HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA

La devoción del pueblo murciano por Nuestra Sra. de la Fuensanta es muy antigua, surgiendo a partir de la aparición de la Virgen en el monte conocido como El Hondoyuelo. Cuenta la leyenda que en esta sierra, situada a unos cinco kilómetros de la capital y ya considerada como enclave sagrado por las primeras civilizaciones que habitaron la zona, María había hecho brotar la “fuente santa” que dio nombre a la advocación.

La historia de cómo la Fuensanta ha pasado a convertirse en una de las más importantes devociones del Levante español, comienza el 17 de Enero de 1694. en esa fecha, tras una larga sequía que azotaba toda la zona, se acuerda bajar la imagen de la Virgen por vez primera hasta Murcia. Con aquella romería se imploraba la lluvia necesaria para los cultivos, relatando las crónicas de la época que, al finalizar la rogativa, llovió copiosamente e incluso llegó a nevar. Pero el milagro del agua se repitió en las sucesivas romerías y la Virgen de la Fuensanta fue nombrada patrona de la Ciudad y su Huerta en 1731.

El Santuario de la Virgen es hoy uno de los más visitados del país, no sólo como lugar de peregrinación, sino también por la belleza del enclave. Sobre la ermita primitiva, descrita en antiguos documentos como “entre iglesia y mezquita”, empieza a construirse a finales del siglo XVII un nuevo templo más acorde con el gran poder de convocatoria que estaba adquiriendo La Fuensanta.

En el interior de la iglesia se encuentra la venerada talla de la Patrona, una imagen de origen gótico y retocada en el siglo XVIII por el imaginero Roque López, atribuyéndose el Niño a Francisco Salzillo. La hermosura de la imagen es indiscutible , su aspecto se embellece con lujosos ropajes , joyas y coronas regaladas por los fieles, siendo el color tostado de su cara el que ha motivado que sea cariñosamente conocida con el sobrenombre de “La Morenica”. También encontramos en el templo importantes frescos del pintor Pedro Flores alusivos a la advocación, así como una hermosa colección de relieves sobre temas evangélicos marianos realizados por el escultor Juan González Moreno.

La difusión del culto a Nuestra Señora de la Fuensanta desde su proclamación como patrona, ha venido ligada a la celebración de traslados periódicos de la imagen desde el Santuario hasta la Catedral de la ciudad y viceversa. Tanto en las romerías como en los demás actos protagonizados por la Virgen, la antigua hermandad de Caballeros de la Fuensanta, es la encargada de custodiar la venerada imagen.

Actualmente, dos son las ocasiones establecidas para bajar a la Virgen a Murcia: una, con la llegada de la Cuaresma hasta finalizar las Fiestas de Primavera de la capital; y otra en Septiembre con motivo de su festividad el primer domingo después del día ocho del mismo mes.

Durante su estancia en la ciudad tienen lugar diversos actos, como la ofrenda floral a las puertas de la Catedral, la solemne procesión con la imagen por las calles del casco antiguo y la celebración de su onomástica con una Misa Pontifical y Procesión Claustral en el interior del templo catedralicio.

Durante el camino de regreso al Santuario la Virgen recibe numerosas muestras de cariño, sucediéndose las tradicionales “lluvias de pétalos” desde los balcones . A su llegada todo el monte es un clamor, y la multitud despide a su Patrona entre vítores y aclamaciones.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN SIMÓN DE ROJAS

San Simón de Rojas, trinitario, nació en Valladolid (España), el 28 de octubre de 1552. A los doce años, ingresó en el convento trinitario de su ciudad natal, en el que hizo la profesión religiosa el 28 de octubre de 1572.

Cursó los estudios en la universidad de Salamanca entre 1573 y 1579. Enseñó filosofía y teología en Toledo desde el año 1581 hasta el 1587. A partir de 1588, hasta su muerte, ejerció con grande prudencia el oficio de superior en varios conventos. En el mismo periodo, fue enviado como Visitador Apostólico a su Provincia de Castilla, en dos ocasiones, y a la de Andalucía, en una. El 14 de abril de 1612 fundó la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo Nombre de María. En 1619 fue nombrado Preceptor de los Infantes de España. El 12 de mayo de 1621 fue elegido como confesor de la Reina Isabel de Borbón. Murió el 29 de septiembre de 1624.

Su canonización dentro de las celebraciones del Año Mariano de 1988, recompensó dignamente a quien, por su tierna devoción a María, Lope de Vega llegó a equiparar con San Bernardo de Claraval y con San Ildefonso de Toledo. Fue su madre, la virtuosa Constanza, quien imprimió e hizo germinar en el alma de Simón el amor a María. El culto que Constanza, junto con su marido, Gregorio, tributaba constantemente a la Santísima Virgen, explica el porqué Simón, cuando pronunció sus primeras palabras, a los 14 meses de edad, siendo de pequeño algo retardado y balbuciente, dijese: «Ave, María». No hacía otra cosa que repetir la plegaria tan frecuentemente recitada por sus padres.

