JORNADA DE FORMACIÓN EN OVIEDO

El pasado 23 de abril tuvo lugar en el Seminario de Oviedo la Jornada de Formación de Vida Ascendente, al que acudimos miembros de distintas parroquias de Asturias, procedentes de diversos puntos de la geografía asturiana como Oviedo, Avilés, Pola de Siero, Lugones, entre otros. Fue un encuentro enriquecedor que contó con la presencia de Jaime Tamarit, presidente nacional; Mercedes Montoya, secretaria; nuestro consiliario Fermín Riaño, y la presidenta de Vida Ascendente en Asturias, Victoria García, a los que agradecemos profundamente su entrega y dedicación al Movimiento.

La jornada comenzó con un recorrido por los orígenes de Vida Ascendente y su desarrollo a lo largo de los años, hasta el reconocimiento en 1996 por el Consejo Pontificio como Asociación Pública de Fieles de Derecho Pontificio, con la aprobación de sus estatutos.

A mediodía, se celebró una Eucaristía, presidida por nuestro consiliario, seguida de una comida fraterna en el Seminario, vividas ambas en un ambiente de cercanía, gratitud y verdadera hermandad.

En éste encuentro, se profundizó en los tres pilares fundamentales del Movimiento: amistad, espiritualidad y apostolado. Se destacó la amistad como un don esencial que combate la soledad, especialmente en esta etapa de la vida, promoviendo la dignidad de la persona mayor como miembro activo de la sociedad, escuchado y portador de sabiduría. El apostolado, como testimonio vivo de la fe, a través del ejemplo, la palabra y la entrega generosa de nuestra persona. Y la espiritualidad, como camino de reconciliación entre fe y vida, fortalecida en el compartir y en el estudio del Evangelio.

Se subrayó también la importancia del grupo como base del Movimiento, así como el papel del animador, llamado a acompañar con vocación, identificado con el espíritu de Vida Ascendente. Igualmente, se puso en valor la figura del consiliario como impulsor, integrador y promotor de corresponsabilidad.

De manera especial, cabe destacar la riqueza humana y espiritual vivida en el encuentro. En los momentos compartidos en pequeños grupos, donde cada uno pudo expresar sus vivencias personales, se generó un clima de confianza y apertura que hizo de la jornada una experiencia intensa y profundamente hermosa. Estos espacios de escucha y de compartir nos acercaron unos a otros, fortaleciendo los lazos de fraternidad y recordándonos que caminamos juntos en la fe.

Queremos agradecer de corazón al Seminario de Oviedo su excelente organización y su acogida, que hicieron posible un encuentro tan profundo y enriquecedor.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO TARANTASIA

Nació en Saboya, en el Bourg de Saint Maurice, cerca de Vienne. Fue hijo de labradores y también debería ser labrador en el futuro, ya que el primogénito Lamberto se dedicaría a los estudios, pero su inteligencia desde pequeño hizo que también ocupara los duros bancos del cultivo intelectual y se enfrentara con los pergaminos para leer latín y griego, adquirir las nociones de filosofía y familiarizarse con los escritos de los Padres antiguos, la Sagrada Escritura y los cánones de la Iglesia.

A los veinte años comunica a su padre los deseos de entrar en la vida contemplativa y dedicarse a las cosas de Dios en el silencio del recién fundado monasterio cisterciense de Boneval.

La primera generosidad del padre se ve premiada con la vocación de todos los miembros de la familia a la vida contemplativa; los varones se van incorporando sucesivamente al mismo monasterio, incluido el padre, y las hembras van pasando a ocupar el recoleto recinto del convento de religiosas, sin que falte la madre.

Proliferan las vocaciones; no hay sitio en el convento; nacen nuevos monasterios. El abad de Boneval establece una nueva casa en la ladera de los Alpes, donde confluyen los pasos y caminos, que recibe el nombre simbólico de Estamedio y allí va nombrado como abad Pedro. Pronto corren las voces que hablan de las virtudes del joven abad por el ducado de Saboya y por el contiguo Delfinado.

Al morir el obispo de Tarantasia (Tarentaise o Tarantaise) en la provincia saboyana en cuyo territorio está afincado el monasterio-hospital de Estamedio, el clamor popular clama porque ocupe la sede el abad; parece que el papa aprueba y nombra a Pedro que sigue resistiéndose a mudar la paz del claustro por los asuntos episcopales. Hace falta que el clero y el pueblo acudan al Capítulo General de la Orden del Císter para pedir a Bernardo que le mande aceptara

Así se ha convertido Pedro en obispo de la diócesis más abandonada del mundo que parece encerrar todos los males de la época: la dureza del régimen feudal, fermentos de herejía, hurtos, simonía, flaquezas, codicias y supersticiones. No queda otro remedio que ponerse a rezar, hacer penitencia y tener comprensión que es caridad; son necesarias energía y austeridad para servir de ejemplo a los orgullosos señores y hacerse respetar por los clérigos levantiscos, perezosos y aseglarados que han conseguido fabricar unos fieles indolentes. Piensa que el régimen conventual es la llave del secreto que va a propiciar un cambio a mejor; se levanta para maitines y ya no se vuelve a acostar; su dieta son legumbres cocidas y sin condimentar, aunque las puertas del palacio episcopal están abiertas para el indigente que llama; va y viene a pie de un sitio a otro por su diócesis buscando al pecador arrepentido, consolando al que está apesadumbrados y acompañando a los menesterosos; alguna vez da a un mendigo su propia ropa para mitigar su frío, porque no tiene otra cosa que dar. Deja tras de sí un reguero de paz, incluso monta dos refugios en los abruptos pasos alpinos y encomienda su custodia a los monjes de Estamedio para que sirvieran de abrigo a peregrinos y caminantes.

