Boletín Mensual Nº 22 de Vida Ascendente Internacional

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Queridos amigos de VAI, hola y bienvenidos a esta última cita del año 2020…

Es un año muy especial que está llegando a su fin, un año marcado por el luto, el dolor, el miedo, la angustia, las dificultades de todo tipo, todas cosas engendradas por una epidemia que ha puesto patas arriba al mundo y a nuestras vidas personales.

Salgamos de nuestros tormentos y penas, para comprometernos con fervor y ardor en el camino del Adviento, como nos invita la meditación del Padre Pecqueux propuesta en la apertura de este boletín.

Salgamos de nuestros tormentos y penas… En esta meditación, leeréis que “la aventura cristiana es en sí misma un desconfinamiento permanente…» ¿No es éste el sentido de nuestro compromiso con VA: ir a los ancianos, satisfacer sus necesidades, dar testimonio a ellos del amor de Cristo.   Basándose en su experiencia en Santo Domingo, donde llevan a cabo o han cumplido su misión, tres personalidades dominicanas, el Padre Frankelo, la Hermana Nayda y Mons. Grullón, hablaron en una conferencia virtual sobre la espiritualidad de los ancianos, organizada por Venezuela: presentamos lo esencial de sus intervenciones.   Esta es una oportunidad para que continuemos nuestro proyecto de presentación de VA en el mundo y para hablar con vosotros sobre VA Santo Domingo. Gracias a la hermana Lucía, responsable de VA por su información de último minuto.

Salgamos de nuestros tormentos y penas… Esta es la pregunta que planteó el jesuita Bruno Regent: “A pesar de las pruebas de la vida cotidiana, ¿cómo hago para ser un vivo?”

Mirar, vigilar, afirmar su confianza, maravillarse… para que Dios que viene en nuestro mundo en Navidad, nos encuentre vivos y bien.

Esto es lo que, para este tiempo de Adviento, os deseo a vosotros, que leeréis esta carta; transmitid este deseo y mi cordial saludo a los miembros de VA de su país.

La Presidenta
Monique Bodhuin


EL TIEMPO DE LA GIRA DE GUARDIA

Con san Marcos abrimos un nuevo año litúrgico. Marcos, el evangelista de lo universal, es el que pone en la boca del extranjero el reconocimiento de Jesús y expresa el acto de fe de los paganos. Con él, la apertura al mundo revela la libertad del Evangelio.

¡Qué aventura que buscar la apertura para nosotros que hemos vivido este año en un encierro cargado de apremios, preocupaciones, sufrimiento y muerte! ¿Estamos listos a velar para asegurarnos de que cometemos un futuro, proyectos y escribimos el nuevo acto de una nueva tierra?

En el corazón de la pandemia, podríamos decir que nada será como solía ser. Pero, ¿medimos que la aventura cristiana es en sí misma un desconfinado permanente que da sentido a nuestras dudas, que acoge todas las preguntas y especialmente las del sentido de la vida para habitar nuestra fe y hacerla irradiar?

¡Si, creemos pero aumenta, Señor, en nosotros la fe! Observar se convierte en una actitud dinámica ya que el maestro se ha ido y ha dado todo el poder a sus siervos. La encarnación no es una palabra vacía, no es un acontecimiento del pasado, es la irrupción de Dios en nuestro mundo para que los hombres tomen el camino de la paz, de la misericordia, del compartir y de la bienvenida al extranjero. ¡Velar es todo un programa y no tenemos demasiadas de estas cuatro semanas para ser parte del trabajo de encarnación! ¡La Navidad está a este precio!

Padre Pierre-Yves Pecqueux, eudista
Comentario del domingo, 29 de noviembre de 2020
Extracto de Prions en Église


INTERVENCIÓN DE DON JOSÉ GRULLÓN

Obispo de San Juan de la Maguana (República Dominicana)
Conferencia sobre la Espiritualidad del Adulto Mayor, Venezuela

Antes de mi hablaron el padre Ramón Emilio y Sor Nayda, el primero exponiendo la doctrina y la segunda contándonos su experiencia. Yo os hablaré también de mi experiencia.

Comienzo diciéndoos que soy un pichón que está aprendiendo a volar a sus 78 años. Aunque estoy jubilado y soy obispo emérito en funciones, me preparo. Aunque entro en otra etapa de la vida, la misión es la misma desde el nacimiento hasta la muerte: evangelizar. Esa es mi vida.

Ahora bien, ¿Qué es evangelizar? Evangelizar es hacer el bien, es servir. Cuando María visitó a su prima Isabel, el saludo de María llenó a Isabel de Espíritu Santo. En las bodas de Caná, María atenta a la necesidad del prójimo acudió al que podía resolver y dijo a los criados: “Haced lo que Él os diga.”

Evangelizar ya con el trabajo, como Jesús de niño, en el taller de carpintero de su padre San José. Evangelizar haciendo el bien. Si no puedo hacer lo mismo que hacía en mi juventud, haré otras cosas, pero continuaré con la misma misión: Evangelizar, hacer el bien. Mi espiritualidad tiene sus cimientos en el bautismo: Renuncia a Satanás, ama a Dios y mejora el mundo. Pon en práctica los valores del Reino, haz todo con Amor, sencillez y honradez.

Tengo 78 años y sigo con mi compromiso: rechazar el mal y hacer el bien. Podré tener 90, 100, 105 años y continuaré con la misma misión, con el mismo compromiso.

Hay tres actitudes para llevar a cabo la obra evangelizadora:

  • Mantenerme activo e incitar al mayor a mantenerse activo,
  • Ser productivo, aunque esté en un asilo, debo prepararme,
  • Ser participativo:

 ¿Cómo me mantengo activo?

Nunca digo que estoy cansado. Esa palabra no está en mi lenguaje. Soy un atleta corredor de fondo que nunca dice que está cansado, siempre estoy en forma. Los adultos mayores debemos estar siempre en forma y contagiar el espíritu activo: Si queremos … ¡podemos!

Soy como un repollo con muchas capas de hojas: Las hojas externas duras y algo picadas, han vivido muchos años y provienen de la niñez, pero ya no soy un niño. Debajo aparecen las capas de hojas de la adolescencia y la juventud. Aparecen luego las hojas de la capa de la edad adulta en que desempeñé mi misión como hombre casado o sacerdote activo. Aparto esas hojas y me quedo con el cogollo tierno y activo, ese yo activo y soñador que nadie me puede quitar, mi yo íntimo y activo que nadie me puede quitar, mi yo que está pensando siempre.

¿Cómo me mantengo productivo?

Ya he producido mucho, con mi mochila he caminado mucho, he llegado a más de 160 comunidades. Ha habido un cambio, la gente se ha bautizado y tiene una fe más dinámica. Cuando me haga viejecito tengo que producir cambio, yo mismo debo ser productivo, no decirle a otro lo que debe que hacer. Con la edad debo cambiar de producción, para eso pienso y mi pensamiento es activo: Amo, si amo sirvo y si sirvo, sirvo, no he nacido para ser servido. El que no sirve para servir, no sirve para vivir.

Todos los años nos visita un padre americano acompañado de un grupo de adultos mayores. Vienen a recolectar, vienen a servir. Hacen voluntariado y construyen. Los mayores debemos practicar el voluntariado introduciéndonos allá donde se pueda practicar el bien: Escuelas, Residencias, Asistencia, etc. Servir siempre con los cinco sentidos: Leer, Oír, Orar.

La oración es activa. En ocasiones, cuando una obra se nos quedaba a medias, oramos. El Señor vino en nuestra ayuda y pudimos terminar. Aunque esté tullido en una cama, puedo orar, siempre puedo ser activo.

 ¿Cómo me mantengo participativo?

La respuesta es: no siendo posesivo, no queriendo mandar. Dejando hacer y sabiendo valorar. Participa valorando a los demás, valora todo lo positivo de la persona que está a tu lado.

Cuando me nombraron obispo a los 50 años, al obispo emérito, que tenía 80 años, le hice saber que la Iglesia éramos los dos, que éramos una yunta que araba junta.

Se adulto mayor siendo activo, productivo y participativo. Haz sentir al otro que es partícipe de una obra que emprendéis juntos.

Monseñor José Grullón
Obispo de San Juan de la Maguana


RAMÓN DEL ROSARIO
CONFERENCIA SOBRE LA ESPIRITUALIDAD DEL ADULTO MAYOR, VENEZUELA

 

“Nicodemo le dijo a Jesús ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (Jn 3, 4)

1.- Visión integral del hombre:  El ser humano vive una triple dimensión

   1º.- La relación consigo mismo: Vivir los valores, la autenticidad, la autoestima, la identidad personal, la libertad, la dignidad y la alegría de vivir.

  2º.- La dimensión social: La vida comunitaria de convivir con los demás, la comunicación, el servicio a los otros, el trabajo, el cumplimiento del deber, la solidaridad, la conciencia moral….

 3º, – La orientación hacia Dios: Buscar relacionarse con lo trascendente, con un ser superior. Esto ayuda a comprometerse con lo social, apostólico y la justicia.

2.- Dimensión trascendente de la persona. –  El hombre es por vocación un ser trascendente y se interroga por el destino último de su vida haciéndose muchas preguntas sobre su existencia.

Así mismo la persona mayor es portadora de nobles ideales, de aspiraciones sublimes. Busca vivir el encuentro con Dios y a medida que pasan los años se va acercando a ese encuentro con lo trascendente

3.- El verdadero sentido de la espiritualidad. – La espiritualidad da sentido a la existencia, le permite comprender su destino. El adulto mayor tiene una conexión espiritual y religiosa que otros grupos de mayor edad. Conforme se avanza en edad se conecta más con la espiritualidad y religiosidad. La espiritualidad.es un conjunto de aspiraciones, convicciones, valores y creencias. Y dentro de ella está la espiritualidad religiosa, en la que radican principios, valores y la relación con lo trascendente.

La espiritualidad religiosa ayuda a que el mayor tenga sentido de pertenencia a un grupo, practique sus ritos y códigos morales, participe en su fe, y contribuya a aumentar su esperanza de vida, a responder al proceso de morir, a una fe profunda y práctica de la religiosidad que da sentido y satisfacción vital, brinda soporte a la enfermedad, y ayuda a vivir de mejor modo la vida. La vida adquiere mayor significado cuando nos comunicamos con lo trascendente y la ancianidad es una etapa propicia para el diálogo profundo y sencillo con Dios.

Los caminos más propicios de acceso a lo espiritual son: El diálogo para facilitar la liberación y el crecimiento personal y espiritual a imagen y semejanza de Dios. La entrega al servicio de los demás,

4.- Concepción cristiana de la ancianidad. – La ancianidad es la antesala del Reino. La vida es un cirio que se va gastando, pero la vida cristiana es un crecimiento continuo, siendo también un proceso biológico, las únicas interrupciones son el pecado y la infidelidad a Dios. En la vejez el Espíritu Santo está terminando su trabajo, para el encuentro con Cristo. La ancianidad es tiempo lleno de vitalidad, de crecimiento y de plenitud, en la que hay tiempo para hablar con Dios, sin prisas y sin palabras. Es tiempo de encuentro con Dios, consigo mismo y con los demás, debiéndose encontrar con Dios a través del necesitado

Los mayores en condiciones de vulnerabilidad o enfermedad requieren de una asistencia en el campo espiritual, siendo de mucha ayuda, la cercanía y la oraciónteniendo   necesidad de:

  • Ser reconocidos por su pasado y encontrar sentido al presente.
  • Sentirse acompañado.
  • Confiar en la familia.
  • Sentirse apoyado.
  • Ser respetado en sus creencias y valores.
  • Mantener vínculos afectivos
  • Encontrar un lugar en la Iglesia.

En la vida espiritual debe: revestirse de los sentimientos y ejemplo de Cristo. Ser como el buen samaritano. Buscar el encuentro personal con Cristo y practicar la  misericordia

Ramón Del Rosario (Frankelo)


HERMANA NAYDA NÚÑEZ
CONFERENCIA SOBRE LA ESPIRITUALIDAD DEL ADULTO MAYOR, VENEZUELA

La hermana de la Congregación de las Hermanas Hijas de la Alta Gracia nos cuenta su experiencia en las residencias de ancianos de Santo Domingo:

Comienzo destacando la diferencia entre una persona anciana que ha llevado una vida espiritual sólida frente a otra que ha llevado una vida de ignorancia espiritual. La primera cuando llega a la residencia es bondadosa, paciente y vive con esperanza. La segunda llega con tristeza, decepción, se encuentra desorientada, añora el pasado y se aísla, haciendo eterna su soledad.

Muchos ancianos que nos llegan son de familias pobres, analfabetos que en su juventud solo se preocuparon de trabajar y no formaron un hogar estable. ¿Cómo hablar de Dios a estas personas? – Primero, mostrar el amor de Dios es escucharlos y acompañarlos, y luego puedes hablarles de Dios. Primero descubres su historia y desde allí los llevas por el camino del encuentro con Dios.

Llegar a la vejez tiene su complicación, pero también tiene su riqueza. Se puede vivir como una gracia y no como una enfermedad o un final. El paso de la juventud a la madurez y luego a la vejez puede doler si no estás preparado para ella, porque la juventud está sobrevalorada. Las arrugas que van apareciendo en el rostro no deben ser vistas como índice del final. Ese rostro expresa el final de un largo camino, es memoria de momentos buenos y malos. Nos debe llenar de orgullo mientras recorremos el largo camino de nuestra vida.

Debemos mirar los cambios en nuestro cuerpo no como una fealdad, sino como un proceso. La oportunidad que Dios nos ha dado de alcanzar esa edad. Debemos contemplar la vida como algo breve, que es más bello cuando se acepta serenamente. Una puesta de sol es tan hermosa como un amanecer. Al llegar a la senectud debemos mirar la vida con gratitud, sin añoranza.

La madurez ayuda a mirar la vida sin el ímpetu de la juventud, no hay que tenerle miedo, es una época para soñar despierto. Nos dice el capítulo XX de los Proverbios, verso 29: “La fuerza es el orgullo de los jóvenes, las canas el honor de los viejos” En este sentido nos dice el Papa San Juan Pablo II: La vejez es la coronación de los escalones de la vida, en ella se cosechan los frutos de lo aprendido y de lo experimentado, los frutos de lo sufrido y de lo soportado. Es la parte final de una gran sinfonía, cuya armonía concede sabiduría. Es sabiduría, pero hay que saberla entender.

Quien tiene una fuerte experiencia espiritual está satisfecho con la vida y se adapta a lo que le ha tocado vivir. He visto que la fe ayuda a superar las limitaciones de la enfermedad y el abandono por parte de la familia. La persona que ora tiene estilos de vida más saludables y es menos propensa a la depresión, no tiene temor a la muerte.

La vida espiritual en el adulto mayor puede dejar de ser saludable cuando se centra en los sentimientos de culpa. Es la contraparte dolorosa de la espiritualidad. En esta situación necesita especialmente la persona mayor apoyo y comprensión para evitar la depresión que acerca a la muerte con sentimientos de culpa.

Para concluir, una vida espiritual ayuda a ver la vejez de manera positiva. Esto ayuda a:

    • Disminuir los niveles de estrés
    • Fomentar las habilidades sociales
    • Disfrutar del tiempo libre
    • Fortalecer las relaciones de pareja
    • Fomentar una actitud más empática
    • Aumentar la calidad y esperanza de vida
    • Mantener cuerpo y alma activos
    • Elevar la auto estima

Para lograr esto debemos creer que nunca es tarde para seguir alcanzando metas, para ello debemos fomentar actitudes como:

    • Cuidar nuestra apariencia física
    • Tener una mente abierta a los cambios
    • Afianzar las relaciones sociales
    • Estar abierto a lo nuevo
    • Aceptar las limitaciones
    • Expresar sin miedo nuestros sentimientos
    • Tomar las riendas de nuestra vida
    • Buscar y aceptar apoyo
    • Ser útiles, colaborando en la comunidad

Hermana Nayda Núñez


VAI EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

El movimiento nació en la Arquidiócesis de Santo Domingo en 2007. Hoy cuenta con 114 miembros activos en 8 equipos que se reúnen cada semana según un programa establecido según la realidad de cada uno y que se refiere a los pilares de la asociación para ayudar a sus miembros (Vivir fraternalmente, profundizando su fe y vida espiritual, traduciendo en actos concretos su compromiso cristiano en la sociedad y en la Iglesia).

Actividades, qué estamos realizando en pandemia:

Formamos diferentes grupos de 10 personas, por Meet, para rezar el rosario, leer la palabra de Dios, contar experiencias y formación con los folletos propios de vida ascendente. Nos comunicamos siempre, para saber, cómo están de salud. Impartimos orientaciones personal y en grupos. Ahora en navidad, no vamos a tener la cena, vamos a tener un operativo, por las casas de ellos. Le vamos a llevar alimentos y cubrir otras necesidades.

Situada en el centro del archipiélago caribeño, la República Dominicana comparte su territorio con el país vecino de Haití que se encuentra al oeste de la isla. Los cambios demográficos, sociales, económicos, tecnológicos, climáticos y políticos son un desafío importante, ya que traen incertidumbre, desigualdad, aislamiento y discriminación, especialmente para las poblaciones que, como los ancianos, son vulnerables, en países que, como la República Dominicana, no tienen leyes ni acciones efectivas para proteger a esta población.

En las últimas décadas la República Dominicana ha experimentado un cambio radical. Ha pasado de ser predominantemente rural a una población urbana que, al 75%, vive marginada, en condiciones que no favorecen una calidad de vida personal.  Las personas mayores, en estas circunstancias, también se han trasladado a una ciudad donde ya no existen las relaciones amistosas y la comunicación que caracterizaron la vida rural. Los adultos mayores a menudo caen en depresión, aislamiento, sin poder tomar decisiones personales porque su situación depende de las condiciones de vida en su nuevo entorno.

La casa “María Alta Gracia” de la Arquidiócesis de Santo Domingo acogió en noviembre de 2018 el encuentro internacional de VAI, que se celebra cada cuatro años. La cálida bienvenida de los miembros del movimiento dominicano, su amabilidad, sus sonrisas y su amistad fueron un momento de gracia para todos los participantes de todos los continentes y les dejaron hermosos recuerdos.

Monika Ptak – Sor Lucía Reyes