Su mayor gozo era el visitar los santuarios marianos, orar a María, imitar sus virtudes, cantar sus alabanzas, resaltar la importancia de la Santísima Virgen en el misterio de Dios y de la Iglesia. A través de profundos estudios teológicos, comprendió cada vez mejor la misión de María en la salvación del género humano y la santificación de la Iglesia. Vivió sus votos religiosos con el estilo de María. Pensaba que para ser todo de Dios, como Ella, era necesario hacerse esclavos suyos, o mejor, esclavos de Dios en María. Fue por ello por lo que fundó la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María, para la mayor gloria de la Trinidad y la alabanza de la Virgen, al servicio de los pobres. Para él, ser esclavo de María quería decir pertenencia total a Ella: Totus tuus, para unirse más íntimamente a Cristo y en él, por el Espíritu, al Padre.

La Congregación por él fundada era de carácter laical. A ella podían adherirse personas de todo rango social. Los inscritos, entre los que figuraban el rey y sus hijos, se obligaban a honrar a María, asistiendo maternalmente a sus hijos predilectos: los pobres. Esta obra subsiste todavía hoy en España. Simón de Rojas, que era considerado uno de los más grandes contemplativos de su tiempo, y que en la obra La oración y sus grandezas demuestra ser un gran formador de almas de oración, quería que a la dimensión contemplativa se uniese la activa, las obras de misericordia. Fiel al carisma trinitario, promovió redenciones de esclavos, remedió numerosísimas necesidades de los pobres, consoló enfermos, desheredados y marginados de todo tipo. Cuando recibió encargos en la Corte, puso como condición para aceptarlos el poder seguir ocupándose de sus pobres, a los que ayudaba de muchas maneras, siempre con alegría a cualquier hora del día o de la noche.

Son numerosísimas las expresiones de su amor a María. Los pintores que han inmortalizado su figura, ponen siempre en sus labios el saludo «Ave, María», por él pronunciado con tanta frecuencia que familiarmente era llamado «el Padre Ave María». Hizo imprimir millares de estampas de la Virgen Santísima con la inscripción «Ave, María», estampas que enviaba también al extranjero. Hizo confeccionar rosarios con 72 cuentas azules sobre cordón blanco, símbolo de la Asunción y de la Inmaculada, como recuerdo de los 72 años que, según la creencia de la época, había vivido la Virgen, y los difundió por doquier. Valiéndose de su influencia en la Corte, hizo que se esculpiese con letras de oro sobre la fachada del Palacio Real de Madrid el saludo angélico que él tanto amaba: «Ave, María». El 5 de junio de 1622, pidió a la Santa Sede la aprobación de un texto litúrgico por él compuesto en honor del Dulcísimo Nombre de María, texto que más tarde el Papa Inocencio XI extendió a toda la Iglesia.

Las honras fúnebres que se le tributaron a su muerte, acaecida el 29 de septiembre de 1624, asumieron el aspecto de una canonización anticipada. Durante 12 días, los más famosos oradores de Madrid exaltaron sus virtudes y santidad. Impresionado por la veneración unánime que se le rendía, el Nuncio del Papa, algunos días después de su muerte, el 8 de octubre siguiente, ordenó que se iniciasen los procesos, en vista a su glorificación por parte de la Iglesia.

Reconocida la heroicidad de sus virtudes por Clemente XII, el 25 de marzo de 1735, fue beatificado por Clemente XIII, el 19 de mayo de 1766. Y el  3 de julio de 1988, el Papa Juan Pablo II inscribió en el Catálogo de los Santos a este gran siervo de María y padre de los pobres.

HISTORIA Y SIGNIFICADO DE LA MEDALLA DE SAN BENITO

No cabe duda que la medalla de San Benito es una de las más apreciadas por los fieles. A ella se le atribuyen poder y remedio, ya sea contra ciertas enfermedades de hombre y animales, ya contra los males que pueden afectar al espíritu, como las tentaciones del poder del mal. Es frecuente también colocarla en los cimientos de nuevos edificios como garantía de seguridad y bienestar de sus habitantes.

El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de san Benito tal como nos la describe el papa san Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él. Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo mandó que hicieran la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la santa cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora del Señor, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a una época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg -Baviera-, en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz. Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV. En efecto, entre las figuras aparecía una de san Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Mucho más tarde, ya en el siglo XX, se encontró otro dibujo en un manuscrito del monasterio de Wolfenbüttel representando a un monje que se defiende del mal, simbolizado en una mujer con una copa llena de todas las seducciones del mundo. El monje levanta contra ella una cruz que contienía la parte final del texto consabido. Es posible que la existencia de tal creencia religiosa no sea fruto del siglo XIV sino muy anterior.

Benedicto XIV, en marzo de 1742, aprobó el uso de la medalla que había sido tachada anteriormente, por algunos, de superstición. Dom Gueranger, liturgista y fundador de la Concregación Benedictina de Solesmes, comentó que el hecho de aparecer la figura de san Benito con la santa Cruz, confirma la fuerza que su signo obtuvo en sus manos. La devoción de los fieles y las muchas gracias obtenidas por ella es la mejor muestra de su auténtico valor cristiano.

Explicación del anverso

En las antiguas medallas aparece, rodeando la figura del santo, este texto latino en frase entera: Eius in óbitu nostro preséntia muniámur. “Que a la hora de nuestra muerte, nos proteja tu presencia”. En las medallas actuales, frecuentemente desaparece la frase que es sustituida por esta: Crux Sancti Patris Benedicti, o todavía, más simplemente, por la inscripción: Sanctus Benedictus.

