GALLETAS CASERAS CON CANELA Y AZÚCAR MORENO

Preparar dulces caseros, como hacían nuestras madres y abuelas es mucho más sencillo de lo que parece y además, resulta de lo más reconfortante y es mucho mas económico, nos mandan esta receta de galletas de canela   que seguro que estos días invernales harán las delicias con un café calentito, y si las hacemos con los nietos mejor.

 

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Ingredientes:

    250 gr. de mantequilla

    125 gramos de azúcar blanco

    250 gramos de harina

    50 gr. de miel

    1 cucharilla de canela molida

    1 huevo

    Una pizca de sal

    Azúcar moreno, para adornar

Elaboración:

En un bol grande, pon la mantequilla en pomada cortada en dados, la miel y el azúcar. Bate con la ayuda de unas varillas eléctricas. Hasta obtener una mezcla blanquecina.

Añade el huevo y sigue batiendo.

Añade ahora la harina y la canela previamente tamizadas. Añade la pizca de sal. Tamizar no es más que pasar la harina por un colador de trama fina para que quede más suelta y homogénea.

Trabaja la mezcla hasta conseguir una masa homogénea y manipulable, que no se pegue a los dedos.

Forma una bola con la masa y envuélvela en film. Deja reposar durante media hora en la nevera.

Pasado ese tiempo, coloca la masa entre dos papeles de horno y estira con la ayuda del rodillo.

Una vez bien estirada, corta en cuadrados o córtala con la ayuda de un cortapastas con alguna forma bonita.

Ve colocando tus galletas ya cortadas sobre la bandeja de horno, cubierta con otro papel de horno.

Adorna cada galleta con una pizca de azúcar moreno.

Mete en el horno, que ya debe estar precalentado a 180°C con calor arriba y abajo y cocina durante 12 o 13 minutos.

Cuando saques tus galletas, déjalas enfriar sobre una rejilla.

Enviadnos vuestras recetas y las iremos publicando….

COMPONENTES DE VIDA ASCENDENTE ASISTEN AL TALLER DE “EL RELOJ DE LA VIDA”

Entre los días 27 al 30 de octubre en la casa de las Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote, de la mano  de Marcos de Comunidad Vida Cristiana, se desarrolló el taller  “El Reloj de la Vida”.

Es un itinerario en el que hemos viajado desde el agradecimiento y la aceptación de las capacidades perdidas hasta el redescubrimiento del proyecto de vida para la etapa que nos queda por vivir, pasando por el desprendimiento emocional, la aceptación de la soledad, la apertura libre al perdón, la diferencia entre la vejez soñada y la real, así como  la ausencia del sentido, y por ende de proyecto de  vida, todo ello en  clave cristiana.

Hemos tomado conciencia de  la necesidad de crecer en la espiritualidad al mismo tiempo que nuestras capacidades físicas decrecen, a  aceptar la pérdida de autonomía como un don, y que nacer, crecer y envejecer forma parte del mismo camino que es la aventura de la vida en la que hay que viajar ligero de equipaje.

Durante el taller se han vivido momentos de muchísima emotividad tanto individual como grupal, para dar paso al agradecimiento y la alegría, no podemos dejarnos vencer por la negatividad y la tristeza, la rumiación que nos hace estar con el ceño fruncido siempre, ¿Hay algo mejor que aprovechar las oportunidades que Dios pone en nuestra vida?

El camino está lleno de charcos y de piedras pero siempre encontraremos una mano amiga que se nos tiende y en la que podremos descubrir la presencia del Señor, si estamos abiertos a ello, esto no implica que no haya sufrimiento, la realidad es que los mayores sufren  y es necesaria una herramienta que nos sirva de acompañamiento espiritual la cual somos libres de aceptar o rechazar.

El taller intenta que la persona que lo realiza sea capaz de poner unos pilares sólidos para su vida futura,  el futuro empieza hoy, y reformule su proyecto de vida, venciendo sus miedos y  desprendiéndose de los apegos que no le dejan evolucionar, redescubriendo así su sentido de la vida.

El taller es una útil herramienta  para ayudar no solo al mayor, sino a todo el que esté dispuesto  a vivir en la alegría,  el agradecimiento  y la serenidad de saberse hijo de Dios.