El fiel cumplimiento de su ministerio episcopal llevado con sacrificio continuado da el normal resultado con la gracia de Dios. El éxito en lo humano es tan grande que tiene miedo de dejarse prender en las redes de la soberbia y toma una decisión espectacular por lo infrecuente. De noche y a escondidas desaparece del palacio episcopal, pasa a Alemania y pide un sitio en una abadía de la Orden como un simple hermano converso, empezando a cargar con los oficios más sencillos y penosos de la casa. Sólo con el paso del tiempo se conoció la verdadera personalidad del famoso y misteriosamente desaparecido obispo de Tarantasia cuya historia llevaban los soldados, mercaderes y juglares por Europa, al ser descubierto por un joven tarantasiano que allí pidió albergue.

Cuando se reincorpora a la sede aún vacante de Tarantasia, interviene en la solución de las tensiones entre los monarcas de Francia e Inglaterra enfrentados por ambiciones personales y por el cisma provocado por el emperador Federico de Alemania a la muerte del papa Adriano IV, queriendo mantener al antipapa Víctor frente al legítimo papa, Alejandro III.

Murió en el 1174, cuando regresaba de una delicada misión encomendada por el papa, como legado suyo, en Francia, Saboya, Lorena e Italia. Enfermó gravemente en la aldea cercana al monasterio cisterciense de Bellvaux. Muy poco tiempo después, en el año 1191, el papa Celestino III lo canonizó y señaló su fiesta el día 8 de mayo.

MUSICA SACRA: EL ORATORIO DE LA ASCENSIÓN DE BACH

De Johann Sebastian Bach (1685-1750) hoy vamos con la cantata titulada Lobet Gott in seinen Reichen, BWV 11 que es la conocida como Oratorio de la Ascensión, por eso no es estrictamente una cantata. Podría traducirse como «Alabad al Señor en su reino». Es probable que fuese compuesta para el 19 de mayo de 1735, año que también se interpretó el Oratorio de Navidad. El libretista de la obra es desconocido y para ella Bach usó alguna música anteriormente compuesta. La obra se basa en los relatos evangélicos de la ascensión de Jesús al cielo. Está dividido en dos partes.

Texto

A diferencia de otras composiciones de Bach basadas en narraciones bíblicas, el Oratorio de la Ascensión está construido a partir de múltiples fuentes: el primer recitativo del Evangelista (movimiento 2) es de (Lucas 24:50-51), el segundo (5) de (Hechos 1:9) y (Marcos 16:19); el tercero (7) de (Hechos 1:10–11); el último (9) de (Lucas 24:52a), (Hechos 1:12) y (Lucas 24:52b).

El texto bíblico es narrado por el tenor en el papel de Evangelista. En su tercer recitativo dos hombres son citados, debido a ello el tenor y el bajo cantan en un arioso.

El coro inicial destaca por estar apoyado por una orquesta con trompetas, timbales, oboes y flautas, en una interpretación jubilosa. El tenor se encarga de narrar los hechos en un recitativo «secco». La obra solo presenta dos arias. La primera aria toma como modelo el Agnus Dei de la Misa de Bach. La segunda aria es especialmente encantadora ya que a acompañan a la voz dos flautas traveseras, un oboe y un bajo formado por violines y violas. Debido a que tanto la voz (soprano) como los instrumentos son agudos la pieza tiene un carácter etéreo irresistible. La obra también tiene dos corales: el primero sencillo pero el segundo, concertante, muy al estilo del último de su coetáneo Oratorio de Navidad.

Instrumentación

La obra está escrita para cuatro solistas vocales (soprano, alto, tenor y bajo) y un coro a cuatro voces; tres trompetas, timbales, dos flauti traversi, dos oboes, dos violines, viola y bajo continuo.[2][3][5]

Estructura

Consta de once movimientos, organizados en dos partes destinadas a ser interpretadas antes y después del sermón:

Parte 1

Coro: Lobet Gott in seinen Reichen

Evangelista (tenor): Der Herr Jesus hub seine Hände auf

Recitativo (bajo): Ach, Jesu, ist dein Abschied

Aria (alto): Ach, bleibe doch, mein liebstes Leben

Evangelista: Und ward aufgehoben zusehends

Coral: Nun lieget alles unter dir

Parte 2

Evangelista (tenor & bajo): Und da sie ihm nachsahen

Recitativo (soprano): Ach ja! so komme bald zurück

Evangelista: Sie aber beteten ihn an

Aria (soprano): Jesu, deine Gnadenblicke

Coral: Wenn soll es doch geschehen

El festivo coro de apertura está basado en la cantata Froher Tag, verlangte Stunden, BWV Anh. 18. Los recitativos para bajo y contralto van acompañados por las flautas en un recitativo accompagnato. Las arias para alto y soprano están basadas en la cantata de boda Auf, süß entzückende Gewalt, escrita en 1725 sobre la letra de Johann Christoph Gottsched. Bach utilizó para el aria de contralto el modelo empleado para el Agnus Dei de su Misa en si menor. El aria de soprano es una de las pocas piezas dentro de su producción musical sin bajo continuo, con las dos flautas en unísono, el oboe y las cuerdas tocando a modo de trío, hasta que se convierte en un cuarteto con el cantante. El texto original en la cantata de boda hacia referencia a la «Unschuld» (inocencia). El primer coral que cierra la primera parte, el cuarto verso de «Du Lebensfürst, Herr Jesu Christ» de Johann Rist, es un modesto arreglo a cuatro voces. Por su parte, el coral final, el séptimo verso de «Gott fähret auf gen Himmel» de Gottfried Wilhelm Sacer está integrado en un concierto instrumental. De manera similar al coro final «Nun seid ihr wohl gerochen» del Oratorio de Navidad, BWV 248, escrito medio año antes, la melodía del coral en una tonalidad menor aparece en el contexto triunfante de una tonalidad mayor diferente.

Para poder disfrutar de la Cantata pincha el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=YoIV8ouBb2E

ARTE QUE CONSUELA: MUSEOS VATICANOS; “PIETÁ” DE VINCENT VAN GOGH

La belleza crea comunión, involucra en la misma mirada a personas distantes, conecta el pasado, el presente y el futuro. El Papa Francisco lo ha recordado en más de una ocasión. La universalidad de la Buena Nueva siempre ha sido traducida por la Iglesia en el lenguaje del arte. A partir de estas premisas, en un momento histórico dramático, caracterizado por la incertidumbre y el aislamiento, presentamos esta iniciativa realizada por los Museos Vaticanos y Vatican News: las obras maestras de las colecciones del Vaticano comentadas por los Papas.

Esta semana nos detenemos en un cuadro de Vincent Van Gogh; Pietà; óleo sobre tela; 1890 ca.; Museos Vaticanos, Colección de arte religiosa moderna. ©Musei Vaticani

 “Toda la ciencia humana, con sus descubrimientos y su técnica, y toda la inteligencia, con sus capacidades organizativas y con su inventiva, ciertamente hacen progresar la sociedad, pero no eliminan nunca el Calvario, porque la peregrinación terrena del hombre es una búsqueda del Absoluto en un perenne anhelo de lo trascendente. Por eso, es necesario orar para que la luz divina se irradie sobre las inteligencias y sacuda los ánimos para elevarlos a la perspectiva de las verdades eternas y de las riquezas de la gracia. (…) Meditando sobre el drama de la historia humana y sobre el misterio de la cruz, se comprende que el Calvario no se puede suprimir del plan de la creación y de la redención: Dios quiere nuestro amor, y la demostración del amor está en la fe; ¡pero no se da amor sin dolor! (…) Por tanto, mirad, junto a María Santísima, a Cristo crucificado, para que sintáis en vuestros corazones la importancia y la grandeza de vuestro sufrimiento.”    S. Juan Pablo II, discurso a la OFTAL, 21 marzo 1987

En 1889, pocos meses antes de su muerte, Van Gogh pintó el único Cristo de su vida. Fue un poco por accidente, ya que el artista, que poseía una litografía de Delacroix que representaba una Piedad, se angustió el día en que la estropeó accidentalmente al derramar sus óleos y pinturas sobre ella. Inmediatamente decidió hacer una copia, interpretándola con colores brillantes y su propio toque ardiente.

Pero ¿por qué Van Gogh, pintor de temperamento religioso que durante la primera época de su vida pensó en seguir los pasos de su padre, pastor calvinista en su Holanda natal, pintó la imagen de Cristo una sola vez?

Antes que pintor, Van Gogh quiso dedicar su vida a la evangelización de los pobres. Ávido lector de la Biblia, se formó con un pastor metodista en Ámsterdam, y luego en Bruselas, antes de trabajar como predicador laico entre los mineros subterráneos de la región belga de Borinage. Pero en 1880, Vincent sufrió una crisis que dio un vuelco a su vida y, al no poder convertirse en evangelista, se matriculó en la Académie des Beaux-Arts de Bruselas y emprendió la carrera de pintor.

Fue probablemente en 1889, tras otra crisis, cuando Van Gogh realizó la Piedad que hoy se conserva en el Vaticano, durante su internamiento en el manicomio de Saint-Rémy-de-Provence.

Según el propio Van Gogh, esta representación de la Virgen María llorosa, que sostiene en sus brazos el cuerpo de Cristo suplicante, se centra sobre todo en la figura de la Mater Dolorosa, la Virgen del dolor, que llora la muerte de su hijo en la Cruz. Aparece al borde de una gruta que evoca la entrada del Sepulcro, y yace recostada con los brazos extendidos en un gesto desesperado. Su rostro pálido se recorta sobre un cielo tormentoso de nubes doradas. Sus ropas azules ondean al viento, como un eco de las violentas ráfagas de viento mistral que Van Gogh tuvo que afrontar para pintar su cuadro, obligándole a colgar su caballete en una roca.

Una obra ejecutada en su propio lenguaje

Más que una copia fiel de Delacroix, la Piedad de Van Gogh es una variación del original. Aunque el pintor adoptó tanto el tema como la composición de la litografía, la ejecutó utilizando su propio lenguaje.

Van Gogh; PIETA

Las siluetas de las figuras se quiebran en una acentuada inclinación, las pinceladas son amplias y visibles, pero sobre todo, la escena se transmite por la intensidad y los contrastes de los colores. La sombra de las vestiduras de la Virgen es de un azul oscuro absoluto, el sudario de Cristo contrasta con su amarillo blanquecino teñido de azul celeste, el cielo repite esta oposición de amarillo y azul mientras que la carne de Cristo se adorna de rosa y verde.

En una carta a Émile Bernard, Van Gogh confiesa su admiración por Delacroix, el «artista que tenía un huracán en el corazón». Junto con Rembrandt, consideraba que Delacroix era el único artista que había pintado la figura de Cristo «tal y como yo la siento».

Al pintar la Piedad, Van Gogh reconoció que, ante su enfermedad, buscaba ante todo «hacer algo para consolarse, para su propio placer». La pintura es, según sus propias palabras, «una forma de pasar de la oscuridad a la luz».

Van Gogh, un «pintor crucificado»

Para Van Gogh, este evangelista de vocación frustrada, demostró sin embargo una fe de por vida en la divinidad de Cristo, a quien veía como un maestro capaz de confortar, consolar y aliviar. Él, a quien Antonin Artaud describió como un «hombre mártir» y Raymond Mahieu como un «pintor crucificado», nunca dejó de proclamar que la mejor manera de conocer a Dios es amar mucho y vivir a imitación de Cristo.

En una carta escrita a Émile Bernard dos años antes de su muerte, Van Gogh tenía estas palabras de auténtica espiritualidad, haciéndose eco de las palabras del Papa Juan Pablo II: «Solo Cristo entre todos los filósofos y magos afirmó como certeza principal la vida eterna, la infinitud del tiempo, la nada de la muerte, la necesidad y la razón de ser de la serenidad y la devoción. Vivía serenamente, como un artista superior a todos los artistas, desdeñando el mármol, la arcilla y el color, trabajando como carne viva».

«Toda la ciencia humana, con sus descubrimientos y su tecnología, y toda la inteligencia, con su capacidad de organización y sus recursos inventivos, hacen avanzar ciertamente a la sociedad, pero nunca eliminan el Calvario, porque la peregrinación terrena del hombre es una búsqueda de lo Absoluto, en un eterno deseo de lo que le trasciende. Por eso es necesario rogar para que la luz divina irradie nuestras mentes y sacuda nuestros espíritus, para elevarlos a la perspectiva de las verdades eternas y de las riquezas de la gracia (….) Meditando sobre el drama de la historia humana y el misterio de la Cruz, comprendemos que el Calvario es ineludible en el plan de la creación y de la redención: Dios quiere nuestro amor, y la demostración del amor está en la fe; ¡pero el amor no se da sin dolor! (…) ¡Mirad, pues, a Cristo crucificado, con la Santísima Virgen María, para sentir en vuestro corazón la importancia y la grandeza de vuestro sufrimiento!».

Fuentes: Vatican News y Aleteia

VICIOS A PROPÓSITO DE LA VERDAD

Da la sensación de que, salvo en el campo de la investigación científica, la pregunta por la verdad ha desaparecido de nuestro mundo. No es una de nuestras preocupaciones. Incluso en el campo de la ciencia, la cuestión de la verdad ha quedado reducida a una concepción puramente instrumental y utilitarista: ¿para qué va a servir esta investigación?, ¿cuánto me van a pagar por ella?, ¿quién está interesado en ella?

Hoy vivimos en un mundo cada vez más individualista. El individualismo nos invade, nos condiciona, conforma nuestra mentalidad. Al individualista solo le interesa lo que le resulta placentero o agradable. Y lo agradable es muy superficial, no acepta sacrificios, busca resultados rápidos e inmediatos. Vive de apariencia. Por eso, el criterio de valor de una fotografía o de una opinión es el “me gusta”. Según la cantidad de “me gusta” que consigue uno en sus publicaciones en internet, se diría que lo publicado es más auténtico. El “me gusta” se ha convertido en criterio de verdad y en criterio de personalidad.

Relacionado con el “me gusta” está el: “yo lo veo así”. Esta suele ser muchas veces la respuesta del que no tiene argumentos para defender una determinada tesis. Muchas personas se conforman con su propia verdad, importando poco que esta verdad propia y subjetiva esté bien fundamentada. El “yo lo veo así” tiene una aplicación en el terreno religioso que puede ser peligrosa. Es la postura del que ante la lectura de un texto bíblico ofrece una reacción de este estilo: “a mi me dice”. Pero cuando se trata de la escucha de la Palabra de Dios, la cuestión primera no es “lo que a mi me dice”, sino lo que ella dice. Solo si me entero bien de lo que dice la Palabra, podremos pasar a un segundo momento que, en todo caso deberá estar en consonancia con lo que dice la Palabra, a saber, qué me dice a mi la Palabra, a qué llama.

