CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 8. LA PASCUA COMO DESTINO DEL CORAZÓN INQUIETO.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La vida humana se caracteriza por un movimiento constante que nos impulsa a hacer, a actuar. Hoy en día se exige en todas partes rapidez para obtener resultados óptimos en los ámbitos más diversos. ¿De qué manera la resurrección de Jesús ilumina este aspecto de nuestra experiencia? Cuando participemos en su victoria sobre la muerte, ¿descansaremos? La fe nos dice: sí, descansaremos. No estaremos inactivos, sino que entraremos en el descanso de Dios, que es paz y alegría. Pues bien, ¿solo tenemos que esperar, o esto puede cambiarnos desde ahora?

Estamos absortos en muchas actividades que no siempre nos satisfacen. Muchas de nuestras acciones tienen que ver con cosas prácticas, concretas. Debemos asumir la responsabilidad de numerosos compromisos, resolver problemas, afrontar fatigas. También Jesús se involucró con las personas y con la vida, sin escatimar esfuerzos, sino entregándose hasta el final. Sin embargo, a menudo percibimos que el hecho de hacer demasiado, en lugar de darnos plenitud, se convierte en un vórtice que nos aturde, nos quita la serenidad, nos impide vivir mejor lo que es realmente importante para nuestra vida. Entonces nos sentimos cansados, insatisfechos: el tiempo parece dispersarse en mil cosas prácticas que, sin embargo, no resuelven el significado último de nuestra existencia. A veces, al final de días llenos de actividades, nos sentimos vacíos. ¿Por qué? Porque no somos máquinas, tenemos un «corazón», es más, podemos decir que somos un corazón.

El corazón es el símbolo de toda nuestra humanidad, la síntesis de pensamientos, sentimientos y deseos, el centro invisible de nuestras personas. El evangelista Mateo nos invita a reflexionar sobre la importancia del corazón, al citar esta hermosa frase de Jesús: «Porque allí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21).

Es, entonces, en el corazón donde se conserva el verdadero tesoro, no en las cajas fuertes de la tierra, no en las grandes inversiones financieras, hoy más que nunca enloquecidas e injustamente concentradas, idolatradas al precio sangriento de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios.

Es importante reflexionar sobre estos aspectos, porque en los numerosos compromisos que afrontamos continuamente, aflora cada vez más el riesgo de la dispersión, a veces de la desesperación, de la falta de sentido, incluso en personas aparentemente exitosas. En cambio, leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, significa encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón: cor inquietum. Con este adjetivo «inquieto», san Agustín nos hace comprender el impulso del ser humano que tiende a su plena realización. La frase completa remite al comienzo de las Confesiones, donde Agustín escribe: «Señor, tú nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1).

La inquietud es la señal de que nuestro corazón no se mueve al azar, de forma desordenada, sin un fin o una meta, sino que está orientado hacia su destino último, el de «volver a casa». Y el auténtico destino del corazón no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en alcanzar lo que puede colmarlo plenamente, es decir, el amor de Dios, o, mejor dicho, Dios Amor. Sin embargo, este tesoro solo se encuentra amando al prójimo que se encuentra en el camino: hermanos y hermanas de carne y hueso, cuya presencia interpela e interroga a nuestro corazón, llamándolo a abrirse y a donarse. El prójimo te pide ralentizar, mirarlo a los ojos, a veces cambiar de planes, tal vez incluso cambiar de dirección.

Queridísimos, he aquí el secreto del movimiento del corazón humano: volver a la fuente de su ser, disfrutar del gozo que no termina, que no decepciona. Nadie puede vivir sin un sentido que vaya más allá de lo contingente, más allá de lo que pasa. El corazón humano no puede vivir sin esperar, sin saber que está hecho para la plenitud, no para el vacío.

Jesucristo, con su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección, ha dado un fundamento sólido a esta esperanza. El corazón inquieto no se sentirá defraudado si entra en el dinamismo del amor para el que ha sido creado. El destino es seguro, la vida venció y en Cristo seguirá venciendo en cada muerte de lo cotidiano. Esta es la esperanza cristiana: ¡bendigamos y demos gracias siempre al Señor que nos la ha dado!

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ENCARNACIÓN: CONTACTO CON TACTO

Tengo la impresión de que, fuera de los ambientes de cristianos practicantes, el término encarnación no tiene mucho sentido. Más aún, es un término ignorado. En estos próximos días oiremos hablar mucho de Navidad. Unos desearán una feliz navidad (sin saber muy bien por qué en navidad hay que desear felicidad), y otros dirán que la navidad no les dice nada. O mejor, les dice que vayan de compras inútiles. Pues, si ya es difícil que muchos sepan explicar con un mínimo de precisión qué significa Navidad, resulta casi imposible encontrar quién sepa explicar el término encarnación. Y lo que ocurrió en la verdadera navidad, en la buena, en la que sucedió hace dos mil años, fue la encarnación del Verbo. ¿Del Verbo? ¿De qué Verbo? Esa es otra buena pregunta.

Lo que hoy está de moda es el último grito tecnológico. Y la tecnología está bastante desencarnada, no necesita soportes materiales o biológicos. Más bien le estorban. A mi me ha ocurrido que al ir a dar una conferencia y pedir que fotocopiaran un esquema para que los asistentes la siguieran mejor, se han negado a hacerlo, y me han contestado que usar papel es un desperdicio antiecológico. Ante mi insistencia, proyectaron en una pantalla mi esquema. Y hablando de soportes biológicos, hoy un niño se “fabrica” mejor por un ingeniero, con un código genético a toda prueba, que por una pareja que se entrega el uno a la otra.

En las redes sociales podemos iniciar y mantener un “contacto”. Pero es un contacto que no tiene tacto. En este contacto no se toca, no se palpa, no hay sensaciones de presión, dolor, olor, vibración o temperatura. No hay un estrecho abrazo. Los besos por teléfono móvil no llegan a ninguna parte. El contacto por internet, si no pasa después a la dimensión del tocar, del tacto, no logra una verdadera comunión. Todo eso tiene mucho que ver con la encarnación. “Si el Verbo no se hubiera hecho carne, acabo de leer en un escrito reciente de Fabrice Hadjadj, si hubiera enviado sus mensajes desde los cielos por correo angélico, o si su encarnación solo hubiera sido una digitalización, nadie habría sido capaz de prenderlo y conducirlo al Gólgota”. A veces decimos que hemos “colgado” alguna cosa en internet. En realidad, internet no permite clavar un clavo. Internet no permite ser crucificado.

“Tanto amó Dios al mundo que le dio, le entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). Una declaración de amor pide el acercamiento de los cuerpos. El amor pide cercanía, presencia mutua. Por eso es tan importante que el Verbo se hiciera carne, carne de un judío, carne de un carpintero, que trabajó con manos de hombre. El Verbo se hizo carne para llegar hasta nosotros con una cercanía total, absoluta, imposible de superar. Así demostró el gran amor que nos profesa: quiso ser como el amado. Ni más ni menos. No sólo acercarse al amado. Ser como el amado. Es importante recuperar la importancia de la carne, la carne del Verbo y la carne de los hermanos. Conocer de persona a persona, cara a cara, cuerpo a cuerpo.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM (IV)

Es un mal que una clase social sea enemiga de la otra, la naturaleza no dispone que los ricos y pobres se enfrenten permanentemente, esto es ajeno a la razón y a la verdad.

Así como el cuerpo se ensambla entre si miembros diversos, también en la sociedad la naturaleza humana puede armonizar las distintas clases  y que concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio, ambas se necesitan, ni el capital puede sustituir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital.

La doctrina de la religión cristiana y la iglesia como mediadora pueden entre si unir a los ricos con los proletarios y que cada clase cumpla con sus deberes y ante todo los deberes de la justicia. Que es compartir integra y fielmente lo que por propia libertad y por arreglo a la justicia se ha estipulado sobre el trabajo.

Los deberes del proletariado: son no dañar al capital, no ofender a los patronos, abstenerse de toda violencia al defender sus derechos.

Por otra parte los deberes de los ricos y patronos: No considerar a los obreros como esclavos, respetar la dignidad, que el trabajo les de la posibilidad de ganarse la vida honradamente, no abusar de las personas, que tengan encuentra las exigencias de la religión y el bien de las almas que procuren darles tiempo para el cumplimiento religioso, no imponer más trabajo que el que pueda soportar sus fuerza, pedir que los patronos no opriman para su lucro a los más necesitados y desvalidos, pues esto no lo permite ni las leyes divinas ni las humanas, y defraudar en el salario debido es un crimen que clama al cielo.

La Iglesia que trata de unir una clase con la otra al final todos tenemos que compadecer ante el tribunal de Dios. La verdadera vida es la eterna, para eso nos ha creado Dios, por ello es importante como actúa el hombre de cara a la vida del Reino.

Jesucristo no suprime las tribulaciones diversas de esta vida mortal, sino que hizo de ella estimulo de virtudes. El tomo sobre si los trabajos y sufrimientos nuestros.

