Estando ya muy cercano a mi jubilación “por lo civil”, que no a mi jubilación como sacerdote, ha sido todo un estímulo haber participado en el XVII encuentro de consiliarios y presidentes celebrado en Madrid. Y ¿por qué digo que ha sido todo un estímulo? Porque ver a presidentes y consiliarios, la mayoría mayores que yo, con ese entusiasmo, dedicación y entrega es todo un estímulo para los que hemos tenido la suerte de haber participado en este encuentro.
Esto es como el futbolista que es un crack y a la vez es el que más corre del equipo, si el crack del equipo es el que más kilómetros hace a los demás no les queda más remedio que ponerse el mono de trabajo y correr tanto como el crack.
Si los más mayores se ponen el mono de trabajo, los demás no podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que tener claro que nuestra misión en esta vida no ha terminado, sino que ha madurado, mientras estamos en este mundo todos tenemos una misión que cumplir.
A menudo, el mundo confunde la vitalidad con el vigor físico; sin embargo, quienes formamos parte de Vida Ascendente sabemos que la verdadera energía no nace de los músculos, sino del espíritu.
En esta etapa de la madurez que nos toca vivir en Vida Ascendente tenemos que saber diferenciar entre ser productivos y ser fructíferos, puede que no seamos productivos, pero sí fructíferos, fructíferos tenemos que ser siempre, porque hasta el último momento de dejar este mundo tenemos una misión que cumplir, y esto es así para todos, incluso para la persona que está enferma postrada en el lecho del dolor.
Que nunca nos sintamos “inútiles” por habernos retirado del mercado laboral y nuestra energía física no sea la misma, no seremos productivos pero siempre podemos ser fructíferos, y podemos ser fructíferos porque siempre y todos y cada uno tenemos mucho que ofrecer, tenemos algo que solo dan los años y es la experiencia de la vida y tiempo, mientras el mundo valora a las personas por lo que “producen”, la Iglesia y Vida Ascendente los valora por el “fruto” que dan sus vidas, de este modo la vejez, o mejor dicho la madurez, será una etapa de plenitud espiritual y no de declive; podemos ser inmensamente “fructíferos” al escuchar a un joven, aconsejar a un nieto, consolar a un enfermo, transmitir la fe, colaborar en la parroquia, trabajar en una asociación… el cristiano siempre tiene que ser luz y levadura en medio del mundo, fue la misión que nos encomendó Jesús: “vosotros sois la luz del mundo”, si esto nos lo creemos de verdad nos habremos hecho el mayor favor que podemos hacernos a nosotros mismos y no solo a nosotros, sino también a los demás.
Parafraseando al apóstol Pedro que decía “no tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy levántate y anda”, digamos nosotros “no tengo juventud ni energía, pero LO QUE TENGO TE DOY experiencia y tiempo”. Que así sea.
Juan Manuel García Acedo
Consoliario de Coria – Cáceres
