaba -por verdadera, evidentemente- de que nos llenábamos la boca hablando de la pobreza y de los pobres, pero que no hablábamos con los pobres, sigue estando vigente si olvidamos a quiénes hemos de situar en el centro de nuestra preocupación. La persona siempre en el centro.

Porque, ¿qué es antes en el orden lógico de la reivindicación? ¿La vida o la salud? ¿De qué me sirve tener el mejor de los sistemas sanitarios posibles si no hay ni un euro dedicado a apoyar a la mujer embarazada en dificultad? Hasta que no nace el bebé, nada de nada. Un ejemplo que puede servirnos de elocuente desorden en políticas sociales. Si no se vive o no se defiende la vida, ¿para qué quiero un derecho a la salud? Los bueyes delante de la carreta…

Y ya en el clímax de la locura y el desorden, considerar derecho la eliminación de una persona humana, aunque no haya nacido aún. Nada que añadir a la lógica de dejar que sea la carreta, sin bueyes, sin yugo y sin coyunda, la que guíe los destinos de este arrastre que se desliza hacia no se sabe dónde.

La ceguera psicológica y espiritual es también un efecto depravado de una preocupación exclusiva por mirar que las necesidades humanas son solo de índole material.

Los bueyes, siempre, delante de la carreta

Dilema social: eutanasia versus cuidados paliativos

 

La Carta Samaritanus bonus de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida y el Documento de la Conferencia Episcopal Española Sembradores de Esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida, recogen el sentir de la Iglesia Católica en este tema tan controvertido.

José Mazuelos, medico, obispo de Canarias y presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha criticado la «inhumana» ley de eutanasia y ha opinado que quien quiera matarse puede hacerlo sin involucrar a un profesional de la medicina. Aclara que tan malo es provocar la muerte como el encarnizamiento terapéutico.

La Eutanasia es  fruto de un individualismo radical incoherente antropológicamente, en la falacia de mi cuerpo es mío y yo decido lo que tengo que hacer con él. La cruda realidad es que la solicitud de eutanasia no se realiza en un estado de libertad, no te dejan escoger Cuidados paliativos o Eutanasia, porque el Estado no invierte en cuidados paliativos y ayudas a las familias en este difícil trance.

Desde el Estado nos tratan de imponer una visión de la economía del descarte, lo que no aporta se desecha para que no constituya un gasto.

Nos encontramos ante la extrema necesidad de humanizar la muerte  porque no hay enfermos incuidables, aunque sean incurables, los cuidados paliativos y la ayuda a la familia para que puedan acompañar al enfermo terminal hasta su final natural son una necesidad imperiosa en el momento actual.

Por otra parte está la incoherencia de querer uno mismo tomar sus propias decisiones pero que sea el Estado, a través de los médicos los que la lleven a cabo. El Obispo de Canarias añadía: «Ahora vienen con una ley que dice ‘hago con mi vida lo que me da la gana“, pero tienes que venir tú a matarme, tiene que venir el Estado a través de los médicos. Si usted me lo reivindica desde el individualismo radical, ¿cómo me reivindica usted la dimensión social? ¿Que yo tengo una obligación de matarlo? No. Matarse se puede matar todo el que quiera, es un poder que todos tenemos: abrimos el gas y nos quedamos dormiditos la mar de dulce.

En este enlace puedes acceder al video de D. José Mazuelos explicando el tema, son solo 10 minutos.

https://drive.google.com/file/d/11ABv2PercPRhoKZsz5P0pXwxs-2bq_up/view?usp=drivesdk

 

Santa Anna Schäffer intercesora en la pastoral de cuidados paliativos

 Los santos son para los católicos ejemplo en el cual mirarnos y Santa Anna chäffer, mística y con estigmas, es «intercesora en la pastoral de cuidados paliativos»

Vivó entre 1882 y 1925 fue una mujer, en cuerpo y alma, llamada a ofrecerse en expiación por los pecados del mundo.