Las riquezas no aportan conseguir la exención de dolor, ni aprovechan nada para la vida eterna, más bien la obstaculizan. La iglesia enseña la recta posesión del dinero y el recto uso del mismo.

Poseer bienes en privado es un derecho natural del hombre. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y el decoro es un deber socorrer a los indigentes con lo sobra; lo que sobra darlo de limosna no son deberes de justicia sino de caridad humana (salvo casos de necesidad extrema)

Aunque esto nos son deberes de justicia el Señor nos dice que es mejor dar que recibir y que juzgara la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a El “Cuanto hicisteis a estos hermanos más pequeños a mi me lo hicisteis”

Así los que carecen de bienes, ser pobre, no es una deshonra y no hay que avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con el trabajo. Pues Jesucristo se hizo pobre siendo rico para nuestra salvación y no rehusó a ser un artesano, ni al trabajo manual.

Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

ARTROSIS: NUEVA VÍA PARA REGENERAR EL CARTÍLAGO

Durante décadas, la artrosis se ha considerado una enfermedad sin retorno. Se trata de un desgaste progresivo e irreversible del cartílago que amortigua las articulaciones. Las únicas soluciones, hasta ahora, han sido destinadas a aliviar los síntomas. Analgésicos, fisioterapia o, en casos graves, una prótesis que sustituye la estructura dañada. Ningún tratamiento ha sido capaz de abordar la raíz del problema. Pero esto podría estar a punto de cambiar. Una investigación liderada por la Universidad de Stanford (California), publicada recientemente en la revista Science, ha identificado el mecanismo molecular que desencadena la destrucción del cartílago en la artrosis y ha demostrado cómo revertir ese proceso en modelos animales. El estudio abre por primera vez la posibilidad de un tratamiento capaz no solo de frenar la enfermedad, sino de regenerar tejido articular.

El trabajo se centra en una sustancia asociada al envejecimiento, la 15-PGDH, una enzima que aumenta con la edad y cuyo papel había sido estudiado en tejidos como músculos, colon, hígado o sangre. En todos los casos, cuanto mayor es la presencia de esta proteína, menor es la capacidad de regeneración. Sin embargo, esta es la primera vez que se la vincula de manera directa con la artrosis.

Una enzima clave

El equipo de Stanford detectó que existen niveles altos de 15-PGDH en los cartílagos dañados por la artrosis. La 15-PGDH es una enzima que se encarga de degradar las prostaglandinas D2 y E2, dos moléculas indispensables para la reparación de tejidos. A medida que su concentración aumenta con la edad, la capacidad del cartílago para regenerarse disminuye de forma drástica.

«La artrosis afecta a una de cada tres personas mayores de 65 años, y hasta ahora no disponíamos de ninguna terapia que actuara sobre la causa molecular del deterioro», explica Helen Blau, especialista en medicina regenerativa y codirectora del estudio. El hallazgo, subraya, supone «una nueva forma de regenerar tejido adulto».

Para comprobar si era posible revertir este proceso, los investigadores recurrieron a un fármaco experimental desarrollado por la biotecnológica EpiriumBio, en la que participa Blau. El compuesto inhibe la producción de la enxima 15-PGDH, consiguiendo de este modo que las prostaglandinas recuperen su actividad reparadora.

Eficacia en ratones

Los ensayos del fármaco en ratones con artrosis de rodilla han ofrecido resultados sorprendentes. Tras administrar el compuesto directamente en las articulaciones dañadas, los investigadores observaron efectos importantes en la regeneración del cartílago, con un grosor similar al de animales sanos, así como una formación de cartílago hialino, el tipo adecuado para las articulaciones. Se trata de un tejido diferente del fibrocartílago o cartílago elástico, que no cumplen la misma función. También hallaron una recuperación de la movilidad, consiguiendo una mayor carga de peso sobre la articulación tratada, un indicador indirecto de la reducción del dolor. «El nivel de regeneración del cartílago en ratones mayores nos ha sorprendido. El efecto ha sido extraordinario», señala Nidhi Bhutani, coautora del estudio y especialista en cirugía ortopédica.

El equipo también puso a prueba este fármaco en cartílagos humanos extraídos durante operaciones de prótesis de rodilla, con resultados similares. Una vez más, vieron que el tejido volvía a regenerarse.

Cambio de paradigma

Uno de los hallazgos más inesperados del estudio está relacionado con el origen de las células que reconstruyen el cartílago. Hasta ahora, la investigación científica se había centrados en las células madre como fuente de regeneración. Pero la nueva evidencia apunta a otro mecanismo.

«No vemos participación de células madre», observa Blau. En este caso, son las propias células diferenciadas del cartílago las que modifican sus patrones de expresión genética y reconstruyen el tejido. Hasta ahora, se creía que estas eran incapaces de regenerarse. Sin embargo, el inhibidor de 15-PGDH desarrollado recientemente parece desbloquear genes necesarios para la reparación que estaban silenciados. Este descubrimiento podría cambiar el paradigma en cuanto a la regeneración de estos tejidos.

Ensayos clínicos

Aunque la investigación se ha centrado en la artrosis, el fármaco ya se está probando en humanos para tratar la atrofia muscular asociada a la edad. En estos ensayos de fase 1, administrado por vía oral, ha demostrado ser seguro y tener actividad biológica. El siguiente paso, detalla Blau, será iniciar ensayos clínicos dirigidos específicamente a personas con artrosis. De confirmarse los resultados obtenidos en animales y tejidos humanos, esta terapia podría convertirse en la primera capaz de revertir la enfermedad.

Actualmente, los tratamientos disponibles se limitan a paliar el dolor o mejorar temporalmente la movilidad. La introducción de un medicamento con un mecanismo de acción regenerativo podría transformar el tratamiento de una patología que afecta a millones de personas. No obstante, los expertos recuerdan que la distancia entre los resultados en ratones y la aplicación clínica en humanos es considerable. El cartílago humano es más grueso, crece más lentamente y está sometido a cargas de peso más elevadas. Será necesario verificar que la regeneración observada en laboratorio se mantiene en articulaciones humanas vivas y en movimiento.

Aunque se la considera una enfermedad propia de las personas mayores, la artrosis también afecta a otros grupos poblacionales. Deportistas, trabajadores de esfuerzos repetitivos y personas que han sufrido lesiones articulares pueden desarrollar la enfermedad en la mediana edad de la vida. Para muchos, la única opción es una prótesis. De probar su eficacia y seguridad, esta terapia podría retrasar o incluso evitar la necesidad de esta cirugía.

Fuente: LA VOZ DE GALICIA

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA ADELA

Nace en el año 931 en la península Itálica. Era hija del rey Rodolfo de Borgoña, el cual murió cuando ella tenía 6 años. Muy joven contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Su hija Emma llegó a ser reina de Francia.

Su primer esposo, Lotario, murió también muy joven, parece que envenenado por los que deseaban quitarle su reino, quedando Adelaida viuda de sólo 19 años, con su hijita Emma todavía muy pequeñita. El usurpador Berengario la encerró en una prisión y le quitó todos sus poderes y títulos, porque ella no quiso casarse con el hijo del tal Berengario. Su capellán se quedaba admirado porque Adelaida no se quejaba ni protestaba y seguía tratando a todos los carceleros con exquisita amabilidad y dulzura. Todo lo que sucedía lo aceptaba como venido de las manos de Dios y para su bien. Le robaron sus vestidos de reina y todas sus alhajas y joyas y le dieron unos harapos como de pordiosera. En su oscura prisión pasó varios meses dedicada a la oración. Los carceleros exclamaban: «Cuánto heroísmo tiene esta reina. ¡No grita, no se desespera, no insulta. Sólo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!».

Y mientras tanto su capellán, el Padre Martín, consiguió un plano del castillo donde ella estaba prisionera, abrió un túnel y llegando hasta su celda la sacó hacia el lago cercano donde la esperaba una barca, en la cual se la llevó hacia le libertad haciéndola llegar hasta el Castillo de Canossa, donde se refugió. Pero Berengario atacó aquel castillo y Adelaida envió unos embajadores a Otón de Alemania pidiéndole su ayuda. Otón llegó con su ejército, derrotó e hizo prisionero a Berengario y concedió la libertad a la santa reina.

Otón se enamoró de Adelaida y le pidió que fuera su esposa. Ella aconsejada por el Padre Martín, acepto este matrimonio y así llegó a ser la mujer del más importante mandatario de su tiempo. Los dos se fueron a Roma y allá el Sumo Pontífice Juan XII coronó a Otón como emperador y a Adelaida como emperatriz.

Otón el grande reinó durante 36 años. Mientras tanto su santa esposa se dedicaba a socorrer a los pobres, a edificar templos y a ayudar a misioneros, religiosos y predicadores.

Al morir su esposo Otón I, le sucedió en el trono el hijo de Adelaida, Otón II, pero este se casó con una princesa de Constantinopla, la cual era dominante y orgullosa y le exigió que tenía que alejar del palacio a Adelaida. Otón aceptó semejante infamia y echó de su casa a su propia madre. Ella se fue a un castillo pero pidió la ayuda de San Mayolo, abad de Cluny, el cual habló de tal manera a Otón que lo convenció que nadie mejor lo podía aconsejar y acompañar que su santa madre. Y así el emperador llamó otra vez a Adelaida y le pidió perdón y la recibió de nuevo en el palacio imperial.

