EL SANTO DE LA SEMANA: SAN PIO DE PIETRELCINA

Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la “Casa del Alivio del Sufrimiento”, inaugurada el 5de mayo de 1956.

Para el Padre Pío la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.

El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.

Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.

Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios.

Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad.

Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones en su servicio sacerdotal, todo lo aceptó con profunda humildad y resignación. Ante acusaciones injustificadas y calumnias, siempre calló confiando en el juicio de Dios, de sus directores espirituales y de la propia conciencia.

Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedeció en todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio a tanta admiración del mundo, repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.

Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Sus funerales se caracterizaron por una extraordinaria concurrencia de personas.

El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de su muerte, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Por qué era un sabio? ¿Por qué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.

Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.

En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de milagros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y en toda clase de personas.

De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel.

No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas Clarior” concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990).

El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo.

En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.

El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997.

El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.

El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.

Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000.

El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se promulgó el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.

Beatificación (2 de mayo de 1999)

Canonización (16 de junio de 2002)

Fuente: Vatican.va

ACLARANDO CONCEPTOS II

Continuamos aclarando conceptos en estos interesantes post del Blog Nihil Obstat de Martín Gelabert OP

LOS SANTOS DE LA PUERTA DE AL LADO

En la Iglesia se entiende por “vida consagrada” un estado o estilo de vida caracterizado por la profesión (una profesión, un compromiso de por vida) de los llamados consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Habría mucho que decir sobre estos tres consejos. Voy a limitarme a aclarar que ellos marcan el camino de la santidad no sólo de los consagrados, sino de todos los cristianos.

Antes del Concilio Vaticano II, la mayoría de los santos reconocidos estaba constituido por sacerdotes y religiosas. Hay que agradecer al Concilio haber dejado claro que en la Iglesia todos estamos llamados a la santidad, a la misma santidad, y a la perfección de la caridad. El Papa Francisco ha notado el cambio de mentalidad que provocó el Concilio: “muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

Francisco lo ha resumido con una de sus acertadas frases: los santos de la puerta de al lado. Dice: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan por llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante”.

Ahora bien, si todos estamos llamados a la misma santidad, hay distintos caminos para llegar a ella y distintos modos de vivir en el seguimiento de Cristo. El Vaticano II caracteriza a la santidad como “perfección de la caridad”, a la que están llamados “todos los fieles, de cualquier estado o condición” (Lumen Gentium, 40). En la Iglesia hay “múltiples géneros de vida y ocupaciones” (Lumen Gentium, 41), muchas vocaciones, porque el Señor llama a seguirle de distintas maneras. Todas son igualmente buenas, porque todas están llamadas a la santidad. La vida consagrada, el sacerdocio, el matrimonio son dones de Dios. Todos igual de buenos, todos necesarios, aunque cada uno comporte distintas responsabilidades.

En este contexto de camino hacia la santidad hay que situar los llamados “consejos evangélicos” de pobreza, castidad y obediencia. Porque son evangélicos son propios de todo cristiano. Aunque cada uno los vive según la vocación recibida. No se viven igual en el matrimonio que en la vida presbiteral o en la vida consagrada. E incluso en la vida consagrada se viven de distinta manera según cuál sea la modalidad de consagración: monjas, religiosos, orden de las vírgenes, eremitas, institutos seculares.

CONSEJOS EVANGÉLICOS PARA TODO BAUTIZADO

 Hubo un tiempo en que la teología distinguía entre consejos y preceptos, unos y otros orientados a conseguir la santidad. Los preceptos eran: amar a Dios y al prójimo. Los consejos se consideraban unos atajos para conseguir más directa y rápidamente la santidad, pues con ellos se apartaban “los obstáculos para cumplir mejor y más perfectamente el mandamiento del amor” (Tomás de Aquino).

Mientras los preceptos eran el camino propio de la mayoría de los cristianos, los consejos estaban reservados a los consagrados. Ahora bien, consejos en el evangelio hay muchos (ser humildes y pacientes, orar siempre, negarse a sí mismo). No cabe duda que los tres clásicos de pobreza, castidad y obediencia pueden integrarlos a todos. Ellos abren posibilidades para avanzar en el ejercicio del amor y se ofrecen a todos, aunque cada uno los vive según su estado de vida y su vocación.

Todo cristiano está llamado a vivir en la pobreza evangélica y a ser solidario con los pobres. El evangelio nos invita a preguntarnos dónde colocamos la seguridad de nuestra vida: ¿en las riquezas o en Dios, en los bienes materiales o en el amor a Dios y al prójimo? Todo cristiano está invitado a vivir en la obediencia. A obedecer a Dios, a escuchar su Palabra, pues en ella está la buena orientación para la vida. Finalmente, todo cristiano está llamado a vivir en la castidad, a tener un corazón limpio y puro. Pues “de dentro del corazón del hombre” salen muchas malas intenciones (Mt 15,18-19), pero de un corazón limpio y purificado salen los mejores amores a Dios y al prójimo (Mt 22,36-40).

La castidad evangélica no puede traducirse en términos físicos. Eso, además de reductivo, es neurotizante. La castidad es ante todo amor. Por eso, el matrimonio cristiano está llamado a la castidad. Lo voy a decir claramente: no vive en la castidad cuando se abstiene de realizar el acto sexual, sino cuando lo vive como lo que es, un sacramento y una expresión de amor.

Los religiosos viven el voto de castidad en el celibato. Cuando el Vaticano II se refiere a este voto, no habla de perfecta castidad, porque la castidad es tan perfecta en el matrimonio como en el consagrado, sino de “perfecta continencia por el reino de los cielos” (Lumen Gentium, 42). Esta perfecta continencia es un signo para todos: signo de que a Dios hay que amarle con un corazón no dividido (1 Cor 7,32-34); y signo que anticipa ese amor indiviso que sólo será perfecto en el reino de los cielos, pues allí ya no será necesario tomar mujer ni marido (Mt 22,30), porque Dios será todo en todas las cosas, o sea, la realidad que todo lo determine.

Los votos, en la vida consagrada, tienen una dimensión sacramental. Hay que situarlos a nivel de signo orientativo de aquello a lo que todos están llamados. Signo no porque se vivan mejor (eso depende cada uno), sino porque se viven de forma peculiar, llamativa. Como llaman la atención (o deberían llamarla) son un recordatorio necesario para la Iglesia y plantean una pregunta al mundo, la pregunta de por qué viven de ese modo.

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

La Constituciones actuales de la Orden de la Merced proclaman: “Por su intervención en el principio y vida de la Orden que lleva su nombre, los mercedarios llamamos a María Madre de la Merced y la veneramos como inspiradora de su obra de redención”.

En la edad media, merced era sinónimo de misericordia, pero misericordia ejercitada con los más pobres, necesitados y marginados de la sociedad de entonces, que eran los cautivos cristianos.

A la redención de estos cautivos se dedicaron Pedro Nolasco y sus seguidores, por lo que eran llamados “hombres de merced” y sus conventos, “casas de merced”; como los frailes atribuían su fundación a la Virgen María y porque le tenían especial devoción, “merced” termina siendo denominación y título de Ella: Virgen de la Merced o de la Misericordia.

Los frailes estaban persuadidos de que la Virgen María intervino en la fundación de la Orden, por eso en las Constituciones de 1272, las primeras de la Orden, oficializaron el nombre de María en el título, llamándola: Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos.

Cuando los mercedarios construyen su primera iglesia en 1249 la dedican a Santa María, cuya imagen empezó a ser conocida como Santa María de la Merced, y de allí se extenderá su culto a todas las iglesias donde se establezcan los mercedarios.

En la evangelización de América, ya desde 1493, segundo viaje de Colón, con los mercedarios iba siempre María de la Merced, cuyo culto se extendió en todo el continente, donde la devoción popular hasta modificó con nueva resonancia el sentido de su nombre llamándola Nuestra Señora de las Mercedes, es decir, repartidora de todos los dones que su Hijo Redentor ha depositado en sus manos.

Y porque el culto a María, en su advocación de la Merced, adquiere gran difusión, la Iglesia misma, en 1616 con Pío V, en 1684 y en 1696, extiende su culto a toda la cristiandad fijando su fiesta el 24 de setiembre.

La advocación de Santa María de la Merced quiere hacer presente en el misterio de la Iglesia la misericordia maternal de María para los que sufren cautiverio y se hallan en peligro de perder la fe; manifiesta un aspecto de la misericordia maternal de la Madre de Dios: el aspecto redentor. María es misericordia redentora que actualiza la obra de Cristo en favor de los cautivos y los pobres; es la expresión más intensa del amor redentor de Cristo, como evangelio de liberación.

LA MARE DE DÉU DE LA MERCÈ EN BARCELONA

La devoción a la Mare de Déu de la Mercè arranca prácticamente desde los orígenes mismos de la Orden que, no olvidemos, inicialmente estaba dedicada a Santa Eulalia aunque el talante mariano de la misma era constitutivo de su identidad y de su esencia más primitiva.

Ya en 1255 existía una Cofradía dedicada a la Virgen de la Merced y figuraba en la incipiente iglesia de los frailes mercedarios. En 1259 Pere Salat dejó un legado para que en la iglesia ardieran dos lámparas «una de día y otra de noche continuamente ante el altar de la Santa María allí constituido”’. A finales del siglo XIII ejerció su ministerio en ella Fray Bernart de Corbera, quien introdujo la costumbre de celebrar los sábados misa de la Virgen y el canto de la Salve.

El convento gozaba de gran predicamento en la ciudad, al ser costumbre que los cautivos liberados recorrieran algunas calles barcelonesas en procesión, llevando como exvotos las cadenas del cautiverio, y visitando a la Virgen de la Merced; en la misma iglesia publicaban un cartel con el nombre y procedencia de los rescatados.

La fama del convento de la Merced se acrecentó a mediados del siglo XIV, con la tradición del prodigio de la conversión del pan en sangre coagulada en el “homo conventual” la noche de un 8 de diciembre. En 1361 se encargó a Pere de Moragues la elaboración de la imagen que hoy preside el altar de la Basílica, y el nuevo retablo de madera de aquel entonces (hoy desaparecido).

El Rabal deis Códols está situado en el barrio marítimo, por lo que es muy natural que los primeros devotos de la Mare de Déu de la Mercé fueran gentes del mar, y que entre ellos tuviese gran predicamento la devoción a Santa María de Cervelló, de ahí que la imagen de la santa siempre sostuviera un barco en una de sus manos. Durante el siglo XV la Virgen del Barrí de la Ribera se va a convenir en Virgen de la ciudad.

En esta transformación influyeron tanto los favores de la Santísima Virgen como las procesiones de los redimidos, la presencia en el templo del cuerpo incorrupto de Santa María de Cervelló, el “jus patronatus » de los condes-reyes sobre nuestro convento, el carácter mercantil de la ciudad de Barcelona, y esa avalancha de liberados que en cada redención hacen homenaje al Mestre de la Merçé, y quedan un tiempo al cuidado del convento. Consellers, canónigos y los barceloneses todos acudirán a Ella en petición de ayuda y de acción de gracias.

La ciudad agradeció a la Mare de Deu de la Mercé su ayuda en las pestes de 1651 y en la sequía de 1680. Al acabar la plaga de la langosta de ese mismo año el Consell de Cent declaró, el 25 de septiembre de 1687, a María de la Merced Patrona de Barcelona, por: “haverse extinguí dita plaga, lo que se deu a la interposicio y protecció de María santísima de la Mercè” y pidieron al papa la confirmación de este título.

El Consell de Cent fue magnánimo en la restauración de la sacristía en 1687, y en la colocación de los altares de San Pedro Nolasco y de San Pedro Pascual. A partir de este mismo año se comenzó a celebrar en la ciudad el 2 de agosto la fiesta conmemorativa del Descenso de la Virgen, con veneración de los “Consellers” incluida.

El 13 de febrero de 1692 el papa Inocencio XII confirmó el culto que, desde tiempo inmemorial, se venía tributando a Santa María de Cervelló. Tras los festejos se decidió construir una capilla especial para la santa, donde guardar sus reliquias, en una urna de plata que a tal fin regalaron los Consellers en 1693. Se bendijo la capilla de la santa el 12 de agosto de 1708. El mismo papa trasladó al 24 de septiembre la fiesta de la Merced, que hasta entonces se celebraba el domingo más próximo al 1 de agosto, y el 22 de febrero del mismo año 1696 hizo extensivo el oficio y misa de la Virgen de la Merced a toda la iglesia.

En 1711 la Orden obtuvo el poder cantar misa propia en vez de la votiva de los sábados. En 1789 la Orden de la Merced recibió el privilegio de poder celebrar misa solemne a las 12 horas de la noche precedente al 24 de septiembre. El 2 de agosto de 1794 se introdujo “et in descensione” en el prefacio propio de la misa de la Merced.

Desde mediados del siglo XVIII el convento sostenía una escuela gratuita para niños pobres y el Padre Joan Oliva fundó con ellos la Escolanía de la Mercé, gracias al legado testamentario de Josep Gloria. En el primer tercio del siglo XX era su director Lluis Millet i Pagés, fundador de L’Orfeó Catalá. La Escolanía desapareció en 1978.

En 1861 la Diócesis de Barcelona obtuvo el oficio y misa propios de la Virgen de la Merced. El 27 de febrero de 1868 fue declarada Patrona de Barcelona y de su Obispado. Se aprovechó la fiesta del dos de agosto para dar gracias por el favor especial que acababa de recibirse.

El 21 de octubre de 1888 la imagen de la Mare de Déu de la Mercé es coronada en la catedral por el obispo de Barcelona, Jaume Catalá, cumpliendo la aprobación del papa León XIII de 31 de mayo. Los oficiantes y el pueblo cantaron “Els goigs de la Mare de Déu de la Mercé”, que escribió Mossén Jacint Verdaguer para dicha ocasión, con música del maestro Josep Rodoreda: “Estel de Barcelona/ reina de la Mercé/ al poblé que us corona/ doneu-li amor i fe». Este mismo año León XIII eleva a rito doble para toda España el rezo de la Virgen de la Merced; y, desde 1904, todos aquellos que visiten la iglesia de la Merced el 24 de septiembre, pueden ganar jubileo.

El 24 de septiembre de 1918 Barcelona celebró con gran solemnidad el VII Centenario del Descenso de la Virgen y de la fundación de la Orden de la Merced. El obispo Reig i Casanova, en la Plaza de Catalunya, impuso el cetro a la Virgen. El papa Benedicto XV concedió a la iglesia de la Merced el título de Basílica menor, en conmemoración de lo cual se colocó, en una de las puertas del altar mayor, una estatua del obispo Reig arrodillado ante el pontífice, recibiendo el mencionado privilegio.

Al inicio de la Guerra Civil Española, las gestiones de la Sra. Teresa Coll Muñarch salvaron la imagen de la Mercé. Primeramente la sacó de la iglesia al ser quemada ésta en julio de 1936 y la llevó a Capitanía General y el 27 de septiembre de 1936 la entregó a la Junta de Salvació del Patrimoni, al depositarla en el Museu d‘Art de Catalunya.

La imagen de la Virgen volvió a su lugar el 24 de septiembre de 1939. Previamente fue restaurada por Feliciano Veciana, de Barcelona, pues presentaba un pequeño desperfecto en la frente, y le faltaban un brazo y las dos manos, hallados en 1936 casualmente entre el enorme montón de escombros de la basílica tras el incendio. La Sra. Teresa Coll Muñarch falleció el 31 de mayo de 2001; unos años antes la Hermandad de la Merced la admitió entre sus miembros como Hermana de la misma.

El cuerpo de Sta. María de Cervelló lo guardó escondido en su casa el Sr. Francesc Ráfols Fontanalls, quien lo entregó a la basílica al acabar la contienda.

Entre 1940 y 1976 la Basílica de la Mercè fue restaurada. Los escultores Miquel i Llucia Oslé realizan la gran imagen de que remata la cúpula; Joseph Obiols y Pau Maciá i Pons laboran en las pinturas al fresco y murales del interior; se restaura y entroniza la imagen de la Mare de la Mercè en 1959, para en 1963 colocarla sobre un magnífico trono de plata, que descansa sobre una piedra tallada de Montserrat.

Desde 1964 la sagrada imagen puede contemplarse sin los vestidos superpuestos que la cubrían. El baldaquino barroco de mármol del altar mayor pasó a la capilla de la Soledad y se restauró la fachada procedente de la antigua iglesia de Sant Miquel. En 1981 se urbanizó la Plaza de la Mercé al derribar la manzana de pisos que la ocupaba.

Y Hasta aquí este pequeño recorrido por la historia de la Mare de Déu de la Mercé en Barcelona. ¡Qué hermosas y consoladoras resuenan bajo sus bóvedas las solemnes estrofas de los ‘’Goigs de la Mare de Déu de la Mercé” de Mossén Jacint Verdaguer:

“Dels captius Mare i Patrona / puix del cel ens heu baixat: / Princesa de Barcelona, Protegiu vostra ciutat’….

Fuente

SEMANA INTENSA DE CELEBRACIONES LITÚRGICAS

Esta semana es una semana intensa de celebraciones en la Iglesia Católica, además del santoral propio de cada día, la Iglesia celebra el Dulce Nombre de María el martes 12, la Exaltación de la Santa Cruz el día 14 y  la  Virgen de los Dolores el día 15

EL DULCE NOMBRE DE MARÍA

Toda celebración festiva alude a otras siguientes o a cualquier otra festividad anterior. Cuatro días después de celebrar la Natividad de la Virgen, el pasado día 8 de septiembre, se celebra el Dulce Nombre de María. El hecho de que la Santísima Virgen lleve el nombre de María es el motivo de esta festividad.

Fue instituida con el objeto de que los fieles encomienden a Dios, a través de la intercesión de la Santa Madre, las necesidades de la Iglesia, le den gracias por su Omnipotente protección y sus innumerables beneficios, en especial los que reciben por las gracias y la mediación de la Virgen María.

Los orígenes conocidos de este día mariano por excelencia, nos lleva a comienzos del siglo XVI, y además en nuestra tierra española, lugar de María y de Títulos en honor de Ella, como siempre han destacado los Papas.

Por primera vez, se autorizó la celebración de esta fiesta en 1513, en la ciudad española de Cuenca; desde ahí se extendió por toda España y en 1683, el Papa Inocencio XI la admitió en la Iglesia de Occidente como una acción de gracias por el levantamiento del sitio a Viena y la derrota de los turcos por las fuerzas de Juan Sobieski, rey de Polonia. En ella los cristianos pidieron que los atacantes no les hiciesen daño y se desató una inmensa lluvia que impidió el uso efectivo de las armas de fuego.

Hay quien piensa que esta conmemoración es probablemente algo más antigua que el año 1513, aunque no se tienen pruebas concretas sobre ello. Todo lo que podemos decir es que la gran devoción al Santo Nombre de Jesús, que se debe en parte a las predicaciones de San Bernardino de Siena, abrió naturalmente el camino para una conmemoración similar del Santo Nombre de María.

LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ

La Iglesia en este día celebra la veneración a las reliquias de la cruz de Cristo en Jerusalén, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Heráclito.

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado.

El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada.

Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios.

Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

FUENTES:  EWTN y Catholic.net

UN MATRIMONIO DE NONAGENARIOS QUE LLEVAN 68 AÑOS CASADOS REVELA SU SECRETO PARA UNA VIDA LARGA

Ambos tienen 97 años

La esperanza de vida es cada vez mayor, de hecho, un reciente estudio liderado por el grupo colaborativo del Estudio de la Carga Mundial de las Enfermedades en España, constituido por investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y otros centros españoles y norteamericanos, preveía que la esperanza de vida en España alcance, de media, los 84,8 años en menos de una década.

Aunque llegar a los 80 años es cada vez más habitual, no muchos consiguen superar esta media y alcanzar los 90 o 100 años, algunos incluso más, y en un estado de salud envidiable teniendo en cuenta la edad. No es de extrañar que, cuando esto ocurre, la primera pregunta que se nos venga a la mente sea: ¿cómo es posible?

¿Cuál es el secreto de estas personas para llegar a edades tan avanzadas en buen estado de salud? Es la pregunta que ha respondido un matrimonio de nonagenarios y que ha conseguido hacerse viral en las redes sociales, donde el soriano David Ortega compartía un poco de su historia.

«Historia viva de otra época»

Antonia García Gallego tiene 97 años, para cumplir 98 el próximo mes de noviembre, mientras que su marido, Ponciano Blázquez Sánchez, tiene 97 años también, que serán 98 en enero. «Llevan casados 68 años», explicaba este usuario en un pequeño hilo en el que ha compartido una imagen del matrimonio frente a su casa y un vídeo del encuentro que tuvo lugar hace unos días.

«Antonia aún cocina y cose y hasta hace unos meses los dos iban y venían todos los días al paseo cogidos del brazo», contaba.

Llegó entonces el momento de preguntarles cuál era su secreto para conseguir llegar a esa edad como lo habían hecho, algo que Antonia ni siquiera tuvo que pensar demasiado: «Comer mal y trabajar mucho», admitía.

«Gracias al mimo y al cuidado de sus hijos y familiares siguen viviendo en la misma casa del pueblo, rodeados de gatos y gallinas», explicaba Ortega en la publicación, que ha recibido una gran cantidad de comentarios de usuarios que celebraban esta «historia viva de otra época» y el largo matrimonio de la pareja, agradeciendo a su vez el esfuerzo de difusión para que no quede en el olvido.

«Qué maravilla llegar a esos años juntos. Juntos suman doble sabiduría. Testimonio vivo de un modo de vida que se nos olvida y se nos pierde», «Excelente historia. El amor todo lo puede» o «¡Qué gran generación! Qué gran suerte, que con su edad puedan seguir viviendo en su pueblo y en su casa. Gracias por hacerles ese pequeño homenaje», se puede leer.

«O sea que nacieron en 1926, tenían 10 añitos cuando empezó la guerra… Mi madre tenía 11, pero ella la pasó en Madrid», recordaban otros, destacando la fortaleza de esta generación «tan tremendamente fuerte».

Vistos en 65 y mas autor  Marta Bonillo

ZARA APUESTA POR EL TALENTO SENIOR: ÁNGELA MOLINA, IMAGEN DE SU NUEVA COLECCIÓN

La actriz, con 67 años y un Goya de Honor, es una firme defensora de la belleza madura

Goya de Honor en 2021, musa de elegancia, firme defensora de las huellas del paso del tiempo en la piel y en el pelo, y una de las artistas más queridas de España, Ángela Molina se ha convertido este jueves en la protagonista de la nueva editorial de Zara.

Se trata de una colección “diseñada para una mujer con identidad propia en constante aprendizaje, forjada por el amor a la arquitectura, el cine, la pintura, la literatura, la música… piezas clave atemporales que huyen de toda ornamentación para dejarle el protagonismo a una mujer que emana elegancia y actitud”, tal y como explica Zara. Exactamente como es Molina.

“Esta mujer vive en un estado de aprendizaje continuo, da importancia a su aspecto físico pero siempre le acompaña un halo de naturalidad y facilidad priorizando su propio estilo y personalidad”. Así es como Zara define en su editorial a la mujer que representa la colección. Exactamente tal y como es Ángela Molina, una mujer elegante, natural y, con sus características canas y arrugas, abanderada de belleza madura, satisfecha con su imagen, en paz con los años.

La colección, ‘Thirteen pieces’ “acompaña un estilo de vida y una personalidad fuerte que refleja un amplio conocimiento del arte en todas sus expresiones y de la sociedad tal y como la conocemos hoy en día, con un fuerte compromiso por mejorar la situación actual”

Inditex, contra el edadismo

No es la primera vez que Zara da un paso al frente contra el edadismo y apuesta por modelos sénior. Ya contó con una modelo de 57 años, Marie Sophie Wilson Carr para otra de sus colecciones, demostrando que el cambio que está experimentando el mundo de la moda es real, y cada vez se van desmontando más los cánones de belleza.

La marca busca ampliar su target a más edad, y comenzar a dirigirse también a mujeres de entre 40 y 50 años. Kristina de Coninck, Yasmin Warsame y Malgosia Bela fueron las modelos elegidas para atraer a mujeres que se sintieran más identificadas con estas modelos. Antes, Zara ya había iniciado el camino hacia la diversidad al incluir a Paloma Elsesser, con una talla 46 entre sus modelos. Ahora Zara presenta por primera vez a una modelo de casi 70 años

Modelos sénior

En la última edición de la Madrid Fashion Week (MBFWMadrid), el evento de referencia de la moda española y gran exponente de la moda de autor en nuestro país que se celebró el pasado mes de febrero, las modelos sénior se convirtieron en las protagonistas del desfile por la seguridad con la que desfilaron por la pasarela, demostrando que no solo las modas están cambiando, también la idea de que se debe vestir de una forma determinada según la edad y que cada vez son más las firmas que apuestan por modelos que ofrecen una visión auténtica de la moda. Merel Krielaart, con 56 años, fue una de las modelos que más llamó la atención en esta pasarela.

Pino Montesdeoca, con 60 años, es otra de las modelos españolas más cotizadas en este momento. Pasarelas, campañas, marquesinas, grabaciones, cine… No para de trabajar en el mundo de la moda y la publicidad, al que llegó por casualidad, cumplidos ya los 53 años.

Pino Montesdeoca: “La moda me ha hecho visible a los 60, los sénior estamos en la cresta de la ola”

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MATHEA ALLANSMITH SE CONVIERTE A LOS 92 AÑOS EN LA MUJER MÁS LONGEVA EN COMPLETAR UNA MARATÓN

Mathea Allansmith ha entrado en el Libro de Récord Guinness por esta hazaña

No todos los días uno entra a la historia por realizar un logro en algún deporte. Y son aún menores las opciones de hacerlo si se tiene 92 años de edad. Pues una mujer nacida en Hawaii ha demostrado que está en perfectas condiciones para hacerlo.

Se trata de Mathea Allansmith, que completó los 42 kilómetros de la maratón de Honolulu y logró entrar al Libro de Récord Guinness como la mujer más longeva en completar una maratón con 92 años y 144 días.

La mujer realizó esta hazaña el pasado 11 de diciembre, cuando participó en la maratón de la capital hawaiana. Mathea Allansmith completó la distancia en un tiempo de 10 horas y 48 minutos, logrando batir un récord mundial.

“El maratón de Honolulu es mi maratón favorito, en parte porque no cierran la puerta en un momento determinado, lo que permite que incluso los corredores más lentos terminen la carrera”, declaró la mujer.

Los Guinness World Records es una obra de referencia publicada todos los años, que contiene una colección de récords mundiales, tanto de logros humanos como del mundo natural. Se publica desde el año 1955 y es uno de los libros más populares del mundo.

Tras realizar una serie de verificaciones y chequeos correspondientes, Guinness World Records hizo la entrega del diploma oficial a Mathea Allansmith por ser la mujer más longeva en terminar una maratón. “Crecí con los libros y museos de Guinness World Records y siempre he admirado a las personas que se distinguen de esta manera”, indicó la nonagenaria.

La mujer cuenta que empezó a correr recién a los 46 años y que su primera maratón fue la de Boston, que es una de las más populares de Estados Unidos. “Comencé a correr en 1977 y me enamoré de la sensación de hacer ejercicio al aire libre. He seguido entrenando y compitiendo en carreras desde entonces”, menciona.

Mathea cuenta que entrena durante todo el año, corriendo aproximadamente 55 kilómetros a la semana. Además, sostiene que su estilo de vida saludable la ha ayudado a mantener una alta calidad de vida y a cumplir sus objetivos. “El ritmo y la cantidad de millas por día de entrenamiento cambian, pero pase lo que pase, tengo puestas mis zapatillas para correr y salgo seis días a la semana. Vivo de forma independiente, conduzco, participo en muchos círculos sociales activos, trabajo en mi programa espiritual, aprendo cosas nuevas, como aplicar nueva tecnología para rastrear mis carreras y hacer viajes de aventura”, indica.

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NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE SEGORBE-CASTELLON

El Día 5 de junio tenía lugar la clausura del curso en Castellón, desde la redacción de En Camino pedimos disculpas porque esta noticia se nos había traspapelado, ya sabéis que los duendes de los ordenadores a veces hacen estas cosas.

En los salones parroquiales de la Catedral de Santa María se reunieron representantes de los grupos de Alcora, Adzaneta, Vall  d´Uxo y Villarreal, y también de las distintas parroquias de Castellón.

Tras la Asamblea General celebraron la Eucaristía, que fue presidida por el consiliario diocesano D. Francisco Viciano, el viceconsiliario D. Julio Sevilla y el presbítero D. Juan Vicente Vaquerizo. La celebración fue amenizada por el Coro de la Sagrada Familia, para finalizar se cantó el Himno de Vida Ascendente que resultó muy emotivo.

Tras compartir la Eucaristía y alimentar el espíritu hicieron lo propio  con el cuerpo y compartieron mesa y mantel en un restaurante de la localidad.

LA SANTA DE LA SEMANA: HILDEGARDA DE BINGEN

Tras ser silenciada casi ocho siglos, la figura de la mística, poeta, filósofa, naturalista y compositora Santa Hildegarda de Bingen fue rescatada del olvido para manifestarse como una de las mujeres más poderosas e influyentes del medioevo.

Su biografía fue encargada por los abades Ludwig de Trier/Tréveris y Gottfried de Echternach al monje Theoderich. Este, que no había llegado a conocerla, insertó en su escrito un texto biográfico elaborado por el también monje Gottfried, que había sido secretario de Hildegarda. La obra resultante presenta algunas deficiencias pero es muy valiosa siempre que se tenga en cuenta la religiosidad del autor así como el mensaje que quería transmitir a los lectores.

Hildegarda nació en Bermersheim en 1098 y fue la décima hija de un matrimonio de la nobleza local. Sus padres Hildebert von Bermersheim y Mechtild decidieron consagrarla a Dios como “diezmo” y la recluyeron en el monasterio de San Disibodo bajo la tutela de una monja llamada Jutta que le enseñaría latín básico y teología.

Hildegarda, delicada y enfermiza, desde los seis años aseguró ver cosas fuera de lo normal y decidió compartir su secreto con Jutta, quien supo encontrar la forma de tranquilizarla ya que, según el biógrafo de la maestra, esta también vivía episodios similares.

Las experiencias místicas de Hildegarda se prolongarían durante toda su vida llegando a expresar sus conocimientos en forma de visiones. Si bien esto puede causar extrañeza en la actualidad, debe tenerse en cuenta que, tal y como señala Margaret Alic en “El legado de Hipatia”: «El afirmar que uno tenía visiones era cosa frecuente en el siglo XII , y siguió siendo un recurso literario durante siglos«

La reputación de la santidad de Jutta y su alumna se extendió por la región y otros padres ingresaron a sus hijas en lo que se convirtió en un pequeño convento benedictino agregado al monasterio de Disibodenberg. Tras la muerte de su maestra en 1136, Hildegarda se puso al frente del grupo monacal femenino.

La nueva abadesa, hacia el 1141, le confió al monje Volmar, que Dios se le había aparecido para mandarle escribir sus visiones. Este le animó a hacerlo para examinar, posteriormente, si su procedencia podía ser divina. Juzgó que lo era y, así se lo comunicó al abad de San Disibodo, colocándolo en una delicada situación. Era arriesgado autorizarla a escribir sus visiones y a ejercer una misión profética que la jerarquía eclesiástica creía reservada a los hombres. Sin embargo, algunos monjes le hicieron ver que contar con una visionaria en el monasterio podría favorecer el incremento de monjas y donativos. Así que, al fin, el abad accedió y, una vez Hildegarda hubo redactado sus primeros textos con la ayuda de Volmar, se los mostró al arzobispo de Maguncia.

Con los escritos en posesión del episcopado, Hildegarda dio muestra de su inteligencia y astucia en una jugada magistral. Se dirigió a la persona idónea para la defensa de su causa, Bernardo de Claraval, el monje con mayor influencia en la cristiandad occidental. Contar con su apoyo, suponía, con una alta probabilidad, contar con el del pontificado.

En la carta que mandó al monje, le relató sus visiones y le informó del mandato divino de hacerlas públicas. No olvidó resaltar lo enferma que se ponía al incumplir lo que le ordenaba el Señor ni que otro monje ya había dado por buenas las visiones. Bernardo se mostró prudente en su respuesta sin pronunciarse sobre si debía divulgar o no lo revelado. Se limitó a alegrarse de la gracia de Dios que poseía y la exhortó a responder a ella con humildad.

No obstante, en el Sínodo de Trier, en el que estaba presente el pontífice Eugenio III, expuso el caso de Hildegarda y el pontífice decidió enviar al obispo de Verdún y al de Trier al monasterio para recabar más información. En la valoración del caso, Bernardo dio su apoyo a la monja pidiendo a Eugenio III que no permitiese “que tan insigne luz fuera apagada” y como resultado, el pontífice, no solo concedió a Hildegarda el permiso, sino que también la animó a “expresar lo que conociera por el Espíritu Santo”.

Con la ratificación papal a su misión profética, la abadesa se situó en una posición de  prestigio que llevó al aumento del grupo monacal femenino de San Disidobo con la entrada de varias muchachas del estamento nobiliario.

Hubiesen tenido que ampliarse las dependencias del monasterio si no fuese porque Hildegarda tuvo otra visión que la impulsó al traslado a un lugar que “le fue mostrado por el Espíritu Santo”, el de la tumba de San Rupert. Cabe señalar que en el contexto general del monacato benedictino, en esa época, se estaba produciendo la independencia de las comunidades femeninas de la tutela de los monjes en el orden disciplinario y también en el económico. Fenómeno por el que muchos religiosos no mostraban ninguna complacencia y al que en algunos casos, como en el de Hildegarda, se manifestaban contrarios.

Ante la negativa a su misión, la abadesa cayó enferma, así como algunos de los que se habían opuesto al traslado. Finalmente, gracias a la ayuda del arzobispo de Maguncia, ante el que intercedió la marquesa Von Stade, el abad le concedió el permiso. En el consiguiente reparto de bienes, Hildegarda se mostró generosa dando a los monjes más de lo que les correspondía. Por fin se había emancipado de la tutela directa de la autoridad abacial masculina sin someterse, tampoco, a ningún protector laico. La economía monacal se consolidó gracias a las donaciones de los fieles.

Pero esta separación le costó muchas críticas. Algunos la atribuían a su ambición mientras que otros dudaban de la legitimidad de tales dotes de visión por parte de una mujer que creían inculta y necia. Los familiares de algunas monjas no vieron con buenos ojos que parte de sus bienes fuesen destinados a engrosar un cenobio dirigido por una abadesa dispuesta a ejercer su autoridad sin restricciones de varón alguno.

Richardis, la monja a quien Hildegarda tenía mayor estima, fue una de las que la abandonaron para presidir el monasterio de Bassum. Su madre era la marquesa que había apoyado el traslado a San Rupert, pero su hermano el arzobispo de Bremen, disconforme, tomó cartas en el asunto para apartar a su hermana de la abadesa independiente. Richardis fue la única monja de la que tenemos constancia que  compartiese las visiones de Hildegarda y era la elegida por esta para sucederla. Pero se alejó de ella, muriendo al poco tiempo de ocupar su nuevo puesto. En su desesperación, Hildegarda llegó a considerar la muerte de Richardis como un castigo a las ansias de su discípula por convertirse en abadesa de un monasterio importante.

En San Rupert, Hildegarda prosiguió con la redacción de sus obras y empezó a elaborar composiciones musicales. Era toda una autoridad a la que acudían gentes de todas partes para escucharla, para pedirle consejo, para obtener curación, etc.

Se hallaba inmersa en una sociedad aristocrática que se defendía hasta el punto de rechazar el ingreso al monasterio a mujeres que no fuesen de origen noble y careciesen de riqueza. Justificaba tal proceder ante quienes le acusaban de obrar en contra de las escrituras, aduciendo la necesidad de un orden social. Creía que cada hombre tenía asignado un lugar y rango en la sociedad y que Dios cuidaba de que el orden menor no ascendiese por encima del orden superior. Tenía una concepción feudal de absoluta rigidez.

Otro punto controvertido de la vida monacal de San Rupert era el atuendo que vestían las monjas en los días de fiesta. Cantaban los salmos con los cabellos sueltos bajo coronas de oro decoradas con cruces a ambos lados y la figura de un cordero delante y detrás. Lucían vaporosos velos de seda de un blanco resplandeciente y llevaban en los dedos anillos de oro.

Para Hildegarda los textos paulinos del Nuevo Testamento que hacían referencia a la sobriedad de los ropajes femeninos iban dirigidos a las mujeres casadas, no a las vírgenes cuyo cuerpo no había sido corrompido. Creía que estas últimas merecían llevar ornamentos simbólicos tan vistosos como los sacerdotes y obispos.

Hildegarda podía permitirse implantar sus propias reglas porque se había convertido es una de las personas más influyentes de la cristiandad. Estableció comunicación con papas, hombres de estado, emperadores y otras figuras notables. Fue la única mujer a quien la Iglesia permitió predicar al clero y al pueblo en iglesias y abadías. Les hablaba de la corrupción de los canónigos y del avance de la herejía de los cátaros culpando de esta última a la falta de piedad del clero y del pueblo en general.

Por lo que a sus obras se refiere, dictó un total de doce libros. El primero, escrito entre el 1141 y el 1151, fue Scivias y trata de la creación del mundo y del ser humano, así como del pasado, presente y futuro de este último.

Entre 1151-1158 llevó a cabo su obra de medicina bajo un único título: Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum (Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas), que en el siglo XIII fue dividido en dos textos: Physica (Historia Natural) o Liber simplicis medicinae (Libro de la Medicina Sencilla); y Causae et Curae (Problemas y Remedios) o Liber compositae medicinae (Libro de Medicina Compleja).

Entre 1158 y 1163 redactó la Liber Vitae Meritorum, y entre 1163 y 1173-74, el Liber Divinorum Operum, considerados, junto con el Scivias, como sus obras teológicas de mayor importancia.

De su obra musical, iniciada en la década de los años 1150, se conservan más de 70 piezas recopiladas en la Symphonia armoniae celestium revelationum, (Sinfonía de la Armonía de Revelaciones Divinas) y un auto sacramental cantado, titulado Ordo virtutum.

A través de sus textos, la abadesa realizó interesantes aportaciones a la ciencia. A pesar de creer en un origen divino, no pensaba que la creación fuese resultado de una intervención sobrenatural sino de la presencia de los cuatro elementos primordiales que dividió en dos clases, las superiores o celestiales (fuego y aire) y las inferiores o terrenales (agua y barro). Según Hildegarda, ambas clases estaban relacionadas como lo estaban el macrocosmos y el microcosmos. Por ello Hildegarda intentó armonizar la física con la anatomía y la fisiología.

Mostró grandes conocimientos de botánica, medicina y fisiología humana. Intuyó la circulación de la sangre siglos antes de que pudiese comprobarse y realizó la descripción más detallada del orgasmo femenino que se había hecho hasta la fecha. En realidad, todas sus explicaciones médicas sobre el sexo llaman la atención por su realismo. La monja de clausura (ojo) fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos, que residía en el cerebro y que la mujer también lo sentía. Para ella, el acto sexual era algo «bello, sublime y ardiente». En sus libros de medicina abordó la sexualidad, especialmente en Causa et curae, en la que describió sin tapujos el momento del clímax de la pareja y la eyaculación.

Y nos legó una frase   para la historia  «La mujer podrá estar hecha del hombre, pero el hombre no se puede hacer sin una mujer».

Es muy destacable que una mujer sin instrucción formal llegase a aceptar que, con independencia del impulso creador, los misterios del cosmos podían explicarse a través de la observación y el razonamiento.

En 1165, el crecimiento de la comunidad del convento de Rupertsberg hizo necesario que parte de las monjas se trasladasen al convento de Eibingen.

Hildegarda murió el 17 de septiembre de 1179 y fue sepultada en la iglesia del convento de Rupertsberg del que fue Abadesa hasta su muerte. Sus reliquias, que actualmente se encuentran en Eibingen, permanecieron en Rupertsberg hasta que el convento fue destruido por los suecos en 1632. Su recuerdo y sus aportaciones se olvidaron durante siglos, hasta que la humanidad volvió a necesitarlas en la II Guerra Mundial.

La escasez de medicamentos propició la búsqueda de remedios naturales y al final de la contienda la abadesa Adelgundis Führkötter confirmó la autenticidad de los manuscritos de Hildegarda y el Dr. Hertzka empezó a tratar a sus pacientes siguiendo sus métodos. A partir de aquí, su fama creció y fueron saliendo a la luz sus múltiples facetas.

Santa Hildegarda de Bingen y el sabor de la cerveza

A pesar de que, como en muchas áreas, el papel de la mujer en la historia de la cerveza ha sido ninguneado a través de los siglos, esta bebida que no entiende de géneros debe buena parte de su origen y evolución a las féminas.

Algunos de los primeros registros que se tienen de la cerveza en el 2000 A.C. en Sumeria, la actual Irán, indican que eran ellas las responsables de preparar esta bebida, al igual que entre los egipcios o los vikingos, entre otros.

Pero el papel de la mujer en el devenir cervecero no se limita a «la cocina», también es fundamental en la receta que actualmente conocemos y adoramos.

Como dicen algunas fuentes, fue la versión femenina de Leonardo da Vinci pero nacida tres siglos antes y (¡sorpresa!) totalmente desconocida para la inmensa mayoría de la población, si bien su interesante figura ha sido recuperada en los últimos años.

Aunque decimos que el origen de la cerveza va casi de la mano de las civilizaciones que dieron lugar a nuestra sociedad actual, lo cierto es que su composición ha variado a lo largo de los siglos.

Ancestralmente se añadían diferentes ingredientes a la bebida para darle color, aroma y sabor. Además, buscaban aumentar el grado alcohólico o conservar el producto elaborado a través de mieles, especias o hierbas, una combinación conocida como gruit.

El suministro de estas mezclas era controlado por los gobernantes durante la época del imperio Carolingio. De este modo, concedían licencias especiales para la plantación de las hierbas y su comercialización, e imponían impuestos y tasas.

Sin embargo von Bingen, comprendió pronto la relación entre las enfermedades que provocaba en la población beber agua insalubre o almacenada en malas condiciones, y comenzó a estudiar el uso del lúpulo en el proceso de elaboración de la cerveza. Esta planta que hoy conocemos tan bien posee propiedades bactericidas gracias a sus alfa ácidos, que tienen efecto antibiótico sobre Gram-positivas; y taninos, antibactericida láctico y acético. De este modo, con esta por entonces «mala hierba» se conseguía mantener en buen estado la cerveza y evitar muertes por consumo de agua insalubre. Además otorgaba a la bebida su hoy característico aroma, y sabor.

Puede que no fuese un descubrimiento netamente suyo, pero la religiosa benedictina recogió este conocimiento en su tratado Physica sive Subtilitatu, que se popularizó entre los eclesiásticos, y la expansión de los monasterios por Europa durante el Medievo hizo que se difundiera la cerveza tal y como hoy la conocemos.

Por lo que se refiere al ámbito religioso, fue proclamada santa por el Papa Benedicto XVI el 10 de Mayo de 2012 y el 7 de Octubre de 2012, fue proclamada oficialmente «Doctor de la Iglesia», título que sólo se ha aplicado a 35 cristianos.

Santa Hildegarda de Bingen nos dejó un valioso legado en las artes y las ciencias y un testimonio de inteligencia, fortaleza y astucia.

Fuentes: Blog los mundos de brana

   Blog Loopulo

 Pinchando en estos enlaces podéis acceder a una muestra de la música compuesta con la Santa.

https://youtu.be/_Ht5l0t1L48

https://www.youtube.com/watch?v=G80Q8B5lmeg&list=OLAK5uy_lCZ3Wbw95UXPswr_GlbFu0Ji9lzilpQR0

https://www.youtube.com/watch?v=Q0e1jA_dz1g&list=OLAK5uy_nZtiXbBtxy3PmgmGslmzc9ZzHJy6rHNxQ

ACLARANDO CONCEPTOS

Leyendo el Blog Nihil Obstat de Martin Gelabert encontramos estos tres post que por su profunda interrelación y para poder seguir mejor la línea argumental os los hemos agrupado en un solo artículo, y los dos restantes también los agruparemos para no perdernos.

SACERDOTES, CONSAGRADOS, RELIGIOSOS.

Comienzo una serie de entregas que podrían llevar como título general: “aclarando conceptos”. En principio van a ser cinco artículos. Los tres primeros dedicados a precisar el concepto de consagración, vida religiosa, laicado, secularidad y virginidad. El cuarto y el quinto responderán a la pregunta de si los llamados consejos evangélicos son exclusivos de la vida religiosa o consagrada.

¿Es lo mismo un seglar que un laico? ¿Es lo mismo un religioso que un sacerdote? ¿Es lo mismo un consagrado que un religioso? Las confusiones en estos terrenos son muchas. Incluso entre “la gente de Iglesia” hay, en ocasiones, confusiones o, al menos, imprecisiones.

Tener claros algunos conceptos no nos hace mejores cristianos, por supuesto. Ni nos hace amar más a la Iglesia. Pero no está mal tener las cosas claras, para situarse mejor y para tratar a cada uno como le corresponde.

Vamos con la distinción entre religioso y sacerdote. Alguna vez he oído que tal persona ha ido a un “colegio de curas”. Pues si ese “colegio de curas” es un colegio de agustinos o de dominicos, se trata de un colegio regido por religiosos. Algunos religiosos son sacerdotes y algunos son laicos.

El sacerdocio es un ministerio ordenado, como el diaconado o el episcopado. Ser religioso es vivir con un cierto estilo, en el que lo determinante es la profesión de los llamados consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Entre los religiosos algunos han recibido el ministerio presbiteral o diaconal. Otros no. Los que no han recibido el orden del presbiterado o diaconado son laicos.

La distinción entre consagrados y religiosos es más sutil y la mayoría de la gente no sabe distinguirlos. Para empezar, consagrado es todo cristiano, pues por el sacramento del bautismo ha sido hecho hijo de Dios.

Consagración es dedicación. Pues bien, todos los cristianos estamos consagrados, dedicados a la comunión con Dios, unidos a Jesucristo, habitados por su Espíritu, santificados por su presencia. Ahora bien, esta consagración general de todos los bautizados, es posible vivirla con unos rasgos específicos o peculiares, que dan lugar a la vida de “especial consagración”.

Especial no por mejor, sino por distinta. Y ya se sabe, algunas distinciones son muy necesarias. Ahí es donde hay que situar las distintas modalidades de “vida consagrada”: monjes, monjas, religiosos, institutos seculares, eremitas, vírgenes consagradas. Diferentes modalidades: una consagrada en un instituto secular hace voto de virginidad, pero no es monja, ni es religiosa. Estas modalidades las iremos aclarando en sucesivas entregas.

LAICO Y SECULAR

De las preguntas formuladas en el post anterior, la más delicada y la que se presta a más confusiones es: ¿es lo mismo un seglar que un laico? Hay dos maneras de comprender y definir al laico.

Por una parte, los laicos son los fieles cristianos que no han recibido el sacramento del orden ni pertenecen al estado religioso. Pero es posible (y quizás mejor) entender por laicos aquellos fieles que no han recibido el sacramento del orden. En este sentido se puede y se debe afirmar que hay religiosos laicos y religiosos presbíteros.

Ahora bien, los religiosos laicos no son seglares. Secularidad y consagración en la vida religiosa son dos realidades diferentes y excluyentes. El religioso o la religiosa laica ha renunciado al ejercicio de la secularidad, no se casa, ni desarrolla su vida según las normas de la secularidad.

Lo típico del seglar es el matrimonio, la vida familiar y el trabajo remunerado como medio de vida. Cierto, hay seglares que no se casan, pero no han profesado públicamente los consejos evangélicos. Por tanto, están en disposición de casarse, cosa que no puede afirmarse de un religioso.

Aquí también es posible hacer un matiz, porque hay realidades que no acaban de definirse por medio de un solo concepto o palabra. Pues lo típico del seglar es ocuparse más directa y específicamente de los asuntos mundanos. No de cualquier manera, sino con espíritu evangélico. Por eso el seglar cristiano vive en el mundo y es “secular”, pero no del todo. Porque el cristiano vive ya en comunión con Dios y por eso su mirada, su esperanza, sus sentimientos no son del todo mundanos. Son, sobre todo, evangélicos y celestiales. La secularidad cristiana es relativa.

SECULARIDAD Y VIRGINIDAD

Lo típico del consagrado es la virginidad. Cierto, en la Iglesia hay una forma de vida consagrada caracterizada por la secularidad. Esa forma es la de los miembros de los llamados institutos seculares, que quieren vivir, a la vez, la consagración, mediante la profesión de los consejos evangélicos, y la secularidad. Son consagrados que no llevan hábito; la mayoría no viven en común, tampoco trabajan en obras propias (aunque hay alguna excepción). Se insertan en la vida civil y son como fermentos evangélicos en la masa del mundo.

En la práctica pueden vivir como un perfecto seglar. Pero no de cualquier manera. Su objetivo es siempre el evangelio, el testimonio de Cristo, no el ganar dinero. Por eso, no pueden ejercer cualquier profesión, ni de cualquier manera. Buscan aquellos lugares donde hay más posibilidades de vivir y practicar gratuitamente el amor evangélico.

En su vocación de compatibilizar secularidad y consagración, lo determinante es la consagración. A este respecto conviene dejar claro que el trabajo no santifica; lo que santifica es el amor. Por eso, los miembros de los institutos seculares han de vivir sobria y pobremente, y ayudar generosamente con lo que les sobra a los necesitados o entregarlo a la Iglesia.

Una palabra sobre las vírgenes consagradas. El orden de las vírgenes, que no viven en comunidad ni bajo la autoridad de ninguna abadesa o superiora, sino solo bajo la tutela del obispo, es una forma de vida consagrada muy antigua (aparece ya en los inicios de la Iglesia) y muy moderna (porque ha cobrado nuevos impulsos después del Vaticano II).

Esta consagración no se justifica por ninguna misión concreta ni por ninguna finalidad apostólica. Su razón de ser, su carisma es el amor y la entrega total a Cristo como signo de que él es el único esposo de la Iglesia. Es una vocación estrictamente personal y totalmente eclesial, porque no está ligada a ninguna institución, ni a ningún fundador, ni a ninguna misión concreta.

Cada una decide su propia vida. Unas dan preferencia a la oración y a la contemplación, viviendo una vida casi eremítica; otras están más integradas en la vida parroquial o en servicios diocesanos.

También aquí conviene precisar que son laicas, pero no seglares. Ya hicimos notar que un jesuita o un dominico no ordenado es laico. Laico quiere decir miembro del pueblo de Dios, sin autoridad sacramental. Seglar o secular es el que vive según la lógica de la vida mundana.

Lo típico del seglar es el matrimonio. No es el caso de las vírgenes consagradas. No son religiosas ni monjas, pero no son seglares. Su consagración es diferente a la de los miembros de un instituto secular. Son una manifestación más de la riqueza de la vida consagrada y de sus diferentes modalidades.

Blog Nihil Obstat. Martin Gelabert