SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA 137
Autorretrato de Dios
Autorretrato de Dios…
del que hay infinidad de copias,
todas originales y de calidad suprema,
porque Dios domina todos los estilos pictóricos
habidos y por haber
y es muy prolífico en todas sus creaciones.
Su autorretrato no sólo se conserva en los Museos Vaticanos
y en las grandes pinacotecas: Louvre, Hermitage, Prado,
Uffizi, Metropolitan, British…
sino que está repartido por todo el Universo
y llega hasta a los lugares más recónditos.
El autorretrato de Dios, mucho más valioso
que los de Rembrandt, Van Gogh y Leonardo da Vinci,
no se compra ni se vende porque es un regalo del autor
para que todo el mundo pueda disfrutar de Él.
Autorretrato de Dios…
que, como las obras de algunos grandes pintores:
La Gioconda, Los girasoles, La Venus del espejo…,
ha tenido “falsificaciones y atentados”,
pero la imagen de Dios no se ha visto afectada,
está garantizada
y no necesita guardas de seguridad,
si acaso una “alarma” preventiva
para asustar a los “depredadores”.
Autorretrato de Dios…
expuesto por primera vez
“cuando Dios creó el cielo y la tierra de la nada
y al concluir su magna obra
vio que todo lo que había hecho estaba bien,
incluidos el hombre y la mujer
hechos a su imagen y semejanza” (Gn 1,1).
La Creación de Dios supera con mucho el gran mural de la “creación”
de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina.
Autorretrato de Dios…
evidenciado en su Hijo, en tres momentos históricos:
“abajamiento”, en la encarnación como ser humano;
“vaciamiento”, en la cruz,
hasta derramar la última gota de su sangre
en favor de la humanidad;
“resurrección” y “exaltación” al lugar de más alto honor
en el cielo, a la derecha de Dios Padre.
Hechos que superan a las bellas imágenes de las pinturas
de la “Anunciación” de Fra Angelico,
del “Cristo Crucificado” de Velázquez
y de la “Resurrección de Cristo” del Greco.
Autorretrato de Dios…
en algunas de sus múltiples circunstancias y versiones:
“Última Cena” de Jesús con sus discípulos,
con la transubstanciación del pan y el vino
en su Cuerpo y en su Sangre,
repetida en las eucaristías de todo el mundo.
Leonardo da Vinci reprodujo la escena
en su famoso cuadro “La última cena”,
pero “las comparaciones son odiosas”.
“Abrazo del padre al recuperar a su hijo “perdido”
que arrepentido de su mala vida vuelve a casa” (Lc 15,20);
una bella historia de “amor misericordioso”
para contar el comportamiento de Dios con sus hijos (Lc 15,11),
que Rembrandt recreó en “El regreso del hijo pródigo”.
“Infinitud, simetría y belleza del cosmos”,
creado por Dios para demostrar quién es Él, todopoderoso,
y quiénes somos los humanos, seres frágiles como el cristal.
El Bosco fantaseó sobre el cosmos y plasmó sus fantasías
en “El jardín de las delicias”,
pero en este caso la realidad supera a la imaginación.
“Del Señor es el mundo entero,
con todo lo que en él hay,
con todo lo que en él vive.
Porque el Señor puso las bases de la tierra
y la afirmó sobre los mares y los ríos” (Sal 24,1).
Julián del Olmo
Domingo, 15 de marzo de 2026