Otón II murió en una guerra y su viuda la princesa de Constantinopla se apoderó del mando y trató duramente a Adelaida. Ella decía: «Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras». En medio de sus penas encontraba fuerzas y paz en la oración. A quienes le trataban mal les correspondía tratándoles con bondad y mansedumbre.

Una extraña enfermedad acabó con la vida de la princesa de Constantinopla y Adelaida quedó como regente, encargada del gobierno de la nación, mientras su nieto Otón III llegaba a la mayoría de edad. Fue para sus súbditos una madre bondadosa. Ignoraba el odio y no guardaba resentimientos con nadie. Supo dirigir el gobierno del país alemán con bondad y mucha compresión, ganándose el cariño de las gentes.

Fundó varios monasterios de religiosos y se preocupó por la evangelización de los que todavía no conocían la religión católica. Se esforzaba mucho por reconciliar a los que estaban peleados.

Su director espiritual en ese tiempo fue San Odilón, el cual dejó escrito: «La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad». Santa Adelaida tuvo una gran suerte, y fue que durante toda su vida se encontró con formidables directores espirituales que la guiaron sabiamente hacia la santidad: el Padre Martín, San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. En la vida de nuestra santa sí que se cumplió lo que dice la S. Biblia: «Encontrar un buen amigo es mejor que encontrarse un buen tesoro. Quien pide un consejo a los que son verdaderamente sabios, llegan con mucha mayor facilidad al éxito».

Cuando su nieto Otón III se posesionó como emperador, ella se retiró a un monasterio, y allí pasó sus últimos días dedicada a la oración.

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (IV)

La Dra. Lombardi es una autora galardonada que ha trabajado como ministra parroquial, ministra universitaria, líder de capellanía de escuela secundaria, formadora de docentes a través de OECTA, profesora de Educación Religiosa en la Universidad de Brock, facilitadora de retiros, consultora de formación en la fe y coordinadora de programas en la Diócesis de Hamilton. Actualmente, es decana académica y profesora asociada de teología sistemática y pastoral. Ha trabajado en medios de comunicación, tanto en radio como en televisión, y ha sido asesora de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos en el área de doctrina y relaciones católico-musulmanas. Sus libros »  En la Tierra como en el Cielo»  y  «Expertos en Humanidad»  han aparecido en Salt and Light TV.  «Expertos en Humanidad»  recibió  el primer  premio en la categoría de Vida Familiar por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá en 2017.

Ella es la  teóloga de la serie  para el nuevo recurso de educación religiosa para los grados 1 a 8,  “Creciendo en la fe, creciendo en Cristo”  para las juntas escolares católicas en Ontario, Alberta y Saskatchewan.

 

La Iglesia contra la cultura del descarte de los ancianos


Josephine Lombardi, Ph.D. Decana Académica,

Seminario de San Agustín

Su Eminencia Cardenal Farrell, Reverendos Padres, hermanos y hermanas en la vida consagrada, personal y miembros del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, invitados especiales de la conferencia.

Es un honor para mí presentar el tema de la Iglesia contra la cultura del descarte de los ancianos, un tema oportuno dada la reciente estadística sobre el envejecimiento de la población en todo el mundo. Aunque podamos sentir la tentación de pensar que este es un problema único de nuestros tiempos, el Salmista (71:9) escribe: “No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando se acabe mi fuerza,” lo que indica que el miedo a que los ancianos sean rechazados ha sido un tema constante que sigue desafiándonos hoy en día.

Durante nuestro breve tiempo juntos, tengo la intención de desglosar lo que se entiende por la «cultura del descarte,» una expresión utilizada por el Papa Francisco. Además, basándome en algunos ejemplos globales, identificaré algunos factores que contribuyen a la cultura del descarte de los ancianos y concluiré con algunas recomendaciones para promover una mayor conciencia sobre este tema.

¿Qué es la cultura del descarte?

No es raro ver la «cultura de usar y tirar» definida como «una cultura en la que el consumo y la producción de muchos bienes se basan en la práctica de desecharlos después de un solo uso.»[1]  La Iglesia, sin embargo, añade a esta “cultura del desperdicio,”[2] seres humanos que corren el riesgo de ser “desechados como innecesarios.”[3] El Papa Francisco lamentó una cultura en la que “la vida humana, la persona, ya no se ven como un valor primario que debe ser respetado y salvaguardado.”[4]  Usada por primera vez por el Papa Francisco en 2014[5], la expresión «la cultura del descarte» es un paradigma moral que representa una mentalidad en la que los bienes materiales y los seres humanos son vistos como objetos desechables, «descartados como innecesarios.»[6] Más tarde, en 2015, condenó “una civilización en la que no hay lugar para los ancianos o donde son desechados,…hay algo vil en esta adhesión a la cultura del descarte.”[7] En el mismo año, la frase «cultura del descarte» reaparece en la encíclica del Papa Francisco, Laudato si’[8].  Mucho más que una crítica a una cultura de desperdicio ambiental, por importante que sea este tema, esta encíclica ofreció una crítica a una cultura que no valora la vida humana, particularmente a las personas que experimentan vulnerabilidad, incluyendo a los ancianos que son vistos como prescindibles, considerados como si ya no tuvieran significado y valor. Declaró: “La cultura del relativismo es el mismo desorden que lleva a una persona a aprovecharse de otra, a tratar a los demás como meros objetos.”[9] El mismo tipo de pensamiento, continuó escribiendo, lleva «al abandono de los ancianos que ya no sirven a nuestros intereses.»[10]  Aunque entendemos que la «cultura del descarte» se aplica a otras personas vulnerables como los no nacidos, los discapacitados, las víctimas de la trata de personas y los refugiados[11], hoy el enfoque está en los ancianos.

En continuidad con la Doctrina Social de la Iglesia, que nos llama a ofrecer “apoyo material y moral en la vejez y en tiempos de enfermedad, soledad o angustia” (CCC 2218), el Papa Francisco se basó en la sabiduría del Papa San Juan Pablo II, quien presentó la vejez como una oportunidad para aplicar la Doctrina Social Católica, escribiendo: “A la luz de todo esto, los signos de la fragilidad humana que están claramente conectados con la edad avanzada se convierten en un llamado a la dependencia mutua y la solidaridad indispensable que vinculan a las diferentes generaciones, en la medida en que cada persona necesita a los demás y se enriquece con los dones y carismas de todos.”[12] Además, en su encíclica, Evangelium Vitae, declaró: “El abandono de los ancianos o su rechazo absoluto son intolerables.” Su presencia en la familia… es de fundamental importancia…”[13] De manera similar, el Papa Benedicto XVI, durante una reunión en 2012 en una residencia de ancianos, dijo: “La calidad de una sociedad, me refiero a una civilización, también se juzga por cómo trata a los ancianos y el lugar que les da en la vida comunitaria.”[14]  Por eso, el abandono, según el Papa Francisco, es una grave «enfermedad» y una gran injusticia.[15]  Lamentando cómo los ancianos corren el riesgo de ser «dejados de lado»[16] en un lugar «donde no hay espacio para los ancianos o donde son desechados,»[17]  Francisco destacó la soledad que aflige a las personas mayores. Comentando sobre el sufrimiento causado por la falsa narrativa de que los ancianos “no son útiles,[18]” insistió en cambiar el mensaje para que los ancianos sean vistos como “los guardianes de las raíces” o “guardianes de la memoria,”[19] una expresión utilizada por el Papa San Juan Pablo II[20]. La vejez, afirmó el Papa Francisco, «es uno de los problemas más urgentes que enfrenta la familia humana en este momento.» [21] Tan intensa fue su atención a este asunto que ofreció un ciclo de 18 catequesis sobre la vejez entre febrero de 2022 y agosto de 2022. Al igual que el Papa Juan Pablo II, quien comentó que los ancianos han entrado en un «período de gracia extraordinaria»,[22]  El Papa Francisco, en continuidad con sus predecesores, afirmó este tiempo de gracia y fue inspirado para establecer el Día Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores,[23] celebrando la importancia del diálogo intergeneracional, un tema para la próxima sesión de esta conferencia.