Mística, con visiones y estigmas, su vida llena de dolores es un auténtico desafío al mundo de hoy más preocupado por culto al cuerpo y a la salud que por su bien espiritual.

Cuando fue canonizada por el Papa Benedicto XVI ya se le habían atribuido cientos y cientos de milagros, y el Papa mismo pidió “que su intercesión intensifique la pastoral de los enfermos en cuidados paliativos”.

Santa Anna Schäffer

Os contamos algo de la vida de esta mística desconocida para muchos:

 

Con 11 años recibió su Primera Comunión y en ese mismo día Anna tuvo una profunda experiencia de Dios. Ese día escribió una carta a Jesús, en la que le hacía algunas importantes promesas: “Jesús mío, hazme holocausto por todas las deshonras y ofensas que se cometen contra Ti”.

El 4 de febrero de 1901, Anna y otra criada lavaban la ropa en una caldera con agua y lejía hirviendo. En un momento dado, el tubo de la caldera se soltó y Anna se encaramó encima para colocarlo correctamente. En ese momento resbaló y se precipitó en la caldera quemándose las piernas hasta las rodillas. Contra todo pronóstico no murió

En la nueva situación Anna vio claro que su momento había llegado. Así que, fiel a su consagración al amor de Cristo, decidió que su sufrimiento no fuera en vano, por lo que ofreció su vida y su dolor al Señor como una expiación por los pecados y desagravio a Jesús. Su vida fue oración, penitencia y expiación.

El 4 de octubre de 1910 tuvo unas nuevas visiones que ella llamó “sueños” en los que Jesús le confirmó su plan: “Te he aceptado para expiación de mi Santísimo Sacramento”. En la mañana de ese día, mientras recibía la Sagrada Comunión de manos de su párroco, cinco rayos de fuego, como relámpagos, golpearon sus manos, pies y corazón: “Inmediatamente comenzó un dolor inmenso en estas partes del cuerpo, que ella sufrió sin interrupción.

Éxtasis, amor y más dolor

Con esto, el Señor ennobleció el sufrimiento de Anna uniéndolo al suyo. Ella misma le imitaba, no en la rebeldía ni en el cuestionamiento, sino en la entrega, en el espíritu de sacrificio, en el amor, como Cristo en la cruz: “¡En el sufrimiento aprendí a amarte!”, escribió entonces.

Unos años más tarde, el día de san Marcos de 1923, entró en éxtasis y padeció los sufrimientos del Viernes Santo. Su salud se deterioró rápidamente: parálisis espástica de las piernas, calambres severos por una dolencia en la médula espinal y cáncer en los intestinos. Muchos se preguntan cómo Anna podía soportar tanto sufrimiento.

Pero aún empeora: se cae y sufre lesiones cerebrales, lo que afecta gravemente su capacidad para hablar. Desde este momento ella también llevó ocultos los estigmas de Cristo.

La fuerza la obtuvo de la Eucaristía casi diaria: “No hay pluma con la que pueda escribir lo feliz que soy después de cada Comunión… En estos momentos estoy tan feliz que no quiero cambiar mi lecho de sufrimiento por ningún otro”. Está claro que el Señor no solo colocó pesadas cruces sobre ella, sino que también le dio consuelo celestial.

Anna creció más y más en su amor a Jesucristo, lo que le permitió dedicarse a las necesidades e intenciones de los demás. Ella, desde su lecho, escribió cartas de aliento, recibió numerosos visitantes y oraba por quien se lo pedía. El 5 de octubre de 1925 murió orando, una vez más, con sus últimas fuerzas: “¡Jesús, te amo!”.

Este tema también preocupa al Santo Padre que ha preparado un video del que os dejamos el enlace,  “por una respuesta Cristiana a los retos de la Bioética” es muy interesante, no os lo perdáis.

https://youtu.be/kjufGLoBSoE

Catequesis del Papa sobre la vejez (III). El mundo necesita jóvenes fuertes y ancianos sabios

El miércoles 16 de marzo, el Santo Padre se preguntaba: ¿en qué sentido la vejez puede salvar al mundo?

