VALENCIA: DANA MORTAL E INMENSA SOLIDARIDAD

Poco a poco vamos cobrando conciencia de la tragedia que ha supuesto la dana o gota fría que cayó sobre la provincia de Valencia los pasados días 29 y 30. Los destrozos materiales son incontables, decenas de coches amontonados en las calles de algunos pueblos, bastantes templos han quedado completamente inservibles; en Picanya el agua llegó hasta la bóveda de la Iglesia. Lo más importante es el sufrimiento de las personas, los desaparecidos y los muertos, que se acercan a los 200, muchos de ellos niños pequeños.

Y, como siempre, alguna nota negativa para que así resalten las positivas: una banda se ha dedicado a aprovechar el caos para robar en algunas iglesias. Lo positivo: ha habido mucha ayuda entre personas, mucha solidaridad, protección civil ha actuado con eficacia, la Cruz Roja y otras instituciones de ayuda han trabajado bien. El gobierno autonómico y el nacional han prometido recursos económicos para los afectados (esperamos que cumplan y lo hagan rápido).

La comunidad judía y las Iglesias protestantes se han solidarizado con las víctimas. Dígase lo mismo de la Iglesia católica. Desde Caritas diocesana destacan la inmensa solidaridad de personas, instituciones, empresas, asociaciones, que han ofrecido a Caritas de Valencia su aportación económica o su colaboración. Por supuesto, Caritas nacional y las otras Caritas diocesanas han manifestado su deseo de ayudar, así como algunas internacionales, la suiza, la alemana y hasta la siria. El Papa y muchos obispos españoles han enviado mensajes al Arzobispo de Valencia. La diócesis ha organizado actos religiosos (una Eucaristía y un rosario) para rezar por los difuntos.

Hoy un alumno de la Facultad de Teología, puesto que se han suspendido las clases, vino desde Paiporta a pie a Valencia (8,5 Km.) para comprar comida, y llevarla caminando a su pueblo, porque los coches no pueden circular por algunas carreteras y en algunos pueblos escasea el agua y la comida, además de no tener electricidad.

Algunos recuerdan que el agua caída supera la que cayó durante el desbordamiento del Turia en 1957, que, por cierto, provocó que se efectuara una obra faraónica, desviando el cauce del río desde el centro de la ciudad de Valencia a sus afueras. Asusta pensar que hubiera pasado si el cauce siguiera dentro de la ciudad.

Mucha gente de España y de fuera de España me ha enviado mensajes a través del whatsapp, impresionados por la tragedia y preguntando si un servidor o las personas cercanas a mi estaban afectadas. No estamos heridos, he respondido, pero estamos afectados o deberíamos estarlo, porque el dolor del hermano debemos asumirlo como propio para así ayudar con más eficacia. Compasión es padecer con el otro, ponerse en la piel del otro.

Gracias a Dios, la Iglesia, desde el primer momento, puso todos sus medios a disposición de las personas más necesitadas. Las vidas perdidas son irrecuperables. Sin duda, han sido acogidas por la misericordia de Dios. Quedan las necesidades de los vivos. Esas personas a las que ha llegado ayuda urgente, pero lo han perdido todo, seguramente seguirán necesitando ayuda cuando ya nos hayamos olvidado del desastre. Conviene comenzar por lo de hoy sin olvidar lo que puede pasar mañana. Conviene comenzar por lo de cerca, sin olvidar lo de lejos.

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

31.10.2024

TESTIMONIO DE LA PREGRINACIÓN A CARAVACA

Hoy lunes 30 de septiembre del 2024, hemos despertado de una manera especial, somos de la parroquia de Nuestra Señora de Alta Gracia y nos vamos de peregrinos, algunos de nuestro grupo de Vida Ascendente todos no podemos ir pero estarán presente en nuestras oraciones.

Cuando todas las diócesis nos encontramos en el autocar nos da gran alegría, porque nos une el mismo sentimiento, el Amor a Jesús y a nuestra Madre la Virgen María, en este momento empieza la peregrinación.

