JAIME TAMARIT: MIS PRIMEROS DIEZ AÑOS EN VIDA ASCENDENTE

Me jubilé en el año 2016 al cumplir 70 años después de haber llevado una intensa vida profesional llena de logros y satisfacción …

… y encontré una vida todavía mejor, orientada hacia el interior, hacia la esencia de la vida.

Tuve el discernimiento suficiente para preguntar a mi párroco en qué le podría prestar ayuda a la vista del tiempo del que iba a disponer.  El padre José Juan Lozano me pidió que le ayudara en la atención al mayor y me introdujo en este hermoso movimiento que es Vida Ascendente.

Seguí su consejo y mi vida se enriqueció con el conocimiento de personas dotadas con la sabiduría de la vida, activas, abiertas, libres y alegres.

He encontrado nuevos amigos con los que he aprendido a orar y a compartir la vida espiritual. He disfrutado de la confianza puesta en mi como presidente diocesano de la diócesis de Getafe entre los años 2016 a 2023. Gracias a la confianza depositada por el Pleno de Vida Ascendente, ratificada por la Conferencia Episcopal, he ejercido como presidente nacional desde el año 2023 hasta la actualidad.

Trascurridos estos primeros años, comienzo a entrar en la época de las primeras limitaciones físicas manteniendo el espíritu activo, compartiendo alegrías y penas y buscando a las nuevas generaciones de mayores que trasmitirán la fe, la cultura y la ciencia. Los futuros maestros del futuro que, para serlo, deberán volver la mirada, contemplar y comprender para poder dar. La formación del voluntariado es clave para mantener la excelencia y la vida del Movimiento.

Doy gracias al Señor porque me ha regalado 10 años de vida activa para aprender a usar el tiempo con sabor a eternidad. Un regalo que solo puede hacer el mejor amigo, el Amigo que nos busca para que pasemos el tiempo con Él en conversación de amistad.

La Iglesia ha vuelto su mirada hacia la persona mayor activa. Es el mayor quien mejor se puede ocupar de acompañar al mayor para paliar su soledad empleando en el acompañamiento el tiempo disponible en los años que trascurren entre la jubilación y las primeras limitaciones físicas.

El papa Juan Pablo II se refirió expresamente a Vida Ascendente en el congreso de Dakar en el año 1998. El papa Francisco convocó el primer congreso de la historia sobre el apostolado del mayor en el año 2020 y el papa León XIV convocó, en el inicio de su pontificado, el segundo congreso en el año 2024.

En los cuatro años que median entre estos dos congresos, la Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha el Apostolado del Mayor en sus diócesis, siendo referencia para el mundo.

Hablo del mundo porque Vida Ascendente está presente en los cinco continentes y se coordina por medio de Vida Ascendente Internacional, organización en la que estamos presentes. Yo como vicepresidente y Mercedes Montoya como secretaria. Esta institución es fundamental para la difusión universal del apostolado del mayor, para paliar la soledad con el acompañamiento espiritual.

Desde aquí deseo expresar mi agradecimiento a

  • A los obispos que con tanto cariño nos han acompañado en las visitas que hemos realizado a sus diócesis. Su autoridad ha sido esencial para la renovación de Vida Ascendente.
  • A los consiliarios nacionales y diocesanos. Su sabiduría nos orienta en la dirección espiritual del movimiento. Nos han obsequiado además con su amistad y confianza
  • A los párrocos y capellanes de las residencias, ellos son la puerta de entrada de los mayores al Movimiento.
  • A los presidentes diocesanos. Su disponibilidad y dedicación son fundamentales para el mantenimiento de la vida del movimiento gracias a las visitas que realizan a sus grupos y parroquias.
  • A los miembros de los grupos de Vida Ascendente. La alegría con que nos reciben nos anima a seguir en esta preciosa misión.

Los dos últimos años han sido años en los que hemos sufrido la pérdida de presidentes diocesanos emblemáticos cuya renovación resulta compleja por el recuerdo de su excelencia. Recuerdo que transforma en un reto el que esta excelencia pueda ser igualada por el sucesor. Rezamos siempre por la salud del alma de los que han partido y pedimos al Espíritu Santo que ilumine con su sabiduría a los miembros de la nueva generación que tomarán el testigo.

Me despido recordando los retos a los que debemos hacer frente unidos en oración:

  • Renovación de las responsabilidades dentro del movimiento,
  • Formación de voluntarios para la misión y
  • Encuentro con las nuevas generaciones (hablo de las personas que ahora tienen edades comprendidas entre los 50 y 60 años, que para nosotros son jóvenes)

Con todo mi agradecimiento por la confianza y la amistad con que me habéis obsequiado a lo largo de estos preciosos años, os mando un abrazo en Cristo Jesús,

Jaime Tamarit

Presidente nacional

FELICITACIONES DESDE PORTUGAL

Queridos amigos,

En nombre del Movimiento Cristiano Reformado – Vida Ascendente de Portugal, queremos felicitar a su Movimiento por la publicación del número 200 de su excelente boletín digital “En Camino”.

Cada semana recibimos su magnífica publicación a través de Mercedes Montoya y la enviamos a todos los miembros de nuestra directiva y a los coordinadores diocesanos de nuestro Movimiento.

Gracias por compartir esta valiosa publicación.

Que muchos más números nos informen y enriquezcan nuestra espiritualidad.

Como muestra de colaboración, les envío un artículo del escritor, crítico y periodista portugués Miguel Esteves Cardoso, que pone de relieve la cultura del usar y tirar de nuestros tiempos y la resistencia de las personas mayores ante esta situación.

Maria Fernanda Rodrigues, presidente del MCR-VA de Portugal

LOS ANCIANOS PODEROSOS

¿Y si nuestra visión de los ancianos fuera la opuesta a la lógica?

¿Y si la vejez fuera un juego donde cada año se presentan nuevos obstáculos y cargas para los participantes, cada año mayor, incitándolos: «¡Ríndanse! ¡Desánídense!»? Empieza alrededor de los 50. Inmediatamente sientes ganas de rendirte. Las personas que amamos profundamente comienzan a morir. Con sorpresas. Malas sorpresas. Comienzan las enfermedades. Comienzan los dolores. Comienzan los prejuicios. Comienza el cansancio.

Cada vez que aparece el monstruo —el monstruo de la vida, el monstruo de la vejez— con nuevas reducciones en nuestra alegría de vivir, nos grita: «¡Desánídense! ¡Ríndanse! Al menos, estén tristes…» Pero a los ancianos les molesta. Les gusta el juego. No es que haya otro juego al que jugar. Se sienten desafiados: «¿Ah, sí? ¿Ah, sí? ¡Pues ya verás!» «Entonces verás, la vida es una madrastra cruel conmigo… ¿o acaso pensabas que me dejaría vencer por tan poco?»

Los ancianos engullen a sus padres muertos, a sus amigos muertos, las cosas que ya no pueden hacer, además del rostro que les devuelve la mirada en el espejo, con la lengua fuera, y las ciudades que se han vuelto irreconocibles, y los paisajes que jamás volverán, y los análisis que empeoran cada vez más. Engullen, llenan sus pechos, se secan las lágrimas y palpan sus almas para ver si se han rendido. No se han rendido. Sigue ahí. Y así es como recuperan fuerzas: Sigo en pie, sigo riendo, sigo queriendo jugar, sigo siendo un gatito.

Los ancianos que no se rindieron son mucho más fuertes que los jóvenes que nunca se vieron obligados a rendirse.

De hecho, rendirse fácilmente es típico de la juventud: es un lujo dejarse vencer por tan poco. El monstruo de los jóvenes no es el mismo que el de los ancianos. No es la muerte. Es peor que la muerte: el monstruo de los jóvenes es la ignorancia. Es una ignorancia invencible, por mucho que uno lea y viva. Conduce a un gran desperdicio. Uno se entrega en cuerpo y alma a un gran desaliento, todo inútil.

Los ancianos, en cambio, saben. Saben y, sin embargo, no se rinden. No son solo supervivientes. Son vencedores.

Miguel Esteves Cardoso

UN NUMERO ESPECIAL

Celebrar un aniversario es una ocasión especial para compartir recuerdos. Vie Montante Internationale (VMI), fundada en Francia en 1985, celebró su cuadragésimo aniversario el año pasado. Desde sus inicios, se ha basado en tres pilares: la vida fraterna y la amistad, la profundización de la fe y la vida espiritual, y la proyección apostólica mediante la atención y el servicio a los demás. Sus principios fundacionales afirmaron que la vida en movimiento tiene como objetivo experimentar y compartir la alegría del Evangelio y difundirla entre las personas mayores del mundo.

VMI ha continuado su camino para llegar a las personas mayores más allá de sus fronteras. Sin embargo, lo que se hace hoy en ciertas regiones del mundo (Tokio, Port Louis, Dakar, Bangui, Yamoussoukro, Kinshasa, Kampala, Dodoma, etc.) no puede replicarse en otras (Buenos Aires, Bogotá, Lima, Lisboa, Madrid, Londres, Lausana, Bruselas, París, Bucarest, Ottawa, etc.), pero sí puede compartirse.

El mundo ha cambiado, en el que, como dijo el Papa León XIV «las personas mayores son un don, una bendición que hay que acoger, y el aumento de la esperanza de vida es un hecho positivo; de hecho, es uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo, en todo el mundo. Ciertamente, también es un desafío, porque el número creciente de personas mayores es un fenómeno histórico sin precedentes, que nos interpela a ejercitar un nuevo tipo de discernimiento y comprensión».

VMI se ha adaptado a esta evolución. Si bien las reuniones internacionales siguen siendo un punto destacado de las actividades de la asociación, la tecnología moderna (ZOOM, WhatsApp, servicios de traducción, etc.) permite reuniones frecuentes para compartir información con los líderes sobre la situación de los diversos movimientos y los principales proyectos conjuntos relacionados con la pastoral de las personas mayores, iniciativas en el marco de la ecología integral y programas intergeneracionales.

Podemos hacer nuestro lo que escuchamos en Roma el pasado octubre: «A pesar de nuestros diversos orígenes, estamos unidos en la misma fe y en el interés común del bien que podemos hacer y recibir de las personas mayores».

Monique Ptak

Presidenta de Vie Montante Internationale

LLEGAMOS AL 200

Me es muy grato echar la vista atrás y recordar como comenzamos ha hacer el boletín. Entonces no pensamos en llegar al número 200.

Desde la Comisión Permanente, Álvaro, el presidente de entonces, nos propuso hacer un boletín digital, que tendría coste 0 y que llegaría a más gente que la revista Los Tres Pilares.

Como todo comienzo la idea tuvo buena y mala acogida pero no sería por no intentarlo comenzamos a andar. Tuvimos la valiosa colaboración de Blanca, hermana de Jaime Tamarit, que nos dio a Ana y a mí un curso acelerado por teléfono, para que aprendiéramos a poner el boletín con los “hipervínculos” en la página Web, P. Nacho nos hizo una maquetación inicial sencilla y que se acoplara a poder leerlo por teléfono. Luego había que ver que noticias interesaban más y no se salían de nuestro ideario. Así con mucho entusiasmo salió el primer número el 11-12 2021, con muchos titubeos mantuvimos desde el principio unas secciones que denominamos: el santo de la semana, la catequesis del Papa, artículos que hablarán de los mayores y de sus triunfos, tiempos litúrgicos, noticias del movimiento y distintas colaboraciones que nos fueron llegando al principio muy poco a poco.

Hemos ido consolidando el boletín y se lee en varios continentes en muchos países europeos y consideramos todos un éxito que la página Web tenga tantas entradas cuando un artículo concreto llega a los lectores.

Hoy el número 200 nos llena de alegría y nos habla de perseverancia, de compromiso, de colaboración y por todo ello quiero daros las gracias, a todos los que hacéis posible cada número. Una especial mención merece Ana Marqués que es el alma y pese a sus muchas causas  para dejarlo, mantiene el entusiasmo y cada semana nos sorprende con un nuevo ejemplar lleno de noticias y de páginas que aumentan y disminuyen según nos llegan vuestras colaboraciones.

Quiero aprovechar este momento para pediros que nos mandéis  cosas, que sirven de ánimo a otros grupos, diócesis  y se ve con ello el entusiasmo con  que Vida Ascendente va renaciendo de sus propias cenizas.

¡Ánimo! El proyecto es de todos y seguiremos mandándolo con entusiasmo cada lunes para con ello mantener un contacto vivo con todos los miembros del movimiento y con todos aquellos que simpatizan con nosotros.

Este número es especial y trae muchas vivencias, opiniones…

Es más grande de lo normal pero no es más que una demostración de que entre todos podemos llegar más lejos.

Mercedes Montoya Díaz

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

«RESURREXIT»

Domingo de Resurrección

 

Resucitó…

cuando las mujeres entran en el sepulcro de Jesús

y descubren que no está su cadáver

vieron a dos hombres vestidos con ropas brillantes

que les dijeron:

– “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

No está aquí. Ha resucitado.

– Acordaos de lo que os dijo cuando aún se hallaba en Galilea:

que el Hijo del hombre sería entregado en manos de pecadores,

que lo crucificarían y que al tercer día resucitaría” (Lc 24,1).

Los discípulos no vieron con agrado

que las mujeres fueran las primeras

en tener la experiencia de la resurrección (Lc 24,11).

 

Resucitó…

pero a los discípulos de Jesús les costó creer que había resucitado,

como es el caso de Tomás

y también es nuestro caso:

“Si no veo en sus manos las heridas de los clavos,

y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado,

no lo creeré” (Jn 20,24).

Jesús dijo a Tomás:

“Dichosos los que creen sin haber visto” (Jn 20,24),

y éste es nuestro caso:

que “sin ver físicamente a Jesús”, creemos en Él.

 

Resucitó…

pero algunos discípulos ya iban de camino,

de vuelta a casa,

frustrados por la muerte de Jesús

y porque sus esperanzas no se habían cumplido.

“Jesús salió al encuentro de dos de ellos

que iban camino de Emaús

y aunque le veían, algo impedía reconocerle.

Jesús les preguntó:

– ¿De qué venís hablando por el camino?

– De Jesús de Nazaret,

un profeta poderoso en hechos y en palabras

delante de Dios y de todo el pueblo.

– Al llegar al pueblo a donde se dirigían,

Jesús hizo como si fuera a seguir adelante;

pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:

– Quédate con nosotros porque ya es tarde

y se está haciendo de noche.

Cuando estaban sentados a la mesa,

Jesús tomó en sus manos el pan,

y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos.

Al partir el pan se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;

pero él desapareció.

Y sin esperar a más, los dos discípulos regresaron a Jerusalén

para contar a los otros apóstoles lo que les había pasado en el camino,

y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan” (Lc 24,13).

 

Resucitó…

“Dios ha librado a Jesús de la muerte.

Y, del mismo modo, nos sacará a cada uno de nosotros

de las tinieblas a la luz,

del sepulcro a la vida,

de la inmovilidad a la vitalidad,

de la cautividad a la libertad,

de la ceguera a la visión,

de la parálisis a poder andar,

de la estructura de la ley al amor” (Anselm Grün).

 

Resucitó…

y se apareció a todos sus discípulos,

como también se nos aparece a todos nosotros

en la celebración de la eucaristía dominical,

cuando la comunidad de los seguidores de Jesús está reunida.

En la eucaristía, el Resucitado

nos habla a través de la Sagrada Escritura,

nos da a comer su “cuerpo” y a beber su “sangre”

y nos libra de la muerte eterna:

“Yo soy la resurrección y la vida.

El que cree en mí, aunque muera, vivirá;

y ninguno que esté vivo y crea en mí, morirá jamás” (Jn 11,25).

“El Señor perdona todas mis maldades,

sana todas mis enfermedades,

libra mi vida del sepulcro,

me colma de amor y ternura,

me satisface con todo lo mejor

y me rejuvenece como un águila” (Sal 103,3).

 

Julián del Olmo

5 de abril de 2025

MADRID: EJERCICIOS ESPIRITUALES INTERDIOCESANOS 2026

Durante los días 11, 12 y 13 de marzo, hemos celebrado los Ejercicios Espirituales

Interdiocesanos (Alcalá, Getafe y Madrid), en la Casa de Retiros La Madre del Divino Pastor “ Las Pastoras” de Madrid.

Participantes: 40 (25 en régimen interno, y 15 en régimen externo).

Director Espiritual: Padre Pascual Millán. *ACERCARNOS MÁS AL SEÑOR*

Para alcanzar el autoconocimiento, llenarnos de la Presencia Divina, alcanzar la paz interior, y profundizar en  la Vida, Pasión y Resurrección del Señor.

A través de 5 meditaciones.

 1ª) La Conversión: retorno a Dios, con el encuentro personal de Jesucristo.

2ª) El Reino de Dios: El proyecto de vida de Jesús, queda plasmado en su predicación del Reino,

      a través de parábolas y milagros . Seamos colaboradores del Reino de Dios.

3ª) Sacramentos: Fundamento de la vida cristiana, los de Iniciación cristiana son : el Bautismo,

       Confirmación, y Eucaristía. Mediante la Gracia que confieren, participamos de la naturaleza

       Divina, y de los dones del Espíritu Santo.

4ª) Oración: haciendo mención entre otras, de la oración mental con la que yo me identifico

       por practicarla. Al interiorizarnos entramos en nuestro ser interior, profundizamos en

       nuestra propia esencia,  y descubrimos la Llama de Amor Viva, la Fuente de Agua Viva, que

      hacen germinar y crecer la semilla de Amor Divino , que  transforma y cicatriza heridas.

5ª) Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII el día 11 de octubre de 1962 y clausurado por

       Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. Sigue siendo brújula, guía para la Iglesia que es  humana y divina.

Después de cada meditación, meditación personal.

Por la mañana rezo de Laudes, del Ángelus. Y por la tarde: Rosario meditado, Adoración al Santísimo, Eucaristía y Completas.

Día 13: Eucaristía de despedida  13:00 h., y después de la comida,

16:00 h. Encuentro de conclusión, en el que compartimos experiencias personales, de la presencia de Dios en nuestras vidas, vivencias que nos unen más a Jesús, y frutos recibidos en estos Ejercicios  Espirituales.

El Padre Pascual estuvo interno dispuesto para todo aquél que quisiera consultar, confesar…

Ascensión Berrío – Madrid

CONSTANTINO BADA Y EL DESAFÍO DEL ESPEJISMO DIGITAL: DEL AISLAMIENTO MODERNO AL ENCUENTRO VERDADERO

En un mundo saturado de pantallas y conexiones fugaces, la soledad se ha convertido en la gran herida silenciosa de nuestro tiempo.

Frente a este espejismo digital, la figura de Constantino Bada emerge como un testimonio vivo de que también en las redes es posible sembrar encuentro, fe y humanidad.

Vivimos en una época marcada por una paradoja inquietante: nunca habíamos estado tan conectados y, sin embargo, nunca nos habíamos sentido tan solos. La tecnología ha multiplicado nuestras posibilidades de comunicación, pero también ha introducido una forma sutil de aislamiento que afecta profundamente a nuestra vida interior. Como señala el Dr. Ricardo Castañón, el ser humano está diseñado para el vínculo real, no para la interacción superficial, y cuando esa necesidad se ve frustrada, las consecuencias no tardan en aparecer.

El gran problema de nuestro tiempo no es la falta de comunicación, sino la ausencia de conexión auténtica. Intercambiamos mensajes, acumulamos seguidores y participamos en redes que prometen cercanía, pero que muchas veces solo ofrecen una ilusión de compañía. Hemos confundido el contacto con la presencia, el “me gusta” con el afecto, y la visibilidad con el amor verdadero. Esta confusión genera una soledad encubierta, difícil de detectar, pero profundamente dañina.

Desde el punto de vista neuropsicológico, esta situación no es neutra. El contacto humano real activa procesos biológicos esenciales: la mirada, la voz, el gesto, el abrazo. Todo ello favorece la liberación de oxitocina, la hormona del vínculo. Cuando sustituimos estas experiencias por interacciones digitales, nuestro organismo pierde una fuente fundamental de equilibrio emocional. A cambio, aumenta el cortisol, la hormona del estrés, generando ansiedad, inseguridad y agotamiento.

Hemos confundido el contacto con la presencia, el “me gusta” con el afecto, y la visibilidad con el amor verdadero. Esta confusión genera una soledad encubierta, difícil de detectar, pero profundamente dañina.

En este sentido, el Dr. Castañón advierte con claridad que la soledad, la falta de relaciones profundas y el aislamiento social pueden convertirse en factores que favorecen la aparición de enfermedades. No se trata solo de una percepción subjetiva: el cuerpo y la mente reaccionan ante la carencia de vínculos reales. La ausencia de amistades auténticas deja al individuo sin ese “espejo humano” que le ayuda a comprenderse, a relativizar sus miedos y a sostenerse en momentos difíciles.

Las redes sociales, además, fomentan una cultura de la apariencia. Mostramos versiones idealizadas de nosotros mismos, cuidadosamente seleccionadas, que dificultan cualquier encuentro verdadero. Nadie puede amar lo que no conoce, y en el mundo digital muchas veces ocultamos precisamente lo que somos. Así, rodeados de contactos, permanecemos desconocidos. Y lo que es peor: profundamente solos.

Sin embargo, no todo está perdido en el universo digital. Existen figuras que, lejos de alimentar esta superficialidad, utilizan las redes como espacios de encuentro, consuelo y comunidad real. Un ejemplo luminoso de ello es el sacerdote asturiano Constantino Bada, cuya presencia en redes sociales se ha convertido en un auténtico testimonio de cómo la tecnología puede humanizarse.

Lejos de buscar protagonismo vacío, Constantino Bada ha sabido transformar su sólida formación —que incluye estudios en instituciones de gran prestigio como la Universidad Pontificia de Salamanca o centros especializados en Jerusalén— en una herramienta al servicio de los demás. Pero lo más llamativo no es su impresionante currículo, sino su capacidad para traducir ese conocimiento en cercanía, sencillez y ternura.

En un entorno donde muchos buscan acumular seguidores, él ha logrado algo mucho más valioso: construir una comunidad viva. Sus publicaciones, especialmente en Facebook, no son simples contenidos, sino espacios de encuentro donde las personas participan, comentan, agradecen y se sienten acompañadas. No se trata de una audiencia pasiva, sino de una auténtica familia digital.

Uno de los rasgos más distintivos de su estilo es su creatividad cercana. Evangeliza desde lo cotidiano, con humor, con gestos pequeños y con una ternura que desarma. Su famosa gatita Leocadia, que aparece en muchos de sus vídeos, se ha convertido en un símbolo inesperado de esta forma de comunicar: sencilla, entrañable y profundamente humana. Lejos de restar seriedad al mensaje, estos detalles lo hacen más accesible, más encarnado, más real.

Constantino Bada evangeliza desde lo cotidiano, con humor, con gestos pequeños y con una ternura que desarma. Su famosa gatita Leocadia, que aparece en muchos de sus vídeos, se ha convertido en un símbolo inesperado de esta forma de comunicar: sencilla, entrañable y profundamente humana.

En un mundo donde el contenido suele ser rápido y superficial, Constantino ofrece algo diferente: presencia auténtica. Sus seguidores no solo lo ven, lo esperan. No solo lo escuchan, lo sienten cercano. Y eso marca una diferencia esencial. Porque, como bien recuerda el análisis de la soledad moderna, lo que sana no es la cantidad de interacciones, sino la calidad del vínculo.

Su labor puede entenderse como un verdadero ministerio digital, donde la fe no se impone, sino que se comparte; donde la doctrina no se reduce a teoría, sino que se convierte en vida cotidiana. En este sentido, representa un modelo pastoral necesario en nuestro tiempo: el del sacerdote que no teme acercarse, que entiende la importancia del lenguaje actual y que utiliza las herramientas digitales sin perder lo esencial.

Frente al ruido y la dispersión de muchas redes, su perfil se convierte en un pequeño oasis. Allí donde otros generan ansiedad o comparación, él genera consuelo y pertenencia. Y eso no es casualidad, sino fruto de una actitud profundamente humana: escuchar, acoger y acompañar.

Este tipo de presencia demuestra que la tecnología no es el problema en sí misma, sino el uso que hacemos de ella. Puede ser un instrumento de aislamiento o un puente hacia el encuentro. Puede alimentar el ego o fortalecer la comunidad. En manos de personas como Constantino Bada, se convierte en una herramienta de bien, capaz de llegar donde antes era imposible.

Por eso, en medio del diagnóstico preocupante sobre la soledad digital, su figura aparece como un signo de esperanza. Nos recuerda que es posible habitar las redes sin perder el alma, que se puede comunicar sin vaciarse y que se puede evangelizar sin artificios.

La invitación, en definitiva, es doble. Por un lado, tomar conciencia del riesgo real del aislamiento digital, de esa soledad silenciosa que, como advierte el Dr. Castañón, puede incluso afectar a nuestra salud. Y por otro, apostar por una presencia más humana, más consciente y más auténtica, siguiendo ejemplos como el de Constantino Bada.

Porque al final, la verdadera transformación no vendrá de desconectarnos del mundo, sino de reaprender a encontrarnos en él. Y en ese camino, figuras como la suya nos recuerdan algo esencial: que incluso en medio de las pantallas, la ternura, la cercanía y la verdad siguen siendo el lenguaje más poderoso.

Jose Carlos Enriquez Díaz para Religión Digital

LA SANTA DE LA SEMANA, SANTA JULIA BRILLIART

Fundadora y primera superiora general de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Namur, nació el 12 de julio de 1751 en Cuvilly, un pueblo de Picardía, en la diócesis de Beauvais, departamento de Oise, Francia; murió el 8 de abril de 1816, en la casa matriz de su instituto, Namur, Bélgica. Era la sexta de siete hijos de Jean- François Billiart y su esposa, Marie-Louise-Antoinette Debraine. La infancia de Julie fue notable; a los siete años de edad ya sabía de memoria el catecismo y solía reunir a sus compañeros en torno suyo para oírlos recitarlo y explicárselos. Su educación se limitó a los rudimentos obtenidos en la escuela del pueblo, sostenida por su tío, Thibault Guilbert. Su progreso en cuestiones espirituales fue tan rápido que el sacerdote parroquial, M. Dangicourt, le permitió hacer su Primera Comunión y confirmarse a los nueve años de edad. Hizo en ese tiempo un voto de castidad. Los infortunios se precipitaron sobre la familia Billiart cuando Julie tenía 16 años y ella se entregó generosamente a ayudar a sus padres, trabajando en el campo con los cosecheros. Se le tenía en tan alta estima por su virtud y piedad que se le conocía como “la santa de Cuvilly”. A los 24 años, un choque nervioso ocasionado por un disparo de pistola dirigido contra su padre por un enemigo del que no se sabe más la paralizó de las extremidades inferiores, lo que en unos cuantos años la confinó a su cama, lisiada y dependiente, a donde permaneció durante 22 años. Durante ese tiempo, al recibir la diaria comunión, Julie hacía provecho de una excepcional don para rezar, y permanecía en contemplación durante cuatro o cinco horas diarias. El resto del tiempo lo destinaba a confeccionar manteles y encajes para el altar, y a la catequesis de los niños del pueblo, a los que reunía alrededor de su cama, prestándoles particular atención a los que se preparaban para su Primera Comunión.

En Amiens, a donde los turbulentos tiempos de la Revolución Francesa obligaron a Julie Billiart a refugiarse, en compañía de la condesa Baudoin, conoció a Françoise Blin de Bourdon, vizcondesa de Gizaincourt, destinada a convertirse en su colaboradora en la magna tarea que las dos ignoraban les estaba reservada, la vizcondesa, de 38 años en ese tiempo, había pasado su juventud piadosamente, entregada a causas buenas; durante el Terror padeció encarcelamiento, con toda su familia, escapando a la muerte sólo por la caída de Robespierre. En un principio, la paralítica casi muda no la atrajo, pero gradualmente llegó a amarla y admirarla, por sus maravillosos dones del alma. Se formó un pequeño grupo de jóvenes damas de alcurnia, amigas de la vizcondesa, en torno al lecho de “la santa”. Julie les enseñaba cómo conducir la vida interior, mientras ellas se consagraban generosamente a la causa de Dios y sus pobres. Aunque intentaron todos los ejercicios propios de la vida de comunidad, debieron faltar ciertos elementos de estabilidad, pues estas primeras discípulas desertaron hasta no quedar más que Françoise Blin de Bourdon. Nunca se separaría ya de Julie y en 1803, atendiendo al padre Varin, superior de los Padres de la Fe, y bajo los auspicios del obispo de Amiens, se sentó el cimiento del Instituto de las Hermanas de Nuestra Señora, una sociedad que tenía por objetivo primordial la salvación de niños pobres. Varios jóvenes se ofrecieron para ayudar a las dos superiores. Los primeros pupilos fueron ocho huérfanos. El 1º de junio de 1804, fiesta del Sagrado Corazón, la madre Julie se curó de su parálisis, al cabo de una novena rezada por orden de su confesor. El 15 de octubre de 1804, Julie Billiart, Françoise Blin de Bourdon, Victoire Leleu y Justine Garson tomaron los primeros votos de religión, cambiando sus apellidos por nombres de santos. Se proponían como tarea de vida la educación cristiana de las niñas y la preparación de maestras religiosas que habrían de ir a donde se solicitaran sus servicios. A guisa de prueba, el padre Varin dio a la comunidad una regla provisional, con tanto acierto en su visión a largo plazo que en lo esencial nunca ha cambiado. En vista de la propagación del instituto, dispuso que lo gobernara una superior general, responsable de visitar las casas y nombrar a las superiores locales, correspondientes con los miembros dispersos en diferentes conventos, y de asignar las rentas de la sociedad. Desde un principio, la fundadora estableció las devociones características de las Hermanas de Nuestra Señora. Ella fue además la primera en hacer de lado la secular distinción entre hermanas ordenadas y legas, pero esta perfecta igualdad de rango no impidió de manera alguna que pusiera a cada una a trabajar en las labores para las que su capacidad y educación la hacían apta. Julie daba gran importancia a la formación de las hermanas destinadas a las escuelas, en lo que recibió la capaz ayuda de la madre San José (Françoise Blin de Bourdon), ella misma recipendaria de una educación excepcional.

Cuando se aprobó la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora, por decreto imperial, el 19 de junio de 1806, sumaba 30 miembros. Ese año y durante los siguientes, se hicieron fundaciones en varias poblaciones de Francia y Bélgica, siendo las más importantes las de Gante y Namur, siendo la madre San José la primera superior de la segunda. La propagación del instituto más allá de la diócesis de Amiens causó a la fundadora el más grande dolor de su vida. Con la ausencia del padre Varin de esa ciudad, el confesor de la comunidad, el abad de Sambucy de St. Estève, hombre de logros e inteligencia superior pero emprendedor y poco juicioso, se propuso cambiar la regla y las constituciones fundamentales de la nueva congregación, a fin de ponerla en concordancia con las antiguas órdenes monásticas. Influyó a tal punto sobre el obispo, monseñor Demandoix, que la madre Julie pronto no tuvo mayor alternativa que abandonar la diócesis, acogiéndose a la buena voluntad de monseñor Pisani de la Gaude, obispo de Namur, quien la invitó a hacer de su ciudad episcopal el centro de la congregación, de necesitarlo. Al dejar Amiens, la madre Julie expuso la cuestión ante todas sus seguidoras, dejándolas en abierta libertad de permanecer o seguirla. Todas menos dos eligieron acompañarla y así, a mediados de invierno de 1809, el convento de Namur se convirtió en la casa matriz del instituto, como continúa al día de hoy. Desengañado al poco tiempo, monseñor Demandoix intentó cuanto estuvo en su poder por atraer a la madre Julie de regreso a Amiens, a reconstruir el instituto. Ella efectivamente volvió, pero luego de una infructuosa tarea a la búsqueda de seguidoras y rentas, regresó a Namur. Los siete años que le quedaban los dedicó a formar a sus hijas en una piedad sólida y en el espíritu interior, en lo que ella misma era el ejemplo. Monseñor De Broglie, obispo de Gante, decía de ella que había salvado más almas por su vida interior en unión con Dios que por su apostolado externo. En situaciones de peligro y necesidad, recibió favores sobrenaturales, lo mismo que auxilios no solicitados. En el lapso de doce años (1804-1816) fundó 15 conventos, realizó 120 viajes, muchos largos y arduos, y mantuvo estrecha correspondencia con sus hijas espirituales. Se conservan cientos de sus cartas en la casa matriz. En 1815, siendo Bélgica campo de batalla de las guerras napoléonicas, la madre general padeció gran angustia pues varios de sus conventos quedaban en el camino de los ejércitos, pero todos salieron ilesos. En enero de 1816 cayó enferma y luego de tres meses de dolor sobrellevados paciente y silenciosamente, murió con la Magnífica en sus labios. La fama de su santidad se propagó al extranjero, confirmándola varios milagros. Su causa de beatificación, iniciada en 1881, se completó en 1906, declarándola bendita por decreto del Papa Pío X fechado el 13 de mayo. [Nota: fue canonizada en 1969 por el Papa Paulo VI].

En el plano espiritual, el rasgo principal de santa Julia es su ardiente caridad, que brota de una fe entusiasta y se manifiesta en su sed por el que sufre y su ardor por las almas. Toda su alma encuentra un eco en la sencilla e inocente fórmula que de continuo tenía en sus labios y su pluma: “Oh, qu’il est bon, le bon Dieu” (¡Vaya que es bueno el buen Dios!). Poseía todas las cualidades del superior perfecto e inspiró a sus seguidoras con confianza filial y tierno afecto.

HERMANA DE NOTRE DAME Transcrito por H. Jon Thomas Traducido por Gabriel E. Breña

MÚSICA SACRA: TERRA TREMUIT, EL NACIMIENTO DE LA ARMONÍA

Con este canto, Terra Tremuit, la tierra tembló, estamos ante algo así como el nacimiento de la armonía en la música occidental, es decir, la producción de sonidos diferentes al mismo tiempo y cuyo conjunto suena bien, es armónico.

Son los comienzos de la Edad Media, en torno al año 600, y en aquella época la actividad cultural pasaba por la iglesia, que era la única institución medianamente organizada y con capacidad para recoger documentos. Lo que no quiere decir que este tipo de cantos fuera una creación suya. Probablemente se daban entre la gente del campo y lo que hizo la iglesia fue recogerlos y adaptarlos a sus temas e intereses.

Esta es una reconstrucción del Ensemble Organum bajo la dirección de Marcel Peres. Si no hacemos caso del texto en latín, resulta de lo más relajante. Atención a la voz grave que resuena por debajo del coro.

El texto  en latin dice:

Terra tremuit et quievit, Dum resurgeret in judicio Deus, alleluia.

Notus in Judea Deus in Israel magnum nomen eius, alleluia! Dum resurgeret in iudicio Deus, alleluia.

Et factus est in pace locus eius et habitatio eius in Sion, alleluia! Dum resurgeret in iudicio Deus, alleluia.

Ibi confregit cornua arcum, scutum, gladium et bellum, iluminans tu mirabiliter a montibus aeternis, alleluia.

Terra tremuit et quievit, Dum resurgeret in judicio Deus, alleluia.

Y su traducción en castellano

La tierra tembló y quedó quieta, cuando Dios se levantó para juzgar, aleluya.

Dios es conocido en Judea, su nombre es grande en Israel, aleluya. Cuando Dios se levantó para juzgar, aleluya.

Y su lugar fue establecido en paz, y su morada en Sion, aleluya. Cuando Dios se levantó para juzgar, aleluya.

Allí quebró los cuernos, el arco, el escudo, la espada y la guerra, tú que iluminas maravillosamente desde las montañas eternas, aleluya.

La tierra tembló y quedó quieta, cuando Dios se levantó para juzgar, aleluya.

Pinchando en el enlace puedes escuchar esta maravilla del canto A Capella

https://www.youtube.com/watch?v=p4bXqYU88lE

SAN JUAN PABLO II Y SANTA FAUSTINA KOWALSKA: TESTIMONIOS DE LA DIVINA MISERICORDIA

“Santa Faustina Kowalska y San Juan Pablo II apóstoles de la Divina Misericordia”, lo dijo el Papa Francisco. Aunque nunca se conocieron, la providencia unió sus caminos: San Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina en el año 2000 y estableció el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina”. El camino de ambos se unió de nuevo en la JMJ Cracovia 2016

En 1967, el entonces Cardenal Karol Wojtyla presidió la sesión solemne que puso punto final al proceso informativo diocesano para recopilar todos los datos y testimonios sobre la vida y obra de Santa María Faustina Kowalska. Las actas del proceso fueron enviadas a Roma para que se abra el proceso de beatificación de la vidente del Señor de la Divina Misericordia.  Más adelante el Papa Juan Pablo II beatificó (1993) y canonizó (2000) a Santa Faustina, justamente en el segundo domingo de Pascua de ambos años.  El 30 de abril de 2000, el Papa proclamó el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” para todo el mundo.

En 1980, San Juan Pablo II, había publicado su carta encíclica titulada “Dives in Misericordia”, sobre la misericordia divina, en la que anima a los fieles a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios. «Es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo están sugiriendo múltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación», escribió.

San Juan Pablo II: El gran devoto de la Divina Misericordia

En el 2002, Juan Pablo II estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con indulgencias, con las que se pueden beneficiar también los enfermos, navegantes de altamar o aquellos que por causa justa no puedan abandonar su casa o desempeñen una actividad impostergable. Ese mismo año, el Santo Padre viajó a Cracovia (Polonia) y en el Santuario de la Misericordia Divina consagró el mundo a Jesús de la Divina Misericordia.

“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”, fueron algunas de las palabras de su oración.

La providencia unió los caminos de San Juan Pablo II y Santa Faustina

En 1938, cuando el joven de 18 años, Karol Wojtyla, llegó a Cracovia para estudiar en la Universidad Jagiellonica, Sor Faustina ya tenía 33 años y vivía en un convento de la ciudad. La Santa falleció el 5 de octubre de aquel año, justo cuando el que sería Papa 40 años después empezaba el primer curso de filología polaca. Sobre Santa Faustina el Cardenal emérito Stanislao Dziwisz dijo:

“Santa Faustina era una monja extraordinaria, no tuvo educación, sin embargo, Cristo la llamó y le confió la misión de llevar el mensaje de la Divina Misericordia a todo el mundo. Es útil recordar sus palabras: ‘La humanidad no encontrará ni paz ni tranquilidad hasta que no se vuelva con confianza a Mi Divina Misericordia’ (…) Tal vez algún día la devoción a la misericordia divina se vuelva realidad, para que así podamos vivir en paz, tanto en Europa como en el mundo”, dijo el purpurado.

San Juan Pablo II, Santa Faustina: testimonios de la Divina Misericordia

San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia de aquel año.

El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, en el segundo domingo de Pascua, y el Papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también Fiesta de la Misericordia.

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje:

Dios es Misericordioso y nos ama a todos … «y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia»(Diario, 723).

El Papa Francisco alentó a seguir el ejemplo del Papa San Juan Pablo II y de Santa Faustina Kowalska, a quienes se refirió como “luminosos testimonios” de la Divina Misericordia y recordó algunas palabras del Papa Wojtyla escritas en su encíclica encíclica Dives in misericordia:

“Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la «condición humana» histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral”.

Y citando a Santa Faustina Kowalska, Francisco dijo que en su diario anotó la siguiente exhortación que le hizo el mismo Señor Jesús: “Hija mía, observa mi corazón misericordioso y reproduce en tu corazón y en tus acciones su piedad, de modo que tú misma, proclames en el mundo mi misericordia inflamándola”.

San Oscar Romero: “Misericordia expresión más acabada del amor”

Mons. Oscar Romero, el 11 de junio de 1978 en su homilía, recordaba que la Misericordia es la expresión más acabada del amor. “El amor que se entrega, que es lástima, que es perdón, que es comprensión, que es justicia, que es entenderse con todos. Misericordia quiere decir, dijo, no el orgullo de los fariseos que desprecian a los marginados, sino la acogida del Dios que siendo riquísimo ha venido a buscar a los pobres; a quienes no quieren sentarse a comer con ellos. Misericordia es la bondad expresada en hechos, no en palabras”.

El significado de la misericordia, dijo el prelado, cada uno de los cristianos lo comprende mejor, “porque todos creo que hemos tenido algún pequeño acto de misericordia para otros, y sobre todo, hemos sido objeto de misericordia: Si Dios nos hubiera tenido misericordia cuando caímos en tantas culpas, dónde estuviéramos… Si Dios no tuviera misericordia de perdonamos antes de morir, adónde iríamos. Y tal vez en la relación humana, hemos tenido muchos gestos de misericordia dados por nosotros, o recibidos también por nosotros. Dichoso aquél que puede contar en su vida muchos actos de misericordia. ¡Eso es lo que quiere Dios!”

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano para Vatican News