NUEVO CICLO DE CATEQUESIS DEL SANTO PADRE. EL CONCILIO VATICANO II A TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS.

Después del Año jubilar, durante el cual nos hemos detenido sobre los misterios de la vida de Jesús, empezamos un nuevo ciclo de catequesis que se dedicará al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus Documentos. Se trata de una ocasión valiosa para redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial. San Juan Pablo II, al final del Jubileo del 2000, afirmaba así: «Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX» (Cart. ap. Novo millennio ineunte, 57).

Junto al aniversario del Concilio de Nicea, en el 2025 hemos recordado los sesenta años del Concilio Vaticano II. Aunque el tiempo que nos separa de este evento no es mucho, también es verdad que la generación de Obispos, teólogos y creyentes del Vaticano II hoy ya no están. Por tanto, mientras sentimos la llamada a no apagar la profecía y seguir buscando caminos y formas para implementar las intuiciones, será importante conocerlo nuevamente de cerca, y hacerlo no a través “de oídas” o de interpretaciones que se han dado, sino releyendo sus Documentos y reflexionando sobre su contenido. De hecho, se trata del Magisterio que constituye todavía hoy la estrella polar del camino de la Iglesia. Como enseñaba Benedicto XVI «los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada» (Primer mensaje después de la misa con los cardenales electores, 20 abril de 2005).

Cuando el Papa san Juan XXIII abrió la asamblea conciliar, el 11 de octubre de 1962, habló de ello como de la aurora de un día de luz para toda la Iglesia. El trabajo de los numerosos Padres convocados, procedentes de las Iglesias de todos los continentes, en efecto allanó el camino para una nueva época eclesial. Después de una rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que había atravesado el siglo XX, el Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos; ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo; ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna en el diálogo y en la corresponsabilidad, como una Iglesia que desea abrir los brazos hacia la humanidad, hacerse eco de las esperanzas y de las angustias de los pueblos y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna.

Gracias al Concilio Vaticano II, «la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio» (S. Pablo VI, Cart. enc. Ecclesiam suam, 34), comprometiéndose a buscar la verdad a través del camino del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del diálogo con las personas de buena voluntad.

Este espíritu, esta actitud interior, debe caracterizar nuestra vida espiritual y la acción pastoral de la Iglesia, porque todavía debemos realizar más plenamente la reforma eclesial en clave ministerial y, delante de los desafíos actuales, estamos llamados a seguir siendo atentos intérpretes de los signos de los tiempos, alegres anunciadores del Evangelio, valientes testigos de justicia y de paz. Mons. Albino Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, como Obispo de Vittorio Veneto, al principio del Concilio escribió proféticamente: «Existe como siempre la necesidad de realizar no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa. […] Puede ser que los frutos excelentes y abundantes de un Concilio se vean después de siglos y maduren superando laboriosamente contrastes y situaciones adversas». [1] Redescubrir el Concilio, por tanto, como ha afirmado el Papa Francisco, nos ayuda a «volver a dar la primacía a Dios, a lo esencial, a una Iglesia que esté loca de amor por su Señor y por todos los hombres que Él ama» ( Homilía en el 60° aniversario de inicio del Concilio Vaticano II, 11 de octubre 2022).

Hermanos y hermanas, lo que dijo san Pablo VI a los Padres conciliares al final de los trabajos, permanece también para nosotros, hoy, un criterio de orientación; él afirmó que había llegado la hora de la salida, de dejar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad y llevarle la buena noticia del Evangelio, en la conciencia de haber vivido un tiempo de gracia en el que se condensaba pasado, presente y futuro: «El pasado, porque está aquí reunida la Iglesia de Cristo, con su tradición, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos. El presente, porque nos separamos para ir al mundo de hoy, con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero también con sus prodigiosos éxitos, sus valores, sus virtudes… El porvenir está allí, en fin, en el llamamiento imperioso de los pueblos para una mayor justicia, en su voluntad de paz, en su sed, consciente o inconsciente, de una vida más elevada: la que precisamente la Iglesia de Cristo puede y quiere darles» (S. Pablo VI, Mensaje a los Padres conciliares, 8 de diciembre de 1965).

También es así para nosotros. Acercándonos a los Documentos del Concilio Vaticano II y redescubriendo la profecía y la actualidad, acogemos la rica tradición de la vida de la Iglesia y, al mismo tiempo, nos interrogamos sobre el presente y renovamos la alegría de correr al encuentro del mundo para llevar el Evangelio del reino de Dios, reino de amor, de justicia y de paz.

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[1] A. Luciani – Giovanni Paolo I, Notas sobre el Concilio, en Opera omnia, vol. II, Vittorio Veneto 1959-1962. Discursos, escritos, artículos, Padua 1988, 451-453.

 

Fuente. The Holy See

EL DELEGADO DE PASTORAL DEL MAYOR DE GETAFE REPRESENTA A ESPAÑA EN EL ENCUENTRO DEL VATICANO SOBRE LA SOLEDAD DE LOS MAYORES EN EUROPA

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha convocado para el próximo 16 de enero desde Roma

El Vaticano ha organizado un encuentro telemático bajo el lema ‘La soledad de los mayores en Europa’, en el que se abordarán los desafíos que enfrentan las personas mayores y las estrategias pastorales para acompañarlas en la sociedad actual.