Nos acompañan cinco sacerdotes que estarán en la ruta a nuestro lado, siendo la voz de nuestras vivencias y nuestras oraciones.

¡Ya estamos en Murcia!

Nos ponemos los pañuelos y cogemos la mochila que llevamos vacía pero con la ayuda de la Cruz de Caravaca, la llenaremos de amor, humildad, comprensión y tolerancia y porque no también de felicidad. Te pedimos Señor que nos ayudes a saber repartirlo.

Al entrar en la Catedral, sentimos una paz interior difícil de explicar. Escuchamos la Santa Misa y en nuestras oraciones pedimos que el mundo entero pueda sentir esa paz y amor a los demás y en ese momento seguramente pararían las guerras.

Luego ene el exterior de la Catedral hemos rezado el Vía Crucis y a muchas nos recordó la Vía Dolorosa de Jerusalem y nos dio como un pellizquito en el corazón.

¡Estamos en Caravaca!

Celebramos la Santa Misa con devoción. Después un guía nos enseña las maravillas de su arquitectura, sus puentes, sus calles y edificios de mayor importancia; comentándonos su historia y las fechas en que se empezaron a construir. A pesar del calor parece que nos transportan a otra época.

Vamos a San Salvador, repetimos el Vía Crucis con todas las Diócesis, nos embargo una gran emoción y gran hermandad.

Al terminar, fuimos al Museo de Salzillo y al ver sus imágenes pensamos que Jesús tuvo que ayudarle para que sus manos pudieran plasmar en ellas el odio, el dolor y en sus ojos el gran amor que tuvo por nosotros.

Regresamos

Contentas por lo que hemos vivido y compartido, prometiendo ser un poquito mejor cada día.

Cruz de Caravaca ayúdanos en este Jubileo a subir un peldaño más para poder cruzar el puente que nos llevara a la otra orilla.

Vida Ascendente

Parroquia de Nuestra Señora de Alta Gracia.

PROCLAMADOS 14 NUEVOS SANTOS: ENTRE ELLOS LOS “MÁRTIRES DE DAMASCO”

Once de los canonizados son frailes franciscanos y laicos maronitas, varios de ellos españoles, asesinados por militantes drusos en 1860 en la capital siria. Las otras tres personas elegidas fundaron comunidades religiosas

El Papa Francisco proclamó este domingo 14 nuevos santos, entre ellos los “mártires de Damasco”, asesinados en Siria durante el Imperio Otomano en el siglo XIX y símbolos de la persecución cristiana.

Francisco presidió la ceremonia de canonización en la Plaza de San Pedro en presencia de miles de fieles católicos de todo el mundo.

“Los inscribimos entre los santos, decretando que sean venerados como tales por toda la Iglesia”, proclamó Francisco, tras recitar cada nombre.

La canonización es el último paso hacia la santidad en la Iglesia católica, tras la beatificación.

Se requieren tres condiciones, la más importante de las cuales es que la persona haya realizado al menos dos milagros. Debe haber fallecido hace al menos cinco años y haber llevado una vida cristiana ejemplar.

En el grupo se encuentran 11 personas conocidas como los “mártires de Damasco”, que se han convertido en santos unos 160 años después de su muerte.

Los ocho frailes franciscanos y tres laicos maronitas -todos hermanos- de un monasterio fueron asesinados por militantes drusos en julio de 1860 en la capital siria, entonces bajo dominio otomano.

Se trata del español Manuel Ruiz López (Burgos, 1804), quien en aquel momento era superior del convento de San Pablo y fue víctima de la furia de una multitud de drusos que la noche del 9 de julio de 1860 irrumpieron en el barro cristiano de Damasco. Ahí vivían unas 30.000 personas, miles de ellas fueron masacradas y algunas se refugiaron en el monasterio de Ruiz y el resto de frailes menores.

Con él decapitaron a siete franciscanos hoy también canonizados, entre ellos los españoles Carmelo Bolta, Nicanor Ascansio, Nicolás María Alberca, Pedro Nolasco Soler, Francisco Piñazo Peñalver y Juan Fernández, y el austríaco Engelbert Kolland.

Los religiosos recibieron una propuesta del gobernador otomano de la época para refugiarse en su residencia, pero la rechazaron al no querer dejar sola a la gente que buscaba protegerse en el convento.

En la ceremonia también fueron canonizados los laicos maronitas Francesco Massabki, Mooti Massabki y Raffaele Massabki. Eran tres hermanos de Damasco muy vinculados a la comunidad de los franciscanos que estaban en el convento de San Pablo junto al resto de frailes, donde murieron igualmente asesinados en la misma masacre.

Todos ellos habían sido beatificados por el Papa Pío XI en 1926.

Damasco es el hogar de una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, pero su población cristiana ha disminuido a sólo un dos por ciento en la actualidad, según el Vaticano.

Muchos ciudadanos, cristianos o no, han abandonado la ciudad desde el inicio de la guerra civil en Siria en 2011.

El martirio del grupo de Damasco canonizado el domingo “no es muy diferente de la situación de muchos cristianos en Oriente Medio hoy en día”, escribió Vatican News, el portal de noticias oficial del Vaticano.

Las otras tres personas, fallecidas a principios del siglo XX, fundaron comunidades religiosas.

Se trata del misionero italiano Giuseppe Allamano (1851-1926), fundador del Instituto de los Misioneros de Consolata y de las Hermanas Misioneras de Consolata, la monja italiana Elena Guerra (1835-1914), fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo -conocidas como Hermanas de Santa Zita-, y la canadiense Marie-Leonie Paradis (1840-1912), fundadora de la Congregación de las Hermanitas de la Sagrada Familia.

INTENCIONES DE ORACIÓN

“El Papa Francisco confía cada mes a su Red Mundial de Oración, intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia”, afirma el sitio web de la iniciativa.

“Su intención de oración mensual es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos», es una brújula para una misión de compasión por el mundo”, agrega.

Este mes de noviembre  oramos: POR LOS QUE HAN PERDIDO UN HIJO

Oremos para que todos los padres que lloran la muerte de un hijo o una hija encuentren apoyo en la comunidad y obtengan del Espíritu consolador la paz del corazón.

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en su 121º reunión, que tuvo lugar del 17 al 21 de abril de 2023, las intenciones de la CEE para el año 2024 por las que reza la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

Noviembre: Por todos los que sufren por cualquier causa, por los pobres, migrantes, los enfermos, los cristianos perseguidos, para que hallen en nuestra caridad el consuelo y la cercanía que necesitan, así como una ayuda eficaz para aliviar las consecuencias de su situación.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN ALONSO RODRÍGUEZ

A Alonso Rodríguez se le recuerda, principalmente, por los 30 años que pasó como portero en un colegio de Mallorca, pero tuvo otra vida anterior a la de jesuita en la que estaba casado y tenía tres hijos, y esta también la supo vivir con la heroicidad propia de los santos. «Todas las circunstancias que se le ponen por delante en la vida son un camino hacia Dios para él. Los primeros estudios, su matrimonio y paternidad, su posterior lucha por ser jesuita y, por supuesto, las tres décadas que se pasó abriendo y cerrando una puerta; todo lo vivió con tal hondura que todavía hoy es un modelo de santidad para mucha gente», asegura Daniel Cuesta, SJ, que comparte procedencia y orden religiosa con el protagonista de esta historia.

Nacido en Segovia en 1533, Rodríguez fue el segundo hijo de un exitoso comerciante de lana. Gracias a la hospitalidad de su padre, que en una ocasión acogió en su casa a Pedro Fabro —uno de los primeros compañeros de san Ignacio—, el pequeño Alonso entró muy pronto en contacto con la Compañía de Jesús. De hecho, fue el propio Fabro el que le preparó para recibir la Primera Comunión. La cosa no acaba ahí. «A los 12 años su padre lo mandó al nuevo colegio de los jesuitas en Alcalá», revela Tom Rochford, SJ, en la hagiografía publicada por la orden. Todos estos indicios llevan a Cuesta a pensar que «la vocación de Alonso como jesuita es anterior a su matrimonio. Es solo una teoría, porque no podemos saber qué hubiera sido de su vida si hubiera seguido estudiando. Pero yo creo que hubiera entrado en los jesuitas y se hubiera ordenado sacerdote».

La historia, sin embargo, dio un giro radical cuando el padre de Alonso se murió y este se tuvo que hacer cargo del negocio familiar. Tiempo después, ya con 27 años, se casó con una tal María Suárez y el matrimonio tuvo tres hijos. En esta labor también destacó Rodríguez. «Era un buen esposo y un buen padre», confirma Cuesta. Con las habilidades empresariales sucedió al contrario. Su poca pericia en este ámbito, sumada a los fuertes impuestos a los que debía hacer frente, terminaron por dar al traste con el negocio.

A su ruina económica pronto se añadió la ruina personal. Su mujer y sus tres hijos fallecieron por la peste, dejando a Alonso solo y arruinado. Era el momento de retomar su relación con la Compañía de Jesús, y, pasado un tiempo en el que se dedicó a la oración, pidió su ingreso. «Pero su avanzada edad —en aquel momento tenía 35 años—, su frágil salud y lo limitado de su formación no lo hacían apto a los ojos de los jesuitas, que lo examinaron con vistas a su admisión», escribe Rochford.

El candidato no se vino abajo, sino que puso más empeño y se pasó dos años estudiando para obtener la formación necesaria para ser sacerdote. Incluso se trasladó a Valencia siguiendo a su director espiritual, que era un miembro de la orden. Pero el segundo intento tampoco obtuvo resultados, y los jesuitas valencianos que lo examinaron tampoco lo vieron apto. No así el provincial, que percibió su santidad y le dio el permiso para entrar en la Compañía.

Todas estas vicisitudes le generaron un cierto estigma de zote, pero Cuesta ha estudiado su figura y ha descubierto a otro Alonso Rodríguez «mucho más profundo», asegura. «Hay un reto muy grande, que es salir de ese Alonsito que solo reza el rosario, al que incluso se le representa con los dedos gastados de tanto pasar las cuentas, y descubrir a ese otro Alonso, con una hondura espiritual y una oración mística que recuerda a la de santa Teresa», añade el jesuita. De hecho, «recibía a muchos grupos de personas, también a distintas personalidades que buscaban su consejo. El propio Pedro Claver dialogaba mucho con Rodríguez, y es este quien le impulsa para su labor evangelizadora en Cartagena de Indias».

A pesar de toda esta labor, la etapa más conocida de su vida fue la que pasó en la portería del colegio Montesión de Mallorca. Allí fue destinado en 1579 y pasó cerca de tres décadas. El trabajo era sencillo: recibir a las visitas, abrir y cerrar la puerta, pasar avisos. «Era repetitivo y monótono, exigía mucha humildad, pero Rodríguez imaginaba que todo el que llamaba a la puerta era el mismo Señor, y saludaba a todos con la misma sonrisa que había reservado para Dios», asegura el hagiógrafo. De aquella época es el famoso: «¡Ya voy, Señor!», que Rodríguez profería cada vez que alguien llamaba a la puerta. Él se imaginaba que era el mismo Cristo quien esperaba al otro lado.

Sus días concluyeron el 31 de octubre de 1617. Se cuenta que llevaba dos días casi sin sentido y, en un momento dado, se despertó, besó su crucifijo y expiró después de repetir por tres veces «Jesús, Jesús, Jesús». No pasaron ni diez años de su muerte cuando fue declarado venerable. Más tarde, en 1633, se le nombró patrono de Mallorca. Su beatificación llegó en 1825 y su canonización, el 6 de septiembre de 1888.

CATEQUESIS DEL PAPA. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA. «CREO EN EL ESPÍRITU SANTO» EL ESPÍRITU SANTO EN LA FE DE LA IGLESIA

Con la catequesis de hoy pasamos de lo que se nos ha revelado sobre el Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras a cómo está presente y actúa en la vida de la Iglesia, en nuestra vida cristiana.

En los tres primeros siglos, la Iglesia no sintió la necesidad de dar una formulación explícita de su fe en el Espíritu Santo. Por ejemplo, en el Credo más antiguo de la Iglesia, el llamado Credo de los Apóstoles, tras proclamar: «Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo, que nació, murió, descendió a los infiernos, resucitó y subió a los cielos», se añade: «[Creo] en el Espíritu Santo» y nada más, sin ninguna especificación.

Pero fue la herejía la que impulsó a la Iglesia a especificar esta fe. Cuando comenzó este proceso -con San Atanasio, en el siglo IV- fue la experiencia vivida por la Iglesia de la acción santificadora y divinizadora del Espíritu Santo la que la condujo a la certeza de su plena divinidad. Esto ocurrió en el Concilio Ecuménico de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo con estas conocidas palabras que aún hoy repetimos en el Credo: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre [y del Hijo], que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas».

Decir que el Espíritu Santo es “Señor” era como decir que comparte el «señorío» de Dios, que pertenece al mundo del Creador, no al de las criaturas. La afirmación más fuerte es que se le debe la misma gloria y adoración que al Padre y al Hijo. Es el argumento de la igualdad en el honor, muy querido por San Basilio el Grande, que fue el principal artífice de esa fórmula: el Espíritu Santo es Señor, es Dios.

La definición conciliar no fue un punto de llegada, sino de partida. Y, de hecho, una vez superadas las razones históricas que habían impedido una afirmación más explícita de la divinidad del Espíritu Santo, ésta se proclamaría tranquilamente en el culto de la Iglesia y en su teología. Ya San Gregorio Nacianceno, tras ese Concilio, afirmará sin más reparos: «¿Es entonces Dios el Espíritu Santo? Ciertamente. ¿Es Él consustancial? Sí, si es Dios verdadero» (Oratio 31, 5.10).

¿Qué nos dice a nosotros, los creyentes de hoy, el artículo de fe que proclamamos cada domingo en la Misa? “¿Creo en el Espíritu Santo?” En el pasado, nos ocupaba principalmente la afirmación de que el Espíritu Santo «procede del Padre». La Iglesia latina pronto completó esta afirmación añadiendo, en el Credo de la Misa, que el Espíritu Santo procede «también del Hijo». Dado que en latín la expresión «y del Hijo» se dice «Filioque», esto dio lugar a la disputa conocida con este nombre, que fue el motivo (o el pretexto) de muchas disputas y divisiones entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente. Ciertamente, no es el caso de tratar aquí esta cuestión, que, por otra parte, en el clima de diálogo establecido entre las dos Iglesias, ha perdido la dureza del pasado y permite hoy esperar una plena aceptación mutua, como una de las principales «diferencias reconciliadas». Me gusta decir esto: «diferencias reconciliadas». Entre los cristianos hay muchas diferencias: este es de esta escuela, este es de aquella otra; este es protestante, este otro…Lo importante es que estas diferencias sean reconciliadas, en el amor de caminar juntos.

Superado este escollo, hoy podemos valorar la prerrogativa más importante para nosotros que se proclama en el artículo del Credo, es decir, que el Espíritu Santo es ‘vivificador’, es decir, da la vida. Nos preguntamos: ¿qué vida da el Espíritu Santo? Al principio, en la creación, el soplo de Dios da a Adán la vida natural; de una estatua de barro, lo convierte en «un ser viviente» (cf. Gn 2,7). Ahora, en la nueva creación, el Espíritu Santo es quien da a los creyentes la vida nueva, la vida de Cristo, vida sobrenatural, de hijos de Dios. Pablo puede exclamar: «La ley del Espíritu, que da vida en Cristo Jesús, te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte» (Rom 8,2).

¿Dónde está, en todo esto, la noticia grande y consoladora para nosotros? En que la vida que nos da el Espíritu Santo es la vida eterna. La fe nos libera del horror de tener que admitir que todo termina aquí, que no hay redención para el sufrimiento y la injusticia que reinan soberanas en la tierra. Nos lo asegura otra palabra del Apóstol: «Si el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes» (Rom 8,11). El Espíritu habita en nosotros, está dentro de nosotros.

Cultivemos esta fe también por aquellos que, a menudo sin culpa propia, se ven privados de ella y no pueden dar sentido a la vida. ¡Y no nos olvidemos de dar gracias a Aquel que, con su muerte, nos obtuvo este don inestimable!

EL DESAFÍO DE LA UNIDAD DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA

La Iglesia católica, a lo largo de su historia, ha tenido que hacer frente a dificultades y problemas que parecían cuestionar su propio ser. Ante esos desafíos los fieles en particular, y la Iglesia como institución, se han visto obligados a tomar postura, y a encontrar respuestas para clarificar la confusión que podían plantear los cuestionamientos, o para situarse más adecuadamente, de modo que, en la medida de los posible, se evitasen los malentendidos que parecían derivarse de una mala comprensión del mensaje cristiano.

La Reforma protestante supuso un serio desafío para la Iglesia católico-romana porque, por una parte, la protesta de Lutero planteaba una decisiva pregunta a las instituciones eclesiales, la de si ellas transmitían y vivían fielmente el mensaje cristiano. Por otra parte, una vez consolidada la Reforma, a unos y a otros, católicos y reformados, se les planteaba la pregunta de si esa ruptura no era el principal obstáculo para que el mundo creyera, pues la ruptura es un signo patente de que no se cumplen las palabras de Cristo, al que todas las Iglesias apelan para mantener su separación: “que todos sean uno”. Evidentemente, los cristianos no somos uno. Somos muchos, estamos divididos, y la unión parece compleja y difícil. Si tomamos en serio las palabras que el cuarto Evangelio pone en boca de Jesús en forma de oración al Padre: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21-22), la conclusión que parece imponerse es que la condición para que el mundo crea no se cumple, y como no se cumple, la transmisión de la fe se encuentra dificultada.

Hoy el desafío que la separación entre cristianos supone de cara a la transmisión de la fe, se ha radicalizado más, si cabe, porque la separación ya no se da sólo entre unos grupos y otros, supuestamente cohesionados dentro del propio grupo, sino que afecta al interior mismo de algún grupo, como parece ser el caso dentro de la Iglesia católica. Algunas personas, apelando a la fidelidad a “lo católico”, cuestionan la persona, la doctrina y la autoridad del garante de la unidad católica, el Romano Pontífice. Esto supone un serio escándalo para muchos católicos de buena voluntad y es uno de los mayores desafíos a los que debe enfrentarse hoy la Iglesia católico romana.

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo.

Recordamos, pues, que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús, y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12).  El Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, es decir, por la edificación de una nueva civilización donde reinen la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz.

Orígenes e historia de la fiesta

Esta fiesta nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinación a transformar este mundo con la fuerza del Evangelio. Sus raíces son antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias.

Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias «de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo».

En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.

Nadie se salva solo

Para esta importante Fiesta litúrgica -que ha sido también llamada la «Pascua de Otoño»-  el Papa Francisco mismo nos ha invitado en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate a que: «No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9.). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie  se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo», (cf GE, n.3)

El camino comunitario de la santificación

En otro pasaje de la misma exhortación del Papa Francisco, leemos que: «La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros.

Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. Recordemos también el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio.

Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»», (cf GE, n.141).

MINISTERIO DE MAYORES: UN PARTIDO POLÍTICO PIDE A SÁNCHEZ CUMPLIR CON SU «GRAN DEUDA» CON LOS SÉNIOR

«Se ha creado el Ministerio de Juventud e Infancia y otros muchos, pero no así un Ministerio de los Mayores. Y, ¿los mayores qué?», se preguntan desde el partido político Tercera Edad en Acción (@3edadenAccion), que ha emitido un comunicado en el que señala que esta situación –también denunciada por el presidente de 65YMÁS, Fernando Ónega, y que ha impulsado una recogida de firmas este octubre en la plataforma Change.org (@change_es)– es un claro caso de discriminación por edad que el Gobierno debe cumplir con su «gran deuda con los sénior: un Ministerio de Mayores.»Esto es edadismo en estado puro», continúa el comunicado emitido por la formación política existe desde mayo de 2018 y ya ha participado con listas en varios procesos electorales. «Este descuido es, cuanto menos, una manifestación clara de discriminación por razón de la edad, que ha ido tomando fuerza en los últimos años» y que motivó a la formación a lanzar una petición abierta hace unos meses al presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, para que crease un Ministerio de Mayores y una Ley General de Mayores de manera «urgente» (ver vídeo).

Vacío institucional con los mayores

El vídeo, igual que la carta, están protagonizados por la presidenta Tercera Edad en Acción, Nuria Martínez Ros, quien recuerda en el comunicado que aún representando a más del 35% de la población con derecho a voto, «parece que los mayores no contamos tanto como los demás colectivos a la hora de tener un Ministerio que nos represente. Este vacío institucional evidencia la falta de un compromiso serio hacia quienes hemos contribuido toda nuestra vida al bienestar del país, y que lo seguimos haciendo en múltiples situaciones. Los mayores no deseamos ser receptores pasivos de decisiones ajenas no alineadas con nuestras verdaderas necesidades o, sencillamente, no acertadas».

Y prosigue con su tono crítico. «¿Es un error administrativo perpetuado a lo largo de los tiempos o simplemente una falta crónica de interés en las personas de edad? Eso sí, el interés resucita milagrosamente al tercer día, justo después de convocar las elecciones. Estamos cansados de ser siempre «los elegidos» para dedicarles palabras corteses pero vacías. Pues elijan a otros, porque aquí ya no se admite. Queremos participar y exigimos hacerlo activamente en las políticas que nos afectan».

Fuente: Tercera Edad en Acción

 Más urgente que nunca

Desde Tercera Edad en Acción sostienen que la creación del Ministerio de los Mayores es más que necesaria: «es imprescindible y urgente». «No estamos pidiendo algo extraordinario, solo algo que responde al sentido común. Exigimos una institución que se dedique específicamente a un colectivo que ha sido ignorado y desatendido durante años, al que se le ha negado repetidamente la dignidad ganada a lo largo de una vida».

Además, reclaman «la atención que merecemos como colectivo en una sociedad que parece estar perdiendo sus valores y humanidad. Es vital que aprovechemos el valor de una población más experta y activa que nunca. El talento sénior es un activo y, como tal, debemos ponerlo al servicio de la sociedad con orden y visión. Una sociedad que se permite el lujo de desaprovechar el talento y la experiencia de los mayores será siempre una sociedad pobre e incompleta ¿Algún gran político quiere eso para su país?», continúa el comunicado.

Carta abierta a Pedro Sánchez

Desde Tercera Edad en Acción reiteran la necesidad de un Ministerio de los Mayores y un «Plan de Acción Vital «que es involucre. Los senior queremos innovar para mejorar y nunca más tener que preguntar: «¿Y los mayores qué?». El Partido retoma así, a raíz del movimiento inspirado por Ónega, un vídeo lanzado hace 9 meses y que apelaba directamente al presidente de Gobierno Pedro Sánchez, para la creación de un ministerio propio y una Ley General de Personas Mayores.

«Señor presidente del Gobierno…. necesitamos urgentemente un Ministerio de los Mayores, necesitamos urgentemente una ley general de los Mayores», comenzaba el vídeo protagonizado por la presidenta de Tercera Edad en Acción en el vídeo. En él, le afeaba que hubiese numerosos ministerios de nueva creación, pero ninguno dedicado a mayores. «Presidente le pido que estas Navidades piense un poco en todo ello, en lo beneficioso que sería para la sociedad en general, pero también para los mayores y sus familias».

Sobre el autor:

Marta Jurado para 65 y mas

INICIO DE CURSO EN ORIHUELA-ALICANTE

Después del tórrido y húmedo verano levantino, el viernes 18 de Octubre, estábamos citados los componentes de Vida Ascendente para celebrar el inicio de curso, aunque algunos grupos ya se han comenzado a reunir con anterioridad, estábamos citados en la Parroquia de San Blas  a las 11,00 para la recepción,  acogida y acreditación, hasta las 12, hemos ido acudiendo  de distintos puntos de la diócesis, de Orihuela, de La Hoya (Elche), de Onil, y de la misma capital de los grupos de San José de Carolinas, El Salvador, La Misericordia y el mismo San Blas,  también ha acudido nuestro incombustible Antonio García, que desde la Residencia de Ferroviarios en San Juan acude a todo lo que preparamos.

La presidente ha excusado la presencia tanto del Consiliario Diocesano, que se encuentra al frente de la Parroquia de la Concatedral de San Nicolás estos días  y no ha podido acudir como de Monseñor Cases, que ese mismo día tenía que estar en la Conferencia Episcopal.

El programa del día era interesante, la presentación del Guion, ,  ¿Que es un grupo de Vida Ascendente? y la Espiritualidad, uno de los pilares del movimiento, junto a una pequeña experiencia de un taller de oración con música imágenes y unos textos leídos  que nos han hecho  entrar en conexión con el amor de Dios. También hemos podido  conocer la historia de nuestro movimiento con un PowerPoint llamado Alrededores de Paris, desde 1952 en los alrededores de París, su llegada a España en 1979 y su expansión por el mundo,  hasta nuestros días y a muchos nos ha sorprendido, porque desconocíamos todo o casi todo de nuestro Movimiento y, no se puede amar  los que no se conoce.

Después de la primera ponencia nos hemos hecho la foto de familia y a continuación  en el salón parroquial, que tiene muy buenas instalaciones para ello, hemos compartido la comida de sobaquillo que traíamos, como siempre no han faltado los dulces, caramelitos, chocolates, dátiles que nos ha traído la compañera de La Hoya, recién cogidos esa misma mañana y que eran pura ambrosia, nuestra compañera de San Blas, Asun, ha ido a la cafetería cercana y nos ha traído los cafés, Realmente ha sido una comida de familia, fraternidad y ágape han ido de la mano.

Tras la sesión de la tarde, hemos compartido la Eucaristía con la Comunidad Parroquial, que tan amablemente nos ha acogido en el día de San Lucas ¡Que coincidencia!. Don Miguel Blesa, el párroco de San Blas en su homilía ha ido encontrando paralelismo de nuestro movimiento con el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas y que junto a su Evangelio es el camino de la  Salvación  que llega hasta nuestros días, de cómo San Lucas nos muestra e incide al Dios Misericordioso que perdona y espera, los mayores somos sembradores de esperanza y ternura.

Tras un día largo de convivencia y formación y más emocionados que cansados hemos vuelto a nuestros hogares con las pilas cargadas y preparados para afrontar el desafío de un nuevo curso.

Agradecemos profundamente a la Parroquia de San Blas de Alicante su acogida, su generosidad y cariño hacia este Movimiento.

Delegada de Noticias de la Comisión Diocesana.