CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 4. LA ESPIRITUALIDAD PASCUAL INSPIRA LA FRATERNIDAD. «ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO» (CF. JN 15,12)

Creer en la muerte y resurrección de Cristo y vivir la espiritualidad pascual infunde esperanza en la vida y anima a invertir en el bien. En particular, nos ayuda a amar y a alimentar la fraternidad, que es sin duda uno de los grandes desafíos para la humanidad contemporánea, como vio claramente el Papa Francisco.

La fraternidad nace de un dato profundamente humano. Somos capaces de relacionarnos y si queremos, sabemos construir vínculos auténticos entre nosotros. Sin relaciones, que nos sostienen y que nos enriquecen desde el inicio de nuestra vida, no podremos sobrevivir, crecer, aprender. Estas son múltiples, diferentes en cuanto a modalidad y profundidad. Pero es cierto que nuestra humanidad se realiza mejor cuando estamos y vivimos juntos, cuando somos capaces de experimentar vínculos auténticos, no formales, con las personas que tenemos al lado. Si nos encerramos en nosotros mismos, corremos el riesgo de enfermarnos de soledad e incluso de un narcisismo que se preocupa solo de los demás por interés. El otro se reduce, entonces, a alguien de quien tomar, sin que estemos nunca dispuestos verdaderamente a dar, a entregarnos.

Sabemos bien que tampoco hoy la fraternidad no es algo ni inmediato ni que se pueda dar por descontado. Es más, muchos conflictos, tantas guerras esparcidas por el mundo, tensiones sociales y sentimientos de odio parecerían demostrar lo contrario. Sin embargo, la fraternidad no es un hermoso sueño imposible, no es un deseo de unos pocos ilusos. Pero para superar las sombras que la amenazan hay que ir a las fuentes y, sobre todo, obtener luz y fuerza de Aquel que solo nos libra del veneno de la enemistad.

La palabra “hermano” deriva de una raíz muy antigua, que significa cuidar, preocuparse, apoyar y sustentar. Aplicada a cada persona humana se convierte en un llamamiento, una invitación. A menudo pensamos que el papel de hermano, de hermana, se refiera al parentesco, al hecho de ser consanguíneos, de pertenecer a la misma familia. En realidad, sabemos bien que los desacuerdos, las fracturas y a veces el odio pueden devastar también las relaciones entre parientes, no solo entre extraños.

Esto demuestra la necesidad, hoy más urgente que nunca, de volver a considerar el saludo con el que San Francisco de Asís se dirigía a todas y a todos, independientemente de su procedencia geográfica y cultural, religiosa o doctrinal: omnes fratres era el modo inclusivo con el que San Francisco ponía en el mismo plano a todos los seres humanos, precisamente porque les reconocía en el destino común de dignidad, de diálogo, de acogida y de salvación. El Papa Francisco retomó este enfoque del Poverello de Asís, dando valor a su actualidad después de 800 años, en la Encíclica Fratelli tutti.

Ese “tutti” (todos) que para San Francisco significaba la señal acogedora de una fraternidad universal expresa un rasgo esencial del cristianismo, que desde el inicio fue el anuncio de la Buena Noticia destinada a la salvación de todos, nunca de forma exclusiva o privada. Esta fraternidad se basa en el mandamiento de Jesús, que es de nuevo, en cuanto realizado por Él mismo, cumplimiento sobreabundante de la voluntad del Padre: gracias a Él, que nos amó y se entregó por nosotros, nosotros podemos, a su vez, amarnos y dar la vida por los demás, como hijos del único Padre y verdaderos hermanos en Jesucristo.

Jesús nos amó hasta el final, dice el Evangelio de Juan (cfr 13,1). Cuando se acerca la pasión, el Maestro sabe bien que su tiempo histórico está a punto de concluirse. Teme lo que está a punto de suceder, experimenta el suplicio más terrible y el abandono. Su Resurrección, al tercer día, es el inicio de una historia nueva. Y los discípulos se convierten plenamente en hermanos, después de tanto tiempo de vida en común, no solo cuando viven el dolor de la muerte de Jesús, sino, sobre todo, cuando lo reconocen como el Resucitado, reciben el don del Espíritu y se convierten en testigos.

Los hermanos y las hermanas que se apoyan mutuamente en las pruebas no dan la espalda a quienes están necesitados: lloran y se alegran juntos en la perspectiva laboriosa de la unidad, de la confianza, de la entrega mutua. La dinámica es la que el mismo Jesús nos entrega: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (cfr Jn 15,12). La fraternidad que nos brindó Cristo muerto y resucitado nos libra de las lógicas negativas de los egoísmos, de las divisiones, de las prepotencias, y nos devuelve a nuestra vocación original, en el nombre de un amor y de una esperanza que se renuevan cada día. El Resucitado nos indicó el camino a recorrer junto a Él, para sentirnos y para ser “fratelli tutti” (hermanos todos).