Recientemente, el Papa León XIV se refirió a los ancianos como «testigos de esperanza» y describió la vejez como un tiempo de gracia, llamándonos «a ayudar (a los ancianos) a experimentar la liberación, especialmente de la soledad y el abandono,”[24] una declaración clara contra la cultura del descarte que, según el Papa Francisco, es una forma de abandono y «una forma de cobardía,»[25] porque como él dijo, «los ancianos no son sobras de la vida, desechos que se puedan descartar.»[26]

Claramente, el abandono de los ancianos es una indicación de que hemos olvidado el significado más profundo del gran mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt. 23:36-40), que amar, como enseñaron Aristóteles y Aquino, es querer el bien del otro por el bien del otro.[27]  Nunca usando sus poderes divinos para beneficio personal, sino solo por nuestro bien, Jesús nos muestra cómo amar[28], presentando los dos grandes mandamientos como un antídoto contra la cultura del descarte.[29]

Tristemente, sin embargo, la cultura de la descarte, señaló el Papa Francisco, “unida al desprecio por la vejez, vista como fragilidad, como decadencia o discapacidad, ha sido la imagen dominante del totalitarismo del siglo XX.”[30]  Esta mentalidad, según el Papa Francisco, ha contribuido a una cultura que está, “acostumbrada a desechar a las personas.” Queremos eliminar nuestro creciente miedo a la debilidad y la vulnerabilidad; pero al hacerlo, aumentamos en los ancianos la ansiedad de ser mal tolerados y descuidados. [31]

La buena noticia es que el paradigma moral del Papa Francisco ha sido adoptado por profesionales legales y médicos católicos, especialmente aquellos que afirman una «cultura de la vida»[32], señalando que el cuidado adecuado para los ancianos incluye satisfacer tanto las necesidades sociales, legales y espirituales, como las necesidades médicas.[33] Estos expertos pueden informar nuestra comprensión acerca de algunos factores que contribuyen a la cultura del descarte. Aunque está más allá del alcance de esta breve presentación, ofrecer un análisis exhaustivo de estos factores, compartiré algunas políticas públicas y tendencias que han socavado nuestra capacidad para proteger a los ancianos del peligro de esta cultura del descarte.

 

  1. Políticas públicas que alimentan la cultura del descarte

Amnistía Internacional[34], en un texto centrado en los derechos de las personas mayores[35], proporciona un análisis perturbador de las políticas implementadas por los gobiernos durante la pandemia de COVID-19, señalando que estas políticas “resultaron en miles de muertes evitables en residencias de ancianos en todo el mundo.” Estas decisiones también crearon niveles sin precedentes de aislamiento social entre las personas mayores.[36]  Ofreciendo los contextos de Bélgica, España, Italia y el Reino Unido como estudios de caso, Amnistía Internacional descubrió que “miles de residentes mayores perdieron la vida innecesariamente, debido a políticas gubernamentales negligentes y a instalaciones médicas con recursos insuficientes.” Este riesgo se agravó para las personas que ya vivían con múltiples complicaciones de salud, incluyendo discapacidades físicas y demencia.[37]  Esto se debió en gran parte, según el informe, a la falta de preparación y recursos para ayudar a los terapeutas en la atención a los ancianos.[38]  Sorprendentemente, Amnistía Internacional informa que los Servicios Nacionales de Salud de Inglaterra “anunciaron la catastrófica decisión de dar de alta urgentemente a los pacientes de los hospitales y enviarlos a residencias de ancianos,” …aumentando el “riesgo de exposición,” contribuyendo a que 42,341 ancianos murieran en residencias de ancianos en el primer año de la pandemia. No solo esto, SINO que el Reino Unido TAMBIÉN prohibió que las personas mayores fueran admitidas en hospitales para recibir cuidados más avanzados.[39]  Hay más. El gobierno del Reino Unido, según Amnistía Internacional, impuso «órdenes generales de NO APLICAR REANIMACIÓN» a los residentes en muchos hogares de cuidado, a menudo sin el consentimiento de los familiares.[40]  El daño colateral más devastador provino del aislamiento de los residentes, quienes no pudieron ver a sus familias y amigos durante muchas, muchas semanas consecutivas.

Los académicos John T. Cacioppo y William Patrick, en su investigación sobre la ciencia de la soledad, encontraron que “las personas con pocos lazos sociales estaban en riesgo de morir por enfermedad isquémica del corazón, enfermedad cerebrovascular, cáncer y una categoría más amplia que incluía causas respiratorias, gastrointestinales y todas las demás causas de muerte.”[41]  En otras palabras, la falta de conexión, incluido el contacto físico, corre el riesgo de volverse «tan perjudicial como la obesidad, la falta de ejercicio o la inhalación de humo cancerígeno.»[42]  Las expresiones físicas de cariño, como los abrazos, aumentan los niveles de oxitocina, la hormona del bienestar.[43] Por el contrario, la soledad «inflige dolor, aumenta las percepciones de estrés, interfiere con la función inmunológica y perjudica la función cognitiva.»[44]  Esta investigación es fundamental para nuestra comprensión del sufrimiento que soportan las personas de todas las edades y estados de vida que viven en aislamiento hoy en día, incluidos los ancianos canadienses durante la pandemia.

En abril de 2020, los canadienses y personas de todo el mundo permanecieron en shock, horrorizados por el descubrimiento de 31 muertes en el hogar de ancianos Herron de Montreal en la provincia de Quebec.[45]  Los informes indicaron que solo quedaban 2 enfermeras para cuidar a 130 residentes ancianos. La proporción habitual, según la Asociación de Enfermeras de Ontario, es de 1:10 durante el día y de 1:14 para el cuidado nocturno. Varios informes descubrieron que los residentes se encontraban deshidratados, «tendidos sin vida en la cama, sin ser alimentados durante días, con excremento filtrándose de sus pañales.»[46]  La indignación llevó al arzobispo Terrence Prendergast, entonces arzobispo de Ottawa, a recordar a los fieles su deber de proporcionar el «cuidado adecuado para los ancianos.»[47] Reaccionando a la noticia de las muertes en los hogares de ancianos, Charles Camosy, en un artículo de opinión para el New York Times, escribió: “Tendemos a ver esto como un fracaso de salud pública, pero esto es un fracaso moral.”[48]  Cuando se trata de los vulnerables, hemos externalizado el cuidado y la empatía a instituciones que están mal equipadas para atender las necesidades multidimensionales de los ancianos, un hallazgo reportado en el informe de la Comisión de Cuidado a Largo Plazo del COVID-19 de Ontario, fechado el 30 de abril de 2021.[49]  El informe de 426 páginas continúa admitiendo que los ancianos y sus familiares “sufrieron un trauma terrible,[50]” debido a “infraestructura inadecuada”[51] y “saturación.”[52]  Estos hallazgos y otros más han llevado a Amnistía Internacional a declarar que los ancianos “tienen derecho a un trato igualitario durante las emergencias sanitarias.”[53] Lamentablemente, en varios países, este no es el caso, especialmente debido a la cultura del descarte alimentada por la legislación relacionada con la eutanasia.

En la edición de septiembre de 2025 de The Atlantic, Elaine Plott Calabro, en un artículo titulado «Canadá se está suicidando», evalúa el impacto de MAID, Asistencia Médica para Morir, el marco legal de la eutanasia en Canadá, legislado en 2016 y actualizado en 2021 para incluir otra vía para pacientes «gravemente enfermos» cuya muerte no es razonablemente previsible. En Canadá y en otras naciones seleccionadas, los cuidados paliativos ya no se limitan a la gestión de síntomas y dolor. «En la última década,» escribe Calabro, «los practicantes de la eutanasia se han vuelto tan familiares como los ortodoncistas o los cirujanos plásticos…» La diferencia es que, hace 10 años, lo que muchos de los asistentes aquí hacen en su trabajo, habría sido considerado homicidio.[54]  Aproximadamente una de cada 20 muertes en Canadá se debe a la MAID y la edad media es de 75 años.[55]

Calabro comparte detalles impactantes sobre por qué las personas consideran la EAM, informando que se sienten como una «carga en un sistema sobrecargado.» De manera similar, un informe preparado por Salud Canadá en 2024 [56] muestra que casi la mitad de todos los canadienses que han muerto por MAID se consideraban una carga para su familia y amigos. Una mujer, citada en el artículo de Calabro, dice que era más fácil para los pacientes obtener la EUT que conseguir una silla de ruedas. Otro anciano, según Calabro, quería morir porque estaba solo, quizás sintiendo que lo habían desechado. Después de descubrir la razón detrás de su decisión, su familia comenzó a visitarlo más a menudo y él canceló su solicitud. Otra mujer, citada en el mismo artículo, admitió que consideró la ELA porque «había luchado sin éxito para obtener servicios adecuados de atención domiciliaria.»[57]  El abandono debido a políticas arraigadas en la «cultura de la muerte,»[58]  el abandono y la falta de recursos han alimentado la cultura de la desechabilidad y distorsionado nuestra comprensión de los cuidados paliativos.

Comentando acerca del verdadero propósito de los cuidados paliativos, el Papa Francisco declaró: «Los cuidados paliativos son una expresión de la actitud verdaderamente humana de cuidar unos de otros, … Es un testimonio de que la persona siempre es preciosa, incluso si está marcada por la enfermedad y la vejez… Hoy en día, «honrar» también podría traducirse como el deber de tener el máximo respeto y cuidar de aquellos que, debido a su condición física o social, pueden ser abandonados en la muerte o «hechos morir».[59]  Un juego de palabras interesante. MAID sí significa «hecho para morir.» Haciendo referencia a Evangelium Vitae,[60] en el mismo discurso, afirma: “El objetivo de los cuidados paliativos es aliviar el sufrimiento en las etapas finales de la enfermedad y al mismo tiempo asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado.” ¿Cuántos ancianos conocen la enseñanza de la Iglesia sobre el control del dolor? [61]  ¿Cuántos están tomando decisiones sin pleno conocimiento y libertad porque tienen miedo? Tristemente, hay ancianos que mueren solos, sin compañía y sin el cuidado adecuado, debido en gran parte a una cultura de negligencia, una cultura de descarte.