Explicación del reverso

En cada uno de los cuatro lados de la cruz: C. S. P. B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito

En el palo vertical de la cruz: C. S. S. M. L. Crux Sácra Sit Mihi Lux. Que la Santa Cruz sea mi luz

En el palo horizontal de la cruz: N. D. S. M. D. Non Dráco Sit Mihi Dux. Que el demonio no sea mi lider

Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj: V. R. S. Vade Retro Satána. Aléjate Satanás – N. S. M. V. Non Suáde Mihi Vána. No me aconsejes cosas vanas – S. M. Q. L. Sunt Mála Quae Libas. Es malo lo que me ofreces – I. V. B. ípse Venéna Bíbas. Bebe tú mismo tu veneno

En la parte superior, encima de la cruz suele aparecer unas veces la palabra PAX y en las más antiguas IESUS

MALA PRÁCTICA LITÚRGICA E IGNORANCIA TEOLÓGICA

 En los libros litúrgicos o en los rituales para los sacramentos a veces se ofrece un modelo de monición del rito que va a seguir. En estos casos se puede leer literalmente la monición sugerida por el libro litúrgico o decir otras palabras similares que, al ser más espontáneas, pueden incluso resultar más sugerentes.

Cosa distinta es cambiar la fórmula litúrgica creyendo que, de esta forma, uno se acerca mejor a la experiencia de los fieles. En la mayoría de los casos ocurre que la formulación propia es bastante peor que la oficial y, a veces, resulta hasta ridícula. El ejemplo más grosero que me han contado es el del sacerdote que, cuando llega el momento de pronunciar las palabras de la institución de la eucaristía, dice: “sangre derramada por muchas y por muchos”. Para la gente normal no hace falta explicar que el “muchos” de la fórmula oficial es inclusivo. Solo una persona muy ideologizada puede pretender que no lo es. Hay ejemplos menos llamativos, pero quizás más ridículos. Es el del presidente de la celebración que, en el saludo ritual dice: “el Señor está con nosotros”. Cuando la gente responde: “y con tu espíritu”, está ofreciendo una respuesta inútil puesto que, si ya está con nosotros, en este nosotros está incluido el que lo dice. La fórmula: “el Señor esté con vosotros”, hace que la respuesta: “y con tu espíritu”, tenga sentido.

Ejemplo de ignorancia teológica es la del lector que termina la lectura bíblica diciendo: “esto es” Palabra de Dios. Ignorancia teológica porque “esto” que acaba de leer es palabra de un autor humano (Mateo, Lucas o Pablo), que se ha debido nombrar al comienzo de la lectura: “según san Mateo”, o “carta de san Pablo” a una determinada comunidad. Lo que hay que hacer al final de la lectura es una pausa, guardar un momento de silencio, y luego decir: “Palabra de Dios”, sin añadidos ni colorantes. Al hacerlo así se está diciendo: en los oídos y corazones de los presentes, que han acogido con fe el texto que acaba de proclamarse, acaba de resonar la Palabra de Dios en la mediación de una palabra humana.

Dios siempre se sirve de mediaciones humanas. No se puede identificar la mediación humana con la palabra de Dios, pero la Palabra de Dios no puede llegar sin la imprescindible mediación humana. La carta de Pablo o el relato de Mateo transmiten la Palabra de Dios, pero lo que se oye materialmente es la palabra de Mateo o de Pablo. La palabra humana transmite la Palabra de Dios, pero precisamente por ser humana es susceptible de ser interpretada, comentada o explicada. Si directa y únicamente estuviéramos ante un “dictado” divino, la palabra sería intocable. Precisamente para ser entendido Dios utiliza mediaciones humanas.

Martín Gelabert, Blog Nihil Obstat

CUIDADO SI RECIBES ESTE SUPUESTO SMS DE HACIENDA: ES UNA ESTAFA

En la era digital actual, es imprescindible estar alerta ante los SMS fraudulentos, que imitan comunicaciones legítimas para engañar a las personas y obtener información personal, como contraseñas o datos bancarios. Los y las ciberdelincuentes emplean tácticas de ingeniería social para generar confianza y urgencia en sus víctimas, haciendo que caigan en trampas.

Recientemente, estas estafas han tenido como «emisor» del mensaje a «Hacienda», debido a un supuesto error en la Declaración de la Renta. Aprovechando el miedo de la víctima a recibir una sanción, los estafadores y estafadoras consiguen sus objetivos: quedarse con el dinero.

¿En qué consiste el nuevo timo?

La nueva metodología a la que han recurrido los y las ciberdelincuentes para estafar consiste en enviar un SMS, supuestamente de parte de Hacienda, en el que se informa al destinatario o destinataria de que la Declaración de la Renta está mal. Ante la amenaza de recibir una sanción, el mensaje incluye un enlace para corregir la declaración, «con un nombre bastante creíble», asegura la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

¿Que debes hacer?

Borra directamente el SMS. Lo que intentan es que pinches el enlace para llegar a un lugar donde te enredan y te hacen dejar datos personales o bancarios, o te dicen que si pagas una cantidad mucho menor que la sanción con la que te amenazan, quedarás en paz con Hacienda.

 Comunica el problema a Hacienda a través de los canales que ella misma te ofrece en este enlace.

 En la duda, llama a la Agencia Tributaria para asegurarte: 91 757 57 77

Una tipología de delitos cada vez más común

Pese a que este tipo de estafas a través de SMS es cada vez más común, es importante saber que la Agencia Tributaria nunca solicita por correo electrónico o SMS información confidencial, económica o personal, números de cuenta ni números de tarjeta.

Igualmente, Hacienda tampoco adjunta anexos con información de facturas u otro tipos de datos. «Si te llega un mensaje con un fichero adjunto para descargar, desconfía», concluye la OCU.

Sobre el autor:   Clara González para 65 y mas

EL PERDÓN FAMILIAR: SANACIÓN Y RECONCILIACIÓN SEGÚN LA BIBLIA

La familia es el núcleo fundamental de la sociedad, un espacio donde se forjan vínculos profundos y se transmiten valores esenciales. Sin embargo, las relaciones familiares no siempre son fáciles, y el dolor, el resentimiento y la ira pueden surgir en el camino. En estos momentos, el perdón se convierte en un elemento crucial para la sanación y la reconstrucción de la unidad familiar. La Biblia, como fuente de sabiduría y la vida cristiana, ofrece un profundo entendimiento sobre el perdón, especialmente en el contexto familiar.

El Perdón en la Biblia: Un Mandato Divino

La Biblia aborda el perdón como un principio fundamental para la vida cristiana, un mandato divino que Dios mismo ejemplifica. En el Nuevo Testamento, Jesús nos enseña la importancia del perdón a través de sus palabras y acciones. En el Sermón del Monte, Jesús dice: porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro padre celestial también os perdonará a vosotros. pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas (Mateo 6:14-15). Estas palabras resaltan la estrecha relación entre el perdón que Dios nos ofrece y el perdón que debemos ofrecer a los demás, incluyendo a nuestra familia.

El perdón, en la perspectiva bíblica, no es simplemente un acto sentimental, sino una decisión consciente y deliberada que requiere esfuerzo y compromiso. No significa olvidar el daño que se ha causado, sino renunciar al deseo de venganza y al resentimiento que nos amarga el corazón. Perdonar es un acto de liberación, tanto para el que perdona como para el que es perdonado.

Ejemplos Bíblicos del Perdón en la Familia

La Biblia nos ofrece numerosos ejemplos de perdón en el ámbito familiar que nos inspiran y nos muestran la poderosa transformación que puede traer consigo. Algunos ejemplos relevantes son:

José , vendido como esclavo por sus hermanos, luego los perdona y los acoge con amor y compasión. (Génesis 45:1-15)

David , perdonado por Dios después de su pecado con Betsabé, aún siendo rey, se arrepiente y busca la misericordia divina. (Salmos 51)

El hijo pródigo , perdonado por su padre después de haber desperdiciado su herencia. (Lucas 15:11-32)

Estos ejemplos nos muestran que el perdón en la familia es posible, incluso en situaciones de profunda traición y dolor. El perdón, inspirado por el amor de Dios, nos permite romper el ciclo de resentimiento y construir relaciones más sanas y fuertes.

¿Qué significa el perdón en la familia?

En el contexto familiar, el perdón abarca diferentes dimensiones:

Perdonar a los padres: Reconocer que nuestros padres también son seres humanos con errores y limitaciones. Perdonar sus errores del pasado, incluso si fueron dolorosos, nos libera del peso del resentimiento y nos permite construir una relación más saludable con ellos.

Perdonar a los hermanos: Reconocer que la rivalidad entre hermanos es normal, pero que el amor y el perdón deben prevalecer. Perdonar las ofensas, las disputas y los celos nos permite fortalecer los lazos familiares.

Perdonar a los hijos: Reconocer que los hijos cometen errores y que el perdón es esencial para su crecimiento. Perdonar sus errores nos enseña a ser pacientes y comprensivos, y les permite aprender de sus experiencias.

Perdonarse a sí mismo: Reconocer nuestros propios errores y fallos, y aprender de ellos para mejorar como personas. Perdonarnos a nosotros mismos nos libera de la culpa y la vergüenza, y nos permite avanzar con esperanza.

Beneficios del Perdón en la Familia

El perdón en la familia trae consigo numerosos beneficios:

Liberación emocional: El perdón nos libera del peso del resentimiento, la ira y la amargura, permitiéndonos experimentar paz interior y alegría.

Sanación de las heridas: El perdón nos ayuda a sanar las heridas del pasado y a construir relaciones más sólidas y saludables.

Reconciliación: El perdón abre la puerta a la reconciliación, restaurando la armonía y el amor en las relaciones familiares.

Crecimiento personal: El perdón nos ayuda a crecer como personas, a desarrollar la compasión, la empatía y la capacidad de amar más profundamente.

Fortalecimiento de la unidad familiar: El perdón fortalece los lazos familiares, creando un ambiente de confianza, respeto y apoyo mutuo.

