CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: HAGAMOS DE LOS SALMOS NUESTRA ORACIÓN

En la audiencia general, Francisco habló de los Salmos de la Biblia, describiéndolos como «cantos» inspirados por el Espíritu y puestos por Él «en los labios de la Esposa». A veces se resienten de la situación histórica, observó, pero «no hay estado de ánimo o necesidad» en la que no acudan a nuestro rescate introduciéndonos en esa «gran orquestación que es la comunión de los santos». La invitación a hacer sonar «una verdadera sinfonía de oración» con vistas al Jubileo

Los Salmos «son los cantos que el Espíritu mismo ha puesto en labios de la Esposa», es decir, de la Iglesia. Juntos, recogidos en el Libro de los Salmos, forman «una sinfonía de oración» en la que hay diversos «movimientos» que necesitan ser redescubiertos en su riqueza y actualidad.

Precisamente a «una gran sinfonía de oración» había pedido el Papa Francisco que se dedicara el año en curso, en preparación del Jubileo del 2025, y en su catequesis de la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, lo recordó, invitando a hacer resonar en la Iglesia de hoy esas palabras, inspiradas por el Espíritu.

Los numerosos «movimientos» contenidos en los Salmos

«Alabanza, acción de gracias, súplica, lamento, narración» y otros son los géneros de oración expresados en los Salmos, señaló el Papa Francisco, subrayando el «lugar privilegiado» que ocupan en el Nuevo Testamento.

«Tengo en mi escritorio – dijo – una edición en ucraniano» del Nuevo Testamento junto con los Salmos, un libro que perteneció a «un soldado que murió en la guerra, y que me enviaron. Y él rezaba en el frente con este libro». A lo que el Santo Padre añadió:

No todos los Salmos – ni todos los Salmos – pueden ser repetidos y hechos propios por los cristianos, y menos aún por el hombre moderno. Reflejan, a veces, una situación histórica y una mentalidad religiosa que ya no son las nuestras. Esto no significa que no sean inspirados, sino que en algunos aspectos están ligados a una época y a una etapa provisional de la revelación, como ocurre también con gran parte de la legislación antigua.

Los Salmos deben convertirse en nuestra oración

Los Salmos, continuo diciendo el Papa Francisco, «fueron la oración de Jesús, de María, de los Apóstoles» y de las comunidades cristianas que nos precedieron. Recitándolos participamos en esa «gran orquestación que es la comunión de los santos». Volvemos a encontrarlos en la celebración de la Misa y en la Liturgia de las Horas, pero, advirtió Francisco, «no podemos limitarnos a vivir de la herencia del pasado», deben convertirse en «nuestra oración».

Si hay Salmos, o simplemente versículos, que hablan a nuestro corazón, es bueno repetirlos y rezarlos a lo largo del día. Los Salmos son oraciones «para todas las estaciones»: no hay estado de ánimo o necesidad que no encuentre en ellos las mejores palabras para convertirlas en oración. A diferencia de todas las demás oraciones, los salmos no pierden su eficacia a fuerza de repetirlos; al contrario, la aumentan.

No sólo una petición, sino alabanza y agradecimiento

El Pontífice puso algunos ejemplos acerca de cómo las palabras de los Salmos vienen en nuestra ayuda en las distintas situaciones de la vida. En el remordimiento, el miedo o la angustia podemos repetir: «Ten piedad de mí, oh Dios, en tu amor» y «El Señor es mi pastor…». O para expresar nuestro vínculo con Dios, podemos hacer nuestras las expresiones: «Oh Dios, tú eres mi Dios (…) mi alma tiene sed de ti».

Los Salmos nos permiten no empobrecer nuestra oración reduciéndola a peticiones, a un continuo «dame, danos…». (…) Las salmos nos ayudan a abrirnos a una oración menos egocéntrica: una oración de alabanza, de bendición, de acción de gracias; y nos ayudan también a ser la voz de toda la creación, haciéndola partícipe de nuestra alabanza.

De ahí la invitación a hacer «resonar hoy en la Iglesia», las palabras dadas por el Espíritu a su Esposa y a «hacer de este año preparatorio del Jubileo una sinfonía de oración».

Adriana Masotti – Ciudad del Vaticano

Vatican News

SIN LIMITES

Nuestro Secretario Nacional José María Castaños, nos hace partícipes de esta reflexión de las Monjas Dominicas de Lerma.

“Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

Sin saber muy bien qué había pasado, de pronto descubrí que tenía una enorme mancha en la manga del hábito. ¡Catástrofe total! En ese momento no podía lavar la manga… ¡pero no quería ir sucia! ¡Necesitaba una solución de emergencia en menos de un minuto!

Eché un vistazo rápido a la celda. ¡Ahí estaba la solución! ¡¡Toallitas húmedas!! Generalmente las uso para limpieza en manualidades, pero, ¿y si funcionan también con la ropa?

Froté la mancha con todas mis ganas y… ¡desapareció!

“¡¡Esto es una maravilla!!”, me dije, “¿cómo no se me habrá ocurrido antes?”.

Pero mi gran descubrimiento resulto pura apariencia… Un ratito después, ¡¡apareció un cerco enorme en la manga!! Resulta que las toallitas esas llevan no sé qué mejunje de aloe vera ideal para la piel de los bebés… ¡¡pero desastroso cuando se seca en la tela!! ¡¡Es impresionante cómo se extiende!!

De pronto pensé que así es como se extiende el amor. Puede empezar con una gotita pequeña, pero, si es verdadero, va creciendo y extendiéndose, ¡hasta abarcar toda la manga!

La novia del Cantar dice: “Nuestra puerta rebosa de frutos: los nuevos y los antiguos, amado mío, los he reservado para ti” (Ct 7, 14). ¡Qué forma más bonita de decir “te lo entrego todo”!

En efecto, quien ama desea compartir todo, los frutos o éxitos de ayer y de hoy, las alegrías y las dificultades, las fuerzas y energías, los días y las noches… ¡¡entregarlo todo!!

Este es el amor que nos muestra el Resucitado. Él no quiere reservarse nada, ni siquiera su Vida, su Sangre… ¡nos entrega todos Sus frutos! El amor es la entrega sin límites y hasta el extremo.

Hoy el reto del amor es disfrutar del amor del Señor. Dale gracias por la cascada de gracia que derrama cada día sobre ti, y pídele que ese amor se extienda en tu corazón como la mancha por mi manga: ¡¡¡hasta abarcar toda tu realidad por completo!!!

VIVE DE CRISTO

https://www.instagram.com/vive_de_cristo_dominicas_lerma/

http://dominicaslerma.es/

¡Feliz día!”

LOS SANTOS DE LA SEMANA: SAN PEDRO Y SAN PABLO

Cada 29 de junio, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, recordamos a estos grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, hacemos una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ante todo es una fiesta de la catolicidad.

Pedro, el amigo frágil y apasionado de Jesús, es el hombre elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt 16,16). Aceptó con humildad su misión hasta el final, hasta su muerte como mártir. Su tumba en la Basílica de San Pedro en el Vaticano es meta de millones de peregrinos que llegan de todo el mundo.

Pablo, el perseguidor de cristianos que se convirtió en Apóstol de los gentiles, es un modelo de ardoroso y evangelizador para todos los católicos porque después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.

Solemnidad de San Pedro y San Pablo

Tan atrás como en el siglo cuarto se celebraba una fiesta en memoria de los Santos Pedro y Pablo en el mismo día, aunque el día no era el mismo en Oriente que en Roma. El Martirologio Sirio de fines del siglo cuarto, que es un extracto de un catálogo Griego de santos del Asia Menor, indica las siguientes fiestas en conexión con la Navidad (25 de diciembre): 26 dic. San Estéban; 27 dic. Santos Santiago y Juan; 28 dic. Santos Pedro y Pablo.

La fiesta principal de los Santos Pedro y Pablo se mantuvo en Roma el 29 de junio tan atrás como en el tercero o cuarto siglo. La lista de fiestas de mártires en el Cronógrafo de Filócalo coloca esta nota en la fecha – «III. Kal. Jul. Petri in Catacumbas et Pauli Ostiense Tusco et Basso Cose.» (=el año 258) . El «Martyrologium Hieronyminanum» tiene, en el Berne MS., la siguiente nota para el 29 de junio: «Romae via Aurelia natale sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, Petri in Vaticano, Pauli in via Ostiensi, utrumque in catacumbas, passi sub Nerone, Basso et Tusco consulibus» (ed. de Rossi–Duchesne, 84).

La fecha 258 en las notas revela que a parir de ese año se celebraba la memoria de los dos Apóstoles el 29 de junio en la Vía Apia ad Catacumbas (cerca de San Sebastiano fuori le mura), pues en esta fecha los restos de los Apóstoles fueron trasladado allí (ver arriba). Más tarde, quizá al construirse la iglesia sobre las tumbas en el Vaticano y en la Vía Ostiensis, los restos fueron restituidos a su anterior lugar de descanso: los de Pedro a la Basílica Vaticana y los de Pablo la iglesia en la Vía Ostiensis.

En el sitio Ad Catacumbas se construyó, tan atrás como en el siglo cuarto, una iglesia en honor de los dos Apóstoles. Desde el año 258 se guardó su fiesta principal el 29 de junio, fecha en la que desde tiempos antiguos se celebraba el Servicio Divino solemne en las tres iglesias arriba mencionadas (Duchesne, «Origines du culte chretien», 5ta ed., París, 1909, 271 sqq., 283 sqq.; Urbano, «Ein Martyrologium der christl. Gemeinde zu Rom an Anfang des 5. Jahrh.», Leipzig, 1901, 169 sqq.; Kellner, «Heortologie», 3ra ed., Freiburg, 1911, 210 sqq.). La leyenda procuró explicar que los Apóstoles ocupasen temporalmente el sepulcro Ad Catacumbas mediante la suposición que, enseguida de la muerte de ellos los Cristianos del Oriente deseaban robarse sus restos y llevarlos al Este. Toda esta historia es evidentemente producto de la leyenda popular.

Una tercera festividad de los Apóstoles tiene lugar el 1 de agosto: la fiesta de las Cadenas de San Pedro. Esta fiesta era originariamente la de dedicación de la iglesia del Apóstol, erigida en la Colina Esquilina en el siglo cuarto. Un sacerdote titular de la iglesia, Filipo, fue delegado papal al Concilio de Éfeso en el año 431. La iglesia fue reconstruida por Sixto II (432) a costa de la familia imperial Bizantina. La consagración solemne pudo haber sido el 1 de agosto, o este fue el día de la dedicación de la anterior iglesia. Quizá este día fue elegido para sustituir las fiestas paganas que se realizaban el 1 de agosto. En esta iglesia, aún en pié (S. Pietro en Vincoli), probablemente se preservaron desde el siglo cuarto las cadenas de San Pedro que eran muy grandemente veneradas, siendo considerados como reliquias apreciadas los pequeños trozos de su metal.

De tal modo, la iglesia desde muy antiguo recibió el nombre in Vinculis, convirtiéndose la fiesta del 1 de agosto en fiesta de las cadenas de San Pedro (Duchesne, op. cit., 286 sqq.; Kellner, loc. cit., 216 sqq.). El recuerdo de ambos Pedro y Pablo fue más tarde relacionado con dos lugares de la antigua Roma: la Vía Sacra, en las afueras del Foro, adonde se decía que fue arrojado al suelo el mago Simón ante la oración de Pedro y la cárcel Tullianum, o Carcer Mamertinus, adonde se supone que fueron mantenidos los Apóstoles hasta su ejecución.

También en ambos lugares se erigieron santuarios de los Apóstoles y el de la cárcel Mamertina aún permanece en casi su estado original desde la temprana época Romana. Estas conmemoraciones locales de los Apóstoles están basadas en leyendas y no hay celebraciones especiales en las dos iglesias. Sin embargo, no es imposible que Pedro y Pablo hayan sido confinados en la prisión principal de Roma en el fuerte del Capitolio, de la cual queda como un resto la actual Carcer Mamertinus.

Sepamos más de los apóstoles por separado:

1.- San Pablo Apóstol

Apóstol de Jesucristo y principal propagador del Cristianismo, que tuvo una participación decisiva en la expansión de la Iglesia, desde el momento de su conversión. — Fiesta: 30 de junio. Misa propia.

Saulo, el futuro San Pablo, nacido en Tarso de Cilicia, hacia el año 8 de la Era Cristiana, pertenecía a una familia judía de la diáspora o dispersión y, como tal, estaba sólidamente formado en la Ley judaica. Pronto pasó Saulo a Jerusalén, a completar su educación rabínica, y su maestro fue el más autorizado rabino de entonces, Gamaliel el Viejo. Su gran talento le afianzó rápidamente en los principios de la Ley antigua, que cita constantemente de memoria y con gran exactitud. Su carácter impetuoso le lanza a un fanatismo exagerado, en legítima defensa de la Ley y tradiciones ancestrales.

En las sinagogas de Cilicia debió de conocer la doctrina de la nueva fe cristiana, por la predicación de San Esteban, y su celo e impetuosidad le llevaron a unirse a los perseguidores de ello, convencido de que defendía la causa de Dios.

«Yo perseguí de muerte —nos dice él mismo— a los seguidores de esta nueva doctrina, aprisionando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres».

Y cuando estalló el motín que costó la vida a San Esteban, Pablo evidentemente tomó parte activa en él, ya que los verdugos dejan las vestiduras ante sus ojos: «Y depositaron las vestiduras delante de un mancebo llamado Saulo», leemos en los «Hechos de los Apóstoles».

Por aquel tiempo se había ya constituido en Damasco un grupo importante de la nueva comunidad cristiana, del que pronto tuvo noticia Pablo, que contaba por entonces unos veintiséis años de edad. Con su afán de exterminio pidió al príncipe de los sacerdotes unas cartas de presentación para Damasco, a fin de apresar a los adeptos de la nueva fe. Más todo había de suceder de muy distinta manera…

Obtenidas las cartas, Pablo y sus compañeros se acercaban va a Damasco, cuando de pronto una luz del cielo les envolvió en su resplandor. Pablo vio entonces a Jesús. A su vista cayó en tierra y ovó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».

Atemorizado y sin reconocerlo, Pablo preguntó: «¿Quién eres Tú, Señor?».

Y el Señor le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón».

Saulo, entonces, temblando, teniendo ante sí la sangre de Esteban y todas sus persecuciones, otra vez preguntó: «Señor, ¿qué quieres que haga?».

Y respondióle Jesús: «Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer».

Los compañeros de Pablo estaban asombrados. Oían, pero sin ver a nadie; y como al levantarse Pablo estaba ciego, le cogieron de la mano y le condujeron a la ciudad, donde permaneció tres días atacado por la ceguera y sin comer ni beber nada.

Recobrada milagrosamente la vista, se retiró a la Arabia por un tiempo, y allí, antes de volver a Damasco, permaneció entregado a la oración y en trato íntimo con el Señor. Regresó luego a la ciudad, entrando de lleno en su función de apóstol y en su gran labor evangelizadora.

Cuando empezó a predicar, directamente y sin rodeos, la doctrina de Jesús, y a proclamar que Jesucristo es el verdadero Dios y el Mesías prometido, los judíos de Damasco decidieron perderle y lograron del etnarca del rey Aretas que pusiese guardias a las puertas de la ciudad para que no pudiera escapar, mientras le perseguían dentro. «En vista de lo cual, los discípulos, tomándole una noche, le descolgaron por un muro, metido en un serón”. (Libro de los «Hechos».)

Desde entonces su vida apostólica es una cadena de persecuciones, de grandes dificultades; pero, al mismo tiempo, de grandes triunfos para la causa cristiana.

Pablo trabajó con ahínco, primero como subordinado, junto a los demás propagadores. Pronto sus grandes cualidades de organizador, su talento, su energía y férrea voluntad; su gran capacidad, en fin, para el apostolado y su extenso conocimiento de la Ley, junto a su cultura helenista, así como su habilidad para comunicar a otros su pensamiento, le destacarán entre todos. A esto hay que añadir el impulso interior que empujaba a aquel carácter ardiente a entregarse totalmente a la conversión, no sólo de los judíos, sino de todos los pueblos gentiles adonde pudiera llevar su palabra.

Viajó sin descanso de una parte a otra del mundo romano, solo o acompañado, sembrando por doquier la fecunda semilla de la fe en Cristo Jesús.

El celo y la actividad apostólica de San Pablo no disminuyeron con los años. Unos veinticinco duraron sus asombrosas y eficaces campañas. Y jamás cediendo al cansancio, siempre con renovadas energías.

Después de un quinquenio preliminar en las cercanías de Jerusalén y Damasco, se lanza a través de Asia, por sendas desconocidas, juntamente con su amigo San Bernabé, organizando iglesias, luchando con judíos y gentiles… años más tarde, visitará esas iglesias, en la que se llama su segunda misión o segundo gran viaje, entre el año 52 y el 55 de la Era Cristiana. En el decurso del mismo, su figura va agrandándose muy visiblemente, su empresa se hace cada día más vasta.

Con dos o tres compañeros, o una pequeña escolta, y otras veces solo, se interna Pablo muy adentro del inmenso imperio de los ídolos, sin dejar de tomar contacto con colonias hebreas fanáticas y rencorosas.

Predica en las plazas, en los anfiteatros, en las sinagogas, y mientras unos se hacen discípulos suyos, otros se amotinan, le maldicen y le apedrean. La persecución acrece su vigor, la contradicción exalta su fe en la victoria.

Completada la evangelización de la Galacia, sigue hacia Occidente y llega a Tróada. Allí la voz del Espíritu Santo le habla por medio de un macedonio que se le aparece en sueños y le dice: «Ven a mi país».

A los pocos días embarcaba para Filipos, el primer suelo europeo que enrojece con su sangre. En efecto, irritados ciertos elementos por el éxito de su predicación —la población estaba formada en parte por una colonia de veteranos romanos—, se lanzaron un día sobre él y le arrastraron ante el tribunal de la ciudad, diciendo: «Este judío alborota al pueblo y propaga costumbres que no podemos aceptar los romanos».

Pablo y sus compañeros sufrieron el tormento de la flagelación y fueron arrojados a un oscuro calabozo.

El carcelero les oyó cantar, vio una luz que inundaba la prisión, sintió el ruido de las cadenas que caían rotas. Compasivo, trajo comida a sus presos. Creyó. Luego fue bautizado… Y al día siguiente les transmitió una orden de sus jefes: «Salid y marchad en paz».

Predica Pablo en Tesalónica, capital de la región, centro de confluencia de ideas religiosas y de tráfico mercantil. Logra conversiones importantes y deja establecida una comunidad, que pronto será iglesia floreciente. Como siempre, los judaizantes soliviantan al pueblo contra él, atentan contra su vida, y se ve obligado a fugarse.

¿A dónde irá? Los «Hechos de los Apóstoles» dicen enigmáticamente: «Los que le guiaban le llevaron hasta Atenas». En realidad, sus guías no fueron nunca otros que los impulsos del divino Espíritu. Empresa atrevida la visita de Atenas, centro del saber y el arte de la época…

Su breve y famosa estancia, son episodios asaz conocidos se le permitió que disertase en el foro y en el Areópago o senado de los sabios. El discurso memorable que a éstos dirigió nos ha sido conservado por San Lucas, en los «Hechos».

Tomando pie de la idea del «Dios desconocido» al que había visto dedicada una ara votiva, el Apóstol les habla del Dios único, que ha creado todas las cosas, que nos ha redimido y que un día resucitará nuestra carne.

Al hablar de la resurrección de los muertos, fue interrumpido por gritos, murmullos obstructivos y carcajadas.

Muchos oyentes abandonaron el local; otros se acercaron al orador para decirle: «Basta por hoy; otro día nos hablarás de estas cosas». Pero algunos creyeron, entre ellos el que será en el Santoral cristiano «Dionisio el Areopagita».

Al salir Pablo de Atenas, con tristeza por los pocos adeptos conseguidos, pero con la inquebrantable esperanza de que la siembra esparcida había de fructificar en el futuro, se encaminó a Corinto, donde residiría más de un año y medio. Mucho había que trabajar en la gran ciudad del estrecho, sensual, inquieta, cosmopolita. Sin embargo, confiaba el Apóstol en que su frivolidad ofrecería menos resistencia a la levadura evangélica que el orgullo de los que presumían de eruditos. Y no se equivocó. Buscó el medio de ganarse el pan con el ejercicio de su oficio de constructor de tiendas. Un fabricante le tomó enseguida a su servicio. Y pronto también, alternándolo con el trabajo material, pudo desplegar su trabajo apostólico. Dialogaba con muchos, persuadía a no pocos.

Cada sábado disputaba en la sinagoga. Durante dieciocho meses no cesó de predicar, de discutir, de bautizar… Y había reunido ya una iglesia numerosa, cuando, como de costumbre, se manifestó y estalló el odio de los judíos que, no atreviéndose a darle muerte, le llevaron a los tribunales como innovador. El procónsul Galión no quiso discutir sobre asuntos de doctrinas y arrojó de su presencia a los acusadores y al acusado.

Regresa entonces Pablo a Jerusalén. Tenía ansias de visitar las iglesias de Palestina, donde los judaizantes habían intrigado, sin descanso, durante tos tres años de ese su segundo viaje.

Su misión tercera se desarrolla entre los años 55 y 59. El cuartel central de su campaña es, durante más de dos años, la ciudad de Éfeso, la gran metrópoli del Asia Menor, nudo de todas las comunicaciones orientales y occidentales, punto estratégico de primer orden para arrojar la semilla del Evangelio. «Una puerta grande se abre ante mí», había dicho él mismo. Empieza predicando en la sinagoga. Pero a los tres meses rompe con los judíos. Entonces alquila por dos horas diarias el liceo de un profesor de Filosofía, y allí instruye a sus oyentes predilectos.

Su apostolado se va desplegando, en público y de casa en casa, convenciendo a los paganos, animando a los fieles, exhortando a los judíos…

Estalla también allí, por fin, la algarada hebraico-gentílica contra el Apóstol. La promueven los profesionales de la magia, que tienen gran clientela en la ciudad; los orfebres, que dejaron de vender muchos objetos religiosos, sobre todo imágenes de la diosa Artemisa, patrona de la población; los díscolos, a los cuales ofende la predicación moralizante del enérgico forastero…

Pablo se escapa del tumulto como puede, ayudado de algunos fieles fervorosos. Ha dejado en Éfeso una importante comunidad, que posteriormente será dirigida por el Apóstol San Juan.

En el transcurso de los dos años siguientes, encontramos a San Pablo en Macedonia, en Grecia, especialmente en Corinto, donde permanece unos tres meses, y en Jerusalén, a donde regresó con motivo de las fiestas de Pentecostés del año 58. Allí los judíos del Asia Menor, que habían acudido a dichas fiestas, se amotinaron contra él, acusándole de predicar contra la Ley y contra el Templo.

Gracias al título de ciudadano romano, cuyos privilegios hizo valer, se libró de ser azotado; luego, después de dos años de estar preso en Cesarea, logró terminar su encarcelamiento apelando al César.

Fue trasladado a Roma. En la travesía naufragó la embarcación que le llevaba. No llegó a la capital del imperio hasta principios del año 61. Su proceso duró otros dos años. Durante este tiempo pudo morar en una casa alquilada, recibir muchas visitas, y entregarse por completo al ministerio de la palabra, convirtiendo a muchos gentiles. Por fin se pronunció sentencia absolutoria en la causa que se le seguía.

Entonces Pablo se aleja de Roma y es tradición —robustecida por sus propios escritos en que consigna sus planes de apostolado— que vino a España, donde permaneció una temporada.

Vuelve después a sufrir cautiverio en Roma, a fines del año 66, en plena persecución de Nerón. Se le encierra entonces en una prisión terrible, en la que se le condenó a una absoluta inactividad e incomunicación. Debió padecer muchísimo al encontrarse paralizado. Supo, no obstante, doblegarse a la voluntad del Señor, que le tenía destinado, como a Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, a una muerte próxima.

Según la tradición más admitida, los dos fueron inmolados el mismo día, en el año 67; Pedro, crucificado cabeza abajo en la colina del Vaticano; Pablo, decapitado en la Vía Ostiense, en la llanura que la separa del Tíber.

La vida y la obra de San Pablo se nos presentan con un relieve tan prodigioso, que nadie podrá contemplarlas nunca en toda su espléndida complejidad. «El mundo no verá jamás otro hombre como Pablo» dijo San Juan Crisóstomo, el más ilustre de sus admiradores.

La palabra y el ademán de Pablo, su vigor y fulgor místicos, subyugaban de una manera fulminante. Y fue incomparable la clara sutileza de su inteligencia.

Dialéctico formidable, no disputa por puro placer, sino para lanzar las almas a Dios. Ahí está su sublime originalidad. «Discurre de una manera violenta, rápida, intuitiva —ha dicho muy justamente un autor—; dramatiza sus argumentos, los deja sin completar, arrastrado por el torbellino de las ideas, y lo mismo sus premisas que sus conclusiones se nos presentan tumultuosamente y de improviso”.

Todo ello comprobaremos si nos afectamos a la lectura de sus «Epístolas»: cartas dirigidas a diversas iglesias y personalidades, en las cuales deja resueltos numerosos problemas y condensa toda la moral cristiana; en las cuales expone una teología cuya inmensidad no ha podido abarcar todavía ningún comentarista, una teología siempre precisa y nunca vacilante, «que nos lleva —como se ha dicho magníficamente— de misterio en misterio, de claridad en claridad, como reflejando en un espejo la gloria del Señor».

2.-San Pedro Apóstol

Natural de Betsaida, aldea del lago de Genezaret. Después de la resurrección de Jesucristo, asumió la dirección de la Iglesia. Trasladándose de Jerusalén a Antioquía, fundó su comunidad cristiana. Posteriormente fijó su residencia en Roma. Martirizado hacia los setenta y cinco años de edad.

Fue San Pedro un pobre pescador de Galilea, residente en Cafarnaúm, en casa de su suegra. Era un hombre sencillo, con poca instrucción, y vivía de su modesto oficio.

Su hermano, San Andrés, también pescador, fue quien lo presentó al divino Maestro. Era cuando Jesucristo comenzaba a escoger a sus discípulos. Dijo Andrés a Pedro, que se llamaba antes Simón: «Ven, Simón, que Jesús ya me conoce, y quiero que te conozca a ti». Cuando se presentó delante del Salvador, éste le miró largamente y le dijo: «Simón, hijo de Jonás, de ahora en adelante te llamarás Pedro». Con este cambio de nombre, Jesús tomaba posesión de su nuevo discípulo. Y desde aquel entonces le trató siempre con distinción delante de los otros, como había querido significar con el nuevo nombre. Pedro quiere decir piedra. Y, en efecto, Jesús le distinguió ya enseguida como Piedra fundamental de su iglesia y Cabeza del Colegio Apostólico. Por voluntad de Jesús, la figura de Pedro se va destacando cada día más entre los Apóstoles. Él es quien recibe de Jesucristo más demostraciones de familiaridad y confianza.

Un día, Jesús subió a la barca de Pedro y le mandó que se hiciese mar adentro y echase las redes para la pesca. Pedro le hizo notar que él y sus compañeros lo habían hecho inútilmente toda la noche; pero añadió: «Ya que Tú me lo dices, echaré las redes». Fue tanta la pesca, que las redes se rompían. Se llenaron de pescado la barca de Pedro y la de Santiago Juan, hijos del Zebedeo. Aquel milagro conmovió a todos los pescadores. Pedro, asombrado, se arrojó a los pies del divino Maestro, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que yo soy un pobre pescador». Jesús le animó con estas palabras: «No temas, serán hombres lo que tú pescarás de ahora en adelante». Y dirigiéndose también a Juan, Santiago y Andrés, añadió: «Seguidme. Yo os haré pescadores de hombres». Desde entonces, los cuatro discípulos ya no dejaron ni un solo día de seguirle por todas partes.

En otra ocasión, cuando Jesús ya había reunido los doce Apóstoles, quiso quedarse solo en tierra para pasar la noche en oración, mientras ellos se embarcaban para atravesar el mar de Galilea. Hacia la madrugada se levantó un viento muy fuerte y se desencadenó una tempestad de oleaje que les ponía en peligro. Cuando estaban más espantados, Jesús se les apareció sobre el mar, caminando hacia ellos. De momento no lo conocieron, y comenzaron a gritar: «Viene un fantasma, viene un fantasma». Pero Jesús les tranquilizó, diciendo: «Sosegaos, soy yo, no tensáis miedo». Pedro le dijo: «Si eres Tú, manda que yo vaya hasta Ti sobre las ondas». Jesús se lo ordenó, y Pedro se lanzó al mar caminando sobre las aguas, con admiración de todos. Mas he aquí que sopla una ráfaga de viento y las olas se encrespan vivamente, y a Pedro le parece que se va a sumergir. «Señor, sálvame», grita con gran terror. Jesucristo se le acerca, le alarga la mano y le riñe dulcemente: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?». Después sube a la barca de Pedro, y en un instante se calma por completo la tormenta.

Cuando Jesús, predicando en Cafarnaúm, prometió el alimento eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, casi todos los oyentes se extrañaron y se marcharon sin querer oírle más, diciendo: «¿Quién puede oír semejante cosa?». El divino Maestro se quedó con los doce Apóstoles y les preguntó: «¿Qué? Os queréis ir también vosotros?». Pedro, en nombre de todos, respondióle: «¡Señor! ¿A dónde iremos? Tú dices palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y conocido que eres el Cristo, el Hijo de Dios».

El hecho capital de la vida de San Pedro es la institución del Primado pontificio. Caminaba Jesús en compañía de los doce Apóstoles hacia Cesarea de Filipo; De repente les preguntó: «¿Qué dice de Mí la gente? ¿quien dicen que soy?». Le respondieron: «Unos dicen que eres Juan Bautista resucitado, otros que eres Elías, o Jeremías o uno de los profetas». Y Jesús dice: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Entonces, San Pedro dice con entusiasmo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», Complacido Jesús de esta respuesta tan pronta, inspirada por el Cielo, dijo a Pedro: «Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne o la sangre [es decir, el mundo], sino el Padre celestial». E inmediatamente le proclama Cabeza de los Apóstoles y de toda la Iglesia: «Yo te digo, que tú eres Pedro [piedra], y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno [esto es, las fuerzas de sus enemigos] jamás prevalecerán contra ella. Y te daré las llaves del reino de los Cielos: todo lo que ligares en la tierra, será ligado en el Cielo y todo lo que desatares en la tierra, en el Cielo será desatado».

San Pedro, San Juan y Santiago eran los discípulos más amados de Jesús. Muchas veces le acompañaban los tres, sin los otros Apóstoles. Jesús les dio pruebas grandísimas de su predilección; entre otras, la de llevarlos a la cumbre del monte Tabor y transfigurarse allí delante de ellos, volviéndose resplandeciente como el sol y con las vestiduras blancas como la nieve, y la de haber querido que le acompañasen dentro del huerto de Getsemaní, momentos antes de comenzar su sagrada Pasión.

Cuando en aquel huerto se acercaron los soldados enviados por los fariseos para prender a Jesús, Pedro quiso defenderlo y, cogiendo una espada, comenzó a descargar golpes y cortó una oreja a Maleo, criado del sumo sacerdote. Jesús templó el ardor de Pedro mandándole que dejase la espada, y curó milagrosamente la oreja de Malco.

Pero a pesar de este entusiasmo de Pedro por Jesús, manifestado tan hermosamente, aquella misma noche cometía un pecado abominable, negando tres veces al divino Maestro y perjurando que no lo conocía, cuando los soldados y siervos de la casa de Caifás le señalaban como uno de los doce discípulos. La causa de aquel pecado fue la presunción, el haberse fiado demasiado de su valentía.

En el huerto de Getsemaní Jesucristo había dicho a los tres discípulos que hiciesen oración para poder mantenerse fuertes en las horas de prueba, pero los tres se durmieron miserablemente, no supieron hacerse un poco de violencia para vencer el sueño. La oración es la mejor arma contra las tentaciones y los peligros de pecar.

San Pedro se habría portado de otra manera si no la hubiese descuidado.

Además, quiso meterse en casa de Caifás y calentarse al fuego en medio de los enemigos de Jesús, creyendo que no sería conocido, o que, en caso de serlo, sabría defender con valor a su divino Maestro. ¡Cara le costó una imprudencia tan grande!

He aquí unas palabras inmortales que resonarán triunfalmente hasta el fin del mundo de uno a otro extremo de la tierra, proclamando la locura de los enemigos de la Iglesia y la imposibilidad de su victoria. Podrán perseguir la religión santa de Jesucristo; pero ella triunfará siempre, y de cada persecución saldrá más briosa y fortalecida. La historia de los siglos pasados nos prueba cómo ha sido hasta ahora, y así sucederá hasta el fin de los siglos venideros.

Además, las palabras que Jesucristo dijo a San Pedro confieren la autoridad suprema en el gobierno de la Iglesia universal.

Jesús le había predicho que antes de que el gallo cantase dos veces, él le había de negar tres. Y cuando San Pedro oyó cantar la segunda vez al gallo en la noche callada, se acordó de la profecía de Jesús y salió fuera, llorando amargamente. El Salvador quiso consolarlo, apareciéndosele después de su Resurrección y diciéndole que le perdonaba.

Todavía Jesús le dio, más tarde, otra gran prueba de amor confirmándole en el Primado de la Iglesia. Poco antes de la Ascensión, estando en la playa del mar de Galilea y después de otra pesca milagrosa, preguntó Jesucristo tres veces seguidas a Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que los otros?». A las dos primeras respuestas afirmativas del Apóstol, el Salvador respondió: «Apacienta mis corderos». La tercera vez, extrañado Pedro de la insistencia, contestó: «¡Señor, Tú sabes que yo te amo!». Y le replicó Jesús: «Apacienta mis ovejas». De este modo el Príncipe de los Apóstoles quedaba indudablemente investido de la suprema potestad de regir toda la Iglesia: los fieles, figurados por los corderos; los sacerdotes y obispos, figurados por las ovejas de Jesús.

A la mañana siguiente de la Ascensión de Jesucristo, comenzó Pedro a ejercer la dignidad y el oficio de primer Papa. En el Cenáculo presidió a los discípulos durante aquellos días en espera del Espíritu Santo. Asimismo, dirigió la elección de San Matías, que había de ocupar el lugar de Judas en el Colegio Apostólico. El día de Pentecostés inauguró la predicación del Evangelio, convirtiendo en la misma Jerusalén a tres mil personas.

Al cabo de poco tiempo hizo el primer milagro, curando a un paralítico, en el nombre de Jesús, a las puertas del templo de Salomón. Inmediatamente y en vista del prodigio se convirtieron cinco mil personas más y pidieron el Bautismo.

San Pedro murió mártir en Roma, de donde fue el primer Obispo durante veinticinco años. Antes de establecerse en la Ciudad Eterna había regido la iglesia de Antioquía y hecho numerosos viajes para visitar las diócesis que se iban fundando y organizar toda la naciente Iglesia. Era el año 67 cuando fueron presos San Pedro y San Pablo, por orden del emperador Nerón. Ambos fueron conducidos al suplicio el 29 de junio. San Pablo fue decapitado, mientras que el primer Papa moría crucificado, cabeza abajo, en el mismo lugar en que hoy se venera su glorioso sepulcro y se eleva la magnífica Basílica vaticana.

Fuente Vatican News, Catholic.net

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: LLEVEN EL EVANGELIO EN EL BOLSILLO, LEERLO ES IMPORTANTE

En la audiencia, el Papa prosiguió su catequesis sobre el Espíritu Santo, inspirador de la Sagrada Escritura y fuente de inspiración para toda persona. La indicación a los sacerdotes: las homilías deben ser breves, «no más de 8 minutos» y ayudar a «transferir la Palabra de Dios del libro a la vida».

Tras reflexionar sobre la obra del Espíritu Santo en la creación, tema de la catequesis de la semana pasada, durante la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre se refirió a la presencia del Espíritu en la «revelación», de la que la Sagrada Escritura es el «testigo autorizado».

Si la tercera persona de la Trinidad inspiró la Biblia, es el Espíritu quien la hace siempre viva, mientras que a la Iglesia se le confía la tarea de interpretarla correctamente. La lectura – (2 Pe 1, 20-21) propedéutica a las palabras del Papa – reza:

Sepan esto primero: ningún escrito profético debe estar sujeto a explicación privada, porque ninguna profecía surgió jamás de la voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, algunos hombres hablaron de parte de Dios.

El Espíritu Santo inspiró la Sagrada Escritura

Hay muchos pasajes del Nuevo Testamento que afirman la inspiración divina de los textos bíblicos. Francisco citó a San Pablo, quien escribió: «Toda la Escritura está inspirada por Dios». Se trata – subrayó el Papa –de un artículo de fe que repetimos en el Credo y añadió textualmente:

    “El Espíritu Santo, que inspiró las Escrituras, es también quien las explica y las hace eternamente vivas y activas. Él las hace inspiradoras. ‘Las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios – dice el Concilio Vaticano II – y escritas una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra de Dios mismo’”

Palabras que se iluminan improvisamente

Al igual que Jesús resucitado había abierto la mente de sus discípulos para que comprendieran las Escrituras, el Espíritu Santo sigue haciéndolo en la Iglesia. Es algo que cada uno de nosotros puede haber experimentado.

    “Puede suceder, en efecto, que un determinado pasaje de la Escritura, que hemos leído tantas veces sin ninguna emoción particular, un día lo leamos en un clima de fe y oración, y entonces ese texto improvisamente se ilumine, nos hable, arroje luz sobre un problema que estamos viviendo, nos aclare la voluntad de Dios para nosotros en una determinada situación”

La Iglesia «soporte de la verdad» gracias al Espíritu

Este es un efecto del Espíritu Santo, afirmó Francisco. «Las palabras de la Escritura, bajo la acción del Espíritu, se vuelven luminosas», la palabra de Dios aparece «viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos», como atestigua la Carta a los Hebreos. La Iglesia – agregó el Papa – se nutre de la lectura de la Escritura hecha bajo la guía del Espíritu Santo.

    “La Iglesia, Esposa de Cristo, es la intérprete autorizada del texto inspirado de la Escritura, la Iglesia es la mediadora de su anuncio auténtico. Como la Iglesia está dotada del Espíritu Santo y, por tanto, es inspiradora, es ‘columna y apoyo de la verdad’. ¿Por qué? Porque es inspirada, sostenida por el Espíritu Santo. Y la tarea de la Iglesia es ayudar a los fieles y a los buscadores de la verdad a interpretar correctamente los textos bíblicos”

Dedicar cada día un tiempo para leer el Evangelio

Por ello, Francisco subrayó la importancia de dedicar un momento del día a la lectura personal de la Biblia, a meditar un pasaje, a escuchar la Palabra.

    “Y por eso les recomiendo: tengan siempre un Evangelio de bolsillo y llévenlo en el bolso, en los bolsillos… Así cuando estén de viaje o cuando tengan un poco de tiempo libre leen algo. Eso es muy importante para la vida. Lleven un Evangelio de bolsillo y durante el día léanlo una vez, dos veces, cuando puedan”

Que la homilía de la Misa sea breve

Pero «la lectura espiritual de la Escritura por excelencia – añadió el Papa – es la lectura comunitaria» que se hace en particular en la Misa. La homilía debe ayudar a traducir la Palabra de Dios en la vida de los creyentes. Pero, dijo, debe ser breve

    “La homilía no debe durar más de ocho minutos, porque después de ese tiempo se pierde la atención y la gente se duerme, y tiene razón. Una homilía debe ser así. Y esto es lo que quiero decir a los sacerdotes, que hablan tanto, tantas veces, y no se entiende de qué hablan. Una homilía corta: un pensamiento, un sentimiento y una ‘cosa’ de acción”

Una carta de amor de Dios a su criatura

Francisco propuso un último aspecto que puede ayudar a amar la Palabra: hay una nota de fondo – observó – que acompaña toda la Biblia y es «el amor de Dios». Y recordó la definición de la Escritura dada por San Gregorio Magno: «Una carta de Dios Omnipotente a su criatura», añadiendo «como una carta del Esposo a su esposa». Que el Espíritu Santo, concluyó el Papa, «nos ayude a captar este amor de Dios en las situaciones concretas de la vida».

Pinchar para texto completo

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2024/documents/20240612-udienza-generale.html

Pinchar  para ver la Audiencia integra

https://www.youtube.com/watch?v=AVjCfr4WhcY

Adriana Masotti – Ciudad del Vaticano

Vatican News

VACACIONES, ¿PARA SER FELIZ?

Yendo de cara al verano muchas personas hablan de vacaciones. O sea, de un tiempo de descanso o, con más precisión, un tiempo en el que se dejan de realizar las actividades habituales, sobre todo aquellas que tienen que ver con el trabajo remunerado o con el estudio. En este sentido, a mí me parece que las vacaciones son legítimas y necesarias. Siempre que no nos olvidemos de tanta gente que no tiene trabajo o que, si lo tiene, no puede dejarlo porque su salario es tan miserable que, si deja de trabajar, deja de comer.

Preguntar si ese tiempo de descanso o de cese de actividad habitual tiene como objetivo el ser feliz es una pequeña provocación que invita a reflexionar sobre lo que provoca felicidad. Eso de ser feliz es algo que todos los seres vivos buscan, de una u otra forma. Todos buscan lo que les conviene, todos huyen de lo que no les resulta favorable. Pero el ser humano, además de buscar la felicidad instintivamente, la busca reflexivamente. Y se pregunta si todo lo que instintivamente le apetece o satisface, le hace feliz. Porque hay apetitos que, a la larga y, a veces a la corta, producen desgracia. Sobre todo cuando estas apetencias no se controlan: tomar un vaso de buen vino es algo que apetece a mucha gente; hacer una quiniela puede ser divertido. Tomar muchos vasos de vino o jugar en el casino puede ser una tragedia.

La felicidad no está ni en el descanso ni en el cese de la actividad. Aunque el descanso puede ser necesario desde muchos puntos de vista, su objetivo no es conseguir la felicidad. No es fácil decir en concreto lo que es la felicidad. Todos la buscan, pero no todos la encuentran, y los que la encuentran, la encuentran de distintas maneras, en distintos lugares y con diversas intensidades. ¿Ser feliz es sentirse saciado en todas las dimensiones de la vida? ¿Quizás en todas no, pero, al menos, en las fundamentales? ¿Y dónde pone cada uno lo fundamental? En este mundo, ¿es posible una felicidad estable y completa? Un creyente puede decir que el encuentro con Dios es el gozo del corazón y la plenitud de todas las aspiraciones. Pero, a Dios, en este mundo, nunca le encontramos claramente. Dios siempre se nos escapa. En todo caso, una cosa me parece cierta: si no somos felices en vuestra vida ordinaria, tampoco lo seremos en vacaciones.

FUENTE: Blog Nihil Obstat (5-6-2015) Martín Gelabert

LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la natividad de San Juan Bautista, y el 29 de agosto, la memoria de su martirio.  No hay ningún otro santo del que la Iglesia celebre el nacimiento y la muerte, como celebra los de Jesús, el Hijo de Dios (25 de Navidad y Viernes Santo) y la Virgen María (8 de septiembre y 15 de agosto). Normalmente sólo se celebra el «nacimiento al cielo». Pero el propio Jesús dijo de Juan: «En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no hay otro mayor que Juan el Bautista» (Mt 11,11). Último de los grandes profetas de Israel, primer testigo de Jesús, iniciador de un bautismo para el perdón de los pecados y, en este contexto, bautista de Jesús; mártir por defender la ley judía.

Ya en el siglo IV encontramos conmemoraciones litúrgicas de San Juan Bautista en fechas diversas. La del 24 de junio se fija según el Evangelio de San Lucas, 1,36a, cuando se dice que Isabel estaba ya en «su sexto mes»; por tanto, seis meses antes de la Navidad. Desde el siglo VI esta fiesta tiene una Víspera.

Del Evangelio según san Lucas

“Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan».

Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaron  admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.” (Lc 1, 57-66.80)

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

El asombro

La gente se queda asombra ante este niño, pero también ante esta pareja estéril, avanzada en años, que ha tenido un hijo. Una maravilla iluminada por la fe, tanto que quienes se enteraron «guardaron en su corazón el recuerdo» de lo que oyeron y vieron, y alabaron a Dios. Un asombro acompañado de la conciencia de que no lo entendían todo: «¿Qué llegará a ser este niño?».

“Todo el evento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un alegre sentido de asombro, de sorpresa, de gratitud…  El pueblo fiel intuye que ha sucedido algo grande, aunque humilde y escondido, y se pregunta «¿Qué será este niño?». El pueblo fiel de Dios es capaz de vivir la fe con alegría, con sentido de asombro, de sorpresa y de gratitud… Y viendo esto preguntémonos: ¿Tengo sentido de la maravilla cuando veo las obras del Señor, cuando oigo hablar de la evangelización o de la vida de un santo? ¿Sé sentir las consolaciones del Espíritu o estoy cerrado a ellas?” (Papa Francisco, Ángelus del 24 de junio de 2018).

El nombre

Los que han venido para el rito de la circuncisión quieren ponerle al niño el nombre de su padre, Zacarías. Pero aquí es Isabel la que interviene, lo que es muy raro, y dice que el niño ha de llamarse Juan. Es el nombre que Dios mismo había indicado a través del ángel: «No temas Zacarías, tu oración ha sido escuchada y tu mujer Isabel te dará un hijo, al que llamarás Juan» (Lc 2,13). Zacarías manifestó su incredulidad, y por eso se quedó mudo. Ahora, obedece a lo que Dios le pidió escribiendo que el nombre del niño es Juan. Recupera así el habla y comienza una nueva historia.

Nuevas oportunidades

El texto nos hace comprender que se han abierto nuevas oportunidades: una mujer anciana y estéril da a luz un hijo; un hombre mudo habla. Dos signos que indican que allí donde las cosas parecen imposibles, Dios siempre tiene reservada una posibilidad, como nos recuerda el profeta Isaías: “Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?” (Is 43:19).

FUENTE: VATICAN NEWS

 

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO. DIÓCESIS DE SEVILLA

El pasado 4 de junio, Vida Ascendente de la Diócesis de Sevilla, celebramos el fin de curso 2023-2024, en la Parroquia de San Gonzalo (Parroquia que cuenta con un gran grupo de Vida Ascendente), interviniendo en una charla el ponente Don Jesús Ciudad, del grupo parroquial de San Vicente de Paúl, basando su ponencia en los mayores y en la necesidad de poder tener con ellos todo cuanto necesiten para su estabilidad emocional.

            A continuación, nuestro vicepresidente Manuel Montero, hizo un resumen de lo que ha sido el presente curso en nuestro movimiento. En primer lugar, tuvo un bonito y emotivo recuerdo para nuestro presidente José Luís López Naranjo, recientemente fallecido, para posteriormente pasar a reseñar todos los objetivos conseguidos, pasando de 6 grupos a principios de año a 24 locales y dos en la provincia a fecha de cierre del curso con 289 personas censadas. Un gran triunfo que esperemos en el próximo curso podamos ir ampliado.

            A continuación, se celebró la Eucaristía, oficiada por nuestro Consiliario Don Manuel Martínez Alaminos y concelebrada por seis sacerdotes de distintos grupos de Vida Ascendente.

            Por último, tuvimos un almuerzo de confraternidad en las mismas instalaciones de la Parroquia de San Gonzalo, a la que acudieron 110 personas, demostrando una vez más, el poder de convocatoria de Vida Ascendente de la Diócesis de Sevilla.

            No quisiera terminar sin agradecer de un modo especial al Padre Don Juan José González González, Párroco titular de la parroquia de San Gonzalo, pues puso a nuestra disposición todas las instalaciones para poder celebrar con gran solemnidad nuestro fin de curso. GRACIAS PADRE JUANJO.

Asimismo, una mención especial a la animadora del grupo de San Gonzalo nuestra compañera Lourdes Fernández-Palacios Sánchez-Dalp, por su encomiable organización de todos los eventos.

            Dando gracias a Dios y a su Santísima Madre, por toda su ayuda y pidiéndoles nos siga ayudando en el futuro.                          

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE ORIHUELA – ALICANTE

 El pasado viernes día 7 de junio celebramos el final de curso en la Concatedral de San Nicolás de Alicante, comenzábamos la Asamblea Anual a las 10,30 en el salón de actos de la parroquia, donde con buena representación de los grupos comenzábamos nuestra jornada acompañados del Presidente Nacional  Jaime Tamarit, que fue recibido por Monseñor Cases, Obispo  Emérito de Canarias y miembro del grupo de la parroquia de San Blas, y la Coordinadora Interdiocesana Mercedes Montoya, que tras la Asamblea nos hablaron del sentimiento de pertenencia al Movimiento, de la amistad, de cómo se hace necesaria nuestra pequeña aportación económica solidaria, de la importancia de la formación y sobre todo de la alegría de volvernos a reunir y a encontrar.

Había mucha alegría por compartir con nuestro presidente nacional este día, lo valoramos mucho  porque somos conscientes del gran esfuerzo que hace acompañándonos, toda la experiencia que nos trasmite y el ánimo que nos infunde saber que no estamos solos, que en otras diócesis también hay dificultades y que hay otros hermanos de otros países que nos necesitan, esto es un gran don, porque nos permite darnos y poner nuestra razón de ser en el servicio a los demás, y que tenemos todo un movimiento internacional dependiente de Roma que nos cobija y en el que sentirnos útiles.

Quizá cuando nuestro Obispo nos dio está fecha para nuestro fin de curso no cayó en el día que era, la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, o el Espíritu enredó para que así fuera, la cuestión es que celebró la Eucaristía con nosotros en medio de un día lleno de actividades en la Diócesis, y en Radio María, donde como sabéis los viernes emite el programa Sexto Continente. En la homilía nos habló del Amor,  de cómo tenemos que confiar, en  Dios que es padre y madre a  la vez y que derrama misericordia, que es a Él, a su Sagrado Corazón, a donde debemos acudir  cuando esté roto nuestro pobre corazón humano.

A nosotros no nos extraña porque en San Nicolás nos tratan muy bien y conocemos a nuestro Obispo, que tiene una paciencia infinita cuando se tata de inmortalizar los momentos con las fotos, pero nuestro presidente Jaime se quedó gratamente sorprendido por la acogida, la cercanía, por la liturgia, el organista, y por  nuestro Consiliario D. Tomas que agradeció todos los dones recibidos por los mayores.

Y como bien está lo que bien acaba, terminamos encontrándonos ante la mesa en un restaurante cercano a la Concatedral donde comimos estupendamente en un coqueto saloncito.

¡Sagrado Corazón de Jesús. En vos confío!

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE JAÉN

Más de 200 personas de toda la Diócesis, miembros y amigos de Vida Ascendente, nos hemos reunido para la clausura del curso pastoral, en la parroquia de San Juan Bautista, en presencia de la Virgen de los Dolores Patrona de Arjona.

Como otros años el acto comenzó con la acogida en el templo para pasar a continuación a la celebración de la Santa Misa, presidida por D. Facundo López Sanjuán, consiliario de Vida Ascendente y Delegado episcopal para la Pastoral de las personas mayores, así como por otros sacerdotes y consiliarios de nuestra diocesis:

  1. Manuel Jesús Casado
  2. Jose María Romero
  3. Juan mena
  4. Miguel Conejero
  5. Angel Sanchez
  6. Miguel José Cano
  7. Sebastian Moreno

La Misa ha sido una profunda acción de gracias a Dios por todas sus bendiciones este año tanto a nivel personal como a nivel de movimiento.

Facundo ha tenido una especial acción de gracias y acogida a los nuevos grupos fundados este año

La Eucaristía ha concluido con una ofrenda de flores a la Santísima Virgen de los Dolores y la Salve a la Virgen y el Himno de Vida Ascendente.

Tras esto, hemos celebrado la Asamblea de clausura donde la Presidenta María Dolores Núñez ha dado las gracias a todos los asistentes y a los pueblos donde se ha fundado el movimiento. También, ha comentado las distintas visitas a los grupos para fortalecerlos y revitalizarlos y los grupos nuevos creados en nuestra Diócesis son: Los Villares, Valdepeñas de Jaén, Porcuna, Rus, Alcalá la Real en las parroquias del Salvador y Santa María, Santo Tomás de Úbeda, San Bartolome de Jaén. De la misma manera, se han dado las cuentas del pasado año 2023. Seguidamente, y tras unas palabras de nuestro consiliario, hemos tenido la tradicional comida fraterna entre los asistentes donde se paso un gran rato de amistad y convivencia.

Desde la Comisión Diocesana damos las gracias a todos los asistentes por haber acudido y a otros miembros que no han podido asistir por diferentes causas y a los que tenemos presentes y les enviamos un afectuoso abrazo, muchas gracias a todos.

✍Comisión Diocesana de Vida Ascendente Francisco Manuel Camacho Santiago secretario

FINAL DE CURSO EN CASTILLA Y LEÓN

Hemos celebrado el fin de curso en Segovia, de todas las provincias de Castilla y León.

A las 11 de la mañana, llegaban a Segovia, los autobuses de las personas de vida ascendente junto al Acueducto, para celebrar la jornada.

Subimos a la Catedral, una vez allí, visita  guiada a la misma, a continuación celebramos la Eucaristía, presidida por el Obispó de Segovia, D. Cesar Franco.

Finalizada la Eucaristía, foto grupal de todos los miembros de Vida Ascendente de Castilla y León.

Al finalizar, acompañados por gaita y tamboril, hasta el restaurante, Convento de Mínimos, comida de hermandad.

Terminando con una visita al Palacio Episcopal, instalaciones y museo.

Pasamos un día gozoso en espiritualidad, testimonio y amistad.

Feliz viaje de vuelta a todos los participantes de Vida Ascendente de Castilla y León.

Feliz viaje de vuelta a todas las provincias

Y Amelia Diez Reoyo,  presidenta de Burgos nos relata su experiencia

El pasado día 6 nos reunimos en Segovia, compañeros de Vida Ascendente de toda Castilla y León. Nos juntamos 265 personas llegadas de todas las diócesis castellanoleonesas.

                Uno de los grupos más numerosos fue el de Burgos, 50 personas pertenecientes o simpatizantes de los diferentes grupos diocesanos, de Burgos capital y de otros lugares de la provincia como Miranda de Ebro o Lerma.

                Sobre las 07:30 horas iniciamos la recogida de los diferentes grupos en los sitios acordados y sobre las 08:30 H. nos pusimos en camino. Llegamos a Segovia sobre las 10:30 y en las inmediaciones del acueducto nos esperaba la presidenta de Segovia para darnos la bienvenida.

                Al iniciar el viaje, dirigidos por nuestro consiliario, Don Jesús Andrés, hicimos una oración para pedir la protección de la virgen, que no tuviéramos ningún percance y por el buen resultado de la reunión.

                Don Emiliano, el consiliario del grupo de la parroquia de Santo Domingo, nos fue  refiriendo anécdotas y chascarrillos que le habían sucedido o contado,  sobre los diferentes pueblos por los que íbamos pasando. Nos fue amenizando el viaje. Y entre comentarios sobre los pueblos por los que pasábamos, unas pastas para entretener el apetito y cantando diferentes canciones, se nos paso el tiempo del viaje sin darnos cuentas.

                Mientras esperábamos a que llegaran los otros grupos, el consiliario de Segovia, nos explicó el acueducto, como se construyó y algunas anécdotas e historietas de dicha construcción, nos repartió unos planos de la ciudad. Y tras unos minutos, para poder ir al baño y tomar un café, tuvimos un momento de asueto.

                En Segovia, una vez que habían llegado todos los grupos diocesanos, todos juntos y con los estandartes ondeando, nos encaminamos, poco a poco que ya no estamos para disputar carreras y todo el camino es cuesta arriba, hasta la catedral. Los burgaleses nos distinguíamos por un pañuelo verde al cuello con la inscripción de Vida Ascendente, Burgos

                Llegamos a la catedral sobre las 11:45 y en ella nos estaban esperando el vicepresidente del cabildo y una guía que nos explicaron la historia de la catedral, cuando se inició la construcción, quien ordeno la construcción y quienes fueron las personas que aportaron el dinero para su construcción, el cabildo, El Rey Carlos I pero sobre todo el pueblo segoviano. Tardaron 195 años en construirla y el año que viene se cumple el 500 aniversario de la colocación de la primera piedra. Parte de la misma está construida con los restos de la primitiva catedral que estaba junto al Alcázar y que fue destruida, durante la guerra de las comunidades, por las tropas reales durante la toma de este.

                Solo pudimos hacer una visita a la carrera de las diferentes capillas en las que se muestran diferentes obras de arte de interés. Destaca sobre todo, en la capilla del Santísimo, El Cristo de la Agonía, obra del escultor Manuel de Pereira del s. XVII, donde el diseño del conjunto de la azulejaría fue encargado al ceramista Daniel Zuloaga. Zuloaga lo ejecutó en la antigua fábrica de cerámica «La Segoviana», y fue colocado en 1897 en su lugar actual. Esta capilla fue adquirida para enterramiento por la familia del Marqués de Lozoya hasta que a finales del s.XIX fuese donada al Cabildo Catedral. Y la otra obra de gran interés es el Cristo yacente de Gregorio Fernández, maestro insigne afincado en la ciudad de Valladolid, que realiza entre los años 1631 y 1636. Fue donada a la Catedral de Segovia por el obispo Don Melchor Moscoso de Sandoval. Cristo colocado sobre un sudario de abundantes pliegues triangulares, apoya su cabeza sobre una almohada blanca adornada con bellos motivos bordados. La cabeza vuelta hacia el lado izquierdo parece mirar al espectador, ojos entreabiertos y también su boca, en la que se aprecian los dientes. Profunda expresión de muerte. Unos finos goterones de sangre producidos por la corona de espinas se deslizan por su frente, también aparece una ceja traspasada por una espina. La barba tallada bipartita y su cabello de mechones rizados se extienden sobre la almohada, donde el pintor ha añadido otros mechones aún más finos.

                En cuanto al modelado del cuerpo, Gregorio Fernández realiza un cuerpo agotado. Pequeños hilos de sangre se juntan con los producidos por las grandes heridas, destacando entre todas ellas la lanzada, una profunda llaga de la que brotan sangre y agua. La pieza es un bello estudio anatómico del cuerpo desnudo, pues el paño de pureza cae púdicamente para cubrirle, pero está abierto dejando ver la totalidad de la pierna izquierda. Este paño es de color azul y está compuesto a base de pliegues muy profundos. Los músculos del cuerpo de Cristo parecen estar aún en tensión, ésto junto con la profunda expresión del rostro, hace que parezca que Cristo aún vive. Los brazos extendidos sobre el sudario y sus manos heridas están llagados por los clavos. Detalles como los añadidos de uñas dan un mayor realismo. Su pierna derecha recta, mientras que la izquierda se flexiona ligeramente para mostrar mejor sus rodillas llenas de heridas sangrantes producidas seguramente por las caídas en su camino hacia el Calvario. También de sus pies salen regueros de sangre. La policromía del cuerpo está hecha con una encarnación mate muy fina, salvo los dedos de manos y pies que se presentan amoratados. El pintor parece que se recrea en la sangre, dando lugar a tonalidades claras y oscuras, zonas en las que parece aún caliente y otras en las que ya ha coagulado. Esto unido a la utilización de pequeños fragmentos de otros materiales dota a las figuras de un gran realismo.

                A continuación, a las 13:00, en esta capilla del Santísimo, celebramos una Eucaristía presidida por Don Cesar Augusto Franco Martínez el cual, en la homilía, hizo mucho énfasis en los carismas de nuestro movimiento, haciendo hincapié, sobre todo, en la amistad, como arma para combatir la soledad de los mayores. Nos elogió la fuerza y la alegría como cantábamos, parecía que cantábamos con la fuerza de los jóvenes.

                Una vez terminada la Eucaristía y cantado el himno de Vida Ascendente, acompañado por el órgano, y en la que hicimos ofrenda de los estandartes de las diferentes diócesis, nos dirigimos al exterior de la catedral para hacernos unas fotos de grupo y después, acompañados de unos dulzaineros, nos dirigimos al antiguo convento de mínimos, hoy convertido en restaurante, donde degustamos una comida de productos típicos segovianos.

                Una vez acabada la comida tuvimos un tiempo para visitar el museo catedralicio y a los autobuses para regresar a casa.

                Espero que valga el relato, pues la gente que acudimos a Segovia salimos encantados de la concentración y con deseos de repetir el año que viene. Vida Ascendente de Segovia se merecen un 10 por su buen hacer y la perfecta organización.

                Desde Burgos queremos felicitar y dar las gracias a la presidenta de Segovia y a todas las personas que le han ayudado por la gran labor que han realizado para que todo fuese tan perfecto como ha sido.