EIM 2024, YA CASI ESTAMOS AHÍ

El  31 de  Mayo la redactora de este boletín junto a dos amigas nos lanzamos a la aventura de ir a Caravaca de la Cruz desde nuestro pueblo, son 190 km de ir y otros tantos de volver.

El motivo no era ir a visitar la Basílica de la Vera Cruz, que a eso ya nos llevara Vida Ascendente del 30 de septiembre al 2 de Octubre y no hay que perdérselo por nada del mundo, nosotras fuimos a ver una exposición que nos habían recomendado nuestros hermanos de Guadix y Granada, The Mystery Man, que estará en Caravaca de la Cruz hasta el 31 de Julio, y por tanto cuando vayamos en octubre ya no estará.

Caravaca de la Cruz sorprende, cada vez que vas encuentras algo nuevo, y esta vez descubrimos el mejor retrato del Señor, pintado por el mejor artista….y comprendimos muchas cosas, porque siempre hay que estar abierto a descubrir y a aprender.

La Sindome de Turin ha sido objeto de muchas controversias, que con el paso del tiempo se han ido aclarando, o no….a mi ayer me impresionó no solo el hiperrealismo del cuerpo del Señor yacente y envuelto en la Sábana Santa, sino que ese trozo de lino de algo más de  4 metros de largo por 1,60 de ancho revele la explicación clínica de la Pasión y muerte, y sobre todo que el Señor nos dejó a nosotros, que no pudimos verlo físicamente,  la forma de poderlo conocer, nos dejó hace 2000 años algo que solo se puede ver con la tecnología  actual, es maravilloso como ha ido capacitando a la humanidad para que comprendiéramos  y conociéramos su entrega total  en la Cruz para nuestra salvación, pero todo esto ya os lo contare otro día

Por eso, además de venir a Caravaca y Murcia para el EIM 2024 os animo a visitar la exposición si tenéis ocasión.

Bueno pues ahora al lío, el EIM 2024 está genialmente pensado, Murcia es maravillosa y una gran desconocida, lo vamos a pasar estupendamente y nos van a mimar y además vamos a poder gozar de la Indulgencia Plenaria  tras ganar el jubileo en la Basílica de la Vera Cruz.

Son tres días y el precio es estupendo  330 euretes, así que hay que animarse y compartir estos días con nuestros hermanos del Movimiento.

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

La devoción al Inmaculado Corazón de María nos conduce a la vida interior de la Virgen,  está generalizada en todo el mundo católico y se celebra al día siguiente de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

El Corazón de María es mencionado explícitamente en la Biblia, en el pasaje de la adoración de los pastores en el pesebre al Niño Dios, citado por el evangelista Lucas (2, 19), quien dice: “María guardaba todo esto en su corazón y lo tenía muy presente”, y también en Lucas (2, 51) al referirse a cuando Jesús se quedó en Jerusalén platicando con los maestros de la ley, mientras María y José lo buscaban y lo creían perdido: “su madre guardaba todo esto en su corazón”.

Durante siglos, el arte sacro, apoyado por teólogos y expertos en Biblia, ha destacado la relevancia del corazón de María. Por ejemplo, cuando el Niño Jesús fue presentado en el templo y Simeón le dijo a la Virgen que una espada traspasaría su alma (Lucas; 2, 35) lo cual fue representado con 7 puñales en el corazón de María que representan momentos de dolor y angustia.

Por todo este valor simbólico, el Inmaculado Corazón de María es una devoción que nos conduce a la vida interior de la Virgen y que abarca sus virtudes, gozos y tristezas, y que en parte se enumeran en el rezo del Santo Rosario y su letanía.

Ya desde el siglo III San Gregorio Taumaturgo, uno de los Padres de la Iglesia, mencionaba esta devoción al igual que Teodoro de Ancira en el siglo V, así como el teólogo benedictino Ruperto de Deutz, en el siglo XII.

