EL SANTO DE LA SEMANA: SAN ALONSO RODRÍGUEZ

A Alonso Rodríguez se le recuerda, principalmente, por los 30 años que pasó como portero en un colegio de Mallorca, pero tuvo otra vida anterior a la de jesuita en la que estaba casado y tenía tres hijos, y esta también la supo vivir con la heroicidad propia de los santos. «Todas las circunstancias que se le ponen por delante en la vida son un camino hacia Dios para él. Los primeros estudios, su matrimonio y paternidad, su posterior lucha por ser jesuita y, por supuesto, las tres décadas que se pasó abriendo y cerrando una puerta; todo lo vivió con tal hondura que todavía hoy es un modelo de santidad para mucha gente», asegura Daniel Cuesta, SJ, que comparte procedencia y orden religiosa con el protagonista de esta historia.

Nacido en Segovia en 1533, Rodríguez fue el segundo hijo de un exitoso comerciante de lana. Gracias a la hospitalidad de su padre, que en una ocasión acogió en su casa a Pedro Fabro —uno de los primeros compañeros de san Ignacio—, el pequeño Alonso entró muy pronto en contacto con la Compañía de Jesús. De hecho, fue el propio Fabro el que le preparó para recibir la Primera Comunión. La cosa no acaba ahí. «A los 12 años su padre lo mandó al nuevo colegio de los jesuitas en Alcalá», revela Tom Rochford, SJ, en la hagiografía publicada por la orden. Todos estos indicios llevan a Cuesta a pensar que «la vocación de Alonso como jesuita es anterior a su matrimonio. Es solo una teoría, porque no podemos saber qué hubiera sido de su vida si hubiera seguido estudiando. Pero yo creo que hubiera entrado en los jesuitas y se hubiera ordenado sacerdote».

La historia, sin embargo, dio un giro radical cuando el padre de Alonso se murió y este se tuvo que hacer cargo del negocio familiar. Tiempo después, ya con 27 años, se casó con una tal María Suárez y el matrimonio tuvo tres hijos. En esta labor también destacó Rodríguez. «Era un buen esposo y un buen padre», confirma Cuesta. Con las habilidades empresariales sucedió al contrario. Su poca pericia en este ámbito, sumada a los fuertes impuestos a los que debía hacer frente, terminaron por dar al traste con el negocio.

A su ruina económica pronto se añadió la ruina personal. Su mujer y sus tres hijos fallecieron por la peste, dejando a Alonso solo y arruinado. Era el momento de retomar su relación con la Compañía de Jesús, y, pasado un tiempo en el que se dedicó a la oración, pidió su ingreso. «Pero su avanzada edad —en aquel momento tenía 35 años—, su frágil salud y lo limitado de su formación no lo hacían apto a los ojos de los jesuitas, que lo examinaron con vistas a su admisión», escribe Rochford.

El candidato no se vino abajo, sino que puso más empeño y se pasó dos años estudiando para obtener la formación necesaria para ser sacerdote. Incluso se trasladó a Valencia siguiendo a su director espiritual, que era un miembro de la orden. Pero el segundo intento tampoco obtuvo resultados, y los jesuitas valencianos que lo examinaron tampoco lo vieron apto. No así el provincial, que percibió su santidad y le dio el permiso para entrar en la Compañía.

Todas estas vicisitudes le generaron un cierto estigma de zote, pero Cuesta ha estudiado su figura y ha descubierto a otro Alonso Rodríguez «mucho más profundo», asegura. «Hay un reto muy grande, que es salir de ese Alonsito que solo reza el rosario, al que incluso se le representa con los dedos gastados de tanto pasar las cuentas, y descubrir a ese otro Alonso, con una hondura espiritual y una oración mística que recuerda a la de santa Teresa», añade el jesuita. De hecho, «recibía a muchos grupos de personas, también a distintas personalidades que buscaban su consejo. El propio Pedro Claver dialogaba mucho con Rodríguez, y es este quien le impulsa para su labor evangelizadora en Cartagena de Indias».

A pesar de toda esta labor, la etapa más conocida de su vida fue la que pasó en la portería del colegio Montesión de Mallorca. Allí fue destinado en 1579 y pasó cerca de tres décadas. El trabajo era sencillo: recibir a las visitas, abrir y cerrar la puerta, pasar avisos. «Era repetitivo y monótono, exigía mucha humildad, pero Rodríguez imaginaba que todo el que llamaba a la puerta era el mismo Señor, y saludaba a todos con la misma sonrisa que había reservado para Dios», asegura el hagiógrafo. De aquella época es el famoso: «¡Ya voy, Señor!», que Rodríguez profería cada vez que alguien llamaba a la puerta. Él se imaginaba que era el mismo Cristo quien esperaba al otro lado.

Sus días concluyeron el 31 de octubre de 1617. Se cuenta que llevaba dos días casi sin sentido y, en un momento dado, se despertó, besó su crucifijo y expiró después de repetir por tres veces «Jesús, Jesús, Jesús». No pasaron ni diez años de su muerte cuando fue declarado venerable. Más tarde, en 1633, se le nombró patrono de Mallorca. Su beatificación llegó en 1825 y su canonización, el 6 de septiembre de 1888.

CATEQUESIS DEL PAPA. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA. «CREO EN EL ESPÍRITU SANTO» EL ESPÍRITU SANTO EN LA FE DE LA IGLESIA

Con la catequesis de hoy pasamos de lo que se nos ha revelado sobre el Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras a cómo está presente y actúa en la vida de la Iglesia, en nuestra vida cristiana.

En los tres primeros siglos, la Iglesia no sintió la necesidad de dar una formulación explícita de su fe en el Espíritu Santo. Por ejemplo, en el Credo más antiguo de la Iglesia, el llamado Credo de los Apóstoles, tras proclamar: «Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo, que nació, murió, descendió a los infiernos, resucitó y subió a los cielos», se añade: «[Creo] en el Espíritu Santo» y nada más, sin ninguna especificación.

Pero fue la herejía la que impulsó a la Iglesia a especificar esta fe. Cuando comenzó este proceso -con San Atanasio, en el siglo IV- fue la experiencia vivida por la Iglesia de la acción santificadora y divinizadora del Espíritu Santo la que la condujo a la certeza de su plena divinidad. Esto ocurrió en el Concilio Ecuménico de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo con estas conocidas palabras que aún hoy repetimos en el Credo: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre [y del Hijo], que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas».

Decir que el Espíritu Santo es “Señor” era como decir que comparte el «señorío» de Dios, que pertenece al mundo del Creador, no al de las criaturas. La afirmación más fuerte es que se le debe la misma gloria y adoración que al Padre y al Hijo. Es el argumento de la igualdad en el honor, muy querido por San Basilio el Grande, que fue el principal artífice de esa fórmula: el Espíritu Santo es Señor, es Dios.

La definición conciliar no fue un punto de llegada, sino de partida. Y, de hecho, una vez superadas las razones históricas que habían impedido una afirmación más explícita de la divinidad del Espíritu Santo, ésta se proclamaría tranquilamente en el culto de la Iglesia y en su teología. Ya San Gregorio Nacianceno, tras ese Concilio, afirmará sin más reparos: «¿Es entonces Dios el Espíritu Santo? Ciertamente. ¿Es Él consustancial? Sí, si es Dios verdadero» (Oratio 31, 5.10).

¿Qué nos dice a nosotros, los creyentes de hoy, el artículo de fe que proclamamos cada domingo en la Misa? “¿Creo en el Espíritu Santo?” En el pasado, nos ocupaba principalmente la afirmación de que el Espíritu Santo «procede del Padre». La Iglesia latina pronto completó esta afirmación añadiendo, en el Credo de la Misa, que el Espíritu Santo procede «también del Hijo». Dado que en latín la expresión «y del Hijo» se dice «Filioque», esto dio lugar a la disputa conocida con este nombre, que fue el motivo (o el pretexto) de muchas disputas y divisiones entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente. Ciertamente, no es el caso de tratar aquí esta cuestión, que, por otra parte, en el clima de diálogo establecido entre las dos Iglesias, ha perdido la dureza del pasado y permite hoy esperar una plena aceptación mutua, como una de las principales «diferencias reconciliadas». Me gusta decir esto: «diferencias reconciliadas». Entre los cristianos hay muchas diferencias: este es de esta escuela, este es de aquella otra; este es protestante, este otro…Lo importante es que estas diferencias sean reconciliadas, en el amor de caminar juntos.

Superado este escollo, hoy podemos valorar la prerrogativa más importante para nosotros que se proclama en el artículo del Credo, es decir, que el Espíritu Santo es ‘vivificador’, es decir, da la vida. Nos preguntamos: ¿qué vida da el Espíritu Santo? Al principio, en la creación, el soplo de Dios da a Adán la vida natural; de una estatua de barro, lo convierte en «un ser viviente» (cf. Gn 2,7). Ahora, en la nueva creación, el Espíritu Santo es quien da a los creyentes la vida nueva, la vida de Cristo, vida sobrenatural, de hijos de Dios. Pablo puede exclamar: «La ley del Espíritu, que da vida en Cristo Jesús, te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte» (Rom 8,2).

¿Dónde está, en todo esto, la noticia grande y consoladora para nosotros? En que la vida que nos da el Espíritu Santo es la vida eterna. La fe nos libera del horror de tener que admitir que todo termina aquí, que no hay redención para el sufrimiento y la injusticia que reinan soberanas en la tierra. Nos lo asegura otra palabra del Apóstol: «Si el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes» (Rom 8,11). El Espíritu habita en nosotros, está dentro de nosotros.

Cultivemos esta fe también por aquellos que, a menudo sin culpa propia, se ven privados de ella y no pueden dar sentido a la vida. ¡Y no nos olvidemos de dar gracias a Aquel que, con su muerte, nos obtuvo este don inestimable!

EL DESAFÍO DE LA UNIDAD DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA

La Iglesia católica, a lo largo de su historia, ha tenido que hacer frente a dificultades y problemas que parecían cuestionar su propio ser. Ante esos desafíos los fieles en particular, y la Iglesia como institución, se han visto obligados a tomar postura, y a encontrar respuestas para clarificar la confusión que podían plantear los cuestionamientos, o para situarse más adecuadamente, de modo que, en la medida de los posible, se evitasen los malentendidos que parecían derivarse de una mala comprensión del mensaje cristiano.

La Reforma protestante supuso un serio desafío para la Iglesia católico-romana porque, por una parte, la protesta de Lutero planteaba una decisiva pregunta a las instituciones eclesiales, la de si ellas transmitían y vivían fielmente el mensaje cristiano. Por otra parte, una vez consolidada la Reforma, a unos y a otros, católicos y reformados, se les planteaba la pregunta de si esa ruptura no era el principal obstáculo para que el mundo creyera, pues la ruptura es un signo patente de que no se cumplen las palabras de Cristo, al que todas las Iglesias apelan para mantener su separación: “que todos sean uno”. Evidentemente, los cristianos no somos uno. Somos muchos, estamos divididos, y la unión parece compleja y difícil. Si tomamos en serio las palabras que el cuarto Evangelio pone en boca de Jesús en forma de oración al Padre: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21-22), la conclusión que parece imponerse es que la condición para que el mundo crea no se cumple, y como no se cumple, la transmisión de la fe se encuentra dificultada.

Hoy el desafío que la separación entre cristianos supone de cara a la transmisión de la fe, se ha radicalizado más, si cabe, porque la separación ya no se da sólo entre unos grupos y otros, supuestamente cohesionados dentro del propio grupo, sino que afecta al interior mismo de algún grupo, como parece ser el caso dentro de la Iglesia católica. Algunas personas, apelando a la fidelidad a “lo católico”, cuestionan la persona, la doctrina y la autoridad del garante de la unidad católica, el Romano Pontífice. Esto supone un serio escándalo para muchos católicos de buena voluntad y es uno de los mayores desafíos a los que debe enfrentarse hoy la Iglesia católico romana.

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo.

Recordamos, pues, que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús, y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12).  El Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, es decir, por la edificación de una nueva civilización donde reinen la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz.

Orígenes e historia de la fiesta

Esta fiesta nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinación a transformar este mundo con la fuerza del Evangelio. Sus raíces son antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias.

Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias «de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo».

En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.

Nadie se salva solo

Para esta importante Fiesta litúrgica -que ha sido también llamada la «Pascua de Otoño»-  el Papa Francisco mismo nos ha invitado en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate a que: «No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9.). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie  se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo», (cf GE, n.3)

El camino comunitario de la santificación

En otro pasaje de la misma exhortación del Papa Francisco, leemos que: «La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros.

Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. Recordemos también el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio.

Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»», (cf GE, n.141).

MINISTERIO DE MAYORES: UN PARTIDO POLÍTICO PIDE A SÁNCHEZ CUMPLIR CON SU «GRAN DEUDA» CON LOS SÉNIOR

«Se ha creado el Ministerio de Juventud e Infancia y otros muchos, pero no así un Ministerio de los Mayores. Y, ¿los mayores qué?», se preguntan desde el partido político Tercera Edad en Acción (@3edadenAccion), que ha emitido un comunicado en el que señala que esta situación –también denunciada por el presidente de 65YMÁS, Fernando Ónega, y que ha impulsado una recogida de firmas este octubre en la plataforma Change.org (@change_es)– es un claro caso de discriminación por edad que el Gobierno debe cumplir con su «gran deuda con los sénior: un Ministerio de Mayores.»Esto es edadismo en estado puro», continúa el comunicado emitido por la formación política existe desde mayo de 2018 y ya ha participado con listas en varios procesos electorales. «Este descuido es, cuanto menos, una manifestación clara de discriminación por razón de la edad, que ha ido tomando fuerza en los últimos años» y que motivó a la formación a lanzar una petición abierta hace unos meses al presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, para que crease un Ministerio de Mayores y una Ley General de Mayores de manera «urgente» (ver vídeo).

Vacío institucional con los mayores

El vídeo, igual que la carta, están protagonizados por la presidenta Tercera Edad en Acción, Nuria Martínez Ros, quien recuerda en el comunicado que aún representando a más del 35% de la población con derecho a voto, «parece que los mayores no contamos tanto como los demás colectivos a la hora de tener un Ministerio que nos represente. Este vacío institucional evidencia la falta de un compromiso serio hacia quienes hemos contribuido toda nuestra vida al bienestar del país, y que lo seguimos haciendo en múltiples situaciones. Los mayores no deseamos ser receptores pasivos de decisiones ajenas no alineadas con nuestras verdaderas necesidades o, sencillamente, no acertadas».

Y prosigue con su tono crítico. «¿Es un error administrativo perpetuado a lo largo de los tiempos o simplemente una falta crónica de interés en las personas de edad? Eso sí, el interés resucita milagrosamente al tercer día, justo después de convocar las elecciones. Estamos cansados de ser siempre «los elegidos» para dedicarles palabras corteses pero vacías. Pues elijan a otros, porque aquí ya no se admite. Queremos participar y exigimos hacerlo activamente en las políticas que nos afectan».

Fuente: Tercera Edad en Acción

 Más urgente que nunca

Desde Tercera Edad en Acción sostienen que la creación del Ministerio de los Mayores es más que necesaria: «es imprescindible y urgente». «No estamos pidiendo algo extraordinario, solo algo que responde al sentido común. Exigimos una institución que se dedique específicamente a un colectivo que ha sido ignorado y desatendido durante años, al que se le ha negado repetidamente la dignidad ganada a lo largo de una vida».

Además, reclaman «la atención que merecemos como colectivo en una sociedad que parece estar perdiendo sus valores y humanidad. Es vital que aprovechemos el valor de una población más experta y activa que nunca. El talento sénior es un activo y, como tal, debemos ponerlo al servicio de la sociedad con orden y visión. Una sociedad que se permite el lujo de desaprovechar el talento y la experiencia de los mayores será siempre una sociedad pobre e incompleta ¿Algún gran político quiere eso para su país?», continúa el comunicado.

Carta abierta a Pedro Sánchez

Desde Tercera Edad en Acción reiteran la necesidad de un Ministerio de los Mayores y un «Plan de Acción Vital «que es involucre. Los senior queremos innovar para mejorar y nunca más tener que preguntar: «¿Y los mayores qué?». El Partido retoma así, a raíz del movimiento inspirado por Ónega, un vídeo lanzado hace 9 meses y que apelaba directamente al presidente de Gobierno Pedro Sánchez, para la creación de un ministerio propio y una Ley General de Personas Mayores.

«Señor presidente del Gobierno…. necesitamos urgentemente un Ministerio de los Mayores, necesitamos urgentemente una ley general de los Mayores», comenzaba el vídeo protagonizado por la presidenta de Tercera Edad en Acción en el vídeo. En él, le afeaba que hubiese numerosos ministerios de nueva creación, pero ninguno dedicado a mayores. «Presidente le pido que estas Navidades piense un poco en todo ello, en lo beneficioso que sería para la sociedad en general, pero también para los mayores y sus familias».

Sobre el autor:

Marta Jurado para 65 y mas

INICIO DE CURSO EN ORIHUELA-ALICANTE

Después del tórrido y húmedo verano levantino, el viernes 18 de Octubre, estábamos citados los componentes de Vida Ascendente para celebrar el inicio de curso, aunque algunos grupos ya se han comenzado a reunir con anterioridad, estábamos citados en la Parroquia de San Blas  a las 11,00 para la recepción,  acogida y acreditación, hasta las 12, hemos ido acudiendo  de distintos puntos de la diócesis, de Orihuela, de La Hoya (Elche), de Onil, y de la misma capital de los grupos de San José de Carolinas, El Salvador, La Misericordia y el mismo San Blas,  también ha acudido nuestro incombustible Antonio García, que desde la Residencia de Ferroviarios en San Juan acude a todo lo que preparamos.

La presidente ha excusado la presencia tanto del Consiliario Diocesano, que se encuentra al frente de la Parroquia de la Concatedral de San Nicolás estos días  y no ha podido acudir como de Monseñor Cases, que ese mismo día tenía que estar en la Conferencia Episcopal.

El programa del día era interesante, la presentación del Guion, ,  ¿Que es un grupo de Vida Ascendente? y la Espiritualidad, uno de los pilares del movimiento, junto a una pequeña experiencia de un taller de oración con música imágenes y unos textos leídos  que nos han hecho  entrar en conexión con el amor de Dios. También hemos podido  conocer la historia de nuestro movimiento con un PowerPoint llamado Alrededores de Paris, desde 1952 en los alrededores de París, su llegada a España en 1979 y su expansión por el mundo,  hasta nuestros días y a muchos nos ha sorprendido, porque desconocíamos todo o casi todo de nuestro Movimiento y, no se puede amar  los que no se conoce.

Después de la primera ponencia nos hemos hecho la foto de familia y a continuación  en el salón parroquial, que tiene muy buenas instalaciones para ello, hemos compartido la comida de sobaquillo que traíamos, como siempre no han faltado los dulces, caramelitos, chocolates, dátiles que nos ha traído la compañera de La Hoya, recién cogidos esa misma mañana y que eran pura ambrosia, nuestra compañera de San Blas, Asun, ha ido a la cafetería cercana y nos ha traído los cafés, Realmente ha sido una comida de familia, fraternidad y ágape han ido de la mano.

Tras la sesión de la tarde, hemos compartido la Eucaristía con la Comunidad Parroquial, que tan amablemente nos ha acogido en el día de San Lucas ¡Que coincidencia!. Don Miguel Blesa, el párroco de San Blas en su homilía ha ido encontrando paralelismo de nuestro movimiento con el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas y que junto a su Evangelio es el camino de la  Salvación  que llega hasta nuestros días, de cómo San Lucas nos muestra e incide al Dios Misericordioso que perdona y espera, los mayores somos sembradores de esperanza y ternura.

Tras un día largo de convivencia y formación y más emocionados que cansados hemos vuelto a nuestros hogares con las pilas cargadas y preparados para afrontar el desafío de un nuevo curso.

Agradecemos profundamente a la Parroquia de San Blas de Alicante su acogida, su generosidad y cariño hacia este Movimiento.

Delegada de Noticias de la Comisión Diocesana.