Otra variante religiosa del “yo lo veo así” es cuando consideramos la piedad como criterio de verdad. Esto suele ocurrir a propósito de determinadas devociones a imágenes o advocaciones, sobre todo marianas. Pero la piedad no es criterio de verdad; es la verdad lo que debe ser criterio de la piedad. En uno de sus Sermones universitarios, John Enry Newman se refiere a “aquellos que se dejan llevar de un sentimentalismo religioso, donde la imaginación y los sentimientos ocupan el lugar que le correspondería a la Palabra de Dios”. Una piedad sin teología, o una piedad no purificada, puede cegarnos y confundirnos.

Un último malentendido a propósito de la verdad que influye negativamente en su valoración es asociarla al dogmatismo, el fundamentalismo, la violencia, la cruzada, la intolerancia. En nombre de la verdad se ha llegado a posiciones inquisitoriales que han llevado incluso a la muerte a los herejes, considerados enemigos de la verdad. Mientras el dogma es una proposición cierta desde el punto de vista de la fe, el dogmatismo es un estado de ánimo, un modo de vivir la relación con la verdad caracterizado por la pretensión de lo exclusivo y lo excluyente. Dogmático no es el que cree en la verdad, sino el que se cree en posesión exclusiva de la verdad y la utiliza como arma arrojadiza contra los demás. Más que absolutizar la verdad, el dogmático se absolutiza a sí mismo y a sus ideas. La verdad no tiene dueños, sino humildes servidores. Se puede morir por la verdad, pero no matar por ella. El dogmático confunde lo seguro con lo visceral, cree que la fuerza de una convicción depende de la violencia con la que se propone.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

VOLVAMOS A GALILEA, POR JACINTO SEARA

No es mío el título, lo copio de un cursillo de cristiandad. Es cierto que los cristianos nos estamos olvidando de nuestro origen, Jesús, que inició todo su gran mensaje en Galilea. Después de tantos siglos, aún seguimos sin ser verdaderos embajadores de la paz; recordemos a Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. Jesús ofrece una paz interior profunda y espiritual que no depende de las circunstancias externas, a diferencia de la paz temporal o superficial que ofrece el mundo. Es un regalo de tranquilidad, confianza y fortaleza divina.

¡Cristianos, hagámonos oír! No sigamos la cultura que estamos viviendo. Con nuestro afán, esfuerzo e integridad personal trabajemos para que la cultura y la sociedad que durante milenios nos trajo la igualdad, la libertad, el conocimiento vuelva. Sí, gracias a esa cultura hemos avanzado científica y técnicamente, es otra acción más que aportó el cristianismo. Salgamos sin miedo y mostremos lo que creemos con nuestra forma de ser, de actuar, de luchar por no perder la sociedad de libertad, cultura y amistad que tanto necesita el mundo en que vivimos.

¡Salgamos al mundo, no nos refugiemos en nuestras iglesias y nuestros movimientos!; sigamos a Jesús tal como dijo en el “Sermón de la montaña” Mt 5,13-16: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Preguntémonos si estamos actuando así. Por eso tenemos que ver los orígenes y seguirlos, nos lo está diciendo León XIV. No valen disculpas, lo dijo Juan Pablo II: “Debemos defender la verdad a toda costa, incluso si volvemos a ser solo doce”. Recordar el final de la canción de colores que cantamos los cursillistas: “La Iglesia es el Cuerpo de Cristo que vive en la historia. A la Iglesia entré por el Bautismo que Cristo me dio. Y por eso mi orgullo se exalta y grito en voz alta ¡Iglesia soy yo!”.

Jacinto Seara

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Visto para sentencia

Visto para sentencia…

el “juicio sumarísimo” que hacemos unos de otros,

dejándonos llevar por fobias y filias o por ideologías,

sin margen para la presunción de inocencia;

justamente lo contrario a como Dios actúa con sus hijos,

con paciencia, compasión y misericordia

perdonándonos una y mil veces

y manteniéndonos su amor incondicional

“porque el Señor es, con los que le honran,

tan tierno y compasivo como un padre con sus hijos;

pues sabe bien de qué estamos hechos:

sabe bien que somos polvo” (Sal 103,13).

Visto para sentencia…

en el “juicio final personalizado”,

en el momento de pasar de la dimensión terrenal a la celestial,

como el caso de uno de los dos malhechores

que, como Jesús, estaba colgado en la cruz.

Así fue la escena del juicio:

“Uno de los malhechores insultaba a Jesús, diciéndole:

-¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!

pero el otro le reprendió, diciendo:

-¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo?

Nosotros padecemos con toda razón,

pues recibimos el justo pago de nuestros actos,

pero éste no ha hecho nada malo.

Luego añadió:

-Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.

Jesús le contestó:

-Te aseguro que “hoy” estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,39).

¡Breve, ejemplar y esperanzador juicio!

Visto para sentencia…

el “juicio final” que escenifica san Mateo en su evangelio (Mt 25,31),

tan espectacular y fantástico como el que pintó Miguel Ángel

en la Capilla Sixtina,

y en ambos casos, muchas personas ven a Dios como un “juez contable”

que valora, con meticulosidad, el comportamiento de sus hijos

y “salva” a unos y “condena” a otros.

