LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA LUCÍA

Su historia ha llegado hasta nosotros a través de las actas del martirio, tradiciones, narraciones populares y leyendas. Lucía nació a finales del siglo III en Siracusa (Italia), en una familia rica y de alto rango. Educada cristianamente, era aún muy niña cuando quedó huérfana de padre. Su madre Eutiquia la crió con amor y dedicación. Aún adolescente, Lucía planea consagrarse a Dios, pero custodia este deseo en el corazón. Ignorando las intenciones de su hija, Eutiquia la promete como esposa –según la costumbre de la época- a un joven de buena familia pero no cristiano. Lucía no revela su intención de mantenerse virgen por Cristo, y pospone la boda con diversos pretextos, confiando en la oración y en la ayuda divina.

El viaje a Catania y la intercesión de Santa Águeda

En el año 301, Lucía y su madre se dirigen en peregrinación a Catania, para visitar el sepulcro de Santa Águeda. Eutiquia sufría de hemorragias y, a pesar de numerosas y costosas curas, no mejoraba. Madre e hija desean pedir la gracia de la curación mediante la intercesión de Santa  Águeda, joven mártir de Catania.

Así, el 5 de febrero llegan a las laderas del Etna; es el dies natalis de Águeda. Participan en la celebración eucarística junto a la tumba de la santa. Y sucede que, “al oír el episodio evangélico de la hemorroisa, que logró curarse con sólo tocar el borde del vestido del Señor, Lucía se dirigió a su madre diciendo: ‘Madre, si prestas fe a las cosas que se han leído, creerás también que Águeda, que padeció por Cristo, tiene acceso libre y confiado a su Tribunal. Por tanto, toca con confianza el sepulcro de ella, si quieres, y quedarás curada” (Pasión de Santa Lucía).

Eutiquia y Lucía se acercan entonces a la sepultura de Águeda. Lucía reza por su madre e implora para sí misma la gracia de poder dedicar su vida a Dios. Absorta en una especie de sueño, como en éxtasis, ve a Águeda entre ángeles que le dice: “Lucía, hermana mía y virgen del Señor, ¿por qué me pides lo que tú misma puedes conseguir? Tu fe ha sido de gran ayuda para tu madre, ella está ya curada. Y del mismo modo que la ciudad de Catania está llena de gracias por mí, así la ciudad de Siracusa será preservada por ti, porque ha agradado a Nuestro Señor Jesucristo que tú hayas conservado tu virginidad”. Cuando vuelve en sí, Lucía narra su visión a la madre, le revela su propósito de renunciar a un esposo terreno y le pide permiso para vender su dote con el fin de hacer obras de caridad para los pobres.

El martirio

Desilusionado y resentido, el joven que ambicionaba su mano la denuncia al prefecto Pascasio, acusándola de rendir culto a Cristo y de desobedecer las normas del edicto de Diocleciano. Arrestada y conducida ante el prefecto, Lucía se niega a sacrificar ante los dioses, y profesa su fe con orgullo: “Yo soy una sierva del Dios eterno, que ha dicho: ‘Cuando os lleven ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo habéis de hablar o qué habéis de decir en defensa propia, porque en aquel mismo momento el Espíritu Santo os enseñará lo que debéis decir’”.

Le pregunta Pascasio: “Entonces, ¿tú crees que tienes el Espíritu Santo?”. Lucía responde: “Lo ha dicho el Apóstol: ‘Los castos son templo de Dios, y el Espíritu Santo habita en ellos’. Pascasio, para desacreditarla, ordena que sea conducida a un prostíbulo. Pero Lucía declara que no cederá a la concupiscencia de la carne, y que como su cuerpo sufrirá violencia contra su voluntad, ella seguirá siendo casta, pura e incontaminada en el espíritu y en la mente.  Cuando tratan de llevársela, los soldados no consiguen moverla. Atada de pies y manos, no logran arrastrarla ni siquiera con la ayuda de bueyes. Exasperado por este extraordinario hecho, Pascasio dispone que la joven sea quemada viva. Pero el fuego no la daña. Furibundo, Pascasio ordena que Lucía sea decapitada, y así muere la joven mártir el 13 de diciembre del año 304.

Fuente: Vatican News

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (III)

El Jesuita Albert Evrard es Profesor titular de catedra de Vulnerabilidades y Transformaciones del Derecho, en la Facultado de Derecho del Instituto Católico de Toulouse.

El sentido de la vida cuando esta se alarga

«Hoy celebramos el V Día Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, cuyo lema es: «Feliz el que no ha perdido la esperanza». Contemplemos a nuestros abuelos y a las personas mayores como testigos de esperanza, capaces de iluminar el camino de las nuevas generaciones. No los dejemos solos, sino que establezcamos con ellos una alianza de amor y oración» (Papa León XIV, Ángelus, 27 de julio de 2025).

A Su Eminencia el Cardenal Prefecto, Monseñor, Señor Abad, Reverenda Madre, Reverendo Padre, Señora, Señor, Señorita,

A todos ustedes que participan, ya sea en persona o a distancia, en este 2.º  congreso internacional dedicado a la pastoral relacionada con las personas mayores.

En primer lugar, debo agradecer su invitación a los miembros del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Es un signo de la providencia estar asociado a este encuentro y un honor, así como una responsabilidad, tomar la palabra esta mañana con unas palabras introductorias.

Introducción

Se me ha pedido una intervención inicial de 25 minutos sobre el sentido de la vida asociado al alargamiento de la misma en el mundo contemporáneo. El reto es apasionante, pero la complejidad está ahí.

No hay una red social global  que no te hable hoy de ello, interrumpiendo un reportaje interesante sobre el taichí para personas mayores de 50 años, entrevistando a una persona que tiene 70 pero aparenta 20 menos. No hay ninguna plataforma dirigida al gran público que no le hable de invertir en criptomonedas o en el sector inmobiliario, porque la vida se alarga. No hay ningún medio de comunicación que no le hable de la duración de esta vida más larga, que hay que asegurar, o incluso prolongar, con una dieta especial. No hay ninguna revista dedicada a la tercera o a la cuarta   edad que no proponga alargar el tiempo de vida en el hogar ofreciéndo rampas adaptadas, fijadores de alfombras para evitar caídas, un servicio de televigilancia integrado en el estudio de movimientos las 24 horas del día, un elevador fácil de instalar en cualquier escalera, una bañera con puerta baja que simula una ducha, más fácil de acceder… Todo está pensado para proponer y atraer hacia el «más tiempo» mediante el cuidado de uno mismo y de su entorno. Ante esto, hay que tomar distancia.

En primer lugar, el discurso está contextualizado. Es el de un jurista internacionalista, formado en teología, que también habla desde su propia experiencia de fe  y de su presencia junto a personas mayores en diferentes ámbitos.

En segundo lugar, el discurso es una introducción a tres jornadas que conforman un programa de reflexión, intercambio, oración y celebración. Esto debe hacernos atentos a la obra del Espíritu de Dios.

Por lo tanto, se trata tanto de sugerir lo suficiente sin influir demasiado desde el principio como de aportar novedades que puedan ser útiles para lo que se desarrollará durante los próximos días.

Para retomar modestamente las palabras del Papa León XVI durante la 5.ªJornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, lo que buscamos juntos, con el Señor, es «iluminar el camino de las nuevas generaciones», de personas cuya vida se alarga, y también de otras generaciones, sin «dejar solos» en un aislamiento o abandono eclesial [y no social o no solo social  ] a las personas que viven esta etapa de la vida, ya sean cercanas o alejadas de la fe, distantes o no de las comunidades cristianas, y especialmente a las personas que no viven una feliz soledad de plenitud pasando por un abandono al Señor  .

A partir de ahí, el tema se desarrolla en diferentes puntos. Tras una introducción (1), se trata de fijar el objetivo de esta contribución y la forma de entender la vida que la enmarca (2), y a continuación se aborda el sentido de la vida en relación con el alargamiento de la misma (3). Todo ello antes de concluir.

  1. Precaución necesaria

Antes de comenzar, hay que preguntarse si no existe un prisma relacionado con valores que no son necesariamente universales y una gran variedad de vidas que se alargan, incluidas aquellas que no lo hacen. También hay que plantearse la cuestión de la relación entre las situaciones particulares y el tema situado y universal que atravesará todos nuestros intercambios.

Por un lado, el anclaje de la reflexión está vinculado al contexto de las sociedades occidentales, quven cómo su modelo de atención sanitaria, por ejemplo, se reproduce en muchos otros países. Prueba de ello es la aparición, hace casi 20 años, de las primeras residencias de ancianos en Kinshasa, por ejemplo, mientras que en Seúl existen desde 1980-1990. Es también en Europa, esa «vieja dama», donde se celebra este coloquio y donde se ha formado y pensado gran parte de los ponentes de este congreso, empezando por mí, aunque vivan en otras partes del mundo.

Por otra parte, el arraigo en el cristianismo aporta una matriz que, con vocación universal y extendida universalmente, informa en diferentes grados la concepción que se tiene del ser humano, y por tanto de la persona mayor, en diferentes sociedades. Así, el cristianismo aporta claves de lectura de la vida que son universales e inculturadas. Por ejemplo, el alargamiento de la vida no se entiende sin el relato del Génesis (2:17), que indica que Dios creó al ser humano inmortal, pero que por el pecado (alejarse de la relación, del amor, que es la ley última de Dios), perdió esa inmortalidad  . A partir de ahí, la duración de la vida es limitada y el alargamiento de la vida se concibe en este marco. La Doctrina Social de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios, enriquece también la visión de la realidad social y eclesial del envejecimiento, de la vida que se alarga.

Segundo ejemplo: este prisma también se marca cuando nos preguntamos quién es la persona mayor tal y como la define el mundo. La respuesta será diferente según las sociedades. Si, por ejemplo, el contexto francés permite decir que el término persona mayor es «una expresión utilizada generalmente para designar a una persona que ha alcanzado la vejez según los criterios de la sociedad occidental (signos fisiológicos, sociales, de dependencia…)», esta expresión no es satisfactoria, ya que todo individuo envejece, es mayor sin haber alcanzado la vejez. Por otra parte, los criterios a veces serán diferentes en otros contextos.

Además, si bien la edad numérica se utiliza a menudo para calificar la vejez y se establece una jerarquía entre las personas mayores, las personas de edad avanzada y las personas de edad muy avanzada: «Este tipo de distinción se sustituye hoy en día por una clasificación de la persona en función de su estado de salud y dependencia, más que en función de su edad»  .

Esta afirmación, realizada hace 15 años, plantea una pregunta: ¿no es necesario un nuevo enfoque, por ejemplo, basado en el desarrollo humano o, para ser más precisos, en el desarrollo exitoso? Esto nos llevaría directamente a la cuestión del sentido cuando la vida se alarga, situada en el ámbito del desarrollo individual (que no es solo un asunto personal), inscrito a su vez en el ámbito más amplio del desarrollo sostenible (que es asunto de todos).

Añadamos que la aportación del psicoanálisis, por ejemplo a través de la teoría sociodesarrollista en ocho etapas de la vida de Erik Erikson, completada en los años noventa por su esposa Joan, entonces de 93 años, que reflexionaba sobre una novena etapa propia de la vejez, parece ir en la línea de esta propuesta  . Se trata, efectivamente, de considerar la continuidad de la vida.

Otro ejemplo tiene que ver con la semántica y sus sucesivos cambios. Sin duda, lo importante es conservar el significado de las palabras en su ámbito propio, para no dar rienda suelta a las ideologías. Por ejemplo, podría ser interesante hablar de longevidad aumentada para variar la expresión «la vida que se alarga», aunque esta expresión es muy utilizada por el transhumanismo, que rompe el sentido de la vida más que unificarlo y cumplirlo en la persona humana, que parece abandonar su humanidad básica para construirse a sí misma.

