EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JUAN PABLO II PAPA

Karol Józef Wojtyla, elegido Papa el 16 de octubre de 1978, naciò en Wadowice (Polonia) el 18 de mayo de 1920.

Fue el menor de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska, que falleció en 1929. Su hermano mayor, Edmund, médico, murió en 1932 y su padre, suboficial del ejército, en 1941.

A los nueve años recibió la Primera Comunión y a los dieciocho el sacramento de la Confirmación. Terminados los estudios en la escuela superior de Wadowice, en 1938 se inscribió en la Universidad Jagellónica de Cracovia.

Cuando las fuerzas de ocupación nazis cerraron la Universidad en 1939, el joven Karol trabajó (1940-1944) en una cantera y luego en la fabrica química Solvay para poder subsistir y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, asistió a los cursos de formación del seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también clandestino.

Después de la guerra, continuo sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, abierto de nuevo, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, en Cracovia, el 1 de noviembre de 1946. Después fue enviado por el Cardenal Sapieha a Roma, donde obtuvo el doctorado en teología (1948), con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En esos años, durante sus vacaciones, ejerció el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 regresó a Polonia y primero fue coadjutor en la parroquia de Niegowìć, a las afueras de Cracovia, y luego en la de San Florián, dentro de la ciudad. Fue capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó, en la Universidad Jagellónìca de Cracovia, una tesis sobre la posibilidad de fundar una ética cristiana a partir del sistema ético de Max Scheler. Después fue profesor de Teología Moral y Ética en el seminario mayor de Cracovia y en la Facultad de Teología de Lublín.

El 4 de julio de 1958, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Cracovia y titular de Ombi. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral de Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por el Papa Pablo VI, que lo creó Cardenal el 26 de junio de 1967.

Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), contribuyendo especialmente en la elaboración de la constitución Gaudium et spes. El Cardenal Wojtyla participó en las 5 asambleas del Sínodo de los Obispos, anteriores a su Pontificado.

Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y el 22 de octubre dio inicio a su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo Il realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como Obispo de Roma, visito 317 de las 332 parroquias con que cuenta Roma en la actualidad. Realizó 104 viajes apostólicos por el mundo, expresión de la constante solicitud pastoral del Sucesor de Pedro por todas las Iglesias.

Entre sus principales documentos se encuentran 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas. Al Papa Juan Pablo II se deben también 5 libros: Cruzando el umbral de la esperanza (octubre de 1994); Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi sacerdocio (noviembre de 1996); Tríptico romano, meditaciones en forma de poesía (marzo de 2003); ¡Levantaos! ¡vamos! (mayo de 2004) y Memoria e identidad (febrero de 2005).

El Papa Juan Pablo II celebró 147 ceremonias de beatificación, en las cuales proclamo 1338 beatos, y 51 de canonización, con un total de 482 santos. Tuvo 9 consistorios, en los que creo 231 Cardenales (+ 1 in pectore). Presidio también 6 reuniones plenarias del Colegio de Cardenales.

Desde 1978 convoco 15 asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990,1994 Y 2001),1 asamblea general extraordinaria (1985) y 8 asambleas especiales (1980, 1991, 1994, 1995,1997,1998 [2] Y 1999).

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, sufrió un grave atentado. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, tras una larga convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Su solicitud de pastor encontró, además, expresión en la erección de numerosas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los Códigos de Derecho Canónico —el latino y el de las Iglesias Orientales—, del Catecismo de la Iglesia Católica. Proponiendo al Pueblo de Dios momentos de particular intensidad espiritual, convoco el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, además del Gran Jubileo del año 2000. Se acercó a las nuevas generaciones instituyendo la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

Ningún Papa se había encontrado con tantas personas como Juan Pablo II. En las Audiencias Generales de los miércoles (no menos de 1160) participaron más de 17.600.000 peregrinos, sin contar todas las demás audiencias especiales y las ceremonias religiosas (más de 8 millones de peregrinos solo durante el Gran Jubileo del año 2000). También se encontró con millones de fieles en el curso de las visitas pastorales en Italia y en el mundo. Igualmente fueron numerosos los mandatarios recibidos en audiencia: baste recordar las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con Jefes de Estado, así como las 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 2 de abril de 2005, a las 21h 37m, la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él. Los funerales solemnes en la Plaza de San Pedro y la sepultura en las Grutas Vaticanas fueron celebrados el 8 de abril.

La solemne ceremonia de beatificación, en el atrio de la Basílica Papal de San Pedro, el 1 de mayo de 2011, fue presidida por el Sumo Pontífice Benedicto XVI, su inmediato sucesor y valioso colaborador durante muchos años como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Fue canonizado el 27 de abril de 2014, domingo de la Divina Misericordia, en la Plaza de San Pedro del Vaticano por el Papa Francisco

Fuente: vatican.va

Oración a San Juan Pablo II papa

Oh Dios, rico en misericordia, que has querido que el beato Juan Pablo II, papa, guiara toda tu Iglesia, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina.

APUNTES SOBRE LA ORACIÓN: LA ORACIÓN DE MARÍA

Cuando hacemos oración, María nos resulta una buena maestra de oración. Ella escuchó la voz del Señor y mantuvo diálogos personales de intimidad y profundidad durante la mayor parte de su vida. Para aprender de María, en primer lugar, recorreremos los lugares de su vida preguntándonos lo que nos revelan de la identidad de María y cuáles son los espacios interiores en los que María nos pide vivir en la actualidad.