Para el siglo XII, el sacerdote francés Juan Eudes escribió los primeros estudios teológicos sobre el Corazón de María y fundó algunas congregaciones que llevaban su nombre, pues siempre se ha dicho que Ella es madre de la Iglesia.

San Antonio María Claret fundó en su natal España, en 1849, la Congregación Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, y la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas, y Teófilo Verbista, en 1862, en Bélgica, fundó la Congregación del Inmaculado Corazón de María.

En 1917, durante las apariciones de la Virgen María en Fátima a los tres pastorcitos, Ella pidió la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, la difusión de esta devoción, así como el rezo diario del Santo Rosario.

La mística y beata portuguesa Alejandrina de Balazar (1904-1955), entre 1936 y 1941, tuvo revelaciones privadas de Cristo en las que pedía la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, y el Papa Pío XII realizó una consagración el 31 de octubre de 1942 que fue transmitida por Radio Vaticana, y que luego fue renovada en Roma el 8 de diciembre de aquél año.

De igual modo, San Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón el 25 de marzo de 1984, luego del atentado del 13 de mayo, en la plaza de San Pedro.

Fuente: Desde la Fe Catholic.net

JUNIO, MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre.

Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida. Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).

Debemos, por tanto, pensar si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

  1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).
  2. Pondré paz en sus familias.
  3. Los consolaré en todas las aflicciones.
  4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
  5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
  6. Los pecadores hallarán misericordia.
  7. Los tibios se harán fervorosos.
  8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.
  9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
  10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.
  11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
  12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies, renovamos alegremente la Consagraciónde nuestra familia a tu Divino Corazón.

Sé, hoy y siempre, nuestro Guía, el Jefe protector de nuestro hogar, el Rey y Centro de nuestros corazones.

Bendice a nuestra familia, nuestra casa, a nuestros vecinos, parientes y amigos.

Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.

Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.

Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades.

Queremos ser instrumentos de paz y de vida.

Que nuestro amor a tu Corazón compense, de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.

Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti.

Confianza profunda, ilimitada.

Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

EL FUTURO DE LA HUMANIDAD ( #BE HUMAN) ES DE LOS NIÑOS Y LOS ANCIANOS

En el marco del II Encuentro Mundial sobre la Fraternidad Humana, titulado #BeHuman, el Papa Francisco ha centrado el futuro de la humanidad “en los niños y en los ancianos”, y ha animado a los participantes, entre los que se encuentran numerosos Premios Nobel, a plasmar en una “Carta de lo humano” y en los pueblos “nuestra humanidad común y la fraternidad”.

En la Parroquia de Santo Domingo de Silos de Pinto, sabiendo lo importante que es la relación entre las generaciones de niños y abuelos, hace tres años Mari una catequista de la parroquia pensó que sería bueno llevar a los niños de catequesis a visitar a los mayores de la residencia Orpea 1 (es una residencia que está cerca de la iglesia) y todo comenzó como una actividad puntual, con visitas esporádicas que se fueron convirtiendo en un habito, y un día de cada mes hacían la catequesis en la residencia.

Los niños llevaban su alegría y su curiosidad y los mayores ponían su mejor ternura y su experiencia y ambos disfrutaban de unos encuentros extraordinarios.Poco a poco la relación se fue haciendo más intensa y cada niño se fue identificando con un mayor y cada mayor fue “adoptando” a un niño.

 Esta hermosa historia culminó después de tres años cuando llegó el día de la primera comunión, Alicia la auxiliar que acompañaba al grupo en los encuentros, pensó que sería bueno que los mayores pudieran acompañar a sus nietos “adoptivos” en la celebración de su gran día, se lo planteo a la dirección de la residencia y también pensaron que sería hermoso el gesto, nuestra querida Alicia lo organizó todo, cambio su día libre para acompañar a los abuelos y se lo comentó a Mari, la noticia la supo a gloria, muy ilusionada reservó asientos en la iglesia y se lo comunicó a los niños que recibieron la noticia con gran alegría.