Por último, en un libro reciente titulado Oldyssey. Un tour del mundo de la vejez. En encuentro con las iniciativas que acercan a las generaciones, dos jóvenes de casi treinta años basan su iniciativa en la «intuición» de que, en lo que respecta a la vejez, «la imagen que transmiten los medios de comunicación quizá no sea tan deprimente como parece». Parten de su propia experiencia: sus propios abuelos, que les «fascinan» y se convierten así en «una puerta abierta a un mundo que creemos que nunca alcanzaremos, la vejez». Según ellos, son «la prueba de que este vínculo puede seguir siendo alegre». Su deseo de «explorar el mundo de los ancianos», dicen, «surgió poco a poco de la discrepancia entre nuestra experiencia personal positiva y la forma angustiosa en que se habla de los ancianos en Francia». Añaden: «Si lo miramos de cerca, todos los estereotipos («los viejos son tristes», «los viejos se quejan», «los viejos no sirven para nada», etc.) se desvanecen cuando esos mismos viejos tienen un nombre, un rostro, una historia»  .

En este sentido, cabe preguntarse si esta puerta abierta a un mundo que no pensábamos alcanzar —la prolongación de la vida— no requiere matices. ¿No es así en todas las etapas de la vida? Si cada uno de nosotros se proyecta en el futuro, ¿lo hace a los 10, a los 30 o a los 50 años? ¿Y a los 80 o 90 años, cómo nos proyectamos? Por otra parte, ¿difiere la forma de hablar de las personas mayores en Francia de la de otros países? ¿No debemos también tomar conciencia de esos estereotipos mundanos que, sin duda, se difunden en las comunidades cristianas, para poder deshacernos de ellos? ¿Cómo cultivamos en nuestras comunidades ese vínculo alegre que viven estos dos jóvenes autores? ¿Cómo conservamos un nombre, un rostro y una historia para los mayores de nuestras comunidades? Es el Señor quien llama a cada uno por su nombre, es en los demás donde se ve el de Cristo. ¿Qué decir de su historia sagrada?

Recordemos que, a partir del acercamiento a las personas mayores por parte de quienes viven con ellas, se ponen de manifiesto dos cosas.

En primer lugar, «una paradoja del envejecimiento», con sus dos vertientes. Por un lado, «cuanto más envejecemos, más felices somos», ya que la conciencia de la finitud nos hace centrarnos en lo esencial. Por otro lado, si gracias a la ficción «que permite imaginar cosas, pero también hacerlas colectivamente» (citando al profesor Yuva Nohal Arari – Sapiens, una breve historia de la humanidad), impulsados por la idea del progreso, los avances en todos los ámbitos han contribuido a alargar la esperanza de vida, esa misma ficción «puede desviar o distraer peligrosamente», en particular cuando postula la inferioridad de unos seres respecto a otros: los esclavos frente a los ricos, los negros frente a los blancos, las mujeres frente a los hombres. Añadiríamos, los viejos frente a los jóvenes»  .

Así, los sueños (que aportan una verdad relacionada con Dios  ) sobre nuestros mayores pueden ir en la dirección que la sociedad les da, suponiendo que logremos distinguirlos de los sueños, las pesadillas, los delirios… En este punto, hay que preguntarse si este enfoque colectivo de la paradoja del envejecimiento no debe situarse también en el plano individual. También en este caso, la toma de conciencia de la finitud, en el momento en que se presenta, puede suscitar una concentración en lo esencial, pero también puede desviar o distraer…

En segundo lugar, el hecho de moverse, como han hecho estos dos autores, fuera de Francia, ha suscitado iniciativas en Francia. Todas ellas parecen tener dos características: 1) parten del mundo asociativo, del ámbito y el espacio local: «A veces, el gobierno ha seguido el ejemplo, permitiendo el desarrollo, la replicación y la perpetuación del modelo. En resumen, ya no es momento de planes quinquenales»; 2) cada movilización, «incluyendo a los mayores», ha dado un resultado «único, atípico e increíblemente inspirador»  . ¿No debería utilizarse este recurso en la Iglesia, en las comunidades cristianas? ¿Cómo aprovecharlo para dinamizar ciertas cosas? ¿Para burlarse del espíritu maligno?

Por último, añadamos, basándonos en la experiencia personal, confirmada por la lectura, que el discurso «impuesto» sobre la fe que precede a la experiencia  a menudo impide que las personas mayores o aquellas que sienten que están entrando en la vejez expresen sus afirmaciones o interrogantes sobre la amplia cuestión del sentido de la vida. El lugar que ocupa la escucha también está en cuestión. Además, esta expresión, a menudo, aunque no siempre, cuestiona una formación cristiana, una práctica cristiana, a menudo marcada por un Dios justiciero y aterrador más que amoroso. El resultado es que las personas tienden a cerrarse como una ostra cuando esto ocurre.

  1. Objetivo del discurso, marco de pensamiento de la vida

La introducción que aquí se desarrolla no debe situarse en el ámbito de la teología moral o bíblica, aunque haya referencias a ella.

Objetivo del discurso

Se trata de abordar la realidad de las personas mayores de hoy pensando también en las de mañana, centrándose en la cuestión del sentido de la vida, en relación con la prolongación de la misma. Se trata de formular y suscitar las preguntas que plantea esta articulación, subrayando las preocupaciones de nuestros contemporáneos, a menudo alejados de la fe, incluso hostiles a ella, pero que la pastoral acoge, y también las de las personas mayores que reviven una primavera de su fe en el otoño o el invierno de su vida. Por lo tanto, se tratará de situar el tema en el plano del entorno mundano y de la comunidad de fieles de Cristo.

Retomando el comienzo de la catequesis del papa Francisco sobre la vejez (23 de febrero de 2022): «Junto con las migraciones, la vejez es una de las cuestiones más urgentes que la familia humana debe afrontar en este momento. No se trata solo de un cambio cuantitativo; lo que está en juego es la unidad de las edades de la vida: es decir, el punto de referencia real para la comprensión y la apreciación de la vida humana en su totalidad»  . Es precisamente la cuestión del sentido de la vida la que se plantea cuando la vida se alarga.

Pero, ¿Cómo reflexionar teniendo en cuenta este punto de referencia real para comprender y apreciar la vida? Y hacerlo en su totalidad, porque sin ello, la distorsión hace perder tanto el significado como la dirección, la sal como el sabor de la sal.

Marco de pensamiento de la vida

Para reflexionar sobre esta totalidad, la filosofía aporta tres términos ajenos a las Escrituras, pero utilizados en la traducción griega, a los que se añade el aliento de vida procedente del Antiguo Testamento (la carne y el aliento, que designan los días dados por el Señor: la vida). La ventaja es que esto coincide con un punto de vista pagano que es el de nuestros contemporáneos. Basta con ver el éxito de gurús de todo tipo, las secciones de revistas de bienestar y psicología de los puntos de venta en estaciones de tren o aeropuertos. Todo ello da testimonio de una gran demanda de lo inmediato, pero también de la sed de un sentido de la vida que hay que construir. Por otra parte, los mismos elementos contribuyen al enfoque cristiano de lo que es la vida, del sentido de la misma cuando la vida se alarga.

El primer término es bios (βίος). Se refiere a la vida biológica, en sus dimensiones física, temporal, espacial e individual. Es la vida medible, la del cuerpo, desde el nacimiento hasta la muerte. Está relacionada con la salud, con todo lo que organiza las condiciones de la vida cotidiana, podríamos decir. Respaldada por la idea del progreso (infinito), la ciencia, la tecnología y la medicina se ocupan del bios, buscando prolongar o mejorar la vida física. La prolongación de la vida afecta directamente a esta dimensión.

En cuanto al sentido, hay que preguntarse si ocuparse del bios es suficiente para dar sentido a la vida. En una visión cristiana, si el cuerpo es el templo del espíritu al que habla el Espíritu de Dios (1 Corintios 6:19), también es perecedero. El cuidado del cuerpo es importante, pero no debe convertirse en un absoluto que haga perder la relación con Dios  .

El segundo término es psique (ψυχή). Se refiere más bien a la conciencia, a la personalidad. Se refiere a la vida interior, emocional e intelectual. En resumen, a menudo se asocia con el alma en la filosofía griega y en algunos pasajes bíblicos. La idea de una vida más larga afecta directamente a esta dimensión, ya que conlleva una mayor sabiduría, pero también más soledad o sufrimiento psíquico.

En cuanto al sentido de la vida, hay que preguntarse cómo se tienen en cuenta las emociones, las elecciones (autonomía e independencia), la memoria de las personas mayores, cómo esto determina los vínculos que tejen o abandonan para realizarse plenamente, cómo determina los vínculos en la comunidad cristiana entre sus miembros y los compromisos y responsabilidades mutuas entre los mayores y todos los demás.

El tercer término es zoé (ζωή). Aquí se habla de la vida en Dios, eterna, espiritual. El punto que se destaca aquí es el sentido pleno de la vida, su totalidad. En el cristianismo, esto se encuentra plenamente. Jesús dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). Este elemento alimenta la relación entre el creador y la criatura y la criatura y su creador de la que habla San Ignacio de Loyola, que es precisamente lo que llama la atención de toda pastoral para que esta relación no se vea sofocada o abandonada, sino que, por el contrario, se mantenga cuando las dimensiones físicas y psíquicas se debilitan o parecen debilitarse. La vida se entiende aquí como comunión recíproca.

Por último, a estos tres elementos se suma un cuarto procedente del Antiguo Testamento: la vida como aliento. Podríamos decir que esta concepción, procedente del judaísmo, aporta un elemento de calidez y dinamismo que moviliza a los otros tres y se refiere al corazón, lugar por excelencia del latido de la vida  . El cuidado del corazón, de todo lo que genera y regenera la vida en cada uno  , ¿no es también a lo que se dedica la pastoral?

Para un texto que articule las cuatro dimensiones del bios, la psique, la verdad y la vida plena en Dios, y el aliento de vida, lea dos magníficas páginas del P. Teilhard de Chardin que hablan de su avanzada edad y de su deseo y esperanza, de la manera de realizarse plenamente a la que aspira  . Si el yo debe ser transformado y no preservado (Mateo 16:25), el P. Teilhard de Chardin muestra la dinámica tal y como se produce en él: su bios y su psique deben divinizarse disminuyendo para, a través de la muerte, entrar en la vida plena en Dios (destino y origen de toda persona humana y de toda la humanidad).

  1. El sentido de la vida en relación con el alargamiento de la misma

A partir de estos supuestos, de este objeto y de este marco de referencia, ¿cómo entender qué es el sentido de la vida y en qué medida el alargamiento de la vida modificaría la comprensión de este sentido de la vida? Hay muchos aspectos que destacar y seguramente se dejarán algunos fuera.

Visto desde fuera, sin tener en cuenta las causas de ello  y sin cuestionar la experiencia individual que plantea la pregunta de si la prolongación de la vida es solo una percepción propia de cada uno  , el tiempo de la vida que se alarga  , dado que se muere más tarde, en promedio, va de unos 20 a 40 años, según cada persona.

Esta es una forma de plantear la cuestión. Sin embargo, ¿es pertinente pensar calculando de esta manera? ¿Qué aporta proyectarse así?