Negligencia y la Cultura del Descarte

Esta cultura de negligencia y abandono es especialmente prevalente en tiempos de guerra y desastres naturales. Amnistía Internacional[62] observa que “en los conflictos armados, las personas mayores suelen ser las últimas en huir.” Pueden temer perder sus hogares o sus tierras, que pueden ser su activo más vulnerable. A veces tienen discapacidades físicas, intelectuales u otras que dificultan la huida o el acceso a la información sobre la evacuación.[63]  Tristemente, concluye el informe, “mueren y son heridos en tasas desproporcionadas dando como resultado, una tendencia” que se ha “encontrado en Ucrania; el noreste de Nigeria y Myanmar.”

Esta falta de respeto por la dignidad de los ancianos se ve agravada por la avaricia y una percepción errónea de los ancianos, un caso puntual presenciado en Gusiiland, Kenia. En una Declaración sobre el Linchamiento de Mujeres Mayores, 22 organizaciones de derechos humanos[64] informaron que el acoso y asesinato de mujeres mayores y pobres, acusándolas de brujería, es denunciado como una actividad atroz descrita como «abominable, discriminatoria, injusta, deshumanizadora y profundamente opresiva.»[65]  Informes similares de Ghana muestran que “cientos de mujeres han sido expulsadas de sus comunidades después de ser acusadas de brujería— a menudo por razones que desafían la lógica: la enfermedad de un niño, una cosecha fallida, una disputa familiar, un mal sueño.” La mayoría son ancianas, viudas, pobres o de alguna manera vulnerables, sin hijos ni parientes varones que las protejan. Las mujeres acusadas a menudo se encuentran en uno de los seis llamados «campos de brujas» del país.[66]  La mayoría de los acusadores, según estos informes, son parientes de esposos fallecidos. Los autores de la declaración de Kenia creen que las acusaciones se deben a la codicia y la escasez de tierras, instando al “Gobierno de Kenia a implantar un protocolo que prevea claramente la protección de los derechos de propiedad, tierras y herencia de las mujeres mayores.” Estas mujeres fueron desechadas y asesinadas debido a acusaciones falsas y codicia.[67]

Se nos recuerda en la carta de Santiago (1:27), que “La religión pura y sin mácula delante de Dios, el Padre, es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” Claramente, en estos contextos, este imperativo bíblico no se está siguiendo. Estos son solo algunos de los factores que contribuyen a la cultura de descarte, arraigada en la falta de aprecio por la dignidad de los ancianos, como «guardianes de la memoria», como «testigos de esperanza», como contribuyentes a la sociedad, representando un «tiempo de gracia» para todas las generaciones. ¿Cómo combatimos esta cultura de descarte hacia los ancianos? Concluiré con algunas recomendaciones.

  • La crisis del cuidado a largo plazo no ha mejorado, con informes de muchos países luchando por gestionar, financiar y mantener servicios vitales para una población envejecida.[68] Actualmente, hay una necesidad urgente de reformas en el sistema, desarrollo de la fuerza laboral y participación de múltiples partes interesadas.[69]

Es importante que nos familiaricemos con las leyes existentes sobre el abuso y la negligencia en la atención de los ancianos, incluidas las obligaciones de reporte en las instalaciones de cuidado. ¿Se alinean estas leyes con nuestra enseñanza sobre la santidad de la vida? Paraguay, por ejemplo, protege a los ancianos a través de la Constitución Nacional, artículo 57, y la Ley 1885, que manda una protección integral de los derechos de las personas mayores[70], un ejemplo concreto de política pública que resiste la cultura del descarte. Lucia A. Silecchia, en un artículo sobre la tragedia de la cultura del descarte, concluye planteando «duras preguntas sobre cada nueva ley: ¿A quién descarta la ley?» ¿A quién trata como menos digno de protección o dignidad? ¿A quién ataca y, igualmente importante, a quién ignora? ¿A quién desvaloriza? ¿A quién le quita la esperanza?[71]  La formación de individuos que puedan ser defensores de los ancianos, incluyendo sus necesidades espirituales, médicas, legales y sociales, debería ser una prioridad para la Iglesia. Aunque existen asociaciones de abogados y médicos católicos, como Médicos por la Vida, ¿cómo pueden las diócesis, los seminarios y las facultades de teología contribuir a esta labor esencial de formación para la defensa y el diálogo?

  • Es necesario educar al clero, a los consagrados y a los laicos sobre la ciencia y el costo de la soledad, la necesidad de conexión y contacto humano, y los peligros asociados con la externalización del cuidado y la empatía a instituciones que no se alinean con nuestros valores y nuestro énfasis en una «cultura de la vida». Aunque el ministerio de visitar a los enfermos y a los ancianos está bien establecido, cada vez más diócesis están formando a ministros de atención para que proporcionen atención espiritual y pastoral especializada a las personas mayores, un ministerio esencial.
  • Involucrar a las personas mayores en la vida de la parroquia como voluntarios y «testigos de la esperanza», aprovechando su sabiduría, sus dones y su memoria institucional. Las investigaciones sobre el voluntariado muestran «una mejora en la calidad de vida, redes sociales más fuertes y una menor probabilidad de aislamiento».[72] El Dr. Adam Grant informa de que «hacer tres actos de bondad al azar a la semana es suficiente para reducir la depresión, la ansiedad y la soledad. Es más beneficioso que hacer cosas buenas por uno mismo».[73] Tenemos que desafiar la narrativa de que ya no somos útiles en la vejez, con mensajes e imágenes adecuados de las personas mayores. Además, necesitamos recordatorios periódicos de que nosotros también llegaremos a la vejez. Mi difunta madre siciliana, sin duda inspirada por un dicho que da la bienvenida a los visitantes de la cripta capuchina de Palermo, solía decir: «Hoy yo, mañana tú».
  • Es esencial que todos los estados de vida atiendan las necesidades de nuestros amigos que son miembros del clero o de comunidades religiosas, garantizando instalaciones y recursos adecuados para su cuidado. Muchos esperan seguir viviendo en entornos que les permitan la contemplación pacífica y el acceso a recursos espirituales. Lamentablemente, sin embargo, un estudio de 2020 reveló que la soledad es un problema clave para el clero.[74] Esta soledad puede verse agravada por el gran número de miembros de edad avanzada que pueden tener dificultades para cuidar de otros miembros.

Además, los planes de atención residencial requieren el conocimiento de los carismas y la cultura únicos de ciertas congregaciones. Las necesidades de las órdenes contemplativas pueden diferir de las necesidades de quienes trabajan en otros entornos. Sin duda, hay muchos ejemplos de diócesis, personas consagradas y laicos que dedican tiempo y recursos a este importante ministerio.[75]

  • Aunque las personas mayores sufren de maneras que les son propias, los cuidadores experimentan su propio sufrimiento. Esto implica entregarnos a nosotros mismos, hasta el punto del sacrificio, sacrificando nuestro tiempo, nuestros recursos, ofreciendo amor, conexión y empatía. Por esta razón, necesitamos una catequesis generalizada sobre la enseñanza de la Iglesia sobre los cuidados paliativos y el valor de nuestra participación en el sufrimiento redentor de Jesucristo. Recursos como Horizons of Hope, un conjunto de herramientas sobre cuidados paliativos preparado para las parroquias por la CCCB, nos ayuda a resistir la tentación de la desesperación. Al socavar nuestro aprecio por el valor de ofrecer nuestro sufrimiento, la cultura del descarte ha anulado el valor redentor del sacrificio, un tema clave en la Carta Apostólica Salvifici Doloris del Papa San Juan Pablo II de 1984. Lamentablemente, sin embargo, las políticas enfocadas a explotar nuestro miedo al sufrimiento y a la falta de conocimiento, junto con centrarse tanto en distracciones inútiles y en la autoconservación, nos impiden ayudar a nuestros hermanos y hermanas necesitados, creando obstáculos a los actos de gracia.

Cuando se nos pide que ayudemos a una persona mayor necesitada, ¿decimos: «Si me detengo y dedico tiempo a cuidar de una persona mayor que conozco, de mi familia o de mis amigos, ¿qué pasará conmigo, con mi tiempo libre, con mis recursos, con mi vida?» ¿O nos atrevemos a preguntarnos: «Si no me detengo y dedico tiempo a cuidar de una persona mayor que conozco, ¿qué le pasará a ella?» ¿Quién la cuidará?[76]

  • Por último, el recordatorio de la verdad bíblica de que, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo.[77] En la parábola del juicio de las naciones, Jesús nos recuerda que lo mínimo que hacemos por nuestros hermanos y hermanas, lo hacemos por él (Mt 25, 31-46). Al final de nuestros días, ¿nos dirá el Señor: «Yo era anciano y estaba solo, y vosotros no vinisteis a visitarme, demasiado ocupados con vuestras distracciones y artilugios inútiles»?[78] «Yo me sentía mal y confundido, y vosotros me explotasteis, llegando incluso a acusarme falsamente y a quitarme mis bienes. Estaba muriendo y me privasteis de visitas, de cuidados paliativos adecuados y de contacto humano; en cambio, me ofrecisteis veneno y me dejasteis morir en la desesperación».