Cómo Practicar el Perdón en la Familia

Perdonar no es fácil, requiere tiempo, esfuerzo y compromiso. Aquí te presentamos algunos pasos que pueden ayudarte a practicar el perdón en la familia:

Reconocer el daño: Es importante reconocer el daño que se ha causado, tanto para ti como para la otra persona. No se trata de culpar, sino de comprender la naturaleza del conflicto.

Tomar la decisión de perdonar: El perdón es una decisión consciente que debes tomar, no una emoción que simplemente se siente. Debes elegir perdonar, incluso si no te sientes listo.

Comunicar el perdón: Es importante comunicar tu perdón a la persona que has herido. Esto puede ser difícil, pero es fundamental para la reconciliación.

No olvidar, pero no aferrarte: El perdón no significa olvidar lo que sucedió, pero sí significa no aferrarse al dolor y al resentimiento del pasado.

Ser paciente: El perdón es un proceso que requiere tiempo y paciencia. No esperes que la reconciliación ocurra de la noche a la mañana.

Buscar ayuda: Si te resulta difícil perdonar, no dudes en buscar ayuda profesional. Un terapeuta o consejero te puede guiar en el proceso de perdón.

El Perdón y la Justicia

A veces, la gente confunde el perdón con la justicia. Es importante recordar que el perdón no significa condonar la acción o que la persona que ha causado daño no deba ser responsable de sus actos. El perdón es un acto personal que liberamos a la persona que nos ha herido del peso de nuestro resentimiento, pero no significa que la persona esté libre de las consecuencias de sus acciones.

Algunas preguntas que nos pueden venir a la mente

¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha herido profundamente?

Perdonar a alguien que te ha herido profundamente puede ser un proceso largo y doloroso. Es importante recordar que el perdón es una decisión que debes tomar, no una emoción que simplemente se siente. Puedes empezar por reconocer el daño que se ha causado, tomar la decisión de perdonar, comunicar tu perdón a la persona y ser paciente.

¿Qué pasa si la persona que me ha herido no se arrepiente?

Si la persona que te ha herido no se arrepiente, el perdón puede ser aún más difícil. Sin embargo, el perdón es un acto que haces por ti mismo, no por la otra persona. Perdonar te libera del peso del resentimiento y te permite avanzar en tu vida.

¿Puedo perdonar a alguien sin olvidar lo que sucedió?

Sí, puedes perdonar a alguien sin olvidar lo que sucedió. El perdón no significa olvidar el daño que se ha causado, sino renunciar al deseo de venganza y al resentimiento que nos amarga el corazón. Perdonar es un acto de liberación, tanto para el que perdona como para el que es perdonado.

¿Qué hago si la persona que me ha herido no quiere ser perdonada?

Si la persona que te ha herido no quiere ser perdonada, puedes seguir adelante con tu proceso de perdón. El perdón es un acto personal que haces por ti mismo, no por la otra persona. Puedes elegir perdonar, incluso si la otra persona no está dispuesta a aceptar tu perdón.

¿Cómo puedo saber si he perdonado de verdad?

Saber si has perdonado de verdad es un proceso personal. Puedes preguntarte si aún sientes amargura o resentimiento hacia la persona que te ha herido. Si sientes paz interior y no te sientes afectado por el pasado, es probable que hayas perdonado de verdad.

El perdón en la familia es un regalo que nos damos a nosotros mismos y a los demás. Es un camino hacia la sanación, la reconciliación y la construcción de relaciones más fuertes y saludables. La Biblia nos enseña que el perdón es un mandato divino, un acto de amor que nos libera del peso del resentimiento y nos permite experimentar la paz y la alegría que solo Dios puede ofrecer. Al practicar el perdón en nuestra familia, estamos siguiendo el ejemplo de Jesús y creando un ambiente de amor, unidad y esperanza.

Fuente: Iglesia del pilar.com

UNA VIDA EN COMÚN

Antonio García y su mujer Aurora Rogado nos escriben un bonito testimonio de su camino vital. Os animamos a que nos enviéis vuestros testimonios.

 «Nacimos en unos pueblos salmantinos cercanos, superando las carencias y consecuencias de la Guerra incivil, con racionamientos y escaseces, aunque nunca nos faltó el pan. Nuestros padres no eran beatos, pues sus trabajos y ocupaciones para sacar adelante a la familia tampoco se lo permitían. Sin embargo, siempre nos animaban para acudir al culto y formación en la fe, que ellos vivían con el respeto, la fidelidad, la solidaridad y la lealtad a la palabra dada.

      En los tiempos de Navidad, Reyes, cuaresma, Pascua, primeras comuniones y otras celebraciones, todo el pueblo acudía cantando con alegría sana. Sin apenas darnos cuenta, su ejemplo iba calando en nosotros. Ya adolescentes nuestra fe no decaía participando en el Aspirantado de Acción Católica, Juventud de A.C. o similares.

     Sin mayoría de edad, salimos de casa a trabajar, para no ser una carga familiar, acompañados de la confianza en el Señor. Pasaron unos años y al ser vecinos en Las Arenas-Romo (Vizcaya) las familias de unas hermanas de Aurora y otra de Antonio, allí nos conocimos tomando un café. Luego, charlamos acompañando a Aurora hasta el trenecillo próximo.