Podríamos decir que esta duración acumula la paradoja del tiempo, al menos tal y como se vive en el plano subjetivo. Por un lado, se puede percibir, si se pregunta a las personas mayores, como un tiempo que se acelera. Entonces no hay tiempo que perder y las cosas tienen que suceder de inmediato…Por otro lado, también es la duración que se alarga cuando uno encuentra que ya no hay nada que hacer en la vida…

¿Qué hacer con esta duración que, pensándolo bien, es bastante difícil de imaginar? Quizás el sueño habitado por el buen Espíritu nos ayude en ello…

Sin embargo, muchas personas no parecen plantearse la cuestión del sentido de la vida.

Por otra parte, ¿cuál es el sentido de esta vida que se alarga, cuando la pobreza o la riqueza extrema lo reducen todo a lo inmediato? ¿Cuál es el sentido de la vida cuando las fuerzas físicas, mentales, volitivas, cognitivas y memorísticas declinan, cuando los puntos de referencia ambientales, conductuales y de valores vacilan porque ya no son reconocibles ni compartidos, y cuando la sociedad tiene dificultades para reconocer a los mayores, invisibilizados y cuyo valor se menosprecia o se niega? ¿Se puede afirmar —lo que sería peligrosamente reduccionista— que estos declives y pérdidas eliminan la relación que podemos tener con la vida y, por lo tanto, toda posibilidad de buscar y encontrar un sentido en ella?

Por otro lado, ¿qué hay de las personas que viven el presente en la desesperación, medicada o no, o en la euforia del entretenimiento continuo, siempre que sea posible, o tan sumergidas en el sufrimiento o el dolor que es su día a día de supervivencia, que la cuestión del sentido de la vida les parece un lujo o algo muy lejano? Y, sin embargo, si hablas con estas personas, quizá oigas más que aquí…

Por último, para otras personas, la pregunta no se plantea: creyentes, están seguras de que, al confiar en el Señor, es Él quien se encarga de ello. La historia atribuida a San Juan Berchmans, entonces joven jesuita en formación en Roma en el siglo XVII, cuenta que cuando le preguntaron qué haría si Dios viniera a reclamarle la vida en ese mismo instante, respondió que seguiría haciendo lo que estaba haciendo. En ese momento, simplemente estaba jugando a la pelota con sus compañeros. En resumen, para algunos se trata de vivir el momento presente sin preocuparse por el futuro. Para otros, la fe aporta una perspectiva particular. Es como si vivir en Dios no exigiera cuestionarse el sentido de la vida, porque en Dios está ese sentido, a la vez como causa, dirección, historia y explicación y, finalmente, todo significado. Al mismo tiempo, eso no significa que estemos liberados de toda reflexión…

El hecho es que son muchas las personas que se sienten excluidas, descalificadas como personas, tratadas como objetos. Esto hace referencia a una concepción del ser humano marcada por la autonomía (el poder de decidir por uno mismo) y la independencia (el poder de actuar por uno mismo) absolutas, en un entorno impregnado de utilitarismo, capitalismo, jeunismo/edadismo  . Al perder toda expectativa como sujetos, la cuestión del sentido de la vida y la respuesta a esta pregunta conducen a estas personas a un callejón sin salida del que parece difícil salir, sobre todo porque se ven obligadas a vivirlo con un sentimiento de soledad, incluso de abandono.

En su caso, la respuesta a la pregunta se encuentra entonces en el sentimiento de inutilidad, de relegación, de obsolescencia  , o en una tensión constante por mantenerse al día, que puede llegar hasta la desposesión, incluso el odio hacia uno mismo. Aquí la cuestión es saber si el sentido de la vida viene definido por valores colectivos ya asimilados o por valores que uno piensa por sí mismo, distintos de los de la sociedad.

En una sociedad así, hay que preguntarse si la respuesta individual a la pregunta sobre el sentido de la vida no choca con la organización de una «vida despojada», desconectada del corazón, del aliento de la vida  . Los individuos estarían como orientados (después de haber sido desorientados) a buscar un sentido a la vida, exclusivamente en el éxito individual, la acumulación de bienes materiales, en la búsqueda del placer inmediato. En esta sociedad, responder a la pregunta del sentido con soluciones técnicas o económicas, sin abordar las dimensiones espirituales, existenciales y afectivas, o marginándolas, ¿no conduce al mismo resultado de una vida sin aliento, sin sal, sin sabor, en la que nos ocupamos del bios y de la psique borrando el zoé?

Por comodidad, resulta entonces fácil, por ejemplo, hacer aceptar leyes penales excepcionales que desafían la prohibición de «no matarás» al establecer la eutanasia. En términos más generales, ¿no vemos también indicios progresivos de respuestas que hacen temer la instauración gradual de un gerontocidio, como solución a la pregunta  : ¿qué hacer con el exceso de personas mayores?

¿No significa esto también imponernos pensar en la prolongación de la vida como un hecho con consecuencias necesariamente negativas, lo que descarta cualquier forma positiva de plantear la cuestión de otra manera, viendo en el «exceso» una oportunidad para crecer juntos?

Además, ¿no es el contexto favorable para ello? ¿Cómo abordar, por ejemplo, en Europa, en un contexto pospandémico, los múltiples retos políticos, económicos y sociales relacionados con el aumento de la esperanza de vida, como la financiación de las pensiones y la calidad de la atención sanitaria, cuando los déficits públicos son abismales y los gastos militares van en aumento en un mundo en el que la paz se ve amenazada? ¿No se está instalando una presión difusa que empuja a las personas mayores a considerarse un estorbo en una sociedad que parece decírselo de múltiples maneras?

Así, el ser humano sufre en varios niveles que describen bien las diferentes dimensiones que se suelen atribuir al sentido de la vida. Sufre, fracasa o renuncia:

1)           a aclarar una trayectoria personal que tenga una dirección (que tenga sentido);

2)           a situar su vida en una historia personal y en una historia más amplia que la suya (que tenga sentido);

3)           a cultivar relaciones humanas significativas (que tengan sentido), ya que se ve atrapado en relaciones profesionalizadas, gerenciales, administrativas, incluso en el ámbito de la salud, la educación permanente o la justicia;

4)           a vivir en coherencia con los buenos valores personales orientados a actuar correctamente con los demás, teniendo en cuenta las capacidades que se reducen y las fragilidades que surgen (que forman sentido y dan sentido);

5)           a vivir conectado con la fuente de la vida, su vibración, y obtener de ella una paz profunda, una paz que ayude a acoger y no a huir de lo que se presenta (a seguir buscando el sentido).

Esta afirmación parece abrumadora y lo es. La pregunta surge a menudo en boca de muchas personas, independientemente del momento de su vida en el que se encuentren, ya sean jóvenes, adultos, mayores o muy mayores. Entonces nos planteamos otra pregunta para nosotros mismos, pero también para los demás, en este caso para las personas mayores: ¿merece la pena vivir, engendrar?  Así, las generaciones jóvenes de hoy en día están tan preocupadas que algunos de sus miembros llegan a ser antinatalistas, a rechazar tener descendencia por motivos económicos o medioambientales (GINK: Green Inclination No Kids  ). La pandemia ha aportado otro ejemplo en relación con las personas mayores.

Entonces, ¿qué significa vivir más tiempo, teniendo en cuenta este aumento de la esperanza de vida? ¿El sentido de la vida es el que pensamos con la inteligencia? ¿El que proyectamos sobre nosotros mismos o sobre los demás? ¿El que vivimos, el que sentimos?

No nos equivoquemos, más fundamentalmente, lo que está en el centro de este tipo de reacción es la aceptación o no de la propia vida y la de los demás, en nombre de un egocentrismo excluyente y encerrado, al que el creyente responde con un teocentrismo acogedor y liberador.

Entonces hay que preguntarse si, en lugar de sentirnos abatidos, el alargamiento de la vida y el envejecimiento colectivo no nos brindan, por el contrario, una oportunidad, un deber de insuflar otro sentido a la sociedad. ¿No pasa esto por retomar el control de uno mismo para preguntarse qué hacemos con nuestra vida? ¿Una especie de cambio de rumbo h  ? ¿Un retorno a una humanidad más sensible, más frágil? ¿No pasa esto por la búsqueda de un sentido que calme los temores, que aleje el miedo que paraliza?

Y si entonces el sueño nos invitara a pensar en la imagen del investigador en la noche, ¿no sería entonces indispensable una iluminación para buscar un sentido?

¿El sentido de la vida vendrá entonces de la iluminación que se ha cambiado en la sociedad dentro de ciertos grupos, del espacio que se deja a cada uno para determinarse en relación con este y forjarse su propia opinión, formar sus elecciones entre alternativas reales, o vendrá de otra parte?

En el cristianismo, la cuestión debe examinarse en la teología fundamental, por ejemplo. ¿Es adecuado hablar de etapas de la vida? ¿Es adecuado considerar el alargamiento de la vida distinguiendo etapas ? El corazón, que experimenta íntimamente el Espíritu de Dios, ¿no es capaz de renovarse en cualquier momento de la vida humana, alcanzando la misma unión que abolió y la sensación del paso del tiempo?

Sobre todo, ¿no parece que el alargamiento de la vida ofrece más tiempo humano para que el Señor entre en ella y actúe, y más tiempo divino para que el hombre se abra a la presencia del Señor y a su llamada constantemente renovada? Pensando en la eutanasia, ¿no es entonces principalmente rechazable porque consiste en una decisión humana que priva al Señor de seguir actuando en nosotros para contribuir misteriosamente a nuestra realización? ¿No aportan los cuidados paliativos este respeto por el tiempo de Dios?

En definitiva, se trata de mostrar que la vida que se alarga, lejos de relegar a las personas mayores a un segundo plano, es capaz de situarlas en el centro del sentido de la vida y de que sean testigos y transmisoras de él. ¿Esta conciencia del sentido de la vida y de esta responsabilidad surge con el tiempo? ¿Está relacionada con una circunstancia particular? ¿Llega al sentir que se acerca la muerte, en los últimos meses o semanas que la preceden? Sin duda, esto depende de la experiencia de cada uno.

Lo que es seguro es que la vejez es, por así decirlo, para cada uno, lo diáfano, «la transparencia que hace visible el sentido»  . Esto es infinitamente valioso. Aunque se descuida en gran medida, es lo que toda persona necesita, pero también, creemos, la sociedad en su conjunto.

Esta es la perspectiva que se ha invitado a considerar durante estos tres días sobre toda la realidad, alegre o difícil, del alargamiento de la vida y el sentido que hay que darle.

Albert Ed. EVRARD sj

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1La Red Mundial de Oración del Papa (RMPP) atrae al menos a entre 6 y 7 de cada 10 personas mayores de 60 años.

  2Desde mis años como estudiante y abogado en Bruselas, antes de ingresar en la Compañía de Jesús, el interés por las personas mayores como ciudadanos de pleno derecho, titulares de libertades y derechos, pero también de responsabilidades, ha sido una constante en mi vida. En 2003 defendí una tesis sobre este tema en la Universidad Pontificia Lateranense, bajo la dirección del profesor Buonomo, a quien nunca agradeceré lo suficiente que aceptara este tema que, en 1996, fue rechazado por las demás universidades a las que me dirigí en aquel momento.

El autor también participó, a nivel nacional, entre 2010 y 2013, en grupos de reflexión formados en el Ministerio francés de Familia en torno al envejecimiento y, a nivel universal, desde el inicio del proceso en 2008 (Ginebra), ha participado en los trabajos del Grupo Abierto sobre el Envejecimiento con el objetivo de reforzar los derechos humanos de las personas mayores (UN-OWGA, 2010-2024) y, en particular, durante los últimos cuatro años, al servicio de la Representación Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas (Nueva York). De quien, por último, desde que era estudiante, acompaña a personas mayores (en particular, como voluntario con San’Egidio en Trastevere) y hoy en día aborda, para grupos o en cursos, ciertas cuestiones, en particular las relacionadas con el final de la vida y el no abandono de las personas mayores.