¿O dirá el Señor:

 «Era anciano y estaba solo, y tú me visitabas a menudo, mantenías conversaciones significativas conmigo, respetabas mi dignidad y me incluías en los eventos familiares. Me sentía mal y confundido, y tú me protegías, asegurándote de que no se violaran mis derechos y respetando mi dignidad. Estaba muriendo y tú me acompañaste, abrazándome con ternura y recordándome la esperanza de la vida eterna».

Hoy yo, mañana tú.

Gracias y que Dios te bendiga.

[1]  Justin Weinberg, “Against a Throwaway Culture in Philosophy,” July 7, 2025. In this article, Professor Weinberg laments the throwing away of past ideas.

[2] Pope Francis, General Audience for World Environmental Day, June 5, 2013.

[3] Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[4]  Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[5] See Pope Francis, Address to Members of the Diplomatic Corps, January 13, 2014.

[6] Pope Francis, Address to the International Federation of Catholic Medical Associations, 2013.

[7] Pope Francis, General Audience, March 4, 2015.

[8] See LS 22, 43.

[9]  LS 123. victims of human tra icking, (LS 91), and refugees (LS 25), to name a few examples.

[10] Ibid.

[11] Pope Francis includes the unborn, persons with disabilities, people experiencing poverty, (LS 117),

[12] Pope Francis, Letter to the Elderly, October 10, 2019, 10.

[13] EV 94.

[14] Pope Benedict XVI, Visit to the Community of Sant’Egidio’s Home for the Elderly “Viva gli Anziani,”November 12, 2012.

[15] Pope Francis, Speech to Participants at the Plenary Session of the Pontifical Academy for life, March 5, 2015.

[16] Pope Francis, General Audience, June 1, 2022.

[17] Pope Francis, General Audience, March 2, 2015.

[18] Pope Francis, Sunday Angelus, January 29, 2023.

[19] Pope Francis, Letter to the Elderly, October 10, 2019.

[20] See Pope Saint John Paul II, Letter to the Elderly, October 1, 1999.

[21] Pope Francis, General Audience, February 23, 2022.

[22] Pope Saint John Paul II, To the Forum of Participants on Active Aging, September 5, 1980.

[23]World Day of Grandparents and the Elderly falls on or near the liturgical Memorial of Saints Joachim and Anne. Pope Francis instituted the World Day of Grandparent and the Elderly on January 31, 2021.

[24] Pope Leo XIV, Message of the Holy Father for the 5th World Day of Grandparents and the Elderly, July 27, 2025.

[25] Pope Francis, General Audience, June 1, 2022.

[26] Pope Francis, Message for the World Day of Grandparents and the Elderly, July 25, 2021.

[27] See Aristotle, Nicomachean Ethics, Book IX. See also Thomas Aquinas, Summa Theologica, I/II, 26, a. 4.

[28] Gaudium et Spes reminds us that the gift of self includes the love of neighbour: “For this reason, love for God and neighbor is the first and greatest commandment. Sacred Scripture, however, teaches us that the love of God cannot be separated from love of neighbor.” 24.

[29] Mt. 22:36-40. See also, Deut. 6:4-5 and Lev. 19:18.

[30] Pope Francis, General Audience, February 23, 2022.

[31] Pope Francis, General Audience, March 4, 2015.

[32] EV 28.

[33] See Je rey W. Fuchs, and Joseph R. Fuchs, “Countering Throwaway Culture in Daily Clinical Practice,” The Linacre Quarterly, 2021, Vol. 88(1) 65-70. Catholic Medical Association. See also, Lucia A. Silecchia, Laudato Si’ and the Tragedy of the “Throwaway Culture.” CUA Columbus School of Law Legal Studies. Research Paper No. 2017-2 (2017).

[34]  Amnesty International is a global, independent human rights organization that researches and campaigns against abuses of human rights worldwide.

[35] Amnesty International, “Older People’s Rights.” https://www.amnesty.org/en/what-we-do/older-people/

[36] Ibid.

[37]Ibid.

[38] Ibid. The article reports there were sta ing shortages and a lack of Personal Protective Equipment, and proper testing.

[39] Amnesty International, “Why we need a UN Convention on the Rights of Older Persons”, July 2, 2024. https://www.amnesty.org/en/documents/act30/8189/2024/en/

[40] Ibid.

[41] John T. Cacioppo and William Patrick, Loneliness. Human Nature and the Need for Social Connection (New York: W. W. Norton & Company, Inc., 2009), 93. This research was known to me in the 1980’s when I was an undergraduate in Gerontology at McMaster University, Hamilton, Ontario, Canada.

[42] 42 Ibid., 94.

[43] See p. 137

[44] Ibid., 141.

[45] See Josephine Lombardi, “Senior Lives Matter: What Would the Good Samaritan Do?” May 5, 2020. www.josephinelombardi.com. 46 47 48. 50 51. 52 53

[46] Ibid.

[47] Archbishop Pendergrast, “National Mass for Life,” 2020.

[48] Charles Camosy, “What’s Behind the Nursing Home Horror.” New York Times, May 17, 2020. See also Charles Camosy, Resisting Throwaway Culture: How a Consistent Life Ethic Can Unite a Fractured People, (New York City Press, 2019).

[49] Ontario’s Long-term Care Covid-19 Commission Final Report, April 30, 2021. https://files.ontario.ca/mltc ltcc-final-report-en-2021-04-30.pdf. In the 426-page report, the Commission found that the province’s long term care homes had been neglected for decades, p. 2. Moreover, they were not prepared for the pandemic, p. 2

[50] Ibid., 4.

[51] Ibid., 7

[52] Ibid., 24.

[53] Amnesty International, Why We Need a UN Convention on the Rights of Persons.

[54]  Elaine Plott Calabro, “Canada is Killing Itself,” The Atlantic, August 11, 2025. September 2025 Issue, 1. https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2025/09/canada-euthanasia-demand-maid-policy/683562/ 55 Ibid. Currently, MAID is now o ered to patients as part of the palliative care response using a two-track system. MAID exempts health practitioners who directly administer lethal medication, (euthanasia) or prescribe medication (assisted suicide). Catholic hospitals in Canada are not expected to o er MAID. Legislated on June 17, 2016, in Track 1, natural death is reasonably foreseeable. Initially, MAID/Euthanasia was o ered to those who were “gravely ill…and already at the end of life.” In March 2021, the law was then extended to those in Track 2, as an amendment to Canada’s Criminal Code. Track 2 applies to patients who are “seriously ill…but not facing immanent death,

[55]  in other words their death is not reasonably foreseeable. Each track has its own eligibility requirements, regarding medical conditions that are considered, “grievous and   irremediable.” See next footnote.

[56] See Health Canada, Fifth Annual Report on Medical Assistance in Dying in Canada 2023. Published in 2024. https://www.canada.ca/content/dam/hc-sc/documents/services/publications/health-system services/annual-report-medical-assistance-dying-2023/annual-report-medical-assistance-dying-2023.pdf. According to this report, the median age of MAID deaths in Canada is 75. Of those who have died, 47% reported loneliness as a cause of their su ering, no doubt due in part to the throwaway culture. In 2023 there were 19, 660 requests of which 15, 343 received MAID. 95.9% of these deaths were considered foreseeable. By 2027, it is expected that mental health issues alone will su ice to request MAID.

[57] Calabro, Canada is Killing Itself.

[58]  EV 73

[59]  Pope Francis, Address to the Pontifical Academy for Life, March 5, 2015. 60 61

[60]  See EV 65.

[61] The Canadian Conference of Catholic Bishops has prepared an excellent resource, Horizons of Hope, a palliative care toolkit: https://www.cccb.ca/faith-moral-issues/su ering-and-end-of-life/horizons-of-hope-a toolkit-for-catholic-parishes-on-palliative-care/

[62] Amnesty International, Why We Need a UN Convention on the Rights of Older Persons, July 1, 2024.

[63] Ibid.

[64] 64 https://www.helpage.org/silo/files/consortium-press-statement-on-lynching.pdf

[65] Ibid.

[66] Claire Thomas and Nicholas Azebire, “Banished and Forgotten: A Story of Women Exiled Over Witchcraft.”July 30. 2025. Pulitzer Centre. https://pulitzercenter.org/stories/banished-and-forgotten-story-women-exiledover

[67] Although greed of relatives may not lead to the killing of the elderly in other contexts, there are plenty of accounts of elderly people being financially exploited, signing documents without full knowledge and consent, leading to the transfer of assets or other decisions being made with their input.

[68] See Jordan Rau, “What Long-term Care Looks Like Around the World.” November 14, 2023. https://kShealthnews.org/news/article/dying-broke-long-term-care-other-countries/

[69] See Mareike Ariaansa, Philipp Linden, Claus Wendt, Worlds of long-term care: A typology of OECD countries. February 19, 2021. Health Policy 125 (2021) 609–617.

