“QUE BUENO CUANDO UN HERMANO A OTRO HERMANO ENCUENTRA” (Sal.133)

Ana y yo, vuestras hermanas editoras de este Boletín,  hemos vivido el miércoles 14  de junio una experiencia maravillosa, un regalo del cielo, que nos ayuda a dar gracias a Dios y a tomar fuerza para seguir caminando.

A principio de curso hicimos el taller del Reloj de la Vida junto con otros hermanos del movimiento, entre bromas y seriedad, porque es una cosa muy sería, en los descansos quedamos con los hermanos de Alcalá de Henares `para ir a visitarlos y que nos enseñaran la ciudad.

Lo hemos ido posponiendo, ya sabéis los avatares del curso, las fiestas, los fríos, y un montón de pretextos más, hasta que el miércoles concretamos la cita y nos plantamos en Alcalá.

Nos acogieron verdaderamente como hermanos que se encuentran y se alegran de poder compartir no solo la riqueza de su “tierra” sino la de su corazón. Todo lo tenían programado las visitas, los descansos y hasta su cariño a manos llenas.

Nos sentimos como en casa, como si nos conociéramos de toda la vida y es que el Señor estaba en medio de nosotros, se palpaba.

La belleza de sus monumentos, la paz y la concordia de una ciudad nacida para ser  la ciudad del saber que fue creciendo entorno a ese conocimiento nos envolvió, lo primero que visitamos fue la Iglesia donde se venera el Milagro Eucarístico que tiene Alcalá, una Custodia con veinticuatro formas que han sobrevivido al paso del tiempo  y ahora están en una capilla de adoración perpetua.  Lo último la Catedral y la iglesia de San Pedro que están juntas.

Entre medias, como os podéis imaginar, risas, cafés, asombro, comidas y un departir distendido y lleno de pequeñas confidencias que nos hacían conocernos mejor y querernos más

En la despedida hablamos de repetir, pues quedaban muchas cosas por ver, dentro de nosotros el dolor de la despedida pero la seguridad de que no será la última.

Hemos querido compartirlo porque lo que nos unía era pertenecer al movimiento y lo que nos une ahora es un profundo agradecimiento de poder sentirnos hermanos en el Señor.

Mercedes Montoya