12 CLAVES PARA ENTENDER EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Este domingo la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana. Aquí te presentamos 12 claves para adentrarnos un poco más en este dogma.

1.-LA PALABRA TRINIDAD NACE DEL LATÍN

Proviene de la palabra latina «trinitas», que significa «tres» y «triada». El equivalente en griego es «triados».

2.-FUE UTILIZADA POR PRIMERA VEZ POR TEÓFILO DE ANTIOQUÍA

El primer uso reconocido del término fue de Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: «Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría». (Para Autólicus 2:15)

3.-TRINIDAD SIGNIFICA UN SOLO DIOS Y TRES PERSONAS DISTINTAS

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: «La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo». (CCIC, 48)

4.-LA TRINIDAD ES EL MISTERIO CENTRAL DE LA FE CRISTIANA

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: «El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». (CCIC, 44)

5.-LA IGLESIA DEFINIÓ DE FORMA INFALIBLE EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Nicea se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser sobrenatural pero no Dios.

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6.-LA TRINIDAD SE SUSTENTA EN LA REVELACIÓN DIVINA DEJADA POR CRISTO

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

«Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios». (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se puede demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7.-LA BIBLIA ENSEÑA QUE EXISTE UN SOLO DIOS

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice:

«Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después». (Is. 43:10)

«Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’. (Is. 44: 6).

8.-EL PADRE ES PROCLAMADO COMO DIOS NUMEROSAS VECES EN EL NUEVO TESTAMENTO

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente: «¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)». (II Cor. 1: 3).

«Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. (Ef. 4: 5-6)

9.-LA BIBLIA TAMBIÉN DEMUESTRA QUE EL HIJO ES DIOS

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

«En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad». (Jn. 1: 1, 14)

También: «Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios'». (Jn. 20: 27-28)

10.-EL ESPÍRITU SANTO ES DIOS Y ASÍ LO AFIRMAN LAS ESCRITURAS

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y que a la que no se le puede mentir:

«Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado'». (Hechos 13: 2)

«Pedro le dijo: ‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios'». (Hechos 5: 3-4)

11.-LA DISTINCIÓN DE TRES PERSONAS DIVINAS SE DEMUESTRA CON LA BIBLIA

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

«En aquella ocasión Jesús exclamó: ‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer». (Mt. 11: 25-27).

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará «otro Paráclito», que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

«y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora con ustedes». (Jn. 14: 16-17)

12.-EL HIJO PROCEDE DEL PADRE Y EL ESPÍRITU PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO

«Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es «engendrado antes de todos los siglos». Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación» (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús:

«Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí». (Jn. 15: 26)

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo («que yo os enviaré»). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LAS VIRTUDES: LA ESPERANZA, UNA VIRTUD CONTRA LA QUE PECAMOS A MENUDO

El miércoles 8 de mayo,  su catequesis número 18, el Papa Francisco la dedicó a la virtud de la esperanza. «¿Qué será de mí? ¿Cuál es el destino del viaje? ¿Cuál es el destino del mundo?». Sobre estas preguntas, el Papa dijo que si tenemos una respuesta negativa nos produce tristeza, “si no hay un sentido en el viaje de la vida, si no hay nada ni al principio ni al final, entonces nos preguntamos por qué debemos caminar: de ahí surge la desesperación humana, el sentimiento de inutilidad de todo”.

Luego, parafraseando la carta encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI: «Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente». Y afirmó que, si falta la esperanza, “todas las demás virtudes corren el riesgo de desmoronarse y acabar en cenizas”. Si no tenemos la certeza de un “mañana fiable, un horizonte luminoso, sólo quedaría concluir que la virtud de la esperanza es un esfuerzo inútil”.

La esperanza: una virtud contra la que pecamos a menudo

El Pontífice señaló que la esperanza, es una virtud contra la que pecamos a menudo cuando nos sobresalen nostalgias malas, “en nuestras melancolías, cuando pensamos que las felicidades pasadas están enterradas para siempre”.

También cuando nos dejamos vencer por nuestros pecados, olvidando “que Dios es misericordioso y más grande que nuestros corazones. Pecamos contra la esperanza cuando en nosotros el otoño anula la primavera; cuando el amor de Dios deja de ser un fuego eterno y nos falta la valentía de tomar decisiones que nos comprometen para toda la vida”.

“¡El mundo de hoy tiene tanta necesidad de esta virtud cristiana! Como también necesita tanto la paciencia, virtud que camina de la mano de la esperanza. Los seres humanos pacientes son tejedores de bien. Desean obstinadamente la paz, y aunque algunos tienen prisa y quisieran todo y todo ya, la paciencia tiene capacidad de espera. Incluso cuando muchos a su alrededor han sucumbido a la desilusión, quien está animado por la esperanza y es paciente es capaz de atravesar las noches más oscuras”

Además, profundizó el Santo Padre, “la esperanza es la virtud del que tiene un corazón joven; y aquí, la edad no cuenta. Porque existen también ancianos con los ojos llenos de luz, que viven una tensión permanente hacia el futuro”.

El cristiano tiene esperanza no por mérito propio

Porque cada cristiano, cree en el futuro, “porque Cristo murió y resucitó y nos dio su Espíritu”, dijo Francisco, y retoma la Spe Salvi: «Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente».

Por tanto, Francisco recuerda que “la esperanza es una virtud teologal”, porque no emana de nosotros, dijo, “no es una obstinación de la que queramos convencernos, sino que es un don que viene directamente de Dios”.

Retomando la carta de san Pablo a los Corintios, donde, dijo Francisco, les presenta la nueva lógica de la experiencia cristiana: «Si Cristo no resucitó vana es la fe de ustedes y ustedes siguen en sus pecados. Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!», es como si dijera, señala el Papa, que “si crees en la resurrección de Cristo, entonces sabes con certeza que no hay derrota ni muerte para siempre. Pero si no crees en la resurrección de Cristo, entonces todo se vuelve vacío, incluso la predicación de los Apóstoles”.p

Recordando la solemnidad de Nuestra Señora de Luján

En sus saludos en español, el Papa recordó que en su patria, en Argentina, se celebra la solemnidad de Nuestra Señora de Luján, y mencionó que su imagen estaba presente en la Plaza. «Pidamos por Argentina, para que el Señor la ayude en su camino», concluyó.

CREADOS A IMAGEN DE LA TRINIDAD

En la primera página de la Biblia se afirma que el ser humano, varón y mujer, ha sido creado a imagen de Dios. Este es un dato básico en toda antropología teológica, o sea, en toda comprensión cristiana del ser humano. Pero, gracias al Nuevo Testamento, sabemos que este Dios creador del ser humano, es un Dios cualificado, un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si esto es así, entonces no queda más remedio que afirmar que la persona humana ha sido creada a imagen de la Trinidad, y que cada una de las tres personas deberá reflejarse, dejar su huella y su marca en su imagen humana.

San Ireneo decía que el Padre crea a través de sus dos manos, a saber, el Hijo y el Espíritu Santo. La creación es una obra conjunta de las tres personas, pero cada una juega su papel. Así se podría decir que el Padre, al crear al ser humano, tenía delante el mejor de los modelos, a saber, su propio Hijo que se iba a encarnar. De modo que toda la creación, y especialmente el ser humano, lleva una huella cristológica. El Hijo, el Verbo que se iba a encarnar, es el modelo en el que el Padre se fijaba al crear al hombre. El papel del Espíritu es igualmente importante, porque el Espíritu hace posible la presencia de Dios en la intimidad, en el corazón, en lo más profundo del ser humano. Más aún, esta presencia permanente de Dios en lo creado y en el hombre, es la que hace que todo se mantenga en el ser, es la posibilidad de que la vida permanezca. El Espíritu es la inmanencia del trascendente, el modo cómo Dios se hace presente en lo creado.

Las tres personas divinas se reflejan en el ser humano, creado a su imagen, de distinta manera: el cristiano refleja al Padre, que es fuente de amor; por eso el cristiano es capaz de amar. El cristiano refleja al Hijo, el eterno Amado. Por eso el ser humano es capaz de sentirse amado, llamado a dejarse amar en el gozo de la gratitud. El cristiano es reflejo del Espíritu Santo, que imprime en nosotros lo que Él es en el misterio divino: vínculo de unidad entre el Amante y el Amado, y así es en el hombre principio de unidad y fuerza de salida de sí mismo. El Espíritu nos mueve hacia los otros, nos impulsa a extender los brazos para abarcar a todos los hombres en un mismo querer, a unir a tanta gente separada en un nosotros de amor.

Martin Gelabert. Blog Nihil Obstat

ALERTAN DE LA VUELTA DE LOS FALSOS REVISORES DE GAS PARA ESTAFAR A MAYORES

Ya hacía tiempo que no se observábamos uno de los fraudes más habituales en el ámbito del Consumo, que es el relacionado con la visita para realizar su trabajo en los domicilios los falsos revisores del gas.

Así, acuden a los domicilios haciéndose pasar por inspectores de la empresa del gas señalando que debe realizar la revisión de la instalación de gas y exigiendo el pago de los supuestos trabajos realizados.

Siempre este fraude ha sido motivo de preocupación por las víctimas de los mismos, que suelen ser personas de avanzada edad y, por tanto, muy vulnerables. De hecho, la Asociación Española de Consumidores está empezando una Campaña de Atención y Formación de los consumidores vulnerables que tiene especial incidencia en las actuaciones de información para personas mayores.

Desde la Asociación Española de Consumidores ofrecen los siguientes consejos para evitar ser víctima de estos fraudes:

    Debemos saber cuándo tiene que hacer la revisión de las instalaciones de gas que tengamos. Hay obligación legal de pasarla cada cinco años. Así, la empresa distribuidora nos enviará una notificación para comunicar la fecha de la revisión. Por tanto, si no se ha recibido esta notificación no se debería permitir el acceso a nuestra vivienda de nadie que quiera hacer esa revisión. Esa revisión no se paga en el domicilio sino que irá en la factura del suministro de gas canalizado.

    En el caso del gas butano, también se tiene la obligación de pasar una revisión de la instalación cada 5 años. En este caso, es la persona usuaria la que debe concertar la visita con la empresa que debe realizar la revisión entre las que están autorizadas para hacer esa actuación.

    En ambos casos, el consumidor tiene derecho a solicitar la identificación del personal de la empresa que se presente en su domicilio para efectuar la revisión.

    Si la revisión arroja un resultado favorable, la empresa instaladora deberá facilitar el oportuno Certificado de la Revisión. Es recomendable conservar dicho certificado hasta la próxima revisión.

    Si se han tenido que cambiar piezas (por ejemplo, el regulador) tenemos derecho a solicitar las piezas que han sido sustituidas.

    Si pensamos que podemos estar siendo víctimas de un posible fraude, se recomienda avisar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE ORIHUELA – ALICANTE

El sábado 4 de Mayo respondíamos gozosos a la invitación realizada por parte de la Real Archicofradía de la Virgen del Remedio para visitar a nuestra Madre del Cielo en la Concatedral de San Nicolás, en Alicante en el Ejercicio de las Flores de Mayo.

Vida Ascendente llevó el rezo el Rosario y la liturgia de la Eucaristía presidida por nuestro Consiliario Diocesano, D. Tomás Bordera Amérigo.

Las lecturas nos hablaban de como el don del Espíritu Santo se había derramado sobre los gentiles, sobre todos los pueblos, de cómo nos tenemos que amar como hermanos, porque Dios es amor y nos tiene un amor infinito, y de cómo Jesús ha dado la vida por nosotros sin distinción, y esto lo llevaba en la homilía  D. Tomas a los grupos de Vida Ascendente, de cómo somos familia de fe, nos prestamos apoyo mutuo y sobretodo oramos, cuidamos la espiritualidad de las personas mayores que a veces están muy bien atendidas en lo físico y abandonadas en lo espiritual, y termino poniendo el movimiento a los pies de la Madre,  como aliento en la Iglesia Primitiva para que fructificara en esa parroquia un bello grupo.

La parroquia de la Concatedral siempre tiene todo muy protocolizado, pero cuando vamos nos sentimos como en nuestra casa pues es mucho el cariño que nos tienen, y se nota. Es cierto que no acudimos muchos en número, porque nuestra diócesis es muy grande y quedan lejos de la capital muchos pueblos con difícil transporte, pero la armonía y el cariño se derramaron a raudales.

TERCER APUNTE SOBRE LA ORACIÓN: LA ORACIÓN DE JESÚS

.La oración de Jesús

La oración de Jesús recorre todo el Nuevo Testamento. Cada una de sus acciones, de los momentos decisivos de su vida, de sus decisiones, van precedidas de una oración constante, filial, confiada, segura. De la elección de los Doce, a la soledad del huerto de Getsemaní, de la resurrección de Lázaro al encuentro con quien la tradición ha llamado el buen ladrón, el primero que reconoció y acogió la salvación que colgaba en la cruz de al lado.

Esos acontecimientos narrados en el Nuevo Testamento son puestos en contexto por Juan López Vergara, el autor de este tercer texto con los Apuntes sobre la oración que ponen en el centro la oración de Jesús. A partir del contexto en que se sitúa el acontecimiento de la vida de Jesús y del texto evangélico, en cada pequeño capítulo se escucha la oración de Jesús en primera persona. Estos tres elementos, el contexto, el texto y la oración de Jesús, configuran la estructura de una veintena de pequeñas meditaciones que sirven al lector para ser testigo de la conversación amorosa de Jesús con su Abba, con su padre, y para aprender de ella: sirven para rezar y para aprender a rezar.

El comienzo de la misión

Los primeros acontecimientos reflejados señalan los comienzos de la vida pública de Jesús: su bautismo en el Jordán, las tentaciones en el desierto, la proclamación en la sinagoga de Cafarnaum y el milagro de las bodas de Caná.

Después de treinta años transcurridos en el silencio y el alejamiento de un oscuro pueblo de Galilea, Jesús se adentra en el desierto y escucha al Bautista, testigo de la verdad, que bautiza en el Jordán. Esta experiencia única de la paternidad de Dios, a quien llama: Abba (que en su lengua natal aramea significa: Papá), lo va a marcar para siempre, transformando su vida.

Jesús es colmado por la unción del Espíritu. Y es una comunicación que va más allá de las vivencias ordinarias con su Padre, quien dialoga con él descubriéndole el maravilloso misterio de su filiación única. A partir de esto, el tiempo de Jesús quedó inaugurado con la fuerza del Espíritu enseñando en sus sinagogas. Él es el maestro.

En su aldea de Nazaret, donde fue concebido, en su modesta sinagoga y en la liturgia del sábado, comenzó su predicación, con la certeza de que la Escritura contiene la Palabra de Dios. Jesús inclinó su cabeza al recibir el rollo del profeta Isaías y encontró un pasaje, en el cual vislumbró el que sería el programa de su vida. Es el gran anuncio kerigmático que entraña el cumplimiento de la profecía. Jesús se presentó ungido por el Espíritu del Señor, como el heraldo de la Buena Noticia, enviado a sembrar libertad, luz y gracia.

El mensaje en la misión

Entre las casas, las plazas, las calles llenas, Jesús venía pensando cómo su existencia se había entretejido con los hilos de los apegos y los desprendimientos. Se retira en busca de soledad que es, en él un deseo profundo y constante que lo habitaba: era imprescindible estar con su Abba. ¡Su oración era incesante e incansable! Sus padres le enseñaron a crecer con serenidad y confianza, a buscar a Dios en su propia existencia, a abandonarse en sus manos. En el momento de dormirse se quedaba tranquilo como un niño en brazos de su madre.

En un momento dado, como pidiendo un compromiso mayor, Jesús, maestro infatigable, se mueve en medio del pueblo y los conmina a tomar una decisión a favor de él: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10,37). A pesar de su cercanía, a la amistad que tienen con él, su autoridad sorprende: El seguimiento exige decidirse por Jesús. Y sus discípulos no saben qué pensar.

Este anuncio tendría resonancias significativas en algunos seguidores, quienes aturdidos decidirían abandonarlo. No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.

La misión de Jesús por su tierra galilea se caracteriza por sus continuos desplazamientos por ciudades y aldeas, anunciando el reinado de Dios y acompañado por el círculo más íntimo de sus discípulos y un buen grupo de mujeres. La impresión que causaron sus encuentros con Dios, a quien invocaba como su Abba, fue enorme. Jesús de Nazaret predica al Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Un Dios de vivos con el que mantiene una relación viva. ¡Con cuánta intensidad destacaba su bondadosa y misericordiosa paternidad!

Ciertamente, del corazón del hombre venido de Dios emanaba un manantial de misericordia para cada uno de sus hermanos, dando vida al nombre que le puso Dios por boca del ángel. Él solía permanecer en oración desde medianoche hasta el alba, convencido que sabe bien vivir, quien sabe bien orar. Su mensaje era inseparable de su persona. Ha revelado el ser de Dios con sus propios modos de actuar.

Un día fue importante para todos, también para nosotros hoy. Fue el día en que uno de sus discípulos le pidió que les enseñara a orar como había hecho ya aquel, a quien Jesús había llamado el hombre más grande entre los nacidos de mujer. Jesús contestó con brevedad y precisión, entregándole a él y a nosotros el Padrenuestro, la oración en la que pedimos lo que de verdad necesitamos, aunque muchas veces no nos damos cuenta.

Jesús abrazaba en su alma el misterio de su filiación divina. Este misterio no suprimió los condicionantes de su humanidad. Al igual que nosotros tuvo necesidad, por siempre, de amar y ser amado. No dejó de crecer un solo día de su vida en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres. En el bautismo fue agraciado al saberse el Hijo Amado, en quien su Padre tenía sus complacencias, al recibir en su humanidad la plenitud del Espíritu.

Pero su palabra y su misión no siempre es bien acogida. Jesús se sentía acosado por aquellos que se tenían por justos. Y decidido a hacerlos reflexionar, dio vida a una parábola, reveladora del corazón de Dios, con la cual se defendió respetuosamente: el hijo pródigo. Dios es un Padre que siempre espera, que siempre ama, que siempre acoge al resentido y recoge al caído. ¡La parábola más hermosa imaginada! Fue una experiencia única, que abrió camino a una nueva conciencia del Padre, que a los excluidos atraía y fascinaba.

Esta había brotado en esa relación con Dios a quien llamaba: Abba. Semejante imagen revela un conocimiento perfecto del amor de su Abba, de su misterio, que condensa todo: Dios es amor. Jesús describe el fundamento de la dignidad de todo ser humano: su filiación divina. Él siempre mira a la causa de las causas: el amor de su Abba, que nos creó por amor y para amar.

El comienzo del fin

La oración de Jesús se afila cuando llega la dificultad, la sospecha, la persecución. Cuando llega el momento de la Cruz.

Jesús se paseaba por el pórtico de Salomón, en la fiesta de la Dedicación. Se sintió confrontado en medio de una tempestad que preludiaba su pasión, rodeado por un grupo de hermanos judíos que querían que les dijera si era el Mesías. Él replicó a quienes le sometían a semejante interrogatorio, recordándoles que ya se los había dicho, pero no creían en las obras que realizaba.

En Getsemaní tiene lugar un acontecimiento aterrador. Jesús, el profeta de Nazaret, ungido por Dios con el Espíritu Santo y poder, el evangelizador que proclama la venida del Reino, el maestro lleno de sabiduría y autoridad, amigo de los marginados, publicanos y pecadores, el exorcista, el taumaturgo que tiene dominio sobre la naturaleza, la enfermedad y hasta la muerte, ha caído en tierra y vuelto a caer, agarrotado por el miedo. En ese contexto de densidad infinita, muestra su confianza en el amor y en el poder del Padre, al que invoca como Abba.

Su oración se convierte en súplica, y acaba en abandono sin reservas, en aceptación incondicionada.

Y llega la cruz. Jesús, quien pasó haciendo el bien, de cuya mirada brotaban ríos de compasión al curar a todos los oprimidos por el diablo, está en la cruz ultrajado, sufriendo lo indecible, con su barba cubierta de salivazos. Las autoridades le desafiaban para que, si era el Mesías de Dios, y a otros había salvado, se salvara a sí mismo. Los soldados le increparon con igual argumento: sálvate a ti mismo. Lo mismo uno de los malhechores que lo acompañaban en el martirio de la cruz.

Otro de los crucificados se apiadó de Jesús y lo defendió, respondiéndole que ni siquiera temía a Dios, estando en el mismo suplicio. Se dieron cita la dureza y la compasión. Esta apareció en un inesperado rincón: el corazón del buen malhechor. Y Jesús, mirándole, quiso volverse a su Abba para pedirle el Paraíso para quien tuvo compasión de Él.

Todo está consumado. Un sordo gemido sufriente emanaba de su frágil cuerpo exhausto y apaleado. Y a pesar de todo no murió la bondad que lo identificaba, palpitando en el fondo de su ser, al realizar el acto supremo de caridad: dar su vida. Su corazón, ciertamente, se detuvo, pero nunca dejó de amar.

Acompañar a Jesús en su oración es aprender a rezar. Aprender a confiar. Aprender a hacer la voluntad de quien quiere lo mejor para nosotros.

Jesús con su oración es maestro de oración.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PEDRO DE REGALADO

Hijo de Pedro Regalado y María de la Costanilla, matrimonio de judeoconversos, nació en la vallisoletana Calle de la Platería. En 1403 entra en el Convento de San Francisco a pocos metros de su casa natal.

Con tan sólo quince años, ya acompañaba en sus viajes a fray Pedro de Villacreces, fervoroso franciscano que además de fundar el monasterio de La Salceda en Tendilla, impuso la estricta observancia en la regla, fundando el grupo de los villacrecianos. En uno de ellos, alcanzaron La Aguilera (Burgos) con la intención de fundar un nuevo convento que renovase la Orden franciscana.

En La Aguilera se dedicará San Pedro Regalado a las más diversas labores, destacando el cuidado de los pobres. Fue ordenado sacerdote a los veintidós años y a los veinticinco acompaña de nuevo a fray Pedro de Villacreces, esta vez a El Abrojo (Laguna de Duero, en la provincia de Valladolid) para fundar otro convento, donde debido a su fama de santo será consultado con frecuencia por miembros de la nobleza.

Es conocido por haber mantenido un silencio casi continuo pasando la mayor parte de las noches en oración y tenía extraordinarias gracias: a menudo se veía elevado por encima de la tierra con llamas irradiando de su cuerpo y poseía la agilidad y facilidad de los cuerpos glorificados. Lo más extraño de todo, también se estableció que a menudo se encontraba a la misma hora en monasterios distantes entre sí, haciendo negocios para la Orden.

También se conoce un hecho milagroso de su vida recogido en el proceso de canonización y que ofrece los elementos iconográficos de Pedro Regalado. En la madrugada del 25 de marzo de 1450, fiesta de la Anunciación de la Virgen María, está el fraile Pedro rezando maitines tan absorto en la contemplación dentro del convento de El Abrojo; siente añoranza por honrar a María en el convento de La Aguilera consagrado por él a la Virgen bajo esa advocación; se transporta por los aires en los ochenta kilómetros que separan las casas y regresa de nuevo a El Abrojo, cumplido su deseo.

Tras el fallecimiento de fray Pedro de Villacreces, fue nombrado prelado de los monasterios reformados de la estricta observancia en La Aguilera (Domus Dei) y El Abrojo (Scala Coeli).​

Su fama de santidad fue creciendo de forma rápida, llegando a atribuírsele episodios de bilocación y se extendió incluso después de su muerte tanto entre el pueblo como entre las clases poderosas, llegando a visitar su tumba en el Santuario de la Aguilera la reina Isabel la Católica.

Tanto en vida como posteriormente se le han atribuido numerosos milagros,​ siendo canonizado en 1746 por Benedicto XIV.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LAS VIRTUDES: LA FE ES EL ACTO POR EL CUAL EL SER HUMANO SE ENTREGA LIBREMENTE A DIOS

Durante la Audiencia General, el Papa Francisco reflexiona sobre la virtud teologal de la fe: “Es la virtud que hace al cristiano. Porque ser cristiano no es aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino acoger y custodiar un vínculo: un vínculo con Dios y yo”

La fe, junto a la caridad y la esperanza, es la tercera virtud «teologal». Pero, ¿porque estas virtudes son teologales? “Porque sólo podemos vivirlas gracias al don de Dios” ha explicado el Santo Padre el miércoles 1 de Mayo frente a miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Francisco reflexiona este primero de mayo acerca de las virtudes teologales, y recuerda que son los grandes dones que Dios hace a nuestra capacidad moral: “Sin ellas, podríamos ser prudentes, justos, fuertes y templados, pero no tendríamos ojos que ven incluso en la oscuridad, no tendríamos un corazón que ama incluso cuando no es amado, no tendríamos una esperanza que osa contra toda esperanza”.

¿Qué es la fe?

“El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica que la fe es el acto por el cual el ser humano se entrega libremente a Dios” ha dicho  el Santo Padre.

De hecho, para Francisco “la fe es la virtud que hace al cristiano”: “Porque ser cristiano no es ante todo aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino que ser cristiano es acoger y custodiar un vínculo: un vínculo con Dios y yo, mi persona y el rostro amable de Jesús. Este vínculo es el que nos hace ser cristianos”.

El gran enemigo de la fe

“No es la inteligencia, no es la razón, como por desgracia algunos siguen repitiendo obsesivamente, sino que el gran enemigo de la fe es el miedo”. El Papa Francisco recuerda que es por eso que “la fe es el primer don que hay que acoger en la vida cristiana”: “un don que es preciso acoger y pedir cada día, para que se renueve en nosotros”.

Aunque la fe es un don pequeño, “es el esencial”

Y es que, para un padre cristiano, consciente de la gracia que se le ha concedido, “es ése el don que debe pedir también para su hijo: la fe” dice el Papa: “Con ella, un padre sabe que, incluso en medio de las pruebas de la vida, su hijo no se ahogará en el miedo. Sabe también que, cuando deje de tener un padre en esta tierra, seguirá teniendo a Dios Padre en el cielo, que nunca le abandonará”.

El consejo del Papa: Pedir al Señor que aumente nuestra fe

“Como dice el Apóstol, la fe no es de todos” afirma el Papa, recordando que incluso nosotros, que somos creyentes, “a menudo nos damos cuenta de que solo tenemos una pequeña reserva”. Por ello, hoy el Papa Francisco ha animado a todos los peregrinos presentes y a quienes están conectados por radio y televisión a recitar “una hermosa oración”: «Señor, aumenta nuestra fe». Gracias, Señor”.

LOS CUATRO SENTIDOS DE LA ESCRITURA

Un viejo pareado, reproducido por el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 118), que tiene su origen en la Edad Media (atribuido al dominico Agustín de Dacia), resume la significación de los cuatro sentidos de la Escritura. Dice así:

«Littera gesta docet, quid credas allegoria,

Moralis quid agas, quo tendas anagogia»

(La letra enseña los hechos, la alegoría lo que has de creer,

la moral lo que has de hacer, la anagogía a dónde has de tender).

La letra enseña los hechos. La Escritura narra hechos, acontecimientos, cosas que sucedieron. No es una exposición de doctrina ni una colección de mitos. Dios se revela a través de una historia, la historia de Israel y la historia de Jesús de Nazaret. Esta historia es la raíz y el fundamento de los tres sentidos posteriores. En primer lugar, de la alegoría, pues las palabras y la historia nos orientan hacia un misterio, es decir, a un conjunto de verdades sobre Dios, Cristo y su Iglesia. La alegoría revela el sentido oculto de la historia, se refiere a aquello que hay que creer.

Tras la alegoría, viene el sentido moral. Pero no se trata de una moral cualquiera, sino de una moral que es consecuencia directa de la doctrina, que indica por dónde debe caminar el cristiano si quiere seguir a Cristo y actuar según la voluntad de Dios. El misterio de Dios ilumina lo que es el ser humano y en Cristo encontramos el modelo más acabado de humanidad. Por eso, creer en Cristo implica un cambio de vida, una vida nueva. Finalmente, el sentido anagógico: se trata de las realidades celestiales, del misterio plenamente desvelado, de aquello que nos espera, de la vida eterna en la que serán colmadas todos nuestros deseos. La vida eterna es Dios mismo, gozo del corazón humano y plenitud total de todas sus aspiraciones.