Con su imaginativo relato, el evangelista quiere decirnos

que, según el Espíritu de Jesús, nuestra vida

está íntimamente unida a la “buena relación” con los demás

y señala una serie de “obras de misericordia”

que todos deberíamos hacer por humanidad

y porque es como si se las hiciéramos al Señor en persona.

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer,

o con sed y te dimos de beber?, ¿cuándo llegaste como extranjero

y te acogimos, o desnudo y te vestimos?,

¿cuándo estuviste enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

El Rey contestará: Os aseguro que todo lo que hicisteis

por estos hermanos míos más humildes,

por mí lo hicisteis” (Mt 25,37).

Visto para sentencia…

el “juicio sobre las naciones” que san Mateo

describe simbólicamente de esta manera:

“Cuando venga el Hijo del Hombre rodeado de esplendor

y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones se reunirán delante de Él

y separará a unos de otros,

como el pastor separa a las ovejas de las cabras” (Mt 25,31).

La narración simbólica tiene un doble mensaje:

cuando acabe este mundo ¡y vaya usted a saber cuándo acabará!

Dios será el “único y verdadero Rey del Universo”

y todos, todos, todos seremos súbditos de su reino.

“El encuentro con Dios en la muerte

prolonga nuestra decisión a favor de Dios y de su amor

y nos conduce a la separación de nosotros mismos.

Ante Dios reconoceremos cómo hemos actuado en relación a Él

y en relación a los demás, y en este proceso de reconocimiento

debemos pensar en lo que tiene que ser excluido de nosotros

para que lleguemos a ser uno con Dios” (Anselm Grün).

Visto para sentencia…

el hecho de tener que optar no solo por la vida “eterna”

sino también por la vida “aquí y ahora”,

tal y como Jesús, “juez del universo”, propone.

Dios no quiere que ningún hijo suyo se “pierda”,

porque sería un fracaso para Él y eso es inconcebible.

Él va en busca de la oveja perdida

y no parará hasta encontrarla (Lc 15,3),

dice que “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte,

que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc 15,7);

y pone como ejemplo al “padre bueno” que organiza una fiesta

para celebrar la vuelta a casa de su hijo “perdido”

“porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir;

se había perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15,24).

¡Este “padre bueno” es la viva imagen de nuestro “Padre Dios”!

“El Señor es tierno y compasivo;

es paciente y todo amor.

No nos reprende sin término,

ni su ira es eterna;

no nos ha dado el pago que merecen

nuestras maldades y pecados;

tan inmenso es su amor por los que le honran

como inmenso es el cielo sobre la tierra” (Sal 103,8).

Julián del Olmo

Domingo, 19 de abril de 2026

DOBLE CELEBRACION EN LA DIÓCESIS DE CÁDIZ

Hoy 14 de abril, hemos celebrado un importante doble acontecimiento en nuestra diócesis y que ha consistido el primero en la presentación del nuevo Consiliario, el Padre Juan Antonio Martín Baro, que ha sido acogido con una gran alegria, dado que todos lo conocemos y sabemos de su valía. Y la segunda ha sido retomar un retiro que no pudo celebrarse, en su día, por la enfermedad de nuestro anterior consiliario  el P. Valentín.

Inicia la reunión nuestra Presidenta, Ana María Mesa, agradeciendo ls asistencia de todos los presentes, venidos de toda la diócesis, excepto Algeciras que no pudo asistir debido a su lejanía y problemas de transporte,  y haciendo la presentación del Padre Juan como consiliario y agradeciéndole que haya aceptado su nombramiento por el Obispo, Administrador Eclesiástico, ante la petición que le habíamos formulado.

A continuación el P. Juan dice que se encuentra muy feliz al formar parte del Movimiento por dos razones, la primera que por su edad ya puede ser miembro del mismo y la segunda es que conoce el Movimiento desde su inicio en la diócesis, ya que en todas las Iglesias en las que ha sido párroco existía un Grupo de Vida Ascendente. Primero fue en la Parroquia de Santo Tomás, después pasó a la Parroquia de San Francisco Javier y por último en su actual Parroquia, Ntra. Sra. de Lourdes. Dice que le encanta entrar en el Grupo, cuándo está reunido, porque todos sus miembros tienen delante el Evangelio, y cree que es el único Movimiento de la Iglesia que así lo hace.

Después pasa a hacer un reflexión, que nos servirá como retiro espiritual, señalando la importancia de las mujeres en la vida de Jesús y que fueron leales y nunca le abandonaron, incluso después de su resurrección creyeron en EL aún cuándo, incluso sus propios discípulos se dispersaron y dudaron de las palabras que le había dicho Jesús sobre su resurrección a los tres días. Citó a María, su madre, Marta y María, hermanas de Lázaro, María Salomé y María de Cleofás, que estuvieron presentes en su crucifixión y entierro, la mujer samaritana y muchas más que apoyaron activamente a Cristo desafiando las estructuras sociales de aquellos tiempos.