A propuesta de la Conferencia Episcopal Española, en representación de España, participará Álvaro Medina, delegado de Pastoral del Mayor de la diócesis de Getafe. La invitación al delegado refuerza la continuidad y el compromiso de la Iglesia española con la pastoral de los mayores y su presencia en iniciativas internacionales promovidas por el Vaticano.

La participación de Medina en este encuentro del Dicasterio de la Santa Sede para los Laicos, la Familia y la Vida tiene un significado especial, ya que permite que las experiencias y necesidades de los mayores en España se presenten en un foro internacional.

Además, ofrece la oportunidad de compartir buenas prácticas con delegados de otros países, fortalecer proyectos locales como el Plan Rut y traer ideas y estrategias que ayuden a combatir la soledad, fomentar la participación activa y mejorar la pastoral de los mayores en la diócesis y en todo el país. Su presencia garantiza que la voz de los mayores españoles se integre en la pastoral global de la Iglesia, contribuyendo a un acompañamiento más cercano, inclusivo y eficaz.

Continuidad al Congreso de octubre convocado por León XIV

El evento confirma el continuo interés del Vaticano por la pastoral del mayor, una línea de acción que la diócesis de Getafe ha venido fortaleciendo a través de distintas iniciativas, entre ellas la participación en el II Congreso Internacional de Pastoral del Mayor, convocado por el Papa León XIV en octubre pasado.

Según señala Medina, dicho congreso, en el que participó el delegado diocesano junto a 150 delegados de 65 países, «tenía como objetivo responder a la urgencia social de la soledad de los mayores; valorado positivamente, permitió profundizar en los desafíos de las personas mayores y sus propuestas pastorales, cuyas ponencias ya están disponibles en la web oficial del dicasterio traducidas a varios idiomas».

El Plan Rut impulsado por la diócesis

Medina también representó a la diócesis de Getafe en este importante encuentro durante el que «se trataron temas clave como la transición demográfica, la espiritualidad en la vejez, la importancia del diálogo intergeneracional y la necesidad de respuestas pastorales que atiendan las realidades cambiantes de los mayores en la sociedad actual».

El congreso también sirvió para «compartir buenas prácticas y fortalecer la colaboración internacional en esta materia, con la intención de construir una pastoral más cercana, inclusiva y eficaz para los mayores». «Además, se destacó la relevancia de proyectos como el Plan Rut, impulsado por la diócesis de Getafe, que busca fomentar la participación activa de las personas mayores en la vida comunitaria y eclesial», añade el delegado diocesano de Pastoral del Mayor.

ÁNGELES: ALGUNAS CONSIDERACIONES

La existencia de los ángeles es doctrina eclesial. Esta verdad podría iluminar una cuestión que, a veces, se plantea cuando en ambientes cristianos se habla de la posibilidad de vida inteligente extraterrestre, a saber: ¿estos posibles seres inteligentes de otras galaxias necesitan redención o habría que aceptar otras economías de salvación para ellos? La existencia de los ángeles nos indica que la humana no es la única posibilidad de vida inteligente. Y nos indica que es posible que haya vidas inteligentes que no se hayan rebelado contra Dios, aunque en el caso improbable de que hubiera indicios serios de la existencia de tales seres, desde el punto de vista de la teología sería necesario determinar cuál es su relación con el Logos encarnado en Jesús de Nazaret. Los ángeles nos abren perspectivas de vida inteligente limitada e imperfecta (porque sólo Dios es perfecto) más allá de la humana. Y nos invitan a ser humildes, no creyéndonos los únicos seres inteligentes del universo.

Por otra parte, el ángel es signo de la presencia de Dios en la vida de una persona, desde una de estas dos perspectivas: Dios tiene un mensaje para esta persona, o Dios manifiesta que cuida de esa persona. Cuando se afirma que “el ángel del Señor anunció a María”, se está diciendo: Dios tenía algo que comunicar a María y se hizo presente en su vida. ¿De qué modo? Eso ya no lo dice la Escritura, aunque, en demasiadas ocasiones, sea lo que interesa a nuestra curiosidad. Pero este interés denota la preferencia por cuestiones secundarias, que desgraciadamente olvidan la principal. El ángel, además, es signo del cuidado que Dios tiene por cada uno de nosotros. Hablar de “ángel de la guarda” es un modo de decir que Dios cuida de cada persona de forma permanente, con un cariño inmenso.

El artista dominico Miguel Iribertegui sugiere que «los ángeles representan una antropología escatológica: ni hombre ni mujer, eternamente joven, eternamente bello”. Jesús hablando del matrimonio utilizó parecidas ideas: los que sean hallado dignos de la resurrección no se casarán, serán como ángeles. El encuentro con Dios potenciará todas las dimensiones de nuestra existencia, pero las relaciones entre los seres humanos no serán como en este mundo. Nuestros encuentros se realizarán en un nivel que irá más allá de lo biológico, nos relacionaremos en el nivel más profundo y auténtico de nuestra personalidad.

