Daos la paz
Daos la paz…
porque de guerras andamos muy sobrados,
tenemos más de 50 activadas, tres más que el año pasado;
la carrera de armamentos se ha disparado exponencialmente
en estos últimos años y las armas matan;
el mundo está “polarizado” y España también,
ideológica, política y religiosamente
y palabras como “diálogo, respeto, pacto y puentes”
han quedado obsoletas,
haciendo realidad el refrán:
“al enemigo ni agua”.
Daos la paz…
paz, que parte del hecho de que todos somos “hermanos”
y no debemos ver a los “otros” como potenciales enemigos,
con argumentos falaces y embusteros:
los emigrantes generan inseguridad,
los pobres dan mala imagen a la “sociedad del bienestar”,
los de otras creencias desvirtúan nuestra religión,
los homosexuales cuestionan nuestra moral…
“No basta con pedir la paz,
debemos encarnarla en un estilo de vida
que rechace toda forma de violencia,
ya sea visible o sistémica” (León XIV).
Daos la paz…
“una paz desarmada,
no basada en el miedo ni en las amenazas,
y desarmante,
capaz de resolver los conflictos,
abrir los corazones y generar confianza mutua,
empatía y esperanza” (León XIV).
Daos la paz…
la paz que Jesús prometió a sus discípulos
antes de su muerte
y es mucho más que la ausencia de guerra,
porque es la “paz interior”
que da la presencia de Dios en el corazón
y sale al “exterior”.
“Os dejo la paz. Mi paz os doy,
pero no como la dan los que son del mundo.
No os angustiéis ni tengáis miedo” (Jn 1n27).
Daos la paz…
la paz de Dios
que se cultiva en la oración
para que el Espíritu Santo nos lleve
a una nueva dimensión en la que estemos dispuestos:
a reconciliarnos con el “guerrero”
que llevamos dentro de nosotros;
a perdonar a nuestros enemigos
y a ser personas de paz y de concordia
porque nadie puede dar a los demás lo que no tiene.
“Jesús resucitado saludó a sus discípulos diciendo:
¡Paz a vosotros!
Como el Padre me envió a mí,
también yo os envío a vosotros.
Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,21).
“Decid de corazón:
“Que haya paz en ti, Jerusalén;
que vivan tranquilos los que te aman.
Que haya paz en tus murallas;
que haya seguridad en tus palacios.
Y ahora, por mis hermanos y amigos, diré:
“Que haya paz en ti.
Por el templo del Señor nuestro Dios
procuraré tu bien” (Sal 122,6).
Julián del Olmo
Domingo, 7 de junio de 2026
Corpus Christi

