SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Un corazón abierto al mundo entero

  

Un corazón abierto al mundo entero…

pero no sólo el “corazón económico” de los países,

como sucede con la mal entendida y peor aplicada “globalización”

que beneficia sobremanera a los “mercados”, al gran capital

y a los países desarrollados.

“Que los pueblos no pierdan su identidad

y no se disuelvan en una globalización homologante,

a merced de las potencias dominantes” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

capaz de acoger a las personas que proceden

de un contexto vital y cultural distinto,

como ha sucedido con la “regulación” de inmigrantes

que trabajaban en España “sin papeles”,

llevada a cabo por el Gobierno

a petición de un centenar de organizaciones sociales y eclesiales,

y refrendada por más de 600.000 firmas.

No se trata sólo de “papeles”

sino de reconocimiento de la dignidad inalienable

del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios

y de mirar al emigrante desde la “lógica del corazón”,

que reconoce en el otro a un hermano necesitado.

Un corazón abierto al mundo entero…

que no excluye a nadie,

que no descarta a nadie,

no como la “cultura del descarte” en la que estamos

que prioriza el beneficio económico sobre las personas

y excluye a los marginados de la sociedad:

ancianos, pobres, enfermos, discapacitados, emigrantes…

“En la tierra no hay espacio para Dios

si no hay espacio para el hombre:

no acoger a uno significa rechazar a otro.

En cambio, donde hay lugar para el hombre,

hay lugar para Dios” (León XIV).

Un corazón abierto al mundo entero…

que potencie la “cultura del encuentro”

superando la dinámica adquirida del “ombliguismo”,

de considerarse cada uno el “centro del universo”,

que nos lleva a una excesiva “polarización” política y social

con enfrentamientos, fragmentación,

desprecio a quienes no piensan de la misma manera

y hasta odio al contrario.

“No me cansaré de repetirlo:

No levanten muros. Construyan puentes.

Elijan el camino del diálogo y la concordia” (Papa Francisco).

Un corazón abierto al mundo entero…

como el de Jesús de Nazaret

que con su manera de ser y de actuar superó los límites

geográficos, culturales y religiosos de su tierra natal,

porque para Dios sólo hay una humanidad

y todos llevamos su ADN incorporado.

“Sucedió que Jesús estaba comiendo en casa de Leví,

y muchos cobradores de impuestos y otra gente de mala fama

estaban también sentados a la mesa con Jesús.

Unos fariseos preguntaron a los discípulos:

“¿Cómo es que vuestro Maestro come con esta gente?”

Jesús los oyó y les dijo:

“No necesitan médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos.

Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,15).

“Jesús pasaba por la región de Samaría y se sentó junto al pozo de Jacob.

En esto una mujer de Samaría llegó al pozo a sacar agua.

Jesús le pidió: “Dame un poco de agua”.

Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer respondió:

“¿Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí que soy samaritana?”

Jesús respondió: “Si supieras lo que Dios da y quién es el que te pide agua,

tú le pedirías a él, y él te daría agua viva y ya no volverías a tener sed”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed

ni tenga que venir aquí a sacarla” (Jn 4,1).

“Oh Señor,

quiero alabarte con todo el corazón

y contar tus muchas maravillas.

Oh Altísimo,

por ti quiero gritar lleno de alegría;

¡quiero cantar himnos a tu nombre!” (Sal 9,1).

Julián del Olmo

Domingo, 28 de junio de 2026