      Después nos carteamos durante un tiempo hasta que Aurora decidió irse a Madrid donde trabajaba Antonio, a fin de conocerse mejor. Pasado otro medio año decidimos casarnos en Las Arenas-Romo, donde nos encontramos por primera vez.

     Ya en Madrid, nuestros puntos de vista son algo diferentes, pero siempre juntos y disponibles para colaborar en la parroquia cercana, Ntrª Srª de la Misericordia, tras el campo de fútbol del Rayo  Vallecano, y que a principios de 1968 iniciaba el culto y demás en unas aulas cedidas por las MM Dominicas.

      Allí el párroco novel, D. Rafael Herrero, nos invitó a un curso Bíblico, Movimiento Familiar Cristiano y a formar un grupo de Legión de María de la Curia de Vallecas. También colaboramos con las Comunidades Populares, siempre con la gran familia Zamanillo y otros amigos, hasta el traslado a Alicante, a finales de 1977.

     Una prueba muy dolorosa y difícil fue la de perder el primer hijo, debido a negligencias médicas. Paliado más tarde con el nacimiento de Aurora el 17-12-70, si bien ya particular y con cesárea, bautizada el 9 de enero de 1971 en esa parroquia. Esta niña era muy  alegre y simpática, que colmaba nuestros anhelos. Así, damos gracias a Dios por todo.

     Una vez instalados en Alicante, nuestra hija estudiaba en el colegio Hijas de la Caridad, y allí participamos en Escuela de Padres. Antes como catequistas de 1ª Comunión y Voluntarias de San Vicente de Paúl. Seguimos con Renovación Carismática Católica y Encuentro Matrimonial (Fin de Semana).

    En 1999 conocimos Vida Ascendente. La serenidad del alma que nos sigue ayudando a crecer como persona, pareja, familia, etc, mediante la oración, amistad y espiritualidad, y para vivirlo en la sociedad, con vecinos y conocidos.

      Pasando 15 días de vacaciones en la Residencia de Ferroviarios,                           intentamos formar un grupo de V. A. Unos años después, ya residentes, consideramos que habíamos llegado a una gran familia y debíamos de vivir para ella con nuestro ideal del Evangelio, colaborando y ayudando en voluntariados, manualidades y otros, llegando a formalizar y hacer el anhelado grupo de V.A., que luego quedó interrumpido por el Covid.

       A finales de 2021 y a causa de un repentino infarto perdimos a nuestra hija. No podemos olvidarla y el inmenso dolor lo vamos aceptando gracias a Dios y a las oraciones de todos los conocidos.

       Hasta hace unos días y durante seis años atendimos la sacristía de la Capilla, Aurora ordenando todo para el culto y Antonio ayudándole a colocarlo, con las lecturas del día, cuentas de colectas y recogida al terminar. Realizado siempre con agrado y como un servicio a esta Comunidad, mediante la asistencia de Dios.

          Un saludo en el Señor. Aurora y Antonio.»

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JOSÉ DE CUPERTINO

José nació en 1603 en el pequeño pueblo italiano llamado Cupertino. Sus padres eran sumamente pobres. El niño vino al mundo en un pobre cobertizo pegado a la casa, porque el padre, un humilde carpintero, no había podido pagar las cuotas que debía de su casa y se la habían embargado.

Triste niñez. Murió el padre, y entonces la madre, ante la situación de extrema pobreza en que se hallaba, trataba muy ásperamente al pobre niño y este creció debilucho y distraído. Se olvidaba hasta de comer. A veces pasaba por las calles con la boca abierta mirando tristemente a la gente, y los vecinos le pusieron por sobrenombre el «Boquiabierta». Las gentes lo despreciaban y lo creían un poca cosa. Pero lo que no sabían era que en sus deberes de piedad era extraordinariamente fervoroso y que su oración era sumamente agradable a Dios, el cual le iba a responder luego de maneras maravillosas.

Un distraído desechable. A los 17 años pidió ser admitido de franciscano pero no fue admitido. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor. Se le olvidaban los oficios que le habían puesto. Parecía que estaba siempre pensando en otras cosas. Por inútil lo mandaron para afuera.

Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era rico, pero él declaró que este joven «no era bueno para nada», y lo echó a la calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria y al desprecio de su casa. La madre no sintió ni el menor placer al ver regresar a semejante «inútil», y para deshacerse de él le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que le recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los padres franciscanos.

Cambio inesperado. Sucedió entonces que en José se obró un cambio que nadie había imaginado. Lo recibieron los padres como obrero y lo pusieron a trabajar en el establo y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

Coincidencias agradables. Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa y no era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales y el pobre Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: «Bendito el fruto de tu vientre Jesús». Estaba asustadísimo, pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: «Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tiene que explicar». Y salió precisamente la única frase que el Cupertino se sabía perfectamente: «Bendito sea el fruto de tu vientre».

Otra chiripa. Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes sí serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: «¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?» y por ahí estaba haciendo turno para que lo examinaran, el José de Cupertino, temblando de miedo por si lo iban a descalificar. Y se libró de semejante catástrofe por casualidad.

Después de conocer la vida de San José, podemos notar que las «coincidencias o chiripas» se trataban más bien de Providencias de Nuestro Señor.

Fuertes penitencias. Ordenado sacerdote en 1628, se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor Ayunaba a pan y agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo y consagración a los trabajos manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).

Un caso único y raro. Desde el día de su ordenación sacerdotal su vida fue una serie no interrumpida de éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales en un grado tal que no se conocen en semejante cantidad en ningún otro santo. Bastaba que le hablaran de Dios o del cielo, para qué se volviera insensible a lo que sucediera a su alrededor. Ahora se explicaban por que de niño andaba tan distraído y con la boca abierta. Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires con cordero y todo.

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

Los 70 éxtasis. Ya sabemos que la Iglesia Católica llama éxtasis a un estado de elevación del alma hacia lo sobrenatural, durante lo cual la persona se libra momentáneamente del influjo de los sentidos (no oye, no siente) para dedicarse a contemplar lo que pertenece a la divinidad. La palabra éxtasis significa en griego: ser transportado hacia lo sobrenatural.

San José de Cupertino quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa Misa, o cuando estaba rezando los Salmos de la S. Biblia. Durante los 17 años que estuvo en el convento de Grotella, sus compañeros de comunidad presenciaron 70 éxtasis de este santo. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con cruz y todo y la llevó hasta la cima del monte.

Prohibición de aparecer en público. Como estos sucesos tan raros podían producir verdaderos movimientos de exagerado fervor entre el pueblo, los superiores le prohibieron celebrar misa en público, ir a rezar en comunidad con los demás religiosos, asistir al comedor cuando estaban los otros allí, y concurrir a las procesiones u otras reuniones públicas de devoción.

Cuando estaba en éxtasis lo pinchaban con agujas, le daban golpes con palos, y hasta le acercaban a sus dedos velas encendidas y no sentía nada. Lo único que lo hacía volver en sí, era oír la voz de su superior que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus compañeros diciéndoles: «Excúsenme por estos ‘ataques de mareo’ que me dan».

Las levitaciones. En la Iglesia han sucedido levitaciones a más de 200 santos. Consisten en elevarse el cuerpo humano desde el suelo, sin ninguna fuerza física que lo esté llevando. Se ha considerado como un regalo que Dios hace a ciertas almas muy espirituales. San José de Cupertino tuvo numerosísimas levitaciones.

Un día llegó el embajador de España con la esposa y mandaron llamar a Fray José para hacerle una consulta espiritual. Este llegó corriendo. Pero cuando ya iba a empezar a hablar con ellos, vio un cuadro de la Virgen que estaba en lo más alto del edificio, y dando su típico pequeño grito, se fue elevando por el aire hasta quedar frente al rostro de la sagrada imagen. El embajador y su esposa contemplaban emocionados semejante suceso que jamás habían visto. El santo rezó unos momentos. Luego descendió suavemente al suelo, y como avergonzado, subió corriendo a su habitación, y ya no bajó más en ese día.

Besando al Niño Jesús. En Osimo, donde el santo pasó sus últimos seis años, un día los demás religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen María que estaba a tres metros y medio de altura, y darle un beso al Niño Jesús, y allí junto a la Madre y al Niño se quedó un buen rato rezando con intensa emoción, suspendido por los aires.

Su última misa. El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Tratamientos duros. Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y estando hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire. El Duque de Hanover, que era protestante, al ver a José en éxtasis, se convirtió al catolicismo.

El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo en no aceptar como milagro nada que no fuera en verdad milagro, estudió cuidadosamente la vida de José de Cupertino y declaró: «todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención muy especial de Dios».

Getsemaní antes de la glorificación. Los últimos años de su vida, José fue enviado por sus superiores a conventos muy alejados donde nadie pudiera hablar con él. La gente descubría dónde estaba y allá corrían las multitudes. Entonces lo enviaban a otro convento más apartado aún. El sufrió meses de aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní) pero después a base de mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma. A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio «Rezad, no cansarse nunca de rezad. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que le pide recibe».

Murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años.

Tomado del Libro «Vidas de Santos» del P. Eliécer Sálesman

(Fuente: sanjosecupertino.galeon.com)

EL MARAVILLOSO PODER DEL AGUA BENDITA

Un amigo sacerdote me aseguró que innumerables católicos, aun de los más instruidos, no saben para lo que sirve el agua bendita. ¡Es una lástima! ¡Por eso no se benefician con este precioso instrumento instituido por la Iglesia para ayudarlos en prácticamente todas las circunstancias y dificultades de la vida!

Hay varias formas de usarla. La más común es persignarse con ella.

Otra es aspergirla (salpicarla) sobre sí mismo, sobre otras personas, lugares u objetos. Cualquier laico o laica puede hacer esto. Naturalmente, si lo hace un sacerdote tiene más valor.

¿Para qué sirve?

Su efecto más importante es alejar al demonio, que “ronda como león rugiente” , buscando toda especie de mal, como nos advierte San Pedro (I Pe 5,8). Los espíritus malignos, cuyas misteriosas y siniestras operaciones afectan incluso las actividades físicas del hombre, quieren ante todo inducirnos al pecado grave, que conduce al infierno. Para ello emplean todos los recursos.

A veces, por ejemplo, nos provocan un sinnúmero de molestias físicas o psicológicas. Otras veces provocan pequeños incidentes en nuestra vida diaria, causar enredos que parecen tener causas meramente naturales.