El día de la celebración fue muy emotivo abundaron la lagrimas y los abrazos, el párroco Charly dijo unas palabras que honraron a los abuelos.

Todo fue una gran fiesta.

  Alvaro Medina del Campo

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: BODAS DE ORO MATRIMONIALES EN VIDA ASCENDENTE SEGORBE- CASTELLÓN

La Concatedral de Santa María, Castellón, ha acogido este martes 14 de Mayo, una Eucaristía de acción de gracias, presidida por nuestro Obispo D. Casimiro, por los matrimonios que se casaron en 1974, celebrando sus Bodas de Oro.

Entre los sacerdotes concelebrantes se encontraban, el párroco, D. Miguel Simón y D. Francisco Viciano, Consiliario de Vida Ascendente de Castellón, que ha organizado la Celebración y de la que Berta Sancho es la Presidenta. Tras la Liturgia de la Palabra ha tenido lugar la homilía de D. Casimiro –“” Dios es amor, un amor infinito que se expande y se comunica””_  ha señalado al comienzo.

“” También a vosotros –les ha dicho a los esposos—Dios os creó por amor, para que uniéndoos en matrimonio vivieseis en el amor mutuo, caminando juntos hasta la plenitud del amor””.

Además , “” para que, no os sintieseis solos en las dificultades de la vida, Dios os ofreció su gracia, su amor, que os ha acompañado día a día”” también como “” receta fundamental “” a seguir en todo matrimonio y en toda familia ha exhortado a “” buscar en todo momento el bien del esposo, de la esposa y de los hijos, como Jesús nos enseña””.

El Obispo les ha animado también a leer la exhortación apostólica “”Amoris Laetitia “” del Papa Francisco sobre el amor en la familia, destacando de la misma, la necesidad  de un respeto reciproco, pidiendo permiso, de ser agradecidos y de saber pedir perdón.

Tras la homilía, los esposos, han renovado sus compromisos matrimoniales, el Obispo les ha bendecido, y han realizado una entrega mutua se los anillos.

PERMISO, GRACIAS Y PERDÓN, tres palabras clave para los matrimonios.

Fue una celebración muy emotiva y muy interesante, acompañada con el órgano  y el Coro de Vida Ascendente.

Al finalizar fuimos a un Restaurante cercano a la Concatedral con el jubilo y alegría del encuentro.

 

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN MAXIMINO DE TRÉVERIS

Maximino nació al comienzo del siglo IV en Poitiers (Aquitania), al sudoeste de la antigua Galia. Provenía de un hogar muy piadoso.

La santidad de Agricio, obispo de Tréveris, llevó a Maximino a dejar el suelo natal e ir en busca de aquel prelado, para recibir lecciones de religión, ciencias y humanidades. El santo reconoció en el recién llegado una lúcida inteligencia y un firme amor a la doctrina católica, razón por la cual le confirió las sagradas órdenes. En el ejercicio de estas funciones hizo en breve tiempo notables progresos.

Al morir Agricio, conocidos por el pueblo los atributos de Maximino, por voluntad unánime éste fue su sucesor, ocupando la cátedra de Tréveris en el año 332.

Perturbaba en aquel tiempo en la Iglesia el arrianismo, doctrina que negaba la unidad y consustancialidad en las tres personas de la santísima Trinidad; según ellos el Verbo habría sido creado de la nada y era muy inferior al Padre. El Verbo encarnado era Hijo de Dios, pero por adopción.

Contra esta interpretación, que disminuía el misterio de la encarnación y el de la redención del hombre, se levantó Atanasio, obispo de Alejandría, que se había de constituir en el campeón de la ortodoxia.

