SAVONAROLA: LOS HOMBRES TE CREEN RÍGIDO Y SEVERO

Sigo ofreciendo algún fragmento de la meditación de Jerónimo Savonarola a la que me referí en un post anterior. Por una parte, el dominico afirma que pecar es amar a la criatura por sí misma. Por otra, crítica a los hombres que creen en un Dios rígido y severo, quizás para justificar de esta forma su severidad, olvidando eso de que con la medida con que juzguemos a los demás seremos juzgados nosotros:

“Contra Ti sólo he pecado, precisamente porque me has mandado que te ame a Ti por Ti mismo y que refiera a Ti el amor de las criaturas y yo he amado más a la criatura que a Ti, al amarla por sí misma. ¿Qué es pecar sino amar a la criatura por sí misma? ¿Y qué es esto sino obrar contra Ti? El que ama a la criatura por sí misma, convierte a la criatura en su Dios. Por eso yo he pecado contra Ti, porque he convertido en mi dios a la Criatura…

¿Lejos de tu espíritu, adónde iré? ¿Adónde huiré de tu rostro? ¿Qué haré? ¿Adónde volverme? ¿Qué defensor encontraré? ¿A quién puedo suplicar sino a Ti, Dios mío? ¿Quién tan bueno? ¿Quién tan piadoso? ¿Quién tan misericordioso como el que salva incomprensiblemente por su piedad a todas las criaturas? Tener piedad y perdonar, es propio de Ti, que manifiestas todo tu poder perdonando y teniendo misericordia. Confieso, Señor, que he pecado contra Ti y he hecho el mal delante de Ti. Ten piedad de mí y manifiesta en mí tu omnipotencia para que se cumplan tus palabras. Tú has dicho: ‘no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia’. Justifícame, Señor por tus palabras, llámame, recíbeme, dame obrar frutos dignos de penitencia: por eso has sido crucificado, por eso has sido muerto y sepultado”.

Refiriéndose a sí mismo dice: “Muchos dicen: Dios lo ha abandonado”. Y añade, dirigiéndose a Dios: “Vence, Señor, a los que hablan así de Ti, no me abandones nunca. Dame tu misericordia, tu salvación y ya están vencidos… Dicen que no tendrás piedad de mí, que me arrojarás de tu presencia, que no me acogerás nunca. Así te juzgan los hombres, así hablan de Ti los hombres; éstos son sus juicios. Pero Tú, piadoso, Tú, misericordioso, ten piedad de mí y vence sus juicios: muestra en mí tu misericordia, alabada sea tu piedad. Haz de mí uno de los vasos de tu misericordia… Los hombres te creen rígido y severo: véncelos con tu piedad y tu dulzura para que aprendan ellos a tener piedad de los pecadores y se encaminen los que delinquen a la penitencia, viendo en mí tu piedad y tu misericordia”.

Martin Gelabert. Blog Nihil Obstat

INAUGURACIÓN CURSO 2024-2025 DIÓCESIS DE ALCALÁ

El día 20 de septiembre nuestro Movimiento de la diócesis de Alcalá de Henares inauguró el curso 2024-2025.

El marco fue el Monasterio de San Bernardo, conocido popularmente como de las Bernardas, con la asistencia de un nutrido número de miembros, para dar gracias a Dios por este nuevo curso que comenzamos, con la mirada puesta en la esperanza para robustecer nuestra fe y nuestra caridad, llevando a los demás este mensaje.

Nos acompañó en el acto nuestro Presidente Nacional Don Jaime Tamarit.

Presidió la Eucaristía el Consiliario General Don Ignacio Figueroa Seco, también Rector de dicha Iglesia.

La Homilía estuvo centrada en la esperanza y con referencia al jubileo 2025, que bajo el lema” Peregrinos de la Esperanza” ha convocado el Papa Francisco.

Somos peregrinos de esperanza porque tendemos a un futuro mejor y nos comprometemos a construirlo a lo largo de un caminar para descubrir el amor de Dios, que se nos va haciendo presente.

Seguimos nuestra peregrinación en este curso y siempre para un futuro mejor.

La virtud de la esperanza es hermosa y nos da fuerza para caminar en la vida.

Finalizó el acto con la foto de grupo, intercambio de saludos y con ilusión y optimismo iniciamos este nuevo curso en cada uno de los grupos.

INICIO DE CURSO EN JAÉN

En torno a unas 120 personas de toda la Diócesis, miembros y amigos de Vida Ascendente, nos hemos reunido para la Apertura del Curso pastoral en la parroquia de Cristo Rey de Jaén, el 19 de septiembre.

Como otros años, el acto comenzó con la acogida en el Templo para, a continuación, celebrar la Santa Misa, presidida por nuestro consiliario diocesano, D. Facundo López Sanjuán, Delegado para la Pastoral del Mayor y concelebrada por D. Ángel Sánchez y por D. Antonio Lozano, consiliarios de los grupos de Andújar y Los Villares de Jaén.

La Misa ha sido una profunda acción de gracias a Dios por todas sus bendiciones y un empujón en la puesta en marcha de los grupos para afrontar este año con nuevos retos y proyectos.

Tras la celebración de la Santa Misa, hemos tenido la Asamblea de apertura del curso, donde la Presidenta, María Dolores Núñez, dando las gracias a todos los asistentes por su constancia y su presencia, y agradeciendo la presencia de los grupos nuevos que el año pasado se fundaron, ha comunicado a todos el itinerario y los proyectos que se ha marcado la Comisión Diocesana para este curso como reforzar algunos grupos de nuestra Diócesis; la creación de grupos nuevos;  hacer presente los grupos de Vida Ascendente y la presencia de la Pastoral del Mayor en las residencias de ancianos; y presentar el movimiento a los sacerdotes que no conocen el movimiento. También se ha presentado la Peregrinación para ganar el jubileo en Roma que se llevara a cabo desde la Delegación de la pastoral del Mayor en los días 30, 31, 1 y 2 de junio. Aquellos que no puedan acudir a Roma podrán ganar el jubileo en nuestra Diócesis el 12 de junio en la Catedral de Jaén.

También, ha animado a todos a que participemos en las Jornadas de formación que se llevarán a cabo en Málaga y Guadix.

Seguidamente, el Consiliario ha presentado, como en años anteriores, el material con el que van a trabajar los grupos en su reuniones parroquiales y se ha procedido al reparto de los guiones que desde la Comisión nacional nos mandan, este año el guion lleva por título «La hora de los mayores».

Desde la Comisión Diocesana damos las gracias a todos los asistentes por haber acudido, y por la ilusión y el trabajo que se pone en todos los más de cincuenta grupos repartidos por toda la Diócesis.