3PETIT FRÈRES DES PAUVRES, Muerte social: Luchemos contra el alarmante aumento del aislamiento de las personas mayores

30 de septiembre de 2021 (Última actualización: 17 de junio de 2024): «530 000 personas mayores de 60 años se encuentran en situación de muerte social. Esto equivale a una ciudad como Lyon». El informe de 2025 señala que hay 750 000 personas afectadas. Un grave aumento.

4Foucauld GIULIANI, La vie dessaisie. La fe como abandono más que como dominio, París/Perpiñán: Desclée de Brouwer, 2022, p. 105.

5 Herbert HAAG, Dizionario biblico. Turín: Società Editrice internazionale, 1963, V° Vita, durata e valore della vita, pp. 1072-1073. También se puede encontrar como fundamento bíblico el libro de la Sabiduría 2:23. Y sobre la pérdida de la inmortalidad a causa del pecado: Romanos 5:12; I Corintios 15:21). Sobre la duración limitada de la vida, véase el salmo 90:10 o el Eclesiastés 18:9.

 6 DICASTERIO PARA LOS LAICOS, LA FAMILIA Y LA VIDA, La riqueza de los años. Actas del primer congreso internacional sobre la pastoral de las personas mayores, Roma, 29-31 de enero de 2020, 20-28. Encontrado en: https://www.laityfamilylife.va/content/laityfamilylife/fr/anziani.html

 ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA Y DICASTERIO PARA EL DESARROLLO INTEGRAL, La vejez: nuestro futuro. La situación de las personas mayores después de la pandemia. 2 de febrero de 2021. Encontrado en: https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pont-acd_life_doc_20210202_vecchiaia-nostrofuturo_fr.html

 PAPA JUAN PABLO II, Carta a las personas mayores del Papa Juan Pablo II del 1de octubre de 1999. Encontrado en: https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/fr/letters/1999/documents/hf_jp-ii_let_01101999_elderly.html

PONTIFICIO CONSEJO PARA LOS LAICOS, Dignidad y misión de las personas mayores en la Iglesia y en el mundo. 1 de octubre de 1998. Encontrado en: https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/documents/rc_pc_laity_doc_05021999_older-people_fr.html

7  Richard VERCAUTEREN (dir.), Diccionario de Gerontología Social, Toulouse: Érès, 2010, V° Persona mayor, p. 182.

8  Erik, Joan ERIKSON, The Life Cycle Completed, Nueva York: W.W. Norton & Cie, 1997, 144 p.; Beata E. BUGAJSKA, «The Ninth Stage in the Cycle of Life – Reflections on E. H. Erikson’s Theory». En Ageing and Society, 2017, 37, n.º 6: 1096. Encontrado en: https://doi.org/10.1017/S0144686X16000301.

9 Julia MOURRI, Clément BOXEBELD, Oldyssey. Un tour del mundo de la vejez. En encuentro con las iniciativas que acercan a las generaciones, París: Editions du Seuil, 2019, p. 11-14. Sin duda, esta iniciativa puede servir de inspiración para convertirse en trotamundos de la Iglesia y descubrir otras iniciativas existentes que van en la misma dirección. La existencia de un congreso internacional que prevé momentos de intercambio y narración de experiencias va en esta dirección.

 10 In ibidem, pp. 205-206.

 11 Antonio Minissale, Piccolo Dizionario biblico, Milán: Jesus/San Paolo, 1988, p. 168.

 12En ibídem, pp. 205-208.

 13Ibidem, p. 141.

 14PAPA FRANCISCO, Catequesis sobre la vejez. Encontrado en el sitio web: https://www.vatican.va/content/francesco/fr/audiences/2022/documents/20220223-udienza-generale.html

15También podemos pensar en la historia del Libro de Job. Lo pierde todo, pero conserva su relación con el Señor. Con ella, atraviesa la prueba de sucesivas pérdidas, incluida la salud, para salir adelante y recuperar la vida con todo su sentido. Prueba de ello es que lo recupera todo y más.

16  L. COENEN, E. BEYREUTHER, H. BIETENHARD, Dizionario dei concetti biblici del Nuovo Testamento, Bolonia: Edizione Dehoniane, 1976, p. 2090, 2008-2018.

 17 Pensemos aquí en Nicodemo, que fue a encontrarse con Jesús para preguntarle sobre la posibilidad de renacer (Juan: 3: 1-21).

18  P. TEILHARD de CHARDIN, Le Milieu divin. Ensayo de vida interior. París: Editions du Seuil, 1957, p. 94-96.

  19Podemos citar el ámbito de la salud (genética, medicina, incluida la geriatría, que debería adquirir la importancia que tuvo la pediatría en su momento, farmacia, gerontología), el ámbito social (gerontología, epigenética y profesiones sociales), el ámbito de las tecnologías y la ingeniería (mecánica, electrónica, IA, TIC, digital y nanotecnologías), el ámbito del mantenimiento de la paz (no en todas partes…), el ámbito de las finanzas y la economía (sin que ello suponga el mismo beneficio para todos…), el ámbito del acceso a la cultura y la educación (permanente para las personas mayores que tienen acceso a ella, con la gerontagogía que aporta pedagogías adaptadas…). En derecho, la cuestión del sentido de la vida se aborda en términos jurídicos en torno al concepto de dignidad, que suscita cuestiones bastante similares a las del sentido de la vida. En cierto modo, la ausencia de dignidad equivale a una ausencia o pérdida del sentido de la vida.  Jill MAX, «Living longer, living better», en Yale Medicine Magazine, otoño de 2024 (número 173), informe especial sobre la ciencia del envejecimiento: «La gerontología representa un cambio de paradigma, pasando de un enfoque específico de la enfermedad a un enfoque más orientado a la biología para ralentizar el envejecimiento y, en última instancia, aumentar la esperanza de vida saludable». Encontrado en el sitio web: https://medicine.yale.edu/news/yale-medicine-magazine/article/living-longer-living-better/. Larry S. TEMKIN, «Is Living Longer Living Better?», en Journal of Applied Philosophy, 9 de julio de 2008.  Encontrado en el sitio web: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1468-5930.2008.00411.x.

20La percepción individual está relacionada, por ejemplo, con: 1) la percepción del tiempo que cambia.  Así, los años pueden parecer más cortos o más largos según las etapas de la vida; 2) la calidad de vida varía.  Por lo tanto, vivir más tiempo no siempre significa vivir mejor; 3) la sociedad que valora el culto a la juventud. Esto descalifica la longevidad, por un lado, para aquellos que adoptan los códigos de la juventud en su vejez y, por otro, para aquellos que se excluyen a sí mismos al marginarse cuando ya no viven según esos códigos.

21Charles KOUYOUMDJIAN, Seniors porteurs de fruits. ¡La vida cristiana no se detiene a los 60 años! Charols: Editions Excelsis, 2024, p. 78-85; Robert REDEKER, Bienheureuse vieillesse, Mónaco: Editions du Rocher, 2015, p. 52.

22  Robert REDEKER, Bienheureuse vieillesse, Mónaco: Editions du Rocher, 2015, p. 17, 23, 33. La obsesión por la juventud y el rendimiento puede conducir a la marginación de las personas mayores, creando en ellas un sentimiento de pérdida de valor y utilidad. Las sociedades contemporáneas valoran la autonomía y el rendimiento, pero esto puede exacerbar el sentimiento de aislamiento de las personas mayores.

23  PAPA FRANCISCO, Carta encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la Casa Común, 24 de mayo de 2015. En cuanto a la «cultura del desperdicio», véanse los párrafos: 16, 22, 43. Las personas mayores, al igual que otras personas frágiles o en situación de fragilidad, o incluso las denominadas vulnerables, llegan a ser consideradas como «desechos» en una cultura dominada por ideas similares y sus fundamentos ideológicos.

24 Henri J. NOUWEN, Walter J. GAFFNEY, Aging. The fulfillment of Life, Nueva York, Londres, Toronto: Doubleday, 1974, págs. 86, 153.

25  Nadine BERNARD, «Viaje a tierras gerontocidas: ¿la eliminación de los ancianos como remedio para la vejez?», en Cahiers des études anciennes [En línea], volumen 55 (LV), 2018, publicado en línea el 6 de mayo de 2018. Encontrado en el sitio web: http://journals.openedition.org/etudesanciennes/1102

 (Consultado el 11 de septiembre de 2025). Las sociedades antiguas practicaban el geronticidio. Antes del monoteísmo judío y la llegada de Cristo al mundo, el geronticidio se aceptaba o no en función de los valores que circulaban en una sociedad, independientemente del valor intrínseco y absoluto de la vida humana referida a la imagen y semejanza de Dios.

 26 El término GINK no corresponde a una edad concreta. Sin embargo, se refiere a personas en edad de procrear, es decir, personas de entre 20 y 40 años. Esto incluye a las generaciones más jóvenes, como los millennials (nacidos entre 1981 y 1996) y, en ocasiones, a los miembros de la generación Z (nacidos después de 1997). Se toma la decisión consciente de no tener hijos. Esto se debe principalmente a razones ecológicas (problemas medioambientales) o éticas (crisis globales). La decisión suele estar motivada por una visión pesimista del futuro o por el deseo de reducir la huella ecológica.

27  Aquí también hay que meditar sobre la figura de Nicodemo, junto con la de Jacob, quien, en su lucha con el enviado del Señor, se niega a rendirse: «No te dejaré ir hasta que me bendigas» (Génesis 32:27).

  28Jacques FANTINO, «¿Es pertinente hablar de las edades de la vida en el cristianismo?» (2008). Le Portique. Revista de filosofía y ciencias humanas, n.º 21. Las edades de la vida, p. 3-4. Encontrado en: https://doi.org/10.4000/leportique.1753.

 29 Foucauld GIULIANI, La vida despojada. La fe como abandono más que como dominio, París/Perpiñán: Desclée de Brouwer, 2022, p. 43.

PRIMER VIAJE APOSTOLICO DEL SANTO PADRE LEON XIV: TURKIA Y LIBANO EN CONMEMORACIÓN DEL CONCILIO DE NICEA

León XIV, el primer papa originario de Estados Unidos, emprendió el jueves su primer viaje internacional como pontífice con una visita a Turquía que marca el inicio de una gira de seis días que también incluirá Líbano.

Su paso por una región dividida por diferencias religiosas será analizado con lupa en busca de señales que indiquen cuál es su postura en cuestiones geopolíticas delicadas.

En la mayor prueba diplomática de su papado, León intentará tender puentes con líderes musulmanes y patriarcas cristianos ortodoxos. También se reunirá con el presidente de Líbano, Joseph Aoun, como parte de su viaje..

Sus sosegadas intervenciones, la suavidad de su voz, nos dejan unos riquísimos textos con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea.

Os dejamos los enlaces a  las intervenciones del Papa León XIV en los  actos más relevantes del viaje.

1.- Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, DISCURSO DEL SANTO PADRE. Ankara, Palacio Presidencial

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251127-turchia-autorita.html

2.- Encuentro de oración con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y operadores pastorales en la Catedral del Espíritu Santo, DISCURSO DEL SANTO PADRE. Catedral del Espíritu Santo (Estambul)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251128-turchia-clero.html

3.- Visita a la residencia de ancianos de las Hermanitas de los Pobres. SALUDO DEL SANTO PADRE. Estambul.

