Habla, Señor, que tu siervo escucha
Habla, Señor, que tu siervo escucha…
porque estamos saturados
de palabras mentirosas y embusteras,
de palabras de doble filo
y de palabras vacías
y necesitamos escuchar
“palabras verdaderas”,
como las tuyas,
que nos guíen por el camino recto
que comienza en Ti y acaba en Ti.
Tú has dicho:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).
Habla, Señor, que tu siervo escucha…
porque en la relación con Dios,
más que hablarle a Él
hay que escucharle a Él.
Dios sabe todo de nosotros,
en cambio, nosotros sabemos muy poco de Dios.
“Escuchar significa no sólo confesar
la presencia del otro,
sino hacer un hueco a esta presencia
dentro de uno mismo
hasta convertirse en morada del otro” (E. Bianchi).
Dios es el gran “escuchador”
y nosotros, aprendices del “arte de la escucha”.
Habla, Señor, que tu siervo escucha…
“En otros tiempos habló Dios
a nuestros antepasados muchas veces
y de muchas maneras
por medio de los profetas.
Ahora, en estos tiempos últimos,
nos ha hablado por medio de su Hijo,
mediante el cual creó los mundos
y al cual ha hecho heredero
de todas las cosas (Heb 1,1).
La palabra de Dios está en la Biblia
y la palabra de su Hijo Jesucristo,
en los Evangelios.
Habla, Señor, que tu siervo escucha…
“Dios habla de muchas maneras,
pero no nos damos cuenta.
A veces lo hace de noche,
en un sueño o en una visión,
a veces Dios nos habla al oído
y a veces Dios nos corrige
con la enfermedad” (Job 33,14).
Dios también habla
a través de la historia,
de los acontecimientos cotidianos,
de la conciencia, de la oración
y de las personas.
Habla, Señor, que tu siervo escucha…
y cuando Dios nos habla
busca la “relación personal” con nosotros,
que es el comienzo
de un proceso de salida de uno mismo
para ir al encuentro,
cada vez más íntimo,
con el Otro.
“La palabra de Dios tiene vida y poder.
Es más aguda que cualquier espada de dos filos
que penetra hasta lo más íntimo de la persona,
y somete a juicio los pensamientos
y las intenciones del corazón” (Heb 4,12).
“La palabra del Señor es verdadera;
sus obras demuestran su fidelidad.
El Señor ama lo justo y lo recto;
¡su amor llena toda la tierra!” (Sal 33,4).
Julián del Olmo
Domingo, 4 de octubre de 2026