✍Comisión Diocesana de Vida Ascendente

EL PODER TRANSFORMADOR DEL SANTO ROSARIO: UN CAMINO DE GRACIA Y REDENCIÓN BAJO EL MANTO DE MARÍA SANTÍSIMA

Hoy, segundo día de la novena a la advocación mariana como Nuestra Señora del Rosario, Patrona de mi localidad natal Guardamar del Segura y Patrona de mi localidad de residencia, Rafal, ambas localidades de la provincia de Alicante, deseo participaros el siguiente texto en referencia a lo que significa en nuestras vidas la práctica del rezo del santo rosario y lo hago en primera persona, ya que relato todos los beneficios que he ido obteniendo a lo largo de los años pasados y a partir de que adopté la práctica de este rezo y que espero

En la intimidad del rezo del Santo Rosario, hay un misterio profundo, una fuerza que nos envuelve y nos guía hacia la paz, la sanación y la transformación interior. Puedo decir con absoluta certeza que desde el momento en que adopté esta práctica diaria, bajo la tierna mirada de la Virgen Santísima del Rosario y María Auxiliadora, mi vida cambió de manera inimaginable. No soy la misma persona; he sido renovado, no solo en el espíritu, sino también en cuerpo y alma. España, tierra bendecida bajo el manto protector de María, sabe bien que no en vano la llaman «Tierra de María», porque aquí sentimos de manera viva la presencia de la Madre de Dios, la madre de Cristo, que nos toma de la mano y nos conduce al encuentro pleno con su Hijo.

El rezo diario del Santo Rosario no es simplemente una repetición de oraciones. Es un diálogo profundo con el cielo, una escuela de santidad, una meditación sobre los misterios de la vida de Cristo y de su Madre. Cada Ave María es una rosa que ofrendamos a nuestra Reina, y a su vez, ella nos cubre con su manto lleno de gracia y protección. Me he dado cuenta, al sumergirme en esta práctica, que la Virgen María, bajo sus múltiples advocaciones, especialmente como Nuestra Señora del Rosario y María Auxiliadora, siempre está presente para llevar nuestras peticiones al corazón de su Hijo.

Los beneficios espirituales: Una transformación del alma

El Santo Rosario no es solo un ejercicio de devoción; es una fuente viva de gracias que transforma nuestra alma. Cada día que lo rezo, siento que mi espíritu se va fortaleciendo, que las sombras que me rodean se disipan y que una luz interior crece en mí. El Rosario me enseña a contemplar la vida de Cristo desde los ojos de María, a ver el mundo con una mirada llena de compasión, misericordia y esperanza. Mi relación con Dios se ha hecho más íntima, más real, más tangible.

En cada misterio, ya sea gozoso, doloroso, luminoso o glorioso, descubro una nueva lección para mi vida espiritual. A través de esta práctica, he aprendido a confiar más profundamente en la voluntad divina, a aceptar con serenidad las pruebas de la vida, sabiendo que siempre están acompañadas por el consuelo de nuestra Madre celestial. En María, encuentro la intercesión perfecta, el refugio seguro que nunca me falla.

Los beneficios para el cuerpo: Sanación y paz

Pero el Rosario no solo cura el alma. He experimentado, en carne propia, los beneficios físicos que esta oración puede traer. En los momentos de mayor ansiedad, estrés o enfermedad, cuando he sentido que mi cuerpo no podía más, el Rosario ha sido mi medicina. Hay un poder sanador en esta oración que es difícil de explicar con palabras. Es como si, al pronunciar cada Ave María, una paz descendiera sobre mi cuerpo, relajando cada músculo, calmando cada nervio, restaurando mi energía.

Muchas personas han encontrado alivio físico a través de la práctica del Santo Rosario, especialmente cuando lo rezan con fe y devoción. He conocido testimonios de sanaciones milagrosas, de personas que, enfrentadas a enfermedades graves, han experimentado una mejoría inexplicable después de haber confiado su salud a la intercesión de la Virgen. Yo mismo he sentido esa protección, ese consuelo físico y emocional que solo María puede ofrecer.

La vida bajo el amparo de María: Una transformación completa

Cuando tomamos la decisión de consagrarnos a la Virgen del Rosario, nuestras vidas comienzan a transformarse. María no nos deja igual. Ella nos toma de la mano, como una madre amorosa, y nos guía paso a paso hacia la plenitud de la vida en Cristo. Bajo su manto, aprendemos a vivir con humildad, con pureza de corazón, con una alegría que nace de saber que estamos protegidos por su amor incondicional.

Aquellas personas que han adoptado la práctica del Rosario diario comienzan a experimentar una serie de bendiciones que no pueden ser atribuidas al azar. La paz interior que inunda sus corazones es solo el principio. Comienzan a tomar decisiones más sabias, a enfrentar las dificultades con mayor fortaleza, a perdonar con más facilidad, a amar sin reservas. La Virgen transforma nuestras relaciones, nuestros trabajos, nuestros problemas, porque cuando la tenemos a ella como intercesora, todo lo que hacemos está impregnado de su amor y su luz.

La vida de aquellos que rezan el Rosario con devoción está marcada por una serie de frutos espirituales y temporales. Se fortalece la fe, se agudiza la esperanza y se enciende el fuego del amor hacia Dios y el prójimo. Además, María Auxiliadora, como su nombre lo indica, siempre está dispuesta a socorrernos en nuestras necesidades más urgentes. Su intercesión maternal nos abre puertas que parecían cerradas, nos ofrece soluciones a problemas que parecían irresolubles, y nos llena de una paz que supera todo entendimiento.

Testimonio de transformación: Un cuerpo y un alma renovados

Yo soy testigo directo de todos estos beneficios. Antes de integrar el rezo del Santo Rosario en mi vida diaria, había una inquietud en mi corazón, una especie de vacío que ninguna otra actividad podía llenar. Sin embargo, al comenzar esta práctica con humildad y constancia, todo en mí comenzó a cambiar. Mi fe se profundizó, mis relaciones se sanaron, mi perspectiva sobre la vida se iluminó con una nueva esperanza.

No solo experimenté cambios a nivel espiritual, sino también físico. Mis noches de insomnio y ansiedad comenzaron a desvanecerse; mi cuerpo, antes cansado y abatido, recuperó una vitalidad que creía perdida. No digo que el Rosario sea una fórmula mágica, pero ciertamente es un camino de gracia que, cuando se recorre con fe, tiene el poder de transformar cada aspecto de nuestra existencia.

Conclusión: Un llamado a la devoción diaria

Invito a todos aquellos que aún no han descubierto los tesoros del Santo Rosario a que comiencen hoy mismo esta práctica bendita. Bajo la advocación de la Virgen Santísima del Rosario y María Auxiliadora, descubrirán un refugio seguro, una escuela de santidad, y una fuente inagotable de paz y gracia. Nuestras vidas cambian cuando hacemos de María nuestra Madre y Guía, y ella nos conduce, sin duda alguna, hacia el Corazón Sagrado de Jesús.