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251128-turchia-anziani.html

4.- Encuentro ecuménico de oración cerca de las excavaciones arqueológicas de la antigua Basílica de San Neófito en İznik. Discurso del Santo Padre. İznik

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251128-turchia-incontro-ecumenico.html

5.- Doxología en la Iglesia Patriarcal de San Jorge. Saludo del Santo Padre. Iglesia Patriarcal de San Jorge (Estambul)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251129-turchia-doxologia.html

6.- Declaración Conjunta del Santo Padre León XIV y SS. Bartolomeo I.  Encuentro y firma de la Declaración conjunta. Palacio Patriarcal (Estambul)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2025/documents/20251129-dichiarazione-congiunta.html

7.- Santa Misa en el «Volkswagen Arena» Homilía del Santo Padre. «Volkswagen Arena» (Estambul)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251129-messa-istanbul.html

8.- Visita de oración a la catedral armenia apostólica. SALUDO DEL SANTO PADRE a Su Beatitud, el Patriarca Armenio Sahak II. Estambul

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251130-turchia-visita-cattedralearmena.html

9.- Divina Liturgia en la Iglesia Patriarcal de San Jorge. Discurso del Santo Padre al fin de la Liturgia Divina. Iglesia Patriarcal de San Jorge (Estambul)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251130-turchia-divina-liturgia.html

10.- Conferencia de prensa durante el vuelo Estambul-Beirut. Vuelo papal.

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251130-libano-volo-andata.html

11.- Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Discurso del Santo Padre. Beirut

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/november/documents/20251130-libano-autorita.html

12.- Visita y oración en la tumba de San Charbel Maklūf en el monasterio de San Maroun en Annaya. Saludo del Santo Padre. Annaya.

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13.- Encuentro con los obispos, sacerdotes, consagrados, consagradas y agentes pastorales en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano. Discurso del Santo Padre. Santuario de Nuestra Señora del Líbano (Harissa)

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/december/documents/20251201-libano-clero.html

14.- Encuentro ecuménico e interreligioso en la Plaza de los Mártires de Beirut. Discurso del Santo Padre.

Pincha el enlace para acceder al texto completo:

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/december/documents/20251201-libano-incontro-ecumenico.html

15.- Encuentro con los jóvenes en la plaza frente al Patriarcado de Antioquía de los maronitas. Discurso del Santo Padre. Bkerké.

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/december/documents/20251201-libano-incontro-giovani.html

16.- Visita a los trabajadores y pacientes del hospital «De La Croix» en Jal ed Dib. Saludo del Santo Padre.

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https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/december/documents/20251202-libano-ospedale-delacroix.html

17.- Santa Misa en el «Beirut Waterfront». Homilia y Llamamiento del Santo Padre al finalizar la Misa. Beirut.

Pincha  el enlace para acceder al texto completo:

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251202-messa-beirut.html

ADVIENTO, PRESENCIA COMENZADA DE DIOS

El Adviento y la Navidad se han convertido en fiestas profanas. Los cristianos debemos aspirar a vivir un Adviento y una Navidad auténticos, según su sentido religioso. ¿Cuál es el sentido del Adviento? Este término no significa espera, como algunos suponen, sino que es la traducción de la palabra griega parusía, que significa bien la presencia, bien la llegada de personas, cosas o sucesos importantes.

Adviento significa pues la presencia comenzada de Dios. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, aunque ahora está presente de manera oculta. Y segundo, esta presencia aún no es total, sino que está en proceso de crecimiento y maduración. Su presencia ha comenzado, pero somos los creyentes los que debemos hacer presente a Dios en el mundo. Como bien dice el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 50), “en la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se transforman con mayor perfección en imagen de Cristo, Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos Él mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino”.

Por medio de nuestra fe, esperanza y amor, Dios hace brillar su luz en la noche del mundo. Por eso, las luces que encendamos en nuestras celebraciones de Adviento son, por una parte, expresión de nuestra certeza de que la luz del mundo se encendió en Belén y allí se manifestó el gran amor de Dios a todos los seres humanos. Y por otra, nos recuerdan que esta luz puede seguir brillando si los cristianos continuamos la obra de Cristo.

Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero todavía no manifestada en plenitud. Por eso, el cristiano no mira solo lo que ya ha pasado, sino también lo que está por venir. En un mundo en guerra, donde mucha gente sufre, un mundo en el que parece que cada uno solo piensa en sus propios intereses egoístas, el cristiano vive en la esperanza de que la luz de Cristo, ahora en parte escondida, un día se manifestará plenamente y el bien triunfará definitivamente: el día en que Cristo vuelva. La presencia de Dios será un día presencia total.

Celebrar el Adviento es despertar a la presencia de Dios oculta entre nosotros. Pero para ello es necesario un camino de conversión, alejarnos de tantas cosas bien visibles y tangibles que nos separan de Dios (nuestra ambición de dinero, nuestra ansia de poder, de dominio y de placer descontrolado, nuestros egoísmos y enemistades) para abrirnos a lo invisible, y aprender que no hay alegría más luminosa que la que nace del seguimiento de Cristo, transformando nuestra vida según los valores del Evangelio. En definitiva, vivir tal como indica la carta de San Pablo a los romanos que leeremos en la Eucaristía de este primer domingo de adviento: “dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo”. Quién celebre así el Adviento podrá vivir una Navidad llena de gracia.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

SOBRE RERUM NOVARUM II

Hay un gran cambio en la sociedad que es pasar de los antiguos medios de artesanos a una revolución industrial, con los empresarios acumulando riqueza y una desenfrenada codicia que es condenada por la Iglesia. (Que es la asuro y la codicia desenfrenada), pues los ricos tienen en su mano la contratación del trabajo el control de las relaciones comerciales, que se hayan sometidas al poder de unos pocos opulentos y adinerados han impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre de proletarios.

Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indefensos contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada, quieren que todos los bienes sean comunes y administrándolos por personas que rigen el municipio o gobiernan la nación y después distribuir por igual las riquezas y el bienestar para todos, así se podría curar el mal presente.

El Papa considera que esta medida no resuelve el problema y que perjudica a las propias clases obreras, es injustas por ejercer violencia contra la legítima propiedad y altera la misión de la República.

Por esta razón, el trabajo que aportan los obreros, es procurar algo para si y algo que pueda ahorrar y así pueda asegurarse más su vida y la de su familia. En esto consiste la propiedad de las cosas tanto en los muebles como en los inmuebles.

Los socialistas empeoran la situación de los obreros en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad; privándoles de su libertad les despojan de la esperanza y facultad de aumentar sus bienes familiares. Además promueven un remedio en contra de la justicia en cuanto que poseer algo en privado es un derecho dado al hombre por naturaleza.

El hombre es anterior al estado y tiene el derecho de velar por su vida y por su cuerpo, la propiedad privada es la más conforme con la naturaleza del hombre, las leyes civiles cuando son justas deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza de este derecho del que hablamos. Y esto esta en linea con  la autoridad de las leyes divinas que prohíben hasta el derecho de lo ajeno. “No desearas la mujer de prójimo, ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno ni nada de lo que fuera suyo”

Los derechos individuales tienen más fuerza cuando se hayan ligados a los deberes, la familia verdadera sociedad, la más antigua tiene unos derechos y unos deberes. En relación al género de vida puede optar por seguir a Jesucristo sobre la virginidad o ligarse con el derecho matrimonial.

La familia como sociedad es anterior a la sociedad civil por lo cual sus derechos y deberes son también anteriores y más naturales.

Rvdo. D. Pascual Millán Arregui

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA BÁRBARA

Santa Bárbara, tan célebre en la Iglesia, tanto griega como latina, vino al mundo hacia la mitad del tercer siglo. La opinión más verosímil es que era de Nicomedia en Bitinia: su padre se llamaba Dióscoro, uno de los más furiosos secuaces del paganismo que jamás se conocieron; tan obstinado y tan adicto a las extravagancias y supersticiones de los paganos, que su devoción y su culto a los falsos dioses iban hasta el delirio y la necedad. Era, por otra parte, de un humor extravagante y de un natural cruel, teniendo todas sus inclinaciones bárbaras: no tenía más que esta hija, en la que Dios había juntado todas las calidades y prendas que hacen mirar a las de su sexo; una belleza extraordinaria, un talento superior, un alma noble y tan amiga de la razón, que desde su infancia se admiraba en ella una prudencia sin igual.

Por más bárbaro que fuese Dióscoro, no dejaba de amar a su única hija apasionadamente; y este misántropo era tan idólatra de su hija como de sus falsas divinidades. El temor de que hubiese otro que la amase tanto como él, le hizo tomar la ridícula resolución de hacerla invisible a los hombres. Hizo construir un cuarto acomodado en una alta torre, donde la encerró con algunas criadas desde su primera juventud; y como había reconocido en ella un espíritu extraordinario, quiso cultivarla, para lo cual la puso maestros.

Creciendo Bárbara en edad, crecía igualmente en espíritu y en sabiduría: sus delicias eran contemplar el cielo, y aquella multitud innumerable de estrellas, astros y planetas que le hermosean. No era menor la atención, admiración y gusto con que observaba la revolución periódica de los cielos y de las estaciones: el curso de los astros tan regular, y toda la armonía que advertía en la Naturaleza, la embelesaban; y, elevándose sobre, los sentidos con las solas luces de la razón, decía: ¡ Cuál debe ser la sabiduría infinita, el poder sin límites del Artífice que ha criado todo este vasto universo, que ha arreglado con tanta habilidad todas las partes de que se compone, y que le conserva con tanto orden? ¿Quién se, atreverá a imaginar, que esta grande obra, que este vasto y magnífico palacio ha sido fabricado por sí mismo, ó que este mundo tan unido, tan bien ordenado y tan adornado ha sido hecho por el acaso? ¿Quién no reconoce en este todo y en todas sus partes un Ser soberano, y una suprema inteligencia que lo conserva y lo gobierna? ¡Qué poco merecen nuestros dioses el nombre que llevan! ¡Qué divinidades tan ridículas! Se sabe cuándo nacieron estos pretendidos dioses: ellos no existieron siempre; luego no se han criado a sí mismos ; porque, cuando uno no existe, no puede producirse ni criarse; luego es preciso que haya una suprema inteligencia, un Ser soberano, que no haya comenzado jamás a existir.

Hecha cristiana Bárbara, conoció luego que la verdad no podía encontrarse sino en un espíritu verdaderamente cristiano. Ilustrada por las: luces de la fe, no halló gusto en adelante sino en las máximas del Evangelio. Haciendo impresión la gracia en un alma tan inocente, no aspiró sino a la soberana felicidad. El mundo la pareció no tener cosa que fuese digna, dé un corazón cristiano. La virginidad con especialidad la parecía una virtud tan preciosa y tan, amable, que hizo propósito de perder antes la vida que este rico tesoro; siendo, la augusta calidad de esposa de Jesucristo el solo objeto de su ambición y de su ternura.

Como Dióscoro tenia distintas miras en cuanto a su hija, y ésta era su ídolo, pensó en buscarla un establecimiento correspondiente a su mérito y a sus prendas: desde luego, se le presentó un partido ventajoso, qué debía hacerla una de las señoras más principales dé la provincia. La hizo Dióscoro la proposición, y se la dotó, con todo lo que podía tentar a una señora joven. El desprecio con que miró la Santa este matrimonio no hizo que su padre perdiera de todo punto las esperanzas; el cual, teniendo que hacer un viaje, creyó que el tiempo la mudaría, y que a su vuelta la encontraría más dócil: nuestra Santa en este tiempo pidió a su padre que mandara hacerla en lo más bajo de la torre un baño para su uso. Consintió Dióscoro en ello, no atreviéndose a negar cosa, alguna a su hija : ella misma trazó el plan, y su padre mandó a los albañiles que hicieran cuanto antes la obra. Habiendo partido Dióscoro, nuestra Santa dió priesa a los obreros; pero lo que quería no era un baño, sino una capilla: mandó hacer en ella tres ventanas que, a falta de imágenes, la representaban el misterio de la Santísima Trinidad.

