INTERÉS DE LA FÓRMULA «CREACIÓN DE LA NADA»

En el post anterior afirmé que la fórmula “creación de la nada” debe ir precedida de la fórmula “creación por amor y desde el amor”.

Dicho esto, la fórmula “creación de la nada” tiene su sentido y su interés. Bien entendida también va en línea de la creación por amor, un amor gratuito, libre, no condicionado, como son no condicionados los verdaderos amores.

Decir que Dios crea de la nada no es una afirmación filosófica, pues entonces hasta pudiera resultar absurda: ¿cómo va a salir algo de la nada? Es una afirmación de fe. Significa que el Dios trascendente crea una realidad completamente distinta a la suya propia, y que crea esta realidad libremente y no condicionado por nada; ninguna realidad, ninguna materia preexistente condiciona a Dios al hacer surgir el mundo y el hombre.

“Dios crea sin requisito previo alguno. No existe necesidad exterior alguna que motive su actuación creadora, ni coacción alguna que le determine. Tampoco se da materia primigenia alguna que ofrezca una potencialidad a su actividad creadora o que trace unos límites materiales a esa actuación” (dice el teólogo J. Moltmann).

Que Dios sea Creador significa que no es un Dios solitario, que se complacería en sí mismo de un modo narcisista, o un Dios incomunicado, olvidadizo de sus criaturas. Por el contrario, es un Dios que invita a participar de la vida.

El Dios que todo lo ocupa y todo lo invade, deja espacio, hace sitio para el hombre, aunque este hacer sitio no sea una retirada, pues él siempre está presente sosteniéndolo todo desde dentro, por medio de su Espíritu.

Ocurre que el “estar presente” en todo, propio de Dios, se realiza al modo de Dios, y por tanto, no de modo material, pues la materia, además de ocupar un lugar que otro no puede ocupar, siempre es limitada.

La presencia de Dios es espiritual. Precisamente porque Dios desborda los límites de lo creado, el Universo no puede contener a Dios. Es Dios el que contiene y sostiene el Universo. A este respecto el Papa Francisco ha escrito: “Hemos dicho tantas veces que Dios habita en nosotros, pero es mejor decir que nosotros habitamos en él” (Gaudete et exultate, 51).

Nihil Obstat. Martín Gelabert

LA SANTA DE LA SEMANA: SANTA ISABEL DE PORTUGAL

Nació en 1270. Era hija del rey Pedro III de Aragón, nieta del rey Jaime el Conquistador, biznieta del emperador Federico II de Alemania. Le pusieron este nombre en honor de su tía abuela Santa Isabel de Hungría. Isabel significa «Promesa de Dios» (Isab = promesa. El = Dios).

Santa Isabel tuvo la dicha que su familia se esmerara extremadamente en formarla lo mejor posible en su niñez. Desde muy niña tenía una notable inclinación hacia la piedad, y un gusto especial por imitar los buenos ejemplos que leía en las vidas de los santos o que observaba en las vidas de las personas buenas.

En su casa le enseñaron que si quería en verdad agradar a Dios debía unir a su oración, la mortificación de sus gustos y caprichos y esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado. Le repetían la frase antigua: «tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseos de cosas inútiles o dañosas tengas».

Sus educadores le enseñaron que una mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas (o sea entre comida y comida), y soportar con paciencia que no se cumplan los propios deseos, y esmerarse cada día por no amargarle ni complicarle la vida a los demás. Dicen sus biógrafos que la formidable santidad que demostró más tarde se debe en gran parte a la esmerada educación que ella recibió en su niñez.

A los 15 años ya sus padres la habían casado con el rey de Portugal, Dionisio. Este hombre admiraba las cualidades de tan buena esposa, pero él por su parte tenía un genio violento y era bastante infiel en su matrimonio, llevaba una vida nada santa y bastante escandalosa, lo cual era una continua causa de sufrimientos para la joven reina, quien soportara todo con la más exquisita bondad y heroica paciencia.

El rey no era ningún santo, pero dejaba a Isabel plena libertad para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. En horas libres se reunía con otras damas a coser y bordar y fabricar vestidos para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuanto necesitado encontraba.

Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos. En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados.

Conseguía ayudas para construir puentes en sitios peligrosos y repartía con gran generosidad toda clase de ayudas. Visitaba enfermos, conseguía médicos para los que no tenían con qué pagar la consulta; hacía construir conventos para religiosos, a las muchachas muy pobres les costeaba lo necesario para que pudieran entrar al convento, si así lo deseaban.

Tenía guardada una linda corona de oro y unos adornos muy bellos y un hermoso vestido de bodas, que prestaba a las muchachas más pobres, para que pudieran lucir bien hermosas el día de su matrimonio.

Su marido el rey Dionisio era un buen gobernante pero vicioso y escandaloso. Ella rezaba por él, ofrecía sacrificios por su conversión y se esforzaba por convencerlo con palabras bondadosas para que cambiara su conducta. Llegó hasta el extremo de educarle los hijos naturales que él tenía con otras mujeres.

Tuvo dos hijos: Alfonso, que será rey de Portugal, sucesor de su padre, y Constancia (futura reina de Castilla). Pero Alfonso dio muestras desde muy joven de poseer un carácter violento y rebelde. Y en parte, esta rebeldía se debía a las preferencias que su padre demostraba por sus hijos naturales.

En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Isabel trabajó hasta lo increíble, con su bondad, su amabilidad y su extraordinaria capacidad de sacrificio y su poder de convicción, hasta que obtuvo que el hijo y el papá hicieran las paces. Lo grave era que los partidos políticos hacían todo lo más posible para poder enemistar al rey Dionisio y su hijo Alfonso.

Algunas veces cuando los ejércitos de su esposo y de su hijo se preparaban para combatirse, ella vestida de sencilla campesina atravesaba los campos y se iba hacia donde estaban los guerreros y de rodillas ante el esposo o el hijo les hacía jurarse perdón y obtenía la paz.

Son impresionantes las cartas que se conservan de esta reina pacificadora. Escribe a su esposo: «Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo. Pero al mismo tiempo haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre».

Al hijo le escribe: «Por Santa María la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas, arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos, pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito con el rey». Y conseguía la paz una y otra vez.

Su esposo murió muy arrepentido, y entonces Isabel dedicó el resto de su vida a socorrer pobres, auxiliar enfermos, ayudar a religiosos y rezar y meditar.

Pero un día supo que entre su hijo Alfonso de Portugal y su nieto, el rey de Castilla, había estallado la guerra. Anciana y achacosa como estaba, emprendió un larguísimo viaje con calores horrendos y caminos peligrosos, para lograr la paz entre los dos contenedores. Y este viaje fue mortal para ella. Sintió que le llegaba la muerte y se hizo llevar a un convento de hermanas Clarisas, y allí, invocando a la Virgen María murió santamente el 4 de julio del año 1336.

Dios bendijo su sepulcro con varios milagros y el Sumo Pontífice la declaró santa en 1626. Es abogada para los territorios y países donde hay guerras civiles, guerrillas y falta de paz. Que Santa Isabel ruegue por nuestros países y nos consiga la paz que tanto necesitamos.

Fuente: ACIPRENSA

“QUE BUENO CUANDO UN HERMANO A OTRO HERMANO ENCUENTRA” (Sal.133)

Ana y yo, vuestras hermanas editoras de este Boletín,  hemos vivido el miércoles 14  de junio una experiencia maravillosa, un regalo del cielo, que nos ayuda a dar gracias a Dios y a tomar fuerza para seguir caminando.

A principio de curso hicimos el taller del Reloj de la Vida junto con otros hermanos del movimiento, entre bromas y seriedad, porque es una cosa muy sería, en los descansos quedamos con los hermanos de Alcalá de Henares `para ir a visitarlos y que nos enseñaran la ciudad.

Lo hemos ido posponiendo, ya sabéis los avatares del curso, las fiestas, los fríos, y un montón de pretextos más, hasta que el miércoles concretamos la cita y nos plantamos en Alcalá.

Nos acogieron verdaderamente como hermanos que se encuentran y se alegran de poder compartir no solo la riqueza de su “tierra” sino la de su corazón. Todo lo tenían programado las visitas, los descansos y hasta su cariño a manos llenas.

Nos sentimos como en casa, como si nos conociéramos de toda la vida y es que el Señor estaba en medio de nosotros, se palpaba.

La belleza de sus monumentos, la paz y la concordia de una ciudad nacida para ser  la ciudad del saber que fue creciendo entorno a ese conocimiento nos envolvió, lo primero que visitamos fue la Iglesia donde se venera el Milagro Eucarístico que tiene Alcalá, una Custodia con veinticuatro formas que han sobrevivido al paso del tiempo  y ahora están en una capilla de adoración perpetua.  Lo último la Catedral y la iglesia de San Pedro que están juntas.

Entre medias, como os podéis imaginar, risas, cafés, asombro, comidas y un departir distendido y lleno de pequeñas confidencias que nos hacían conocernos mejor y querernos más

En la despedida hablamos de repetir, pues quedaban muchas cosas por ver, dentro de nosotros el dolor de la despedida pero la seguridad de que no será la última.

Hemos querido compartirlo porque lo que nos unía era pertenecer al movimiento y lo que nos une ahora es un profundo agradecimiento de poder sentirnos hermanos en el Señor.

Mercedes Montoya

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: INTERDIOCESANA DE CASTILLA Y LEÓN

El día 14 de junio celebramos el final de  curso en Castilla y León, 172 compañeros de Vida Ascendente de todas las diócesis de Castilla León   nos citamos a las 12 en la ciudad de Salamanca, a las 12,30 celebramos la Eucaristía en la Catedral, que fue oficiada por el Obispo  de la diócesis de Salamanca, D. José Luis Retana Gozalo,

A continuación realizamos una  visita a la Catedral, que es un conjunto precioso que engloba la Catedral Antigua, de estilo Románico y la nueva, construida posteriormente ya en estilo Gótico, todo un acierto no haber destruido la primera de ellas, tras terminar la visita ,   a las 14,45 comida en el hotel Conde Rodrigo II  y para rematar este día de convivencia a las 17 horas visitamos  el museo de Orinal y el Parador Nacional.

Fue estupendo podernos reencontrar los hermanos.

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO: DIÓCESIS DE IBIZA

El Consiliario de Ibiza, D. Vicente,  nos remite esta crónica con foto incluida.

“Alrededor de 35  miembros de Vida Ascendente de Ibiza nos reunimos en San José el día 17 de junio para celebrar el final de curso.

Hablamos de las novedades del movimiento, de la vida en los diferentes grupos, se presentaros los nuevos compañeros que habían comenzado este curso y  seguidamente se  presentó  el nuevo guion  “Alianza entre generaciones” para las reuniones del próximo curso.

A continuación celebramos la Eucaristía en la Iglesia Parroquial, que fue presidida por el Sr. Obispo D. Vicente Ribas, y terminamos con una comida fraterna que nos habían preparado  en el Club de los mayores del pueblo.

Fue una jornada gozosa, donde los mayores de Vida Ascendente  pusimos de manifiesto  nuestra alegría y nuestra fraternidad.”

LA DEDICATORIA DE UNA JOVEN A SU ABUELA EN SU TRABAJO FINAL DE GRADO QUE HA EMOCIONADO A LAS REDES

Una boda, el nacimiento de un nuevo miembro de la familia o acabar una etapa importante de nuestra vida son momentos que queremos celebrar y compartir con nuestros seres queridos. Lamentablemente, el paso del tiempo hace que no todos nuestros familiares y amigos puedan brindar con nosotros.

Cuando esto ocurre, solemos tenerlos más presentes de lo habitual, porque sabemos lo mucho que hubieran disfrutado con nosotros. Y es precisamente ese recuerdo el que muchas veces nos motiva a seguir intentándolo hasta conseguirlo. Por ellos.

Esta historia va de esto precisamente. De una nieta que no ha olvidado a su abuela y cuyo recuerdo está tan presente que no ha dudado en dedicarle su Trabajo de Fin de Grado de Enfermería: «A mi abuela, y a quienes olvidaron la vida antes de dejarla», escribía Sandra en su trabajo.

La joven decidió compartir dos fotografías en su cuenta de Twitter. Una con la portada del trabajo donde puede leerse: ‘Soledad y demencia, una relación aún desconocida’. Y otra con la dedicatoria anterior.

El tema del trabajo y la dedicatoria no han pasado desapercibidas por los usuarios de Twitter, y la publicación tiene casi dos millones de visualizaciones y miles de comentarios: «Todos los que ya no somos reconocidos por alguien que queremos sabemos que la esencia va más allá de la memoria», aseguraban los usuarios.

«Los que hemos pasado con nuestros abuelos o abuelas la demencia o el alzhéimer entendemos lo que es esa situación. Es fundamental investigar más sobre este tema, qué bonita y triste dedicatoria, enhorabuena», comentaban.

Lo cierto es que son muchos los que se han emocionado al leer la dedicatoria y el tema del trabajo, que como puede intuirse, no es ajeno a la protagonista. De hecho, son muchos los que se han interesado por las conclusiones de su investigación, haciendo que la recién graduada y su tutor, hayan tomado una decisión: «Subiré el trabajo en ResearchGate para quiénes estéis interesados; es una opción que me ha comentado mi tutor».

«Si hay alguna manera de leerlo o de apoyarte difundiéndolo, estaría encantada de hacerlo. Que bonita la dedicatoria. No te conozco de nada, pero me gustaría felicitarte porque estoy segura de que ha sido una cosa muy dura mentalmente, aunque a la vez gratificante», le escribía una usuaria.

«Qué bonita y triste a la vez es la dedicatoria. Gracias por querer investigar sobre este tema», le decían, y ella respondía: «De hecho, una de las reiteraciones y conclusiones del estudio es la falta de atención e investigación sobre el tema».

«Gracias, gracias y gracias por todos y cada uno de los mensajes, y un abrazo muy apretado para quien lo necesite después de haberlo leído», escribía la joven tras ver la repercusión de su dedicatoria.

Sobre el autor:

Laura Moro -65 Y MAS

EL PADRE CREA POR AMOR

La primera afirmación del Credo de la fe cristiana es que Dios es “Padre, creador del cielo y de la tierra”, o sea, de todo lo que existe. La creación es un acto de ternura paternal. De nuestra nada original salimos extraídos por un hilo filial. Si la creación es una obra paternal, eso significa que en nuestro origen está el amor. La teología y el Magisterio han repetido que Dios crea “de la nada”. Me parece que la fórmula “de la nada”, debería ir precedida por esta otra: la creación procede del amor.

El motivo de la creación es el amor. Esto nos está indicando algo muy importante, a saber, que la creación no tendría sentido sin seres “humanos” (o sea, inteligentes y libres) capaces de amar y de responder al amor. Por amor no se hace una silla, ni se cuida un jardín, porque ni la silla ni el jardín tienen capacidad de respuesta. Y sin respuesta, no hay plenitud en el amor. Por amor se engendra un hijo que puede responder al amor paterno con un amor filial. El amor es encuentro, no va sólo en una dirección, es siempre recíproco, bidireccional. El universo ha sido creado no sólo para el hombre, sino para que exista el género humano. ¿Por qué existe algo más bien que nada?, se preguntaba Leibniz. Y la respuesta cristiana es: existe algo para que puedan existir seres humanos y así pueda automanifestarse el amor encerrado en la realidad interpersonal divina.

No es posible la reciprocidad en el amor si la respuesta del amado no es libre. Por tanto, el Creador, que busca una respuesta de amor, debe crear seres libres, lo que implica el contrapunto de que el hombre utilice mal la libertad y se niegue a responder con amor al amor divino. Dios debe tolerar el pecado. Hasta este punto el amor creador es liberador, porque deja libre a la creatura. Pero incluso cuando el ser humano se niega a responder con amor, el Amor creador divino permanece, es un amor inalterable e irrevocable. Se da entonces una aparente contradicción. Por medio de su respuesta de “no amor”, la criatura pretende desligarse del Creador, colocándose así es una situación imposible, porque es Dios mismo el que hace posible y sostiene la vida que se rebela y pretende buscar una falsa independencia “sin Dios”.

Martín Gelabert. Blog Nihil Obstat

INTENCIONES DE ORACIÓN PARA JULIO

“El Papa Francisco confía cada mes a su Red Mundial de Oración, intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia”, afirma el sitio web de la iniciativa.

“Su intención de oración mensual es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos», es una brújula para una misión de compasión por el mundo”, agrega.

Este mes de julio oramos por una vida eucarística.

Oremos para que los católicos pongan en el centro de su vida la celebración de la Eucaristía, que transforma profundamente las relaciones humanas y abre al encuentro con Dios y con los hermanos.

La Conferencia Episcopal Española nos pide que este mes oremos por

Los monjes y monjas contemplativos para que, siguiendo el consejo de Cristo se consagren a orar sin desfallecer, tengan siempre sus ojos fijos en el Señor y con su oración sostengan la misión de la Iglesia.

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN JOSEMARÍA ESCRIBA DE BALAGUER

San Josemaría Escrivá de Balaguer nace en 1902 en Barbastro, España. Es el segundo de seis hermanos. Aprende de sus padres y en la escuela los fundamentos de la fe e incorpora tempranamente a su vida costumbres cristianas como la confesión y la comunión frecuentes, el rezo del Rosario y la limosna.

La muerte de tres hermanas pequeñas y la ruina económica familiar le hacen conocer muy pronto la desgracia y el dolor: esta experiencia templa su carácter, de un natural alegre y expansivo, y le hace madurar. En 1915 la familia se traslada a Logroño, donde su padre ha encontrado un nuevo trabajo.

En 1918, Josemaría intuye que Dios quiere algo de él, aunque no sabe qué es. Decide entregarse por entero a Dios y hacerse sacerdote. Piensa que de ese modo estará más disponible para cumplir la voluntad divina.

Comienza los estudios eclesiásticos en Logroño, y en 1920 se incorpora al seminario diocesano de Zaragoza, en cuya Universidad Pontificia completa su formación previa al sacerdocio.

En Zaragoza cursa también -por sugerencia de su padre y con permiso de los superiores- los estudios universitarios de Derecho.

En 1925 recibe el sacramento del Orden y comienza a desarrollar su ministerio pastoral, con el que, a partir de entonces, se identifica su existencia. Ya sacerdote, sigue a la espera de la luz definitiva sobre lo que Dios quiere de él.

En 1927 se traslada a Madrid para obtener el doctorado en Derecho. Le acompañan su madre, su hermana y su hermano, pues desde el fallecimiento de su padre, en 1924, Josemaría es el cabeza de familia.

En la capital de España lleva a cabo un intenso servicio sacerdotal, principalmente entre pobres, enfermos y niños. Al mismo tiempo, se gana la vida y mantiene a los suyos impartiendo clases de materias jurídicas.

Son tiempos de grandes apuros económicos, vividos por toda la familia con dignidad y buen ánimo. Su apostolado sacerdotal se extiende también a jóvenes estudiantes, artistas, obreros e intelectuales que, en contacto con los pobres y enfermos a los que Josemaría atiende, van aprendiendo a practicar la caridad y a comprometerse con sentido cristiano en la mejora de la sociedad.

En Madrid, el 2 de octubre de 1928, durante un retiro espiritual, Dios le hace ver la misión a la que lo ha destinado: ese día nace el Opus Dei. La misión específica del Opus Dei es promover entre hombres y mujeres de todos los ámbitos de la sociedad un compromiso personal de seguimiento de Cristo, de amor a Dios y al prójimo y de búsqueda de la santidad en la vida cotidiana.

Desde 1928, Josemaría Escrivá se entrega en cuerpo y alma al cumplimiento de la misión fundacional que ha recibido, aunque no por eso se considera un innovador ni un reformador, pues está convencido de que Jesucristo es la eterna novedad y de que el Espíritu Santo rejuvenece continuamente la Iglesia, a cuyo servicio ha suscitado Dios el Opus Dei.

En 1930, como consecuencia de una nueva luz que Dios enciende en su alma, da inicio al trabajo apostólico de las mujeres del Opus Dei. Josemaría Escrivá pondrá siempre a la mujer, como ciudadana y como cristiana, frente a su personal responsabilidad -ni mayor ni menor que la del varón- en la construcción de la sociedad civil y de la Iglesia.

En 1934 publica -con el título provisional de «Consideraciones espirituales»- la primera edición de «Camino», su obra más difundida, de la que con el paso de los años se han editado más de cuatro millones de ejemplares.

En la literatura espiritual, Josemaría Escrivá también es conocido por otros títulos como «Santo Rosario», «Es Cristo que pasa», «Amigos de Dios», «Via Crucis», «Surco» o «Forja».

La guerra civil española (1936-1939) supondrá un serio obstáculo para la naciente fundación. Son años de sufrimiento para la Iglesia, marcados, en muchos casos, por la persecución religiosa, de la que el fundador del Opus Dei sólo después de numerosas penalidades conseguirá salir indemne.

En 1943, por una nueva gracia fundacional que Josemaría Escrivá recibe durante la celebración de la Misa, nace la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, en la que se incardinan sacerdotes que proceden de los fieles laicos del Opus Dei.

La plena pertenencia de fieles laicos y de sacerdotes al Opus Dei, así como la orgánica cooperación de unos y otros en sus apostolados, es un rasgo propio del carisma fundacional del Opus Dei que la Iglesia ha confirmado al determinar su específica configuración jurídica.

La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz desarrolla también, en plena sintonía con los Pastores de las Iglesias locales, actividades de formación espiritual para sacerdotes diocesanos y candidatos al sacerdocio. Los sacerdotes diocesanos también pueden formar parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, sin dejar de pertenecer al clero de sus respectivas diócesis.

Consciente de que su misión tiene raíz y alcance universales, Josemaría Escrivá se traslada a Roma en 1946, apenas concluida la guerra mundial. Entre ese año y 1950, el Opus Dei recibe varias aprobaciones pontificias con las que quedan corroborados sus elementos fundacionales específicos: su finalidad sobrenatural, cifrada en difundir el mensaje cristiano de la santificación de la vida corriente; su misión de servicio al Romano Pontífice, a la Iglesia universal y a las Iglesias locales; su carácter universal; la secularidad; el respeto de la libertad y la responsabilidad personales y del pluralismo en temas políticos, sociales, culturales, etc.

Desde Roma, por directo impulso del fundador, el Opus Dei irá extendiéndose paulatinamente a treinta países de los cinco continentes entre 1946 y 1975.

A partir de 1948 pueden pertenecer al Opus Dei, a pleno título, personas casadas que buscan la santidad en su propio estado. En 1950, la Santa Sede aprueba también que sean admitidos como cooperadores y ayuden en las labores del Opus Dei hombres y mujeres no católicos y no cristianos: ortodoxos, luteranos, hebreos, musulmanes, etc.

En la década de los 50, Josemaría Escrivá alienta la puesta en marcha de proyectos muy variados: escuelas de formación profesional, centros de capacitación para campesinos, universidades, colegios, hospitales y dispensarios médicos, etc. Estas actividades, fruto de la iniciativa de fieles cristianos corrientes que desean atender, con mentalidad laical y sentido profesional, las concretas necesidades de un determinado lugar, están abiertas a personas de todas las razas, religiones y condiciones sociales: la clara identidad cristiana de las iniciativas promovidas por los fieles del Opus Dei, en efecto, se compagina con un profundo respeto a la libertad de las conciencias.

Durante el Concilio Vaticano II (1962-1965), el fundador del Opus Dei mantiene una relación intensa y fraterna con numerosos Padres conciliares. Objeto de sus frecuentes conversaciones son algunos de los temas que constituyen el núcleo del magisterio conciliar, como por ejemplo la doctrina sobre la llamada universal a la santidad o sobre la función de los laicos en la misión de la Iglesia. Profundamente identificado con la doctrina del Vaticano II, Josemaría Escrivá promoverá diligentemente su puesta en práctica a través de las actividades formativas del Opus Dei en todo el mundo.

Entre 1970 y 1975, su empeño evangelizador le mueve a emprender viajes de catequesis por Europa y América. Mantiene numerosas reuniones de formación, sencillas y familiares -aun cuando a veces asisten miles de personas-, en las que habla de Dios, de los sacramentos, de las devociones cristianas, de la santificación del trabajo, con el mismo vigor espiritual y capacidad comunicativa de sus primeros años de sacerdocio.

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Lloran su muerte miles de personas que se han acercado a Cristo y a la Iglesia gracias a su labor sacerdotal, a su ejemplo y a sus escritos. Un gran número de fieles se encomiendan desde ese día a su intercesión y piden su elevación a los altares.

El 6 de octubre de 2002, más de 400.000 personas asisten en la plaza de san Pedro a la canonización de Josemaría Escrivá. En la homilía, Juan Pablo II señaló que el nuevo santo comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes.

El Papa animó a los peregrinos llegados desde los cinco continentes a seguir sus huellas. «Difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser santos vosotros mismos en primer lugar, cultivando un estilo evangélico de humildad y servicio, de abandono en la Providencia y de escucha constante de la voz del Espíritu».

(Fuente: escrivaobras.org)

    Fuente: http://www.escrivaobras.org

«BUSCADOR INCANSABLE DE LA VERDAD, PENSADOR BRILLANTE»

El Papa publica una carta apostólica sobre Blaise Pascal en el cuarto centenario de su nacimiento

La Santa Sede ha publicado este lunes la carta apostólica del Papa Francisco «Sublimitas et miseria hominis», sobre el filósofo y teólogo francés Blaise Pascal, escrita con motivo del cuarto centenario del nacimiento del que fue también matemático y físico. Nació el 19 de junio de 1623 en Clermont y murió, con sólo 39 años, el 19 de agosto de 1662, en París.

«Buscador incansable de la verdad, pensador brillante, atento a las necesidades materiales de todos, enamorado de Cristo, cristiano de excepcional racionalidad y de inteligencia inmensa e inquieta», son solamente algunas de las definiciones del Papa sobre el filósofo francés.

Francisco recuerda que, durante toda su vida, Pascal «buscó la verdad» y, con la razón, «rastreó sus signos, especialmente en los campos de las matemáticas, la geometría, la física y la filosofía».

«En un siglo de grandes progresos científicos se mostró como un incansable buscador de la verdad; siempre inquieto, atraído por nuevos y más lejanos horizontes», sostuvo.

El filósofo francés estuvo atento a los problemas sociales. «No se cerró a los demás, ni siquiera en la hora de su última enfermedad», destacó.

El Papa recuerda unas palabras de Pascal que «expresan la etapa final de su camino evangélico»: «Si los médicos dicen la verdad, y Dios permite que me recupere de esta enfermedad, estoy decidido a no tener otro empleo u ocupación durante el resto de mi vida que el servicio a los pobres».

«Es conmovedor -escribe Francisco- que un pensador brillante como Pascal, al final de su vida, no viera otra urgencia más allá de poner sus energías en las obras de misericordia: ‘El único objeto de la Escritura es la caridad’».

Con su carta apostólica, el Papa pretende «poner de relieve lo que, en su pensamiento y en su vida, me parece adecuado para estimular a los cristianos de nuestro tiempo y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la búsqueda de la verdadera felicidad».

En este sentido, el pontífice consideró que, cuatro siglos después, «Pascal sigue siendo para nosotros el compañero que acompaña nuestra búsqueda de la verdadera felicidad y, según el don de la fe, nuestro humilde y gozoso reconocimiento del Señor muerto y resucitado».

«Habló admirablemente de la condición humana», fundamentó, y prosiguió: «No sólo como especialista en costumbres humanas, sino como hombre que puso a Jesucristo y a la Sagrada Escritura en el centro de su pensamiento. En efecto, había llegado a la certeza de que ‘no sólo no conocemos a Dios sino a través de Jesucristo, sino que no nos conocemos a nosotros mismos sino a través de Jesucristo’». «Se trata de una afirmación ‘extrema’, pero no doctrinal», tal como el Papa aclara en el documento.

Pascal, «hombre de inteligencia prodigiosa», se preocupó de hacer saber a todos que «Dios y la verdad son inseparables», pero también que, «fuera de la perspectiva del amor, no hay verdad que valga».

El Papa está convencido de que «la inteligencia y la fe viva de Pascal, que quiso mostrar que la religión cristiana es ‘venerable porque ha conocido bien al hombre’, y también ‘amable, porque promete el verdadero bien’, pueden ayudarnos a avanzar a través de las tinieblas y las desgracias de este mundo».

Pascal «nos recuerda la grandeza de la razón humana y nos invita a utilizarla para descifrar el mundo que nos rodea». Su «espíritu de geometría», ejercicio confiado de la razón natural, «lo hace simpático a todos sus hermanos humanos en busca de la verdad» y «le permitirá reconocer los límites de la propia inteligencia y, al mismo tiempo, abrirse a las razones sobrenaturales de la Revelación».

Texto de Sublimitas et miseria hominis

Fuente : Infocatolica