SANTA MARIA LA REAL DE LA ALMUDENA

Es la  Patrona de Madrid, España.

Hoy su imagen está en la Catedral de Madrid. Recibe el nombre de   «Almudena», por haber sido hallada en el «almudin», palabra árabe para «depósito de trigo“, en donde fue escondida a principios del siglo VIII para preservarla de las huestes musulmanas que arrasaban la Península Ibérica.

El 2 de febrero de 1954 la imagen de la Virgen fue trasladada desde la Iglesia del Sacramento, a un altar de la Catedral de Madrid-Alcalá, que por entonces era el Templo de San Isidro.

Allí permaneció hasta junio 1993, en que en una solemne procesión (después de una acertada restauración de la imagen) fue trasladada a la nueva Catedral de Santa María la Real de la Almudena, donde desde entonces permanece en un magnifico altar gótico, en el lado derecho del Altar Mayor.

Al día siguiente SS. Juan Pablo II consagro la nueva Catedral Metropolitana de Madrid, siendo la única catedral española consagrada por un pontífice.

La Virgen María es la clave de la historia universal por ser la Madre del Redentor, Jesucristo Nuestro Señor. Su cuidado maternal nunca nos falta y se hace particularmente prodigioso en momentos de crisis.

La Virgen ha sido el instrumento divino para proteger a sus hijos cuando humanamente parecía que estaban perdidos. Así fue en España en tiempos de la ocupación musulmana.

En el año 712 el español rey godo Don Rodrigo fue derrotado en la batalla de Guadalete. Los capitanes musulmanes Muza y Tariks establecieron su dominación sobre Toledo y casi toda la Península tras una rápida conquista. Solo quedaban algunos reductos de resistencia en el norte y estos parecían estar perdidos.

Madrid, la actual capital de España y la que llegara a ser capital del gran imperio español, era en el siglo VIII una insignificante villa. Ni siquiera se conoce su antiguo nombre: Mantua, Miacum, Ursaría…

Pero los musulmanes entendieron que Madrid era un lugar estratégico y decidieron establecer allí una gran fortaleza. Grande fue la consternación de los cristianos de aquel lugar al saber del inminente ataque musulmán.

Fue así que pensaron en cómo salvar a la venerada imagen de la Virgen María, que según la tradición, había sido traída a esta villa por un discípulo del Apóstol Santiago en el año 38 de nuestra Era. Recordemos que dicho apóstol evangelizó la península, se la apareció la Virgen en Zaragoza y sus restos mortales se encuentran en Santiago de Compostela.

Todo el pueblo se reunió en la iglesia para pedir la protección de la Virgen, dispuestos a defender su querida y venerada imagen contra todos los infieles.

Un venerable sacerdote subió al altar, y con gran emoción, habló así a los madrileños:

«Hijos míos: Los enemigos de nuestra fe han invadido todas las ciudades, villas y aldeas de España. ¡Es inútil la resistencia! ¡Dios así lo quiere! Es preciso que acatemos su santa voluntad, pidiendo de rodillas perdón por nuestras culpas. El que se encuentre con fuerzas para pelear, que pelee hasta morir en defensa de nuestra sacrosanta religión. Y aquel que sobreviva al duro combate, en el que sin duda seremos vencidos, que corra hacia las montañas donde se reúnen las huestes de los soldados de la Cruz, al mando de don Pelayo, para hostigar cuanto puedan a los invasores y trabajar por la libertad de la Patria

Muza está en Toledo; conquistada esta ciudad, pronto el infiel caudillo se hallará delante de nuestros muros; antes de que esto suceda, antes de que Madrid caiga en sus manos, es preciso que pensemos en salvar los objetos que nos son más queridos.

La Virgen Santísima, a quien tanto veneramos, que siempre ha sido nuestra abogada y protectora, que siempre ha oído clemente nuestras preces, no ha de caer en manos de nuestros enemigos, no hemos de permitir que su preciosa imagen sea profanada por los infieles.