Finalmente, hablando de los ángeles, recuerdo haber leído en Kierkegaard esta idea: “¡ángeles, ángeles! ¡Algunos dicen que no existen! Bien, pues compórtate tú como un ángel y así habrá ya un ángel en este mundo”. Los ángeles nos invitan a vivir angélicamente, o sea, divinamente. O sea: haciendo que nuestra vida está en consonancia con el Evangelio de Jesús.

Blog Nihil Obstat –  Martín Gelabert Ballester

¿ESPAÑA DEJÓ DE SER CRISTIANA?

España se define como un estado a confesional. El artículo 16 de la Constitución vigente garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto, y establece que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Al mismo tiempo, reconoce la influencia histórica y social del cristianismo y establece la obligación de los poderes públicos de tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad y mantener relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y otras confesiones.

La realidad muestra que el cambio ideológico mundial afecta. En 2025, el catolicismo sigue siendo la religión más extendida, aunque con una disminución en el número de practicantes y un aumento de la indiferencia religiosa y de otras creencias. El cambio es sustancial, sólo el 55% de los españoles se reconoce católico, frente al 90% de finales de los setenta.

De ese porcentaje. Los matrimonios católicos han caído en picado: en 2023 sólo el 18% de los enlaces heterosexuales se celebraron por la Iglesia. En el año 2000 eran el 76%. Acorde con los datos del CIS: El 53 % de los españoles se declara católico (encuestas recientes hablan del 35%), solo el 17 % es practicante.

Porque si algo ha demostrado la historia de la Iglesia es que Dios no abandona a su pueblo, pero exige fidelidad. Y quizás sea hora de preguntarnos, con humildad, si aún se la estamos dando, o nos estamos refugiados en los templos. Como dijo en una homilía un obispo es hora de que salgamos, de presumir de  católicos, que es cierto que se ha actuado mal en algunos casos, muchos no somos seguidores fieles de Jesús de Nazaret.

Si las ovejas huyen, ¿no será que los pastores han dejado de hablar con claridad? Si los jóvenes no vuelven, ¿no será que lo que encuentran no les interpela? ¿No será que el incienso ha sido sustituido por el humo de la confusión?, ¿no estaremos hablando mucho del mundo woke y menos de mensaje de Cristo? Se habla de la impronta que esperamos de papa León XIV, que vuelva al ‘aggiornamento’ de Juan XXIII, que se resuelva de una vez con claridad el papel de las mujeres, no olvidemos que las mujeres representan un porcentaje significativamente mayor de la población católica practicante en comparación con los hombres, y especialmente volver hablar sin miedo del amor a todos, de perdonar y olvidar, de la vida eterna, de lo que hace cada día…

Jacinto Seara

SOBRE RERUM NOVARUM(V)

La verdadera dignidad y excelencia del hombre, radica en la moral y la virtud, que es igual para ricos y pobres y es el premio de la vida eterna.

Dios se inclina hacia los pobres y los que sufren, los que lloran; Dios no tolera al soberbio…

Todos los hombres han sido creados por Dios y el fin de todo hombre es Jesucristo, quien puede dar la felicidad perfecta y absoluta y que todos han sido redimidos por El y elevados a la dignidad de hijos de Dios.

La Iglesia con sus enseñanzas trata de influir en las personas para que se produzca ese dialogo entre los hombres.

 La Iglesia, puede llegar hasta las intimidades del corazón y lograr que el hombre modere los impulsos ambiciosos y que ame a Dios y al prójimo.

Pensad que la sociedad humana fue renovada desde sus comienzos por las costumbres cristianas, y en virtud de esta renovación fue impulsado el género humano a cosas mejores, fue sacado de la muerte a la vida, por Jesucristo que es el principio y final de todas las cosas. 

Al recibir la luz del evangelio y conociendo el mundo el misterio de la encarnación y la redención de los hombres la vida de Jesucristo Dios y hombre penetro en todas las naciones con sus preceptos, sus leyes animándoles a creer.

Por lo tanto, si hay que curar a la sociedad humana solo podrá curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas ya que cuando se trata de restaurar la sociedad decadente hay que hacerlas volver a sus principios.

La perfección de toda sociedad es buscar, conseguir aquello para lo que fue constituida, de modo que sea causa de los movimientos y actos sociales, la misma causa que originó la sociedad. Por lo cual apartase de lo establecido es corrupción, tornar a ello es curación.

Y con toda verdad, lo mismo que respeto de todo al cuerpo de la sociedad humana, lo decimos de igual modo de esa clase de ciudadanos que se gana el sustento con el trabajo, y que son la inmensa mayoría. 

La Iglesia quiere y desea que los proletarios salgan de la miseria y logren una mejor situación. La aportación de la Iglesia es llamar a los hombres a las virtudes cristianas, ayudando a proletarios y ricos, estos andan en abundancia con ambiciones y sed de placeres. 