Que en cada rincón de esta Tierra de María, como lo es España, se siga propagando la devoción a la Virgen del Rosario. Que cada día, más almas encuentren en el rezo del Rosario el camino hacia la santidad, la paz interior y la transformación completa de sus vidas.

Paz y amor. Bendiciones.

Que la Virgen María en sus advocaciones como Virgen María Auxiliadora y como Nuestra Señora del Rosario, os proteja en todo momento.

Texto de Ramón Soler Andréu

Foto de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Rafal (Alicante)..

Realizado en el día de hoy por mí,  Ramón Soler Andréu.

EL VIDEO DEL PAPA

El Video del Papa es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre. Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

La Red Mundial de Oración del Papa es una Obra Pontificia, que tiene como misión movilizar a los católicos por la oración y la acción, ante los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Estos desafíos se presentan en forma de intenciones de oración confiados por el Papa a toda la Iglesia. Su misión se inscribe en la dinámica del Corazón de Jesús, una misión de compasión por el mundo. Fue fundada en 1844 como Apostolado de la Oración. Está presente en 89 países y la integran más de 22 millones de católicos. Incluye su rama de jóvenes, el MEJ – Movimiento Eucarístico Juvenil. En diciembre 2020 el Papa constituyó esta obra pontificia como fundación vaticana y aprobó sus nuevos estatutos. Su Director Internacional es el P. Frédéric Fornos, SJ. Más información en: oraciondelpapa.va

El proyecto cuenta con el apoyo de Vatican Media.

En Octubre está dedicado  a la misión compartida

En el siguiente enlace podéis ver el video completo

https://youtu.be/OcG9q_lcsQc?si=zuBfXq1l3u-BL-D10

 

INTENCIONES DE ORACIÓN

“El Papa Francisco confía cada mes a su Red Mundial de Oración, intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia”, afirma el sitio web de la iniciativa.

“Su intención de oración mensual es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos», es una brújula para una misión de compasión por el mundo”, agrega.

Este mes de Octubre oramos POR UNA MISIÓN COMPARTIDA

Oremos para que la Iglesia siga apoyando por todos los medios un estilo de vida sinodal, bajo el signo de la corresponsabilidad, promoviendo la participación, la comunión y la misión compartida entre sacerdotes, religiosos y laicos.

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en su 121º reunión, que tuvo lugar del 17 al 21 de abril de 2023, las intenciones de la CEE para el año 2024 por las que reza la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

Octubre: Por los agentes de pastoral laicos, por el fomento de los ministerios laicales en la Iglesia y por su compromiso en la vida pública.

EL SANTO DE LA SEMANA: SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

Memoria de los santos Ángeles Custodios, que llamados ante todo a contemplar en la gloria el rostro del Señor, han recibido también una función en favor de los hombres, de modo que, con su presencia invisible pero solícita, los asistan y aconsejen. Fiesta patronal de los cuerpos de la Policía.

«Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, sé que te hayas a mi lado, escuchas mis oraciones, y cuentas todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho, tus alas de nácar y oro. Ángel de Dios, que yo escuche, tu mensaje y que lo viva, que vaya siempre contigo, hacia Dios, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía».

Así de hermosa es la poesía con que dan comienzo las laudes de este día. En ella ya se encuentra sintetizada la espiritualidad y sentido de esta fiesta.

La existencia de los ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel…

En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Smo. Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales… la presencia del Ángel de su Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.

Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».

Los mismos Salmos hablan con frecuencia de los Ángeles. Jesucristo se refirió en varias ocasiones a la misión de estos Espíritus purísimos. San Agustín afirmaba en su tiempo que «el Ángel de la Guarda nos ama como a hermanos y está con una santa impaciencia por vernos ocupar en el cielo aquellas sillas de que se hicieron indignos los ángeles rebeldes». ¿Qué hacer nosotros por el Ángel, ya que tanto hace él por nosotros? Dice el Éxodo: «Respétale y escucha su voz… Si oyes su voz y ejecutas cuanto te ordene, seré enemigo de tus enemigos».

(Fuente: magnificat.ca)

LO QUE NO SE SABE DE LA INQUEBRANTABLE FE (CATÓLICA) DE TOLKIEN: UNA LUZ SOBRE SU VIDA ESPIRITUAL

Tolkien fue bautizado en la infancia como anglicano en Sudáfrica, pero tras la muerte de su padre y la conversión de su madre al catolicismo, fue confirmado como católico a la edad de 11 años

El reconocido autor de El Señor de los Anillos, JRR Tolkien, siempre afirmó ser un «devoto católico romano», según un artículo reciente del Padre Michael Ward publicado en Catholic Herald y que aborda la fe de Tolkien. Sin embargo, a pesar de esta afirmación, se ha escrito poco sobre la fe que definió y guió la vida de Tolkien.

En el artículo «La historia no contada de la fe de Tolkien«, el Padre Ward aborda esta deficiencia en la literatura biográfica de Tolkien, destacando cómo su fe católica influyó en su vida y en su obra. Una fe que pone de relieve la asociación de creciente creación Asociación Tolkien Católica de España.

Holly Ordway, colega y amiga del Padre Ward, ha escrito un nuevo libro titulado La fe de Tolkien: una biografía espiritual que examina detalladamente la fe de Tolkien, destacando su devoción por el catolicismo y cómo esta devoción afectó tanto su vida personal como su escritura.

Tolkien fue bautizado en la infancia como anglicano en Bloemfontein, Sudáfrica, pero tras la muerte de su padre y la conversión de su madre al catolicismo, fue confirmado como católico a la edad de 11 años. Cuando su madre Mabel falleció un año después, el sacerdote oratoriano, padre Francis Morgan, se convirtió en su tutor y su segundo padre. Desde ese momento, Tolkien se convirtió en acólito y desarrolló una profunda devoción por la Eucaristía, a la que llamaba “la única cosa grande para amar en la tierra”.

Priscilla, la hija de Tolkien, describió a su padre como «un cristiano devoto» que «se preocupaba profundamente por su fe religiosa». Sin embargo, la vida cristiana de Tolkien ha sido a menudo ignorada o minimizada en las biografías existentes. Por ejemplo, la biografía de Humphrey Carpenter de 1977 retrató la fe de Tolkien como un mero reemplazo emocional para su madre fallecida, mientras que la biografía de Raymond Edwards de 2014 relegó su catolicismo a un apéndice.

