EL SANTO DE LA SEMANA: SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

Memoria de los santos Ángeles Custodios, que llamados ante todo a contemplar en la gloria el rostro del Señor, han recibido también una función en favor de los hombres, de modo que, con su presencia invisible pero solícita, los asistan y aconsejen. Fiesta patronal de los cuerpos de la Policía.

«Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, sé que te hayas a mi lado, escuchas mis oraciones, y cuentas todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho, tus alas de nácar y oro. Ángel de Dios, que yo escuche, tu mensaje y que lo viva, que vaya siempre contigo, hacia Dios, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía».

Así de hermosa es la poesía con que dan comienzo las laudes de este día. En ella ya se encuentra sintetizada la espiritualidad y sentido de esta fiesta.

La existencia de los ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel…

En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Smo. Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales… la presencia del Ángel de su Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.

Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».

Los mismos Salmos hablan con frecuencia de los Ángeles. Jesucristo se refirió en varias ocasiones a la misión de estos Espíritus purísimos. San Agustín afirmaba en su tiempo que «el Ángel de la Guarda nos ama como a hermanos y está con una santa impaciencia por vernos ocupar en el cielo aquellas sillas de que se hicieron indignos los ángeles rebeldes». ¿Qué hacer nosotros por el Ángel, ya que tanto hace él por nosotros? Dice el Éxodo: «Respétale y escucha su voz… Si oyes su voz y ejecutas cuanto te ordene, seré enemigo de tus enemigos».

(Fuente: magnificat.ca)

LO QUE NO SE SABE DE LA INQUEBRANTABLE FE (CATÓLICA) DE TOLKIEN: UNA LUZ SOBRE SU VIDA ESPIRITUAL

Tolkien fue bautizado en la infancia como anglicano en Sudáfrica, pero tras la muerte de su padre y la conversión de su madre al catolicismo, fue confirmado como católico a la edad de 11 años

El reconocido autor de El Señor de los Anillos, JRR Tolkien, siempre afirmó ser un «devoto católico romano», según un artículo reciente del Padre Michael Ward publicado en Catholic Herald y que aborda la fe de Tolkien. Sin embargo, a pesar de esta afirmación, se ha escrito poco sobre la fe que definió y guió la vida de Tolkien.

En el artículo «La historia no contada de la fe de Tolkien«, el Padre Ward aborda esta deficiencia en la literatura biográfica de Tolkien, destacando cómo su fe católica influyó en su vida y en su obra. Una fe que pone de relieve la asociación de creciente creación Asociación Tolkien Católica de España.

Holly Ordway, colega y amiga del Padre Ward, ha escrito un nuevo libro titulado La fe de Tolkien: una biografía espiritual que examina detalladamente la fe de Tolkien, destacando su devoción por el catolicismo y cómo esta devoción afectó tanto su vida personal como su escritura.

Tolkien fue bautizado en la infancia como anglicano en Bloemfontein, Sudáfrica, pero tras la muerte de su padre y la conversión de su madre al catolicismo, fue confirmado como católico a la edad de 11 años. Cuando su madre Mabel falleció un año después, el sacerdote oratoriano, padre Francis Morgan, se convirtió en su tutor y su segundo padre. Desde ese momento, Tolkien se convirtió en acólito y desarrolló una profunda devoción por la Eucaristía, a la que llamaba “la única cosa grande para amar en la tierra”.

Priscilla, la hija de Tolkien, describió a su padre como «un cristiano devoto» que «se preocupaba profundamente por su fe religiosa». Sin embargo, la vida cristiana de Tolkien ha sido a menudo ignorada o minimizada en las biografías existentes. Por ejemplo, la biografía de Humphrey Carpenter de 1977 retrató la fe de Tolkien como un mero reemplazo emocional para su madre fallecida, mientras que la biografía de Raymond Edwards de 2014 relegó su catolicismo a un apéndice.

LA FE DE TOLKIEN

Tolkien es un autor católico, pero no se suele poner de relieve su fe

El libro de Ordway, sin embargo, trata de rectificar estos errores, proporcionando un tratamiento detallado y factual de la vida de Tolkien desde una perspectiva religiosa. No solo expone la profunda devoción de Tolkien por su fe, sino también cómo su fe influyó en su escritura. Por ejemplo, su famoso monograma JRRT en realidad contiene una «P» oculta en honor a su santo de confirmación, San Felipe Neri, fundador de los oratorianos.

Tolkien también heredó de San Felipe Neri un amor por la humildad, algo que se refleja en sus personajes hobbits, a quienes consideraba dignos de «ennoblecimiento» y más dignos de elogio que los «profesionales». Además, el autor tenía una «devoción especial» por la Inmaculada Concepción y sentía afinidad por Santa Bernadette Soubirous, a quien describía como «esa hija de la Gracia».

Hacia el final de su vida, Tolkien lidió con los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II. A pesar de su angustia privada, permaneció leal a la Iglesia, insistiendo en que «no hay nada que hacer sino orar, por la Iglesia, el Vicario de Cristo, y por nosotros mismos; y mientras tanto ejercitar la virtud de la lealtad».

Esta revelación de la fe de Tolkien nos proporciona una nueva perspectiva sobre uno de los autores más influyentes del siglo pasado, demostrando cómo su fe católica fue no solo una parte integral de su vida personal, sino también de su proceso creativo.

Forumlibertas.com

¿DESESPERAR? ¡NUNCA!

Jeronimo Savonarola fue un gran predicador dominico que terminó ajusticiado por clamar con fuerza contra los pecados de la Iglesia y de los políticos. Prescindo de detalles sobre su vida y me limito a recordar que, el 23 de mayo de 1498, un patíbulo alzado en la plaza de la Señoría de Florencia puso fin a su agitada vida. Su muerte fu precedida de cárcel y tormentos. En el oscuro calabozo de la prisión escribió la última meditación de su vida. Puede encontrarse en un libro editado por la editorial Patmos en 1951, bajo el título: J. Savonarola, Última meditación. El prólogo y la traducción es de Antonio Fontán.

Condenado por la justicia de los hombres y perdido sin remedio, descubrió la Misericordia y la Esperanza. Así comienza su última meditación: “¿Qué haré, pues? ¿Desesperar? Nunca. Dios es misericordioso”. Y tras esta reflexión siguen estas palabras llenas de teología y espiritualidad:

“Oh Dios, que habitas en la luz inaccesible, Dios escondido, a quien no pueden ver los ojos corporales, a quien no puede comprender la inteligencia creada ni explicar la lengua de los hombres ni de los ángeles. A Ti, Dios incomprensible te busco, a Ti, Dios inefable, te invoco seas lo que seas, Tú que estás en todas partes. Sé que Tú eres la suprema realidad, si es que eres una realidad y no más bien la causa de todas las realidades; si se puede decir que eres causa, porque no encuentro un nombre con que poder nombrar a tu inefable majestad…

He aquí, oh Dios Misericordia, he aquí, delante de Ti a la miseria. ¿Qué harás tú, Misericordia? Harás tu obra. ¿Acaso puedes prescindir de tu naturaleza? ¿Y cuál es tu obra? Destruir la miseria, socorrer a los hombres miserables. Ten, pues, piedad de mí, oh Dios. Dios Misericordia, destruye mi miseria; destruye mis pecados, que son mi mayor miseria. Socórreme a mí, miserable, muestra en mí tu obra, ejerce en mí tu poder. Un abismo invoca a otro abismo. El abismo de la miseria invoca al abismo de la misericordia. El abismo de los pecados invoca al abismo de las gracias. El abismo de la misericordia es mayor que el abismo de la miseria. Que un abismo absorba a otro abismo. Que el abismo de la misericordia absorba al abismo de la miseria.