Reinaba entonces el emperador Constantino el Grande, a quien los herejes engañaron acumulando calumnias sobre Atanasio, y así lograron que lo desterraste a Tréveris en el año 336. Allí Maximino lo recibió con evidencias de la veneración que le profesaba y trató por todos los medios de suavizar la situación del desterrado. Lo mismo hizo con Pablo, obispo de Constantinopla, también forzado a ir a Tréveris después de un remedo de sínodo arriano. Al morir Constantino, el hijo mayor, Constantino el Joven, su sucesor en Occidente, devolvió a Atanasio la sede de Alejandría.

En el año 345, Maximino concurrió al concilio de Milán, donde los arrianos, cuyo jefe era Eusebio de Nicomedia, fueron otra vez condenados. Considerado indispensable para cimentar la paz de la Iglesia celebrar un nuevo concilio ecuménico. Maximino lo propuso al emperador Constante; éste, hallándolo conveniente, escribió a su hermano Constantino, concertándose para tal reunión la ciudad de Sárdica (hoy Sofía, capital de Bulgaria).

Los arrianos quisieron atraer al emperador a su secta y justificar la conducta seguida contra Atanasio. Pero Maximino alertó al emperador, defendiendo así al obispo sin culpa; y Atanasio fue nuevamente restablecido.

Vuelto a su Iglesia, Maximino hizo frente a las necesidades, socorriendo a los pobres. Su familia residía en Poitiers y allá fue a visitarlos, pero murió al poco tiempo en esa ciudad, en el año 349. La fecha de hoy recuerda la traslación de sus reliquias a Tréveris.

La Iglesia católica lo celebra el 29 de Mayo

    Fuente: mercaba.org

INTENCIONES DE ORACIÓN

“El Papa Francisco confía cada mes a su Red Mundial de Oración, intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia”, afirma el sitio web de la iniciativa.

“Su intención de oración mensual es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos», es una brújula para una misión de compasión por el mundo”, agrega.

Este mes de junio  oramos POR LOS QUE HUYEN DE SU PAÍS

Oremos para que los migrantes que huyen de las guerras o del hambre, obligados a viajes llenos de peligro y violencia, encuentren aceptación y nuevas oportunidades de vida en sus países de acogida.

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en su 121º reunión, que tuvo lugar del 17 al 21 de abril de 2023, las intenciones de la CEE para el año 2024 por las que reza la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

Junio: POR LOS PADRES CRISTIANOS, para que fieles a los compromisos que adquirieron en el bautismo de sus hijos, sepan transmitirles la fe y hacer de sus hogares auténticas iglesias domésticas, abiertos generosamente a las necesidades de todos.

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE SOBRE LAS VIRTUDES: LA CARIDAD ES UN AMOR CASI ‘IMPOSIBLE’ QUE NOS HACE AMAR INCLUSO A LOS ENEMIGOS

En la audiencia general, Francisco estableció una distinción entre el amor cristiano y todos los demás tipos de amor que se experimentan en la vida: el que nace del Evangelio «bendice a los que maldicen», tan «audaz que parece casi imposible».

«Quedan, pues, estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas es la caridad»: escribe San Pablo en la Primera Carta a los Corintios. La caridad, tercera virtud teologal, es el tema de la catequesis del Papa Francisco hoy en la audiencia general en la Plaza de San Pedro.

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Cor 13,4-7)”

Se habla mucho del amor, pero ¿qué es el amor?

San Pablo se dirige a una comunidad cristiana que vive contrastes y disputas, «hay quienes pretenden -dice- tener siempre razón y no escuchan a los demás, considerándolos inferiores». Incluso durante la celebración de la Eucaristía hay divisiones, continúa el Papa, «y hay quien aprovecha para comer y beber, excluyendo a los que no tienen nada».

Probablemente todos estaban convencidos de que eran buenas personas, y si se les preguntaba por el amor, responderían que el amor era ciertamente un valor muy importante para ellos, al igual que la amistad y la familia. Incluso hoy en día, el amor está en boca de todos; está en boca de tantos «influencers» y en los estribillos de tantas canciones. Hablamos mucho de amor, pero ¿qué es el amor?