 

 

Y reflexionó sobre la figura de Noé como ejemplo de la vejez que genera vida, que no se queja, ni recrimina, sino que mira al futuro  con confianza, respeta la creación y cuida la vida de todos.

Continuó diciendo: “La vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el disfrute y vacía de interioridad:. Una vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor”.

Leer completo en:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2022/3/16/udienzagenerale.html

 

Con el lema «Acoger y cuidar la vida, don de Dios», la Iglesia celebra el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, la Jornada por la Vida.

La solemnidad de la Anunciación del Señor es una fiesta navideña, aunque esté fuera del tiempo de Navidad: nueve meses antes de su nacimiento, tiene lugar la encarnación de Jesús en el seno de la Virgen María.

En Oriente se encuentran testimonios de esta fiesta desde a mediados del siglo VI. En Roma se celebra a partir del siglo VII.

Una nueva historia

La Anunciación es la fiesta del Señor que se encarnó en el seno de María, iniciando una nueva historia. Es interesante observar que Dios no envía al ángel a Jerusalén, al templo, sino a Galilea, una región despreciada como refugio de paganos incrédulos. A Nazaret, una ciudad que no menciona el Antiguo Testamento.

El valor de María

Ante el anuncio, María reflexiona, entra en diálogo consigo misma y con el ángel, y pregunta por el sentido de sus palabras y la forma en que se realizarán. María no se deja llevar por las emociones. Aparece como una mujer valiente que ante lo inaudito mantiene el autocontrol. Y, a la luz de Dios, evalúa y decide.

La acción del Espíritu Santo

Es el Espíritu quien reviste la vida de María, haciéndola apta para su misión. Lo hará aquí y lo hará en el Cenáculo: María, mujer revestida del Espíritu, gracias a la cual y en la cual todo se hace posible.

El «hágase» de María

El «Fiat» de María transforma su humilde casa en la Casa de Dios, y a ella misma en el Tabernáculo del Santísimo Jesús. Bastó un «Aquí estoy», una señal de disponibilidad, sabiendo confiar en la acción del Espíritu Santo. Y Dios entró en la historia aceptando hacerse historia en la vida de los que dijeron y seguirán diciendo «aquí estoy».

Coordenadas de María

La primera coordenada de María es creer: confiar y encomendarse a Dios, segura de que en Él nada es imposible. Dios no teme el tiempo del desconcierto, de la reflexión, de la comprensión: Dios no obliga a la libertad, sino que educa a la libertad, para que cada uno pueda decir su “Aquí estoy”.

La segunda coordenada es aceptar entrar en el tiempo de Dios, en sus ritmos; un «tiempo», que no es simplemente el paso de las horas, sino que es el tiempo oportuno, el tiempo pleno, el tiempo de la oportunidad, el tiempo de la gracia.

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida explican en su mensaje de este año que en la solemnidad de la Anunciación celebramos que el «sí» de la Virgen María se ha convertido en la puerta que nos ha abierto todos los tesoros de la redención.

Y puntualizan, «en este sentido acoger la vida humana es el comienzo de la salvación, porque supone acoger el primer don de Dios, fundamento de todos los dones de la salvación; de ahí el empeño de la Iglesia en defender el don de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, puesto que cada vida es un don de Dios y está llamada a alcanzar la plenitud del amor«.

Por eso, «acoger y cuidar cada vida, especialmente en los momentos en los que la persona es más vulnerable, se convierte así en signo de apertura a todos los dones de Dios y testimonio de humanidad; lo que implica también custodiar la dignidad de la vida humana, luchando por erradicar situaciones en las que es puesta en riesgo: esclavitud, trata, cárceles inhumanas, guerras, delincuencia, maltrato».

