SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA 137

Autorretrato de Dios

 

Autorretrato de Dios…

del que hay infinidad de copias,

todas originales y de calidad suprema,

porque Dios domina todos los estilos pictóricos

habidos y por haber

y es muy prolífico en todas sus creaciones.

Su autorretrato no sólo se conserva en los Museos Vaticanos

y en las grandes pinacotecas: Louvre, Hermitage, Prado,

Uffizi, Metropolitan, British…

sino que está repartido por todo el Universo

y llega hasta a los lugares más recónditos.

El autorretrato de Dios, mucho más valioso

que los de Rembrandt, Van Gogh y Leonardo da Vinci,

no se compra ni se vende porque es un regalo del autor

para que todo el mundo pueda disfrutar de Él.

Autorretrato de Dios…

que, como las obras de algunos grandes pintores:

La Gioconda, Los girasoles, La Venus del espejo…,

ha tenido “falsificaciones y atentados”,

pero la imagen de Dios no se ha visto afectada,

está garantizada

y no necesita guardas de seguridad,

si acaso una “alarma” preventiva

para asustar a los “depredadores”.

Autorretrato de Dios…

expuesto por primera vez

“cuando Dios creó el cielo y la tierra de la nada

y al concluir su magna obra

vio que todo lo que había hecho estaba bien,

incluidos el hombre y la mujer

hechos a su imagen y semejanza” (Gn 1,1).

La Creación de Dios supera con mucho el gran mural de la “creación”

de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina.

Autorretrato de Dios…

evidenciado en su Hijo, en tres momentos históricos:

“abajamiento”, en la encarnación como ser humano;

“vaciamiento”, en la cruz,

hasta derramar la última gota de su sangre

en favor de la humanidad;

“resurrección” y “exaltación” al lugar de más alto honor

en el cielo, a la derecha de Dios Padre.

Hechos que superan a las bellas imágenes de las pinturas

de la “Anunciación” de Fra Angelico,

del “Cristo Crucificado” de Velázquez

y de la “Resurrección de Cristo” del Greco.

Autorretrato de Dios…

en algunas de sus múltiples circunstancias y versiones:

“Última Cena” de Jesús con sus discípulos,

con la transubstanciación del pan y el vino

en su Cuerpo y en su Sangre,

repetida en las eucaristías de todo el mundo.

Leonardo da Vinci reprodujo la escena

en su famoso cuadro “La última cena”,

pero “las comparaciones son odiosas”.

“Abrazo del padre al recuperar a su hijo “perdido”

que arrepentido de su mala vida vuelve a casa” (Lc 15,20);

una bella historia de “amor misericordioso”

para contar el comportamiento de Dios con sus hijos (Lc 15,11),

que Rembrandt recreó en “El regreso del hijo pródigo”.

“Infinitud, simetría y belleza del cosmos”,

creado por Dios para demostrar quién es Él, todopoderoso,

y quiénes somos los humanos, seres frágiles como el cristal.

El Bosco fantaseó sobre el cosmos y plasmó sus fantasías

en “El jardín de las delicias”,

pero en este caso la realidad supera a la imaginación.

“Del Señor es el mundo entero,

con todo lo que en él hay,

con todo lo que en él vive.

Porque el Señor puso las bases de la tierra

y la afirmó sobre los mares y los ríos” (Sal 24,1).

 

Julián del Olmo

Domingo, 15 de marzo de 2026

EL SANTO DE LA SERMANA: SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO

Un descendiente de la noble familia Mogrovejo, Toribio nació en Mayorga de Campos, España, en 1538. Experto en derecho canónico, se ganó con razón su reputación de distinguido jurista. Era profesor en la Universidad de Salamanca cuando el Rey de España, Felipe II, decidió enviarlo al Perú como Obispo de la Ciudad de Los Reyes, que más tarde se convertiría en Lima, hoy capital del Perú.

Un obispo enviado al fin del mundo

Cuando el Rey lo llamó, en 1580, Toribio no era un clérigo sino un simple laico. En tiempo récord recibió todas las órdenes sagradas una tras otra hasta el sacerdocio y, finalmente, fue consagrado obispo. Cuando debió partir no estaba realmente muy entusiasmado, porque ya se imaginaba la situación que habría encontrado: Perú estaba sometido al duro dominio de los españoles desde hacía casi 50 años, pero no era el Virrey, enviado de la Corte de España quien gobernaba; eran los descendientes de los despiadados conquistadores los que efectivamente tomaban las decisiones de gobierno. Esa gente era quien imponía sus arbitrariedades injustas sin ninguna rémora moral. Eran ellos los que materialmente explotaban a los indígenas, con la excusa de una falsa evangelización que tenía muy poco que ver con el Evangelio: las condiciones de estas personas que el obispo encontró cuando llegó al Perú eran de un extremo empobrecimiento material, espiritual, cultural y humano. Los conquistadores, por el contrario, estaban muy satisfechos y eran muy celosos de sus propios privilegios adquiridos a expensas de los indígenas. Lo más triste era que también había muchos sacerdotes aburguesados, encadenados a sus privilegios eclesiásticos, ya que habían perdido la fuerza evangélica para denunciar las injusticias.