Por ejemplo, al momento de cumplir un deber, la persona siente un inexplicable malestar, un inesperado desánimo, un raro dolor de cabeza…

En ciertas oportunidades, sin motivo alguno, el marido se irrita repentinamente con la esposa, o viceversa, de eso surge una discusión y se rompe la paz del hogar. O si no, el padre o la madre se dejan llevar por un movimiento de impaciencia y reprenden duramente al hijo, en vez de amonestarlo con dulzura. El hijo se rebela, sale de casa. ¡Se creó un problema! Todo eso puede evitarse ahuyentando al demonio con una simple señal de la cruz hecha con agua bendita. Cuando sienta usted una irritación extraña, haga la prueba y ponga atención al efecto saludable que produce. Enseguida volverá la serenidad.

Además, el agua bendita es un sacramental que nos alcanza el perdón de los pecados veniales, puede librarnos de accidentes (tránsito, asaltos, caídas), y ayuda hasta a curar enfermedades.

El agua bendita, como todo sacramental, nos invita en las diversas circunstancias del día a invocar el socorro del Divino Espíritu Santo, para el bien de nuestra alma y de nuestro cuerpo.

Otro beneficio muy interesante y poco conocido: se la puede usar eficazmente en provecho de personas que se encuentran distantes de nosotros.

Y aun más, cada vez que la utilizamos para hacer la señal de la cruz por la intención de las almas del purgatorio, ellas son aliviadas en sus sufrimientos.

¿De dónde viene ese poder maravilloso?

Viene del hecho de ser un sacramental instituido por la Santa Iglesia Católica (ver recuadro). El sacerdote bendice el agua como ministro de Dios, en nombre de la Iglesia y como su representante, seguro que nuestro Divino Salvador siempre la atenderá con benevolencia.

Es importante recordar que para que sea agua bendita debe ser bendecida por el sacerdote según el ceremonial prescrito por la Iglesia, en el “Ritual de Bendiciones” y en el propio “Misal Romano”.

Son hermosas y altamente significativas las oraciones para la bendición del agua. Por ejemplo, esta: Señor, Padre Santo, dirige tu mirada sobre nosotros, que redimidos por tu Hijo, hemos nacido de nuevo del agua y del Espíritu Santo en la fuente bautismal; concédenos, te pedimos, que todos los que reciban la aspersión de esta agua queden renovados en el cuerpo y en el alma y te sirvan con limpieza. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¡Así que no se olvide!

Es muy conveniente llevar siempre consigo agua bendita para usar en cualquier circunstancia. Por ejemplo, santiguarse con ella al salir o entrar en la iglesia, en casa o en el lugar de trabajo; al iniciar una oración, un trámite, un viaje.

Para alejar del hogar la influencia maléfica de los demonios, es muy aconsejable aspergir en la casa algunas gotas de vez en cuando. Esto puede hacerlo cualquier persona de la familia. Claro está que pedirle a un sacerdote que bendiga la casa es mucho mejor.

¡Por lo tanto, el agua bendita es siempre benéfica y eficaz!

¿QUÉ PAN PEDIMOS EN EL PADRENUESTRO?

La respuesta más habitual a la pregunta que encabeza este artículo es: el pan de cada día, o sea, lo necesario para vivir. No pedimos la opulencia o la riqueza, sino lo que de verdad necesitamos. Este lectura es legítima y con toda seguridad hay que incluirla en la petición de la oración que Jesús enseñó.

Ahora bien, este “pan de cada día” podría tener otro sentido. Los exégetas reconocen que es la traducción de un término difícil, que tiene un sentido de presente, pero también un sentido de futuro (y entonces habría que traducirlo como el pan del mañana, el pan del futuro). De hecho, esta expresión, tal como la han interpretado los primeros escritores cristianos, podría referirse al pan de la Eucaristía (el verdadero pan escatológico), de modo que una posible traducción sería: el pan de la vida eterna, anticípanoslo hoy. Este pan de la vida eterna se anticipa en la eucaristía, en donde recibimos la prenda de la gloria futura.

San Jerónimo traduce la misteriosa palabra (“epioúsios”) por “supersubstantialis”. Este pan super sustancial, esta sustancia nueva, superior, Jerónimo interpreta que se nos da en el Santísimo Sacramento, verdadero pan de vida: “éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera” (Jn 6,50); “vuestros padres comieron el maná en el desierto” (Jn 6,31) y seguían teniendo hambre, y murieron (como nosotros). El pan material no sacia, ni llena el corazón, ni asegura la alegría. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54).

En esta petición del padrenuestro quedan ligadas nuestras propias necesidades con las necesidades de los hermanos (por eso pedimos “nuestro” pan y no mi pan), pero al mismo tiempo este pan (sobre todo cuando es compartido) nos hace anhelar este banquete celeste, en donde no habrá ya más necesidad, pues rebosaremos de todo bien. Esta mesa celestial se anticipa en el banquete de la eucaristía, y se nos anuncia y promete en el pan de la palabra de Dios.

Martín Gelabert  Blog Nihil Obstat

Puedes escuchar en el siguiente enlace la canción «Pan  de Vida eterna» de Marco Frisina