CICLO DE CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA. EL ESPÍRITU SANTO GUÍA AL PUEBLO DE DIOS AL ENCUENTRO CON JESÚS, NUESTRA ESPERANZA

En nuestro itinerario de catequesis sobre el Espíritu Santo y la Iglesia, hoy nos referimos al libro de los Hechos de los Apóstoles.

El relato del descenso del Espíritu Santo en Pentecostés empieza con la descripción de algunos signos preparatorios – el viento impetuoso y las lenguas de fuego –, y encuentra su conclusión en la afirmación: «Y todos quedaron llenos de Espíritu Santo» (Hch 2,4). San Lucas – que escribió los Hechos de los Apóstoles – subraya que el Espíritu Santo es quien asegura la universalidad y la unidad de la Iglesia. El efecto inmediato del estar “llenos de Espíritu Santo” fue que los Apóstoles «empezaron a hablar en otras lenguas» y salieron del Cenáculo para anunciar a Jesucristo a la multitud (cf. Hch 2,4ss).

De este modo, Lucas quiso destacar la misión universal de la Iglesia como signo de una nueva unidad entre todos los pueblos. De dos maneras vemos que el Espíritu trabaja por la unidad: por un lado, empuja la Iglesia hacia el exterior, para que pueda acoger a cada vez más personas y pueblos; por otro, la reúne en su interior para consolidar la unidad alcanzada. Le enseña a extenderse en la universalidad y a recogerse en la unidad. Universal y una: este es el misterio de la Iglesia.

El primero de los dos movimientos -la universalidad- lo vemos en acto en el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles, en el episodio de la conversión de Cornelio. El día de Pentecostés, los Apóstoles habían anunciado a Cristo a todos los judíos y a los observantes de la ley mosaica, cualquiera que fuera el pueblo al que pertenecieran. Fue necesario otro «Pentecostés», muy similar al primero, el de la casa del centurión Cornelio, para inducir a los Apóstoles a ampliar el horizonte y derribar la última barrera, la que separaba a judíos y paganos (cfr. Hch 10-11).

A esta expansión étnica se añade la geográfica. Pablo -leemos de nuevo en los Hechos de los Apóstoles (cfr. 16,6-10)- quiso proclamar el Evangelio en una nueva región de Asia Menor; pero, está escrito, «el Espíritu Santo se lo impidió»; quiso pasar a Bitinia «pero el Espíritu Santo no se lo permitió». Se descubre a continuación la razón de estas sorprendentes prohibiciones del Espíritu: la noche siguiente, el Apóstol recibe en sueños la orden de ir a Macedonia. El Evangelio salía así de su región natal, Asia, y entraba en Europa.

El segundo movimiento del Espíritu Santo -el que crea la unidad- lo vemos en acto en el capítulo 15 de los Hechos, en el desarrollo del llamado Concilio de Jerusalén. El problema planteado es cómo conseguir que la universalidad alcanzada no comprometa la unidad de la Iglesia. El Espíritu Santo no siempre obra la unidad de repente, con intervenciones milagrosas y decisivas, como en Pentecostés. También lo hace -en la mayoría de los casos- con un trabajo discreto, que respeta los tiempos y las diferencias humanas, pasando a través de las personas y las instituciones, la oración y la confrontación. De una forma, diríamos hoy, sinodal. Esto es lo que ocurrió, de hecho, en el Concilio de Jerusalén, para la cuestión de las obligaciones de la ley mosaica que debían imponerse a los conversos del paganismo. Su solución fue anunciada a toda la Iglesia con las palabras que conocen bien: «Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro…» (Hch 15,28).

San Agustín explica la unidad realizada por el Espíritu Santo con una imagen que se ha convertido en clásica: «Lo que es el alma respecto al cuerpo del hombre, eso mismo es el Espíritu Santo respecto al cuerpo de Cristo que es la Iglesia»  [1].

Esta imagen nos ayuda a comprender una cosa importante. El Espíritu Santo no obra la unidad de la Iglesia desde el exterior, no se limita a ordenarnos que estemos unidos. Él mismo es el «vínculo de la unidad». Él es quien realiza la unidad en la Iglesia.

Como siempre, concluimos con una idea que nos ayuda a pasar de la Iglesia en su conjunto a cada uno de nosotros. La unidad de la Iglesia es la unidad entre las personas, y no se consigue estableciendo un plan, sino en la vida. Se realiza en la vida. Todos queremos la unidad, todos la deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón; sin embargo, es tan difícil de conseguir que, incluso dentro del matrimonio y de la familia, la unidad y la concordia son de las cosas más difíciles de alcanzar y aún más de mantener.

La razón es que cada uno quiere, sí, que se realice la unidad, pero en torno a su propio punto de vista, sin pensar que la otra persona que tiene enfrente piensa exactamente lo mismo sobre «su» punto de vista. Por este camino, la unidad no hace más que alejarse. La unidad de Pentecostés, según el Espíritu, se consigue nos esforzamos por poner a Dios, y no a nosotros mismos, en el centro. La unidad de los cristianos también se construye así: no esperando que los demás se unan a nosotros allí donde estamos, sino avanzando juntos hacia Cristo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser instrumentos de unidad y de paz.

LA TRISTEZA CONTRAATACA Y PIERDE

Sigo reproduciendo algunos fragmentos de la última meditación de Savonarola, tomados del libro traducido por Antonio Fontán en editorial Patmos. Continúo con las ideas ofrecidas en el post anterior. Pues, a pesar de todo, la Tristeza no se da por vencida y contraataca con argumentos que siguen siendo actuales. Parece que nuestras oraciones no llegan al cielo, que nuestras súplicas no tienen respuesta, que Dios se calla. Dice la tristeza: “¿piensas que Dios mira aquí abajo? El anda por los rincones del cielo y no atiende a nuestras cosas”. Más aún: muchas veces la tristeza nos dice que lo que predica la fe son “cuentos de los hombres”, que “no existen más que las cosas que se ven”. La tristeza pregunta: “¿quién ha vuelto jamás de la muerte y ha dicho algo de lo que puede ocurrir después de la muerte? Esas son fábulas de mujercillas”. Por eso, la tristeza aconseja a fray Jerónimo: “levántate y acude al auxilio de los hombres para que te libren de la cárcel y puedas vivir sin esforzarte vanamente, siempre engañado por la Esperanza”.

La esperanza responde recordando lo que dice la Escritura: es el insensato el que dice en su corazón que no existe Dios. “La Tristeza ha hablado como una mujer necia”. Y le pregunta a fray Jerónimo: “¿Puedes dudar de la Fe tú, que con tantos argumentos y razones la has robustecido en otros?”. A lo que responde el fraile: “Por la gracia del cielo creo que son tan verdad las cosas de la Fe como las que veo con los ojos de la carne. Pero la Tristeza me apretaba tanto, que me arrastraba, más que a la infidelidad, a la desesperación”. Sigue diciendo la Esperanza: “El Señor no te ha abandonado. Aunque no te escucha en seguida, no hay que desesperar. Espéralo si tarda: El vendrá, cuando venga, y tardará. El labrador espera con paciencia el fruto a su tiempo; la Naturaleza, cuando engendra algo, no le da enseguida su forma, sino que primero prepara la materia y la dispone poco a poco hasta que se haga propia para recibirla. El Señor escucha siempre al que ora piadosa y humildemente. Nunca se aparta nadie de él vacío… Los bienaventurados nos gobiernan, iluminan y consuelan invisiblemente, y no hay que añadir a esto apariciones visibles… Bástate la visita del invisible: el Señor sabe lo que necesitas. ¿Cuándo ha dejado de consolarte?”.

Consolado por estas palabras y postrado ante Dios, dice fray Jerónimo, “proseguí mi oración diciendo: inclina hacia mi tu oído, Señor”. Esta petición es la ocasión de otra buena reflexión teológica: “¿Es que Dios tiene oídos?… ¿Qué es inclinar tu oído a los que te hablan sino acoger sus oraciones, mirarlos con rostro piadoso, iluminarlos y encenderlos para que oren y se dirijan a Ti con confianza y fervorosa caridad, puesto que quieres socorrer a los que te piden con humilde piedad?… Inclina tu oído y escúchame pronto. Para Ti que moras en la eternidad todo tiempo es breve, porque la eternidad abarca todo el tiempo de una vez y excede inmensamente de todo el tiempo universal”. Y consciente de su final dice: “La muerte se acerca… Yo siempre esperaré en Ti, por encima de toda ponderación. Tú, Señor, acerca a mí tu oído, date prisa para librarme”.

Martin Gelabert. Blog Nihil Obstat

ASAMBLEA DE INICIO DE CURSO DE VIDA ASCENDENTE DE CÁDIZ

En el día de ayer, festividad de Los Santos Ángeles Custodios, nuestro Movimiento de la diócesis de Cádiz, celebró en la iglesia de Santiago una Asamblea General de inicio de curso con la asistencia de un centenar de miembros de todos los grupos de la diócesis.

Se inicia la asamblea con la invocación al Espíritu Santo a cargo de Miagros Ortolá, responsable de Espiritualidad y se continua con la Presidenta, Mª Luisa Marente, que da la bienvenida a los asistentes y agradece su presencia, especialmente a los Grupos de Algeciras y Barbate a los que supone un esfuerzo mayor dada la lejanía de la capital. Mª Luisa expone como se va a desarrollar el curso 24/25, señalando como hechos más relevantes la celebración de esta Asamblea, celebración de los Patronos, una convivencia de toda la diócesis y Asamblea de final de curso para analizar cómo se ha desarrollado en mismo. Anima a los Grupos a consolidarse y conseguir nuevos miembros que se unan a ellos y que contarán con el apoyo y visitas de los miembros de la Comisión Diocesana. Igualmente la Comisión Diocesana intensificará el contacto con aquellas parroquias en las que no haya Grupo.

A continuación la Secretaria, Pilar Muñoz, con la finalidad de actualizarlos, solicita a los animadores de los grupos que le envíen relación de todos los miembros del Grupo indicando su teléfono y correo electrónico, si lo poseen.

Para finalizar, el Consiliario Diocesano, P. Valentín, presenta el programa de formación espiritual para el curso. Señala que habrá retiros espirituales, para toda la diócesis o en varios arciprestazgos, en los tiempos fuertes, Adviento, Cuaresma y Pentecostés y visitará los grupos con la frecuencia que le sea posible.

Una vez finalizada la Asamblea y en la misma Iglesia de Santiago, el P. Valentín celebró la Sagrada Eucaristía con la participación de algunos miembros en las lecturas de la misma y con cánticos preparados por Milagros.

A continuación nos trasladamos a un restaurante de la ciudad para degustar un sabroso menú y fomentar el contacto entre todos. Nos despedimos contentos y deseándonos poder volver a reunirnos pronto.

INICIO DE CURSO EN HUESCA

Convocados los miembros de los 5 grupos parroquiales y de la residencia “ P. Saturnino López Novoa” acudieron los que pudieron hacerlo a la eucaristía inicial de curso. Fue celebrada por el Vicario de María Auxiliadora D. José Antonio Iguacel. El ella dimos gracias al Señor por seguir en el camino de la vida y poder sentir y aceptar – a pesar de nuestras limitaciones físicas – unos días con nuestros pies cansados, otros gracias a las alegrías y ánimos. Todos, peregrinos en este mundo con los ojos fijos en Él.

Renovamos la conciencia de sentir nuestra vejez como un tiempo de gracia en el que el Señor nos sigue llamando a custodiar y transmitir la fe, la experiencia de la vida y los valores cristianos en todos los ambientes en que nos encontremos. Y, siempre alegres , esperanzados con el recuerdo de nuestros pilares: Amistad, Espiritualidad y Compromiso.

Pedimos a Dios con el salmista: “ Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud…No me rechaces ahora, en la vejez, pues me van faltando las fuerzas” ( Sal.71, 5- 9 ).

INICIO DEL CURSO EN GUADIX

El día 8 en la Eucaristía de las 12.00 en la S.A.R.I.C, presidio la celebración de la Eucaristía D. Francisco Jesús en la cual dio inició el curso de pastoral del Movimiento de Vida Ascendente de la Diócesis.

Estuvieron presentes miembros de los grupos que hay en Caniles, Baza, Zujar y Guadix.

Los cantos estuvieron a cargo del «Coro Villa de Zujar» dirigido por D. Antonio González.

En la celebración de la Eucaristía D. Francisco Jesús ánimo a seguir trabajando y profundizando en los tres pilares del movimiento: Amistad, Espiritualidad y Apostolado.

La presencia de los mayores en las comunidades, en diferentes tareas y servicios pastorales, es un bien precioso que revitaliza y fortalece la vida de familia, los lazos de amistad fraterna y la vivencia del sentido de pertenencia a la Iglesia.

Enraizados en los compromisos bautismales siguen, nuestros mayores, ofreciendo un testimonio luminoso y esperanzado para las generaciones jóvenes.

Damos gracias al Señor por su entrega siempre fiel y perseverante.

Tras la celebración de la Eucaristía se participó en una comida fraterna, destacando el buen ambiente distendido y fraternal.

RECONOCIMIENTO A VIDA ASCENDENTE POR EL DÍA DE LA PAZ EN ALICANTE

El Colegio de Médicos de Alicante acogió este jueves día 3  el Día de la Paz 2024, un acto a través del cual varias entidades sociales y culturales alicantinas entregan sus reconocimientos a distintas personalidades que contribuyen a un mundo mejor y que este año homenajea a los mayores.

La Fundación de Servicios Familiares de la Comunidad Valenciana, la Fundación Jorge Alió, Fundación Agricolae Mundi, Club de Leones de Alicante Costa Blanca, Rotary Club de Alicante, Al-Ma Coaching, Asociación Espejo de Alicante y Asociación de Artistas Alicantinos forman parte de la organización que cada año otorga estas distinciones.

«Con este acto queremos ser punto de encuentro de los distintos sectores de la sociedad alicantina para dar a conocer, y reconocer, la aportación de instituciones y personas a la paz, a los ya conocidos, a los desconocidos, que día a día de forma callada y sencilla contribuyen a que todo funcione un poco mejor», apunta la presidenta de la Fundación Servicios Familiares, Belén Estevan, que añade que el lema de este año ha sido Los mayores, nuestras raíces, con el propósito de reconocer «a quienes trabajan por ello y a quienes siendo mayores siguen en la brecha».

Rodríguez Marín, pero también los diputados del Hogar Provincial y de Servicios Sociales, los concejales del Mayor y Servicios Sociales, la Jefatura de la que redactaOperaciones de la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante, los centros de mayores de Alicante, la Asociación Alzhéimer Alicante, Asociación Asaute, SEMA, el Orfeón Mare Nostrum, el Grupo de Castañuelas Lola, Fundación Vicente Ferrer, Vida ascendente,  Residencia Nuestra Sra.  de Lourdes, Juan Bosco Montero, Juan José Lobato, Francisco Serrano Valera y Amparo Aleson, entre otros.

Visto en DIARIO INFORMACION

Esta editora lo recogió en nombre de todos los que conformamos Vida Ascendente, no tomándolo para mi diócesis sino para todo el Movimiento, sintiendo que los mayores somos portadores de la Paz de Cristo alla por donde vayamos.

CELEBRACIÓN DE LA JORNADA DE LOS MAYORES EN ONIL

En la Villa de Onil, Diócesis de Orihuela – Alicante,  hay un geriátrico conocido como Caseta Sarrió,  en el que todas las semanas se celebra la Eucaristía, el día uno de octubre tuvimos ocasión de acompañar al Señor retor, como le llaman por aquí a los párrocos,  a la Residencia y compartir con nuestros mayores ese día especial. Todos sabían que era el día de los mayores y nos estaban esperando en la sala habilitada para la celebración de la Eucaristía.

Uno de los mayores que van al Centro de Día conserva su capacidad para tocar el piano y acompañó la celebración con varias piezas musicales, que el resto cantamos con mucha solemnidad, había felicidad por que era un día muy especial para ellos, pues además del párroco los visitaban una decena de personas que habitualmente no vamos por allí.

Comulgamos todos y el Espíritu revoloteó por allí dándonos a cada uno lo que nos faltaba, Alegría, Esperanza, Emoción contenida o no, Comunión….

Después compartimos unos brazos de gitano que había hecho amorosamente una parroquiana y que estaban riquísimos, con un  poquito de mistela,  a los mayores de las residencias cualquier actividad diferente les alegra el corazón.

No puedo terminar sin dar gracias a Dios, que nos pone en el camino momentos para crecer en la fe. Poder conmovernos las entrañas  ante la debilidad humana, es un signo de que aún hay esperanza.

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA TERESA DE ÁVILA

Nacida en Ávila el año 1515, Teresa de Cepeda y Ahumada emprendió a los cuarenta años la tarea de reformar la orden carmelitana según su regla primitiva, guiada por Dios por medio de coloquios místicos, y con la ayuda de San Juan de la Cruz (quien a su vez reformó la rama masculina de su Orden, separando a los Carmelitas descalzos de los calzados). Se trató de una misión casi inverosímil para una mujer de salud delicada como la suya: desde el monasterio de San José, fuera de las murallas de Avila, primer convento del Carmelo reformado por ella, partió, con la carga de los tesoros de su Castillo interior, en todas las direcciones de España y llevó a cabo numerosas fundaciones, suscitando también muchos resentimientos, hasta el punto que temporáneamente se le quitó el permiso de trazar otras reformas y de fundar nuevas cases.

Maestra de místicos y directora de conciencias, tuvo contactos epistolares hasta con el rey Felipe II de España y con los personajes más ilustres de su tiempo; pero como mujer práctica se ocupaba de las cosas mínimas del monasterio y nunca descuidaba la parte económica, porque, como ella misma decía: “Teresa, sin la gracia de Dios, es una pobre mujer; con la gracia de Dios, una fuerza; con la gracia de Dios y mucho dinero, una potencia”. Por petición del confesor, Teresa escribió la historia de su vida, un libro de confesiones entre los más sinceros e impresionantes. En la introducción hace esta observación: “Yo hubiera querido que, así como me han ordenado escribir mi modo de oración y las gracias que me ha concedido el Señor, me hubieran permitido también narrar detalladamente y con claridad mis grandes pecados. Es la historia de un alma que lucha apasionadamente por subir, sin lograrlo, al principio”. Por esto, desde el punto de vista humano, Teresa es una figura cercana, que se presenta como criatura de carne y hueso, todo lo contrario de la representación idealista y angélica de Bernini.

Desde la niñez había manifestado un temperamento exuberante (a los siete años se escapó de casa para buscar el martirio en Africa), y una contrastante tendencia a la vida mística y a la actividad práctica, organizativa. Dos veces se enfermó gravemente. Durante la enfermedad comenzó a vivir algunas experiencias místicas que transformaron profundamente su vida interior, dándole la percepción de la presencia de Dios y la experiencia de fenómenos místicos que ella describió más tarde en sus libros: “El camino de la perfección”, “Pensamientos sobre el amor de Dios” y “El castillo interior”.

Murió en Alba de Tormes en la noche del 14 de octubre de 1582, y en 1622 fue proclamada santa. El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia.

Una Santa muy Española

El carácter español es franco. Te habla directamente, cara a cara, sin tapujos. Si algo tiene que decirte, lo dice con la frente en alto y con las palabras exactas, cortas, breves, ni una más y ni una menos. A veces su franqueza molesta a quienes no están acostumbrados a esa cultura. Y en su relación con Dios, no digamos… También su carácter español lo desborda. Y Teresa de Ávila, la santa que hoy nos ocupa, no podría ser la excepción. Nacida en Ávila en 1515 es española hasta el tuétano de los huesos y su “salero” y gracia española los lleva no sólo en la sangre sino en sus obras, en sus escritos y en sus profundas experiencias místicas.

Muchas veces nos hacemos una idea falsa de los santos. Nos los imaginamos en un estuche de plástico o de vidrio, ajenos a las circunstancias de sus congéneres, los hombres mortales, hechos de carne y de hueso. Parecería como si todo hubiese sido fácil para ellos, que hubieran pasado esta vida sin penas y con mucha gloria. Que todo lo que a nosotros nos entristece o nos alegra a ellos les hubiera dado más o menos lo mismo. Y sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad que esa concepción falsa y devaluado de los santos. No hay hombre o mujer más humanos, que más hayan vivido con más fuerza y pasión las veleidades humanos que los santos. Teresa de Ahumada, convertida después de mucho batallar en esta tierra en santa y después declarada doctora de la Iglesia por Paulo VI el 27 de septiembre de 1970, nació, vivió y murió como una mujer de su siglo y de su época. Como una española con mucho garbo y con mucho salero.

Entró en el Carmelo de Ávila a los veinte años. Vivió como cualquier monja de su época una vida dedicada a Dios hasta los cuarenta años. Y de ahí en adelante Dios se apoderó de ella… y de su hispanidad. Su conversión, su momento de radical conversión a Dios lo tuvo al contemplar, según ella misma nos cuenta en su autobiografía, al contemplar una imagen agonizante del “Cristo de Limpias”. No pudo más. Era tanto el sufrimiento que le produjo ver a Cristo sufriente, lacerado por los flagelos y sangrante por todos lados que decidió cambiar su vida y la de muchas otras personas. Guiada por Dios y por San Juan de la Cruz se lanza a la Reforma de la Orden Carmelitana, tanto masculina como femenina, para recobrar la pureza y la austeridad de los orígenes. Pureza y austeridad que la causaran varios quebrantos de cabeza, incluso las sospechas de la Inquisición.

Mujer infatigable la vemos ir y venir a lo ancho y largo de la geografía española para fundar conventos según el espíritu de la Reforma por ella iniciada, siempre fiel a la Iglesia y al espíritu del Concilio de Trento, de forma que ayudó no sólo a la renovación de los y las Carmelitas, sino a la renovación de la Iglesia, formando con otros santos un bastión contra el protestantismo que se había desatado ya en Europa.

Mujer práctica, capaz de ver a Dios hasta en los pucheros de la cocina y disfrutar de las alegrías de esta vida al grado de decir “cuando perdices, perdices” y de ahuyentar la plaga de pulgas que azotó a sus primeras monjas cuando les dio por hábito tela infestada de aquellos insectos, con una procesión y rogativa, que llevaba por letanía una letra compuesta por ella que decía: “Señor, librad de la mala gente este sayal”. Mujer que sabía lo que valía la confianza en Dios, pero también valoraba en su justa medida el dinero para llevar a cabo las obras de Dios: “Teresa sin Cristo, no es nada. Teresa y Cristo ya es algo. Teresa, Cristo y dos maravedíes es imparable”.

Mujer de profunda vida mística, que hablaba de tú a tú con Cristo en la oración y era capaz de enfrentarse con Él para preguntarle por qué la hacía sufrir tanto. Y Cristo le respondía que “así era la forma en que trataba a sus amigos”. Y Teresa, la Teresa de Ávila de las murallas medievales donde tantos españoles se guarnecieron de los moros, la Teresa hija de hidalgo español, la Teresa que de niña escapaba de su casa porque quería ir a tierra de moros, le respondía con todo el salero y el requiebre de un buen español: “Ahora veo Señor porque tienes tan pocos amigos”. Una santa que sabía expresar con palabras cortas exactas y breves, su profunda experiencia mística de unión con Dios: “Y tan alta vida espero que muero porque no muero, vivo sin vivir en mí”.

Una santa para imitar en su practicidad, en su adhesión inquebrantable a la Iglesia, en su profunda vida de oración y en su pureza y llaneza de carácter.

Fuente Catholic.net

VIVIR EN LA PLENITUD DE LOS MANDAMIENTOS: UN CAMINO DE TRANSFORMACIÓN ESPIRITUAL.

Hubo un momento en mi vida en el que me sentía perdido, desconectado de la verdadera paz que anhelaba. No entendía por qué, a pesar de todos mis esfuerzos, las cosas no marchaban bien. Pero todo cambió cuando decidí poner a Dios en el centro de mi vida y seguir Sus mandamientos, esos diez principios sagrados que nos dejó para guiarnos en nuestro camino.

A través de los Diez Mandamientos, Dios nos da la clave para vivir una vida plena, ordenada y llena de Su gracia. Al empezar a vivir conforme a ellos, vi cómo cada aspecto de mi vida comenzaba a transformarse: mis relaciones, mi trabajo, mi salud espiritual y emocional. Cada mandamiento tiene un propósito divino y una razón poderosa. Cumplirlos es el camino a la paz interior y a la bendición de Dios en todas las áreas de la vida.

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

Este es el mandamiento que cambia todo. Cuando decidí poner a Dios primero, por encima de mis propios deseos, mis proyectos y preocupaciones, mi vida comenzó a tener un nuevo sentido. Como dijo San Juan Pablo II: «Abre las puertas a Cristo». Al poner a Dios en el centro, todas las cosas comenzaron a ordenarse, y entendí que cuando honramos a Dios, Él se encarga de todas nuestras necesidades.

  1. No tomarás el nombre de Dios en vano

Este mandamiento me recordó la importancia del respeto y la reverencia hacia Dios. En cada palabra que pronunciamos, Dios está presente. Usar su nombre con respeto y no a la ligera transformó mi forma de hablar y me hizo más consciente de la sacralidad de mi relación con Él.

  1. Santificarás las fiestas

Asistir a la misa cada domingo y en días festivos no es solo un acto de obediencia, sino una fuente de vida espiritual. La Eucaristía es el momento en que recibimos a Cristo en nuestro corazón, y la confesión mensual me ayuda a mantener mi alma limpia, lista para recibir Su gracia. Como dijo San Pío de Pietrelcina: «Si los hombres valoraran la Santa Misa, vendrían a ella aunque tuvieran que arrastrarse».

  1. Honrarás a tu padre y a tu madre

Este mandamiento me enseñó a valorar y respetar a mis padres, no solo con palabras, sino con actos de amor y servicio. Honrar a aquellos que nos dieron la vida abre la puerta a bendiciones y larga vida, tal como lo promete Dios en las Escrituras.

  1. No matarás

Este mandamiento me invita a valorar la vida en todas sus formas. No solo se refiere a evitar la violencia física, sino a cuidar las palabras y los pensamientos que puedan herir a los demás. San Pablo, en su conversión, nos enseña a dejar atrás las viejas formas de odio y destrucción, para vivir una vida nueva en Cristo, donde cada vida es sagrada.

  1. No cometerás actos impuros

En un mundo que constantemente nos tienta a la impureza, este mandamiento me recordó la importancia de vivir con pureza de corazón y cuerpo. La verdadera libertad se encuentra en la castidad y en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

  1. No robarás

Vivir este mandamiento me llevó a ser honesto en todas mis acciones, a valorar el esfuerzo propio y el de los demás. Cuando vivimos en la verdad y en la justicia, no solo obtenemos paz interior, sino que reflejamos el amor de Dios en nuestras vidas.

  1. No darás falso testimonio ni mentirás

La verdad es la base de toda relación auténtica. Vivir con sinceridad me ayudó a construir vínculos más fuertes y a evitar los conflictos innecesarios. Como dijo San Juan Pablo II: «El hombre no puede vivir sin amor. No puede vivir si no se siente amado o si no ama». La verdad es una expresión de ese amor.

  1. No consentirás pensamientos ni deseos impuros

Este mandamiento me enseñó a purificar mi mente y mis intenciones. Luchar contra los malos pensamientos me ha permitido tener un corazón más limpio y libre para amar verdaderamente. Como dice Jesús: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8

  1. No codiciarás los bienes ajenos

Vivir contento con lo que tengo, y no estar ansioso por lo que otros poseen, me ha traído una paz incomparable. Aprendí a confiar en que Dios provee todo lo que necesito y más, y que la envidia solo nos aleja de esa paz.

La importancia de la misa, la comunión y la confesión

La asistencia a misa, especialmente los domingos y festivos, se ha vuelto una parte esencial de mi vida. En cada misa, recibo la fortaleza espiritual para enfrentar la semana, y en la comunión recibo a Jesús mismo en mi corazón, que es la mayor gracia. La confesión mensual me purifica, me ayuda a mantener mi relación con Dios en paz, y me libera de las cargas del pecado. San Pablo VI nos recordaba que «el pecado es la mayor enfermedad del alma», y la confesión es el remedio divino.

Un llamado a la transformación personal

Cuando decidí vivir estos mandamientos, no solo experimenté una mejora en los aspectos externos de mi vida, sino una transformación profunda de mi corazón. Dejar que Dios guíe mis pasos me llevó a una paz que antes no conocía. Al igual que San Pablo, tras su conversión en el camino a Damasco, comprendí que «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

A veces no entendemos por qué las cosas no van bien, pero la respuesta está en la obediencia a Dios. Cuando vivimos según Su voluntad, Él endereza nuestros caminos. Y así como Jesús dijo: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura» (Mateo 6:33), sé que mi vida ha cambiado porque Dios ocupa el primer lugar.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida» – Jesús de Nazaret.

Sigámoslo en la verdad de sus mandamientos, y nuestras vidas serán bendecidas abundantemente.

Amén

Texto de Ramón Soler Andréu

CICLO DE CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA. EL ESPÍRITU SANTO GUÍA AL PUEBLO DE DIOS AL ENCUENTRO CON JESÚS, NUESTRA ESPERANZA

Inmediatamente después de su bautismo en el Jordán, Jesús, «fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1) – así dice el Evangelio de Mateo. La iniciativa no es de Satanás, sino de Dios. Al ir al desierto, Jesús obedece a una inspiración del Espíritu Santo, no cae en una trampa del enemigo, ¡no! Una vez superada la prueba, Él – está escrito – regresó a Galilea «lleno del poder del Espíritu Santo» (Lc 4,14).

Jesús, en el desierto, se libró de Satanás, y ahora puede liberar de Satanás. Esto es lo que destacan los evangelistas con los numerosos relatos de liberación de endemoniados. Dice Jesús a sus oponentes: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Mt 12,27).

Hoy asistimos a un extraño fenómeno relacionado con el diablo. En un cierto nivel cultural, se cree que sencillamente no existe. Sería un símbolo del inconsciente colectivo, o de la alienación; en definitiva, una metáfora. Pero «el mayor ardid del diablo es hacer creer que no existe», como escribió alguien (Charles Baudelaire). Es astuto: nos hace creer que no existe y así lo domina todo. Es astuto. Sin embargo, nuestro mundo tecnológico y secularizado está repleto de magos, ocultismo, espiritismo, astrólogos, vendedores de amuletos y hechizos y, por desgracia, de verdaderas sectas satánicas. Expulsado por la puerta, el diablo ha vuelto a entrar, podría decirse, por la ventana. Expulsado con la fe, vuelve a entrar con la superstición. Y si eres supersticioso, inconscientemente estás dialogando con el diablo. Con el diablo no se dialoga.

La prueba más fuerte de la existencia de Satanás no se encuentra en los pecadores ni en los posesos, sino en los santos. «¿Y cómo es esto, Padre?» Sí, es cierto que el diablo está presente y activo en ciertas formas extremas e «inhumanas» de mal y de maldad que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, por esta vía es prácticamente imposible llegar, en cada caso particular, a la certeza de que se trata efectivamente de él, ya que no podemos saber con precisión dónde termina su acción y dónde comienza nuestra propia maldad. Por eso, la Iglesia es muy prudente y rigurosa en el ejercicio del exorcismo, ¡a diferencia de lo que ocurre, lamentablemente, en ciertas películas!

Es en la vida de los santos, precisamente ahí, donde el demonio se ve obligado a salir al descubierto, a ponerse «a contraluz». Unos más, otros menos, todos los santos y todos los grandes creyentes dan testimonio de su lucha contra esta oscura realidad, y no se puede suponer honestamente que todos ellos fueran unos ilusos o meras víctimas de los prejuicios de su época.

La batalla contra el espíritu del mal se gana como la ganó Jesús en el desierto: a golpes de la palabra de Dios: Ya ven que Jesús no dialoga con el diablo, nunca lo hizo. Lo expulsa o lo condena, pero nunca dialoga. Y en el desierto no responde con sus palabras, sino con la Palabra de Dios. Hermanos, hermanas, ¡nunca dialoguen con el diablo! Cuando venga con tentaciones: “pero estaría bien esto, estaría bien lo otro…”, ¡detente!  Eleva tu corazón al Señor, reza a la Virgen y expúlsalo como Jesús nos enseñó a expulsarlo. San Pedro sugiere también otro medio, que Jesús no necesitaba, pero nosotros sí, la vigilancia: «Sean sobrios, vigilen. Su enemigo, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pe 5,8). Y San Pablo nos dice: «No den ocasión al diablo» (Ef 4,27).

Después de que Cristo, en la cruz, derrotara para siempre el poder del «príncipe de este mundo» (Jn 12,31), el diablo -decía un Padre de la Iglesia- «está atado, como un perro a una cadena; no puede morder a nadie, salvo a los que, desafiando el peligro, se acercan a él… Puede ladrar, puede apremiar, pero no puede morder, salvo quien lo desee»[1]. Si eres tonto y vas donde el diablo y le dices: «¿Qué tal?», él te arruinará. ¿El diablo? ¡A distancia! Con el diablo no se dialoga. Se le expulsa. A distancia. Y nosotros, todos nosotros, tenemos experiencia de cómo el diablo se acerca con alguna tentación, sobre los Diez Mandamientos. Cuando oigamos esto, ¡alto, distancia! No se acerquen al perro encadenado.

La tecnología moderna, por ejemplo, además de muchos recursos positivos que hay que apreciar, también ofrece innumerables medios para «dar oportunidades al diablo», y muchos caen en su trampa. Pensemos en la pornografía en Internet, detrás de la cual hay un mercado muy floreciente, todos lo sabemos. Ahí trabaja el diablo. Se trata de un fenómeno fuertemente extendido del que los cristianos deben precaverse y que deben rechazar enérgicamente. Porque cualquier teléfono móvil tiene acceso a esta brutalidad, a este lenguaje del diablo: la pornografía en línea.

El ser conscientes de la acción del diablo en la historia no debe desanimarnos. El pensamiento final debe ser, también aquí, de confianza y seguridad: “Estoy con el Señor, vete”. Cristo ha vencido al diablo y nos ha dado el Espíritu Santo para hacer nuestra su victoria. La misma acción del enemigo puede volverse a nuestro favor si, con la ayuda de Dios, la ponemos al servicio de nuestra purificación. Pidamos, pues, al Espíritu Santo, con las palabras del himno Veni Creator:

«Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz.

Se nuestro guía, para que evitemos todo mal».

Tengan cuidado, porque el diablo es astuto. Pero nosotros los cristianos, con la gracia de Dios, somos más astutos que él. Gracias.

 

Fuente: The Holy See