«El tiempo de Cuaresma esta ordenado a la preparación de la celebración de Pascua. En efecto, la liturgia cuaresmal dispone a la celebración del misterio pascual, tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles, que recuerdan el bautismo y hacen penitencia» (NUAL, núm. 27).El tiempo de Cuaresma discurre desde el Miércoles de Ceniza hasta la misa de la cena del Señor del Jueves Santo, exclusive. No obstante, el nombre de este tiempo litúrgico proviene de los cuarenta días penitenciales que distan desde ese miércoles hasta la vigilia pascual de la noche de Pascua, excluyendo los domingos.
El evangelio de san Mateo (6, 1-6. 16-18) que leemos cada año el Miércoles de Ceniza, al comenzar el tiempo de Cuaresma, nos ofrece las tres «armas» para luchar el combate cuaresmal: oración, ayuno y limosna; y llevar a cabo nuestra conversión en las tres dimensiones relacionales de la persona: Dios, uno mismo, los demás.
– Intensificar la oración, afianza nuestra relación con Dios.
– El ayuno nos hace capaces de abrir los ojos y de esponjar el corazón, nos hace más libres para seguir a Jesús dejando de lado aquello que nos lo dificulta.
– Compartir por medio de la limosna dinero, cosas, tiempo, etc. nos hace estar atentos a las necesidades de los otros.
De modo que, tal y como reza el prefacio I de Cuaresma, anhelemos la celebración de la Pascua, con el gozo de habernos purificado, para que por la celebración de los acontecimientos salvíficos que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos e hijas de Dios.
*MIÉRCOLES DE CENIZA*
Dia de ayuno y abstinencia.
El Miércoles de Ceniza marca desde hace siglos el inicio de la Cuaresma, el camino de preparación hacia la Pascua en el que la Iglesia invita a los fieles a la conversión mediante la oración, el ayuno y la limosna.
La ceniza, impuesta sobre las cabezas de los fieles, es un gesto simbólico que, a partir del segundo milenio, ha expresado de forma visible el deseo de renovación interior a través de la penitencia.
Las lecturas nos invitan a volver a Dios con todo el corazón.
En la primera lectura, el profeta no llama solo a gestos externos, sino a un retorno interior: «rasgad el corazón, no las vestiduras». Dios no se cansa de esperarnos, y su misericordia no se apaga, incluso cuando hemos fallado muchas veces.
San Pablo, en la segunda lectura, suplica: «reconciliaos con Dios». El tiempo de Cuaresma no es solo preparación para la Pascua, es también un momento oportuno para sanar heridas, soltar rencores, revisar nuestras prioridades. Hoy es «el día favorable», hoy puede empezar una historia nueva.
En el evangelio, Jesús nos llama a vivir la conversión con autenticidad. Ayuno, limosna y oración no como teatro, sino como expresión de un corazón que busca a Dios. No se trata de aparentar, sino de crecer.
Hoy comenzamos el camino de la Cuaresma marcados por la ceniza. Ese signo humilde nos recuerda que somos frágiles, pero también que somos amados. Volver a Dios no es tristeza, es esperanza. Dejémonos reconciliar por él y comencemos este tiempo como una oportunidad real de cambio, conversión y renovación interior.
