CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II. II. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM. 9. LA VIRGEN MARÍA, MODELO DE LA IGLESIA

El Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cfr Lumen gentium, 52-69). Ella «proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad» (n. 53). Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial.

Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. En cuanto que, además, es la creyente por antonomasia, donde se nos ofrece la forma perfecta de la apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, genera hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de toda la Iglesia, que a Ella puede dirigirse con filial confianza, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada.

Se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio. Con el término mujer se evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le ha dado la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se cumple el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él. María es por tanto la mujer icono del Misterio, es decir del diseño divino de salvación, en una época oculto y revelado en plenitud en Jesucristo.

El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62). Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cfr 1 Tm 2,5-6) y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61).

En la Virgen María se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representado su origen, su modelo y su patria. En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no solo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la que está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella el propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser.

Como se puede ver, las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que está por venir y que se realizará plenamente en la gloria.

Dejémonos pues interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?

Hermanas y hermanos, el Espíritu Santo, que descendió sobre María e invocado por nosotros con humildad y confianza, nos done vivir plenamente estas realidades maravillosas. Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos conceda este don: crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia. ¡Así sea!

Fuente: The Holy See

TIEMPO PASCUAL, TIEMPO DE CONFIRMACIONES

El tiempo de Pascua suele ser un tiempo propicio para organizar primeras comuniones. También es un tiempo propicio para confirmaciones. De hecho, en estos meses de abril y mayo, yo mismo he administrado en distintos lugares el sacramento de la confirmación. Incluso he tenido ocasión de administrar a algunos adultos los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

La confirmación, como su mismo nombre indica, es una confirmación del bautismo, con ella se recibe la plenitud de la gracia bautismal, aunque también es algo más: en ella se recibe el don del Espíritu Santo. Por eso, en el caso del bautismo de adultos se administran en la misma ceremonia los dos sacramentos, o mejor los tres: bautismo, confirmación y eucaristía. En el bautismo de niños no tiene sentido ir más allá del bautismo, a la espera de que el niño pueda decir con toda conciencia y responsabilidad que quiere confirmarse y, entonces, es un buen momento para ratificar personalmente la profesión de fe que en su nombre hicieron los padres y padrinos en el momento de su bautismo.

Quiero con eso dejar claro que el bautismo de niños tiene su sentido. No vale el argumento: “ya se bautizarán cuando sean mayores y lo pidan personalmente”. De la misma forma que los padres toman decisiones que serán importantes para la vida del niño, como por ejemplo, en que colegio estudiar, que lengua enseñarle, que vacunas administrarle, también son responsables de tomar decisiones que serán importantes para su vida religiosa: no es lo mismo educar a un niño o niña como miembro de una comunidad cristiana de personas que quieren vivir a fondo el Evangelio y seguir a Jesús, que educarle fuera de esta comunidad, recibiendo otras influencias, algunas incluso poco convenientes.

La ratificación personal de la fe bautismal la hace el joven en el momento de la confirmación. Allí, en primera persona del singular, afirma que quiere renunciar al pecado y que cree en el Dios que Jesús revela como Padre y nos envía su Espíritu de amor. Porque nadie puede creer por mi, ni siquiera la Iglesia. La fe es un acto personal e intransferible, del que solo yo soy responsable. Otros pueden ayudarme a vivir mi fe, a consolidarla, pero no pueden creer por mi. El responsable soy yo.

La confirmación confiere profundidad y eficacia a la gracia bautismal, nos introduce más profundamente en la filiación divina, nos une más firmemente a Cristo, hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia y, finalmente, nos confiere la fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe con nuestras palabras y nuestras obras, y ser así testigos valientes y creíbles de Jesucristo.

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

El día después…

 El día después…

de llegar a este mundo,

incluso estando en el vientre materno,

las personas nos hacemos acreedoras de una serie de derechos

humanos y divinos:

derecho a vivir dignamente los años de vida que Dios nos dé,

derecho a ser respetadas sea cual sea nuestra condición personal,

y nuestro estatus social,

derecho a soñar un mundo mejor para todo el mundo

y derecho a ser felices.

¡Los derechos humanos siempre hay que respetarlos y cumplirlos!

