EL SANTO DE LA SEMANA: SAN EFRÉN DE SIRIA

San Efrén alcanzó gran fama como maestro, orador, poeta, comentarista y defensor de la fe. Es el único de los Padres sirios a quien se honra como Doctor de la Iglesia Universal, desde 1920. En Siria, tanto los católicos como los separados de la Iglesia lo llaman «Arpa del Espíritu Santo» y todos han enriquecido sus liturgias respectivas con sus homilías y sus himnos. A pesar de que no era un hombre de mucho estudio formal, estaba empapado en las Sagradas Escrituras y tenía gran conocimiento de los misterios de la fe.

San Basilio le describe como «un interlocutor que conoce todo lo que es verdad» ; San Jerónimo, al recopilar los nombres de los grandes escritores cristianos, le menciona con estos términos: «Efrén, diácono de la iglesia de Edessa, escribió muchas obras en sirio y llegó a tener tanta fama, que en algunas iglesias se leen en público sus escritos, después de las Sagradas Escrituras. Yo leí en la lengua griega un libro suyo sobre el Espíritu Santo; a pesar de que sólo era una traducción, reconocí en la obra el genio sublime del hombre». (Edessa, hoy llamada Urfa o Sanliurfa, está en Turquía)

San Efrén narra que en un sueño vio que de su lengua nacía una mata de uvas, la cual se extendía por muchas regiones, llevando a todas sus racimos. Este sueño llegó a ser profético por la gran propagación de sus obras.

A San Efrén debemos, en gran parte, la introducción de los cánticos sagrados en los oficios y servicios públicos de la Iglesia, como una importante característica del culto y un medio de instrucción.

Su Vida

Efrén nació alrededor del año 306, en la población de Nísibis (hoy llamada Nusaybin, en Turquía), región dominada por Roma. No se sabe por cierto si sus padres eran Cristianos. El reconoce que de joven no le daba mucha importancia a la religión hasta que llegaron las pruebas. A la edad de dieciocho años recibió el bautismo y, permaneció junto al famoso obispo de Nisibis, San Jacobo, con quien, se afirma, asistió al Concilio de Nicea, en 325. Tras la muerte de San Jacobo, Efrén mantuvo estrechas relaciones con los tres jerarcas que le sucedieron.

Efrén se hallaba en Nisibis las tres veces en que los persas pusieron sitio a la ciudad, puesto que en algunos de los himnos que escribió, hay descripciones sobre los peligros de la población, las defensas de la ciudad y la derrota final del enemigo en el año 350. Si bien los persas no pudieron tomar a Nisibis por los ataques directos, consiguieron entrar sin lucha a la ciudad trece años después, cuando Nisibis se les entregó como parte del precio de la paz que pagó el emperador Joviano, después de la derrota y la muerte de Juliano. La entrada de los persas hizo huir a los cristianos, y Efrén se refugió en una caverna abierta entre las rocas de un alto acantilado que dominaba la ciudad de Edessa. Ahí vivió con absoluta austeridad, sin más alimento que un poco de pan de centeno y algunas legumbres; y fue en aquella soledad inviolable donde escribió la mayor parte de sus obras espirituales. Era un asceta y se le notaba en su apariencia. Según dicen las crónicas era de corta estatura, medio calvo y lampiño, tenía la piel apergaminada, dura, seca y morena como el barro cocido; vestía con andrajos remendados, y todos los parches habían llegado a ser del mismo color de tierra; lloraba mucho y jamás reía.

Si bien la solitaria cueva era su morada y su centro de operaciones, no vivía recluido en ella y con frecuencia bajaba a la ciudad para ocuparse de todos los asuntos que afectaban a la Iglesia. A Edessa la llamaba «la ciudad bendita» y en ella ejerció gran influencia. Predicaba a menudo y, al referirse al tema de la segunda venida de Cristo y el juicio final, usaba una elocuencia tan vigorosa, que los gemidos y lamentos de su auditorio ahogaban sus palabras.

Algunos biógrafos nos dan una idea muy poco inspiradora de San Efrén, como si rechazara la alegría y a la amabilidad. El obispo lo nombró director de la escuela de canto religioso de su ciudad, y allí formó muchos maestros de canto para que fueran a darle solemnidad a las fiestas religiosas de diversas parroquias. Allí estuvo por 13 años (del 350 al 363).

No hay en sus obras el influjo de las controversias trinitarias de la época. Esto posiblemente se debe a que no conocía el griego. Mas bien se dedicó a defender la doctrina antigua por medio de la poesía. Bardesanes y otros utilizaban las canciones y la música populares para propagar falsas doctrinas. Efrén comprendió la importancia de estos medios y valoró mucho los cánticos sagrados como un complemento del culto público. Se propuso imitar las tácticas del enemigo y, sin duda, gracias a su prestigio personal, pero sobre todo el mérito grande de sus propias composiciones, las que hizo cantar en las iglesias por un coro de voces femeninas, consiguió suplantar los himnos gnósticos por sus propios himnos.

No llegó a ser diácono sino a edad avanzada. Su humildad le obligaba a rehusar la ordenación y, el hecho de que a veces se le designe como a San Efrén el Diácono, apoya la afirmación de algunos de sus biógrafos en el sentido de que nunca obtuvo una dignidad eclesiástica más alta. Por otra parte, en sus escritos hay pasajes que parecen indicar que era sacerdote.

Alrededor del año 370, emprendió un viaje desde Edessa a Cesarea, en la Capadocia, con el propósito de visitar a San Basilio, de quien tanto y tan bien había oído hablar. San Efrén menciona aquella entrevista, lo mismo que San Gregorio de Nissa, el hermano de San Basilio, quien escribió un encomio del venerable sirio. Una de las crónicas declara que San Efrén extendió su viaje y que visitó Egipto, donde permaneció varios años, pero semejante declaración no está apoyada por alguna autoridad y no concuerda con los datos cronológicos de su vida, ampliamente reconocidos.

Hombre de caridad

La última vez que tomó parte en los asuntos públicos fue en el invierno, entre los años 372 y 373, poco antes de su muerte. Había hambre en toda la comarca y San Efrén se hallaba profundamente apenado por los sufrimientos de los pobres. Los ricos de la ciudad se negaban a abrir sus graneros y sus bolsas, porque consideraban que no se podía confiar en nadie para hacer una justa distribución de los alimentos y las limosnas; entonces, el santo ofreció sus servicios y fueron aceptados. Para satisfacción de todos, administró considerables cantidades de dinero y de abastecimientos que le fueron confiadas, además de organizar un eficaz servicio de socorro que incluía la provisión de 300 camillas para transportar a los enfermos. Supo escuchar así la voz del Señor: «Estuve enfermo y me fuiste a visitar: tuve hambre y me diste de comer. Ven al banquete preparado desde el comienzo de los siglos». (Mt. 25, 40). Terminada su misión en Edessa, regresó a su cueva y sólo vivió treinta días más. Las «Crónicas» de Edessa y las máximas autoridades en la materia, señalan el año de 373 como el de su muerte, pero algunos autores afirman que vivió hasta el 378 o el 379.