Habiendo vuelto Dióscoro de su viaje, corre adonde estaba su hija, la abraza, y, no dudando qué hubiese mudado de sentimientos sobre el partido que la había propuesto, la pregunta sí permanece siempre resuelta a no admitir el casamiento. Nuestra Santa le responde que la ternura con que ama a su padre no la permite apartarse de él para pasar a la casa de un esposo. Vos, padre mío, sois ya viejo, le dice con un tono tierno y afectuoso; permitid que, cuide yo de vuestra vejez. Dióscoro; enternecido y embelesado de una respuesta tan oficiosa y tan obligatoria, no la habló más de casamiento, pero, imaginando que la soledad en que había criado a su hija fuese la causa de lo disgustada que estaba del mundo, determinó ponerla en su casa, y hacerla tratar con toda especie de gentes.

La Santa sintió vivamente dejar su soledad; pero instruida por el Espíritu Santo, y fortalecida con la gracia; determinó hacérse un retiro interior en el fondo del corazón, en donde esperaba no perder jamás de vista a su Dios. Como su padre era el pagano más supersticioso que se vió jamás, había procurado llenar su casa de ídolos: al entrar Bárbara en ella quedó sorprendida de esta tapicería; y, no pudiendo disimular su indignación, dijo a su padre con un tono indignado : ¿Qué hacen aquí todos estos ridículos muñecos? Dióscoro, herido vivamente de esta pregunta, y de los términos de menosprecio de que se había servido para burlarse de. sus dioses, la respondió con un tono áspero mezclado de amenazas : ¿Cómo hablas así? ¿Llamas muñecos a los sagrados ídolos de nuestros dioses? ¿Ignoras acaso el respeto que se les debe, y a qué castigo se expone el que les insulté? Nuestra Santa, movida de compasión a vista de una ceguedad tan lastimosa, y animada al mismo tiempo de un nuevo celo, le dice: ¿Es posible, padre mío, que un hombre del juicio y cordura que Vos tenga por dioses a las obras de los hombres? ¿Ignoráis las infamias de una Venus, y los horrendos desórdenes de un Marte, de un Neptuno, de un Apolo, de un Júpiter? Esta sola multiplicidad de divinidades ¿no es el mayor monstruo que se puede pensar? Sabed, padre mío, que no hay más que un solo Dios, el cual es el Ser supremo, Criador de todas las cosas, todopoderoso, infinito, soberano Señor del Universo, sólo Juez árbitro de la suerte de todos los hombres; y este Dios único, y sólo digno de respeto y adoración, es el Dios de los cristianos ; toda otra divinidad es una pura quimera. Dióscoro estaba tan aturdido de lo que oía, que parecía haber quedado yerto todo el tiempo que duró el razonamiento. Mas, volviendo de su pasmo, se abandonó a su natural fogoso y brutal; y haciéndole olvidar su cólera que era padre, arrebatado de un furor que no le permitía usar libremente de la razón, corre a tomar el sable para degollar a su hija, jurando por sus dioses que él mismo ha de ser su verdugo. No ignoraba la Santa lo que era capaz de hacer su padre; y así creyó que debía quitarle la ocasión de cometer un tan horrible parricidio. Escapando, pues, de su furor por medio de la fuga, atraviesa un campo para buscar un asilo donde ocultarse. No bien vuelto en sí Dióscoro, corre en su seguimiento; pero una roca se divide milagrosamente para franquearla el paso; mas esta maravilla hizo poca impresión en aquel furioso; el cual, habiéndola perdido de vista, se puso mucho más colérico. Se informa dónde estaba aquella a quien perseguía con tanto furor y rabia. Un pastor le señala una gruta cubierta de ramas, donde la hija había ido a esconderse. Habiéndola encontrado el bárbaro padre, se arroja sobre ella como un lobo rabioso sobre una inocente, oveja; la arrastra por los cabellos, y, habiéndose convertido en furor toda su ternura, la trata con tanta crueldad, que hubiera causado lástima aun a las bestias más feroces. Llevándola, después medio muerta a su casa, hubiera acabado de quitarla la vida si hubiera creído poderlo hacer impunemente. Resolvió delatarla al gobernador por cristiana, esperando que podría negar la fe a vista de los suplicios ; ó que, si perseveraba en querer ser cristiana, por lo menos tendría el bárbaro placer de verla expirar en los tormentos.

No aguardó Dióscoro mucho tiempo a ejecutar su cruel designio: va a buscar al presidente, llamado Marciano, y le presenta aquella inocente víctima atada como un criminal, y maltratada toda a golpes. Viendo Marciano a esta joven doncella, en quien la mansedumbre y la modestia igualaban a la belleza, se movió a compasión: la hizo quitar los cordeles con que estaba atada, y, blasfemando de la severidad que el padre había usado con ella, emplea todos los artificios para hacerla renunciar su religión. Alaba su belleza, su talento, sus raros méritos, y la promete todo lo que puede lisonjear y tentar a una doncella joven, si quiere obedecer las órdenes del Emperador, y adorar los dioses del imperio. Entonces nuestra Santa, que hasta aquí no había dicho palabra, habló al gobernador con tanta energía y elocuencia de la nada de todas las ventajas pasajeras con que la lisonjeaba, de la quimérica y extravagante divinidad de los pretendidos dioses de los paganos, y de la verdad y santidad de la religión cristiana, que toda la asamblea quedó admirada: el juez mismo se sorprendió, pero temiendo caer en desgracia de la corte s¡ disimulaba el hecho, ó si no usaba de severidad con esta joven cristiana, la hizo despedazar a golpes, que hicieron de todo su cuerpo una sola llaga; después, poniendo sobre su carne uno horroroso cilicio de cerdas, la hizo cerrar en un calabozo, donde cada instante sufría un horrible y doloroso suplicio. Jesucristo se la apareció por la noche, la consoló, la animó y la prometió sostenerla en medio de los tormentos; y, para darla pruebas sensibles de su protección, la curó repentinamente de todas sus llagas.

Por la mañana la hizo comparecer Marciano ante su tribunal, y, hallándola perfectamente curada, quiso persuadirla que debía su curación al poder de los dioses; pero la Santa, mirando con compasión a este pagano, le dijo: Señor, ¿sois tan ciego que creáis que unos ídolos, que necesitan de la mano de los hombres para ser lo que son, hayan podido obrar este prodigio? Ninguno de vuestros quiméricos dioses tiene poder para tanto; quien me ha curado es sólo Jesucristo, vuestro Dios y mío. Aunque hagáis piezas mi cuerpo, el que me ha dado la salud puede también darme la vida. Yo le he hecho un sacrificio de la mía, asegurada que vive eternamente con él en el Cielo el que muere aquí por su amor. Irritado el tirano de esta respuesta, la hizo despedazar con uñas de hierro, y después la hizo quemar los costados con hachas encendidas. Todo el tiempo que duró este cruel y horroroso suplicio tuvo la Santa levantados sus ojos al Cielo, y con rostro risueño decía : Señor, que conocéis el fondo de los corazones: Vos sabéis que el mío no ama sino a Vos, no desea sino a Vos, y en Vos sólo pone toda su confianza. Dignaos socorrerme en este duró combate, y no permitáis que vuestra esclava y vuestra esposa sea jamás vencida. No me arrojéis de vuestra presencia; haced que vuestro santo espíritu no se aparte jamás de mí. El tirano, enfurecido y despechado al ver la intrepidez de esta heroína cristiana, mandó que la cortasen los pechos. Aunque el suplicio fué cruel, y el dolor vivo y agudo en una doncella de diez y ocho a veinte años, la mano del Todopoderoso la fortaleció y la sostuvo. Se la apareció segunda vez Jesucristo, y derramó en su alma tantas dulzuras, que casi no sintió en adelante el rigor de los suplicios. Por último, perdiendo el presidente toda esperanza de vencer su fe y de cansar su perseverancia, la condenó a que la cortasen la cabeza.

Dióscoro, este padre cruel, inhumano y bestial, no contento con haber estado presente a todos los suplicios de su hija, llevó la barbarie hasta el extremo de querer ser él su último verdugo. Pidió al juez le hiciese el gusto de que su hija no muriese por otras manos que por las suyas. Una petición tan bárbara, que causó horror a todos los que estaban presentes, le fué, otorgada. Aquella casta víctima fue llevada fuera de la ciudad a una pequeña colina, donde apenas llegó se puso de rodillas, levantó los ojos al Cielo, y habiendo hecho una breve oración, suplicando al Señor que aceptara el sacrificio que le hacía de su vida, alargó el cuello a aquel padre inhumano: el que de un golpe de sable terminó una tan bella vida y la procuró la gloria del martirio el día 4 de Diciembre, siendo emperador, Maximino. El Cielo miró con horror la inhumanidad de este padre bárbaro y quiso librar al mundo de este monstruo de crueldad; pues al bajar de la colina, todo teñido en la sangre de su propia hija, estando el Cielo sereno y el aire muy quieto, se oyó el ruido, de un trueno, y un rayo vino a estrellar al pie del monte a este padre inhumano. Poco tiempo después tuvo la misma suerte el gobernador Marciano, siendo muerto por otro rayo. Desde entonces se hizo universal el culto de esta gran Santa, tanto en la iglesia griega como en la latina, y en toda ella es invocada, especialmente contra los truenos y rayos. Por el mismo motivo la invocan también para alcanzar de Dios la gracia de no morir sin los últimos: sacramentos. Un insigne milagro aumentó esta, devoción y la confianza, de los fieles en esta gran Santa.

El año de 1448 sucedió en la ciudad de Gorcun, en Holanda, que, un hombre llamado Enrique, muy devoto de Santa Bárbara, por la, confianza que tenía de que le alcanzaría la gracia de no, morir sin sacramentos; se encontró rodeado de un fuego, sin esperanza de salvar la vida. En este conflicto recurrió a su santa protectora, la que, se le apareció; y aunque no le había quedado ya sino un soplo de vida, por haber sido tan maltratado del fuego que no tenía figura de hombre, le dijo que Dios le alargaba la vida hasta el día siguiente, para darle tiempo de recibir los últimos sacramentos de la Iglesia; y, habiéndose apagado el fuego al mismo instante, se confesó, recibió el Viático y la Extremaunción; el mismo sacerdote que le confesó, llamado Teodorico Pauli, dejó a la posteridad la historia de este gran milagro. En la historia de San Estanislao Kostka, de la Compañia de Jesús, se halla otra prueba insigne de esta singular protección, de resultas de una confianza semejante a la expresada.

Habiendo sido llevado a Constantinopla el cuerpo de esta Santa, fué depositado, al fin del noveno siglo, en una iglesia erigida a honra suya por el emperador León. Pero en el año 991, siendo emperador Basilio, dieron estas Santas Reliquias a los venecianos, cuya mayor parte se guarda todavía hoy en la iglesia de los PP. de la Compañía la de Jesús de Venecia.

(P. Juan Croisset, S.J.)

SEGUNDO CONGRESO INTERNACIONAL DE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES: PONENCIAS (II)

Es profesor titular de Demografía y Estadística social en la Facultad de Economía de la Universidad Católica de Milán, donde dirige el “Departamento de Ciencias Estadísticas” y el “Center for Applied Statistics in Business and Economics”. Es coordinador científico del “Informe jóvenes” del Instituto Toniolo y presidente de la asociación InnovarexIncludere. Ha desempeñado el papel de experto en Comisiones ministeriales, Mesas de trabajo del Istat y Programas de la Comisión Europea. Es columnista de “la Repubblica”. Es uno de los fundadores de la revista Continuamos la serie de ponencias del Segundo congreso internacional de la Pastoral de las personas mayores, la segunda entrega corrió a cargo de Alessandro Rosina

Profesor titular, Universidad Católica de Milán Alessandro Rosina en línea Neodemos y forma parte del comité editorial de Italiani Europei. Su libro más reciente es “Il futuro non invecchia” (Vita e Pensiero, 2018).

“LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA Y EL RETO DE LA SOCIEDAD DE LA LONGEVIDAD

La Transición Demográfica es uno de los grandes cambios de nuestro tiempo. Produce implicaciones, especialmente en la estructura de la edad y en la relación entre generaciones, que manifiestan sus mayores efectos en este siglo, con diferentes tiempos y formas en las diversas partes del mundo.

1.

A principios del siglo XIX, en cualquier país del mundo en el que hubieras nacido, te habrías encontrado con una esperanza de vida media inferior a los 40 años y con recursos materiales per cápita limitados. La mortalidad infantil era alta (más de 1 de cada 5 nacimientos no llegó a su primer cumpleaños) y en todas las etapas posteriores de la vida. Pocos alcanzaron la vejez.

Dante Alighieri imagina embarcarse en el camino narrado en la Divina Comedia, es decir, estar «en medio del camino de nuestra vida», a la edad de 35 años. Menos de la mitad de los nacidos alcanzaron esta edad y los 70 años se consideraron el límite máximo que podía alcanzar la existencia humana.

La transición demográfica comienza en Europa y luego se expande gradualmente al resto del mundo. En la base hay una de las principales ambiciones de la Humanidad: el deseo de vencer a la muerte prematura. Es decir, garantizar que un niño al nacer pueda tener la expectativa de vivir plenamente la fase de juventud y adulto, y alcanzar el umbral de los 65-70 años.

La buena noticia es que todos los países, aunque en diferentes momentos, se han movido en esta dirección, al tiempo que han mejorado tanto la esperanza de vida como el bienestar material. Pero nada en este camino se da por sentado.

2.

Una de las repercusiones más evidentes de la reducción de la mortalidad es el crecimiento de la población, que pasó de 1.600 millones a escala mundial a principios del siglo XX a 6.100 millones con la entrada en el siglo actual. La demografía mundial ha pasado por tres fases. La primera fue la del crecimiento lento, con una tasa de crecimiento que se mantuvo durante milenios justo por encima de cero, de modo que solo superó los mil millones de habitantes después de 1800. La segunda, relativamente breve pero intensa, es la dinámica explosiva que alcanzó su punto más alto en los años sesenta del siglo XX, con un aumento anual que se elevó a alrededor del 2%, un valor que ahora se ha reducido a la mitad y está disminuyendo constantemente.

Si la reducción de la mortalidad es el motor del crecimiento de la población, la disminución de la tasa de natalidad es el factor de frenado. Cuando el riesgo de muerte en las edades tradicionales de la vida cae a niveles muy bajos, un promedio de dos hijos por mujer es suficiente para lograr un equilibrio cuantitativo entre generaciones. Muchos países occidentales ya estaban alrededor (o por debajo) de este umbral durante los años setenta. En todo el mundo, el valor seguía siendo igual a 5 niños en 1950 y ahora se ha reducido a más de la mitad. La tercera fase es, por lo tanto, la de la perspectiva de declive. Según pronósticos recientes de las Naciones Unidas, la población mundial dejará de crecer en la penúltima década de este siglo.

3.

Si la población mundial deja de crecer, la Transición Demográfica conducirá a un cambio profundo que estará destinado a permanecer: de hecho, debe entenderse sobre todo como el proceso que conduce de una sociedad organizada sobre la presencia abundante de las nuevas generaciones a una sociedad con un peso preponderante del componente maduro.

Al final de la Transición, hay tres escenarios posibles. El primero, el clásico esbozado por los autores que introdujeron esta expresión, predice una tasa de fecundidad estabilizada en torno a los dos hijos por mujer o ligeramente superior y una esperanza de vida en torno a los 75 años (hipótesis contemplada en las primeras ediciones de las previsiones de Naciones Unidas publicadas en los años cincuenta del siglo pasado). En este escenario, la población deja de crecer y adopta una estructura con una base piramidal que se vuelve rectangular.

Contrariamente a lo que predijo la teoría clásica, la esperanza de vida ha ido mucho más allá del objetivo de liberar a la infancia, la juventud y la edad adulta de la muerte evitable. No se ha estabilizado alrededor de los 70-75 años (la expectativa de Dante), pero en muchos países es hoy de más de 85 años y está en constante crecimiento.

La evolución de la esperanza de vida se ha producido en dos etapas. En la primera, los riesgos de muerte en las etapas tradicionales de la vida se reducen a casi cero. En la segunda conduce a alcanzar una esperanza de vida más allá de la tradicional entrada en la vejez, sin un punto de llegada. De hecho, cuanta más calidad se agrega a los años ganados, más generaciones posteriores están en condiciones de ir más allá. Renunciar a acompañar positivamente este proceso lleva a las personas a envejecer mal y a aumentar los costos sociales. En este segundo escenario, la transición demográfica lleva al mundo a la llamada «sociedad de la longevidad». Un pasaje que lleva a revolucionar las condiciones, los riesgos y las oportunidades en las diversas etapas de la vida, en interacción con las transformaciones sociales, culturales, tecnológicas, además de repercutir en las relaciones intergeneracionales.

Cómo garantizar el crecimiento, el desarrollo y el bienestar sostenible en la sociedad de la longevidad es un desafío abierto y sin precedentes. En este escenario, la cima de la pirámide se eleva, pero si la fertilidad se mantiene estabilizada en torno a dos hijos por mujer, el resultado es que cada nueva generación mantiene una consistencia sustancialmente en línea con las anteriores. En consecuencia, el envejecimiento de la población está determinado, en perspectiva, solo por el aumento de la longevidad.

Sin embargo, este segundo escenario se ve cuestionado por la observación de que en todos los países que han llegado al final de la transición demográfica, el nivel de fecundidad, en lugar de estabilizarse en torno a dos hijos por mujer, tiende a caer sistemáticamente por debajo. El valor actual de la Unión Europea es inferior a 1,5.

Se abre entonces un tercer escenario, el que conduce a la «sociedad del relevo generacional débil» (de la «transición» a la «crisis» demográfica) y para muchos países crónicamente insuficiente.

4.

Con respecto a la estructura de edad, la Transición Demográfica tiene tres fases. Aquella en la que la población joven es abundante (este es actualmente el caso especialmente en el África subsahariana), aquella en la que la población adulta-trabajadora es abundante (fase del «dividendo demográfico», caracteriza a América Latina, África del Norte, India y otros países asiáticos), y finalmente aquella en la que la población anciana se vuelve abundante (países occidentales, pero también China, Corea del Sur, Japón).

Los países del tercer grupo están en dificultades debido al fuerte aumento de la tasa de dependencia de las personas de edad, que es la relación entre los mayores de 65 años y la población en edad de trabajar (20-64 años). Cuanto más aumenta este índice, más se acentúan los desequilibrios entre generaciones. En los países occidentales, sin embargo, el crecimiento no solo se debe al aumento del numerador (los ancianos) sino también a la disminución del denominador (el que hace crecer la economía, financia y hace funcionar el sistema de bienestar público).

5.

Sin embargo, el cambio en curso no es solo cuantitativo sino también cualitativo.

La mejora continua de las condiciones de vida y de salud ha hecho que sea cada vez más común llegar a edades que en el pasado sólo alcanzaba una pequeña minoría de la población y en condiciones a menudo precarias.

En el pasado, las fases a lo largo de la (corta) vida útil no cambiaban sustancialmente de una generación a la siguiente, y la estructura de la población permanecía sustancialmente sin cambios (en forma de pirámide). Lo que está ocurriendo hoy no es solo el cambio en la estructura demográfica (y por lo tanto la relación entre generaciones), sino también una revolución en las fases de la vida.

El umbral de entrada en la vejez ya no es fijo, como lo ha sido durante milenios, sino que es dinámico y está destinado a avanzar continuamente. Esto también significa que no solo ya no se aplican los umbrales de edad utilizados en el pasado para delimitar las diversas estaciones de la vida, sino que cada generación debe actualizarlos continuamente con respecto a la anterior.

En particular, como consecuencia del aumento de la longevidad, se está creando una fase inédita a lo largo del curso de la vida entre la salida de la condición plenamente adulta (en la que las limitaciones familiares y laborales siguen siendo relevantes) y la fase propiamente anciana (en la que prevalece la condición de pérdida de la autosuficiencia y limitación en las relaciones sociales). Es una fase de la vida, actualmente entre los 60 y los 75 años, en fuerte cambio tanto cuantitativa como cualitativamente, que plantea un desafío histórico en la organización personal y en la producción de valor social.

6.

La longevidad debe considerarse una oportunidad. Pero para vivir bien y durante mucho tiempo, necesitamos políticas que pongan a las personas en condiciones de invertir en la calidad de su existencia. Y que les permitan contar con una asistencia adecuada cuando entren en una condición de no autosuficiencia. Pero también necesitamos una base sólida de jóvenes que la caída de la tasa de natalidad está erosionando fuertemente en muchos países. Es una ilusión pensar que podemos vivir bien agregando vida frente a nosotros, pero dejando un desierto detrás de nosotros.

La sociedad de la longevidad plantea el desafío de hacer del planeta un lugar donde todos puedan vivir bien y de manera sostenible durante mucho tiempo. Un reto que solo se puede ganar poniendo a la persona en el centro, favoreciendo las condiciones que den dignidad y valor a todas las etapas de la vida y promuevan el diálogo y la colaboración entre generaciones dentro de la familia, el contexto laboral y la sociedad. “

IN UNITATE FIDEI: LA CARTA APOSTÓLICA DE LEÓN XIV SOBRE EL CONCILIO DE NICEA

A pocos días del Viaje Apostólico a Turquía para conmemorar el 1700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea, el Papa León XIV publica una nueva Carta apostólica reafirmando “en la unidad de la fe” la respuesta de los Padres conciliares que “confesaron que Jesús es el Hijo de Dios”. Y su exhortación a la Comunidad Cristiana a “ser signo de paz e instrumento de reconciliación”.

 “En la unidad de la fe, proclamada desde los orígenes de la Iglesia, los cristianos están llamados a caminar concordes, custodiando y transmitiendo con amor y con alegría el don recibido”, así empieza la Carta apostólica In unitate fidei que publica este el Papa León XIV este 23 de noviembre, en la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, y en vísperas de su primer viaje apostólico a Turquía para conmemorar el 1700 aniversario del Concilio de Nicea.

TEXTO COMPLETO DE LA CARTA APOSTÓLICA «IN UNITATE FIDEI»

«Creemos en Jesucristo, Hijo único de Dios, que por nuestra salvación bajó del cielo»

En la Carta apostólica el Santo Padre profundiza los temas esenciales del Concilio de Nicea y su importancia actual para fe de la Iglesia y o bautizados, reflexionando con el documento de la Comisión Teológica Internacional: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. El 1700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea.

La profesión de fe en Jesucristo

“En este Año Santo -escribe el Papa León XIV- dedicado a Cristo, quien es nuestra esperanza, es una coincidencia providencial que se celebre también el 1700 aniversario del primer Concilio Ecuménico de Nicea, que en el 325 proclamó la profesión de fe en Jesucristo, Hijo de Dios. Este es el corazón de la fe cristiana”.