[70] See the National Constitution of Paraguay, article 57 and Law no. 1885/2002 on Older Persons. https://social.un.org/ageing-working  oup/documents/eighth/Inputs%20Member%20States/Paraguay.pdf

[71] https://www.guardianship.org/IRL/Resources/Documents/elder_law_need_emerges_4.pdf, 9.

[72] Employment and Social Development Canada, Report on Seniors, 2021.

[73] In a post on X, Dr. Adam Grant summarized the research found in Maria Naclerio, Erica A. Hornstein, and Naomi I. Eisenberger, “Exploring the ESects of Prosocial and Self-Kindness Interventions on Mental Health.”Emotion. 2025.

[74] See The Centre for Applied Research in the Apostolate, Enter by the Narrow Gate: Satisfaction and Challenges Among Recently Ordained Priests (2020).

[75] In the Archdiocese of Montreal, Canada, Sister Natalia Vazquez, a religious in the Mater Dei Congregation, is the coordinator for the human and spiritual accompaniment of priests. Since 2022 she has assembled a team of 40 registered volunteers to oSer human and spiritual support to elderly priests.

[76] Inspiration for this wording came from the last speech of Martin Luther King, Jr. On April 3, 1968, the day before Martin Luther King Jr. was murdered, he gave his last speech, “I’ve Been to the Mountaintop.” He referred to the parable of the Good Samaritan (Luke 10:31-37) to make a point regarding the support needed by the sanitation workers in the Deep South. He spends time giving some context to the parable, reminding the crowd that the road to Jericho is a “winding, meandering road. It’s really conducive for ambushing.” He proposes that the priest and the Levite are aware of the possibility of ambush and say to themselves, “If I stop to help this man, what will happen to me?” But then the Good Samaritan came by. And he reversed the question: “If I do not stop to help this man, what will happen to him?”

[77] Rom 12,5.

[78] See Neil Postman, Amusing Ourselves to Death. Public Discourse in the Age of Show Business. (London: Viking Publishing, 1985).

LA ADVOCACIÓN DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA

La advocación mariana de Nuestra Señora de la Esperanza, conocida también como Virgen de la O (1), es una de las más extendidas a lo largo y ancho del mundo, acompañando el título de Esperanza a numerosas representaciones de la Virgen.

Es este un nombre bello por sí mismo, lleno de atractivo, coronado, por si fuera poco, por una constelación de mitos (2), leyendas y tradiciones que le dan plena vigencia.

Hasta el siglo VII la iglesia de España no celebraba más que una festividad mariana pero que abarcaba a todas las demás: la Maternidad Divina o la «Fiesta de Santa María» como se la llamaba sencillamente. Así lo podemos apreciar en los antiguos calendarios mozárabes.

La fiesta de la Virgen de la Esperanza se celebra desde tiempos muy antiguos, siendo establecida litúrgicamente en el célebre Concilio X de Toledo (656) donde trataron con toda solemnidad los Padres esta cuestión, tomando parte en este asunto tres grandes Santos: San Eugenio III, San Fructuoso de Braga y San Ildefonso.

Este Concilio dictaminó un decreto por el que se establecía que para dar mayor solemnidad a esta fiesta mariana de la Maternidad Divina «se celebre el día octavo antes de Navidad del Señor y se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su Santísima Madre«, celebrándose por tanto la festividad el 18 de diciembre, momento en el cual la Virgen está en sus últimos instantes de «buena espera» (Expectación del parto de Nuestra Señora).

Con esto los obispos querían resaltar la fiesta de la Encarnación del Verbo en el Seno de María (25 de marzo) y el estado de buena esperanza de María, que por caer muchos años en plena Cuaresma, no permitía celebrar con el debido esplendor estos Misterios. Este decreto aludía a que este día ya se celebraba así en muchas otras Iglesias, pero que para estar de acuerdo con la Iglesia Romana, que lo celebra el día 25 de marzo, se continúe también celebrando aquel día. Desde esta fecha fue la fiesta más solemne que en honor de la Virgen Maria se celebraba en España y de aquí pasó a otras Iglesias.

También en el cristianismo la Esperanza es una de las tres Virtudes supremas (junto con la Fe y la Caridad) de manera que su ausencia produce por sí misma la condenación irremisible.

Todo el tiempo de Adviento es tiempo de «Esperanza» en el Mesías que ha de venir a salvar a la Humanidad.

Los Profetas y Padres del Antiguo Testamento procuraban mantener siempre encendido el fuego de la esperanza en el Mesías venidero. Se oía una voz que decía: «Alegraos en el Señor y de nuevo os lo repito, alegraos, con una alegría inextinguible, porque el Señor esta cerca«. Y otra con acentos mas impacientes: «Alégrense los cielos, salte de gozo la tierra y vosotros, montes de Israel, extended vuestras ramas, cubríos de flores, vestid vuestro ropaje de fiesta… Regocijaos con Jerusalén todos los que la amáis porque he aquí que yo me acerco a ella como un río de paz y como un torrente que inunda de gloria a las gentes«.

La esperanza es una virtud que acompaña al pueblo de Israel a lo largo de toda su historia. El pueblo de Dios tenía clara conciencia de su pecado y de que Dios remediaría su situación. Ahí están los primeros capítulos del Génesis: donde se origina el pecado y la muerte, allí mismo surge la promesa y la esperanza de la redención: «una mujer quebrantará tu cabeza» es la sentencia del Señor a la serpiente infernal.

El pueblo de Israel, alentado por las enseñanzas de los Patriarcas y Profetas, fue creciendo en la esperanza de que Dios le libraría de todos sus males y pecados enviándoles un salvador. Isaías, el profeta de la esperanza, les decía: «De antemano yo os anuncio el futuro… Escuchadme los desanimados que os creéis lejos de la victoria: yo acerco mi victoria, no está lejos; mi salvación no tardará, traeré la salvación a Sión…«.

Pero entre todos los hijos de Israel la que más intensamente vivió la esperanza y ansió el cumplimiento de las promesas fue María. Los Santos Padres nos la presentan en oración, absorta en Dios, cuando recibe la visita del arcángel San Gabriel, pidiendo al Altísimo la pronta llegada del Mesías Salvador. Consciente de su pequeñez bendecía al Señor de quien se sentía esclava. Glorificaba al Señor por su infinita misericordia con los pobres y los humildes. Y, sobre todo, agradecía al Altísimo que hubiese cumplido las promesas que durante siglos habían alentado al pueblo descendiente de Abraham.

Pero María, por ser madre del Redentor y por voluntad del Padre, se convierte en fuente de Esperanza para el nuevo pueblo de Israel. Así lo proclamamos cuando recitamos la salve: «Vida, dulzura y Esperanza nuestra«; en Ella depositamos nuestra esperanza de salvación. Y pensando en su maternidad salvadora, la Iglesia canta: «Nos devolvió la esperanza de vida, que Eva pecando nos quitó» (Vísperas del 22 de agosto).

Ella es, pues, la Esperanza de nuestra salvación en medio de las dificultades de la vida. En la Salve Regina, que con el Padre Nuestro y el Ave María forma el tríptico de las primeras oraciones del cristiano, se proclama a María como nuestra más sólida esperanza. Y así, el Vaticano II no duda en proclamarla Signo de Esperanza, que precede con su luz al pueblo de Dios peregrinante en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor.

Notas

  1. El sobrenombre de «Virgen de la O» le viene porque en el rezo de Vísperas de «La Liturgia de las Horas» (plegarias que realizan los sacerdotes, monjes y religiosos) se cantan desde el 17 de diciembre hasta Navidad, 7 antífonas, una para cada día, dedicadas a Jesús y que empiezan por «OH!»: oh sabiduría, oh Señor, oh retoño de Jesé, oh llave de David, oh Oriente, oh Rey y oh Emmanuel.

Antiguamente, las antífonas empezaban el 18 de diciembre, y como que acompañaban al Cántico de María, de allí que aquél día fuera conocido como el día de María de la O. Recuerda que las antífonas son textos breves que preceden normalmente a salmos y que le dan un modo musical. En las misas que se celebran del 17 al 23 de diciembre, las antífonas acompañan al «Aleluya».

  1. Que uno de los títulos de veneración de la Abogada por excelencia de la Humanidad ante la divinidad, sea la Esperanza no es cosa de ahora, ni es cosa únicamente del cristianismo.

Ya entre los griegos la Esperanza (venerada bajo el nombre de Elpís) era una divinidad alegórica que pasó a los romanos con el nombre de Spes. Era hermana del Sueño (Hipnos), divinidad también alegórica que deja en suspenso nuestras penas. Cuando Epimeteo abrió la Caja de Pandora, que según una tradición contenía todos los males, y según otra más verosímil, todos los bienes que, como tenían alas, salieron volando. Y al cerrar de nuevo la caja, ya sólo quedaba dentro de ella un bien: la Esperanza. Por eso bien dice el refrán que «La esperanza es lo último que se pierde».

