SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Dios no tiene “tiempo”

Dios no tiene tiempo…

aunque tiene todo el tiempo del mundo,

lo que sucede es que el tiempo de Dios no es como el nuestro:

cronológico y secuencial que se puede medir por años, meses,

días, horas, minutos y segundos.

Los griegos tenían dos dioses del tiempo:

“Chronos”, dios del tiempo lineal que se mide con el reloj;

“Kairós”, dios del “momento adecuado”

que la teología cristiana lo asoció al “tiempo de Dios”.

Dios no tiene tiempo…

porque su tiempo es intemporal y eterno

y no se puede medir con el cronómetro

sino que hay que recurrir al “Kairós”,

“el tiempo de Dios” donde se descubren sus “designios”

para ver en ellos la voluntad de Dios.

“Dios, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso;

puso además en la mente humana la idea de lo infinito,

aun cuando el hombre no alcanza a comprender

en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y hará” (Ecl 3,11).

Dios no tiene tiempo…

y sin embargo está pendiente de “todo” y de “todos”

porque para Dios el “antes” y el “después” son “ahora mismo”;

al instante sabe cuál es el momento más indicado

para que sucedan las cosas,

pero como su tiempo no es nuestro tiempo,

a veces llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros

o que actúa “tarde, mal y nunca”.

“No olvidéis que para el Señor un día es como mil años

y mil años como un día.

No es que el Señor se demore en cumplir su promesa,

como algunos suponen.

Lo que sucede es que tiene paciencia con vosotros,

pues no quiere que nadie se pierda

sino que todos se vuelvan a Dios” (2Pd 3,8).

Dios no tiene tiempo…

para perder su tiempo atendiendo “peticiones”

que no le corresponde a Él resolverlas

sino a sus “delegados” en la tierra,

que para eso los ha puesto y los ha facultado.

Dice el Señor:

“Mis ideas no son como las vuestras,

ni es como la vuestra mi manera de actuar.

Como el cielo está por encima de la tierra,

así también mis ideas y mi manera de actuar

están por encima de las vuestras” (Is 55,8).

Dios no tiene tiempo…

pero saca tiempo, todo el tiempo que haga falta,

para recibir de mil amores a todos los que llaman a su puerta:

unos para pedirle perdón por no cumplir sus mandamientos,

otros para decirle lo mucho que le quieren

“porque Él los amó primero” (1Jn 4,19),

otros para agradecerle todo lo que ha hecho por ellos,

otros para contarle sus miedos, sus alegrías y sus esperanzas,

otros para pedirle ayuda ante tanta necesidad próxima y lejana

y otros que pasaban por allí aprovechan para saludarlo.

 

“¡El Señor llevará a feliz término

su acción en mi favor!

Señor, tu amor es eterno;

¡no dejes incompleto lo que has emprendido! (Sal 138,8).

Julián del Olmo

Domingo, 26 de abril de 2026