«¡Cristo es la Verdad, no las apariencias!»

En este clima de injustos contrastes comienzan los 25 años de episcopado de Toribio y su trabajo como gran reformador que llevará a la primera verdadera organización de la Iglesia peruana. Decidió comenzar desde los sacerdotes aburguesados, desde su recuperación, especialmente con su propio testimonio de santidad personal. Dedicaba muchas horas a la meditación y a la oración, consciente de que la vida espiritual de una persona crece en la medida en que dialoga con Dios. Enseguida, puso su afectuosa atención de pastor en los pueblos indígenas. Estudió sus idiomas, el quechua y el aymara, para poder hablar con ellos, pero sobre todo para trabajar en una «re-evangelización» que hablara el idioma del respeto de su dignidad. Obligó a todos los sacerdotes que trabajaban en Perú a estudiarlos e incluso consiguió publicar el Catecismo de la Iglesia Católica en los idiomas indígenas, así como en castellano. Por amor a todos y cada uno de los pueblos indígenas, durante unos 10 años recorrió y visitó cada rincón remoto de su vasto territorio – miles de kilómetros – mucho más allá de las actuales fronteras peruanas; convirtió a muchos de ellos, y dio la confirmación a tres futuros santos: san Martín de Porres, san Francisco Solano y santa Rosa de Lima.

«Amar a las personas que nos han sido confiadas como se ama a Cristo»

En el curso de su episcopado, Toribio fundó cien parroquias, convocó un Concilio Panamericano, dos consejos provinciales y doce sínodos diocesanos; cuando la peste llegó al Perú estuvo en primera línea entre los enfermos y les regaló todo lo que tenía. Obviamente, su opción preferencial por los descartados suscitó las antipatías del Virrey, que nunca lo vió asistir a las fastuosas ceremonias de la corte, y de los conquistadores, ya que a Toribio no le importaban en lo más mínimo. En cambio, los empobrecidos y abandonados indígenas eran sus ovejas privilegiadas, y con ellas y para ellas se comportó como un verdadero y buen pastor. Murió en uno de sus viajes a Saňa en 1606. Benedicto XIII lo canonizó en 1726; Juan Pablo II lo proclamó patrón del episcopado latinoamericano en 1983.

Fuente: Vatican News

MUSICA SACRA: LA PASION SEGÚN SAN MATEO DE J. S. BACH

La segunda esposa de Bach, Ana Magdalena, confiesa en su Diario que su admirado Sebastián -así le llamaba- fue la persona más sensible a los valores religiosos que conoció en su vida, en la que pudo tratar a personas de alta espiritualidad.

De esa profunda y sincera piedad surgieron sus dos inigualables Pasiones: la Pasión según San Juan (1724) y la Pasión según San Mateo (1729).

La Pasión según San Mateo es, posiblemente, la más grande obra religiosa de la historia de la música: texto y música, fidelidad al relato evangélico, elevada creación poética, piedad…, se unen en ella de manera que no podemos separar ningún aspecto como más sobresaliente.

La obra, que lleva el número de catálogo BWV 244, fue compuesta por Bach entre 1727 y 1729 (se desconocen el año exacto y las circunstancias de la composición).

La Pasión según San Mateo, representa el sufrimiento y la muerte de Cristo según el evangelio de San Mateo.

Con una duración de más de dos horas y media (en algunas interpretaciones incluso más de tres horas), es la obra más extensa del Bach.

Aunque se relaciona directamente con la música fúnebre para el príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen de 1729, se desconoce si la cantata fúnebre sirvió como modelo para la pasión o si la pasión fue el modelo de la cantata (o si existen otros orígenes anteriores).

De cualquier forma, la Pasión según Mateo fue interpretada el 15 de abril de 1729 (Viernes Santo) en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig bajo la dirección del compositor, en una representación para la cual Bach no pudo disponer de los recursos idóneos (en un memorándum al Consejo de la ciudad de Leipzig, se quejó de que únicamente 17 de los 54 miembros del coro hubieran estado a la altura).

A pesar de que la obra no fue muy estimada en su tiempo por su estilo «operístico», rechazado en su mayoría por los representantes del Pietismo dentro de la burguesía de Leipzig, Bach revisó algunas de las partes de la obra varias veces, la última de ellas en 1736, en donde incluyó un grupo de continuo con órgano para cada uno de los dos coros.

Tras la muerte de Bach, la obra cayó en el olvido (como, en general, toda la obra del compositor) y no fue hasta 1829 cuando el compositor y director Felix Mendelssohn volvió a interpretarla con la Sing-Akademie de Berlín en una versión abreviada.

La reinterpretación de esta obra dio inicio a un fuerte interés por el estudio y el análisis de las obras de Bach, particularmente las de gran escala, que ha persistido hasta nuestros días.

N poco de historia sobre esta pieza

En 1697, Gottfried Vockerodt, rector de la escuela secundaria en la ciudad de Gotha, en el sudeste de Alemania, y un autodenominado «buen cristiano», dirigió a sus estudiantes en una velada de escenas dramáticas de la antigüedad romana. Entre ellas había recreaciones de la muerte de Calígula, asesinado mientras charlaba con algunos actores, y del descenso de Nerón a la locura, su paranoica confusión introducida por su temerario toque de violín y sus frecuentes visitas al teatro.

El punto de las escenas era claro: las artes, y sobre todo el teatro, eran peligrosas, algo que debía evitarse a toda costa para no caer en el pecado y la perversidad.

Músicos e intérpretes de toda Alemania saltaron a la defensa del teatro, desatando un bombardeo de retórica contra Vockerodt. Con un solo gesto, Vockerodt se había posicionado como el Jesse Helms del siglo XVII, luchando contra la suciedad pagana que se filtraba de los escenarios de los teatros de Alemania.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Pasión de San Mateo de Bach? Bueno, en cierto modo, la Pasión de San Mateo – o, para darle su título completo, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo – es el final de la historia que comenzó con Vockerodt, una afirmación triunfal del poder del teatro para representar un profundo drama espiritual. Donde el maestro de escuela Gotha sólo veía depravación y pecado, Bach encontró un medio de capturar un momento religioso, la Pasión de Cristo, en toda su complejidad.

A principios del siglo XVIII, un pastor de Hamburgo llamado Erdmann Neumeister se dio cuenta del mismo problema que tanto había molestado a Vockerodt. La gente acudía en masa a la ópera y mostraba un entusiasmo por ella que no tenían por la religión. Pero Neumeister convirtió lo negativo en positivo, viendo en la ópera del siglo XVIII una forma efectiva de representar la narrativa del cristianismo en la música. Escribió cientos de textos para música religiosa, empleando la alternancia de acción dramática y reflexión contemplativa que se encuentra en la estructura recitativa-aria de la ópera del siglo XVIII. Estos textos también integraron el coral luterano, un momento en el que toda la congregación podía unirse y afirmar el mensaje espiritual del texto. Esta combinación de recitativo (una declamación parecida a un discurso), aria y coral proporciona la estructura esquelética de la Pasión de San Mateo de Bach.

Bach estaba familiarizado con las innovaciones de Neumeister, habiendo puesto música a varios textos del pastor de Hamburgo. La Pasión de San Mateo es quizás la obra más ambiciosa que Bach haya compuesto. En ella, Bach (1685-1750) añade un montón de coros, pasajes de declamación acompañada, y varias otras innovaciones musicales a la alternancia original de Neumeister de recitativo, aria y coral.

El texto, escrito por Picander, colaborador de Bach en Leipzig, hace que los acontecimientos de Mateo 26 y 27 sean tan complejos que Bach no pudo evitar la innovación. La Pasión sigue de cerca estos dos capítulos del evangelio de Mateo al relatar el juicio y la crucifixión de Cristo. La Pasión de San Mateo puede desglosarse aproximadamente en nueve escenas: una introducción, la unción en Betania, la Última Cena, Jesús y los apóstoles en el jardín de Getsemaní, la traición de Judas, el juicio e interrogatorio de Jesús, Judas en el Templo, los azotes y la crucifixión de Jesús, y el descenso de la cruz y el entierro.

Este drama se desarrolla en tres niveles en la Pasión de San Mateo: el de los personajes que participan en él (Mateo, Jesús, Pedro, Judas, Pilato, el coro en su forma de multitud, y varios otros mencionados en el texto), el de la comunidad espiritual (representada por varios coros reflexivos y los corales), y el del creyente individual (cuyas reflexiones se desarrollan en las arias).

Bach utiliza estos niveles para resaltar el drama de la Pasión, algo que se manifiesta inmediatamente en el imponente coro de apertura. Aquí vemos a Bach trabajando en una escala que no se encuentra en ninguna otra parte de su producción, usando el doble coro y la orquesta, así como el coro de niños (en esta actuación) para pintar una vívida escena de Jesús llevando la cruz a su crucifixión. Los dos coros completos comentan la procesión, actuando como una multitud reunida a ambos lados de ella, mientras que el coro infantil canta el coral «O Lamm Gottes» («Oh Cordero de Dios sin culpa»), una reflexión sobre los acontecimientos que se van a desarrollar.

Los recitales para el tenor (en su disfraz de evangelista) y el bajo o barítono (como Jesús) proporcionan a la obra una narración. La acción del drama se limita a estos intercambios, y a las breves interjecciones corales que proporcionan la voz de la multitud durante estos recitativos.

Bach sigue los momentos dramáticos con arias y corales reflexivos. Por ejemplo, después del coro de apertura, Jesús declara a sus apóstoles que será crucificado en dos días. El coro que sigue («Herzliebster Jesu» – «Amado Jesús») – medita sobre esta declaración con una serie de preguntas. El evangelista continúa su narración en los recitativos que siguen, con el coro apareciendo dos veces, primero como un grupo de sacerdotes, escribas y ancianos («Ja nicht auf das Fest» – «No en el día de la fiesta») y luego como los discípulos de Jesús («Wozu dienet dieser Unrat?» – «¿Con qué propósito es este desperdicio?»). En este coro, los discípulos cuestionan el uso del ungüento de una mujer para ungir a Jesús cuando podría haber sido vendido por dinero para dar a los pobres. Jesús responde que ella lo ungió para su entierro, como un memorial. En el recitativo y el aria que siguen («Du lieber heiland du» – «Buss und Reu» [«Tú, querido Redentor» – «Penitencia y Remordimiento»]), el solista de la viola reflexiona sobre la unción, identificándose con ella como un creyente individual. En estas primeras escenas, Bach nos presenta una rica dramatización del evento mientras la comunidad y el individuo reflexionan sobre la narración mientras se desarrolla.

Esta complejidad de forma y el uso aventurero del coro y de los solistas se corresponde con una escritura rica y detallada para la doble orquesta. Testigo de ello es, por ejemplo, la escritura líquida para dos oboes d’amore en el recitativo acompañado de la soprano «Wiewohl mein Herz in Tränen schwimmt» («Aunque mi corazón nada en lágrimas»), la unión de las dos orquestas de Bach para acompañar el coro que cierra la Parte I de la Pasión, o el inquietante acompañamiento de dos oboes da caccia y un violonchelo pizzicato al recitativo «Ach Golgotha» («Ah, Gólgota») de la Parte II del alto.

Muchas de las arias de la obra ofrecen poderosos ejemplos de la capacidad de Bach para fusionar un instrumento solista y la voz. Algunas de ellas, como la del tenor «Ich will bei meinem Jesu wachen» («Miraré junto a mi Jesús»), con su elaborado solo de oboe y el uso del coro para terminar las líneas del solista, son bastante complejas. Otros, como el bajo «Mache dich, mein Herze, rein» («Hazte limpio, mi corazón»), con su sencillo acompañamiento, coinciden con la casta expresión del texto.

Toda esta innovación parecía perdida, sin embargo, en el público musical bastante reaccionario de Leipzig. La mayoría de la música de la Pasión interpretada en Leipzig antes de la llegada de Bach había sido cantada en canto llano, y, aunque Bach introdujo su Pasión de San Juan en 1724, parece que su música tenía el poder de conmocionar a su público. La Pasión de San Mateo tuvo su primera actuación tres años después, el 11 de abril de 1727 en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, donde Bach era cantor. El relato de 1732 de una interpretación de una de las Pasiones de Bach capta una acusación al estilo de Vockerodt de la marca de música de la Pasión de Bach.

«En el banco de una familia noble en la iglesia, estaban presentes muchos ministros y damas nobles, que cantaron con gran devoción el primer coral de la Pasión de sus libros. Pero cuando esta música teatral comenzó, toda esta gente se sumió en el mayor desconcierto, se miraron unos a otros y dijeron: «¿Qué saldrá de esto? Una vieja viuda de la nobleza dijo: «¡Dios nos salve, hijos míos! Es como si uno estuviera en una comedia de ópera».

Aunque la Pasión de San Mateo no nos parece hoy en día una ópera, eso es quizás porque nuestra comprensión de la ópera ha cambiado. Con su estructura basada en la alternancia de recitativos y arias, la obra de Bach sorprendió a los reaccionarios de Leipzig por ser demasiado operística. Pero la innovación del compositor dentro del lenguaje de la ópera del siglo XVIII es un aspecto que hace de la Pasión de San Mateo una experiencia profunda, edificante y profundamente espiritual. Bach, inmerso en la música de su tiempo, trascendió esta música. La Pasión de San Mateo es un monumento universal y eterno a su genio.

John Mangum es candidato al doctorado en historia en la UCLA, donde está escribiendo sobre la ópera en Berlín entre 1740 y 1806. También ha comentado programas para el Hollywood Bowl, la Ópera de Los Ángeles y el Festival de las Artes de Hong Kong.

Para escuchar la obra completa:

https://youtu.be/qeiGPQfq1VA

Enlace a los textos del libreto

https://www.refinandonuestrossentidos.com/johann-sebastian-bach/la-pasi%C3%B3n-seg%C3%BAn-san-mateo-bmw-244-texto/

Fuentes: LA Phil de Gustavo Dudamel

                 Música Antigua.com

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

En Oriente se encuentran testimonios de esta fiesta del 25 de marzo ya a mediados del siglo VI. En Roma se celebra a partir del siglo VII. Al ser una fiesta ligada al Señor Jesús y a su entrada en la historia, el nuevo orden litúrgico prefirió nombrarla con el título de «Anunciación del Señor» -en lugar del más popular “Anunciación de María”-. La solemnidad de la Anunciación del Señor es una fiesta navideña, aunque esté fuera del tiempo de Navidad: nueve meses antes de su nacimiento, tiene lugar la encarnación de Jesús en el seno de la Virgen María.

Del Evangelio según San Lucas

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;  él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no conozco varón?».

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó. (Lc 1,26-38)

Una nueva historia

La Anunciación es la fiesta del Señor que se encarnó en el seno de María, iniciando una nueva historia. Es interesante observar que Dios no envía al ángel a Jerusalén, al templo, sino a Galilea, una región despreciada como refugio de paganos incrédulos. A Nazaret, una ciudad que no menciona el Antiguo Testamento.

El valor de María

Ante el anuncio, María reflexiona, entra en diálogo consigo misma y con el ángel, y pregunta por el sentido de sus palabras y la forma en que se realizarán. María no se deja llevar por las emociones. Aparece como una mujer valiente que ante lo inaudito mantiene el autocontrol. Y, a la luz de Dios, evalúa y decide.

La acción del Espíritu Santo

Es el Espíritu quien reviste la vida de María, haciéndola apta para su misión. Lo hará aquí y lo hará en el Cenáculo: María, mujer revestida del Espíritu, gracias a la cual y en la cual todo se hace posible.

El «hágase» de María

El «Fiat» de María transforma su humilde casa en la Casa de Dios, y a ella misma en el Tabernáculo del Santísimo Jesús. Bastó un «Aquí estoy», una señal de disponibilidad, sabiendo confiar en la acción del Espíritu Santo. Y Dios entró en la historia aceptando hacerse historia en la vida de los que dijeron y seguirán diciendo «aquí estoy».

Coordenadas de María

La primera coordenada de María es creer: confiar y encomendarse a Dios, segura de que en Él nada es imposible. Dios no teme el tiempo del desconcierto, de la reflexión, de la comprensión: Dios no obliga a la libertad, sino que educa a la libertad, para que cada uno pueda decir su “Aquí estoy”.

La segunda coordenada es aceptar entrar en el tiempo de Dios, en sus ritmos; un «tiempo», que no es simplemente el paso de las horas, sino que es el tiempo oportuno, el tiempo pleno, el tiempo de la oportunidad, el tiempo de la gracia.

Oración

Hoy se revela el misterio que es desde toda la eternidad:

el Hijo de Dios se convierte en Hijo del Hombre;

participando en lo que es más bajo,

nos hace partícipes de las cosas superiores.

Adán fue engañado al principio:

intentó convertirse en Dios, pero fracasó.

Ahora Dios se hace hombre,

para deificar a Adán.

Que la creación se regocije y la naturaleza exulte:

el arcángel se queda admirado ante la Virgen,

y con su saludo, «Alégrate», trae el alegre anuncio

el alegre anuncio de que nuestro dolor ha terminado.

Oh Dios, que te hiciste hombre por tu compasión misericordiosa,

¡gloria sea para ti!

Orthros (matutina) de la Fiesta de la Anunciación. De la Liturgia de las Horas de las Iglesias Orientales.

Fuente: The Holy See

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: I. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM. 4. LA IGLESIA PUEBLO SACERDOTAL Y PROFÉTICO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy quisiera detenerme de nuevo en el segundo capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium (LG), dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.

El pueblo mesiánico (LG, 9) recibe de Cristo la participación a la obra sacerdotal, profética y real en la que se lleva a cabo su misión salvífica. Los Padres conciliares enseñan que el Señor Jesús ha instituido mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un «sacerdocio real» (1Pt 2,9; cfr 1Pt 2,5; Ap 1,6). Este sacerdocio común de los fieles es donado con el Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en espíritu y en verdad y a «confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia» (LG, 11). Además, a través del sacramento de la Confirmación, todos los bautizados «se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras» (ibid.). Esta consagración está en la raíz de la misión común que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos.

A propósito, el Papa Francisco observaba así: «Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) “quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo” (LG 10), entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios» (Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, 19 de marzo 2016).

El ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificación, sobre todo participando en la ofrenda de la Eucaristía. Mediante la oración, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida renovada por la gracia de Dios (cfr LG, 10). Como sintetiza el Concilio, «el carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes» (LG, 11).

Los padres conciliares enseñan además que el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo (cfr LG, 12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y del consenso de los fieles. La Comisión Doctrinal del Concilio precisaba que este sensus fidei «es como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra más profundamente en ella y la aplica más plenamente en la vida» (cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto.

Lumen gentium concentra la atención sobre este último aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pontífice, al servirla. «La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres» (LG, 12). La Iglesia, por tanto, como comunión de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no puede errar en la fe: el órgano de esta propiedad suya, fundado en la unción del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta unidad, que el Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia.

El Espíritu Santo, que nos viene de Jesús Resucitado, dispensa de hecho «entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia» (LG, 12). Una demostración peculiar de tal vitalidad carismática es ofrecida por la vida consagrada, que continuamente brota y florece por obra de la gracia. También las formas asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de Dios.

Queridos, despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto conlleva.

Copyright © Dicasterio para la Comunicación – Libreria Editrice Vaticana

the holy see

La Santa Sede

CIENCIA Y SABIDURÍA

En la persona que estudia puede encontrarse una doble dimensión que, a modo de tendencia, se encuentra diversamente acentuada en el científico, el filósofo o el teólogo. Me refiero a la distinción entre saber y sabiduría. El saber se preocupa de cernir la realidad y de obtener todos los datos constatables sobre ella. El principio de la sabiduría es el asombro; no un asombro que conduce a quedarse pasmado ante las cosas, sino a preguntarse por qué me asombra lo que me asombra. El asom­bro convertido en pregunta, ese es el principio de la sabiduría. Pero también es sabi­duría una manera de situarse ante el mundo, una orientación para conducir la vida. De modo que el saber se refiere a los objetos, incluyéndome a mí mismo como un objeto más de este mundo. La sabiduría es una visión global que me interpela, pero también me concierne, pues hace que vea el mundo de una determinada manera, con unos valores y sentimien­tos.

Aquí viene bien continuar una idea de Laín Entralgo sobre las preguntas pe­núltimas y las preguntas últimas. Las preguntas penúltimas (¿qué es la sal?, ¿cómo funciona una máquina?) son propias de la ciencia y la respuesta a las mismas nos otorga un saber cierto, valioso, delimitado, pero tal saber no deja de llevar consigo la posibilidad de seguir preguntando. A las preguntas últimas (¿quién soy yo?, ¿qué puedo hacer con mi vida?) sólo cabe responder desde la sabiduría, pues para nuestra mente no tienen una respuesta idónea y racional. ¿Significa esto que no tienen respuesta? De ningún modo. Significa que no tienen una respuesta que se imponga necesariamente a la inteligencia, pero sí tienen una respuesta razonable. Respuesta que, sin dar lugar a la evidencia, se nos muestra aceptable, convincente e incluso sugestiva, para admitir un aserto cuya demostración racional no es posible. La sabiduría se sitúa en el ámbito de lo último. Y por eso, se trata de un saber que normalmente ofrece más preguntas que respuestas. Cuando las ciencias nos han ofrecido todas las respuestas, siempre quedan preguntas por responder, preguntas que, al final, son las que verdaderamente interesan. De ahí surge una nueva consideración: en los terrenos del saber y de la ciencia, otros pueden estudiar e investigar por mí. Pero las preguntas últimas, aunque otros puedan ayudarme a pensar, nadie puede responderlas por mí. La sabiduría me implica personalmente.

 Vivimos en una cultura de lo fácil, de lo intrascendente, de lo obvio. Una cul­tura que busca respuestas y seguridades, y desconfía de aquellos que plantean cues­tiones. Desgraciadamente, de esta búsqueda de seguridades y desconfianza ante las preguntas participan también muchos creyentes. Pero sea uno creyente o no lo sea, podría al menos quedarse con la pregunta de si el verdadero significado de la realidad está en algo que todavía ignoramos. Quizás para alcanzar este significado último no sea suficiente abrir bien los ojos y los oídos. Quizás no sea buen camino comenzar con la seguridad de una evidencia o de un silogismo. ¿Por qué el camino que comienza con un acto de confianza en una palabra que de entrada no ofrece pruebas, sino que pide adhesión, no puede abrirnos al descubrimiento? ¿Habrá algo que el oído no oyó, que el ojo no vio, que tampoco vino a la mente del hombre, pero de alguna manera puede venir a ella, y que quizás tenga un interés supremo para el ser humano? ¿Qué hay de malo, o mejor, que puede haber de bueno, en formularse preguntas así? ¿No es el ser humano, a diferencia de los animales, un ser que pregunta y que pregunta sin limita­ción alguna? Ahora bien, ¿vale la pena preguntarse, esfor­zarse, perder literalmente el tiempo por aquello que ignoramos? ¡Claro que sí! Pues la pregunta por lo que igno­ramos es lo que hace avanzar el saber en todos los órde­nes de la vida. Más aún, una pregunta bien planteada es de alguna manera un anti­cipo de la respuesta. Heidegger decía que la pregunta es la forma suprema del saber.

Martín Gelabert Ballesteros

RETIRO DE CUARESMA DE CORIA – CÁCERES

El pasado 4 de marzo, en la diócesis de Coria Cáceres, nos hemos reunido para tener una convivencia retiro, en la casa de la Iglesia, con posterior comida en un restaurante de la plaza Mayor de Cáceres.

Nuestro consiliario, Pater Juanma, nos hizo un repaso  Cuaresmal basado en la Transfiguración. Porque, dice que la Cuaresma no es algo negativo; es: “gracia y salvación”. Toda nuestra vida es un camino cuaresmal de renuncia, esfuerzo, y negación. Es la cruz que nos lleva a la salvación.

En la vida vamos eligiendo. Podemos optar por aptitudes cuaresmales, para practicarlas y ser coherentes. Pero esto es una travesía del desierto, con sus dudas y carencias, donde uno echa de menos los ajos y las cebollas de Egipto. ¿ No habría sido mejor seguir esclavos, pero con una olla de carne? ¿Será una ilusión, esto de la tierra prometida? Se les prometió una tierra que produce leche y miel, pero vamos por un desierto, con esclavitudes, que tiran de nosotros, por eso necesitamos un Tabor que nos ayude a subir a Jerusalén.

En el Tabor, Jesús les muestra su Gloria y les debió impactar mucho a los apóstoles. Nosotros también hemos tenido experiencias del Tabor que dejaron huellas, para poder seguir adelante.

Los santos y los místicos son los que han mirado por la cerradura y han visto por el Tabor, el Cielo. Antes de entrar al banquete definitivo, nosotros también saboreamos los aperitivos; son las experiencias místicas, más o menos grandes, la alegría, la libertad, momentos felices, que son como los entrantes, de antes del banquete.

Todo el mundo sufre. Quizás el cristiano, puede que tenga un plus de sufrimiento, pero sin duda que vivimos muchas compensaciones, que nos dan satisfacción. Las cruces del cristiano se compensan porque el Señor no se deja ganar en generosidad y nos da el ciento por uno en esta tierra y luego la vida eterna. Los que tenemos fe, sufrimos cruces, pero mezclados con momentos de Tabor. Por eso la cruz es fecunda y fructífera. Produce frutos para uno mismo y para los demás. Hay dos clases de cruces, las voluntarias que solemos hacer en Cuaresma y las que nos trae la vida sin que nosotros las busquemos, pero que con seguridad vienen de Dios, más que las voluntarias, que puedo elegirlas según mis gustos.

Para un ateo, lo transcendental, no tiene sentido. Para un cristiano, lo transcendental, nos sostiene en las dificultades. Dice Santa Teresa: “que a las almas ventaneras les asusta el silencio”, están siempre mirando a los demás. Quienes tienen vida interior, gustan del silencio. Hay que bajar al llano, tras la oración silenciosa del monte Tabor y construir entre los necesitados la cuarta tienda y allí entre ellos vivir la fe testimoniando lo que Dios ha puesto en nuestro corazón en la oración.

Nos acompañaron tres consiliarios de grupos. Tuvimos la celebración de la Eucaristía y nos fuimos juntos a comer en fraternidad y alegría. Fue un día espléndido.

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA 136

Dios está de moda

 

Dios está de moda…

aunque, de una manera u otra, siempre estuvo de moda

porque nunca perdió protagonismo y actualidad,

a pesar de que algunos filósofos y escritores,

como Nietzsche, Hegel, Sartre, Dostoyevski,

dijeron que Dios había muerto

y difundieron en sus escritos “la muerte de Dios”,

noticia a la que nadie o casi nadie dio credibilidad

porque Dios seguía vivo y bien vivo.

-¿Tu Dios está “vivo” o “muerto”?

Dios está de moda…

en una sociedad como la nuestra,

cada vez más secularizada

y con las “religiones” perdiendo adeptos.

En España, el 16 por ciento de la población se declara atea,

el 11 por ciento, agnóstica

y el 10 por ciento, no creyente,

pero Dios sigue teniendo una presencia muy significativa

porque seis de cada diez personas son creyentes,

más de la mitad católicos.

-¿Tú eres creyente sin más o también practicante?

Dios está de moda…

porque la espiritualidad, la trascendencia, la contemplación,

los símbolos religiosos y la vida conventual

son “tendencia” entre artistas e “influencers”:

es el caso de la cantante Rosalía,

que en su nuevo álbum musical aparece vestida de monja,

de “monja contemporánea” como ella se define.

La “moda de Dios” no sólo es atractiva para los “famosos”,

sino también para cualquier persona

que frente a las turbaciones del mundo contemporáneo

quiera dar “sentido y trascendencia” a su vida.

“Si Tú me dices ven, lo dejo todo”.

-¿Para ti, Dios está “de moda o pasado de moda”?

Dios está de moda…

pero las modas que aplican las reglas del marketing

suelen ser pasajeras y lo mismo que vienen se van.

Dios no es sólo para la “temporada de primavera-verano”

sino para las cuatro estaciones,

porque “Dios es el mismo ayer, hoy y mañana” (Heb 13,8).

-¿Acaso tu Dios es “de quita y pon”?

Dios está de moda…

“A ustedes, los artistas, les recuerdo que el arte

no puede ser un anestésico que adormece las conciencias,

sino que, al contrario, debe despertarlas.

Quisiera pedirles que no olviden a los pobres,

que son los preferidos de Dios

y también necesitan arte y belleza.

Los pobres no suelen tener voz para hacerse oír,

pero ustedes pueden ser intérpretes

de su grito silencioso” (Papa Francisco).

-¿Tú necesitas poner “arte y belleza” en tu vida?

“Envíame, Señor, tu luz y tu verdad,

para que ellas me enseñen el camino

que lleva a tu santo monte,

al lugar donde tú vives.

Llegaré entonces a tu altar

y allí te alabaré al son del arpa,

pues tú, mi Dios, llenas mi vida de alegría” (Sal 43,4).

 

Julián del Olmo

Domingo, 8 de marzo de 2026

MIRTHA LEGRAND, LA PRESENTADORA DE TELEVISIÓN MÁS LONGEVA DEL MUNDO, CELEBRA SUS 99 AÑOS

El pasado 23 de febrero de 2026, Rosa María Juana Martínez Suárez, conocida mundialmente como Mirtha Legrand, celebró sus 99 años en plena actividad televisiva, consolidándose como una de las figuras más emblemáticas y longevas de la historia de los medios de comunicación.

Nacida en Villa Cañás, provincia de Santa Fe (Argentina) el 23 de febrero de 1927, Legrand comenzó su carrera artística muy joven, con sólo 13 años debutó en el cine argentino en Hay que educar a Niní (1940) y un año después protagonizó Los martes, orquídeas, película que la consolidó como una de las grandes estrellas emergentes del cine nacional.

Su verdadera transformación en ícono popular llegó cuando, a los 41 años, aceptó el desafío de conducir un programa de televisión. Un formato de entrevistas entorno a una mesa con comida, que revolucionó la pantalla chica argentina.

El 3 de junio de 1968 se estrenó Almorzando con las estrellas, luego rebautizado Almorzando con Mirtha Legrand, un ciclo que combinaba gastronomía, conversación y entrevista con figuras destacadas del ámbito político, cultural y social.

Casi seis décadas después, Legrand sigue al frente de su legado televisivo. Actualmente conduce La noche de Mirtha, el formato nocturno de sus míticos almuerzos y no tiene intención de retirarse: “Nunca imaginé llegar a esta edad… y llegar bien, es un milagro”, declaró durante los festejos de su cumpleaños, que incluyeron la conducción habitual del programa y una fiesta íntima con familiares y amigos.

Una vida dedicada a la pantalla

Con casi 70 años de carrera televisiva, Legrand es considerada la presentadora en activo más longeva del mundo en su oficio, quedando muy cerca del récord de permanencia en pantalla del naturalista británico Sir David Attenborough.

Su influencia va más allá del entretenimiento: ha sido testigo y protagonista, frente a las cámaras, de los grandes momentos de la historia argentina y mundial. Desde encuentros con 35 presidentes hasta conversaciones con figuras de todas las artes y la política, su mesa ha servido como un espacio de crónica social y cultural.

Además de su carrera en televisión, Legrand es un ícono cultural respetado por su estilo y presencia pública, recordada también por su vida personal: fue esposa del director de cine Daniel Tinayre hasta su fallecimiento en 1994, y hoy su nieto Ignacio Viale produce su programa, mientras que su nieta Juana Viale asume la conducción cuando ella no puede estar.

El secreto de su vitalidad

La propia Legrand ha señalado que su vitalidad y energía se deben, en gran medida, a su pasión por el trabajo, una rigurosa disciplina personal y hábitos saludables, incluyendo dormir bien, una alimentación moderada, sesiones de fisioterapia regulares y la abstención de alcohol y tabaco.

Su frase “Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan. Si te ven bien, te contratan” resume su filosofía de vida, que la ha llevado a sostener una carrera incomparable en la televisión argentina.

Aunque es una de las personalidades más queridas de Argentina, la trayectoria de Mirtha Legrand también ha estado marcada por momentos polémicos derivados de su estilo directo y sin filtros en las entrevistas. A lo largo de sus décadas al frente de la televisión, algunas de sus preguntas generaron debate público y críticas.

En 2018, durante una entrevista al diseñador Roberto Piazza, realizó una pregunta vinculada a la identidad de género que fue considerada desactualizada y ofensiva por sectores del colectivo LGTBIQ+. Las críticas se multiplicaron en redes sociales y Legrand terminó ofreciendo disculpas públicas días después.

A lo largo de los años, Legrand ha defendido que su programa se basa en la conversación franca y sin guion rígido, aunque también ha reconocido cuando consideró que debía rectificar.

Considerada en Argentina como una “reina madre” de la televisión, Legrand ha visto nacer el medio, acompañado generaciones y asumido un lugar central en la memoria colectiva del país. Su carrera ha trascendido fronteras culturales, atrayendo invitados internacionales y convirtiéndose en una parada casi obligatoria en los hitos del espectáculo y la política.

65 y Mas

LA FUNDACIÓN REAL BETIS ACOMPAÑA A SUS MAYORES CON CARTAS CONTRA LA SOLEDAD NO DESEADA

La Fundación Real Betis Balompié ha puesto en marcha De Béticos a Abuelos, una nueva iniciativa solidaria con la que la entidad verdiblanca quiere combatir la soledad no deseada que afecta a muchas personas mayores.

El proyecto propone algo sencillo pero cargado de significado: que los aficionados del Betis envíen cartas a residentes de centros de mayores para establecer un vínculo cercano, humano y lleno de sentimiento verdiblanco.

El Real Betis se transmite tradicionalmente de generación en generación, de padres a hijos y de abuelos a nietos. Con esta iniciativa, la Fundación propone recorrer ese camino también en sentido inverso, que los béticos acompañen ahora a los mayores que siguen viviendo el escudo y los colores con la misma pasión que el primer día que pisaron el estadio.

Cómo participar

El club ha habilitado un formulario online en el que cualquier aficionado puede redactar una carta con sus propias palabras. Los mensajes serán entregados próximamente durante visitas programadas a residencias de mayores de Sevilla y su provincia.

La Fundación anima a los seguidores a escribir desde el cariño, el respeto y el sentimiento bético, con el objetivo de que ningún mayor se sienta solo. A través del enlace habilitado, los aficionados solo deben completar los apartados del formulario y pulsar el botón “Enviar mi carta contra la soledad no deseada” para sumarse a la iniciativa

Con De Béticos a Abuelos, la Fundación Real Betis Balompié refuerza su compromiso social y su implicación con las personas mayores, consideradas una parte esencial de la familia verdiblanca. La entidad ya cuenta con programas específicos dirigidos a este colectivo, como el Real Betis Walking Football, el equipo de fútbol andando destinado a mayores de 50 años.

Cerlesky Pérez Para 65 y Mas