En la primitiva iglesia los cristianos más ricos se desprendían de los bienes y los ponían en común y no había ningún necesitado los diáconos llevaban la organización de la beneficencia diaria. También hacían colectas para llevarlas a las comunidades más necesitadas. La Iglesia invitaba a la caridad ayudando a muchos indigentes evitándole la vergüenza de pedir limosna.

Fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas y con sus atenciones apenas hubo personas que estando en la miseria carecieran de consuelo.

 Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

EL SANTO DE LA SEMANA: LOS SANTOS INOCENTES

La consulta bien intencionada de aquellos Magos que llegaron de Oriente al rey fue el detonante del espectáculo dantesco que organizó la crueldad aberrante de Herodes a raíz del nacimiento de Jesús.

Habían perdido el brillo celeste que les guiaba, llegó la desorientación, no sabían por dónde andaban, temieron no llegar a la meta del arduo viaje emprendido tiempo atrás y decidieron quemar el último cartucho antes de dar la vuelta a su patria entre el ridículo y el fracaso.

Al rey le produjo extrañeza la visita y terror la ansiosa pregunta sobre el lugar del nacimiento del Mesías; rápidamente ha hecho sus cálculos y llegado a la conclusión de que está en peligro su status porque lo que las profecías antiguas presentaban en futuro parece que ya es presente realidad. Se armó un buen revuelo en palacio, convocaron a reunión a los más sabios con la esperanza de que se pronunciaran y dieran dictamen sobre el escondrijo del niño «libertador». El plan será utilizar a los visitantes extranjeros como señuelo para encontrarle. Menos mal que volvieron a su tierra por otro camino, después que adoraron al Salvador. Impaciente contó Herodes los días; se irritó consigo mismo por su estupidez; los emisarios que repartió por el país no dan noticia de aquellos personajes que parecen esfumados, y se confirma su ausencia. Vienen los cálculos del tiempo, y contando con un margen de seguridad, le salen dos años con el redondeo.

Los niños que no sobrepasen dos años en toda la comarca morirán. Hay que durar en el poder. El baño de sangre es un simple asunto administrativo, aunque cuando pase un tiempo falten hombres para la siembra, sean escasos los brazos para segar y no haya novios para las muchachas casaderas; hoy sólo será un dolor pasajero para las familias sin nombre, sin fuerza, sin armas y sin voz. Unas víctimas ya habían iniciado sus correteos, y balbuceaban las primeras palabras; otras colgaban todavía del pecho de sus madres. Pero para Herodes era el precio de su tranquilidad.

Son los Santos Inocentes. Están creciendo para Dios en su madurez eterna. Ni siquiera tuvieron tiempo de ser tentados para exhibir méritos, pero no tocan a menos. Están agarrados a la mano que abre la gloria. Aplicados los méritos de Cristo sin que fuera preciso crecer para pedir el bautismo de sangre, como tantos laudablemente hoy son bautizados en la fe de la Iglesia con agua sin cubrir expediente personal. El Bautismo es gracia.

Entraron en el ámbito de Cristo inconscientes, sin saberlo ni pretenderlo; como cada vez que por odio a Dios, a la fe, hay revueltas, matanzas y guerras; en esas circunstancias surgen mártires involuntarios, que aún sin saberlo, mueren revestidos y purificados por la sangre de Cristo, haciéndose compañeros suyos en el martirio; y no se les negará el premio sólo porque ellos mismo, uno a uno, no pudieran pedirlo. En este caso es el sagrado azar providente de caer por causa de Cristo, porque la mejor gloria que el hombre puede dar a Dios es muriendo.

Ya el mismo Jeremías dejó dicho y escrito que «de la boca de los que no saben hablar sacaste alabanza».

Hoy los mayores también hacen bromas en recuerdo del modo de ser juguetón y alegre de aquellos bebés que no tuvieron tiempo de hacerlas; es buena ocasión de hacer agradable la vida a los demás, con admiración y sorpresa, en desagravio del mal que provocó el egoísmo de aquel que tanto se fijó en lo suyo que aplastó a los demás.

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (V)

Anne-Marie Maison es, la presidenta del Mouvement Chrétien des Retraités (MCR) de Francia. Nació en Dijon en 1954.

Se unió al MCR en 2013, fue vicepresidenta en 2014 y asumió la presidencia nacional en 2018.

 

DIÁLOGO ENTRE GENERACIONES: UN ENCUENTRO VITAL

 INTRODUCCIÓN

Hola a todos

Diálogo entre generaciones: un encuentro vital : este es el título que he elegido para mi discurso. Pero primero debo deciros quién soy y de dónde vengo.

Soy Anne-Marie Maison, del corazón de Francia, en Borgoña, madre y abuela, he trabajado  en una administración regional, involucrada desde mi jubilación hace 12 años, en un movimiento de acción católica llamado MCR, Movimiento Cristiano de Jubilados, que ahora presido.

En el ejercicio de esta responsabilidad, me dejo llevar por los pensamientos, las sugerencias, los debates de muchas personas, sensibles a las expectativas, mejor o peor expresadas pero reales, de los sufrimientos, alegrías y esperanzas de los ancianos.