LA FE DE TOLKIEN

Tolkien es un autor católico, pero no se suele poner de relieve su fe

El libro de Ordway, sin embargo, trata de rectificar estos errores, proporcionando un tratamiento detallado y factual de la vida de Tolkien desde una perspectiva religiosa. No solo expone la profunda devoción de Tolkien por su fe, sino también cómo su fe influyó en su escritura. Por ejemplo, su famoso monograma JRRT en realidad contiene una «P» oculta en honor a su santo de confirmación, San Felipe Neri, fundador de los oratorianos.

Tolkien también heredó de San Felipe Neri un amor por la humildad, algo que se refleja en sus personajes hobbits, a quienes consideraba dignos de «ennoblecimiento» y más dignos de elogio que los «profesionales». Además, el autor tenía una «devoción especial» por la Inmaculada Concepción y sentía afinidad por Santa Bernadette Soubirous, a quien describía como «esa hija de la Gracia».

Hacia el final de su vida, Tolkien lidió con los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II. A pesar de su angustia privada, permaneció leal a la Iglesia, insistiendo en que «no hay nada que hacer sino orar, por la Iglesia, el Vicario de Cristo, y por nosotros mismos; y mientras tanto ejercitar la virtud de la lealtad».

Esta revelación de la fe de Tolkien nos proporciona una nueva perspectiva sobre uno de los autores más influyentes del siglo pasado, demostrando cómo su fe católica fue no solo una parte integral de su vida personal, sino también de su proceso creativo.

Forumlibertas.com

¿DESESPERAR? ¡NUNCA!

Jeronimo Savonarola fue un gran predicador dominico que terminó ajusticiado por clamar con fuerza contra los pecados de la Iglesia y de los políticos. Prescindo de detalles sobre su vida y me limito a recordar que, el 23 de mayo de 1498, un patíbulo alzado en la plaza de la Señoría de Florencia puso fin a su agitada vida. Su muerte fu precedida de cárcel y tormentos. En el oscuro calabozo de la prisión escribió la última meditación de su vida. Puede encontrarse en un libro editado por la editorial Patmos en 1951, bajo el título: J. Savonarola, Última meditación. El prólogo y la traducción es de Antonio Fontán.

Condenado por la justicia de los hombres y perdido sin remedio, descubrió la Misericordia y la Esperanza. Así comienza su última meditación: “¿Qué haré, pues? ¿Desesperar? Nunca. Dios es misericordioso”. Y tras esta reflexión siguen estas palabras llenas de teología y espiritualidad:

“Oh Dios, que habitas en la luz inaccesible, Dios escondido, a quien no pueden ver los ojos corporales, a quien no puede comprender la inteligencia creada ni explicar la lengua de los hombres ni de los ángeles. A Ti, Dios incomprensible te busco, a Ti, Dios inefable, te invoco seas lo que seas, Tú que estás en todas partes. Sé que Tú eres la suprema realidad, si es que eres una realidad y no más bien la causa de todas las realidades; si se puede decir que eres causa, porque no encuentro un nombre con que poder nombrar a tu inefable majestad…

He aquí, oh Dios Misericordia, he aquí, delante de Ti a la miseria. ¿Qué harás tú, Misericordia? Harás tu obra. ¿Acaso puedes prescindir de tu naturaleza? ¿Y cuál es tu obra? Destruir la miseria, socorrer a los hombres miserables. Ten, pues, piedad de mí, oh Dios. Dios Misericordia, destruye mi miseria; destruye mis pecados, que son mi mayor miseria. Socórreme a mí, miserable, muestra en mí tu obra, ejerce en mí tu poder. Un abismo invoca a otro abismo. El abismo de la miseria invoca al abismo de la misericordia. El abismo de los pecados invoca al abismo de las gracias. El abismo de la misericordia es mayor que el abismo de la miseria. Que un abismo absorba a otro abismo. Que el abismo de la misericordia absorba al abismo de la miseria.

Ten piedad de mí, Dios, según tu gran misericordia. No según la misericordia humana que es pequeña, sino según la tuya que es grande, que es inmensa, que es incomprensible, que excede inmensamente a todos los pecados. Según aquella gran Misericordia tuya, con que amaste al mundo hasta darle tu Hijo Unigénito. ¿Qué mayor misericordia puede haber? ¿Qué mayor caridad? ¿Quién puede desesperar, quién no tendrá confianza?”

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

¿ CÓMO SER UNA IGLESIA SINODAL EN MISIÓN?

Pareciera que con la próxima llegada del JUBILEO 2025 los ecos del Sínodo solo fueran eso, ecos. Monseñor Sergi Gordo nos pone al día con sus colaboraciones.

Prefacio

«Más que decir que la Iglesia tiene una misión, afirmamos que la Iglesia es misión. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21): La Iglesia recibe de Cristo, el Enviado del Padre, la propia misión. Sostenida y guiada por el Espíritu Santo, ella anuncia y da testimonio del Evangelio a cuantos no lo conocen o no lo acogen, con la opción preferencial por los pobres, enraizada en la misión de Jesús. De este modo, contribuye a la llegada del Reino de Dios, del que “constituye el germen e inicio” (cf. LG 5)» (Informe de Síntesis de la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos [IdS], 8a). Crecer como Iglesia sinodal es una manera concreta de responder, todos y cada uno, a esta llamada y misión.

Los hermanos y hermanas que participaron en las reuniones sinodales, y en particular los participantes en la Primera Sesión, tuvieron una experiencia concreta de la unidad y la pluralidad de la Iglesia. Incluso en un tiempo como el nuestro, marcado por crecientes desigualdades, amargas polarizaciones y una continua explosión de conflictos, la Iglesia es en Cristo signo e instrumento de unión con Dios y de unidad entre los hombres, y está llamada a serlo cada vez más visiblemente. Escuchando al Espíritu Santo, acogiendo el testimonio de la Escritura y escrutando con fe los signos de los tiempos, puede armonizar las diferencias como expresión de la inagotable riqueza del misterio de Cristo. La experiencia del Sínodo como práctica de la unidad en la diversidad representa así una palabra profética dirigida a un mundo que se esfuerza por creer que la paz y la concordia son posibles.

  1. La pregunta que guía

El proceso sinodal nos ha hecho cada vez más conscientes de nuestra misión. En la Primera Sesión de la Asamblea, esta conciencia fue “tomando cuerpo” progresivamente, guiando el camino hacia la Segunda Sesión (octubre de 2024). El tiempo transcurrido entre la Primera y la Segunda Sesión -explica el documento Hacia octubre de 2024 (11 de diciembre de 2023)- nos ve comprometidos en una nueva fase consultiva a partir de la pregunta orientadora: ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión?

“El objetivo es identificar los caminos a seguir y los instrumentos a adoptar en los diferentes contextos y circunstancias, para potenciar la originalidad de cada bautizado y de cada Iglesia en la misión única de anunciar al Señor Resucitado y su Evangelio al mundo de hoy. No se trata, por tanto, de limitarse al plan de mejoras técnicas o de procedimiento que hagan más eficaces las estructuras de la Iglesia, sino de trabajar en las formas concretas del compromiso misionero al que estamos llamados, en el dinamismo entre unidad y diversidad propio de una Iglesia sinodal” (Hacia octubre de 2024, n. 1).

La atención se centrará, por tanto, en el tema de la participación de todos, en la variedad de vocaciones, carismas y ministerios, en la única misión de anunciar a Jesucristo al mundo. A la luz de esa transformación misionera de la Iglesia prevista en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, según la cual “la nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” (n. 120), reflexionaremos sobre la contribución a la misión que puede provenir del reconocimiento y la promoción de los dones específicos de cada miembro del Pueblo de Dios, y sobre la relación entre la obra común y el ministerio de autoridad de los Pastores. El nexo dinámico entre la participación de todos y la autoridad de algunos, en el horizonte de la comunión y de la misión, será profundizado en su significado teológico, en las modalidades prácticas de su aplicación y en la concreción de las disposiciones canónicas. La profundización se articulará en tres niveles, distintos pero interdependientes: el de la Iglesia local, el de las agrupaciones de Iglesias (nacional, regional, continental), el de toda la Iglesia en la relación entre el primado del Obispo de Roma, la colegialidad episcopal y la sinodalidad eclesial. La indicación de los tres niveles permite organizar los trabajos con vistas a la Segunda Sesión de la Asamblea, sin olvidar que se trata de tres perspectivas conectadas a través de las cuales mirar una realidad unitaria y orgánica: la vida de la Iglesia sinodal misionera.

  1. Pasos hacia la redacción del Instrumentum laboris para la Segunda Sesión

A partir de la pregunta orientadora, se abre un nuevo proceso de consulta, con características diferentes al de la primera fase del proceso sinodal, como se explica en el documento Hacia octubre de 2024, pidiendo a las Conferencias Episcopales y a las Estructuras Jerárquicas Orientales que sean la referencia para esta parte del proceso y coordinen la recogida de aportaciones de Diócesis y Eparquías, estableciendo los métodos y el calendario. También llevarán a cabo el estudio en profundidad partiendo de la misma pregunta orientadora a su nivel y a nivel continental, según se considere apropiado y factible (cf. Hacia octubre de 2024, n. 1) Las síntesis que recogerán el fruto de esta consulta, por parte de las Conferencias Episcopales, las Estructuras Jerárquicas Orientales y las Diócesis que no pertenecen a ninguna Conferencia Episcopal, deberán llegar a la Secretaría General del Sínodo antes del 15 de mayo de 2024 y servirán de base para la redacción del Instrumentum laboris.

A las síntesis se añadirán otros materiales, a partir de los resultados del encuentro internacional “Párrocos para el Sínodo” (Sacrofano [Roma], 28 de abril – 2 de mayo de 2024), convocado para responder a la necesidad, repetidamente expresada durante la primera fase y también durante la Primera Sesión, de escuchar y valorizar la experiencia de los sacerdotes comprometidos en el ministerio pastoral en las Iglesias locales, con vistas a su mayor implicación en el proceso sinodal.

Por último, los resultados del estudio teológico llevado a cabo por cinco Grupos de Trabajo activados por la Secretaría General del Sínodo, en la estela de lo solicitado varias veces por la Asamblea y en el espíritu de lo previsto por el artículo 10 de la Constitución Apostólica Episcopalis communio sobre el Sínodo de los Obispos, se incluirán también en los materiales subyacentes al Instrumentum laboris. Estos Grupos estarán compuestos por expertos, respetando la necesaria variedad de procedencia geográfica, sexo y condición eclesial, y trabajarán con un método sinodal. En particular, tres Grupos se centrarán principalmente en los tres niveles arriba indicados (un Grupo en cada nivel), mientras que otros dos Grupos trabajarán en los dos ejes transversales, poniendo de relieve las interconexiones e interdependencias entre los niveles, según las líneas generales que se resumen en los párrafos siguientes.

  1. Perspectivas para explorar

I.              El rostro sinodal misionero de la Iglesia local

El Informe de Síntesis aprobado al final de la Primera Sesión reconoce que la corresponsabilidad de todos en la misión “debe ser el criterio base de la estructuración de las comunidades cristianas y de la entera Iglesia local con todos sus servicios, en todas sus instituciones, en cada organismo de comunión” (IdS 18b). La búsqueda del rostro y de los caminos de la Iglesia sinodal misionera implica directamente a cada Iglesia local, en la pluralidad de los sujetos que la constituyen, sin olvidar que la tarea de dar testimonio del Evangelio une a todos los bautizados, más allá de las pertenencias confesionales, en virtud de la común dignidad bautismal. El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva de la Iglesia sinodal en misión a nivel de Iglesia local, explorará puntos como:

  1. el sentido y las formas del ministerio del Obispo diocesano como “principio y fundamento perpetuo y visible de unidad” (Lumen Gentium, n. 23) de la Iglesia a él confiada y, en particular, las relaciones con el presbiterio, los órganos de participación, la vida consagrada y las agregaciones eclesiales, en una perspectiva misionera (cf. IdS 12);
  2. la introducción de estructuras y procesos para la verificación periódica del trabajo del Obispo diocesano y de quienes ejercen un ministerio (ordenado o no ordenado) en la Iglesia local, favoreciendo el accountability (dar cuenta del ejercicio de las propias responsabilidades) por parte de todos, de diferentes maneras (IdS 12j);
  3. el estilo y el modo de funcionamiento de los órganos de participación. Se prestará especial atención a la relación entre el momento consultivo y el momento deliberativo en los procesos de toma de decisiones (cf. IdS 18g), garantizando que también las mujeres, allí donde todavía no sea el caso, puedan participar en los procesos de toma de decisiones y asumir funciones de responsabilidad en la atención pastoral y el ministerio (cf. IdS 9m);
  4. la presencia y el servicio de los ministerios instituidos y de los ministerios de hecho, que pueden contribuir a configurar de manera más coral y eficaz la obra de evangelización de la Iglesia local en el territorio y entre las culturas, valorizando los carismas y el papel de los laicos en la realización de la misión de la Iglesia (cf. IdS 8d-e), en el respeto de su especificidad (cf. IdS 8f) y en relación con la tensión entre la misión de santificación de las realidades temporales y el desempeño de oficios y ministerios IdS 8d-e), respetando su especificidad (cf. IdS 8f) y en relación con la tensión entre la misión de santificación de las realidades temporales y el desempeño de oficios y ministerios dentro de la Iglesia (cf. IdS 8j), considerando también la oportunidad de establecer nuevos ministerios (cf. IdS 8n y 16p). Se debe prestar especial atención a “reconocer y valorar la contribución de las mujeres y aumentar las responsabilidades pastorales que se les confían en todos los ámbitos de la vida y la misión de la Iglesia”. Para expresar mejor los carismas de todos y responder mejor a las necesidades pastorales, ¿cómo puede la Iglesia incluir a más mujeres en las funciones y ministerios existentes? Si se necesitan nuevos ministerios, ¿a qué nivel y de qué manera?” (IdS 9i).

II.           El rostro sinodal misionero de las agrupaciones de Iglesias

En 2015, en su Discurso para la conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco afirmó que “el segundo nivel del ejercicio de la sinodalidad es el de las Provincias y Regiones eclesiásticas, los Concilios particulares y, de modo especial, las Conferencias Episcopales”, refiriéndose a los cánones 431-459 del Código de Derecho Canónico, relativos a las agrupaciones de Iglesias particulares. Subrayó la necesidad y la urgencia de “reflexionar para realizar aún más, a través de estos organismos, las instancias intermedias de colegialidad, integrando y actualizando quizás algunos aspectos del antiguo orden eclesiástico. El deseo del Concilio de que estos órganos pudieran contribuir a acrecentar el espíritu de colegialidad episcopal no se ha realizado todavía plenamente. Estamos a mitad de camino, a parte del camino”. Apunta así en la dirección de una “sana descentralización”, ya expresada en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (n. 16), recogida después en la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (II,2). El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva de la Iglesia sinodal en misión a nivel de las agrupaciones de Iglesias, explorará puntos como:

  1. modos y condiciones que hagan posible el intercambio efectivo de dones entre las Iglesias (cf. IdS 4m), compartiendo “riquezas espirituales, obreros apostólicos y ayudas temporales”

(Lumen Gentium, n. 13)

  1. el estatuto de las Conferencias Episcopales en una Iglesia sinodal misionera, para que crezcan como sujetos del ejercicio de la colegialidad en una Iglesia toda sinodal, aumentando también la propia autoridad doctrinal y disciplinar, sin limitar ni la potestad propia de cada Obispo en su propia Iglesia, ni la del Obispo de Roma como principio visible y fundamento de la unidad de toda la Iglesia (cf. IdS 19)
  2. la oportunidad de ampliar las estructuras de comunión entre las Iglesias más allá del nivel de las Conferencias Episcopales, considerando cómo especificar el estatuto de los organismos que agrupan a las Iglesias locales de un área continental o subcontinental, teniendo en cuenta las necesidades de un diálogo fecundo con las culturas y las sociedades en una perspectiva misionera (cf. IdS 19).

III.        El rostro misionero sinodal de la Iglesia universal

El proceso sinodal en curso está dando lugar a un nuevo modo de ejercer el ministerio petrino. Así, a nivel de la Iglesia universal, se plantea la cuestión de la relación entre la sinodalidad eclesial, la colegialidad episcopal y el primado del Obispo de Roma (cf. IdS 13a). El Grupo de Trabajo que se ocupará de esta perspectiva explorará puntos como:

  1. la contribución que las Iglesias de Oriente pueden ofrecer para una profundización de la doctrina del primado petrino, aclarando su vínculo intrínseco con la colegialidad episcopal y la sinodalidad eclesial (cf. IdS 6d)
  2. la contribución de la vía ecuménica “a la comprensión católica del primado, de la colegialidad, de la sinodalidad y de sus mutuas relaciones” (IdS 13b)
  3. el papel de la Curia Romana, como órgano al servicio del ministerio universal del Obispo de Roma, en una Iglesia sinodal, considerando las relaciones entre la Curia y las Iglesias locales, la Curia y las Conferencias Episcopales, la Curia y el Sínodo de los Obispos, en el espíritu de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (cf. IdS 13c-d)
  4. las modalidades de ejercicio de la colegialidad episcopal en una Iglesia sinodal, teniendo en cuenta la doctrina del Concilio Vaticano II y los desarrollos teológicos y canónicos del postconcilio;
  5. la identidad propia del Sínodo de los Obispos, articulando en particular el papel específico de los Obispos y la participación del Pueblo de Dios en todas las fases del proceso sinodal (cf. IdS 20)

IV.        El método sinodal

Para abrir las mentes y los corazones a la acogida de Cristo presente en su Espíritu, estamos llamados a la meditación de la Sagrada Escritura, a la oración y a la escucha mutua, en disposición de conversión personal y comunitaria. La escucha recíproca, en particular, requiere el ejercicio constante de prácticas que favorezcan, en todos los niveles de la vida de la Iglesia, la articulación de cuatro dimensiones: espiritual, institucional, procedimental y litúrgica.

A lo largo del camino recorrido hasta ahora, y especialmente en el curso de la Primera Sesión, la práctica de la “conversación en el Espíritu” ha sido probada y reconocida como capaz de sostener y expresar la dimensión espiritual del camino que estamos recorriendo. Practicar la “conversación en el Espíritu” no significa seguir una técnica codificada, sino emprender un camino que dé expresión a la naturaleza coloquial per se de la Iglesia, que brota del diálogo con el que Dios mismo, comunicando su vida, “habla a los hombres como amigos (conversatur), movido por su gran amor y mora con ellos” (Dei Verbum, n. 2).

Al mismo tiempo, el método sinodal exige que se preste atención a la dimensión institucional, propia de los organismos y eventos en los que se expresan la vida y la misión de la Iglesia, y a la dimensión procedimental, prestando especial atención a la relación entre la elaboración de decisiones (decision making) y la toma de decisiones (decision taking).

Estas tres dimensiones no deben concebirse como separadas: son aspectos distintos, cada uno de los cuales requiere una atención específica, que debe pensarse y vivirse en su unidad dinámica. Por último, dado que la liturgia es a la vez espejo y alimento de la vida de la Iglesia, los trabajos se referirán también a la dimensión litúrgica: “Si la Eucaristía da forma a la sinodalidad, el primer paso que hay que dar es honrar su gracia con un estilo celebrativo a la altura del don y con auténtica fraternidad” (IdS 3k).

El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva transversal del método sinodal, explorará puntos como:

  1. a) la fecunda relación entre el arraigo litúrgico y sacramental de la vida sinodal de la Iglesia

(escucha de la Palabra y celebración de la Eucaristía) y la práctica del discernimiento eclesial; b) una mejor clarificación de la configuración de la conversación en el Espíritu” teniendo en cuenta la pluralidad de declinaciones que conoce a partir de la experiencia de múltiples espiritualidades eclesiales y de diferentes contextos culturales (cf. IdS 2i-j);

  1. la invitación formulada por la Primera Sesión de la Asamblea Sinodal, por una parte, a “aclarar en qué modo la conversación en el Espíritu puede integrar las aportaciones del pensamiento teológico y de las ciencias humanas y sociales” (IdS 2h), y por otra, a que “los expertos en los diferentes campos del saber a madurar una sabiduría espiritual que haga de su competencia especializada un verdadero servicio eclesial” (IdS 15i) mediante la escucha mutua, el diálogo y la participación en el discernimiento comunitario;
  2. la focalización de los criterios de discernimiento teológico y disciplinar, clarificando la relación circular, en obediencia a la Revelación y a la escucha de los signos de los tiempos, entre el sensus fidei de todo el Pueblo de Dios y el Magisterio de los Pastores, en la perspectiva del “cambio de época” que estamos viviendo;
  3. la articulación entre elaboración de decisiones (decision making) y toma de decisiones (decision taking) en la perspectiva eclesiológica de la relación entre la participación de todos y el ejercicio específico de la autoridad por parte de algunos, identificando y especificando las esferas de competencia (doctrinal, pastoral, cultural) de los distintos sujetos eclesiales y de los distintos organismos y eventos en los que se expresa la práctica de la sinodalidad;
  4. La promoción de un estilo celebrativo adecuado a una Iglesia sinodal, que permita vivir y testimoniar la participación común de todos, respetando y promoviendo la especificidad de las funciones, carismas y ministerios de cada uno.

V.  El “lugar” de la Iglesia sinodal en la misión

El actual proceso sinodal muestra claramente cómo la referencia al principio de “interioridad recíproca” entre las Iglesias locales y la Iglesia universal favorece el ejercicio sinfónico de la sinodalidad, la colegialidad y la primacía a distintos niveles (local, regional, universal). El “lugar” en el que la Iglesia está llamada a vivir la comunión, la participación y la misión está constituido por muchos “lugares”. Esto no es sólo un hecho, sino que corresponde al modo en que “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse [revelarse en persona] a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad” (Dei Verbum, n. 2).  La relación con Jesucristo -mediador y plenitud de toda la revelación- es siempre contextual: “tiene lugar”. El “lugar”, en este sentido, es generador de la experiencia creyente. Es también un espacio hermenéutico en el que “va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas” (Dei Verbum, n. 8) y el anuncio de la verdad salvífica encuentra expresiones siempre nuevas: el “dónde” es constitutivo de la forma kerigmática.

Vivimos en una época en la que la relación de las personas y las comunidades con la dimensión del espacio está cambiando profundamente. La movilidad humana, la presencia en un mismo contexto de culturas y experiencias religiosas diferentes, la omnipresencia del entorno digital (la infosfera) pueden considerarse “signos de los tiempos” que es necesario discernir.

Los cambios que se están produciendo y la conciencia de la pluralidad de los rostros del Pueblo de Dios exigen una renovada atención a las relaciones entre las Iglesias locales que, en comunión entre sí y con el Obispo de Roma, constituyen la Iglesia de Dios, santa, católica y apostólica. En un mundo marcado por la violencia y la fragmentación, parece cada vez más urgente dar testimonio de la unidad de la humanidad, de su origen común y de su destino común, en una solidaridad coordinada y fraterna hacia la justicia social, la paz, la reconciliación y el cuidado de la casa común, superando así el potencial divisorio de algunas formas erróneas de entender la referencia a un lugar, a sus habitantes y a su cultura.

El grupo de trabajo que asumirá esta perspectiva -transversal a los tres niveles distintos de relaciones eclesiales: local, regional, universal- explorará puntos como:

  1. el desarrollo de una eclesiología atenta a la dimensión cultural del Pueblo de Dios (en referencia a lo que dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, n. 115: “La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe”). De hecho, parece necesario traducir también a nivel institucional el dinamismo recíproco entre evangelización de la cultura e inculturación de la fe, dando espacio a las hermenéuticas locales, sin que “lo local” se convierta en motivo de división y sin que “lo universal” se convierta en una forma de hegemonía;
  2. la referencia al “lugar” en la dinámica del anuncio, en relación con el principio de que “esta adaptación de la predicación de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelización. Porque así en todos los pueblos se hace posible expresar el mensaje cristiano de modo apropiado a cada uno de ellos y al mismo tiempo se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas” (Gaudium et spes, n. 44);
  3. la referencia a la particularidad del “lugar” y a las necesidades de la comunión eclesial (en los distintos niveles) a la hora de abordar las grandes cuestiones morales y pastorales;
  4. el impacto de los fenómenos migratorios que representan “una realidad que remodela a las Iglesias locales como comunidades interculturales. Con frecuencia, migrantes y refugiados, muchos de los cuales llevan las heridas de la erradicación, de la guerra y de la violencia, se convierten en una fuente de renovación y de enriquecimiento de las comunidades que los acogen, y en una oportunidad para establecer lazos directos con Iglesias geográficamente lejanas” (IdS 5d);
  5. el impacto de la cultura del entorno digital y de las nuevas tecnologías en la noción de “local”. Por ejemplo, todas las relaciones e iniciativas, incluidas las eclesiales, que tienen lugar en línea “tienen un alcance y un radio de acción que se extiende más allá de los tradicionales confines territoriales” (IdS 17h);
  6. las cuestiones canónicas y pastorales abiertas por la constante emigración de fieles del Oriente católico a territorios de mayoría latina, para lo cual “se necesita que las Iglesias locales de rito latino, en nombre de la sinodalidad, ayuden a los fieles orientales migrantes a perseverar en su identidad y a cultivar su patrimonio específico, sin someterlos a procesos de asimilación” (IdS 6c).
  7. Algunos principios transversales de referencia

La profundización de las perspectivas indicadas puede referirse útilmente a algunos principios que se aplican a cada una de ellas.

El primer principio es la misión de evangelización como motor y razón de ser de la Iglesia. La promoción de la figura y de la dinámica sinodal de la Iglesia tiene como finalidad manifestar y apoyar creíble y eficazmente su misión, que es el criterio último de todo discernimiento. Hay que privilegiar lo que es más eficaz para el anuncio del Evangelio, encontrando el valor de abandonar lo que se revela menos útil o incluso un obstáculo. Es este impulso hacia la misión el que hace que el proceso sinodal no sea un ejercicio en el que la Iglesia se mira en el espejo y se preocupa de sus propios equilibrios, sino que se proyecta hacia el mundo y la humanidad entera, pidiendo a cada miembro del Pueblo de Dios que aporte su contribución insustituible. El ecumenismo de la sangre (cf. IdS 7d) nos recuerda con fuerza que testigos del Evangelio hasta dar la vida son todos los bautizados, sin distinción de pertenencia confesional: es, pues, la misión común la que constituye el vector del camino hacia la unidad de los cristianos, a partir de formas concretas de colaboración, que debemos seguir promoviendo y experimentando.

Si el impulso misionero es constitutivo de la Iglesia y marca cada momento de su historia, los desafíos misioneros cambian con el tiempo. Por tanto, hay que esforzarse por discernir los del mundo actual: si no logramos identificarlos y responder a ellos, nuestro anuncio perderá actualidad y atractivo. Enraizada en esta necesidad está la atención a los jóvenes, a la cultura digital, y la necesidad de implicar a los pobres y marginados en el proceso sinodal, portadores de un punto de vista capaz de revelar dinámicas sociales, económicas y políticas que de otro modo permanecerían ocultas. Cualquier cambio en las estructuras de la Iglesia debe diseñarse para que sea eficaz a la hora de responder a los retos de la misión en el mundo actual.

El segundo principio es la promoción de la participación en la misión, que es don y responsabilidad de todos los bautizados, en el ejercicio activo del sensus fidei y de sus respectivos carismas, en sinergia con el ejercicio del ministerio de la autoridad por parte de los Obispos: 

“La circularidad entre el sensus fidei con el que están marcados todos los fieles, el discernimiento obrado en diversos niveles de realización de la sinodalidad y la autoridad de quien ejerce el ministerio pastoral de la unidad y del gobierno describe la dinámica de la sinodalidad. Esta circularidad promueve la dignidad bautismal y la corresponsabilidad de todos, valoriza la presencia de los carismas infundidos por el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios, reconoce el ministerio específico de los Pastores en comunión colegial y jerárquica con el Obispo de Roma, garantizando que los procesos y los actos sinodales se desarrollen con fidelidad al depositum fidei y en actitud de escucha al Espíritu Santo para la renovación de la misión de la Iglesia” (Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 72).

La dimensión sinodal y la dimensión jerárquica no están, pues, en competencia. La tensión que las une es una importante fuente de dinamismo. En particular, los procesos de toma de decisiones son el lugar para manejar creativamente esta tensión, de modo que se permita a cada uno ejercer su responsabilidad específica, sin ser desposeído de ella.

El tercer principio es la articulación entre lo local y lo universal, considerando al mismo tiempo la pluralidad y la coherencia de los niveles intermedios. La Iglesia una, santa, católica y apostólica existe en y desde las Iglesias locales (cf. Lumen gentium, n. 23) en comunión entre sí y con la Iglesia de Roma. Cada Iglesia es en Cristo y por el Espíritu Santo el sujeto comunitario, convocado por la Palabra y edificado por los Sacramentos, en el que vive y camina el único Pueblo de Dios en un contexto cultural y social específico, dentro del cual se encarna el don de Dios. Al mismo tiempo, cada Iglesia está llamada a compartir con todas las demás los dones con los que está enriquecida. Esto se realiza a través del ministerio de su Obispo, principio y garante de la unidad en la participación sinodal de todos en su misión, en comunión colegial con los demás Obispos cum Petro y sub Petro al servicio de toda la Iglesia (cf. Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 61). La sinodalidad constituye, por tanto, el contexto eclesial adecuado para entender y promover la colegialidad episcopal y describe el camino a seguir para promover la unidad y la catolicidad en el discernimiento de los caminos a seguir en cada Iglesia y en la comunión de las Iglesias. Lo que buscamos es un modo adecuado al mundo de hoy de vivir la unidad en la diversidad, experimentando la interconexión sin aplastar las diferencias y peculiaridades, pero también sin perder de vista que algunos desafíos -como el cuidado de la casa común, la emigración o la cultura digital- sólo pueden afrontarse juntos.

El cuarto principio, el más radical y exigente, pero al mismo tiempo capaz de dar esperanza y generatividad, es el carácter exquisitamente espiritual del proceso sinodal. Reunidos por Dios Padre, en Jesucristo, por la fuerza del Espíritu Santo, hermanas y hermanos en la fe se encuentran y se escuchan, aportando cada uno la perspectiva y la contribución de su propia vocación, carismas y ministerio recibidos. Este encuentro y esta escucha no son un fin en sí mismos: abren un espacio en el que se hace posible, juntos, discernir la voz del Espíritu y acoger su llamada. A todos los niveles, aspiramos al mismo resultado: comprender lo que el Señor nos pide y estar dispuestos a hacerlo. La tarea de los discípulos, más aún, su propia identidad, es seguir al Maestro adonde él decida ir, colaborar en una misión de salvación que es originalmente suya.

  1. Caminando juntos hacia octubre de 2024

Mientras avanza la preparación de la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, también gracias a las orientaciones aquí formuladas, prosigue el trabajo sobre las otras dos directrices identificadas a partir del Informe de Síntesis de la Primera Sesión.

La primera orientación consiste en mantener viva la dinámica sinodal en las Iglesias locales, para que un número cada vez mayor de personas pueda vivirla directamente. Reiteramos aquí la invitación a todas las diócesis a releer el Informe de Síntesis para identificar las sugerencias más significativas para su situación y, a partir de ellas, activar “iniciativas más adecuadas para implicar a todo el Pueblo de Dios” (Hacia octubre de 2024, n. 2).

La segunda orientación consiste en profundizar, de manera sinodal, una serie de temas de gran importancia, que «requieren ser tratados a nivel de toda la Iglesia y en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana» (ibid., Introducción). Se están constituyendo Grupos de Estudio para profundizar en los temas identificados, mejor especificados en el documento Temas surgidos en la Primera Sesión del Sínodo de los Obispos para tratar a nivel de toda la Iglesia y en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana, difundido al mismo tiempo que éste. «Además, al servicio del proceso sinodal en sentido más amplio, la Secretaría General del Sínodo activará un “Fórum permanente” para profundizar en los aspectos teológicos, canónicos, pastorales, espirituales y comunicativos de la sinodalidad de la Iglesia, también para responder a la petición formulada por la IdS de “se propone promover, en lugar oportuno, el trabajo teológico de profundización terminológica y conceptual de la noción y de la práctica de la sinodalidad” (IdS 1p)». Para llevar a cabo esta tarea, contará con la ayuda de la Comisión Teológica Internacional y de una Comisión canónica establecida al servicio del Sínodo de acuerdo con el Dicasterio para los Textos Legislativos.

No es posible trazar una línea divisoria clara entre los temas tratados por el trabajo de los numerosos Grupos activados, a diferentes niveles y en diferentes ejes: hay muchas conexiones, puntos de contacto e incluso solapamientos. Una de las tareas de la Secretaría General del Sínodo es garantizar que los trabajos avancen de forma coordinada y a la escucha de los resultados que se vayan obteniendo en los distintos ámbitos, dando la información adecuada a la Sesión de la Asamblea de octubre de 2024.

Vaticano, 14 de marzo del 2024.