CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: I. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM. 4. LA IGLESIA PUEBLO SACERDOTAL Y PROFÉTICO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy quisiera detenerme de nuevo en el segundo capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium (LG), dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.

El pueblo mesiánico (LG, 9) recibe de Cristo la participación a la obra sacerdotal, profética y real en la que se lleva a cabo su misión salvífica. Los Padres conciliares enseñan que el Señor Jesús ha instituido mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un «sacerdocio real» (1Pt 2,9; cfr 1Pt 2,5; Ap 1,6). Este sacerdocio común de los fieles es donado con el Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en espíritu y en verdad y a «confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia» (LG, 11). Además, a través del sacramento de la Confirmación, todos los bautizados «se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras» (ibid.). Esta consagración está en la raíz de la misión común que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos.

A propósito, el Papa Francisco observaba así: «Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) “quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo” (LG 10), entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios» (Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, 19 de marzo 2016).

El ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificación, sobre todo participando en la ofrenda de la Eucaristía. Mediante la oración, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida renovada por la gracia de Dios (cfr LG, 10). Como sintetiza el Concilio, «el carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes» (LG, 11).

Los padres conciliares enseñan además que el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo (cfr LG, 12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y del consenso de los fieles. La Comisión Doctrinal del Concilio precisaba que este sensus fidei «es como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra más profundamente en ella y la aplica más plenamente en la vida» (cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto.

Lumen gentium concentra la atención sobre este último aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pontífice, al servirla. «La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres» (LG, 12). La Iglesia, por tanto, como comunión de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no puede errar en la fe: el órgano de esta propiedad suya, fundado en la unción del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta unidad, que el Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia.

El Espíritu Santo, que nos viene de Jesús Resucitado, dispensa de hecho «entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia» (LG, 12). Una demostración peculiar de tal vitalidad carismática es ofrecida por la vida consagrada, que continuamente brota y florece por obra de la gracia. También las formas asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de Dios.

Queridos, despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto conlleva.

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the holy see

La Santa Sede

CIENCIA Y SABIDURÍA

En la persona que estudia puede encontrarse una doble dimensión que, a modo de tendencia, se encuentra diversamente acentuada en el científico, el filósofo o el teólogo. Me refiero a la distinción entre saber y sabiduría. El saber se preocupa de cernir la realidad y de obtener todos los datos constatables sobre ella. El principio de la sabiduría es el asombro; no un asombro que conduce a quedarse pasmado ante las cosas, sino a preguntarse por qué me asombra lo que me asombra. El asom­bro convertido en pregunta, ese es el principio de la sabiduría. Pero también es sabi­duría una manera de situarse ante el mundo, una orientación para conducir la vida. De modo que el saber se refiere a los objetos, incluyéndome a mí mismo como un objeto más de este mundo. La sabiduría es una visión global que me interpela, pero también me concierne, pues hace que vea el mundo de una determinada manera, con unos valores y sentimien­tos.

Aquí viene bien continuar una idea de Laín Entralgo sobre las preguntas pe­núltimas y las preguntas últimas. Las preguntas penúltimas (¿qué es la sal?, ¿cómo funciona una máquina?) son propias de la ciencia y la respuesta a las mismas nos otorga un saber cierto, valioso, delimitado, pero tal saber no deja de llevar consigo la posibilidad de seguir preguntando. A las preguntas últimas (¿quién soy yo?, ¿qué puedo hacer con mi vida?) sólo cabe responder desde la sabiduría, pues para nuestra mente no tienen una respuesta idónea y racional. ¿Significa esto que no tienen respuesta? De ningún modo. Significa que no tienen una respuesta que se imponga necesariamente a la inteligencia, pero sí tienen una respuesta razonable. Respuesta que, sin dar lugar a la evidencia, se nos muestra aceptable, convincente e incluso sugestiva, para admitir un aserto cuya demostración racional no es posible. La sabiduría se sitúa en el ámbito de lo último. Y por eso, se trata de un saber que normalmente ofrece más preguntas que respuestas. Cuando las ciencias nos han ofrecido todas las respuestas, siempre quedan preguntas por responder, preguntas que, al final, son las que verdaderamente interesan. De ahí surge una nueva consideración: en los terrenos del saber y de la ciencia, otros pueden estudiar e investigar por mí. Pero las preguntas últimas, aunque otros puedan ayudarme a pensar, nadie puede responderlas por mí. La sabiduría me implica personalmente.

 Vivimos en una cultura de lo fácil, de lo intrascendente, de lo obvio. Una cul­tura que busca respuestas y seguridades, y desconfía de aquellos que plantean cues­tiones. Desgraciadamente, de esta búsqueda de seguridades y desconfianza ante las preguntas participan también muchos creyentes. Pero sea uno creyente o no lo sea, podría al menos quedarse con la pregunta de si el verdadero significado de la realidad está en algo que todavía ignoramos. Quizás para alcanzar este significado último no sea suficiente abrir bien los ojos y los oídos. Quizás no sea buen camino comenzar con la seguridad de una evidencia o de un silogismo. ¿Por qué el camino que comienza con un acto de confianza en una palabra que de entrada no ofrece pruebas, sino que pide adhesión, no puede abrirnos al descubrimiento? ¿Habrá algo que el oído no oyó, que el ojo no vio, que tampoco vino a la mente del hombre, pero de alguna manera puede venir a ella, y que quizás tenga un interés supremo para el ser humano? ¿Qué hay de malo, o mejor, que puede haber de bueno, en formularse preguntas así? ¿No es el ser humano, a diferencia de los animales, un ser que pregunta y que pregunta sin limita­ción alguna? Ahora bien, ¿vale la pena preguntarse, esfor­zarse, perder literalmente el tiempo por aquello que ignoramos? ¡Claro que sí! Pues la pregunta por lo que igno­ramos es lo que hace avanzar el saber en todos los órde­nes de la vida. Más aún, una pregunta bien planteada es de alguna manera un anti­cipo de la respuesta. Heidegger decía que la pregunta es la forma suprema del saber.

Martín Gelabert Ballesteros

RETIRO DE CUARESMA DE CORIA – CÁCERES

El pasado 4 de marzo, en la diócesis de Coria Cáceres, nos hemos reunido para tener una convivencia retiro, en la casa de la Iglesia, con posterior comida en un restaurante de la plaza Mayor de Cáceres.

Nuestro consiliario, Pater Juanma, nos hizo un repaso  Cuaresmal basado en la Transfiguración. Porque, dice que la Cuaresma no es algo negativo; es: “gracia y salvación”. Toda nuestra vida es un camino cuaresmal de renuncia, esfuerzo, y negación. Es la cruz que nos lleva a la salvación.

En la vida vamos eligiendo. Podemos optar por aptitudes cuaresmales, para practicarlas y ser coherentes. Pero esto es una travesía del desierto, con sus dudas y carencias, donde uno echa de menos los ajos y las cebollas de Egipto. ¿ No habría sido mejor seguir esclavos, pero con una olla de carne? ¿Será una ilusión, esto de la tierra prometida? Se les prometió una tierra que produce leche y miel, pero vamos por un desierto, con esclavitudes, que tiran de nosotros, por eso necesitamos un Tabor que nos ayude a subir a Jerusalén.

En el Tabor, Jesús les muestra su Gloria y les debió impactar mucho a los apóstoles. Nosotros también hemos tenido experiencias del Tabor que dejaron huellas, para poder seguir adelante.

Los santos y los místicos son los que han mirado por la cerradura y han visto por el Tabor, el Cielo. Antes de entrar al banquete definitivo, nosotros también saboreamos los aperitivos; son las experiencias místicas, más o menos grandes, la alegría, la libertad, momentos felices, que son como los entrantes, de antes del banquete.

Todo el mundo sufre. Quizás el cristiano, puede que tenga un plus de sufrimiento, pero sin duda que vivimos muchas compensaciones, que nos dan satisfacción. Las cruces del cristiano se compensan porque el Señor no se deja ganar en generosidad y nos da el ciento por uno en esta tierra y luego la vida eterna. Los que tenemos fe, sufrimos cruces, pero mezclados con momentos de Tabor. Por eso la cruz es fecunda y fructífera. Produce frutos para uno mismo y para los demás. Hay dos clases de cruces, las voluntarias que solemos hacer en Cuaresma y las que nos trae la vida sin que nosotros las busquemos, pero que con seguridad vienen de Dios, más que las voluntarias, que puedo elegirlas según mis gustos.

Para un ateo, lo transcendental, no tiene sentido. Para un cristiano, lo transcendental, nos sostiene en las dificultades. Dice Santa Teresa: “que a las almas ventaneras les asusta el silencio”, están siempre mirando a los demás. Quienes tienen vida interior, gustan del silencio. Hay que bajar al llano, tras la oración silenciosa del monte Tabor y construir entre los necesitados la cuarta tienda y allí entre ellos vivir la fe testimoniando lo que Dios ha puesto en nuestro corazón en la oración.

Nos acompañaron tres consiliarios de grupos. Tuvimos la celebración de la Eucaristía y nos fuimos juntos a comer en fraternidad y alegría. Fue un día espléndido.

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA 136

Dios está de moda

 

Dios está de moda…

aunque, de una manera u otra, siempre estuvo de moda

porque nunca perdió protagonismo y actualidad,

a pesar de que algunos filósofos y escritores,

como Nietzsche, Hegel, Sartre, Dostoyevski,

dijeron que Dios había muerto

y difundieron en sus escritos “la muerte de Dios”,

noticia a la que nadie o casi nadie dio credibilidad

porque Dios seguía vivo y bien vivo.

-¿Tu Dios está “vivo” o “muerto”?

Dios está de moda…

en una sociedad como la nuestra,

cada vez más secularizada

y con las “religiones” perdiendo adeptos.

En España, el 16 por ciento de la población se declara atea,

el 11 por ciento, agnóstica

y el 10 por ciento, no creyente,

pero Dios sigue teniendo una presencia muy significativa

porque seis de cada diez personas son creyentes,

más de la mitad católicos.

-¿Tú eres creyente sin más o también practicante?

Dios está de moda…

porque la espiritualidad, la trascendencia, la contemplación,

los símbolos religiosos y la vida conventual

son “tendencia” entre artistas e “influencers”:

es el caso de la cantante Rosalía,

que en su nuevo álbum musical aparece vestida de monja,

de “monja contemporánea” como ella se define.

La “moda de Dios” no sólo es atractiva para los “famosos”,

sino también para cualquier persona

que frente a las turbaciones del mundo contemporáneo

quiera dar “sentido y trascendencia” a su vida.

“Si Tú me dices ven, lo dejo todo”.

-¿Para ti, Dios está “de moda o pasado de moda”?

Dios está de moda…

pero las modas que aplican las reglas del marketing

suelen ser pasajeras y lo mismo que vienen se van.

Dios no es sólo para la “temporada de primavera-verano”

sino para las cuatro estaciones,

porque “Dios es el mismo ayer, hoy y mañana” (Heb 13,8).

-¿Acaso tu Dios es “de quita y pon”?

Dios está de moda…

“A ustedes, los artistas, les recuerdo que el arte

no puede ser un anestésico que adormece las conciencias,

sino que, al contrario, debe despertarlas.

Quisiera pedirles que no olviden a los pobres,

que son los preferidos de Dios

y también necesitan arte y belleza.

Los pobres no suelen tener voz para hacerse oír,

pero ustedes pueden ser intérpretes

de su grito silencioso” (Papa Francisco).

-¿Tú necesitas poner “arte y belleza” en tu vida?

“Envíame, Señor, tu luz y tu verdad,

para que ellas me enseñen el camino

que lleva a tu santo monte,

al lugar donde tú vives.

Llegaré entonces a tu altar

y allí te alabaré al son del arpa,

pues tú, mi Dios, llenas mi vida de alegría” (Sal 43,4).

 

Julián del Olmo

Domingo, 8 de marzo de 2026

MIRTHA LEGRAND, LA PRESENTADORA DE TELEVISIÓN MÁS LONGEVA DEL MUNDO, CELEBRA SUS 99 AÑOS

El pasado 23 de febrero de 2026, Rosa María Juana Martínez Suárez, conocida mundialmente como Mirtha Legrand, celebró sus 99 años en plena actividad televisiva, consolidándose como una de las figuras más emblemáticas y longevas de la historia de los medios de comunicación.

Nacida en Villa Cañás, provincia de Santa Fe (Argentina) el 23 de febrero de 1927, Legrand comenzó su carrera artística muy joven, con sólo 13 años debutó en el cine argentino en Hay que educar a Niní (1940) y un año después protagonizó Los martes, orquídeas, película que la consolidó como una de las grandes estrellas emergentes del cine nacional.

Su verdadera transformación en ícono popular llegó cuando, a los 41 años, aceptó el desafío de conducir un programa de televisión. Un formato de entrevistas entorno a una mesa con comida, que revolucionó la pantalla chica argentina.

El 3 de junio de 1968 se estrenó Almorzando con las estrellas, luego rebautizado Almorzando con Mirtha Legrand, un ciclo que combinaba gastronomía, conversación y entrevista con figuras destacadas del ámbito político, cultural y social.

Casi seis décadas después, Legrand sigue al frente de su legado televisivo. Actualmente conduce La noche de Mirtha, el formato nocturno de sus míticos almuerzos y no tiene intención de retirarse: “Nunca imaginé llegar a esta edad… y llegar bien, es un milagro”, declaró durante los festejos de su cumpleaños, que incluyeron la conducción habitual del programa y una fiesta íntima con familiares y amigos.

Una vida dedicada a la pantalla

Con casi 70 años de carrera televisiva, Legrand es considerada la presentadora en activo más longeva del mundo en su oficio, quedando muy cerca del récord de permanencia en pantalla del naturalista británico Sir David Attenborough.

Su influencia va más allá del entretenimiento: ha sido testigo y protagonista, frente a las cámaras, de los grandes momentos de la historia argentina y mundial. Desde encuentros con 35 presidentes hasta conversaciones con figuras de todas las artes y la política, su mesa ha servido como un espacio de crónica social y cultural.

Además de su carrera en televisión, Legrand es un ícono cultural respetado por su estilo y presencia pública, recordada también por su vida personal: fue esposa del director de cine Daniel Tinayre hasta su fallecimiento en 1994, y hoy su nieto Ignacio Viale produce su programa, mientras que su nieta Juana Viale asume la conducción cuando ella no puede estar.

El secreto de su vitalidad

La propia Legrand ha señalado que su vitalidad y energía se deben, en gran medida, a su pasión por el trabajo, una rigurosa disciplina personal y hábitos saludables, incluyendo dormir bien, una alimentación moderada, sesiones de fisioterapia regulares y la abstención de alcohol y tabaco.

Su frase “Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan. Si te ven bien, te contratan” resume su filosofía de vida, que la ha llevado a sostener una carrera incomparable en la televisión argentina.

Aunque es una de las personalidades más queridas de Argentina, la trayectoria de Mirtha Legrand también ha estado marcada por momentos polémicos derivados de su estilo directo y sin filtros en las entrevistas. A lo largo de sus décadas al frente de la televisión, algunas de sus preguntas generaron debate público y críticas.

En 2018, durante una entrevista al diseñador Roberto Piazza, realizó una pregunta vinculada a la identidad de género que fue considerada desactualizada y ofensiva por sectores del colectivo LGTBIQ+. Las críticas se multiplicaron en redes sociales y Legrand terminó ofreciendo disculpas públicas días después.

A lo largo de los años, Legrand ha defendido que su programa se basa en la conversación franca y sin guion rígido, aunque también ha reconocido cuando consideró que debía rectificar.

Considerada en Argentina como una “reina madre” de la televisión, Legrand ha visto nacer el medio, acompañado generaciones y asumido un lugar central en la memoria colectiva del país. Su carrera ha trascendido fronteras culturales, atrayendo invitados internacionales y convirtiéndose en una parada casi obligatoria en los hitos del espectáculo y la política.

65 y Mas

LA FUNDACIÓN REAL BETIS ACOMPAÑA A SUS MAYORES CON CARTAS CONTRA LA SOLEDAD NO DESEADA

La Fundación Real Betis Balompié ha puesto en marcha De Béticos a Abuelos, una nueva iniciativa solidaria con la que la entidad verdiblanca quiere combatir la soledad no deseada que afecta a muchas personas mayores.

El proyecto propone algo sencillo pero cargado de significado: que los aficionados del Betis envíen cartas a residentes de centros de mayores para establecer un vínculo cercano, humano y lleno de sentimiento verdiblanco.

El Real Betis se transmite tradicionalmente de generación en generación, de padres a hijos y de abuelos a nietos. Con esta iniciativa, la Fundación propone recorrer ese camino también en sentido inverso, que los béticos acompañen ahora a los mayores que siguen viviendo el escudo y los colores con la misma pasión que el primer día que pisaron el estadio.

Cómo participar

El club ha habilitado un formulario online en el que cualquier aficionado puede redactar una carta con sus propias palabras. Los mensajes serán entregados próximamente durante visitas programadas a residencias de mayores de Sevilla y su provincia.

La Fundación anima a los seguidores a escribir desde el cariño, el respeto y el sentimiento bético, con el objetivo de que ningún mayor se sienta solo. A través del enlace habilitado, los aficionados solo deben completar los apartados del formulario y pulsar el botón “Enviar mi carta contra la soledad no deseada” para sumarse a la iniciativa

Con De Béticos a Abuelos, la Fundación Real Betis Balompié refuerza su compromiso social y su implicación con las personas mayores, consideradas una parte esencial de la familia verdiblanca. La entidad ya cuenta con programas específicos dirigidos a este colectivo, como el Real Betis Walking Football, el equipo de fútbol andando destinado a mayores de 50 años.

Cerlesky Pérez Para 65 y Mas

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PATRICIO

Patricio nació con el nombre de Maewyn alrededor del año 387 en Bennhaven Taberniae, en la actual Escocia. Era hijo de un oficial romano, cuya religión era el cristianismo. A los 16 años cayó prisionero de piratas irlandeses y fue vendido como esclavo. Tras varios intentos, logró huir y se convirtió en predicador del Evangelio en Irlanda, isla que en esos tiempos se encontraba dividida en numerosos clanes sometidos a la poderosa autoridad de los druidas.

Se adaptó muy bien a las condiciones sociales del lugar, formando un clero local y varias comunidades cristianas, respetando las tradiciones y costumbres propias de sus habitantes. Se le conoce como el Apóstol de Irlanda, donde murió hacia el año 461.

Una tradición irlandesa le atribuye la hazaña de haber librado la isla de serpientes. Actualmente, Irlanda es la única región de las Islas Británicas que no posee ofidios silvestres, debido a su separación de Gran Bretaña poco después de finalizar la última glaciación.

Su fiesta se celebra el día 17 de marzo. La Fiesta de San Patricio es muy celebrada en Irlanda, de donde es patrón, y sobre todo en Estados Unidos. Cada 17 de marzo se organiza en Nueva York un gran desfile por la Quinta Avenida en la que participan multitud de personas vestidas de verde.

Patricio tuvo que explicar una vez lo que era la Santísima Trinidad. Para que todos lo entendieran utilizó un trébol como muestra, explicando que la Santísima Trinidad, al igual que el trébol, era una misma unidad pero con tres personas diferentes (un mismo tallo con tres hojas).

San Patricio es una figura venerada en Lorca, Murcia, cuyo patronazgo se consolidó tras la Batalla de los Alporchones el 17 de marzo de 1452, fecha en la que las tropas cristianas derrotaron a los nazaríes. La importancia del santo se refleja en la imponente Colegiata de San Patricio, construida en el siglo XVI, siendo uno de los pocos templos en España dedicado a este patrón irlandés.

La situación fronteriza a mediados del siglo XV era bastante tensa ya que el rey granadino Muhammad X, aprovechando la división política que en esos momentos reinaba en Murcia, realizó diversas incursiones contra villas que permanecían fieles a Juan II, asaltando fortalezas, asolando los campos y capturando un gran número de cautivos. No pudiendo frenar la avalancha musulmana, Juan II solicitó una tregua con los granadinos en 1450 para dedicar todos sus esfuerzos a sus enfrentamientos con el marqués de Villena, en los que contaba con el apoyo de Lorca y de su alcaide Alonso Fajardo.

Pero la tranquilidad en relación con el reino nazarí de Granada no duró mucho y había cierta inseguridad en la frontera. En febrero de 1451 se produjo una nueva incursión granadina y cada vez llegaban noticias más alarmantes de los preparativos musulmanes. Un nuevo intento de negociación fracasó y en agosto de ese año se anunció la llegada de un potente ejército moro, avisos alarmantes que se repitieron en septiembre, sin que se materializaran.

Al mismo tiempo las rivalidades entre sectores enfrentados del Reino de Murcia dieron paso a una concordia para confederarse contra los musulmanes. La temida y anunciada incursión granadina se produjo en los finales de ese año, pero no se atrevieron a atacar Lorca y lo hicieron hacia el campo de Cartagena y término de Orihuela, buscando el botín, Así como apoderarse de los ganados e indefensos pastores de aquella comarca. Según las crónicas, el ejército sarraceno atravesó por los campos de Pulpí y Puerto de los Peines, entró en el campo de Cartagena y arrasaron Corvera, El Escobar, Campo Nubla y Rincón de San Ginés hasta llegar a las cercanías de Pinatar.

Terminada la incursión, los moros, que llevaban unos 40 cautivos y 40.000 cabezas de ganado, decidieron regresar a Granada por el interior, o sea por las cercanías de Lorca, envalentonados por su hazaña. Según las crónicas el ejército sarraceno estaba formado por 1.270 a caballo y 1.000 peones. Así que el jueves, 16 de marzo 1452, el alcaide de Lorca envió peticiones de ayuda a Murcia y a otras poblaciones cristianas ya que tenía la intención de enfrentarse a ese ejército.

De la capital llegaron 70 caballeros múrcianos y unos 500 peones; de Caravaca acudieron 200 caballeros y 1.400 peones; de Aledo siete hombres a caballo y 15 peones. En total, según la documentación de la época, en Lorca se concentraron unos 300 jinetes y cerca de 2.000 infantes, que se apostaron en el campo de los Alporchones, junto a la rambla de Viznaga, pues por escuchas y atalayas supieron que los moros regresaban por esa zona.

El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar el 17 de marzo de 1452, y si la sorpresa favoreció en un principio a los cristianos, la batalla estaba igualada. Según narra Cánovas Cobeño en su Historia de la Ciudad de Lorca, «de una y otra parte hacíanse prodigios de valor, pues entre los moros estaban los más valientes capitanes, y con los de Lorca peleaban los Moratas, García de Paredes, Quiñonero, García de Alcaraz y otros bravos. Dos veces fue rota la caballería mora y dos veces se rehizo por el valor de Malik-alabez, cuyo brazo hacía gran daño en los cristianos».

Y sigue Cánovas diciendo que «Fajardo, que comprendió que el alma de la batalla era este alcaide, arremetió hacia él con su lanza y a no haber sido la cota de Alabez de tan buen temple, allí hubiera muerto, pues se quebró en ella la lanza. Malik-Alabez tiró con su alfanje un violento tajo a la cabeza de Fajardo que éste tuvo la fortuna de evitar, y sin darle tiempo asiole fuertemente con la mano izquierda que le sacó de la silla, y el caballo que estaba mal herido cayó arrastrando al jinete. Saltó de la silla Fajardo y sujetó al moro con gran fuerza hasta que llegaron más peones que lo maniataron y lo sacaron de la batalla por orden de Fajardo».

La batalla se decantó claramente a favor de los cristianos y el ejército moro salió en huida atravesando la sierra para llegar a la marina y dirigirse hacia Vera. Los cristianos lo siguieron hasta la fuente de Pulpí y a Granada sólo llegaron unos 300. Aquella batalla, y volvemos a Cánovas Cobeño, «costó la vida a 800 caballeros de lo más distinguido de Granada, entre ellos caudillos parientes todos de Malik-alabez. Fueron hechos prisioneros 400 moros y murieron muchos más peones. Por parte de los cristianos hubo 40 muertos y más de 200 heridos».

Las consecuencias de esta batalla fueron varias. Por una parte no hubo más invasiones ni algaradas en el Reino de Murcia. Por otra, los lorquinos decidieron erigir una iglesia en honor de San Patricio, ya que la batalla se dio en la festividad de este obispo, que es el patrón de Irlanda, y Murcia lo nombró patrono de la ciudad. El compromiso lorquino se empezó a cumplir en 1533, cuando por petición del Concejo de Lorca y mediación de D. Sebastián Clavijo, el Papa Clemente VII dio la bula de erección para la Colegial Insigne de San Patricio, un templo de estructura catedralicia levantado sobre la iglesia medieval de San Jorge, traza y plano de Jerónimo Quijano, cuyas obras no finalizarían hasta el siglo XVIII.

Muchos años después, en 1945, el profesor Walter Starkie, del Instituto Británico en España, visitó la ciudad para ver la Semana Santa y decidió pedir a las autoridades civiles y religiosas de Irlanda una reliquia de San Patricio para la iglesia lorquina. La reliquia llegó en 1951 y el entonces párroco, en agradecimiento pidió una bandera de Irlanda para ser izada cada vez que se celebrase una ceremonia en honor del patrón irlandés. La entrega de la enseña estuvo a cargo del secretario de la embajada en Madrid, y se izó por primera vez en 1952, en la balconada de las Salas Capitulares. Desde entonces, la ceremonia se repite cada 17 de marzo a los sones del himno nacional de Irlanda.

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEON XIV PARA LA CUARESMA: ESCUCHAR Y AYUNAR. LA CUARESMA COMO TIEMPO DE CONVERSIÓN

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia». [1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». [2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». [3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». [4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.

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[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.

[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.

[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).

[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).

SAN JOSÉ, EL ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL, INSPIRA LA VIDA ESPIRITUAL DE MILLONES DE FIELES CADA MES DE MARZO

Cada año, cuando llega el mes de marzo, la Iglesia Católica vuelve su mirada hacia una figura que, aunque aparece discretamente en el Evangelio, ocupa un lugar central en la historia de la salvación: San José, el esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesucristo.

Su vida, marcada por el silencio, la obediencia y la confianza absoluta en Dios, ha inspirado durante siglos a millones de fieles. Aunque las Escrituras no conservan ninguna palabra pronunciada por él, sus actos hablan con una fuerza extraordinaria: aceptó el misterio de la Encarnación, protegió a María y al Niño Jesús, y cuidó con amor la Sagrada Familia en los años ocultos de Nazaret.

Por eso la tradición cristiana ha querido dedicarle especialmente el mes de marzo, culminando el día 19 con la solemnidad litúrgica que honra al santo considerado patrono de la Iglesia Universal, protector de las familias y modelo de trabajadores.

San José aparece en la historia del Evangelio como un hombre sencillo, pero su misión fue inmensa: custodiar al Redentor y acompañar el misterio de Dios hecho hombre.

Una aparición providencial que marcó a Santa Teresa

Entre los muchos testimonios de devoción a San José a lo largo de la historia de la Iglesia, uno de los más conocidos es el vivido por Santa Teresa de Jesús, gran reformadora del Carmelo y una de las santas que más propagó la devoción al padre adoptivo de Cristo.

Según relata el libro San José, el más santo de los santos, del agustino recoleto P. Ángel Peña, la santa vivió un episodio extraordinario durante una de sus fundaciones en el siglo XVI. En el año 1575, tras celebrar el Miércoles de Ceniza en la parroquia de Santa María de los Olmos, Santa Teresa emprendió viaje hacia Beas de Segura con el propósito de fundar un nuevo convento carmelita.

La acompañaban dos sacerdotes y varias monjas, entre ellas Sor Ana de Jesús, una de sus más cercanas colaboradoras.

Durante el trayecto, la comitiva se perdió en un terreno escarpado y peligroso. Los guías no encontraban la salida entre los peñascos y el grupo corría el riesgo de precipitarse por un barranco. Ante la angustia de la situación, Teresa pidió a las hermanas que comenzaran a rezar, implorando la ayuda de Dios y la intercesión de San José. Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado.

A lo lejos comenzaron a escuchar la voz de un anciano que les advertía: “Deteneos, deteneos, que vais perdidos y os vais a despeñar si seguís por ahí”.

Aquel misterioso hombre les indicó el camino seguro para salir del lugar y permitió que las carretas pasaran sin dificultad. Sin embargo, cuando algunos regresaron para agradecerle la ayuda, el anciano había desaparecido.

Santa Teresa, profundamente conmovida, comprendió lo sucedido.

Entre lágrimas afirmó a sus compañeras: “¿Para qué lo habéis dejado ir? Era mi padre San José, y no lo encontraréis”. Nunca volvieron a ver a aquel providencial guía.

Marzo: el mes dedicado al custodio de Jesús

Desde hace siglos, la tradición católica ha consagrado cada mes del año a una devoción particular. Marzo está dedicado a San José, figura clave en el misterio de la Encarnación y patrono de la Iglesia Universal.

La Sagrada Escritura presenta a José como un hombre justo. Fue elegido por Dios para una misión extraordinaria: cuidar de María y proteger al Niño Jesús.

Su grandeza no radica en gestos espectaculares, sino en la fidelidad silenciosa con la que respondió a los planes de Dios. A través de sueños y revelaciones, el Señor le fue mostrando el camino que debía seguir.

Y José siempre obedeció.

Aceptó el misterio de la maternidad de María, condujo a la Sagrada Familia hacia Egipto para proteger al Niño de la persecución de Herodes y regresó después a Nazaret para iniciar una vida humilde y sencilla.

Allí trabajó como artesano, enseñó a Jesús el oficio y sostuvo a su familia con el fruto de su esfuerzo diario.

Por eso la Iglesia lo presenta también como modelo para todos los trabajadores y protector de las familias.

La profunda devoción de Santa Teresa de Jesús

Entre los grandes promotores de la devoción a San José destaca Santa Teresa de Jesús, quien lo consideraba uno de los intercesores más poderosos del cielo.

La santa carmelita experimentó personalmente su ayuda cuando padecía una grave enfermedad que la dejó casi paralizada y que los médicos consideraban incurable. Tras encomendarse con fe a San José, recuperó la salud.

Desde entonces difundió su devoción con entusiasmo. Numerosos conventos fundados por ella fueron dedicados al santo, y en sus escritos dejó testimonios de la confianza absoluta que tenía en su intercesión.

Santa Teresa llegó a afirmar una frase que ha quedado grabada en la espiritualidad cristiana:

“Otros santos parecen tener poder para ayudar en algunas necesidades, pero a San José Dios le ha concedido poder para ayudar en todas”.

Hacia el final de su vida, la santa aseguraba que durante cuarenta años había pedido cada 19 de marzo una gracia particular a San José, y que nunca había dejado de obtenerla.

Un santo muy querido por los Papas

La devoción a San José ha sido especialmente promovida también por numerosos pontífices. En el siglo XIX, el Beato Pío IX lo proclamó Patrono de la Iglesia Universal mediante el decreto Quemadmodum Deus. Desde entonces su figura ocupa un lugar central en la espiritualidad católica.

Más recientemente, el Papa Francisco quiso impulsar aún más esta devoción. En 2013 eligió precisamente el 19 de marzo, solemnidad de San José, para comenzar oficialmente su pontificado.

Años después convocó un Año de San José para conmemorar el 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia. En la carta apostólica Patris corde, Francisco describió a San José como un hombre cercano, humilde y silencioso, capaz de sostener con su fe los momentos más difíciles.

“Todos pueden encontrar en San José —el hombre de la presencia diaria y discreta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”, escribió el Pontífice.

Las virtudes de San José para nuestro tiempo

También el Papa León XIV ha destacado la actualidad espiritual de este santo.

Durante el Adviento de 2025, en una reflexión dedicada a la figura de José, el Pontífice subrayó algunas de sus virtudes más profundas: la piedad, la misericordia, la caridad y el abandono confiado en Dios. Para el Papa, José representa el ejemplo de un creyente que, a pesar de su fragilidad humana, supo confiar plenamente en el plan divino. Su historia —explicó— muestra cómo Dios actúa muchas veces a través de personas sencillas que aceptan con valentía la misión que reciben.

Caminos concretos para vivir el mes de San José

La tradición espiritual de la Iglesia invita a aprovechar el mes de marzo para acercarse más a San José mediante gestos sencillos de oración y vida cristiana.

Muchos fieles rezan diariamente una oración en su honor, celebran novenas o incluso dedican los miércoles —día tradicionalmente vinculado al santo— a pedir su intercesión.

También se recomienda confiarle las preocupaciones familiares, el trabajo, el discernimiento vocacional y las dificultades de la vida cotidiana.

San José es considerado patrono de los trabajadores, protector de las familias y defensor de la Iglesia. Pero también ocupa un lugar especial como patrono de la buena muerte, ya que la tradición sostiene que murió acompañado por Jesús y María. Por ello muchos cristianos recurren a él para pedir la gracia de vivir una vida santa y alcanzar una muerte serena en la presencia de Dios.

Un padre espiritual para toda la Iglesia

A pesar de su silencio en los Evangelios, San José sigue hablando al corazón de los creyentes con una elocuencia única. Su vida demuestra que la verdadera grandeza no se encuentra en el protagonismo, sino en la fidelidad silenciosa a Dios. Custodio de la Sagrada Familia, protector del Redentor y patrono de la Iglesia Universal, San José continúa siendo hoy un modelo luminoso de fe, humildad y entrega. Y cada mes de marzo, la Iglesia invita a los fieles a volver la mirada hacia él para aprender a vivir con su misma confianza, su misma valentía y su mismo amor.

Fuente: ETWN

LAS EMOCIONES EN EL ACTO DE FE

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una oportuna nota sobre el papel de las emociones en el acto de fe. La vida espiritual y el encuentro con Dios afecta a la persona en todas sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva, pero de ningún modo se reduce a lo puramente emocional o a lo sentimental.

La nota viene motivada porque en estos últimos años han aparecido diversas iniciativas de primer anuncio que, con métodos distintos, buscan facilitar el encuentro de la persona con Jesucristo. En todos estos métodos tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un gran impacto en las personas. Pero este primer momento debe prolongarse con una profundización en las implicaciones y consecuencias del anuncio, o sea, en una formación en la fe (que conduce a un mejor conocimiento de Jesucristo), en un cambio de actitudes en la vida, en un serio testimonio de Jesucristo de forma creíble (apostolado) y en celebrar el encuentro con el Señor por medio de la liturgia y los sacramentos.

En nuestros días parece que en la experiencia de fe ocupan un lugar privilegiado los sentimientos y las emociones. Pero estos sentimientos deben regularse y completarse, pues pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual. A una fe basada solo en sentimientos positivos y agradables le repugna la cruz. No hay que minusvalorar las emociones, pero hay que tener claras dos cosas: 1) la fe no depende de la intensidad de la emoción; y 2) los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. Pues la fe sin verdad no salva, se queda en una bella fábula o en un sentimiento que, de entrada, entusiasma, pero que depende de nuestros estados de ánimo.

Por otra parte, el “emotivista” resulta fácilmente manipulable. Muchas discursos sociales y políticos apelan a las emociones, para generar adhesiones. Pero la fe es un compromiso estable en el que entra en juego toda la existencia, con todas sus dimensiones. La dimensión afectiva también, pues los sentimientos forman parte de la vida humana y, por tanto, de la vida espiritual, pero no pueden ser lo determinante de toda la vida cristiana. A veces la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual. Muchos grandes santos nos han contando sus momentos de sequedad o la noche oscura de su alma.

En la fe hay un aspecto de conocimiento, una dimensión de verdad que comporta la aceptación de la persona y del mensaje de Cristo. Por eso, la acogida del anuncio de Jesús como Señor y Salvador, requiere un proceso formativo, catequético, para que la fe sea madura y capaz de responder a las dificultades que se le presentan.

La vida de fe supone una dimensión eclesial. La fe es un acto personal, pero no solitario, se vive en comunión, en Iglesia. En la Iglesia se proclama la Palabra, se celebran los sacramentos y se vive el amor a los hermanos. Una vivencia eclesial de la fe no puede absolutizar el carisma del propio grupo, sino ponerlo al servicio de la unidad de la Iglesia, sin excluir, y mucho menos descalificar, otros carismas. Sin olvidar lo que dice el Vaticano II, a saber, que el juicio sobre la autenticidad de un carisma y su regulación pertenece a los pastores de la Iglesia, a los cuales compete no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno (1 Tes 5,19-21).

Finalmente, la fe pide una dimensión celebrativa y exige una dimensión caritativa, que se traduce en solidaridad con los pobres y necesitados y en un serio compromiso por la búsqueda de la justicia, de la paz y del entendimiento entre las personas y los pueblos.

Martín Gelabert Ballesteros – Blog Nihil Obstat