Escritor prolífico

Entre las obras suyas que han llegado hasta nosotros, algunas están escritas en el sirio original y otras son traducciones al griego, al latín y al armenio. Se las puede agrupar como obras de exégesis, de polémica, de doctrina y de poesía, pero todas, a excepción de los comentarios, están en verso. Sozomeno afirma que San Efrén escribió treinta millares de lineas. Sus poemas más interesantes son los «Himnos Nisibianos» (carmina Nisibena), de los que se conservan setenta y dos de un total de setenta y siete, así como los cánticos para las estaciones, que todavía se entonan en las iglesias sirias. Sus comentarios comprenden todo el Antiguo Testamento y muchas partes del Nuevo. Sobre los Evangelios no utilizó más que la única versión que circulaba por entonces en Siria, la llamada Diatessaron, la que, en la actualidad no existe más que en su traducción al armenio.

A pesar de que es poquísimo lo que sabemos sobre la vida de San Efrén, no poco es lo que nos ayudan sus escritos a formarnos una idea sobre el hombre que fue. Lo que más impresiona al lector es el espíritu realista y cordialmente humano con que discurre sobre los grandes misterios de la Redención. Se diría que se anticipa a esa actitud de emocionada devoción ante los sufrimientos físicos del Salvador, que no llegó a manifestarse en el occidente antes de la época de San Francisco de Asís.

Muestra de las obras de San Efrén:

Títulos de la Vírgen Santísima

Fue un gran amante de la Virgen María y en sus escritos vemos la profunda veneración que ya se le tenía en el siglo IV. San Efrén compuso, ya en el año 333, una lista en verso de los más bellos títulos que los cristianos otorgaban a la Stma. Virgen:

«Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!»Cristianismo

Sobre el aposento donde tuvo lugar la Ultima Cena.

¡Oh tú, lugar bendito, estrecho aposento en el que cupo el mundo! Lo que tú contuviste, no obstante estar cercado por límites estrechos, llegó a colmar el universo. ¡Bendito sea el mísero lugar en que con mano santa el pan fue roto! ¡Dentro de ti, las uvas que maduraron en la viña de María, fueron exprimidas en el cáliz de la salvación!

¡Oh, lugar santo! Ningún hombre ha visto ni verá jamás las cosas que tú viste. En ti, el Señor se hizo verdadero altar, sacerdote, pan y cáliz de salvación. Sólo El bastaba para todo y, sin embargo, nadie era bastante para El. El Altar y cordero fue, víctima y sacrificador, sacerdote y alimento…

Descripción de Jesucristo siendo azotado.

Tras el vehemente vocerío contra Pilatos, el Todopoderoso fue azotado como el más vil de los criminales. ¡Qué gran conmoción y cuanto horror hubo a la vista del tormento! Los cielos y la tierra enmudecieron de asombro al contemplar Su cuerpo surcado por el látigo de fuego, ¡El mismo desgarrado por los azotes! Al contemplarlo a El, que había tendido sobre la tierra el velo de los cielos, que había afirmado el fundamento de los montes, que había levantado a la tierra fuera de las aguas, que lanzaba desde las nubes el rayo cegador y fulminante, al contemplarlo ahora golpeado por infames verdugos, con las manos atadas a un pilar de piedra que Su palabra había creado. ¡Y ellos, todavía, desgarraban sus miembros y le ultrajaban con burlas! ¡Un hombre, al que El había formado, levantaba el látigo! ¡El, que sustenta a todas las criaturas con su poder, sometió su espalda a los azotes; El, que es el brazo derecho del Padre, consintió en extender sus brazos en torno al pilar. El pilar de ignominia fue abrazado por El, que sostiene los cielos y la tierra con todo su esplendor. Los perros salvajes ladraron al Señor que con su trueno sacude las montañas y mostraron los agudos dientes al Hijo de la Gloria.

El «Testamento de San Efrén»

Este documento nos revela el carácter del santo escritor. A pesar de que, posiblemente, haya sufrido alteraciones y agregados en fechas posteriores, no hay duda de que en gran parte, como afirma Rubens Duval, considerado como una autoridad en la materia, es auténtico, sobre todo los pasajes que reproducimos aquí. San Efrén hace un llamado a sus amigos y discípulos, en tono emocionado y de profunda humildad:

No me embalsaméis con aromáticas especies, porque no son honras para mí. Tampoco uséis incienso ni perfumes; el honor no me corresponde a mí. Quemad el incienso ante el altar santo: A mí, dadme sólo el murmullo de las preces. Dad vuestro incienso a Dios, y a mí cantadme himnos. En vez de perfumes y de especias, dadme un recuerdo en vuestras oraciones . . . Mi fin ha sido decretado y no puedo quedarme. Dadme provisiones para mi larga jornada: vuestras plegarias, vuestros salmos y sacrificios. Contad hasta completar los treinta días y entonces, hermanos haced recuerdo de mí, ya que, en verdad, no hay más auxilio para el muerto sino el de los sacrificios que le ofrecen los vivos.

Benedicto XV lo declaró doctor de la Iglesia.

¡Señor envía tu Espíritu Santo y suscita en nosotros la pasión por Ti que manifestó el Diácono San Efrén!

Bibliografía

Butler, Vida de los Santos.

Salesman, Vida de los Santos, II.

Adaptado por Vicenç Garcia Tomàs

(Fuente: corazones.org)

MÚSICA SACRA: ARIA “HOW BEATIFUL ARE THE FEET” del “MESIAS” de HAENDEL

El Mesías de Haendel es técnicamente un oratorio, a diferencia de una ópera. Las óperas generalmente incorporan escenografía, vestuario y actuación como parte de la representación, mientras que los oratorios se centran en la música misma, destacando el canto del coro y los solistas, combinado con los instrumentos. Otra característica distintiva de los oratorios es que se componen principalmente de historias bíblicas, como la historia de Jesús que se encuentra en El Mesías.

Una de las primeras críticas al Mesías fue que, al ser una historia sagrada, se representaba en espacios seculares. Algunos consideraban que el único lugar adecuado para representarlo era una iglesia. En una carta a un periódico local, publicada pocos días antes del estreno del Mesías en Londres, un lector escribió: «Un oratorio es un acto religioso o no lo es; si lo es, me pregunto si el teatro es un templo apropiado para representarlo, o si la compañía de actores es digna de ser ministros de la Palabra de Dios, pues en ese caso lo son».

Como cristianos, a menudo lidiamos con la tensión entre lo sagrado y lo secular, especialmente cuando nos esforzamos por cumplir el mandato de Cristo de ir y hacer discípulos de todas las naciones. Debemos agradecer que Handel no siguiera el consejo de quien escribió esta carta y relegara la interpretación del Mesías a unas pocas iglesias, donde podría haber desaparecido de la historia. En cambio, por su providencia, Dios envió el Mesías de Haendel al mundo, donde ha traído buenas nuevas a quienes lo escuchan durante casi trescientos años.

El aria «How beautiful are the feet» (HWV 56, n.º 38) de El Mesías de G.F. Händel. Es uno de los momentos más líricos, tiernos y contemplativos de la Parte II del oratorio.

El Texto y su Significado Inspiración bíblica: El libreto de Charles Jennens se basa en Romanos 10:15 (que a su vez parafrasea Isaías 52:7): «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!».

El Mensaje: Celebra el envío de los apóstoles y mensajeros encargados de esparcir el Evangelio y la salvación por todo el mundo, destacando la belleza de su labor pacífica.

Tratamiento Musical Voz y Orquestación: Händel la concibió originalmente como un aria para voz solista (usualmente soprano o contratenor), acompañada de manera sutil por el bajo continuo y, a menudo, un par de oboes que realzan la pureza de la línea melódica.

Variantes en el Oratorio: A menudo, el aria da paso a un coro donde se proclama “Break forth into joy” (¡Prorrumpid en alegría!), creando un contraste directo entre la paz íntima del anuncio y el júbilo explosivo de la respuesta terrenal.

Pincha el primer enlace para escuchar el Aria y el segundo para la coral

CATEQUESIS DEL SANTO PADRE: LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II. III. CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM. 3. EL RITO, EL SIGNO, EL SÍMBOLO

Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.

El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).

El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.

El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.

La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.

“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.

En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Copyright © Dicasterio para la Comunicación – Libreria Editrice Vaticana

The Holy See

La Santa Sede

LA ENCÍCLICA DE LEÓN XIV: ¿QUÉ ESTAMOS CONSTRUYENDO?

No es fácil resumir la encíclica de León XIV, Magnifica humanitas. Quizás la pregunta, tomada de la encíclica, con la que he titulado mi artículo, puede ser la gran pregunta que recorre todo el texto papal: ¿qué estamos construyendo? Las innovaciones tecnológicas ¿contribuyen a hacer crecer a las personas y a los pueblos en fraternidad y en humanidad?

La encíclica no es exactamente una reflexión sobre la Inteligencia Artificial, aunque este sea su hilo conductor, sino una reflexión sobre un tiempo nuevo, como es el nuestro, en el que las nuevas tecnologías y, por supuesto, la inteligencia artificial, pueden ser muy útiles para mejorar nuestra vida, pero también ser obstáculos para vivir humanamente. Y no solo obstáculos, porque además de emplearse para bien pueden emplearse para mal, sino sobre todo porque este mal empleo condiciona, manipula, controla y orienta nuestra vida en direcciones inhumanas sin que seamos conscientes de ello, y hasta haciéndonos creer que lo malo es bueno. Un ejemplo de cómo los algoritmos controlan y manipulan la información que nos condiciona es el caso de la guerra: estamos tentados de pensar que no tendremos paz si no nos preparamos para el conflicto, sino no acumulamos armamento que mata a inocentes, si no detectamos al enemigo o no nos adelantamos a matarle.

El documento papal se sitúa dentro de la gran corriente de doctrina social de la Iglesia, que comenzó con la Rerum novarum de León XIII. En aquel momento había “cosas nuevas”, aparecían situaciones que exigían una palabra del Magisterio para iluminarlas a la luz del Evangelio. Pues bien, hoy la tecnología ha condicionado de forma inesperada la condición humana. De ahí la necesidad de una palabra del Magisterio, que ilumine los nuevos cambios que implican no solo nuevas necesidades y posibilidades, sino sobre todo nuevos comportamientos. “El progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”. Ser más poderosos no significa necesariamente ser mejores. Tener más no significa ser más. Con el “tener más” pudiere suceder que la persona fuera “valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

La inteligencia artificial nunca es un hecho puramente técnico. No es moralmente neutral. No tiene conciencia. Entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las inteligencias artificiales no poseen cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones, ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. No conocen la misericordia, el perdón, la esperanza de cambio, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Cuando la técnica deja de ser instrumento y se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.

Algunos interpretan el progreso como la superación del ser humano, con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Es el sueño de superar los límites de la condición humana, consiguiendo así una humanidad nueva (incluso hibridada con la máquina). Pero los límites y fragilidad de la humanidad no es un error que haya que corregir, pues los cristianos sabemos que “el ser humano no florece a pesar del límite, sino dentro del límite”. Y que, al entrar el Verbo de Dios en nuestros límites, apareció precisamente el “Hombre perfecto”, la perfección de lo humano, una magnifica humanidad. Allí donde la humanidad corre el riesgo de perder su rostro, los cristianos alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, donde se esclarece del misterio del hombre. Ninguna máquina puede sustituir esta magnífica humanidad revelada en Cristo.

Martin Gelabert Ballester – Blog Nihil Obstat

SALMOS DE VIDA Y ESPERANZA

“Luces cortas” para ver de cerca

 

Luces cortas para ver de cerca…

lo que hay en nuestro entorno, bueno y malo,

aunque son más, en cantidad y calidad,

las cosas buenas que las malas,

pero las malas noticias se publicitan

en los medios de comunicación,

redes sociales y tertulias de bar,

y ya se sabe que “hace más ruido un árbol que cae

que un bosque que crece”

y lo que no sale en los “medios”, “no existe”.

Luces cortas para ver de cerca…

lo que verdaderamente nos interesa saber, disfrutar y agradecer,

y entre esas cosas:

que estamos vivos,

aunque quizá algunos no seamos tan avispados como nos gustaría;

que el sol sale para todo el mundo

y no sólo para unos pocos privilegiados;

que los derechos humanos son también divinos

y violarlos es un “sacrilegio”;

que “Dios nos ama” y lleva tatuados nuestros nombres

en la palma de su mano.

Luces cortas para ver de cerca…

cosas y casos que no quisiéramos ver

porque nunca tendrían que haber sucedido,

como guerras y genocidios;

emigrantes que viajan en pateras que se traga el mar

y los que sobreviven no son bienvenidos ni bienqueridos

para mucha gente y para algunos partidos políticos,

que los ven como “intrusos” y no como “hermanos”

necesitados de acogida y ayuda;

medios de comunicación y redes sociales

que dan “gato por liebre”

contando mentiras, medias verdades y bulos

como si fueran “verdades irrefutables”.

Luces cortas para ver de cerca…

a los que transitan por calles de doble dirección

generando atascos y produciendo altercados y disputas

en los viandantes sobre la “prioridad” y la “propiedad” de la calle.

La calle es la pasarela donde se ve y se siente

que estamos crispados, excitados, irritados y enfadados

debido al ambiente de polarización, provocación, intolerancia, odio

e incertidumbre económica y política en el que nos movemos.

Luces cortas para ver mejor…

la realidad tal como es

y conocernos y comprendernos a nosotros mismos

al comprobar nuestra reacción ante los obstáculos

que encontramos en el camino.

Dios es la luz verdadera que ilumina nuestro interior

para que caminemos y vivamos en la luz,

“porque en Él está la fuente de la vida

y en su luz podemos ver la luz” (Sal 36,9).

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo.

El que me siga tendrá la luz que le da vida

y nunca andará en oscuridad” (Jn 8,12).

“El Señor es mi luz y mi salvación,

¿de quién tendré miedo?

El Señor defiende mi vida,

¿quién me atemorizará?” (Sal 27,1).

Julián del Olmo

Domingo, 24 de mayo de 2026

VISITA AL OBISPO DE CÓRDOBA

 Con el fin de exponer al Sr. Obispo los problemas de nuestro Movimiento en su diócesis, le habíamos solicitado audiencia y esta nos fue concedida para el pasado día 22 del actual  y asistimos a la misma: Loly Núñez y el P. Facundo, Vicepresidenta y Consiliario nacionales, Carmen Casado, Presidenta diocesana de Córdoba y Paqui Benítez y Manolo Díaz, coordinadores interdiocesanos de Andalucía Occidental.

A la hora prevista  fuimos recibidos por el Sr. Obispo, D. Jesús Fernández, y tras las oportunas presentaciones, Loly habló de su experiencia en su visita a Roma , en la convocatoria que hizo el Papa Francisco para los Mayores y que fue el inicio del desarrollo de la Pastoral del Mayor y le hizo entrega del documento  de la Conferencia Episcopal, “ Lineas para activar las pastoral de las personas mayores “. A continuación el P. Facundo le comentó que lleva poco tiempo como Consiliario Nacional pero muchísimos años como Consiliario Diocesano en la Provincia de Jaén y resaltó la importancia que éste tiene para el desarrollo de Movimiento, en sintonía con el Presidente diocesano, y le hizo entrega del libro “ La ancianidad : riqueza de frutos y bendiciones “, también de la Conferencia episcopal española.

Después Carmen Casado, pasó a exponer una breve historia de la situación de la diócesis y que cuándo se hizo cargo de la misma sólo había dos grupos. Por el anterior obispo le fué nombrado un consiliario diocesano y este se vió sorprendido por el nombramiento ya que tenia muchas ocupaciones y no le iba a ser posible atender a Vida Ascendente, cómo así ha venido sucediendo, a pesar de su buena voluntad. En la actualidad, debido a su esfuerzo, hay siete grupos en la diócesis y al no tener Comisión Diocesana, se encuentra sola para desarrollar su labor, por lo que es absolutamente necesario contar con el apoyo activo de un consiliario, y esta es la petición que venimos a solicitarle.

Una vez oídas nuestras peticiones, Don Jesús, dijo que el está totalmente convencido de que la participación de los mayores en la vida de la Iglesia es imprescindible y con mayor motivo Vida Ascendente debido a los valores que nuestro Movimiento aporta. Dice que conoce nuestro Movimiento, ya que siendo Vicario en un pueblo de su tierra, había un Grupo de V.A. y que está de acuerdo en lo expuesto por Carmen ya que efectivamente los sacerdotes de la diócesis están sobrecargados pero que va cumplir sus deseos y nombrar un nuevo consiliario que la apoye. También dice que va a involucrarse en propagar entre los párrocos la necesidad de tener Grupos en sus parroquias. Le facilita su email a Carmen y le dice que en cuánto tenga la persona adecuada se lo hará llegar.

Agradeciéndole su acogida y su buena disposición para con nuestro Movimiento y con nosotros,  nos despedimos de él.  A la salida estábamos muy satisfechos del desarrollo de la reunión y nos dispusimos para partir cada uno para nuestro destino, no sin antes agradecer vivamente a Carmen y su marido su acogida y exquisita atención para con nosotros.

Manuel Díaz

EL PAPA DEL CORPUS Y DE LAS CORTES

La próxima visita del Papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio, está siendo contemplada con esperanza por muchos fieles, pero también con cierta inquietud por quienes observan el clima de fuerte polarización que atraviesa nuestra sociedad. No son pocos los que temen que un acontecimiento de semejante relevancia espiritual pueda ser instrumentalizado políticamente, utilizado por unos y otros como arma arrojadiza en el permanente enfrentamiento ideológico que padecemos.

La preocupación ha crecido especialmente tras conocerse que el Santo Padre se dirigirá al conjunto de la clase política española en las Cortes Generales, en una sesión conjunta del Congreso y del Senado prevista para el lunes 8 de junio. Algunos se preguntan en privado si no será una iniciativa demasiado arriesgada. ¿No se estará metiendo el Papa en la “boca del lobo”? ¿No corre el riesgo de ser manipulado, tergiversado o utilizado como pretexto para nuevas confrontaciones?

La pregunta no es banal. El contexto internacional es extremadamente delicado. El mundo entero vive una creciente escalada de tensiones y conflictos. Las guerras abiertas, la carrera armamentística y la lógica de bloques amenazan con normalizar la violencia como método de resolución de conflictos. En ese escenario, el Papa León XIV no ha dudado en levantar su voz para denunciar la guerra como “injusta y cruel”, incluso a costa de recibir críticas muy duras por parte de algunos líderes internacionales.

Sí, es más que previsible que las palabras del Papa en España sean interpretadas de forma parcial y diseccionada, buscando cada cual el fragmento que mejor se acomode a sus propios intereses. Ni que decir tiene, toda recepción fragmentaria del mensaje acaba derivando, inevitablemente, en manipulación. Pero, a estas alturas, ya deberíamos tener la suficiente madurez como para no dejarnos engañar por quienes se arriman al altar según su conveniencia. La Iglesia no puede renunciar a anunciar íntegramente el Evangelio por miedo a ser instrumentalizada; sería concederle al demonio una victoria demasiado fácil.

El Papa viene a España como sucesor de Pedro, como mensajero de Jesucristo y servidor del Evangelio. Su misión no consiste en alinearse con ningún bloque, sino en llamar a todos a la conversión. Este es precisamente el punto decisivo que con frecuencia olvidamos. La raíz profunda de tantas divisiones y confrontaciones en el panorama internacional y nacional no se encuentra únicamente en las estructuras políticas o en las diferencias ideológicas. La raíz última está en el corazón humano herido por el pecado. Lo más grave que ocurre en España —como en cualquier otro lugar del mundo— es el alejamiento de Dios, porque del pecado nacen el egoísmo, la soberbia, el resentimiento y, finalmente, la violencia.

Por eso, el mensaje del Papa nunca puede reducirse a un simple llamamiento ético a la concordia civil. La paz auténtica comienza con la reconciliación del hombre con Dios. Sólo un corazón reconciliado puede convertirse en instrumento de fraternidad. Sólo desde la verdad, el perdón y la conversión es posible reconstruir vínculos rotos.

Aunque es previsible que muchos medios de comunicación pongan el foco en la presencia y en el discurso de León XIV ante las Cortes Generales, estoy convencido de que la imagen clave para comprender este viaje será aquella en la que contemplemos al Papa portando la custodia por las calles de Madrid, en la procesión del Corpus Christi. Será la ocasión de mostrar a todos los españoles la verdadera identidad del sucesor de Pedro: ser “cristóforo”, portador de Cristo, y “teóforo”, portador de Dios para el mundo.

El Papa no viene como un dirigente partidista ni como un líder ideológico, sino como el pastor universal de la Iglesia, llamado a confirmarnos en la fe. Ahora bien, que nadie confunda el carácter pastoral de este viaje con una visión desencarnada de la fe, como si la Iglesia debiese limitarse a rezar por todos, pero “sin estorbar”; es decir, sin ejercer la misión profética de iluminar los desafíos del momento presente. Lo cual, como hemos comprobado en los últimos meses, puede resultar incómodo para quienes persiguen otros fines y estrategias contrapuestas al bien común.

Ojalá sepamos acoger su visita con humildad y con apertura interior. Y ojalá este acontecimiento sea para España una ocasión providencial para crecer no sólo en convivencia social, sino también en comunión espiritual. Porque, en definitiva, la fraternidad entre los hombres sólo se sostiene de verdad cuando reconocemos juntos a Dios como Padre.

En estos momentos previos a la llegada del Santo Padre, quizá la mejor disposición espiritual que podemos adoptar sea la de la oración humilde y ferviente. Recemos para que la palabra del Papa encuentre corazones abiertos que sepan escuchar con sinceridad una llamada a la paz y al bien común; para que España avance en caminos de reconciliación verdadera; y, sobre todo, para que muchos hombres y mujeres redescubran la alegría de volver a Dios. El fruto más importante de esta visita no será el impacto mediático ni el eco político de sus discursos, sino las conversiones silenciosas que el Espíritu Santo quiera suscitar en las almas.

Obispo Munilla. En ti Confio.org

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JUAN GRANDE

Juan Grande Román nació en Carmona, Sevilla, España, el sábado 6 de marzo de 1546. Sus padres fueron Cristóbal Grande e Isabel Román, matrimonio muy cristiano, y fue bautizado por el párroco Andrés Muñoz. Su padre, artesano de oficio, falleció cuando Juan tenía 11 años.

Recibió una esmerada educación cristiana, primero en el seno familiar, y desde los siete años como «niño de coro» de su parroquia.

Su formación humana y profesional la completó en Sevilla aprendiendo el oficio de pañero o tejedor. A los 17 años volvió a su casa y se dedicó al comercio como vendedor de telas. Poco tiempo después el mismo oficio le hizo entrar en una profunda crisis espiritual.

Dejó su familia, y se retiró a la Ermita de Santa Olalla, en Marchena, población cercana de Carmona, donde pasó un año en retiro, tratando de conocer su verdadera vocación. Decidió entonces dedicarse totalmente a Dios: dejó su ropa y se vistió de un hábito de jerga; renunció al matrimonio y adoptó el sobrenombre de » Juan Pecador».

Inició al mismo tiempo la experiencia de atender a un matrimonio anciano que encontró en abandono: los llevó a su habitación, les cuidaba en sus necesidades y pedía limosna para ellos. Con ello entendió que su nueva vocación era el servicio a los pobres y necesitados.

Con sólo 19 años, Juan Pecador se trasladó a la ciudad de Jerez de la Frontera, Cádiz, y empezó una nueva vida: atendía personalmente a gente necesitada, a los presos de la » Cárcel Real «, y a otros enfermos convalecientes e incurables, que encontraba abandonados. Para ayudarles pedía limosna por la ciudad.

Al mismo tiempo frecuentaba la iglesia de los Padres Franciscanos, donde se recogía para su oración y se aconsejaba con uno de los Padres.

Juan Pecador era seguido con admiración por los habitantes de Jerez en su generosa vida de caridad.

En enero de 1574, se generalizó una grave epidemia en Jerez y entonces dirigió un memorial al Cabildo urgiendo la asistencia de tantos enfermos tirados por la calle. Él se multiplicaba ante tanta necesidad, y al fin optó por fundar su propio Hospital, que poco a poco lo fue ampliando: lo dedicó a la Virgen y llamó de Ntra. Sra. de la Candelaria.

La razón de ser y actuar de Juan Pecador era Dios expresado mediante el servicio a los pobres, y sostenido por su intensa vida de fe y oración.

Tuvo mientras tanto conocimiento de la Institución fundada por Juan de Dios en Granada. La visitó en 1574 y decidió unirse a ella, acogiéndose a sus reglas y aplicando en su hospital la misma forma de vida profesada.

Con su nuevo planteamiento, su testimonio y entrega ejemplar se derivó el que se le fueran uniendo compañeros, que formó según » los Estatutos de Juan de Dios «.

Esto le dio oportunidad para ampliar su acción con otras fundaciones en Medina Sidonia, Arcos de la Frontera, Puerto Santa María, San Lúcar de Barrameda y Villamartín.

La asistencia a los enfermos más pobres en Jerez dejaba mucho que desear, mientras se multiplicaban los pequeños centros. Las autoridades ante ello determinaron la reducción de los Hospitales, pretendiendo una mayor eficacia hospitalaria; pero la medida lesionaba los intereses de no pocos, apegados a los centros no tanto por servir a los enfermos, cuanto por ser medio de beneficios personales. Por eso mismo no habían de faltar críticas, resistencias y entorpecimientos.

La medida también afectaba al Hospital de Juan Pecador. Él, como los demás, presentó a las autoridades su «Memorial» sobre cómo se atendía a los enfermos en su hospital.

Ante la decisión, el Arzobispo de Sevila, Cardenal Rodrigo de Castro, encargó tan delicada misión a Juan Pecador, como la persona más apta y mejor capacitada para ello, por su espíritu, vocación y experiencia en hospitalidad. Juan Grande se enfrentó a la reducción con valor y amor, y ante los no pocos ni pequeños sinsabores, demostró su especial sensibilidad, capacidad, buen temple y no pequeña virtud.

De su Hospital se había presentado el informe de que la asistencia hospitalaria se cumplía en el mismo «con diligencia, cuidado y mucha caridad, haciéndose muy buena obra y servicio a Dios nuestro Señor, porque él y sus hermanos de hábito son hombres virtuosos y profesan esta caridad de curar los pobres enfermos».

Junto a su intensa vida interior, Juan Pecador se dedicó en cuerpo y alma a la tarea externa de buscar, cuidar y servir a los pobres y enfermos, preocupándose por todo lo que entonces era más grave y urgente: encarcelados, enfermos convalecientes e incurables, mujeres prostituidas, soldados enfermos desechados, niños abandonados, etc. En verdad, practicó todas las obras de misericordia.

En Juan Grande vemos a un hombre del bien hacer desde el ser, poco hablador y eficientemente práctico, servidor misericordioso del «Evangelio de la Vida», buen samaritano, organizador de hospitales y de la asistencia hospitalaria, conciencia crítica ante las injusticias, abusos y carencias. En definitiva, fue un profeta y apóstol de la asistencia sanitaria.

Contando Juan Grande 54 años y viviendo plenamente dedicado a su comunidad y al hospital, se presentó en Jerez una terrible epidemia de peste. Juan se prodigó por todas partes con todas sus fuerzas y generosidad, pero al fin contagiado, murió el sábado 3 de junio de 1600.

Fue beatificado en 1853 por Pío IX, y canonizado por Juan Pablo II el 2 de junio de 1996. Proclamado Patrón de la nueva Diócesis de Jerez de la Frontera en 1986, sus restos son venerados en el » Santuario Diocesano San Juan Grande «, en Jerez, en el hospital de los Hermanos de San Juan de Dios de su mismo nombre.

(Extraído de vatican.va)

MÚSICA SACRA: PANGE LINGUA GLORIOSI DE TOMAS LUIS DE VITORIA

El Pange lingua gloriosi «more hispano» de Tomás Luis de Victoria es una de las obras cumbres de la polifonía del Renacimiento español. Compuesta a finales del siglo XVI, destaca por utilizar una melodía tradicional de canto llano única de la península ibérica, diferenciándose de la versión utilizada en Roma.

Características principales de la obra

El Cantus Firmus español: La expresión «more hispano» significa «al modo español». En lugar de usar la melodía gregoriana tradicional (el more romano), Victoria utiliza una tonada de origen mozárabe muy popular en España, cuya creación se atribuye frecuentemente a Juan de Urrede.

Estructura alternada (Alternatim): La composición se interpreta intercalando los versos. Los versos impares se cantan en monofonía (canto llano tradicional), mientras que los versos pares están escritos en una rica polifonía a cuatro voces.

Tejido polifónico: Victoria entrelaza con maestría la melodía tradicional entre las diferentes voces. Dependiendo del verso, el motivo principal se sitúa en el bajo, el tenor o la voz de soprano.

Uso litúrgico: El texto es el famoso himno eucarístico escrito por Santo Tomás de Aquino. Se canta principalmente durante la festividad del Corpus Christi y en la procesión del Jueves Santo

El Texto: El Pange Lingua Gloriosi Corporis Mysterium es un célebre himno eucarístico en latín compuesto por el teólogo dominico Santo Tomás de Aquino en el año 1264 por encargo del Papa Urbano IV para la festividad del Corpus Christi. Se utiliza de manera solemne en la liturgia católica, especialmente durante la procesión del Jueves Santo hacia el Monumento y en la adoración del Santísimo Sacramento. Las dos últimas estrofas del himno forman por sí mismas un canto independiente sumamente conocido llamado Tantum Ergo.

Extraordinario himno eucarístico, del gran Santo Tomás de Aquino.

Pange, lingua, gloriosi

Corporis mysterium,

Sanguinisque pretiosi,

quem in mundi pretium

fructus ventris generosi

Rex effudit Gentium.

Nobis datus, nobis natus

ex intacta Virgine,

et in mundo conversatus,

sparso verbi semine,

sui moras incolatus

miro clausit ordine.

In supremae nocte coenae

recumbens cum fratribus

observata lege plene

cibis in legalibus,

cibum turbae duodenae

se dat suis manibus.

Verbum caro, panem verum

verbo carnem efficit:

fitque sanguis Christi merum,

et si sensus deficit,

ad firmandum cor sincerum

sola fides sufficit.

Tantum ergo Sacramentum

veneremur cernui:

et antiquum documentum

novo cedat ritui:

praestet fides supplementum

sensuum defectui.

Genitori, Genitoque

laus et jubilatio,

salus, honor, virtus quoque

sit et benedictio:

Procedenti ab utroque

compar sit laudatio.

Amen.

TRADUCCION AL ESPAÑOL:

Canta, oh lengua, el glorioso

misterio del Cuerpo

y de la Sangre preciosa

que el Rey de las naciones

Fruto de un vientre generoso

derramó en rescate del mundo.

Nos fue dado, nos nació

de una Virgen sin mancha;

y después de pasar su vida en el mundo,

una vez propagada la semilla de su palabra,

Terminó el tiempo de su destierro

Dando una admirable disposición.

En la noche de la Última Cena,

Sentado a la mesa con sus hermanos,

Después de observar plenamente

La ley sobre la comida legal,

se da con sus propias manos

Como alimento para los doce.

El Verbo encarnado, Pan Verdadero,

lo convierte con su palabra en su Carne,

y el vino puro se convierte en la Sangre de Cristo.

Y aunque fallan los sentidos,

Solo la fe es suficiente

para fortalecer el corazón en la verdad.

Veneremos, pues,

Postrados a tan grande Sacramento;

y la antigua imagen ceda el lugar

al nuevo rito;

¡la fe reemplace la incapacidad de los sentidos!

Al Padre y al Hijo

sean dadas Alabanza y Gloria, Fortaleza, Honor,

Poder y Bendición;

una Gloria igual sea dada a

aquel que de uno y de otro procede.

Amén.

Pincha el Enlace para escuchar la obra musical

https://www.youtube.com/watch?v=5atgMxRUx1A

EL CORPUS CHRISTI

La densidad de lo ocurrido durante la última cena, donde tuvo lugar el lavatorio de los pies de los discípulos, la traición de Judas, la institución de la Eucaristía, la revelación del sacerdocio de Cristo y, por ende, la institución del ministerio sacerdotal, más el largo testamento espiritual que se expone en Juan, a partir del cap. 13 de su evangelio, obliga a hacer un trabajo de distinción entre todos estos misterios para la mejor contemplación de los mismos.

Así, esta página quiere contemplar la fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía. Con objeto de  proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Es una fiesta especialmente querida por el pueblo español, que declara que “hay tres jueves en el año que brillan más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Se celebra 10 días después de Pentecostés, el jueves siguiente a domingo de la Santísima Trinidad, domingo siguiente a Pentecostés.

Las exigencias económicas han hecho que esta fiesta haya  sido trasladada al domingo siguiente para adaptarse al calendario laboral

  1. La historia

La historia de esta fiesta es un bello pasaje de la historia de la Iglesia, que muestra cómo es el Espíritu Santo quien la guía a través de la acción de los hombre –en este caso, de una mujer- que se muestran dóciles a su inspiración.

Es una fiesta cuyo nacimiento en la Iglesia está estrechamente entretejida con la peripecia personal de Santa Juliana de Lieja, también conocida como Juliana de Cornillon, nacida en 1191  en Lieja , Bélgica.

Huérfana a la edad de cinco años, quedó junto a su hermana Agnes, al amparo de las monjas agustinas en el monasterio de Monte Cornillon. Allí, al mismo tiempo que crecía y ayudaba a las monjas en los cuidados de la leprosería, desarrolló una devoción especial a Jesucristo en el misterio de la Sagrada Forma. Más tarde, hizo su profesión religiosa y llegó a ser, en 1222,  superiora de su comunidad.

Su abadía fue el centro  de un Movimiento Eucarístico que  dio origen a varias devociones alrededor de Cristo sacramentado, como la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi, etc.

Su gran veneración al Santísimo Sacramento fue premiada, a la edad de seis años con una visión,  en la que podía ver una gran luna llena con una mancha negra que parecía dividir la imagen en dos partes, visión que no supo interpretar. Fue una visión nocturna que se mantuvo continua durante 20 años, mientras en ella iba creciendo su amor por cristo en el santísimo sacramento del altar.

Finalmente, Cristo atendió las peticiones de quien tanto le amaba y la reveló el sentido último del sueño. “Una voz celestial le manifestó que el globo de la luna era figura de la Iglesia militante y la mancha representaba la falta de una fiesta especial al Santísimo Sacramento, queriendo Dios que fuera instituida dicha fiesta, pues el Jueves Santo, que conmemoraba tal celebración, al coincidir con la Semana santa no dejaba lugar a la solemnidad requerida”  (SANCHEZ ALISEDA, en El año litúrgico, tomo II, pag. 5. BAC)

Juliana viviría su calvario particular mientras veía cómo se iban extendiendo en la Iglesia los deseos expuestos por Jesús a través de sus visiones. No faltaron las persecuciones, aún dentro de su orden, pero finalmente, en 1233, se celebra por vez primera la fiesta del Corpus Christi, en Laon.  Murió en olor de santidad el Viernes Santo de 1258, día 5 de abril, tras ser “el alma que preparó la fiesta del Corpus Christi, cuando era necesario destacar ciertos aspectos del culto eucarístico que se hallaban en la penumbra” (o.c. pág 4).

Otro hecho providencial preparó la decisión definitiva. En 1263 se produjo el Milagro de Bolsena: durante la consagración eucarística, un sacerdote que celebraba la Misa tuvo dudas de fe sobre la eficacia real de la fórmula consacratoria. En el  momento de partir la Sagrada Hostia, vio manar de ella sangre que fue extendiéndose por los corporales.

El Papa Urbano IV, conmovido ante el prodigio, proclama la fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia de rito latino por medio de la bula «Transiturus», ese mismo año, el día de la Natividad de María, el 8 septiembre, fijándola para el jueves después del domingo de la octava de Pentecostés. El oficio de ese día fue preparado personalmente por santo Tomás de Aquino.

Finalmente, el Concilio de Trento declara “que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos…. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo”. (D 878)

3.-Los textos

Los tres evangelios sinópticos y san Pablo nos han transmitido el relato de la institución de la Eucaristía; por su parte, san Juan relata las palabras de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, palabras que preparan la institución de la Eucaristía: Cristo se designa a sí mismo como el pan de vida, bajado del cielo (cf Jn 6)».(CIC, 1338)

Según los evangelios sinópticos

Mateo:

Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. (Mt 26, 26ss)

Marcos:

Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos(Mc 14, 22ss).

Lucas:

 Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». 20 Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz (Lc  22, 19ss)

Como es conocido, Juan no hace referencia a la institución de la Eucaristía y, en cambio, es muy explícito en la descripción del lavatorio de los pies de los apóstoles y su significado profundo. Pero su Evangelio habla repetidas veces de la necesidad de alimentarse del cuerpo de Cristo.

Juan:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre (Jn 6: 54ss).

San Pablo, que no era apóstol en aquel momento, cuenta cómo se desarrollo este evento:

Pablo:

Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan  y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».  Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía» (1 Cor 11, 23-29).

La tradición, impulsada por la luz del espíritu Santo, ha ido penetrando en este misterio y, así, se lee en el Catecismo

“En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de Él, hasta su retorno glorioso, lo que Él hizo la víspera de su pasión: «Tomó pan…», «tomó el cáliz lleno de vino…». Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación.” (1333)

4.-La transubstanciación

«El Concilio de Trento llama transustanciación al cambio de la sustancia del pan y del vino, respectivamente, en la sustancia del cuerpo y de la sangre de Cristo (que se hacen de un modo presentes en la celebración eucarística) bajo la permanencia de las realidades sensibles aparentes (especies) de pan y del vino». (GIACOMO CANOBBIO, Pequeño diccionario de teología).

El término utilizado, transubstanciación, aparece  tardíamente con el desarrollo del pensamiento escolástico. Ayudó a ello el enfrentamiento dialéctico entre Berengario y Lanfranco de Pavía, que llegaría a ser arzobispo de Canterbury, sobre la realidad eucarística. La afirmación de la Iglesia era que durante la celebración de la misa el pan y el vino del celebrante se transforman realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo; esta transformación recibe el nombre de transubstanciación.

Berengario no podía aceptar que los accidentes (los signos externos de la sustancia: olor, color, sabor, etc. ) pudieran subsistir alejados de la sustancia. Era obvio, decía, que bajo las especies de pan y vino hay, realmente, pan y vino. En su apoyo, aducía algunos textos de los Padres que, expresados con los términos originales, podían apoyar su postura herética.

La discusión evidenció la insuficiencia del lenguaje teológico empleado y, consecuentemente, la necesidad de uno nuevo que fuese capaz de recoger los matices filosóficos y metafísicos que el dogma exigía. Sería el pensamiento escolástico quien aportaría los instrumentos necesarios para el desarrollo definitivo de la construcción teórica de la transubstanciación. Pero, de hecho, ya en el IV Concilio de Letrán (1215), bajo el Papa Inocencio III, nos encontramos con este término,  sancionado y reconocido por toda la Iglesia Católica Romana

En 1225, diez años después de Letrán, nacería Tomás de Aquino, que en su tercera parte de la Summa Theológica expondría la doctrina católica definitiva sobre la presencia real de Jesucristo en el pan y vino consagrados en la mesa eucarística; es decir, en la concepción teológica de la transubstanciación.

4.1.- En la Iglesia Católica

Explicando lo que es de fe en este tema de la presencia real de Cristo en la hostia consagrada, afirma el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):

En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están «contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero» (Concilio de Trento: DS 1651).(CIC.1374)

Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los Padres de la Iglesia afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión. CIC.1375

El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: «Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación» (DS 1642) CIC.1376.

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cfr. Concilio de Trento: DS 1641). (CIC.1377)

Este término entró en uso en Occidente en los siglos XI y XII, se hizo canónico a partir del Concilio de Trento, y ha estado desde entonces en la base de la enseñanza teológica católica.

4.2.-En la Iglesia Ortodoxa griega

El término «transubstanciación» (μετουσίωσις) nunca fue utilizado por los Santos Padres en la Iglesia Ortodoxa hasta mediados del siglo XV en relación con la consagración de los Santos Dones del pan y del vino en la mesa eucarística. Se incorporarán a la literatura ortodoxa sobre la doctrina católica como sinónimo de los términos patrísticos tradicionales «addendum » (μεταβολή) e «implementación» (μεταποίημα).

Pero el término «transubstanciación» (μετουσίωσις) (desnaturalización) no tiene raíces en la teología ortodoxa, hasta  fines del siglo XVI, cuando comenzó a usarse entre clérigos griegos educados en occidente, en instituciones católicas romanas.

El lenguaje tomista fue adoptándose progresivamente en la Iglesia Griega hasta ser patrimonio común de los teólogos. En el consejo de Constantinopla, en 1691, se adoptó el término «transubstanciación» (μετουσίωσις); dentro de las definiciones dogmáticas, de manera que los que negaran el término «transubstanciación» caerían en anatema.

4.3.-En la Iglesia Ortodoxa rusa

Pero no fue ésta la trayectoria seguida en la Iglesia Ortodoxa Rusa, donde el término «transubstanciación» fue lisa y llanamente ignorado dentro de la discusión teológica, alegando que se trataba de una expresión nunca usada por los Padres y, por tanto, del todo ajena a la revelación de la Tradición.

No obstante, la mejor precisión del lenguaje tomista y los avances de Santo Tomás en la comprensión de los principios metafísico y filosóficos que estaban en el núcleo de los dificultades para explicar el misterio eucarístico, hicieron que este término comenzara a usarse entre los teólogos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y a examinar más críticamente los escritos patrísticos.

Específicamente, el término «transubstanciación» no se usa en los escritos patrísticos en relación con el pan y el vino eucarísticos. Aunque los términos μετουσίωσις y μετουσιόω (transubstanciación y perpetuación) fueron utilizados por primera vez por Leonty, de Bizancio, ya en la primera mitad del siglo VI,  los teólogos y escritores de la iglesia posteriores no lo supieron . Durante las discusiones sobre las cuestión eucarísticas en el siglo XVII, no hubo referencias directas de Leonty. Sin embargo, esto no impidió que la Iglesia ortodoxa oriental adoptara y utilizara el término «transubstanciación».

Analizando la terminología eucarística utilizada por Gregorio de Nisa, cabe señalar que la palabra μεταστοιχειώσας, que el santo usa en las discusiones de la Eucaristía, aparece solo una vez. Significa el cambio real de los elementos mismos o de los elementos básicos en cualquier cuerpo, y en su significado es cercano e incluso casi idéntico a los posteriores: μετουσίωσις y transsubstantiatio. San Gregorio también se refiere al misterio eucarístico con expresiones como: μετάστασις y μετάθεσις (cambio, movimiento) y α̉λλοίωσις – (reintervención, cambio)”

El término «transubstanciación» es una innovación en la teología ortodoxa, y los gloriosos Padres Ortodoxos Sagrados, ni colectivamente ni en sus obras, explicaron en detalle el proceso mismo de convertir los Santos Dones en el Cuerpo y la Sangre [de nuestro Señor], limitando este proceso  al concepto estricto de «Sacramento». Por esta razón, la enseñanza de Tomás de Aquino sobre la preservación de los accidentes al cambiar la naturaleza física del pan y el vino en el cuerpo humano y la sangre no es la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, pero.

» [Posteriormente]Las circunstancias históricas llevaron a la Iglesia a introducir el término «transubstanciación» tanto en Occidente (herejía de Berengaria) como en Oriente. El Concilio Local de Constantinopla en 1691 atestiguó la fe de la Iglesia Oriental en la verdad del término «transubstanciación». Está claro que el Concilio consideró la transubstanciación no como una opinión teológica, sino como el dogma de la Iglesia y negarlo se considera una cuestión de herejes».

 (VLADIMIR JURGENSON, L a historia del término «transubstanciación» en la teología ortodoxa, en https://azbyka.ru/istoriya-termina-presushhestvlenie-v-pravoslavnom-bogoslovii)

  1. El icono

Es frecuente ver en estos iconos la imagen de Cristo duplicada, obtenida por simetría respecto a un eje vertical situado en mitad de la tablilla. A un lado, la mitad de los discípulos recibiendo el pan; al otro, la otra mitad, acercándose a recibir el cáliz con su sangre.

En el icono presente, las dos figuras están inequívocamente identificadas, tanto por el nimbo cruciforme, exclusivo de Cristo, como por la inscripción IC XC que figura al lado de la cabeza de cada una. El apóstol de la derecha se acerca con las manos cubiertas por su manto, como señal de respeto ante la santidad de Jesús.

Los vestidos de los personajes cumplen con el estándar simbólico. En Cristo, la túnica roja habla de su amor, su majestad y su divinidad; el manto azul, de su humanidad.

Domina, por su posición central y la contundencia de sus dimensiones, la mesa que ha servido para la cena eucarística, que aparece despojada de cualquier utensilio que no sea directamente el pan o el cáliz. El icono simboliza, con ello, la centralidad de la institución del sacramento eucarístico en la acción de Cristo en la última cena. Los discípulos, pintados por quien tiene ya la fe pospascual, acuden a las ofrendas del pan y del vino, convertidos en cuerpo y la sangre de Cristo, el verdadero pan del cielo.

El mantel que cubre la mesa, de un fuerte color rojo, sin más adornos que las cruces bordadas en él, simbolizan el amor que da sentido a la escena divina y sobre el que se realiza el misterio eucarístico.

Los apóstoles se presentan con mantos de colores diferentes, sobre túnicas de color azul. La diferencia indica que, aún alimentados con el mismo cuerpo y sangre de Cristo, son personas diferentes, pues la divinidad de la comida no uniformiza. El Espíritu Santo colma de bienes distintos a los cristianos sin más cosa común que el destino de sus carismas: la vida de la comunidad eclesial.

El dosel que simbólicamente cubre a las dos figuras de Jesús y el paño rojo que simula el techo de la figuración, nos indican que la escena tiene lugar en un recinto cerrado.

  1. La fiesta

La Festividad del Corpus Christi e historia de dicha fiesta

Hemos visto en el punto 2.-La historia, cómo fue una religiosa, Juliana de Cornillon,  la que animó, por petición expresa de Jesús resucitado, a celebrar esta fiesta en honor del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, el año 1208.

Su implantación y desarrollo fue gradual, tanto en la liturgia de la fiesta como en el florecimiento de su celebración en toda la Iglesia latina. El auge de la devoción eucarística en el pueblo cristiano que tuvo lugar a partir del siglo XII conllevó también un auge de las expresiones y ceremonias alrededor del Santísimo. Se comenzó con la elevación de la Hostia y el Cáliz tras la consagración, con el toque de las campanillas, con exposiciones de adoración, etc.

Ya en 1246 la diócesis de Lieja (Bélgica) reservó una fecha para la celebración local de una fiesta en honor del Cuerpo de Cristo. Pero fue el ya comentado milagro de Bolsano lo que precipitó la decisión del pontífice Urbano IV de instituir la festividad del Corpus Christi en 1264.  En efecto, de forma pública y notoria la Hostia recién consagrada comenzó a sangrar en el altar como consecuencia de las dudas de fe en el sacerdote celebrante de la Eucaristía.

Fue el mismo Santo Tomás de Aquino quien recibió el encargo de preparar los textos litúrgicos de dicha fiesta. Gracias a ello la liturgia del Corpus aúna la ciencia del primer teólogo católico con su amor por el santísimo sacramento, en himnos de la calidad del Pange lingua, Lauda Sion, Panis angelicus o Adoro te devote.

Más tarde, en el siglo XIV se reforzará la celebración de la nueva solemnidad con dos actos fundamentales: la Eucaristía y la Procesión. En el concilio de Vienne, 1311, el Papa, que a la sazón tenía la sede en Avignon, publicó las normas para  el cortejo que  acompañaría al Señor en la procesión dentro de los templos. Siglo y medio después, en 1447, Nicolás V saldría en procesión por las calles de Roma portando la custodia con el Santísimo, indicando hasta los detalles de dónde irían las autoridades que quisieran asistir al desfile. Años más tarde, Juan XXII introdujo la Octava del Corpus, con Exposición del Santísimo Sacramento incluida. Y será el primero de los Papas renacentistas,  Nicolás V, el primero en establecer que la Hostia Santa saliera en procesión por las calles de Roma en la fiesta del Corpus del año 1447.

En España es famosa la custodia de la catedral de Toledo, realizada entre los años 1517 y 1524 por al orfebre Enrique de Arfe, por encargo del cardenal Cisneros, y que alberga la Hostia que procesiona en la fiesta del Corpus desde el año 1595.

  1. Reflexión teológica

El momento de reflexión exige una actitud de meditación, de recogimiento interno que permita una “composición de lugar”, como recomienda san Ignacio a sus ejercitantes. Composición de lugar que no puede ser otra que la de situarnos en el cenáculo contemplando a Jesús mientras parte el pan y lo reparte; mientras bendice la cuarta copa y da de beber a sus discípulos.

Sin permitir que nada nos distraiga vayamos leyendo lo que “hemos recibido”, lo que declaramos creer cuando oramos en la Eucaristía, tal como nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica:

VII. La Eucaristía, «Pignus futurae gloriae»

En una antigua oración, la Iglesia aclama el misterio de la Eucaristía: O sacrum convivium in quo Christus sumitur . Recolitur memoria passionis Eius; mens impletur gratia et futurae gloriae nobis pignus datur («¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!») /(Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Antífona del «Magnificat» para las II Vísperas: Liturgia de las Horas). Si la Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor y si por nuestra comunión en el altar somos colmados «de gracia y bendición» (Plegaria Eucarística I o Canon Romano 96: Misal Romano), la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial. (CIC 1402)

En la última Cena, el Señor mismo atrajo la atención de sus discípulos hacia el cumplimiento de la Pascua en el Reino de Dios: «Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre» (Mt 26,29; cf. Lc 22,18; Mc 14,25). Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige hacia «el que viene» (Ap 1,4). En su oración, implora su venida: Marana tha (1 Co 16,22), «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20), «que tu gracia venga y que este mundo pase» (Didaché 10,6). (CIC 1403)

La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos la Eucaristía expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Jesu Christi («Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador Jesucristo») (Ritual de la Comunión, 126 [Embolismo después del «Padrenuestro»]: Misal Romano; cf Tit 2,13), pidiendo entrar «[en tu Reino], donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como Tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro» (Plegaria Eucarística III, 116: Misal Romano). (CIC 1404)

De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia (cf 2 P 3,13), no tenemos prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto, cada vez que se celebra este misterio, «se realiza la obra de nuestra redención» (LG 3) y «partimos un mismo pan […] que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre» (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Ephesios, 20, 2). (CIC 1405)

Fuente: Rezando con los iconos