Fuente: Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, Málaga

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 7. LA PASCUA DE JESUCRISTO: RESPUESTA DEFINITIVA A LA PREGUNTA SOBRE NUESTRA MUERTE

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¡Bienvenidos todos!

El misterio de la muerte siempre ha suscitado profundas preguntas en el ser humano. De hecho, parece ser el acontecimiento más natural y, al mismo tiempo, más antinatural que existe. Es natural, porque todos los seres vivos de la tierra mueren. Es antinatural porque el deseo de vida y de eternidad que sentimos para nosotros mismos y para las personas que amamos nos hace ver la muerte como una condena, como un «contrasentido».

Muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo. Hoy, en cambio, se observa una tendencia diferente. La muerte parece una especie de tabú, un acontecimiento que hay que mantener alejado; algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad. A menudo, por eso, se evita incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección.

¿Qué es, pues, la muerte? ¿Es realmente la última palabra sobre nuestra vida? Solo el ser humano se plantea esta pregunta, porque solo él sabe que debe morir. Pero ser consciente de ello no le salva de la muerte, sino que, en cierto sentido, le «agobia» más que a todas las demás criaturas vivientes. Los animales sufren, sin duda, y se dan cuenta de que la muerte está cerca, pero no saben que la muerte forma parte de su destino. No se preguntan por el sentido, el fin o el resultado de la vida.

Al constatar este aspecto, se debería pensar entonces que somos criaturas paradójicas, infelices, no solo porque morimos, sino también porque tenemos la certeza de que este acontecimiento ocurrirá, aunque ignoremos cómo y cuándo. Nos descubrimos conscientes y, al mismo tiempo, impotentes. Probablemente de ahí provienen las frecuentes represiones, las huidas existenciales ante la cuestión de la muerte.

San Alfonso María de Ligorio, en su famoso escrito titulado Preparación para la muerte, reflexiona sobre el valor pedagógico de la muerte, destacando que es una gran maestra de vida. Saber que existe y, sobre todo, meditar sobre ella nos enseña a elegir qué hacer realmente con nuestra existencia. Rezar, para comprender lo que es bueno con vistas al reino de los cielos, y dejar ir lo superfluo que, en cambio, nos ata a las cosas efímeras, es el secreto para vivir de forma auténtica, con la conciencia de que el paso por la tierra nos prepara para la eternidad.

Sin embargo, muchas visiones antropológicas actuales prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología. Es el escenario del “transhumanismo”, que se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo. ¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte? Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?

El acontecimiento de la resurrección de Cristo nos revela que la muerte no se opone a la vida, sino que es parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna. La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte.

El evangelista Lucas parece captar este presagio de luz en la oscuridad cuando, al final de aquella tarde en la que las tinieblas habían envuelto el Calvario, escribe: «Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado» (Lc 23,54). Esta luz, que anticipa la mañana de Pascua, ya brilla en la oscuridad del cielo que aún parece cerrado y mudo. Las luces del sábado, por primera y única vez, anuncian el amanecer del día después del sábado: la nueva luz de la Resurrección. Solo este acontecimiento es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte. En esta luz, y solo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz.

El Resucitado nos ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino. Así nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones.

Gracias a Él, que murió y resucitó por amor, con San Francisco podemos llamar a la muerte «hermana». Esperarla con la certeza de la resurrección nos preserva del miedo a desaparecer para siempre y nos prepara para la alegría de la vida sin fin.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor que nos enseñe a vivir cada día a la luz del misterio pascual, caminando con esperanza hacia el encuentro definitivo con Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Llamamiento

Me entristece profundamente la noticia del recrudecimiento del conflicto en la frontera entre Tailandia y Camboya, que ha causado víctimas también entre la población civil y ha obligado a miles de personas a abandonar sus hogares. Expreso a estos queridos pueblos mi cercanía en la oración y pido a las partes que cesen inmediatamente el fuego y reanuden el diálogo.

Fuente. The Holy See

VIRGEN MARÍA, PERMANENTE ENCUENTRO CON JESÚS

La vida de la Virgen María fue un permanente encuentro con Jesús. Para todas las madres, el primer encuentro con su hijo ocurre en el momento mismo de la concepción. Allí se produce un encuentro único, personal, íntimo, irrepetible, que seguramente marcará la relación entre madre e hijo durante toda la vida. El encuentro primero de María con Jesús fue con Jesús hecho embrión. Este encuentro tuvo un momento emotivo y culminante cuando el niño salió del seno de María y pudieron tener su primera relación cara a cara, mirándose a los ojos.

Los encuentros de María con Jesús a lo largo de su vida fueron constantes. Siendo Jesús adolescente, peregrinaron a Jerusalén y allí el joven no regresó con sus padres. Estos fueron a buscarle y le encontraron en el templo de Jerusalén. Allí María le hizo un cariñoso reproche: “¿por qué nos has tratado así a tu padre y a mi?”, ¿por qué nos has dejado sin decirnos nada? En este encuentro, María empezó a darse cuenta de que los hijos tienen que hacer su propia vida, su propio recorrido, y que los padres deben dejarles libres, eso sí, acompañando en la distancia y comprendiendo. Son muchos más los encuentros que ocurren entre María y su hijo Jesús a lo largo de la vida de este último, y en bastantes de esos encuentros Jesús vuelve a marcar distancias con las pretensiones de su madre (cf. Mc 3,20-21.31-35; Jn 2,3-4), pero son distancias que no separan, sino que van educando a María y haciéndole comprender el destino de su hijo.

Los encuentros de María con Jesús, durante su vida terrena, terminan al pie de la cruz. Pero se continúan con Cristo resucitado, pues el Resucitado se hace presente en la comunidad, en el grupo de los creyentes, en los que siguen su camino. Y allí, en este grupo, estaba María, acompañada de otras mujeres seguidoras de Jesús, tal como dice explícitamente el libro de los Hechos (1,14). María estaba perfectamente integrada en el grupo de los creyentes.

Como Jesús nunca separa ni acapara, María tiene encuentros con muchos otros que necesitan su ayuda y su consuelo, empezando por su encuentro con su parienta Isabel, recién embarazada, y acabando con su encuentro con el discípulo amado de Jesús, al pie de la cruz. Los encuentros con Jesús siempre nos conducen a los hermanos.

Si María es la mujer del encuentro con Jesús, eso solo es posible en una mujer sin pecado, sin macula. Inmaculada. Pues el pecado siempre separa de Dios y separa de los hermanos. Todos los encuentros son momentos de gracia, pues en todo verdadero encuentro está presente el Espíritu de Dios, a veces de forma inconsciente y otras de forma consciente. El pecado nos hace menos humanos y, por eso, menos amigos. En el mal no es posible la amistad, solo la complicidad.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM (III)

Los poderes públicos deben ayudar y respetar sus derechos y si no, sería dignos de repulsa. Pensad que la protestar civil penetre en la intimidad de los hogares, eso sería un error grave y pernicioso. Pero si la familia se encuentra en situación de extrema necesidad, es justo que los poderes públicos la socorran, porque cada familia es una parte de la sociedad. Y si dentro del hogar se produce una alteración de los derechos naturales la potestad civil deberá amparar el derecho de cada persona; pero no puede ser absorbida por los poderes públicos.

Los hijos son algo de los padres y se encuentran bajo su protección hasta la mayoría de edad.

Cuando los socialistas quieren anular la autoridad de los padres, obran contra la justicia natural y destruyen la familia que es la sociedad más antigua.

La igualdad que pretenden sería una situación general y miserable de todos los hombres. Debe rechazarse de plano esa fantasía del socialismo de reducir a común la propiedad privada, puesto que atacaría a los que quiere socorre quitando les los derechos naturales de las personas, y perturbando las instituciones del estado.

Se ha de tener como fundamental que el principio de la propiedad privada a de conservarse inviolable.

El Papa firma sin temor a equivocarse, que serán inútiles y vanos los intentos de los hombres si se da de lado a la iglesia, pues se saca del evangelio las enseñanzas para resolver el conflicto o hacerlos más soportables, pues trata de encauzar la vida y las constructores de cada uno con sus preceptos.

La iglesia mejora la situación de los proletarios, con muchas instituciones por ejemplo Caritas, congregaciones religiosas…  (Atendiendo a los más pobres y más necesitados)

La finalidad es mirar por el bien común de la clase obrera, a tal fin debe orientarse las mismas leyes y autoridad del estado.

La condición humana no se puede igualar y hay grandes diferencias, no son iguales los talentos, las habilidades, la salud, ni las fuerzas, ni la estatura; y de estas diferencias brota la diferencia de la fortuna.

Los socialistas pretenden la igualdad de los hombres; pero las leyes naturales indican lo contrario.

El trabajo lleva fatiga y sufrimiento el fin de estas adversidades, no se darán en la tierra, son consecuencias del pecado. Sufrir y padecer es cosa humana y nadie lo puede impedir, si alguno alardea de que pueden lograrlo y prometen a las clases humildes una vida exenta de dolor y de calamidades llena de placeres; esos engañan al pueblo y cometen fraude y acabarán produciendo males mayores que los presentes.

Rvdo. D. Pascual Millán Arregui