María escuchó la voz del ángel y acogió la voluntad del Padre. Al encarnar a Jesús crea con él un vínculo maternal y espiritual que le permite vivir siempre en su presencia. Con su vida, María nos enseña a escuchar, a confiar y a decir “sí” a Dios, como lo hizo en la Anunciación.

Belén, la ciudad donde nació Jesús, nos revela el poder de la humildad y la confianza en Dios. Es un lugar pequeño, pero lleno de significado: allí María nos invita a confiar en el plan del Padre.

Galilea, un crisol de culturas y razas, nos habla de la acogida y la apertura. Allí, María vivió en sencillez y nos enseña a aceptar la diversidad y las diferencias con amor.

Nazaret, el pueblo insignificante donde María vivió en el anonimato, es un recordatorio de que, en lo escondido, el Señor obra maravillas. Desde allí, nos invita a mirar la vida desde el corazón, en lo profundo y silencioso.

En cada aparición, María nos llama a acercarnos a su Hijo. Nos guía hacia el interior, a nuestra morada más profunda, donde se encuentra la paz, la confianza y la gracia.

María es madre, maestra y compañera en el camino hacia Dios. Nos coge de la mano y nos conduce al lugar más escondido: el corazón, donde siempre nos espera la presencia de ”ios.

Cuando María se aparece por todo el mundo, los lugares donde lo hace tienen unos puntos en común con los lugares bíblicos donde ella estuvo y vivió.

Por eso, cuando hacemos oración, María nos resulta una buena maestra de oración. Ella escuchó la voz del Señor y mantuvo diálogos personales de intimidad y profundidad durante la mayor parte de su vida. Para aprender de María, en primer lugar, recorreremos los lugares de su vida preguntándonos lo que nos revelan de la identidad de María y cuáles son los espacios interiores en los que María nos pide vivir en la actualidad.

Este libro recoge las escasas palabras de María que transmiten los evangelios. O, por decirlo de otro modo, en qué y de qué modo nos enseña María a situarnos en nuestras relaciones delante de las personas y los acontecimientos.

Además, interroga a mujeres, a santas que han tenido una relación única con María. Este texto estará puntuado por frases extraídas del himno Acatisto de tradición ortodoxa. Nos llevarán hacia una nueva y profunda revelación de la presencia de María para cada uno de nosotros.

Los lugares geográficos y espirituales de María.

En la oración, la palabra de Dios recurre constantemente a estos cuatro niveles para llevarnos a un viaje al interior, del mundo exterior o físico al mundo interior.

El primer nivel atañe a nuestra lectura o escucha «literal», es decir, lo que se nos da a leer o a escuchar sin ningún tipo de interrogación. El segundo nivel nos lleva a escuchar bajo la forma de la alusión, la sugerencia o la evocación. El tercer nivel es el nivel de la interpretación o de la aclaración. El cuarto nivel es el nivel de la revelación del misterio.

Los lugares físicos donde vivió y se estableció María no son en absoluto anodinos. Existe un nexo entre la identidad de María y los lugares donde vivió. Si los evangelistas subrayaron estos distintos lugares es porque querían decirnos algo en particular. Por este motivo, nuestro artículo comienza observando las regiones y las ciudades donde vivió María. Este enfoque va a permitirnos acercarnos a ella. Poco a poco nos revelará los distintos significados espirituales de estos lugares y nos introducirá en una relación más cercana y viva con ella.

Por eso, los lugares bíblicos donde descubrimos a María son el primer objeto de nuestro estudio orante. Nos ha parecido importante hacer hablar a los lugares donde ella estuvo, donde se quedó y de los que se fue. Si nos encontramos con alguien por primera vez, le preguntaremos por su ciudad y su casa: «¿Dónde vives? ¿Dónde resides?» El lugar donde vive, así como su nombre forman parte de la identidad de la persona.

El primero es Belén. Belén es importante en la geografía bíblica, es el lugar de origen de David, un pequeño pastor cuyo nombre significa «bien amado». También allí el sucesor del rey David, el Mesías, debía nacer como lo anunció el profeta Miqueas:

«Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel» (Miq 5,1).

Esta pequeñísima ciudad, calificada también como Efratá, que quiere decir la fecunda, es el lugar donde María dio a luz a Jesús. Vivir con María en Belén es vivir en el conocimiento y la confianza del Padre, en su reconocimiento pleno y total y no bajo el reconocimiento de los hombres que son los que la van a perseguir y expulsar de Belén.

Galilea. Situada al norte de Israel, montañosa y verde, está bañada por el Jordán y bordeada por el lago de Tiberiades. En la época de María encontramos a pescadores, pastores, viñadores y otros cultivadores de olivos, fruta y cereales. Es una región más tranquila que Jerusalén, sometida como Judea y Samaria a la dominación de Roma. La Galilea es a menudo despreciada por los habitantes de Jerusalén.

Vivir en Galilea quiere decir vivir en un lugar de paso, de mestizaje y de diversidad donde nada es monolítico. Es un lugar donde la diferencia es vivida simplemente en la aceptación y la acogida. Es la región de los inicios, de los comienzos, donde todo está por recibirse y por construirse, lejos de la opinión de los poderosos de Jerusalén.

En la región de Galilea aparecen tres pequeñas ciudades en los relatos evangélicos: Cafarnaúm, Caná y Nazaret.

En Nazaret de Galilea. Nazaret es el lugar de la juventud de Jesús, con María y José. En el momento de la Anunciación, María y José vivían en Nazaret, pero no se sabe si era su lugar de origen (Lc 1,26; Lc 2,4 y Lc 2,39). A su regreso, después de la huida a Egipto, José regresa a Nazaret con su familia (Mt 2,23). Jesús crece y pasa una gran parte de su vida allí (Mt 4,13; Mc 1,9; Lc 2,51; Lc 4,16). Ahora bien, la ciudad solo es mencionada nueve veces en toda la Biblia. Un pueblo que no se menciona en absoluto en todo el Antiguo Testamento. Nazaret no aparece en las profecías ni en los libros históricos y los salmos. Un lugar desconocido, donde no pasa nada: ninguna huella. (A menudo, las apariciones de María tienen lugar en pueblos perdidos en la montaña o en los campos: Fátima, la Salette, Tepeyac, Champion, Igrista, etc.). Nazaret es un pueblo desconocido, escondido e incluso insignificante.

Las palabras de María.

María, cuya voz oímos tan poco en los evangelios, pronunció siete frases. Están acompañadas de actitudes gestuales y posicionamientos interiores. Nos toca a nosotros captarlas con los oídos del corazón para acogerlas y «conservarlas» en lo profundo de nuestro corazón.

¿Cómo será eso? La primera palabra expresa la necesidad de María de conocer la promesa del Señor de modo completo. Al aceptar lo que le anuncia el ángel, María no solamente aparece como una colaboradora del Señor, sino que también muestra su confianza y su inmenso valor ante de los riesgos que representa lo que se le ha comunicado. Su vigor y su fuerza son los de un patriarca, no abdica su razón y no confía ciegamente. En cierto modo, se «enfrenta» al ángel con su interrogación: «¿Cómo?».

Hágase en mí según tu palabra. Después del «cómo» de María hemos decidido seguir con la segunda parte de la frase que concluye este relato: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». María pronuncia así un sí sin reservas ni condiciones. María da su consentimiento a esta llamada. Con esta respuesta nos muestra su confianza total y definitiva. Supera su fragilidad apoyándose en su relación con el Señor. Por eso acoge, consiente y acepta con toda su inteligencia y voluntad. El consentimiento de María es el signo de su libertad liberada. Es liberada del miedo, de la voluntad de control, del miedo a lo desconocido. Porque cuando se pasa el umbral de la confianza radical, se ofrece una libertad mucho mayor: la libertad de poder orientar su voluntad hacia lo esencial,

¿Por qué nos has tratado así? El episodio del niño Jesús perdido en el Templo de Jerusalén lleva a su madre a hablar así. Muchos padres han podido hacer esta pregunta a sus hijos. Esta legítima interrogación no es ni un juicio ni una condena. María, responsable de su hijo Jesús, empieza a vivir una forma de desprendimiento. Ya no puede mantener ni retener a su hijo. Después de tres días de búsqueda angustiosa, María está llamada a asumir una completa novedad que entra dentro del misterio: «Mira, hago nuevas todas las cosas»

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Para finalizar esta parte sobre las palabras de María en los evangelios, no hemos elegido una frase, sino una actitud interior: ¿de qué modo retiene María las palabras vivas que son los acontecimientos? ¿Y dónde las conserva? ¿Cómo vela en ellas? ¿Dónde las medita?

María nunca está en la reflexión cerebral ni en las interrogaciones mentales. Se sitúa y se posiciona dentro y a partir de su corazón. No está en su cabeza, ni en sus emociones, está en su corazón. La gracia que otorga María a quienes la frecuentan es descender y volver al corazón. Este corazón es el lugar de nuestra más profunda identidad. El silencio interior se experimenta en la oración y la meditación.

Meditar es entrar en el «Paraíso», como ya hemos descrito al inicio de este texto. En efecto, meditar es atravesar los distintos niveles de lectura: en primer lugar, es atravesar la comprensión literal y simple (incluso simplificadora), a continuación, recorrer el segundo nivel relacionado con el símbolo y abrirse de este modo al tercer nivel, el de la búsqueda que hace que entremos en una luz e inteligencia nuevas de las Escrituras, la del corazón, para alcanzar el último nivel, el del secreto de Dios.

María es la que nos enseña a meditar para descender en lo secreto del corazón de su Hijo, el Verbo de Dios.

La meditación de María se practica en la fe, que es una tensión continua hacia el Padre; en la esperanza, que es la certeza de que estas realidades están en nosotros a la espera de ser recogidas ya que la esperanza está relacionada con la presencia del Hijo hacia el Padre; y en la caridad, que unifica ya que es obra del Espíritu de Dios.

Unas mujeres santas y María

Este tercer punto nos transporta hacia otros lugares geográficos y espirituales. Dos  mujeres francesas recibieron la visita de maría, en distintos lugares, en distintos momentos, pero siempre con un mismo espíritu de afecto y consolación.

En 1830 se aparece a Sta. Catalina Laburé, María se hace tan accesible porque quiere evitar el temor y el miedo. Ella desea la salvación para cada uno, la curación, la liberación traída por su hijo Jesús. Como cualquier madre, conoce la rebeldía, la vergüenza o la indiferencia de sus hijos. Sus apariciones a Catalina dan testimonio de su fuerza luminosa para implicarnos con ella y hacer que seamos verdaderos hijos del mismo Padre.

Unos años más tarde, en 1858 y en una aldea perdida del sur de Francia, en Lourdes, María se aparece a Santa Bernadette. Le pide que se acerque a ella, pero la niña tiene miedo. Finalmente terminan rezando el rosario juntas. María señala a Bernardette un pequeño regacho de agua al fondo de la cueva. Cuando la niña lo limpia empieza a brotar con más fuerza y la fuente ya no se seca. En la actualidad, sigue manando en Lourdes después de más de 150 años. Se va allí a orar, arrodillarse, confiarse y bañarse en el agua de las piscinas. Esta agua, que no deja de brotar, rebosa como las gracias que la Madre de Jesús quiere darnos. Ninguna restricción ni formalidad ni permiso para poder beber gratuitamente esta agua. Esta peregrinación hacia la fuente pone a prueba al corazón: es la puesta al día de las duplicidades, las traiciones y las mentiras. En el fondo del «pozo», después de haber extraído piedras y lodazal, brotará un poco de agua clara. Una fuente interior de paz, autenticidad y claridad. La pedagogía de María para conducirnos en este camino es la de una madre paciente, sonriente y cercana.

Lourdes habla al corazón y cuenta la vida de Dios.

Hemos abierto la puerta a María para que esté con nosotros y en nuestra casa. También nosotros «recibimos» con el evangelista Juan a María en nuestra casa, gracias a ella encontramos nuestro sitio cada día. Al hacerlo, su presencia se revela a lo largo de sus palabras y sus peregrinaciones. Comparte así con nosotros su ímpetu de vida. Porque María, madre, hermana y compañera, es la que nos coge de la mano a cada uno de nosotros para llevarnos hacia nuevas tierras. Las peregrinaciones hacia las que nos guía se llaman interioridad, confianza y memoria. Todo esto con el fin de hacer nacer en nosotros la vida del Espíritu Santo. Nos lleva dentro de nosotros, al fondo de nuestro fondo, al centro de nuestro ser, a nuestra morada más escondida, a ese lugar del corazón. Es el don que ella nos hace porque allí está ella, siempre. Es el corazón totalmente abierto a la gracia y al Espíritu Santo. Es su identidad.

CICLO DE CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA. EL ESPÍRITU SANTO GUÍA AL PUEBLO DE DIOS AL ENCUENTRO CON JESÚS, NUESTRA ESPERANZA

En nuestro itinerario de catequesis sobre el Espíritu Santo y la Iglesia, hoy nos referimos al libro de los Hechos de los Apóstoles.

El relato del descenso del Espíritu Santo en Pentecostés empieza con la descripción de algunos signos preparatorios – el viento impetuoso y las lenguas de fuego –, y encuentra su conclusión en la afirmación: «Y todos quedaron llenos de Espíritu Santo» (Hch 2,4). San Lucas – que escribió los Hechos de los Apóstoles – subraya que el Espíritu Santo es quien asegura la universalidad y la unidad de la Iglesia. El efecto inmediato del estar “llenos de Espíritu Santo” fue que los Apóstoles «empezaron a hablar en otras lenguas» y salieron del Cenáculo para anunciar a Jesucristo a la multitud (cf. Hch 2,4ss).

De este modo, Lucas quiso destacar la misión universal de la Iglesia como signo de una nueva unidad entre todos los pueblos. De dos maneras vemos que el Espíritu trabaja por la unidad: por un lado, empuja la Iglesia hacia el exterior, para que pueda acoger a cada vez más personas y pueblos; por otro, la reúne en su interior para consolidar la unidad alcanzada. Le enseña a extenderse en la universalidad y a recogerse en la unidad. Universal y una: este es el misterio de la Iglesia.

El primero de los dos movimientos -la universalidad- lo vemos en acto en el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles, en el episodio de la conversión de Cornelio. El día de Pentecostés, los Apóstoles habían anunciado a Cristo a todos los judíos y a los observantes de la ley mosaica, cualquiera que fuera el pueblo al que pertenecieran. Fue necesario otro «Pentecostés», muy similar al primero, el de la casa del centurión Cornelio, para inducir a los Apóstoles a ampliar el horizonte y derribar la última barrera, la que separaba a judíos y paganos (cfr. Hch 10-11).

A esta expansión étnica se añade la geográfica. Pablo -leemos de nuevo en los Hechos de los Apóstoles (cfr. 16,6-10)- quiso proclamar el Evangelio en una nueva región de Asia Menor; pero, está escrito, «el Espíritu Santo se lo impidió»; quiso pasar a Bitinia «pero el Espíritu Santo no se lo permitió». Se descubre a continuación la razón de estas sorprendentes prohibiciones del Espíritu: la noche siguiente, el Apóstol recibe en sueños la orden de ir a Macedonia. El Evangelio salía así de su región natal, Asia, y entraba en Europa.

El segundo movimiento del Espíritu Santo -el que crea la unidad- lo vemos en acto en el capítulo 15 de los Hechos, en el desarrollo del llamado Concilio de Jerusalén. El problema planteado es cómo conseguir que la universalidad alcanzada no comprometa la unidad de la Iglesia. El Espíritu Santo no siempre obra la unidad de repente, con intervenciones milagrosas y decisivas, como en Pentecostés. También lo hace -en la mayoría de los casos- con un trabajo discreto, que respeta los tiempos y las diferencias humanas, pasando a través de las personas y las instituciones, la oración y la confrontación. De una forma, diríamos hoy, sinodal. Esto es lo que ocurrió, de hecho, en el Concilio de Jerusalén, para la cuestión de las obligaciones de la ley mosaica que debían imponerse a los conversos del paganismo. Su solución fue anunciada a toda la Iglesia con las palabras que conocen bien: «Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro…» (Hch 15,28).

San Agustín explica la unidad realizada por el Espíritu Santo con una imagen que se ha convertido en clásica: «Lo que es el alma respecto al cuerpo del hombre, eso mismo es el Espíritu Santo respecto al cuerpo de Cristo que es la Iglesia»  [1].

Esta imagen nos ayuda a comprender una cosa importante. El Espíritu Santo no obra la unidad de la Iglesia desde el exterior, no se limita a ordenarnos que estemos unidos. Él mismo es el «vínculo de la unidad». Él es quien realiza la unidad en la Iglesia.

Como siempre, concluimos con una idea que nos ayuda a pasar de la Iglesia en su conjunto a cada uno de nosotros. La unidad de la Iglesia es la unidad entre las personas, y no se consigue estableciendo un plan, sino en la vida. Se realiza en la vida. Todos queremos la unidad, todos la deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón; sin embargo, es tan difícil de conseguir que, incluso dentro del matrimonio y de la familia, la unidad y la concordia son de las cosas más difíciles de alcanzar y aún más de mantener.

La razón es que cada uno quiere, sí, que se realice la unidad, pero en torno a su propio punto de vista, sin pensar que la otra persona que tiene enfrente piensa exactamente lo mismo sobre «su» punto de vista. Por este camino, la unidad no hace más que alejarse. La unidad de Pentecostés, según el Espíritu, se consigue nos esforzamos por poner a Dios, y no a nosotros mismos, en el centro. La unidad de los cristianos también se construye así: no esperando que los demás se unan a nosotros allí donde estamos, sino avanzando juntos hacia Cristo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser instrumentos de unidad y de paz.

LA TRISTEZA CONTRAATACA Y PIERDE

Sigo reproduciendo algunos fragmentos de la última meditación de Savonarola, tomados del libro traducido por Antonio Fontán en editorial Patmos. Continúo con las ideas ofrecidas en el post anterior. Pues, a pesar de todo, la Tristeza no se da por vencida y contraataca con argumentos que siguen siendo actuales. Parece que nuestras oraciones no llegan al cielo, que nuestras súplicas no tienen respuesta, que Dios se calla. Dice la tristeza: “¿piensas que Dios mira aquí abajo? El anda por los rincones del cielo y no atiende a nuestras cosas”. Más aún: muchas veces la tristeza nos dice que lo que predica la fe son “cuentos de los hombres”, que “no existen más que las cosas que se ven”. La tristeza pregunta: “¿quién ha vuelto jamás de la muerte y ha dicho algo de lo que puede ocurrir después de la muerte? Esas son fábulas de mujercillas”. Por eso, la tristeza aconseja a fray Jerónimo: “levántate y acude al auxilio de los hombres para que te libren de la cárcel y puedas vivir sin esforzarte vanamente, siempre engañado por la Esperanza”.

La esperanza responde recordando lo que dice la Escritura: es el insensato el que dice en su corazón que no existe Dios. “La Tristeza ha hablado como una mujer necia”. Y le pregunta a fray Jerónimo: “¿Puedes dudar de la Fe tú, que con tantos argumentos y razones la has robustecido en otros?”. A lo que responde el fraile: “Por la gracia del cielo creo que son tan verdad las cosas de la Fe como las que veo con los ojos de la carne. Pero la Tristeza me apretaba tanto, que me arrastraba, más que a la infidelidad, a la desesperación”. Sigue diciendo la Esperanza: “El Señor no te ha abandonado. Aunque no te escucha en seguida, no hay que desesperar. Espéralo si tarda: El vendrá, cuando venga, y tardará. El labrador espera con paciencia el fruto a su tiempo; la Naturaleza, cuando engendra algo, no le da enseguida su forma, sino que primero prepara la materia y la dispone poco a poco hasta que se haga propia para recibirla. El Señor escucha siempre al que ora piadosa y humildemente. Nunca se aparta nadie de él vacío… Los bienaventurados nos gobiernan, iluminan y consuelan invisiblemente, y no hay que añadir a esto apariciones visibles… Bástate la visita del invisible: el Señor sabe lo que necesitas. ¿Cuándo ha dejado de consolarte?”.

Consolado por estas palabras y postrado ante Dios, dice fray Jerónimo, “proseguí mi oración diciendo: inclina hacia mi tu oído, Señor”. Esta petición es la ocasión de otra buena reflexión teológica: “¿Es que Dios tiene oídos?… ¿Qué es inclinar tu oído a los que te hablan sino acoger sus oraciones, mirarlos con rostro piadoso, iluminarlos y encenderlos para que oren y se dirijan a Ti con confianza y fervorosa caridad, puesto que quieres socorrer a los que te piden con humilde piedad?… Inclina tu oído y escúchame pronto. Para Ti que moras en la eternidad todo tiempo es breve, porque la eternidad abarca todo el tiempo de una vez y excede inmensamente de todo el tiempo universal”. Y consciente de su final dice: “La muerte se acerca… Yo siempre esperaré en Ti, por encima de toda ponderación. Tú, Señor, acerca a mí tu oído, date prisa para librarme”.

Martin Gelabert. Blog Nihil Obstat

ASAMBLEA DE INICIO DE CURSO DE VIDA ASCENDENTE DE CÁDIZ

En el día de ayer, festividad de Los Santos Ángeles Custodios, nuestro Movimiento de la diócesis de Cádiz, celebró en la iglesia de Santiago una Asamblea General de inicio de curso con la asistencia de un centenar de miembros de todos los grupos de la diócesis.

Se inicia la asamblea con la invocación al Espíritu Santo a cargo de Miagros Ortolá, responsable de Espiritualidad y se continua con la Presidenta, Mª Luisa Marente, que da la bienvenida a los asistentes y agradece su presencia, especialmente a los Grupos de Algeciras y Barbate a los que supone un esfuerzo mayor dada la lejanía de la capital. Mª Luisa expone como se va a desarrollar el curso 24/25, señalando como hechos más relevantes la celebración de esta Asamblea, celebración de los Patronos, una convivencia de toda la diócesis y Asamblea de final de curso para analizar cómo se ha desarrollado en mismo. Anima a los Grupos a consolidarse y conseguir nuevos miembros que se unan a ellos y que contarán con el apoyo y visitas de los miembros de la Comisión Diocesana. Igualmente la Comisión Diocesana intensificará el contacto con aquellas parroquias en las que no haya Grupo.

A continuación la Secretaria, Pilar Muñoz, con la finalidad de actualizarlos, solicita a los animadores de los grupos que le envíen relación de todos los miembros del Grupo indicando su teléfono y correo electrónico, si lo poseen.

Para finalizar, el Consiliario Diocesano, P. Valentín, presenta el programa de formación espiritual para el curso. Señala que habrá retiros espirituales, para toda la diócesis o en varios arciprestazgos, en los tiempos fuertes, Adviento, Cuaresma y Pentecostés y visitará los grupos con la frecuencia que le sea posible.

Una vez finalizada la Asamblea y en la misma Iglesia de Santiago, el P. Valentín celebró la Sagrada Eucaristía con la participación de algunos miembros en las lecturas de la misma y con cánticos preparados por Milagros.

A continuación nos trasladamos a un restaurante de la ciudad para degustar un sabroso menú y fomentar el contacto entre todos. Nos despedimos contentos y deseándonos poder volver a reunirnos pronto.

INICIO DE CURSO EN HUESCA

Convocados los miembros de los 5 grupos parroquiales y de la residencia “ P. Saturnino López Novoa” acudieron los que pudieron hacerlo a la eucaristía inicial de curso. Fue celebrada por el Vicario de María Auxiliadora D. José Antonio Iguacel. El ella dimos gracias al Señor por seguir en el camino de la vida y poder sentir y aceptar – a pesar de nuestras limitaciones físicas – unos días con nuestros pies cansados, otros gracias a las alegrías y ánimos. Todos, peregrinos en este mundo con los ojos fijos en Él.

Renovamos la conciencia de sentir nuestra vejez como un tiempo de gracia en el que el Señor nos sigue llamando a custodiar y transmitir la fe, la experiencia de la vida y los valores cristianos en todos los ambientes en que nos encontremos. Y, siempre alegres , esperanzados con el recuerdo de nuestros pilares: Amistad, Espiritualidad y Compromiso.

Pedimos a Dios con el salmista: “ Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud…No me rechaces ahora, en la vejez, pues me van faltando las fuerzas” ( Sal.71, 5- 9 ).

INICIO DEL CURSO EN GUADIX

El día 8 en la Eucaristía de las 12.00 en la S.A.R.I.C, presidio la celebración de la Eucaristía D. Francisco Jesús en la cual dio inició el curso de pastoral del Movimiento de Vida Ascendente de la Diócesis.

Estuvieron presentes miembros de los grupos que hay en Caniles, Baza, Zujar y Guadix.

Los cantos estuvieron a cargo del «Coro Villa de Zujar» dirigido por D. Antonio González.

En la celebración de la Eucaristía D. Francisco Jesús ánimo a seguir trabajando y profundizando en los tres pilares del movimiento: Amistad, Espiritualidad y Apostolado.

La presencia de los mayores en las comunidades, en diferentes tareas y servicios pastorales, es un bien precioso que revitaliza y fortalece la vida de familia, los lazos de amistad fraterna y la vivencia del sentido de pertenencia a la Iglesia.

Enraizados en los compromisos bautismales siguen, nuestros mayores, ofreciendo un testimonio luminoso y esperanzado para las generaciones jóvenes.

Damos gracias al Señor por su entrega siempre fiel y perseverante.

Tras la celebración de la Eucaristía se participó en una comida fraterna, destacando el buen ambiente distendido y fraternal.

RECONOCIMIENTO A VIDA ASCENDENTE POR EL DÍA DE LA PAZ EN ALICANTE

El Colegio de Médicos de Alicante acogió este jueves día 3  el Día de la Paz 2024, un acto a través del cual varias entidades sociales y culturales alicantinas entregan sus reconocimientos a distintas personalidades que contribuyen a un mundo mejor y que este año homenajea a los mayores.

La Fundación de Servicios Familiares de la Comunidad Valenciana, la Fundación Jorge Alió, Fundación Agricolae Mundi, Club de Leones de Alicante Costa Blanca, Rotary Club de Alicante, Al-Ma Coaching, Asociación Espejo de Alicante y Asociación de Artistas Alicantinos forman parte de la organización que cada año otorga estas distinciones.

«Con este acto queremos ser punto de encuentro de los distintos sectores de la sociedad alicantina para dar a conocer, y reconocer, la aportación de instituciones y personas a la paz, a los ya conocidos, a los desconocidos, que día a día de forma callada y sencilla contribuyen a que todo funcione un poco mejor», apunta la presidenta de la Fundación Servicios Familiares, Belén Estevan, que añade que el lema de este año ha sido Los mayores, nuestras raíces, con el propósito de reconocer «a quienes trabajan por ello y a quienes siendo mayores siguen en la brecha».

Rodríguez Marín, pero también los diputados del Hogar Provincial y de Servicios Sociales, los concejales del Mayor y Servicios Sociales, la Jefatura de la que redactaOperaciones de la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante, los centros de mayores de Alicante, la Asociación Alzhéimer Alicante, Asociación Asaute, SEMA, el Orfeón Mare Nostrum, el Grupo de Castañuelas Lola, Fundación Vicente Ferrer, Vida ascendente,  Residencia Nuestra Sra.  de Lourdes, Juan Bosco Montero, Juan José Lobato, Francisco Serrano Valera y Amparo Aleson, entre otros.

Visto en DIARIO INFORMACION

Esta editora lo recogió en nombre de todos los que conformamos Vida Ascendente, no tomándolo para mi diócesis sino para todo el Movimiento, sintiendo que los mayores somos portadores de la Paz de Cristo alla por donde vayamos.

CELEBRACIÓN DE LA JORNADA DE LOS MAYORES EN ONIL

En la Villa de Onil, Diócesis de Orihuela – Alicante,  hay un geriátrico conocido como Caseta Sarrió,  en el que todas las semanas se celebra la Eucaristía, el día uno de octubre tuvimos ocasión de acompañar al Señor retor, como le llaman por aquí a los párrocos,  a la Residencia y compartir con nuestros mayores ese día especial. Todos sabían que era el día de los mayores y nos estaban esperando en la sala habilitada para la celebración de la Eucaristía.

Uno de los mayores que van al Centro de Día conserva su capacidad para tocar el piano y acompañó la celebración con varias piezas musicales, que el resto cantamos con mucha solemnidad, había felicidad por que era un día muy especial para ellos, pues además del párroco los visitaban una decena de personas que habitualmente no vamos por allí.

Comulgamos todos y el Espíritu revoloteó por allí dándonos a cada uno lo que nos faltaba, Alegría, Esperanza, Emoción contenida o no, Comunión….

Después compartimos unos brazos de gitano que había hecho amorosamente una parroquiana y que estaban riquísimos, con un  poquito de mistela,  a los mayores de las residencias cualquier actividad diferente les alegra el corazón.

No puedo terminar sin dar gracias a Dios, que nos pone en el camino momentos para crecer en la fe. Poder conmovernos las entrañas  ante la debilidad humana, es un signo de que aún hay esperanza.

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA TERESA DE ÁVILA

Nacida en Ávila el año 1515, Teresa de Cepeda y Ahumada emprendió a los cuarenta años la tarea de reformar la orden carmelitana según su regla primitiva, guiada por Dios por medio de coloquios místicos, y con la ayuda de San Juan de la Cruz (quien a su vez reformó la rama masculina de su Orden, separando a los Carmelitas descalzos de los calzados). Se trató de una misión casi inverosímil para una mujer de salud delicada como la suya: desde el monasterio de San José, fuera de las murallas de Avila, primer convento del Carmelo reformado por ella, partió, con la carga de los tesoros de su Castillo interior, en todas las direcciones de España y llevó a cabo numerosas fundaciones, suscitando también muchos resentimientos, hasta el punto que temporáneamente se le quitó el permiso de trazar otras reformas y de fundar nuevas cases.

Maestra de místicos y directora de conciencias, tuvo contactos epistolares hasta con el rey Felipe II de España y con los personajes más ilustres de su tiempo; pero como mujer práctica se ocupaba de las cosas mínimas del monasterio y nunca descuidaba la parte económica, porque, como ella misma decía: “Teresa, sin la gracia de Dios, es una pobre mujer; con la gracia de Dios, una fuerza; con la gracia de Dios y mucho dinero, una potencia”. Por petición del confesor, Teresa escribió la historia de su vida, un libro de confesiones entre los más sinceros e impresionantes. En la introducción hace esta observación: “Yo hubiera querido que, así como me han ordenado escribir mi modo de oración y las gracias que me ha concedido el Señor, me hubieran permitido también narrar detalladamente y con claridad mis grandes pecados. Es la historia de un alma que lucha apasionadamente por subir, sin lograrlo, al principio”. Por esto, desde el punto de vista humano, Teresa es una figura cercana, que se presenta como criatura de carne y hueso, todo lo contrario de la representación idealista y angélica de Bernini.

Desde la niñez había manifestado un temperamento exuberante (a los siete años se escapó de casa para buscar el martirio en Africa), y una contrastante tendencia a la vida mística y a la actividad práctica, organizativa. Dos veces se enfermó gravemente. Durante la enfermedad comenzó a vivir algunas experiencias místicas que transformaron profundamente su vida interior, dándole la percepción de la presencia de Dios y la experiencia de fenómenos místicos que ella describió más tarde en sus libros: “El camino de la perfección”, “Pensamientos sobre el amor de Dios” y “El castillo interior”.

Murió en Alba de Tormes en la noche del 14 de octubre de 1582, y en 1622 fue proclamada santa. El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia.

Una Santa muy Española

El carácter español es franco. Te habla directamente, cara a cara, sin tapujos. Si algo tiene que decirte, lo dice con la frente en alto y con las palabras exactas, cortas, breves, ni una más y ni una menos. A veces su franqueza molesta a quienes no están acostumbrados a esa cultura. Y en su relación con Dios, no digamos… También su carácter español lo desborda. Y Teresa de Ávila, la santa que hoy nos ocupa, no podría ser la excepción. Nacida en Ávila en 1515 es española hasta el tuétano de los huesos y su “salero” y gracia española los lleva no sólo en la sangre sino en sus obras, en sus escritos y en sus profundas experiencias místicas.

Muchas veces nos hacemos una idea falsa de los santos. Nos los imaginamos en un estuche de plástico o de vidrio, ajenos a las circunstancias de sus congéneres, los hombres mortales, hechos de carne y de hueso. Parecería como si todo hubiese sido fácil para ellos, que hubieran pasado esta vida sin penas y con mucha gloria. Que todo lo que a nosotros nos entristece o nos alegra a ellos les hubiera dado más o menos lo mismo. Y sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad que esa concepción falsa y devaluado de los santos. No hay hombre o mujer más humanos, que más hayan vivido con más fuerza y pasión las veleidades humanos que los santos. Teresa de Ahumada, convertida después de mucho batallar en esta tierra en santa y después declarada doctora de la Iglesia por Paulo VI el 27 de septiembre de 1970, nació, vivió y murió como una mujer de su siglo y de su época. Como una española con mucho garbo y con mucho salero.

Entró en el Carmelo de Ávila a los veinte años. Vivió como cualquier monja de su época una vida dedicada a Dios hasta los cuarenta años. Y de ahí en adelante Dios se apoderó de ella… y de su hispanidad. Su conversión, su momento de radical conversión a Dios lo tuvo al contemplar, según ella misma nos cuenta en su autobiografía, al contemplar una imagen agonizante del “Cristo de Limpias”. No pudo más. Era tanto el sufrimiento que le produjo ver a Cristo sufriente, lacerado por los flagelos y sangrante por todos lados que decidió cambiar su vida y la de muchas otras personas. Guiada por Dios y por San Juan de la Cruz se lanza a la Reforma de la Orden Carmelitana, tanto masculina como femenina, para recobrar la pureza y la austeridad de los orígenes. Pureza y austeridad que la causaran varios quebrantos de cabeza, incluso las sospechas de la Inquisición.

Mujer infatigable la vemos ir y venir a lo ancho y largo de la geografía española para fundar conventos según el espíritu de la Reforma por ella iniciada, siempre fiel a la Iglesia y al espíritu del Concilio de Trento, de forma que ayudó no sólo a la renovación de los y las Carmelitas, sino a la renovación de la Iglesia, formando con otros santos un bastión contra el protestantismo que se había desatado ya en Europa.

Mujer práctica, capaz de ver a Dios hasta en los pucheros de la cocina y disfrutar de las alegrías de esta vida al grado de decir “cuando perdices, perdices” y de ahuyentar la plaga de pulgas que azotó a sus primeras monjas cuando les dio por hábito tela infestada de aquellos insectos, con una procesión y rogativa, que llevaba por letanía una letra compuesta por ella que decía: “Señor, librad de la mala gente este sayal”. Mujer que sabía lo que valía la confianza en Dios, pero también valoraba en su justa medida el dinero para llevar a cabo las obras de Dios: “Teresa sin Cristo, no es nada. Teresa y Cristo ya es algo. Teresa, Cristo y dos maravedíes es imparable”.

Mujer de profunda vida mística, que hablaba de tú a tú con Cristo en la oración y era capaz de enfrentarse con Él para preguntarle por qué la hacía sufrir tanto. Y Cristo le respondía que “así era la forma en que trataba a sus amigos”. Y Teresa, la Teresa de Ávila de las murallas medievales donde tantos españoles se guarnecieron de los moros, la Teresa hija de hidalgo español, la Teresa que de niña escapaba de su casa porque quería ir a tierra de moros, le respondía con todo el salero y el requiebre de un buen español: “Ahora veo Señor porque tienes tan pocos amigos”. Una santa que sabía expresar con palabras cortas exactas y breves, su profunda experiencia mística de unión con Dios: “Y tan alta vida espero que muero porque no muero, vivo sin vivir en mí”.

Una santa para imitar en su practicidad, en su adhesión inquebrantable a la Iglesia, en su profunda vida de oración y en su pureza y llaneza de carácter.

Fuente Catholic.net