El día después…

de una enfermedad, grave o no tan grave,

se da un giro de 180 grados en la vida de la persona

al tomar conciencia de la fragilidad humana

que, de golpe y porrazo, remueve los cimientos

de nuestro “castillo interior” en cuyo patio de armas

exhibíamos nuestro poderío y nuestro “ego”,

creyéndonos los “señores del castillo”

y que el castillo era inexpugnable.

¡La enfermedad es “maestra de la vida”!

El día después…

del paseo con una persona querida,

de un encuentro familiar,

de una comida con amigos,

de asistir a un concierto de música clásica o moderna

y de la participación en una fiesta patronal,

se descubre que “la alegría y la felicidad”

que muchas veces buscamos a tientas y a ciegas

están al alcance de nuestra mano,

siempre y cuando

acertemos en la elección del camino para encontrarla.

¡A veces se busca fuera lo que está dentro de nosotros!

El día después…

de un “retiro espiritual”

que pone orden y concierto

en nuestros pensamientos y sentimientos,

en nuestra fe, esperanza y caridad

descubrimos que amaneció de noche,

como en el “sábado de gloria”

que, con la luz del Cirio Pascual, la noche se hace día.

¡La luz de Cristo disipa las tinieblas del corazón!

El día después…

de la muerte,

o por ser más exactos, en el mismo momento de la muerte,

entramos en la eternidad con permiso del “jefe”

que siempre lo da porque es nuestro Padre

y no le niega la entrada a ninguno de sus hijos;

al contrario, está encantado de que todos sus hijos

acabemos viviendo en la casa paterna

donde no falta de nada,

porque “quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”.

¡Qué bien se está en la casa del Padre!

“Dice el Señor: Yo lo pondré a salvo,

fuera del alcance de todos,

porque él me ama y me conoce.

Cuando me llame, le contestaré;

¡yo mismo le abriré la puerta!

Le libraré de la angustia

y le colmaré de honores;

le haré disfrutar de una larga vida:

¡le haré gozar de mi salvación!” (Sal 91,14).

Julián del Olmo

Domingo, 3 de mayo de 2026

EL SANTO DE LA SEMANA: SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

Domingo García, conocido como Santo Domingo de la Calzada, nació en Viloria de Rioja el 12 de mayo de 1019, fue hijo de un labrador llamado Ximeno García y de su esposa Orodulce, y falleció en Santo Domingo de la Calzada con 90 años en 1109.

Tras el fallecimiento de sus padres, intentó ser admitido en los monasterios benedictinos de Valvanera y San Millán de la Cogolla, pero no lo consiguió. Tras este traspié se retiró como eremita a un lugar apartado en los bosques de encinas de Ayuela, lugar cercano al actual Santo Domingo de la Calzada, llevando una vida contemplativa hasta 1039. Sobre ese año comenzó a colaborar con Gregorio, obispo de Ostia, llegado a Calahorra como enviado papal para combatir una plaga de langosta que asolaba los territorios navarros y riojanos. Este le otorgó la ordenación sacerdotal. Juntos construyeron un puente de madera sobre el río Oja para facilitar el tránsito de los peregrinos hacia Compostela. Hasta la muerte de Gregorio en 1044.

Tras morir Gregorio, volvió a la zona de Ayuela y emprendió una profunda labor de colonización. Taló bosques, roturó tierras y comenzó la construcción de una calzada de piedra que supuso una desviación del camino tradicional por la calzada romana entre Logroño y Burgos, pero que se convirtió, a partir de entonces, en la ruta principal entre Nájera y Redecilla del Camino. Por esta labor es conocido como Domingo de la calzada.

Para mejorar las condiciones de los peregrinos que empezaron a transitar la nueva calzada, sustituyó el puente de madera que había construido con Gregorio por uno más robusto de piedra, y construyó un complejo integrado por hospital, pozo e iglesia, para atender a las necesidades de los viajeros, donde en la actualidad se encuentra la Casa del Santo, utilizada como albergue de peregrinos.