Ten piedad de mí, Dios, según tu gran misericordia. No según la misericordia humana que es pequeña, sino según la tuya que es grande, que es inmensa, que es incomprensible, que excede inmensamente a todos los pecados. Según aquella gran Misericordia tuya, con que amaste al mundo hasta darle tu Hijo Unigénito. ¿Qué mayor misericordia puede haber? ¿Qué mayor caridad? ¿Quién puede desesperar, quién no tendrá confianza?”

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

¿ CÓMO SER UNA IGLESIA SINODAL EN MISIÓN?

Pareciera que con la próxima llegada del JUBILEO 2025 los ecos del Sínodo solo fueran eso, ecos. Monseñor Sergi Gordo nos pone al día con sus colaboraciones.

Prefacio

«Más que decir que la Iglesia tiene una misión, afirmamos que la Iglesia es misión. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21): La Iglesia recibe de Cristo, el Enviado del Padre, la propia misión. Sostenida y guiada por el Espíritu Santo, ella anuncia y da testimonio del Evangelio a cuantos no lo conocen o no lo acogen, con la opción preferencial por los pobres, enraizada en la misión de Jesús. De este modo, contribuye a la llegada del Reino de Dios, del que “constituye el germen e inicio” (cf. LG 5)» (Informe de Síntesis de la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos [IdS], 8a). Crecer como Iglesia sinodal es una manera concreta de responder, todos y cada uno, a esta llamada y misión.

Los hermanos y hermanas que participaron en las reuniones sinodales, y en particular los participantes en la Primera Sesión, tuvieron una experiencia concreta de la unidad y la pluralidad de la Iglesia. Incluso en un tiempo como el nuestro, marcado por crecientes desigualdades, amargas polarizaciones y una continua explosión de conflictos, la Iglesia es en Cristo signo e instrumento de unión con Dios y de unidad entre los hombres, y está llamada a serlo cada vez más visiblemente. Escuchando al Espíritu Santo, acogiendo el testimonio de la Escritura y escrutando con fe los signos de los tiempos, puede armonizar las diferencias como expresión de la inagotable riqueza del misterio de Cristo. La experiencia del Sínodo como práctica de la unidad en la diversidad representa así una palabra profética dirigida a un mundo que se esfuerza por creer que la paz y la concordia son posibles.

  1. La pregunta que guía

El proceso sinodal nos ha hecho cada vez más conscientes de nuestra misión. En la Primera Sesión de la Asamblea, esta conciencia fue “tomando cuerpo” progresivamente, guiando el camino hacia la Segunda Sesión (octubre de 2024). El tiempo transcurrido entre la Primera y la Segunda Sesión -explica el documento Hacia octubre de 2024 (11 de diciembre de 2023)- nos ve comprometidos en una nueva fase consultiva a partir de la pregunta orientadora: ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión?

“El objetivo es identificar los caminos a seguir y los instrumentos a adoptar en los diferentes contextos y circunstancias, para potenciar la originalidad de cada bautizado y de cada Iglesia en la misión única de anunciar al Señor Resucitado y su Evangelio al mundo de hoy. No se trata, por tanto, de limitarse al plan de mejoras técnicas o de procedimiento que hagan más eficaces las estructuras de la Iglesia, sino de trabajar en las formas concretas del compromiso misionero al que estamos llamados, en el dinamismo entre unidad y diversidad propio de una Iglesia sinodal” (Hacia octubre de 2024, n. 1).

La atención se centrará, por tanto, en el tema de la participación de todos, en la variedad de vocaciones, carismas y ministerios, en la única misión de anunciar a Jesucristo al mundo. A la luz de esa transformación misionera de la Iglesia prevista en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, según la cual “la nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” (n. 120), reflexionaremos sobre la contribución a la misión que puede provenir del reconocimiento y la promoción de los dones específicos de cada miembro del Pueblo de Dios, y sobre la relación entre la obra común y el ministerio de autoridad de los Pastores. El nexo dinámico entre la participación de todos y la autoridad de algunos, en el horizonte de la comunión y de la misión, será profundizado en su significado teológico, en las modalidades prácticas de su aplicación y en la concreción de las disposiciones canónicas. La profundización se articulará en tres niveles, distintos pero interdependientes: el de la Iglesia local, el de las agrupaciones de Iglesias (nacional, regional, continental), el de toda la Iglesia en la relación entre el primado del Obispo de Roma, la colegialidad episcopal y la sinodalidad eclesial. La indicación de los tres niveles permite organizar los trabajos con vistas a la Segunda Sesión de la Asamblea, sin olvidar que se trata de tres perspectivas conectadas a través de las cuales mirar una realidad unitaria y orgánica: la vida de la Iglesia sinodal misionera.

  1. Pasos hacia la redacción del Instrumentum laboris para la Segunda Sesión

A partir de la pregunta orientadora, se abre un nuevo proceso de consulta, con características diferentes al de la primera fase del proceso sinodal, como se explica en el documento Hacia octubre de 2024, pidiendo a las Conferencias Episcopales y a las Estructuras Jerárquicas Orientales que sean la referencia para esta parte del proceso y coordinen la recogida de aportaciones de Diócesis y Eparquías, estableciendo los métodos y el calendario. También llevarán a cabo el estudio en profundidad partiendo de la misma pregunta orientadora a su nivel y a nivel continental, según se considere apropiado y factible (cf. Hacia octubre de 2024, n. 1) Las síntesis que recogerán el fruto de esta consulta, por parte de las Conferencias Episcopales, las Estructuras Jerárquicas Orientales y las Diócesis que no pertenecen a ninguna Conferencia Episcopal, deberán llegar a la Secretaría General del Sínodo antes del 15 de mayo de 2024 y servirán de base para la redacción del Instrumentum laboris.

A las síntesis se añadirán otros materiales, a partir de los resultados del encuentro internacional “Párrocos para el Sínodo” (Sacrofano [Roma], 28 de abril – 2 de mayo de 2024), convocado para responder a la necesidad, repetidamente expresada durante la primera fase y también durante la Primera Sesión, de escuchar y valorizar la experiencia de los sacerdotes comprometidos en el ministerio pastoral en las Iglesias locales, con vistas a su mayor implicación en el proceso sinodal.

Por último, los resultados del estudio teológico llevado a cabo por cinco Grupos de Trabajo activados por la Secretaría General del Sínodo, en la estela de lo solicitado varias veces por la Asamblea y en el espíritu de lo previsto por el artículo 10 de la Constitución Apostólica Episcopalis communio sobre el Sínodo de los Obispos, se incluirán también en los materiales subyacentes al Instrumentum laboris. Estos Grupos estarán compuestos por expertos, respetando la necesaria variedad de procedencia geográfica, sexo y condición eclesial, y trabajarán con un método sinodal. En particular, tres Grupos se centrarán principalmente en los tres niveles arriba indicados (un Grupo en cada nivel), mientras que otros dos Grupos trabajarán en los dos ejes transversales, poniendo de relieve las interconexiones e interdependencias entre los niveles, según las líneas generales que se resumen en los párrafos siguientes.

  1. Perspectivas para explorar

I.              El rostro sinodal misionero de la Iglesia local

El Informe de Síntesis aprobado al final de la Primera Sesión reconoce que la corresponsabilidad de todos en la misión “debe ser el criterio base de la estructuración de las comunidades cristianas y de la entera Iglesia local con todos sus servicios, en todas sus instituciones, en cada organismo de comunión” (IdS 18b). La búsqueda del rostro y de los caminos de la Iglesia sinodal misionera implica directamente a cada Iglesia local, en la pluralidad de los sujetos que la constituyen, sin olvidar que la tarea de dar testimonio del Evangelio une a todos los bautizados, más allá de las pertenencias confesionales, en virtud de la común dignidad bautismal. El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva de la Iglesia sinodal en misión a nivel de Iglesia local, explorará puntos como:

  1. el sentido y las formas del ministerio del Obispo diocesano como “principio y fundamento perpetuo y visible de unidad” (Lumen Gentium, n. 23) de la Iglesia a él confiada y, en particular, las relaciones con el presbiterio, los órganos de participación, la vida consagrada y las agregaciones eclesiales, en una perspectiva misionera (cf. IdS 12);
  2. la introducción de estructuras y procesos para la verificación periódica del trabajo del Obispo diocesano y de quienes ejercen un ministerio (ordenado o no ordenado) en la Iglesia local, favoreciendo el accountability (dar cuenta del ejercicio de las propias responsabilidades) por parte de todos, de diferentes maneras (IdS 12j);
  3. el estilo y el modo de funcionamiento de los órganos de participación. Se prestará especial atención a la relación entre el momento consultivo y el momento deliberativo en los procesos de toma de decisiones (cf. IdS 18g), garantizando que también las mujeres, allí donde todavía no sea el caso, puedan participar en los procesos de toma de decisiones y asumir funciones de responsabilidad en la atención pastoral y el ministerio (cf. IdS 9m);
  4. la presencia y el servicio de los ministerios instituidos y de los ministerios de hecho, que pueden contribuir a configurar de manera más coral y eficaz la obra de evangelización de la Iglesia local en el territorio y entre las culturas, valorizando los carismas y el papel de los laicos en la realización de la misión de la Iglesia (cf. IdS 8d-e), en el respeto de su especificidad (cf. IdS 8f) y en relación con la tensión entre la misión de santificación de las realidades temporales y el desempeño de oficios y ministerios IdS 8d-e), respetando su especificidad (cf. IdS 8f) y en relación con la tensión entre la misión de santificación de las realidades temporales y el desempeño de oficios y ministerios dentro de la Iglesia (cf. IdS 8j), considerando también la oportunidad de establecer nuevos ministerios (cf. IdS 8n y 16p). Se debe prestar especial atención a “reconocer y valorar la contribución de las mujeres y aumentar las responsabilidades pastorales que se les confían en todos los ámbitos de la vida y la misión de la Iglesia”. Para expresar mejor los carismas de todos y responder mejor a las necesidades pastorales, ¿cómo puede la Iglesia incluir a más mujeres en las funciones y ministerios existentes? Si se necesitan nuevos ministerios, ¿a qué nivel y de qué manera?” (IdS 9i).

II.           El rostro sinodal misionero de las agrupaciones de Iglesias

En 2015, en su Discurso para la conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco afirmó que “el segundo nivel del ejercicio de la sinodalidad es el de las Provincias y Regiones eclesiásticas, los Concilios particulares y, de modo especial, las Conferencias Episcopales”, refiriéndose a los cánones 431-459 del Código de Derecho Canónico, relativos a las agrupaciones de Iglesias particulares. Subrayó la necesidad y la urgencia de “reflexionar para realizar aún más, a través de estos organismos, las instancias intermedias de colegialidad, integrando y actualizando quizás algunos aspectos del antiguo orden eclesiástico. El deseo del Concilio de que estos órganos pudieran contribuir a acrecentar el espíritu de colegialidad episcopal no se ha realizado todavía plenamente. Estamos a mitad de camino, a parte del camino”. Apunta así en la dirección de una “sana descentralización”, ya expresada en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (n. 16), recogida después en la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (II,2). El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva de la Iglesia sinodal en misión a nivel de las agrupaciones de Iglesias, explorará puntos como:

  1. modos y condiciones que hagan posible el intercambio efectivo de dones entre las Iglesias (cf. IdS 4m), compartiendo “riquezas espirituales, obreros apostólicos y ayudas temporales”

(Lumen Gentium, n. 13)

  1. el estatuto de las Conferencias Episcopales en una Iglesia sinodal misionera, para que crezcan como sujetos del ejercicio de la colegialidad en una Iglesia toda sinodal, aumentando también la propia autoridad doctrinal y disciplinar, sin limitar ni la potestad propia de cada Obispo en su propia Iglesia, ni la del Obispo de Roma como principio visible y fundamento de la unidad de toda la Iglesia (cf. IdS 19)
  2. la oportunidad de ampliar las estructuras de comunión entre las Iglesias más allá del nivel de las Conferencias Episcopales, considerando cómo especificar el estatuto de los organismos que agrupan a las Iglesias locales de un área continental o subcontinental, teniendo en cuenta las necesidades de un diálogo fecundo con las culturas y las sociedades en una perspectiva misionera (cf. IdS 19).

III.        El rostro misionero sinodal de la Iglesia universal

El proceso sinodal en curso está dando lugar a un nuevo modo de ejercer el ministerio petrino. Así, a nivel de la Iglesia universal, se plantea la cuestión de la relación entre la sinodalidad eclesial, la colegialidad episcopal y el primado del Obispo de Roma (cf. IdS 13a). El Grupo de Trabajo que se ocupará de esta perspectiva explorará puntos como:

  1. la contribución que las Iglesias de Oriente pueden ofrecer para una profundización de la doctrina del primado petrino, aclarando su vínculo intrínseco con la colegialidad episcopal y la sinodalidad eclesial (cf. IdS 6d)
  2. la contribución de la vía ecuménica “a la comprensión católica del primado, de la colegialidad, de la sinodalidad y de sus mutuas relaciones” (IdS 13b)
  3. el papel de la Curia Romana, como órgano al servicio del ministerio universal del Obispo de Roma, en una Iglesia sinodal, considerando las relaciones entre la Curia y las Iglesias locales, la Curia y las Conferencias Episcopales, la Curia y el Sínodo de los Obispos, en el espíritu de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (cf. IdS 13c-d)
  4. las modalidades de ejercicio de la colegialidad episcopal en una Iglesia sinodal, teniendo en cuenta la doctrina del Concilio Vaticano II y los desarrollos teológicos y canónicos del postconcilio;
  5. la identidad propia del Sínodo de los Obispos, articulando en particular el papel específico de los Obispos y la participación del Pueblo de Dios en todas las fases del proceso sinodal (cf. IdS 20)

IV.        El método sinodal

Para abrir las mentes y los corazones a la acogida de Cristo presente en su Espíritu, estamos llamados a la meditación de la Sagrada Escritura, a la oración y a la escucha mutua, en disposición de conversión personal y comunitaria. La escucha recíproca, en particular, requiere el ejercicio constante de prácticas que favorezcan, en todos los niveles de la vida de la Iglesia, la articulación de cuatro dimensiones: espiritual, institucional, procedimental y litúrgica.

A lo largo del camino recorrido hasta ahora, y especialmente en el curso de la Primera Sesión, la práctica de la “conversación en el Espíritu” ha sido probada y reconocida como capaz de sostener y expresar la dimensión espiritual del camino que estamos recorriendo. Practicar la “conversación en el Espíritu” no significa seguir una técnica codificada, sino emprender un camino que dé expresión a la naturaleza coloquial per se de la Iglesia, que brota del diálogo con el que Dios mismo, comunicando su vida, “habla a los hombres como amigos (conversatur), movido por su gran amor y mora con ellos” (Dei Verbum, n. 2).

Al mismo tiempo, el método sinodal exige que se preste atención a la dimensión institucional, propia de los organismos y eventos en los que se expresan la vida y la misión de la Iglesia, y a la dimensión procedimental, prestando especial atención a la relación entre la elaboración de decisiones (decision making) y la toma de decisiones (decision taking).

Estas tres dimensiones no deben concebirse como separadas: son aspectos distintos, cada uno de los cuales requiere una atención específica, que debe pensarse y vivirse en su unidad dinámica. Por último, dado que la liturgia es a la vez espejo y alimento de la vida de la Iglesia, los trabajos se referirán también a la dimensión litúrgica: “Si la Eucaristía da forma a la sinodalidad, el primer paso que hay que dar es honrar su gracia con un estilo celebrativo a la altura del don y con auténtica fraternidad” (IdS 3k).

El Grupo de Trabajo, que asumirá la perspectiva transversal del método sinodal, explorará puntos como:

  1. a) la fecunda relación entre el arraigo litúrgico y sacramental de la vida sinodal de la Iglesia

(escucha de la Palabra y celebración de la Eucaristía) y la práctica del discernimiento eclesial; b) una mejor clarificación de la configuración de la conversación en el Espíritu” teniendo en cuenta la pluralidad de declinaciones que conoce a partir de la experiencia de múltiples espiritualidades eclesiales y de diferentes contextos culturales (cf. IdS 2i-j);

  1. la invitación formulada por la Primera Sesión de la Asamblea Sinodal, por una parte, a “aclarar en qué modo la conversación en el Espíritu puede integrar las aportaciones del pensamiento teológico y de las ciencias humanas y sociales” (IdS 2h), y por otra, a que “los expertos en los diferentes campos del saber a madurar una sabiduría espiritual que haga de su competencia especializada un verdadero servicio eclesial” (IdS 15i) mediante la escucha mutua, el diálogo y la participación en el discernimiento comunitario;
  2. la focalización de los criterios de discernimiento teológico y disciplinar, clarificando la relación circular, en obediencia a la Revelación y a la escucha de los signos de los tiempos, entre el sensus fidei de todo el Pueblo de Dios y el Magisterio de los Pastores, en la perspectiva del “cambio de época” que estamos viviendo;
  3. la articulación entre elaboración de decisiones (decision making) y toma de decisiones (decision taking) en la perspectiva eclesiológica de la relación entre la participación de todos y el ejercicio específico de la autoridad por parte de algunos, identificando y especificando las esferas de competencia (doctrinal, pastoral, cultural) de los distintos sujetos eclesiales y de los distintos organismos y eventos en los que se expresa la práctica de la sinodalidad;
  4. La promoción de un estilo celebrativo adecuado a una Iglesia sinodal, que permita vivir y testimoniar la participación común de todos, respetando y promoviendo la especificidad de las funciones, carismas y ministerios de cada uno.

V.  El “lugar” de la Iglesia sinodal en la misión

El actual proceso sinodal muestra claramente cómo la referencia al principio de “interioridad recíproca” entre las Iglesias locales y la Iglesia universal favorece el ejercicio sinfónico de la sinodalidad, la colegialidad y la primacía a distintos niveles (local, regional, universal). El “lugar” en el que la Iglesia está llamada a vivir la comunión, la participación y la misión está constituido por muchos “lugares”. Esto no es sólo un hecho, sino que corresponde al modo en que “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse [revelarse en persona] a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad” (Dei Verbum, n. 2).  La relación con Jesucristo -mediador y plenitud de toda la revelación- es siempre contextual: “tiene lugar”. El “lugar”, en este sentido, es generador de la experiencia creyente. Es también un espacio hermenéutico en el que “va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas” (Dei Verbum, n. 8) y el anuncio de la verdad salvífica encuentra expresiones siempre nuevas: el “dónde” es constitutivo de la forma kerigmática.

Vivimos en una época en la que la relación de las personas y las comunidades con la dimensión del espacio está cambiando profundamente. La movilidad humana, la presencia en un mismo contexto de culturas y experiencias religiosas diferentes, la omnipresencia del entorno digital (la infosfera) pueden considerarse “signos de los tiempos” que es necesario discernir.

Los cambios que se están produciendo y la conciencia de la pluralidad de los rostros del Pueblo de Dios exigen una renovada atención a las relaciones entre las Iglesias locales que, en comunión entre sí y con el Obispo de Roma, constituyen la Iglesia de Dios, santa, católica y apostólica. En un mundo marcado por la violencia y la fragmentación, parece cada vez más urgente dar testimonio de la unidad de la humanidad, de su origen común y de su destino común, en una solidaridad coordinada y fraterna hacia la justicia social, la paz, la reconciliación y el cuidado de la casa común, superando así el potencial divisorio de algunas formas erróneas de entender la referencia a un lugar, a sus habitantes y a su cultura.

El grupo de trabajo que asumirá esta perspectiva -transversal a los tres niveles distintos de relaciones eclesiales: local, regional, universal- explorará puntos como:

  1. el desarrollo de una eclesiología atenta a la dimensión cultural del Pueblo de Dios (en referencia a lo que dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, n. 115: “La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe”). De hecho, parece necesario traducir también a nivel institucional el dinamismo recíproco entre evangelización de la cultura e inculturación de la fe, dando espacio a las hermenéuticas locales, sin que “lo local” se convierta en motivo de división y sin que “lo universal” se convierta en una forma de hegemonía;
  2. la referencia al “lugar” en la dinámica del anuncio, en relación con el principio de que “esta adaptación de la predicación de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelización. Porque así en todos los pueblos se hace posible expresar el mensaje cristiano de modo apropiado a cada uno de ellos y al mismo tiempo se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas” (Gaudium et spes, n. 44);
  3. la referencia a la particularidad del “lugar” y a las necesidades de la comunión eclesial (en los distintos niveles) a la hora de abordar las grandes cuestiones morales y pastorales;
  4. el impacto de los fenómenos migratorios que representan “una realidad que remodela a las Iglesias locales como comunidades interculturales. Con frecuencia, migrantes y refugiados, muchos de los cuales llevan las heridas de la erradicación, de la guerra y de la violencia, se convierten en una fuente de renovación y de enriquecimiento de las comunidades que los acogen, y en una oportunidad para establecer lazos directos con Iglesias geográficamente lejanas” (IdS 5d);
  5. el impacto de la cultura del entorno digital y de las nuevas tecnologías en la noción de “local”. Por ejemplo, todas las relaciones e iniciativas, incluidas las eclesiales, que tienen lugar en línea “tienen un alcance y un radio de acción que se extiende más allá de los tradicionales confines territoriales” (IdS 17h);
  6. las cuestiones canónicas y pastorales abiertas por la constante emigración de fieles del Oriente católico a territorios de mayoría latina, para lo cual “se necesita que las Iglesias locales de rito latino, en nombre de la sinodalidad, ayuden a los fieles orientales migrantes a perseverar en su identidad y a cultivar su patrimonio específico, sin someterlos a procesos de asimilación” (IdS 6c).
  7. Algunos principios transversales de referencia

La profundización de las perspectivas indicadas puede referirse útilmente a algunos principios que se aplican a cada una de ellas.

El primer principio es la misión de evangelización como motor y razón de ser de la Iglesia. La promoción de la figura y de la dinámica sinodal de la Iglesia tiene como finalidad manifestar y apoyar creíble y eficazmente su misión, que es el criterio último de todo discernimiento. Hay que privilegiar lo que es más eficaz para el anuncio del Evangelio, encontrando el valor de abandonar lo que se revela menos útil o incluso un obstáculo. Es este impulso hacia la misión el que hace que el proceso sinodal no sea un ejercicio en el que la Iglesia se mira en el espejo y se preocupa de sus propios equilibrios, sino que se proyecta hacia el mundo y la humanidad entera, pidiendo a cada miembro del Pueblo de Dios que aporte su contribución insustituible. El ecumenismo de la sangre (cf. IdS 7d) nos recuerda con fuerza que testigos del Evangelio hasta dar la vida son todos los bautizados, sin distinción de pertenencia confesional: es, pues, la misión común la que constituye el vector del camino hacia la unidad de los cristianos, a partir de formas concretas de colaboración, que debemos seguir promoviendo y experimentando.

Si el impulso misionero es constitutivo de la Iglesia y marca cada momento de su historia, los desafíos misioneros cambian con el tiempo. Por tanto, hay que esforzarse por discernir los del mundo actual: si no logramos identificarlos y responder a ellos, nuestro anuncio perderá actualidad y atractivo. Enraizada en esta necesidad está la atención a los jóvenes, a la cultura digital, y la necesidad de implicar a los pobres y marginados en el proceso sinodal, portadores de un punto de vista capaz de revelar dinámicas sociales, económicas y políticas que de otro modo permanecerían ocultas. Cualquier cambio en las estructuras de la Iglesia debe diseñarse para que sea eficaz a la hora de responder a los retos de la misión en el mundo actual.

El segundo principio es la promoción de la participación en la misión, que es don y responsabilidad de todos los bautizados, en el ejercicio activo del sensus fidei y de sus respectivos carismas, en sinergia con el ejercicio del ministerio de la autoridad por parte de los Obispos: 

“La circularidad entre el sensus fidei con el que están marcados todos los fieles, el discernimiento obrado en diversos niveles de realización de la sinodalidad y la autoridad de quien ejerce el ministerio pastoral de la unidad y del gobierno describe la dinámica de la sinodalidad. Esta circularidad promueve la dignidad bautismal y la corresponsabilidad de todos, valoriza la presencia de los carismas infundidos por el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios, reconoce el ministerio específico de los Pastores en comunión colegial y jerárquica con el Obispo de Roma, garantizando que los procesos y los actos sinodales se desarrollen con fidelidad al depositum fidei y en actitud de escucha al Espíritu Santo para la renovación de la misión de la Iglesia” (Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 72).

La dimensión sinodal y la dimensión jerárquica no están, pues, en competencia. La tensión que las une es una importante fuente de dinamismo. En particular, los procesos de toma de decisiones son el lugar para manejar creativamente esta tensión, de modo que se permita a cada uno ejercer su responsabilidad específica, sin ser desposeído de ella.

El tercer principio es la articulación entre lo local y lo universal, considerando al mismo tiempo la pluralidad y la coherencia de los niveles intermedios. La Iglesia una, santa, católica y apostólica existe en y desde las Iglesias locales (cf. Lumen gentium, n. 23) en comunión entre sí y con la Iglesia de Roma. Cada Iglesia es en Cristo y por el Espíritu Santo el sujeto comunitario, convocado por la Palabra y edificado por los Sacramentos, en el que vive y camina el único Pueblo de Dios en un contexto cultural y social específico, dentro del cual se encarna el don de Dios. Al mismo tiempo, cada Iglesia está llamada a compartir con todas las demás los dones con los que está enriquecida. Esto se realiza a través del ministerio de su Obispo, principio y garante de la unidad en la participación sinodal de todos en su misión, en comunión colegial con los demás Obispos cum Petro y sub Petro al servicio de toda la Iglesia (cf. Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 61). La sinodalidad constituye, por tanto, el contexto eclesial adecuado para entender y promover la colegialidad episcopal y describe el camino a seguir para promover la unidad y la catolicidad en el discernimiento de los caminos a seguir en cada Iglesia y en la comunión de las Iglesias. Lo que buscamos es un modo adecuado al mundo de hoy de vivir la unidad en la diversidad, experimentando la interconexión sin aplastar las diferencias y peculiaridades, pero también sin perder de vista que algunos desafíos -como el cuidado de la casa común, la emigración o la cultura digital- sólo pueden afrontarse juntos.

El cuarto principio, el más radical y exigente, pero al mismo tiempo capaz de dar esperanza y generatividad, es el carácter exquisitamente espiritual del proceso sinodal. Reunidos por Dios Padre, en Jesucristo, por la fuerza del Espíritu Santo, hermanas y hermanos en la fe se encuentran y se escuchan, aportando cada uno la perspectiva y la contribución de su propia vocación, carismas y ministerio recibidos. Este encuentro y esta escucha no son un fin en sí mismos: abren un espacio en el que se hace posible, juntos, discernir la voz del Espíritu y acoger su llamada. A todos los niveles, aspiramos al mismo resultado: comprender lo que el Señor nos pide y estar dispuestos a hacerlo. La tarea de los discípulos, más aún, su propia identidad, es seguir al Maestro adonde él decida ir, colaborar en una misión de salvación que es originalmente suya.

  1. Caminando juntos hacia octubre de 2024

Mientras avanza la preparación de la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, también gracias a las orientaciones aquí formuladas, prosigue el trabajo sobre las otras dos directrices identificadas a partir del Informe de Síntesis de la Primera Sesión.

La primera orientación consiste en mantener viva la dinámica sinodal en las Iglesias locales, para que un número cada vez mayor de personas pueda vivirla directamente. Reiteramos aquí la invitación a todas las diócesis a releer el Informe de Síntesis para identificar las sugerencias más significativas para su situación y, a partir de ellas, activar “iniciativas más adecuadas para implicar a todo el Pueblo de Dios” (Hacia octubre de 2024, n. 2).

La segunda orientación consiste en profundizar, de manera sinodal, una serie de temas de gran importancia, que «requieren ser tratados a nivel de toda la Iglesia y en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana» (ibid., Introducción). Se están constituyendo Grupos de Estudio para profundizar en los temas identificados, mejor especificados en el documento Temas surgidos en la Primera Sesión del Sínodo de los Obispos para tratar a nivel de toda la Iglesia y en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana, difundido al mismo tiempo que éste. «Además, al servicio del proceso sinodal en sentido más amplio, la Secretaría General del Sínodo activará un “Fórum permanente” para profundizar en los aspectos teológicos, canónicos, pastorales, espirituales y comunicativos de la sinodalidad de la Iglesia, también para responder a la petición formulada por la IdS de “se propone promover, en lugar oportuno, el trabajo teológico de profundización terminológica y conceptual de la noción y de la práctica de la sinodalidad” (IdS 1p)». Para llevar a cabo esta tarea, contará con la ayuda de la Comisión Teológica Internacional y de una Comisión canónica establecida al servicio del Sínodo de acuerdo con el Dicasterio para los Textos Legislativos.

No es posible trazar una línea divisoria clara entre los temas tratados por el trabajo de los numerosos Grupos activados, a diferentes niveles y en diferentes ejes: hay muchas conexiones, puntos de contacto e incluso solapamientos. Una de las tareas de la Secretaría General del Sínodo es garantizar que los trabajos avancen de forma coordinada y a la escucha de los resultados que se vayan obteniendo en los distintos ámbitos, dando la información adecuada a la Sesión de la Asamblea de octubre de 2024.

Vaticano, 14 de marzo del 2024.

HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA

La devoción del pueblo murciano por Nuestra Sra. de la Fuensanta es muy antigua, surgiendo a partir de la aparición de la Virgen en el monte conocido como El Hondoyuelo. Cuenta la leyenda que en esta sierra, situada a unos cinco kilómetros de la capital y ya considerada como enclave sagrado por las primeras civilizaciones que habitaron la zona, María había hecho brotar la “fuente santa” que dio nombre a la advocación.

La historia de cómo la Fuensanta ha pasado a convertirse en una de las más importantes devociones del Levante español, comienza el 17 de Enero de 1694. en esa fecha, tras una larga sequía que azotaba toda la zona, se acuerda bajar la imagen de la Virgen por vez primera hasta Murcia. Con aquella romería se imploraba la lluvia necesaria para los cultivos, relatando las crónicas de la época que, al finalizar la rogativa, llovió copiosamente e incluso llegó a nevar. Pero el milagro del agua se repitió en las sucesivas romerías y la Virgen de la Fuensanta fue nombrada patrona de la Ciudad y su Huerta en 1731.

El Santuario de la Virgen es hoy uno de los más visitados del país, no sólo como lugar de peregrinación, sino también por la belleza del enclave. Sobre la ermita primitiva, descrita en antiguos documentos como “entre iglesia y mezquita”, empieza a construirse a finales del siglo XVII un nuevo templo más acorde con el gran poder de convocatoria que estaba adquiriendo La Fuensanta.

En el interior de la iglesia se encuentra la venerada talla de la Patrona, una imagen de origen gótico y retocada en el siglo XVIII por el imaginero Roque López, atribuyéndose el Niño a Francisco Salzillo. La hermosura de la imagen es indiscutible , su aspecto se embellece con lujosos ropajes , joyas y coronas regaladas por los fieles, siendo el color tostado de su cara el que ha motivado que sea cariñosamente conocida con el sobrenombre de “La Morenica”. También encontramos en el templo importantes frescos del pintor Pedro Flores alusivos a la advocación, así como una hermosa colección de relieves sobre temas evangélicos marianos realizados por el escultor Juan González Moreno.

La difusión del culto a Nuestra Señora de la Fuensanta desde su proclamación como patrona, ha venido ligada a la celebración de traslados periódicos de la imagen desde el Santuario hasta la Catedral de la ciudad y viceversa. Tanto en las romerías como en los demás actos protagonizados por la Virgen, la antigua hermandad de Caballeros de la Fuensanta, es la encargada de custodiar la venerada imagen.

Actualmente, dos son las ocasiones establecidas para bajar a la Virgen a Murcia: una, con la llegada de la Cuaresma hasta finalizar las Fiestas de Primavera de la capital; y otra en Septiembre con motivo de su festividad el primer domingo después del día ocho del mismo mes.

Durante su estancia en la ciudad tienen lugar diversos actos, como la ofrenda floral a las puertas de la Catedral, la solemne procesión con la imagen por las calles del casco antiguo y la celebración de su onomástica con una Misa Pontifical y Procesión Claustral en el interior del templo catedralicio.

Durante el camino de regreso al Santuario la Virgen recibe numerosas muestras de cariño, sucediéndose las tradicionales “lluvias de pétalos” desde los balcones . A su llegada todo el monte es un clamor, y la multitud despide a su Patrona entre vítores y aclamaciones.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN SIMÓN DE ROJAS

San Simón de Rojas, trinitario, nació en Valladolid (España), el 28 de octubre de 1552. A los doce años, ingresó en el convento trinitario de su ciudad natal, en el que hizo la profesión religiosa el 28 de octubre de 1572.

Cursó los estudios en la universidad de Salamanca entre 1573 y 1579. Enseñó filosofía y teología en Toledo desde el año 1581 hasta el 1587. A partir de 1588, hasta su muerte, ejerció con grande prudencia el oficio de superior en varios conventos. En el mismo periodo, fue enviado como Visitador Apostólico a su Provincia de Castilla, en dos ocasiones, y a la de Andalucía, en una. El 14 de abril de 1612 fundó la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo Nombre de María. En 1619 fue nombrado Preceptor de los Infantes de España. El 12 de mayo de 1621 fue elegido como confesor de la Reina Isabel de Borbón. Murió el 29 de septiembre de 1624.

Su canonización dentro de las celebraciones del Año Mariano de 1988, recompensó dignamente a quien, por su tierna devoción a María, Lope de Vega llegó a equiparar con San Bernardo de Claraval y con San Ildefonso de Toledo. Fue su madre, la virtuosa Constanza, quien imprimió e hizo germinar en el alma de Simón el amor a María. El culto que Constanza, junto con su marido, Gregorio, tributaba constantemente a la Santísima Virgen, explica el porqué Simón, cuando pronunció sus primeras palabras, a los 14 meses de edad, siendo de pequeño algo retardado y balbuciente, dijese: «Ave, María». No hacía otra cosa que repetir la plegaria tan frecuentemente recitada por sus padres.

Su mayor gozo era el visitar los santuarios marianos, orar a María, imitar sus virtudes, cantar sus alabanzas, resaltar la importancia de la Santísima Virgen en el misterio de Dios y de la Iglesia. A través de profundos estudios teológicos, comprendió cada vez mejor la misión de María en la salvación del género humano y la santificación de la Iglesia. Vivió sus votos religiosos con el estilo de María. Pensaba que para ser todo de Dios, como Ella, era necesario hacerse esclavos suyos, o mejor, esclavos de Dios en María. Fue por ello por lo que fundó la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María, para la mayor gloria de la Trinidad y la alabanza de la Virgen, al servicio de los pobres. Para él, ser esclavo de María quería decir pertenencia total a Ella: Totus tuus, para unirse más íntimamente a Cristo y en él, por el Espíritu, al Padre.

La Congregación por él fundada era de carácter laical. A ella podían adherirse personas de todo rango social. Los inscritos, entre los que figuraban el rey y sus hijos, se obligaban a honrar a María, asistiendo maternalmente a sus hijos predilectos: los pobres. Esta obra subsiste todavía hoy en España. Simón de Rojas, que era considerado uno de los más grandes contemplativos de su tiempo, y que en la obra La oración y sus grandezas demuestra ser un gran formador de almas de oración, quería que a la dimensión contemplativa se uniese la activa, las obras de misericordia. Fiel al carisma trinitario, promovió redenciones de esclavos, remedió numerosísimas necesidades de los pobres, consoló enfermos, desheredados y marginados de todo tipo. Cuando recibió encargos en la Corte, puso como condición para aceptarlos el poder seguir ocupándose de sus pobres, a los que ayudaba de muchas maneras, siempre con alegría a cualquier hora del día o de la noche.

Son numerosísimas las expresiones de su amor a María. Los pintores que han inmortalizado su figura, ponen siempre en sus labios el saludo «Ave, María», por él pronunciado con tanta frecuencia que familiarmente era llamado «el Padre Ave María». Hizo imprimir millares de estampas de la Virgen Santísima con la inscripción «Ave, María», estampas que enviaba también al extranjero. Hizo confeccionar rosarios con 72 cuentas azules sobre cordón blanco, símbolo de la Asunción y de la Inmaculada, como recuerdo de los 72 años que, según la creencia de la época, había vivido la Virgen, y los difundió por doquier. Valiéndose de su influencia en la Corte, hizo que se esculpiese con letras de oro sobre la fachada del Palacio Real de Madrid el saludo angélico que él tanto amaba: «Ave, María». El 5 de junio de 1622, pidió a la Santa Sede la aprobación de un texto litúrgico por él compuesto en honor del Dulcísimo Nombre de María, texto que más tarde el Papa Inocencio XI extendió a toda la Iglesia.

Las honras fúnebres que se le tributaron a su muerte, acaecida el 29 de septiembre de 1624, asumieron el aspecto de una canonización anticipada. Durante 12 días, los más famosos oradores de Madrid exaltaron sus virtudes y santidad. Impresionado por la veneración unánime que se le rendía, el Nuncio del Papa, algunos días después de su muerte, el 8 de octubre siguiente, ordenó que se iniciasen los procesos, en vista a su glorificación por parte de la Iglesia.

Reconocida la heroicidad de sus virtudes por Clemente XII, el 25 de marzo de 1735, fue beatificado por Clemente XIII, el 19 de mayo de 1766. Y el  3 de julio de 1988, el Papa Juan Pablo II inscribió en el Catálogo de los Santos a este gran siervo de María y padre de los pobres.

HISTORIA Y SIGNIFICADO DE LA MEDALLA DE SAN BENITO

No cabe duda que la medalla de San Benito es una de las más apreciadas por los fieles. A ella se le atribuyen poder y remedio, ya sea contra ciertas enfermedades de hombre y animales, ya contra los males que pueden afectar al espíritu, como las tentaciones del poder del mal. Es frecuente también colocarla en los cimientos de nuevos edificios como garantía de seguridad y bienestar de sus habitantes.