El cristiano, centinela del Evangelio de la vida

Los obispos lamentan que se permita jurídicamente y se promueva la eliminación de la vida por criterios económicos o utilitarios, alegando «humanidad» y desde el emotivismo. Sin embargo, afirman «lo cierto es que acabar con una vida humana es lo más contrario a la verdadera humanidad».

 En esta situación hacen una llamada a acoger y cuidar la vida, principalmente la que se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad, como es el caso de los concebidos no nacidos o de los más enfermos o ancianos.

Especialmente invitan a los cristianos a ser «centinelas» del Evangelio de la vida, porque son testigos de su belleza como don de Dios, y porque vigilan para salvaguardarla de cualquier atentado o manipulación.

Ser «centinela» implica según los obispos, «tomar conciencia de la necesidad de formarnos y de formar a las generaciones más jóvenes para conocer y comprender la verdad del hombre, creado por Dios, llamado a amar y ser amado en plenitud. De ahí la importancia de una correcta formación de la afectividad y la sexualidad, como elementos constitutivos del ser humano que definen su identidad».

Los obispos dedican la última parte de su mensaje a María, que acogió «la suprema donación del que se entregó por nosotros hasta la muerte para darnos vida eterna» y que se convirtió en una mujer «que acompaña la vida del que sufre en la esperanza de la victoria de la resurrección y modelo de todo aquel que cuida de los hermanos enfermos o en precariedad».

El Santo de la semana: San José

Celebramos su festividad el 19 de Marzo de cada año, Día de San José.

La devoción hacia él, comenzó en el s. IV en Oriente. Va surgiendo entre carpinteros que lo tenían como patrono, y va poco a poco extendiéndose hasta llegar a Santa Teresa de Jesús, muy conocida entre nosotros.

El 8 de Diciembre de 2020 el Papa Francisco con motivo del 150º aniversario de la declaración de San José, como «Patrono de la Iglesia», escribe la Carta Apostólica «Patris Corde» (Con corazón de padre).

Con el Papa Sixto IV se introduce su fiesta en el calendario romano el 19 de Marzo. Es Gregorio V quien la estableció en 1621 fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II). A partir de entonces, van naciendo las primeras congregaciones que llevaran su nombre.

En 1870, el Papa Pío IX, declaró a San José «Patrono de la Iglesia Universal«, modelo de padre y esposo custodio de la Sagrada Familia; Juan XXIII introdujo su nombre en el canon de la misa; Pío XII lo presentó como «Patrono de los trabajadores» y San Juan Pablo II como «Custodio del Redentor«, también muy querido por el pueblo se le conoce como «Patrono de la buena muerte«.

Todo lo que sabemos de San José, lo podemos entrever en la Biblia, especialmente en los evangelios de San Mateo y San Lucas.

Su silencio lo caracteriza y es precisamente a través de sus obras, de sus actos de fe, confianza, y sobre todo de su amor, lo que nos descubren a San José, como un gran santo.

Dios le encomendó ser el padre adoptivo del niño Jesús y esposo de la Virgen María, un privilegio y una gran responsabilidad, el santo custodio de la Sagrada Familia.

Vivió de forma sencilla, realizando en su vida cotidiana la misión que el Padre le había encomendado de la manera más perfecta posible, contribuyendo de este modo a la realización del proyecto de la salvación de Dios.

La vida de San José fue una vida de oración y silencio permaneciendo de este modo en diálogo con Dios; trabajador y honesto para mantener a su familia; padre y esposo, lleno de amor y compasión; obediente y de una profunda fe dejándose llevar en manos de Dios; hombre justo y casto, cuya imagen vemos representada por la azucena en la mano, símbolo de pureza y de su estado virginal, en la iconograadía del arte cristiano.

Podríamos decir que la vida de San José, fue una peregrinación en la fe, que al igual que María, ambos permanecieron fieles hasta el final, en lo que se le había encomendado.

Virtudes destacadas de San José

Paternidad

«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

En esta cita bíblica se halla el núcleo central sobre San José. Fueron destacables entre otras virtudes, su obediencia y humildad, realizó lo mandado por el ángel y tomó a María con todo el misterio de la maternidad.