Fuente – The Holy See

CONTRIBUCIÓN DISPOSITIVA DE MARÍA A LA OBRA DE CRISTO

En la reciente nota doctrinal del Dicasterio de la fe “Mater populi fidelis”, Tomás de Aquino es citado 30 veces. La mayoría de las referencias a Santo Tomás se encuentran en el apartado titulado: “Madre de la gracia”. Uno de los textos citados, que luego encontrará una buena aplicación para comprender el papel de María en la obra de la salvación, está en un artículo en donde el santo doctor se pregunta si para conseguir algo que excede las fuerzas de la naturaleza, como por ejemplo conseguir la felicidad eterna, puede hacer algo una criatura limitada. En este contexto dice el de Aquino y repite la nota del Dicasterio: “a la potencia superior (o sea, a Dios) pertenece el conducir al fin último, mientras que las potencias inferiores ayudan a su consecución creando las disposiciones favorables”.

Aplicado a María: solo Dios salva, solo Dios justifica, solo Cristo es mediador y redentor. María no añade nada a la mediación salvífica de Cristo, ella no es medio de salvación. Pero, asociada a Cristo, sí puede pensarse en una contribución dispositiva de María, en la medida en que ella puede “disponer de algún modo” a aquellos que se acercan a ella y le rezan, para que el espíritu del orante se abra con más prontitud a la acción de Cristo. Ella no salva, pero ayuda al creyente a acercarse a Cristo, que es el que salva. Una ayuda que, de ningún modo, es paralela o complementaria a la obra de Cristo. Esta misma contribución dispositiva puede afirmarse de todo aquel que ayuda a otro a conocer mejor a Cristo y su Evangelio. De este modo, María se convierte en icono de la Iglesia, en el modelo más acabado de lo que debe ser todo creyente.

Se comprende así que la nota del Dicasterio de la fe advierta que no se puede presentar a María como un depósito de gracia separado de Dios, o como una fuente de donde mana toda gracia. Porque la gracia solo Dios la concede. Y la concede directa y personalmente a cada ser humano. María nos ayuda a disponernos a la vida de la gracia que solamente el Señor puede infundir en nosotros. Pues la gracia es Dios mismo que, por el Espíritu Santo, se hace vida de nuestra vida. Ninguna criatura puede conferir la gracia. La gracia no desciende a través de diversos intermediarios. Dios está directamente conectado con nuestro corazón.

La nota doctrinal deja claro que “ninguna persona humana, ni siquiera los apóstoles o la Santísima Virgen, puede actuar como dispensadora universal de la gracia. Sólo Dios puede regalar la gracia y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo”. Y también: “En la perfecta inmediatez entre un ser humano y Dios en la comunicación de la gracia, ni siquiera María puede intervenir. Ni la amistad con Jesucristo ni la inhabitación trinitaria pueden concebirse como algo que nos llega a través de María o de los santos. En todo caso, lo que podemos decir es que María desea ese bien para nosotros y lo pide junto a nosotros”.

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

EL AMOR DETERMINANTE DE LA JUSTICIA

La justicia y la verdad son dos dimensiones necesarias para que funcione correcta y pacíficamente cualquier sociedad. Justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde. Y verdad es ajustarse a la realidad. La justicia y la verdad están interrelacionadas: no puede haber justicia sin verdad, ni verdad sin justicia. Sus contrarios indican claramente que sin ellas es imposible la convivencia y el buen entendimiento entre las personas, pues en la injusticia y en la mentira no resulta posible entenderse.

Desgraciadamente, todo lo bueno puede mal utilizarse. Por eso, estos dos conceptos tan importantes pueden emplearse rígidamente para reclamar derechos legítimos, sin misericordia ni compasión, para quienes han faltado a la justicia y a la verdad. La justicia puede terminar convirtiéndose en venganza contra aquel que me ha agredido o dañado, y la verdad en intolerancia contra el que está alejado de la verdad. Cuando esto ocurre el vengativo y el intolerante se consideran los depositarios de la justicia y de la verdad.

Tanto la verdad como la justicia pueden vivirse con distinto talante y entenderse con distintos matices. Vistos en clave cristiana elevan y dignifican sus dimensiones estrictamente humanas. Dimensiones, sin duda necesarias, pero que pueden resultar insuficientes.

Humanamente la justicia es un anhelo innato de todo ser humano, pero según cuál sea la situación en la que uno está, puede entender la justicia que le corresponde de forma un tanto sorprendente. Probablemente el condenado debe pensar: “lo justo es que me den una segunda oportunidad”. Este concepto de justicia se parece bastante a la justicia de la que habla la Escritura: Dios es justo cuando perdona, porque su pretensión es nuestra salvación. Al perdonar, Dios realiza lo adecuado, lo justo, lo que él considera más conveniente para que se realice su designio de amor. La justicia humana podría aprender alguna cosa del concepto cristiano de justicia.