El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de san Benito tal como nos la describe el papa san Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él. Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo mandó que hicieran la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la santa cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora del Señor, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a una época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg -Baviera-, en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz. Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV. En efecto, entre las figuras aparecía una de san Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Mucho más tarde, ya en el siglo XX, se encontró otro dibujo en un manuscrito del monasterio de Wolfenbüttel representando a un monje que se defiende del mal, simbolizado en una mujer con una copa llena de todas las seducciones del mundo. El monje levanta contra ella una cruz que contienía la parte final del texto consabido. Es posible que la existencia de tal creencia religiosa no sea fruto del siglo XIV sino muy anterior.

Benedicto XIV, en marzo de 1742, aprobó el uso de la medalla que había sido tachada anteriormente, por algunos, de superstición. Dom Gueranger, liturgista y fundador de la Concregación Benedictina de Solesmes, comentó que el hecho de aparecer la figura de san Benito con la santa Cruz, confirma la fuerza que su signo obtuvo en sus manos. La devoción de los fieles y las muchas gracias obtenidas por ella es la mejor muestra de su auténtico valor cristiano.

Explicación del anverso

En las antiguas medallas aparece, rodeando la figura del santo, este texto latino en frase entera: Eius in óbitu nostro preséntia muniámur. “Que a la hora de nuestra muerte, nos proteja tu presencia”. En las medallas actuales, frecuentemente desaparece la frase que es sustituida por esta: Crux Sancti Patris Benedicti, o todavía, más simplemente, por la inscripción: Sanctus Benedictus.

Explicación del reverso

En cada uno de los cuatro lados de la cruz: C. S. P. B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito

En el palo vertical de la cruz: C. S. S. M. L. Crux Sácra Sit Mihi Lux. Que la Santa Cruz sea mi luz

En el palo horizontal de la cruz: N. D. S. M. D. Non Dráco Sit Mihi Dux. Que el demonio no sea mi lider

Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj: V. R. S. Vade Retro Satána. Aléjate Satanás – N. S. M. V. Non Suáde Mihi Vána. No me aconsejes cosas vanas – S. M. Q. L. Sunt Mála Quae Libas. Es malo lo que me ofreces – I. V. B. ípse Venéna Bíbas. Bebe tú mismo tu veneno

En la parte superior, encima de la cruz suele aparecer unas veces la palabra PAX y en las más antiguas IESUS

MALA PRÁCTICA LITÚRGICA E IGNORANCIA TEOLÓGICA

 En los libros litúrgicos o en los rituales para los sacramentos a veces se ofrece un modelo de monición del rito que va a seguir. En estos casos se puede leer literalmente la monición sugerida por el libro litúrgico o decir otras palabras similares que, al ser más espontáneas, pueden incluso resultar más sugerentes.

Cosa distinta es cambiar la fórmula litúrgica creyendo que, de esta forma, uno se acerca mejor a la experiencia de los fieles. En la mayoría de los casos ocurre que la formulación propia es bastante peor que la oficial y, a veces, resulta hasta ridícula. El ejemplo más grosero que me han contado es el del sacerdote que, cuando llega el momento de pronunciar las palabras de la institución de la eucaristía, dice: “sangre derramada por muchas y por muchos”. Para la gente normal no hace falta explicar que el “muchos” de la fórmula oficial es inclusivo. Solo una persona muy ideologizada puede pretender que no lo es. Hay ejemplos menos llamativos, pero quizás más ridículos. Es el del presidente de la celebración que, en el saludo ritual dice: “el Señor está con nosotros”. Cuando la gente responde: “y con tu espíritu”, está ofreciendo una respuesta inútil puesto que, si ya está con nosotros, en este nosotros está incluido el que lo dice. La fórmula: “el Señor esté con vosotros”, hace que la respuesta: “y con tu espíritu”, tenga sentido.

Ejemplo de ignorancia teológica es la del lector que termina la lectura bíblica diciendo: “esto es” Palabra de Dios. Ignorancia teológica porque “esto” que acaba de leer es palabra de un autor humano (Mateo, Lucas o Pablo), que se ha debido nombrar al comienzo de la lectura: “según san Mateo”, o “carta de san Pablo” a una determinada comunidad. Lo que hay que hacer al final de la lectura es una pausa, guardar un momento de silencio, y luego decir: “Palabra de Dios”, sin añadidos ni colorantes. Al hacerlo así se está diciendo: en los oídos y corazones de los presentes, que han acogido con fe el texto que acaba de proclamarse, acaba de resonar la Palabra de Dios en la mediación de una palabra humana.

Dios siempre se sirve de mediaciones humanas. No se puede identificar la mediación humana con la palabra de Dios, pero la Palabra de Dios no puede llegar sin la imprescindible mediación humana. La carta de Pablo o el relato de Mateo transmiten la Palabra de Dios, pero lo que se oye materialmente es la palabra de Mateo o de Pablo. La palabra humana transmite la Palabra de Dios, pero precisamente por ser humana es susceptible de ser interpretada, comentada o explicada. Si directa y únicamente estuviéramos ante un “dictado” divino, la palabra sería intocable. Precisamente para ser entendido Dios utiliza mediaciones humanas.

Martín Gelabert, Blog Nihil Obstat

CUIDADO SI RECIBES ESTE SUPUESTO SMS DE HACIENDA: ES UNA ESTAFA

En la era digital actual, es imprescindible estar alerta ante los SMS fraudulentos, que imitan comunicaciones legítimas para engañar a las personas y obtener información personal, como contraseñas o datos bancarios. Los y las ciberdelincuentes emplean tácticas de ingeniería social para generar confianza y urgencia en sus víctimas, haciendo que caigan en trampas.

Recientemente, estas estafas han tenido como «emisor» del mensaje a «Hacienda», debido a un supuesto error en la Declaración de la Renta. Aprovechando el miedo de la víctima a recibir una sanción, los estafadores y estafadoras consiguen sus objetivos: quedarse con el dinero.

¿En qué consiste el nuevo timo?

La nueva metodología a la que han recurrido los y las ciberdelincuentes para estafar consiste en enviar un SMS, supuestamente de parte de Hacienda, en el que se informa al destinatario o destinataria de que la Declaración de la Renta está mal. Ante la amenaza de recibir una sanción, el mensaje incluye un enlace para corregir la declaración, «con un nombre bastante creíble», asegura la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

¿Que debes hacer?

Borra directamente el SMS. Lo que intentan es que pinches el enlace para llegar a un lugar donde te enredan y te hacen dejar datos personales o bancarios, o te dicen que si pagas una cantidad mucho menor que la sanción con la que te amenazan, quedarás en paz con Hacienda.

 Comunica el problema a Hacienda a través de los canales que ella misma te ofrece en este enlace.

 En la duda, llama a la Agencia Tributaria para asegurarte: 91 757 57 77

Una tipología de delitos cada vez más común

Pese a que este tipo de estafas a través de SMS es cada vez más común, es importante saber que la Agencia Tributaria nunca solicita por correo electrónico o SMS información confidencial, económica o personal, números de cuenta ni números de tarjeta.

Igualmente, Hacienda tampoco adjunta anexos con información de facturas u otro tipos de datos. «Si te llega un mensaje con un fichero adjunto para descargar, desconfía», concluye la OCU.

Sobre el autor:   Clara González para 65 y mas

EL PERDÓN FAMILIAR: SANACIÓN Y RECONCILIACIÓN SEGÚN LA BIBLIA

La familia es el núcleo fundamental de la sociedad, un espacio donde se forjan vínculos profundos y se transmiten valores esenciales. Sin embargo, las relaciones familiares no siempre son fáciles, y el dolor, el resentimiento y la ira pueden surgir en el camino. En estos momentos, el perdón se convierte en un elemento crucial para la sanación y la reconstrucción de la unidad familiar. La Biblia, como fuente de sabiduría y la vida cristiana, ofrece un profundo entendimiento sobre el perdón, especialmente en el contexto familiar.

El Perdón en la Biblia: Un Mandato Divino

La Biblia aborda el perdón como un principio fundamental para la vida cristiana, un mandato divino que Dios mismo ejemplifica. En el Nuevo Testamento, Jesús nos enseña la importancia del perdón a través de sus palabras y acciones. En el Sermón del Monte, Jesús dice: porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro padre celestial también os perdonará a vosotros. pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas (Mateo 6:14-15). Estas palabras resaltan la estrecha relación entre el perdón que Dios nos ofrece y el perdón que debemos ofrecer a los demás, incluyendo a nuestra familia.

El perdón, en la perspectiva bíblica, no es simplemente un acto sentimental, sino una decisión consciente y deliberada que requiere esfuerzo y compromiso. No significa olvidar el daño que se ha causado, sino renunciar al deseo de venganza y al resentimiento que nos amarga el corazón. Perdonar es un acto de liberación, tanto para el que perdona como para el que es perdonado.

Ejemplos Bíblicos del Perdón en la Familia

La Biblia nos ofrece numerosos ejemplos de perdón en el ámbito familiar que nos inspiran y nos muestran la poderosa transformación que puede traer consigo. Algunos ejemplos relevantes son:

José , vendido como esclavo por sus hermanos, luego los perdona y los acoge con amor y compasión. (Génesis 45:1-15)

David , perdonado por Dios después de su pecado con Betsabé, aún siendo rey, se arrepiente y busca la misericordia divina. (Salmos 51)

El hijo pródigo , perdonado por su padre después de haber desperdiciado su herencia. (Lucas 15:11-32)

Estos ejemplos nos muestran que el perdón en la familia es posible, incluso en situaciones de profunda traición y dolor. El perdón, inspirado por el amor de Dios, nos permite romper el ciclo de resentimiento y construir relaciones más sanas y fuertes.

¿Qué significa el perdón en la familia?

En el contexto familiar, el perdón abarca diferentes dimensiones:

Perdonar a los padres: Reconocer que nuestros padres también son seres humanos con errores y limitaciones. Perdonar sus errores del pasado, incluso si fueron dolorosos, nos libera del peso del resentimiento y nos permite construir una relación más saludable con ellos.

Perdonar a los hermanos: Reconocer que la rivalidad entre hermanos es normal, pero que el amor y el perdón deben prevalecer. Perdonar las ofensas, las disputas y los celos nos permite fortalecer los lazos familiares.

Perdonar a los hijos: Reconocer que los hijos cometen errores y que el perdón es esencial para su crecimiento. Perdonar sus errores nos enseña a ser pacientes y comprensivos, y les permite aprender de sus experiencias.

Perdonarse a sí mismo: Reconocer nuestros propios errores y fallos, y aprender de ellos para mejorar como personas. Perdonarnos a nosotros mismos nos libera de la culpa y la vergüenza, y nos permite avanzar con esperanza.

Beneficios del Perdón en la Familia

El perdón en la familia trae consigo numerosos beneficios:

Liberación emocional: El perdón nos libera del peso del resentimiento, la ira y la amargura, permitiéndonos experimentar paz interior y alegría.

Sanación de las heridas: El perdón nos ayuda a sanar las heridas del pasado y a construir relaciones más sólidas y saludables.

Reconciliación: El perdón abre la puerta a la reconciliación, restaurando la armonía y el amor en las relaciones familiares.

Crecimiento personal: El perdón nos ayuda a crecer como personas, a desarrollar la compasión, la empatía y la capacidad de amar más profundamente.

Fortalecimiento de la unidad familiar: El perdón fortalece los lazos familiares, creando un ambiente de confianza, respeto y apoyo mutuo.

Cómo Practicar el Perdón en la Familia

Perdonar no es fácil, requiere tiempo, esfuerzo y compromiso. Aquí te presentamos algunos pasos que pueden ayudarte a practicar el perdón en la familia:

Reconocer el daño: Es importante reconocer el daño que se ha causado, tanto para ti como para la otra persona. No se trata de culpar, sino de comprender la naturaleza del conflicto.

Tomar la decisión de perdonar: El perdón es una decisión consciente que debes tomar, no una emoción que simplemente se siente. Debes elegir perdonar, incluso si no te sientes listo.

Comunicar el perdón: Es importante comunicar tu perdón a la persona que has herido. Esto puede ser difícil, pero es fundamental para la reconciliación.

No olvidar, pero no aferrarte: El perdón no significa olvidar lo que sucedió, pero sí significa no aferrarse al dolor y al resentimiento del pasado.

Ser paciente: El perdón es un proceso que requiere tiempo y paciencia. No esperes que la reconciliación ocurra de la noche a la mañana.

Buscar ayuda: Si te resulta difícil perdonar, no dudes en buscar ayuda profesional. Un terapeuta o consejero te puede guiar en el proceso de perdón.

El Perdón y la Justicia

A veces, la gente confunde el perdón con la justicia. Es importante recordar que el perdón no significa condonar la acción o que la persona que ha causado daño no deba ser responsable de sus actos. El perdón es un acto personal que liberamos a la persona que nos ha herido del peso de nuestro resentimiento, pero no significa que la persona esté libre de las consecuencias de sus acciones.

Algunas preguntas que nos pueden venir a la mente

¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha herido profundamente?

Perdonar a alguien que te ha herido profundamente puede ser un proceso largo y doloroso. Es importante recordar que el perdón es una decisión que debes tomar, no una emoción que simplemente se siente. Puedes empezar por reconocer el daño que se ha causado, tomar la decisión de perdonar, comunicar tu perdón a la persona y ser paciente.

¿Qué pasa si la persona que me ha herido no se arrepiente?

Si la persona que te ha herido no se arrepiente, el perdón puede ser aún más difícil. Sin embargo, el perdón es un acto que haces por ti mismo, no por la otra persona. Perdonar te libera del peso del resentimiento y te permite avanzar en tu vida.

¿Puedo perdonar a alguien sin olvidar lo que sucedió?

Sí, puedes perdonar a alguien sin olvidar lo que sucedió. El perdón no significa olvidar el daño que se ha causado, sino renunciar al deseo de venganza y al resentimiento que nos amarga el corazón. Perdonar es un acto de liberación, tanto para el que perdona como para el que es perdonado.

¿Qué hago si la persona que me ha herido no quiere ser perdonada?

Si la persona que te ha herido no quiere ser perdonada, puedes seguir adelante con tu proceso de perdón. El perdón es un acto personal que haces por ti mismo, no por la otra persona. Puedes elegir perdonar, incluso si la otra persona no está dispuesta a aceptar tu perdón.

¿Cómo puedo saber si he perdonado de verdad?

Saber si has perdonado de verdad es un proceso personal. Puedes preguntarte si aún sientes amargura o resentimiento hacia la persona que te ha herido. Si sientes paz interior y no te sientes afectado por el pasado, es probable que hayas perdonado de verdad.

El perdón en la familia es un regalo que nos damos a nosotros mismos y a los demás. Es un camino hacia la sanación, la reconciliación y la construcción de relaciones más fuertes y saludables. La Biblia nos enseña que el perdón es un mandato divino, un acto de amor que nos libera del peso del resentimiento y nos permite experimentar la paz y la alegría que solo Dios puede ofrecer. Al practicar el perdón en nuestra familia, estamos siguiendo el ejemplo de Jesús y creando un ambiente de amor, unidad y esperanza.

Fuente: Iglesia del pilar.com