Se abre en esta disponibilidad y entrega absoluta al designio de Dios, que le pide el servicio de su paternidad, cooperando de este modo en el gran misterio de la redención; toda la vida de Jesús le ha sido confiada a su custodia.

En los evangelios se puede ver la tarea paterna de San José, realizada en los gestos que forman parte de la vida familiar: en su nacimiento, la circuncisión, la presentación de Jesús en el Templo… cada acontecimiento que se va desarrollando sobre su vida.

Se le ordena poner el nombre de Jesús, aunque no fuera fruto suyo, de esta manera declara su paternidad legalmente y proclamando su nombre define también su misión salvadora: «Y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21).

El Papa Francisco en la Carta Apostólica «Patris Corde« menciona la cita de Pablo VI donde se observa la paternidad manifestada concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa» (Patris Corde, 1).

Obediencia y fe

Vemos en su persona como obedecía con docilidad, y siempre estaba oyente a la voz de Dios. En cada circunstancia de su vida se ve la respuesta dirigida hacia esta voluntad.

A través de sus sueños, se le reveló lo que tenía que hacer y se observa en él su obediencia sin pensar en las dificultades. Por la fe acató los caminos de Dios, en esa confianza que el Padre había depositado en él, al elegirlo padre de su hijo.

Acoge a María como le dice el ángel, deja a un lado sus propios razonamientos y asume lo que se le dice. Nos enseña a acoger lo que se nos da en nuestra propia vida, aunque no comprendamos.

«La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Solo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia» (Patris Corde, 4).

Se entregó completamente a esta misión que le encomendaba y puso su vida al servicio de ello.

Durante ella le acompañaron dolores y gozos pero su fe y obediencia les conducía siempre en la confianza de que Dios estaba ahí.

Nos enseña a creer en Dios, a tener fe aún en medio de las dificultades, miedos, debilidades, por tanto, es necesario entonces, dejarnos abandonar en Él, para que lleve nuestra vida, porque Él tiene siempre la última palabra y su mirada es más amplia que la nuestra.

Aceptó todo por amor. Vemos como al igual que María, en cada circunstancia de la vida de José pronuncia también su «FIAT».

«Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación… Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe», por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él» (Redemptoris custos II).

Trabajo y silencio

San José se caracterizó por su silencio. Un silencio respetuoso y puesto al servicio de la escucha. Este silencio ayuda a tener una mirada hacia dentro para meditar y conocer la voluntad de Dios.

El Papa Benedicto dijo «dejémonos invadir por el silencio de San José«, el ruido nos impide escuchar o percibir las grandes verdades de la vida.

Su trabajo estaba envuelto en este silencio, era un humilde carpintero que bajo el esfuerzo de su trabajo, supo responder con fidelidad el cumplimiento de sus deberes, en un constante servicio.

El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de la persona y él nos enseña a hacer un trabajo justo, donde todos los dones que hemos recibido de Dios los ponemos a su servicio.

«…José acercó el trabajo humano al misterio de la redención» (Redemptoris custos IV). Por ello, los trabajadores están invitados a imitarle. Es posible servir a Cristo por medio de nuestro trabajo. «Todo cuánto que, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…» (Col 3, 23s)

Custodio de la Iglesia

Al igual que estuvo al cuidado de Jesús y María, como padre y esposo, con un corazón que fue capaz de amar y proteger al hijo de Dios y a su Madre, es por ello que se le encomienda también la Iglesia, su cuerpo místico.

Se encomienda a su protección y se le pide al igual que Él hizo, que su Iglesia colabore fielmente en la obra de la salvación siguiendo su ejemplo y pidiendo su intercesión.

Tarea que en la Iglesia compete a todos y a cada uno en su estado y tarea de vida.

«José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre» (Patris Corde, 5).

Qué nos dice a nosotros

A modo de conclusión, podemos ver cómo San José lo hizo todo ante los ojos de Dios, al que sirvió ejemplarmente.

Por lo tanto, la perfección y nuestro actuar como cristianos, en realidad se da en el cumplimiento de lo que Dios quiere de nosotros.

Con su ejemplo de vida nos enseña a amar, orar, sufrir, actuar rectamente para dar gloria a Dios con nuestra vida, en cada día que se nos da.

No es tan importante hacer «grandes cosas» sino hacer bien la tarea que debemos hacer.

«El participó en este misterio junto con Ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre «nos predestino a la adopción de hijos suyos por Jesucristo» (Ef 1,5) » (Redemptoris Custos, Introducción).

Por lo tanto, la fe y el amor con que cada cual va tejiendo su vida en el día a día es importante. Vivir con docilidad la voluntad del Padre, es vivir con un corazón agradecido por todo lo que recibimos, ser conscientes de la misión que se nos encomienda y ser fieles a ese llamamiento.

Nos enseña a ser grandes desde la pequeñez como María (caridad), nos invita a confiar en el creador aunque aparentemente las cosas vayan en contra (fe) y nos induce a ponernos en camino apoyados en el cayado de la esperanza..

NOTICIAS DEL ENCUENTRO: CAMINO DE COMPOSTELA

 

Para el próximo día 1 de octubre Vida Ascendente está preparando el I ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MAYORES, en los días previos tendremos todo un programa de actividades  religiosas y culturales. desde el día 26 de septiembre nos conducirán a  Santiago.

El punto de encuentro será el Santuario de Fátima donde tendremos tiempo para la espiritualidad y también el ocio, una vez puestos bajo el manto de María  nos pondremos en camino a   Santiago de Compostela.

Serán días en los que nos haremos visibles a la sociedad, diremos con nuestros actos que los mayores estamos activos y que nos mueve el Señor, Que  necesitamos la espiritualidad como el comer, y que cuando se hacen las cosas con amigos todo va mucho mejor, poniendo de manifiesto los tres pilares de Vida Ascendente, Espiritualidad, Apostolado y Amistad.

Para los que no conozcáis Vida Ascendente os podemos decir que es un Movimiento de apostolado seglar que surge en 1952,. En las periferias de París pequeños grupos de personas jubiladas y mayores se reunían para orar y discernir a la luz del Espíritu, cuál era la misión que a su edad podían desempeñar en la Iglesia y en la Sociedad… Era el germen de Vida Ascendente, en francés Vie Montante.

Vida Ascendente se implantó en España en el año 1979, y hoy está funcionando ya en prácticamente todas las diócesis.

El 21 de noviembre de 1986, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española erigió Vida Ascendente como Asociación pública de fieles, y aprobó los Estatutos del Movimiento.

En 1996, tuvo lugar la promulgación del Decreto Pontificio de reconocimiento y aprobación de los Estatutos de «Vie Montante Internationale».

Con este Encuentro Internacional de Mayores nos proponemos:

  1. Elevar una plegaria agradecida a Dios que no nos ha dejado de su mano durante este tiempo de prueba.
  2. Visibilizar a tantas personas mayores que han sufrido y siguen sufriendo la soledad, el abandono de los suyos y el descarte por parte de una sociedad donde el individualismo hedonista se hace cada vez más fuerte.
  3. Testimoniar la presencia silenciosa de tantos mayores que a pesar de sus debilidades siguen aportando experiencia, ilusión y compromiso con la Iglesia y con la sociedad, a la que todavía tenemos mucho que aportar.

Desde este medio queremos ir informándoos de las noticias que se vayan produciendo  al paso del tiempo.

Uno de los platos fuertes de la peregrinación será la Vigilia de oración en acción de gracias tras la Pandemia en el Auditorio de Galicia en Santiago, que será presidida por el Nuncio  apostólico en España, D. Bernardito Cleopas Auza, que  ya ha confirmado su asistencia.

Pero además tendemos  excursiones a distintos lugares de la geografía gallega y más actividades de las que puntualmente os iremos informando.