*TIEMPO DE CUARESMA*

«El tiempo de Cuaresma esta ordenado a la preparación de la celebración de Pascua. En efecto, la liturgia cuaresmal dispone a la celebración del misterio pascual, tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles, que recuerdan el bautismo y hacen penitencia» (NUAL, núm. 27).
El tiempo de Cuaresma discurre desde el Miércoles de Ceniza hasta la misa de la cena del Señor del Jueves Santo, exclusive. No obstante, el nombre de este tiempo litúrgico proviene de los cuarenta días penitenciales que distan desde ese miércoles hasta la vigilia pascual de la noche de Pascua, excluyendo los domingos.
El evangelio de san Mateo (6, 1-6. 16-18) que leemos cada año el Miércoles de Ceniza, al comenzar el tiempo de Cuaresma, nos ofrece las tres «armas» para luchar el combate cuaresmal: oración, ayuno y limosna; y llevar a cabo nuestra conversión en las tres dimensiones relacionales de la persona: Dios, uno mismo, los demás.
– Intensificar la oración, afianza nuestra relación con Dios.
– El ayuno nos hace capaces de abrir los ojos y de esponjar el corazón, nos hace más libres para seguir a Jesús dejando de lado aquello que nos lo dificulta.
– Compartir por medio de la limosna dinero, cosas, tiempo, etc. nos hace estar atentos a las necesidades de los otros.
De modo que, tal y como reza el prefacio I de Cuaresma, anhelemos la celebración de la Pascua, con el gozo de habernos purificado, para que por la celebración de los acontecimientos salvíficos que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos e hijas de Dios.
*MIÉRCOLES DE CENIZA*
Dia de ayuno y abstinencia.
El Miércoles de Ceniza marca desde hace siglos el inicio de la Cuaresma, el camino de preparación hacia la Pascua en el que la Iglesia invita a los fieles a la conversión mediante la oración, el ayuno y la limosna.
La ceniza, impuesta sobre las cabezas de los fieles, es un gesto simbólico que, a partir del segundo milenio, ha expresado de forma visible el deseo de renovación interior a través de la penitencia.
Las lecturas nos invitan a volver a Dios con todo el corazón.
En la primera lectura, el profeta no llama solo a gestos externos, sino a un retorno interior: «rasgad el corazón, no las vestiduras». Dios no se cansa de esperarnos, y su misericordia no se apaga, incluso cuando hemos fallado muchas veces.
San Pablo, en la segunda lectura, suplica: «reconciliaos con Dios». El tiempo de Cuaresma no es solo preparación para la Pascua, es también un momento oportuno para sanar heridas, soltar rencores, revisar nuestras prioridades. Hoy es «el día favorable», hoy puede empezar una historia nueva.
En el evangelio, Jesús nos llama a vivir la conversión con autenticidad. Ayuno, limosna y oración no como teatro, sino como expresión de un corazón que busca a Dios. No se trata de aparentar, sino de crecer.
Hoy comenzamos el camino de la Cuaresma marcados por la ceniza. Ese signo humilde nos recuerda que somos frágiles, pero también que somos amados. Volver a Dios no es tristeza, es esperanza. Dejémonos reconciliar por él y comencemos este tiempo como una oportunidad real de cambio, conversión y renovación interior.

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: I. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM 1. EL MISTERIO DE LA IGLESIA, SACRAMENTO DE LA UNIÓN CON DIOS Y DE LA UNIDAD DE TODO EL GÉNERO HUMANO

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos.

El Concilio Vaticano II, a cuyos documentos estamos dedicando las catequesis, cuando quiso describir la Iglesia se preocupó, ante todo, de explicar de dónde proviene su origen. Para hacerlo, en la Constitución dogmática Lumen gentium, aprobada el 21de noviembre de 1964, tomó de las Cartas de San Pablo el término “misterio”. Eligiendo este vocablo no quiso decir que la Iglesia es algo oscuro o incomprensible, como a veces comúnmente se piensa cuando se escucha pronunciar la palabra “misterio”. Exactamente lo contrario: de hecho, cuando San Pablo utiliza, sobre todo en la Carta a los Efesios, esta palabra quiere indicar una realidad que antes estaba escondida y que ahora ha sido revelada.

Se trata del plan de Dios que tiene un objetivo: unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de Jesucristo, acción que se llevó a cabo en su muerte en la cruz. Esto se experimenta ante todo en la asamblea reunida para la celebración litúrgica: allí las diversidades se relativizan, lo que cuenta es encontrarse juntos porque nos atrae el Amor de Cristo, que ha derribado el muro de separación entre personas y grupos sociales (cf. Ef 2,14). Para San Pablo el misterio es la manifestación de lo que Dios ha querido realizar para la entera humanidad y se da a conocer en experiencias locales, que gradualmente se dilatan hasta incluir a todos los seres humanos e incluso al cosmos.

La condición de la humanidad es una fragmentación que los seres humanos no son capaces de reparar, aunque la tensión hacia la unidad habite en sus corazones. En esa condición se inscribe la acción de Jesucristo, que, mediante el Espíritu Santo, venció a las fuerzas de la división y al Divisor mismo. Encontrarse juntos celebrando, habiendo creído en el anuncio del Evangelio, y vivido como atracción ejercitada por la cruz de Cristo, que es la manifestación suprema del amor de Dios; y sentirse convocados juntos por Dios: por eso se usa el término ekklesía, es decir, asamblea de personas que reconocen haber sido convocadas. Así pues, hay una cierta coincidencia entre este misterio y la Iglesia: la Iglesia es el misterio hecho perceptible.

Esta convocatoria, precisamente porque es realizada por Dios, no puede, sin embargo, limitarse a un grupo de personas, sino que está destinada a convertirse en experiencia de todos los seres humanos. Por eso, el Concilio Vaticano II, al inicio de la Constitución Lumen gentium, afirma así: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (n. 1). Con el uso del término “sacramento” y la consiguiente explicación, se quiere indicar que la Iglesia es en la historia de la humanidad expresión de lo que Dios quiere realizar; por lo que, al mirarla se capta en cierta medida el plan de Dios, el misterio: en este sentido la Iglesia es un signo. Además, al término “sacramento” se añade también el de “instrumento”, precisamente para indicar que la Iglesia es un signo activo. De hecho, cuando Dios obra en la historia, involucra en su actividad a las personas que son destinatarias de su acción. Es mediante la Iglesia que Dios alcanza su objetivo de unir en sí mismo a las personas y de reunirlas entre ellas.

La unión con Dios encuentra su reflejo en la unión de las personas humanas. Es esta la experiencia de la salvación. No es casualidad que en la Constitución Lumen gentium en el capítulo VII, dedicado al carácter escatológico de la Iglesia peregrina, en el n. 48, se utiliza de nuevo la descripción de la Iglesia como sacramento, con la especificación “de salvación”: «Porque Cristo – dice el Concilio –  levantado sobre la tierra, atrajo hacia sí a todos (cf. Jn 12, 32 gr.); habiendo resucitado de entre los muertos (Rm 6, 9), envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por El hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación; estando sentado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a sí más estrechamente y para hacerlos partícipes de su vida gloriosa alimentándolos con su cuerpo y sangre».

Este texto permite comprender la relación entre la acción unificadora de la Pascua de Jesús, que es misterio de pasión, muerte y resurrección, y la identidad de la Iglesia. Al mismo tiempo, nos hace sentir agradecidos por pertenecer a la Iglesia, cuerpo de Cristo resucitado y único pueblo de Dios peregrino en la historia, que vive como presencia santificadora en medio de una humanidad todavía fragmentada, como signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos.

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EJERCICIOS ESPIRITUALES 2026

Durante los días 11, 12 y 13 de marzo en la Casa de Espiritualidad de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor,  en la C/ Santa Engracia N. 140 – 28003 Madrid tendremos  los Ejercicios Espirituales para Vida Ascendente de Madrid,  aunque están abiertos a todo el mundo, el Director Espiritual será el  Padre Pascual Millán Arregui, bajo el lema “ACERCARNOS MÁS AL SEÑOR”.

  1. Pascual estará interno con nosotros y dispuesto para todo aquel que quiera consultar, aclarar, confesar…

Los ejercicios son en silencio para poder escuchar al Señor.

Tarifas de la Casa de Espiritualidad:

Pensión completa 72 € por día / por persona

Total : 171 €

Pensión sin alojamiento:  27 € (uso de instalaciones y comida)

Sin alojamiento: 32€ (uso de instalaciones, comida y cena)

Pensión nocturna con desayuno: 58 €

Pensión D sin comidas: 15 € por día/ por persona

 

Para inscribirse, son necesarios los datos siguientes:

Nombre y apellidos, y DNI

*Y la inscripción debe hacerse a la mayor brevedad posible*

 

El Programa será el siguiente

DÍA 11/MARZO

Acogida de 10 a 11 H.

11,00.- Presentación de los ejercicios.

12,00.- Rezo del Ángelus y café

12,15.-Primera meditación

13,30 -Meditación personal

14,00.- Comida

16,00.- Segunda meditación

17,15.-Meditación  personal

18,00.- Merienda

18,30.- Rosario meditado

19,00.- Adoración al Santísimo

19,30.- Eucaristía

20,30.- Cena

21,15.- Completas

DIA 12/MARZO

08,30.- Laudes

09,00.- Desayuno

10,00.- Tercera meditación

11,15.- Meditación personal

12,00.- Rezo del Ángelus y café

12,15.- Meditación Personal

14,00.- Comida

16,00.- Cuarta meditación

17,15.-Meditación Personal

18,00.- Merienda

18,30.- Rosario meditado

19,00.- Adoración  al Santísimo

19,30.- Eucaristía

20,30.- Cena

21,15.- Completas

DIA 13/MARZ0

08,30.- Laudes

09,00.- Desayuno

10,00.- Quinta meditación

11,15.- Meditación Personal

12,00.- Rezo del Ángelus y café

12,15.- Meditación  Personal

13,00.- Eucaristía de despedida

14,00.- Comida

16,00.- Encuentro de conclusión

 

 

Tarifas de la Casa de Espiritualidad:

Pensión completa 72 € por día / por persona

Total : 171 €

Pensión sin alojamiento:  27 € (uso de instalaciones y comida)

Sin alojamiento: 32€ (uso de instalaciones, comida y cena)

Pensión nocturna con desayuno: 58 €

Pensión D sin comidas: 15 € por día/ por persona

 

Para inscribirse, son necesarios los datos siguientes:

Nombre y apellidos, y DNI

*Y la inscripción debe hacerse a la mayor brevedad posible*

 

ELOGIO DE LA LECTURA

De la buena, claro. Aunque la pregunta es: ¿y qué es una buena lectura? En principio, bueno es todo lo que me hace bien, lo que sirve para que yo sea mejor, lo que con­tribuye a mi felicidad. Si un tebeo (algunos los llaman comics) me divierte y así mejora mi hu­mor, es una buena lectura. Dentro de las buenas lecturas, las hay adaptadas a personas y circunstancias. Y hay también diferentes niveles de bondad: un tebeo puede ser una buena lec­tura; un libro puede ser una mejor lectura.

Hoy no está de moda la lectura. Lo que seduce son las imágenes, los videos, la televi­sión, el ordenador o computadora, el teléfono móvil o el celular. La única lectura de muchas y muchos es la que aparece en las pantallas, la que ofrecen las redes digitales. Pero esta lectura es superficial, se borra pronto de la memoria, si es que ha llegado a grabarse. Claro, siempre cabe el consuelo de decir: menos es nada.

La lectura requiere tiempo, silencio. El silencio de lo bueno y el tiempo del amor. Una buena lectura es un diálogo entre el autor y el lector. Eso significa que el lector no es pasivo. El lector, mientras lee, reacciona ante lo que lee. La lectura puede incluso sugerirle ideas contrarias a las que el autor propone. La lectura da qué pensar, abre perspectivas, descubre tierras vírgenes, o nuevos caminos para acceder a tierras conocidas.

Para un cristiano la lectura es fundamental. No hay acto litúrgico sin “lectura de la Palabra”. Leer la palabra. Curiosa paradoja: conjugar la letra con el habla. Porque la palabra está para ser hablada. Y, sin embargo, una buena lectura es también una escucha de la palabra. Además de leer la Palabra de Dios, un cristiano debe interesarse por todas aquellas lecturas que le permiten conocer mejor esta Palabra. Pues la Palabra de Dios no se conforma con ser oída. Pide ser comprendida, profundizada, vivida, aplicada. Todo eso requiere reflexión. Y nada mejor para ayudar en esta reflexión y profundizar en nuestra fe que una buena lectura espiritual o teológica.

Al escribir un libro hay quién pretende hacer negocio. Se escriben muchas tonterías. Pero hay otros libros en los que uno pone, además de mucho esfuerzo, lo mejor de sí mismo. Así es todo libro que merezca llamarse teológico. Es un intento de decir la fe en situaciones concretas, ante necesidades nuevas. El lector del libro participa de este intento. Y al leerlo tiene muchas posibilidades de aumentar su sabiduría (capacidad para orientar su vida), su prudencia (capacidad para ofrecer juicios y respuestas equilibradas, fundamentadas, matizadas) y su piedad (abertura a la fe y al amor de Dios). Una buena lectura es siempre una ganancia.

Martin Ballester – Blog Nihil Obstat

NUEVA PRESIDENTE EN SEGOVIA

El Sr. Obispo de Segovia, D. Jesús Vidal, atendiendo a la petición de Pilar García Román, Presidenta de Vida Ascendente de Segovia los últimos ocho años, en conformidad con el Artículo 55 de los Estatutos Nacionales que establece un periodo de ejercicio de la presidencia por cuatro años, renovables únicamente por un periodo de cuatro años más y a propuesta del Movimiento, ha nombrado nueva Presidenta Diocesana de Vida Ascendente de Segovia a María Jesús Artalejo Arcones, animadora del Grupo de Vida Ascendente de su parroquia de San José, en la que es secretaria de su Consejo parroquial  y miembro del Consejo arciprestal de Segovia.

Aprovechando la  celebración de los Santos Patronos hicimos el relevo en la presidencia, antes de la Eucaristía, celebrada por el Consiliario Diocesano y dos párrocos de la ciudad, en la que reafirmamos nuestro deseo de los valores de nuestros patronos en nuestra vida de cada día y de tratar de ser luz en nuestros ambientes. A pesar de las inclemencias del tiempo, participaron setenta personas, miembros del Movimiento. Contamos con la presencia del Presidente y Secretaria nacionales de Vida Ascendente, que nos alentaron a seguir comprometidos en el Movimiento, siendo testigos del amor de Dios.

El acto del relevo fue sencillo, generoso, gratificante, evangélico…, como deben hacerse los relevos en la Iglesia. Pilar, la presidenta saliente, “agradecida a Dios y al Obispo que me nombró por la confianza depositada en mi persona y el servicio que he podido prestar, con la ayuda y acompañamiento del Consiliario Diocesano, a la Comisión Diocesana, a este Movimiento tan querido, al que he dedicado en estos ocho años lo mejor de mi persona, del que tanto he recibido y en el que deseo continuar como un miembro más de base, siempre disponible a lo que puedan pedirme” y  María Jesús, la nueva presidenta, con el ánimo de servir lo mejor posible y agradecida también por la confianza depositada en ella para servir al Movimiento con la ayuda de Dios y la de todas las personas que lo configuramos.  Larga vida a Vida Ascendente. Loado sea Dios.

José María López.

Consiliario Diocesano de Segovia

LOS SANTOS DE LA SEMANA: FRANCISCO Y JACINTA MARTO

El de Jacinta y Francisco es un caso único en la historia de la Iglesia, porque ambos fueron los primeros niños canonizados sin haber pasado antes por el martirio. Sin embargo, a pesar de no haber padecido persecución hasta la muerte, ambos se ofrecieron como víctimas de reparación por los pecados de la humanidad.

Francisco Marto nació el 11 de junio de 1908 en Aljustrel, una aldea perdida cercana a la parroquia de Fátima. Su hermana Jacinta lo hizo dos años más tarde, el 5 de marzo de 1910. Como todos los niños de su entorno, ninguno de ellos fue a la escuela y bien pronto acompañaron a su prima Lucía a cuidar el rebaño familiar por los alrededores. Según los recuerdos de esta última, Francisco era un niño tranquilo con mucha sensibilidad hacia la música y la naturaleza, mientras que su hermana tenía más predisposición hacia la oración y las cosas de Dios. Sus padres habían recomendado a los niños rezar el rosario mientras estaban en el campo, lo que hacían después de la merienda.

Su vida cambió radicalmente en 1916, cuando en tres ocasiones recibieron la visita de un ángel que les pidió orar mucho y ofrecer constantemente oraciones y sacrificios a Dios. Meses después, el 13 de mayo de 1917, los niños fueron testigos de la aparición de la Virgen María. Cerca del mediodía, en lo alto de una encina, vieron «una Señora vestida de blanco y más brillante que el sol», dirían. Después de pedirles que no tuvieran miedo y que volvieran a ese lugar el día 13 de los siguientes meses, les aseguró que irían al cielo tras su muerte, pero que antes tendrían que sufrir mucho.

Al principio, los tres niños acordaron no revelar nada de lo sucedido, pero Jacinta no lo pudo evitar y enseguida lo contó en casa. Fue imposible contener la noticia y el 13 de junio medio centenar de vecinos los acompañó a aquella encina. En julio el número de asistentes se multiplicó y eso provocó ya las primeras persecuciones serias. «Excepto los padres de Jacinta y Francisco, en sus familias nadie creyó a los niños. Ni siquiera los padres de Lucía dieron crédito a la noticia, como tampoco lo hizo el párroco de Fátima. Hasta el alcalde del pueblo les llegó a secuestrar y amenazar de muerte si no se desdecían», explica Jaime Vilalta, experto en estas apariciones marianas y autor del libro Un solo secreto dividido en tres partes. «Los pequeños corrieron un riesgo muy grande, pero Dios suele elegir a los más sencillos para confundir a los sabios», afirma.

Las apariciones de la Virgen de aquellos meses dejaron una honda huella en los tres niños, que a partir de entonces no dejaron de rezar el rosario ni un solo día ni de hacer sacrificios por la conversión de los pecadores. «Hacían mortificaciones que nadie a su alrededor podía percibir y que solo Dios podía ver. Tomaban comidas muy frugales y llegaban a ofrecer su propio pan dándoselo a las ovejas o a los pobres. Fue Francisco el que llevó sus penitencias más lejos», revela Vilalta.

Al detalle

«Jacinta y Francisco son dos velas que Dios encendió para iluminar a la humanidad en sus horas sombrías e inquietas», dijo de ellos Juan Pablo II cuando los beatificó en el año 2000. 17 años más tarde la artista portuguesa Sílvia Patrício utilizó este símil para elaborar los tapices que presidieron la canonización de ambos niños. Representó a cada uno con un candil como los que se utilizaban en su época, el de ella portando la luz tenue de la luna, uno de los elementos icónicos de la Virgen María, y el del niño llevando la luz del Sol que nace de lo alto, Jesucristo.

Jacinta empezó a ofrecer sus sacrificios particularmente por el Papa, a quien había visto en algunas visiones sumido en un gran sufrimiento. Francisco, por su parte, se hizo más contemplativo, deseando aún más la soledad de los campos y visitando con más frecuencia el sagrario.

Pero mientras el fenómeno de Fátima crecía y se hacía notorio en todo el mundo, la vida de los niños empezó a eclipsarse, como estrellas fugaces que iluminan el cielo un momento y luego se apagan. El 23 de diciembre de 1918 Jacinta llamó con urgencia a Lucía para contarle que la Virgen la había visitado de nuevo en su casa. Decía que iba a llevarse pronto a Francisco al cielo, mientras que a la niña le aseguraba un poco más de sufrimiento por los pecadores antes de llevarla con Ella.

Y así, tras contagiarse en la epidemia de la llamada «gripe española» que hacía estragos en el mundo aquellos años, Francisco murió el 4 de abril de 1919 en Aljustrel, mientras que Jacinta lo hizo el 20 de febrero de 1920, sola en un hospital de Lisboa. «Ambos vivieron muy pocos años pero sus biografías fueron realmente excepcionales —afirma Jaime Vilalta—. Los dos son un modelo para todos por su sencillez y su pureza, y también por su amor hacia el Papa y la Iglesia».

Fuente: ALFA Y OMEGA

EL GRUPO DE VIDA ASCENDENTE, FORTALEZAS Y DEBILIDADES (II)

¿CÚALES SON LAS FORTALEZAS DE UN GRUPO?

1º Espiritualidad y fortalecimiento en la fe a través de los demás

2º Un espíritu de amistad y solidaridad.

3º Fomento del apostolado y servicio.

4º. Envejecimiento activo

5º. Sentido de pertenencia

6º. Otras fortalezas

1º  ESPIRITUALIDAD Y FORTALECIMIENTO EN LA FE A TRAVÉS DE LOS DEMÁS

Cómo se consigue?

  1. Crecimiento espiritual. _ Se profundiza en la Fe a través del estudio del Evangelio y la reflexión conjunta, sobre temas relacionados con la vida cristiana en los mayores.

_Escuchar lo que Dios nos dice a cada uno, después de reflexionar su palabra y sentir su cercanía, y aplicarlo a la realidad concreta que vive cada miembro del grupo, fortalece nuestra Fe y eleva el espíritu que, poco a poco se va acercando más al Señor

  1. Encuentro personal. _El grupo fomenta un espacio para que los miembros experimenten un encuentro más profundo con Jesús.
  2.  a) Se celebran retiros, se anima a participar, a menudo, en la Eucaristía.

b)Lo vivido en el grupo cambia, también, nuestra forma de relacionarnos con el Señor, pues a medida que avanzamos en su conocimiento, vamos descubriendo y necesitando momentos de intimidad con Él, la oración personal de alabanza, súplica y gratitud. c)Es interesante escuchar las veces que los miembros de nuestros grupos hablan de gratitud, o refieren la necesidad de estar ante el sagrario. Ejemplo de Jueves Santo…

  1. Oración comunitaria.__ La oración se vive en el grupo lo que permite una espiritualidad compartida.

_La oración de comienzo y final de la reunión, la petición expresa por personas o situaciones, el reconocimiento del amor de Dios en nuestras vidas, la reflexión sobre el bien que nos hace pertenecer al grupo, los compromisos de cada jornada, son formas de oración comunitaria, que se amplía participando en la vida parroquial y en las celebraciones propias del movimiento

D ) Encuentro con Dios._ Desde la Fe y la Esperanza se prepara el encuentro definitivo con el Señor.

_ Hay personas que prefieren no pensar en el día que marchemos con el Padre, otras, que recelan de ese momento, que consideran que no hablando de la muerte pueden alejarla.

_Una fortaleza de nuestros grupos es vivir una preparación esperanzada y alegre, porque a medida que conocemos y amamos al Señor vamos descubriendo su infinita misericordia y aumentando nuestra confianza en aquel que murió para salvarnos. (Anécdota, teresiana)

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: I. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DEI VERBUM. 5. LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.

El Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).

La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).

Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre frase de san Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos (cfr. DV, 2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.

La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana. Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas. El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.

Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías! A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida. Es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas.

Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad. Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre de la Iglesia.

[1] S. Jerónimo,  Comm. in Is., Prol.:  PL 24, 17 B.

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LA TAREA DE NICEA EN OTRO CONTEXTO

En el Concilio de Nicea, para clarificar las relaciones entre el Padre y el Hijo, desde la tradición apostólica, los Padres conciliares no utilizaron términos bíblicos, sino filosóficos. El uso de términos bíblicos comportaba un problema, a saber: que cualquier expresión bíblica podía ser interpretada desde la lógica arriana. Utilizaron, pues, una terminología que era familiar a sus oyentes para que comprendieran la verdad sobre Jesucristo, expuesta por los autores bíblicos. “Nicea introdujo un concepto no bíblico -homoousios- como clave interpretativa de la Biblia. Fue una decisión controvertida, pero a juicio de los Padres de Nicea necesaria, para impedir que la Escritura fuera mal interpretada” (Alberto de Mingo Kaminouchi). A veces la innovación es necesaria para conservar la integridad de la fe.

Pues bien, hoy estamos llamados, en un nuevo contexto cultural y eclesial, a realizar una tarea similar a la que hicieron los Padres de Nicea en su propio contexto. Nos invita y estimula a ello el documento de la Comisión Teológica Internacional dedicado al Concilio de Nicea: “la Iglesia puede inspirarse en los Padres de Nicea para buscar hoy expresiones significativas de la fe en los diferentes lenguajes y contextos… Nicea sigue siendo un paradigma de cualquier encuentro intercultural y de la posibilidad de recibir o forjar nuevas formas auténticas de expresar la fe apostólica”. Como muy bien dice el Papa Francisco, citando a Juan Pablo II, “la renovación de las formas de expresión se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico”. Ya el Vaticano II había dicho que la adaptación, o sea “la predicación acomodada de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda evangelización” (Gaudium et Spes, 44).

Hoy, más que nunca, el lenguaje religioso se encuentra ante la tarea de elaborar nuevos “conceptos, categorías, narraciones, parábolas, símbolos, que traduzcan y comuniquen la experiencia cristiana de forma íntegra e inteligible, que puedan relacionar los contenidos de la fe con la experiencia humana actual, con los anhelos y preguntas de la gente, con sus inquietudes y con sus demandas de sen­tido” (A. Jiménez Ortiz). Hoy se necesita “una nueva interpretación que ponga el mensaje bíblico en relación más explícita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse, propios de cada cultura local”, ya que “los conceptos no son idénti­cos y el alcance de los símbolos es diferente”, y son ellos los que “ponen en relación con otras tradicio­nes de pensamiento y otras maneras de vivir” (Pontificia Comisión Bíblica).

No es menos cierto que una buena pastoral requiere también de actitudes consecuentes en los pastores. La vida del creyente no puede ir por un lado y su fe por otro. De nada serviría una confesión clara y adaptada a los oyentes si la vida del pastor no estuviera en consonancia con ese Dios del que da testimonio. La distancia entre el mensaje y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio daña a la difusión del evangelio. A los pastores no coherentes con la fe que predican, se aplica esta denuncia de la Escritura: “profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan; son abominables y rebeldes e incapaces de toda obra buena” (Tit 1,16).

Martín Gelabert – Blog Nihil Obstat

ALGUNAS PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE LA CUARESMA

El Miércoles 18  marca el comienzo de la Cuaresma, refrescamos lo que significa este tiempo

¿Qué es la Cuaresma?

>  Es el tiempo litúrgico que marca la Iglesia para prepararnos para la fiesta de la Pascua. Es un tiempo para la renovación de las promesas bautismales en Pascua de Resurrección mediante la oración, la limosna y el ayuno. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión.

¿Cuándo empieza y cuándo acaba la Cuaresma?

> La Cuaresma empieza con el Miércoles de Ceniza y acaba antes de la celebración de la Cena del Señor del Jueves Santo

¿Qué se evoca en la Cuaresma?

> Los tiempos que en la Sagrada Escritura muestran una preparación intensa para la misión.

> Los evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo por Juan, en el comienzo de su vida pública: «Impulsado por el Espíritu» al desierto, Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive entre los animales y los ángeles le servían (cf. Mc1, 12-13). CEC. 538.

> También fueron cuarenta los años que el Pueblo de Israel estuvo por el desierto hacía la Tierra Prometida (Libro del Éxodo).

¿Desde cuándo se celebra la Cuaresma?

>  Desde la Iglesia primitiva, los catecúmenos se preparaban durante un tiempo de conversión para recibir el bautismo en la celebración de la Vigilia Pascual. Muy pronto, las comunidades cristianas se unieron a los catecúmenos y hacían un camino similar de conversión y preparación para la Pascua, en recuerdo de su bautismo.

> Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia.

¿A qué nos invita la Cuaresma?

> La Cuaresma invita a una renovación espiritual. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos

> Esa renovación se hace visible en la oración, como camino para volvernos a Dios. En la limosna, de tiempo y de dinero, como camino para volvernos al prójimo. Y en el ayuno para liberarnos de nosotros mismos y podernos entregar a Dios y al prójimo.

¿Cuáles son los días de penitencia?

¿Cuáles son los días de ayuno y abstinencia?

> Todos los viernes son días de abstinencia, a no ser que coincidan con una solemnidad. En esos días, el fiel cristiano, mayor de catorce años, debe abstenerse de comer carne (Cf. CIC 1251 y CIC 1252).

> Los días de ayuno son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y lo han de vivir las personas mayores de edad y hasta que hayan cumplido 59 años. Estos dos días son también de abstinencia (Cf. CIC 1251 y CIC 1252 ).

¿Qué señala la Conferencia Episcopal para la Cuaresma?

> Los viernes de cuaresma debe guardarse la abstinencia de carnes, sin que pueda ser sustituida por ninguna otra práctica. El deber de la abstinencia de carnes dejará de obligar en los viernes que coincidan con una solemnidad y también si se ha obtenido la legítima dispensa.

> En cuanto al ayuno, establece que ha de guardarse el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos.

> Documento “El modo de observar el ayuno y la abstinencia”

¿Qué significa la imposición de la ceniza?

> El gesto de cubrirse con ceniza es un símbolo penitencial antiguo, vinculado al sacrificio. En la Iglesia primitiva, quienes se acercaban a recibir la penitencia para la celebración del triduo sacro, vestían un hábito penitencia y se ponían ceniza en la cabeza como expresión de su voluntad de convertirse.

> Tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. La Iglesia lo conserva como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal.

> Es un gesto que expresa el deseo de la conversión y la voluntad de una renovación pascual.

¿Cuándo se bendice e impone la ceniza?

 > En la celebración de la eucaristía del miércoles de ceniza, después de la proclamación del Evangelio y la homilía, se bendice e impone la ceniza. La ceniza se ha preparado a partir de los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.

Fuente: https://www.conferenciaepiscopal.es