Al apoderarse en 1076 de La Rioja, Alfonso VI de Castilla y viendo que el desarrollo del Camino contribuía a su proyecto de la castellanización de la zona, se hizo partidario del santo, de sus obras, y de su villa, visitando a Domingo en 1090 y responsabilizándolo de las obras viarias que se realizaban a lo largo del Camino de Santiago. En esos momentos, y con la ayuda de su discípulo Juan de Ortega, había iniciado ya la construcción de un templo dedicado al Salvador y Santa María. Este fue consagrado por el obispo de Calahorra en 1106. En el exterior del templo y adosado a sus muros, el santo escogió un lugar para su propia sepultura.

El burgo, llamado Masburguete o Margubete que se dice hoy día, de Santo Domingo de la Calzada empezó como unas pocas casas construidas en torno a la ermita del santo durante su vida. Al morir Domingo en 1109 ya contaba la villa con una creciente población. La iglesia de Santo Domingo de la Calzada, en la que fue enterrado, fue elevada al rango de catedral poco después, al trasladarse a esta la diócesis de Calahorra en 1232 hasta 1235.

Nueve tablas pintadas, adornan hoy una pared de la catedral y recuerda los milagros de Santo Domingo.

Las buenas obras de Santo Domingo a favor de los peregrinos de Santiago no parecen haber cesado con su muerte. Varias milagrosas curaciones de peregrinos, ocurridas en la villa, se atribuyen a la influencia de Domingo.

* Curación del caballero francés poseído por el demonio que fue librado del espíritu maligno ante el sepulcro del santo.

* Curación de un peregrino alemán del siglo XV llamado Bernardo, que se curó de una infección purulenta de los ojos al visitar la tumba de Santo Domingo.;

* Curación de un normando que recobró la vista al visitar la catedral.

* El milagro del gallo y la gallina.

Sucedió en Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja.

En el siglo XIV peregrina a Compostela un joven alemán de 18 años llamado Hugonell, que va acompañado por sus padres. En el mesón donde se hospedan trabaja una muchacha joven que se enamora de él y le requiere de amores, a lo que el muchacho se niega. Despechada y con ansias de venganza guarda en el zurrón del joven una copa de plata y luego le acusa de robo.

El joven Hugonell y sus padres se disponen a partir para seguir el peregrinaje, cuando llega la justicia y comprueban la acusación registrando el zurrón del muchacho. Es encontrado culpable y condenado a la horca. Los padres no pueden hacer nada por él más que rezar a Santiago. Al acercarse al cuerpo ahorcado de su hijo para despedirse oyen cómo éste les habla desde la horca y les dice que está vivo por la gracia del Santo.

Felices y contentos van a comunicar la noticia al corregidor que justo en ese momento está cenando opíparamente unas aves. El corregidor naturalmente se burla de lo que oye y lanza la frase conocida: «Vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais». Y en ese momento, las aves saltan del plato y se ponen a cantar y cacarear alegremente.

Santo Domingo de la Calzada es patrón de los Ingenieros de caminos, canales y puertos

(Fuente: wikipedia.org)

MÚSICA SACRA: AGNI PARTHENE DE SAN NECTARIO DE ÉGINA

El Agni Parthene ( en griego: Ἁγνὴ Παρθένε) es un famoso himno mariano compuesto por San Nectario de Égina a finales del siglo XIX.

Es una oración de alabanza a la Virgen María, muy utilizada en la tradición ortodoxa para honrarla como la madre de Dios y virgen perpetua.

Está  incluido en el Theotokarion (libro de himnos) publicado en 1905 por San Nectario.

La traducción literal del griego es «Oh Virgen Pura».

 Se canta comúnmente en servicios litúrgicos, vísperas y oraciones personales en la Iglesia Ortodoxa.

Es un canto de intercesión y veneración que destaca la pureza de María y su papel como «Esposa no desposada».

Aunque la traducción directa es “Oh Virgen Pura” hay una variante poética en español como “¡Virgen Madre, alégrate!” con el nombre extendido de Agni Parthene Maria.

Es considerado uno de los cantos marianos más bellos y populares dentro de la música bizantina contemporánea.

Su traducción al castellano es:

¡VIRGEN MADRE, ALÉGRATE!

Señora, oh purísima Doncella, nuestra Reina,

Oh Madre del Altísimo, fragante azucena.