Hay otro aspecto de la reflexión cristiana, fundamentado en la doctrina de la creación, que muestra la capacidad humanizadora del evangelio, ampliando el concepto de justicia desde la clave individualista a la clave social. Pues la Revelación nos recuerda que Dios ha entregado la tierra y cuanto ella contiene a “todos” los seres humanos y, por tanto, allí donde los bienes no son accesibles a todos, no se cumple la voluntad de Dios. Se amplia así el concepto de justicia, que entiende que hay que dar a cada uno lo suyo, pero entiende lo “suyo” en clave individualista. Por el contrario, la Revelación afirma la clave social y universal de lo que corresponde a cada uno.

Lo cristiano y lo humano es entender la justicia a la luz del amor. Pues una aplicación estricta de la justicia podría convertirse, como indicaba la máxima de Cicerón, en inhumana: “summum jus, summa injuria”. Jesús contesta esta actitud, puesta de manifiesto en las palabras: “ojo por ojo, diente por diente” (Mt 5,38). Tanto en sus tiempos como en los actuales, muchos modelos de justicia se inspiran ahí. Pero a la luz del amor podemos comprender que el perdón puede ser el camino más adecuado para acercarme a aquel que ha sido injusto conmigo y lograr, en la posible reconciliación, una justicia que da a cada uno lo suyo sin perjudicar a nadie. (Continuará)

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

‘REVOLUCIÓN SÉNIOR’: EDADISMO, LA DISCRIMINACIÓN QUE SUFRE MÁS DEL 70% DE LOS SÉNIOR

¿Saben lo que es el edadismo? No se preocupen, porque no son los únicos. La RAE define edadismo como «la discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas».

Este término, que cada vez se escucha más, se incorporó hace tan solo tres años al Diccionario de la Lengua Española por la presión de los mayores, con el objetivo visibilizar esta problemática de efectos devastadores; porque señoras y señores… el edadismo no sólo aísla y menoscaba la autoestima del que lo sufre, sino que además tiene graves consecuencias para su salud y acelera el envejecimiento.

Sobre el edadismo, se ha centrado este martes ‘Revolución sénior’, la sección en la que semanalmente Ana Bedia, directora de 65YMÁS, pone en valor a los sénior en el programa ‘Más de uno Madrid’, presentado y dirigido por Pepa Gea en Onda Cero Madrid de lunes a viernes de 12:30 a 14:00 horas.

‘Hablando en Plata’, la iniciativa de Antena3 y laSexta contra el edadismo, acaba de lanzar el Primer Barómetro sobre este tema, el estudio más completo hasta la fecha que pone cifras a la discriminación por edad en España y que analiza cómo la perciben y viven las personas mayores de 55 años.

Principales conclusiones

La primera es que el desconocimiento del propio término edadismo, incluso por parte de los que lo sufren. El Barómetro desvela que el 63% de los mayores de 55 años no sabe lo que significa y, sin embargo, más del 70% asegura haber sufrido discriminación por su edad.

Además, la inmensa mayoría siente que a medida que envejecen se vuelven invisibles y que la sociedad les considera una carga.

Y otro dato significativo, es que las mujeres son las que más padecen esta discriminación, especialmente por la invisibilidad social y la presión estética. Para que te hagas una idea, el 76% de las mujeres considera que existe una presión social para eliminar los signos del envejecimiento, como canas y arrugas.

¿A qué edad se consideran mayores los sénior?

Los sénior creen que alguien es mayor a partir de los 72 años. Lo que critican es que la sociedad les envejece antes de tiempo y que ya les hacen sentirse mayores a partir de los 60 años.

Situaciones de la vida cotidiana en las que los sénior sufren más el edadismo

El edadismo laboral es la estrella. El 84% de quienes buscaron trabajo en el último año consideran que la edad fue la causa por la que no fueron contratados.

Además, el edadismo está presente en todo el tema de la digitalización, tanto por parte de las empresas como por parte de la Administración Pública. Se ha hecho de forma tan rápida, que por el camino se ha excluido a todos aquellos mayores que carecen de competencias digitales básicas del acceso a muchos bienes y servicios.

Los sénior también destacan que sufren los efectos de los prejuicios y la discriminación:

Entorno familiar, que los minusvalora o sobreprotege.

Publicidad y la moda,

Medios de comunicación.

Centro médico, en el que consideran que no se toman en serio sus preocupaciones.

Ana Bedia destaca además que con el edadismo se produce otro fenómeno… muchas veces son los propios mayores los que se limitan así mismos a hacer cosas por su edad. En el barómetro incluso le han puesto nombre y hablan del “autoedadismo”.