El Papa recuerda que “los tiempos del Concilio de Nicea no eran menos turbulentos. Cuando comenzó, en el 325, aún estaban abiertas las heridas de las persecuciones contra los cristianos”. Y con las amenazas externas también “surgieron disputas y conflictos en la Iglesia”, de manera precisa la doctrina de Arrio quien “enseñaba que Jesús no es verdaderamente el Hijo de Dios”.

“Se trataba del centro de la fe cristiana, es decir, de la respuesta a la pregunta decisiva que Jesús había planteado a los discípulos en Cesarea de Filipo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?» (cf. Mt 16,15)”

La respuesta de los Padres conciliares

En respuesta los Padres conciliares en Nicea “confesaron que Jesús es el Hijo de Dios en cuanto es «de la misma sustancia (ousia) del Padre […] generado, no creado, de la misma sustancia (homooúsios) del Padre». Con esta definición se rechazaba radicalmente la tesis de Arrio. Para expresar la verdad de la fe, el Concilio usó dos palabras, “sustancia” (ousia) y “de la misma sustancia” (homooúsios)”

El Pontífice resalta también del “Credo de Nicea, el verbo descendit, «descendió»”, y “la afirmación bíblica «se hizo carne»”. Y explica que “Nicea toma así distancia de la falsa doctrina según la cual el Logos habría asumido sólo un cuerpo como revestimiento exterior, pero no el alma humana, dotada de entendimiento y libre albedrío. Al contrario, quiere afirmar lo que el Concilio de Calcedonia (451) declararía explícitamente: en Cristo, Dios ha asumido y redimido al ser humano entero, con cuerpo y alma. El Hijo de Dios se hizo hombre —explica san Atanasio— para que nosotros, los hombres, pudiéramos ser divinizados”.

“La divinización no tiene nada que ver con la auto-deificación del hombre. Por el contrario, la divinización nos protege de la tentación primordial de querer ser como Dios (cf. Gn 3,5). Aquello que Cristo es por naturaleza, nosotros lo llegamos a ser por gracia”

La profesión de fe hoy

En su reflexión, León XIV advierte que “hoy, para muchos, Dios y la cuestión de Dios casi ya no tienen significado en la vida. El Concilio Vaticano II recalcó que los cristianos son al menos en parte responsables de esta situación, porque no dan testimonio de la verdadera fe y ocultan el auténtico rostro de Dios con estilos de vida y acciones alejadas del Evangelio”.

Y con el Credo de Nicea invita a un examen de conciencia: ¿Qué significa Dios para mí y cómo doy testimonio de la fe en Él? ¿Es el único y solo Dios realmente el Señor de la vida, o hay ídolos más importantes que Dios y sus mandamientos?, entre otras preguntas

“En el centro del Credo niceno–constantinopolitano destaca la profesión de fe en Jesucristo, nuestro Señor y Dios. Este es el corazón de nuestra vida cristiana. Por eso nos comprometemos a seguir a Jesús como Maestro, compañero, hermano y amigo”

El valor ecuménico de Nicea

También en la Carta el Papa reconoce que “el Concilio de Nicea es actual por su altísimo valor ecuménico”. Enumerando algunos frutos: “compartimos de hecho la fe en el único y solo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio”.

Exhortando también a que “la única Comunidad cristiana universal puede ser signo de paz e instrumento de reconciliación, contribuyendo de modo decisivo a un compromiso mundial por la paz”.

“Necesitamos un ecumenismo espiritual de oración, alabanza y culto, como sucedió en el Credo de Nicea y Constantinopla”

Y concluye el Papa León XIV con una oración invocando al Espíritu Santo: “… Indícanos los caminos que hay que recorrer, para que con tu sabiduría volvamos a ser lo que somos en Cristo: una sola cosa, para que el mundo crea. Amén.”

Enlace:

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251123-in-unitate-fidei.html

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

Para Vatican News

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CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 6. ESPERAR EN LA VIDA PARA GENERAR VIDA

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos!

La Pascua de Cristo ilumina el misterio de la vida y nos permite mirarlo con esperanza. Esto no es siempre fácil o se da por descontado. Muchas vidas, en todas las partes del mundo, aparecen como fatigadas, dolorosas, llenas de problemas y de obstáculos por superar. Sin embargo, el ser humano recibe la vida como un don: no la pide, no la elige, la experimenta en su misterio desde el primer día hasta el último. La vida tiene su especificidad extraordinaria: nos es ofrecida, no podemos dárnoslas nosotros mismos, y tiene que ser alimentada constantemente: es necesario un cuidado que la mantenga, la haga dinámica, la custodie, la relance. Se puede decir que la pregunta sobre la vida es una de las cuestiones abismales del corazón humano. Hemos entrado en la existencia sin haber hecho nada para decidirlo. Da esta evidencia brotan como un rio en crecida las preguntas de todo tiempo: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el sentido final de todo este viaje? En efecto, vivir invoca un sentido, una dirección, una esperanza. Y la esperanza actúa como el impulso profundo que nos hace caminar en las dificultades, que no nos hace rendirnos ante las fatigas del viaje, que nos asegura que el peregrinaje de la existencia nos conduce a casa. Sin esperanza la vida corre peligro de aparecer como un paréntesis entre dos noches eternas, una breve pausa entre el antes y el después de nuestro paso por la tierra. Esperar en la vida significa en cambio saborear la meta, creer como seguro aquello que no vemos, todavía no vemos ni tocamos, fiarse y confiarse en el amor de un Padre que nos ha creado porque nos ha querido con amor y nos quiere felices.

Queridos, en el mundo hay una enfermedad difundida: la falta de confianza en la vida. Como si nos hubiésemos resignado a una fatalidad negativa, de renuncia. La vida corre el riesgo de no representar más una posibilidad recibida como don, sino una incógnita, casi una amenaza de la cual preservarse para no desilusionarnos. Por esto, el valor de vivir y de generar vida, de testimoniar que Dios es por excelencia «El amante de la vida», como afirma el Libro de la Sabiduría (11,26), es hoy más que nunca un llamado urgente.

En el Evangelio Jesús confirma constantemente su premura por curar a los enfermos, resanar cuerpos y espíritus heridos, volver a dar vida a los muertos. De esta manera, el Hijo encarnado revela al Padre: restituye dignidad a los pecadores, acuerda el perdón de los pecados e incluye a todos, especialmente a los desesperados, a los excluidos, a los alejados de su promesa de salvación.

Generado del Padre, Cristo es la vida y ha generado vida sin ahorrarse hasta donarnos la suya, y nos invita a donar nuestra vida. Generar quiere decir poner vida en otro. El universo de los vivientes se ha extendido a través de esta ley, que en la sinfonía de las criaturas conoce un admirable “crescendo” culminante en el dueto del hombre y de la mujer: Dios los ha creado según su propia imagen y a ellos ha confiado la misión de generar también a su imagen, ósea por amor y en el amor.

Desde el inicio la Sagrada Escritura nos revela que la vida justamente en su forma más elevada, aquella humana, recibe el don de la libertad y se convierte en un drama. Así las relaciones humanas están también marcadas por la contradicción, hasta el fratricidio. Caín percibe al hermano Abel como una competencia, una amenaza, y en su frustración no se siente capaz de amarlo y de estimarlo. He aquí los celos, la envidia, la sangre (Gen 4,1-16). La lógica de Dios, en cambio, es otra. Dios permanece fiel por siempre a su diseño de amor y de vida; no se cansa de sostener a la humanidad también, cuando tras los rastros de Caín, obedece al instinto ciego de la violencia en las guerras, en las discriminaciones, en el racismo, en las múltiples formas de esclavitud.

Generar significa entonces confiarse en el Dios de la vida y promover lo humano en todas sus expresiones: ante todo en la maravillosa aventura de la maternidad y de la paternidad, también en contextos sociales en los que las familias fatigan en el sostener lo oneroso del cotidiano, siendo a menudo truncadas en sus proyectos y en sus sueños. En esta misma lógica, generar es comprometerse con una economía solidaria, buscar el bien común igualmente usufructuado por todos, respetar y cuidar a la creación, ofrecer consuelo con la escucha, la presencia, la ayuda concreta y desinteresada.

Hermanas y hermanos, la Resurrección de Jesucristo es la fuerza que nos sostiene en este desafío, también allí donde las tinieblas del mal oscurecen el corazón y la mente. Cuando la vida parece haberse apagado, bloqueado, he aquí que el Señor Resucitado pasa de nuevo, hasta el fin de los tiempos, y camina con nosotros y por nosotros. Él es nuestra esperanza.

LEÓN XIV SOBRE NICEA: ECUMENISMO Y ENCARNACIÓN

Seguimos celebrando el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Durante este año se han celebrado numerosos congresos que nos han recordado su importancia. Este concilio fue el primer acontecimiento ecuménico del cristianismo, al que siguen apelando todas las confesiones cristianas para confesar que “Jesucristo es el Hijo único de Dios, que por nuestra salvación bajo del cielo”.

Con fecha del 23 de noviembre, León XIV ha escrito una carta apostólica para recordar este acontecimiento, con el significativo título de: “En la unidad de la fe”. En efecto, en la profesión de fe de Nicea estamos unidos todos los cristianos. El Concilio Vaticano II habló de un orden o jerarquía de verdades que convenía tener presente en cuestiones ecuménicas. Resulta, pues, que en la verdad más importante estamos de acuerdo todas las Iglesias y confesiones cristianas, a saber, que Jesucristo es el Hijo de Dios. Si lo más importante nos une, entonces las diferencias son sobre cuestiones “menos importantes”.

Por eso el Papa afirma que el Concilio de Nicea es actual por su altísimo valor ecuménico. Y aunque la plena unidad con las Iglesias ortodoxas y las comunidades nacidas de la Reforma protestante todavía no ha sido lograda, el diálogo ecuménico, sobre la base del Credo niceno, nos permite considerar a ortodoxos y protestantes como hermanos “y redescubrir la única y universal Comunidad de los discípulos de Cristo en todo el mundo”, pues compartimos la fe en el único y sólo Dios, Padre de todos los hombres, en el único Señor Jesucristo y en el único Espíritu Santo, “que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio”. ¡Realmente lo que nos une, exclama León XIV, es mucho más que lo que nos divide! “De este modo, en un mundo dividido y desgarrado por muchos conflictos, la única Comunidad cristiana universal puede ser signo de paz e instrumento de reconciliación, contribuyendo de modo decisivo a un compromiso mundial por la paz”.

Ahora que nos acercamos a la fiesta de la Navidad vale la pena indicar que el Papa ofrece en su carta una serie de buenas reflexiones sobre el misterio de la Encarnación. “Los Padres de Nicea quisieron reafirmar que el único y verdadero Dios no es inalcanzablemente lejano a nosotros, sino que, por el contrario, se ha hecho cercano y ha salido a nuestro encuentro en Jesucristo”. El Credo niceno no nos habla “de un Dios lejano, inalcanzable, inmóvil, que descansa en sí mismo, sino de un Dios que está cerca de nosotros, que nos acompaña en nuestro camino por las sendas del mundo y en los lugares más oscuros de la tierra. Su inmensidad se manifiesta en el hecho de que se hace pequeño, se despoja de su infinita majestad haciéndose nuestro prójimo en los pequeños y en los pobres”.

Si con su Encarnación, Dios ha manifestado que “nos ama con todo su ser, entonces también nosotros debemos amarnos unos a otros. No podemos amar a Dios, a quien no vemos, sin amar también al hermano y a la hermana que vemos (cf. 1 Jn 4,20). El amor a Dios sin el amor al prójimo es hipocresía”.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat