Miércoles santo. Día previo a la entrega del Señor por amor en la Eucaristía y en el Sacrificio de la Cruz. Todo está a punto.
El evangelio de este día se centra en los preparativos de la Pascua del Señor y en la traición de Judas Iscariote. Es difícil entender el motivo de tal traición: cómo se abandona al amigo que lo ha elegido para un gran servicio, como se le entrega con total deslealtad. Es desconcertante para todos y a la vez una llamada de atención para todos nosotros.
Nos podemos preguntar por el motivo de ese comportamiento. Hay varias hipótesis. Algunos recurren a la avidez por el dinero; otros dan una explicación de carácter mesiánico: Judas, probable zelota, habría quedado decepcionado al ver que Jesús no incluía en su programa la liberación político-militar de Israel.
Benedicto XVI apunta otro aspecto más profundo siguiendo el evangelio de Juan: «el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo» (Jn 13,2); de manera semejante, Lucas escribe: «Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce» (Lc 22,3). De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, que cedió miserablemente a una tentación del Maligno. En todo caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio –dice el papa-. Jesús lo trató como a un amigo (cf. Mt 26,50), pero en sus invitaciones a seguirlo por el camino de las bienaventuranzas no forzaba las voluntades ni les impedía caer en las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana.
El corazón de Judas se ha pervertido. Ya no ama a quien lo ha amado a él. Es difícil imaginar sus sentimientos. Donde Jesús había dicho pobreza y humildad, Judas ha dicho egoísmo; donde Jesús había puesto mansedumbre y afabilidad, Judas ha preferido el rencor; donde Jesús había puesto consuelo para los afligidos, Judas ha preferido mirar a otro lado; donde Jesús hablaba de justicia, Judas considera más eficaz la venganza; donde Jesús hablaba de misericordia, Judas no sabe del perdón; donde Jesús purificaba la limpieza del corazón, Judas no tiene más ojos que para el mal pensamiento y la maldición; donde Jesús construía paz, Judas destruye con el desorden y la violencia…
Judas ya no mira con los ojos de Jesús. En su ceguera piensa que tiene más luces que el Señor. ¡Ay! ¡Cuantos ciegos en nuestro mundo! ¡Cómo desde la ceguera se engendra odio y traición! ¡Ay! ¡Cuantos ciegos guiando a otros ciegos! ¡Cuánta mentira disfrazada de buenas intenciones! Quien siembra vientos, cosecha tempestades.
Judas es descubierto en su propósito. Pero lejos de arrepentirse y cambiar a tiempo sigue con sus malos pensamientos. Todo podía haber quedado en la tentación, en un mal paso… pero la tentación sigue… y crece… y engendra traición. Con un beso entregará al Maestro, al amigo. ¡Con un beso!
¡Hay tantos Judas en nuestro mundo!, ¡tantos malos propósitos, tantas mentes ciegas, tanto corazón torcido!, ¡tantos besos falsos! Jesús fue y es traicionado. Tú y yo somos traicionados. Tú y yo a veces somos traidores. Pero no caigamos en la desesperanza: es posible cambiar, es posible hacer las cosas mejor, es posible desechar los malos propósitos, es posible dar pasos hacia la luz. ¡Es posible! Mañana es Jueves Santo, día del amor fraterno, día del servicio fiel, día de la Eucaristía, día de la entrega por amor: ¡es posible… con Jesucristo!