A continuación señaló que la vida del cristiano  debe ser LA PERSEVERANCIA  en cuatro aspectos distintos, y para ello encendió cuatro velas en el altar mayor que significaban cada uno de ellos. Primero es perseverar en  el Evangelio, como medio a seguir en la vida del cristiano, segundo perseverar en el amor fraterno, para cumplir en mandato de Jesús a sus discípulos,  el tercero es perseverar en el encuentro con Cristo, en la Eucaristía y por último perseverancia en la oración, como medio de hablar con Dios y mantener nuestra Fe. Estas cuatro perseverancias constituyen la Iglesia Pascual y nuestro Movimiento de Vida Ascendente, afortunadamente nuestro Movimiento cumple con las cuatro. Felicidades en este tiempo Pascual.

Manuel Díaz

VIDA ASCENDENTE DE ANDALUCÍA ORIENTAL CELEBRA SUS JORNADAS DE FORMACIÓN DE GUADIX

En la Casa de Espiritualidad “Beato Medina Olmo” de la Diócesis de Guadix han tenido lugar las Jornadas de Formación de Vida Ascendente durante los días 14, 15 y 16 de abril bajo el lema “Vuestros ancianos tendran sueños” (Joel 3,1) donde los asistentes han podido profundizar en las conclusiones principales del II congreso internacional de Pastoral de los Mayores celebrado en Roma en octubre de 2025.

Se congregaron alrededor de cuarenta miembros pertenecientes a distintos grupos de Vida Ascendente de las diócesis de Andalucía Oriental.

A partir de la una de la tarde del martes 14 comenzaron los actos programados para estas jornadas con la acogida en la Casa de Espiritualidad por parte de la Presidenta Interdiocesana de Andalucía Oriental, Dª Mª Dolores Núñez García, dando la bienvenida a todos los asistentes con gran alegría.

Tras la comida y el descanso comenzaron las jornadas con un retiro espiritual dirigido  por D. Facundo López Sanjuán, consiliario nacional de Vida Ascendente, partiendo del texto de Joel «vuestros ancianos tendrán sueños» se nos proponía meditar sobre los sueños y esperanzas de las personas mayores  invitándolos a salir de la pasividad y a lograr los sueños que Dios tiene sobre ellos y sobre su mundo. La oración personal y la Eucaristía marcaron el fin de esta tarde de retiro.

El miércoles 15 comenzó el segundo día de jornadas continuaron con una charla de formación sobre: “La Espiritualidad en la segunda mitad de la vida” impartida por D. Manuel García Hernández, sacerdote de la Diócesis de Granada, se apuntaba a pasar, como decía Papa Francisco, de una pastoral de asistencia a otra de existencia, donde el mayor pase de un papel pasivo a uno activo y protagonista. Así  se ha tratado la Espiritualidad de los mayores partiendo de las ideas del Papa Francisco expresadas en sus catequesis a los mayores…

Por la tarde impartio una ponencia D. Jesús María Arcas Ramírez Filosofo y Psicologo de Málaga con el tema: “La sociedad de la longevidad ” la iglesia tiene un reto pastoral para acercarse a la nueva realidad: soledad no deseada, mayores ya no suficientemente evangelizados, incomunicacion entre generaciones, falta de adaptación de muchos mayores a esta sociedad tan tecnificada, etc. Hay que cambiar el chip buscando no tanto una pastoral «para» los mayores sino una pastoral «de» y «con» los mayores.

También en este mismo día D. Facundo López Sanjuán, Consiliario nacional tuvo un breve encuentro con un grupo se sacerdotes de la Diócesis para presentarles brevemente la Pastoral de las personas mayores y para animarles a que trabajen y fomente en las Parroquias los Grupos de Vida Ascendente dando un espacio a los mayores en las parroquias.

Al término de la charla y tras un momento de trabajo por grupos y la puesta en común se celebró la Eucaristía.

El jueves 16, tercer y último día de estas jornadas se abordó el tema “Vida Ascendente, grupos de vida, con mucho arte” charla que fue dada por Dña. Lola Gázquez Reyes, vicepresidenta de Almeria, maestra y directora de un centro de mayores. Aquí se trató el tema del papel de Vida Ascendente en esa nueva pastoral. Grupos de vida y Evangelización.  Los pilares de la amistad, espiritualidad y apostolado. Al servicio de la labor evangelizadora de la Iglesia, en las parroquias y en las Diócesis… tras un rsto de trabajo y de puesta en común de todo lo trabajado, a las 13:00 daba comienzo la Eucaristía de clausura de estas jornadas presidida por Don Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de la Diócesis accitana en la que, tras su cordial saludo a los distintos presidentes y consiliarios de Vida Ascendente de Andalucía Oriental, dio su enhorabuena y felicitación por la labor de este movimiento en la iglesia y por su oración siempre presente y agradeció el que siempre se tenga en cuenta la ciudad de Guadix para la realización de estas Jornadas.

Durante su hermosa homilía Monseñor  Orozco Mengíbar alabó el bien que este movimiento hace a la Iglesia y el bien que pueden hacer a todas aquellas personas que viven una soledad no deseada, al igual que invitó a todos los presentes a que sigan estando ahí para transmitir la fe dentro de las familias, los mayores son un gran depósito y depositarios de la fe, también invito a todos los presentes a que luchen por la vida  y que con su testimonio den ejemplo a otros para que el mayor ocupe un lugar tanto en la iglesia como en la sociedad y que no sean apartados, las arrugas son hermosas y son señal de una vida vivida, también hizo una invitación a que se acompañe de una forma especial a aquellos mayores enfermos y se luche contra la eutanasia, haciendo una invitación a todos los presente a que hagan testamento vital, debemos ser testigos del resucitado como aquellos ancianos Simeón y Ana que fueron los primeros en dar testimonio de cristo cuando María lo presento en el templo.