INICIO DEL CURSO EN CASTELLÓN

El día 15 de Octubre el Movimiento de Vida Ascendente celebró su apertura del curso; dicha celebración se hizo en la Parroquia de la Sagrada Familia de Castellón, empezamos a celebrarlo dándole gracias al Señor con una Eucaristía, con la asistencia de la Comisión Permanente de Madrid, Junta Diocesana de Castellón y acompañados de 61 miembros de Vida Ascendente, representando a las siguientes Parroquias:  de Castellón: Santa María, Madre Vedruna, San Vicente, El Salvador, San Francisco, San Miguel, Sagrada Familia y hermanitas de los desamparados (asilo), de los pueblos: San Francisco de Villarreal, Alcora,  Atzaneta, Torreblanca y San Jaime de Villarreal, los que no pudieron venir, los tuvimos presentes en nuestro corazón. La Eucaristía la presidió nuestro querido Consiliario D. Francisco Viciano, deleitándonos como siempre con sus agradables y provechosas homilías, también acompañaron a la Eucaristía los siguientes Sacerdotes: Padre Juanvi de Alcora, Padre Raul de El Salvador, Padre Lorenzo de San Francisco de Villarreal, Padre Juan de San Francisco de Castellón, Padre Pere de Madre Vedruna  y Padre Nuno de Torreblanca (él muy voluntarioso, le tocó amenizar con el órgano la  Eucaristía )junto con parte del coro de Paz y Bien de la ParroquiaSagrada Familia. La Eucaristía fue preparada con mucha ilusión por parte de todos los miembros de V.A, interviniendo en ofrendas, lecturas, peticiones, cepillo, cantos, etc., pues fue muy emotiva, se notaba que el Señor estaba latente entre nosotros, después de comulgar, como un susurro se cantó.. Espíritu de Dios llena mi vida.. y finalizada la Eucaristía en un mismo sentir cantamos todos el Himno de Vida Ascendente. A continuación pasamos a los salones parroquiales, tomó la iniciativa el Consiliario donde rezamos al Espíritu Santo y a continuación el saludo de la Presidenta  Berta Sancho dirigiéndose  a todos los miembros, presentando a la Comisión Permanente de Madrid cuyo Presidente es D. Jaime Tamarit  y la Coordinadora-Interdiocesana Dña. Mercedes Montoya, ellos nos dieron ánimo a seguir en Vida Ascendente y así poder estar al lado de los mayores, posteriormente tomaron la voz los animadores de cada grupo, dando su testimonio en V.A, la verdad, fue muy muy emotivo. Terminado todo, nos fuimos a comer a un restaurante cerca de la Parroquia a celebrar este bonito día. A las 18 horas la Comisión Permanente y la Junta Diocesana nos marchamos al Palacio Episcopal, donde nuestro querido Obispo D. Casimiro, nos estaría esperando, tuvimos una charla muy interesante hablándonos sobre el acompañamiento a los mayores entre otras cosas, quedándole muy agradecidos a él por habernos podido recibir, a pesar de su agenda tan apretada, tuvo esa deferencia hacia nosotros, muchas gracias D. Casimiro .Como Presidente, estoy muy contenta de poder estar en este querido Movimiento, las cosas pueden salir mejor o regular, pero.. sí os digo que están hechas con todo mi cariño. Quiero agradecer a toda mi Junta, no os he nombrado para nada, lo nuestro es servir, pero siempre estáis ahí para ayudarme y apoyarme para servir a V.A, dar las gracias a los sacerdotes por venir, cuando veo alguno de ellos a estas celebraciones, se me llena el corazón de alegría, gracias Padres y por supuesto los más importantes, a todos los animadores  y a todos los miembros que formáis este querido Movimiento de V.A, sois unos valientes por venir desde vuestras casas y algunos de tan lejos, gracias, de verdad.    Un abrazo muy muy fuerte para todos, desde esta Junta Diocesana.

 Presidente, Berta Sancho.

ADOPTA UN ABUELO CUMPLE EL SUEÑO DE NINA: A SUS 91 AÑOS HA ASISTIDO AL OKTOBERFEST EN MÚNICH

La Fundación Adopta Un Abuelo ha vuelto a cumplir el sueño de una de sus usuarias, Nina, quien a sus 91 años ha podido asistir al Oktoberfest 2024 en Múnich.

“Nina siempre había oído hablar de la famosa fiesta bávara: las luces, la música, los trajes tradicionales y, por supuesto, ¡la cerveza! Desde hacía tiempo, soñaba con poder vivir en persona la experiencia del Oktoberfest, y cuando nos lo contó, supimos que teníamos que ayudarla a hacerlo realidad. Junto a Civitatis, nos pusimos manos a la obra para organizar un viaje que Nina nunca olvidaría”, explican a través de su web.

El viaje comenzó en el aeropuerto de Madrid, con una Nina emocionada que, afirmaba, no podía “creer que esto esté pasando”. Ya en Múnich, conoció la ciudad, visitó su plaza central, Marienplatz, y disfrutó de un típico almuerzo alemán. “Esto es tan bonito, pero no quiero llorar”, comentaba emocionada.

Entonces llegó el momento del Oktoberfest, donde probó la cerveza alemana, brindó y bailó. “Con tanto brindis voy a terminar yo buena”, bromeaba, afirmando que “nunca pensé que estaría aquí, viviendo algo tan especial”.

“Es la mejor experiencia que he vivido en mis 91 años”, admitía entre lágrimas Nina, quien no se olvidó de sus amigos de la residencia, a los que les llevó un recuerdo. “Esto para mí ha sido un sueño cumplido”.

“En Adopta Un Abuelo, nos sentimos felices de haber sido parte de este viaje tan especial. Nuestra misión es clara: seguir conectando generaciones, acompañar a nuestros mayores y demostrarles que los sueños no tienen edad. Este viaje es solo un ejemplo de lo que podemos lograr cuando trabajamos juntos para crear recuerdos inolvidables”, recuerdan desde la Fundación.

Sobre el autor:

María Bonillo para 65 y mas

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JUAN PABLO II PAPA

Karol Józef Wojtyla, elegido Papa el 16 de octubre de 1978, naciò en Wadowice (Polonia) el 18 de mayo de 1920.

Fue el menor de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska, que falleció en 1929. Su hermano mayor, Edmund, médico, murió en 1932 y su padre, suboficial del ejército, en 1941.

A los nueve años recibió la Primera Comunión y a los dieciocho el sacramento de la Confirmación. Terminados los estudios en la escuela superior de Wadowice, en 1938 se inscribió en la Universidad Jagellónica de Cracovia.

Cuando las fuerzas de ocupación nazis cerraron la Universidad en 1939, el joven Karol trabajó (1940-1944) en una cantera y luego en la fabrica química Solvay para poder subsistir y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, asistió a los cursos de formación del seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también clandestino.

Después de la guerra, continuo sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, abierto de nuevo, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, en Cracovia, el 1 de noviembre de 1946. Después fue enviado por el Cardenal Sapieha a Roma, donde obtuvo el doctorado en teología (1948), con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En esos años, durante sus vacaciones, ejerció el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 regresó a Polonia y primero fue coadjutor en la parroquia de Niegowìć, a las afueras de Cracovia, y luego en la de San Florián, dentro de la ciudad. Fue capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó, en la Universidad Jagellónìca de Cracovia, una tesis sobre la posibilidad de fundar una ética cristiana a partir del sistema ético de Max Scheler. Después fue profesor de Teología Moral y Ética en el seminario mayor de Cracovia y en la Facultad de Teología de Lublín.

El 4 de julio de 1958, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Cracovia y titular de Ombi. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral de Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por el Papa Pablo VI, que lo creó Cardenal el 26 de junio de 1967.

Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), contribuyendo especialmente en la elaboración de la constitución Gaudium et spes. El Cardenal Wojtyla participó en las 5 asambleas del Sínodo de los Obispos, anteriores a su Pontificado.

Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y el 22 de octubre dio inicio a su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo Il realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como Obispo de Roma, visito 317 de las 332 parroquias con que cuenta Roma en la actualidad. Realizó 104 viajes apostólicos por el mundo, expresión de la constante solicitud pastoral del Sucesor de Pedro por todas las Iglesias.

Entre sus principales documentos se encuentran 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas. Al Papa Juan Pablo II se deben también 5 libros: Cruzando el umbral de la esperanza (octubre de 1994); Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi sacerdocio (noviembre de 1996); Tríptico romano, meditaciones en forma de poesía (marzo de 2003); ¡Levantaos! ¡vamos! (mayo de 2004) y Memoria e identidad (febrero de 2005).

El Papa Juan Pablo II celebró 147 ceremonias de beatificación, en las cuales proclamo 1338 beatos, y 51 de canonización, con un total de 482 santos. Tuvo 9 consistorios, en los que creo 231 Cardenales (+ 1 in pectore). Presidio también 6 reuniones plenarias del Colegio de Cardenales.

Desde 1978 convoco 15 asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990,1994 Y 2001),1 asamblea general extraordinaria (1985) y 8 asambleas especiales (1980, 1991, 1994, 1995,1997,1998 [2] Y 1999).

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, sufrió un grave atentado. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, tras una larga convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Su solicitud de pastor encontró, además, expresión en la erección de numerosas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los Códigos de Derecho Canónico —el latino y el de las Iglesias Orientales—, del Catecismo de la Iglesia Católica. Proponiendo al Pueblo de Dios momentos de particular intensidad espiritual, convoco el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, además del Gran Jubileo del año 2000. Se acercó a las nuevas generaciones instituyendo la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

Ningún Papa se había encontrado con tantas personas como Juan Pablo II. En las Audiencias Generales de los miércoles (no menos de 1160) participaron más de 17.600.000 peregrinos, sin contar todas las demás audiencias especiales y las ceremonias religiosas (más de 8 millones de peregrinos solo durante el Gran Jubileo del año 2000). También se encontró con millones de fieles en el curso de las visitas pastorales en Italia y en el mundo. Igualmente fueron numerosos los mandatarios recibidos en audiencia: baste recordar las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con Jefes de Estado, así como las 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 2 de abril de 2005, a las 21h 37m, la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él. Los funerales solemnes en la Plaza de San Pedro y la sepultura en las Grutas Vaticanas fueron celebrados el 8 de abril.

La solemne ceremonia de beatificación, en el atrio de la Basílica Papal de San Pedro, el 1 de mayo de 2011, fue presidida por el Sumo Pontífice Benedicto XVI, su inmediato sucesor y valioso colaborador durante muchos años como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Fue canonizado el 27 de abril de 2014, domingo de la Divina Misericordia, en la Plaza de San Pedro del Vaticano por el Papa Francisco

Fuente: vatican.va

Oración a San Juan Pablo II papa

Oh Dios, rico en misericordia, que has querido que el beato Juan Pablo II, papa, guiara toda tu Iglesia, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina.

APUNTES SOBRE LA ORACIÓN: LA ORACIÓN DE MARÍA

Cuando hacemos oración, María nos resulta una buena maestra de oración. Ella escuchó la voz del Señor y mantuvo diálogos personales de intimidad y profundidad durante la mayor parte de su vida. Para aprender de María, en primer lugar, recorreremos los lugares de su vida preguntándonos lo que nos revelan de la identidad de María y cuáles son los espacios interiores en los que María nos pide vivir en la actualidad.

María escuchó la voz del ángel y acogió la voluntad del Padre. Al encarnar a Jesús crea con él un vínculo maternal y espiritual que le permite vivir siempre en su presencia. Con su vida, María nos enseña a escuchar, a confiar y a decir “sí” a Dios, como lo hizo en la Anunciación.

Belén, la ciudad donde nació Jesús, nos revela el poder de la humildad y la confianza en Dios. Es un lugar pequeño, pero lleno de significado: allí María nos invita a confiar en el plan del Padre.

Galilea, un crisol de culturas y razas, nos habla de la acogida y la apertura. Allí, María vivió en sencillez y nos enseña a aceptar la diversidad y las diferencias con amor.

Nazaret, el pueblo insignificante donde María vivió en el anonimato, es un recordatorio de que, en lo escondido, el Señor obra maravillas. Desde allí, nos invita a mirar la vida desde el corazón, en lo profundo y silencioso.

En cada aparición, María nos llama a acercarnos a su Hijo. Nos guía hacia el interior, a nuestra morada más profunda, donde se encuentra la paz, la confianza y la gracia.

María es madre, maestra y compañera en el camino hacia Dios. Nos coge de la mano y nos conduce al lugar más escondido: el corazón, donde siempre nos espera la presencia de ”ios.

Cuando María se aparece por todo el mundo, los lugares donde lo hace tienen unos puntos en común con los lugares bíblicos donde ella estuvo y vivió.

Por eso, cuando hacemos oración, María nos resulta una buena maestra de oración. Ella escuchó la voz del Señor y mantuvo diálogos personales de intimidad y profundidad durante la mayor parte de su vida. Para aprender de María, en primer lugar, recorreremos los lugares de su vida preguntándonos lo que nos revelan de la identidad de María y cuáles son los espacios interiores en los que María nos pide vivir en la actualidad.

Este libro recoge las escasas palabras de María que transmiten los evangelios. O, por decirlo de otro modo, en qué y de qué modo nos enseña María a situarnos en nuestras relaciones delante de las personas y los acontecimientos.

Además, interroga a mujeres, a santas que han tenido una relación única con María. Este texto estará puntuado por frases extraídas del himno Acatisto de tradición ortodoxa. Nos llevarán hacia una nueva y profunda revelación de la presencia de María para cada uno de nosotros.

Los lugares geográficos y espirituales de María.

En la oración, la palabra de Dios recurre constantemente a estos cuatro niveles para llevarnos a un viaje al interior, del mundo exterior o físico al mundo interior.

El primer nivel atañe a nuestra lectura o escucha «literal», es decir, lo que se nos da a leer o a escuchar sin ningún tipo de interrogación. El segundo nivel nos lleva a escuchar bajo la forma de la alusión, la sugerencia o la evocación. El tercer nivel es el nivel de la interpretación o de la aclaración. El cuarto nivel es el nivel de la revelación del misterio.

Los lugares físicos donde vivió y se estableció María no son en absoluto anodinos. Existe un nexo entre la identidad de María y los lugares donde vivió. Si los evangelistas subrayaron estos distintos lugares es porque querían decirnos algo en particular. Por este motivo, nuestro artículo comienza observando las regiones y las ciudades donde vivió María. Este enfoque va a permitirnos acercarnos a ella. Poco a poco nos revelará los distintos significados espirituales de estos lugares y nos introducirá en una relación más cercana y viva con ella.

Por eso, los lugares bíblicos donde descubrimos a María son el primer objeto de nuestro estudio orante. Nos ha parecido importante hacer hablar a los lugares donde ella estuvo, donde se quedó y de los que se fue. Si nos encontramos con alguien por primera vez, le preguntaremos por su ciudad y su casa: «¿Dónde vives? ¿Dónde resides?» El lugar donde vive, así como su nombre forman parte de la identidad de la persona.

El primero es Belén. Belén es importante en la geografía bíblica, es el lugar de origen de David, un pequeño pastor cuyo nombre significa «bien amado». También allí el sucesor del rey David, el Mesías, debía nacer como lo anunció el profeta Miqueas:

«Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel» (Miq 5,1).

Esta pequeñísima ciudad, calificada también como Efratá, que quiere decir la fecunda, es el lugar donde María dio a luz a Jesús. Vivir con María en Belén es vivir en el conocimiento y la confianza del Padre, en su reconocimiento pleno y total y no bajo el reconocimiento de los hombres que son los que la van a perseguir y expulsar de Belén.

Galilea. Situada al norte de Israel, montañosa y verde, está bañada por el Jordán y bordeada por el lago de Tiberiades. En la época de María encontramos a pescadores, pastores, viñadores y otros cultivadores de olivos, fruta y cereales. Es una región más tranquila que Jerusalén, sometida como Judea y Samaria a la dominación de Roma. La Galilea es a menudo despreciada por los habitantes de Jerusalén.

Vivir en Galilea quiere decir vivir en un lugar de paso, de mestizaje y de diversidad donde nada es monolítico. Es un lugar donde la diferencia es vivida simplemente en la aceptación y la acogida. Es la región de los inicios, de los comienzos, donde todo está por recibirse y por construirse, lejos de la opinión de los poderosos de Jerusalén.

En la región de Galilea aparecen tres pequeñas ciudades en los relatos evangélicos: Cafarnaúm, Caná y Nazaret.

En Nazaret de Galilea. Nazaret es el lugar de la juventud de Jesús, con María y José. En el momento de la Anunciación, María y José vivían en Nazaret, pero no se sabe si era su lugar de origen (Lc 1,26; Lc 2,4 y Lc 2,39). A su regreso, después de la huida a Egipto, José regresa a Nazaret con su familia (Mt 2,23). Jesús crece y pasa una gran parte de su vida allí (Mt 4,13; Mc 1,9; Lc 2,51; Lc 4,16). Ahora bien, la ciudad solo es mencionada nueve veces en toda la Biblia. Un pueblo que no se menciona en absoluto en todo el Antiguo Testamento. Nazaret no aparece en las profecías ni en los libros históricos y los salmos. Un lugar desconocido, donde no pasa nada: ninguna huella. (A menudo, las apariciones de María tienen lugar en pueblos perdidos en la montaña o en los campos: Fátima, la Salette, Tepeyac, Champion, Igrista, etc.). Nazaret es un pueblo desconocido, escondido e incluso insignificante.

Las palabras de María.

María, cuya voz oímos tan poco en los evangelios, pronunció siete frases. Están acompañadas de actitudes gestuales y posicionamientos interiores. Nos toca a nosotros captarlas con los oídos del corazón para acogerlas y «conservarlas» en lo profundo de nuestro corazón.

¿Cómo será eso? La primera palabra expresa la necesidad de María de conocer la promesa del Señor de modo completo. Al aceptar lo que le anuncia el ángel, María no solamente aparece como una colaboradora del Señor, sino que también muestra su confianza y su inmenso valor ante de los riesgos que representa lo que se le ha comunicado. Su vigor y su fuerza son los de un patriarca, no abdica su razón y no confía ciegamente. En cierto modo, se «enfrenta» al ángel con su interrogación: «¿Cómo?».

Hágase en mí según tu palabra. Después del «cómo» de María hemos decidido seguir con la segunda parte de la frase que concluye este relato: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». María pronuncia así un sí sin reservas ni condiciones. María da su consentimiento a esta llamada. Con esta respuesta nos muestra su confianza total y definitiva. Supera su fragilidad apoyándose en su relación con el Señor. Por eso acoge, consiente y acepta con toda su inteligencia y voluntad. El consentimiento de María es el signo de su libertad liberada. Es liberada del miedo, de la voluntad de control, del miedo a lo desconocido. Porque cuando se pasa el umbral de la confianza radical, se ofrece una libertad mucho mayor: la libertad de poder orientar su voluntad hacia lo esencial,

¿Por qué nos has tratado así? El episodio del niño Jesús perdido en el Templo de Jerusalén lleva a su madre a hablar así. Muchos padres han podido hacer esta pregunta a sus hijos. Esta legítima interrogación no es ni un juicio ni una condena. María, responsable de su hijo Jesús, empieza a vivir una forma de desprendimiento. Ya no puede mantener ni retener a su hijo. Después de tres días de búsqueda angustiosa, María está llamada a asumir una completa novedad que entra dentro del misterio: «Mira, hago nuevas todas las cosas»

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Para finalizar esta parte sobre las palabras de María en los evangelios, no hemos elegido una frase, sino una actitud interior: ¿de qué modo retiene María las palabras vivas que son los acontecimientos? ¿Y dónde las conserva? ¿Cómo vela en ellas? ¿Dónde las medita?

María nunca está en la reflexión cerebral ni en las interrogaciones mentales. Se sitúa y se posiciona dentro y a partir de su corazón. No está en su cabeza, ni en sus emociones, está en su corazón. La gracia que otorga María a quienes la frecuentan es descender y volver al corazón. Este corazón es el lugar de nuestra más profunda identidad. El silencio interior se experimenta en la oración y la meditación.

Meditar es entrar en el «Paraíso», como ya hemos descrito al inicio de este texto. En efecto, meditar es atravesar los distintos niveles de lectura: en primer lugar, es atravesar la comprensión literal y simple (incluso simplificadora), a continuación, recorrer el segundo nivel relacionado con el símbolo y abrirse de este modo al tercer nivel, el de la búsqueda que hace que entremos en una luz e inteligencia nuevas de las Escrituras, la del corazón, para alcanzar el último nivel, el del secreto de Dios.

María es la que nos enseña a meditar para descender en lo secreto del corazón de su Hijo, el Verbo de Dios.

La meditación de María se practica en la fe, que es una tensión continua hacia el Padre; en la esperanza, que es la certeza de que estas realidades están en nosotros a la espera de ser recogidas ya que la esperanza está relacionada con la presencia del Hijo hacia el Padre; y en la caridad, que unifica ya que es obra del Espíritu de Dios.

Unas mujeres santas y María

Este tercer punto nos transporta hacia otros lugares geográficos y espirituales. Dos  mujeres francesas recibieron la visita de maría, en distintos lugares, en distintos momentos, pero siempre con un mismo espíritu de afecto y consolación.

En 1830 se aparece a Sta. Catalina Laburé, María se hace tan accesible porque quiere evitar el temor y el miedo. Ella desea la salvación para cada uno, la curación, la liberación traída por su hijo Jesús. Como cualquier madre, conoce la rebeldía, la vergüenza o la indiferencia de sus hijos. Sus apariciones a Catalina dan testimonio de su fuerza luminosa para implicarnos con ella y hacer que seamos verdaderos hijos del mismo Padre.

Unos años más tarde, en 1858 y en una aldea perdida del sur de Francia, en Lourdes, María se aparece a Santa Bernadette. Le pide que se acerque a ella, pero la niña tiene miedo. Finalmente terminan rezando el rosario juntas. María señala a Bernardette un pequeño regacho de agua al fondo de la cueva. Cuando la niña lo limpia empieza a brotar con más fuerza y la fuente ya no se seca. En la actualidad, sigue manando en Lourdes después de más de 150 años. Se va allí a orar, arrodillarse, confiarse y bañarse en el agua de las piscinas. Esta agua, que no deja de brotar, rebosa como las gracias que la Madre de Jesús quiere darnos. Ninguna restricción ni formalidad ni permiso para poder beber gratuitamente esta agua. Esta peregrinación hacia la fuente pone a prueba al corazón: es la puesta al día de las duplicidades, las traiciones y las mentiras. En el fondo del «pozo», después de haber extraído piedras y lodazal, brotará un poco de agua clara. Una fuente interior de paz, autenticidad y claridad. La pedagogía de María para conducirnos en este camino es la de una madre paciente, sonriente y cercana.

Lourdes habla al corazón y cuenta la vida de Dios.

Hemos abierto la puerta a María para que esté con nosotros y en nuestra casa. También nosotros «recibimos» con el evangelista Juan a María en nuestra casa, gracias a ella encontramos nuestro sitio cada día. Al hacerlo, su presencia se revela a lo largo de sus palabras y sus peregrinaciones. Comparte así con nosotros su ímpetu de vida. Porque María, madre, hermana y compañera, es la que nos coge de la mano a cada uno de nosotros para llevarnos hacia nuevas tierras. Las peregrinaciones hacia las que nos guía se llaman interioridad, confianza y memoria. Todo esto con el fin de hacer nacer en nosotros la vida del Espíritu Santo. Nos lleva dentro de nosotros, al fondo de nuestro fondo, al centro de nuestro ser, a nuestra morada más escondida, a ese lugar del corazón. Es el don que ella nos hace porque allí está ella, siempre. Es el corazón totalmente abierto a la gracia y al Espíritu Santo. Es su identidad.