Lo que digo está necesariamente marcado por mi entorno; Francés, occidental, europeo. Pero sin embargo es abierto, con ganas de solidarizarse con los ancianos de todo el mundo.

En primer lugar -y esto es importante para mí- estoy convencida de que el diálogo intergeneracional no se reduce al encuentro entre la 3ª o 4ª edad y la generación de niños o jóvenes mayores. De hecho, también existe esta generación «intermedia»… Me refiero al grupo de edad de 30/60 años.

 ¿Qué relaciones podemos tener con estas personas de la edad de nuestros hijos que se han convertido en adultos completos, llevan una vida profesional muy activa y que a menudo han formado una familia? Muy ocupados con su trabajo, con la educación de sus hijos, con preguntas sobre su futuro, habiéndose distanciado más o menos de la fe, se preguntan acerca del sentido que dan o buscan a sus vidas…

Mi disertación se da en un contexto europeo y occidental, donde las generaciones a menudo viven separadas. No es lo mismo en todas las culturas; Los desafíos son diferentes, ¡pero la necesidad de un diálogo auténtico permanece para todos!

Para las personas mayores que representamos, este diálogo no solo será enriquecedor, sino que puede generar una nueva juventud.

Para avanzar en la dirección de un diálogo real entre generaciones, creo que se deben tener en cuenta tres dimensiones/acciones:

  1. generar oportunidades reales para encontrarse,
  2. identificar iniciativas para la acción entre generaciones,
  3. mostrar la contribución humana y espiritual que este diálogo puede aportar a la Iglesia, así como a cada uno de nosotros

1 – IR AL ENCUENTRO

Mi experiencia, viniendo de un movimiento cristiano francés, me enseña que podemos inventar y multiplicar iniciativas en este campo. Pero no olvido que en otras culturas y tradiciones pueden tomar otras formas que sería interesante identificar. Algunos de vosotros habréis descubierto las historias de la  asociación Oldyssey  en los últimos años: sus fundadores, que podrían describirse como «trotamundos del mundo de la vejez», han traído de sus viajes historias asombrosas de iniciativas que involucran a ancianos y jóvenes. Por ejemplo, sobre la movilización de jubilados en las escuelas de California, sobre una residencia de ancianos multigeneracional en Alemania o sobre el compromiso de las abuelas en Sudáfrica contra los estragos del SIDA.

Pero, ya sea que estemos aquí o en otro lugar, me parece que el encuentro debe basarse en algunos principios…

  1. Afirmar el valor incondicional de la persona

Una respuesta directa a la «cultura del descarte» es decir o hacer entender al otro: «Eres valioso a mis ojos». Debemos dotarnos de los medios para observar, demostrar y subrayar que incluso la mera presencia de una persona dependiente, sin que haya diálogo, puede constituir un encuentro en sí mismo.

Para que un encuentro sea hermoso y exitoso, se deben respetar ciertas condiciones: tener una mente abierta y acogedora, independientemente de la persona, con su entorno, su propia historia. No vengo como un «salvador» sino para un intercambio con alguien a quien respeto como persona. Mi presencia, mis palabras, mi escucha expresan el interés que siento por alguien que a menudo puede estar solo, desanimado o deprimido. Sobre todo, en y a través de este encuentro, es posible un verdadero diálogo: proporciono ayuda psicológica, humana, amistosa; pero escucho los sufrimientos, las preguntas y las esperanzas de la persona.

Por supuesto, esto se hará de una manera muy diferente dependiendo de si se trata de una persona de la generación de mayor edad, de la generación intermedia de 30/60 años, o de niños y jóvenes (que además pueden formar parte de nuestras familias).

  1. Un diálogo basado en la reciprocidad

Como se dijo anteriormente, la reunión debe ser un intercambio mutuo. No solo debemos preguntarnos «¿qué podemos aportar a los ancianos?», sino también «¿Qué nos pueden aportar ellos, que podemos compartir?». Y darles la oportunidad y los medios para dárselo a conocer. Este principio debe extenderse a todas las generaciones, comprendidos los ancianos.

Para la generación de personas mayores que deseamos encontrar, especialmente los de mayor edad, será para escuchar su malestar cuando sea real, las preguntas, su necesidad de contar su historia, sus preocupaciones por el futuro de sus nietos y, a veces, su miedo a la muerte. Y la fe, para quienes la tienen, es reconocida como un sostén del que hablan.

Podemos acudir con una revista, un momento musical o un pequeño regalo que dejaremos al final de la visita. Este es el caso de la carta «Vivamos el encuentro».

«Vivamos el encuentro»

Se trata de una postal muy bonita, que se ofrece al comienzo de la reunión y que la persona guardará o exhibirá. A menudo se trata de una hermosa foto o reprografía de una pintura, con un mensaje corto y simple que se puede comentar. Luego, en un espacio aún en blanco, se pueden anotar algunas palabras del intercambio y la fecha del encuentro.

 

Con personas de la generación adulta de 30/60 años, el diálogo puede ser más complicado. Muchas personas de mi edad dan testimonio, a veces dolorosamente, de la sensación de que no han podido transmitir los valores -humanos y cristianos- que les han llevado… al menos no en la misma forma. De hecho, con respecto a estas personas de 30/60 años, ¡la escucha debe prevalecer sobre las órdenes! Con ellos, la escucha es crucial, aunque algunos de ellos hablen poco porque están muy ocupados con su profesión, la educación de los hijos, las complejidades de la vida social y las tensiones, dificultades o tragedias vividas en la familia. Es necesariamente más difícil porque apenas se toman el tiempo para expresarse, para exponer sus preocupaciones, aunque se hagan -estén seguros de ello- múltiples preguntas sobre la vida, su futuro, el de los niños. ¡Pero tal vez imaginan que nosotros, los ancianos, no somos capaces de ponernos en su lugar porque el mundo en el que viven es muy diferente del que vivían ayer! ¡Depende de nosotros demostrar lo contrario!

Un cierto número de ellos se ha distanciado de la fe y apenas habla de ella. Tenemos que prestarles atención. En un mundo en efervescencia, hiperconectado y consumidor, este grupo de edad no siempre se toma el tiempo para sentarse, para pensar en el significado que quiere dar a su vida hoy y mañana. Sin embargo, también son ellos quienes tendrán la responsabilidad de preocuparse por la felicidad de sus hijos y el futuro de sus mayores.

Cuando hablamos de diálogo entre generaciones, no debemos olvidar que debemos mantenernos en contacto con estos adultos, futuros tomadores de decisiones.

Con la generación más joven, el encuentro es más fácil si somos acogedores, si nos tomamos el tiempo para crear o aprovechar oportunidades para conocer gente, para escucharla, si tratamos de entenderla sin juzgarla negativamente. Entonces se puede establecer una proximidad simple y agradable, generando mucho calor humano, incluso confidencias personales. Decir que necesitamos su alegría, su juventud y a veces sus conocimientos técnicos, como para la iniciación digital o el manejo de un ordenador o un teléfono móvil, esto los valoriza porque son conscientes de lo que están aportando, de que pueden enseñarnos algo. La confianza y el diálogo así creados pueden animarlos a hacer, de manera muy directa, preguntas sobre nuestra fe y, a veces, sobre la suya.

La hora de gustar

Con este espíritu, en 2021 se lanzó la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores con los jóvenes de Taizé. Días que se repiten cada año en todo el país… bajo la iniciativa de la «La hora de gustar».

Caminando juntos a Lisboa – verano 2023

Ideado por el MCR y alentado por la Conferencia Episcopal de Francia, este proyecto tuvo como objetivo conectar generaciones con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa. Más allá de la ayuda material proporcionada a estos jóvenes por algunas diócesis o equipos, se trataba de rezar unos por otros y por esta fiesta extraordinaria; fomentar y crear una alianza entre generaciones; para experimentar en comunión el viaje a Lisboa y la estancia a través de modernas herramientas de comunicación.

3 El método de «escuchar en la verdad»

Con nuestros mayores: «Tesoro de la vida»

Son nuestros mayores, vecinos, amigos, cercanos a nuestras familias, antiguos miembros de nuestros equipos… Viven en casa, en hogares de ancianos, en EHPAD. Sus vidas están llenas de riqueza, recuerdos, experiencias, pruebas superadas, deseos. A menudo, ya no pueden desplazarse. Entonces… Vamos a su encuentro para recoger sus tesoros de vida: sus palabras, recuerdos, anécdotas. Se trata de encuentros individuales creando un clima de escucha. Obviamente, el diálogo se adaptará al estado de fatiga o dependencia de la persona… Y aunque el diálogo sea muy limitado, trataremos de acoger con respeto las pocas palabras, aunque sean pobres, que se expresan… respetar su libertad, su ritmo, sus silencios. Seguidamente pondremos en valor las expresiones recopiladas. Una forma de decirle a esta persona «Lo que me dices (y por lo tanto tu persona en sí) es importante».

Cette première étape demande une écoute authentique, où l’on s’interdit de juger l’autre a priori.

2 – ESTABLECER PUENTES PARA «COMPARTIR LA VIDA «

  • Compartir actividades como fuente de alegría

La experiencia muestra que cada vez que las generaciones comparten tiempo «haciendo» cosas juntas, la alegría y la esperanza surgen de ello. Una relación no puede durar, ni ser significativa, ni dar lugar a una «construcción común» si se limita a encuentros ocasionales (cumpleaños, etc.).

Para crear vínculos y vivir de ellos, para conocer a otras generaciones, utilicemos los puentes que pueden ser una imagen, música, una historia, un proyecto compartido (cocina, jardinería, bricolaje) y, por qué no, jugar.

DE LOS PECADOS SEXUALES AL NACIMIENTO VIRGINAL

Hace casi 20 años publiqué un post sobre los antepasados de Jesús, según la genealogía que ofrece el evangelista Mateo, para notar que los genes de Jesús no eran ni ejemplares, ni recomendables. Entre sus abuelas (bisabuelas y tatarabuelas) había varias prostitutas famosas y, entre sus abuelos, un famoso adúltero que además era un criminal.

Quisiera profundizar un poco más en este asunto que alguno puede considerar turbio. En realidad, a mi me parece una más de las extrañas maneras por las que Dios nos sorprende, ya que transforma en nacimiento virginal los pecados sexuales más sombríos. Dios siempre saca bien del mal. Y a veces saca el máximo bien del máximo mal. A pesar de todas las apariencias, la historia discurre según los planes benévolos de Dios. No digo que Dios manipule la historia; digo que Dios sabe aprovechar los acontecimientos más sorprendentes para llevar a cabo sus designios.

En la genealogía de Jesús que nos transmite el evangelista Mateo aparecen un montón de varones. El evangelista repite como una cantinela que uno engendró a otro, empezando por “Abraham que engendró a Isaac” y finalizando por “Jacob que engendró a José”, el esposo de María. El evangelista vincula a Cristo con los principales depositarios de las promesas mesiánicas. Y entre 14 generaciones de varones repetidas tres veces, aparecen algunas raras mujeres, siendo la última la Virgen María.

La primera que aparece es Tamar. Hay que leer el capítulo 38 del Génesis para darse cuenta de su agitada vida. A su primer marido, Er, Dios le quitó la vida porque era un perverso pecador; luego, para cumplir la ley del levirato, se casó con Onan, hermano de Er y, si bien tuvo relaciones con Tamar, derramaba el semen al suelo para no tener hijos con ella; finalmente, Judá, el padre de Er y Onan, quiso casarla con su tercer hijo, pero ella se disfrazó de prostituta y tuvo un hijo con su suegro.

Otras dos mujeres que aparecen en la genealogía de Jesús son Rajab, que además de ser la prostituta de Jericó, era una buena persona, ya que acogió y escondió en su casa a los exploradores de los hebreos; y Rut, una extranjera, de Moab, pueblo conocido por su idolatría e inmoralidad sexual y, por eso, Dios advierte a los israelitas contra el matrimonio con los moabitas. Una extranjera de raza maldita también puede ser una bendición. La cuarta mujer nombrada es “la mujer de Urías”, de la que David engendró a Salomón. O sea, David cometió un adulterio y para colmo de males hizo asesinar al marido de la adúltera, para evitarse problemas.

Resumiendo: un incesto, una prostitución, un casamiento con una extranjera (prohibido por la ley de Yahvé) y un adulterio acompañado de asesinato, “son las uniones destacadas por esta genealogía que llegará a su plenitud en los castísimos esponsales de María y José… Así se revela nuestra miseria y que esa miseria, para mayor alegría nuestra, puede ser el trono de una misericordia… La larga noche de la deriva sin rumbo va descendiendo y, a fuerza de descender, cada vez más abajo, cada vez más en el interior de las sombras, se topa a medianoche con el pesebre de Navidad” (Fabrice Hadjadj).

Martín Gelabert Ballester – Blog Nihil Obstat

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 8. LA PASCUA COMO DESTINO DEL CORAZÓN INQUIETO.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La vida humana se caracteriza por un movimiento constante que nos impulsa a hacer, a actuar. Hoy en día se exige en todas partes rapidez para obtener resultados óptimos en los ámbitos más diversos. ¿De qué manera la resurrección de Jesús ilumina este aspecto de nuestra experiencia? Cuando participemos en su victoria sobre la muerte, ¿descansaremos? La fe nos dice: sí, descansaremos. No estaremos inactivos, sino que entraremos en el descanso de Dios, que es paz y alegría. Pues bien, ¿solo tenemos que esperar, o esto puede cambiarnos desde ahora?

Estamos absortos en muchas actividades que no siempre nos satisfacen. Muchas de nuestras acciones tienen que ver con cosas prácticas, concretas. Debemos asumir la responsabilidad de numerosos compromisos, resolver problemas, afrontar fatigas. También Jesús se involucró con las personas y con la vida, sin escatimar esfuerzos, sino entregándose hasta el final. Sin embargo, a menudo percibimos que el hecho de hacer demasiado, en lugar de darnos plenitud, se convierte en un vórtice que nos aturde, nos quita la serenidad, nos impide vivir mejor lo que es realmente importante para nuestra vida. Entonces nos sentimos cansados, insatisfechos: el tiempo parece dispersarse en mil cosas prácticas que, sin embargo, no resuelven el significado último de nuestra existencia. A veces, al final de días llenos de actividades, nos sentimos vacíos. ¿Por qué? Porque no somos máquinas, tenemos un «corazón», es más, podemos decir que somos un corazón.

El corazón es el símbolo de toda nuestra humanidad, la síntesis de pensamientos, sentimientos y deseos, el centro invisible de nuestras personas. El evangelista Mateo nos invita a reflexionar sobre la importancia del corazón, al citar esta hermosa frase de Jesús: «Porque allí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21).

Es, entonces, en el corazón donde se conserva el verdadero tesoro, no en las cajas fuertes de la tierra, no en las grandes inversiones financieras, hoy más que nunca enloquecidas e injustamente concentradas, idolatradas al precio sangriento de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios.

Es importante reflexionar sobre estos aspectos, porque en los numerosos compromisos que afrontamos continuamente, aflora cada vez más el riesgo de la dispersión, a veces de la desesperación, de la falta de sentido, incluso en personas aparentemente exitosas. En cambio, leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, significa encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón: cor inquietum. Con este adjetivo «inquieto», san Agustín nos hace comprender el impulso del ser humano que tiende a su plena realización. La frase completa remite al comienzo de las Confesiones, donde Agustín escribe: «Señor, tú nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1).

La inquietud es la señal de que nuestro corazón no se mueve al azar, de forma desordenada, sin un fin o una meta, sino que está orientado hacia su destino último, el de «volver a casa». Y el auténtico destino del corazón no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en alcanzar lo que puede colmarlo plenamente, es decir, el amor de Dios, o, mejor dicho, Dios Amor. Sin embargo, este tesoro solo se encuentra amando al prójimo que se encuentra en el camino: hermanos y hermanas de carne y hueso, cuya presencia interpela e interroga a nuestro corazón, llamándolo a abrirse y a donarse. El prójimo te pide ralentizar, mirarlo a los ojos, a veces cambiar de planes, tal vez incluso cambiar de dirección.

Queridísimos, he aquí el secreto del movimiento del corazón humano: volver a la fuente de su ser, disfrutar del gozo que no termina, que no decepciona. Nadie puede vivir sin un sentido que vaya más allá de lo contingente, más allá de lo que pasa. El corazón humano no puede vivir sin esperar, sin saber que está hecho para la plenitud, no para el vacío.

Jesucristo, con su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección, ha dado un fundamento sólido a esta esperanza. El corazón inquieto no se sentirá defraudado si entra en el dinamismo del amor para el que ha sido creado. El destino es seguro, la vida venció y en Cristo seguirá venciendo en cada muerte de lo cotidiano. Esta es la esperanza cristiana: ¡bendigamos y demos gracias siempre al Señor que nos la ha dado!

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ENCARNACIÓN: CONTACTO CON TACTO

Tengo la impresión de que, fuera de los ambientes de cristianos practicantes, el término encarnación no tiene mucho sentido. Más aún, es un término ignorado. En estos próximos días oiremos hablar mucho de Navidad. Unos desearán una feliz navidad (sin saber muy bien por qué en navidad hay que desear felicidad), y otros dirán que la navidad no les dice nada. O mejor, les dice que vayan de compras inútiles. Pues, si ya es difícil que muchos sepan explicar con un mínimo de precisión qué significa Navidad, resulta casi imposible encontrar quién sepa explicar el término encarnación. Y lo que ocurrió en la verdadera navidad, en la buena, en la que sucedió hace dos mil años, fue la encarnación del Verbo. ¿Del Verbo? ¿De qué Verbo? Esa es otra buena pregunta.

Lo que hoy está de moda es el último grito tecnológico. Y la tecnología está bastante desencarnada, no necesita soportes materiales o biológicos. Más bien le estorban. A mi me ha ocurrido que al ir a dar una conferencia y pedir que fotocopiaran un esquema para que los asistentes la siguieran mejor, se han negado a hacerlo, y me han contestado que usar papel es un desperdicio antiecológico. Ante mi insistencia, proyectaron en una pantalla mi esquema. Y hablando de soportes biológicos, hoy un niño se “fabrica” mejor por un ingeniero, con un código genético a toda prueba, que por una pareja que se entrega el uno a la otra.

En las redes sociales podemos iniciar y mantener un “contacto”. Pero es un contacto que no tiene tacto. En este contacto no se toca, no se palpa, no hay sensaciones de presión, dolor, olor, vibración o temperatura. No hay un estrecho abrazo. Los besos por teléfono móvil no llegan a ninguna parte. El contacto por internet, si no pasa después a la dimensión del tocar, del tacto, no logra una verdadera comunión. Todo eso tiene mucho que ver con la encarnación. “Si el Verbo no se hubiera hecho carne, acabo de leer en un escrito reciente de Fabrice Hadjadj, si hubiera enviado sus mensajes desde los cielos por correo angélico, o si su encarnación solo hubiera sido una digitalización, nadie habría sido capaz de prenderlo y conducirlo al Gólgota”. A veces decimos que hemos “colgado” alguna cosa en internet. En realidad, internet no permite clavar un clavo. Internet no permite ser crucificado.

“Tanto amó Dios al mundo que le dio, le entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). Una declaración de amor pide el acercamiento de los cuerpos. El amor pide cercanía, presencia mutua. Por eso es tan importante que el Verbo se hiciera carne, carne de un judío, carne de un carpintero, que trabajó con manos de hombre. El Verbo se hizo carne para llegar hasta nosotros con una cercanía total, absoluta, imposible de superar. Así demostró el gran amor que nos profesa: quiso ser como el amado. Ni más ni menos. No sólo acercarse al amado. Ser como el amado. Es importante recuperar la importancia de la carne, la carne del Verbo y la carne de los hermanos. Conocer de persona a persona, cara a cara, cuerpo a cuerpo.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat