CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 5. ESPIRITUALIDAD PASCUAL Y ECOLOGÍA INTEGRAL.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Estamos reflexionando, en este Año jubilar dedicado a la esperanza, sobre la relación entre la Resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual, es decir nuestros desafíos. A veces, Jesús, el Viviente, también nos quiere preguntar: «¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?». Los desafíos, de hecho, no se pueden afrontar solos y las lágrimas son un don de vida cuando purifican nuestros ojos y liberan nuestra mirada.

El evangelista Juan nos llama la atención sobre un detalle que no encontramos en los otros Evangelios: llorando cerca de la tumba vacía, la Magdalena no reconoció enseguida a Jesús resucitado, sino que pensó que era el custodio del jardín. De hecho, ya narrando la sepultura de Jesús, al anochecer del viernes santo, el texto era muy preciso: «En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús» (Jn 19, 41-42).

Termina así, en la paz del sábado y en la belleza de un jardín, la dramática lucha entre tinieblas y luz desatada con la traición, el arresto, el abandono, la condena, la humillación y el asesinato del Hijo que «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Cultivar y custodiar el jardín es la tarea originaria (cfr Gen 2,15) que Jesús llevó a su término. Su última palabra en la cruz – «está cumplido» (Jn 19,30) – invita a cada uno a reencontrar la misma tarea, su tarea. Por esto, «inclinando la cabeza, entregó el espíritu» (v. 30).

Queridos hermanos y hermanas, ¡María Magdalena, entonces, no se equivocó del todo, creyendo que encontraba al cuidador de la huerta! De hecho, debía volver a escuchar el propio nombre y comprender la propia tarea del Hombre nuevo, la que en otro texto de Juan dice: «hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). El Papa Francisco, con la encíclica Laudato si’, nos indicó la extrema necesidad de una mirada contemplativa: si no es cuidador del jardín, el ser humano se convierte en su devastador.

La esperanza cristiana, por lo tanto, responde a los desafíos que enfrenta toda la humanidad hoy deteniéndose en el jardín donde se colocó el Crucificado como una semilla, para volver a brotar y dar mucho fruto.

El Paraíso no está perdido, sino que es encontrado. La muerte y resurrección de Jesús, por lo tanto, son el fundamento de una espiritualidad de la ecología integral, fuera de la cual las palabras de la fe se quedan sin conexión con la realidad y las palabras de la ciencia se quedan fuera del corazón. «La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia» (Laudato si’, 111).

Por esto, hablamos de una conversión ecológica, que los cristianos no pueden separar de ese cambio de dirección que les requiere seguir a Jesús. El hecho de que María se volviera aquella mañana de Pascua es una señal de esto: solo de conversión en conversión pasamos de este valle de lágrimas a la nueva Jerusalén. Tal pasaje, que empieza en el corazón y es espiritual, modifica la historia, nos compromete públicamente, activa solidaridad que desde ahora protegen personas y criaturas de las ansias de los lobos, en el nombre y fuerza del Ángel Pastor.

Así, los hijos y las hijas de la Iglesia pueden hoy encontrar millones de jóvenes y de otros hombres y mujeres de buena voluntad que han escuchado el grito de los pobres y de la tierra dejándose tocar el corazón. Son muchas también las personas que desean, a través de una relación más directa con la creación, una nueva armonía que los lleve más allá de tantas laceraciones. Por otro lado, además «el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje» (Sal 18,1-5).

El Espíritu nos dé la capacidad de escuchar la voz de quien no tiene voz. Veremos, entonces, lo que los ojos aún no ven: ese jardín, o Paraíso, al que solo nos acercamos acogiendo y cumpliendo cada uno su propia tarea.

Fuente: La Santa Sede

EL AMOR DETERMINANTE DE LA VERDAD

Lo mismo que hemos dicho en el artículo anterior sobre la justicia, cabe decirlo ahora a propósito de la verdad. Pues una verdad sin amor puede conducir a la condena de quienes supuestamente viven en la mentira. En Ef 4,15 San Pablo habla de realizar la verdad en el amor. La verdad cristiana está determinada por el amor. Una verdad sin amor puede conducir al fanatismo y desvirtuar la verdad. El cristianismo no puede ser nunca una verdad sin amor. Por eso el acento en la evangelización, en el anuncio del mensaje cristiano, debe estar en el amor con que se ofrece, en el amor con que se comprende la postura del otro, en el amor con el que se respeta la negativa del otro, en el amor con el que se disculpa la incomprensión del otro. En este amor está la verdad. Una evangelización así es auténtica porque aúna e integra la dignidad de la persona humana con la oferta del misterio que en Cristo se manifiesta.

La verdad del cristianismo es el amor. Porque Dios es Amor. Ya Pascal decía que podía hacerse un ídolo de la verdad, cuando la verdad no iba acompañada de caridad: “podemos hacer un ídolo de la verdad. Pues la verdad sin caridad no es Dios; es un ídolo que no hay que amar ni adorar; y aún menos hay que amar o adorar a su contrario, que es la mentira”. Esta última observación de Blas Pascal (no hay que adorar a la verdad sin caridad, pero menos aún hay que amar o adorar a la mentira) nos invita a hacer una última reflexión. Por una parte, la verdad cristiana está en la caridad, pues la verdad que proclama el cristianismo es el amor. Por eso, la verdad cristiana debe proponerse con amor, so pena de que haya una contradicción entre lo propuesto y el modo de proponerlo, en cuyo caso el modo negaría el contenido ofrecido. No puede hablarse de paz desde la irritación o de amor desde la intransigencia y la fuerza, porque el modo niega el contenido.

Ahora bien, la caridad debe fundamentarse en la verdad y regularse por la verdad. No es posible un amor fundamentado en la falsedad. Ni en la falsedad subjetiva, en el engaño o la apariencia del que dice amar; ni en la falsedad objetiva, pues el amor busca siempre el bien, y en la mentira no hay bien. De ahí que pueda escribir Benedicto XVI: “Solo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad… Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente”.

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

 

UN JUBILADO DE 91 AÑOS DONA UN MILLÓN DE EUROS PARA SALVAR LA IGLESIA DE SU PUEBLO

En La Chapelle-sur-Aveyron, una pequeña localidad de la región de Loiret, en el centro de Francia, los vecinos han rendido homenaje a uno de los suyos. Raymond Landy, de 91 años, que ha donado un millón de euros para restaurar la iglesia del pueblo, gravemente deteriorada por el paso del tiempo.

El pasado 25 de octubre, decenas de personas se reunieron frente al templo para asistir al descubrimiento de una placa en honor a Landy, un gesto de gratitud hacia el benefactor que ha hecho posible unas obras largamente esperadas. Según ha informado el medio francés France 3, este donativo permitirá financiar tres cuartas partes del presupuesto total de la restauración, cifrado en 1,38 millones de euros.

«Nací aquí, hice mi Primera Comunión aquí, siempre he vivido en La Chapelle…», expresó Landy, visiblemente emocionado, desde su silla de ruedas durante el homenaje.

El corazón del pueblo en riesgo de derrumbe

Con apenas 640 habitantes, La Chapelle-sur-Aveyron es una de tantas pequeñas comunas rurales que luchan por conservar su patrimonio. Su iglesia, varias veces remodelada a lo largo de los siglos, se encontraba en un estado crítico.

«Somos un pueblo muy pequeño, así que nuestra iglesia es nuestro único patrimonio. No está catalogada, pero es el corazón del pueblo, todo el mundo la aprecia», explicó el alcalde, Christian Chevalier, a France 3.

Las primeras señales de deterioro aparecieron a principios de los años 2000. Sin fondos suficientes para acometer una restauración integral, las distintas corporaciones locales fueron aplazando los trabajos. El gesto de Landy lo cambió todo.

«El alcalde me dijo que teníamos una donación de un millón de euros, así que decidimos llevar a cabo la mayor cantidad de obras posible», recordó el arquitecto del patrimonio Antoine Leriche, encargado del proyecto.

La situación del edificio era tan grave que, según el propio alcalde, sin esta intervención la iglesia habría tenido que cerrarse o incluso demolerse.

La bóveda se estaba desintegrando y los trozos de yeso se acumulaban sobre una red de seguridad. El problema principal, detalló Leriche, era la estructura de la techumbre, que cedía y presionaba la bóveda inferior. Además, el campanario —símbolo visible del templo— se inclinaba cada vez más «debido a una base podrida».

Obras a gran escala

Las obras de restauración, que comenzarán en noviembre, se desarrollarán durante 18 meses en tres fases. La primera consistirá en desmontar el campanario, que será retirado con una grúa y depositado en la plaza del pueblo para su reparación. Luego se rehabilitará el coro, tanto por dentro como por fuera.

Entre primavera y otoño de 2026 se acometerá la parte más compleja: la sustitución completa de la cubierta y la estructura de madera, junto con la retirada de la bóveda de yeso y la renovación de las fachadas.

«Por lo general, el proyecto dura más de 20 años y se divide en cuatro, cinco o seis fases, lo que da tiempo a los municipios para conseguir nueva financiación. Esta vez, es todo a la vez; ¡es la primera vez que me pasa algo así!», confesó el arquitecto Leriche a France 3.

Una vez concluidos los trabajos, el edificio quedará libre de riesgos estructurales. «Y estaremos listos para otros 150 años», celebró el alcalde.

Un gesto que deja huella

Para Raymond Landy, este acto representa una forma de «hacer algo importante» con el dinero heredado de un familiar. Su donación ha sido reconocida públicamente por las autoridades locales, responsables políticos y el obispo de Orléans, Jacques Blaquart, que acudió al acto conmemorativo.

En un tiempo en que muchas iglesias rurales francesas sufren abandono por falta de medios, la historia de La Chapelle-sur-Aveyron ha emocionado a todo el país.

Miriam Gómez Sanz para 65 y MAS

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA CECÍLIA DE ROMA

La antigüedad de su martirio y la amplitud de su recuerdo hicieron que su nombre esté presente en el canon de la Misa. También por este motivo, son numerosas las dedicaciones de templos a su nombre y puestos bajo su protección.

Lo extraño es que a pesar de tanta y tan notoria devoción se sepa tan poco de su vida; y digo saber, porque lo que nos ha llegado contado sobre su martirio en la «pasión», escrita muy tardíamente (s. VI), no es fiable desde el punto de vista histórico

Suelen presentarla como perteneciente a una familia ilustre, de la nobleza romana, del linaje de los Cecilios, anteriores a Cristo y emparentados con Metelos y Pomponios. A Cecilia le señalan como antepasadas a Caya Cecilia y a Cecilia Metea, sin que en realidad sean estos datos demostrables; colocarla dentro de la flor y nata de los patricios romanos podría deberse al vivo deseo de ensalzar la figura de la santa o a la necesidad de cubrir la ausencia de datos con una mera posibilidad.

Dicen que se quedó huérfana desde pequeña, que la instruyó en la fe el obispo Urbano y que se bautizó a los trece años. La presentan los escritos dedicada a la oración, con obras de penitencia y asistiendo a los oficios de culto sin remilgos ni disimulos, aunque los tiempos no estaban para muchos aspavientos. ¡Qué otra cosa podían hacer los dados a la hagiografía si tienen que hablar de la vida de una santa y no disponen de materiales que le sirvan para su intento! Es lógico que apliquen a su figura todas las virtudes que son concebibles en su vida cristiana y quizá también deseen hablar de las que deberían tener los lectores de su vida para sentirse animados a su imitación. Se muestran extremadamente explícitos en hacer mención de la generosidad que Cecilia demostraba con las colas de pobres que se acercaban a la puerta de su casa en la Vía Apia donde siempre había un plato de sopa caliente y unas limosnas. Y aún son más las alabanzas a la santa cuando se explayan en poner de relieve la radicalidad de su fe hasta el punto de formular en su temprana edad un voto de castidad que puso bajo la custodia de su Ángel.

Lo sorprendente para el hombre de nuestro tiempo tan refinado y culto es que contrajo matrimonio con Valeriano y fue en la misma noche de bodas, después de las capitulaciones matrimoniales, cuando manifestó a su esposo el voto de virginidad que había hecho y lo importante que era respetarlo porque era nada menos que su ángel quien la defendería ante cualquier atropello. Pero lo más insólito del caso es que Valeriano -mucho debía amarla- no se sintiera defraudado por tal planteamiento y aceptara la condición de buen grado.

Valeriano y su hermano Tiburcio son dos mártires bien documentados en la iglesia de Roma. Se convirtieron del paganismo a la fe y dieron su vida por ella. Igual que Cecilia que fue condenada a muerte por decapitación, probablemente en tiempos de Marco Aurelio, sin que los primeros golpes de hacha sobre su cuello le llegaran a hacer daño.

Tampoco se sabe muy bien de dónde le viene a la santa su patronazgo sobre la música ni su protección a los amantes de las corcheas. ¿Sería por aquello de que «cantaba a Dios en su corazón»? Eso es lo que sucede cada vez que se reza a Dios con toda el alma. Quizá alguien, al leerlo en su passio, llegó a pensar en Cecilia, soprano acompañada de instrumentos musicales, y luego se decidió a divulgar la figura pintándola con su órgano.

Aunque no siempre fue así; Stefano Maderna, artista no muy conocido, esculpió la figura de santa Cecilia en mármol de Carrara, haciendo una estatua yacente, con las manos entrelazadas, mostrando una el dedo índice y la otra tres, simbolizando la fe inquebrantable en la unidad divina y en la trinidad de personas. En el altar mayor de la iglesia de su nombre, en el Trastévere romano, puede contemplarse la efigie junto a las reliquias milagrosas de la santa.

Como Cecilia ya trasciende el tiempo y está por encima de los defectos humanos que ella sabe comprender y disculpar, atenderá la súplica de los aún viandantes para formar parte un día del maravilloso coro del cielo, sin importarle mucho que seamos sordomudos, tengamos mal oído o no seamos capaces de disfrutar del pentagrama.

(Fuente: archimadrid.es)

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

En el año 325, se celebró el primer concilio ecuménico en la ciudad de Nicea, en Asia Menor. En esta ocasión, se definió la divinidad de Cristo contra las herejías de Arrio: «Cristo es Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero». 1600 años después, en 1925, Pío XI proclamó que el mejor modo de que la sociedad civil obtenga “justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia” es que los hombres reconozcan, pública y privadamente, la realeza de Cristo. “Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe -escribió-mucha más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio (…) e instruyen a todos los fieles (…) cada año y perpetuamente; (…) penetran no solo en la mente, sino también en el corazón, en el hombre entero”. (Encíclica Quas primas, 11 de diciembre de 1925). La fecha original de la fiesta era el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos; pero con la reforma de 1969, se trasladó al último domingo del Año Litúrgico, para subrayar que Jesucristo, el Rey, es la meta de nuestra peregrinación terrenal. Los textos bíblicos cambian en los tres ciclos litúrgicos, lo que nos permite captar plenamente la figura de Jesús.
Del Evangelio según San Lucas
“El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!».
También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!».
Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino».
Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23, 35-43).
Última etapa
Hoy celebramos, en el último domingo del año litúrgico, la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Como el año litúrgico representa el camino de nuestra vida, esta experiencia nos recuerda -es más, nos enseña- que nos dirigimos hacia el encuentro con Jesús, el Esposo, que vendrá como Rey y Señor de la vida y de la historia. Estamos hablando de su segunda venida. En la primera vino en la humildad de un Niño acostado en un pesebre (Lc 2,7); en la segunda regresará en la gloria, al final de la historia, una venida que hoy celebramos litúrgicamente.
Pero hay también una venida intermedia, la que vivimos hoy, en la que Jesús se nos presenta en la Gracia de sus Sacramentos y en el rostro de cada «pequeño» del Evangelio. Es el tiempo en el que se nos invita a reconocer a Jesús en el rostro de nuestros hermanos, el tiempo en que se nos invita a utilizar los talentos que hemos recibido, a asumir nuestras responsabilidades cada día. Y a lo largo de este camino, la liturgia se nos ofrece como escuela de vida para educarnos a reconocer al Señor presente en nuestra vida cotidiana y para prepararnos a su venida final.
Una fiesta que revela el camino
El año litúrgico es el símbolo del camino de nuestra vida: tiene su principio y tiene su final en el encuentro con Jesús, Rey y Señor, en el Reino de los Cielos, cuando entraremos en él por la puerta estrecha de la «hermana muerte» (San Francisco). Pues bien, al comienzo del año litúrgico, el primer domingo de Adviento, se nos mostró de antemano la meta hacia la que dirigimos nuestros pasos. Es como si, de cara a un examen, nos hubieran dado, un año antes, las respuestas a las preguntas; esto habría sido un examen amañado. En la liturgia, en cambio, es un don de Jesús, el Maestro, porque nos permite saber qué camino tomar (Jesús, Camino), qué pensamiento seguir (Jesús, Verdad), qué esperanza dejar que nos anime (Jesús, Vida, cfr. Jn 14,6).
Un rey en la cruz
El texto del Evangelio nos presenta al Rey en la cruz, entre dos ladrones. Si recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, en medio de cantos y danzas (cfr. Lc 19,28-40), nos asombramos de cómo se presenta al final, en el «trono” de la cruz. E incluso aquí se encuentra con un ladrón que se burla de su condición de rey: «¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti y a nosotros». El otro, en cambio, dirá: «Acuérdate de mí cuando entres en tu Reino», reconociendo que Jesús es Rey. La fuerza de la realeza de Jesús está precisamente en lo que el buen ladrón ha captado: el amor. Un amor ilimitado, misericordioso, reflejo de aquella realeza con la que Jesús fue recibido en Jerusalén: «He aquí que viene a ti tu Rey. Es justo y victorioso, humilde, cabalga un asno» (Zac 9,9).
¿Él mismo o los demás?
Jesús no se pone a sí mismo en primer lugar, como exigían sus acusadores («Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!», v. 35); los soldados («Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!», v. 37); y el primer ladrón («¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros», v. 39).
Jesús no vino para ser servido, sino para servir; no vino para usar su poder, sino para donarse completamente por los demás. Para salvarlos. Ésta es la realeza de Jesús, y por eso no es comprendida. Es la realeza del amor, del perdón, del servicio, que Jesús ha traído y que, gracias a la Cruz, ha vencido.

Fuente: The Holy See

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

La fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo recuerda -según los evangelios apócrifos- el día en que María, aún niña, fue al Templo de Jerusalén y se consagró a Dios. La Iglesia desea destacar no el acontecimiento histórico en sí, del que no hay rastro en los Evangelios, sino el don total de sí misma que, en la escucha – «Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la guardan»-, preparó a la joven de Nazaret para convertirse en «templo del Hijo». Este mismo día, el 21 de noviembre, se celebra también la fiesta de Nuestra Señora de la Salud, que fue establecida en la República de Venecia en 1630 y que posteriormente tuvo gran difusión. Esta fiesta se originó tras la peste que azotó el norte de Italia entre 1630 y 1631, mencionada por Alessandro Manzoni en «Los novios». Ante la propagación de la enfermedad y sin saber cómo poner remedio, el gobierno de la República organizó una procesión de oración a la Virgen; asimismo, el Dogo se comprometió a erigir un templo dedicado a Nuestra Señora si la ciudad sobrevivía. Unas semanas más tarde se produjo un repentino colapso de la epidemia, y en noviembre de 1631 se declaró el fin de la emergencia. Desde entonces, se decidió llamar a la Virgen con el título «de la Salud». Para cumplir su voto, el Dogo hizo construir una basílica, que fue consagrada el 9 de noviembre de 1687. También el 21 de noviembre, la Iglesia -por voluntad de Pío XII- celebra desde 1953 la Jornada Pro Orantibus, dedicada a las religiosas y religiosos de vida contemplativa y de oración.

Del Evangelio según San Mateo

“Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte».

Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»”. (Mt 12, 46-50)

No tienen más vino

María, Mujer y Madre, no es ajena a las «carencias» de casa. En las bodas de Caná, se da cuenta de que falta vino, e intercede ante su Hijo Jesús para que remedie la situación. Lo que la mueve es la certeza de que nada es imposible para Dios, como le dijo el ángel en la Anunciación. Jesús se resiste – «Mujer, aún no ha llegado mi hora», responde-; pero luego cede. En Caná, María se revela como la creyente en Jesús, la que gracias a su fe provoca el primer milagro de Jesús. El vino es el símbolo de la alegría, de la celebración, de la felicidad; por eso, decir que no hay vino significa que al banquete de bodas le falta el ingrediente por excelencia, la alegría. María se da cuenta y, mediante su intercesión, provee para que el agua de la vergüenza, del miedo, se transforme rápidamente en la alegría de la fiesta. Esto es lo que hizo en Caná, esto es lo que María, Nuestra Señora de la Salud, hace con todos los que la invocan y se confían a ella.

Los Siervos

Los que siguen el acontecimiento paso a paso son los sirvientes, que toman las tinajas, las llenan de agua hasta el borde y, sorprendidos, se dan cuenta de que están repartiendo vino. Y pasan de siervos a testigos: a través de la obediencia, se convierten en protagonistas de un hecho del que todos hablarán y del que ellos son los primeros testigos. Ante los signos que Dios sigue obrando en nosotros y a nuestro alrededor, también nosotros podemos pasar de ser «siervos» a ser «testigos», narradores de las grandes cosas que Dios puede hacer entre nosotros con nuestra humilde y frágil obediencia. Una experiencia que se hace posible si somos obedientes a la orden de la Virgen María: «Hagan lo que Él les diga».

Regalo y compromiso

En esta fiesta, la entrega de María a Dios se entrelaza con su compromiso de vivir la vida animada por la fe, segura de que Dios mismo proveerá (Gn 22). Lo que para el hombre parece imposible, se hace posible para quien cree en Dios y confía en la intercesión de María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Oración a la Virgen de la Salud

Virgen Santísima

venerada por nosotros bajo el título

de Nuestra Señora de la Salud,

obtén para nosotros de Dios la salud

del alma y del cuerpo,

para que, purificados de toda culpa

y fortalecidos en el cuerpo,

podamos servirle cada vez mejor

todos los días de nuestra vida,

para que podamos merecer el premio eterno.

Amén.

 

Fuente : The Holy See

CATEQUESIS PAPA LEON XIV. JESUCRISTO, NUESTRA ESPERANZA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL. 4. LA ESPIRITUALIDAD PASCUAL INSPIRA LA FRATERNIDAD. «ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO» (CF. JN 15,12)

Creer en la muerte y resurrección de Cristo y vivir la espiritualidad pascual infunde esperanza en la vida y anima a invertir en el bien. En particular, nos ayuda a amar y a alimentar la fraternidad, que es sin duda uno de los grandes desafíos para la humanidad contemporánea, como vio claramente el Papa Francisco.

La fraternidad nace de un dato profundamente humano. Somos capaces de relacionarnos y si queremos, sabemos construir vínculos auténticos entre nosotros. Sin relaciones, que nos sostienen y que nos enriquecen desde el inicio de nuestra vida, no podremos sobrevivir, crecer, aprender. Estas son múltiples, diferentes en cuanto a modalidad y profundidad. Pero es cierto que nuestra humanidad se realiza mejor cuando estamos y vivimos juntos, cuando somos capaces de experimentar vínculos auténticos, no formales, con las personas que tenemos al lado. Si nos encerramos en nosotros mismos, corremos el riesgo de enfermarnos de soledad e incluso de un narcisismo que se preocupa solo de los demás por interés. El otro se reduce, entonces, a alguien de quien tomar, sin que estemos nunca dispuestos verdaderamente a dar, a entregarnos.

Sabemos bien que tampoco hoy la fraternidad no es algo ni inmediato ni que se pueda dar por descontado. Es más, muchos conflictos, tantas guerras esparcidas por el mundo, tensiones sociales y sentimientos de odio parecerían demostrar lo contrario. Sin embargo, la fraternidad no es un hermoso sueño imposible, no es un deseo de unos pocos ilusos. Pero para superar las sombras que la amenazan hay que ir a las fuentes y, sobre todo, obtener luz y fuerza de Aquel que solo nos libra del veneno de la enemistad.

La palabra “hermano” deriva de una raíz muy antigua, que significa cuidar, preocuparse, apoyar y sustentar. Aplicada a cada persona humana se convierte en un llamamiento, una invitación. A menudo pensamos que el papel de hermano, de hermana, se refiera al parentesco, al hecho de ser consanguíneos, de pertenecer a la misma familia. En realidad, sabemos bien que los desacuerdos, las fracturas y a veces el odio pueden devastar también las relaciones entre parientes, no solo entre extraños.

Esto demuestra la necesidad, hoy más urgente que nunca, de volver a considerar el saludo con el que San Francisco de Asís se dirigía a todas y a todos, independientemente de su procedencia geográfica y cultural, religiosa o doctrinal: omnes fratres era el modo inclusivo con el que San Francisco ponía en el mismo plano a todos los seres humanos, precisamente porque les reconocía en el destino común de dignidad, de diálogo, de acogida y de salvación. El Papa Francisco retomó este enfoque del Poverello de Asís, dando valor a su actualidad después de 800 años, en la Encíclica Fratelli tutti.

Ese “tutti” (todos) que para San Francisco significaba la señal acogedora de una fraternidad universal expresa un rasgo esencial del cristianismo, que desde el inicio fue el anuncio de la Buena Noticia destinada a la salvación de todos, nunca de forma exclusiva o privada. Esta fraternidad se basa en el mandamiento de Jesús, que es de nuevo, en cuanto realizado por Él mismo, cumplimiento sobreabundante de la voluntad del Padre: gracias a Él, que nos amó y se entregó por nosotros, nosotros podemos, a su vez, amarnos y dar la vida por los demás, como hijos del único Padre y verdaderos hermanos en Jesucristo.

Jesús nos amó hasta el final, dice el Evangelio de Juan (cfr 13,1). Cuando se acerca la pasión, el Maestro sabe bien que su tiempo histórico está a punto de concluirse. Teme lo que está a punto de suceder, experimenta el suplicio más terrible y el abandono. Su Resurrección, al tercer día, es el inicio de una historia nueva. Y los discípulos se convierten plenamente en hermanos, después de tanto tiempo de vida en común, no solo cuando viven el dolor de la muerte de Jesús, sino, sobre todo, cuando lo reconocen como el Resucitado, reciben el don del Espíritu y se convierten en testigos.

Los hermanos y las hermanas que se apoyan mutuamente en las pruebas no dan la espalda a quienes están necesitados: lloran y se alegran juntos en la perspectiva laboriosa de la unidad, de la confianza, de la entrega mutua. La dinámica es la que el mismo Jesús nos entrega: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (cfr Jn 15,12). La fraternidad que nos brindó Cristo muerto y resucitado nos libra de las lógicas negativas de los egoísmos, de las divisiones, de las prepotencias, y nos devuelve a nuestra vocación original, en el nombre de un amor y de una esperanza que se renuevan cada día. El Resucitado nos indicó el camino a recorrer junto a Él, para sentirnos y para ser “fratelli tutti” (hermanos todos).

Fuente – The Holy See

CONTRIBUCIÓN DISPOSITIVA DE MARÍA A LA OBRA DE CRISTO

En la reciente nota doctrinal del Dicasterio de la fe “Mater populi fidelis”, Tomás de Aquino es citado 30 veces. La mayoría de las referencias a Santo Tomás se encuentran en el apartado titulado: “Madre de la gracia”. Uno de los textos citados, que luego encontrará una buena aplicación para comprender el papel de María en la obra de la salvación, está en un artículo en donde el santo doctor se pregunta si para conseguir algo que excede las fuerzas de la naturaleza, como por ejemplo conseguir la felicidad eterna, puede hacer algo una criatura limitada. En este contexto dice el de Aquino y repite la nota del Dicasterio: “a la potencia superior (o sea, a Dios) pertenece el conducir al fin último, mientras que las potencias inferiores ayudan a su consecución creando las disposiciones favorables”.

Aplicado a María: solo Dios salva, solo Dios justifica, solo Cristo es mediador y redentor. María no añade nada a la mediación salvífica de Cristo, ella no es medio de salvación. Pero, asociada a Cristo, sí puede pensarse en una contribución dispositiva de María, en la medida en que ella puede “disponer de algún modo” a aquellos que se acercan a ella y le rezan, para que el espíritu del orante se abra con más prontitud a la acción de Cristo. Ella no salva, pero ayuda al creyente a acercarse a Cristo, que es el que salva. Una ayuda que, de ningún modo, es paralela o complementaria a la obra de Cristo. Esta misma contribución dispositiva puede afirmarse de todo aquel que ayuda a otro a conocer mejor a Cristo y su Evangelio. De este modo, María se convierte en icono de la Iglesia, en el modelo más acabado de lo que debe ser todo creyente.

Se comprende así que la nota del Dicasterio de la fe advierta que no se puede presentar a María como un depósito de gracia separado de Dios, o como una fuente de donde mana toda gracia. Porque la gracia solo Dios la concede. Y la concede directa y personalmente a cada ser humano. María nos ayuda a disponernos a la vida de la gracia que solamente el Señor puede infundir en nosotros. Pues la gracia es Dios mismo que, por el Espíritu Santo, se hace vida de nuestra vida. Ninguna criatura puede conferir la gracia. La gracia no desciende a través de diversos intermediarios. Dios está directamente conectado con nuestro corazón.

La nota doctrinal deja claro que “ninguna persona humana, ni siquiera los apóstoles o la Santísima Virgen, puede actuar como dispensadora universal de la gracia. Sólo Dios puede regalar la gracia y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo”. Y también: “En la perfecta inmediatez entre un ser humano y Dios en la comunicación de la gracia, ni siquiera María puede intervenir. Ni la amistad con Jesucristo ni la inhabitación trinitaria pueden concebirse como algo que nos llega a través de María o de los santos. En todo caso, lo que podemos decir es que María desea ese bien para nosotros y lo pide junto a nosotros”.

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

EL AMOR DETERMINANTE DE LA JUSTICIA

La justicia y la verdad son dos dimensiones necesarias para que funcione correcta y pacíficamente cualquier sociedad. Justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde. Y verdad es ajustarse a la realidad. La justicia y la verdad están interrelacionadas: no puede haber justicia sin verdad, ni verdad sin justicia. Sus contrarios indican claramente que sin ellas es imposible la convivencia y el buen entendimiento entre las personas, pues en la injusticia y en la mentira no resulta posible entenderse.

Desgraciadamente, todo lo bueno puede mal utilizarse. Por eso, estos dos conceptos tan importantes pueden emplearse rígidamente para reclamar derechos legítimos, sin misericordia ni compasión, para quienes han faltado a la justicia y a la verdad. La justicia puede terminar convirtiéndose en venganza contra aquel que me ha agredido o dañado, y la verdad en intolerancia contra el que está alejado de la verdad. Cuando esto ocurre el vengativo y el intolerante se consideran los depositarios de la justicia y de la verdad.

Tanto la verdad como la justicia pueden vivirse con distinto talante y entenderse con distintos matices. Vistos en clave cristiana elevan y dignifican sus dimensiones estrictamente humanas. Dimensiones, sin duda necesarias, pero que pueden resultar insuficientes.

Humanamente la justicia es un anhelo innato de todo ser humano, pero según cuál sea la situación en la que uno está, puede entender la justicia que le corresponde de forma un tanto sorprendente. Probablemente el condenado debe pensar: “lo justo es que me den una segunda oportunidad”. Este concepto de justicia se parece bastante a la justicia de la que habla la Escritura: Dios es justo cuando perdona, porque su pretensión es nuestra salvación. Al perdonar, Dios realiza lo adecuado, lo justo, lo que él considera más conveniente para que se realice su designio de amor. La justicia humana podría aprender alguna cosa del concepto cristiano de justicia.

Hay otro aspecto de la reflexión cristiana, fundamentado en la doctrina de la creación, que muestra la capacidad humanizadora del evangelio, ampliando el concepto de justicia desde la clave individualista a la clave social. Pues la Revelación nos recuerda que Dios ha entregado la tierra y cuanto ella contiene a “todos” los seres humanos y, por tanto, allí donde los bienes no son accesibles a todos, no se cumple la voluntad de Dios. Se amplia así el concepto de justicia, que entiende que hay que dar a cada uno lo suyo, pero entiende lo “suyo” en clave individualista. Por el contrario, la Revelación afirma la clave social y universal de lo que corresponde a cada uno.

Lo cristiano y lo humano es entender la justicia a la luz del amor. Pues una aplicación estricta de la justicia podría convertirse, como indicaba la máxima de Cicerón, en inhumana: “summum jus, summa injuria”. Jesús contesta esta actitud, puesta de manifiesto en las palabras: “ojo por ojo, diente por diente” (Mt 5,38). Tanto en sus tiempos como en los actuales, muchos modelos de justicia se inspiran ahí. Pero a la luz del amor podemos comprender que el perdón puede ser el camino más adecuado para acercarme a aquel que ha sido injusto conmigo y lograr, en la posible reconciliación, una justicia que da a cada uno lo suyo sin perjudicar a nadie. (Continuará)

Martin Gelabert – Blog Nihil Obstat

‘REVOLUCIÓN SÉNIOR’: EDADISMO, LA DISCRIMINACIÓN QUE SUFRE MÁS DEL 70% DE LOS SÉNIOR

¿Saben lo que es el edadismo? No se preocupen, porque no son los únicos. La RAE define edadismo como «la discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas».

Este término, que cada vez se escucha más, se incorporó hace tan solo tres años al Diccionario de la Lengua Española por la presión de los mayores, con el objetivo visibilizar esta problemática de efectos devastadores; porque señoras y señores… el edadismo no sólo aísla y menoscaba la autoestima del que lo sufre, sino que además tiene graves consecuencias para su salud y acelera el envejecimiento.

Sobre el edadismo, se ha centrado este martes ‘Revolución sénior’, la sección en la que semanalmente Ana Bedia, directora de 65YMÁS, pone en valor a los sénior en el programa ‘Más de uno Madrid’, presentado y dirigido por Pepa Gea en Onda Cero Madrid de lunes a viernes de 12:30 a 14:00 horas.

‘Hablando en Plata’, la iniciativa de Antena3 y laSexta contra el edadismo, acaba de lanzar el Primer Barómetro sobre este tema, el estudio más completo hasta la fecha que pone cifras a la discriminación por edad en España y que analiza cómo la perciben y viven las personas mayores de 55 años.

Principales conclusiones

La primera es que el desconocimiento del propio término edadismo, incluso por parte de los que lo sufren. El Barómetro desvela que el 63% de los mayores de 55 años no sabe lo que significa y, sin embargo, más del 70% asegura haber sufrido discriminación por su edad.

Además, la inmensa mayoría siente que a medida que envejecen se vuelven invisibles y que la sociedad les considera una carga.

Y otro dato significativo, es que las mujeres son las que más padecen esta discriminación, especialmente por la invisibilidad social y la presión estética. Para que te hagas una idea, el 76% de las mujeres considera que existe una presión social para eliminar los signos del envejecimiento, como canas y arrugas.

¿A qué edad se consideran mayores los sénior?

Los sénior creen que alguien es mayor a partir de los 72 años. Lo que critican es que la sociedad les envejece antes de tiempo y que ya les hacen sentirse mayores a partir de los 60 años.

Situaciones de la vida cotidiana en las que los sénior sufren más el edadismo

El edadismo laboral es la estrella. El 84% de quienes buscaron trabajo en el último año consideran que la edad fue la causa por la que no fueron contratados.

Además, el edadismo está presente en todo el tema de la digitalización, tanto por parte de las empresas como por parte de la Administración Pública. Se ha hecho de forma tan rápida, que por el camino se ha excluido a todos aquellos mayores que carecen de competencias digitales básicas del acceso a muchos bienes y servicios.

Los sénior también destacan que sufren los efectos de los prejuicios y la discriminación:

Entorno familiar, que los minusvalora o sobreprotege.

Publicidad y la moda,

Medios de comunicación.

Centro médico, en el que consideran que no se toman en serio sus preocupaciones.

Ana Bedia destaca además que con el edadismo se produce otro fenómeno… muchas veces son los propios mayores los que se limitan así mismos a hacer cosas por su edad. En el barómetro incluso le han puesto nombre y hablan del “autoedadismo”.

El 56% se siente mayor para realizar algunas cosas y más del 25% se autoexcluye de ciertas actividades por considerarlas “impropias de su edad”.

Este “autoedadismo” les lleva a sentirse menos útiles para la sociedad, relacionarse menos con los jóvenes o no vestirse con determinadas prendas o colores.

Soluciones

Los sénior consideran esencial:

         – Fomentar la participación de los mayores en la vida pública

        – Que se realicen campañas de sensibilización ciudadana sobre todo lo que aportan los mayores a la sociedad

       – Que se forme a los profesionales sanitarios y de la administración pública en cómo tratar de forma adecuada a los mayores

        – Que no se les aísle y se generen más espacios intergeneracionales

    – Y que en los medios de comunicación aparezcan más mayores y se muestre una imagen más heterogénea y positiva de los sénior.

Raúl Arias para 65 y MAS