EL SANTO DE LA SEMANA: SAN ALBERTO CHMIELOWSKI

En Cracovia, en Polonia, san Alberto (Adán) Chmielowski, religioso, célebre pintor, el cual se entregó a los pobres procurando ser bueno con todos, y fundó las Congregaciones de Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, siervos de los pobres.

Alberto, en su juventud, luchó por la libertad de su patria; luego se dedicó al estudio y al ejercicio de su vocación artística en el campo de la pintura; pero pronto centró su vida en el seguimiento de Cristo que atiende a los más pobres y necesitados; los «Albertinos» y «Albertinas», por él fundados en el seno de la Orden Tercera de San Francisco, han seguido y ampliado su obra y su estilo humilde y fraterno.

Alberto Chmielowski, en el siglo Adán, nació en Igolomia, cerca de Cracovia (Polonia), el 20 de agosto de 1845, de padres nobles: Adalberto y Josefina Borzyslawska. Creció en un clima de ideales patrióticos, de una profunda fe en Dios y de amor cristiano hacia los pobres. Quedó huérfano muy pronto y sus familiares se hicieron cargo de él y de los demás hermanos, ocupándose de su formación.

A los 18 años se matriculó en el Instituto Politécnico de Pulawy. Tomó parte en la insurrección de Polonia en 1863. Cayó prisionero y se le amputó una pierna a causa de una herida. Al fracasar la insurrección, se trasladó al extranjero, huyendo de la represalia zarista. En Gante (Bélgica) inició estudios de ingeniería. Dotado de buenas cualidades artísticas, decidió estudiar pintura en París y en Munich. En 1874, maduro ya como artista, regresó a Polonia, decidido a dedicar «el arte, el talento y sus aspiraciones a la gloria de Dios». Comenzaron así a predominar en sus actividades artísticas los temas religiosos. Uno de los mejores cuadros, el «Ecce Homo», fue el resultado de una experiencia profunda del amor misericordioso de Cristo hacia el hombre, experiencia que llevó a Chmielowski a su transformación espiritual.

En 1880 entró en la Compañía de Jesús como hermano lego. Después de seis meses tuvo que dejar el noviciado por su mala salud. Superada una profunda crisis espiritual, comenzó una nueva vida, dedicada totalmente a Dios y a los hermanos. Acercándose a la miseria material y moral de quienes carecen de techo y a los desheredados en los dormitorios públicos de Cracovia, descubrió en la dignidad menospreciada de aquellos pobrecillos el rostro humillado de Cristo, y decidió por amor del Señor renunciar al arte y vivir al lado de los marginados una vida pobre, dedicándoles toda su persona.

El 25 de agosto de 1887 vistió el sayal gris y tomó el nombre de hermano Alberto. Pasado un año, pronunció los votos religiosos, iniciando la congregación de los Hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, denominados Siervos de los Pobres o Albertinos. En 1891 fundó la rama femenina de la misma congregación (Albertinas) con la finalidad de socorrer a las mujeres necesitadas y a los niños. El hermano Alberto organizó asilos para pobres, casas para mutilados e incurables, envió a las hermanas a trabajar en hospitales militares y lazaretos, fundó comedores públicos para pobres, y asilos y orfanotrofios para niños y jóvenes sin techo. En los asilos para los pobres, los hambrientos recibían pan; los sin techo, alojamiento; los desnudos, vestidos; y los desocupados eran orientados a un trabajo. Todos contaban con su ayuda, sin distinción de religión o nacionalidad. En la medida en que satisfacía las necesidades elementales de los pobres, el hermano Alberto se ocupaba también paternalmente de sus almas, tratando de reavivar en ellos la dignidad humana, ayudándoles a reconciliarse con Dios.

Tomaba fuerza del misterio de la Eucaristía y de la Cruz para su acción caritativa. A pesar de su invalidez, viajaba mucho para fundar nuevos asilos en otras ciudades de Polonia y para visitar las casas religiosas. Gracias a su espíritu emprendedor, cuando murió dejó fundadas 21 casas religiosas en las cuales prestaban su trabajo 40 hermanos y 120 religiosos.

Murió, de cáncer de estómago, el día de Navidad de 1916 en Cracovia, en el asilo por él fundado, pobre entre los pobres.

Antes de su muerte dijo a los hermanos y hermanas, señalando a la Virgen de Czestochowa: «Esta Virgen es vuestra fundadora, recordadlo». Y: «Ante todo, observad la pobreza». Su entera dedicación a Dios mediante el servicio a los más necesitados, su pobreza evangélica a imitación de San Francisco de Asís, su filial confianza en la divina Providencia, su espíritu de oración y su unión con Dios en el trabajo de cada día son la herencia que ha dejado el hermano Alberto a sus hijos e hijas espirituales. Enseñó a todos con el ejemplo de su vida que «es necesario ser buenos como el pan, que está en la mesa, y que cada cual puede tomar para satisfacer el hambre».

La herencia espiritual del hermano Alberto pervive en sus congregaciones, que extienden su acción misionera por tierras de Polonia, Italia, Estados Unidos y Argentina. Convencidos de la santidad del hermano Alberto, sus contemporáneos lo definieron como «el hombre más grande de su generación». Considerado el San Francisco polaco del siglo XX, el hermano Alberto fue beatificado en Cracovia el 22 de junio de 1983 por el Papa Juan Pablo II, quien también lo canonizó el 12 de noviembre de 1989 en Roma.

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: ATENTOS A LA TENTACIÓN DE ENCERRAR AL ESPÍRITU SANTO EN CÁNONES E INSTITUCIONES

«La libertad no es hacer lo que uno quiere» y es verdadera cuando se expresa «en lo que parece ser su contrario, el servicio»: lo ha dicho el Papa Francisco en su catequesis de la audiencia general.

«Lo primero que conocemos de una persona es el nombre». Esta observación del Papa introduce la catequesis de hoy que, continuando el ciclo dedicado al Espíritu Santo, pretende reflexionar sobre cómo llama la Biblia a la tercera persona de la Trinidad. El nombre que se le ha atribuido es «Espíritu» y esta es la versión latinizada, pero el nombre por el que originariamente se le conocía e invocaba era Ruah, «que significa soplo, viento, aliento». He ahí el título de la catequesis de hoy: «El viento sopla donde quiere» con el que el Papa subraya que donde está el Espíritu de Dios hay libertad: la libertad de los hijos, no de los esclavos.

El nombre revela a la persona

Francisco señala que el nombre es tan importante que casi se identifica con la persona que lo lleva:

«Nunca es un apelativo meramente convencional: siempre dice algo sobre la persona, su origen o su misión. Lo mismo ocurre con el nombre Ruah. Contiene la primera revelación fundamental sobre la persona y la función del Espíritu Santo».

El poder y la libertad del Espíritu en la imagen del viento

Pero ¿qué nos dice la palabra Ruah? se pregunta el Pontífice. La imagen del viento, recurrente en la Biblia, expresa el «poder» del Espíritu, «porque el viento es una fuerza arrolladora e indomable. Es capaz incluso de mover los océanos». En el Nuevo Testamento, sin embargo, Jesús añade a este aspecto el de la libertad. El viento, observa el Papa, «no se puede absolutamente encerrar, no se puede embotellar ni encajonar». Inútilmente lo ha intentado el «racionalismo moderno», con el resultado de «perderlo, frustrarlo o reducirlo al puro y simple espíritu humano».

«Pero una tentación semejante existe también en el campo eclesiástico, y es la de querer encerrar al Espíritu Santo en cánones, instituciones, definiciones. El Espíritu crea y anima instituciones, pero Él mismo no puede ser «institucionalizado», « cosificado». El viento sopla «donde quiere», así el Espíritu distribuye sus dones «como quiere»».

La libertad es elegir hacer el bien

El elemento de la libertad en relación con el Espíritu de Dios está muy presente en San Pablo, prosigue Francisco, pero esta libertad no es la que comúnmente se piensa. No es «hacer lo que uno quiere», no significa ser libre para hacer el bien o el mal «sino libertad para hacer el bien y hacerlo libremente», es la «libertad de los hijos, no de los esclavos». El apóstol escribe a los Gálatas que la libertad no debe ser «un pretexto para la carne» y que la verdadera libertad es contraria al egoísmo y se expresa en el servicio:

«Sabemos bien cuándo esta libertad se convierte en un «pretexto para la carne». Pablo da una lista siempre actual: «Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicerías, enemistades, discordias, celos, disensiones, divisiones, facciones, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes». Pero también lo es la libertad que permite a los ricos explotar a los pobres, es una fea libertad que permite a los fuertes explotar a los débiles, y a todos explotar impunemente el entorno. Y ésta es una libertad fea, no es la libertad del Espíritu».

Gracias al Espíritu, libres para servir

El Pontífice cita las palabras de Jesús recogidas por el evangelista Juan: «Si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres» para concluir con una invitación: «Pidamos a Jesús que nos haga, por medio de su Espíritu Santo, hombres y mujeres verdaderamente libres. Libres para servir, en el amor y la alegría».

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https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2024/documents/20240612-udienza-generale.html

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FUENTE: VATICAN NEWS y HOLY SEE

EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

Me preguntan qué significa pecar contra el Espíritu Santo. Quien me pregunta cita el texto evangélico que dice que las blasfemias contra el Hijo del hombre tienen perdón, pero no así las blasfemias contra el Espíritu Santo (Mt 12,31-32). Mi respuesta: la “blasfemia” no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en no aceptar la salvación que Dios ofrece a cada ser humano por medio del Espíritu Santo. Pecar contra el Espíritu Santo es rechazar voluntariamente la salvación. Con todo, en este pecado, “no se cierra del todo el camino del perdón y la salud a la omnipotencia y misericordia de Dios” (Tomás de Aquino). La acción salvífica del Espíritu siempre permanece abierta y siempre está en acción. Dios nunca adopta una actitud negativa y definitiva con respecto al ser humano, pero la persona sí puede cerrarse a la acción de Dios.

Dios siempre está dispuesto a acoger. El pecado es ruptura, pero la ruptura se produce siempre por parte del ser humano. El pecado contra el Espíritu Santo sería el caso límite en el que la persona se encierra definitivamente en sí misma, como en una especia de autoprisión, prisión que indirectamente manifiesta la eterna libertad del ser humano y el profundo respeto que Dios tiene por esa libertad. Cierto, es difícil imaginar un rechazo explícito de Dios y de su salvación, pues esto supone un conocimiento claro de lo que Dios es y de su obra salvífica. Si alguien rechaza a Dios no sabe lo que está haciendo; rechazar a Dios sólo es posible porque no se le conoce bien, porque se tiene una falsa idea de lo que Dios es. En este sentido no sería posible un pecado contra el Espíritu Santo.

Esto no significa que no sea posible un rechazo de Dios. Este rechazo generalmente toma la forma de rechazo del prójimo: el atentado directo contra uno mismo y contra el prójimo es la cara visible de la culpa contra Dios, aunque no seamos conscientes del alcance divino de tales atentados. El hombre tiene excusa si se equivoca contra la divinidad de Jesús, velada bajo las humildes apariencias humanas, pero no la tiene si cierra sus ojos y su corazón a las admirable acción del Espíritu, que se concreta allí donde hay una obra buena, verdadera y bella. Es imperdonable no reconocer la bondad, la verdad y la belleza. Más imperdonable aún es rechazar lo bueno, lo verdadero y lo bello. Así se comprende que el pecado contra el Espíritu Santo y bueno no tenga perdón.

Martín Gelabert,  BLOG NIHIL OBSTAT

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: GALICIA, ENCUENTRO EN LUGO

El lunes 3 de junio unos 150 miembros del movimiento de Vida Ascendente de toda Galicia tuvieron un encuentro en Lugo. Celebraron la Eucaristía, presidida por el Obispo Mons. Alfonso Carrasco, en la catedral y después compartieron la comida.

Cada año los miembros de este movimiento eclesial de personas mayores mantienen un encuentro de confraternidad en una de las diócesis de Galicia, en esta ocasión fue en Lugo.

El obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, en la homilía les manifestó la alegría que supuso su presencia en nuestra ciudad: “sabed que es una alegría poder estar aquí y que hayáis venido hasta Lugo. Es un día de fiesta y nosotros queremos, ante todo, dar gracias a Dios, porque habéis podido reuniros, porque habéis podido venir y porque estáis haciendo este camino de la vida ascendente, que es un camino de fidelidad, de fidelidad al Señor, al misterio de la propia vocación, de la propia vida dada por Dios. Estamos alegres por la presencia de todos vosotros”.

Y, haciendo referencia a la importancia del testimonio que los miembros de Vida Ascendente nos dan: “Nosotros nacemos para decir que no queremos perder la esperanza del corazón, que no queremos negar la belleza de la vida que Dios nos ha dado, que sabemos que la vida tiene forma buena, que puede dar frutos de amistad, de bondad, de justicia, y de eso es necesario que nosotros demos testimonio verdadero, testimonio de la fe y de la esperanza que llevamos en el corazón. Eso es lo más valioso que tenemos. Tanto es así, que es lo que va a perdurar”.

Y finalizó recordando que: “Muchas cosas de este mundo van pasando, con los años quizás lo habréis visto, van perdiendo su fulgor y, sin embargo, la raíz de la vida, lo que somos delante de Dios no desaparece, sino que es lo que permanece”.

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: FIN DE CURSO EN ALGECIRAS

Ayer a las 11.30 de la mañana celebramos nuestro fin de curso…la coordinadora, D. Consuelo Martín leyó una carta enviada por el P.  Valentín animándonos con amor sin fin a seguir y a tener un rico fin de curso.

Lo celebramos en la parroquia San Antonio de Padua. D. Antonio Jesús López nos habló de «LA AMISTAD» pilar de V.A; considerándolo un tema muy importante. Partiendo de un escucha atenta de nuestros intereses y experiencias por medio del análisis de las máscaras que cada uno llevamos, para profundizar en el tema: la verdadera amistad; como se fortalece con la caridad; la envidia la corrompe; el Señor nos ha hecho sus amigos; y como nuestra vida está llamada a contagiar la amistad.

Después darle las gracias aplaudiendo fuertemente a nuestro P. Antonio continuamos con la celebración de la Eucaristía. En la Ofrenda teniendo tan cerca el pasado día de Caridad se ofrecieron productos no perecederos (aceite y azúcar) que se entregaron a la directora de Cáritas que nos acompañaba.

Una vez finalizada la Eucaristía degustamos una comida fraterna repartiendo a los asistentes 25 personas los pin de Vida Ascendente nos despedimos citándonos ya para el 26 de julio día de los abuelos , esperando contar con la presencia del P. Valentín ya recuperado.

LA SANTA DEL LA SEMANA: MARÍA MICAELA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

El día de Año Nuevo de 1809 nacía en Madrid de los cristianos padres Miguel Desmaisieres, de la nobleza flamenca, y Bernarda López Dicastillo, dama de la reina María Luisa.

La naturaleza y la gracia fueron muy generosas con la niña Micaela Familia noble y rica, belleza física, padres ejemplares, inteligencia, bondad de corazón… Todo le sonreía. La educación esmerada que recibió también fue otro regalo del Señor. Cuenta la misma Micaela: «Mi madre nos hacía aprender a planchar y guisar a las tres hermanas que éramos, por lo que pudiera suceder. También teníamos que pintar, bordar, escribir, tocar diversos instrumentos y hacer un sinnúmero de rezos. Todo esto sin descanso, pues era esclava del deber».

Era todavía muy joven cuando murió su madre. Su padre murió también inesperadamente. Su hermano Luis pereció en un accidente al caerse de un caballo, y su hermanita Engracia fue llevada imprudentemente por una niñera a ver la escena del ahorcamiento de un criminal y la jovencita al ver esta escena se enloqueció. Le quedaba una hermana, Manuela, pero esta tuvo que salir al destierro porque los enemigos políticos de su esposo se apoderaron del gobierno.

Recibió una educación muy seria. Empieza un noviazgo, y después de tres años de amistad muy armoniosa, y muy santa con su novio, este de un momento a otro se aleja, porque sus familiares se lo han ordenado así. Entonces las lenguas maledicientes se dedican a hablar mal de Micaela. Ella en su autobiografía añade: «En vez de hablar de esto con mis amistades, lo que hacíamos era llevar cuenta de los rezos que hacíamos, y ver quién había rezado más».

Su hermano fue nombrado embajador en París, y después en Bruselas (Micaela era de familia de alta clase social española). Ella tuvo que acompañarlo y entonces empezó una vida muy especial: madrugar muchísimo para alcanzar a hacer sus prácticas de piedad, ir a la Santa Misa, comulgar y aprovechar la mañana para hacer sus obras de caridad. De mediodía en adelante asistir a banquetes diplomáticos, bailes, funciones de teatro, salir de paseo a caballo, rodeada de gente de la aristocracia y mostrarse siempre alegre y sonriente a pesar de los dolores continuos de estómago a causa de una especie de cáncer que parecía devorarle el vientre.

Ante tantísimos peligros para su virtud, lo que conservaba en gracia de Dios a la joven y elegante Micaela era su comunión diaria, las mortificaciones que hacía y el haber encontrado un santo director espiritual, el Padre Carasa. Una de sus mortificaciones consistía en que cuando iba a funciones de teatro (donde la gente se presenta muy deshonestamente vestida) ella se colocaba unos anteojos que por más que esforzara la vista no le dejaban ver lo que pasaba en el escenario.

Mientras por las tardes y noches tenía que estar en las labores mundanas de la diplomacia, por las mañanas estaba visitando pobres, enfermos e iglesias muy necesitadas y dejando en todas partes copiosas limosnas (su familia era muy adinerada). Nadie podía imaginar al verla tan elegante en las fiestas sociales, que esa mañana la había pasado visitando casuchas y ayudando a gentes abandonadas.

Al volver a España la invitaron en Burdeos a una reunión en la casa del Cónsul. Allí la esperaba el Sr. Arzobispo para pedirle que hiciera de mediadora frente a unas monjitas que engañadas por un jansenista (los jansenistas son herejes que dicen que quien no es santo no puede recibir ningún sacramento) se habían rebelado contra el arzobispo. Micaela, aprovechando su admirable simpatía que le hacía ganarse a las gentes, se fue al convento y obtuvo que las religiosas hicieran unos días de Ejercicios Espirituales, y al final de esos Retiros, las monjitas, presididas por nuestra santa, hicieron la paz con el Sr. Arzobispo.

El Padre Carasa le recomendó que al volver a Madrid se entrevistara con una dama muy santa llamada María Ignacia Rico. Así lo hizo y entonces aquella caritativa mujer la llevó al hospital San Juan de Dios, donde estaban las mujeres de mala vida que caían enfermas. La santa afirma que «allí sufren el olfato, la vista, el tacto, los oídos» y que «todos los sentimientos tienen allí ocasión para padecer». Micaela ni siquiera sabía que existía esa clase de mujeres y nunca se había imaginado que los hombres dieran un trato tan injusto y cruel a esas pobres criaturas, después de haberlas corrompido.

Aquel espectáculo del hospital fue para Micaela como una revelación del cielo. Y cuando supo no sólo la situación horrorosa de esas pobres muchachas enfermas en el hospital, sino la espantosa vida que les esperaba cuando salieran de allí, pensó que era absolutamente necesario hacer algo concreto para ayudarlas. Y con su amiga María Ignacia consiguieron una casita para llevar allí las muchachas en peligro para preservarlas, y a las que ya habían sido víctimas, para redimirlas y salvarlas.

Y sucedió entonces que alrededor de Micaela hubo una verdadera tormenta de incomprensiones y abandonos aun de sus mejores amistades. Ahora se cumplía la antigua frase de San Ignacio: «El mundo no tiene oídos para poder escuchar tan grande estruendo». ¿A quién se le iba a ocurrir que una mujer de la más alta clase social, emparentada con las familias más ricas y famosas de la capital, se fuera a dedicar a cuidar prostitutas o mujeres de mala vida? Todas sus antiguas amistades se negaron a ayudarle, y ya ni la reconocían como amiga.

Y luego sucedió lo que ninguno había esperado: Micaela dejó su casa elegante en un barrio rico y se fue a vivir con unas pobres mujeres de mala vida en una casucha miserable, para poder transformarlas en personas honradas y santas.

Al Sr. Arzobispo le llevan cuentos y calumnias y entonces él envía a un sacerdote para que saque de la Casa de Micaela el Santísimo Sacramento. Cuando el sacerdote llega, la santa se dedica a orar por él, y éste, después de rezar unos minutos de rodillas, cambia de parecer y se va sin llevarse el Santísimo Sacramento.

Le llega un director espiritual demasiado rígido que el prohibe hacer caso a los mensajes interiores que Dios le da. Una voz le dice: «Micaela, se va a incendiar la sacristía», pero ella no puede hacer caso a esto, y tiene que dejar que suceda. Otra voz le dice: «Le echaron veneno a la comida», pero como el director le prohibió hacer caso a esas voces empieza a comer. Sólo que al sentir el sabor tan desagradable de aquel alimento, se dice: «Aunque fuera sin voces, yo no me comería esto por lo asqueroso», y se detiene. Pero alcanza a enfermarse bastante. Afortunadamente, en vez de ese equivocado director le llega un santo de primera clase, a dirigirla, es San Antonio María Claret, y bajo su dirección sí puede progresar grandemente en santidad.

Son las diez de la mañana y no hay con qué hacer desayuno para tantas jóvenes. Llega un misionero de Filipinas y la santa le cuenta su terrible situación. El misionero le entrega una moneda de oro que le han regalado. Corren a comprar alimentos, y las muchachas exclaman: – ¡La superiora nos estaba haciendo una broma diciendo que no había comida! ¡Miren qué abundante comida nos tenía por ahí guardada!.

Cuenta Micaela en su autobiografía: «N.N. es una muchacha que me ha hecho muchos robos y me ha inventado cuentos horrendos. Pero yo la sigo tratando con gran cariño, como si fuera mi mejor amiga». Más adelante añade: «Las gentes me viven inventando mil cosas malas que nunca he hecho y ni siquiera he pensado… pero bendito sea Dios que de lo malo que sí he hecho no saben nada!».

Un día va a una casa de citas a rescatar a una muchacha a la cual tiene allá obligada. La insultan, le lanzan piedras, le dicen todas las vulgaridades que nunca había escuchado, pero ella sigue sonriendo como si estuviera recibiendo honores, sale por entre esa multitud infernal, llevándose a la muchacha y salvándola para siempre.

La reina de España que la aprecia mucho la invita al palacio para pedirle unos consejos. Entonces Micaela que en otros tiempos era una de las mujeres más elegantemente vestidas de la capital, se va allá con vestidos viejos y desteñidos. Las damas de la corte se burlan de ella y ni siquiera le contestan el saludo, pero ella sale de aquel palacio muy contenta, porque pudo practicar la virtud de la humildad.

Una mujer mala le inventa tremendas calumnias. El obispo llama a nuestra santa y le lanza el regaño más espantoso. El Padre Director Espiritual, P. Carasa, le niega hasta el saludo. Micaela no se defiende. Ella recuerda lo que decía San Francisco de Sales: «Dios sabe qué tanta cantidad de buena fama necesito, y El me concederá la suficiente buena fama para que pueda seguir trabajando por las almas». Después saben que todo lo que habían dicho eran calumnias, y le piden excusas. Ella mientras tanto no había perdido la alegría ni la paz.

El 6 de enero de 1859, con siete compañeras funda la Comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, dedicadas a adorar a Cristo Jesús en la Eucaristía y a trabajar por preservar a las muchachas en peligro, y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza.

Su comunidad se extendió por Barcelona, Valencia y Burgos y ahora tiene 1,750 religiosas en el mundo en 178 casas.

Ella escribiendo a sus religiosas les decía: «Difícil encontrar otra fundadora de comunidad que haya sido más acusada, más calumniada y más regañada que yo. Mis acciones las juzgan de la peor manera posible». Pero también podía repetir las palabras de San Pablo: «Poco me interesa lo que las gentes están diciendo de mí. Mi juez es Dios».

En sus casas mandaba colocar esta bella frase, un mensaje de Dios a sus religiosas para que no se desanimaran en la pobreza y en las dificultades: «MI PROVIDENCIA Y TU FE, MANTENDRÁN LA CASA EN PIE».

La Madre Micaela había estado socorriendo a los enfermos en la peste de tifus negro en los años 1834, 1855 y 1856, y había logrado no contagiarse. Pero en el año 1856 al saber que en Valencia había estallado la terrible peste del tifus, se fue allí a socorrer a los apestados. Y se contagió de la mortal enfermedad.

Al padre confesor le dijo: «Padre, esta es mi última enfermedad». Y en verdad que fue la última y la más dolorosa. Calambres casi continuos. Dolores agudísimos. El médico declaró: «Nunca había visto a una persona sufrir tanto y con tan grande paciencia y heroísmo».

El 24 de agosto de 1856, a las 12, abrió los ojos, los elevó hacia el cielo y murió. La enterraron sin ninguna solemnidad en una fosa ordinaria en el cementerio.

Pero Dios la glorificó haciendo milagros por su intercesión y hoy sus religiosas siguen salvando del pecado y de la perdición a miles de jóvenes en todo el mundo

(Fuente: serviciocatolico.com )

NUEVO CICLO DE CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA, LA HUMANIDAD SIGUE CAUSANDO ESTRAGOS EN LA CREACIÓN

Catequesis de Francisco reflexionando sobre la intervención del Espíritu Santo desde la creación y en la transformación de los corazones llevando armonía y orden donde antes había oscuridad y confusión

“El Espíritu y la Esposa. El Espíritu Santo guía al pueblo de Dios hacia Jesús, nuestra esperanza»: este es el tema del nuevo ciclo de catequesis que Francisco ofrecerá a los fieles, a partir de hoy, en la audiencia general de los miércoles, recorriendo las tres grandes etapas de la historia de la salvación: el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el tiempo de la Iglesia, la Esposa. «Manteniendo siempre la mirada fija en Jesús”

Del caos al cosmos

El punto de partida de la primera reflexión de hoy en la Plaza de San Pedro es la acción del Espíritu Santo según el Antiguo Testamento descrita así en el Génesis: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba informe y desierta y las tinieblas cubrían el abismo y el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas». El Papa comenta:

El Espíritu de Dios se nos presenta como la fuerza misteriosa que hace pasar al mundo de su estado inicial informe, desierto y sombrío, a su estado ordenado y armonioso. Porque el Espíritu hace la armonía, la armonía en la vida, la armonía en el mundo. En otras palabras, es Él quien hace la transición del caos al cosmos, es decir, de la confusión a algo bello y ordenado.

La creación sufre a causa del pecado de la humanidad

De la intervención del Espíritu en la creación del mundo, pasamos en el Nuevo Testamento a una presencia que, como afirma un Salmo, renueva la faz de la tierra. El Apóstol Pablo, dice el Papa, introduce entonces un nuevo elemento en la relación entre el Espíritu y la creación cuando habla de un universo que «gime y sufre como con dolores de parto», que sufre a causa del hombre.

Es una realidad que nos concierne de cerca y dramáticamente. El Apóstol ve la causa del sufrimiento de la creación en la corrupción y el pecado de la humanidad que la ha arrastrado a su alejamiento de Dios. Esto sigue siendo tan cierto hoy como entonces. Vemos los estragos que la humanidad ha causado y sigue causando en la creación, especialmente en aquella parte de ella que tiene mayor capacidad para explotar sus recursos.

El Pontífice cita a San Francisco como el que nos muestra «el camino de la contemplación y de la alabanza» para restaurar la armonía original. «Se trata -explica el Papa- de anteponer la alegría de contemplar a la alegría de poseer. Y nadie se ha alegrado más de las criaturas que Francisco de Asís, que no quería poseer ninguna».

El Espíritu nos da un corazón nuevo

Así como el Espíritu Creador transformó al principio «el caos en cosmos», así también, dice el Papa, quiere obrar una transformación en cada uno de nosotros, transformando nuestro corazón, tan semejante a «aquel abismo desierto y oscuro» descrito en el Génesis.

En él se agitan sentimientos y deseos opuestos: los de la carne y los del espíritu. Todos somos, en cierto sentido, ese «reino dividido en sí mismo» del que habla Jesús en el Evangelio. A nuestro alrededor podemos decir que hay un caos externo, un caos social y un caos político: pensemos en las guerras, pensemos en tantos niños que no tienen qué comer, en tantas injusticias sociales; éste es el caos externo. – Pero también hay un caos interior: el interior de cada uno de nosotros. No se puede curar el primero si no se empieza a curar el segundo.

Por eso, dice Francisco, la Iglesia siempre ha invocado la presencia del Espíritu Santo, poniendo en los labios de los creyentes el grito: «¡Ven, Espíritu Creador! Visita nuestras mentes», y concluye: “Pidamos al Espíritu Santo que venga a nosotros y nos haga personas nuevas, con la novedad del Espíritu”.

 Fuente VATICAN NEWS

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https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2024/documents/20240529-udienza-generale.html

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APUNTES PARA LA ORACIÓN: JUNIO “EL VIAJE EN DIOS»

“El viaje en Dios” explora la rica tradición espiritual cristiana enfocándose en la oración y la meditación, particularmente a través de las experiencias y enseñanzas de santos célebres. No se trata de centrarse en los estados más elevados de la oración contemplativa, sino en proporcionar apoyo y orientación a quienes buscan profundizar en su vida de oración, pero encuentran dificultades debido a la debilidad humana.

Los santos, vistos a distancia, pueden parecer remotos e intimidarnos por su grandeza. Sus caminos hacia la unión con Dios siguen un sendero que, o bien es muy elevado y místico, o bien con el ascetismo, es excesivamente áspero para el creyente común. Sin embargo, en la cercanía de su alma ganan actualidad y muestran la sencillez de su oración.

Oír, escuchar atentamente, a cuatro célebres santos en oración íntima en este breve estudio —Agustín, Teresa de Ávila, Tomás de Aquino y Teresa de Lisieux— es toda una revelación. Los cuatro santos, aunque inspirados por la misma fe cristiana y de formas parecidas, son al mismo tiempo asombrosamente diversos en su carácter y estilo. Los cuatro son capaces de transmitir la frescura de la novedad y la sorpresa del Evangelio en sus reflexiones sobre la oración de manera maravillosa.

El hecho de su diversidad y las numerosas diferencias llamativas entre ellos, conlleva un mensaje importante en nuestras vidas actuales, un mensaje expresado hace siglos por santa Teresa de Ávila: «No a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor».

Todos, incluso los santos más grandes, aprendieron a orar a través de sus propias luchas y, paradójicamente, del testimonio de pecadores célebres. Santo Domingo adoptó la humilde oración del publicano del Evangelio de San Lucas, y Santa Teresa de Ávila señaló que aquellos que alcanzan la séptima morada en “El castillo interior” nunca pierden el contacto con el espíritu humilde del publicano. Tampoco podemos olvidar la impactante súplica del buen ladrón en el monte Calvario, cuyas palabras movieron a Jesús a prometerle el paraíso.

Muchas oraciones conmovedoras en la tradición espiritual nacen de la necesidad y la desesperación, capturando el corazón de Jesucristo. Los cuatro grandes santos a los que nos vamos a referir, Agustín, Tomás, Teresa y Teresita, revelan una intimidad divina y amistad con Dios, acompañada de humildad y pobreza de espíritu. Estos santos, humanos como nosotros, ofrecen ánimo y compasión, pero también un desafío a nuestra mediocridad, mostrando cómo sus vidas fueron transformadas por la gracia de Dios.

Agustín de Hipona en oración

El testimonio de Agustín de Hipona desvela en Las Confesiones, su profunda relación con Dios a través de la oración. Conocido por su sinceridad y franqueza, san Agustín revela su lucha interna con el pecado, especialmente con la lujuria y la concupiscencia carnal. Describe cómo su juventud estuvo marcada por deseos intensos y una batalla constante para vivir la virtud de la castidad. Su conversión no fue instantánea. A través de sus escritos, Agustín expone cómo Dios lo llevó a una profunda introspección, enfrentándolo con la fealdad de sus pecados y la necesidad de la gracia divina.

San Agustín también reflexiona sobre la naturaleza de la conversión y reconoce que el camino hacia Dios es un proceso continuo de transformación y redención. Incluso después de su conversión, Agustín experimenta caídas y luchas, pero siempre vuelve a levantarse, guiado por la misericordia divina. Su vida hace visible la importancia de la humildad y la constancia en la búsqueda de la santidad: un ser humano que lucha y persevera en su camino espiritual.

Se trata, sin duda, de la conversión continua, un concepto central en la espiritualidad de San Agustín. A pesar de alcanzar una gran intimidad con Dios, Agustín reconoce que su conversión no es un evento único, sino un proceso constante. En sus Confesiones, admite que, aunque ha experimentado momentos de profunda conexión con Dios, sigue siendo susceptible a las tentaciones y las caídas. Sin embargo, estas luchas no lo desaniman; al contrario, fortalecen su búsqueda de la gracia de Dios y su determinación de seguir adelante en su camino espiritual.

La Oración en la Práctica de Teresa de Jesús

El caso de la oración de Teresa es también paradigmático. Ella vive la simplicidad y la profundidad de la oración. Enfatiza que la oración no necesita ser compleja o elaborada para ser efectiva. La oración es una expresión directa y sencilla de corazón que camina hacia Dios y aspira a él. Por eso, Teresa no siente la necesidad de utilizar palabras sofisticadas o frases rebuscadas: se dirige a Dios con la misma naturalidad con la que hablaría con un amigo cercano.

Teresa también habla de la importancia de la humildad en la oración, destacando que incluso en sus momentos de debilidad y fracaso, sigue confiando plenamente en la misericordia de Dios. De algún modo, expresa una confianza infantil y serena en Dios, mostrando que la verdadera oración nace de un corazón sincero y humilde. Ciertamente, la sencillez y la autenticidad en la oración pueden llevar a una profunda relación con Dios, independiente de las complejidades de la teología o la espiritualidad mística.

El caminito espiritual de Teresita de Lisieux

Santa Teresa de Lisieux, antes de su muerte, comentó a una amiga espiritual su verdadera naturaleza, tal y como ella se veía y desafiando la imagen dulce y piadosa de su santidad. Aunque percibida como una figura oculta y desconocida en su comunidad, su vida interior y su humildad fueron reconocidas tras su muerte. Teresa fue canonizada y declarada Doctora de la Iglesia por su profundo itinerario espiritual y la grandeza de sus intuiciones de fe.

Cuando Teresa deseaba ser santa, se dio cuenta de que no podía seguir los caminos elevados de la santidad que veía en quienes le habían precedido. Así que buscó y descubrió su “caminito” de infancia espiritual basado en confianza y entrega total, confiando en la bondad de Dios como un niño. Teresa no se desanimaba por sus imperfecciones y pecados, sino que los ofrecía a Dios, confiando en su misericordia.

Su oración era sencilla y directa, evitando elaboradas composiciones. Recurría a las Escrituras para el apoyo de su oración y rechazaba las visiones y experiencias místicas. Teresa valoraba la vida ordinaria y encontraba inspiración en figuras del Evangelio como el publicano y María Magdalena. En sus últimos días, Teresa enfrentó tinieblas espirituales, lo que profundizó su empatía y oración por los pecadores, identificándose con ellos en su sufrimiento.

Un teólogo arrodillado

Santo Tomás de Aquino, conocido por su rigor en filosofía y teología, tenía como objetivo principal atraer a otros hacia Cristo. En sus escritos, evitaba el uso del pronombre “yo”, pero sus oraciones personales revelan profunda humildad y sinceridad. En su “Oración por la remisión de los pecados”, Aquino se describe como pecador y pide a Dios misericordia y ayuda. A pesar de su santidad, Tomás reconocía que todos albergamos pecado y sólo Cristo y la Virgen María están libres de él.

Las oraciones de Aquino, como el conocido “Adoro te devote”, son profundamente personales y humildes. En ellas, se dirige a Cristo con una devoción intensa, reconociendo su necesidad de la gracia divina. En otra de ellas pide cualidades espirituales como vigilancia y rectitud, demostrando su deseo de crecer en santidad. La confianza en Dios es central en su oración y esencial para una relación sincera con el Creador.

Tomás de Aquino veía la oración de petición como el corazón de la oración cristiana, destacando la importancia de la humildad y la dependencia en la misericordia divina. Su vida de oración y contemplación estaba dedicada al servicio de los demás, y su compromiso se centró en la difusión del conocimiento de Dios.

“El viaje en Dios” nos invita a contemplar la relación entre la fragilidad humana y la gracia divina. A través de las experiencias de santos como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y Teresa de Lisieux se nos muestra que la búsqueda de Dios es un viaje continuo de conversión, humildad y confianza. Estos santos, a pesar de sus extraordinarias vidas de santidad, enfrentaron luchas similares a las nuestras y encontraron en Dios la fortaleza y el consuelo necesarios para perseverar.

Ante su ejemplo, se nos anima a no desanimarnos por nuestras imperfecciones, sino a abrazar nuestra humanidad y a confiar en la misericordia de Dios. La oración no requiere complejidad, sino sinceridad y sencillez. A través de una relación honesta y humilde con Dios, podemos encontrar el camino hacia la verdadera santidad y paz interior.

En “El viaje en Dios” encuentras un testimonio poderoso de confianza, humildad, lucha y redención. Palabras que resuenan en todos aquellos que buscan un encuentro personal con Cristo y una relación más profunda con Dios en medio de las realidades y desafíos de la vida cotidiana.

Fuente : Apuntes para la oración 2024

JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Jesús, tras declarar solemnemente su condición de “Hijo”, formula esta invitación a todos los cansados y agobiados: “venid a mi”. Ir a Jesús es acercarse a él, no contemplarlo desde lejos. ¿Cuál es el motivo para ir a él si estamos cansados? Porque en él encontraremos descanso. Para ello hay que aprender de él, que es “manso y humilde de corazón”. En este mundo, los cansados y agobiados solemos ponernos nerviosos y perder la paciencia. Al lado de Jesús aprendemos otra forma de vivir y de reaccionar ante las contrariedades de la vida. Y aprendemos porque al estar cerca de él, y viendo su mansedumbre y su humildad, podemos hacer nuestras estas dos actitudes, que ya Jesús había proclamado en su mensaje de las bienaventuranzas: bienaventurados los pobres, los humildes movidos por el Espíritu Santo, y bienaventurados los mansos, porque de ellos es el Reino de los cielos, la tierra prometida.

Esta mansedumbre y humildad Jesús la refleja en su corazón, o sea, en lo más auténtico y profundo de su vida. Corazón aquí no tiene nada que ver con sentimentalismo, sino con la totalidad del ser, con lo más hondo de la humanidad, con ese lugar donde se albergan los mejores sentimientos y deseos: mansedumbre, nada de agresividad, ni impulsos violentos; humildad, nada de ostentación, orgullo o envidia. Estas actitudes permiten que la gente se acerque a Jesús y que Jesús tenga compasión de ella. Cuando nos acercamos a Jesús, de una u otra manera, oímos una voz dulce que nos dice: “me interesas”, “tomo en mi corazón tu vida”. Y al mismo tiempo nos invita a interesarnos por los demás, a llevar las cargas los unos de los otros. La misma voz que nos dice: “me interesas”, añade: “cuida de los demás”. En esta línea, el Papa Francisco relacionó la solemnidad del “Corpus” con la solemnidad del “Corazón de Jesús”, sugiriendo así que la Eucaristía/Cuerpo del Señor, no es otra cosa que el mismo Corazón de Jesús, de Aquel que, con todo su “corazón”, cuida de nosotros y quiere morar en nosotros.

El Antiguo Testamento dijo que Moisés era “el hombre más humilde que había sobre la faz de la tierra” (Num 12,3). Pues bien, Jesús es el nuevo y definitivo Moisés que conduce a los hombres a la verdadera tierra prometida, que es el seno del Padre, pero él, a diferencia de Moisés, conoce plenamente al Padre (Mt 11,27). Entrando en comunión con Jesús, aprendemos a vivir según el espíritu de las bienaventuranzas que él encarna. Y al hacer propias la mansedumbre y humildad de Jesús entramos en comunión con el Padre. Aprendiendo de Jesús, manso y humilde de corazón, hallaremos descanso para nuestras almas (Mt 11,29).

Martin Gelabert Blog Nihil Obstat

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: FIN DE CURSO PARROQUIAL EN BURGOS

           El pasado lunes día 27, nos reunimos el grupo de Vida Ascendente de nuestra parroquia de la Anunciación de la Santísima Virgen, para celebrar la última reunión del presente curso.

            Iniciamos la reunión como siempre, con la oración inicial y pasamos a profundizar en el evangelio del domingo y a continuación leímos y analizamos el resumen, que una de las componentes del grupo, Margarita, había hecho del libro guión de este año, destacando lo que a su juicio le había resultado más interesante y destacado del mismo.

            Isabel. Otra componente del grupo, nos leyó un resumen de la biografía de Petronila Casado, conocida como la cieguita, o la madre de los obreros. Fue una importante benefactora burgalesa de las personas necesitadas que llegaría a utilizar su patrimonio para la creación de, “el Círculo Católico”.

            Nació el 31 de mayo de 1860 y murió el 16 de marzo de 1915. Hija biológica de Policarpio Casado, alcalde de Burgos durante el reinado de Isabel II, proveniente de una familia adinerada. Tuvo una vida dura por culpa de la pérdida de su vista (muy joven con 14 años) seguida de ello una parálisis que la inmovilizó completamente. Esto hizo que necesitara la ayuda de su querida sobrina María Casado que se convirtió en su brazo derecho (se dedicaba a llevarla por las calles y a facilitarla sus necesidades).

            Por su estatus social pudo dedicarse a la beneficencia gracias a su gran admiración por la lectura de los evangelios y de la encíclica. En su testamento constan las cesiones de diversas cantidades de dinero al propio Circulo, Aula de Párvulos y Hospital de San Juan.

            Primero mandó construir un albergue para trabajadores ya jubilados; promovió un nuevo reglamento e intervino activamente en el proyecto de un edificio construido y subvencionado por ella. Finalmente, la sede del Círculo Católico de Obreros se ubicó en la “Calle Concepción”.

            A continuación hemos entablado una animada charla en la que me sacaron los colores pues me ensalzaron y alabaron la obra que estoy llevando a cabo por Vida Ascendente y la animación de nuestro grupo que formamos unas veinte personas, de las que la mayoría nos reunimos todos los lunes.

            Para finalizar hicimos una suculenta merienda: empanadas, zumos y pastas y nos despedimos hasta el próximo día 12 de junio que en las instalaciones  del seminario haremos la despedida oficial del curso con todos los grupos. Haremos una misa y luego nos reuniremos en una agradable comida.

            Antes, el día 6 de junio, en Segovia, nos uniremos todos los grupos de Castilla y León para hacer una confraternización. Desde Burgos iremos 50 personas.

            Un cordial saludo

            Amelia Díez Reoyo

            Presidenta de V.A. de Burgos