Las jornadas concluyeron compartiendo una comida fraterna y un rato de convivencia entre todos los asistentes.

Francisco Manuel Camacho Santiago

Secretario de Vida Ascendente Diócesis de Jaén.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO ARMENGOL

Pedro vino al mundo hacia 1234, en Guardia dels Prats, aledaño de la tarraconense villa de Montblanch.

Su padre era hombre situado, de alcurnia, gozador de buenos apoyos en la corte de Barcelona. La madre, un primor de mujer, de esposa, de educadora.

Él cuidaba de la hacienda, entendía en los sembrados y los ganados, acaudillaba su mesnada cuando el rey llamaba a la guerra. Y tan pronto como podía desembarazarse, volvía al hogar, donde le esperaba el embeleso de su entrañable esposa y de su encantador Pedrito.

Eran felices los tres. Total, absoluta, inconmensurablemente felices. Y de aquella dicha participaban también los domésticos, los súbditos, los campesinos, los pobres.

Pedro podía aspirar a todo, y para todo empezaron a prepararlo desde la cuna.

Pero el idilio se quebró. Un día aciago murió la esposa adorable, aquella madre tierna.

El niño andaría por los seis u ocho años. Fue la locura. El padre se alienó en su trabajo, en sus armas, en la política, … huyendo del hogar, evadiendo los recuerdos. Y descuidó al hijo.

Pedro se descompuso; se halló solo, se sintió indefenso. Empezó a incubar un rencor profundo. Se fue tornando hosco, altanero, peleón. Afloró su carácter fuerte y una ambición desmesurada. Y, aún jovencito, se vio metido en riñas y peleas, que degenerarían en serios altercados y en el homicidio. Huyendo, se vino a encontrar jefe de una partida de bandoleros que operaba desde la sierra de Prades.

No hubo fechoría que no cometiera, ni desmán de que repugnara. Sorprendía, atacaba, robaba, huía … Se convirtió en el terror, en el salteador que siempre estaba en el punto justo. Y así buen tiempo, bastantes años.

Pero arriba velaba por él su santa madre. Un día cayó, rabioso y temerario, sobre una patrulla que llegaba preparando el paso del Rey, se fue contra el que mandaba la tropa, y se halló midiendo la espada con su propio progenitor. Padre e hijo se cruzaron una mirada de reproche mutuo y de arrepentimiento recíproco; el padre cayó en cuenta de su culpable dejación; el hijo se percató del envilecimiento a que había llegado. Rindió el acero a su procreador, se entregó a la justicia, se avino a siniestras consecuencias. Empero pesó el apellido, se evidenció su conversión sincera …., y fue indultado por el rey don Jaime.

Aposentado en Barcelona, enseguida entró en contacto con Pedro Nolasco, y, con el toque del cielo, entendió que en la Orden de Nuestra Señora de la Merced podría expiar sus graves crímenes, reparar sus iniquidades, saciar su congénita fogosidad.

Y se entregó. Vistió el hábito, hizo el noviciado, cursó los estudios pertinentes, se ordenó sacerdote y, muy luego, fue nombrado redentor, ministerio arriesgado que desempeñó varias veces en la Andalucía mora y en África.

En ello estaba el año 1266. Visitó las mazmorras, consoló a los deprimidos, curó a los llagados, gastó un buen dinero en comprar a cuantos pudo, los más hundidos. Y cuando no quedaba ni un penique, descubrió unos niños y muchachos que, entendió, se perderían si no los rescataba; ajustó su precio en mil áureos y se quedó en prenda de aquel dinero, que el fraile compañero había de aportar en el plazo de un año.

Fue aquel un año intenso, el mejor de su vida: catequizó, animó, condolió, se convirtió en el paño de lágrimas de los cautivos. También clamó, vociferó, fustigó, insultó a los inicuos esclavistas.

Mas pasaban los días, los meses ….. el compañero no volvía. Se venció el plazo, el año convenido. Los traficantes, hartos de él, de sus bondades, de sus imprecaciones, creyéndose burlados, lo colgaron de un árbol.

Muy luego accedieron otros frailes –que habían tenido dificultades en el mar- para realizar la redención anual y liberar su rehén; avisados de la desgracia, corrieron a la horca y encontraron que fray Pedro, después de tres días de ajusticiado, seguía vivo, por favor especial de la santísima Virgen cuya presencia el Ahorcado había experimentado.

Vuelto a su convento de Guardia dels Prats, vivió aún muchos años, conservando siempre el cuello torcido y el color macilento. Allí era comendador por los años 1291, allí murió en 1304, allí se conserva la parte de sus huesos que no fueron quedamos en 1936. El 3 de marzo de 1626, Urbano VIII, y el 8 de Abril de 1687, Inocencio XI, reconocieron su culto inmemorial y lo canonizaron.

(Fuente: www.mercedaragon.org)Vidas ermitaños