El amor de Dios es el que no quita, sino que da

El temor del apóstol es que entre los cristianos de Corinto «no hay rastro» de la virtud de la caridad, la que viene de Dios, y que del amor de Dios saben poco. Porque el de Dios «no es el amor que sube sino el que baja, no el que toma sino el que da». Ágape era el término utilizado para designar el amor cristiano, distinto de todos los demás amores, como el enamoramiento o el amor a la patria o el amor a la humanidad. Es «un amor más grande», dice el Papa, «un amor que viene de Dios y se dirige a Dios», y que al mismo tiempo nos hace capaces de «amar al prójimo como Dios lo ama».

«Este amor, por Cristo, nos empuja donde humanamente no llegaríamos: es amor por los pobres, por lo que no es amable, por los que no nos quieren y no nos agradecen. Es amor por lo que nadie amaría. Incluso por el enemigo. Esto es «teológico», esto viene de Dios, esto es obra del Espíritu Santo en nosotros».

Un amor que incluye al enemigo

En el Sermón de la Montaña, Jesús describe este amor mostrando su diferencia con el amor del que son capaces incluso los pecadores: “Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien solo a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo” (Lc 6,32-33). Por tanto, el cristiano debe amar a todos, sin esperar reciprocidad y sin interés, y su amor debe incluir a sus enemigos. Recordemos estas palabras, subraya el Papa: «Amen, en cambio, a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada».

«El amor cristiano abraza a los que no son amables, ofrece el perdón -¡qué difícil es perdonar: cuánto amor se necesita para perdonar! El amor cristiano bendice a los que maldicen, y estamos acostumbrados, ante un insulto o una maldición, a responder con otro insulto, con otra maldición. Es un amor tan audaz que parece casi imposible, y sin embargo es lo único que quedará de nosotros».

El juicio final será sobre la caridad

«El amor es la ‘puerta estrecha’ por la que debemos pasar para entrar en el Reino de Dios», afirma además Francisco. En el ocaso de la vida seremos juzgados precisamente por este amor, es decir, por la caridad. En el ocaso de la vida escucharemos de nuevo las palabras de Jesús: «En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron».

 

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO POR LA IV JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y LOS ANCIANOS

El próximo 28 de julio y bajo el lema  «En la vejez no me abandones» (cf. Sal 71,9) tendrá lugar en toda la Iglesia Católica la celebración  de la Jornada Mundial de los abuelos y ancianos, el Santo Padre Francisco nos ha dirigido este  precioso mensaje para esa jornada.

Queridos hermanos y hermanas:

Dios nunca abandona a sus hijos. Ni siquiera cuando la edad avanza y las fuerzas flaquean, cuando aparecen las canas y el estatus social decae, cuando la vida se vuelve menos productiva y corre el peligro de parecernos inútil. Él no se fija en las apariencias (cf. 1Sam 16, 7) y no desdeña elegir a aquellos que para muchos resultan irrelevantes. No descarta ninguna piedra, al contrario, las más «viejas» son la base segura sobre las que se pueden apoyar las piedras «nuevas» para construir todas juntas el edificio espiritual (cf. 1 Pe 2, 5).

La Sagrada Escritura, en su conjunto, es una narración del amor fiel del Señor, del que emerge una certeza consoladora: Dios sigue mostrándonos su misericordia, siempre, en cada etapa de la vida, y en cualquier condición en la que nos encontremos, incluso en nuestras traiciones. Los salmos están llenos del asombro del corazón humano frente a Dios, que nos cuida a pesar de nuestra pequeñez (cf. Sal 144, 3-4); nos aseguran que Dios nos ha plasmado en el seno materno (cf. Sal 139, 13) y que no entregará nuestra vida a la muerte (cf. Sal 16,10). Por tanto, podemos tener la certeza de que también estará cerca de nosotros durante la ancianidad, tanto más porque en la Biblia envejecer es signo de bendición.

Y, sin embargo, en los salmos encontramos además esta sentida súplica al Señor: «No me rechaces en el tiempo de mi vejez» (Sal 71, 9). Una expresión fuerte, muy cruda. Nos lleva a pensar en el sufrimiento extremo de Jesús que exclamó en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46).

En la Biblia, pues, hallamos la certeza de la cercanía de Dios en cada etapa de la vida y, al mismo tiempo, encontramos el miedo al abandono, particularmente en la vejez y en el momento del dolor. No se trata de una contradicción. Mirando a nuestro alrededor no nos resulta difícil comprobar cómo esas expresiones reflejan una realidad más que evidente. Con mucha frecuencia la soledad es la amarga compañera de la vida de los que como nosotros son mayores y abuelos. Siendo obispo de Buenos Aires, muchas veces tuve ocasión de visitar residencias de ancianos y me di cuenta de las pocas visitas que recibían esas personas; algunos no veían a sus seres queridos desde hacía muchos meses.

Las causas de esa soledad son múltiples. En muchos países, sobre todo en los más pobres, los ancianos están solos porque sus hijos se han visto obligados a emigrar. Pienso también en las numerosas situaciones de conflicto; cuántos ancianos se quedan solos porque los hombres —jóvenes y adultos— han sido llamados a combatir y las mujeres, sobre todo las madres con niños pequeños, dejan el país para dar seguridad a los hijos. En las ciudades y en los pueblos devastados por la guerra, muchas personas mayores se quedan solas, como únicos signos de vida en zonas donde parece reinar el abandono y la muerte. En otras partes del mundo, además, existe una falsa creencia, muy enraizada en algunas culturas locales, que genera hostilidad respecto a los ancianos, acusados de recurrir a la brujería para quitar energías vitales a los jóvenes; de modo que, en caso de que una muerte prematura, una enfermedad o una suerte adversa afecte a un joven, la culpa recae sobre algún anciano. Esta mentalidad se debe combatir y erradicar. Es uno de esos prejuicios infundados, de los que la fe cristiana nos ha liberado, que alimenta persistentes conflictos generacionales entre jóvenes y ancianos.

Si lo pensamos bien, esta acusación dirigida a los mayores de «robar el futuro a los jóvenes» está muy presente hoy en todas partes. Esta también se encuentra, bajo otras formas, en las sociedades más avanzadas y modernas. Por ejemplo, hoy en día está muy extendida la creencia de que los ancianos hacen pesar sobre los jóvenes el costo de la asistencia que ellos requieren, y de esta manera quitan recursos al desarrollo del país y, por ende, a los jóvenes. Se trata de una percepción distorsionada de la realidad. Es como si la supervivencia de los ancianos pusiera en peligro la de los jóvenes. Como si para favorecer a los jóvenes fuera necesario descuidar a los ancianos o, incluso, eliminarlos. La contraposición entre las generaciones es un engaño y un fruto envenenado de la cultura de la confrontación. Poner a los jóvenes en contra de los ancianos es una manipulación inaceptable; «está en juego la unidad de las edades de la vida, es decir, el real punto de referencia para la comprensión y el aprecio de la vida humana en su totalidad» (Catequesis 23 febrero 2022).

El salmo citado anteriormente —en el que se suplica no ser abandonados en la vejez— habla de una conspiración que ciñe la vida de los ancianos. Parecen palabras excesivas, pero comprensibles si se considera que la soledad y el descarte de los mayores no son casuales ni inevitables, son más bien fruto de decisiones —políticas, económicas, sociales y personales— que no reconocen la dignidad infinita de toda persona «más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre» (Decl. Dignitas infinita, 1). Esto sucede cuando se pierde el valor de cada uno y las personas se convierten en una mera carga onerosa, en algunos casos demasiado elevada. Lo peor es que, a menudo, los mismos ancianos terminan por someterse a esta mentalidad y llegan a considerarse como un peso, deseando ser los primeros en hacerse a un lado.

Por otra parte, hoy son muchas las mujeres y los hombres que buscan la propia realización personal llevando una existencia lo más autónoma y desligada de los demás que sea posible. Las pertenencias comunes están en crisis y se afirman las individualidades; el pasaje del «nosotros» al «yo» se muestra como uno de los signos más evidentes de nuestro tiempo. La familia, que es la primera y la más radical oposición a la idea de que podemos salvarnos solos, es una de las víctimas de esta cultura individualista. Pero cuando se envejece, a medida que las fuerzas disminuyen, el espejismo del individualismo, la ilusión de no necesitar a nadie y de poder vivir sin vínculos se revela tal cual es: uno se encuentra en cambio teniendo necesidad de todo, pero ya solo, sin ninguna ayuda, sin tener a alguien con quien poder contar. Es un triste descubrimiento que muchos hacen cuando ya es demasiado tarde.

La soledad y el descarte se han vuelto elementos recurrentes en el contexto en el que estamos inmersos. Estos tienen múltiples raíces: en algunos casos son el fruto de una exclusión programada, una especie de triste «complot social»; en otros casos se trata lamentablemente de una decisión propia. Otras veces también se los sufre fingiendo que se trate de una elección autónoma. Estamos perdiendo cada vez más «el sabor de la fraternidad» (Carta enc. Fratelli tutti, 33) e incluso nos cuesta imaginar algo diferente.

En muchos ancianos podemos advertir ese sentimiento de resignación del que habla el libro de Rut, cuando relata que la anciana Noemí —después de la muerte del marido y de los hijos— invitó a sus nueras, Orpá y Rut, a regresar a sus países de origen y a sus casas (cf. Rut 1, 8). Noemí —como tantos ancianos de hoy— teme quedarse sola, pero no consigue imaginar algo distinto. Como viuda, es consciente de valer poco ante la sociedad y está convencida de ser un peso para esas dos jóvenes que, al contrario de ella, tienen toda la vida por delante. Por eso piensa que sea mejor hacerse a un lado y ella misma invita a las jóvenes nueras a dejarla y a construir su futuro en otros lugares (cf. Rut 1, 11-13). Sus palabras son un concentrado de convenciones sociales y religiosas que parecen inmutables y que marcan su destino.

El relato bíblico nos presenta en este momento dos opiniones diferentes frente a la invitación de Rut y, por tanto, frente a la vejez. Una de las dos nueras, Orpá, que le tiene cariño a Noemí, con un gesto afectuoso la besa, pero acepta lo que ella también cree que es la única solución posible y sigue su propio camino. Rut, en cambio, no se separa de Noemí y le dirige palabras sorprendentes: «No insistas en que te abandone» (Rut 1, 16). No tiene miedo de desafiar las costumbres y la opinión común, siente que esa mujer anciana la necesita y, con valentía, permanece a su lado, dando inicio a una nueva travesía para ambas. A todos nosotros —acostumbrados a la idea de que la soledad es un destino inevitable— Rut nos enseña que a la súplica «¡no me abandones!» es posible responder «¡no te abandonaré!». No duda en trastocar lo que parece una realidad inmutable, ¡vivir solos no puede ser la única alternativa! No es casualidad que Rut —la que se quedó acompañando a la anciana Noemí— sea un antepasado del Mesías (cf. Mt 1, 5), de Jesús, el Enmanuel, Aquel que es «Dios con nosotros», Aquel que lleva la cercanía y la proximidad de Dios a todos los hombres, de todas las condiciones y de todas las edades.

La libertad y la valentía de Rut nos invitan a recorrer un camino nuevo. Sigamos sus pasos, hagamos el viaje junto a esta joven mujer extranjera y a la anciana Noemí, no tengamos miedo de cambiar nuestras costumbres y de imaginar un futuro distinto para nuestros ancianos. Nuestro agradecimiento se dirige a todas esas personas que, aun con muchos sacrificios, han seguido efectivamente el ejemplo de Rut y se están ocupando de un anciano, o sencillamente muestran cada día su cercanía a parientes o conocidos que no tienen a nadie. Rut eligió estar cerca de Noemí y fue bendecida con un matrimonio feliz, una descendencia y una tierra. Esto vale siempre y para todos: estando cerca de los ancianos, reconociendo el papel insustituible que estos tienen en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, también nosotros recibiremos muchos dones, muchas gracias, muchas bendiciones.

En esta IV Jornada Mundial dedicada a ellos, no dejemos de mostrar nuestra ternura a los abuelos y a los mayores de nuestras familias, visitemos a los que están desanimados o que ya no esperan que un futuro distinto sea posible. A la actitud egoísta que lleva al descarte y a la soledad contrapongamos el corazón abierto y el rostro alegre de quien tiene la valentía de decir «¡no te abandonaré!» y de emprender un camino diferente.

A todos ustedes, queridos abuelos y mayores, y a cuantos los acompañan, llegue mi bendición junto con mi oración. También a ustedes les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Roma , san Juan de Letrán, 25 de abril de 2024

LOS ORÍGENES DE LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, también conocida como Corpus Domini,  se celebra en la Iglesia Católica el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad o se transfiere al domingo siguiente.

La solemnidad fue instituida para honrar la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento, apoyada y alentada también por los numerosos milagros eucarísticos de los que brilla la historia de la Iglesia. Específicamente, recordamos las visiones de Santa Giuliana de Mont Cornillon y el milagro de Bolsena (Italia), que será particularmente decisivo para la proclamación de la solemnidad.

La visión de Santa Giuliana de Mont Cornillon

Santa Giuliana (1193-1258) fue muy devota del Santísimo Sacramento desde su niñez y siempre deseaba una fiesta especial que celebrara su grandeza y enfatizara la Presencia de Nuestro Señor en el Tabernáculo. Desde los 16 años, Giuliana comenzó a tener una visión que se repitió varias veces en su vida. La joven vio una luna llena brillante que, sin embargo, tenía una mancha oscura. Una vez, durante la visión, el Señor la ayudó a comprender su significado.

La luna representaba a la Iglesia y esa mancha oscura simbolizaba la falta de una gran fiesta litúrgica en honor del Santísimo Sacramento. Santa Juliana confesó la visión al obispo de Lieja Robert de Thorete y a Jacques Pantaléon, el futuro Papa Urbano IV. El obispo de Thorete quedó muy impresionado y en 1246 convocó un sínodo que autorizó la celebración de una fiesta dedicada a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento – Corpus Domini – que se llevará a cabo en su propia diócesis desde 1247.

El milagro eucarístico de Bolsena

El Padre Pedro de Praga se había vuelto muy incrédulo en su amor por la Eucaristía y había desarrollado varias dudas sobre si este era el verdadero Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor. En 1263, mientras celebraba la Misa en la Iglesia de Santa Cristina en Bolsena, al partir el Pan, la preciosa Sangre de Nuestro Señor comenzó a fluir, manchando las sábanas del altar, el corporal e incluso el suelo. El papa Urbano IV, que en ese momento residía en Orvieto, ordenó que las sábanas, impregnadas con la preciosa sangre del Divino Redentor, fueran llevadas a la Catedral de Santa Maria Asunta en Orvieto, donde todavía se conservan hoy.

Proclamación de la fiesta del Corpus Christi

El 11 de agosto de 1264, el papa Urbano IV publicó la bula papal Transiturus de hoc mundo en la que, después de exaltar el amor de Nuestro Señor Jesucristo expresado en la Sagrada Eucaristía, ordenó la celebración anual de la solemnidad del Corpus Christi para la Iglesia Universal. La bula papal luego ofrecía varias indulgencias para los fieles que participan en la Santa Misa y el Oficio. Con motivo de la institución de esta hermosa solemnidad, Santo Tomás de Aquino se encargó de la redacción de la solemne liturgia que aún hoy la distingue.

Fuente Catholic.net