¡Más amplia que las nubes! ¡Más brillante que los astros!

¡Esplendorosa más que el sol! ¡Más alta que los cielos!

Los celestiales Ángeles admiran tu pureza.

Los hombres honran con fervor tu virginal belleza.

Del mundo Reina eres tú, María, Siempre Virgen,

Doncella y Purísima Virgen y santa Madre.

Adorna mi espíritu, oh Novia sin mancilla,

con tu divino júbilo, santísima doncella.

¡Más elevado tu honor, que el de los querubines!

¡Y tu esplendor es mucho más que el de los serafines!

¡Alégrate, oh cántico dulcísimo y fino,

veneración querúbica, loor de serafines!

¡Alégrate, profunda paz y puerto apacible!

¡Del Verbo, bello tálamo y flor inmarcesible!

¡Vergel feraz bellísimo de vida perdurable!

¡Árbol de vida, alégrate, oh fuente inagotable!

Te ruego, oh Santísima, suplico me acojas;

oh Reina, te invoco elevando oraciones.

Doncella, cual santísima, sin mancha Virgen Madre,

a ti suplico con fervor, oh templo venerable:

Ampara y líbrame del mal que cruza mi camino;

cual heredero, acéptame en el divino Reino.

 

Pincha el siguiente enlace para escuchar la obra

 

https://www.youtube.com/watch?v=dngONnv3kIw&list=RDdngONnv3kIw&start_radio=1

 

ARTE QUE CONSUELA: MUSEOS VATICANOS; CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS DE MARCO PALMEZZANO

La belleza crea comunión, involucra en la misma mirada a personas distantes, conecta el pasado, el presente y el futuro. El Papa Francisco lo ha recordado en más de una ocasión. La universalidad de la Buena Nueva siempre ha sido traducida por la Iglesia en el lenguaje del arte. A partir de estas premisas, en un momento histórico dramático, caracterizado por la incertidumbre y el aislamiento, presentamos esta iniciativa realizada por los Museos Vaticanos y Vatican News: las obras maestras de las colecciones del Vaticano comentadas por los Papas.

Esta semana nos fijamos en Marco Palmezzano (1459-1539), Cristo con la cruz a cuestas, óleo sobre tabla, 1535 ca., Pinacoteca Vaticana ©Musei Vaticani

Marco Palmezzano realizó múltiples versiones de «Cristo portacroce» a lo largo de su carrera.

Otras versiones del mismo tema por Palmezzano Se pueden encontrar variantes en: Alba de Tormes, en el Museo Carmus

El lienzo o pintura de Cristo con la cruz a cuestas (1537) de Marco Palmezzano, una de las versiones más notables de este tema por el autor, se encuentra en el Museo Carmelitano Teresa de Jesús, situado en el Monasterio de la Anunciación en Alba de Tormes, Salamanca (España).Esta obra, que presenta una cartela con la firma del autor («Marchus Palmezanus pictor foroliniensis faciebat»), es una de las piezas destacadas de la colección de este museo conventual.

Otra versión se puede encontrar en Berlín,  en Gemäldegalerie (1503).

 “Uno está tentado de gritar: “¡El dolor es absurdo, el dolor es inútil, el dolor es insoportable!”. Hermanos, una nueva revelación se abre para dejarnos ver en Cristo la transfiguración del sufrimiento cuando se valoriza como sacrificio. Esta intencionalidad sacrificial que Cristo ha conferido a su Pasión la ha convertido en fuente de salvación, apoteosis del amor.”

  1. Pablo VI, homilía en el Policlínico Gemelli, 17 junio 1976

INSTAGRAM: @vaticanmuseums

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II. II. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM. 8. LA IGLESIA, PEREGRINA EN LA HISTORIA HACIA LA PATRIA CELESTIAL

Hoy nos detenemos en una parte del cap. VII de la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, y meditamos sobre una de sus características distintivas: la dimensión escatológica. Efectivamente, en esta historia terrena, la Iglesia camina siempre orientada hacia la meta final, que es la patria celeste. Se trata de una dimensión esencial que, sin embargo, a menudo descuidamos o minimizamos, porque estamos demasiado concentrados en lo inmediatamente visible y en las dinámicas más concretas de la vida de la comunidad cristiana.

La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el Reino de Dios (cfr. LG, 9). Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino de amor, de justicia y de paz (cfr LG 5). Por ello, estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva.

La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo. Ella anuncia a todos y siempre las palabras de esta promesa, recibe un anticipo en la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, pone en práctica y experimenta su lógica en las relaciones de amor y de servicio. Asimismo, sabe que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente” (LG, 48), y, al mismo tiempo, reconoce que la salvación puede ser donada por Dios en el Espíritu Santo también fuera de sus límites visibles.

En este sentido, la Constitución Lumen Gentium realiza una afirmación importante: la Iglesia es “sacramento universal de salvación” (LG, 48), esto es, signo e instrumento de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios. Esto significa que ella no se identifica perfectamente con el Reino de Dios, pero es su germen e inicio, porque el cumplimiento será dado a la humanidad y al cosmos solamente al final. Por eso, los creyentes en Cristo caminan por esta historia terrena, marcada por la maduración del bien pero también por injusticias y sufrimientos, sin caer en ilusiones ni en la desesperanza: viven orientados por la promesa recibida de «Aquel que hace nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Por tanto, la Iglesia realiza su misión entre el “ya” del inicio del Reino de Dios en Jesús, y el “aún no” del cumplimiento prometido y esperado. La Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino, y tiene también la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo, y para tomar posición a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 159).

Signo y sacramento del Reino, la Iglesia es el pueblo de Dios peregrino en la tierra que, a partir de la promesa final, lee e interpreta según el Evangelio los dinamismos de la historia, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad y su Reino de justicia, de amor y de paz. La Iglesia, por tanto, no se anuncia a sí misma; al contrario, en ella todo debe remitir a la salvación en Cristo.

Desde esta perspectiva, la Iglesia está llamada a reconocer humildemente la fragilidad humana y la caducidad de sus propias instituciones, que, aun estando al servicio del Reino de Dios, llevan la imagen de este siglo que pasa (cfr. LG, 48). Ninguna de las instituciones eclesiales puede ser absolutizada; es más, como viven en la historia y en el tiempo, están llamadas a una conversión constante, a la renovación de las formas y a la reforma de las estructuras, a la continua regeneración de las relaciones, de modo que puedan responder verdaderamente a su misión.

En el horizonte del Reino de Dios se debe comprender también la relación entre los cristianos que están cumpliendo hoy su misión y todos los que ya han concluido su existencia terrena y están en un estadio de purificación o de bienaventuranza. Lumen gentium afirma que todos los cristianos forman una única Iglesia, que existe una comunión y una coparticipación de los bienes espirituales fundada en la unión con Cristo de todos los creyentes, una fraterna sollicitud entre la Iglesia terrena y la Iglesia celeste: esa comunión de los santos que se experimenta en especial en la liturgia (cfr. LG, 49-51). Rezando por los difuntos y siguiendo las huellas de quienes ya vivieron como discípulos de Jesús, también nosotros recibimos ayuda en nuestro camino y reforzamos la adoración a Dios: marcados por el único Espíritu y unidos en la única liturgia, junto con aquellos que nos han precedido en la fe, alabamos y damos gloria a la Santísima Trinidad.

Agradezcamos a los Padres conciliares el habernos recordado esta dimensión tan importante y tan hermosa de nuestro ser cristianos, y tratemos de cultivarla en nuestra vida.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los sacerdotes recién ordenados de los Legionarios de Cristo, a sus familias y comunidades que los acompañan. Pidamos al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino. Que el Espíritu Santo nos conceda reconocer su presencia en la historia, servir con amor a los demás y ser signos vivos de su salvación en medio del mundo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Copyright © Dicasterio para la Comunicación – Libreria Editrice Vaticana

MES DE MAYO DEDICADO A MARÍA

Los católicos y los anglicanos dedican el mes de mayo a la Virgen María. Hay precedentes culturales de la relación entre el mes de mayo y las realidades divinas. El mes de mayo toma su nombre de la diosa romana Maia, diosa de la primavera y de la fertilidad. En Grecia, el mes de mayo estaba dedicado a la diosa Artemisa, diosa de la fecundidad. Algo parecido sucedía en la antigua Roma: el mes de mayo estaba dedicado a la diosa Flora, diosa de la vegetación. Mayo es un mes eminentemente primaveral. En el hemisferio norte empieza la primavera y la naturaleza se muestra fecunda. Por eso también se habla de mayo como mes de las flores.

En la Edad Media los cristianos empezaron a asociar este mes con la Virgen María. Como en otras ocasiones fueron las órdenes religiosas las que fomentaron esta asociación. Dominicos y franciscanos promovieron esta devoción en Italia, erigiendo en este mes altares a la Virgen. Los jesuitas, a finales del siglo XVIII, la difundieron en sus misiones. Los últimos Papas, sobre todo Juan Pablo II y Francisco, también han valorado esta devoción. Durante este mes se celebran algunas fiestas marianas importantes: el 13 de mayo es la Virgen de Fátima, el 31 de mayo se celebra la visitación de la Virgen a su parienta Isabel, cerrando así el mes dedicado a María; y el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen María, Madre de la Iglesia, fiesta creada por el Papa Francisco.

Quizás sería bueno que durante es mes se recuperase, allí donde se ha perdido, sobre todo en el ámbito familiar y de las comunidades religiosas, el rezo del santo rosario, oración en la que vamos repasando los distintos misterios de la vida de Jesús, en compañía de María, oración que Pablo VI calificó de “síntesis de todo el evangelio”. Podemos orar con María y orarle a ella, sabiendo que ella siempre nos orienta a Cristo. Y el que no tiene esto claro, ni sabe rezar ni tiene devoción a María. Las flores de mayo y la eclosión de la primavera pueden ser una buena ocasión para honrar a la Virgen María, pero sin olvidar que ella nos orienta a otra realidad mucho mayor. Por eso es oportuno recordar las palabras que María dijo en Caná a los sirvientes de la boda, referidas a Jesús: “haced lo que él os diga”. Si mayo es pretexto para honrar a María, María es camino seguro para encontrar al único Salvador. Si no terminamos en Jesús no hay cristianismo que valga.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Dios no tiene “tiempo”

Dios no tiene tiempo…

aunque tiene todo el tiempo del mundo,

lo que sucede es que el tiempo de Dios no es como el nuestro:

cronológico y secuencial que se puede medir por años, meses,

días, horas, minutos y segundos.

Los griegos tenían dos dioses del tiempo:

“Chronos”, dios del tiempo lineal que se mide con el reloj;

“Kairós”, dios del “momento adecuado”

que la teología cristiana lo asoció al “tiempo de Dios”.

Dios no tiene tiempo…

porque su tiempo es intemporal y eterno

y no se puede medir con el cronómetro

sino que hay que recurrir al “Kairós”,

“el tiempo de Dios” donde se descubren sus “designios”

para ver en ellos la voluntad de Dios.

“Dios, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso;

puso además en la mente humana la idea de lo infinito,

aun cuando el hombre no alcanza a comprender

en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y hará” (Ecl 3,11).

Dios no tiene tiempo…

y sin embargo está pendiente de “todo” y de “todos”

porque para Dios el “antes” y el “después” son “ahora mismo”;

al instante sabe cuál es el momento más indicado

para que sucedan las cosas,

pero como su tiempo no es nuestro tiempo,

a veces llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros

o que actúa “tarde, mal y nunca”.

“No olvidéis que para el Señor un día es como mil años

y mil años como un día.

No es que el Señor se demore en cumplir su promesa,

como algunos suponen.

Lo que sucede es que tiene paciencia con vosotros,

pues no quiere que nadie se pierda

sino que todos se vuelvan a Dios” (2Pd 3,8).

Dios no tiene tiempo…

para perder su tiempo atendiendo “peticiones”

que no le corresponde a Él resolverlas

sino a sus “delegados” en la tierra,

que para eso los ha puesto y los ha facultado.

Dice el Señor:

“Mis ideas no son como las vuestras,

ni es como la vuestra mi manera de actuar.

Como el cielo está por encima de la tierra,

así también mis ideas y mi manera de actuar

están por encima de las vuestras” (Is 55,8).

Dios no tiene tiempo…

pero saca tiempo, todo el tiempo que haga falta,

para recibir de mil amores a todos los que llaman a su puerta:

unos para pedirle perdón por no cumplir sus mandamientos,

otros para decirle lo mucho que le quieren

“porque Él los amó primero” (1Jn 4,19),

otros para agradecerle todo lo que ha hecho por ellos,

otros para contarle sus miedos, sus alegrías y sus esperanzas,

otros para pedirle ayuda ante tanta necesidad próxima y lejana

y otros que pasaban por allí aprovechan para saludarlo.

 

“¡El Señor llevará a feliz término

su acción en mi favor!

Señor, tu amor es eterno;

¡no dejes incompleto lo que has emprendido! (Sal 138,8).

Julián del Olmo

Domingo, 26 de abril de 2026

LA IGLESIA DE MADRID CON LOS MAYORES: UN TRÍPTICO PARA «PONERLOS EN VALOR Y RECONOCER SU VALÍA»

El Salón de Actos del Arzobispado de Madrid acogió este 27 de abril de 2026 un evento para mostrar el empeño de la Iglesia local en generar una estructura diocesana que permita la atención integral a los mayores

Visibilizar la acción pastoral de la Iglesia de Madrid con las personas mayores ha sido el objetivo de la presentación del tríptico: «La Iglesia de Madrid con los Mayores». El Salón de Actos del Arzobispado de Madrid acogió este 27 de abril de 2026 un evento para mostrar el empeño de la Iglesia local en generar una estructura diocesana que permita la atención integral a los mayores. Se da así un paso más en la implementación del Plan Pastoral con las Personas Mayores presentado el año pasado.

Cuidadores y cuidados

Un encuentro que se inició con la oración de la Jornada Mundial del Enfermo, que nos muestra la imagen del Buen Samaritano, pidiendo «entrañas de misericordia para que no demos rodeos ante los que sufren». Se trata de, siguiendo la imagen del Buen Pastor, «sentirnos cuidadores y al mismo tiempo cuidados», como reflexionaba el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Vicente Martín.

El obispo recordó la carta pastoral del episcopado español: «La ancianidad, riqueza de frutos y bendiciones» y la creación de la Mesa Diocesana del Mayor, con una representación de Cáritas, Pastoral de la Salud, CONFER, Vida Ascendente y la Delegación de Familia y Vida. Se busca con ella desarrollar el Plan Pastoral de las personas mayores de nuestra Iglesia de Madrid, recordó monseñor Vicente.

La delegación tiene el espíritu transversal que debe estar presente en toda la pastoral de la Iglesia, recalcó el obispo auxiliar. Se busca el protagonismo de las personas mayores mediante un Plan Pastoral con nueve orientaciones para ir desarrollando la transversalidad y la unidad. Las personas mayores son llamadas a ser centro y sujetos de la acción pastoral, y al mismo tiempo, reciben la acción de la Iglesia.

Responsabilidad de los mayores en la Iglesia de Madrid

Algo que refleja la realidad de la Iglesia de Madrid, con muchas personas mayores que siguen ocupando responsabilidades en las comunidades, en las parroquias, en los movimientos. El obispo insistía en que «como Iglesia de Madrid queremos poner en valor a las personas mayores y reconocer su valía», evitando que las personas mayores se conviertan en parte de la cultura del descarte, que decía el papa Francisco.

Una Pastoral del Mayor que busca sensibilizar sobre la realidad del mayor en nuestros barrios, divulgando lo que se hace. Un medio para ello es el tríptico elaborado, fruto de un trabajo participado, compartido, coordinado. Un trabajo en comunión que va más allá de la eficacia.

El objetivo es comprender las claves que forman parte de la vida de los mayores, protagonistas en la sociedad y en la misión de la Iglesia. Entender que «la ancianidad no es un tiempo inútil en el que los mayores se hacen a un lado, abandonan los remos de la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos», afirmó monseñor Vicente. «Los mayores ayudan a descubrir que todos somos vulnerables, que ese afán de individualismo y de creernos autosuficiente se desvanece con el paso de los años. Las personas mayores son pieza clave en la cohesión social, de la vivencia, de la pertenencia a la comunidad y a la apertura a la novedad, expertos en permitir que la vida avance sin perder la raíz», destacó.

Se quiere desde la delegación hacer frente y dar respuesta a la soledad no deseada, un problema muy presente en Madrid. Para ello, se insiste en la relación entre las diversas generaciones, que mayores y jóvenes se encuentren para compartir vida, con espacios de acogida y escucha, potenciando la amistad entre ancianos y jóvenes, pues «para el mayor, la presencia del joven le da esperanza y le hace descubrir que lo que ha vivido».

Buenas prácticas

En la diócesis de Madrid se realizan buenas prácticas con los mayores, desde el deseo de acompañar, de escuchar la realidad, crear comunidad y mostrar una Iglesia que camina junto a los mayores. Algunas de ellas han sido dadas a conocer: el «Proyecto Tenéritas», la Semana del Mayor en la Vicaría IV y el teléfono de escucha a la soledad no deseada.

Buscando implantar «la revolución de la ternura», de la que hablaba el papa Francisco, el «Proyecto Teneritas», como compartía Ignacio López- Vivié, busca desde las parroquias, en este caso San Miguel Arcangel de Carabanchel, «el reconocimiento de los valores de las personas mayores, lo que pueden aportar también a las nuevas generaciones y también atender a sus necesidades». Se quiere reconocer el valor de la ancianidad, su integración y protagonismo en las parroquias, así como promover la cultura del encuentro y del cuidado y la relación intergeneracional. Se consigue con ello un cambio de mentalidad en la comunidad parroquial.

El teléfono de la escucha, como hacía ver Mar Crespo, nació durante la pandemia del Covid-19. Ante la preocupación con muchas personas solas, aisladas, incomunicadas, con sentimiento de abandono, se buscó un medio para comunicarse con estas personas. Un servicio que se ha mantenido y fue germen de la Pastoral con Personas Mayores. La realidad de Madrid muestra que hay muchas personas que están solas, que no se acercan a las comunidades parroquiales y que están aisladas. Este servicio permite que las personas tengan a alguien que saben que los va a escuchar. Se crean relaciones entre estas personas y los voluntarios, se detectan situaciones que de otro modo no serían conocidas y hay personas que se incorporan a las comunidades parroquiales.

La Semana del Mayor en la Vicaría IV ha surgido como oportunidad para, desde un tiempo concreto e intenso, promover espacios de encuentro entre los mayores. Como contó Pablo Alcolea se organizan actividades lúdicas, que cada vez cuentan con una participación mayor, con las que ayudar a quienes viven situaciones de soledad. Una tarea que también se lleva a cabo con los sacerdotes mayores. Se quiere que esto sea llevado a los arciprestazgos y a las parroquias, implicar a los jóvenes para asumir este voluntariado.

Una lluvia constante que va calando

El tríptico, según el delegado episcopal para las Personas Mayores, Carlos Rivas, delegado de Pastoral con las Personas Mayores, ayuda a que el plan pastoral empiece a andar. Son nueve orientaciones con acciones significativas que permitan desarrollar la Pastoral con las Personas Mayores. Se pretende ser «una lluvia constante, que va calando poco a poco», resaltó el delegado. Más allá de un asistencialismo, se pretende «poner en valor a las personas mayores, reconocer su protagonismo y permitirles nuevos cauces de encuentro y de misión en nuestra Iglesia».

En ese sentido, enfatizó que «los ancianos son, por derecho propio, testigos de la historia, protagonistas del hoy y agentes del mañana». Igualmente, la acogida de esta pastoral y el deseo de construir juntos, siendo el tríptico ejemplo de esto. Un tríptico cuyo contenido ha sido dado a conocer por Carlos Rivas, así como el sentido que encierra, destacando que «la Iglesia es un lugar de encuentro, donde cada uno es llamado a implicarse. Una delegación que está en las parroquias, en el territorio, en busca de una pastoral con los mayores variada y diversa, no solo asistencialista. Se quiere así difundir el buen trato a los mayores en la sociedad.

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