El 56% se siente mayor para realizar algunas cosas y más del 25% se autoexcluye de ciertas actividades por considerarlas “impropias de su edad”.

Este “autoedadismo” les lleva a sentirse menos útiles para la sociedad, relacionarse menos con los jóvenes o no vestirse con determinadas prendas o colores.

Soluciones

Los sénior consideran esencial:

         – Fomentar la participación de los mayores en la vida pública

        – Que se realicen campañas de sensibilización ciudadana sobre todo lo que aportan los mayores a la sociedad

       – Que se forme a los profesionales sanitarios y de la administración pública en cómo tratar de forma adecuada a los mayores

        – Que no se les aísle y se generen más espacios intergeneracionales

    – Y que en los medios de comunicación aparezcan más mayores y se muestre una imagen más heterogénea y positiva de los sénior.

Raúl Arias para 65 y MAS

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JOSAFAT KUNCEWICZ

El Cisma de Oriente fue en Julio del 1054. Rusia y las regiones a ella sometidas fueron adhiriéndose al cisma en el decurso del siglo XV. La unión de los rutenos con Roma tuvo lugar a fines del siglo XVI (1595-1596), justo cuando Juan —que así se llamaba el santo— tenía unos 15 años. Había nacido en Vlodimir (Volinia) el año 1580, en el seno de una familia noble. Se bautizó en la Iglesia bizantina separada de Roma.

Pasa a Vilna a formarse y, como es aficionado a la lectura y toma sus preferencias por los temas religiosos, conoció la verdad católica y se adhirió a ella, aunque en Vilna, eran aún pocos los unidos a Roma. Desde este descubrimiento van aumentando en él los deseos de que su pueblo abrace la unión con Roma, heredera de la fe y autoridad de Pedro sobre la que Cristo fundó su Iglesia.

Decide entrar en el monasterio de San Basilio. Ahora ha cambiado el nombre, mantiene la «J» de Juan y se llama Josafat. Desea de modo vehemente la unión de los disidentes con Roma y quiere dedicar todos sus esfuerzos a esta tarea. Vive con mortificación intensa y mucha oración.

Se ordena sacerdote. Por su celo, unos le llaman «el azote de los herejes» y otros «el raptor de almas». Los disidentes fanáticos urden tramas contra él; alguna vez la abofetean. Ejerce el ministerio en varias poblaciones: Zyrowiecz, Byten y Pinsk. Reanima las casas de la Orden y queda sólidamente restablecidos los monasterios de monjas y monjes basilianos.

Nombrado archimandrita de la Santísima Trinidad, de Vilna, en 1614. Por las pocas vocaciones, hace de todo: gobierno del monasterio, predicador, confesor, administrador, cantor y visitador de religiosas. Entre los jóvenes busca vocaciones para la vida monástica. Da impulso unionista en su monasterio renovado.

Cuando es nombrado, contra su querer, por el Papa Paulo V, Arzobispo de Polotsk, se hace inconmensurable su celo y caridad en una archidiócesis infestada por el cisma. En vez de acobardarse ante las dificultades, se crece: arrecia en penitencia y oración. El ejemplo de su austeridad conmueve; la primera autoridad eclesiástica vive de tal modo que, en determinada ocasión, tiene que empeñar su manto episcopal para aliviar a una viuda necesitada. Entregado a su ministerio pastoral, rehuye inmiscuirse en política, restaura la catedral, edifica iglesias, erige monasterios, escribe ilustrando el Primado de Pedro y defiende el patrimonio de la Iglesia. Su actividad, su fuerza moral y su vida interior suscita envidias y celos porque la Rusia blanca, rejuvenecida, se está pasando al lado de Roma.

Hasta tal punto llama la atención lo que está sucediendo en torno a Josafat que el Patriarca disidente de Jerusalén, Teófanes, viaja de incógnito y consagra obispos cismáticos en secreto para situarlos en sedes rutenas unidas ya a Roma con el fin de contrarrestar la actividad exitosa de Josafat. En Polotsk se sitúa a Melecio Smotricio que recibe el encargo de entorpecer, disminuir y eliminar si fuera posible la eficiencia unionista de Josafat. Aumentan las calumnias y las intrigas. Las armas que utiliza el arzobispo en la presente guerra a muerte entre disidentes y unionistas son la oración, la humildad sincera, la caridad exquisita y las frecuentes visitas pastorales para animar a los fieles y alentar a los pusilánimes. En una de ellas encontrará la muerte. En la que hace a Vitebsk. Aquí se urde una trama para asesinarlo en su propio domicilio. Un tumulto de mujerzuelas y populacho enloquecido invade su domicilio donde es lastimosamente ultrajado, vapuleado y tratado a hachazos; los promotores del alboroto han sido un presbítero llamado Elías con la complicidad de clérigos cismáticos. Sacado a rastras a la calle le rematan con dos disparos de lombarda en la cabeza. Su cuerpo fue arrojado al río Duna atadas sendas piedras a los pies y a la cabeza. Al cabo de cinco días son rescatados sus restos del agua, trasladados a la catedral de Vitebsk y poco después a la sede arzobispal de Polotsk. El arzobispo rival de Josafat, Melecio, una vez convertido, hará profesión de fe católica en Roma el 26 de Febrero del año 1627 ante el papa.

La persecución contra la Iglesia Católica y contra Roma en las regiones de Rusia y Rusia blanca, no es sólo cosa de los siglos XIX y XX. La fe de los rutenos y ucranianos, dentro y fuera del país, son el puntal más fuerte de la Iglesia católica oriental unida a Roma y la esperanza del retorno a la unión.

Fuente:  2025 Santopedia.

NUEVO DOCTOR DE LA IGLESIA

El Papa León XIV declaró Doctor de la Iglesia a San John Henry Newman, una de las figuras más destacadas de la Iglesia Católica en Gran Bretaña y un teólogo brillante, además de converso del anglicanismo, uno de los  más influyentes de los últimos siglos.

Al inicio de la Misa por la Solemnidad de Todos los Santos este 1 de noviembre, y en el marco del Jubileo de la Educación  en el Vaticano, el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, leyó la biografía de Newman y solicitó, junto al postulador, la declaración del santo converso como Doctor de la Iglesia.

A continuación, el Santo Padre leyó en latín la fórmula para declarar Doctor de la Iglesia a San John Henry Newman:

“Nosotros, cumpliendo con el voto de la mayoría de los hermanos en el Episcopado y de muchos fieles cristianos de todo el mundo,

por recomendación del Dicasterio de las Causas de los Santos,

con conocimiento cierto y madura deliberación,

y en virtud de la plenitud del poder apostólico,

declaramos a San John Henry Newman Doctor de la Iglesia Universal.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

El Vaticano había informado de esta declaración el pasado 31 de julio, en una audiencia del Papa León con el Cardenal Semeraro.

San John Henry Newman: Inspiración para las nuevas generaciones

“En esta solemnidad de Todos los Santos, es una gran alegría inscribir a San John Henry Newman entre los doctores de la Iglesia y, al mismo tiempo, con motivo del Jubileo del Mundo Educativo, nombrarlo copatrono, junto con Santo Tomás de Aquino, de todas las personas que forman parte del proceso educativo”, dijo el Papa León al iniciar su homilía.

“La imponente estatura cultural y espiritual de Newman servirá de inspiración a las nuevas generaciones, con un corazón sediento de infinito, dispuestas a realizar, por medio de la investigación y del conocimiento, aquel viaje que, como decían los antiguos, nos hace pasar per aspera ad astra, es decir, a través de las dificultades, hasta las estrellas”, subrayó el Santo Padre.

¿Qué es un Doctor de la Iglesia?

El título de Doctor de la Iglesia reconoce a los santos hombres y mujeres, canonizados, que tienen un conocimiento profundo, fueron excelentes maestros y contribuyeron significativamente a la teología de la Iglesia Católica.

El título se ha concedido con tres requisitos: la manifiesta santidad del candidato afirmada por su canonización; la eminencia en doctrina, demostrada por haber dejado un cuerpo de enseñanzas con contribuciones significativas y duraderas en la Iglesia; y una declaración formal por parte de la Iglesia, por lo general de un Papa.

El último santo en ser declarado Doctor de la Iglesia fue San Ireneo de Lyon, con el título de “Doctor de la Unidad”, proclamado por el Papa Francisco en 2022.

Otros doctores de la Iglesia son Santa Teresa de Ávila, San Agustín, San Ambrosio, Santa Catalina de Siena, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresita de Lisieux, San Antonio de Padua y San Francisco de Sales.

Con San John Henry Newman, los doctores de la Iglesia son ahora 38.

¿Quién es San John Henry Newman, el nuevo Doctor de la Iglesia?

John Henry Newman nació en Londres (Reino Unido) el 21 de febrero de 1801, fue primero presbítero de la Iglesia anglicana, hasta su conversión al catolicismo en 1845, consecuencia de su apertura a la verdad.

Como católico profundizó y contribuyó a la enseñanza de la Iglesia, gracias a su amplio conocimiento de la teología y a su aguda mirada evangélica sobre los tiempos modernos.

De joven estuvo vinculado al llamado Movimiento de Oxford, llegando a ser una de sus figuras más importantes, que aspiraba a que la Iglesia de Inglaterra volviera a sus raíces, lo que derivó en posiciones teológicas cada vez más cercanas al catolicismo y en el consiguiente deseo de sus miembros de incorporarse a la Iglesia Católica.

Después de concluir sus estudios en el Trinity College de la Universidad de Oxford, Newman fue ordenado presbítero de la Iglesia anglicana el 29 de mayo de 1825. Fueron dos décadas las que estuvo al servicio de dicha Iglesia, hasta que recibió la ordenación sacerdotal en la Iglesia Católica el 30 de mayo de 1847.

Newman fue el fundador del Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra y desarrolló una prolífica obra, escribiendo 40 libros y más de veinte mil cartas.

Fue creado cardenal por el Papa León XIII en 1879 y tomó como lema Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón) como expresión de su experiencia de conversión, que es una “vuelta a casa”, un viaje a lo más íntimo del corazón, donde reside Dios.

El Cardenal Newman falleció en Edgbaston (Inglaterra), en 1890. Fue beatificado por  Benedicto XVI el 19 de septiembre de 2010. El Papa Francisco lo canonizó el 13 de octubre de 2019.

Sus restos reposan en el cementerio católico de Rednal en Birmingham.

Pincha en el siguiente enlace

https://youtu.be/fkoWT_ldqfM

Fuente. Vatican News

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA. IV. LA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 3. LA PASCUA DA ESPERANZA A LA VIDA COTIDIANA.

La Pascua de Jesús es un evento que no pertenece a un pasado lejano, ya sedimentado en la tradición, como tantos otros episodios de la historia humana. La Iglesia nos enseña a hacer memoria actualizante de la Resurrección todos los años en el domingo de Pascua y todos los días en la celebración eucarística, durante la que se realiza de modo pleno la promesa del Señor resucitado: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20).

Por eso, el misterio pascual constituye el eje de la vida del cristiano en torno al cual giran todos los demás eventos. Podemos decir entonces, sin irenismo o sentimentalismo, que todos los días es Pascua. ¿De qué modo?

Vivimos cada hora muchas experiencias diversas: dolor, sufrimiento, tristeza, entrelazadas con alegría, estupor, serenidad. Pero, en cada situación, el corazón humano anhela la plenitud, una felicidad profunda. Una gran filósofa del s. XX, Santa Teresa Benedicta de la Cruz -cuyo nombre secular fue Edith Stein-, que tanto profundizó en el misterio de la persona humana, nos recuerda este dinamismo de búsqueda constante de la plenitud. «El ser humano -escribe- anhela siempre volver a recibir el don de la existencia, para poder alcanzar lo que el instante le da y, al mismo tiempo, le quita» (Ser infinito y ser eterno. Intento de un ascenso al sentido del ser). Estamos inmersos en el límite, pero también tendemos a superarlo.

El anuncio pascual es la noticia más hermosa, alegre y conmovedora que jamás ha resonado en el curso de la historia. Es el “Evangelio” por excelencia, que atestigua la victoria del amor sobre el pecado y de la vida sobre la muerte, y por eso es el único capaz de saciar la demanda de sentido que inquieta nuestra mente y nuestro corazón. El ser humano está animado por un movimiento interior, propende hacia un más allá que le atrae constantemente. Ninguna realidad contingente le satisface. Tendemos al infinito y a lo eterno. Esto contrasta con la experiencia de la muerte, anticipada por los sufrimientos, las pérdidas, los fracasos. De la muerte «nullu homo vivente po skampare» (ningún hombre viviente puede escapar), canta San Francisco de Asís (cfr. Cántico del hermano sol).

Todo cambia gracias a aquella mañana en la que las mujeres que habían ido al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor lo encuentran vacío. La pregunta de los Magos de Oriente en Jerusalén («¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?», Mt 2,1-2) halla la respuesta definitiva en las palabras del misterioso joven vestido de blanco que habla a las mujeres en el alba pascual: «¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado» (Mc 16,6).

Desde esa mañana hasta hoy, cada día, Jesús posee también este título: el Viviente, como Él mismo se presenta en el Apocalipsis: «Yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ahora vivo para siempre» (Ap 1,17-18). Y en Él tenemos la seguridad de poder encontrar perennemente la estrella polar hacia la que dirigir nuestra vida de aparente caos, marcada por hechos que, a menudo, nos parecen confusos, inaceptables, incomprensibles: el mal, en sus múltiples facetas; el sufrimiento, la muerte: eventos que nos afectan a todos y cada uno. Meditando el misterio de la Resurrección, encontramos respuesta a nuestra sed de sentido.

Ante nuestra frágil humanidad, el anuncio pascual se convierte en cura y sanación, alimenta la esperanza frente a los desafíos alarmantes que la vida nos pone por delante cada día a nivel personal y planetario. Desde la perspectiva de la Pascua, la Via Crucis se transfigura en Via Lucis. Necesitamos saborear y meditar la alegría después del dolor, reatravesando con esta nueva luz todas las etapas que precedieron la Resurrección.

La Pascua no elimina la cruz, sino que la vence en el duelo prodigioso que ha cambiado la historia humana. También nuestro tiempo, marcado por tantas cruces, invoca el alba de la esperanza pascual.

La Resurrección de Cristo no es una idea, una teoría, sino el Acontecimento que fundamenta la fe. Él, el Resucitado, nos lo recuerda siempre mediante el Espíritu Santo, para que podamos ser sus testigos también allí donde la historia humana no ve luz en el horizonte. La esperanza pascual no defrauda. Creer verdaderamente en la Pascua en el camino cotidiano significa revolucionar nuestra vida, ser transformados para transformar el mundo con la fuerza suave y valiente de la esperanza cristiana.

Fuente: The Holy See

«DILEXI TE»: LOS POBRES AYUDAN A LEER EL EVANGELIO

No cabe duda de que un cristiano debe interpretar los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios. Ella es una luz que nos ayuda a valorar los hechos y nos estimula a vivir con justicia, verdad y amor. Por otra parte, los acontecimientos nos ayudan a interpretar la Escritura, a profundizar y encontrar en ella aspectos inéditos que, sin la experiencia de determinados hechos, nunca hubiéramos descubierto. Por ejemplo, el contacto con los pobres ayuda a leer la Escritura con otra sensibilidad. La fe nos ayuda a vivir de una determinada manera, pero hay modos de vivir que condicionan nuestro modo de entender la fe. La Iglesia y la teología deben estar atentas a la realidad donde hay que concretar la fe. Y esa realidad hace que descubramos nuevos aspectos, nuevas consecuencias y nuevas exigencias de la fe.

Un buen ejemplo de esta atención a la realidad que invita a leer con nuevos ojos el Evangelio lo tenemos en la teología latinoamericana de la liberación. Al respecto dice Jesús Espeja: “el justo clamor de las mayorías pobres pidiendo la palabra, originariamente no ha sido provocado por la Iglesia ni por sus teólogos. Ha surgido espontáneamente de unos pueblos conquistados, humillados y ofendidos. La Iglesia y sus teólogos han hecho nueva lectura del Evangelio desde su sensibilidad a ese clamor y desde las prácticas de liberación que ha suscitado la nueva situación cultural”.

Algo de eso se dice en la exhortación apostólica Dilexi te del Papa León XIV. Sin duda hay que evangelizar a los pobres, pero no es menos cierto que los pobres nos evangelizan. De ahí la necesidad de reconocer la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Para eso es necesario conocer al pobre y valorarlo en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. Pues “la experiencia de la pobreza da la capacidad para reconocer aspectos de la realidad que otros no son capaces de ver”. Y por esta razón la sociedad y la Iglesia necesitan escuchar a los pobres.

En el periodo postconciliar, “en casi todos los países de América Latina se sintió fuertemente la identificación de la Iglesia con los pobres y la participación en su rescate”. Esta identificación fue provocada por la gente que sufría y estaba obligada a vivir en condiciones miserables. Y hablando en primera persona, León XIV reconoce: “Yo mismo, misionero durante largos años en Perú, debo mucho a este camino de discernimiento eclesial”.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

LA VIRGEN MARÍA, ¿CORREDENTORA Y MEDIADORA?

Ante las numerosas consultas y propuestas que han llegado a la Santa Sede en las últimas décadas, el Dicasterio para la doctrina de la fe ha publicado una importante y necesaria “nota doctrinal sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación”. Importante, porque nos ayuda a purificar nuestra fe. Y necesaria para evitar lo que el Vaticano II calificó de “exageraciones” en el discurso sobre María. “Las exageraciones, dijo Juan Pablo II, provienen de cuantos muestran una actitud maximalista, que pretende extender sistemáticamente a María las prerrogativas de Cristo”.

El texto se propone “precisar el lugar de María en su relación con los creyentes, a la luz del Misterio de Cristo como único Mediador y Redentor”. Lo fundamental de María en relación a los creyentes es su maternidad. De ahí el título del documento: “Madre del pueblo fiel”. María es la expresión más perfecta de la acción de la gracia que transforma nuestra humanidad.

La pregunta a la que busca responder el documento es: ¿cómo se entiende la asociación de María en la obra redentora de Cristo?, ¿cuál es el significado de su singular cooperación en el plan de la salvación? La cooperación de María comienza en la Anunciación y termina al pie de la cruz. Ella es la que acoge con fe la Palabra del Señor y así se convierte en madre de los creyentes. Al pie de la cruz el discípulo amado, que ocupaba nuestro lugar junto a María, la acogió como madre en la fe. María se convierte así en madre de todos los creyentes.

A propósito del título de Corredentora, la nota recuerda que, siendo prefecto de la entonces Congregación para la doctrina de la fe, el Cardenal Joseph Ratzinger se manifestó en contra de la petición de declarar a María como corredentora. Y que el Papa Francisco también expresó su posición claramente contraria al uso de este título. Este título “siempre es inoportuno para definir la cooperación de María, pues corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo y, por tanto, puede generar confusión y un desequilibrio en la armonía de verdades de la fe cristiana”.

En relación al titulo de Mediadora, el documento indica que hay que explicar bien los limites de este título. Mediación es cooperación ayuda, intercesión. Por consiguiente, bien puede decirse de María que es mediadora en sentido subordinado a Cristo. En sentido estricto no podemos hablar de otra mediación en la gracia que no sea la del Hijo de Dios encarnado. Pero esta mediación de Cristo es inclusiva: unidos a él podemos ser mediadores de gracia los unos para los otros. Si esto vale para cada creyente, con mayor razón debe afirmarse de María. Y aunque la suya es una mediación participada, el pueblo de Dios confía firmemente en la intercesión de María. María es madre de los creyentes, madre del pueblo fiel.

Mi consejo es que lean directamente la nota doctrinal del Dicasterio, y que la lean despacio y sin prejuicios. En ella encontraran una rica doctrina sobre la Virgen María. Amar a María no es lanzarle gritos ni flores, ni buscar títulos para ella. Amar a María es meditar lo que dice y hace en los evangelios. Si así lo hacemos, nos acercaremos cada vez más a Cristo

Blog Nihil Obstat – Martín Gelabert

En  el enlace accedes al Documento

https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20251104_mater-populi-fidelis_sp.html

 

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN CARLOS BORROMEO

Cada 4 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a San Carlos Borromeo, conocido como el «gigante de la santidad». Nació en Arona el 2 de octubre de 1538 y desde una edad temprana se destacó por su vocación hacia la caridad y la humildad. A los 12 años, ya dedicaba sus bienes a ayudar a los más necesitados, desafiando las expectativas de su influyente familia noble.

Con el respaldo de su tío, el papa Pio IV, Carlos alcanzó rápidamente posiciones eclesiásticas de gran importancia. A los 22 años, se convirtió en cardenal y poco después fue nombrado obispo y arzobispo. Demostró su gran sabiduría participando en el Concilio de Trento, donde desempeñó un papel fundamental en la contrarreforma de la Iglesia.

Pero Carlos no solo se dedicó a las cuestiones doctrinales y políticas, sino que también puso un énfasis especial en la acción pastoral y en el servicio a los fieles. A los 27 años, se convirtió en Arzobispo de Milán y su dedicación a la diócesis fue total. Fundó seminarios, construyó iglesias, escuelas y hospitales, y donó su patrimonio familiar a los más pobres. Su lema era claro: «Las almas se conquistan de rodillas».

Además de su labor pastoral, Carlos también enfrentó grandes desafíos. Durante una epidemia de peste en Milán, no dudó en visitar y consolar a los enfermos, a pesar del riesgo para su propia vida. Su presencia en medio de la tragedia le valió el reconocimiento de la historia y su nombre quedó asociado para siempre a la «peste de san Carlos».

La devoción de Carlos por la Sábana Santa, también conocida como el Santo Sudario, también es digna de destacar. Jugó un papel fundamental en su traslado a Italia, desafiando incluso a los poderosos duques de Saboya. Incluso en su estado de salud debilitado, realizó una peregrinación a pie de varios días para poder rezar ante la imagen impresa en la Sábana Santa.

Carlos Borromeo falleció a los 46 años. Sin embargo, dejó un legado inmenso y sus restos descansan en la cripta del Duomo de Milán. Su vida ejemplar y su inquebrantable dedicación a los más necesitados lo convierten en un verdadero modelo de santidad y servicio para todos nosotros.

San Carlos Borromeo fue beatificado el 16 de septiembre de 1602 por el papa Clemente VIII y fue canonizado el 1 de noviembre de 1610 por el papa Paulo V. Es considerado patrono de los catequistas, seminaristas y empleados de banca y de bolsa.

Los restos de San Carlos Borromeo están en una cripta del Duomo de Milán.

 

Oración a San Carlos Borromeo

¡Oh! insigne padre de los pobres San Carlos Borromeo,

ángel de la caridad para enfermos y necesitados,

y para todos modelo de fe, de humildad,

de pureza, de virtudes,

y de constancia en el sufrimiento.

 

Empleaste todos tus dones

para la mayor gloria de Dios,

y para la salvación de los hombres,

siempre con un sacrificio total,

hasta el punto de ser víctima

de tu bondadosa entrega.

 

Concede a nosotros, tus devotos,

firmeza en nuestros propósitos,

fuerte espíritu de sacrificio

y tenacidad y constancia,

para el bien de nuestras vidas, almas y mente.

 

Amén