SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

Todo tiene un límite

Todo tiene un límite…

porque en este mundo

todo está sometido a la ley de la “contingencia”,

y aquello que tiene fecha de caducidad

es visto como un defecto a corregir

y no como un espacio para el “realismo”

que impone la finitud.

La “temporalidad” es la oportunidad

que nos da la vida

para disfrutar de nuestra existencia

y de la existencia de las cosas,

“¡qué bonito fue todo mientras duró!”.

Todo tiene un límite…

“La finitud cuando se acoge en la verdad,

no empobrece al ser humano,

sino que lo abre al reconocimiento

del rostro de Dios y del otro.

Y en la experiencia del límite,

el ser humano es capaz de intuir

una fraternidad más grande que él mismo

y de reconocer la injusticia

como un escándalo” (MH 122).

Todo tiene un límite…

también la Inteligencia Artificial (IA),

que no es equiparable a la “inteligencia humana”

a la que imita a la hora de realizar

determinadas funciones.

La IA acelera la obtención de resultados,

pero no da tiempo para comprender

y convertir la información en “conocimiento”

y, mucho menos, transformarla en “sabiduría”.

“Las conquistas de la ciencia y de la técnica,

desvinculadas del progreso moral y social,

terminan por volverse contra el hombre.

Una cosa es integrar las tecnologías

en una visión humana y relacional

y otra es dejarse guiar por un imaginario

que desprecia el límite y promete

una “salvación” puramente técnica” (MH 117).

Todo tiene un límite…

“para un algoritmo,

el error es algo que hay que corregir,

pero para una persona

puede ser el inicio de un cambio profundo.

El futuro de una persona no es calculable,

sino que está confiado a su libertad

y a las relaciones que cultiva” (MH 128).

Todo tiene un límite…

menos Dios, que es infinito,

pero ha puesto en el ser humano

una semilla de “infinitud” que dará fruto

cuando, tras la muerte biológica,

entremos en una “nueva dimensión”.

“Dios, en el momento preciso,

todo lo hizo hermoso;

puso además en la mente humana

la idea de lo infinito,

aun cuando el hombre no alcanza a comprender

en toda su amplitud lo que Dios ha hecho

y lo que hará con él” (Ec 3,11).

“Señor, he visto que todas las cosas tienen su fin,

pero tus mandamientos son infinitos.

Señor, muéstrame tu ternura, y hazme vivir,

pues me siento feliz con tu enseñanza” (Sal 119,96).

Julián del Olmo

Domingo, 18 de octubre de 2026