Ocultémosla, mientras peleamos contra ellos, en el cubo de esta muralla contigua a este santo templo. Si vencemos, todos sabemos dónde la hallaremos para darle gracias por la victoria, y si, por desgracia, somos vencidos, líbrese, oculta en la muralla, del furor de los mahometanos».

El pueblo escuchó con religioso silencio la emocionante plática del anciano sacerdote y quedó aprobada en el mismo instante su proposición. (La Virgen de Guadalupe fue ocultada por las mismas razones).

Fue bajada la imagen del camarín y conducida en procesión hasta la muralla donde se le construyó un nicho en el que fue colocada, «dejando dos luces para que la alumbrasen». Acto seguido, se tapió el nicho y se dejó el muro en la misma forma que estaba.

Más de tres siglos y medio sufrió Madrid, que recibió el nombre de «Magerit», el yugo de los árabes.

No fue sino en el 1085, tres siglos después de que la Virgen fuese escondida, que llegó el añorado día de la liberación de «Magerit». Don Alfonso VI de Castilla, llamado «El Bravo», reconquistó Toledo, y poco tiempo después el estandarte de Cruz hondeaba sobre las torres de Madrid.

Don Alfonso en seguida dispuso la purificación del antiguo templo dedicado a la Virgen María que los infieles habían profanado al convertirlo en mezquita. Sabedor de que se había ocultado la imagen de la Virgen para protegerla, mandó realizar pesquisas para averiguar el sitio donde se encontraba. Pero ya no quedaba nadie que supiese su paradero.

Ordenó entonces Don Alfonso que se hicieran rogativas por espacio de nueve días para que el Cielo les concediese el tesoro que se hallaba oculto; para que la misma Virgen María los iluminase y encaminase sus pasos hacia el lugar donde se encontrara su sagrada imagen.

La Virgen escuchó sus ruegos: el día 9 de noviembre de 1085, último del novenario, organizóse una solemne procesión, después de la misa celebrada en el templo de Santa María, que recorrió todos los lugares donde se creyó que pudiera esconderse la imagen de la Señora…

Cuentan las crónicas que en esta procesión iban, además de don Alfonso VI de Castilla, el rey don Sancho de Aragón y de Navarra, el infante don Fernando y el famoso Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar.

Al llegar la comitiva al sitio denominado hoy Cuesta de la Vega, y al pasar por delante de un trozo de la vieja muralla que por dicha parte de la villa se levantaba, permitió Dios que se produjera uno de los muchos prodigios con que el Todopoderoso muestra a los mortales su infinito poder y su bondad sin límites…

Ante el asombro de todos los presentes, se derrumbó por sí mismo el trozo de muralla donde estaba la hornacina en la que ocultaron la sagrada imagen de María, apareciendo ésta, a la vista de los fieles, en la misma forma en que fue colocada, incluso con las dos velas encendidas que, para alumbrarla, la habían puesto aquellos fervorosos cristianos, un día del año 712. Habían transcurrido trescientos setenta y tres años.

Ante el milagro, cayeron todos de rodillas, prorrumpiendo en exclamaciones de júbilo, y no quedó una persona en la villa que no pasase por aquel lugar para venerar con respeto filial a la Santísima Virgen María, que, de modo tan ostensible, había demostrado su amor a los madrileños.

Al otro día fue trasladada la milagrosa imagen con gran pompa a su primitiva mansión, en cuyo camarín fue colocada con el título de la Virgen de la Almudena, por haber estado oculta en el lugar llamado por los moros «Almudín», o depósito del trigo.

Desde entonces la Virgen de la Almudena es considerada Patrona de Madrid.

La iglesia parroquial de Santa María, venerable por su antigüedad e historia, era un templo mezquino en su forma y dimensiones, y se asegura que en él se predicó por primera vez el Evangelio en Madrid.

Albergó el culto de la Patrona y tuvo la categoría de catedral, siendo colegiata de canónigos seglares en tiempos del conquistador, el piadoso rey don Alfonso VI. Luego pasó a la categoría de parroquia, hasta su demolición, a fines del año 1870, pasando la milagrosa imagen a la iglesia del Sacramento, de donde fue trasladada a la cripta de la Catedral.

El día 9 de noviembre de 1941, tras la devastadora Guerra Civil Española, se inauguró solemnemente el ilustrísimo señor Obispo de Madrid-Alcalá una imagen de la Virgen de la Almudena, esculpida en piedra, en el mismo sitio de la Cuesta de la Vega donde se supone que apareció el año 1085. A ambos lados de la hornacina, dos monumentales faroles de hierro y cristales alumbraban la imagen, en recuerdo de aquellas milagrosas velas que lucieron durante trescientos setenta y cinco años, en honor a la Virgen María…

 LA IMAGEN:

De la antigua Imagen no se puede decir nada en concreto, parece ser ardió  en un incendio en la Iglesia de Santa María durante el reinado de Felipe II. La imagen que se conserva actualmente es de estilo Gótico tardío, realizada posiblemente entre los siglos XV y XVI. Representa a María como reina con túnica rojiza y rico manto recamado, con vuelta en color azul, que cubre sus hombros y cae en pliegues tubulares por delante. Sostiene al Niño, desnudo, con ambas manos.

También hoy, a cualquier hora del día y de la noche, se venera cariñosamente por los madrileños la imagen en piedra de Nuestra Señora de la Almudena situada en los muros del complejo catedralicio.

DEDICACION DE LA BASILICA DE SAN JUAN DE LETRAN

La Dedicacion de la Basilica de Letran se conmemora el día 9 de noviembre-

Basílica significa: «Casa del Rey». En la Iglesia Católica se le da el nombre de Basílica a ciertos templos más famosos que los demás. Solamente se puede llamar Basílica a aquellos templos a los cuales el Sumo Pontífice les concede ese honor especial. En cada país hay algunos.

La primera Basílica que hubo en la religión Católica fue la de Letrán, cuya consagración celebramos en este día. Era un palacio que pertenecía a una familia que llevaba ese nombre, Letrán. El emperador Constantino, que fue el primer gobernante romano que concedió a los cristianos el permiso para construir templos, le regaló al Sumo Pontífice el Palacio Basílica de Letrán, que el Papa San Silvestre convirtió en templo y consagró el 9 de noviembre del año 324.

Esta basílica es la Catedral del Papa y la más antigua de todas las basílicas de la Iglesia Católica. En su frontis tiene esta leyenda: «Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo».

Se le llama Basílica del Divino Salvador, porque cuando fue nuevamente consagrada, en el año 787, una imagen del Divino Salvador, al ser golpeada por un judío, derramó sangre. En recuerdo de ese hecho se le puso ese nuevo nombre.

Se llama también Basílica de San Juan (de Letrán) porque tienen dos capillas dedicadas la una a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista, y era atendida por los sacerdotes de la parroquia de San Juan.

Durante mil años, desde el año 324 hasta el 1400 (época en que los Papas se fueron a vivir a Avignon, en Francia), la casa contigua a la Basílica y que se llamó «Palacio de Letrán», fue la residencia de los Pontífices, y allí se celebraron cinco Concilios (o reuniones de los obispos de todo el mundo). En este palacio se celebró en 1929 el tratado de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán).

Cuando los Papas volvieron de Avignon, se trasladaron a vivir al Vaticano. Ahora en el Palacio de Letrán vive el Vicario de Roma, o sea el Cardenal al cual el Sumo Pontífice encarga de gobernar la Iglesia de esa ciudad.

La Basílica de Letrán ha sido sumamente venerada durante muchos siglos,  y aunque ha sido destruida por varios incendios, ha sido reconstruida de nuevo, y la construcción actual es muy hermosa.

San Agustín recomienda: «Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo San Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos. Así vivirá contento el Espíritu Santo en nuestra alma».

Jesús, el nuevo templo

La fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán nos permite recordar el camino del pueblo y el cuidado constante y fiel de Dios. Al mismo tiempo, se nos recuerda que hoy cada uno de nosotros, en Jesús resucitado, es «templo de Dios», porque el Espíritu mismo habita en cada uno de nosotros (1 Cor 3,16).

Ser conscientes de ello nos lleva, por un lado, a alabar al Señor; pero, por otro lado, nos lleva a decir, a veces de forma desproporcionada: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa…» (Mt 8,8), olvidando que Él ya está en nosotros, y que nos acoge y nos ama no por cómo quisiéramos ser, sino por cómo somos, aquí, ahora.

Son las cosas con las que nos distraemos en nuestro interior las que hacen borroso el Rostro del Señor. Cuando aprendamos a mantener nuestra mirada fija en Jesús, Autor y perfeccionador de nuestra fe, de nuestra amistad con Él (cfr. Hb 12,1-4), nuestro rostro brillará con la luz que brota de un corazón «unificado».

El equilibrio requerido no es el trabajo de un momento, sino el resultado de toda una vida, de un continuo reentrar en nosotros mismos dirigiéndonos directamente al “aposento del Rey» (cfr. Castillo interior, Santa Teresa de Ávila).

NOTICIAS DEL MOVIMIENTO

El miércoles 5 de octubre celebraron el INICIO de curso en la diócesis de Huesca, con una Eucaristía. nos lo cuentan así: «Fue presidida por nuestro obispo D. Julián RUIZ MARTORELL. Acudimos  de todos los grupo, todos con ánimos renovados y con esperanza de que podemos seguir reuniéndonos y fortaleciendo nuestra amistad, espiritualidad y apostolado. Damos Gracias a Dios y a la Virgen.»

La Comisión diocesana de Orihuela Alicante se reunió el pasado dia 31 con D. Jose Ignacio Munilla, Obispo Diocesano, con el fin de hacerle llegar la Programación y hacerle entrega del guion del presente año.

Nos llegan  noticias de que en la Parroquia Nuestra Señora de Altagracia han hecho una jornada de puertas abiertas sacando   una mesa a la calle para dar a conocer mejor el movimiento, una buena iniciativa…

 

Enviadnos  vuestras noticias, es un modo de conocernos y estar unidos…..

EL SANTO DE LA SEMANA: SAN DIEGO DE ALCALA

Nació en España en el año 1400, de familia muy pobre. De joven fue a un campo solitario a acompañar a un familiar que hacía allí vida de monje ermitaño. Y de él aprendió el arte de la oración y de la meditación y un gran cariño por Jesús Crucificado.

Se dedicó a las labores manuales y a recoger leña, y con lo que ganaba ayudaba a muchos pobres. Y como el que más da, más recibe, la gente empezó a llevarle abundantes limosnas para que repartiera entre los necesitados.

Pero sucedió que leyó la vida de San Francisco de Asís y se entusiasmó grandemente por el modo de vivir de este santo, y además estaba preocupado porque su demasiada popularidad en su tierra le quitaba la oportunidad de poder vivir en soledad y recogimiento. Y así fue que pidió ser recibido como religioso franciscano y fue admitido.

Diego había hecho muy pocos estudios, pero era muy iluminado por luces celestiales, y así sucedía que cuando le preguntaban acerca de los temas espirituales más difíciles, daba unas respuestas que dejaban admirados a todos.

Fue enviado a misionar a las Islas Canarias y allá logró la conversión de muchos paganos y no permitió que los colonos esclavizaran a los nativos. Y haciendo una excepción a la regla, los superiores lo nombraron superior de la comunidad, siendo un simple lego. Y lo hizo muy bien.

En 1449 hizo un viaje desde España hasta Roma a pie. Iba a asistir a la canonización de San Bernardino de Siena. Acompañaba al Padre superior, el P. Alonso de Castro. Este se enfermó y Diego lo atendió con tan gran esmero y delicadeza, que los superiores lo encargaron por tres meses de la dirección del hospital de la comunidad de Roma, y allí hizo numerosas curaciones milagrosas a enfermos incurables.

A San Diego lo pintan llevando algo escondido en el manto. Es un mercado para los pobres. Y es que en los últimos años estuvo de portero en varios conventos y regalaba a los pobres todo lo que encontraba. Y dicen que en un día en que llevaba un mercado a un mendigo se encontró con un superior que era muy bravo y este le preguntó qué llevaba allí. El santito muy asustado le respondió que llevaba unas rosas, y al abrir el manto sólo aparecieron rosas y más rosas.

Los últimos años de su vida pasaba días enteros dedicados a la oración. Al ver un crucifijo quedaba en éxtasis. Su amor por la Virgen Santísima era inmenso. Untaba a los enfermos con un poco de aceite de la lámpara del altar de la Virgen y los enfermos se curaban. Un muchacho cayó en un horno ardiente, y el santo lo bendijo y el joven salió sano y sin quemaduras.

El 12 de noviembre del año 1463, sintiéndose morir pidió un crucifijo y recitando aquel himno del Viernes Santo que dice: «¡Dulce leño, dulces clavos que soportásteis tan dulce peso!» expiró santamente.

En su sepulcro se obraron muchos milagros y el mismo rey de España, Felipe II, obtuvo la milagrosa curación de su hijo al rezarle a Diego. Por eso el rey le pidió al Sumo Pontífice que lo declarara santo. Y fue canonizado sólo 25 años después de haber muerto, en 1588.

En este santo se cumple lo que decía San Pablo: que Dios escoge aquello que para el mundo no tiene valor, para hacer grandes obras en el campo espiritual.

Visto en ACIPRENSA

LA DIÓCESIS DE VITORIA CREA UN GRUPO DE MAYORES PARA LA PRIMERA TERCERA EDAD

Está destinado a los fieles a partir de 65 años. «La historia es que hay gente que a lo mejor estaba trabajando hasta hace dos días y, claro, integrarse en un grupo parroquial donde la gente superaba los 80 años, pues se sentían poco identificados»

Qué duda cabe de que los mayores han sido el colectivo más golpeado por la pandemia. En todos los sentidos, también a nivel espiritual. «Hemos detectado que después de la pandemia muchos mayores han abandonado los grupos parroquiales a los que asistían y, otros, que no nunca llegaron a ir, les cuesta mucho acercarse a sus grupos parroquiales», asegura el diácono Daniel Corral, que dirige el área de Mayores de la diócesis de Vitoria-Gasteiz.

Ante esta realidad, desde el área de Mayores de la diócesis vasca han lanzado el Grupo de Mayores, que es de ámbito diocesano, y que se centrará en la vida de fe, pero también propondrá excursiones, actividades culturales y dinámicas formativas. «La idea no es quitarle protagonismo a los grupos de las parroquias. Al contrario, estamos a su servicio. Se trata de dinamizar toda esta área», señala Corral.

El grupo está especialmente orientado a lo que se conoce como primera tercera edad, es decir, a los fieles a partir de los 65 años que quieran participar en él. «La historia es que hay gente que a lo mejor estaba trabajando hasta hace dos días y, claro, integrarse en un grupo parroquial donde la gente superaba los 80 años, pues se sentían poco identificados», reconoce el diácono.

El objetivo será el de crear comunidad y, también, combatir la soledad, que «es un problema gravísimo», en palabras de Daniel Corral. Sin embargo, «lo primero es escuchar», advierte el responsable. «Hay que ver sus intenciones o su disponibilidad y, a partir de ahí, ya veremos». Aunque la idea es girar alrededor de los tres pilares tradicionales de los grupos de vida ascendente: amistad, espiritualidad y apostolado. «Un grupo en el que se valore la convivencia fraterna, que viva en una espiritualidad cristiana y que lo trasmita a su entorno».

Algo muy necesario en la actualidad, concluye Daniel Corral, porque «no es que la sociedad tenga aparcados a los mayores, pero todo su reconocimiento tiene que ver con su capacidad de consumo. Hasta que siguen consumiendo, son tenidos en cuenta, pero eso, lógicamente, no basta».

INTENCIONES DE ORACION PARA EL MES DE NOVIEMBRE

El Papa Francisco confía cada mes a su Red Mundial de Oración, intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia”, afirma el sitio web de la iniciativa.

“Su intención de oración mensual es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos», es una brújula para una misión de compasión por el mundo”,

Este mes de Noviembre, nos pide rezar  por los niños y niñas que sufren

Recemos para que los niños y niñas que sufren, los que viven en las calles, las víctimas de las guerras y los huérfanos, puedan acceder a la educación y redescubrir el afecto de una familia.

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en su reunión del 19 al 23 de abril de 2021  las intenciones de la CEE para el año 2022

Para este mes de Noviembre   la Conferencia Episcopal Española nos propone orar

Por todas las Iglesias locales de España, por sus pastores y por sus fieles, para que en cada una de ellas se viva y anuncie la fe con autenticidad, se fomenten los ministerios laicales y se encuentren caminos nuevos para la pastoral, abiertos a todos.

Conmemoración de los Fieles Difuntos

La Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos es un día feriado religioso dentro de algunas Iglesias cristianas, en memoria de los fallecidos. Se conmemora el 2 de noviembre y su objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, en el caso católico, por quienes se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Las principales iglesias, Iglesias Cristianas Ortodoxas Occidentales, Unión de Utrecht (Iglesias), Comunión de Porvoo, así como Comunión anglicana e Iglesia católica, acordaron tener el mismo calendario y días de celebraciones religiosas y santoral para facilitar las asistencia a sus feligreses a sus respectivas celebraciones.

El Día de los Difuntos […] el día designado en la Iglesia Católica hispana para la conmemoración de los difuntos fieles. La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. […]

Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes

Antecedentes

En el libro Segundo de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46). Análogamente, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.

En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En el siglo V, había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.

En Alemania cerca del año 980, según el testimonio del cronista medieval Viduquindo de Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia romana. Probablemente a causa de los movimientos milenaristas, alrededor del año 1000, la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2 de noviembre, se popularizó y extendió por la Cristiandad occidental, especialmente en 998, por idea de San Odilón de Cluny, hasta ser finalmente aceptada en el siglo XVI como fecha en el que la Iglesia celebraría esta fiesta.

Iglesia católica

Para la Iglesia católica, se trata de una conmemoración, un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto en este mundo (fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados.

Este día, los creyentes ofrecen sus oraciones (llamadas sufragios), sacrificios y la misa para que los fieles difuntos de la Iglesia purgante terminen esta etapa y lleguen a la presencia de Dios. Hay, pues, una gran diferencia en la fiesta del día primero y el ambiente de oración y sacrificio del día dos.

Aunque la iglesia siempre ha orado por los difuntos, fue a partir del 2 de noviembre del año 998 cuando se creó un día especial para ellos. Esto fue instituido por el monje benedictino San Odilón de Cluny. Su idea fue adoptada por Roma en el siglo XVI y de ahí se difundió al mundo entero.

Iglesias católicas orientales

Entre los cristianos orientales hay varios días dedicados a la oración por los difuntos, muchos de ellos caen en sábado, durante el tiempo de la Cuaresma o Pascua. En el rito de la Iglesia Ortodoxa Griega, esta fiesta se celebra en la Víspera de la Sexagésima, o en la Víspera de Pentecostés, mientras que la Iglesia Armenia celebra la «Pascua de los difuntos» al día siguiente de Pascua de Resurrección.

En la Iglesia Serbia hay también una Conmemoración de los difuntos, celebrada el sábado siguiente a la fiesta de la Concepción de san Juan Bautista (23 de septiembre).

Iglesia anglicana y otras

Es una celebración que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos (celebrado el 1 de noviembre), cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

La celebración de esta fiesta dedicada a los difuntos persigue, en la mayoría de las culturas, el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por la tierra sin encontrar el lugar de reposo es una celebración que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos (celebrado el 1 de noviembre), cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Durante la Reforma protestante, la celebración de los Fieles Difuntos fue fusionada con la de Todos los Santos por la Iglesia Anglicana, aunque fue renovada por ciertas Iglesias conectadas con el Movimiento de Oxford en el siglo XIX.

Entre algunos protestantes no anglicanos la tradición ha sido mantenida tenazmente. A pesar de la influencia de Lutero, que abolió esta celebración en Sajonia, y de las penas eclesiásticas luteranas, sobrevive esta celebración en la Europa protestante.

En las iglesias evangélicas de Alemania y Suiza se conmemora a los difuntos en el llamado Domingo de los difuntos o Domingo de la eternidad, que se celebra el último domingo antes de Adviento y es, por tanto, el último del año eclesiástico.

En España, como en otras partes del mundo, veneran a sus difuntos; se continúa con la tradición de estas fechas de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo. Está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, como sucede con los seres terrenales. En las islas Canarias se conoce como el Día de Finaos o Finados, durante el cual, en la noche del 1 al 2 de noviembre, se solían reunir amigos y familiares para velar esa noche. Contaban historias, cuentos, debatían y hablaban mientras comían los frutos típicos de la época: castañas, nueces, manzanas y dulces; acompañando tales viandas con anís o ron miel.

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

El Día de Todos los Santos es una solemnidad cristiana que tiene lugar el 1 de noviembre para las iglesias católicas de rito latino, y el primer domingo de Pentecostés en la Iglesia ortodoxa y las católicas de rito bizantino. No se debe confundir con la Conmemoración de los Fieles Difuntos.

En este día la Iglesia celebra una fiesta solemne por todos los difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. Por eso es el día de «todos los santos». No se festeja solo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados pero viven ya en la presencia de Dios en su Iglesia triunfante.

Es frecuente que este día las grandes catedrales exhiban las reliquias de los santos.

Precepto

Aunque no siempre ha sido así, las iglesias orientales no la cuentan entre sus dieciséis fiestas mayores el Día de Todos los Santos es fiesta de precepto. La solemnidad se observa con rito de primera clase en toda la Iglesia latina el primer día de noviembre. Hay obligación de asistir a misa y no trabajar. Va precedida de una vigilia, en que, al tenor del canon 1252, párrafo Segundo, del Codex J. C., se debe observar abstinencia y ayuno. Lleva octava común.

En su concepción católica, el objeto de la fiesta es honrar a todos los moradores del Cielo, incluyendo la Santísima Trinidad, la Virgen, los ángeles, las diversas categorías de justos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y a los santos, incluyendo los que no han sido canonizados.

Historia

La Iglesia primitiva acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio. Frecuentemente, los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Diocleciano iniciada en 303, el número de mártires llegó a ser tan grande, que no se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado, señaló un día en común para todos.

En Oriente consta que ya se celebraba una fiesta en honor de todos los santos desde 359, como indican San Efrén en Carmina Nisibona, y San Atanasio en Epistulae Syriacae. La fecha estaba fijada en el 13 de mayo para las iglesias de Siria y el primer domingo después de Pentecostés para las de Antioquía, según San Juan Crisóstomo. Esta fecha, domingo de la octava de la Pascua de Pentecostés, continuó usándose entre las iglesias de rito bizantino como solemnidad de Todos los Santos.​

El origen de esta fiesta en Roma, y con ello en la Iglesia occidental, se halla vinculado al templo del Panteón. Este edificio, que originalmente se dedicaba al culto de todos los dioses romanos, cayó en desuso como tal a fines del siglo IV. Hacia 608 Focas, emperador de Oriente lo donó al papa Bonifacio IV, quien hizo que se convirtiera en iglesia, dedicándola el 13 de mayo de 610 bajo la advocación de Santa María la Rotonda. En el siglo IX el papa Gregorio IV trasladó gran número de cuerpos de mártires desde las catacumbas y volvió a consagrar la iglesia el 1 de noviembre de 835 denominándola Santa María ad Martyres.

Por otra parte, el papa Gregorio III (731-741) consagró una capilla en el Vaticano para dar culto a los santos que antes eran honrados en los cementerios y catacumbas que había quedado en desuso. Dicho oratorio se dedicó «al Salvador, a Santa María, a los Apóstoles, a los mártires, a los confesores y todas las almas justas», e hizo que un coro de monjes rezase todos los días un Oficio suplementario en honor de los santos cuyo natalicio fuese cada día.

De la combinación de estas tradiciones y con la de las misas votivas en memoria de muchos o de todos los santos, surgió una tradición que ya para el siglo VIII estaba arraigada, si bien la fecha no era siempre la misma. El papa Gregorio IV la unificó en el primero de noviembre, fecha para las cosechas ya se habían recogido en el territorio romano, porque las celebraciones anteriormente eran el 13 de mayo -aniversario de la consagración de Santa María ad Martyres- fecha en la que los víveres eran escasos en Roma y las multitudes que peregrinaban para los actos eran ya muy considerables.