Estos cuatro sentidos forman el edificio de la vida cristiana. San Jerónimo decía que en el sentido histórico o literal encontramos los cimientos del edificio; la alegoría sería comparable a los muros; la tropología aseguraría la decoración interior, el buen orden de la casa; y, finalmente la anagogía lo completaría todo a modo de techo. La comparación es buena, pero siempre que no nos lleve a separar un sentido del otro. No se trata de cuatro partes de un mismo todo, sino de una misma realidad vista bajo distintos aspectos inseparables, estrechamente interconectados y relacionados. La alegoría o doctrina expone el sentido de la historia o de la letra; la moral es la doctrina hecha vida del creyente, es Cristo acogido en el alma y el corazón; y la anagogía o escatología no es simplemente la recompensa, es la realidad del dogma, no solo vivido, sino realizado y triunfante.

La Sagrada Escritura, bien leída e interpretada, está en la base de toda vida cristiana, porque ella nos conduce al misterio de Cristo. San Jerónimo decía que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Por eso es importante que todo cristiano conozca la Palabra de Dios que se nos entrega en la sagrada Escritura.

Martin Gelabert Blog Nihil Obstat

CASI NUEVE MILLONES DE ESPAÑOLES MARCAN YA LA “X” DE LA IGLESIA

La Conferencia Episcopal publica los datos definitivos de la Campaña de la Renta 2023, en la que tanto el número de contribuyentes como el dinero recaudado aumentan con respecto al ejercicio anterior

La Conferencia Episcopal Española ha dado a conocer hoy los datos definitivos de la Campaña de la Renta correspondiente a la primavera de 2023, en la que 8’8 millones de españoles asignaron parte de sus impuestos a la labor social y espiritual de la Iglesia. Tanto el número total de declaraciones –7.640.051, un 14’84% de ellas, conjuntas– como la cantidad aportada por los contribuyentes –359 millones de euros– son superiores a las cifras provisionales adelantadas en el pasado mes de diciembre y, lo más importante, a la recaudación del ejercicio 2022.

El importe global que los contribuyentes españoles han otorgado a la Iglesia católica en la Campaña de la Renta de 2023 aumenta en 38 millones de euros, un 11’9% más que en el ejercicio anterior, mientras que el número total de declaraciones con la X del Xtantos también crece con respecto a 2022: 218.126 más. La cifra supone un récord absoluto en la serie histórica. En relación al porcentaje de personas que marcan la casilla en su declaración de la Renta, según los datos facilitados por la Secretaría de Estado de Hacienda, es de un 30,96 %.

En su comparecencia del pasado mes de diciembre, con números ligeramente inferiores a los definitivos, el vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, Fernando Giménez Barriocanal, valoraba que se trataba de datos “económicamente buenos”.

En opinión del director del secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia, José María Albalad, «los datos de la X son muy buenos para la Iglesia y extraordinarios para la sociedad». «Todavía hay más de siete millones de personas que siguen dejando la casilla en blanco, ya sea de la Iglesia o de fines sociales. La Iglesia quiere estar cerca de ellos también, vamos a trabajar duro para ganarnos su confianza, porque la confianza no se pide, se gana», ha agregado.

Según el director del secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia, la subida en prácticamente la totalidad de Comunidades Autónomas «demuestra la capilaridad que tiene la Iglesia, que está presente de verdad en toda la vertebración del territorio». Además, «pocas cosas ponen más de acuerdo a los españoles que la X del Xtantos. La Iglesia es un manantial de esperanza en tiempos de necesidad. Nos acercamos ya al horizonte de los nueve millones de personas, un récord histórico del sistema. Por eso decimos que gracias se escribe con X, porque marcar una X puede cambiar una vida, como hemos visto en los testimonios que tenemos en nuestra web, pero casi 9 millones de X pueden cambiar y cambian una sociedad».

«Cada año, la Iglesia se somete al examen de los contribuyentes y son ellos quienes nos dan la confianza. Si nadie marcara la X de la declaración, los ingresos de la Iglesia por parte del Estado serían 0. Por ello, es un ejercicio de democracia fiscal y tenemos que estar agradecidos, porque nos han dado su confianza», recuerdan desde el secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia.